Deliberación democrática en la Red: Del diálogo al ruido digital
Abstract
Este monográfico, bajo el título 'Deliberación democrática en la Red: Del diálogo al ruido digital', afronta el reto de pensar las tensiones entre este ruido y la deliberación democrática. En el mismo podemos encontrar tanto investigaciones que abordan experiencias progresistas y usos potencialmente democratizadores de las tecnologías digitales, como fenómenos que ilustran sus riesgos y las amenazas que pueden representar para la calidad del debate público y la propia democracia.
Full text
1 EDITORIAL Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 Teknokultura. Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales ISSNe: 1549-2230 https://doi.org/10.5209/tekn.84027 Deliberación democrática en la Red: Del diálogo al ruido digital1 [en] Democratic deliberation on the Net: From digital dialogue to digital noise José Candón-Mena2; Ángel Carrasco-Campos3; Carla Barrio Romera4 Recibido: 11 de octubre de 2022 / Aceptado: 16 de diciembre de 2022 Sumario. 1. Oportunidades y amenazas para la deliberación digital. 2. Capitalismo digital e involución tecnológica. 3. La política en el centro de la tecnopolítica. 4. Ruido en las redes y en los medios. 5. Presentación de artículos. 6. Referencias. Cómo citar: Candón-Mena, José, Carrasco-Campos, Ángel y Barrio Romera, Carla (2023). Deliberación democrática en la Red: Del diálogo al ruido digital. Teknokultura. Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales, 20(1), 1-9, https://doi.org/10.5209/ tekn.84027 1 Proyecto PID2020-113011RB-I00 Sostenibilidad del Tercer Sector de la Comunicación. Diseño y Aplicación de Indicadores» (SOScom) financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033. 2 Universidad de Sevilla (España) E-mail: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1070-4987 3 Universidad de Valladolid (España) E-mail: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0986-5305 4 Universidad Camilo José Cela (España) E-mail: [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0684-6926 1. Oportunidades y amenazas para la deliberación digital El entorno digital se presentaba, en principio, como un foro idóneo para propiciar procesos de deliberación democrática más abiertos, plurales y participativos. La Red parecía abrir nuevas posibilidades para democratizar la comunicación pública en virtud de sus características técnicas que, en contraste con los medios tradicionales, hacían de este entorno un medio propicio para procesos más horizontales y participativos. Estas esperanzas inspiraron tanto a analistas y académicos como a movimientos sociales en los orígenes de internet, viendo en este medio un fuerte aliado para la extensión de prácticas democráticas. Hoy, no obstante, parece predominar una visión pesimista que incluso llega a considerar que el entorno digital no solo no ha contribuido a ampliar y reforzar los espacios de deliberación preexistentes, sino que más bien ha empobrecido la calidad del discurso público. Estas últimas décadas de desarrollo y expansión de internet ofrecen, por tanto, un balance ambiguo respecto a las posibilidades para los espacios, discursos y procesos de deliberación democrática enfocados al cambio social y la transformación de la esfera pública. Si bien las experiencias de empoderamiento y contrapoder han sido frecuentes durante buena parte de este periodo, el discurso público en redes sociales parece en la actualidad enfrentarse con sus propios límites, internos y externos. El giro en la percepción de las posibilidades democráticas de las nuevas tecnologías no solo es fruto de la experiencia acumulada, sino que también ha venido acompañado de grandes cambios tecnológicos, políticos y sociales. Tanto la sociedad como las propias tecnologías han sufrido profundas transformaciones, y una diversidad de factores explican este paso de la esperanza en la deliberación digital al desasosiego y el ruido estridente que hoy experimentamos en las redes sociales. Unas redes sociales contaminadas por discursos de odio (Glucksmann, 2019; Calderón, Blanco-He- rrero y Apolo, 2020), fake news (Parra y Oliveira, 2018; McDougall,2019), postverdades (McIntyre, 2018; Fowks, 2018) y todo tipo de estrategias de tecnofascismo (Macías, 2021) y violencia discursiva como el trolling, el spamming, el flooding o el impostoring (Suler y Phillips, 2009), el online shaming u otras como el llamado derailing o desorientación y reorientación del debate (Poland, 2016). Estos fenómenos evidencian que internet no solo abre nuevas oportunidades para la participación democrática, sino que también conlleva nuevas amenazas y riesgos. No obstante, un análisis profundo y exhaustivo de las posibilidades y las limitaciones de los usos sociales de las TIC debe alejarse de la simplificación que TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 1TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 1 30/1/23 17:5730/1/23 17:57
2 Editorial. Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 a menudo caricaturiza las visiones optimistas como simples anhelos y ensoñaciones fruto de la ignorancia o la candidez, y tipifica las visiones pesimistas como una manifestación de un análisis erudito, perspicaz y apegado a la realidad. Aunque evidentemente algunas de las visiones utopistas en los albores de internet caían en una clara simplificación tecnodeterminista, el cambio de percepción sobre el potencial democrático de las TIC no debe entenderse como la corrección de un pecado original, sino analizarse en términos históricos, en los que este cambio no hace más que acompañar a otras transformaciones sociales y tecnológicas. Por otra parte, la evidencia de las limitaciones y riesgos de las nuevas tecnologías, a veces minusvaloradas por los primeros analistas, no debería llevarnos al otro extremo, el catastrofismo digital, pues caeríamos entonces en el mismo error, el tecnodeterminismo, achacando ahora todos los males que sacuden nuestras sociedades a la influencia perversa de las redes digitales. Para fomentar el debate sobre la deliberación digital y las posibilidades democráticas de la Red, consideramos tres aspectos clave que debemos atender: el cambio que ha sufrido la propia tecnología, cuyo desarrollo al dictamen del capitalismo digital ha llevado a una verdadera involución de su potencial democratizador; las propias transformaciones sociales, políticas y económicas, que siguen dinámicas propias y no siempre achacables a las TIC; y, por último, la necesidad de que estos balances se hagan en referencia a la situación previa –o a los medios tradicionales–, y no en base a modelos de democracia ideal inexistentes en la práctica. 