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Proclamas políticas en Cuba durante el agitado verano de 1808

Vázquez Cienfuegos, Sigfrido

Abstract

Este texto realiza el retrato del líder político más importante de la primera parte del siglo XX en Colombia, el liberal Jorge Eliécer Gaitán, asesinado el 9 de abril de 1948, cuando la Presidencia de la República parecía estar a su alcance. Desde entonce

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DOCUMENTOS Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, N° 22. Segundo semestre de 2009. Págs. 273-290. Proclamas políticas en Cuba durante el agitado verano de 1808 Sigfrido Vázquez Cienfuegos (Consejo Superior de Investigaciones Científi cas-EEHA, España)1 La vorágine conmemorativa iniciada en el año 2008, en la que nos hallamos inmersos en el ámbito Iberoamericanista y que continuará muy posiblemente con similar intensidad hasta 2012, al menos en España, puede llegar a darnos la peligrosa idea de que gran parte de lo que debía conocerse acerca de unos momentos históricos tan trascendentales como estos quedará solventado con las innumerables publicaciones que están viendo la luz en los últimos meses y que seguirán llegando al mercado en los inmediatos. Esto ha ocurrido en todas las grandes conmemoraciones que hemos celebrado en los últimos años, con los ejemplos evidentes del V Centenario del Descubrimiento en 1992 o el centenario del fi n de la Guerra de Cuba en 1998. El público, especializado o no, ha quedado saturado en gran parte y las consecuencias se observan en que el interés editorial trata de evitar estas temáticas, con la honrosa excepción de los estudios colombinos, que cuentan desde hace décadas con una autonomía propia en el campo científi co y divulgativo americanista más allá de conmemoraciones. Por lo que respecta al trabajo aquí presentado el peligro es además otro. La mayor parte de las veces la historiografía ha centrado su foco en los hechos que podemos llamar “trascendentales” o los lugares donde la tradición ha fi - jado su interés han estado muy determinados. En cuanto al caso de 1808, los núcleos han sido y continúan siendo aquellos que la iconografía nacional, a uno y otro lado del Atlántico, ha considerado importantes, como el 2 de mayo madrileño, los movimientos juntistas o la Batalla de Bailén, en la Península Ibérica, o las primeras juntas como la de Montevideo en América. En el caso americano, el derrotero de los acontecimientos, que llevó a que la mayor parte de las posesiones españolas fuesen independientes en el transcurso de una década, ha hecho que la atención se haya centrado en los países que acabarán por constituir naciones independientes, olvidando un poco aquellos territorios como Cuba, pero también otros como Puerto Rico o Florida, que a primera vista no formaron parte del proceso general. Sin embargo, el conocer las ra- 1 Este trabajo ha sido realizado como investigador del programa JAEDOC 2008 del CSIC. Araucaria22-CP-.indd 273Araucaria22-CP-.indd 273 07/09/2009 9:39:3007/09/2009 9:39:30 274 Sigfrido Vázquez Cienfuegos zones de por qué estas regiones quedaron al margen del proceso debería tener el mismo interés científi co, por ello con trabajos como este pretendo despejar algunas dudas a este respecto y no olvidar lo que para otros ha quedado como márgenes de la historia. Turbación en Cuba La isla de Cuba hubo de afrontar en 1808, como el resto de territorios españoles, los diversos cambios producidos por la intervención bonapartista en la Península Ibérica. La presencia de tropas francesas al sur de los Pirineos, destinadas en apariencia a someter a Portugal, permitió a Napoleón una posición de dominio en España concretada en mayo de 1808 con el traslado de la familia real a Francia y las posteriores abdicaciones de Bayona. En julio de 1808 llegaron a La Habana las noticias de semejantes sucesos, lo que provocó la conmoción general entre las autoridades y la población de Cuba2. Al frente de la isla se encontraba entonces Salvador José de Muro y Salazar, segundo marqués de Someruelos, que desde 1799 venía desempeñando los cargos de capitán general de la isla de Cuba, mando que comprendía además los gobiernos de La Luisiana y las dos Floridas, en América del Norte; y al mismo tiempo era gobernador de la jurisdicción de La Habana. Someruelos había destacado como militar durante la guerra contra la Convención Francesa (1793-1795), siendo destinado al llamado frente occidental del Pirineo, en Navarra y Guipúzcoa. En este confl icto destacó por sus dotes de mando, así como por la buena organización y la capacidad de sacar el máximo rendimiento a efectivos escasos, lo que le permitió un ascenso desde el grado de coronel de milicias hasta el de mariscal de campo al fi nalizar la contienda. Sus méritos llamaron la atención en Madrid y motivaron su elección para el mando de la isla de Cuba, que se hallaba amenazada por Gran Bretaña con la que España se encontraba en guerra. Como militar experto, una vez en Cuba se dedicó a la reorganización de los dispersos y diezmados cuerpos veteranos, así como de las milicias. Sin embargo, centró su labor en la actividad política y en la defensa de los intereses económicos de los habitantes de la isla3. 