1 LA ORIENTACIÓN EMPRENDEDORA EN LAS INICIATIVAS EMPRESARIALES DE MUJERES: INFLUENCIA DE LAS RELACIONES EXTERNAS María del Mar Fuentes Fuentes,
[email protected], Universidad de Granada Ana María Bojica,
[email protected], Universidad de Granada Matilde Ruiz Arroyo, [email protected], Universidad de Granada RESUMEN El mayor peso de la mujer en el mercado laboral y su creciente incorporación a las actividades económicas de la mano de iniciativas emprendedoras, reclama a la literatura sobre entrepreneurship un mayor interés en los aspectos específicos de este colectivo. La investigación realizada persigue avanzar en el estudio de las empresas puestas en marcha por mujeres atendiendo a la necesidad de buscar un mayor conocimiento de los factores que contribuyen a su consolidación. Con una muestra de 111 empresas propiedad de mujeres, este trabajo analiza la relación de la orientación emprendedora (OE) con su desempeño y cómo influye la adquisición de conocimiento procedente de las relaciones con clientes y colaboradores en la misma. Los resultados obtenidos demuestran, en primer lugar, una relación positiva de la OE con varios tipos de desempeño alcanzados por estas empresas, excepto los relacionados con el crecimiento de las ventas y los beneficios. En segundo lugar, se demuestra que la adquisición de conocimiento de clientes, y no la procedente de otros colaboradores, influye de manera positiva en la OE. También tienen influencia significativa la estructura de las relaciones, la orientación al crecimiento y la adopción de nuevas tecnologías por parte de estas empresas. PALABRAS CLAVE Mujeres emprendedoras, entrepreneurship, capital social, adquisición de conocimiento.
2 ENTREPRENEURSHIP ORIENTATION IN FIRMS STARTED BY WOMEN: THE INFLUENCE OF EXTERNAL RELATIONSHIPS ABSTRACT: Despite the significant development of the entrepreneurship literature, women entrepreneurship remains an insufficiently studied field. The increasing weight of women in labour market and greater participation in economic activities via entrepreneurial initiatives demand more attention in specific issues of this group. The purpose of our work is to advance in the analysis of businesses initiated by women, with a focus in the research of factors that contribute to business consolidation. Based on a sample of 111 surveys to women entrepreneurs, the present study analyzes the entrepreneurship orientation (EO) of womenowned business, its relationship with the performance and the role of knowledge acquisition from relationships with customers and collaborators. The results obtained, first, show that the EO is positively related to different types of operational but not financial performance. Second, knowledge acquisition from customers positively influences the EO, although this relationship doesn´t occur with knowledge acquisition from collaborators. We find that relations structure, growth orientation and new technologies adoption present also significant relationships. KEY WORDS Female entrepreneurs, entrepreneurship orientation, knowledge adquisition, social capital.
