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Individualidad romántica y pluralismo

Díaz Urmeneta, Juan José

Abstract

In the work of Sir Isaiah Berlín there is a significant thematic nucleus: the study of the origins of the Russian Intelligentsia. Within this framework are forged sorne of the central ideas of Professor Berlin's particular form of Iiberalism. Above ali, the connexion between a proposal for a unity of theory and practice and a pluralist vision. This distinguishes Berlin's thought from the doctrinaire liberalism of Hayek or the critica! rationalism of Popper, and has its roots in an understanding of romantic individuality and the possibilities of esthetic Ianguage which Berlin appears to take from the life and works of Belinsky, Herzen, Turgenev and, in a diferent way, from Tolstoy.

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INDIVIDUALIDAD ROMANTICA Y PLURALISMO JuAN JosÉ DíAz URMENETA In the work of Sir Isaiah Berlín there is a significant thematic nucleus: the study of the origins of the Russian Intelligentsia. Within this framework are forged sorne of the central ideas of Professor Berlin's particular form of Iiberalism. Above ali, the connexion between a proposal for a unity of theory and practice and a pluralist vision. This distinguishes Berlin's thought from the doctrinaire liberalism of Hayek or the critica! rationalism of Popper, and has its roots in an understanding of romantic individuality and the possibilities of esthetic Ianguage which Berlin appears to take from the life and works of Belinsky, Herzen, Turgenev and, in a diferent way, from Tolstoy. Para el pensamiento liberal el romanticismo es un vecino molesto y necesario. Es fácil recordar autores liberales que con demasiada facilidad le niegan el saludo. BERLIN, al contrario, acepta tal vecindad. Quizá por ello su pensamien- to tiene mucho que decir en cuestiones tan vidriosas para nuestra cotidianeidad racional como es el nacionalismo. Un núcleo importante de esta posición de BERLIN es su reflexión sobre TOLSTOI y los pensadores rusos que forman la generación del segundo tercio del siglo XIX. Núcleo en el que se anudan otros temas importantes en este autor. En ella no faltan raíces biográficas: BERLIN, hijo de una familia burguesa que saludó la revolución de febrero, y que se exilió tras la de octubre, pese a ser latvio, la historia rusa es la suya. Y también lo es la lengua: BERLIN no sólo habla el ruso con una vivacidad que sorprendió a BRODSKY, sino que mantiene FRAGMENTOS DE FILOSOFIA 1 (1'!92¡ 29-'i4 30 Juan José Díaz Urmeneta con esa lengua una proximidad y sensibilidad que no se escapa al profano lector de algunas de sus críticas. Por ejemplo aquella en la que dice que TURGENEV "seems to feel and perceive more vividly and authentically when he is in Russia, or thinks in Russian, than through the spectacles of French or German, almost perfectly as he knew these languages" 1• No es extraño, por tanto, que como NABOKOV, que en sus años de Cambridge se esforzó en profundizar en lo único que pudo traerse de Rusia, su lengua, BERLIN, también al margen de las exigencias académicas -seguramente más intensas que las del novelista-, buceara, en su caso, en el pensamiento ruso. El mismo ha hablado de su interés por TOLSTOY y, sobre todo, de la influencia que ejercieron sobre él la vida y obra de BELINSKY, HERZEN y TURGENEV 2• El núcleo fundamental de estos escritos está fechado en los años que van de 1947 a 1955. Es un dato de interés: son los años en los que BERLIN concreta su dedicación a la historia de las ideas, después de decidir, tras una conversación con H. N. SHEFFER 3 mantenida hacia el fin de la guerra, abandonar la práctica de la filosofía al estilo de los medios académicos anglosajones de la época. Es importante señalar también que los ensayos, que concretan su personal visión del liberalismo ("Historical lnevitability", Two Concepts of Liberty" y "Montesquieu"), corresponden al final de este período o son posteriores a él; mientras que el ciclo dedicado a los estudios de VICO y HERDER, que pueden considerarse como una teorización de aquella visión a partir de elementos filosóficos e históricos, se inicia en 1960; el estudio sobre MACCHIAVELLI, decidido establecimiento de las razones del pluralismo, es de 1971. Me parece, pues, que los trabajos sobre los pensadores rusos señalan un punto en la formación del pensamiento de BERLIN que ilumina sus conceptos y formulaciones características y fija referencias decisivas en su obra. 11 Hay en estos ensayos, primero, una preocupac1on filosófica: la relación entre unidad de la experiencia y pluralismo. Se advierte que la unidad de la experiencia -tomada no como mera autoafirmación sino de modo que pueda ser procesable racionalmente y, por consiguiente, con un rango de lenguaje público--, es un nivel irrenunciable para trazar con rigor y reconocer con profundidad el "mundo" y la identidad de los individuos modernos. Pero a la vez se establece que la unidad de la experiencia, así tomada, no puede romper la diferencia entre l. BERLIN, 1983, g, 32 2. BERLIN, 1990, b, 4. Para las referencias de Nabokov, ver Nabokov, 1986 3. BERLIN, 1983, a, Introducción. AYER, 1982, 250 Individualidad romántica y pluralismo 31 visiones individuales ni puede abonar las raíces disciplinarias de la racionalidad occidental 4• Una segunda preocupación se vincula a la historia de las ideas: la relación entre el establecimiento y la circulación de ideas (o tal vez, "ideología") -que a fin de cuentas era el patrimonio de esta generación de pensadores rusos- y el cambio social. Ambos motivos de la reflexión tienen como trasfondo común las posibilidades de la crítica y lenguaje artísticos, tal como entendieron éste los románticos. Y desde ahí se detecta además un nuevo elemento con futuro en los trabajos de BERLIN: la influencia de formas del discurso estético en la formación de las identidades nacionales. Este trabajo se centra, aunque no de forma exclusiva, en aquella relación entre unidad de teoría y práctica y pluralismo y, por tanto, en las virtualidades de ciertos discursos estéticos para esclarecerla. Es un punto de interés para entender la