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El edificio de las dos escaleras de Baelo Claudia un templo neopúnico en la nueva urbe costera

Bendala Galán, Manuel; Rodríguez Gutiérrez, Oliva

Abstract

El conocido como “edificio de las dos escaleras” de Baelo Claudia ocupa un lugar privilegiado en el centro público de la ciudad, adosado al sur de la basílica, ocupando buena parte de la plaza enlosada que asoma con una amplia grada a la calle principal de la urbe. Se excavó en los años setenta del siglo pasado, pero desde entonces permanece como un rarum inexplicado, inentendible por su morfología en el marco de una ciudad tradicionalmente abordada como expresión modélica de romanidad. La valoración por los firmantes del sustrato púnico de la ciudad, ha permitido entenderlo, en atención a las escaleras que lo singularizan, como un templo dotado de ascensos para el uso ritual de la terraza superior, lugar de ubicación del altar para los sacrificios, según es habitual en los templos fenicio-púnicos. Esta nueva mirada ha permitido interpretar el pequeño sillar que asoma al fondo de la cella como un posible betilo, imagen anicónica de la divinidad y expresión destacada de la religiosidad púnica, largamente vigente en la Bética romana.

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Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 El edificio de las dos escaleras de Baelo Claudia: un templo neopúnico en la nueva urbe costera* The two staircases building of Baelo Claudia: a neo- Punic temple in the new coastal city Manuel Bendala Galán Universidad Autónoma de Madrid [email protected] ORCID iD: https://orcid.org/0009-0009-7739-0645 Oliva Rodríguez Gutiérrez Universidad de Sevilla [email protected] ORCID iD: https://orcid.org/0000-0001-6795-7868 Enviado: 09-05-2023. Aceptado: 07-08-2023. Publicado online: 24-10-2023 Cómo citar este artículo / Citation: Bendala Galán, M. y Rodríguez Gutiérrez, O. (2023). “El edificio de las dos escaleras de Baelo Claudia: un templo neopúnico en la nueva urbe costera”. Archivo Español de Arqueología, 96, e13. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 RESUMEN: El conocido como “edificio de las dos escaleras” de Baelo Claudia ocupa un lugar privilegiado en el centro público de la ciudad, adosado al sur de la basílica, ocupando buena parte de la plaza enlosada que asoma con una amplia grada a la calle principal de la urbe. Se excavó en los años setenta del siglo pasado, pero desde entonces permanece como un rarum inexplicado, inentendible por su morfología en el marco de una ciudad tradicionalmente abordada como expresión modélica de romanidad. La valoración por los firmantes del sustrato púnico de la ciudad, ha permitido entenderlo, en atención a las escaleras que lo singularizan, como un templo dotado de ascensos para el uso ritual de la terraza superior, lugar de ubicación del altar para los sacrificios, según es habitual en los templos fenicio-púnicos. Esta nueva mirada ha permitido interpretar el pequeño sillar que asoma al fondo de la cella como un posible betilo, imagen anicónica de la divinidad y expresión destacada de la religiosidad púnica, largamente vigente en la Bética romana. Palabras clave: ciudad púnico-romana; etnicidad urbana; romanización; hibridismo tipológico en la arquitectura; templos con escaleras; altares en lugares altos; ritualidad fenicio-púnica; imagen betílica de la divinidad. ABSTRACT: The building known as the “building of the two staircases” of Baelo Claudia occupies an important place in the public centre of the city. It is attached to the south of the basilica and fills a large part of the square that opens onto the main road. Although it was excavated in the 1970s, it has yet to be properly interpreted. Baelo has traditionally been considered a model Roman city, so taking into account the Punic substratum of the city has allowed for a more accurate interpretation of the building. The main singularity is to be found in the two lateral staircases, for the ritual use of the upper terrace. An altar for sacrifices would have been located on it, as is usual * Esta publicación es parte del proyecto de I+D+i PID2020-114349GB-I00: La logística de la ciudad romana ¿una economía circular? (Circ-E), financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033. Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 2Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 nos apriorística interpretación del registro material en clave cultural e identitaria. 2. HALLAZGO, PROCESO DE EXCAVACIÓN Y CARACTERIZACIÓN ARQUEOLÓGICA Gracias a los cuidadosos informes anuales de las campañas de excavación que se publicaban en los Mélanges de la Casa de Velázquez, conocemos bien el proceso de su exhumación y los detalles de su configuración y su estado de conservación cuando fue excavado. Se comenzó en el año 1974, cuando, como lo fue muchos años, el responsable general de los trabajos arqueológicos en Baelo Claudia era Michel Ponsich, y se ocupó del sector de la plaza enlosada Pierre Rouillard, responsable también en los años que siguieron del seguimiento arqueológico del mismo (Rouillard, Remesal y Sillières, 1975). Se descubrió lo esencial de la planta del edificio y algunos sondeos permitieron comprobar que sus cimientos tenían menos profundidad (1,30 m) que los de la basílica (1,90 m) y estaban realizados con piedras más irregulares. Las medidas básicas de su ambiente principal eran 9,50 m de ancho y 10,10 de longitud y tenía puerta al sur, de 3 m de luz. Tenía la originalidad de presentar muros paralelos al interior de los lados largos, en los dos casos para albergar una escalera accesible desde la parte trasera del edificio, de la que se conservaban tres escalones en la oriental y cinco en la occidental (Fig. 1). El suelo era de mortero cerámico de color claro. Un sondeo realizado en la esquina noroeste proporcionó materiales que permitían establecer la fecha de su construcción en época de Claudio. Termina el estudio de los resultados de la campaña con la valoración de que su función no parecía deducible por su prolongado uso, que había hecho desaparecer todo indicio aclaratorio, lo que llevó a pensar que, por su vecindad con la basílica, el “édifice aux deux escaliers” podría tratarse de una dependencia destinada a archivos o de una biblioteca (Rouillard, Remesal y Sillières, 1975, p. 516). 1. INTRODUCCIÓN, OBJETIVOS Y PLANTEAMIENTOS METODOLÓGICOS Uno de los edificios públicos más enigmáticos de Baelo Claudia es el conocido como “edificio de las dos escaleras”, situado en el corazón de la urbe costera, adosado a la basílica, al oeste de la plaza enlosada al sur de la misma, y con fachada a la espaciosa calle que discurre entre las dos puertas principales de la villa. Y sigue siendo un enigma, un problema no resuel- to ni abordado monográficamente, pese al excepcional empeño investigador, ya centenario, aplicado al estudio de la ciudad por la prestigiosa Casa de Velázquez. El propósito de nuestra investigación es realizar un detenido estudio tipológico del edificio, que adquiere una nueva significación al analizarlo sobre la base de hipótesis explicativas de sus rasgos más inusuales, desde los planteamientos de base romana, y característicos, como las dos escaleras, surgidas de la atención a la raigambre púnica de la ciudad, que ha quedado eclipsada tradicionalmente por la rotunda romanitas que presidió la renovación de la urbe baelonense. Para ello se llevará a cabo un pormenorizado análisis de los restos conservados, que debe remitirse, necesariamente, a los datos obtenidos de las excavaciones que se encargaron de la exhumación de las estructuras en la segunda mitad del siglo pasado, por encontrarse, en la actualidad, muy afectadas por tareas de consolidación y restauración. La