Grassi, Ernesto, El poder de la imagen. Rehabilitación de la retórica, Barcelona, Anthropos, 2015, 320 pp.; y Retórica como filosofía. La tradición humanista, Barcelona, Anthropos, 2015, 176 pp. [Reseña]
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291 Reseñas Revista de Hispanismo Filosófico n.º 21 (2016): 223-392 derrota militar donde el exilio supondrá progresivamente el paso desde la legitimidad proscrita hasta convertirse en causa perdida. Finalmente, afirman los autores, “la necesidad de buscar una legitimación para la Monarquía al margen de la historia más o menos reciente llevó al olvido de la experiencia democrática republicana o incluso a su condena por su asociación con la Guerra Civil. […] Durante el proceso de la transición y a lo largo de los años ochenta, la experiencia republicana estuvo muy presente… pero para que no se repitiese. Sirvió de contramodelo en toda su extensión, es decir, de cómo no debían hacerse las cosas. [..] De esta ‘quema’ antilegitimista sólo se salvaron los gobiernos en el exilio de Leizaola y Tarradellas, porque sus reivindicaciones nacionalistas se habían realizado en un marco accidentalista, y las fuerzas reformistas procedentes del tardofranquismo necesitaban de esa fuente de autenticación”. ¿Qué queda hoy, entonces, de la Segunda República en la memoria colectiva de los españoles? Más allá de la necesaria referencia a “las memorias”, además de otras sustantivas apreciaciones, los autores responden con encomiable honestidad: “La democracia no es una opción científica, sino moral, e incluso podría argumentarse que racional desde un punto de vista kantiano. Por eso abundamos los historiadores antifranquistas, y difícilmente se no puede pedir que equiparemos moralmente a la República con la Dictadura de Franco. No se puede ser neutral, pero no por eso dejamos de aspirar a ser serios y rigurosos ni nos dedicamos por ello a la propaganda política”. Tan sólo resta una duda después de la lectura de esta magnífica obra: ¿cuándo conseguiremos la madurez y brillantez mostrada en esta obra, resultado del análisis histórico sin fatalismos ni masoquismos, para abordar una lectura semejante de la llamada “transición a la democracia” en España? Miguel Ángel López Muñoz Grassi, erNesto, El poder de la imagen. Rehabilitación de la retórica, Barcelona, Anthropos, 2015, 320 pp.; y Retórica como filosofía. La tradición humanista, Barcelona, Anthropos, 2015, 176 pp. Recientemente se han impreso dos nuevas traducciones de la extensa obra de Ernesto Grassi, que la Editorial Anthropos viene publicando desde que en 1993 se editara La filosofía del Humanismo. Preeminencia de la palabra (primera de las obras del filósofo milanés aparecida en la colección Autores, Textos y Temas. Humanismo de la editorial catalana). Se convierten en el séptimo y el octavo libro de Grassi aparecidos en castellano (antes de que Anthropos comenzara con esta labor de recuperación del pensamiento grassiano sólo una o dos obras de este filósofo habían sido traducidas a nuestro idioma), mostrando así el interés que las tesis de este heterodoxo discípulo de Heidegger continúan suscitando en la filosofía actual, concretamente en torno a la retórica, objeto de estudio de estas dos últimas traducciones. El poder de la imagen. Rehabilitación de la retórica es una obra original alemana que Grassi publicó en 1970 bajo el título Macht des Bildes: Ohnmacht der rationalen Sprache. Zur Rettung des Rhetorischen, y que nueve años más tarde reedita (sin modificaciones) en su colección Humanistische Bibliothek (vol. 33). Un año antes de esta reedición ale-
292 Reseñas Revista de Hispanismo Filosófico n.º 21 (2016): 223-392 mana había sido traducida al portugués y en 1989 al italiano. Por tanto, consideramos que la presente traducción castellana, realizada nuevamente por Jorge Navarro Pérez, viene a ofrecer a los lectores de habla hispana la oportunidad de seguir ahondando en el sugestivo pensamiento del filósofo milanés. La tesis fundamental de este libro señala la actual necesidad de rehabilitación de la retórica ante el rechazo que históricamente las disciplinas humanísticas han venido padeciendo. Por todos es sabido que cuando Descartes reconstruye el edificio de la filosofía a partir de una primera verdad incuestionable, desde la que deducir la realidad, todo saber retórico (apoyado en la imagen) es marginado en nombre de la ciencia. De modo que la inauguración de la Modernidad supuso también la apertura de una brecha entre el pensamiento racional o científico y el pensamiento patético o retórico. La consecuencia más palpable de esta actitud racionalista se halla en la exclusión, por gran parte de la filosofía occidental, del problema de la imagen, que queda desligado de todo análisis filosófico. En este sentido, nos hemos habituado a encontrar el discurso retórico y metafórico fuera de los márgenes de la filosofía, trayendo consigo el olvido de los textos humanistas del Renacimien- to (que Grassi rescata en sus obras), en los que el pensamiento imaginativo, inventivo y, en definitiva, retórico es una herramienta al servicio del quehacer filosófico. Quien haya leído a un Valla, a un Poliziano o a un Juan Luis Vives sabrá que sus páginas están cargadas de un lenguaje mostrativo que, frente al lenguaje demostrativo de la filosofía racionalista, trata de señalar el carácter metamórfico de la realidad. Sin