peculiaridad de BERLIN: la asimilación frecuente de su pluralismo al de WEBER 5 ignora la importancia de sus estudios sobre el romanticismo para esclarecer, más allá del formalismo, las claves de la individualidad. Y un punto de interés general, porque sugiere aspectos sobre la discusión en tomo a cuánto de vinculante y cuánto de disciplinario puede haber, sobre los individuos, en una racionalidad compartida y sobre el debate que enfrenta a teorizadores de la acción en términos de peculiaridades históricas y culturales y aquellos otros que eligen términos de acción racional. BERLIN tiene una vívida noción de los caminos por los que la razón occidental puede, sustantivándose, hacerse esclavizadora. Pero, al mismo tiempo, sabe que una reducción de la subjetividad en aras de una racionalidad limitada a lo formal o a lo descriptivo tiene consecuencias igualmente funestas. "There is no formula which guarantees a succesfull escape from either the Scylla of populating the world with imaginary powers and dominions, or the Carybdis everything to the verifiable behaviour of identifiable men and women in precisely denotable places and times. One can do no more than point to the existence of these perils; one must navigate between them as best one can" 6• El planteamien- to puede complicarse un poco más recordando el rechazo de BERLIN tanto a los intentos de reducir la racionalidad al puro cálculo, como a investirla o hipostatizarla en términos de sistema. Con ello toca uno de esos problemas que han pesado a lo largo del s. XX desde que WEBER -si hemos de creer el testimonio de Marianne WEBER-, en respuesta de los intentos de LUKACS por recomponer la experiencia fragmentada y secular, escribió el Excurso en su Sociología de 4. BERLIN, 1984, b, 154 [225] 5. MACINTYRE, 1986, passim 6. BERLIN, 1984, a, 54, note [119,s, nota 8] 32 Juan Jasé Díaz Urmeneta la Religión. BERLIN constata por una parte la insuficiencia de una experiencia dividida, de un saber dominado por el método que ignora su propia capacidad de inteligibilidad, de un entendimiento de la acción que aísla a ésta de su contexto vital. Por otra, rechaza el rigor de cualquier monismo y de cualquier ontologización de un grupo de categorías. De lo primero no se deriva sino el cálculo y la frialdad; de lo segundo la transferencia de la identidad individual a un mito al que se somete aquélla. Lo que descubre en BELINSKY, HERZEN y TURGENEV es una senda que conduce, por un lado, a una noción de la individualidad creativa, racional, con fuerte contenido ético y capaz, además, de vincularse a su medio cultural e histórico, y, por otro, a convicciones pluralistas. III La formación de estos pensadores y escritores rusos está dominada por la peculiar recepción rusa del romanticismo alemán y del idealismo. Esta se propicia, irónicamente, por Nicolás 1 que, tras la revuelta decembrista, restringió la influencia tradicional de la cultura francesa, ahora peligrosa, en beneficio de la alemana. Pero su establecimiento lo relaciona BERLIN con la capacidad del romanticismo y del idealismo para organizar la identidad nacional que precisaba la Rusia de la época. Esta, desde su primitivismo y sin que mediara revolución triunfante ni reformas liberales estables, había intervenido en Europa, en las guerras napoleónicas, de modo decisivo. Alcanzó así, hacia afuera, un estatuto de gran potencia y, hacia adentro, la conciencia de la necesidad de una nueva relación interestamental menos rígida y arcaica. Se abre entonces paso la idea de una identidad rusa como nación no contaminada por los antagonismos de la sociedad moderna y con potencial para resolverlos de antemano desde su propia cultura tradicional. Es una idea reaccionaria, que germina en el antiliberalismo de Nicolás 1, se desarrolla en el entusiasta conservadurismo eslavófilo, aunque también aliente las esperanzas de HERZEN en la comunidad campesina como célula de un socialismo populista. La influencia específica del romanticismo e idealismo en los autores del segundo cuarto de siglo, es, primero, la propuesta de un modelo y una identidad para la actividad intelectual. Esta carece de un lugar propio en la Rusia de la época. Entre el peso de la autocracia restaurado tras los estériles conatos de reforma de Alejandro I y la enorme población sujeta a la servidumbre, no hay, ni una burocracia ilustrada, ni -menos aún- un capitalismo incipiente; ni siquiera existe un clero culto, ejercitado, como el occidental, en las experiencias históricas del Renacimiento y la Reforma 7• No hay sino "una pequeña clase educada, influida por las ideas 7. A este respecto es de interés la lectura de BERLIN, 1953 Individualidad romántica y pluralismo 33 occidentales" 8,"una pequeña clase culta, casi toda de lengua francesa, consciente de la enorme brecha entre el modo en que se vivía o podía vivirse la vida en occidente ... y el modo en el que la vivían las masas rusas" 9• Es típica la desintegración de estos hombres y mujeres: si procedían de la nobleza, o se los excluía de los estrechos circuitos de distribución del poder por sus ideas o ellos mismos, por sus convicciones y sensibilidad, terminaban por autoexcluirse; si, como BELINSKY, pertenecían a la escueta capa profesional rural, aun una formación universitaria no les depararía mucho más que un oficio subordinado en la estricta jerarquía reinante. Estos "hombres superfluos" que pueblan la sociedad y la literatura rusa del XIX reciben del romanticismo alemán y del idealismo la identidad que les niega la sociedad en la que viven. Su actividad artística o científica se vincula con una esfera autónoma -llámese ésta espíritu, historia cultural- en la que el intelectual es depositario de una misión exclusiva, totalizadora y desinteresada. "La idea del artista como vaso sagrado ... con un alma única y una posición única -dice BERLIN, sin que le abandone un regusto de ironía- ... se origina en la idea alemana de misión" 10• Además, en su opinión, tal idea se recibe en Rusia como una religión secular que, al mismo tiempo, suple el descrédito de la fe ortodoxa 11 ; cubre el vacío, entre las clases cultas, de la carencia de una tradición humanista de educación secular 12, y