La falsa apariencia. Las plementerías en hiladas redondas en las fábricas del Arzobispado Hispalense
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La falsa apariencia. Las plementerías en hiladas redondas en las fábricas del Arzobispado Hispalense Numerosos trabajos han puesto su interés en las bóvedas góticas nervadas de terceletes y combados, aportando un importante cúmulo de datos y reflexiones sobre el discutido origen de su aplicación, su significado y difusión. Trabajos en general destinados a buscar características específicas del «tipo» arquitectónico así asignado, pero que suelen ser ajenos a las variables específicas y particulares surgidas de su relación con un lugar y contexto socio-cultural determinado, y por supuesto con la formación y bagaje técnico de sus autores materiales. Propuestas interpretativas que, siendo válidas para aquellos elementos constructivos y compositivos de carácter básicamente liminar, como portadas, altares y fachadas, no parece la más completa para la interpretación de las bóvedas pétreas, íntimamente unidas al concepto y significado del espacio que, no sólo, cubren. Valoraciones en las que, por lo general, priman las cualidades compositivas y estilísticas del objeto, frente a otras que atañen a su propia construcción, sistemas de control, e incluso concepción espacial, que precisan necesariamente de reformulaciones y experimentaciones de extrema importancia. A través de este artículo se intenta demostrar cómo, en el caso de las bóvedas nervadas construidas durante el siglo XVI, esta reformulación es global, y lleva implícita una interpretación del nuevo lenguaje que va más allá de una discusión sobre el «estilo», generando en lo referente a los recursos tecnológi- Francisco Pinto Puerto cos, una importante transformación de sus medios de control, a la vez que una importante, y a veces contradictoria, continuidad de los recursos constructivos por entonces tradicionales. La hipótesis que se plantea intenta encontrar respuesta a esta situación, y parte de observar cómo un peculiar sistema de abovedamiento es aplicado, de una forma extensiva y casi obsesiva, al conjunto de edificios que forman el ámbito de actuación de unos determinados maestros mayores dentro del arzobispado hispalense, en concreto en la zona que hoy pertenece a la provincia de Cádiz.] Nos referimos a las soluciones de cierre de espacios con bóvedas de piedra en presbiterios, cruceros, naves, capillas y coros, con nervios longitudinales y transversales en forma de cuadrifolio, con terceletes rectos o curvilíneos. Esta solución se aplicó sistemáticamente durante el primer tercio del siglo, y llenó las construcciones religiosas gaditanas que se hicieron bajo la influencia de este arzobispado. En la mayoría de ellas, el despiece de las piedras de su plementería se ejecuta con hiladas circulares, solución que no veremos aplicada con tal extensión en otras bóvedas coetáneas que, sin embargo, tienen semejante aspecto ornamental. Creemos que esta solución supone una anticipación de los abovedamientos «a lo romano», a la vez que una transformación no aparente de su sentido estructural que introduce una interesante reflexión en tomo a la relación forma-construcción. Actas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Sevilla, 26-28 octubre 2000, eds. A. Graciani, S. Huerta, E. Rabasa, M. Tabales, Madrid: I. Juan de Herrera, SEdHC, U. Sevilla, Junta Andalucía, COAAT Granada, CEHOPU, 2000. La falsa apariencia. Las plementerías en hiladas redondas en las fábricas del Arzobispado Hispalense Francisco Pinto Puerto Numerosos trabajos han puesto su interés en las bóvedas góticas nervadas de terceletes ycombados, aportando un importante cúmulo de datos yreflexiones sobre el discutido origen de su aplicación, su significado ydifusión. Trabajos en general destinados a buscar características específicas del «tipo» arquitectónico así asignado, pero que suelen ser ajenos alas variables específicas yparticulares surgidas de su relación con un lugar ycontexto socio-cultural determinado, y por supuesto con la formación ybagaje técnico de sus autores materiales. Propuestas interpretativas que, siendo válidas para aquellos elementos constructivos ycompositivos de carácter básicamente liminar, como portadas, altares yfachadas, no parece la más completa para la interpretación de las bóvedas pétreas, íntimamente unidas al concepto ysignificado del espacio que, no sólo, cubren. Valoraciones en las que, por lo