2. Capitalismo digital e involución tecnológica Aunque impregnadas por la ‘sublimación digital’ (Mosco, 2011) propia del surgimiento de cada avance tecnológico (Marx, 1964; Nye, 1994), hay que tener en cuenta que el tecnooptimismo de los orígenes de la Red surge en un escenario muy distinto del actual. Era la época de las listas de distribución, las BBS – como el Community Memory de Lee Felsenstein en 1973 o The Well en 1985 (Rheingold, 1996; Turner, 2006, pp. 141-174)–, y posteriormente los blogs y foros en línea. En estos foros aún participaba solo una minoría selecta de ciudadanos. Al principio, su uso se circunscribía a los ámbitos académicos y científicos, con un importante papel de la contracultura ligada a los movimientos sociales de los años 60 y 70. Como en el ágora de las polis griegas, la discusión democrática era vehiculada por un grupo limitado que favorecía la calidad del debate. Era también una época en la que los usuarios aún ejercían un importante control sobre la tecnología, cuyo desarrollo respondía más a sus aspiraciones e ideales y menos a los intereses e imposiciones del mercado capitalista. El nuevo espacio digital era un terreno inexplorado que ni siquiera llamaba, todavía, excesivamente la atención de los poderes económicos y estatales. Tan pronto como la Red comenzó a popularizarse, fueron las empresas las protagonistas de su desarrollo, dando lugar al capitalismo digital contemporáneo (Jiménez y Rendueles, 2020). Empresas como Microsoft y Apple se apropiaron de los valores contraculturales que hasta entonces habían influido en los desarrollos y usos de la Red; en particular, se tomaron selectivamente los aspectos individualistas y meritocráticos de la ética hacker, obviando sus valores comunalistas, dando lugar al espíritu emprendedor de Silicon Valley (Turner, 2006; Markoff, 2005) y la llamada ‘ideología californiana’ (Barbrook y Cameron, 1996). Así, aunque la Red nació en el ambiente de la contracultura y los movimientos progresistas de las décadas de los 60 y 70, esta se desarrolló en la época dorada del neoliberalismo de los años 80 y 90. La moldeabilidad de la tecnología digital facilitó su evolución en una línea muy distinta a la imaginada y deseada por sus primeros desarrolladores y usuarios (Manovich, 2005). Las posibilidades –affordances– y limitaciones –constrains– de la tecnología fueron configurándose en un juego de estrategias de regulación, ajuste y reconstitución (Pfaffenberger, 1992). En este juego cada vez prima más el interés comercial, acompañado de una regulación estatal muy centrada en la vigilancia y el control de los ciudadanos, más que en la defensa de la privacidad o los derechos de los usuarios (Ramonet, 2015). El papel de los algoritmos (Treré, 2019; Dader y Campos, 2017), la construcción de ‘jardines amurallados’ (Padilla, 2012) en las plataformas de redes sociales privativas, el uso de técnicas de filtrado, data mining y microsegmentación (Pariser, 2017), etc., han transformado la Red en un espacio publicitario y propagandístico al servicio del mercado y los poderes fácticos. Uno de los fenómenos más cuestionables para la calidad democrática del debate online es la ‘balcanización’ de la opinión pública, un proceso de fragmentación y radicalización de las audiencias online (Sunstein, 2017). Las ‘cámaras de eco’, donde audiencias fragmentadas solo se comunican entre afines favoreciendo la polarización de la esfera pública (Bruns, 2021), son reforzadas por la implementación de algoritmos de recomendación sobre los gustos previos surgidos de estrategias comerciales. Esta hiperpersonalización de los mensajes es posible gracias a la recopilación de ingentes cantidades de datos de los usuarios, que es hoy el principal valor comercial de las grandes empresas tecnológicas (Schiller, 2000). Las tecnologías digitales evolucionan, pues, en un contexto capitalista de alcance global, en el que los intereses económicos priman sobre cualquier consideración. La concepción de los medios como un negocio más, sujeto a las leyes del mercado, ha triunfado sobre la noción anterior que defendía que los medios de comunicación, debido a su papel en la configuración de la opinión pública y, por tanto, en la democracia, no podían estar sometidos a la mercantilización y la lógica del valor de cambio. Todas las leyes que limitaban la TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 2TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 2 30/1/23 17:5730/1/23 17:57
3Editorial. Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 acumulación de la propiedad de los medios habían perdido peso ya antes de la popularización de la Red. Si bien en un primer momento esta pudo desarrollarse con criterios propios, incluso con una destacable influencia de las primeras comunidades de inventores y usuarios y sus principios éticos basados en el libre acceso a la información, el desarrollo posterior de las tecnologías digitales solo ha perseguido un fin: la monetarización de la atención de los usuarios en las redes sociales. Este desarrollo no era inevitable, pero es en el escenario actual en el que cabe preguntarse sobre los efectos de las plataformas digitales en la calidad de la información y los debates que circulan en internet. No obstante, siguen existiendo oportunidades para que la tecnología sea una aliada de la democracia: desde su noción más básica, no puede considerarse que la pluralidad de fuentes sea en sí misma una limitación, sino más bien al contrario. Tampoco puede negarse que las posibilidades de interacción en la Red, en principio, favorezcan un modelo dialógico de debate y discusión pública más participativo que la unidireccionalidad de los medios tradicionales. Por tanto, debemos poner en cuestión los desarrollos concretos que pueden contribuir o