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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 El arte de vivir ecológico The art of ecological living Wilhelm Schmid1 Universität Erfurt (Alemania) Recibido: 26-03-2023 Aceptado: 13-05-2023 Resumen El problema ecológico no es nuevo; ha acompañado toda la historia reciente de la humanidad. Sin embargo, lo que es nuevo es el alcance que ha tenido desde la modernización tecnológica e industrial de los siglos XIX y XX y que, si los indicios y la información no son engañosos, amenaza con convertirse en un desastre para toda la humanidad en el siglo XXI. El informe de la ONU de la Conferencia sobre el Cambio Climático, del año 2007, y recientemente el desastre nuclear de Fukushima aportan evidencias en esta dirección. ¿Cómo se llegó a esa problemática, cómo evolucionó el saber al respecto y cómo se deja justificar convincentemente la actuación humana y social? ¿Qué puede hacer un individuo para proyectar una vida más sostenible? ¿Qué es el Antropoceno? ¿Es posible construir una sociedad ecológica y solidaria? Estas y otras preguntas se abordan desde la reflexión filosófica en el presente artículo. Palabras-clave: ecología, Antropoceno, naturaleza, ética. Abstract Ecological problem is not new; it has been with us the entire history of mankind. What is new, however, is the extent to which it has spread since the technological and industrial modernisation of the 19th and 20th centuries and, if the evidence and information are not misleading, it threatens to become a 1 Wilhelm Schmid (1953) ha sido catedrático de filosofía en la Universidad de Erfurt. Actualmente trabaja como filósofo independiente en Berlín. El texto que traducimos es una conferencia que su autor dio en 2019. Comoquiera que sea, algunas de las ideas aquí recogidas pueden leerse en su ensayo El arte de vivir ecológico. Lo que cada uno puede hacer por la vida en el planeta (traducido por Carmen Plaza y Ana R. Calero), Pre-textos, Valencia, 2011. Dejamos constancia pública de nuestro agradecimiento al profesor Schmid por haber cedido a Araucaria el texto que presentamos a continuación.
60 Wilhelm Schmid Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 disaster for the whole of humanity in the 21st century. The UN Climate Change Conference report of 2007 and, recently, the Fukushima nuclear disaster provide evidence in this direction. How did this problem come about, how did knowledge about it evolve and how can human and social action be convincingly justified? What can individuals do in order to build a more sustainable life? What is the Anthropocene? Is it possible to build an ecological and caring society? These and other questions are addressed philosophically in this paper. Keywords: ecology, Anthropocene, nature, ethics. ¿Arte de vivir y ecología? El arte de vivir es la habilidad de vivir la vida conscientemente. ¿Con qué fin? En buena medida, para disfrutar y alcanzar algo en la vida. Pero el arte de vivir es también la habilidad de aceptar los aspectos desagradables de la vida y el hecho de que no todo en la vida puede alcanzarse. Como cualquier arte, necesita un conocimiento y una capacidad, especialmente un conocimiento de lo que importa en la vida. Esto incluye inevitablemente los fundamentos ecológicos de la vida. No cabe duda de que las circunstancias sociales de la vida también son importantes, al igual que las condiciones políticas y económicas, pero hay algo que subyace a todas ellas: la naturaleza, es decir, el requisito básico de la vida, que el hombre no ha creado por sí mismo, pero que puede alterar de tal manera que repercuta en su vida. Hay cierto “conocimiento” (del griego logos) sobre la casa (oikos) en la que viven todos los habitantes del planeta. Ciertamente no es concluyente, pero sí es un conocimiento suficiente para poder actuar. En otras cuestiones vitales como el amor, no actuamos sólo cuando lo sabemos todo sobre la otra persona, como tampoco lo dejamos en un simple saber sobre cuestiones de amor. El conocimiento por sí solo no es suficiente para dirigir la vida: hay que añadir una capacidad que sólo llega a adquirirse mediante la vida práctica. Por lo tanto, el arte de vivir ecológico también consiste en lo que cada persona puede hacer específicamente para tener en cuenta el conocimiento de las interrelaciones ecológicas. El problema ecológico no es nuevo, ha acompañado toda la historia reciente de la humanidad. Sin embargo, lo que es nuevo es el alcance que ha tenido desde la modernización tecnológica e industrial de los siglos XIX y XX y que, si los indicios y la información no son engañosos, amenaza con convertirse en un desastre para toda la humanidad en el siglo XXI. Particularmente, la fuente energética del progreso, a saber la producción de energía fósil con la que sólo la tecnología puede producirse y funcionar a una escala sin precedentes pero que, al mismo tiempo, libera contaminantes a gran escala, resulta especialmente problemática. Las consecuencias del cambio climático amenazan no sólo el