general, priman las cualidades compositivas yestilísticas del objeto, frente aotras que atañen asu propia construcción, sistemas de control, eincluso concepción espacial, que precisan necesariamente de reformulaciones yexperimentaciones de extrema importancia. Através de este artículo se intenta demostrar cómo, en el caso de las bóvedas nervadas construidas durante el siglo XVI, esta reformulación es global, y lleva implícita una interpretación del nuevo lenguaje que va más allá de una discusión sobre el «estilo», generando en lo referente alos recursos tecnológicos, una importante transformación de sus medios de control, ala vez que una importante, y a veces contradictoria, continuidad de los recursos constructivos por entonces tradicionales. La hipótesis que se plantea intenta encontrar respuesta aesta situación, yparte de observar cómo un peculiar sistema de abovedamiento es aplicado, de una forma extensiva ycasi obsesiva, al conjunto de edificios que forman el ámbito de actuación de unos determinados maestros mayores dentro del arzobispado hispalense, en concreto en la zona que hoy pertenece ala provincia de Cádiz.lNos referimos alas soluciones de cierre de espacios con bóvedas de piedra en presbiterios, cruceros, naves, capillas ycoros, con nervios longitudinales ytransversales en forma de cuadrifolio, con terceletes rectos ocurvilíneos. Esta solución se aplicó sistemáticamente durante el primer tercio del siglo, yllenó las construcciones religiosas gaditanas que se hicieron bajo la influencia de este arzobispado. En la mayoría de ellas, el despiece de las piedras de su plementería se ejecuta con hiladas circulares, solución que no veremos aplicada con tal extensión en otras bóvedas coetáneas que, sin embargo, tienen semejante aspecto ornamental. Creemos que esta solución supone una anticipación de los abovedamientos «a lo romano», ala vez que una transformación no aparente de su sentido estructural que introduce una interesante reflexión en tomo ala relación forma-construcción.
828 F. Pinto LA ESCASA REFEREl\ICIA EN LA PRODUCCIÓN PENINSULAR Revisando someramente la enorme producción nacional, observamos la escasez del uso de hiladas redondas en los sistemas de abovedamiento nervados con terceletes ycombados. Por ello no descartamos la posibilidad de encontrar relaciones directas entre los modelos que responden aeste tipo constructivo, y los desarrollados en el entorno del arzobispado sevillano. Son dos las que traemos acolación, por un lado haciendo referencia al papel de los personajes que protagoniza este cambio, y por otro como constatación de la clara transformación tipológica que se está produciendo. La primera nos remite ala ejecución del crucero de la catedral hispalense, convertida en referente inmediato de las bóvedas analizadas, y al autor de su traza, Juan Gil de Hontañón «el viejo».2 Durante la ejecución del cierre del crucero comienzan las obras de la catedral nueva de Salamanca, ocupando toda la atención del maestro, haciéndose cargo de las obras hispalenses, en sus ausencias, su aparejador, Gonzalo de Rozas,' anterior criado ycolaborador del maestro mayor que le precede, Alonso Rodríguez. Este cantero cántabro, al igual que Juan Gil de Hontañón, es un exponente claro de los profesionales que trabajan en el ámbito hispalense al comenzar el nuevo siglo. Su constante presencia en la obra sevillana lo convierte en uno de los protagonistas indiscutibles, como veremos al finalizar éste artículo. Al círculo de estos cántabros pertenece una de las bóvedas más significativas en las que hemos detectado el uso de hiladas redondas, en fechas tan tardías como las de la Sacristía de los Cálices. Nos referimos alas bóvedas que cierran el transepto yla cabecera, de la reformada Iglesia de Santa María del Puert04en Santoña, atribuidas aJuan de Badajoz el Mozo yJuan Gil de Hontañón, levantada entre 1534 y1552. Este modelo nos remite, nuevamente, al foco de experimentación sevillano en un momento posterior al cierre de nuestro cimborrio, y a los mismos autores de sus trazas. Son bóvedas con dos claves centrales que combinan seis estructuras de terceletes en una misma superficie. Asu vez, cada uno de estos dos centros genera un despiece circular de los sillares, de forma semejante ala bóveda del crucero. En el uso de estas monteas se demuestra la relación existente con construcciones anglonormandas, donde la modulación de las bóvedas se realiza en base alos conoides curvilíneos que descansan en los