perjudicar las formas de relación y diálogo democrático en la Red, en lugar de juzgar superficialmente el papel de las tecnologías digitales. Dado que renunciar a la tecnología no es una opción, la lucha por el código y por politizarla se torna urgente (Binder y García Gago, 2020). Es necesario, primero, señalar las limitaciones de la forma actual de internet como espacio para la expansión de intereses privados. Y, segundo, ahondar en la crítica sobre los graves riesgos que el desarrollo actual de la tecnología, al dictado de los intereses comerciales del capitalismo digital, puede conllevar para la democracia. La crítica a la tecnología no debería ser un ejercicio de nostalgia sino una propuesta de acción transformadora. El cuestionamiento del determinismo digital, tanto en sus visiones optimistas como pesimistas, se basa precisamente en resaltar que, por supuesto, es posible controlar el desarrollo tecnológico. De este modo, propone trabajar para que la tecnología sirva al interés general y mejore la democracia, en lugar de servir a intereses comerciales, con los consiguientes riesgos que ello supone, planteando así la cuestión en sus justos términos: en el ámbito de la política. 3. La política en el centro de la tecnopolítica El clima de escepticismo digital dominante hoy en día se vincula de forma habitual a fenómenos como los discursos de odio o el auge en internet de movimientos de extrema derecha, antifeministas y ultranacionalistas (Schradie, 2019). El fascismo digital (Macías, 2021) prolifera actualmente en las redes y muchos achacan a las tecnologías digitales el crecimiento de dichos movimientos y la consecuente polarización de la sociedad. La victoria de Donald Trump en EE.UU. o el Brexit en Reino Unido son los ejemplos predilectos de esta argumentación. No hace falta negar los efectos de las redes sociales en dichos fenómenos para cuestionar la causalidad simplista que a menudo se establece entre ambos. Morozov (2013) advertía del ‘solucionismo’ de las TIC, una visión que considera estas tecnologías como determinantes y lo hace de un modo utópico, que exageraba el potencial intrínseco de las tecnologías digitales para resolver todo tipo de contradicciones sociales. De manera similar, hoy podemos hablar del ‘culpabilismo’ digital, por el cual, cayendo en la misma simplificación determinista, se señala a la tecnología como causa de todo tipo de problemas. Con este discurso superficial se soslayan, o incluso se obvian, las causas sociales de fenómenos eminentemente políticos que, sin descartar la incidencia que en ellos puede tener la tecnología, deberían analizarse en sus propios términos y contextos culturales e históricos (Sturken et al., 2004). Así, no debería desligarse el Brexit de la tradicional ambivalencia del Reino Unido entre su tendencia europeísta y atlantista, ni dejar de reconocer la existencia en amplias capas de la población de cierto recelo ante la UE, como tampoco debe obviarse que la victoria electoral de Donald Trump se pudo ver favorecida por la desafección hacia Hilary Clinton dentro de los sectores progresistas en EE.UU. por considerarla representante del establishment político. De hecho, Trump perdió las elecciones y también ha cosechado un pobre resultado en las elecciones de medio mandato o midterms (incluso a pesar de la complicada situación económica y el relativo carisma del presidente Joe Biden). En un sentido similar, las consecuencias políticas y económicas de la crisis financiera de 2008, unidas a las restricciones de libertades individuales durante las primeras oleadas de la COVID-19 y la recesión económica consecuente, son factores significativos para comprender muchos de los movimientos populistas en Europa. Sirva mencionar cómo, en el contexto de estos movimientos, el auge de las iglesias evangélicas en Brasil permiten, en buena medida, comprender el éxito de Bolsonaro; o el recorte del Estatuto de Autonomía de Cataluña por parte del Tribunal Constitucional español y el históricamente complejo encaje territorial en España explican el crecimiento del independentismo de forma más precisa que la supuesta influencia de hackers rusos, a la vez que la reacción al Procés independentista es una hipótesis plausible del surgimiento de Vox. Si las redes han servido para impulsar movimientos progresistas como Occupy, el 15M o las Primaveras Árabes y, a la vez, se las señala como las responsables del auge de todo tipo de movimientos reaccionarios, quizás es que no sean estas las que determinen el signo político y alcance ideológico de dichos fenómenos, sino que ello depende más bien del complejo entramado político, social e histórico en el que surgen. Lo contrario sería el equivalente a achacar al desarrollo de radio, y no al crack del 29 o al TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 3TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 3 30/1/23 17:5730/1/23 17:57
4 Editorial. Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 sentimiento derrotista del pueblo alemán por los términos del Tratado de Versalles, el auge del nazismo, por mucho que Goebbles usara la radio para expandir su propaganda. De tal modo, una investigación comprometida con procesos emancipadores de deliberación democrática en la Red debe desplazarse necesariamente desde el determinismo y posibilismo tecnológico, en el que las virtudes y defectos del diálogo y ruido digital se vinculan causalmente a las propias TIC, hacia un análisis que incorpore radicalmente el contexto social y político como elementos fundamentales. La propia dimensión material que afecta a las estructuras y relaciones de poder –económico, político, simbólico– del sistema de medios en la era de internet, deben ser considerados como factores que plantean riesgos y amenazas para los usos transformadores de los medios digitales y esto implica, como decíamos, situar a la política en el centro de la tecnopolítica. 