lectura funcional del edificio se enmarca en la revisión de las evidencias materiales presentes en buen número de ciudades de raigambre oriental, púnica en buena parte del mediodía y el levante peninsulares, y que en Baelo Claudia ya cuenta con varios antecedentes de interés como los estudios realizados sobre los edificios de culto de la terraza alta del foro (Bendala, 2010) o la necrópolis oriental (Prados y Jiménez, 2015), entre otros. Sin duda, ello tiene que ver con una ya larga trayectoria de investigaciones marcadas por una más atinada caracterización de los procesos de romanización y una más compleja y mein Phoenician-Punic temples. A small ashlar at the back of the cella is interpreted as the support for a possible baetylus, an aniconic image of the divinity typical of Punic religiosity and with a long tradition in Roman Baetica. Keywords: Punic-Roman city; urban ethnicity; Romanisation; typological hybridism in architecture; temples with stairs; altars in high places; Phoenician-Punic rituality; betylic image of the divinity. Copyright: © 2023 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 3Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 En la campaña siguiente, de 1975, se continuaron los trabajos en el sector de la plaza al sur de la basílica (Remesal, Rouillard y Sillières, 1976) (Figs. 2 y 3). Se excavó el amplio espacio enlosado correspondiente a la calle situada al sur del mismo y del graderío de tres escalones del borde meridional de la plaza –de firme a cota más alta–, que una vez exhumado se comprobó que quedó monumentalizado con dos estructuras en los extremos de las que se conservaban grandes podios rectangulares (4,50 × 2,90 m) construidos con sillares. Nueva atención al edificio de las dos escaleras permitió comprobar que las cajas de las mismas no llegaban hasta el muro meridional del espacio interno, como pareció verse en la campaña anterior, de modo que la zona inmediata a la entrada se extendía hasta las paredes laterales del edificio a manera de alas que precedían al espacio algo más estrecho determinado a continuación por las escaleras (Fig. 4). Tras algunos años de interrupción, las excavaciones en la zona sur del foro y la plaza enlosada se reanudaron en 1981. Los trabajos en el edificio de las dos escaleras se limitaron a la realización de varios son- Figura 1. Primer plano publicado del sector correspondiente al edificio de las escaleras (Rouillard, Remesal y Silliéres, 1975, fig. 2, s/p). Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 4Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 Figura 2. El edificio de las dos escaleras y su entorno, tras la excavación de 1975 (Remesal, Rouillard y Sillières, 1976, pl. I,1 en p. 472). Figura 4. Plano general de la basílica, la plaza meridional del foro y sus inmediaciones (Remesal, Rouillard y Sillières, 1976, fig. 1, s/p). Figura 3. Interior del edificio al final de la campaña de 1975 (Remesal, Rouillard y Sillières, 1976, pl. I,2 en p. 472). El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 5Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 deos, que permitieron insistir en la fecha de construcción del mismo de mediados del siglo I d. C. Se prestó mayor atención en esta campaña a la excavación del lado este de la plaza, sacando a la luz la estructura tripartita con centro en un espacio con exedra semicircular y los laterales de planta rectangular (Bonneville et al., 1982). La campaña de 1982 fue importante para el conocimiento definitivo del llamado entonces “Sector II”, el correspondiente al edificio de las dos escaleras, la plaza enlosada y el monumento tripartito de la parte oriental de la misma (Lancha, Le Roux y Rouillard, 1983). Se realizaron en la zona once sondeos de diferente tamaño para precisar detalles, cronologías o conocer fases previas, y los resultados en esto último fueron que no subsistían, bajo la gran fase constructiva del periodo de Claudio-Nerón, restos de ningún edificio, salvo un muro y un tramo de alcantarillado. El edificio de las dos escaleras quedó completamente recuperado y definido perfectamente un pórtico anterior del mismo ancho ‒9,82 m‒ y de 3,24 m de profundidad (Figs. 5 y 6). Se conservaba bien el potente muro que, al borde de la escalinata de la plaza, cimentaba la fachada del pórtico (0,74 m de ancho y 1,25 m de profundidad); tenía en el extremo oeste un bloque de piedra, de 0,65 × 0,60 m, que debió de ser la base de una pilastra y, en el centro, en eje con la puerta y alineadas con sus jambas, dos bases cuadradas (0,55 × 0,60 m), distantes 2,86 m, que debieron de soportar sendas columnas; el extremo este de la fachada, dañado por un pozo reciente, se supone que tuvo una base de pilastra como el occidental. El suelo de todo este espacio había sido destruido modernamente. Por todo, se concluye en el informe que el edificio de las dos escaleras se configura como un templo dístilo in antis, y se añade que en la mitad norte del espacio interior se hallaba un extraño basamento, formado por un sillar rectangular en el que se insertaba otro menor cuadrangular (Fig. 7). El edificio se encuentra hoy día en el estado en que fue descubierto, con algunos cambios y añadidos con el fin de adecuarlo para su mejor conservación y comprensión como parte del conjunto monumental abierto al público (Fig. 8). Se ha puesto particular interés en recomponer muy limitadamente la estructura del pórtico, la más dañada, colocando basas en los lugares correspondientes a las antae y a las columnas situadas entre ellas; sobre estas últimas se han ubicado dos capiteles corintios en piedra biocalcarenita y estucados, uno de los cuales –el de la izquierda– se puede ver apoyado en la esquina sureste del edificio en las fotos tomadas durante la excavación (Remesal, Rouillard y Sillières, 1976, pl. I, 1; Lancha, Le Roux y Rouillard, 1983, figs. 11 y 12; cfr. figs. 5 y 6); debió de hallarse en la zona y acaso pertenecer, puede suponerse, a una de las columnas; el segundo capitel, del mismo tipo y algo más grande, no sabemos de dónde procede. También se ha recompuesto la base del muro de entrada Figura 5. Aspecto del edificio de las dos escaleras tras los trabajos de excavación de 1982 (Lancha, Le Roux y Rouillard, 1983, fig. 11, en p. 413). Figura 6. Detalle del vestíbulo en 1982. Fotografía tomada desde su lado oriental (Lancha, Le Roux y Rouillard, 1983, fig. 12, en p. 413) Figura 7. Basamento del interior de la cella durante la exploración arqueológica de 1982 (Lancha, Le Roux y Rouillard, 1983, fig. 13, en p. 414). Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 6Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 a la cella o espacio principal del edificio, colocando un sillar en cada jamba y realzando a la misma altura el muro a uno y otro lado del vano de entrada. Se obtiene así una visión de la ruina bastante próxima a la lectura tipológica del informe más reciente de su excavación: un edificio configurado como un templo dístilo in antis (Fig. 9). Los trabajos de conservación y restauración del interior se limitaron a reconstruir el pavimento de mortero cerámico, dejando visible, de la particular basa situada hacia el fondo, solo el pequeño sillar encajado en el centro de la pieza mayor. 