61 El arte de vivir ecológico Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 hábitat de las plantas y los animales, sino también, en última instancia, de los propios seres humanos. Para salir de esta situación hay que hacer una elección fundamental; esa elección, básicamente, la tiene que llevar a cabo cada individuo que reflexione sobre las interrelaciones ecológicas, se preocupe por las mismas y comprenda la responsabilidad que debe asumir como cuestión de su ética personal y su arte de vivir. Todo lo que se requiere es el interés propio que se encuentra en cada individuo y que lo protege de derivar inconscientemente hacia peligros incalculables. Los riesgos y peligros surgen sin la intervención humana, pero es muy imprudente potenciarlos por voluntad propia. El fundamento de la inteligencia ecológica puede, por tanto, formularse según esta máxima: no te pongas en una situación en la que el peligro ecológico pueda tener tal impacto sobre ti y sobre la gente en general que posiblemente ya no haya escapatoria. Nada ni nadie puede obligar al individuo a reconocer esta máxima. Convertirla en el fundamento de la acción resulta únicamente de la propia percepción del individuo y se pone en práctica por su elección. El arte de vivir basado en la inteligencia no requiere ninguna “justificación última”, sólo la preocupación del individuo por cuidar de sí mismo y de sus interrelaciones vitales. Y es que hay que aceptar que otros lleguen a conclusiones diferentes, pues es posible que no se preocupen por sus medios de subsistencia. En definitiva, se trata de una coordinación democrática existencial. Pero cuando los individuos aceptan cuidarse a sí mismos, ello tiene como resultado un estilo de vida: 1. El arte de vivir ecológico se basa en la autocomprensión ampliada del ser humano, pues reconoce que es uno y el mismo planeta el que está habitado por diferentes formas de vida. El comportamiento humano tiene un impacto en otras formas de vida. Guiado por esta autocomprensión, el individuo practica la mirada más allá del entorno inmediato de su “medio” y percibe su propia existencia en contextos más amplios. Se libera del encierro en su mundo interior y percibe su rol particular con nuevos ojos. La posibilidad de ir y venir entre perspectivas personales y globales favorece su reflexión y también tiende puentes hacia individuos, seres vivos y estructuras ecológicas espacialmente distantes, por ejemplo en las islas del Pacífico, en la región amazónica o en la Antártida, así como a individuos temporalmente distantes de generaciones futuras cuyas posibilidades de vida se abren o se cierran en el presente. 2. Vivir de forma ecológica significa llevar una vida sensata ante ese horizonte ampliado, o sea encontrar la medida que sea compatible ecológicamente en el manejo de los recursos y las tecnologías. Es
62 Wilhelm Schmid Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 sensato intervenir en interrelaciones previamente existentes en la medida en que puedan ser superadas y evitar de ese modo cualquier daño irreversible. En innumerables situaciones la responsabilidad recae exclusivamente en el individuo, en su forma y estilo vida: yo decido de dónde obtengo la energía en mi casa, en mi vivienda. Y participo en la formación de una opinión general sobre la determinación de la medida sensata en el marco de la sociedad en su conjunto. Poco a poco van cristalizando valores orientativos sobre la forma de utilizar los recursos y las técnicas, que pueden servir para orientar la transformación ecológica de las estructuras e instituciones sociales. 