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Ética: la medida y la grandeza del ser humano

Alvira, Rafael

Abstract

De Acuerdo Con La Tradición Neoplatónica, El Texto Subraya El Carácter Centraldel Concepto De Límite O Medida, Particularmente En Relación Con La Práctica. Adiferencia De Lo Que Puede Parecer, Alcanzar Los Propios Límites, Lejos Deempequeñecer Al Ser Humano, Es Lo Que Le Concede Grandeza. La Grandeza De Ánimoque Nace En La Conciencia Correcta De La Propia Medida, Es La Virtud Más Bella Ysignificativa.

Full text

THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 37, 2006. ÉTICA: LA MEDIDA Y LA GRANDEZA DEL SER HUMANO Ra ael Al i a. Uni e sidad de Na a a Resumen: De acue do con la adición neopla ónica, el ex o sub aya el ca ác e cen al del concep o de lími e o medida, pa icula men e en elación con la p ác ica. A di e encia de lo que puede pa ece , alcanza los p opios lími es, lejos de empequeñece al se humano, es lo que le concede g andeza. La g andeza de ánimo que nace en la conciencia co ec a de la p opia medida, es la i ud más bella y signi ica i a. Abs ac : Acco ding o he neopla onis adi ion, he a icle emphasizes he ou s anding ele ance o he concep o limi o mesu e, specially in ela ion o he p ac ical ealm. Di e ging om he appa ences, eaching he limi s o one's own possibili ies doesn' mean o he human being o ge locked in i sel , bu o become g ea . The g ea ness o he soul is bo n in he adequa e conscience o one's own limi s and i is he mos ele an i ue. Ya desde el p opio Pla ón -que lo dice exp esamen e- y después en la adición neopla ónica, la idea de «medida» es absolu amen e cen al, pe o las líneas ilosó icas de mayo impac o en los medios in elec uales a lo la go del siglo XX, pa icula men e en los úl imos cua en a años, se han alejado o se han en en ado di ec amen e con el pla onismo. Pa a odo el ámbi o de in luencia nie zscheana -muy en pa icula pa a cie o heidegge ia- nismo pos mode no- la p incipal a ea es el «démon age» de las ideas cen ales de Pla ón. De o o lado, es indudable -se e ambién en di e sos au o es de esos años- que en e los in elec uales en gene al -no sólo ilóso os- y en el ambien e social y cul u al más di undido hoy en occiden e hay una cla a esu ección de la so ís ica, la cual se ca ac e iza p ecisamen e po el echazo a la noción y a la ealidad del lími e, o sea, de la medida. En odo caso, se admi e como mal meno la exis encia de una medida ex e na de las acciones que e i e los en en amien os y o ien e la ida social, pe o no es á cla o que se acep e una medida in e na del ob a pe sonal que, sin emba go, es lo que ca ac e iza clásicamen e a la é ica. El én asis pues o en una libe ad subje i a i es ic a -ca ac e ís ico de la ac i ud so is a- deja a la é ica ue a de juego eó icamen e, pe o el p oblema, como es lógico, es mayo en la p ác ica. Un sis ema social apoyado exclusi amen e sob e la medida ex e na gene a de modo p og esi o p oblemas di íciles y has a insopo ables. La si uación ac ual en el mundo de los negocios, po ejemplo, es bien signi ica i a: cada ez se alzan más oces que eclaman una é ica sen ida ya como imp escindible y, sin emba go, la espues a son códigos, es deci , en el ondo, una ins ancia ju ídica ex e na. Es in e esan e obse a cómo en el ámbi o polí ico -donde se expe imen a la misma necesidad é ica- no se han p opues o oda ía ni siquie a códigos de conduc a. 100 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui No hay é ica sin libe ad, y ampoco sin medida. P ecisamen e algo an undamen al como el debe sólo es posible po la pa adójica elación en e medida y libe ad. Las i udes, po o a pa e, son sabe es, sabe es p ác icos, que nos pe mi en cumpli los debe es. Las i udes -que son sabe es y pode es- nos enseñan la medida jus a de nues as acciones, pe o ienen o as ca ac e ís icas muy ele an es; la p incipal de las que aquí se quie e sub aya es que la i ud eng andece el alma. Es sencillo mos a , en ese sen ido, que la i ud ealiza la apa en e pa adoja de limi a y eng andece al mismo iempo. En el pensamien o g iego, ya an es de Pla ón, el ema de la medida se pone en elación con el conóce e a i mismo y, po an o, ambién con la e lexión sob e la mue e. Cie