pilares, diluyendo la tradicional división en tramos de las naves ygenerando extensas plantas en salón. El autor del trabajo que nos informa sobre estas bóvedas indica la posible relación con las que se estaban realizando años antes en el Monasterio jerónimo de Santa María de Belem, en Lisboa, el segundo ejemplo (figura 1). Esta relación llevará nuevamente al foco de experimentación sevillano, yen concreto aDiego de Riaño, ya que durante los años entre 1517 a1522, este futuro maestro está presente en Lisboa por razones de fuerza mayor,' trabajando probablemente junto a Juan del Castillo en las bóvedas del crucero, es decir, aquellas que Gómez Martínez relaciona con las de la iglesia de Santoña. Es de suponer que los trabajos realizados por Riaño serían de importancia, ya que al volver aSevilla, tras obtener el perdón real, se hace cargo de las obras más renovadoras bajo el mandato de Carlos V. Su presencia en esta importante obra de la orden jerónima le pudo poner en contacto con los círculos reales, accediendo aotras tan emblemáticas como las Casas Capitulares sevillanas, ola propia reforma del Monasterio de San Jerónimo también en Sevilla, donde se le atribuye el magnífico claustro renacentista. La relación con la producción pétrea de nuestro contexto no es extraña, debido al intenso tráfico comercial yprofesional entre estas regiones através de los puertos fluviales ymarítimos sevillanos ygaditanos, con los del litoral atlántico portugués, ylos del Figura 1 Bóvedas del tramo del crucero. Iglesia de Santa María de Belem. Lisboa.
La falsa apariencia 829 Cantábrico (Laredo, Santoña oSantander), produciendo como consecuencia una rápida difusión de las nuevas experiencias.6Pero también va aestablecer una conexión con el mundo anglosajón, flamenco o normando, es decir, con la cultura europea que, en estos momentos, está también en proceso de adaptación ala nueva corriente humanista. De los modelos aquí traídos, podemos intuir que la solución del despiece de los sillares en hiladas circulares, en palabras de Alonso de Vandelvira <<la montea en vuelta de horno», está asociada auna experimentación sobre la organización del espacio, una búsqueda de la racionalización del proceso constructivo, yuna transformación de los recursos ornamentales yfigurativos, que encuentran en las bóvedas un soporte idóneo. Si através de la obra construida tenemos referencia de los resultados obtenidos, contamos con documentos, aún escasos pero al menos suficientes, para valorar el propio proceso proyectivo. Son manuscritos que recogen, de forma gráfica yliteraria, la experiencia heredada, yrepresentan, en sí mismos, un esfuerzo por explicar yjustificar el proceso sufrido. Aellos se ha dedicado ya algunos trabajos de investigación, como los llevados acabo por l.e. Palacios o E. Rábasa,7 con difusión en el mismo ámbito de debate en el que se presenta esta comunicación. Aellos nos remitimos, recordando aquí sólo algunos matices sobre una de estas obras gráficas. LA DEMOSTRACIÓN GRÁFICA DE ALONSO DE VAN DEL VIRA Será Alonso de Vandelvira el que reproduzca, en su tratado, la consecuencia final de todo el proceso de transformación que queremos argumentar. El modelo descrito en los folios 96 v. y97r. (figura 2) define una bóveda baída, de superficie esférica, que desarrolla una nervadura en arcos diagonales, terceletes ycurvados circulares, que suponemos pudo reconocersen algunas de las bóvedas realizadas en la Sacristía de los Cálices," de alguna de las realizadas por su padre, oaquellas que visitara en su larga estancia en tierras gaditanas. El autor nos ofrece la posibilidad de darle forma como auna capilla a la moderna: l" Digo rnoderna en cuanto a ser por cruceros en forma de capilla moderna mas no en la forma de los arcos por- Figura 2 Folio 96v. Título 112. De las jarjas. Tratado de Arquitectura de A/ol/so de Val/de/vira. que en las capillas modernas son sus arcos apuntados y esta lleva los arcos a medio punto y su montea es en vuelta de horno, por lo cual digo que por las pasadas se entenderá esta aunque lleva los moldes revirados ... ». Vandelvira parte del principio de que la superficie es baída, ysubraya el que «la montea es en vuelta de horno», oen hiladas redondas, ocupando ahora toda la superficie de los plernentos. Los jarjamentos también varían respecto ala representación de Hontañón, moldeándose sobre la concavidad de la superficie, invirtiendo el orden de avance de los nervios, mientras las claves, asu vez, son sustituidas por cruceros desarrollados sobre la propia esfera. Las formas nervadas pasan aformar parte, así interpretadas,