3. CONTEXTO URBANÍSTICO Para abordar adecuadamente el carácter y la funcionalidad del edificio, hay que tener en cuenta, además de sus características y singularidades, ya descritas, su posición en el contexto urbanístico del conjunto de la ciudad. A pesar de las lagunas aún existentes, el conocido “centro monumental”, objeto fundamental de las campañas francesas de la segunda mitad del siglo pasado, cuenta con datos suficientes para plantear su estructuración general (Fig. 10). Se organiza en dos terrazas principales, la más elevada de las cuales la ocupan tres templos, de formas muy similares, pero construidos siguiendo un cierto faseado (Bonneville et al., 2000). Al este de ellos se levantó un santuario dedicado a la diosa Isis (Dardaine et al., 2008), de identificación clara tanto por la propia tipología del edificio, como por la localización de dedicaciones a la divinidad, encastradas en la escalinata de acceso. Desde el punto de vista de la orografía urbana, aunque actualmente el solar de la ciudad conocida proporciona la impresión de una suave loma en dirección al mar, los diferentes sondeos arqueológicos han permitido reconocer que, precisamente, la terraza superior está asentada sobre un farallón de roca, cortado de forma artificial para apoyar las construcciones. El importante desnivel existente entre ambas se salva por medio de un frente con una fuente monumental (Ponsich, 1974), que vierte a una pileta de planta semicircular en el eje del foro. La inferior es la ocupada por la plaza propiamente dicha. Recientes estudios topográficos (Borau et al., 2020) han permitido afirmar que esta amplia te- Figura 8. Aspecto actual del edificio, desde el frente (fotografía de M. Bendala). El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 7Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 rraza, que se extiende de norte a sur entre el límite de los templos y la plaza y el conocido como decumano máximo, respondería a una cuidada cota uniforme. La plaza, abierta y enlosada, queda enmarcada en el resto de flancos por diferentes edificios. En el occidental se abre una serie de construcciones independientes que, no sin ciertas reservas, han sido identificadas, de norte a sur, como la curia, el comicio y el tabulario. Estas identificaciones, más vinculadas con una búsqueda algo apriorística de los elementos propios de la vida cívica que con evidencias materiales específicas, resultan de interés en el estudio que aquí Figura 9. Fotografía cenital actual del edificio, que permite contemplar su planta completa y detalladamente (fotografía de O. Rodríguez). Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 8Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 nos ocupa, como se verá más adelante, por haber formado parte ocasionalmente de este grupo funcional, también, el edificio de las escaleras que aquí se analiza. El lado opuesto, el oriental, presenta, abierta a la plaza, una batería de tabernae antecedidas por un pórtico columnado. Resulta bastante sorprendente que, a juzgar por las estratigrafías documentadas en los años setenta del siglo pasado (Remesal, Rouillard y Sillières, 1976; Didierjean y Sillières 1977), este sector comercial, de tiempos augusteos, habría quedado ya en desuso a mediados del siglo I d. C., sin volver a ocuparse ni reestructurarse. De los edificios traseros es poco lo que se conoce. Solo se excavaron algunas de las estancias meridionales, de lo que sus excavadores denominaron “grande domus” y adscribieron a usos domésticos (Sillières, 2013a). Más recientemente, en el curso de un proyecto hispano-francés desarrollado en el ángulo sureste, en la mitad norte del solar se ha identificado buena parte del edificio del que estas habitaciones formaban parte (Rodríguez, Brassous y Deru, e. p.). Organizado en torno a un patio porticado central y con una habitación principal en eje, a modo de tablinum, son otros los elementos que lo distancian de una casa convencional, como puede ser el gran zaguán de acceso por el este, los potentes umbrales y sus correspondientes puertas en habitaciones interiores, acabados de pavimentos y paredes, etc. Siguiendo con el recorrido perimetral de la plaza abierta, el lado sur está ocupado, en su práctica totalidad, por la basílica, además de por un pequeño callejón que la flanquea por el este y facilita la comunicación entre ambas plazas: la forense y la meridional. La basílica, con una fase más antigua, de la primera urbanización augustea, será levantada en el estado actual conocido en época de Claudio, tal vez en el curso del decenio 40-50 (Sillières, 2013a, p. 139). Orientada este-oeste, en sus lados largos presenta sendas puertas que, de nuevo, ponen en comunicación las dos plazas citadas. El edificio de las escaleras, por tanto, se apoya en su fondo sobre el muro meridional de la basílica, si bien no presenta comunicación alguna con ella. Dicha configuración ha llevado a ver en el de Baelo Claudia un foro bastante tradicional, de acuerdo con una tipología “republicana” (Jiménez Salvador, 1987; Bejor, 1990), volcado principalmente en tareas administrativas, religiosas y comerciales, y que no sufrió radicales transformaciones a lo largo del tiempo. Es preciso hacer notar también que nunca ha resultado muy evidente la presencia de espacios propios del culto imperial en el foro baelonense, a pesar de identificarse pulsiones constructivas de cierta envergadura entre la etapa flavia y la antonina. En el estado actual de la investigación, las evidencias se limitan, casi solamente, a la instalación de retratos imperiales en los templos superiores y la adaptación de una posible aula en el interior de la basílica. Otros templetes e iniciativas en el foro no poseen indicios formales o epigráficos que permitan adscripciones funcionales más precisas. Sí parece observarse, con motivo de las reformas de la segunda mitad del siglo I d. C., un cierto desplazamiento de las actividades comerciales al exterior del foro, que se consolidan en una posición un tanto más periférica y basculada hacia el sur, hacia el decumano. Esta vía, cuyo trazado inicial ha podido rastrearse en el primer proyecto urbanístico de la ciudad, en forma de una calle ya enlosada con un acerado simple (Rodríguez, Brassous y Deru, e. p.), se consolida como una arteria comercial que une dos importantes puertas de la ciudad, las que se han denominado en la bibliografía de Gades (al oeste) y Carteia (al este). Aunque también las recientes investigaciones en el ángulo sureste han confirmado que ya desde el primer momento existieron locales comerciales que se abrían a ella, en la segunda mitad del siglo I se consolida su configuración, pasando a ser una calle porticada, con alineaciones de tiendas, algunas de ellas integradas en un edificio comercial más complejo, el macellum (Didierjean, Ney y Paillet, 1986). Es también Figura 10. Planta del foro y su entorno monumental, completada a partir de plano de P. Sillières (1997, fig. 32 en p. 86). El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 9Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 entonces cuando se diseña una plaza menor, muy singular, desde la que es posible acceder, en su lado norte, a la basílica –aunque la puerta de acceso no quedará en eje‒. En cualquier caso, su vocación está asociada al decumano, al que abre en toda su anchura este-oeste y cuyo desnivel salva por medio de una imponente escalinata de tres peldaños. Es en el límite occidental de esta plaza donde se sitúa el edificio de las dos escaleras, con el que no presenta circulación transversal, dada la fachada única de este abierta al sur, al viario principal. Todo parece indicar que se hubiera levantado allí con posterioridad al diseño original rectangular de la plaza, ocupando una buena parte de su lado occidental. Esto también lo sugiere, como ya se ha indicado, el empleo estructural, como muro de fondo, del meridional de la basílica. De esta forma, en un recorrido por el decumano en su estado en la segunda mitad del siglo I, comienzos de la segunda centuria, la práctica totalidad de los elementos que lo flanquean remiten, aparte de lo que pueda decirse definitivamente del sector de la plaza al sur de la basílica, a actividades de carácter comercial y artesanal. Aunque su lado sur es mucho más desconocido, puntuales intervenciones realizadas en los años setenta del siglo pasado (Remesal, Rouillard y Sillières, 1976, pp. 480-483), parecen insistir en la misma línea. De hecho, habría que pensar que este tipo de actividades, quizá combinadas con espacios mixtos o domésticos, serían las que ocuparían el espacio, aún no indagado lo suficiente, que se extiende hasta las factorías de salazones y con las que existe una clara continuidad urbanística en el trazado de las calles norte-sur, como la conocida como “vía de las columnas”. El edificio que nos ocupa, por tanto, se encontraba situado en una zona de tránsito de primer orden en la ciudad, a la que se llegaba desde el puerto, al sur, y desde los accesos terrestres a este y oeste. Sin formar parte de la plaza forense, la precedía y se encontraba asimismo en el entorno de sus accesos. 