2 Con respecto a este momento histórico para Cuba he publicado la monografía Tan difíciles tiempos para Cuba. El gobierno del marqués de Someruelos (1799-1812), Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 2008. De manera amplia dedico un capítulo a sus repercusiones en la isla durante la crisis de 1808. 3 En el Diccionario Biográfi co Español de la Real Academia de la Historia hay una entrada dedicada al marqués de Someruelos de la que soy autor. Araucaria22-CP-.indd 274Araucaria22-CP-.indd 274 07/09/2009 9:39:3007/09/2009 9:39:30 275 Proclamas políticas en Cuba durante el agitado verano de 1808 Condicionantes económicos Cuba en el periodo comprendido entre 1799 y 1808 se encontraba en la fase fi nal de un ciclo económico expansivo basado en la exportación de los productos derivados del cultivo de la caña de azúcar. La fase culminante de este ciclo de crecimiento del papel de la caña en la economía cubana se había iniciado hacia 1791 con las revueltas de esclavos en la colonia francesa de Saint Domingue, que habían motivado la caída de esta producción en la que había sido la principal exportadora de azúcar del mundo, dando paso a que Cuba ocupase el espacio dejado por la colonia francesa4. Pero el ciclo expansivo económico había comenzado a dar señales de entrar en crisis por la persistencia de la guerra entre España y Gran Bretaña, dado que esta última tenía el control militar de las principales rutas marítimas. La apertura del tráfi co comercial de La Habana a potencias neutrales, que permitió el capitán general Someruelos, minimizó las consecuencias de este dominio británico, pero sentó las bases para una dependencia casi exclusiva de los mercados de los Estados Unidos de América para la producción cubana. La crisis se desencadenó con mayor crudeza cuando el presidente Thomas Jefferson fi rmó, a fi nes de 1807, la conocida como Acta de Embargo, que había aprobado el Congreso de los Estados Unidos y que para Cuba signifi có principalmente el cierre de sus puertos, pues fue prohibida su utilización tanto a los contendientes europeos como a los propios norteamericanos para comerciar con nacionales de los países beligerantes, por las pérdidas que les estaba causando la guerra a sus intereses comerciales5. Con la entrada en vigor del Acta de Embargo Cuba quedó casi en situación de riguroso bloqueo, pues inicialmente descendió a la mitad el comercio con Norteamérica, lo que triplicó los precios de los productos de importación6 y no pudieron venderse dos tercios de la cosecha de azúcar de 18087. En esos momentos cruciales de la crisis general de la monarquía hispánica, Cuba sólo podía contar con España para salir de ese trance particular. Si la lealtad podía haberse cuestionado en otras circunstancias favorables, no parecía factible en aquel verano de 1808. 4 La historiografía tradicional ha mantenido desde hace décadas la idea de que el desarrollo económico de Cuba en la coyuntura del cambio de siglo fue debida en gran parte a los capitales y la aportación humana cualifi cada que llegó desde Saint Domingue. 5 Juan Stoughton (cónsul en Boston) a Someruelos, Boston, 29 de diciembre de 1807, Archivo General de Indias, Sevilla (en adelante, AGI), Papeles de Cuba (en adelante, Cuba), 1710. 6 Guerra y Sánchez, Ramiro, Emeterio S. Santovenia y José Rivero Muñiz, Historia de la nación cubana, Tomo III, La Habana, 1952, p. 17. 