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Pasa algo, porque pasa algo, porque pasa algo. El capital relacional.

Reinoso Bellido, Rafael

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í ndice [ espacios mediados ] ] 413 [ í ndice El título es un préstamo de Jan Gehl, quien describe la situación generada por un niño que juega sólo en un lugar. Un rato después otro niño al verle decide unirse y compartir su juego, y más tarde otro niño y otro más, lo que tras esta secuencia encadenada desde un origen fortuito, aunque quizás no demasiado, le hace pensar…”pasa algo, porque pasa algo, porque pasa algo”… De lo emocional a lo relacional Cuando a través de un umbral accedemos al mausoleo del Taj Mahal, dejando atrás bruscamente el espectáculo de la abigarrada y ruidosa vida india, es imposible no sentirse emocionado … un colosal edificio blanco dibuja su silueta a cierta distancia entre las brumas indias, una secuencia arquitectónica de aproximación cuidada al detalle nos acerca de manera indirecta hacia un objetivo, y también hacia un final que de nuevo es un principio,...el valle brumoso del Yamuna con la visión del paisaje oriental y el imaginario transmitido por la literatura y la iconografía conocida, los animales en libertad moviéndose despacio, la desdibujada, entre la distancia, visión de los palacios y castillos lejanos. Mirando aquel paisaje, y tras una pesada acumulación de impactos emocionales, apenas se puede decir ¡¡pero dios mío, quien ha pensado todo esto!!......Pero, lo sabemos,. todo esto es un despliegue de habilidad en el manejo de las herramientas que la arquitectura y la urbanística clásicas, igual que las modernas, han utilizado desde siempre para emocionarnos, o para condicionarnos emocionalmente frente a cualquier cosa: tectónica y lugar, formas, materiales, luz, distancias, y condiciones locales. En cambio, es relativamente frecuente encontrar experiencias emocionales lejos de la habilidad tectónica, incluso dentro de la propia disciplina arquitectónica. En el primer beso, la experiencia emocional es irrepetible, y la importancia del marco físico donde la sentimos, relativamente poca. Pero es fácil imaginarnos lugares donde la experiencia emocional se manifieste por la propia actividad para los que fueron proyectados, incluso por la emergencia de aquellas que no fueron programadas. Basta citar buena parte del trabajo de OMA, empeñado en esta tarea, muy explícita, de emocionar sin necesidad tectónica, diseñando, como dice R. Koolhaas “espacios neutros que permitan encontrar lo plausible de la arquitectura”. PASA ALGO, PORQUE PASA ALGO, PORQUE PASA ALGO. EL CAPITAL RELACIONAL Rafael Reinoso Bellido (Málaga, España) Palabras clave: inercia – experiencia – acumulación - urbanismo [email protected] Rafael Reinoso Bellido htmhc ] 414 [ í ndice Será el espectáculo social generado por una habilidosa alquimia funcional, el que haga que aquellos puedan ser soporte y escenario de los más diferentes acontecimientos humanos. La opción responde a una combinación de éxito: relación con emoción o emoción con relación, según se quiera, con un marco arquitectónico diseñado para no ser especialmente hermoso para la sensibilidad y culturas contemporáneas. La Yemá El Fna de Marrakech, una de las más “bellas” plazas del mundo, es un ejemplo claro del potencial emocional de la acción frente a la tectónica. Cien por cien acción sin proyecto. Es bastante probable que el concepto de belleza en el campo del espacio construido traspasará pronto la contundente frontera hegemónica de la tectónica, a pesar del sólido apoyo mediático de las clásicas revistas y libros sobre el tema del proyecto de la experiencia emocional. Toca pensar. Toca pensar. La desaforada coyuntura reciente, al menos de los últimos 20 años, en lo que concierne a la producción de nuevo espacio habitado, ha provocado que el desajuste entre la oferta y la demanda haya colocado en el mercado un excedente de espacio construido inerte para la vida urbana, ya que se trataba de un producto esencialmente destinado a convertirse en un valor de cambio artificiosamente rentable, como por fin sabemos. Esto se ha convertido en un problema en el momento que se constata que esa cantidad de espacio construido, de completa ausencia de los valores sedimentados en la mejor teoría y práctica anterior, es un enorme porcentaje del espacio construido total. Problema de los importantes si se sabe que el suelo es ya un bien escaso. Cuando se materializa un buen proyecto de naturaleza urbana o arquitectónica, y se observa como la gente se arremolina encontrándose, cabe preguntarse algunas cosas. Una es cómo y donde hacían por encontrarse hasta