4. INTERPRETACIÓN DEL EDIFICIO: BASES DE LA DISCUSIÓN CIENTÍFICA SOBRE SU CARÁCTER El posicionamiento científico actual ante los problemas de interpretación y de lectura funcional del edificio de las dos escaleras y del tripartito del otro lado de la plaza enlosada queda bien expresado en el libro de síntesis global de Pierre Sillières: “¿Cuál era la función de la plaza meridional y de los dos edificios que la flanquean? Las excavaciones no han proporcionado ningún elemento que pueda responder a esta pregunta, así que solo se pueden formular hipótesis basadas en la evolución general del urbanismo en Baelo y en el resto del Imperio, y sugeridas por la comparación con otras ciudades romanas” (Sillières, 1997, p. 127). El edificio de las escaleras, de tipología un tan- to neutra para los investigadores hasta el momento, aunque percibido por sus excavadores como correspondiente a la forma de un templo dístilo in antis, ha pasado por diferentes interpretaciones funcionales, sin que ninguna de ellas se haya consolidado lo suficiente para ser incorporada en firme en el discurso urbanístico. J.-Ch. Balty (Balty, 1991, pp. 314-318), en su monografía dedicada a las curiae en el Imperio romano, lo proponía como sede del ordo decurionum. A falta de datos formales más precisos su hipótesis se basaba en su relación con la basílica (Fig. 11), que le recordaba al modelo de Saepinum. A nuestro juicio, es precisamente su posición, de espaldas al foro y abierto al decumano, flanqueado ampliamente por instalaciones de vocación comercial, lo que debilita su adscripción como curia (Rodríguez Gutiérrez, 2016, pp. 489-493). De hecho, en la reunión que sobre esta tipología de edificios se celebró en Mérida en 2011, parece haber quedado definitivamente al margen del elenco propuesto de curias en Hispania (Sillières, 2013b). Posteriormente B. Goffaux (2012, p. 203; con cautelas en Rodríguez, 2016, p. 492) planteó una segunda hipótesis, al proponer su identificación como lugar de reunión de una asociación, más motivado por su contexto en ambiente comercial que por claras evidencias formales. Al margen de las anteriores, los investigadores no se han aventurado a otras alternativas funcionales hasta la fecha. Es claro que en la época en que se excavó y se definieron el carácter de la urbe baelonense y la función de sus edificios, la aproximación científica a la problemática de la ciudad, a sus particularidades, estaba determinada por considerarla una fundación romana1. La estricta correlación entre romanización y urbanización era un paradigma histórico especialmente acepta- 1 Es significativo que el título de la obra de síntesis sobre Baelo de P. Sillières exprese su romanidad sin matices: Baelo Claudia, una ciudad romana de la Bética (Madrid, 1997). M.ª Paz García-Bellido reseñó el libro en la revista Archivo Español de Arqueología, e hizo el siguiente comentario: “La ciudad es considerada como romana sin paliativos ni matices, e interpretada según unos parámetros canónicos de romanidad. No se tiene en cuenta suficientemente el carácter todavía púnico de su población en tiempos augústeos si consideramos que todas las emisiones monetarias de la ciudad, hasta mediados del siglo I a. C. en que se cancelan, son testimonio de un gobierno púnico, con solo algunos indicios de latinización: las fórmulas administrativas, la metrología y la iconografía son, como digo, púnicas, y la epigrafía es todavía bígrafa” (vid. en AEspA 74, 2001, 326). Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 16 Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 El más importante testimonio del uso ritual de las terrazas elevadas de estos “templos-torre” lo proporcionan los textos de contenido mitológico y religioso hallados en la misma Ugarit, en la llamada “Maison du Grand-Prêtre”, situada en la acrópolis entre los dos templos principales. Un pasaje de uno de esos textos está protagonizado por el rey Kerét, que realizaba un sacrificio en lo alto de una torre (Dussaud, 1942, p. 40): Prends l’agneau du sacrifice dans ta main, l’agneau du sacrifice dans (ta)droite, le chevreau (dans) les deux mains, la totalité de ton pain d’offrande. Prends, (ô) mssr, l’oiseau du sacrifice. Verse du vin dans une coupe d’argent, du miel dans une coupe d’or. Monte aux sommet de la tour9. Complementa gráficamente este testimonio de práctica sacrificial en lo alto de estos templos-torre la expresiva escena de una tésera de Palmira, que representa sintéticamente el templo de Baal Hammón de la misma ciudad (Fig. 14). Tiene dos módulos arquitectónicos, uno menor de una sola planta, con el portal de entrada flanqueado por dos columnas, todo ello rematado por merlones, y adosado a él otro más voluminoso, a manera de una alta torre, sobre el que asoma una persona, presumiblemente realizando un rito sagrado (Downey, 1976, pp. 21-22). 9 Cursiva nuestra. El hecho es que testimonios referidos a algunos de los más importantes templos de la Antigüedad correspondientes al ámbito cultural semítico acreditan que disponían de altares situados en alto, se supone que sobre la cella del propio templo o en una estructura elevada incorporada o inmediata a la misma. Uno de ellos es el famoso templo de Jerusalén, citado por Robert Amy en su estudio de los “temples à escaliers”, haciéndose eco de las sugestivas propuestas de reconstrucción del templo realizadas en el siglo XIX por Charles de Vogüé y por Charles Chipiez y Georges Perrot, coincidentes en dotarlo de terraza y escaleras flanqueando la puerta de entrada, reflejadas o no en fachada (Amy, 1950, p. 117). El caso es que, aparte de las alusiones más o menos oscuras o reveladoras acerca de la estructura del gran templo de los judíos, la Biblia proporciona referencias a la posible existencia de altares en alto en el propio templo y, muy abundantemente, en las terrazas de las casas y otros lugares altos de Jerusalén y su entorno. En efecto, en el capítulo 23 del segundo libro de los Reyes se da cuenta de las drásticas medidas adoptadas por el rey Josías en defensa del judaísmo y de la alianza con Jahvé, frente a la imposición del culto a dioses ajenos a la tradición judaica. Merece la pena reproducir aquí los pasajes más expresivos del tex- to bíblico que interesan para lo que ahora nos ocupa (2 Reyes 23): “4 El rey ordenó a Jilquías, al segundo de los sacerdotes y a los encargados del umbral que sacaran del santuario de Jahvé todos los objetos fabricados para Baal y Aserá, y todo el ejército de los cielos […] 5 Suprimió los sacerdotes paganos que los reyes de Judá habían designado para quemar incienso en los lugares altos, en las poblaciones de Judá y alrededores de Jerusalén, y los que ofrecían incienso a Baal, al sol, a la luna, a las constelaciones y a todo el ejército de los cielos. […] 8 Hizo venir a todos los sacerdotes de las poblaciones de Judá y profanó los lugares altos en los que los sacerdotes habían quemado incienso, desde Gueba hasta Berseba. Derribó los templetes de las puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué […] 9 Sin embargo, los sacerdotes de los lugares altos no podían subir al altar de Jahvé en Jesusalén, si bien comían los panes ázimos junto a sus hermanos. 