Fuentes de riqueza y promoción social de los 'Negotiantes Salsarii' béticos en el alto imperio romano. Una aproximación diacrónica
Abstract
Planteamos un estudio centrado en los mecanismos de promoción socio-económica que experimentaron los comerciantes de salazón en la Bética romana durante el Alto Imperio, al margen de su propio origen social. Los testimonios de la epigrafía (lapidaria y anfórica) constituyen la base fundamental sobre la que asentar las evidencias de su paulatina aproximación a las elites sociales de Roma, en perjuicio de sus propias comunidades de origen.
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FUENTES DE RIQUEZA Y PROMOCIÓN SOCIAL DE LOS NEGOTIANTES SALSARII BÉTICOS EN EL ALTO IMPERIO ROMANO. UNA APROXIMACIÓN DIACRÓNICA SOURCES OF WEALTH AND SOCIAL PROMOTION OF THE NEGOTIANTES SALSARII FROM BAETICA DURING THE EARLY ROMAN EMPIRE. A DIACHRONIC APPROACH ENRIQUE GARCÍA VARGAS1 Universidad de Sevilla JULIO MARTÍNEZ MAGANTO2 Universidad Autónoma de Madrid Archivo Español de Arqueología 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 RESUMEN Planteamos un estudio centrado en los mecanismos de promoción socio-económica que experimentaron los comerciantes de salazón en la Bética romana durante el Alto Imperio, al margen de su propio origen social. Los testimonios de la epigrafía (lapidaria y anfórica) constituyen la base fundamental sobre la que asentar las evidencias de su paulatina aproximación a las elites sociales de Roma, en perjuicio de sus propias comunidades de origen. SUMMARY In this paper, we propose a study about social and economic promotion mechanisms among salted fish traders in Roman Baetica during the Early Empire, independently of their social origin. Items obtained by epigraphy (either stone tablets or amphorae) are the fundamental basis for evidence as to their gradual moving towards social elites from Rome, even to the detriment of their own original communities. PALABRAS CLAVE: Comercio romano, economía romana, navicularii, negotiatores, mercatores, salazones, ánforas, evergetismo, Baetica. KEY WORDS: Roman trade, Roman economy, navicularii, negotiatores, mercatores, salted fish, amphorae, evergetism, Baetica. INTRODUCCIÓN En un reciente trabajo, L. Lagóstena (2004, 218) constataba que la comparación exhaustiva entre el registro epigráfico de las ánforas salsarias béticas y la epigrafía «mayor» no se ha realizado aún en toda su complejidad. El propio L. Lagóstena (2001, 294- 295 y 301-305), R. Étienne y F. Mayet (1998; 2002) y, últimamente, C. Morales Muñoz (2005) y R. Rovira Guardiola (2007), han puesto, siempre con buen criterio, las bases de esta tarea que aún debe avanzar más por un camino apenas emprendido. Obviamente, sería posible mejorar las expectativas si logramos establecer un análisis sistemático de la estructura «normativa» de los tituli picti sobre ánforas salsarias (Martínez Maganto 2000; Lagóstena 2002- 3), a la vez que se arbitran cauces de comparación con la epigrafía lapidaria. Sin embargo, nuestra intención aquí no es ensayar un detenido cotejo entre los nombres de negotiatores y mercatores citados en las ánforas salsarias y sus homónimos en la epigrafía lapidaria (o en el resto del instrumentum domesticum), sino más bien obtener una amplia visión que abarque aspectos jurídicos, económicos y cronológicos, superando así el marco habitual de simples paralelos entre series epigráficas. Por tanto, conviene explicitar los parámetros en los que vamos a desarrollar esta tarea, 1 Correo electrónico: [email protected] 2 Correo electrónico: [email protected]
134 ENRIQUE GARCÍA VARGAS, JULIO MARTÍNEZ MAGANTO AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 empezando por establecer unas breves aclaraciones iniciales sobre estos ámbitos citados, siendo conscientes de la complejidad que implica una interpretación económica como la que aquí proponemos. Por aspectos jurídicos entendemos no sólo cuestiones técnicas o estrictamente legales del Derecho, tema de enorme amplitud (Biscardi 1982), sino más bien el conjunto de relaciones que los comerciantes establecen entre sí y/o con las instituciones públicas o privadas. Estas últimas son complejas y mutables en el tiempo y cuando aparecen reguladas por el Derecho evidencian el interés de la Administración por incentivar la participación de los privados en el abastecimiento del