7 Thomas, Hugh, Cuba. La lucha por la libertad 1762-1970, Ed. Grijalbo, México, 1973, p. 126. Araucaria22-CP-.indd 275Araucaria22-CP-.indd 275 07/09/2009 9:39:3007/09/2009 9:39:30 276 Sigfrido Vázquez Cienfuegos El elemento de distorsión: la presencia francesa Otra de las consecuencias del proceso revolucionario haitiano había sido la presencia de gran número de refugiados e inmigrantes franceses en suelo cubano, los cuales se habían dirigido en su mayoría al oriente de la isla8. El fenómeno se había agudizado a partir de 1803 con la derrota del ejército expedicionario enviado por Napoleón bajo el mando de su cuñado el general Leclerc9. Dado que la población total de la isla rondaba el medio millón de habitantes en 180810, y que los refugiados franceses fueron entre 20.000 y 30.00011, en términos cuantitativos ninguna otra posesión española en América contó hasta entonces con una presencia tan amplia de franceses en su territorio. La acción del emperador galo en mayo de 1808 implicó que los franceses que vivían en los territorios españoles pasasen a ser considerados ciudadanos de una nación enemiga, siendo objeto de animadversión e incluso de ataques directos por parte de la población. El marqués de Someruelos no optó por el confi namiento de los franceses, como habían hecho otras autoridades hispanas y, en principio, no tomó ninguna medida contraria hacia ellos, a pesar de la exaltación general de la población. Durante el año 1808 el capitán general se limitó a tomar medidas preventivas contra los desórdenes y los intentos de ataques contra los franceses. Esta decisión de no actuar de manera excluyente con los inmigrantes galos fue muy arriesgada porque una gran porción de la población de La Habana ex- 8 Marrero, Leví, Cuba, economía y sociedad, Vol. 9, Madrid, 1983, p. 143. La real orden de 8 de septiembre de 1795 tenía el objetivo de que los colonos franceses se asentaran en torno a Santiago de Cuba. Irisarri Aguirre, Ana, El oriente cubano durante el gobierno del obispo Joaquín de Osés y Alzúa (1790-1823), Navarra, 2003 p. 295. 9 Para conocer algunos aspectos de los resultados de esta expedición puede verse mi somero estudio en el artículo “Someruelos y el fi n del ejército francés de Haití”, Temas Americanistas 15, 2002, pp. 39-40. Los exiliados apenas habían tenido tiempo para adaptarse a su nuevo destino, aunque las élites cubanas habían realizado el esfuerzo preciso para incorporar a su sociedad a los refugiados. Véase mi artículo “La élite habanera y los refugiados franceses de Saint Domingue”, en Navarro García, Luis (Coord.), Élites Urbanas en Hispanoamérica, Sevilla, 2005, pp. 213-227. 10 Los datos con los que se cuentan son los censos de 1804, según el cual la isla tenía 432.000 habitantes, y el de 1810 que da la cifra de 600.000. El dato que adelanto es una aproximación sin un valor riguroso aunque sí aproximado. Boletín Ofi cial de Hacienda, T. 1, La Propaganda Literaria, La Habana, 1881, p. 486. Véase Sarmiento Ramírez, Ismael, Cuba. Entre la opulencia y la pobreza, Madrid, 2004, p. 51. 11 Realmente es muy difícil saber el número exacto de inmigrantes. Para Marrero fueron unos 32.000, aunque en opinión de Pérez de la Riba, esta cifra es exagerada y debió rondar los 20.000. Ofi cialmente hasta el 31 de diciembre de 1804 el número de franceses que había llegado a Cuba procedente de Saint Domingue ascendía a 18.213 personas. Someruelos a Pedro Ceballos, secretario de Estado, La Habana, 31 de enero de 1804, Archivo Histórico Nacional, Madrid (en adelante, AHN), Estado, 6366, Nº 66. Véase Marrero, Cuba, p. 150, y Pérez de la Riva, Juan, El Barracón y otros ensayos, La Habana, 1975, pp. 370-371 y en nota 28, p. 422. Araucaria22-CP-.indd 276Araucaria22-CP-.indd 276 07/09/2009 9:39:3007/09/2009 9:39:30 277 Proclamas políticas en Cuba durante el agitado verano de 1808 presaba de manera exaltada sus deseos de atacar a los franceses12. Esta actitud política de Someruelos fue debida fundamentalmente a que la mayor porción de los franceses en Cuba eran realistas borbónicos muy perjudicados por los cambios revolucionarios de Francia, e incluso una parte importante se había naturalizado como españoles13. Por otra parte, los franceses habían supuesto un incentivo decisivo en el desarrollo de la economía cubana. También debe considerarse que había una afi nidad cultural y política entre los galos y los jefes políticos o militares de la isla, ya que un amplio conjunto de la élite española del momento tenía una formación francesa. El proceso político: el fracasado plan juntista Desde el punto de vista político, el dominio británico del mar había dado lugar a difi cultades en las comunicaciones ofi ciales entre la isla y la Península Ibérica que impidieron una normal transmisión de órdenes desde Madrid o la elevación de consultas desde La Habana, especialmente después de la batalla de Trafalgar en 1805. Ello motivó que el marqués de Someruelos se viese en la necesidad de actuar de manera autónoma, apoyándose en las élites habaneras para sustentar su mando desde ese momento. Desde mayo de 1808 se estuvieron recibieron noticias en La Habana que adelantaban que “graves sucesos” iban a ocurrir en España14. Lo cierto es que se estaban produciendo en esos mismos momentos, pero la distancia y la difi cultad en las comunicaciones hacían que el conocimiento de los acontecimientos llegase un tiempo después. A principios de junio se recibían informes que avisaban de grandes alteraciones en la Península15, hecho confi rmado con la llegada de manera ofi cial de la noticia de los sucesos de Aranjuez en el mes de marzo anterior16, aunque no cabe duda de que debía conocerse desde mucho antes la ascensión al trono de Fernando VII, ocurrida el 19 de marzo de 180817. Sin embargo, a pesar de la noticia, en junio no se procedió a la proclamación 12 Zaragoza, Justo, Las insurrecciones en Cuba, Tomo I, Imprenta de Manuel G. Hernández, Madrid, 1872, pp. 190-192. 