4. Ruido en las redes y en los medios Finalmente, el juicio sobre el papel de las redes y su responsabilidad en la actual polarización social, los discursos del odio o el auge de las fake news, debe realizarse en sus justos términos. Primeramente, advirtiendo de que por mucho que las nuevas tecnologías digitales hayan transformado el sistema mediático y ganado un peso considerable en el mismo, los medios tradicionales siguen existiendo e incluso marcando la agenda pública, pese a las estrategias del activismo político en redes sociales para el establecimiento de una ‘agenda inversa’ (Casero-Ripollés, 2015). Como se señala desde la ecología mediática, el papel de las redes sociales en el escenario mediático actual se caracteriza por su convergencia, puesto que los medios y formatos tradicionales, en su mayoría digitalizados, siguen ocupando un lugar central en la configuración de la opinión pública (Treré y Mattoni, 2016). En segundo lugar, no parece adecuado juzgar la calidad del debate democrático en los medios digitales de forma abstracta. Sin embargo, muchos de los juicios sobre la responsabilidad de las redes en el deterioro de la calidad del debate democrático se realizan en términos superlativos, no comparativos. Esto es, se juzga la calidad del discurso en las redes respecto a concepciones idealistas cuyo parámetro habitual es la esfera pública y racional habermasiana (1981), obviando que esta debe entenderse como una concepción normativa más que descriptiva. Evidentemente, juzgado en esos términos, el suspenso de las redes digitales es claro. No obstante, creemos que las redes digitales deberían juzgarse en términos comparativos, en concreto en comparación con la calidad del discurso en los medios de comunicación tradicionales, e incluso en otros ámbitos como los Parlamentos. Primero, porque el descrédito de los mismos es un fenómeno incluso anterior a la popularización de la Red (Norris, 2011), y segundo, porque los medios tradicionales siguen teniendo un papel fundamental y comparten culpas respecto a muchos de los fenómenos de los que, a menudo, se culpabiliza en exclusiva a las redes digitales. Desde esta perspectiva, podemos plantear que quizás el fenómeno del trumpismo deba tanto a la Fox Broadcasting Company como a Twitter, que la victoria de Bolsonaro no pueda entenderse sin las campañas de acoso y derribo a Lula da Silva por parte de medios como O Globo, que las falacias del Brexit haya que buscarlas también en la prensa sensacionalista británica, o que podamos encontrar ejemplos paradigmáticos de fake news en los discursos políticos y mediáticos sobre las armas de destrucción masiva en Irak, así como en la autoría de los atentados del 11-M en Madrid. En este sentido, proponemos la idea de lo que hemos llamado ‘despotismo ilustrado 2.0’, una expresión para caracterizar un discurso habitual entre el periodismo tradicional y los medios de comunicación convencionales, pero también entre el establishment político. Pareciera que desde dichas instancias se instara abiertamente al público a volver a confiar en los medios tradicionales y abandonar la tentación de buscar en las redes otras fuentes y discursos distintos del hegemónico. No cabe duda del importante papel que el periodismo y los medios juegan en la calidad de la democracia, ni de que la propia profesión periodística sea insustituible. Lo que resulta sospechoso es que se difunda abiertamente el alarmismo sobre las redes sociales desde unos medios que son parte interesada en ello, pues han visto cuestionado su papel dominante el debate público, y que se haga sin acompañar dichas críticas de un mínimo de la necesaria autocrítica sobre la crisis de legitimidad de los medios de comunicación y de la propia democracia. Esta desconfianza, muy anterior a la popularización de las redes, es en parte causa de que buena parte del público haya buscado en ellas otras formas de participar, informar e informarse sobre asuntos de debate público. Es más, aún hoy, a la vez que se denuncia a las redes como fuente de bulos y fake news, los medios tradicionales y la supuesta prensa seria dan una enorme visibilidad a los máximos exponentes de la desinformación en sus tertulias. En los mismos programas en los que se realiza un encomiable ejercicio de fact-checking, como ejemplo de la importante labor del periodismo profesional para desmontar los bulos que se expanden sin control por las redes digitales, se da paso luego a los mayores fabricantes de bulos, en nombre de la pluralidad y, sobre todo, del espectáculo para atraer a sus audiencias. Los medios de comunicación tradicionales han sido aliados imprescindibles, cuando no protagonistas, de las mayores campañas de contaminación de la esfera pública. Han colaborado e impulsado todo tipo de campañas de guerra jurídica o lawfare (Bielsa y Peretti, 2019; Romano, 2019 y 2020) y golpes mediáticos (Sierra y Sola-Morales, 2020), constituyendo auténticas cloacas mediáticas (Iglesias, 2022; TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 4TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 4 30/1/23 17:5730/1/23 17:57
5Editorial. Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 Labio-Bernal, 2018) en estrecha colaboración con las élites económicas, políticas, judiciales, e incluso con servicios de inteligencia y aparatos policiales del estado profundo. Por supuesto, las redes digitales también han jugado su papel y no se trata aquí de restar importancia a las acertadas críticas sobre los riesgos de las mismas para la calidad del debate democrático. Las redes digitales pueden ser incluso parte del problema, pero no son su única causa. Los grandes grupos mediáticos monopolísticos y el deterioro del periodismo tienen también buena parte de la culpa y, desde luego, volver a confiar plenamente en estos grupos no es la solución. En definitiva, la tarea urgente de democratizar la comunicación, y en general, de radicalizar la democracia, pasa por atender a cuestiones políticas, tecnológicas y mediáticas que no pueden reducirse a la simplicidad tecnodeterminista de culpar de todo a las tecnologías digitales y volver a un pasado que nunca fue mejor. Se trata más bien de reforzar el periodismo independiente, revertir la concentración oligopólica de los grandes grupos de comunicación, impulsar medios comunitarios que complementen el duopolio público-privado, fomentar la pluralidad de la esfera pública, proteger legalmente la privacidad de los usuarios, y también, retomar el control sobre el desarrollo tecnológico para que las nuevas tecnologías sirvan a la sociedad y no solo al interés comercial. Las tecnologías digitales ni salvarán ni condenarán por sí solas a la democracia. La cuestión es más bien si podemos convertirlas en un aliado para, en conjunción con otras luchas en múltiples campos, reforzar la democracia deliberativa. 