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Vico y Zambrano: Del saber poético al saber encarnado

Zacarés Pamblanco, Amparo

Abstract

Entre Giambattista Vico (1668-1774) y María Zambrano (1904-1991) concurren muchas similitudes que en este año homenaje a la filósofa pueden rescatarse. Ambos filósofos nos invitan a centrarnos en ese otro logos y ese otro mirar, más piadoso, que puede ayudarnos a comprender de otra manera la experiencia subjetiva y colectiva actual. Hoy es urgente recuperar la estética como hermenéutica de la cultura y no como una disciplina meramente vinculada a las cuestiones formales de la belleza y del arte. De hecho, la crisis económica y sociopolítica contemporánea es el reflejo de una forma intelectualista heredada de entender el mundo de lo humano. Por ello, como pensamiento que realizó una crítica epistemológica al idealismo y que planteó genealógicamente nuestros orígenes desde la sensibilidad y la creatividad, la filosofía de Vico y de Zambrano constituyen una oportunidad que no debe dejarse pasar para crear un horizonte más humano y esperanzador del que parece dibujarse.

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© Cuadernos sobre Vico 35 (2021) Sevilla (España, UE). ISSN 1130-7498 e-ISSN: 2697-0732 D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2021.i35.06 © Amparo Zacarés Pamblanco, 2021 [89] Vico y Zambrano: Del saber poético al saber encarnado – Vico and Zambrano: From Poetical Thougth to Embodied Wisdom – Vico e Zambrano: Dal sapere poetico al sapere incarnato – D.O.I. http://dx.doi.org/10.12795/Vico.2021.i35.06 VICO Y ZAMBRANO: DEL SABER POÉTICO AL SABER ENCARNADO Amparo Zacarés (Universidad Jaume I) RESUMEN: Entre Giambattista Vico (1668-1774) y María Zambrano (1904-1991) concurren muchas similitudes que en este año homenaje a la filósofa pueden rescatarse. Ambos filósofos nos invitan a centrarnos en ese otro logos y ese otro mirar, más piadoso, que puede ayudarnos a comprender de otra manera la experiencia subjetiva y colectiva actual. Hoy es urgente recuperar la estética como hermenéutica de la cultura y no como una disciplina meramente vinculada a las cuestiones formales de la belleza y del arte. De hecho, la crisis económica y sociopolítica contemporánea es el reflejo de una forma intelectualista heredada de entender el mundo de lo humano. Por ello, como pensamiento que realizó una crítica epistemológica al idealismo y que planteó genealógicamente nuestros orígenes desde la sensibilidad y la creatividad, la filosofía de Vico y de Zambrano constituyen una oportunidad que no debe dejarse pasar para crear un horizonte más humano y esperanzador del que parece dibujarse. PALABRAS CLAVE: G. Vico, M. Zambrano, cultura, estética, hermenéutica, razón poética, sabiduría poética, A. Zacarés. ABSTRACT: There are many similarities between Giambattista Vico (1668-1774) and María Zambrano (1904-1991) that can be recovered in this year’s tribute to the latter. Both philosophers invite us to focus on a different kind of logos, a more merciful gaze, one that can help us understand differently today’s collective and subjective experience. Today, it is urgent to recover aesthetics as a hermeneutic of culture, rather than as a discipline merely linked to formal questions of beauty and art. Indeed, the ongoing economic and socio-political crisis reflects an inherited way of understanding the human world in an intellectualist manner. Given that their thought made an epistemological critique of idealism, and raised our origins genealogically from sensitivity and creativity, the philosophies of Vico and Zambrano constitute an opportunity to create a more humane and hopeful horizon than the one that seems to be taking shape. KEYWORDS: G. Vico, M. Zambrano, culture, aesthetics, hermeneutics, poetic reason, poetic knowledge, A. Zacarés. El texto original e inédito ha pasado la revisión crítica por pares ciegos. En plataforma OJS: subido 17/12/21 y aceptado 29/12/21. ntre Giambattista Vico (1668-1774) y María Zambrano (1904-1991) existen notables coincidencias argumentativas que merecen reivindicarse y mostrarse. Una buena ocasión para ello es este año en el que la filósofa está recibiendo varios homenajes en su memoria. De hecho, el 6 de febrero de 2021 se cumplían los 30 años de su fallecimiento en Madrid, tras regresar de un largo exilio que la mantuvo alejada físicamente de su país desde 1939 a 1984. En este contexto, han sido varias las iniciativas académicas e institucionales1que han recordado la importancia que tuvo la filósofa para el pensamiento español del siglo XX. En esencia, María Zambrano realizó un giro epistemológico crucial en la historia de la filosofía al plantear la legitimidad de un nuevo logos al que denominó razón poética. En este sentido, al igual que Vico, se decantó antes por el poema que por el sistema y dio prioridad a un tipo de saber sensitivo, imaginativo y fantástico con el que la humanidad pudo por primera vez nombrar e interpretar el universo. Es cierto que su prolífica obra y el discurso narrativo que emplea, donde lo que dice y cómo lo dice están en perfecta sintonía, ensombreció el cáracter filosófico de sus textos y le granjeó fama de escritora antes que de filósofa.2Una dificultad que ha quedado despejada y que, a día de hoy, le hace merecedora del apelativo de ‘filósofa de la Generación del 27’.3En este sentido, recuperar las nociones filosóficas básicas con las que Vico y Zambrano guiaron su original pensamiento para afrontar nuestros orígenes y desentrañar nuestra filogénesis, puede resultar un ejercicio esclarecedor con el que responder a los interrogantes urgentes que surgen en nuestro presente, en estos tiempos de posthumanidad en la que hace falta tanta imaginación social como sentido de comunidad. Amparo Zacarés E E 1. Durante 2021 se han realizado homenajes a la filósofa desde el Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano de la Universitat Jaume I de Castelló, así como desde el Institut Universitari de les Dones de la Universitat de València o la Asociación Clásicas y Modernas para la Igualdad en la Cultura (CyM) entre otros más, algunos aún por realizar en el momento en el que escribo estas líneas. Además, se han editado y reeditado varios libros en su honor y se ha inaugurado una exposición en Vélez -Málaga, en la ciudad natal de la filósofa y sede de su Fundación. 