protege tanto contra la desmoralización producida por una sociedad que los margina y se resiste a sus esfuerzos, como -a través del nuevo lenguaje casi místico que desarrolla en principiocontra la amenaza bastante más inmediata de la represión contra las ideas. Pero esos intelectuales marginados aprenden algo más de la influencia romántica e idealista: un entendimiento de su situación en la sociedad a partir de la relación entre su actividad y el medio social en el que viven. Aquellos révoltés contra la autocracia, el conformismo y la incultura no cuentan con la venerable confianza ilustrada en la convertibilidad final entre razón y razón positiva; si en algo pueden confiar es en la armonía de las interrelaciones de las diversas actividades del espíritu humano. Esto tiene poco que ver con la inmediata verdad de los ilustrados, exige una comprensión mediada de la realidad. Mediación que no está sólo articulada por la identidad final, sino, según una idea más cercana a HERDER que a HEGEL, por la "la conciencia de las afinidades y los contrastes no analizables, ... las conexiones y diferencias fundamentales pero impalpables que atraviesan toda clasificación racional" 13 . De este modo la identidad del 8. BERLIN, 1979, e, 245 9. BERLIN, 1979, e, 235 10. BERLIN, 1979, e, 255 11. BERLIN, 1979, e, 276 12. BERLIN, 1979, e. 246 13. BERLIN, 1979, e, 273 34 Juan José Díaz Urrneneta intelectual no se consuma en la esfera del espíritu más que a través de una comprensión de su medio cultural, de las relaciones entre la sociedad y la ciencia y el arte, de las relaciones entre los individuos y las formas históricas en las que ha nacido, en las sociales en las que vive, en las lingüísticas en las que comprende y es comprendido. Su confianza en la racionalidad, su fe de neoconversos en la civilización europea está por tanto vinculada a la dureza de las condiciones en Rusia y al compromiso con esa cultura, lengua y pueblo. En estas breves claves de la formación de la Intelligentsia Rusa, no faltan en BERLIN ni la ironía, ni ese gusto por señalar el azar en la historia. Subraya la limitada coherencia política y capacidad de intervención de esta generación, en comparación no solo con sus coetáneos europeos sino con la misma generación rusa de los 60; es una generación "soft" 1 4, cuya cohesión se debe tanto a su aislamiento como a su rechazo de la dura sociedad en la que vive: es la clase de grupo "que tiende a cristalizar siempre que hay una minoría intelectual (en Bloomsbury o en cualquier otra parte) que se considera separada del mundo en que vive por sus ideales y trata de promover ciertas normas intelectuales o morales al menos dentro de sí misma" 15 • Pese a ello, el alcance de su obra es claro. IV Para entenderlo empezaremos por analizar tres características que BERLIN atribuye a estos autores, de las que, la primera, es la búsqueda de verdad como valor vital. En ella hay claras dosis de ingenuidad. En la Rusia de la época falta la mínima articulación institucional moderna de distribución del saber. La comunicación con occidente es difícil, la recepción de sus ideas aleatoria, la discusión de éstas está al margen de las instituciones, controladas por la autocracia. Tampoco hay una tradición profesional cultural, la que iluminaba el "metier" de MOZART o HA YDN, y la que, desde el fin de las guerras de religión y la madurez de la comunidad ilustrada, sembraba dosis de buen sentido en las discusiones ideológicas europeas. No es raro por tanto que el entusiasmo por las nuevas ideas roce la iluminación religiosa y el fanatismo. BERLIN cita las palabras de HERZEN: "nunca nos querellamos con la dialéctica, sólo con la verdad" 16; con las que HERZEN subraya el rigor lógico férreo con que tales pensadores procesan cuanto de modo tan elemental recibían. 14. BERLIN, 1983, e, 283 15. BERLIN, 1979, e, 263 16. BERLIN, 1979, e. 249 Individualidad romántica y pluralismo 35 Si este afán por la verdad no se convierte en fanatismo residual ni se queda en mística grupal es porque, desde el principio se mueve en el seno de referencias vitales y se obliga a ellas. Se busca la verdad en la transparencia moral de las relaciones con uno mismo, en la pregunta sobre lo que la sociedad y cultura propias son y pueden llegar a ser, en la coherencia de la obra de arte dando por supuesto que la imaginación creadora no puede separarse ni de la personalidad moral, ni del medio cultural y social en el que se ejercita. Además tal referencia vital rechaza el apoyo de la generalidad a priori, el consuelo de la "mala infinitud" y la esperanza en una totalidad abstracta. El problema de la verdad en tal contexto se concreta en un incansable ejercicio de la capacidad de juicio, que trata de unir, en la acción y en la obra, todas aquellas dimensiones. Cuando BELINSKY establece que la crítica literaria, ha de partir de la comprensión de los supuestos y puntos de vista sobre los que se col}struye la obra, pero no puede terminar sino juzgando la densidad y verdad de tales supuestos, porque toda obra encarna ideas y éstas "were above all true or false ... and not merely interesting, or delightful or even intellectually important" 17 , no carga de moral o política la crítica de arte. Intenta comprender la obra a partir de sí misma y del medio en el que se produce y quiere llegar a una determinación de la misma en el mundo en el que se la recibe, con una posición intransigente hacia los problemas que se detectan en éste y para los que quiere encontrar respuesta. BERLIN correlaciona la actitud sobre la verdad con esta insobomabilidad vital, pero también destaca el alcance crítico específico de esta recepción de las ideas ajenas que se hace desde la propia cultura y desde los problemas concretos que el receptor quiere resolver 18 • Es importante detenerse en este aspecto de la radicalidad de estos autores. Tanto los pensadores de esta generación, como TOLSTOI, trabajan sobre la distinción entre esencia y apariencia tal como la acuñó el idealismo alemán 19• BERLIN, pese a su posición crítica ante el positivismo, desconfía de tal distinción, en la que ve una fuente de ontologización del pensamiento que lleve a una propuesta "última" sobre la realidad 20• Su posición es análoga a la de POPPER, análoga, porque, a diferencia de éste, piensa que a través de la apariencia, a partir de cuanto se nos da de una civilización, una cultura o una formación histórica, es posible indagar en la especificidad de las redes en las que ellas, y los individuos que en ellas viven, organizan su identidad y sus significados vitales; y que es 17. BERLIN, 1947, 24 18. BERLIN, 1983, d, 233, SS. 19. BERLIN, 1947, 24 20. BERLIN, 1984, a, 48 [113, s] y BERLIN, 1973, b, 128-135. Es quizá este uno de los pasajes más revisados por el autor a lo largo de las tres ediciones del libros. 