amen e sólo iene sen ido habla del compo amien o humano si nos conocemos a noso os mismos. La é ica es un sabe , y un sabe p ác ico, lo cual signi ica aquí ambién, in e io . Todo conocimien o es obje i o, pe o una obse ación me amen e obje ual –no in e io , subje i a- del compo amien o no bas a a es e espec o. El gh qi seau ón es, po an o, la pue a de en ada a la é ica y Sóc a es, el maes o p ime o y po excelencia de la é ica occiden al. Kie kegaa d conside a que el a eniense es el único que -en nues a adición ilosó ica- ha pe cibido con p o undidad el papel del suje o en elación con la e dad. Y, hab ía que deci ambién, en elación con la e dad p ác ica, que e a -pa a él- la decisi a. Desde el p ime momen o se a a de p axis humana. Una pu a e ología desc ip i a no esponde ía a lo que Sóc a es en iende po e dade o. En e ec o, de un lado, la expe- iencia de la conciencia mues a nues a capacidad de decisión; pe o, de o o -y ello es cla e-, odo sabe eó ico acul a pa a el dominio: no puede habe una e ología que se limi e a desc ibi cómo ac uamos y no nos dé, al mismo iempo, la posibilidad de in lui en nues o compo amien o. Tenemos conciencia de lo que hacemos, nos conocemos ac uando y podemos o ien a nues a ac uación; es deci , somos lib es. Es e es un asgo ca ac e ís ico y cen al del se humano. La discusión de ondo es á, po an o, en p ime luga , en cómo en endemos la libe ad. Fue p ecisamen e la que se lle ó a cabo, en é minos de g an p o undidad, en e Sóc a es y la so ís ica. Es ambién, a mi modo de e , el ema que in e esa en nues os días. En e ec o, las dos g andes posiciones de la so ís ica - ep esen adas espec i amen e po P o ágo as y po Go gias -T asimaco-Calicles- se epi en a su modo en los úl imos siglos. Kan es P o ágo as, Nie zsche es Calicles. Calicles hace e la insu iciencia de la esis de P o ágo as, como Nie zsche mues a la debilidad de la é ica kan iana. El pun o es á, jus amen e, en el ema de la «medida». Pa a P o ágo as la acción humana iene como c i e io y medida la lógica pu a de la azón; T asímaco y Calicles le ienen a deci : ¿po qué debo inclina me an e ella? Más aún: si la ealidad es pu a ini ud y apa iencia, cualquie comp ensión de la azón que no la mues e como un ins umen o al se icio de esa misma ini ud no se ía azonable. No es cie o, po consiguien e, que el homb e (o sea, en es e caso, la lógica de la azón) sea la medida de odas las cosas, sino que el indi iduo humano y lo suyo, su in e és, es la medida: hay que consegui hace la p opia olun ad en cada momen o. Eso es se lib e. Po an o olun ad, y no me o conocimien o; es deci , se a a de algo oscu o: no sab íamos explica pe ec amen e po qué que emos es o o lo o o. Simplemen e, lo 101 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 que emos o no, y u ilizamos nues os conocimien os pa a consegui ob ene lo que deseamos. Dicho de o o modo, si P o ágo as o Kan subo dinan la olun ad a la medida de la azón uni e sal, Calicles o Nie zsche subo dinan la azón uni e sal a la medida de la olun ad. Lo in e esan e al espec o es que, en ambos casos se da una medida, algo mide a algo. En el p ime o medimos el alo de la acción po la co ec a subo dinación de la olun ad a la uni e salidad, y en el segundo lo medimos po la subo dinación del conocimien o a la olun ad. Pe o se a a siemp e de medida y aquí en o ma de p esc ipción. Pues o que ya nos mo emos en el ámbi o p ác ico, se puede deci que segui la p esc ipción es el bien pa a el suje o humano, mien as que no segui la es el mal. Si hay medida, hay juicio p ác ico, y hay bien y mal. Desde es e pun o de is a, la ac i ud del adicalismo so ís ico es p o undamen e ágica, como emos en Nie zsche, y quizá lo es más de lo que él mismo pensaba. En e ec o, se p e ende echaza cualquie medida, cualquie lími e, -es a , po an o más allá del bien y del mal-, y, sin emba go, no se puede, pues ya el p opio juicio -que debe se epe ido a lo la go de la ida- según el cual no hay más c i e io que mi decisión, es una medida. Po eso, Calicles y Nie zsche no son los an ié icos, no es án, po más que quie an, más allá de la é ica, sino que de ienden la é ica de la supe io idad p ác ica del p opio juicio. Pa a P o ágo as y Kan la libe ad consis