2. María Zambrano se sintió siempre filósofa. Ella misma se encargó de subrayar la naturalidad con la que vivió por y para la filosofía desde edad muy temprana, reivindicando desde sus comienzos su «irremediable vocación filosófica» y así lo expresó en la introducción al libro Filosofía y poesía, México, FCE, 2006 p.9. Un texto que escribió en 1939 en homenaje a la Universidad de San Nicolás de Hidalgo, en la ciudad de Morelia, Michoacán, México, donde dio clases de filosofía recién llegada al exilio. 3. María Elizalde definió a María Zambrano como «filósofa de la gene ración del 27» en una conferencia suya pronunciada en noviembre 2016, Málaga, Centro de la Generación del 27. Por otra parte, en el libro de ALFONSO BERROCAL, Poesía y Filosofía: María Zambrano, la generación 27 y Emilio Prados (Valencia, Pre-textos, 2012), el autor conecta la figura de la filósofa con los poetas de esa generación. Por otra parte, la editorial Antígona publicará en otoño de 2021 el libro María Zambrano: filósofa de la Generación del 27, con texto de Amparo Zacarés y voz poética e imágenes de Rosa Mascarell-Dauder. 90 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) I En realidad, más allá de esa línea común en la que ambos pensadores presentan una vía racional diferente al racionalismo occidental que encumbró a Platón en la Antigüedad y a Descartes en la modernidad, no existen muchos datos en los que María Zambrano se refiriera a Vico de forma explícita. Y sin embargo a la filósofa le interesó, al igual que al filósofo italiano, la lucidez de un tipo de conciencia que era privativa del poeta. En concreto, en Filosofía y Poesía, obra que redacta en 1939,señala que se trata de una conciencia enraizada en las profundidades del sentir. De ahí que la condenación platónica a la poesía así como todos los reproches que Platón vierte sobre Homero, le resulten inaceptables a la filósofa. En otras palabras, el poeta contiene en sí «un género de conciencia lúcida y despierta»4que retiene lo más originario de nuestro ser. Tras ello se vislumbra la fuerza cognitiva del logos del poeta que habla y piensa desde la razón del cuerpo. Una razón que denominará poética y en la que la memoria y la imaginación serán predominantes. De este modo, la poesía tendrá también su propia reminiscencia, pero muy distinta a la que se aconsejaba en el método dialéctico y que consistía en un esfuerzo progresivo de conocimiento ascendente hacia las Ideas. En este proceso, la razón teórica aparta la mirada de todo lo que deviene y cambia para alcanzar el mundo ultraterreno e inteligible del ser, allí donde moran las esencias universales. Por el contrario, la reminiscencia del poeta, a la que alude María Zambrano, no guarda relación alguna con el planteamiento platónico que, en ese camino ascendente hacia la luz, desprecia todo cuánto hay aquí abajo en la oscuridad del mundo terreno y sensible. La filósofa no participa de esta propuesta epistémico-ontológica, puesto que, donde Platón encuentra apariencias, Zambrano sitúa la realidad de la vida. En otras palabras, donde el filósofo ubica la ceguera y la ignorancia, la filósofa localiza el saber y la lucidez. Para ella es el poeta quien, sumido en el delirio propio de la realidad mutante que se ofrece a nuestros sentidos, alcanza la clarividencia en medio de la oscuridad. Es más, si el poeta se conforma con las sombras de la caverna, es porque encuentra mucha más verdad en ese claroscuro y en ese amor por lo perecedero y lo pasajero que en las inmutables e imperecederas Ideas platónicas. En efecto, para Zambrano «la poesía también tiene su reminiscencia» y también «va a consolar a los hombres, con la rememoración de su origen».5De este modo, en Notas de un método, la filósofa sitúa el tema clásico de la reminiscencia en un vaivén, en un ir y venir entre vivencias, en un revivir para lograr ver y en «un ver que es entrever». Por esto, la mirada retrospectiva y la misma exigencia de Vico y Zambrano: del saber poético al saber encarnado 4. MARÍA ZAMBRANO, Filosofía y poesía, México, F.C.E., 2006, p. 43. 5. Ibid., p. 45. 91 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) recordar no es, como sucede en Platón, un discurrir entre «un ir y venir del pensamiento» sino entre «un ir y venir corporal».6De hecho, la reminiscencia de la que habla la filósofa es la que se da en la experiencia del discurrir de la vida: La experiencia nos dice que no se ve cuando se va. Al ir, si es que entendemos que el venir no sea un ir también, no se ve ni tan siquiera adónde se va. Si el volver es realmente un volver y no la repetición del ir, es cuando el ver se presenta. Así lo testifica el recordar, la necesidad de la mirada retrospectiva. El movimiento propio del vivir personal, único que puede llegar a sernos rela tivamente diáfano, es el de avanzar a ciegas primero y haber de retroceder después en busca del punto de partida. El buscar el punto de partida es el motor, la verdadera “causa movens” del recordar, del revivir para ver; un ver que es un entrever. Ver entre el asalto de los sentimientos, de las percepciones, más intensas y nítidas también