830 F. Pinto del repertorio de modelos a lo antiguo, pero no como uno más, sino como un precedente necesario para entender las bóvedas artesonadas por cruceros, según el propio Vandelvira: II ...yahora declarar de la manera que se han de trazar las jarjas porque son necesarias de saber para toda suertes de capillas así romanas como modernas. Este cambio de adecuación de las formas moderna ala manera antigua, lleva implícito una transformación de los medios de control tanto de su ejecución como de su diseño, incidiendo directamente sobre los sistemas de representación gráficos que sirven de instrumento ysoporte de todo el proceso. Como han observado Palacios yRabasa, desde las reglas empíricas, en base alas planta yalturas, del Gótico, ala concepción espacial de las piezas, previa asu ejecución, del Renacimiento, se ha producido un interesante cambio, cuyos primeros pasos observamos en las bóvedas que vamos aanalizar acontinuación. Cambio que responde auna transición en la concepción de la bóveda en base a la línea, hacia una definición como superficie, que podíamos definir como una búsqueda de la esfericidad. UNA LENTA BÚSQliEDA DE LA ESFERICIDAD El título De las jarjas del folio 96 v, del tratado de Alonso de Vandelvira es la meta hacia la que evolucionan los modelos aplicados sobre los principales templos, capillas oestancias monásticas del contexto hispalense, ejecutados en el primer tercio del siglo XVI. Creemos que un punto de partida fue la inflexión provocada por la estructura diseñada para el crucero de la catedral hispalense por Juan Gil de Hontañón, con consecuencias inmediatas en las fábricas del Arzobispado, que van aseguir yperfeccionar el modelo de bóvedas nervadas con terceletes y nervios combados así inaugurada, formalizando un auténtico «tipo», entendiendo este término en su sentido más amplio,12 0sea, «tipo más allá de su papel como mecanismo capaz de explicar la arquitectura de un modo comprensivo, en tanto que realidad históricamente gestada, también como pieza fundamental en el trabajo de prefiguración de la arquitectura, es decir, como motor del proyecto.» En efecto, no basta considerar las semejanzas de su apariencia liminar, en la que no encontraríamos diferencia con lo acontecido en el resto de la Península. Debemos considerar su solución constructiva y estructural, pues es ésta la que actúa como verdadero motor del cambio sufrido. Los INV ARIA~TES Hechas estas consideraciones, parece necesario definir aquellos elementos del «modelo» que se mantienen en las bóvedas seleccionadas para, acontinuación, entrar aanalizar las variaciones que caracterizan ala producción de este contexto, en el que entendemos se observa un acercamiento alas soluciones renacentistas. Al revisar todos los elementos que hemos seleccionado en esta comunicación, se pueden diferenciar las siguientes invariantes: l. En cuanto alas nervaduras son básicamente las diagonales, los terceletes, ylos abundantes ypersonales combados los que delinean los esquemas organizativos de la ornamentación. '1 El caso más singular es el del cierre del crucero de la Iglesia de Santa María la Coronada en Medina Sidonia donde los nervios varían de grosor para jerarquizar la exuberante ornamentación. 2. Unos elementos presentes de forma continuada son los arcos de embocadura ojívales, originadas por las estructuras precedentes, pertenecientes generalmente alos siglos XIV YXV. Sólo cuando la capilla está yuxtapuesta ala organización general, opertenece aalgún cuerpo independiente, encerrado entre muros, se puede evitar esta relación, introduciendo arcos de medio punto. La presencia de estos arcos va aprovocar un reajuste entre los círculos del rampante esférico ysu forma apuntada, generando superficies alabeadas, donde además se concentran los nervios combados. 3. Respecto a su traza, todas las bóvedas que responden aestas características, coinciden en formarse apartir de una planta cuadrada, tendencia que ya anunciaba Marías en su lectura de las bóvedas ejecutadas con nervios de desarrollo circular. 14 La excepción viene dada por el único coro que incluimos, que tiene planta perlongada/5.Pero asu vez, la aplicación de la proporción cuadrada alos cierres de las capillas tiene unas consecuencias inmediatas en la traza de la planta del conjunto, introduciendo variaciones importantes en su concepción estructural yespacial.
