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Cuerpos representados, cuerpos dominados. Poder y representación en los carteles de propaganda nazi

Montes Pérez, Carlos

Abstract

La representación del cuerpo humano ha sido una constante en la historia de la humanidad desde la revolución simbólica del neolítico. Pero, lejos de buscar la mera objetividad, dicha representación es un hecho de cultura que refleja las tensiones y mecanismos de poder existentes en la vida social. A través del análisis de las distintas representaciones del cuerpo, en distintas fases de la vida y en distintos contextos que aparecen en los carteles de propaganda nazi se percibe la violencia ejercida hacia la alteridad judía usando como mecanismo mediador la representación del cuerpo. El poder por tanto se manifiesta también en la forma y el modo cómo los cuerpos pueden ser representados. De esta forma el trabajo concluye apelando a una lectura social y cultural del cuerpo, alejada de principios racistas.

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Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. – 707 – CUERPOS REPRESENTADOS, CUERPOS DOMINADOS. PODER Y REPRESENTACIÓN EN LOS CARTELES DE PROPAGANDA NAZI Carlos Montes Pérez UNED (España) Recibido: 15-07-10 Aceptado: 14-09-10 Resumen: La representación del cuerpo humano ha sido una constante en la historia de la humanidad desde la revolución simbólica del neolítico. Pero, lejos de buscar la mera objetividad, dicha representación es un hecho de cultura que refleja las tensiones y mecanismos de poder existentes en la vida social. A través del análisis de las distintas representaciones del cuerpo, en distintas fases de la vida y en distintos contextos que aparecen en los carteles de propaganda nazi se percibe la violencia ejercida hacia la alteridad judía usando como mecanismo mediador la representación del cuerpo. El poder por tanto se manifiesta también en la forma y el modo cómo los cuerpos pueden ser representados. De esta forma el trabajo concluye apelando a una lectura social y cultural del cuerpo, alejada de principios racistas. Palabras-clave: Propaganda nazi; poder; representación del cuerpo; violencia de la imagen. Abstract: Through the human history since the symbolic revolution of the Neolithic, the representation of the human body has been a constant. This doesn’t search the mere objective representation, rather reflects the tensions and mechanisms of power which exist in the social life. It is possible to appreciate the violence exerted towards the jewish alterity using as a tool, the representation of the body, through the analysis of the different representations which appear on the posters of nazi propaganda, on different life stages and on different contexts. Power can be manifested on the way the bodies are represented. This article ends with a call for a social and cultural reading of the body, moving away from racist principles. Key-words: Nazi propaganda; body and power; jewish alterity; violence. Carlos Montes Pérez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. – 708 – El cuerpo humano, como otros muchos objetos de la realidad, ha sido en numerosas ocasiones representado. Aparece como elemento pictórico en la revolución neolítica y no ha visto reducida su importancia. A pesar de tanta prodigalidad representativa no podemos pensar que en esta tarea la objetividad haya guiado su intencionalidad; de forma contraria, diríamos que lo que se muestra y cómo se muestra es selectivo, interesado y responde al modo social y cultural de entender y de vivir el cuerpo propio y el ajeno, así como el afán por dominarlos, manipulando, con ello, las creencias de la colectividad. En el mismo instante en que la representación se hace pública adquiere un valor que encuentra sus raíces en la sociabilidad y es, a través de los patrones culturales, como la representación del cuerpo humano se interpreta en sus distintas facetas. Como producto de este sentido cultural se hace claramente presente uno de los elementos que conforman la esencia humana, a saber, la percepción y manifestación explícita de la diferencia. Cuerpos distintos van conformando diversidades que adquieren rápidamente el rasgo de desigualdad, y desgraciadamente, como veremos, esta se vuelve más radical hasta el límite de