que cuando surgieron.7 La cuestión es lograr ver en medio de la ofuscación de las emociones, «entre el asalto de los sentimientos». De hecho, la visión de la que habla la filósofa es la que se da en la memoria de lo vivido. Le interesa, pues, el tipo de saber que existe en la memoria para que la vida no sea un mero transitar indemne sin ocasión de renacer. De ahí que la experiencia tenga un carácter eminentemente perceptivo y tome como referencia la corporalidad y la sensibilidad humana. Desde esta perspectiva, en la misma línea de la metafísica y lógica poética de Vico, la filósofa comprende que el cuerpo no es un objeto mecánico, limitado por las di mensiones cuantitativas y medibles, ni tampoco una entidad fisiológica, ni un lugar en el que el alma está encadenada. Por el contrario, para ambos filósofos, el cuerpo es el elemento central que permite explicar cómo se forjó el pensamiento en los albores de la humanidad. A partir de tales presupuestos, María Zambrano indaga en la mente y en el lenguaje del poeta deteniéndose en el sentir y en las formas cognitivas y expresivas denominadas corporales, que son las que, a decir de Giuseppe Patella, caracterizan el pensar poético de Vico.8En esa misma línea, la filósofa se opuso frontalmente al positivismo que convirtió la ciencia en la única fuente de verdad y de conocimien- to. Contraria a ese reduccionismo, vuelca su atención en el mundo de la vida y dado que este tiene una existencia previa a cualquier análisis teórico, lo realmente originario es lo que se siente. Así pues, «la realidad es previa a la idea, contrariamente a lo formulado por el idealismo. Y si es previa a la idea ha de ser dada en su sentir».9Mientras que para el racionalista la realidad se puede alcanzar con una idea o Amparo Zacarés 6. ID., Notas de un método, Madrid, Mondadori, 1989, p. 81. 7. Ibidem. 8. GIUSEPPE PATELLA,Parva vichiana. Ensayos sobre Giambattista Vico y la Estética, Sevilla, Athenaica, p. 39. 9. MARÍA ZAMBRANO,Persona y democracia, Madrid, Siruela,1996, p. 228. 92 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) un pensamiento, para la filósofa pensar consistirá antes que nada en descifrar lo que se siente. Por eso, dada la imposibilidad de separar el conoci miento de la vida, la experiencia es como «si fuese un segundo nombre, un inmediato nombre de la vida».10Y en este matiz de corte fenomenológico-existencial es donde se encuentra el paralelismo inicial entre la obra de ambos filósofos. Con lo dicho, se comprende que la vinculación entre Vico y Zambrano esté bien traída. Sobre todo porque en este proceso de evocación y rememorización desde la experiencia vivida no es posible admitir que la memoria sea solo una mera «preparación del discurrir del pensamiento racional, más bien racionalista o racionalizante».11 De ser así, la memoria quedaría despojada de su función originaria de ser la nodriza y la madre del pensamiento: Nodriza, madre del pensamiento, la memoria, sierva en su pasi vidad, sostiene y sustenta el pensar en su ir y venir. Ella, si se la deja servir, desciende hasta los “ínferos del alma”, de la psique, hasta la zona psico-física. Puesto que mantiene, aunque oscura mente, la llama del origen celeste tanto como el engranaje de las entrañas y de todo lo que en ellas, y también por ellas, gime tri turado bajo el tiempo de la “razón” o bajo el tiempo aceptado, sea racionalizado o no.12 En este planteamiento el proceso de recordar no es una mera toma de contacto con el pasado sino un adentramiento en la oscuridad de lo vivido. Ya, en Filosofía y poesía, había afirmado que en este proceso del sentir y del pensar es donde el poeta: Quiere delirar porque en el delirio alcanza vida y lucidez. En el delirio nada suyo tiene ningún secreto; nada opaco en su ser. Se consume ardiendo en la llama y canta y dice. Porque el poeta vive prendido a la palabra, es su esclavo. El filósofo quiere poseer la palabra, convertirse en su dueño. El poeta es su esclavo, se consagra y se consume en ella. Se consume por entero, fuera de la palabra él no existe, ni quiere existir. Quiere, quiere delirar porque en el delirio la palabra brota en toda su pureza originaria. Hay que pensar que el primer lenguaje tuvo que ser delirio. Milagro verificado en el hombre, anunciación, en el hombre, de la palabra. Verificación ante la cual el hombre ya poeta, no pudo sino decir: “Hágase en mí”. Hágase en mí la pa labra y sea yo no más que su sede, su vehículo.13 Este texto resulta determinante porque defiende que la forma con la que se afronta la experiencia es muy diferente en el poeta y en el filósofo. Pero lo verda- Vico y Zambrano: del saber poético al saber encarnado 10. ID., Notas de un método, cit., p.18. 11. Ibid., p. 83. 12. Ibid., pp. 83-84. 13. ID., Filosofía y poesía, cit. pp. 42-43. 93 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) deramente crucial es que afirme que la poesía remite a una forma expresiva de pureza originaria y que el primer lenguaje humano «tuvo que ser delirio», esto es, tuvo que ser parte del delirio poético y no de «la tiranía del concepto».14 Con esta afirmación, que bien podría haber firmado Vico, la filósofa se vincula al mismo paradigma corpóreo del conocimiento que el filósofo italiano presentó en su obra más emblemática, redactada en el siglo XVIII y titulada Principii di scienza nuova (1744). Allí desarrolló una teoría genética y diacrónica del lenguaje, tal como desveló Andrea Battistini en 1975, al demostrar que en Vico los tropos poéticos son las categorías cognitivas de la humanidad con las que los seres humanos realizaron por primera vez el esfuerzo de imaginar, interpretar y nombrar el universo. De tal forma que la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y la ironía,15 