e en la adecuación a la azón ( ambién pa a Hegel); pa a Calicles y Nie zsche en la espon aneidad de la olun ad; en ambos casos queda sin soluciona bien el p oblema de la medida. En el p ime caso, po que la azón iene que adecua se a sí misma, pe o pa a ello la enemos que p esupone , pues no la conocemos de mane a pe ec a. Po mucho que conozcamos sus leyes y que p esun a- men e nos ace quemos al au oconocimien o, en ealidad no sabemos con segu idad si nos hemos ace cado o no y, po an o, no podemos ene un c i e io o medida segu a de acción. Pues o que la ida es á llena de di icul ades, y una azón pu a no nos soluciona el más allá, en la p ác ica no hay c i e io iable. En el segundo caso, po que la medida es la oscu a espon aneidad dionisíaca, una medida que, al mismo iempo, dominamos y no dominamos, y que, en el ondo, es á - como al oscu a espon aneidad- ambién p esupues a. Tan o en un caso como en o o, el au oconocimien o pasa a se un in e ogan e. En la e sión « acionalis a» po que no hay o ma de conec a bien el suje o anscenden al con el empí ico, y, en esas condiciones, es más que dudoso que haya un suje o e dade a- men e uni a io; en la e sión «p agmá ica», po que simplemen e no se puede plan ea la unidad del suje o. Aho a bien, si no hay au oconocimien o no hay libe ad p opiamen e dicha y, consecuen emen e, ampoco hay é ica en sen ido ue e. Comp endemos así po qué Sóc a es, po el con a io, conec a el ema del au oconoci- mien o con el de la e dad y, en úl imo ex emo, con el de la ealidad. Pa a él, la medida es la e dad. Si la in e p e ación pla ónica de Sóc a es es ace ada, como me pa ece, lo que ello signi ica es que nues o conocimien o - eó ico y p ác ico- no se mide a sí mismo, ni se subo dina a mi olun ad, sino que es medido «desde ue a». Ese « ue a» es lo ealmen e eal, ya que mide odo, pe o es un « ue a» ela i o, po que no pod ía medi en sen ido 102 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui pleno si es u iese o almen e sepa ado de aquello que mide. Así pues, se puede deci que lo eal es un «juicio», una conexión en e la medida y lo que ella mide, de al mane a que si esa conexión no es a mónica, la ealidad se diluye. La pa adoja soc á ica es, en onces, que el au oconocimien o signi ica conoce se a sí mismo, es deci , mi e dad, mi ealidad, pe o mi ealidad es á medida «desde ue a» -si es que es ealidad- y, po an o, conoce me supone sali ue a de mí mismo. Ello implica i más allá de mi mundo sensible y ambién de mi mundo in eligible. Pa a pa a asea a Hegel, que -a mi modo de e - no en endió sin emba go la in ención soc á ica, me engo que conoce a mí mismo ue a de mí mismo; Hegel en su ju en ud, esc ibe que ama es encon a se a sí mismo ue a de sí mismo, lo cual sí es bas an e soc á ico. El ealismo soc á ico-pla ónico se undamen a, como odo ealismo, p ima iamen e en que se da siemp e una conexión (po eso Gilson podía deci que cada uno es es el ealis a de algo). En segundo luga , es «plenamen e ealismo» po que la conexión iene el p incipal de sus ex emos « ue a del suje o»; el pun o se encuen a aquí en la esis insis en- e de Sóc a es, según la cual odo conocimien o lo es de algo, es deci , que no iene sen ido comp ende el obje o como la mismidad del concep o. En e ce luga , es ealismo po que no conside a que lo que p incipalmen e es á « ue a del suje o» es lo sensible, ya que és e, al se cambian e, no puede se i de apoyo pa a una e dade a conexión, sino que es lo in eligible. Lo in eligible conec a con nues o conocimien o y lo mide en su e dad; conec a con lo sensible y lo mide en su ealidad. Nues o conocimien o pa icipa en la idea, o sea, nos conduce a la ealidad (eso es, si lo en iendo bien, lo que pos e io men e se llamó concep o o mal); lo sensible pa icipa de lo in eligible, o sea, camina hacia la ealidad (A is ó eles saca á después las consecuencias). Pa a Sóc a es, acep a el « ue a de» es lo p opio del espí i u de la e dad: econoce que mi conocimien o es medido. Es deci , concede que no soy el dueño ni el o igen c ea i o de mi sabe , de mi lenguaje –con a la so ís ica- y que, po an o, el no sé nada no es un inicio (An ang) desde el que comenzamos a sabe , sino un p incipio (P inzip) que acompaña con