36 Juan José Díaz Urmeneta posible hacer esto mediante una comprensión que no pida prestadas categorías a la ciencia ( op. cit., nota 5 a la pág. 113 en comparación con la 7 a la pág. 114 [en la edición inglesa, nota a la pág. 47 y nota a la pág. 49]. Me parece que esta forma de resolver aquella distinción crítica la advierte BERLIN en aquellos pensadores rusos o bien a su través la construye. Los miembros de aquella generación "soft" cuando buscan el sentido de la acción y lo hacen a través de las "nuevas ideas'', no conectan aquél ni éstas con un universo previamente establecido, o con un sentido de la historia. BELINSKY recibe la obra como un produc- to y expresión humanos, con sentido en sí mismo, del mismo modo que HERZEN establece que el significado de una canción se agota cuando se apagan sus últimos ecos 21 • Pero ello no implica que la obra -o la canciónpueda subsumirse, como dato, en una generalidad conceptual, ni relegarse a un ámbito emocional misterioso. La verdad con la que porfía BELINSKY no es apariencia, es esa misma obra y la crítica es un ejercicio de comprenderla en su especificidad, "an act of painful self-adjustment to unfamiliar ideas, of attempting to inhabit a world created by another imagination" 22• Aquella distinción, pues, se resuelve en la indagación reflexiva de lo diferente de la obra -o de la acción-; a lo que sigue, como veíamos, otra posición del juicio, la del propio crítico que recibe la obra y establece tal juicio desde la complejidad de su propio mundo. Ambos ejercicios del juicio no están jerarquizados: interactúan. Y juntos depositan una empiria reflexiva que enriquece el escueto entorno de estos pensadores. Aquella búsqueda de verdad añade a su intransigencia, la crítica y la empiria reflexiva, surgidas en el mismo hueco que liberan el rechazo de la apariencia y el de la generalidad. Ambas alientan la construcción narrativa de las grandes batallas de TOLSTOI, en las que, a juicio de BERLIN, el vacío que dejan el discurso del cálculo -que resulta inservible-, y el del papel de los grandes hombres -que llega a ser gratuito-, se llena con constelaciones de gestos individuales tan expresivos como desordenados. Y abonan la pasión por la diferencia de TURGENEV que hace que este sensitivo liberal sea seducido por la verdad del nihilista Bazarov o no renuncie a los grises ambientes de la pequeña nobleza rural que dan a sus novelas un tinte de decadencia que sembraba en TOLSTOI una desazón similar, dice BERLIN, a la que despertaba en LUKACS el mundo de PROUST. Una segunda característica de estos pensadores, casi contenida en cuanto se acaba de decir, es su inspiración moral. Es el correlato de aquella intransigencia por la seriedad vital de su pesquisa. Su indagación se centra en el significado de la acción, en la pregunta sobre los fines de la vida y en el sentido de las relaciones entre individuos y sociedad. 21. HERZEN, 1979, 35 22. BERLIN, 1955, 447 Individualidad romántica y pluralismo 37 La intensidad e inminencia con las que se buscan tales respuestas hacen que éstas no se satisfagan con propuestas formales o atribuciones antropológicas. Para ellos la respuesta al "qué debo hacer" es ante todo solución al problema de la personalidad moral en un orden general y social; y son conscientes de vivir en un medio degradante, el ruso, cuyo arcaísmo y crueldad convierte en inmoral la misma inhibición en combatir su persistencia 23, mientras que advierten en el propio medio europeo la conversión en modos de vida de actitudes acomodaticias o filisteas. Por esa misma inminencia, las grandes soluciones de corte idealista habrían de tener poco éxito: "Para HERZEN, uno de los más grandes pecados ... es transferir la responsabilidad moral de sus propios hombros a los de algún impredictible orden futuro" 24• Del mismo modo que el problema de la personalidad moral ha de resolverse en los problemas detectados en cada momento, el problema de los fines de la vida no permite aplazamientos. "Un fin que es infinitamente remoto no es un fin, sino, en todo caso, una trampa" 25• Esta resolución moral -junto a aquella forma de crítica comprensiva y empiria reflexivamarca una de las más profundas corrientes de influencia de la intelligentsia rusa. La carta de BELINSKY contra el irenismo de GOGOL respecto a la autocracia se convertirá en texto de cabecera para una multitud de "individuos superfluos" que encuentran en ella identidad propia más allá de su aislamiento y su anonimato. Permítaseme destacar la relación entre aquel modo inminente o inaplazable de determinar los "fines de la vida" y un importante tema del pensamiento de BERLIN: no es posible, piensa, discriminar los fines de acuerdo a un principio de racionalidad formal. Cuando se dice que "la autoridad de la razón y de los deberes que esta impone a los hombres se identifica con la libertad individual, sobre la base de que los fines racionales son los únicos que pueden ser objetos "verdaderos" de la "auténtica" naturaleza "libre" del hombre, tengo que confesar que nunca he entendido qué significa la palabra "razón" en este contexto" 26• La determinación de los fines de la vida es una cuestión del individuo, del ejercicio de su opción entre valores. Entre las consecuentes diferencias es posible discutir, pero no puede suprimirse un ámbito de exclusiva competencia individual que esté libre para aquel ejercicio de la opción. La personalidad moral sin tal ejercicio es una abstracción. Aquel trabajo de determinación de la diferencia y la crítica y esta forma de concebir los fines apuntan ya la tercera característica que advierte BERLIN en 23. BERLIN, 1979, f, XXIII 24. BERLIN, 1979, e, 370 25. HERZEN, 1979, 37 26. BERLIN, 1984, b, 153, note [224, nota 21]; subrayados de BERLIN. 