fueron la base del habla con la que se comunicaron los hombres primitivos en aquellos momentos primigenios en los que, como diría Zambrano, «el hombre ya poeta, no pudo sino decir: “Hágase en mí”. Hágase en mí la pa labra y sea yo no más que su sede, su vehículo».16 II Antes de avanzar más, conviene recordar que Vico concibe la poesía como un pensamiento autónomo y anterior al de la filosofía, que proviene del cuerpo y de la imaginación. Para Vico la base sensible del conocimiento creativo radica en el mundo de la experiencia y de la vida y con esta manera de entender la poesía, dentro de un discurso antropológico y fi logenético, explicó cómo el ser humano pudo salir de la animalidad gracias a tres operaciones esenciales de la mente: percepción, juicio y raciocinio (perceptio, iudicium y ratiocinatio). Fue en el capítulo VII del De antiquisissima Italorum sapientia donde dis tinguió tres facultades cognoscitivas o facultates sciendi y asignó a cada una de ellas un arte: la tópica para la percepción, la crítica para el juicio y el método para el raciocinio. De todas ellas, la más primordial es la tópica que está unida a la sensibilidad y a cuatro facultades más como son el sentido, la memoria, la fantasía y el ingenio. De este modo, en los orí - genes de la humanidad, entre seres primitivos de mentes rudimentarias y toscas, incapaces para el pensamiento abstracto-racional, el conocimiento se estructuró por primera vez gracias a los sentidos, al cuerpo y a la imaginación. En otras palabras, antropológica y filogenéticamente el ser humano conoció, antes que nada, a través de lo que siente su cuerpo. De nuevo, encontramos que la correlación entre la filosofía de Vico y la de Zambrano es más que acertada. Amparo Zacarés 14. ID., De la aurora, Madrid, Tabla Rasa, 2004, p. 61. 15. GIAMBATTISTA VICO, Principii di scienza nuova (1744), Milán, Mondadori, 1999: SN44, § 409. [En adelante citadas las siglas y el parágrafo]. 16. M. ZAMBRANO, Filosofía y poesía, cit., p. 43. 94 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) En ese contexto que se remonta a los orígenes de la humanidad, Vico distinguió entre un modo de conocer las cosas según los poetas y otro según los filósofos. Por medio de la poesía se comprende y se significa el mundo a través de los sentidos; y por medio de la filosofía, a través de la razón abs tracta. De este modo, bajo un criterio evolutivo, el primer tipo de saber que existió tuvo sus raíces en los sentidos, y solo después la mente se desarrolló reflexivamente y aprendió a juzgar y a deducir unas cosas de otras de manera abstracta e intelectiva. Poesía y filosofía son, pues, dos modos antitéticos de interpretar el mundo, pero, filogenéticamente hablando, la poesía precede a la filosofía. Por ello, la sabiduría poética, la primera que existió, fue antes sentida e imaginada que razonada.17 Algo que viene reforzado porque la mente, primigeniamente, «estuvo naturalmente inclinada a sentir las cosas del cuerpo».18 También Zambrano recalca ese originario mirar que es un despertar de un sentir que supone «sentirse aludido en todo sentir […] de la memoria y de la conciencia».19 Precisamente la filósofa defiende que «…se puede saber de muchas maneras: por observación aislada, por intuición, por inspiración poética, por iluminación repentina que capta algo deslumbrador […]».20 Y es ese saber de otro modo el que recibió en Vico el nombre de sabiduría poética y en Zambrano el de razón poética. De hecho, en Filosofía y poesía, libro que mantiene un cierto didactismo académico y que Zambrano escribe durante su estancia en la Universidad de Morelia recién llegada del exilio, narra el conflicto entre pensamiento y poesía con el que se inauguró la historia de la filosofía. En ese relato afirmó que el causante de «la condenación de la poesía»21 fue Platón con el mito de la caverna (La República, libro VII) al despojar de capacidad cognitiva a los sentidos y señalar la razón como la única vía de conocimiento. En las antípodas de este planteamiento, la filósofa desvela cómo la filosofía, que surgió del asombro y de la admiración ante las maravillas de lo visible y sensible, se convirtió bajo la sujeción del concepto en un pensamiento abstracto y sistemático. Fue en ese proceso cuando realidad y vida se separaron, y esa ha sido la vía por la que ha transcurrido la tradición filosófica de Occidente desde tiempos remotos. Zambrano, muy crítica con esta postura idealista, expone cómo la filosofía, de ser inicialmente pasmo y éxtasis ante las cosas, pasó a negarlas y a interesarse por un trasmundo ideal e inteligible. Añade además que, frente a los filósofos, los poetas fueron fieles al mundo visible, siguieron admirando las cosas y no violentaron la experiencia de la vida con la pretensión de ascender a las regiones ontológicas del mundo inteligible. Vico y Zambrano: del saber poético al saber encarnado 17. SN44, § 375. 18. SN44, § 331. 19. M. ZAMBRANO, Notas de un método, cit., p. 96. 20. Ibid., p. 103. 21. ID., Filosofía y poesía, cit., pp. 13-14. 