5. Presentación de artículos Este monográfico, bajo el título ‘Deliberación democrática en la Red: Del diálogo al ruido digital’, afronta el reto de pensar las tensiones entre este ruido y la deliberación democrática. En el mismo podemos encontrar tanto investigaciones que abordan experiencias progresistas y usos potencialmente democratizadores de las tecnologías digitales, como fenómenos que ilustran sus riesgos y las amenazas que pueden representar para la calidad del debate público y la propia democracia. El número se inicia con seis artículos de investigación empírica, incluidos en la sección ‘Karpeta’, siete ensayos teóricos en la sección ‘A/despropósi- to de’, así como tres reseñas de libros especialmente interesados por los retos comunicativos que aborda la deliberación democrática en red. En este número se ha contado por primera vez con la opción de presentar los artículos en ‘avance en línea’, lo cual ha posibilitado su difusión progresiva y sostenida. Los textos seleccionados aspiran a afrontar los interrogantes sobre las condiciones de posibilidad de usos transformadores de las tecnologías de comunicación. Aspectos tales como la aplicación y desarrollo de la democracia deliberativa en internet, la preservación de la memoria de iniciativas transformadoras, las nuevas formas de ideología y vigilancia, el papel que desempeña la concentración de poder de los grandes conglomerados tecnológicos mundiales, las motivaciones y lógicas del ruido digital, y las posibilidades para combatir estos procesos para una expansión de la democracia. son cuestiones centrales que recorren las contribuciones de este monográfico. En el primer artículo de ‘Karpeta’ ‘Idus de marzo en México. La acción directa en las redes y en las calles de las multitudes conectadas feministas’ Guiomar Rovira Sancho y Jordi Morales i Gras proponen un análisis holístico del ciclo de movilizaciones feministas en México que comprende desde marzo de 2019 a marzo de 2020. Se trata de un periodo especialmente efervescente marcado por movimientos como #MeToo –primavera de 2019–, las marchas #Brillanteada y #NoMeCuidanMeViolan –12 y 16 de agosto de 2019– y las movilizaciones de febrero y marzo de 2020 que culminarían con las diferentes convocatorias y acciones del Día Internacional de la Mujer y el Paro de Mujeres –8 y 9 de marzo–. El artículo analiza cómo durante dicho año las multitudes conectadas feministas en México se autoorganizaron y ejercieron la acción directa, en las calles y en las redes, sentando unos precedentes de activismo feminista online que han mantenido el pulso pese al repliegue que supuso la pandemia mundial por la Covid-19. En contraste con el primer artículo, el segundo de los incluidos en ‘Karpeta’, ‘Fascismo digital para bloquear la participación y la deliberación feminista’ tiene como objeto las acciones antifeministas desarrolladas en redes sociales durante los últimos años. Se trata de un estudio exploratorio mediante revisión de literatura en el que las autoras, Sandra Arencón Beltrán, Salomé Sola Morales y Macarena Hernándéz Conde, elaboran un estado de la cuestión de las investigaciones recientes sobre este fenómeno emergente. Analizando los puentes entre el ‘ruido digital’ y el ‘fascismo digital’, las autoras identifican las características básicas del antifeminismo en redes sociales para proponer, a partir de ellas, una tipología extrapolable a todo tipo de acciones tecnofascistas de acuerdo con su principal orientación: desinformar, polarizar, provocar cámaras de eco, generar discursos de odio, y fomentar el acoso y abuso en la esfera digital. Esta investigación evidencia que las TIC, lejos de cumplir con sus promesas de apertura, pluralismo y democratización de la esfera pública, están actualmente amenazadas por estos movimientos reaccionarios. El tercero de los artículos, firmado por Cora Cuenca, Sara Rebollo-Bueno y Juan Manuel García-Gon- zález, profundiza también en la ideologización de los discursos en la esfera digital, aunque en este caso se centran aquellos presentes en los periódicos online. Con el título ‘Los discursos demográficos como he- TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 5TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 5 30/1/23 17:5730/1/23 17:57
6 Editorial. Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 rramienta político-mediática: el caso de la prensa española’, está investigación aborda un análisis de los usos y abusos de los asuntos demográficos en la prensa digital española. Se trata de un tema de actualidad en este país debido a los retos demográficos acuciantes a los que se enfrenta, y puesto que su centralidad en la agenda política y mediática hace que sean cuestiones que repercuten en la polarización de las audiencias. El análisis comparado que realizan concluye que los discursos demográficos son muy susceptibles de variación en su tratamiento informativo, siendo los medios conservadores los más proclives a politizar sus enfoques sobre fenómenos como la natalidad, la fecundidad y la inmigración. Se incorpora, como cuarto artículo en ‘Karpeta’, la investigación ‘A atividade das juventudes partidárias no Instagram em período eleitoral: inovação ou normalização?’, en la que Sara Monteiro Machado, Vasco Ribeiro y Raquel Meneses realizan un análisis de las publicaciones en Instagram realizadas por las secciones juveniles de los principales partidos políticos portugueses en dos procesos electorales recientes: las elecciones municipales –Eleições Autárquicas– de 2021 y las generales –Eleições Legislativas– de 2022. El artículo muestra cómo este recurso se desarrolla dentro de una lógica de reproducción de los patrones habituales de las campañas electorales offline, y alerta de que la falta de innovación en la comunicación política en redes sociales no favorece a la movilización del voto juvenil en Portugal, marcado por significativos índices de abstención. La ‘Karpeta’ continúa con la investigación ‘Servicio Nacional