interpretarse, justificarse y legitimarse de un modo racial. ¿Cómo se ha representado la diferencia a través del cuerpo en momentos críticos de la historia humana? ¿Cómo ha sido leída e interpretada esta diferencia? Tal vez estas dos preguntas no serían tan importantes si la historia, en alguno de sus momentos críticos no las hubiera indisolublemente unido. Entender que la relación que los humanos tenemos con nuestro cuerpo es cultural implica, de algún modo, tratar con una poderosa idea previa según la cual el cuerpo que poseemos y que nos posee es producto de la raza a la que pertenecemos. La idea contemporánea de un cuerpo humano como expresión cultural es deudora de un proceso de desmantelamiento de la idea racial de cuerpo que tiene como referente la construcción que la ideología nazi llevó a cabo.1 Claramente, como ha sido ya suficientemente analizado, el nacionalsocialismo a través de sus ideólogos gestó un lenguaje y una iconografía que tenía como objetivo principal la generación de una nueva identidad basada en la selección racial. Esta fuerza centrípeta cuenta con un tratamiento especial de la alteridad. En el caso que nos ocupa podemos decir que esta alteridad se manifiesta en una doble dirección. Por un lado el novedoso discurso propagandista nazi se dirige a la historia de Alemania. Se representa una realidad histórica alejada en el tiempo y conectada con una historia remota e idealizada como [1] Ver la colección: La question raciale davant la science moderne. UNESCO, Paris, 1952. Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. Cuerpos representados, cuerpos dominados... – 709 – veremos a través, en muchos casos de la representación de los distintos sujetos a través del cuerpo y de su actividad. Por otro lado la alteridad se manifiesta en la representación de sujetos categorizados y, por supuesto, estereotipados a partir de su pertenencia a otras razas y que sirven de contrapelo, de espejo contrario en el que mirarse. Esta retórica visual se manifiesta de un modo nítido en los carteles usados como propaganda por los nazis. En ellos podemos percibir, como afirma Stuart Hall2, el espectáculo del otro, la aparición de lo diferente en la escena pública visible, de modo que tales imágenes se convierten en prácticas políticas entre los pueblos representados y los representantes, de tal infausto recuerdo. La representación es un asunto complejo y más aún cuando se trata de las diferencias corporales ya que unida a la imagen se proyectan sentimientos, actitudes y emociones que empujan miedos, rencores y odios que contradicen el sentido común de la convivencia y producen horrores. En definitiva, estas imágenes que analizamos tratan de representar razas distintas y no culturas, por eso el papel de los elementos que forman parte del cuerpo humano se torna determinante. En las imágenes, como veremos, aparecen otros elementos de un marcado carácter simbólico, pero no son tan relevantes para la determinación de la raza como la expresión del cuerpo. Este remite fundamentalmente a una cuestión profunda, no suficientemente conocida por la ciencia en la época que nos ocupa, pero rodeada de un aura misteriosa y al mismo tiempo tenebrosa. No es anecdótico en absoluto el papel relevante y el seguimiento que la ideología nazi tuvo entre algunos profesionales sanitarios, expertos en definitiva en el conocimiento y en la manipulación del cuerpo humano. La relación por tanto entre cuerpo y raza se presenta como algo natural, de tal manera que cualquier exposición de la superioridad de un cuerpo frente a otro es natural y queda por tanto legitimado. En las memorias de Albert Speer, del conocido arquitecto del régimen, se recogen unas palabras de Hitler que expresan claramente la relación anteriormente expuesta: “¡Qué cuerpos tan maravillosos pueden verse hoy! Hemos tenido que esperar hasta nuestro siglo para que la juventud se fuera aproximando de nuevo a través del deporte a los ideales helénicos. Cómo se despreciaba el cuerpo en otros tiempos. En esto nos distinguimos de todas las épocas culturales pertenecientes a la Antigüedad“3 El cuerpo, por tanto nos pone en contacto con la naturaleza, pero también se encuentra encuentra vinculado, de algún modo con las capacidades cognitivas del poseedor del cuerpo, del sujeto que lo posee y de la raza a la que [2] Hall, S, Representation: cultural representations and signifying practices. Open University, London. 