La falsa apariencia 831 En origen, esta proporción viene forzada por la ubicación de los cimborrios en la intersección de la nave central ylos brazos, de igual altura yanchura. El crucero así fonnado queda definido como un pun- to de intersección que se eleva en altura y se independiza formalmente del resto. Es el caso del cierre de la catedral hispalense, al que siguen, por mímesis, los de las parroquias más importantes del ámbito gaditano pertenecientes al antiguo arzobispado hispalense; San Miguel de Jerez de la Frontera (figura 3). Figura 3 Bóveda del crucero de la iglesia parroquial de San Miguel. Jerez de la Frontera. 1525. Protagonismo del espacio central del templo que se amplia al resto de sus abovedamientos cuando es de una sola nave, generándose una modulación en tramos cuadrados, sin diferenciarse del crucero. La gran dimensión que ofrece cada tramo permite introducir capillas pareadas entre los estribos, organizando yrentabilizando el espacio disponible para las fundaciones particulares. Es el caso de las parroquias de San Mateo ySan Marcos, ola única nave, sin capillas de la iglesia del monasterio de la Cartuja de Nuestra Señora de la Defensión, todos ellos en Jerez de la Frontera. Otro espacio que se beneficia de la traza cuadrada es el tramo primero de los presbiterios. La adopción de esta geometría les va permitir asumir un papel más relevante, frente al cada vez menos frecuente ábside poligonal. Además, en las iglesias conventuales los coros salen del ábside ypasan alos pies de la iglesia, sobre su primer ysegundo tramo, perdiendo el carácter congregacional de lugar para los sitiales en torno al altar. Esta sustitución va apermitir un mejor desarrollo de la liturgia yuna más cómoda introducción de los retablos sobre su fondo. Surgen así cabeceras planas de planta cuadrada en las que encontramos nuevamente aplicadas este tipo de cierre. Es el caso de la iglesia del convento franciscano de Nuestra Señora de la Victoria en el Puerto de Santa María, ola parroquial de Nuestra Señora de la Oliva en Lebrija. En otros casos son aplicadas acapillas devocionales ofunerarias, alas que se quiere dar un significado relevante. En este caso la dimensión ya no está prefijada, como en el caso de los cruceros, aunque aveces venga propiciada por su disposición en la planta del templo. Su forma depende ahora de los donantes, experimentando una mayor diversidad de formas entre lo moderno y lo antiguo. El caso más asombroso es el de la capilla del Socorro, en la cabecera de la iglesia de San Miguel, ala que dedicaremos un comentario específico. Fuera del contexto parroquial, se llegan aaplicar en el cierre de algunas dependencias conventuales y monásticas. El ejemplo más relevante es el del refectorio de la Cartuja de Nuestra Señora de la Defensión de Jerez de la Frontera, espacio rectangular yunitario que se modula através de su cubrición, introduciendo varios tramos cuadrados de bóvedas de terceletes ycombados. Amenor escala, las encontramos aplicadas en los últimos tramos ejecutados del claustro del monasterio de Santo Domingo el Real de la mis-