3. El trabajo del individuo en su mismo proyecto le permite poner en juego su propio poder para enfrentarse a las técnicas: ¿necesito un coche? De ser así, ¿cuál? ¿Qué electrodomésticos utilizo y con qué consumo de energía? Este autoempoderamiento transmite poder sobre el poder de la técnica a la que, de no ser así, la persona permanecería sometida impotente. La inteligencia ecológica de la persona no es guiada necesariamente por la máxima de abstenerse por completo del uso de la técnica. Con su autodeterminación afirma, más bien, un uso exigente, reflexivo, comedido y calculado de la técnica, incluido el uso preferente de tecnologías alternativas que están disponibles desde hace tiempo en muchos ámbitos de la vida. No se trata de ser completamente coherente, sino de hacer algo –puedo prescindir de volar en este viaje, pero no en este otro; etc. No hay que tener miedo de ser acusado de esto por otros: ellos sólo necesitan una excusa para no hacer nada por sí mismos. Sin embargo, el hecho de que reaccionen demuestra que se están volviendo reflexivos. 4. Para la realización de un modo de vida ecológico resulta muy útil la reflexión acerca de los propios hábitos, ya que la elección irreflexiva y el uso y consumo habitual de materiales y cosas es ecológicamente relevante en muchos casos. Más que los poderes anónimos, son los viejos hábitos individuales y sociales los que se interponen en el camino de un estilo de vida ecológico. Por tanto, cada acción cotidiana, por muy discreta que sea, debe considerarse en función de sus consecuencias ecológicas, como la activación automática del interruptor de la luz. Uno puede tomar esto como algo sumamente engorroso, y sin embargo hace que la vida cobre un nuevo cariz: se entra en contacto con las banalidades de la vida injustamente tachadas de triviales. Puesto que el mero conocimiento de los cambios necesarios no es suficiente para formar un estilo de vida ecológico, se requiere la práctica paciente de hábitos y comportamientos modificados que se convierten, así, en la “segunda naturaleza” del hombre.
63 El arte de vivir ecológico Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 5. La persona inteligente que se esfuerza por el cambio ecológico ya no es sólo un sujeto económicamente egoísta, sino un individuo ecológicamente calculador que hace la transición del mero consumismo a un estilo de vida conscientemente elegido: del consumo al uso2. El sujeto moderno se aleja de la definición significativa de consumidor y se convierte en usuario de recursos y productos, cosas y técnicas. El uso respetuoso es la forma prudente y cuidadosa de lidiar con las cosas y los materiales, mientras que el consumo es la aceptación de su desgaste en aras de una satisfacción momentánea de la necesidad. El hecho de que la economía moderna se base en una economía de mercado no impide que nadie adopte el estilo de vida del usuario ecológico. Una economía de mercado funcional se adapta a los consumidores conscientes. 6. Cuando no es el consumo sino el uso lo que configura el estilo de vida individual y social, los ciclos que han sido descuidadamente ignorados por el pensamiento y la acción consumista vuelven a pasar automáticamente a primer plano. En muchos aspectos el arte de vivir ecológico se caracteriza por un reciclado, que no sólo significa el “reciclaje”, el retorno de las cosas y los materiales a los ciclos para utilizarlos de nuevo, sino que también incluye una nueva atención a los ciclos vitales más diversos. Conocer el carácter cíclico de los materiales y elementos, la conciencia de que sus ciclos pasan por las gentes, lleva a uno a verse a sí mismo como parte de ese movimiento circular. Un poco de trabajo en el jardín es más que suficiente para adquirir un saber sobre los ciclos. El jardín también sugiere que el retorno a los ciclos, tal y como se observa en la naturaleza, se aplica al propio individuo: el pequeño trozo de tierra representa el ciclo del devenir y el desaparecer que, muy probablemente, sea también el destino del hombre más allá de su finitud. 7. El reciclado es una contribución esencial a la sostenibilidad, de la que tanto se habla en todo el debate ecológico. Un estilo de vida sostenible significa ver las propias acciones individuales en un horizonte temporal más amplio y, desde esta perspectiva, preguntarse si la cuestión que indaga por la propia vida puede responderse afirmativamente. Esto contrarresta la disolución del horizonte temporal de nuestros días al que los individuos han sido acostumbrados gracias a la promesa de la economía moderna de satisfacer todas las necesidades en el momento en que surgen, de suerte que parece insensato mantener un horizonte de futuro. Liberarse de este olvido del futuro es lo que persigue la 2 El juego de palabras que introduce Schmid entre Verbrauch (consumo) y Gebrauch (uso) se pierde momentáneamente en castellano (nota del traductor – n. t.).