1997. [3] Speer, A, Memorias. Ed. Acantilado, Barcelona, 2001, pág. 179. Carlos Montes Pérez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. – 710 – pertenece. La superioridad queda puesta de manifiesto a través sobre todo de las acciones inteligentes. Una vez demostrada la superioridad del cuerpo, la inteligencia que forma parte de él queda legitimada como superior de una forma natural. Pero es un cuerpo, como el mismo Führer comenta en el escrito, modelado por y para el deporte. Por tal motivo las representaciones de cuerpos humanos desarrollando ejercicio físico se convirtieron en el prototipo de modelo racial. A través del cuerpo se representa la superioridad de la raza aria, aunque la realidad, en su forma más cruda para aquellos espectadores del estadio de Berlín ofreció una realidad distinta a la representada. El cartel que anunciaba los juegos olímpicos de Berlín muestra la representación de un atleta blanco, fiel representante de la raza aria, pero como vemos en la imagen del podium de los cien metros, el vencedor de la prueba mostraba un color de la piel distinto; fue, como es bien conocido, un atleta negro. A pesar de la realidad atlética no han aparecido vinculados los atletas de color con el triunfo hasta un tiempo muy cercano. El cártel esconde claramente a través de la representación del cuerpo de un atleta un mensaje que tiene que ver con la identidad racial. Estos atletas de esta forma representados pertenecen a un grupo racialmente definido y relacionado con el triunfo. En cambio los negros en general han sido representados como víctimas o perdedores en términos de logro, y sin embargo, la foto les muestra claramente ganando. Cabe pensar, por tanto, que a partir de este momento los ganadores comenzarían a ser representados, pero no es así. En los carteles de las siguientes olimpiadas se mantiene el estereotipo de cuerpo atlético blanco, y en ningún otro cartel oficial de las olimpiadas que se celebrarían a continuación aparece representada la negritud como excelencia atlética. Sirvan como ejemplo los carteles anuncia- Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. Cuerpos representados, cuerpos dominados... – 711 – dores de las olimpiadas de Londres de 1948 y de Helsinki de 1959. Las representaciones del cuerpo, por lo tanto no son neutras. Tienen, tal y como expone Barthes en su Mitologías, un sentido mítico, funcionan en el mundo contemporáneo como lo hacían tradicionalmente los mitos. En los tres carteles presentados aparecen cuerpos humanos, pero este no es su sentido principal. Ofrecen un nivel de significado literal, denotativo, indican la celebración de unos juegos olímpicos y señalan el lugar de la celebración y la fecha del evento. Junto a estos datos aparece algún elemento característico del lugar de celebración del evento. En el primer caso es la puerta de Brandenburgo, en el caso de Londres la gran campana de la Abadía de Westmister y en el caso finlandés muestra la situación del país en el globo terráqueo. Pero estas representaciones ofrecen un segundo plano, más sutil, más cultural que podemos describir como connotativo o temático, y que en muchos casos tiene que ver no tanto con lo que aparece sino con lo que se esconde. Es a esto a lo que los antropólogos llaman “la diferencia” o “la otredad”. En este caso resulta claramente vinculada la acción deportiva a través de su ejecución corporal a un determinado tipo de piel y no a otro. Puede parecer en este caso un poco forzada la interpretación mítica de estas representaciones, pero creemos que no lo es si partimos del principio esbozado anteriormente de que la representación del cuerpo no es neutra. La ruptura de esta neutralidad en muchos casos viene determinada por el deseo de fijar el significado de la imagen del cuerpo representado. Una imagen es generalmente polisémica, ofrece varios sentidos distintos, pero interviniendo sobre estos posibles significados que la imagen tiene con la intención de privilegiar uno de ellos es como se consigue de forma efectiva la propaganda. Estos modos de representaciones esconden intereses en muchos casos políticos, como es el caso que nos ocupa, pero no podemos olvidar la importancia que el mercado, la