44 Juan J ?Sé Díaz Urmeneta punto de vista, que a veces califica de aristotélico, le permite considerar condensaciones de experiencia muy distintas y otorgar a cada una sus razones: desde las del nacionalismo, hasta alas que laten bajo la biografía de MARX. Pero volviendo al análisis de TOLSTOI, lo que en cualquier caso BERLIN deja claro es que al formar dicho marco parte de nosotros mismos es inobjetivable, no puede ser constituido como objeto 52• Desde aquí se ilumina la posición atribuida a HERZEN: no es posible encontrar en lo general -que es ya un producto objetivouna respuesta a un problema radical -que se mueve en el cruce de significaciones y supresiones, de pertinencias positivas y abandonadas en ese trasfondo-. Pero sobre todo se separa la unidad de la experiencia de toda posibilidad de determinación general, porque no podemos des-lindar, de-finir, de-terminar aquel marco general, ni suprimirlo. Pero esto no quiere decir que la unidad de la experiencia se reduzca a una exaltación del sujeto, desde su inventividad, o desde la consagración subjetiva de la integración armónica de las legalidades que en el mismo confluyen, o desde la autodefinición. Si este marco general de la experiencia no se deja objetivar, nuestra relación con el -análoga a la del sujeto y el objeto, o a la que une y separa a lo mismo con lo otrono se borra y BERLIN la compara a un "principio de realidad" 53 • Por otra parte este trasfondo, este marco de la experiencia, no es algo que pueda ignorarse, por su relativa inefabilidad, ni tampoco -como creo podría decir el racionalismo críticoalgo que o bien deba dejarse a su pura presencia vital o racionalizarse por la vía de la precisión de su carácter problemático y subsiguiente determinación lógica 54• BERLIN considera que es posible saber de ese marco de la experiencia mediante una "sabiduría". Esta consiste en captar lo que para nosotros es inalterable de tal medio: "qué encaja con qué, y qué cosas nunca podrán ser juntadas ... cómo vive el hombre y con qué fin, qué hace y qué sufre, y cómo y por qué actúa y debe actuar como actúa y no de otro modo"; es un saber que no ofrece información nueva pero que permite "ser consciente del juego recíproco entre lo imponderable y ponderable" 55• Esta sabiduría es lo hace que entre civilizaciones alejadas en el tiempo, y entre ámbitos vitales y culturales distantes pueda haber inteligibilidad mutua y discusión. No porque se comparta la legalidad de la forma conceptual, sino porque puede someterse a la capacidad de juicio la forma, sin duda diferente, en la se propone la determinación de lo objetivo 56• 52. BERLIN, 1981, 132 53. BERLIN, 1981, 133 54. POPPER, 1982, 147-179, sobre todo el epígrafe 6 y la nota 14. Ver también su intervención en el Simposio de Burgos tras la ponencia del Profesor Rojo, en Varios, 1970, 109 s. 55. BERLIN, 1981, 134, s. 56. BERLIN, 1984, a, 97-99, [165--68] Individualidad romántica y pluralismo 45 Sobre esa base que a veces recuerda al par maquiaveliano prudencia-for- tuna y que es tan crítico de una reducción del conocimiento a lo determinado, como de los excesos románticos, es sobre lo que puede levantarse la reflexión sobre lo social, lo político, lo moral, porque en ellos la proporción "de vida 'sumergida', no observable ... es demasiado grande" y no es que situados aquí obtengamos una empiria en tanto no se genere esta al modo formal, sino que en aquellos ámbitos del conocimiento es fundamental contar con una cautela capaz de tener en cuenta la valoración ajena y una audacia que no nos paralice a la hora de juzgar, es decir contar con una actitud consciente de pisar el suelo en el que originan los términos "racional" e "irracional" y por tanto tenga la prudencia y la osadía para establecerlos en lugar de refugiarse debajo de ellos como coartada. Tal y como acaba de caracterizarse, este trasfondo de la experiencia no puede agotarse por medio de un sistema de conocimiento general y completo. Si alguna mediación es posible es la individual. Estas comprensiones individuales no indican cada una un saber excluyente, sino que pueden comunicarse, entenderse y criticarse. Pero desde aquí no es posible dar el salto a un sistema general, porque la unidad de teoría y práctica no se libra de ser parcial y fragmentaria -porque crece sobre lo suprimido--, en cierto sentido arbitraria -porque lo que establecemos no puede justificarse más allá de donde el término justificación tiene sentido- y contingente, esto es incapaz de subir por encima de ciertos límites de tiempo y localización. Sin embargo esta incapacidad de subir a la generalización no las priva de razón cuando señalan una nueva relevancia, categoría o conceptualización que pueden traer a la luz, a lo largo de diversos ámbitos del saber, lo que hasta entonces resultó insignificante. Este alcance decisivo pero limitado de la unidad de la experiencia es lo que de ninguna manera aceptó TOLSTOI. Se valió de su aguda visión de los mundos individuales para negar cuantas propuestas de saber general tuviera por establecidas y en lugar de analizar ese cierto abismo que advertía se vale de aquella visión de lo individual para "destruir su propia paz y la de sus lectores" 57 • Por ello BERLIN prefiere al santo laico de sus últimos años, aquel TOLSTOI que intenta una y otra vez zafarse de la contradicción entre profundidad e individualidad sin lograrlo, lo que para BERLIN es sin duda un afortunado hito en la historia de las ideas. VII Hasta ahora hemos vinculado doblemente la unidad de la experiencia a la individualidad. Un paso más es la reflexión de BERLIN sobre la obra de TURGENEV. 57. BERLIN, 1979, d, 441 y 1981, 143. 