Mujer, discurso y parlamento Catalina Fuentes (coord.) Ediciones Alfar, 2018 ISBN 978-84-7898-764-1. 262 páginas [Reseña]
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CLAC 79 2019: 343-346 343 RESEÑA Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación ISSN: 1576-4737 http://dx.doi.org/10.5209/CLAC.65662 Reseña de Mujer, discurso y parlamento, coordinado por Catalina Fuentes Reseña de José García Pérez 1 Recibido: 17 de septiembre de 2018 / Aceptado: 18 de septiembre de 2019 Mujer, discurso y parlamento Catalina Fuentes (coord.) Ediciones Alfar, 2018 ISBN 978-84-7898-764-1. 262 páginas. Cómo citar: García Pérez, J. (2019). Reseña de Mujer, discurso y parlamento, coordinado por Catalina Fuentes. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación 79, 343-346, http://webs.ucm.es/info/circulo/78/ogneva.pdf, http://dx.doi.org/10.5209/CLAC.65662. _____________ 1 Universidad de Sevilla. Correo electrónico: jgarcia[email protected]
344 García Pérez, J. CLAC 79 2019: 343-346 Como señala la editora, Catalina Fuentes, en la introducción de Mujer, Discurso y Parlamento, el trabajo busca definir las coordenadas que rigen el discurso parlamentario y, como consecuencia de ello, acabar con el falso mito de que las mujeres se masculinizan al acceder a las instituciones y adoptan los mismos procedimientos (argumentativos, de imagen, etc.) de sus compañeros varones, cuando en realidad lo que hacen, como profesionales de la política, es utilizar de igual modo las herramientas que exige la participación en esta actividad. Para demostrar esta tesis, Catalina Fuentes y el resto de autores han aunado diferentes perspectivas del Análisis del Discurso para abordar un campo de investigación hasta ahora tratado con frecuencia desde presupuestos inexactos, como la mencionada masculinización del discurso o el preferente uso de la emoción y la atenuación por parte de las mujeres. Antes de dar paso al estudio de los comportamientos de las mujeres parlamentarias, en el segundo capítulo, la profesora Fuentes incide en cómo el político ha de construirse tanto una identidad propia o individual dentro de su grupo (endogrupo), para promocionarse y ascender, como una identidad endogrupal, para diferenciarse de sus adversarios. Aunque en ello es fundamental la labor del propio político, también juegan un papel importante agentes externos a él, como el trato que le dan los medios de comunicación y los grupos de la oposición. El tercer capítulo, el más extenso, ha sido elaborado por Marina González Sanz y Víctor Pérez Béjar y divide en tres partes el estudio de “Susana Díaz, el discurso de una mujer presidenta”. La primera parte alude a la construcción de la identidad de la primera mujer en presidir la Junta de Andalucía atendiendo a diferentes recursos lingüísticos. Por ejemplo, los autores advierten que la intensificación de la aserción, que, puede funcionar como atenuante en otros géneros discursivos, se utiliza en el discurso político como ponderador de lo dicho. Asimismo, el componente emocional, tipificado como falacia por otros analistas, constituye un medio por el que la presidenta no solo ataca ad personam, sino que le permite mostrarse como una mujer que se implica con su oficio y con aquellos sobre los que gobierna. Algo similar ocurre con el uso del léxico coloquial, que en el caso de Susana Díaz es constante, y persigue desligarse del tópico de una clase política alejada de la realidad y los ciudadanos. En contraste, la presencia del yo o la referencia a la propia persona, que se ha considerado negativamente como un recurso que distancia al político del partido y de la ciudadanía, en el caso de Díaz, según advierten los autores, es usado frecuente y eficazmente para resarcirse de las críticas y acusaciones del exogrupo y, al mismo tiempo, ensalzar su imagen, algo que también la presidenta lleva a cabo a través de la descortesía verbal, que la socialista no limita al ataque, sino que siempre acaba haciendo una labor de autoimagen con cada réplica. Finalmente, la polifonía también actúa como un mecanismo que esta política encuentra efectivo, recogiendo lo dicho por sus interlocutores del exogrupo para poner de manifiesto las contradicciones ideológicas (y discursivas) de sus adversarios. En la segunda parte, se contrastan los discursos de Susana Díaz y su predecesor, José Antonio Griñán, ambos socialistas, pero hombre y mujer, con el fin de
García Pérez, J. CLAC 79 2019: 343-346 345 determinar si verdaderamente hay una masculinización de la política. Tomando como referencia los rasgos identificados en el discurso de Díaz en la primera sección, estos son rastreados en el discurso de Griñán, demostrándose que el presidente utiliza menos el refuerzo de la aserción, los rasgos coloquializadores, el uso de la emoción o el ataque al exogrupo, prefiriendo mostrar una actitud colaborativa con el exogrupo (algo nada inocente desde el punto de vista argumentativo y de la gestión de la imagen) y una actitud más defensiva de la propia ideología que de ataque al contrario. Por contraposición, Susana Díaz es mucho más enérgica y contundente, de tal manera que, o bien es Griñán el que se feminiza, o bien hay que buscar otra explicación al comportamiento de Susana Díaz, que no se masculiniza, sino que busca intensificar el papel de líder competente, teniendo en cuenta, además, el hecho