64 Wilhelm Schmid Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 búsqueda de un estilo de vida que, incluso en las cosas más pequeñas e insignificantes que habitualmente parecen despreciables, tenga en cuenta la preservación duradera de las conexiones ecológicas y, por tanto, los fundamentos de la vida. 8. Un interacción atenta y cuidadosa con el propio cuerpo hace de la ecología del cuerpo un componente del arte ecológico de vivir. El cuerpo es en sí mismo una casa, una vivienda, un ecosistema. La ecología exterior de la biosfera en su conjunto y las amenazas que se ciernen sobre ella también tienen lugar dentro del organismo. El tan utilizado término “medio ambiente”3 es un término erróneo: el mundo que nos rodea pasa a través de nosotros. Los seres humanos no viven como seres separados en el planeta, sino que se metabolizan constantemente con él, lo respiran, lo beben, lo comen y lo desechan. Entre las sustancias que atraviesan el ciclo del organismo se encuentran también los contaminantes producidos por el propio ser humano, por ejemplo el plástico consumido de forma indirecta. La ecología del cuerpo no consiste, por tanto, en entregarse a enseñanzas hipocondríacas sobre la salud, sino en estar atento a lo que perjudica al cuerpo y a lo que es bueno para él, a qué sustancias actúan en él de qué manera y a cómo deben dosificarse. Esto puede llevar a la decisión de una dieta vegana, vegetariana, flexitariana, pescetariana, que a menudo es percibida por otros como un reproche moral, sin que nadie esté dando un sermón moral. Ante esto no hay nada que hacer. 9. El arte de vivir ecológico no se caracteriza por la actitud obstinada de una persona, sino por un gozo de la vida, cuyo prerrequisito es el pleno desarrollo de los sentidos. El gozo particular desorbitado resulta de la percepción y reflexión de la enorme riqueza y diversidad de las interrelaciones ecológicas tanto en la perspectiva macro como en la micro. Esto, a su vez, motiva la preocupación por preservar la fuente de ese disfrute. El gozo sólo requiere un remanso de paz en el estrés generado por uno mismo. Por ejemplo, se necesita un poco de tiempo para poder disfrutar de una comida, incluso sin tener que pertenecer al movimiento slow food. No requiere bienes de lujo, pues a menudo sólo dan la impresión de estar lejos del verdadero gozo de la vida, de no vivirla realmente, de “no sentirla”. El arte de vivir ecológico, con el que una persona intenta realizar una vida bella y positiva, se convierte a su vez en un argumento existencial que tiene más poder de persuasión que muchos argumentos fácticos para que los demás 3 Schmid juega con el significado de Umwelt (medio ambiente): la preposición umdenota un movimiento o posición circular; Welt es el mundo. Literalmente, Umwelt significa “entorno” y no fue hasta el comienzo de los años 70 del s. XX que fue adoptado por el movimiento ecologista alemán como término estándar para referirse, de otro modo, a la naturaleza (n. t.).