embargo, ese carácter equívoco supone una prueba suficiente para el Tribunal de la Razón que hace sentar a la metáfora en el banquillo de los acusados, denunciando así su falta de cientificidad. Esta situación de inferioridad con respecto al lenguaje lógico y racional es el que habría motivado la ausencia de éstos y otros humanistas en los manuales de Historia de la Filosofía. Situados en esta problemática, la obra de Grassi en general, y muy especialmente El poder de la imagen (como también en Retórica como filosofía), trata de reflexionar en torno al carácter filosófico de la retórica y, más concretamente, se pregunta si la metáfora es o no un medio puramente literario o más bien un discurso necesario para hablar de lo originario. Cada una de las tres partes que componen esta obra (más una nota en recuerdo de W. Szilasi y un prólogo del autor, seguido de la interesante introducción de Emilio Hidalgo-Serna, discípulo y albacea testamentario de Ernesto Grassi, y gran conocedor del pensamiento grassiano), reflejan, por un lado, la crítica heideggeriana a la tradición metafísica racionalista; y, por otro, la original rehabilitación (por parte de su discípulo) de aquella otra tradición occidental, la humanista, que sí que habría pensado la diferencia ontológica. Desde este punto de vista, como recordarán los lectores de Grassi, este filósofo intenta establecer la preeminencia de la palabra (al igual que su maestro), y no de cualquier palabra, sino de la palabra originaria, esto es, la palabra poética. Tratando al mismo tiempo de discutir el supuesto antihumanismo heideggeriano con ejemplos de humanistas renacentistas, como hace en la Tercera Parte de esta obra (titulada El ingenio. La tradición humanista), que habrían partido del problema de la palabra y no
293 Reseñas Revista de Hispanismo Filosófico n.º 21 (2016): 223-392 del ente, como injustamente —a juicio de Grassi— les había acusado el autor de la Carta sobre el Humanismo. En definitiva, durante las casi trescientas páginas que ocupan El poder de la imagen, Grassi defiende y argumenta el valor filosófico-hermenéutico del lenguaje imaginativo (basado en imágenes) propio de la retórica, mostrando a su vez el rechazo cartesiano de las disciplinas humanistas (junto con la crítica de Vico a la filosofía de Descartes) —como podemos leer en el capítulo final—, así como innumerables ejemplos del pensamiento humanista como fuente de conocimiento científico. Por último, quisiéramos finalizar esta presentación de la obra de Grassi, El poder de la imagen (y antes de analizar brevemente la contribución filosófica de la segunda de las obras de Grassi sobre la retórica recientemente traducida), haciendo referencia al valioso índice de nombres y de conceptos que esta colección suele incluir en sus ediciones y que tan útiles resultan para quienes las manejamos. La aparición de la traducción castellana, por parte de Jorge Navarro y Joaquín Barceló, de la obra Retórica como filosofía (junto con El poder de la imagen. Rehabilitación de la retórica) se suma, como vemos, al esfuerzo grassiano por defender el valor filosófico de la retórica, reflejando el actual interés de la editorial Anthropos y de Emilio Hidalgo-Serna (Presidente de la Fundación Studia Humanitatis) por mostrar una parte importante de la reflexión filosófica de Ernesto Grassi dedicada al estudio de esta disciplina. No obstante, el tratamiento que este autor le dio a la retórica a lo largo de su dilatada carrera docente e investigadora no se quedó en el mero análisis literario de este arte de la persuasión, sino que, para el filósofo ítalo-germano, el verdadero atractivo de la retórica estribaría en su posible relación con la filosofía. Esto es, a Grassi no le interesaba tanto un análisis semiótico de la retórica (objeto más bien de la literatura), sino ante todo una reflexión filosófica que tratara de superar la tradicional escisión entre estas dos disciplinas. De modo que retórica y filosofía pudieran volver a darse la mano, tal y como lo habían hecho en la filosofía clásica. Más allá, por tanto, de la tradicional definición de la retórica como el arte del hablar y escribir bien, Grassi se coloca en aquel espacio de reflexión entre la retórica y la filosofía. Es, de este modo, el objeto de investigación fundamental de esta obra que ahora presentamos el de averiguar si persiste aún aquella “y” entre filosofía y retórica. Para ello, nuestro autor recurre (como en otras de sus obras) a la tradición latina con la intención de evidenciar que en el pensamiento antiguo se produjo esa unión entre los dos saberes. De igual manera, y teniendo en cuenta que el Humanismo renacentista es deudor de esta tradición latina, nos muestra en su obra las raíces del pensamiento humanista italiano, que culmina en Giambattista Vico. Por otro lado, aunque en este mismo sentido, no es casual que Retórica como filosofía estuviera dedicada a su discípulo y amigo Donald Phillip Verene, otro incansable estudioso del pensamiento humanista italiano y del autor de la Scienza Nuova. Con él compartía Grassi el deseo de desvelar (al estilo de la aletheia) una tradición filosófica que durante siglos había permanecido oculta y que Grassi denominaría “Humanismo retórico”. Para lograrlo, en la presente obra analiza primero aquellas raíces latinas de la tradición humanista italiana de la que hablábamos anteriormente.