de Inteligencia y su influencia en la participación política de los jóvenes coreanos a través de manipulaciones de la opinión pública’, firmado por Camylla Ribeiro Freire. Se trata de un estudio sobre la concienciación política de la juventud de Corea del Sur a partir de los eventos de manipulación de la opinión pública protagonizados por el Servicio de Inteligencia de este país en la década pasada para ocultar los escándalos políticos del gobierno Park Geun Hye. La movilización de los jóvenes universitarios coreanos derivó en la conocida como ‘Revolución de las velas’ –Candlelight Revolution– y supuso una experiencia de socialización política mediante la interconexión de los movimientos en las redes y en las calles para toda una generación. La autora, no obstante, evidencia que el legado de esa experiencia es desigual en la población juvenil coreana, siendo los grupos poblacionales con estudios universitarios quienes confirman de manera más decidida la importancia en su biografía política de estos eventos. Por último, esta ‘Karpeta’ cierra con el texto de Federico Acosta y Lara y Marcelo Wilchinski Hirschfeld, ‘La batalla virtual por la memoria: un análisis de las memorias en disputa durante la Marcha del Silencio del 2020 en Twitter en Uruguay’, en el que recuerdan la importancia de los entornos digitales en tiempos de pandemia. En este trabajo los autores presentan un estudio de caso sobre el impacto de la crisis sanitaria de la COVID-19 en la ya histórica Marcha del Silencio en Uruguay, llevada a cabo ininterrumpidamente desde 1996. El carácter excepcional derivado de la situación pandémica llevó a sus organizadores a realizar una marcha virtual, incorporando estrategias digitales que otros años únicamente habían actuado de manera complementaria a esta movilización. Acosta y Lara y Wilchinski Hirschfeld realizan un recorrido detallado por la actividad en Twitter desarrollada en el marco de esta movilización, con el objetivo de identificar las diferentes posiciones generadas en el marco de la Marcha del Silencio. Como resultado, destacan la importancia de las redes sociales como entornos que debemos tener en cuenta en la ‘batalla’, como prometía el título del artículo, por la memoria histórica de un país. La sección ‘A/despropósito de’, pensada para la publicación de trabajos más breves y divulgativos desde un prisma sociocultural crítico, sin por ello perder su rigor analítico, está compuesta por un total de siete ensayos. En ‘Elecciones en Brasil, 2022. Entrevista con Rodrigo Stumpf’ Millán Arroyo realiza una entrevista a Rodrigo Stumpf, doctor en Ciencia Política y profesor de la Universidad Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre. En esta entrevista, cuya primera parte se realiza antes de la primera vuelta electoral y la segunda antes de conocer los resultados finales, Stumpf presta especial atención al estudio de la fragilidad de la democracia en Brasil y su impacto en América Latina, un tema de ferviente actualidad. Tras realizar un recorrido detallado de los diversos acontecimientos políticos que han ayudado a dar forma al escenario actual del país, el entrevistado analiza las diversas campañas políticas que han tenido lugar durante estos meses. Stumpf presta especial atención al papel de las redes sociales, debido al rol que las fakenews ocuparon en la elección de Bolsonaro en las pasadas elecciones. Al final de este recorrido por el escenario político brasileño, Stumpf reflexiona sobre los posibles escenarios electorales y apunta algunas de las posibles consecuencias de que Bolsonaro no acepase dicho resultado electoral. Esta entrevista da paso al trabajo de Aitor Jiménez y Ekaitz Cancela ‘¿Es posible gobernar a las plataformas digitales? Análisis crítico de la Ley Europea de Servicios Digitales’, donde los autores ofrecen un espacio para reflexionar sobre la impronta de las diferentes oleadas de regulación de los discursos digitales. A lo largo de este trabajo los autores evidencian que, independientemente de las mejoras que propone la Ley Europea, esta legislación responde a una lógica neoliberal. Su análisis destaca cómo los modelos de negocio de las grandes tecnológicas continúan sin incorporarse al debate, por lo que la transparencia algorítmica y la no monitorización de los datos no puede asegurarse. Por su parte, abogan por la necesidad de liderar este tipo de transiciones hacia nuevas formas de regulación algorítmica más participativas, colaborativas y representativas de la sociedad civil. TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 6TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 6 30/1/23 17:5730/1/23 17:57
7Editorial. Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 Continuando con el debate sobre las posibilidades y riesgos de las tecnologías digitales, Mosè Commeta e Ignacio Marcio Cid, con su texto ‘The new agora: The space of public debate in the digital age’, invitan a reflexionar sobre la complejidad de trasponer el concepto de debate público a las redes sociales. Commeta y Marcio reconocen el potencial de estos entornos para acoger el debate público, pero cuestionan que las lógicas de su diseño permitan llevar a cabo debates constructivos. Para ello, profundizan en cómo estos entornos fortalecen la existencia de una narrativa cada vez más homogénea en favor del status quo, al mismo tiempo que propician la polarización de las minorías opuestas. Los autores analizan como a través de estas plataformas el debate público se termina convirtiendo en consumo cultural, dificultando así la creación de un sentimiento de comunidad y pertenencia. El texto concluye afirmando que la web no podrá entenderse como la nueva ágora hasta que no transformemos sus arquitecturas digitales, establezcamos un nuevo marco legal y acompañemos ambos procesos de un incremento de la alfabetización digital crítica. El resto de los textos incluidos en la sección ‘A/ despropósito de’ comparten la preocupación por el neoliberalismo vigente en la red. Con su ensayo ‘Mind management 2.0: The internet and the myth of individualism and personal choice in neoliberal times’, Joan Pedro-Carañana y Ledy Armirola-Gar- cés ponen en valor las aportaciones de Herbert I, Schiller (1974) sobre el mito del