832 F. Pinto ma ciudad. En este último caso, se adopta simplemente la nueva tecnología en hiladas redondas para la ejecución de sus plementos, quedando su apariencia formal exactamente igual que el resto de las bóvedas de las galerías. Por último, el caso más extremo de aplicación de este tipo de bóvedas se produce en los cierres de los coros. La solución en hiladas redondas se fuerza al máximo para responder asu peralte muy rebajadas, casi plano. En estas ocasiones suelen cambiar sus proporciones auna rectangular operlongada, coincidiendo con la profundidad de los tramos de los pies del templo. Aunque ya no responde auna superficie esférica, ni es de planta cuadrada, mantiene todos los recursos posibles de las ya analizadas, llegando asituaciones totalmente forzadas. El ejemplo más notable lo encontramos en el coro del convento de la Victoria del Puerto de Santa María. LAS V ARIACIO"iES POSIBLES DENTRO DE UNA MISMA IDENTIDAD Cada uno de estos elementos evoluciona de forma muy distinta. Desde la absoluta permanencia de los nervios diagonales, alos infinitos juegos de sinuosas curvas de los combados, encontramos una enorme posibilidad de combinaciones que, en apariencia, redundan en una decoración original, hasta extremos insospechados. Pero tras esta apariencia se oculta una de las constantes ysingulares búsquedas, la de su esfericidad. El modelo más antiguo de los estudiados lo encontramos en la parroquia de San Miguel de Jerez, cuyo crucero se cierra en 1525. El círculo central aumenta su tamaño, dominando más superficie de la bóveda, mientras el resto de sus elementos sigue al modelo tradicional. El avance respecto al cimborrio catedralicio consiste en el aumento de la superficie del rampante ocupada por el círculo. Apartir de aquí, yrepasando el conjunto de bóvedas representadas al comienzo de nuestro catálogo, se puede apreciar como las plementerías tradicionales de hiladas paralelas son sustituidas por monteas en hiladas redondas. Estas monteas van superando el círculo central, poco apoco, hasta el límite que les imponen las distintas nervaduras. La razón de que no lleguen alos arcos formeros estriba en el hecho de ser apuntados, produciéndose desacuerdos en sus uniones con la sección circular de la superficie esférica, problema al que intento enfrentarse Hemán Ruiz, ydel que nos legó, como hemos visto, un inestimable testimonio gráfico. 16 El encuentro se soluciona en el sector de la bóveda entre las embocaduras ylos terceletes. Estos triángulos son sometidos alos más variados cambios, consiguiendo que el aparejo en hiladas redondas llegue alos formeletes o a los arcos de embocadura bien ajustados. Hemos detectado varios tipos de operaciones: 1. En ocasiones se usa un cuatrifo!io cuyas puntas acaban en las claves de estos arcos. De esta forma, la montea en vuelta redonda, supera el círculo, ajustándose al interior de esta figura, amodo de interpretación geométrica de la intersección entre la esfera yel cilindro apuntado que configuran las embocaduras. Es el caso de las bóvedas más tardías de la iglesia del convento de la Victoria del Puerto de Santa María (figura 4). Otro magnífico ejemplo lo encontramos Figura 4 Bóveda del presbiterio de la iglesia conventual de Nuestra Señora de la Victoria. Puerto de Santa María. 1517-1545.