46 Juan José Díaz Urmeneta BERLIN tiene a TURGENEV como un firme aunque sereno convencido de las virtudes de positivismo decimonónico, el liberalismo y la civilización europea. La fe de HERZEN en la comuna campesina, su populismo socialista, la mística tolstoiana del campesino ruso le parecen fantasías no exentas de un riesgo mesiánico. Su fatalismo -que BERLIN relaciona sin demasiada intensidad con SCHOPENHAUER- se acerca a esa visión secular de la naturaleza, hija de un positivismo libre de las ilusiones ilustradas y de una sensibilidad que ya no reconoce a aquella como a "guía y protectora" sino como a la "dama de ojos fríos" que alterna belleza con crueldad. Este maestro del distanciamiento se consideraba sin embargo profundamente comprometido con los problemas rusos 58; pero su solución política va por el camino del gradualismo, de la educación sistemática, de la formación progresiva de élites cultas y reflexivas. Sorprende por tanto que este hombre sea el creador de la identidad literaria del revolucionario de la generación de los 60, que acuñe y ponga en circulación el término nihilista y que todo ello se haga en un personaje literario de tal fuerza y sinceridad que rompa las connotaciones ideológicas. Bazarov, el personaje central de "Padres e Hijos", no sólo concreta aquella identidad, sino que lo hace desconcertando e indignando a una izquierda que no quiere reconocer sus defectos y a una derecha que preferiría ignorar sus virtudes. Esto fue posible porque en TURGENEV la sensibilidad ante la diferencia se convierte en temple vital: no cede a las exigencias de lo igual, ni puede ignorar las exigencias de lo otro. Esto es verdad en política. Sus convicciones liberales no le impiden distinguir la verdad del nuevo revolucionario ni ignorar la razón que le asiste. Y ello pese a que el resuelto pragmatismo de los Bazarov, su fe dentista, su confianza en la tecnología social y su menosprecio del arte son otras tantas dolorosas negativas a las creencias de TURGENEV. Esto es para BERLIN un distintivo de la actitud liberal que opta por cuanto se opone al conservadurismo aunque ello le exija revisar sus convicciones. "La figura del liberal bien intencionado, vacilante, meditabundo, testigo de la compleja verdad, que como tipo literario creó TURGENEV virtualmente a su imagen propia, se ha vuelto hoy universal", escribe BERLIN en 1972 59• Pero es sobre todo verdad de su visión de las cosas y de su creación literaria. La narración de TURGENEV parece surgir de un cierto distanciamiento del objeto, una casi displicencia en la que no falta la ironía; su desarrollo se hace através de una acumulación de facetas de la individualidad y la situación, de 58. Así Jo señala BERLIN en 1983, g, 23; 1979, e, 255 y 1979b, 535. 59. BERLIN, 1979, b, 550. Individualidad romántica y pluralismo 47 modo que ninguna de ellas llega a borrar las anteriores. No hay endiosamiento del personaje: la brillantez cruel de Bazarov en sus discusiones con los viejos Kirsanov y en su instrucción al joven Arkadi no desaparece con su ingenua rudeza ante Odintsova; tampoco hay un reduccionismo fácil: el mundo de Bazarov no carece de sensibilidad, aunque esta sea tan dura como los perros rojizos de sus delirios. Esta acumulación de diferencias condena al lector que espere un desenlace claro a tener que ponerlo por sí mismo. Pero la sistemática suspensión del juicio de TURGENEV no obedece sólo a una sublimación de la duda, traducida a virtuosismo de un último matiz que desconcierta al lector rompiéndole el más reciente juicio que ha av¡;nturado. Hay un empeño porque los personajes claves se iluminen en su diferencia: Bazarov es una parte de la Rusia de la época, tal vez errada y carente de futuro, ni siquiera es claro si su muerte es heroísmo, fracaso o autodestrucción, pero ilumina la verdad y la fantasía de los demás personajes obligándolos a mirar su realidad. Lo que se advierte entonces es la posibilidad de interacción entre formaciones de la experiencia plurales y contrapuestas sin que junto a ellas se disponga una instancia que facilite un juicio definitivo o un terreno desde el que todas hayan de coincidir. Esto se hace posible en la obra de TURGENEV, negativamente, porque no cree que ningún universo conceptual -y tal vez ninguna convicción- sea inmune a la fuerza de una individualidad o incluso de un interés o un deseo verdaderamente vital-y, positivamente, porque su imaginación y sensibilidad le convierten en un maestro de la Einfühlung, la comprensión imaginativa herderiana cuyo ejercicio desconcierta a los racionalistas, empezando por el propio KANT. Este tipo de ejercicio, sin embargo, y aquel resultado pluralista es lo que interesa a BERLIN. Porque la construcción de la diferencia a partir de la comprensión no es en TURGENEV un trabajo de indagación psicológica, ni una identificación sentimental o al menos no es eso exclusiva ni principalmente; y tampoco requiere una visión intuitiva de lo otro, ni un dispositivo ontológico entre lo uno y lo múltiple. Es un trabajo que se hace posible a partir de la posición libre de aquellos elementos que antes veíamos en el marco general de la experiencia -tal como lo hace el lenguaje artísticode modo que las diversas configuraciones individuales se comuniquen -no que entiendan o asientan, sino que no dejen de hablar o, en el caso del final de "Padres e Hijos", de recordarsin que ninguna se apodere de las otras; establecen así entre todos algo que puede reconocerse aun a niveles empíricos, sin que su nexo de unión pese a la diversidad de los elementosesté fuera de ellos. Todo ello no sólo se establece en el equilibrio formal de la obra de arte, sino se ofrece al reconocimiento de los que la reciben y se prolonga en estos. Un reconocimiento nada unánime, sino tan contradictorio que redujo a TURGENEV a un destierro más doloroso que el alejamiento físico, pero reconocimiento profundo porque puso a todos en la tesitura de descubrir que la identidad era un lento trabajo de reconocer lo diferente. 