3 1. INTRODUCCIÓN El aumento del número de mujeres empresarias y su importancia desde el punto de vista económico y social, ha ido unido a un creciente interés por la investigación de las características de dicho fenómeno, y también, a una gran especulación en torno a las diferencias entre mujeres y hombres emprendedores, y sus negocios. En la última edición a nivel mundial del Report on Women and Entrepreneurship, del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) de 2007, se señala que aunque el número de mujeres involucradas en actividades empresariales sigue siendo menor al de los hombres, el número de mujeres que poseen su propia empresa ha ido en aumento durante los últimos años. Es más, el sector empresarial femenino se ha convertido en una pieza fundamental del crecimiento económico, el desarrollo de las economías, la creación de empleo y la innovación (de Bruin, Brush y Welter, 2006). Evidentemente, debido a la variedad de los obstáculos y a los diferentes niveles socioeconómicos de procedencia, las empresarias no constituyen un grupo homogéneo. Sus motivaciones, intereses y capacidades potenciales pueden ser diferentes, como en los hombres. Cada vez más, un número mayor de mujeres tienen acceso a la formación y desean utilizar sus competencias y su experiencia no sólo como asalariadas -en donde sus posibilidades de ascenso profesional siguen a menudo siendo reducidas y en donde tropiezan con grandes dificultades para conciliar sus múltiples funciones-, sino también como trabajadoras por cuenta propia y como empresarias. La mayoría de las investigaciones en torno al fenómeno emprendedor femenino han estado orientadas al análisis de las posibles diferencias por razón de género en relación a las motivaciones personales, las restricciones de recursos iniciales (capital financiero, social y humano), o las características socio-demográficas para este tipo de empresas. Sin embargo, los investigadores abogan por la necesidad de profundizar en las peculiaridades que las empresas puestas en marcha por mujeres puedan tener en sí mismas. Como indican de Bruin et al. (2006), entender el fenómeno emprendedor al completo implica considerar el porqué de los comportamientos para el caso de empresas de mujeres, en particular. En concreto, el estereotipo sobre que éstas alcanzan unos menores niveles de desempeño que las de hombres, fundamentalmente, debido a las dificultades adicionales que encuentran las mujeres en sus tareas emprendedoras, no se confirman con carácter absoluto en los estudios realizados al respecto, y siguen siendo necesarios estudios sobre las capacidades generadas en las empresas de mujeres, más que los centrados en el perfil femenino de la empresaria. Partiendo de esta premisa, la orientación emprendedora representa los aspectos de “proceso” del fenómeno emprendedor (Lumpkin y Dess, 1996), y una variable escasamente estudiada en el caso de empresas de mujeres. La orientación emprendedora ha sido tratada sobre todo en el ámbito de las grandes empresas, y su estudio en Pymes ha sido más residual, y en el caso de empresas de mujeres, es prácticamente inexistente. El tipo de negocio predominante en este tipo de empresas está ubicado en sectores tradicionales como el pequeño comercio, la artesanía o las actividades de servicios o profesionales. Según justifican Anna et al. (2000) las mujeres que inician su actividad en sectores más tradicionales buscan con mayor probabilidad seguridad, y aunque están dispuestas a iniciar una actividad empresarial, esta necesidad de seguridad les lleva a preferir industrias más familiares para ellas. Esto constituye una particularidad en relación al desarrollo de la orientación emprendedora esperado bajo estos parámetros y a su posible relación con el desempeño.
4 Por otro lado, una cuestión crítica en el análisis de la puesta en marcha y desarrollo de empresas propiedad de mujeres es la importancia de la obtención de recursos y capacidades críticas. En este tipo de empresas se ha tendido a justificar un menor desempeño por el escaso conocimiento del sector y de las actividades empresariales que tienen sus promotoras, y un menor acceso a redes de contactos relevantes para su consolidación. En esta investigación abordamos el papel de las relaciones externas con clientes y otros colaboradores, y en concreto, cómo a través de éstas, se favorece la adquisición de conocimiento y la orientación emprendedora. La investigación realizada se estructura en un apartado de revisión teórica y formulación de hipótesis. A continuación se plantea la metodología y el análisis empírico realizado, y el último apartado está destinado a la discusión de los resultados y la exposición de las conclusiones. 