13 Incluso algunos habían ingresado en las fi las del ejército español. En marzo de 1809 continuaban en la isla 13 ofi ciales y sargentos franceses. Someruelos a Guerra, La Habana, 18 de marzo de 1809, AGI, Papeles de Cuba, 1747, nº 2417. Véase Sevilla Soler, Rosario, “Las repercusiones de la Revolución Francesa en el Caribe español. Los casos de Santo Domingo y Trinidad”, Cuadernos Americanos de Historia Nueva Época, N. 17 septiembre/octubre, vol. 5, México, 1989, pp. 126-130. 14 Stoughton a Someruelos, Boston, 25 de marzo de 1808, AGI, Cuba, 1710. Esta comunicación fue respondida el 2 de mayo de 1808 por Someruelos. 15 Stoughton a Someruelos, Boston, 27 de abril de 1808, AGI, Cuba, 1710. La noticia fue contestada por Someruelos el 8 de junio. 16 Someruelos a Guerra, La Habana, 10 de junio de 1808, nº 2364, AGI, Cuba, 1746. 17 Habían pasado casi tres meses desde el motín de Aranjuez y no podemos pensar que la noticia no hubiese llegado vía marítima. Araucaria22-CP-.indd 277Araucaria22-CP-.indd 277 07/09/2009 9:39:3107/09/2009 9:39:31 278 Sigfrido Vázquez Cienfuegos del nuevo monarca en ninguna población de Cuba, algo que no tuvo lugar hasta el 20 de julio de dicho año.18 Esto pudo deberse a la llegada de otros rumores mucho más preocupantes sobre lo sucedido el 2 de mayo en Madrid y las razones que habían motivado tal levantamiento. El 14 de julio de 1808 quedaron aclaradas muchas dudas con la llegada del nuevo intendente electo Juan de Aguilar, el cual dio informe detallado y fi able de lo acontecido en la Península en los últimos meses19. El mismo día 14 otra embarcación llevó a La Habana documentos de varias juntas de la Península y que además se “declaraban tan soberanas como la de Sevilla”20. Ante el desconcierto creado, Someruelos optó por reunirse con el Cabildo21 y dar cuenta a la Real Audiencia22. Fue entonces cuando debió plantearse por un grupo de notables apoyados por el capitán general la posibilidad de crear una junta de gobierno en La Habana. En primer lugar y como vemos en el texto número 1 se dio cuenta el 17 de julio a la población de la capital de todo lo que acontecía al otro lado del Océano y al mismo tiempo se redactaba el proyecto juntista, como vemos en el texto número 2. Sin embargo, falto de apoyos, el plan autonomista fracasaba el 27 de julio23 y desencadenaba una gran inestabilidad política, especialmente en el mes de agosto siguiente. Como vemos en el texto número 3, el capitán general Someruelos trató de buscar la unidad de los habaneros para animarlos a colaborar en la lucha que se estaba iniciando en la Península, pero como demuestra el texto número 4 pronto se vio obligado a llamar a la calma ante la exaltación generalizada que pudo poner en peligro la propia seguridad de la isla. La inestabilidad política continuaría durante algunos años, pero ese será objeto de atención en próximos trabajos ya que excede el marco temporal aquí propuesto. Texto 1: 18 Certifi cación del escribano Miguel Méndez, 20 de julio de 1808, Archivo de la Ofi cina del Historiador de la ciudad de La Habana, antiguo Archivo Municipal de La Habana, (en adelante AOHCH), Actas de Cabildo, 1808-1809, fol. 89-91. 19 Anexo al acta del cabildo ordinario, 20 de septiembre de 1808, AOHCH, Actas de Cabildo, 1808-1809, fol. 114. Juan de Aguilar llegó con la real orden de 10 de enero de 1807 por la cual se le confería en propiedad el empleo de Intendente de Ejército y Real Hacienda de La Habana (Intendente Juan de Aguilar a Someruelos, 17 de julio de 1808, AGI, Cuba, 1595). 20 Zaragoza, Las insurrecciones, p. 182. 21 Consta la reunión en el acta del Cabildo ordinario de 30 de septiembre de 1808, AOHCH, Actas de Cabildo, 1808-1809, fol. 112-115. 22 Armas Medina, Fernando de, “La Audiencia de Puerto Príncipe (1775-1853)”, Anuario de Estudios Americanos, Vol. XV, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, CSIC, Sevilla, 1958, pp. 273-370. 