10 Profanó el Tófet que había en el valle de Ben Hinón, para que nadie pudiera arrojar a su hijo o hija a las llamas de la pira en honor de Móloc. 11 Retiró los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al Sol, situados a la entrada del templo de Jahvé […] Quemó el carro del Sol 12 y derribó los altares construidos por los reyes de Judá que estaban sobre la azotea de la cámara superior de Acaz, y los altares que edificó Manasés en los dos patios del templo de Jahvé. Los retiró, los destruyó allí Figura 14. Tesera de Palmira, con la representación sintética del templo de Baal Hammón de la ciudad (Downey, 1976, fig. 1). El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 17Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 enviado de Damasco… 12 Y cuando regresó el rey de Damasco y vió el altar, se acercó el rey a este y sacrificó sobre él…”. Es fácil deducir por lo que se cuenta, y por lo que sabemos sobre los grandes altares de los santuarios fenicios, que el altar de Damasco que tanto impresionó al rey Acaz tendría como base una construcción turriforme, que copiaría para el templo de Jerusalén en sustitución del altar principal, de bronce, que estaba hasta entonces delante del templo. De ahí lo que se sigue diciendo en 2 Reyes 16: “14 Y trasladó el altar de bronce que estaba delante de Yahvé, en la parte delantera de la casa, entre el altar y la casa de Yahvé, y lo puso al lado norte de su altar. 15 Y mandó el rey Acaz al sacerdote Urías diciendo: en el gran altar encenderás el holocausto de la mañana y la ofrenda de grano de la tarde, y el holocausto del rey y su ofrenda de grano, y también el holocausto de todo el pueblo de la tierra y su ofrenda de grano y sus libaciones; y esparcirás sobre él toda la sangre del holocausto y toda la sangre del sacrificio; y el altar de bronce será mío para consultar en él”. Se entiende, pues, que fuera tan obsesiva la pretensión de Josías de acabar con los altares en alto de Jerusalén y toda Judá, entre ellos los dos que se habían construido en el patio del templo de Jerusalén. En otros pasajes de la Biblia se alude igualmente a la práctica habitual de hacer ofrendas a los dioses astrales en altares situados en las terrazas o azoteas de las casas. Por ejemplo, en Jer 19, 12-13, dice el Señor: “Haré de esta ciudad un Tófet ‒oráculo del Señor‒; las casas de Jerusalén y los palacios reales de Judá serán inmundos como el lugar de Tófet, esas casas en cuyas azoteas quemaban ofrendas con incienso a los astros del cielo y derramaban libaciones a dioses extranjeros”. Y en Jer 32, 27-29: “Esto dice el Señor: Voy a entregar esta ciudad en poder de los caldeos y de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la someterá. Los caldeos atacantes entrarán en esta ciudad y le prenderán fuego junto con las casas en cuyas azoteas se quemaba incienso en honor de Baal y se hacían libaciones a dioses extranjeros con ánimo de provocarme”. Son, en fin, referencias a una práctica cultual en honor de divinidades astrales, una dimensión fundamental de las fenicio-púnicas (Cooley, 2011), herederas de la antigua astrolatría de las culturas mesopotámicas, que se expresa en su denominación latina ‒Tanit será para los romanos la Dea Caelestis o Juno Caelestis (Marlasca, 2004)11‒, y se hace visible, entre 11 El dios supremo de los cartagineses, Baal Hammón, identificado con Saturno, era el “padre celeste”, creador universal, asociado simbólicamente a la media luna y el disco solar (Cfr. Xella 1994). y arrojó sus cenizas al torrente Cedrón. 13 El rey profanó también los lugares en alto que estaban frente a Jerusalén, al sur del monte de los Olivos, que Salomón, rey de Israel, había construido a Astarté, abominación de los sidonios, a Camós, abominación de Moab, y a Milcón, abominación de los amonitas. […] 15 Deshizo las estelas y cortó los cipos sagrados, cubriendo sus lugares con huesos humanos”.10 Son contenidos del texto bíblico que dan constancia de la cruzada religiosa emprendida por el rey Josías, que reinó imprecisamente en la segunda mitad del siglo VII a. C., contra las creencias paganas e idólatras que, sobre todo, había impuesto en el siglo anterior el rey Acaz. Considerado este un rey perverso, se dice con detalle en la Biblia que pecó gravemente contra Jahvé: llegó a cerrar el templo de Jerusalén, se apoderó del oro y la plata de sus tesoros y los donó como presente al rey asirio Tiglat Pileser; e hizo sacrificio a los dioses de Damasco, de los reyes de Siria, hasta llegar a inmolar a uno de sus hijos a Móloc (2 Crónicas 28: 22-25; 2 Reyes 16: 3, 7-8). Es claro que la religión siro-fenicia estaba entre las abrazadas por Acaz y era la más odiosa a los ojos de la ortodoxia judaica. En el centro del conflicto entre las dos formas de religión y sus dioses respectivos estaba la ritualidad con que ambas se manifestaban, sobre todo los habituales sacrificios en determinado tipo de altar. La siro-fenicia rendía culto a dioses de clara dimensión astral y, seguramente por ello, sus altares se situaban en alto, en construcciones específicas a manera de torres, o en la terraza superior de los templos o en las azoteas de casas principales, donde se ofrendaba la sangre de las víctimas y se hacía aventar el humo ceremonial quemando incienso. Su multiplicada presencia en Jerusalén y las demás ciudades de Judá era una ofensa grave para los adoradores de Jahvé, un símbolo activo de la irrupción de una religión sacrílega e inaceptable. Es significativo, en relación con la relevancia de la cruzada contra los altares extraños, lo que se cuenta en 2 Reyes 16: “10 El rey Acaz fue a encontrarse en Damasco con Tiglat-Pileser, rey de Asiria; y cuando el rey Acaz vió el altar que estaba en Damasco, envió al sacerdote Urías el diseño y la descripción del altar, conforme a toda su hechura. 11 Y el sacerdote Urías edificó el altar, conforme a lo que el rey Acaz había 10 Seguimos la traducción de la Biblia de Jerusalén (5ª ed., Bilbao 2019). Agradecemos a Álvaro Pereira Delgado sus indicaciones y sugerencias para el entendimiento del significado de las expresiones bíblicas relacionadas con nuestro tema de estudio, en especial lo relativo a los altares y la clase de sacrificios que en ellos se practicaban. Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 18 Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 otras cosas, en la presencia de signos astrales en las monedas hispano-púnicas (Marín Ceballos, 2017)12. El también famoso y prestigioso templo de Melqart de Gadir/Gades (Cádiz) plantea los mismos problemas que el hierosolimitano en lo concerniente a la determinación de su forma, de su aspecto constructivo. Pero hay referencias que parecen asegurar, también en este, la existencia de torres o terrazas en alto asociadas a un altar para los sacrificios. Se deduce de un pasaje del tratado Sobre la abstinencia, de Porfirio de Tiro, en el que se da cuenta de un raro prodigio acaecido en el Herakleion gadeirita fruto de la preocupación de los dioses por disponer de los animales que les eran sacrificados por los sacerdotes que velaban por su cul- to: “Lo mismo sucedió también en Gades. Bogud era el rey de los mauritanos que fue degollado en Modona por Agripa. Aquel atacó el riquísimo santuario de Hércules. Existe una ley para los sacerdotes, según la cual todos los días deben ensangrentar el altar. Que esto no se debe al conocimiento de los hombres, sino a la divinidad, la oportunidad de entonces lo demostró. Pues como el asedio se dilató en el tiempo, las víctimas comenzaron a escasear. El