2. REVISIÓN DE LA LITERATURA Y PLANTEAMIENTO DE HIPÓTESIS Orientación emprendedora y desempeño La orientación emprendedora es un concepto que representa la elección u orientación estratégica hacia un proceso dinámico de búsqueda de nuevas oportunidades para la creación de un negocio. En este sentido, integra los métodos, prácticas y estilos en la toma de decisiones que las empresas utilizan para identificar y lanzarse a nuevos negocios (Dess y Lumpkin, 2005). La orientación emprendedora se determina a través de tres dimensiones: el enfoque a la innovación, la proactividad y la asunción de riesgos (Wiklund, 1999). El enfoque a la innovación ha sido la dimensión más estudiada, y refleja la propensión de la empresa a favorecer la generación de nuevas ideas, la experimentación y las actividades de I+D, dando lugar a nuevos productos o procesos (Lumpkin yDess, 1996). La capacidad de innovar está frecuentemente relacionada con el logro y mantenimiento de ventaja competitiva (Day, 1994; Dickson, 1996; Han, Kim y Srivastava, 1998; Kotler, 1991). Tushman y Nadler (1986) afirman que para competir en los actuales entornos competitivos cada vez más cambiantes, las empresas han de crear nuevos productos, servicios y procesos. Por ello, la innovación está recibiendo una considerable atención por su papel decisivo en la obtención de una ventaja competitiva sostenible (Prajogo y Sohal, 2001; Gray et al., 2002; Kanji, 1996). Otros autores, sin hacer mención expresa al término ventaja competitiva, señalan que la capacidad para innovar es de los principales factores que impactan en el desempeño de los negocios (Hult et al., 2004; Hurley y Hult, 1998; Porter, 1990; Mone et al., 1998). La proactividad se refiere a la postura que se adopta de cara a anticipar y actuar ante los futuros deseos y necesidades del mercado, creando ventajas derivadas de ser el primero en actuar frente a los competidores (Lumpkin y Dess, 1996). Las empresas proactivas desarrollan oportunidades emergentes. La adopción de riesgos se asocia con la mayor disposición a comprometer un importante volumen de recursos en proyectos donde el coste de fracaso puede ser muy elevado (Millen y Friesen, 1978). En definitiva, la adopción de riesgos supone comprometer recursos en proyectos con resultados desconocidos. En los últimos años, la teoría de recursos y capacidades ha sido utilizada en la literatura sobre creación de empresas para examinar la contribución de la orientación emprendedora al desempeño organizacional. Por ejemplo, Dess et al. (1999), argumentan que la actividad emprendedora es una conductora clave de la transformación organizacional y de la renovación estratégica a través de la creación y combinación de recursos. De manera similar, Zahra et al. (1999, p. 169) sugieren que las actividades emprendedoras pueden proporcionar “fundamentos para construir nuevas competencias o revitalizar las existentes”. Es más, la visión del
5 emprendedor de Stevenson y Gumpert’s (1985) de ser un experto en el uso de recursos (p.e., financieros, intelectuales, habilidades o competencias) es consistente con esta emergente perspectiva. Si bien la literatura admite que la orientación emprendedora conduce a un mayor desempeño (Zahra y Covin, 1995; Wiklund y Shepherd, 2003), son pocos los trabajos empíricos que aportan suficiente evidencia al respecto. Lee et al. (2001) solo ha encontrado débil evidencia de la relación positiva entre orientación emprendedora y desempeño en las empresas de nueva creación, y Slater y Narver (2000) no encontraron relación con la rentabilidad. Por su parte, Wiklund y Shepherd (2003) sugieren que la orientación empresarial favorece la relación entre las empresas basadas en recursos de conocimiento y el desempeño. En el caso de empresas propiedad de mujeres son escasos los estudios que se han enfocado desde esta perspectiva, y no existen trabajos al respecto que puedan determinar si en este caso existe una relación positiva de la orientación emprendedora con el desempeño empresarial. Las investigaciones en este tipo de empresas señalan una mayor tendencia por parte de las mujeres a desarrollar negocios tradicionales que le aporten mayor seguridad. Watkins y Watkins (1986) establecen que para las mujeres, la elección del sector donde autoemplearse está en gran parte determinado por la consideración de las áreas que tienen menos obstáculos para tener éxito. Esto nos lleva a pensar que la orientación a la innovación, la adopción de riesgos o la proactividad, podrían ser menores. Asimismo, es perfectamente plausible que un menor nivel de recursos humanos, financieros y de capital social establezcan restricciones al desarrollo de comportamientos estratégicos orientados a la innovación, la proactividad y la aversión