23 Kuethe, Allan J., El situado mexicano, los azucareros y la fi delidad cubana: comparaciones con Puerto Rico y Nueva Granada” en Piqueras, José A. (ed.) Las Antillas en la era de las Luces y la Revolución, Siglo XXI, Madrid, 2005, pp. 304-318. Araucaria22-CP-.indd 278Araucaria22-CP-.indd 278 07/09/2009 9:39:3107/09/2009 9:39:31 279 Proclamas políticas en Cuba durante el agitado verano de 1808 Habitantes de la isla de Cuba, hijos dignos de la generosa nación española24 Sabed, que acabo de recibir hoy mismo algunos manifi estos, proclamas y bandos publicados e impresos por orden de la Junta Suprema de Gobierno que se ha establecido en Sevilla, de resultas de un acto de la perfi dia más infame que han visto ni oído los siglos: papeles que como veréis muy presto, no parecen dictados por los hombres, antes sí inspirados por los ángeles; y papeles por fi n, que deben producir necesariamente la vindicación de España mofada y escarnecida, y la libertad de la Europa entera que yace sepultada en la esclavitud por la propia mano que afl ige a nuestros hermanos. Aparece por ellos, y me consta por la relación de personas muy fi dedignas que han sido testigos oculares de los atroces y espantosos sucesos acontecidos en nuestra península en los meses de abril y mayo, que el gobierno francés tomando el falso carácter de amigo y buen aliado, ha seducido a Fernando VII, el mejor y más virtuoso de los reyes, abusando de su generosidad y buena fe para atraerlo a su territorio con capciosos e insidiosos halagos, haciendo con igual artifi ciosa felonía que le siguieran sus Augustos Padres y toda la Familia Real para tratarlos como los ha tratado con el más vergonzoso vilipendio y consumado por último el horrible proyecto con violentarlos a renunciar la Corona de España a favor de un odioso extranjero sin más derechos que su insaciable ambición, al mismo tiempo que sus verdugos y asesinos derramaban la preciosa sangre de los habitantes de Madrid en pago de la hospitalidad y fraternidad con que los habían acogido y agasajado, según lo han publicado sus propios jefes. Nuestro idioma no tiene frase adecuada para caracterizar una conducta tan horrorosa que ha cubierto de oprobio a la Francia y de luto a la España y que ha hecho estremecer hasta las naciones más insensibles y bárbaras. Mas no por eso os imaginéis que el pundonor, la grandeza de carácter y la majestuosa dignidad española han desmayado en vista de tanto desconcierto y afl ictiva calamidad. Lejos de eso, los virtuosos y magnánimos hijos de la patria del heroísmo están decididos a pelear hasta que muera gloriosamente el último de sus doce millones a que ascienden sus habitantes, por vengar una afrenta tan humillante, a su religión ultrajada, a sus mujeres violadas y a sus hijos asesinados, y por rescatar del cautiverio a su adorado Fernando. Sí: no lo dudéis. Ellos harán temblar y exterminarán a los autores de tanta iniquidad. Ellos están animados de un santo furor capaz de romper y hacer pedazos las cadenas que oprimen a todas las naciones europeas. Ellos han tomado tales medidas, que no se echarán de menos a los Fabios, a los Paulo Emilios, ni a los Escipiones. Ellos han ajustado un armisticio con la Inglaterra, ¡nombre dulce y consolador 24 Proclama del marqués de Someruelos, La Habana, 17 de julio de 1808. AHN, Estado, 59, nº 3. Araucaria22-CP-.indd 279Araucaria22-CP-.indd 279 07/09/2009 9:39:3107/09/2009 9:39:31 280 Sigfrido Vázquez Cienfuegos para el género humano! al que debe añadirse desde hoy el de Escudo de la Humanidad afl igida, por la propia justa razón que debe titularse la España la libertadora del mundo. Sí: ellos obran de concierto con los virtuosos y magnánimos ingleses, pues aunque acaban de ser nuestros accidentales enemigos ¿a quién se oculta que esto sólo ha podido ser como lo ha sido en efecto, obra de la violencia y del maquiavelismo del gobierno francés? Ni me acuséis de que esta idea no es conforme con la muy adversa que os anuncié en la proclama publicada en 27 de enero próximo pasado; pues, a más de que casi todo gobierno adolece de ciertos vicios de sistema y comete algunos actos de injusticia que dan derecho a invectivarlos (denunciarlos), mayormente en el estado de guerra, era un deber de mi ministerio atemperar mi leguaje a la norma dada por la superioridad, a la manera que lo ejecuto en la presente ocasión, con la diferencia de hallarse mi corazón justa y profundamente indignado y ansioso por derramar mi sangre en holocausto a la Religión, al Rey y a la Patria. Persuadíos con confi anza de que unidas a la España y a la Inglaterra las demás naciones, en cuyos hogares y campos está humeando todavía la inocente sangre de su más fl orida juventud que