inuamen e a odo sabe e dade o. Po eso, de la misma mane a que el sabio eó ico cada ez que sabe es más conscien e de su igno ancia, el homb e bueno cada ez que mejo a es más conscien e de su al a de bondad. Todos los san os se han conside- ado g andes pecado es. El no sabe pe mi e la con inua elación a la ealidad, que es la esencia del deseo (de ahí que oda us ación enga de un obje o de deseo iluso io). Pe mi e ambién que en odo momen o el sabe sea nue o, un nue o descub imien o desde la igno ancia, y, con odo, e dade o. La cla e es que se da una pe ec a sín esis de e dad y no edad. El deseo, a su ez, como amo que es, nos in oduce en la in e io idad y en lo exis encial, dos asgos undamen ales del ealismo soc á ico. Sin amo no hay pleno ealismo. Así pues, la pa e nega i a (i onía, no sabe ) y la posi i a (mayeú ica, amo al sabe ) del mé odo son momen os imp escindibles de odo sabe e dade o, o sea, de odo sabe de lo ealmen e eal. 103 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 La apa en e pa adoja de que no soy dueño del obje o de mi sabe y, po an o, ampo- co de mi sabe , y que, sin emba go, p ecisamen e po ello puedo ene un sabe e dade o y de lo eal, me concede ya un al o g ado de au oconocimien o. Me hace da me cuen a, pa a empeza , de que no soy pu o sabe -in eligible y sensible-, ni pu o desea , ni la suma de lo uno y lo o o, sino algo más, una ealidad que puede conoce se y que e se. Puedo conoce me e dade amen e, pe o no puedo se plenamen e dueño de mi se , po que no soy el o igen del conoce ni, ob iamen e, de mi p opio se . El hecho, con odo, de que lo ealmen e eal se cap e esencialmen e a a és del conocimien o in eligible hace que -en un segundo paso- deba busca el au oconocimien o median e el apoyo en lo concep ual, o sea, en lo uni e sal. Descub o en onces que mi ealidad, o sea, mi medida, es la humanidad -se e dade amen e humano-, y que mi cons i ución compleja implica que mi sensibilidad en e a desea, iende, a hace plena o pe ec amen e eal lo que -al nace - es in ínseca in i ación a la idea. Somos ealmen e y en cada ins an e lo que somos en ese momen o. Pe o oda la endencia -que es cons i u i a de nues o se en es e mundo -nos empuja a que alcance- mos la igu a plena de lo humano. Dicho de o a o ma: el debe -debo alcanza la pe ección- es la in oducción de la e e nidad en el iempo humano. El se humano no es me a empo alidad po que es á ecogido ( é mino a o i o de la mís ica cas ellana pa a indica la p esencia ac i a del espí i u) po el debe . A is ó eles -a pesa de odo, un pla ónico- apun a á después que la inalidad de odos los cambios mues a ambién la p esencia de la e e nidad en la empo alidad. No puede hace lo mismo Heidegge , po su an ipla onismo he edado de Nie zsche, y po eso le esul a an di ícil el desa olla una é ica que no sea so ís ica. Acep a el debe es el mé odo pa a alcanza la p opia ealidad y, po consiguien e, pa a el au oconocimien o. Es deci , la lib e acep ación del p opio se (Millán Puelles) –el hecho de que en nues a cons i ucion se incluye el debe - p esupone ya un cie o au oco- nocimien o -al que nos hemos e e ido aho a- pe o desde dicha acep ación se inicia el camino del inc emen o de dicho conocimien o. La ealidad conc e a del debe la descub e sólo el que compa a la idea de lo que debe hace pa a se e dade amen e humano con su inclinación pa icula de cada ins an e. Es siemp e la conexión la que hace p esen e la ealidad. Po eso el que no se es ue za en cumpli pie de poco a poco el sen ido de la ealidad del debe , un sen ido que es inna o po que es á insc i o en nues a cons i ución, pe o que se e ue za o se debili a según el uso que hagamos de él. Ese se pa adójico, que es dueño de in en a llega a se sí mismo, pe o que no es dueño de sí mismo, descub e que su debe adical es espe a su cons i ución y, consi- guien emen e, la de los o os, po que es aún menos dueño de ellos, y po que, sin emba go, los necesi a esencialmen e pa a alcanza la p opia humanidad. El espe o esencial es la jus icia: se jus o con la p opia ealidad, lo que supone necesa iamen e p ocu a se jus o con la ealidad en gene al, en la cual exis o. Po ello, es p eciso ap ende a se jus o, pues se a a de un sabe , pe o, cla o es