al riesgo. En un reciente trabajo de Minniti y Nardone (2007) se demuestra que para las mujeres, la habilidad para detectar oportunidades y el miedo al fracaso son elementos que limitan la propensión a la puesta en marcha de iniciativas empresariales. Sin embargo, estudios como el de Masters y Meier (1988) no han encontrado diferencias en una muestra de hombres y mujeres emprendedores en cuanto a la propensión al riesgo. Por tanto, aunque los niveles de orientación emprendedora pudieran ser menores que en otro tipo de empresas, la literatura sugiere una relación positiva entre ésta y el desempeño empresarial logrado, por lo que: Hipótesis 1: La orientación emprendedora en empresas propiedad de mujeres tiene una relación positiva con el desempeño empresarial logrado por las mismas. Relaciones externas, adquisición de conocimiento y orientación emprendedora En la literatura sobre creación de empresas ha emergido un cuerpo de investigaciones en torno a cómo los emprendedores aprenden durante la creación y gestión de las nuevas empresas, y se ha puesto de manifiesto que en todo el proceso emprendedor, el aprendizaje y la adquisición de conocimiento son aspectos de gran importancia. Reuber y Fischer (1993) demuestran que el proceso de aprendizaje dentro del entrepreneurship es esencialmente dinámico y parece continuo a lo largo de la vida de la empresa, más que estar concentrado en el primer año. Autores como Hitt, Ireland y Hoskisson (1999) reconocen que el conocimiento organizacional agrupa un conjunto de recursos intangibles que pueden ser una fuente de ventajas competitivas sostenibles. Así, por ejemplo, el conocimiento permite que la empresa realice predicciones más fiables sobre el potencial comercial de los cambios en el entorno y la adecuación de las acciones tácticas y estratégicas (Cohen y Levinthal, 1990).
6 Es más, sin este conocimiento, las empresas son menos capaces de descubrir y explotar nuevas oportunidades (Wiklund y Shepherd, 2003). Por otro lado, como admite Chungyan (2005), las nuevas empresas y los emprendedores tienen habitualmente una falta de conocimiento, por lo que una orientación al aprendizaje y la gestión del conocimiento de la empresa son fundamentales. Nuevas interpretaciones de los procesos y productos de la empresa pueden ser realizados a partir de este aprendizaje, incentivando de esta forma la innovación y la creación de productos y procesos innovadores. De hecho, el aprendizaje y la gestión de conocimiento están fuertemente relacionados con la innovación. Así, Arias y Molina (2002) demostraron que una gestión integral del conocimiento mejoraba la innovación, incidiendo de esta forma tanto en la capacidad emprendedora de la empresa como en las posibilidades de éxito o fracaso de las iniciativas emprendedoras. Asimismo, el aprendizaje dentro de la organización es una labor dependiente de las redes sociales existentes tanto dentro de la empresa como con el exterior (Owen-Smith y Powell, 2004), siendo las redes sociales fundamentales para explicar la capacidad de la empresa para aprender (Reagans y McEvily, 2003; Rhee, 2004). Como señalan Molina, Lloréns y Ruiz (2007), mantener relaciones con socios externos mejorará las transferencias de conocimiento hacia la empresa. Las capacidades necesarias que las empresas desarrollan para captar y desarrollar nuevo conocimiento procedente del exterior de la organización es lo que la literatura ha definido como capacidad de absorción. La capacidad de absorción ha sido tratada de varias maneras (p.e., Cohen y Levithal, 1990; Kim, 1998), pero parece haber consenso en que se trata de un constructo multidimensional que conlleva la adquisición, asimilación y explotación del conocimiento. Según Zahra y George (2002) la capacidad de absorción es un conjunto de rutinas y procesos organizacionales por los cuales la empresa adquiere, asimila, transforma y explota conocimiento. Bajo esta conceptualización, la adquisición de conocimiento externo se entiende como la capacidad de la empresa para identificar y adquirir conocimiento generado externamente que es crítico para sus actividades (Zahra y George, 2002). La adquisición también puede entenderse como una escucha activa por parte de todos los miembros de la organización, usando variedad de fuentes y de medios. Esta capacidad puede influir positivamente en la orientación emprendedora de las empresas de nueva creación. Desde la perspectiva de la teoría de recursos y capacidades, la orientación emprendedora representa cómo una empresa se organiza para descubrir y explotar nuevas oportunidades. Y como señala Gartner (1985), el fenómeno emprendedor implica un proceso de aprendizaje, particularmente en términos de adquisición de conocimiento