ha sido derramada por un incomprensible encadenamiento de sucesos combinados por el Genio de la desolación, volverán de su desmayo, cobrarán ánimo para sacudir el yugo y concurrirán a la mayor y más digna obra que ejecutaron los humanos, con la misma furia con que se precipita el león en recobrar sus cachorros. Los mismos franceses, esa nación ilustre, generosa y digna de mejor suerte se apresurará a lavar la negra mancha con que ha tiznado su lustre por sus propias manos: compadecedlos y no los miréis con odio y enojo, porque ellos son nuestros hermanos y presto serán nuestros buenos amigos. El Autor divino de los hombres, el Arbitro de la suerte de las naciones está interesado en esta santa y augusta obra y no debemos dudar de su protección. Os veo llenos de ardiente ansia por volar a tomar parte en ella, pero vuestra posición a la distancia de dos mil leguas desgraciadamente os priva por ahora de esta gloriosa felicidad. Mas no importa. Los fondos y caudales para costearla no son menos necesarios que los brazos, y en vuestra mano está haceros partícipes por medio de la ofrenda más saludable a los hombres y más grata a los ojos de Dios, que se ofreció jamás en el Santo Templo de sus adoraciones. Imaginad a las heroínas españolas; cercenad vuestros gastos, renunciad a vuestras superfl uidades; estableced una economía espartana; no quede en vuestro suelo una sola onza de plata labrada ni de oro que no sea para los usos más precisos de los sacrifi cios religiosos. ¡Tendréis acaso menos virtud y menos generosidad que tenían los romanos cuando Aníbal victorioso caminaba hacia Roma! ¡Tendréis más apego a vuestros bienes y menos desinterés que aquellos paganos que no conocían al verdadero Dios! ¡Tendréis menos respeto que aquellos a vuestra santa religión, a vuestras costumbres, a vuestras leyes y a vuestro gobierno, Araucaria22-CP-.indd 280Araucaria22-CP-.indd 280 07/09/2009 9:39:3107/09/2009 9:39:31 281 Proclamas políticas en Cuba durante el agitado verano de 1808 menos cariño a vuestras mujeres y a vuestros hijos y menos horror a la tiranía y esclavitud con que os amenazan las huestes del enemigo común para luego que haya subyugado y aherrojado a vuestros hermanos, lo que no pueden permitir los cielos! ¡Preferiréis reservar íntegras vuestras riquezas para que el botín sea mayor y más delicioso a los ojos de su codicia, más bien que sacrifi car una parte en obsequio de objetos tan preciosos pudiendo salvarlos todos a tan poca costa, conservar ilesa la España vuestra gloriosa cuna y rescatar del cautiverio vuestro jurado que ha subido al trono por los más ásperos caminos de la virtud y del heroísmo, arrostrando con el cadalso y con la enorme infamia de pasar por regicida y parricida, a trueque de haceros felices con la separación de un pérfi do traidor y despótico favorito! Perdonad si ofendo a vuestra delicadeza, a vuestra generosidad, a vuestra lealtad bien acreditada y a vuestra santa ambición de la verdadera y sólida gloria. Mi imaginación desconcertada por un caso tan funesto, apenas acierta a articular las palabras ¡cuánto menos a concertarlas! Yo estoy seguro de que vosotros haréis mucho más de lo que yo pretendo. Yo conozco bien vuestras virtudes y no ignoráis cuánto las aprecio y cuáles son los sentimientos de mi corazón hacia todos y cada uno de vosotros. Sí: esta es la época en que la América y sus ínclitos hijos por cuyas venas corre la ilustre y nobilísima sangre española, desenvuelvan su grandeza de alma y adquieran tanta gloria como adquirieron recientemente los heroicos habitantes de Buenos Aires, y aun todavía más brillante y sólida cuanto exceden las virtudes y trofeos morales a los marciales y sangrientos triunfos de Marte. El bien que hagáis en esta ocasión será común a los españoles, a todas las naciones de Europa y a vosotros mismos, pero el dulce placer de escuchar las bendiciones que resonarán de generación en generación será un premio muy lisonjero privativo a vuestra benefi cencia, el más valioso que puedan conceder los hombres y mucho más estimable que las equívocas distinciones y condecoraciones que reparten los soberanos, no siempre a la virtud y sí algunas veces a la corrupción y al vicio. Me apresuro a daros este anuncio para que conozcáis por momentos el grande objeto que debe ocupar la atención y el corazón de todo español y aun de todo viviente que tenga amor a los hombres. Pero al mismo tiempo os recomiendo encarecidamente la resignación divina, providencia que sabe sacar triaca del veneno, la virtud de la fortaleza y de la magnanimidad nunca tan necesaria como en el presente caso, el sufrimiento, la prudencia, la moderación