individualismo y la elección personal en la era digital, destacando cómo, a pesar de que los entornos digitales podrían favorecer la emancipación social y la colectividad, estos mitos terminan marquetizando las relaciones sociales, fomentan el individualismo y, en palabras de los autores, dan lugar a una «guerra egoísta socialmente producida de cada uno contra todos». José María Sánchez-Laulhé Sánchez de Cos, en su texto ‘La memoria en los espacios digitales como territorio en conflicto. Un análisis a partir de Hackitectura’, invita a conocer el caso de Hackitectura, un colectivo formado por arquitectos, programadores y artivistas (2003-2011), cuyas punzantes obras han quedado en el olvido. El trabajo señala la importancia de la recuperación de la memoria y su protagonismo en cuestiones relativas a los derechos de propiedad, la responsabilidad del cuidado y las posibilidades de obtención de recursos. El autor señala la existencia de un «dispositivo en torno a la memoria que comprende varias capas de nuestra forma de estar en sociedad y que se resume en la pérdida de dimensiones de la memoria, monopolizada actualmente por el archivo digital». Nos invita a reflexionar sobre si las instituciones culturales deberían expropiar el común hacia lo público, sobre cómo hacer que las memorias reviertan en la ciudadanía y el papel de las grandes plataformas extractivistas en todo este fenómeno. Fátima Solera Navarro, en su ensayo ‘Ofuscación. Tácticas de resistencia frente al capitalismo de vigilancia’, aborda el debate sobre la vigilancia masiva en la era digital. A partir de los trabajos de Susan Zuboff (2020) explora las implicaciones del capitalismo de la vigilancia y la toxicidad, física y simbólica, de la recopilación masiva de datos. La autora presenta la cuestión de la privacidad como un asunto colectivo, que no puede basarse en la responsabilidad individual, y defiende el uso de la ofuscación, entendida como una táctica que permite generar ruido digital, para vencer o resistir a la vigilancia. Solera sugiere cuatro estrategias de ofuscación que tratan de contrarrestar el impacto de los algoritmos desde sus puntos ciegos, confundirlos para invalidar la información que obtienen e impedirles así realizar predicciones sobre nuestro comportamiento. En el ensayo ‘Activismo lingüístico ocupando internet. Andalûh y AndaluGeeks’, de José Félix Ontañón Carmona, se presenta la experiencia del colectivo AndaluGeeks, centrado en el desarrollo de aplicaciones informáticas para el aprendizaje, la difusión, la conservación del andaluz escrito y su estandarización. El texto repara en en la Propuesta Ortográfica Andalûh EPA, pensada directamente para escribir con el teclado del ordenador, y el modo que la popularidad de esta «ortografía nativa digital» no puede entenderse sin la difusión online. Como ejemplo de estandarización de la lengua andaluza, puede consultarse el texto de este mismo artículo traducido siguiendo la Propuesta Ortográfica Andalûh EPA – Êttandâ pal Andalûh– en la página andaluh.es. Por último, la sección ‘A/despropósito de’ cierra con un texto interesado en la vigilancia digital, pero se aproxima a este fenómeno desde una perspectiva distinta. En su texto ‘Si no lo puedes diferenciar, ¿acaso importa?: el Círculo Mágico y el Marco en Westworld’ Vicente Díaz Gandasegui se adentra en el mundo de la serie Westworld (HBO). Creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy, esta ficción nos sitúa en un parque de atracciones tecnológicamente avanzado y habitado por ‘androides’; una realidad que (aviso spoiler) termina trasladándose a un presente controlado por Rehoboam, una inteligencia artificial de gran calado social. A partir de un análisis de los contenidos de esta producción audiovisual, el autor explora los temores de la población respecto a las tecnologías y su relación con las fronteras actuales entre lo virtual y lo real. El autor establece así un debate con los dilemas contemporáneos en relación con este tipo de tecnologías digitales, poniendo un especial énfasis en la vigilancia, el control y la modificación de las conductas. El número concluye con tres reseñas de libros. En la primera Lucía Benítez-Eyzaguirre se adentra en el libro ‘Del activismo a la tecnopolítica. Movimientos sociales en la era del escepticismo tecnológico’, editado por José Candón-Mena y David Montero-Sán- chez. La reseña de Benítez presenta una panorámica detallada de un volumen que trata de «analizar las formas tecnológicas de la política, los impactos de la entrega del activismo digital a las plataformas co- TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 7TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 7 30/1/23 17:5730/1/23 17:57
8 Editorial. Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 merciales y los efectos de la intermediación oculta de la digitalización». En este libro podremos encontrar una suma de ensayos que tratan de recoger los procesos de cambio social que actualmente acompañan al activismo y que van desde las protestas feministas, hasta los derechos humanos, pasando por la ecología de medios y sus marcos tecnopolíticos. Tamer Al Najjar Trujillo comparte sus pareceres sobre el libro ‘Comunicación para el Cambio Social: Propuestas para la acción’, coordinado por Amador Iranzo y Alessandra Farné. Según Al Najjar, el interés de este trabajo reside en su capacidad de presentar el campo de la comunicación social desde una perspectiva internacional. Esta monografía presenta diversas acciones comunicativas innovadoras que participan de la construcción de lo que denominan ‘culturas de paz’. Según la autora, en un momento donde las narrativas de la extrema derecha aumentan su poder, necesitamos conocer los avances comunicativos actuales para abrir nuevas oportunidades para construir una comunicación social inclusiva. Para terminar, Álvaro Blanco Morett presenta el libro La comunicación desde abajo. Historia, sentidos y prácticas de la comunicación alternativa en España, coordinado por Alejando Barranquero y Chiara Sáez Baeza. En esta reseña Blanco aborda la vertiente alternativa de los medios radiofónicos, audiovisuales y digitales, y seguidamente, presenta los pilares donde dichas vertientes se asientan: las políticas públicas, la sostenibilidad y la acción conjunta para el cambio social. 