imagen del cuerpo y el consumo han alcanzado en el mundo contemporáneo. Analicemos ahora, por tanto, esta otra imagen extraída de un cartel de propaganda alemán en el periodo del gobierno nacionalsocialista. Carlos Montes Pérez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. – 712 – Claramente en esta imagen aparece un cuerpo en ejecución usando un saxofón para producir música. De todos los significados que provoca este cuerpo está fijado ya el preferente. El significado ya se encuentra, como dice el propio Barthes, anclado, no se puede escapar. Podríamos decir que de lo que se trata en este cartel es de un negro haciendo música, pero esta música se encuentra valorada, es “entartete Musik”, música degenerada, ofreciendo un claro paralelismo con la exposición llevada a cabo por Hitler bajo el título “entartete Kunst” y que agrupó en ella los cuadros de los artistas más relevantes de la vanguardia artística de principios del siglo XX. Bajo la interpretación mítica a la que hemos aludido antes cabe señalar que se juzga negativamente en esta propaganda el producto del cuerpo en ejecución, y valorando de tal modo el producto se valora negativamente al cuerpo que lo ejecuta y a su condición racial. El cartel parece decir: “cualquier producto llevado a cabo por los cuerpos de razas distintas a la raza aria es un producto degenerado”, y parece añadir: “no son independientes los productos realizados por los distintos cuerpos de los cuerpos que los realizan” De un modo sutil pero muy importante se cuelan en el cartel dos elementos que apoyan la expresión de la raza diferente. El pendiente como una señal más de ambigüedad sexual y la estrella de David, símbolo de un enorme poder evocador en la época referido a la considerada raza judía. Es especialmente relevante esta imagen puesto que condensa en ella la expresión de “la otredad” representada como una degeneración de la naturaleza, en este caso masculina. Sin embargo el cuerpo negro se ha consolidado como un claro exponente del éxito deportivo en las últimas décadas y, a través de él, se han transmitido algunas cualidades que han ido conformando la nueva idea de masculinidad. Incluso se ha asociado a la negritud cuestiones relativas a la sexualidad y al género, de tal modo que es difícil tener imágenes de cuerpos en acción en la máxima expresión de su perfección física sin que resuenen de un modo evoca- Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. Cuerpos representados, cuerpos dominados... – 713 – dor estas imágenes portadoras de todo el mensaje oculto relativo al género y al sexo. En este proceso la representación del cuerpo negro ha ido desembarazándose, con mucha lentitud de significados anclados en relaciones de poder, para ir abrazando nuevos significados relacionados con el género, la sexualidad y el consumo. Una de las imágenes que mejor resumen entre proceso que mezcla el cuerpo con la raza es la del atleta más laureado de la historia Carl Lewis en una exhibición realmente sorprendente de su cuerpo y acompañado de elementos perturbadores de la imagen conquistada por la negritud en relación a la masculinidad. Este cuerpo que aquí se representa alude a una historia de dominio y de control que se encuentra presente, pero también juega con la referencia publicitaria de Pirelli en relación a sus anteriores trabajos sobre cuerpos femeninos para la elaboración de los famosos calendarios. Como vemos no es ajeno a la representación del cuerpo la referencia constante a la diferencia, al otro. Si en el caso de la ideología nazi el otro era definido bajo una clave racial, en este caso el otro aparece definido en relación al género creando una rara y chirriante ambigüedad al ver al icono del poder atlético con unos evocadores zapatos de tacón rojo. De un modo u otro la diferencia y la evocación de lo otro se encuentran presentes como formando parte inseparable del sujeto poseedor del cuerpo. La propaganda nazi expresó el cuerpo no sólo en referencia al color de la piel y a su desarrollo atlético sino en relación con la expresión del paso del tiempo. El cuerpo es ejecutor de tareas como hemos visto relacionada con el deporte pero también es receptor y acumulador de los acontecimientos de la vida. En este sentido la piel se convierte en receptora de la memoria, y esa memoria no es nunca