La falsa apariencia 833 en la Capilla del Socorro de la parroquia de San Miguel de Jerez de la Frontera, mientras el caso límite nos lo vuelve aofrecer la compleja bóveda del crucero de Santa María la Coronada en Medina Sidonia. 2. Otra práctica habitual consiste en aproximarse ala esfera llevando las hiladas redondas hasta los arranques de la bóveda, eliminando la convexidad del conoide curvilíneo que forman las jarjas. Como consecuencia de esta operación se reduce el espesor yresistencia de esta figura, aplicándose sólo cuando la entrega de la bóveda se realiza sobre un paramento mural. Es el caso de los tramos de los pies de la iglesia yel refectorio del monasterio cartujano, de las iglesias de una sola nave de las parroquias de San Marcos ySan Mateo,17 olas pequeñas bóvedas de las esquinas de poniente del claustro de Santo Domingo el Real, todas en Jerez de la Frontera. 3. De todas las analizadas, sólo encontramos un ejemplo claro de aproximación total al modelo esférico, tal como nos lo ofrece Alonso de Vandelvira. Es el caso de la Capilla de la cabecera de la Iglesia de Santa María la Coronada en Medina Sidonia, donde con claridad se aprecia como la montea en vuelta de horno, recorre toda la superficie lK (figura 5). LAS HILADAS REDO!\DAS COMO NUEVO RECURSO TEC'IOLÓGICO Estos cambios no van aprovocar unos efectos inmediatos sobre la propia identidad de las fábricas, adoptándose como nuevas soluciones constructivas cuya aplicación responde adistintos criterios, provocados en muchos casos por la necesidad de adaptar estas bóvedas alas nuevas exigencias simbólicas, mientras en otros tienen como objetivo una mejora simplemente constructiva. 1. En los primeros ejemplos se asumen como simples mejoras tecnológicas en el aparejo de su plementería, que no inciden inicialmente en la apariencia de la bóveda. El caso más característico lo reconocemos en la bóveda de la esquina del claustro de Santo Domingo el Real de Jerez, donde se mantiene idéntica estructura nervada, variando radicalmente la montea de los pIementas. Ha primado la unidad del conjunto acosta de la singularización del módulo, evitando cualquier tipo de ornato, que hubiera sido fácil de ejecutar con las nuevas técnicas. La principal mejora consiste en la reducción del número Figura 5 Capillas laterales de la cabecera dc Santa María Mayor la Coronada. Medina Sidonia. 1533-1541. de cimbras necesarias para la ejecución de los distintos elementos, especialmente los plementos, que al formar hiladas en círculos concéntricos pueden ejecutarse sin cimbras, de forma semejante al método que nos describe Zaragozá Catalá para las bóvedas de la Capilla Real valenciana. 19 2. Otra de las mejoras consiste en la reducción, y en algunos casos desaparición de la importante capa de mortero de cal que recubre su trasdós. Esta capa aporta un cierto monolitismo al puzzle de piezas que se produce cuando las hiladas de Jos plementos son rectos. Esta diferencia la hemos apreciado en algunas bóvedas visitadas durante su restauración,"1 en las que se habían retirado los frecuentes rellenos de dolios (figura 6). 3. En otros casos, como en la Capilla del Socorro, (figura 7) el despiece en vuelta de horno se aplica para facilitar la introducción de esculturas en los ple-
834 F. Pinto Figura 6 Trasdós descubierto de la bóveda de la cabecera de la iglesia parroquial de San Mateo. Jerez de la Frontera. mentoslobulados, curvando incluso los nervios terceletes. El esfuerzo por llevar la superficie esférica hasta los arcos es tal, que provoca desajustes en las claves de los formaletes. El resultado conseguido es una espectacular bóveda donde se resume de la manera más evidente el proceso de transformación que Figura 7 Capilla lateral de la cabecera de la iglesia parroquial de San Miguel. Jerez de la Frontera. 1547. estamos intentando establecer, yque aquí se lleva hasta los límites figurativos. El resultado del despiece es similar al planteado por Martín de Gainza para la introducción del programa escultórico en la cúpula de la Sacristía Mayor de la catedral hispalense, semejanza que creemos va más allá de su coincidencia en el aparejo, pues ambas bóvedas pueden asociarse en planteamientos ornamentales semejantes ycoetáneos, cuya única diferencia está en la adopción de dos recursos arquitectónicos de afiliación estilística bien distintos, gótica yrenacentista. Con su comparación entramos de lleno en una de las cuestiones ya planteada, donde la respuesta se elige, en este momento de acercamiento alo clásico, en función ala unidad del conjunto. La capilla del Socorro está incluida en un conjunto de espacios yrelaciones góticas, mientras el segundo es una entidad aislada, independiente respecto ala fábrica gótica. 4. En parecida dirección apunta la experiencia de la bóveda que sustenta el coro de la iglesia conventual de Nuestra Señora de la Victoria, en el Puerto de Santa María, (figura 8) que representa anuestro entender el máximo aprovechamiento de unos recursos compositivos, fuera ya de su contexto funcional y constructivo. Se invierten los papeles, yes ahora la montea en vuelta de horno la que permite su estabilidad. 21 Compositivamente, reproduce todos sus elementos tradicionales básicos, sometiéndolos auna tensión extrema. El nulo peralte de su rampante yla rebajada curvatura de los arcos diagonales hacen necesario una fuerte estructura portante, ocupando el lugar de la plementería. Esta experiencia no será única, pues se reproducirá siempre que nos encontremos Figura 8 Bóveda del coro de Nuestra Señora de la Victoria. Puerto de Santa María. 1545.