95 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) Con todo, lo realmente interesante es que Zambrano, al igual que Vico, defiende que filosofía y poesía son dos logos distintos, pero de igual modo legítimos, por los que transitaron filósofos y poetas. Los primeros buscando la seguridad cognitiva que ofrecían las ideas universales e inmutables y los segundos ahondando en la plenitud inquietante de lo mutable y terreno. Desde entonces, sus estrategias epistémicas y discursivas se enfrentaron y distinguieron. En ese sentido, el pensamiento de Zambrano que «fluye hondamente fundido en lo órfico»,22 diferenciará y separará la experiencia del saber de la experiencia del conocer. No es extraño, pues, que se interesara por el misticismo poético de Orfeo y de Museo y por la filosofía de los presocráticos, sobre todo de Heráclito. Fue en esa misma contraposición entre filosofía y poesía, donde se cumplió el encumbramiento de la filosofía frente a la poesía. Una entronización que convertiría a la razón teórica en la única fuente legítima de conocimiento. Una postura que la filósofa rechaza por entender que la vida no tiene nada que ver con la abstracción de la Idea platónica ni con las evidencias cartesianas. Con estas consideraciones, en esa batalla por la verdad y el conocimiento, la filósofa distinguió el saber poético del conocer filosófico. Así, mientras que el conocimiento exige una «vía de acceso y transmisión», el saber es «experiencia ancestral o experiencia sedimentada en el curso de la vida», y es difícil de trasmitir e incluso de adquirir, ya que las experiencias vitales no son factibles de programar ni experimentar en un laboratorio. De tal manera que, entre el ser oculto de la idea y el ser de las apariencias que nos muestran los sentidos, la filósofa se decanta por el saber poético que es lo mismo que decir que por la vida. Una elección que le llevó a distanciarse de la precisión y claridad del racionalismo cartesiano. Al respecto, la filósofa sostuvo que la principal diferencia entre saber poético y conocimiento filosófico reside en el método: No hay método en principio, pues, para el saber de la vida. Porque la vida es irrepetible, sus situaciones son únicas y de ellas solo cabe hablar por analogías y eso haciendo muchos supuestos y suposiciones […] El saber, el saber propio de las cosas de la vida, es fruto de largos padecimientos, de larga observación, que un día se resume en un instante de lúcida visión que encuentra a veces su adecuada fórmula. Y es también el fruto que aparece tras un acontecimiento extremo, tras de un hecho absoluto, como la muerte de alguien, la enfermedad, la pérdida de un amor o el desarraigo forzado de la propia Patria. Puede brotar también, y debería no dejar de brotar nunca, de la Amparo Zacarés 22. JOAQUÍN VERDÚ DE GREGORIO, Del sentir hacia el pensar: María Zambrano, Madrid, Taugenit, 2021, p. 187. 96 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) alegría, la felicidad, el instante de dicha y de revelación de la belleza sin extraer de ellos la debida experiencia; ese grano de saber que fundaría toda una vida.23 Incidía de este modo en que era necesario prestar atención a aquellos saberes del alma que no nacen de la claridad sino de la penumbra y que moran dentro de las entrañas de un ser encarnado. La filósofa se refiere a aquellos saberes que el racionalismo había desestimado por manifestarse a través del arte, de la poesía o de las religiones. Son saberes que fundamentalmente afrontan el padecer humano. De ahí nace la visión integradora que tiene Zambrano del ser humano. Una visión diametralmente opuesta al reduccionismo de la razón cartesiana que lo considera como un sujeto de conocimiento en el que los sentimientos, deseos y pasiones o son secundarios o no tienen importancia. Y de nuevo se da aquí otra notable coincidencia entre Vico y Zambrano, puesto que el filósofo se opuso también a Descartes y a su método que dejaba sin atender cuestiones vivenciales, antropológicas y éticas, relacionadas con nuestra humanitas. III Ante estas similitudes, cobra gran relevancia que Zambrano sostuviera que, para llegar a las entrañas del ser, sean precisas otra forma de saber y otra forma de decir, en definitiva, otro tipo de logos al que llamó razón poética. Ese otro tipo de saber lo propuso muy tempranamente en el ensayo que tituló Hacia un saber del alma (1934) y que se publicó en la Revista de Occidente. Fue este un artículo que no agradó a Ortega y Gasset, pues parecía que aquellos saberes del alma, donde «el corazón lo ha sido todo»24, desviaban a la filósofa de la senda razonable de la filosofía. Pero no era así, la filósofa no desvariaba, solo que necesitaba proponer otro tipo de logos, otro tipo de razón, que tratara aquella parte de la vida por la que no se interesan ni la razón teórica ni la ciencia. Y por este motivo, la misma crítica que le hará a Platón, termina luego por hacerla a su maestro. La filósofa admitía, como afirmaba Ortega, que la razón vital tenía como base la realidad que es previa a la idea y es dada en un sentir. Pero, aun aceptando este punto de partida orteguiano, Zambrano se distanció de su maestro al presentar la razón poética «como la radical realización de la razón vital de Ortega».25 De hecho, ella no aceptaba que las circunstancias en las que se encuentra el sujeto puedan revelársele en un trance de lucidez teórica. Por el contrario, consideraba que ese Vico y Zambrano: del saber poético al saber encarnado 23. M. ZAMBRANO, Notas de un método, cit., pp. 107-108. 24. Ibid., p. 51. 25. JESÚS MORENO SANZ, El ángel del límite y el confín intermedio. Tres poemas y un esquema de Maria Zambrano, Madrid, Endymion, 1999, p. 17. 