y habilidades respecto a la creación de empresas. Pero además, la habilidad de las organizaciones para movilizar recursos externos, atraer a clientes e identificar oportunidades emprendedoras, está condicionada por las redes externas, puesto que éstas median en las transacciones económicas y confieren legitimidad organizacional (Granovetter, 1985). En las organizaciones emprendedoras es más probable que se establezcan estrategias centradas en el desarrollo de redes valiosas, compartiendo recursos externos para lograr el éxito. McEvily y Marcus (2005) resaltan que las redes con lazos interoganizacionales que las empresas desarrollan para aprender capacidades no solo consisten en los diversos contactos de los directivos con sus iguales, sino que son críticas también las relaciones con sus proveedores y clientes. Además, como indican (Zahra y George, 2002), aunque parece entenderse que las áreas más importantes de conocimiento proceden de los clientes y los competidores, la organización usa otras fuentes de recolección de datos más allá de estos dos colectivos. Es más, trabajos previos demuestran que la adquisición de conocimiento externo puede depender de la diversidad de la
7 exposición a las fuentes externas (Cockburn y Henderson, 1998; Lane y Lubatkin, 1998; Matusik y Heeley, 2001). En el caso de las empresas de mujeres, la adquisición de conocimiento no se ha tratado de forma explícita, si bien hay estudios en torno al papel de las redes y del capital social, así como de las relaciones con entidades financieras. Investigadores como Rosa y Hamilton (1994) consideran que las redes son críticas y deberían ser más fuertes entre mujeres emprendedoras que entre hombres. Sin embargo, los resultados de diversos estudios como el de Cromie y Birley (1992), contrariamente a lo que cabría esperar, determinan que las redes de mujeres son bastante similares a las de los hombres. Es decir, las redes de mujeres son tan activas como las de hombres, los contactos son diversos como en las de hombres, y no hay más probabilidad de que se consulte con la familia o amigos, como en el caso de los hombres. De manera similar, Katz y Williams (1997) concluyen que las mayores diferencias en las actividades de redes sociales se deben al estatus del trabajador, más que al género. En la medida en que la organización sea capaz de adquirir información con un proceso de búsqueda, mayores serán las opciones para identificar cambios del entorno y adquirir recursos claves para el desarrollo de sus actividades y la detección de nuevas oportunidades de negocio. En el caso de las empresas de mujeres, la cantidad y la cualidad de las relaciones externas entre la empresa y su entorno son críticas para su éxito (Carter, Anderson y Shaw, 2001). Con el objeto de poder determinar la adquisición de conocimiento procedente de diferentes relaciones, distinguimos entre los clientes y el resto de relaciones con otros agentes o colaboradores siguiendo a la literatura previa. Esta concepción es congruente con la propuesta de Cope (2005) que determina en qué áreas el aprendizaje emprendedor necesita un mayor estudio, siendo una de ellas el aprendizaje del entorno y de las redes emprendedoras, donde incluye las relaciones con potenciales clientes, proveedores y competidores, así como en agencias consultoras o asesoras o servicios de soporte como los bancarios o contables. Así, la adquisición de conocimiento de clientes ha sido previamente tratada en la literatura y se considera una fuente clave y diferenciada frente a otro tipo de relaciones, por el papel que éstos juegan para la supervivencia de las empresas. Trabajos como el de Yli-Renko, Autio y Sapienza (2001) tratan específicamente este constructo, y Argote (1999), por ejemplo, analiza de qué manera el principal cliente es una fuente crítica de conocimiento que conduce a la innovación. Dentro del conocimiento adquirido de otros colaboradores se incluye el procedente de un amplio abanico de contactos con directivos y socios de otras empresas, proveedores, competidores, así como instituciones financieras, asociaciones empresariales o entidades gubernamentales. Por tanto, partiendo de los argumentos previos sobre la importancia de las interacciones con diferentes tipos de contactos, y distinguiendo la adquisición de conocimiento procedente de clientes y el adquirido de colaboradores como anteriormente se ha descrito, planteamos las siguientes hipótesis: Hipótesis 2: La adquisición de conocimiento de clientes influye de manera positiva en la orientación emprendedora en empresas propiedad de mujeres. Hipótesis 3: La adquisición de conocimiento de colaboradores influye de manera positiva en la orientación emprendedora en empresas propiedad de mujeres.