48 Juanl?sé Díaz Urmeneta VIII Esta relación entre la unidad de la experiencia, el individualismo y el pluralismo se establece a partir de una forma de entender la propia realidad personal, profesional, social y cultural a través de un modo específico de comprender la crítica de arte. Es lo decisivo de la obra de BELINSKY. "Bessarione Furioso", el crítico romántico ruso que fijó la obra y la significación de PUSHKIN en la cultura rusa, que estimuló una identidad de los "individuos superfluos" en la Rusia de su tiempo mediante su dura denuncia del conformismo de GOGOL y se convirtió en el mentor de la generación que estudia BERLIN y de sus consecuencias que a través del populismo ruso llegan al radicalismo blchevique. La influencia de BELINSKY parte de su modo de entender el arte y la crítica. Es un romántico que no quiere reposar en aquellas formas de unión entre arte y vida en las que ésta se abstrae de su medio social o de los aspectos de la existencia individual que él, desde su afán por la verdad y su inspiración moral, considera irrenunciables. Tampoco acepta la guía que, para la unidad de arte y vida, ofrezca la arquitéctonica de sistemas. Busca la unidad que surge del interior de la obra de arte, convierte a ésta en autosustentadora a partir y a través de una inspiración propia, y le exige un alcance que toque a la acción individual y al medio de tal acción. En su crítica, dice BERLIN, no hay un análisis estilizado de la relación arte-vida. Y es que se prefiere que la articulación de la relación sea la que surja del mismo interior de la obra, de su conexión con el autor, e incluso de la misma recepción de la obra. Esta aparece como un suceso total que enzarza al individuo, al medio histórico y cultural, e incluso crea su propio medio. No pretende, pues, BELINSKY una crítica moralizadora, utilitaria, o pedagógico-social 60• Lo característico es que a la vez que amplía el alcance de la crítica - a fin de cuentas era tal vez la única forma de hablar pública, personal y críticamente, en una sociedad tan reprimida y jerarquizada como la de Nicolás 1, de cuanto ellos eran y pretendían-, rechaza la posibilidad de su articulación por un solo nivel valorativo -cualquiera que fuera éste, un tal criterio (estético, moral, filosófico o político), resultaría extrínseco para su concepto de crítica-, y subraya la importancia de la obra como una totalidad. BELINSKY buscaba en el arte lo que otros coetáneos esperaron de la metafísica y la religión: una forma de "colmar la brecha dejada por otras formas ... de experiencia" 61 • Una preocupación típicamente romántica. La pureza de BE- 60. Ver la insistencia de BERLIN al respecto en 1979, e, 259, 307, 309 y 197,9, b, 488. 61. BERLIN, 1979, e, 308. Individualidad romántica y pluralismo 49 LINSKY convierte tal búsqueda en lo que BERLIN llama un humanismo radical 62• No quiere esteticismos: es una reconciliación con la realidad lo suficientemente sublimada como para ser falsa; tampoco sistemáticas filosóficas que, de antemano, fijan los papeles entre el sujeto y el objeto y dictan ritmos de actuación. Todo lo espera de la densidad objetiva y transparencia subjetiva de las creaciones de los hombres. La experiencia que busca no puede venir de fuera, sino de la obra misma de los hombres. Por ello si en el arte hay verdad, ésta es más que correspondencia: ha de ser profundidad -opuesto a banalidad y a simplismo-, y autenticidad. Si hay valor, éste desborda el formalismo o la referencia material: remite al propósito de la obra y al impulso del que brota; al tipo de mundo que suscita, a la densidad de sus relaciones de valor y a la relación de éstas con la verdad. Es decir, la experiencia que suscita la obra establece relaciones entre nuevos sujetos y nuevos objetos: es autosubsistente; pero, dada su autoría humana, ha de ser espontánea, directa. Y tal experiencia ha de ser medio de comprensión y autocomprensión, y vinculada al medio histórico, aunque para iluminarlo y conformarlo. Hay una importante implicación en el hecho de buscar esta nueva experiencia en la esfera del arte: en esta, verdad, valor y densidad de la experiencia no son excluyentes; la obra no es una función veritativa; lo que se establece en ella marca, más que una exclusión, una diferencia; el riesgo del juicio crítico es el de no comprender tal diferencia, tal novedad; en cualquier caso rara vez la agota. La obra como totalidad, pues, en su verdad o en su consistencia, se parecen más a los mundos individuales, que en su interacción, más que excluirse se interpelan e impugnan; más que interpretar un medio, lo crean, más que imponer una identidad, la ofrecen y más que obligar a una solución hacen consciente de nuevos problemas. Esto es lo que BELINSKY descubre en PUSHKIN 63 • Con ello se refuerza aquel humanismo al conectar unidad de la experiencia con experiencia individual, totalidad con pluralidad. En este medio es donde ha de verse la radicalidad del arte. Para BELINSKY no hay "una clara región de la experiencia llamada arte en la que aquellos, que en otras momentos de su vida andaban comprometidos con la mentira o con apaños morales, pudieran, sin embargo, porque una cosa es la vida y otra el arte, crear obras que estuvieran por encima del juicio ético" 64• Pero tal integración se sitúa en la relación creador-individuo, obra, medio-recepción. Si es el arte una experiencia humana radical, BELINSKY busca o supone en el autor un "centro de 62. BERLIN. 1955. 447 63. BERLIN, 1979, e, 105. Es interesante ver como desarrolla BERLIN la importancia cultural de la obra de PUSHKIN en un contexto diferente en BERLIN, 1971. 64. BERLIN, 1955, 447 50 Juan José Díaz Urmeneta gravedad moral" desde el que desplegar la autenticidad de la obra; desde ahí busca en la obra misma si su verdad es autoconsistente o si, digamos, se construye con palabras prestadas o tan particulares que apenas puede conectar los complejos de verdad y bien. Ahí la exigencia moral de integración se desliza ya a las relaciones de la obra con el medio. Con el que ella misma crea: con la profundidad y densidad de los significados e identidades que establece 65 , si son o no capaces de fijar la nueva experiencia, de ofrecerla a quien la recibe, removiendo su falsa paz. Y tambien con el medio en el que la obra se establece al que no puede permanecer totalmente ajena porque ello cuestionaría su pertinencia en la esfera de la experiencia buscada. De todo ello se desprende que el arte es una forma decisiva de comunicación interindividual, específica -aunque no exclusivade cada época y cultura. La obra de arte no es un estilo, una habilidad etc, sino "la expresión de vida de la asociación específica de seres humanos en los