á, de un sabe p ác i- co. Un sabe es una idea ope a i a enca nada, y es lo que se llama hábi o o i ud. 104 Homenaje a Jo ge Vicen e A egui No exis e, pa a hace jus icia, o sea, pa a hace el bien, más que simplemen e la i ud, como se mues a en el P o ágo as. Todas las i udes son dimensiones de ella o, si se quie e, o mas -medidas, lími es de la acción- que nos pe mi en ealiza la jus icia. No se acaba de e cla a, desde es a pe spec i a, la dis inción en e é ica del debe y é ica de la i ud. Las i udes son los sabe es que necesi amos pa a cumpli los debe es. Sin debe no iene sen ido la i ud, y sin i ud no se cumple el debe . En e lo acabado -pe ec o-, y lo que es á en p oceso, exis e un sal o cuali a i o. El i uoso es el que ha dado ese sal o. Ya es o mues a que la é ica eng andece al se huma- no. Pe o, además, nos damos cuen a de que g acias a la i ud nos podemos comunica mucho mejo y, de ese modo, nos en iquecemos in e io men e, nos ampliamos. Pa a ci a una ez más a la mís ica cas ellana, se p oduce un «ensanchamien o del alma». Como bien io el soc á ico Séneca, la misma g andeza de ánimo es la mejo y la más bella de las i udes. Esa g andeza no es me o es ue zo ciego de la olun ad, sino que p ocede de la g andeza del alma. Dos cosas, las más he mosas de es e mundo, nos acompaña án a donde quie a que ayamos: la na u aleza común y las i ud p opia. En es a lacónica ase senequis a se encie a -a mi en ende - oda una p o unda sabidu ía é ica. La na u aleza es el pasado anscenden al y es una medida que -pa adójicamen e- sólo podemos alcanza - u u o anscenden al- con el eje cicio de la i ud, siendo és a una medida que eng andece. Hemos de en en a nos aho a -pa a e mina - con dos p oblemas ineludibles, que son cen ales y es án pendien es de esol e . De una pa e, se puede deci que la cohe encia de odo el discu so desa ollado aquí depende de que conozcamos la pe ección de lo huma- no, algo que esul a p oblemá ico y poco cla o. De o a, que en es e discu so se ha sos eni- do el ealismo é ico desde la conexión, desde el juicio, pe o el se humano puede siemp e -po al a de cla idad y de segu idad su icien es- suspende el juicio. A mi modo de e , las dos cues iones son c uciales y las dos es án p o undamen e elacionadas. Nadie sabe con o al cla idad lo que es el se humano, pe o, ¿se a e e ía alguien, de e dad, a deci que no sabe lo que es? Ese juego de no sabe y sabe , en el que se mue e mi capacidad de cap a lo eal, ab e el paso necesa iamen e a la e, la cual es á unida con el deseo. El deseo nos empuja a la e, la e al deseo. En la e, como en el deseo, no hay o al segu idad, o al posesión -la o al segu idad es á en la o al posesión- y, po ello, hay que «da un sal o». La necesidad de ese sal o p o iene de que no somos dueños de la ealidad o -dicho en o os é minos- de que el conocimien o no lo es odo. Po eso, c ee , con ia , es la base imp escindible pa a algo más que el conoce , o sea, pa a ama , es deci , pa a ab i se a la exis encialidad. Nos encon amos aquí con que en la más p o unda abnegación, p opia de la e, o sea, en la enuncia a la posesión cognosci i a o al, es donde llegamos a posee plenamen e. El amo es así la sín esis del se y el no se , en la pe manen e apa ición y p esencia del se , sob e y desde la enuncia, o sea, desde el no se . El amo e dade o es pues la medida esencial, pues la medida es el lími e en e se y no se . Po eso las acciones e dade amen e é icas son las que se ealizan desde él, y son las que ienen con enido eal. Ama al p ójimo signi ica espe a le en su se -pa a lo que 105 Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 37, 2006 hace al a omá selo en se io como se -, y además añadi le algo con la p opia gene osidad. Así pues, pa a pone el se , hace al a enuncia al se (p opio): se y no se . El amo , al se la medida esencial, es el lími e in ínseco. No hay un más allá del bien y del mal como supe ación del lími e, po que no se puede supe a el lími e. Sólo lo hay en el momen o en que, de modo de ini i o, coloquemos el lími e en su si io o ue a de él, pe o eso ya no es p opio de es e mundo. * * * Ra ael Al i a Ins i u o Emp esa y Humanismo Uni e sidad de Na a a 31008 Pamplona Na a a – España e-mail: al i a@una .es