sacerdote, que no sabía qué hacer, ve el siguiente sueño. Le pareció que estaba de pie en medio de las columnas de Hércules y que luego le pareció ver frente al altar un ave que se posaba e intentaba alzar el vuelo y llegaba volando a sus brazos. También le pareció que el ave había ensangrentado el altar. Tras ver esto, se levantó con el día, se dirigió al altar y, de pie sobre la torre como hizo en el sueño, miró a su alrededor. Y ve aquella ave como en el sueño y esperó de pie a que el sueño se cumpliera. Y el ave descendió en su vuelo, se posó sobre el altar y se entregó en manos del sumo sacerdote. Y así el ave fue sacrificada y el altar ensangrentado” (De Abst., I, 25)13. No es posible determinar, a partir de ese testimonio, que dan por relevante los estudiosos del Herakleion14, la estructura específica de la torre y su relación con el templo y con los altares, pero no es preciso, para nuestro propósito de ahora, ir más allá de tener constancia de su existencia, más que probable, en el templo fenicio-púnico principal de la Hispania antigua, que, además, acentúa su valor referencial por el hecho bien 12 Uno de los tipos monetales de Bailo muestra en el anverso un toro y, encima, una estrella y creciente con glóbulo (García-Bellido y Blázquez, 2001, vol. II, p. 51), icono repetidísimo asociado a las divinidades púnicas, que hace más perceptible su presencia en muchas de sus materializaciones anicónicas. 13 Traducción de Emilio Crespo Güemes, a quien agradecemos sus comentarios sobre las ambigüedades o imprecisiones del texto. 14 Por ejemplo, Antonio García y Bellido escribió, con referencia a Porfirio, que el santuario tenía una torre: “Dans une partie de la cour il y avait une tour ou pyrgos” (García y Bellido, 1967, p. 158). conocido de que siguió manteniendo su estructura y su ritualidad originarias hasta el fin de la Antigüedad. Arriano, en el siglo II d. C., escribía: “revelan igual origen fenicio tanto la arquitectura del templo como los ritos sacrificiales” (Alex. II 16, 4). La falta de testimonios materiales para ilustrar lo dicho a propósito de estos dos importantes templos puede ser suplida por la relevancia de los conocidos de uno de los grandes templos antiguos, ya de época romana, del mismo ambiente cultural: el monumental templo de Júpiter Heliopolitano de Baalbek, en el territorio actual de Líbano. El colosal conjunto arquitectónico en que se halla el templo, precedido de un gran patio rectangular, con vestíbulo hexagonal al que abría una puerta enmarcada por una enorme fachada, fue construido en el curso de los siglos I y II d. C. (Lohmann, 2017). El templo estaba dedicado a una tríada presidida por Júpiter Heliopolitano, denominación latina del dios local Hadad, y en todo el santuario, incluido el templo llamado “de Baco” junto a él, se percibe una poderosa romanización arquitectónica, pero puesta al servicio del culto y la liturgia de los dioses de la antigua religión oriental de la ciudad (Dussaud, 1942). Es lo que se comprueba en los detalles de la decoración arquitectónica, en la especial iconografía de Júpiter/Hadad y en multitud de detalles, pero sobre todo en las singularidades de sus altares para la liturgia principal de los sacrificios. En efecto, el núcleo litúrgico del santuario conservó su forma semítica originaria, con dos altares sacrificiales en forma de torre en el centro de un gran patio abier- to (Fig. 15). Lo más sorprendente es que el altar-torre principal, que ha podido ser cuidadosamente estudiado y reconstruido (Collart y Coupel, 1951), es un edificio de dimensiones y estructura excepcionales: una torre enorme sobre grada escalonada (Fig. 16), de planta cuadrada (21,15 × 20,15 m), en cuyo interior dos escaleras ascienden por cuatro niveles de pisos hasta una altura de 18 m sobre el suelo del patio, culminando en una terraza con los dos desembarcos de las escaleras, en la que se hallaba el altar de los sacrificios. La torre estaba situada, en oposición a todas las reglas de la arquitectura clásica (Dussaud, 1942, p. 39), a una treintena de metros delante de la escalera del templo, de modo que se interponía visualmente a la contemplación de su fachada cuando se accedía al recinto sagrado (Fig. 17). Constituye, además, una contundente prueba material del tipo de escenario en el que se desarrollaban ritos sacrificiales como los que, según los textos de Ugarit, practicó el rey Kerét “subido en lo alto de la torre”. Y volviendo a nuestros propios ambientes, disponemos ya en España de testimonios arqueológicos firmes sobre la existencia de santuarios de tradición El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 19Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 fenicia o tartésico-fenicia con torres o terrazas en alto y con altar para los sacrificios. El más notorio, hasta lo que hoy sabemos, es el santuario de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz). Al cabo de largos años de intenso estudio del mismo (Celestino, 2022) se llega a la conclusión de que en su fase más reciente Figura 15. Planta general del santuario de Baalbek (Freyberger, 2000). Figura 16. Reconstrucción de los altares/torre del templo de Júpiter Helipolitano (Hadad) en Baalbek (P. Collart y P. Coupel, 1951). Figura 17. Reconstrucción virtual del patio de los altares del templo de Júpiter Heliopolitano, en Baalbek (De Proyecto Baalbek Reborn. ©Flyover Zone Productions – DAI. Disponible en: https://www. flyoverzone.com/baalbek-reborn-temples [cons. abril 2023]). Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 20 Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 principal del templo, que solo tenía acceso desde la terraza por una escalera interior, fue finalmente colmatada hasta convertirla en una especie de torre maciza, base del altar que sustituiría arriba a los amortizados de las fases previas; se supone que entonces debieron de trasladarse a este lugar en alto los sacra originarios del santuario, entre ellos seguramente los betilos, que fueron hallados después arrojados a la fosa perimetral cuando el saqueo y la destrucción acabaron con la vida del santuario. Esta apariencia de torre del edificio central del santuario de Cancho Roano, invita a comentar, como parangón más cercano, la estructura del santuario fenicio de Abul, en la desembocadura del Sado, junto a Setúbal, en la costa occidental portuguesa. Es igualmente un conjunto arquitectónico de planta cuadrangular, de dimensiones cercanas a las de Cancho Roano, también conformando una edificación muy hermética, con un grueso muro perimetral que le da el aspecto de una pequeña fortaleza, y con un único acceso desde el exterior. Se organiza, igualmente, en torno a un patio central, rodeado de estancias ordenadamente dispuestas; y tiene especial significación el hecho de disponer de una torre en la fachada oeste, destacada respecto de la estructura cuadrangular del conjunto, que cobija, por otra parte, el acceso al edificio. Esta presencia de una torre se hace más contundente en la fase II del santuario, ahora construida en su sector meridional con muros más gruesos, también con prominencia en su lado respecto de la línea de fachada (Fig. 20). Debía de constituir una estructura elevada desde la que se (“Cancho Roano A”), datable en el siglo V a. C., el santuario quedó organizado en el interior de un recinto de planta cuadrangular, protegido con fosa perimetral y torres en su única entrada en el lado oriental; dentro se levantaba un edificio de planta cuadrada, concebido como estructura en alto sobre un gran zócalo de grandes piedras; el retranqueo de la fachada principal, también a oriente, donde se hallaban los accesos, dejaba espacio a un patio anterior flanqueado por las alas del edificio, la septentrional de las cuales ‒la situada a la