Estado. Por su parte, los aspectos económicos no se refieren a una simple delimitación del cálculo racional de beneficios, sino que reflejan las complejas relaciones existentes dentro de la esfera económica; van, por tanto, más allá del simple beneficio, al implicar actos y actitudes concretas encaminadas a la obtención de prestigio o promoción social. Éstos se expresan casi siempre mediante fórmulas evergéticas a cargo de individuos de variada condición que, junto a las redes de amistad, influencia y clientelismo, constituyen algunos de los mecanismos que contribuyen a movilizar la riqueza y animar los mercados. Finalmente, los aspectos cronológicos merecen una especial atención, ya que delimitan el marco en el que se insertan los dos ámbitos anteriores y posibilitan considerar la industria salazonera sudhispana desde una perspectiva diacrónica, inmersa en un proceso general de cambios, sean éstos sociales, económicos o jurídicos. Sólo podemos analizar adecuadamente tales cambios si trabajamos sobre una secuencia cronológica bien trabada. LIBRES Y LIBERTOS: LA CONSOLIDACIÓN DE LOS NEGOTIANTES SALSARII BÉTICOS EN EL ORDEN SOCIAL DEL ALTO IMPERIO ROMANO A PARTIR DEL SIGLO II D. C. (Figs. 1-4) Permítasenos comenzar in media res, en el siglo II d. C., un momento especialmente interesante en el que se asientan los numerosos cambios que se han ido fraguando desde época julio-claudia. De este modo, podemos obtener una visión ya consolidada del papel de los negotiantes para, posteriormente, retrotraernos a la situación de origen en el siguiente apartado. Esta estrategia expositiva posibilita comprender mejor qué ha cambiado en relación con los tiempos anteriores. Por desgracia, contamos con escasos testimonios epigráficos de esta época referidos a los comerciantes de salazones béticos, aunque quizá sean suficientes para mostrar los cambios introducidos en las estructuras del comercio en esta nueva época, así como su paulatino afianzamiento. Los testimonios disponibles3 muestran situaciones socioeconómicas diversas, lo que seguramente refleja la existencia de grupos diferentes de negociantes empeñados en un mismo negocio, aunque trabajando en el seno de un entorno económico dinámico y sumamente complejo. La primera de estas situaciones viene definida por una interesante inscripción hallada en Málaga (CIL II, 1971) y fechada en torno al año 144 d. C. en la que se recoge un hecho singular. Según el texto, los ciudadanos de Malaca habían reunido dinero para elevar una estatua en honor de Valeria Lucilla, esposa de Marcus Valerius Proculus, quien por entonces era prefecto de Egipto y lo había sido antes de la Annona (142-144 d. C.). Sin embargo, un individuo de nombre P. Clodius Athenio devolvió el dinero a la ciudad y afrontó personalmente el gasto de erección de la imagen de esta mujer. El hecho no tendría mayor relevancia para nuestros propósitos si no fuera porque P. Clodius Athenio aparece en otra inscripción, esta vez de Roma (CIL VI, 9677), como negotians salsarius y quinquennalis corporis negotiantium Malacitanorum. Sin duda, el objetivo perseguido por Athenio era la obtención de prestigio ante sus conciudadanos ahorrando dinero público y fomentando su relación cercana con Valerius Proculus, el antiguo prefecto de la Annona, y su mujer. Sin embargo, una interpretación más detenida de este hecho revela intenciones no tan desinteresadas, ya que, además del prestigio, la relación de Athenio con Proculus podía llegar a reportarle interesantes ventajas fiscales no sólo a él mismo, sino también al resto de los negotiatores Malacitani e incluso al propio municipio en que éstos estaban radicados. Siguiendo con esta estrecha relación entre los municipios y los comerciantes el caso de L. Iunius Nothus de Singilia Barba (Cerro del Castillón, Antequera) resulta muy interesante ya que nos permite descender un peldaño en la jerarquía de redes de clientelismo. Este individuo, con una posición social 3 Con ánimo de hacer más dinámica la lectura de este complejo panorama se han definido unas tablas-resumen que recogen referencias de todos los individuos citados en el tex- to, tanto en Baetica como fuera de esta área (Figs. 1 y 2). Asimismo, siguiendo idéntico criterio, se han confeccionado unos mapas que facilitan la visión espacial y la ubicación de los diferentes topónimos aludidos en el texto (Figs. 3 y 4).