65 El arte de vivir ecológico Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 cambien sus vidas y las configuren ecológicamente. ¡No prediques, hazlo tú mismo y deja que los demás decidan si les interesa! 10. Por último, lo que mejor caracteriza el estilo de vida ecológico es la serenidad con la que, como sugiere la palabra, uno está dispuesto a renunciar al hacer y al querer –al menos esporádicamente– en favor de un dejar hacer4. La persona inteligente se comporta con serenidad tanto con la ecología exterior del mundo como consigo mismo, dejando espacio y tiempo a las conexiones vitales para encontrar sus propias interacciones e integrándose en ellas. La serenidad también es apropiada frente a las numerosas “crisis” que por buenas razones no quieren terminar, ya que son constitutivas de la vida –vida cuya constante es el cambio–. La serenidad tiene validez aún más ante la crisis ecológica, porque aunque la existencia humana se vea amenazada por ella, nada justifica la transformación ecológica más que la libre elección de los individuos, que no deben ser forzados a su felicidad por nada ni por nadie. Esta es la serenidad total: la existencia de la humanidad no es un fin absoluto en sí mismo que justificaría el uso de medios arbitrarios. La Tierra puede arreglárselas sin los humanos, aunque sería una pena abortar prematuramente este apasionante experimento evolutivo que la naturaleza inició hace millones de años. Me alegra admitir que yo mismo ya no estoy tan sereno. Hay demasiado en juego. Pero incluso uno de mis mejores amigos sólo puede ver una histeria fuera de lugar ante un grave problema. Él mismo no ve ninguna razón para analizar los conocimientos disponibles porque, como he dicho, todo es histeria. No puedo competir con eso. Más allá de las acciones individuales, es indiscutiblemente necesaria la reorientación ecológica de la sociedad en su conjunto, de la que sólo puede resultar un cambio de condiciones a gran escala. Esto requiere reglas, medios y normas generales que, sin embargo, dependen a su vez de la aceptación de los individuos y no pueden surgir y aplicarse sin su participación activa o pasiva. Por parte de la política, la elección de los individuos puede verse influida, por ejemplo, por un factor ecológico en la formación de los precios con la ayuda de impuestos sobre el consumo de fuentes de energía fósiles. Pero en una democracia, la política también se remonta en última instancia a la elección de los individuos y proviene de ellos. Que algo se mueve en términos políticos lo sugiere el hecho de que muchas de las personas que cada viernes salen a manifestarse en la calle desde 2019 están tomando ya sus propias decisiones políticas. 4 De nuevo, el juego de palabras que sugiere Schmid no tiene lugar en castellano: “serenidad”, en alemán Gelassenheit, es dejar (lassen) el mundo y hasta dejarse uno a sí mismo para entregarse a otra cosa: a la reflexión, a dios, etc. Ese “dejar hacer” en el texto de Schmid es Lassen (n. t.).
66 Wilhelm Schmid Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 Tan pronto la materialización de un estilo de vida individual apunta a la esfera social juegan un papel central, no sólo las propuestas bienintencionadas, también las cuestiones de poder. Los que se preocupan por una transformación ecológica de la sociedad son, socialmente hablando, sólo un grupo de interés entre otros, aunque puedan rebatir la confrontación con el argumento de que un comportamiento ecológicamente sabio aporta beneficios generales porque pretende preservar los medios de vida de todos, mientras que los beneficios a corto plazo de un comportamiento ecológicamente ignorante tienen que ser pagados existencialmente por todos a largo plazo. En este juego de poder mi contribución es la participación en la elección de la dirección política y mi propia participación en los grupos de interés. Para llevar a cabo una transformación ecológica, se necesita una mayoría parlamentaria que también puede darse gracias a las coaliciones. Con la protección de las minorías otros pueden seguir sin estar de acuerdo. Pero la acción política no requiere el consentimiento del 100% de la población: hay que aceptar que las personas que no tienen el tiempo o el interés de adquirir conocimientos, aunque se guían por la simpatía y la fiabilidad de las personas, también eligen. Los partidos harían bien en tomarse en serio este factor. Y que actúen finalmente en lugar de seguir hablando sin parar. El conocimiento está disponible en cantidades suficientes como base para la acción. Las técnicas alternativas necesarias están preparadas desde hace tiempo, las nuevas llegarán. El tiempo