derecha del que entraba‒ alojaba una escalera que permitía el acceso a la terraza superior (Fig. 18). Aquí, en correspondencia con un amplio espacio central al fondo, verdadero sancta sanctorum desde las primeras fases, se alzaba un cuerpo más elevado, en cuyo centro debió de alzarse un altar, erigido sobre un recio pilar de adobes (Fig. 19) levantado sobre el altar mismo de la fase anterior del santuario (“Cancho Roano B”), que a su vez se superponía a los de la fase primera del mismo (“Cancho Roano C”). Esta especie de cella Figura 18. Reconstrucción ideal del santuario de Cancho Roano (dibujo de J. R. Casals; proyecto Construyendo Tarteso; cortesía de S. Celestino). Figura 19. Dibujo explicativo del espacio principal (H-7) del santuario de Cancho Roano, con el altar en alto, sobrepuesto al pilar erigido sobre los altares de las fases anteriores (dibujo de J. R. Casals; proyecto Construyendo Tarteso; cortesía de S. Celestino). Figura 20. Planta del santuario fenicio de Abul, fase II (Mayet y Tavares da Silva, 2001, fig. 5 en p. 255). El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 21Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 tendría un amplio dominio visual sobre la ensenada sur del Sado (Mayet y Tavares de Silva, 2001). Parece, en fin, que en las culturas de raigambre semita próximo-orientales de los ámbitos siro-fenicios existió una antigua tradición religiosa y cultual que desarrolló liturgias que se realizaban en lugares altos, terrazas o torres, en los que podían ubicarse altares para los sacrificios. De todo ello se derivaba la instalación de escaleras. La mayoría de los conocidos son ya de época romana, como se ha dicho a propósito de los relacionados por R. Amy en su estudio pionero, o los numerosos de la ciudad siria de Dura Europos, estudiados por S. Downey (1976). Sobre la base de los tipos templarios desarrollados en el segundo milenio y los comienzos del primero, los “templos con escaleras” dedicados a divinidades semitas o fenicio-púnicas ofrecen una gran diversidad en su estructura arquitectónica en época romana. En bastantes casos, el templo adopta una forma muy próxima, en planta, a los tipos templarios romanos, mientras en otros muchos obedecen a una estructuración más apartada de los patrones clásicos, lo que Figura 22. Planta del templo de Dumeir (Amy, 1950, fig. 1 en p. 84). Figura 21. Templo de Zeus Hypsisto, en Dumeir, Siria (©CC Creative Commons). Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 22 Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 voués aux divinités regionales plus ou moins nettement romanisées ne disparaissent pas du sol africain. […] par définition, les édifices qui abritent de tels cultes sont inclassables, du moins à partir des catésuele entrañar dificultades a la hora de su clasificación tipológica. Como comenta Pierre Gros (1996, pp. 196-197) a propósito de los edificios de culto de las ciudades púnico-romanas de África, “les sanctuaires Figura 23. Esquema en sección del templo de Dumeir (Amy, 1950, fig. 3 en p. 86). El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 23Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 gories classiques, et chacun constitue un cas d’espèce qui mériterait à lui seul une monographie”. Y ese es nuestro caso, que hay que explicar en el marco de esta gran diversidad. El edificio de las dos escaleras de Baelo Claudia parece claramente adscribible al tipo de templo con terraza accesible para prácticas y ritos cultuales, con una tipología híbrida en la que se funden, como en tantos de la misma órbita cultural, la estructura canónica de un templo romano (dístilo in antis) con la habitual doble escalera para el acceso a la terraza superior. Duplicidad que, por cier- to, se repite hasta hacer de ella un ingrediente estructural principal, seguramente por el uso litúrgico de una para la subida y la otra para la bajada de los oficiantes. Como en la mayoría de los casos, el problema mayor en el templo de Baelo Claudia estriba en determinar cómo sería la cubierta, la terraza a la que se accedería por las escaleras, perfectamente conservadas en los tramos iniciales. Son muy útiles, a este efecto, algunos de los templos analizados por R. Amy, que ofrecen datos relevantes, por su mejor estado de conservación, sobre sus partes altas. Uno de los más destacados en este sentido abre el elenco cuidadosamente seleccionado por el autor: el templo de la localidad siria de Dumeir, no lejos de Damasco (Amy, 1950, pp. 83-87). Fue construido hacia el siglo II d. C. y dedicado, al parecer, al dios Zeus Hypsisto, versión greco-romana del gran dios oriental, cercano al judaico Jahvé. El templo quedó integrado en una fortaleza islámica, de la que ha sido liberado modernamente, que explica su excepcional estado de conservación (Figs. 21 y 22). Construido con cuidadas fábricas de sillares y decoración arquitectónica de elenco clásico, es de planta rectangular, con accesos simétricos, en los dos lados menores, a una cella prácticamente cuadrada; y completan el interior cuatro pequeños ambientes en las esquinas, que se proyectan al exterior en ligeros ensanchamientos apilastrados; tres de ellos comunican con la cella central a modo de capillas, y el cuarto es accesible solo desde el vestíbulo y sirve de caja a la escalera de acceso a las partes altas del templo (Fig. 23). Parece deducirse de los encastres conservados en las paredes interiores que el edificio tenía un piso superior bajo la cubierta, parcialmente aterrazada, cuyo nivel queda señalado al exterior por una cornisa perimetral, rematada con sendos frontones en los lados cortos. Lo más excepcional de la coronación del edificio es que los cuatro pabellones de esquina se proyectan por arriba en otras tantas torres, coronadas con característicos merlones escalonados, que sobresalen llamativamente sobre la cubierta general del edificio. El templo, por tanto, responde a un tipo conceptual y formalmente híbrido en el que se funden las formas clásicas, de templos con fachadas de columnas o pilastras coronados por frontón, y los templos-torre con terraza, de tradición oriental siro-fenicia. El segundo templo de la lista de R. Amy, el de la localidad también siria de Slem, tiene afinidades con el primero, y ofrece los elementos básicos de un tipo repetido en esta clase de templos arquitectónicamente híbridos (Amy, 1950, pp. 87-91). Es de planta rectangular (Fig. 24), con fachadas articuladas con órdenes clásicos de pilastras y un único acceso en un lado me- nor: un amplio pórtico escalonado con dos filas de dos columnas, encajado en amplias alas laterales, de modo que el edificio queda proyectado en fachada como un templo dístilo in antis. La puerta abre a una amplia cella de planta cuadrada, con ábside central al fondo flanqueado por dos cámaras laterales. Desde el interior de la cella, dos puertas a ambos lados de la entrada comunican con el interior de las amplias antae, dotadas ambas de escaleras. Remataba el templo con cubierta con frontón y amplia terraza superior y, cabe suponer, torretas de desembarco de las escaleras como en el templo de Dumeir (Fig. 25). El esquema básico de Slem, de templo de planta rectangular más o menos alargada, con amplio vestíbulo y dos escaleras a ambos lados, en el cuerpo de la cella o en las antae, se repite a menudo para el tipo que podíamos definir como “templo de dos escaleras con terraza superior”. A él se ajusta el documentado en la localidad siria de Kanawat, muy cercano al anterior, Figura 24. Planta del templo de Slem, Siria (Amy, 1950, fig. 4 en p. 88). Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 24 Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 Todos estos antecedentes y paralelos permiten dar cuerpo a la hipótesis de clasificar al edificio de las escaleras de Baelo Claudia como “templo de dos escaleras con terraza superior”, propio de la tradición siro-fenicia en la que se inserta la raigambre púnica de la ciudad. Incluso su carácter de templo dístilo in antis, como quedaba definido originariamente por sus excavadores (Lancha, Le Roux y Rouillard, 1983, p. 411), se adecúa bien a la formulación arquitectónica con patrones clásicos de los templos fenicio-púnicos con sus dos columnas o falsas columnas en la fachada, como vemos en el templo sardo de Antas y en tantos otros. Para la cubierta, claro es, no contamos en el caso de Baelo con elementos para deducir si tuvo la fachada coronada por un frontón a la manera clásica, aunque no sería improbable dada la opción por el orden corintio para las columnas del pórtico, que invita a pensar en el formato clásico para la concepción global de la fachada. En cualquier caso, hubo de disponer de terraza y, siguiendo los ejemplos comentados, de dos torretas de desembarco de las escaleras, que le darían una apariencia cercana a la del templo de Dumeir (Fig. 27). Ante la falta de referentes directos, de vestigios arquitectónicos de templos de ciudades púnico-romanas ‒o neopúnicas‒ en los que buscar paralelos que sirvan a nuestro caso, las pequeñas representaciones de templos en las monedas de este grupo de ciudades nos aportan indicios de la persistencia de templos de tradición púnica con coronación plana o en terraza. Es el caso de la representación de un templo de tipología fenicio-púnica tradicional en monedas de Lixus, con leyenda neopúnica (Callegarin y Ripollés, 2010, p. 180)15; o los denarios del rey Juba I, de la ciudad de Útica, con leyendas en escritura neopúnica igualmente, que ofrecen la representación sintética de un gran templo octástilo rematado en terraza plana (Fig. 28), de la que emerge en el centro un castillete con techo a dos aguas que debía de ser el desembarco de la escalera de acceso a la misma (Alexandropoulos, 2007, n.º cat. 29). Pero también por las representaciones monetales, la culminación del templo baelonense no es descartable que fuera con frontón a la manera clásica. Las monedas de dos ciudades hispanas de fun- 15 Debe ajustarse a la tipología del templo de referencia principal, el muy prestigioso de Melqart de la ciudad de Gadir, que se mantuvo en sus formas y rituales originarios hasta el final de la Antigüedad, y que vemos sintéticamente reproducido en los magníficos áureos de época de Adriano, alusivos al Hercules Gaditanus y a su templo. Cfr. Mattingly y Sydenham, 1926, p. 355 (núm. 125) y p. 348 (núm. 59); Alfaro, 1993, p. 202 (núm. 275) y p. 197 (núm. 234); García-Bellido, 2020; Mora, 2022, p. 264. de planta más alargada (Fig. 26); las dos escaleras a ambos lados del pórtico de entrada, accesibles desde la cella, son sumamente estrechas, alojadas en unas antae de casi el mismo ancho que los muros laterales del templo (Amy, 1950, pp. 94-95). Figura 25. Dibujos en sección del templo de Slem (Amy, 1950, fig. 6 en p. 90). Figura 26. Planta del templo de Kanawat, Siria (Amy, 1950, fig. 11 en p. 94). El Edificio dE las dos EscalEras dE Baelo Claudia: un tEmplo nEopúnico En la nuEva urbE costEra 25Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 A” de la Illeta dels Banyets, de El Campello (Alicante). Este pequeño e importante asentamiento de la costa alicantina, tenido por ibérico mucho tiempo, es considerado hoy día un asentamiento púnico, dependiente de Cartago o de Ibiza, creado para disponer de un centro de control económico en la costa de la península (Olcina, Martínez y Sala, 2017, p. 279). Entre los elementos más significativos del asentamiento figuran dos templos de tipología púnica, el más interesante de los cuales para nosotros es el mencionado “Templo A” (Fig. 29). Es un edificio de planta rectangular, con pórtico a todo lo ancho de uno de los lados menores y fachada con dos columnas; una puerta en eje da paso a la cella, dividida a poco de la entrada en tres ambientes longitudinales; los laterales, más estrechos, no llegan al fondo de la cella, de modo que queda aquí ensanchada, aunque dividida en dos por un murete construido en el eje longitudinal del edificio. Esta parte final se halló muy deteriorada, afectada por la acción de las aguas y los dación fenicia, Abdera y Malaca, muestran templos tetrástilos de fachada con frontón, incluso teniendo la particularidad anticlásica de tener el de Abdera las dos columnas centrales de la fachada con forma de atún16. Por otra parte, la observación de los templos de lugares fenicio-púnicos de Hispania, nos ha conducido a tener por un posible precedente del templo baelonense de las dos escaleras el llamado “Templo 16 García-Bellido y Blázquez, 2001, vol. II, pp. 16-18 (Abdera) y pp. 274-278 (Malaca). Ejemplos que, seguramente, reflejarían la actualización de las formas arquitectónicas locales con modelos romanos hasta dar en tipologías híbridas, apropiadas a las prácticas cultuales de sus respectivas comunidades ciudadanas, por lo que serían algo más que una mera “imitación de modelos urbanísticos tomados de Roma y de las ciudades itálicas”, y tal vez distinto al propósito de que estas emisiones monetales –las de las dos ciudades citadas‒ “mostraran al mundo la romanización experimentada por las viejas ciudades de origen semita” (Chaves et al., 2000, pp. 307- 308). Reflexiones recientes sobre las claves de lectura de las representaciones de arquitecturas en la moneda romana, esp. en Elkins, 2015 y Ritter, 2017. Figura 27. Reconstrucción ideal de los autores del templo de las escaleras de Baelo Claudia, inspirada en el formato propuesto por R. Amy para el templo de Slem (1950, fig. 7 en p. 91) (dibujo de M. Bendala). Manuel Bendala Galán / Oliva ROdRíGuez GutiéRRez 32 Archivo Español de Arqueología, 2023, 96, e13 | ISSN-L: 0066-6742 | eISSN: 1988-3110 | https://doi.org/10.3989/aespa.096.023.13 Beltrán, J. y Loza, M.ª L. (2020). Provincia de Cádiz (Hispania Vlterior Baetica). Corpus Signorum Imperii Romani. España, vol. I, fasc. 8. Cádiz-Sevilla: EUS, Editorial UCA. Beltrán Fortés, J., Loza Azuaga, M.ª L. y Montañés Caballero, S. (2018). Esculturas romanas de Asido (Medina Sidonia, Cádiz). Sevilla: EUS, Editorial UCA. Bendala Galán, M. (1976). La necrópolis romana de Carmona (Sevilla). Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla. Bendala Galán, M. (1982). “La perduración púnica en los tiempos romanos: el caso de Carmo”. Huelva Arqueológica, VI, pp. 193-203. Bendala Galán, M. (1989). “La génesis de la estructura urbana en la España antigua”. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la UAM, 16, pp. 127-148. DOI: https://doi.org/10.15366/cupauam1989.16.006 Bendala Galán, M. 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En el caso de la tunecina ciudad de Mactar, la percepción de la solidez del sustrato púnico en la ciudad de época romana, pese a la fuerte romanitas de su arquitectura pública, ha llevado igualmente a Yann Le Bohec (2013, p. 215) a sostener recientemente, con gran contundencia argumental, que debe aplicársele el adjetivo de ciudad neopúnica. Y en esta misma línea argumental hemos planteado hace unos años la oportunidad de considerar también a Baelo Claudia una ciudad neopúnica (Bendala, 2015, pp. 296-310). La propuesta morfológica y funcional que aquí se ha hecho del edificio de las dos escaleras no viene sino a añadir una pieza más a esta revisión interpretativa, permitiendo enriquecer notablemente la lectura en clave cultural de estas comunidades urbanas y sus formas de expresión personal y ciudadana. BIBLIOGRAFÍA Alexandropoulos, J. (2007). Les monnaies de l’Afrique Antique. 400 av. J.-C. – 40 ap. J.-C. Toulouse: Presses universitaires du Midi. Alfaro, C. (1993). 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