97 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) busca el filósofo y la unidad frágil e incompleta que encuentra el poeta. Sobre todo, porque el poeta sabe que esa unidad, cuando la encuentra, le viene dada y la acepta como tal. La cuestión de nuevo es ¿cómo puede la poesía encontrar unidad en la heterogeneidad? Para explicarlo, la filósofa establece una similitud entre poesía y música. Al respecto, señala que «cada pieza de música es una unidad y sin embargo solo está compuesta de fugaces instantes».48 Una comparación que resulta ser muy esclarecedora, puesto que para conseguir esa unidad el músico no precisa acogerse a un ser oculto e idéntico. De la misma manera, el poeta crea una unidad en su poema a través de las palabras con las que intenta apresar lo distinto y lo disperso. Para la filósofa «el poema es ya la unidad no oculta, diríamos encarnada».49 Con ello, viene a decirnos que el sentir de las cosas es el que fundamenta la unidad más allá de la multiplicidad y de la heterogeneidad. Se trata de un sentir que escucha el ritmo del latir del corazón, de las entrañas y de la carne. De tal modo esto es así, que el sentir poético es un sentir musical que se escucha desde el interior, acompañado por el latido del corazón y con la ayuda conjunta de los sentidos de la vista, del olfato, del oído, del gusto y del tacto. En suma, a decir de Zambrano, el poeta piensa de un modo parecido a como lo hace el músico que no necesita «tener presente un ser oculto e idéntico a sí mismo para alcanzar la transparente e indestructible unidad de la armonía».50 Llegados a este punto, hay que preguntarse ¿por qué ese empeño en la unidad? A lo que María Zambrano responde que el filósofo quiere la unidad absoluta porque lo quiere todo. Por el contrario, el poeta teme que en esa pretensión no esté todo ya que con la abstracción fi losófica se pierden innumerables matices que las cosas contienen y que la poesía no desdeña. Así dice: La cosa del poeta no es jamás la cosa conceptual del pensamiento, sino la cosa complejísima y real, la cosa fantasmagórica y soñada, la inventada, la que hubo y la que no habrá jamás. Quiere la realidad, pero la realidad poética no es sólo lo que hay, lo que es; sino lo que no es; abarca el ser y el no ser en admirable justicia caritativa, pues todo, todo tiene derecho a ser hasta lo que nada ha podido ser jamás. El poeta saca de la humillación del no ser a lo que en él gime, saca de la nada a la nada misma y le da nombre y rostro. El poeta no se afana para que de las cosas que hay, unas sean, y otras no lleguen a este privilegio, sino que trabaja para que todo lo que hay y lo que no hay, llegue a ser. El poeta no teme a la nada.51 Amparo Zacarés 48. Ibid., p. 21. 49. Ibid., p. 22. 50. ID., Hacia un saber sobre el alma, Madrid, Alianza Tres, 1987, p. 45. 51. ID., Filosofía y poesía, cit., pp. 22-23. 104 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) En estos párrafos se deduce que la poesía está del lado de la lógica de Heráclito, de la mutabilidad de lo que es y a la vez deja de ser. Precisamente por ello, el logos poético se comunica con la vida de forma más rápida que el logos filosófico que, en lugar de descender, asciende y deja de lado lo vital y lo visible. En ese aparecer y dejar de ser de las cosas, el poeta da con la unidad de forma mi - lagrosa y regalada. Con tales consideraciones, Zambrano discrepa, pues, del escarnio al que Platón condenó a la poesía. Para la filósofa el poeta no solo quiere llegar a la verdad, sino que también cree en ella. Solo que la verdad en la que cree el poeta no es la verdad que «presupone que hay cosas que son y cosas que no son y en la correspondencia de verdad y engaño».52 Dicho esto, no hay que pensar que el poeta sea un escéptico. De hecho «ningún poeta puede serlo ya que ama la verdad, más no la verdad excluyente, electora, seleccionadora de aquello que va a erigirse en dueño de todo lo demás, de todo».53 El quid aquí está en que el «todo» que busca la filosofía y que encuentra la poesía son muy distintos. En la filosofía ese todo es la visión de conjunto de la que hablaba Platón, es un a priori que funciona como principio, mientras que en el poeta es un a posteriori que se percibe en una especie de éxtasis cuando las cosas llegan a su plenitud. Sin embargo, en esa batalla por la verdad, a pesar de tender poesía y filosofía hacia la unidad, el triunfo fue a parar a la claridad matemática y abstracta del logos filosófico que, a partir de entonces, tomó la imagen misma de la razón y despojó de fuerza cognitiva al mito, al sueño, a la ensoñación y a la metáfora, esto es, a la poesía en todas sus manifestaciones. Y así, condenada por la filosofía, la poesía fue expulsada del logos hasta que Vico la rescató en el s. XVIII y Zambrano la recuperó en el XX. Ambos filósofos, a pesar de los años que les separan, hablaron de una reforma de la razón y dejaron entrever una clasificación de los saberes que tuviera en cuenta y reivindicara las humanidades, las ciencias del espíritu como las llamaría Dilthey, dándoles un lugar privilegiado en la historia de la cultura. V Finalmente cabe añadir un vínculo más entre Vico y Zambrano que pasa por la exaltación que hacen de Homero. Para ambos, el poeta se convierte en el referente de la grandiosidad poética de la Antigüedad. Este cantor ciego de andar errante es, para la filósofa, el paradigma de ese vivir, instante a instante, de esa forma de hablar por inspiración divina y también desde la pasión y de la carne, de esa manera de intentar ver algo en la niebla y aún así ser capaz de amarlo. Esa imagen del poeta es la misma que presentó Vico al identificar la poesía con un estado mental Vico y Zambrano: del saber poético al saber encarnado 52. Ibid., p. 25. 53. Ibid., p. 24. 