de las discusiones ha llegado a su fin. La idea que guíe las reglas, medios y normas sociales puede ser la de una sociedad solidaria y ecológica que tenga el objetivo de proporcionar unas condiciones de vida lo suficientemente sostenibles como para no socavar los fundamentos vitales de la sociedad. En este contexto se producen periódicamente choques entre intereses ecológicos y económicos que serían más fáciles de superar con propuestas beneficiosas para todos. La comprensión de lo que es la “economía” está cambiando por sí misma: ya no puede considerarse simplemente un sistema autosuficiente, pues es un subsistema de los ecosistemas que, en última instancia, obtiene de la biosfera toda la energía con la que funciona y todas las sustancias con las que trabaja. El capital de una economía ecológica incluye no sólo el capital creado por el hombre, el dinero, sino también el capital dado por la naturaleza, la ecología; la exigencia de “mantener el capital intacto” se aplica entonces a ambos tipos de capital. La visión es una prosperidad ecológica que deje de ser una prosperidad del despilfarro, o si es del despilfarro, al menos una cuyos costes no se impongan a las generaciones futuras. Algunos incluso sostienen que los humanos pueden salir de la naturaleza reemplazando la evolución natural por una exo-evolución técnica (exposición de 2015 en el Centro de Arte y Medios de Comunicación de Karlsruhe, comisariada
67 El arte de vivir ecológico Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 54. Tercer cuatrimestre de 2023. Pp. 59-68. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i54.03 por Peter Weibel). Sin embargo, algo exterior (exon) a la evolución natural no está al alcance de los humanos: todo lo que el ser humano crea está integrado en la evolución natural, planetaria y cósmica. El propio hombre es sólo una mutación que todavía tiene que demostrar su valía aportando algo a la evolución terrestre. La naturaleza sigue una lógica reconocible, aunque no se le pueda atribuir ninguna acción consciente. Clasifica sus componentes individuales según sirvan, no sirvan o sean indiferentes para su desarrollo posterior. Durante mucho tiempo los seres humanos cayeron bajo la categoría de “indiferente”, sólo eran una pequeña luz. Esto ha cambiado con el Antropoceno. Si ahora se demuestra que no sirven porque perturban gravemente la conservación y el desarrollo ulterior de la naturaleza serán eliminados. Antropoceno significa era moderna del hombre o simplemente modernidad humana. Desde la industrialización el hombre (del griego anthropos) ha influido en la naturaleza hasta tal punto que se ha convertido en una potencia geológica y climatológica por derecho propio. Con ello ha establecido una nueva (-ceno, del latín caenus, griego antiguo kainos) época en la historia de la Tierra. En el pasado Holoceno (“totalmente nuevo”, época que siguió a la Edad de Hielo del Pleistoceno), la naturaleza todavía había establecido completamente el marco de la vida del hombre. En el mejor de los casos, [el hombre] podía cambiar la faz de la tierra a nivel local. La evolución integral decide hasta dónde pueden llegar las realizaciones del hombre. Las transformaciones que el ser humano lleva a cabo en sí mismo y en la naturaleza, como las propiciadas por las ensoberbecidas nuevas tecnologías, no son más que mutaciones deliberadas: la selección está por llegar. Socavar las propias condiciones de vida no será, ciertamente, sostenible: apenas iniciada, cabe que la era humana esté llegando a su fin. El hombre podría tensar tanto su hábitat que la vida se hiciera cada vez más difícil –de hecho, el planeta es la tumba de muchos seres que resultaron ser aberraciones. Esto constituiría un lamentable retorno a la naturaleza. Para minimizar el riesgo de esta tendencia, el Antropoceno tendría que propiciar una transformación del pensar y del actuar. Otro tipo de hogar en la naturaleza para el hombre depende de las intervenciones sobre el lugar en contextos evolucionados, en regiones, continentes y océanos, a un nivel que no dé pie a la destrucción autoinfligida de la vida hermosa. Ahora bien, es concebible una vuelta a la naturaleza diferente, un mejor final del Antropoceno. Se hará realidad si los seres humanos consiguen vivir de tal manera que vuelvan a verse como parte de la naturaleza y se integren relacionándose con ella voluntariamente. En ese caso, el output humano quedará como un barniz ultrafino en los sedimentos del planeta, una pequeña película de sustancias nocivas que informará a los pueblos de los tiempos futuros de un casi-desastre en el siglo XXI. Incluso aquellos que en su momento no quisieron