neutra, es interesada y también expresa la diferencia y Carlos Montes Pérez Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. – 714 – lo que hemos llamado “otredad.” Veamos para finalizar algunos de los carteles de propaganda en los que se representa de un modo directo lo judío. Como hemos tratado de poner de manifiesto anteriormente la diferencia significa, lleva un mensaje, y ese mensaje puede ser un preludio de la masacre y la destrucción, si esta diferencia es interpretada bajo una clave racista, o bien puede ser el germen de la tolerancia bajo la sofisticada y compleja forma social de la interculturalidad. Estos tres carteles exponen diversos motivos entre los que sobresalen los rostros con una clara intención ideologizante. Si en los casos anteriores el color de la piel era el elemento determinante de la raza a la que se alude, en Thémata. Revista de Filosofía Nº 46 (2012 - Segundo semestre) pp.: 707-716. Cuerpos representados, cuerpos dominados... – 715 – este caso sobresale la cara como elemento representativo. En cada uno de los carteles la información denotativa refiere a distintos hechos, uno histórico y el otro cinematográfico. En cambio, de una forma evidente se percibe la fuerza de la significación connotativa que da forma al discurso mítico tal y como ha sido elaborado ya en la obra de Barthes. En estos casos la connotación cobra una dimensión superior, alude, de un modo inconsciente a la idea clásica de relacionar el rostro con el interior del cuerpo, y a través de la exterioridad que presenta vislumbrar la verdadera naturaleza racial para así conocer, por tanto, de un modo firme y seguro las intenciones del sujeto representado. Estos rostros que aparecen en los carteles tienen en común el reflejo del paso del tiempo. Son todos sujetos viejos, ancianos y con los rostros ajados. Su piel se encuentra deteriorada a través de las múltiples arrugas que denotan un cansancio vital. Es natural el paso del tiempo sobre el cuerpo, pero no es natural su representación. Esta forma parte, en este caso, del discurso racial. Las imágenes de un modo explícito nos conducen a la relación entre el rostro anciano que vemos, el agotamiento vital y la cercanía del final de la vida con la raza judía y la extinción. La vinculación entre estas ideas aparece reforzada por el tono de oscuridad que envuelve a todas las imágenes y que contrasta, como veremos con los carteles que muestran rostros pertenecientes a la raza aria. Esta inquietante penumbra nos vincula de nuevo con la negritud antes mencionada. Es pertinente también contemplar a través de estos fondos negros cómo se proyecta la mirada. No es una representación de una forma de mirar limpia, todo lo contrario la mirada en cada uno de los sujetos es amenazante, provoca en el observador una sensación de miedo. Por el contrario, en este juego dialógico simplificador que supone la formación de estereotipos, la ideología nazi exalta otra de las partes del ciclo vital, la juventud, identificando la vejez exclusivamente con lo otro, con lo diferente, en en este caso con lo judío. En este cuerpo social, los judíos constituyen un cuerpo extraño, una sociedad ajena al proyecto del Tercer Reich y, por tanto, sospechosa y prescindible en el futuro, tal y como ya pusieron de una forma clarividente Adorno y Horkheimer.4 [4] El fascismo es totalitario incluso en el hecho de que trata de poner la rebelión de la naturaleza oprimida contra el dominio directamente al servicio de este último. Este mecanismo necesita de los judíos. La visibilidad artificialmente potenciada de éstos obra como un campo magnético sobre el hijo legítimo de la civilización pagana. El arraigado, al advertir en su diferencia respecto al judío la igualdad, lo humano, siente brotar en él el sentimiento de la oposición, de la extrañeza. De este modo, los impulsos prohibidos, incompatibles con el trabajo en su ordenamiento actual, son traducidos en idiosincrasias conformistas. La posición económica de los judíos, últimos estafadores estafados de la ideología liberal, no proporciona ninguna protección segura contra este riesgo. Al ser ellos tan aptos para producir dichas corrientes de inducción anímica, se los prepara pasivamente para tales funciones. Ellos comparten el destino de la naturaleza rebelde, con la cual son identificados por el