y la docilidad, para que reprimáis vuestra inevitable inquietud, para que excuséis todo estrépito y desorden y para que os abstengáis de inferir la más leve vejación a los pacífi cos, laboriosos y utilísimos franceses, nuestros compañeros y amigos, que acosados de la revolución más sanguinaria e infame de que hay memoria en los fastos, han buscado y han encontrado en vuestro seno Araucaria22-CP-.indd 281Araucaria22-CP-.indd 281 07/09/2009 9:39:3107/09/2009 9:39:31 288 Sigfrido Vázquez Cienfuegos las incultas aldeas, donde se ve resplandecer el mayor entusiasmo patriótico junto con las virtudes de la moderación, de la prudencia, de la docilidad y del respeto a las leyes y a las autoridades, sin cuyo éxito no sería posible recabar con una obra que ha sido insuperable al poder de ciento cincuenta millones de almas; con la sola excepción de que la vista de los ejércitos de bandidos del aborto de Córcega, ha debido producir una inquietud general momentánea, cuya causa no existe aquí, y de aquellos pocos desnaturalizados y corrompidos hombres que forman la hez del pueblo, cualquiera que sea la clase en que se hallan constituidos, se han desenfrenado en tales circunstancias a costa del buen orden y de la tranquilidad pública. Por eso es que en la proclama que hice publicar en 17 del mes pasado de julio os recomendé esas virtudes, no porque dudase un momento de ser ellas las que constituyen vuestro carácter distintivo, sino porque en las grandes poblaciones nunca puede faltar algunas almas díscolas y bajas, que prefi riendo sus animosidades y miserias personales sobre la salud pública, aprovechan estas ocasiones para desahogar sus enojos, sin detenerse en que el fuego que encienden en el oscuro rincón de su casa pueda o no alterar el reposo de las gentes de bien. Verdades son estas de que tenéis vosotros una experiencia que no la tiene acaso ningún pueblo español. Acordaos lo que os pasó en los meses de octubre y noviembre de 1794, cuando todos, todos vosotros, sin exclusión de gentes de más ilustración, talento y carácter, llegasteis a creer que en esta misma ciudad estaba fraguada una sublevación que debía desconcertar por momentos los cimientos de ella. ¿Y cuál fue el origen de un concepto tan erróneo y funesto? Quizás las miras personales de algún sujeto, si no malévolo a lo menos imprudente e insensato y las aspiraciones de algunos díscolos y malignos que forjaban unos hechos y desfi guraban otros para inquietar y alarmar al público contra el muy respetable jefe que estaba a su cabeza. ¿Y cuál fue asimismo el resultado? Haberse disipado vuestra ilusión con la misma rapidez que se disipa el humo en el momento mismo en que apareció aquel felicísimo bando de 13 de noviembre, publicado por el propio jefe a quien los celos habían presentado a vuestros ojos como traidor y vendido a Francia. He mandado imprimirlo a continuación de este para que podáis repasarlo y conservarlo como testimonio del más honorífi co de vuestros discernimientos y de vuestra prudente y laudable docilidad y como un monumento más glorioso para D. Luis de las Casas que mil hazañas marciales, pues que aquel rasgo triunfante que de un golpe os libró del desastre con que os amenazaba el torbellino de vuestra propia inquietud y que os restableció en las más perfecta tranquilidad, vale ciertamente en la balanza de la sabiduría por mil arcos triunfales. Hoy se presenta en La Habana la segunda parte de aquella escena, siendo perfectamente iguales su origen, vuestra incierta vacilación, vuestras equivocaciones, vuestro candor y buena fe, y las malignas inspiraciones que trabajan Araucaria22-CP-.indd 288Araucaria22-CP-.indd 288 07/09/2009 9:39:3307/09/2009 9:39:33 289 Proclamas políticas en Cuba durante el agitado verano de 1808 por inquietaros; pero confi ad sobre mi palabra en que también el resultado fi nal será el mismo, como lo son vuestro discernimiento y vuestra docilidad, aunque no sea igual el impulso de aquella sabia mano muy difícil de ser imitada. Es el caso que han ocurrido en diferentes pasajes, que siendo pueriles y ridículas en sí, han producido los mismos efectos que si fueran más graves y peligrosos. Persona de buena fe llegó a informarme hace días que algunos sujetos sospechosos habían atravesado todas las piedras de chispa que había en la ciudad; y aunque no di el menor crédito a la especie, mandé comprar las que hubiese: se compró en efecto una considerable cantidad, pero hube de suspender la diligencia para no hacer un acopio inmenso de esta ciudad con guía de la Aduana y en determinado día cajones de cuchillos y puñales; y por la vista ocular de los registros de dicha ofi