294 Reseñas Revista de Hispanismo Filosófico n.º 21 (2016): 223-392 En segundo lugar, aborda la primacía del discurso retórico, mostrando la base metafórica de la retórica y de la filosofía como argumento clave para señalar el hermanamiento entre ambas. En tercer lugar, encontramos un interesante estudio acerca de las “premisas históricas y teóricas de la concepción humanista de la retórica”, en el que Grassi compara los planteamientos de Descartes y Vico al respecto, explicitando el rechazo cartesiano (y por ende racionalista) de todo saber humanista. A renglón seguido, nos topamos con la esperada respuesta viquiana y su crítica a la filosofía de Descartes, que culminan con un examen por parte de Grassi de la tradicional ruptura entre filosofía tópica y filosofía racional. En los capítulos cuarto y quinto el autor aborda dos cuestiones que también preocuparon muy especialmente a los humanistas renacentistas, a saber, la sociedad y la religión, respectivamente. Así, en el capítulo cuarto (La retórica como fundamento de la sociedad), Grassi analiza los argumentos propios de lo que se ha denominado un “humanismo cívico”, en el que la oratoria juega un papel predominante. Por otro lado, El lenguaje como presupuesto de la religión: ¿un problema de la retórica como filosofía?, título de la última de las partes de este libro, pretende examinar la relación entre lenguaje y religión, por un lado, y por otro, trata de discutir lo religioso en el ámbito de la retórica. Para llevar a cabo esta interesante tarea —aunque no menos insólita y provocadora (como reconoce el propio Grassi)— comienza definiendo al lenguaje sagrado como un lenguaje indicativo, profético, que no surge de un proceso de deducción (ya que posee un carácter originario), cuyas afirmaciones —metafóricas— se formulan sin mediación alguna, para posteriormente establecer las posibles diferencias con respecto al discurso racional. Como hemos podido comprobar, Grassi intenta sintetizar en los cinco capítulos que componen Retórica como filosofía. La tradición humanista su concepción filosófica de la retórica, que como nos recuerda Emilio Hidalgo-Ser- na, en su “Nota el lector”, “recoge los argumentos de las lecciones que Grassi impartió a finales de los años setenta en tres universidades norteamericanas: la Columbia University, la Yale University y The Pennsylvania State University” (p. VII). Se trata, además, de la primera obra publicada en inglés de este filósofo, aparecida en 1980, y que viene a participar del interés que en aquella época comenzaba a despertar Vico en Estados Unidos. Por último, y no por ello menos relevante, queremos señalar el valor teórico del prólogo de esta obra, realizado por el profesor Massimo Marassi, versado en el pensamiento de su maestro, y que ha dado a conocer en Italia la obra de Grassi. En este prólogo encontraremos no sólo las claves interpretativas que nos permitirán entender de una manera más profunda esta obra, sino también otras del pensamiento grassiano (anteriores a ésta), en las que un Grassi maduro reflexiona en torno al poder filosófico de la retórica. En última instancia, podemos comprobar que no sólo Retórica como filosofía sino también El poder de la imagen nos presentan un perfil de la retórica no entendida únicamente como arte de la persuasión, sino como un saber originario, cargado de imágenes, que tiene el poder de mostrar la realidad tal y como es, así como acercarnos al problema filosófico del origen del lenguaje humano. Jéssica Sánchez Espillaque