105 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) primitivo, anterior al pensar abstracto, que es tanto más sublime cuanto más participa intuitivamente de aquel mundo bárbaro repleto de pasiones y emociones. De hecho, en el debate conocido como la querelle entre antiguos y modernos, que se produjo a finales del siglo XVII, Vico se mantuvo junto a los defensores de Homero por considerar que la grandeza poética de su imaginación no tenía parangón alguno. Así, aunque fue Vico quien equiparó la poesía con la primera categoría mental y expresiva de nuestra filogénesis, María Zambrano no le fue a la zaga al afirmar que el primer lenguaje tuvo que ser delirio poético y que, por ese mismo motivo, el cantor ciego y errante que fue Homero resulta digno de admiración y veneración. Y en esa misma línea, afirma que «la poesía es encuentro, don, hallazgo, por gracia» o también que «la poesía no se entrega como premio a los que metódi camente la buscan».54 La poesía es un don que no es de nadie y es de todos y que ha de tener su lugar en el universo que da sentido a lo humano. Tras todo ello se descubre la dignidad de un tipo de saber que puede ayudarnos hermenéuticamente a descubrirnos como especie cultural sin caer en la unilateralidad y el reduccionismo del cientifismo o del positivismo. Por una parte, en Vico se encuentra la reivindicación y legitimación de un tipo de logos vinculado con los orígenes de la conciencia humana, cuya base era un pensar poético y una lengua mental común que proviene del sentir del cuerpo y de la imaginación. Por su parte, Zambrano sigue esa misma línea del pensamiento y, al hilo con lo anterior, señala que el acontecer humano despliega una historia trágica55 que solo puede captarse en profundidad a través de una conciencia poética donde tiene cabida el corazón. Algo que la razón científico-instru- mental no parece tener en cuenta. La metáfora del corazón, de la que habla la filósofa, tiene su sede en las entrañas del ser, «en un dentro oscuro y misterioso que en ocasiones se abre».56 Así, el lugar del corazón es: un espacio interior que dentro de la persona se abre para dar acogida a ciertas realidades. Lugar donde se albergan los sentimientos inextricables, que saltan por encima de los juicios y de lo que puede explicarse. Es ancho y es también profundo, tiene un fondo de donde salen las grandes resoluciones, las grandes verdades que son certidumbres […].57 Desde esa luz interior que más que fuego es una llama tenue que ilumina parpadeando, se resuelven conflictos y se descubren nuevos poros de la realidad. Por eso mismo, la filósofa no cree posible que se puedan ignorar las apariencias de lo múltiple y de lo visible. Con ello, Zambrano, no solo contribuyó al fin de los fun- Amparo Zacarés 54. Ibid., p. 13 y p. 46 respectivamente. 55. ID., Persona y democracia, cit., p. 122. 56. ID., Hacia un saber sobre el alma, cit., p. 56. 57. Ibid., p. 54. 106 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) damentos de la razón clásica, sino que también relanzó un tipo de conciencia trágica en la que anidaba esa sabiduría que se adquiere, como afirmó en El sueño creador, «padeciendo el conflicto hasta apurarlo».58 En medio de la crisis del Sujeto de la moder nidad y de la recuperación de la dimensión trascendente de la persona, nadie mejor que la filósofa para reclamar que sepamos mirar, ver y escuchar el delirio de cuánto re sucita, de cuánto nace y muere de forma inacabable. De tal suerte que su apuesta filosófica, fundada en la razón poética y el amor mundi, se caracteriza por ser, en esencia, una hermenéutica de la luminosidad dentro de la oscuridad en la que habitamos. En este sentido, puede decirse sin riesgo de equivocarse que la filosofía de María Zambrano participa del legado filosófico de la Scienza Nuova. Sin embargo, a pesar de lo expuesto, por parte de la filósofa no hay apenas referencias directas a la obra de Vico, aunque es seguro que conoció sus ideas. Es más que probable que la biblioteca de su padre, Blas Zambrano, contara con un ejemplar de la Scienza Nuova. A esto hay que añadir que, entre la filósofa y la escritora Elena Croce, hija del filósofo Benedetto Croce, para quien Vico fue uno de los descubridores de la estética moderna, existió una profunda amistad. Ambas se conocieron en casa del también exiliado Diego de Mesa y, desde aquel momento, nació un fuerte lazo de unión entre ellas tal como queda constancia en la correspondencia que mantuvieron entre sí y que ha sido recopilada por Elena Laurenzi. En cualquier caso, la filósofa siempre estuvo muy agradecida a su amiga, pues en los años en los que las hermanas Zambrano residieron en Roma, de 1953 a 1964, la escritora italiana fue un punto de apoyo indispensable para ellas al igual que para todos los intelectuales en el exilio para los que creó un comité de ayuda. Resultaría, pues, extraño que estando tan unidas y siendo Benedetto Croce un gran impulsor de la filosofía de Vico, no lo hubiera conocido ni leído. De lo que no cabe duda alguna es de que conoció el pensamiento de Croce, al que le dedica el texto que titula «Algunas reflexiones sobre la figura de Benedetto Croce». Ahora bien, cuando Zambrano habla de Vico lo hace en un texto que es muy anterior a su estancia en Roma, en un artículo que la filósofa redactó en La Habana en 1946 y que se publicó en 1947 en Buenos Aires. Fue en la revista Sur donde al comentar el libro del Dr. Pittaluga, titulado Grandeza y servidumbre de la mujer, se refiere al filósofo de forma explícita. El libro citado llevaba como subtítulo Situación de la Mujer en la Historia y es, dentro de esta temática, cuando lo nombra. Así, dice refiriéndose al autor que «apo yándose en Dilthey y Vico mira el proceso histórico como un fieri y no como el conjunto de hechos ya cumplidos y acabados».59 En esta Vico y Zambrano: del saber poético al saber encarnado 58. ID., El sueño creador, Madrid, Turner, 1986, p. 69. 