8 3. METODOLOGÍA Muestra Una de las mayores dificultades que presenta un estudio de estas características es la obtención de una muestra representativa de la población de mujeres emprendedoras objeto de estudio. Los datos utilizados para llevar a cabo la investigación se han obtenido de una muestra de mujeres españolas que pertenecen a un colectivo de mujeres emprendedoras, cuyo registro aparece en www.e-empresarias.net. Esta Web es un servicio encuadrado dentro del Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres, promovido por el Instituto de la Mujer, el Consejo Superior de Cámaras y las Cámaras de Comercio, y persigue acercar a las emprendedoras y empresarias a las nuevas tecnologías, ofreciéndoles asesoramiento gratuito y creando una red de emprendedoras y de empresarias. En www.e-empresarias.net se pueden apuntar mujeres que hayan sido asesoradas por el Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres del Instituto de la Mujer y el Consejo Superior de Cámaras, y que quieran complementar la asesoría presencial prestada por su Cámara de Comercio con este servicio de asesoramiento online, pero también cualquier mujer que quiera entrar a formar parte de la red de usuarias del Programa de Apoyo Empresarial a las Mujeres. Es un programa a nivel nacional, que se desarrolla en todas las comunidades autónomas y en todas las provincias. La recogida de datos se ha realizado a través de un cuestionario enviado por correo electrónico durante el periodo junio-noviembre de 2006 a todas las mujeres inscritas en www.e-empresarias.net. En el mensaje que acompañó la encuesta se explicaba que el estudio estaba dirigido a las mujeres emprendedoras y los objetivos de la investigación. De los 3136 cuestionarios enviados, aproximadamente un 20% fueron devueltos porque la dirección de correo no era válida. Los 118 cuestionarios recibidos, corresponden a una tasa de respuesta de 4,7%, cercana a la tasa de respuesta media de encuestas por correo en otros estudios, 6% (Ozgen y Baron, 2007). Después de haber eliminado los cuestionarios incompletos, el número de encuestas utilizadas en el estudio ha sido de 111. El análisis descriptivo de la muestra ha revelado que el 80% de las encuestadas tienen estudios superiores, y 61,2% de las emprendedoras más de cinco años de experiencia en la actividad que desarrollan sus empresas. El negocio ha sido una iniciativa personal para el 71,2% de las encuestadas, iniciativa de un grupo de personas para un 22,7%, y sólo un 5,5% lo había heredado. En cuanto a las motivaciones para emprender, un 40% afirma haber puesto en marcha la empresa porque había detectado una oportunidad de negocio, el 38% por independencia laboral, el 38% lo consideran un reto personal, para un 20% es una alternativa al empleo por cuenta ajena, y sólo un 6,3% afirman haber montado el negocio por necesidades económicas, ya que no encontraba empleo por cuenta ajena. En cuanto a las características de las empresas, un 68,1 % tienen menos de 5 años de vida y un 88% menos de 10 años de vida. La mayoría de estas empresas son pequeñas, un 93,7% de ellas tienen menos de 10 empleados. Con respecto al sector de actividad, se concentran preponderantemente en el sector servicios, y en menor medida en los sectores comercio, construcción e industria manufacturera. 3.2. Medición de las variables Orientación emprendedora. De acuerdo con Miller (1983), la etiqueta de emprendedor es la mejor descriptora de las empresas que de manera simultánea asumen riesgos, innovan y son proactivas con respecto a