entonces esas personas, otra es la de cuántos de estos proyectos y cuantas relaciones interpersonales puede asumir un territorio, y sobre todo, donde se encuentra el umbral de relacionalidad, es decir cuanto potencial relacional oculto no se manifiesta ... ¡¡cuantas cosas y cuanta gente no se conoce, por culpa del urbanismo y de la arquitectura!!... Tras un estudio realizado sobre las áreas de juegos infantiles, se detectó que en demasiados casos los bancos situados junto a estos estaban al revés, mirando a la dirección contraria a los niños, cuando, precisamente, esos bancos son un dispositivo relacional muy potente. Donde hay niños hay relaciones sociales. Se descubrió que el problema era producido porque el departamento que colocaba los juegos, y el de los bancos eran diferentes, pero sobre todo lo que más llamaba la atención fue saber que darle la vuelta a un banco era una decisión de una gran envergadura municipal. Darle la vuelta a un banco es muy difícil, pero posible, mejorar la capacidad relacional de un edificio es muy caro, pero todavía posible, en cambio cambiar una traza, una conexión, es prácticamente imposible. Las trazas tienen una gran inercia al cambio, es decir, las conexiones que construyen tienen un enorme instinto de permanencia…Había por tanto algún error en el guión de aquella película de la máquina del tiempo donde unos personajes desde un sofisticado taller regresaban al pasado en medio de una colapsada autopista. No está de más aclarar que no es lo mismo conexión que relación, a veces, precisamente, son lo contrario: desconexión es igual a relación. Lo primero queda más próximo al proyecto de las trazas y la articulación de las funciones, mientras lo segundo ha de entenderse más como una cualificación conexional. Conexión para comunicarse, relación para “tocarse”. Con ello cabe asegurar que en nuestros territorios virtuales y físicos hay muchos dispositivos conexionales, y que no es frecuente verlos desarrollados con eficientes dispositivos relacionales. Buena parte de nuestro espacio habitable se ha construido con sistemas de relaciones muy ineficaces, quizas debido a la inexistencia de un tiempo de sedimentación para las ideas y a la esterilidad de la estanca fragmentación institucional, que ha colocado tantos bancos al revés. Pero solo quizás… El “arte” de organizar funciones y espacios es trascendente, es decisivo, no solo para el potencial de oportunidades de un individuo, sino para el de sociedades enteras. Y no es poca cosa cuando se habla de formar arquitectos, probablemente una de las actividades, junto a la política y la legislación, que más influencia tiene en el destino y en el mapa de oportunidades de individuos y sociedades. Pasa algo, porque pasa algo, porque pasa algo. El capital relacional í ndice [ espacios mediados ] ] 415 [ í ndice El potencial de oportunidades reside de manera muy destacada en el azar, pero sobre todo en el capital social disponible, es decir, en ese conjunto de relaciones personales, con otros o con grupos de otros, que determina en condiciones de directa proporcionalidad el número de opciones sobre las que construir un itinerario de vida. Este capital social, aparte de aquel que se hereda, se produce y reproduce en buena medida en el medio en el que nos desenvolvemos, especialmente el urbano. Dicen los biólogos que los ecosistemas de mayor diversidad (y por tanto de mayor interacción biológica) son los más resistentes. Aquella parte del jardín descuidada, aquella fuga de agua no controlada, genera un ecosistema variado, donde la lucha por la vida es más intensa, donde los bichos y las plantas viven más intensamente, donde también los cambios y la ley de la naturaleza son su manifestación más explícita. Su traslación al campo de nuestro espacio habitable se me antoja muy pertinente, especialmente porque ni siquiera se plantean dispositivos para que se manifiesten los tan necesarios conflictos. Y aquí reside buena parte del problema. El trabajo de arquitectos y urbanistas no está valorando, como parte de su oferta, la relacionalidad. Cada día nuestros edificios y paisajes son más hermosos, más seguros, se investiga más en materiales, ecologizando los procesos constructivos hasta donde esto es posible…., pero los propios edificios y de manera especial los medios urbanos, están desiertos de oportunidades relacionales. Este trabajo, esta habilidad, que habría de ser muy central en las tareas de la arquitectura, por cuanto no está en manos de otras disciplinas mejor preparadas el hacerlo, está, mucho más hoy que antes, muy desatendido. Nuestros edificios y medios urbanos necesitan de la arquitectura, de su habilidad para construirlos o