6. Referencias Barbrook, R. y Cameron, A. (1996). The Californian ideology. Science as Culture, 6(1), 44-72. https://doi. org/10.1080/09505439609526455 Bielsa, R. y Peretti, P. (2019). Lawfare. Guerra judicial-mediática. Ariel. Binder, I. y García Gago, S. (2020). Politizar la tecnología. Jinete Insomne Bruns, A. (2021). Echo chambers? Filter bubbles? The misleading metaphors that obscure the real problem. En M. Pérez-Escolar y J. M. Noguera-Vivo (Eds.), Hate speech and polarization in participatory society (pp. 33-48). Routledge. Calderón, C.A. Blanco-Herrero, D. y Apolo, M.B.V. (2020). Rechazo y discurso de odio en Twitter. REIS: Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 172, 21-39. https://doi.org/10.5477/cis/reis.172.21 Casero-Ripollés, A. (2015). Estrategias y prácticas comunicativas del activismo político en las redes sociales en España. Historia y Comunicación Social, 20(2), 533-548. https://doi.org/10.5209/rev_HICS.2015.v20.n2.51399 Dader, J. L. y Campos, E. (Eds.) (2017). La búsqueda digital del voto. Cibercampañas electorales en España 2015-16. Tirant lo Blanch. Fowks, J. (2018). Mecanismos de la posverdad. Fondo de Cultura Económica. Glucksmann, A. (2019). El discurso del odio. Desde el Jardín de Freud, 19, 328-333. https://doi.org/10.15446/dfj. n19.76731 Habermas, J. (1981). Theorie des kommunikativen handelns. Suhrkamp. Iglesias, P. (2022). Medios y cloacas: Así conspira el estado profundo contra la democracia. Contexto. Jiménez González A. y Rendueles Menéndez de Llano, C. (2020). Capitalismo digital: Fragilidad social, explotación y solucionismo tecnológico. Teknokultura. Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales, 17(2), 95-101. https:// doi.org/10.5209/tekn.70378 Labio-Bernal, A. (2018). Anti-communism and the mainstream online press in Spain: Criticism of Podemos as a strategy of a two-party system in crisis. En J. Pedro-Carañana, D. Broudy y K. Jeffery (Eds.), The propaganda model today (pp. 125-141). University of Westminster Press. Macías, J. (12 de mayo 2021). Del pásalo y el ciberactivismo al tecnofascismo. Público. https://temas.publico.es/un-mun- do-por-construir/2021/05/12/del-pasalo-y-el-ciberactivismo-al-tecnofascismo/ Manovich, L. (2005). El lenguaje de los nuevos medios de comunicación. La imagen en la era digital. Paidós. Markoff, J. (2005). What the dormouse said: How the sixties counterculture shaped the personal computer industry. Penguin. Marx, L. (1964). The machine in the garden: Technology and the pastoral ideal in America. Oxford University Press. McDougall, J. (2019). Fake news vs media studies: Travels in a false binary. Springer Nature. McIntyre, L. (2018). Posverdad. Cátedra. Morozov, E. (2013). To save everything, click here: The folly of technological solutionism. Public Affairs. Mosco, V. (2011). Sublimidad digital. Ciberespacio, mito y poder. Universidad Veracruzana. Norris, P. (2011). Democratic deficit: Critical citizens revisited. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/ CBO9780511973383 Nye, D. E. (1994). American technological sublime. MIT Press. Padilla, M. (2012). El kit de la lucha en Internet. Traficantes de Sueños. Pariser, E. (2017). El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos. Taurus. TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 8TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 8 30/1/23 17:5730/1/23 17:57
9Editorial. Teknokultura 20(1) 2023: 1-9 Parra Valero, P. y Oliveira, L. (2018). Fake news: Una revisión sistemática de la literatura. Observatorio (OBS*), 12(5). https://doi.org/10.15847/obsOBS12520181374 Pfaffenberger, B. (1992). Technological dramas. Science, Technology & Human Values, 17(3), 282-312. https://doi. org/10.1177/016224399201700302 Poland, B. (2016). Haters. Harassment, abuse and violence online. Potomac Books. Ramonet, I. (2015). El imperio de la vigilancia. Clave Intelectual. Rheingold, H. (1996). La comunidad virtual: Una sociedad sin fronteras. Gedisa. Romano, S. (2019). Introducción. Lawfare, judicialización de la política y neoliberalismo en América Latina. En S. Romano (Comp.), Lawfare: Guerra judicial y neoliberalismo en América Latina (pp. 19-39). CELAG-Mármol Izquierdo Editores. Romano, S. (2020). Lawfare y neoliberalismo en América Latina: Una aproximación. Sudamérica: Revista de Ciencias Sociales, 13, 14-40. http://id.caicyt.gov.ar/ark:/s23141174/dgrr8vink Schiller, D. (2000). Digital Capitalism: Networking the global market system. MIT Press. https://doi.org/10.7551/mitpress/2415.001.0001 Schiller, H. I. (1974). The mind managers. Beacon Press. Sierra Caballero, F. y Sola-Morales, S. (2020). Golpes mediáticos y desinformación en la era digital. La guerra irregular en América Latina. Comunicación y sociedad, 17, e7604. https://doi.org/10.32870/cys.v2020.7604 Schradie, J. (2019). The revolution that wasn’t: How digital activism favors conservatives. Harvard University Press. https://doi.org/10.4159/9780674240438 Sturken, M. Douglas, T. y Ball-Rokeach, S.J. (Eds.) (2004). Technological visions: The hopes and fears that shape new technologies. Temple University Press. Suler, J.R. y Phillips, W.L. (2009). The bad boys of cyberspace: Deviant behavior in a multimedia chat community. Cyberpsychology & Behavior, 1(3), 275-294. https://doi.org/10.1089/cpb.1998.1.275 Sunstein, C.R. (2017). #Republic: divided democracy in the age of social media. Princeton University Press. https://doi. org/10.2307/j.ctv8xnhtd Treré, E. (2019). Hybrid media activism. Ecologies, imaginaries, algorithms. Routledge. Treré, E. y Mattoni, A. (2016). Media ecologies and protest movements: Main perspectives and key lessons. Information, Communication & Society, 19(3), 290-306. https://doi.org/10.1080/1369118X.2015.1109699 Turner, F. (2006). From counterculture to cyberculture: Stewart Brand, the Whole Earth network and the rise of digital utopianism. University of Chicago Press. https://doi.org/10.7208/chicago/9780226817439.001.0001 Zuboff, S. (2020). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. PublicAffairs. TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 9TERCERAS_Teknokultura20(1).indd 9 30/1/23 17:5730/1/23 17:57