9 las operaciones de sus negocios, productos ofertados, tecnologías y sus interacciones con los competidores. En el estudio se ha adoptado el concepto desarrollado por Covin y Slevin (1989; 1991), considerando la innovación, la proactividad y la asunción de riesgos como las dimensiones que definen la orientación emprendedora de una empresa. Se ha utilizado un total de 13 ítems que representan las citadas dimensiones, adaptados de Covin y Slevin (1989), Naman y Slevin (1993) y Wiklund (1999). El alfa de Cronbach es del 0.795. Adquisición de conocimiento. Las variables de adquisición de conocimiento de los clientes y colaboradores han sido adaptadas de medidas utilizadas por Yli-Renko, Autio y Sapienza (2001) para la adquisición de conocimiento con el principal cliente. Para la adquisición de conocimiento a través de las relaciones con los clientes se han utilizado cuatro afirmaciones con respecto a las cuales los entrevistados tenían que manifestar el grado de conformidad de su situación en una escala de 7 puntos (1=totalmente en desacuerdo; 7=totalmente de acuerdo). Las afirmaciones se referían a la obtención de conocimiento de mercado, información sobre las necesidades y tendencias en el mercado, conocimientos técnicos y “saber hacer” general y “saber hacer” en relación a proveer los productos y servicios a través de los clientes. La adquisición de conocimiento de colaboradores se ha medido de forma análoga a la variable anteriormente explicada, usando tres proposiciones referentes a la obtención de conocimiento del mercado, información sobre las necesidades y tendencias en el mercado, conocimientos técnicos y “saber hacer” general. El alpha de Cronbach para cada una de estas variables ha sido 0,857, 0,890, respectivamente. Desempeño. El desempeño logrado en este tipo de empresas ha sido medido de forma subjetiva, adoptando una amplia perspectiva de su concepto (Venkatraman y Ramanujan, 1986). Para valorar la percepción sobre el desempeño financiero se ha utilizado un ítem para el crecimiento de las ventas y otro para los beneficios. Ambas variables han sido utilizadas en la literatura previa sobre estudios de género. Para ampliar el análisis de los resultados a otros tipos de desempeño de carácter más operativo, se han considerado la innovación en productos/servicios, la calidad de productos/servicios y la satisfacción de los clientes. El nivel de desempeño percibido se ha comparado con el obtenido por sus competidores a través de una escala de 7 puntos (1= mucho peor; 7 mucho mejor). Variables de control. En el presente estudio se consideran como variables de control la orientación al crecimiento de las empresas (entendiendo que puede haber diferencias en la orientación emprendedora de las empresas en función a su mayor o menor grado de orientación al crecimiento), la adopción de nuevas tecnologías, y la estructura de las relaciones con clientes y colaboradores (entendida esta como la diversidad de los contactos realizado, la frecuencia de los mismos y la cercanía y calidad de las relaciones). La orientación al crecimiento se ha medido de forma subjetiva en una escala de 7 puntos (1=totalmente en desacuerdo; 7=totalmente de acuerdo) para la siguiente afirmación: “nuestra meta más importante es crecer”. La adopción de nuevas tecnologías se ha valorado con un ítem en relación a los competidores en una escala de 1, mucho peor; a 7, mucho mejor. En el caso de la estructura de las relaciones, se ha utilizado una escala de 5 ítems valorada igualmente entre 1, totalmente en desacuerdo y 7, totalmente de acuerdo respecto al mantenimiento de relaciones con colaboradores (clientes, proveedores, competidores, asociaciones de comercio, directivos,…) con las siguientes características: (1) muy diferentes entre sí, (2) con muchos agentes distintos dentro de cada grupo de colaboradores diferentes (clientes, proveedores,…), (3) frecuentes, (4) de cercanía y confianza, y (5) a largo plazo. El alfa de Cronbach de la escala es 0.786.
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