de que accedió a la presidencia sin ser refrendada en las urnas. Finalmente, concluye este tercer capítulo con la imagen que muestra la presidenta en su cuenta de Twitter, donde ofrece un perfil muy diferente del que tiene en el ámbito parlamentario: un estilo mucho más formal y planificado, cerrado a la interacción con otros usuarios, aunque manteniendo el énfasis en la asertividad y la implicación emocional. En el capítulo cuarto se aborda el discurso de las mujeres de la oposición. Por un lado, Fátima Palacios Cabrera se ocupa de la diputada del PP Esperanza Oña Sevilla, quien también destaca por su uso magistral de los mecanismos argumentativos y de la emoción, tendiendo siempre a la polarización léxica más hiperbólica. Además, dado su posición en la cámara, la polifonía para introducir las voces de los miembros del exogrupo (gobierno) y la acusación de la mentira van a ser sus mejores armas dialécticas. De nuevo, estamos ante una mujer que, o bien se masculiniza y es excesivamente enérgica porque quiere paliar el déficit de ser mujer, o, simplemente, se trata de una profesional de la política que conoce y utiliza muy bien todos los medios lingüísticos que tiene a su alcance. La siguiente en ser analizada, esta vez por Catalina Fuentes y Mª Luz Díaz es Dolores López Gabarro, también del PP. Esta diputada basa todas sus intervenciones y argumentaciones en su rol de alcaldesa de Fuengirola, de tal manera que siempre juega con la asociación entre el cargo de alcaldesa y la cercanía con el pueblo en contraposición con el cargo de la presidencia de la Junta, más alejado de la calle, hecho que le sirve para criticar al gobierno que descuide los problemas sociales y se dedique únicamente a la planificación de tácticas políticas para mantenerse en el poder. Así, todo ello le permite también la identificación de su partido como el único que ofrece soluciones, pues gobernando en los ayuntamientos es como más se ayuda, mientras que los socialistas no conocen los verdaderos intereses y necesidades de los ciudadanos. En su rol de miembro de la oposición, esta política demuestra un talante bastante agresivo, utilizando todos los recursos discursivos de la manera más enérgica posible, hecho que le ha valido ser reconvenida en numerosas ocasiones. El cuarto capítulo, elaborado por Fátima Palacios Cabrera, se ocupa de un caso especial, “La construcción de la imagen de Elena Cortés”, diputada de IU que en la VIII Legislatura era portavoz de su grupo en la oposición y en la IX entró a formar
346 García Pérez, J. CLAC 79 2019: 343-346 parte del equipo de gobierno como consejera de fomento y vivienda. Esto hace que constantemente en su discurso busque un distanciamiento del gobierno y siempre hable en nombre propio y en el de la consejería que preside. Al mismo tiempo, esta política también sobresale por su beligerancia con el exogrupo, el PP, al que se opone tanto por su rol de aliada con el gobierno socialista como ideológicamente. A través de recursos y mecanismos como el mandato, la interrogación, la ironía y la descalificación, la autora demuestran la habilidad que tiene esta mujer para, sin mostrarse excesivamente vehemente y/o agresiva, acabar desacreditando a sus adversarios, sobre todo haciéndoles quedar como ignorantes o desinformados de la situación política de la comunidad andaluza. Además de esto, Palacios Cabrera también hace un repaso a todos los rasgos más sobresalientes del discurso de la de IU, que son los típicos del género parlamentario (intensificación, reiteración, metáforas, coloquialismos, emoción) pero con usos y delimitaciones muy propios en este caso. El último estudio es llevado a cabo por Víctor Pérez Béjar en el capítulo sexto y se titula “«De portavoz a presidenta le pregunto…»: el discurso de los portavoces parlamentarios”, en el que contrapone las preguntas de los tres hombres que presiden los grupos parlamentarios de la junta a Susana Díaz, mujer, demostrando que en ningún momento la identidad de género tiene papel alguno en este tipo de interacciones. En este análisis, se observa cómo el comportamiento es más cortes, valorizante y atenuador cuando los portavoces provienen del grupo que está en el gobierno (PSOE) o del grupo que es aliado de éste (IU), que cuando proviene de la oposición (PP), donde se da el ataque directo a la presidenta. En este sentido, los grupos del gobierno y los aliados suelen utilizar las preguntas orales para acabar criticando al exogrupo de la oposición. Así, el rol tradicional de la agresividad, la vehemencia y la intensificación asociados a lo masculino y la atenuación y el uso de la emoción asociados a lo femenino queda absolutamente desmontado, porque todos estos recursos quedan a merced del rol que cada parlamentario tiene en la interacción. En definitiva, señala Catalina Fuentes en las conclusiones, este estudio ha servido, por un lado, para deslegitimar las consideraciones sobre las formas distintas de afrontar el discurso entre hombres y mujeres o, al menos, en el terreno del discurso parlamentario y, por otro lado, para caracterizar y delimitar aún más este género discursivo, explorando medios y recursos hasta ahora no tenidos en cuenta, como el uso de operadores para intensificar, afán de construcción de identidad individual o el uso de la emoción como mecanismo argumentativo no falaz, entre muchos otros.