diferentes etapas de desarrollo material y espiritual ... vida en la que uno viene a encontrarse con individuos ... motivos, actividades, que intentan ser algo, comunicar alguna cosa, y ... luchar y sufrir por conseguirlo" 66• El arte así se convierte en "patria": "un credo según el cual sólo la literatura estaba libre de las traiciones de la vida rusa cotidiana; sólo ella ofrecía esperanzas de justicia, libertad y verdad" 67 • Pero lo que singulariza a tal ámbito no se transfiere a un lenguaje privilegiado, ni jerarquiza significados: lo que hace es multiplicar las condiciones de habla; condiciones que surgen de una actitud siempre a integrar, no que se dé por unificada desde una esfera considerada a priori como determinante; que más que decir qué ha de decirse, señala la capacidad, el riesgo y la necesidad de hablar. Hasta aquí las características básicas de la crítica de arte de BELINSKY como las presenta BERLIN. Podrían por sí misma conectarse a cuanto se lleva dicho para finalizar el tema que nos ocupa. Pero en el análisis de BELINSKY hay un concepto que lo unifica y que es de particular importancia para BERLIN. Lo que este llama "las ideas". Creo que es preferible hacerlo a partir de tal noción. "Ideas" son, para BERLIN, verdades, convicciones y creencias que están conectadas a emociones, vinculadas a actitudes y gestos, encamadas en correlatos simbólicos, y llegan, por ello, a ser "el complejo central de las relaciones de un hombre consigo mismo y con el mundo exterior" 68 • Podríamos llamarlas condensaciones históricas de la autorreflexión y me parecen muy cercanas a las formas de mediación por las que los individuos 65. BERLIN habla de "autenticidad ... pertinencia al tema. su profundidad, su verdad" en 1979. e, 301; comparar con la verdad-valor de las relevancias históricas en 1983, a, 93, ss[ 161, ss J. 66. BERLIN, 1955, 447 67. BERLIN, 1979, e, 302 68. BERLIN, 1979, e, 298 Individualidad romántica y pluralismo 51 llegan a comprenderse a sí mismos y a los demás, desde el medio en el viven -del que no cabe separar tales formasal que pueden, además, desde ellas comprender y modificar. No son formas vacías: incorporan racionalidad y son moldeables por ésta; tampoco son principios racionales sustanciales pero abstractos: están ligados a la historia, a la cultura y a la biografía. No son una mera competencia de uso de la racionalidad: se vinculan a la acción, incorporan elementos prácticos, emocionales y sensibles. Por consiguiente parecen favorecer las identidades concretas que veíamos en el epígrafe VI, al hablar de HERZEN. Además, la conexión individual que permiten no es sólo algo privado o inefable, se puede hablar de ella y tal vez con ella se hable. En realidad supondrían la concreción histórica e individual de aquel trasfondo de la experiencia al que me refería hablando de TOLSTOI. Tales concreciones señalan la diferencia de lo individual, pero desplegándola desde un oscuro suelo común que permite comprender la palabra diferente. En tercer lugar, esta diferencia no equivale a una tolerancia vacía, a un tout comprendre, tout pardonner: como dice BERLIN puede hablarse de ideas "profundas o huecas, falsas o verdaderas", pero también de ideas, "cerradas o abiertas, ciegas o dotadas de poder de visión" 69• En otras palabras permiten una interacción, en la que cada individuo puede ver la verdad del otro y su verdad a la luz del otro, tal como intuíamos en la obra de TURGENEV. Finalmente el que esta mediación tenga como correlato -social e individual- el lenguaje, permite pensar la unidad de la experiencia como un lento y arriesgado ejercicio que se mueve fuera de fines e ideas preconcebidas y sin autolimitarse a una sola esfera de sentido. Un ejercicio de sincronía tensa -dada la interacción con los individuos y con un medio complejo, y la carencia de un único y fuerte criterio a priori de selección de lo relevante- y de diacronía arriesgada porque, como debió apostar BELINSKY por la importancia futura de PUSHKIN, habrá de hacerlo esta configuración por su futuro y el de los que la rodean, sin poder contar más que consigo y sus interacciones. Estas mismas dificultades, sin embargo, es lo que permiten pensar un medio no regido sólo por el interés, la fuerza o las diversas formas de tutela, de la verdad o del poder, sino por la posibilidad de hablar y de mantener la palabra. BERLIN desde luego suprimiría de este terreno cualquier instancia que apriori garantizara el acuerdo. IX Queda por tanto ahí esbozado esta original forma de entender de modo pregnante la individualidad con un evidente correlato del pluralismo. Mi versión, 69. Ibid. 52 Juan José Díaz Urmeneta para aquellos que busquen una identificación histórica de la Intelligentsia Rusa, me temo, les parecerá escorada. En realidad no era ese el fin de este trabajo. Sin embargo, por completar la lectura de BERLIN -lo que sí entra en el propósitoquiero subrayar la importancia de aquella lntelligentsia como elemento del cambio social. BERLIN habla de la importancia de las ideas en el cambio social. No quiero entrar aquí en la famosa discusión a la que dio pie el análisis weberiano de la ética protestante. Sólo insistir en que pese a su aislamiento, pese a su escaso bagaje en medios de intervención social y a su alejamiento de los centros establecidos de distribución del poder, la Intelligentsia rusa propició un terreno para el establecimiento de identidades modernas. Entre sus elementos hay buenas dosis de radicalismo y jacobinismo, cuya herencia de luces y sombras conocemos bien. Pero también hay elementos liberales y libertarios junto a otros que marcan la importancia de lo diferencial de culturas e individuos y, en la generación que hemos analizado, una desconfianza importante de la eficacia del estado. Tal vez no sean estos elementos del todo baladíes hoy. Especialmente cuando de ellos resulta que la expresión de la complejidad es más importante que el establecimiento de lo igual. BIBLIOGRAFIA CITADA AYER, AJ.: "Parte de mi Vida", trad. de Alvaro Delgado Gal. Alianza Editorial, Madrid, 1982. BERLIN, l.: "The Man who Became a Myth", Listener, 38 (1947) 23-25. 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