restaurarlos, de su competencia para cualificarlos, tal y como tantos años de ensayo y error nos han podido enseñar. Ese camino ha quedado trazado en proyectos y libros, apoyándose unas veces en los más sencillos elementos urbanos, en la colocación de sus edificios, en las apuestas por la densidad e hiperconexión, pero también en lo contrario, incluso mostrando como a falta de iniciativas, la vida termina abriéndose camino incluso en los peores ejemplos. Si es posible valorar esto, ¿Cuánto cuesta precisamente eso?, ¿Cuánto vale la dificultad del territorio arquitectónico y urbano en generar relacionalidad?, ¿Cuánto vale un beso que no se da?, ¿Cuánto vale una iniciativa que no emerge por falta de complicidades?, ¿Cuánto vale una idea que no se mueve?, ¿Cuánto vale un amigo que no conoces?... La idea de capital asociada al trabajo del urbanismo, en este caso concreto, la descubrí en un antiguo artículo de Manuel de Solá-Morales y José Luis Gómez Ordóñez del 77, titulado “Crecimiento urbano como inversión en capital fijo”. En el se explicaba que se produce una acumulación de capital cuando las inversiones en infraestructuras y servicios garantizan su reproducción a partir de proyectos cuidados, regulando las rentas del suelo y distribuyendo las plusvalías asociadas, Esa idea de valor inmueble del territorio sin valor de cambio que produce rentas, es lo que me interesa, porque me permite entender como capital, también, una consciente cualificación del espacio que favorezca lo relacional, con su componente emocional y su vocación de permanencia, incluso también de su probable reproducción. La terna conexión-emoción-permanencia, es un valor anclado en el territorio, y con ello se ancla en directa proporcionalidad un dispositivo generador de rentas económicas, culturales, sociales y familiares. Las acciones destinadas a cualificar el espacio urbano bajo estas premisas tienen su más claro ejemplo en las compulsivas, a veces, tareas de peatonalización, que hacen emerger de pronto sus cuantiosas ventajas, percibiéndose de entre todas ellas, la menos interesante, aunque no menos importante, como es la exponencial subida de las plusvalías del suelo. ¿Puede, pues, en ausencia de cualificaciones relacionales producirse descapitalización? El potencial relacional de un territorio ya no reside hoy de manera exclusiva en el escenario físico, como ya sabemos, pero mi respuesta es sí. Al final, como se sabe, el poder, el capital, la ideología, el arte, las celebraciones, etc… tras tanta virtualidad necesita atarse en tierra: La Bastilla y los bulevares de París, Tianannmen, Wall Street, Time Square, …La Plaza de Colón o la Cibeles. El futuro éxito de muchos edificios, ciudades y territorios, muy singularmente los nuestros, depende del Rafael Reinoso Bellido htmhc ] 416 [ í ndice cuidado en activar los dispositivos que faciliten acumulaciones de capital asociadas a lo relacional. De manera muy especial en todo el reciente espacio inerte generado en las últimas décadas bajo ese “apagón relacional”,producido a partes iguales tanto desde las decisiones del proyecto como desde la demanda, que ha aceptado y asumido, quizás de manera inevitable, un producto tan inútil para su propósito como tangible y real… quizás una emergencia nacional en el caso de nuestras más queridas ciudades… Se puede, como se sabe, recapitalizar un territorio restaurando o rehabilitándolo a través de mecanismos de acumulación relacional, influyendo decisivamente en las plusvalías y las rentas del suelo, incluso en aquellos casos que se pensaron incurables tras desastrosas intervenciones proyectuales. Pero, cuidado, com la experiencia ha sido capaz de demostrar tantas veces ¿cuantas inversiones destinadas a priori a satisfacer esta cuestión se han convertido en un sumidero de recursos por no responder correctamente a sus objetivos?. Puede que generen una plusvalías iniciales, y pongan en marcha mecanismos de reproducción de rentas mecánicos, pero puede, también, que en poco tiempo puedan sufrir disfunciones y cierta regresión, una descapitalización derivada de unos proyectos iniciales que, ganando obsolescencia, no construyeron nada más que conexiones, y a veces ni eso. ¿cuantos bancos se siguen poniendo al revés? Entender la arquitectura como disciplina edilicia especialmente entrenada para la destreza tectónica desde la que organizar funciones y gestionar emociones es insuficiente. Su competencia demostrada disciplinarmente a través de cuantiosos ejemplos nos muestra cuanto necesitamos también de su destreza para cualificar funciones, emociones, conexiones y sobre todo relaciones. Pasa algo, porque pasa algo, porque pasa algo. El capital relacional