cina, he tocado que sólo fueron dos docenas de cuchillos destinados a Matanzas. Así mismo persona fi dedigna me hizo entender que existían en la actualidad en cierta casa dos barriles de balas que habían introducido encubiertos bajo una carreta de leña; y habiendo encargado a sujeto respetable que hiciera en el acto la investigación conveniente, se encontraron los dos barriles, pero llenos de clavos. Otra persona igualmente celosa y llena de candor me delató que en la propia casa de su habitación se hallaba un uniforme de general francés; y habiendo mandado que pasasen en el acto y en su compañía un letrado de confi anza y el escribano D. Miguel Méndez a cerciorarse del hecho y ponerlo en diligencia, les señaló con la mano el imaginario uniforme sin forro y puesto del revés, y se encontró ser el del regidor de esta ciudad que no supo discernir su alucinamiento. A estos hechos inocentes, abultados por un celo deslumbrado, se han juntado otros diferentes sugeridos por la malignidad, absurdos y desmentidos pos su propia naturaleza. Tal es entre otros el que se ha esparcido sobre que estaba yo determinado a desarmar a los voluntarios urbanos, habiendo prevalecido entre muchas personas de buena fe, pero irrefl exivas, sin hacerse cargo de que ni lo he verifi cado en los muchos días que han corrido después que han empezado a divulgarse, ni he dejado de darles el mayor testimonio de confi anza, haciendo que ronden la ciudad 18 patrullas compuestas de ellos mismos, con preferencia a la tropa en quien tengo igual confi anza y por sola la consideración de que el público causa más cuidado la fuerza militar armada que no la de sus escogidos y honrados convecinos. Omito otras especies igualmente malignas por excusar una difusión innecesaria. Diferentes personas perspicaces, vigilantes y sensatas me han alumbrado quienes pueden ser sus autores. Me he visto vacilante sobre el temperamento que debía tomar. Mas, confi ado en que todos vosotros estáis animados de un mismo espíritu de patriotismo, de buena fe, de tranquilidad de prudencia y de claro discernimiento para distinguir los conatos de los malos que siempre están en guerra contra los buenos, no he querido tan siquiera inquirir quienes sean aquellos, como me sería muy fácil, por no verme en la precisión de tratarlos Araucaria22-CP-.indd 289Araucaria22-CP-.indd 289 07/09/2009 9:39:3307/09/2009 9:39:33 290 Sigfrido Vázquez Cienfuegos con la severidad con que deben ser tratados los que perturban la tranquilidad pública, creyendo que ni aun conocen la gravedad de su delito, y esperando que la opinión pública de los bueno los señalaría presto con el dedo y los reprimiría de una manera más efi caz que la misma autoridad pública. Pero considerando al mismo tiempo que las especies desfi guradas, falsas y calumniosas suelen muchas veces alterar el reposo público con la misma fuerza que las ciertas y positivas, he juzgado ser de la mayor importancia asegurarnos que nada, nada tenéis que temer de semejantes sugestiones, siempre que convencidos de la exactitud y verdad de todo cuanto acabo de exponeros, recobréis vuestra calma y sosiego, respetéis las leyes y el buen orden general y descanséis en el celo y entusiasmo con que trabajan vuestros magistrados por vuestro carácter, de vuestra cultura y de vuestras virtudes, a cuyo efecto conviene que leáis una y más veces La Aurora Extraordinaria publicada en esta fecha. Y amonesto así mismo a esas pocas personas temerarias, que por no tener talento ni virtudes para hacer el bien se ocupan en hacer el mal por servir a sus pasiones y desfogar sus animosidades, que se reporten en sus procedimientos, en concepto de que la indulgencia con que he procedido hasta aquí se trocará en una severidad tan enérgica, cual conviene en una materia tan grave y delicada y de que, lo que es peor, la opinión pública de las gentes de bien sabrá marcarlas con una nota más terrible que la misma espada de la justicia. Y si alguno afectare a dudar del verdadero y puro celo de las autoridades públicas por vuestra salud y de su energía para arrostrar a los mayores peligros en obsequio de ella, acuérdese de la conducta que en repetidas ocasiones han observado estas mismas en el mismo tiempo del terrorismo, cuando se reputaba por delito obrar contra las ideas y voluntad del poderoso déspota que tenía las riendas del gobierno universal de la Monarquía, aventurando su fortuna y existencia civil sin esperanza del menor premio, como lo habéis visto y tocado vosotros mismo. Habana, 16 de agosto de 1808. El marqués de Someruelos. Araucaria22-CP-.indd 290Araucaria22-CP-.indd 290 07/09/2009 9:39:3307/09/2009 9:39:33