59. ID., «A propósito de la “grandeza y servidumbre de la mujer”», en Sur, 150, Buenos Aires, 1947, pp. 58-68; en Aurora, Documentos, 2012, pp. 8-14, p. 9. [La ref. citada por A. Zacarés es 2007: 194 (N.E.)] 107 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) frase la filósofa recoge la idea de un Sujeto que está haciéndose dentro del devenir de la historia, que es además la tesis principal de Vico que concibió su Scienza Nuova como «una historia de las ideas, de las costumbres y de los hechos del género humano».60 En sintonía con esta idea, en La Cuba secreta y otros ensayos, la filósofa escribe también por aquellos años que: Las capacidades y potencialidades del ser humano se irán desentrañando, manifestando […] y así irá naciendo la historia con su participación y sus exilios, pues que ni la historia ni el hombre han nacido de una vez e irá trascendiendo sus sueños, sus sentimientos para ir despertándolos en ––y hacia–– la historia.61 Sin embargo, más allá de estos párrafos, no parece haber constancia de otras citas en las que nombrara a Vico explícitamente. Por eso, al intentar explicarme este silencio, he pensado que la visión idealista que Benedetto Croce daba, a principios del siglo pasado, sobre la estética de Vico distaba mucho de las reflexiones filosóficas de Zambrano en torno al saber y al lenguaje. De hecho, el pensamiento estético de Vico y de Zambrano participan del mismo paradigma corpóreo y ambos entienden la cultura como una ingeniosa creación humana y no tanto como una elaboración intelectualista. Esta manera de entender a Vico, más próximo al Barroco que al Romanticismo, es la que defiende Battistini62, oponiéndose así a la mayoría de las interpretaciones que se daban entonces. En esa línea, se comprende bien que la retórica de Vico, por hallarse vinculada al ingenio y a la fantasía, resulte ser un buen antídoto al desorbitado racionalismo y positivismo imperante. Pero eso era algo ya reconocido por Verene y por Tagliacozzo, lo determinante para Battistini es que la retórica en la Scienza Nuova posee «un rol antropológico» con el que se puede reconstruir la mentalidad primitiva. Quiero pensar que esta noción de creatividad vinculada a los orígenes de la humanidad, que hacía que Vico fuese partícipe de un paradigma básicamente barroco, no le llegó a la filósofa al conocer sobre todo la interpretación idealista que daba Croce del filósofo y que fue durante mucho tiempo la más difundida. Desde luego, estas conjeturas no son más que un intento aproximativo por aclarar el porqué, dándose tantas coincidencias entre Zambrano y Vico, la filósofa apenas lo menciona. Sí que lo hace de Heráclito, Spinoza, Leibniz, Pascal, Nietzsche o Bergson, que son los filósofos a los que se refiere cuando nos presenta Amparo Zacarés 60. SN44, § 368. 61. M. ZAMBRANO, La Cuba secreta y otros ensayos, Madrid, Endymion, 1996, p. 128. 62. ANDREA BATTISTINI, «Vico e il Barocco», en Acuto Intendere, Milán, Mimesis, 2021. 108 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) el sentir como la matriz originaria de la vida o cuando señala que el hombre sintiente es anterior al hombre razonador. Es cuanto menos curiosa esa ausencia de referencia al pensador italiano, sobre todo porque la filósofa, al igual que Vico, dirigió una crítica frontal a Descartes y a la creencia de que la claridad y la distinción en las ideas eran cualidades de la realidad. Como es bien conocido, en una época en la que el cartesianismo era sinónimo de método y conocimiento, Vico a contracorriente ensalzó la poesía como fuente de saber y la antepuso diacrónicamente a la filosofía. Pero también Zambrano arremetió contra la claridad y la distinción de las ideas que Descartes quiso alcanzar para lograr una verdad que solo muy pocas realidades pueden contener. Y es en esa línea, en su crítica al racionalismo cartesiano, cuando la filósofa se pregunta si no habrá en todo lo claro y lo visible un cierto «cimiento de misterio», un «fondo último y abismal de la realidad inagotable que el hombre siente en sí mismo».63 Ese tipo de realidad enigmática que muta ante nuestros sentidos exige un especial cuidado para «atender a lo que cambia, ver el cambio y ver mientras nos movemos», y esto es así porque en ello reside «el comienzo del mirar de verdad» o también de «mirar qué es la vida».64 Para finalizar, quiero referirme a aquello que Vico y Zambrano parecen invitarnos a considerar y que está centrado en ese otro mirar que nos ayudaría a comprender de otra manera la experiencia subjetiva y colectiva actual. En una coyuntura de crisis social global necesitamos recordar quiénes fuimos, quiénes somos y en quiénes nos hemos convertido. Vivimos en un mundo donde, a decir de Virilio,65 la máquina de la visión no solo produce nuevas imágenes de lo real, sino nuevas maneras de ceguera de lo real. Es en esa visión sin mirada propia de la pantallización del mundo, de la globalización del modelo industrial, de la lógica del mercado y de la cultura del espectáculo, como diría Debord,66 donde reside la nueva forma colonial del poder. De ahí que, en un contexto así, haga falta recuperar con urgencia el pensar estético, no para tratar las cuestiones formales relativas a la belleza y el arte, sino más bien como una hermenéutica de la cultura de la que estamos tan necesitados. En suma, la crisis económica y sociopolítica contemporánea es el reflejo de una forma intelectualista heredada de entender el mundo de lo humano. Por todo ello, como pensamiento que realizó una crítica epistemológica al idealismo y que planteó genealógicamente nuestros orígenes desde la sensibilidad y la creatividad, la filosofía de Vico y de Zambrano constituyen una oportunidad que no debe dejarse pasar si queremos ordenar con criterios más piadosos nuestras prioridades, 63. M. ZAMBRANO, Filosofía y poesía, cit., p. 125. 64. ID., Notas de un método, cit., p. 25. 65. PAUL VIRILIO, La máquina de la visión, Madrid, Cátedra,1989. 66. GUY DEBORD, La sociedad del espectáculo, Valencia, Pre-Textos, 1999. 109 Cuadernos sobre Vico 35 (2021) Vico y Zambrano: del saber poético al saber encarnado con la esperanza de crear un horizonte más humano del que parece dibujarse. Al fin y al cabo, como decían los clásicos, Spes ultima dea. 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