La falsa apariencia 835 bóvedas de coros altos, manteniendo un piso transitable sobre ellas, dividiendo un ámbito espacial mayor. 5. Por último, la aplicación más extrema de hiladas redondas alos plementos la encontramos en la bóveda del presbiterio de la iglesia prioral de la villa de Rota (figura 9). El ábside poligonal yun tramo recto del mismo, se cubren con una bóveda estrellada que recuerda alos modelos centralizados, como el empleado en la capilla de los Condestables, en la catedral de Burgos. En esta ocasión, la lectura de la superficie generada es aún más compleja, ya que se mezclan invariantes formales con nuevas tecnologías en la búsqueda de un problema que inicialmente parece irresoluble. Si observamos con detenimiento su despiece, concluiremos que más que buscar una configuración esférica, están aprovechando un nuevo recurso tecnológico. Figura 9 Bóveda del presbiterio de la iglesia Prioral de Rota. 1531- 1537. En resumen, si enjuiciamos lo hasta aquí descrito como una actitud arcaizante oretardataria, estaríamos obviando el principio básico que recorre toda esta arquitectura, yque en parte justifica el largo proceso de adaptación a lo romano; la unidad del conjunto como un todo continuo eindisoluble, frente a la importancia de la parte como unidad articulable dentro de un orden superior. De esta forma, la experimentación que hemos observado queda encapsulada en una aparente ydifícil continuidad. Sólo cuando se resuelve el predominio de 10 uno sobre lo otro se abre el campo alas nuevas formas. Entonces el repertorio de soluciones que eclosionan es tal, que comienza anecesitar de la ordenación ysistematización racional, ala que algunos años más tarde responderá Alonso de Vandelvira con su tratado. Por esta razón queremos simbolizar este momento de inflexión a través del título De las jUljas del folio 96 v. CONSECUENCIAS DEL USO DE ESTAS PRIMERAS APROXIMACIONES ALA ESFERA Hasta el momento en que se decide sustituir el cimborrio derruido por bóvedas estrelladas, la fábrica de la Catedral ydel Arzobispado mantenían en uso un sistema de abovedamiento muy homogéneo yaustero, generalmente de crucerías, donde alo sumo se introducían terceletes. Su estructura responde anervios rectos, sobre los que se sustentan las plementerías de sillares otablas. La variedad de las distintas piezas pétreas estaba muy acotada, siendo el elemen- to más complejo la única clave que la culmina. Su producción se caracterizaba por un importante grado de estandarización, que facilitaba el trabajo en obra, no requiriendo muchos tipos de materiales, ni una mano de obra excesivamente especializada. Al adoptarse las bóvedas estrelladas, como continuidad de una tradición importada del marco castellano-leonés, quizás la primera ymás aparente influencia, se produce una variación de los sistemas habituales de construcción, que obligan auna profunda revisión ycuestionamiento sobre los tipos de materiales, la mano de obra necesaria, los sistemas constructivos, ycomo no, de los medios de control de todo el proceso. Si añadimos un ambiente sensible alas nuevas formas a lo romano, presentes por entonces en un importante número de elementos de carácter Iiminar,22 como portadas, retablos, etc., se genera una peculiar conjunción, origen de una de las más ricas yparticulares interpretaciones de lo clásico (figura 10). Hasta este momento sólo hemos intentado justificar el acervo de circunstancias que intervienen en tal proceso, atendiendo alas formas perceptibles y a los sistemas constructivos aparentes. Parece necesario, al terminar la línea argumental de éste artículo, enumerar yvalorar estas consecuencias antes enunciadas, con lo que estaremos mejor situados para emprender una lectura más completa de las formas de abovedamientas basadas en sistemas nervados. l. En cuanto al tejido industrial yproductivo en torno a la piedra, como material básico yfundamen-