135FUENTES DE RIQUEZA ... DE LOS NEGOTIANTES SALSARII BÉTICOS... AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 RELACIÓN DE TOPÓNIMOS Y ANTROPÓNIMOS CITADOS EN EL TEXTO Y SUS POSIBLES RELACIONES [ÁREA DE LA BAETICA] B A E T I C A Figura 1
136 ENRIQUE GARCÍA VARGAS, JULIO MARTÍNEZ MAGANTO AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 RELACIÓN DE TOPÓNIMOS Y ANTROPÓNIMOS CITADOS EN EL TEXTO Y SUS POSIBLES RELACIONES [ÁREA EUROPEA] (Las localizaciones en pecios aparecen señaladas mediante subrayado) Figura 2 claramente inferior a la de Athenio, no es un salsarius en sentido estricto, pero su cursus permite caracterizar a un grupo de comerciantes que encontraron condiciones favorables de promoción social en las relaciones establecidas con las clases rectoras de las ciudades, no con los oficiales del Estado, como en el caso anterior. Iunius Nothus fue un liberto enriquecido que, gracias a su relación matrimonial con Lollia Marciana, enlazó con una familia perteneciente a la clase aristocracia local de Singilia. Una inscripción poco conocida (Serrano et alii 1975) nos informa sobre la dedicatoria otorgada por el municipio a su mujer; el propio Nothus se encargó, junto a los padres de ésta, de aceptar el honor y de pagar la imagen de su bolsillo. De Nothus sabemos además (CIL II, 2023) que el ordo de la ciudad le otorgó una estatua y los máximos honores que podía alcanzar un liberto en un municipio romano y que los cives e incolae (CIL II, 2022) realizaron una colecta para dedicarle una imagen, tras haber promocionado al cargo de sevir perpetuus. Una posterior adlectio inter cives permitiría a Nothus casar con la mencionada ingenua Marciana, en cuya inscripción aparece mencionado como L. Iunius Nothus Corn(elius?) [Q?]uietinus, pues debió alcanzar la ciudadanía local gracias al patronazgo de un miembro de la gens Cornelia (Ordóñez Agulla 1988-89, 339). La inscripción que informa de su nombramiento como sevir resulta singularmente interesante ya que permite establecer la presencia, junto a los ciudadanos de Singilia (cives), de extranjeros (incolae peregrini) seguramente, como el propio Nothus, libertos establecidos en la ciudad por razón de negocios. Una situación similar a la de Nothus debió tener otro Iunius, en este caso de cognomen Puteolanus (CIL II, 1944), establecido en Suel (Fuengirola, Málaga), probablemente un comerciante itálico de salazones de pescado afincado en Hispania (Haley 1990). La inscripción de Suel está dedicada, como conviene a alguien relacionado con los negocios marinos, a Neptuno Augusto y en ella se indica que tanto la estatua como la comida pública ofrecida (epulum) fueron pagados por Puteolanus, quien había alcanzado la dignidad de sevir Augustalis in municipio Suelitano primus et perpetuus. Así pues, como en el anterior caso del singiliense Nothus, Puteolanus
137FUENTES DE RIQUEZA ... DE LOS NEGOTIANTES SALSARII BÉTICOS... AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 alcanzaba los máximos honores que un liberto podía aspirar a obtener en un municipio omnes honores quos libertini gerere potuerunt. La fecha de la inscripción de Puteolanus no puede ser anterior a la de la Lex Flavia Municipalis que concedía el status de municipio latino a las ciudades no privilegiadas de Hispania, pues en la inscripción se menciona a Suel como municipio. Por ello, E. Haley (1990, 76), se muestra prudente a la hora de identificar a Iunius Puteolanus de Fuengirola con el Puteolanus que figura en un ánfora Dressel 8 (CIL XV, 4687), un contenedor de gari scombri flos que formó parte del depósito anfórico de los Castra Praetoria de Roma, cuya fecha de deposición estuvo en torno a la mitad del siglo I d. C. Este desajuste cronológico resulta relativamente intrascendente ya que, en cualquier caso, la vinculación con el mundo de los salsarii por parte del Puteolanus de Suel podría quedar atestiguada por la dedicatoria a Neptuno Augusto, una deidad íntimamente vinculada a este negocio, como muestra la dedicatoria de Plomarch (Douarnenez, Bretaña), a nombre de C. Varenius Varo (AE 1952, 22) un personaje relacionado con las salazones, cuyo epígrafe fue hallado en las proximidades de una factoría de salazón4. Así pues, Iunius Nothus de Singilia y Iunius Puteolanus de Suel, ambos libertos, junto con Clodius Athenio de Málaga, un libre, parecen buenos ejemplos del ascenso social que a partir de época flavia experimentaron una serie de comerciantes enriquecidos que llegaron a gozar de una situación social relativamente importante en sus ciudades de adopción. En el seno de las mismas, quedaban ligados al típico juego social urbano por complejas relaciones de amistad y/o clientela con las aristocracias municipales y provinciales (López Barja 1991). Lamentablemente, en los dos primeros casos, no podemos certificar una estricta implicación de ambos personajes con la comercialización de salazones, aunque las evidencias apunten a una posibilidad cierta en este sentido. En cualquier caso, la presencia de Nothus y Puteolanus, permite aproximarnos a un posible modelo de promoción social entre comerciantes venidos a más. Un nuevo caso, de cuna más ilustre, es el aportado por C. Aemilius Niger de Sexi (Almuñécar, Granada), cuya filiación completa C. Aemilius Niger Annius, Seneca filius, Arvacus, remite a un poliónimo que parece evidenciar la condición ecuestre de su poseedor. La dedicatoria que recoge su nombre (ILPG, 8) señala que era, o había sido, flamen divorum Augustorum provinciae Baeticae, un puesto que debía ejercerse en la capital provincial. Ésta es la única dignidad que recoge la inscripción aparecida en el entorno de la factoría de salazones de El Majuelo, en Almuñécar, lo que parece relacionar a Niger con la industria salsaria (ILPG 8; Étienne; Mayet 2002, 98)5. Los dedicantes de Sexi, quienes elevaron 4 C. Varenius Varo fue un ingenuo que ejerció al menos durante cuatro anualidades como curator civium Romanorum en la región, lo que lo hacía responsable de los ciudadanos romanos en una zona escasamente urbanizada. Originario tal vez de Nemausus, donde el nomen Varenius es frecuente y cuyos habitantes pertenecieron, como él, a la tribu Voltinia, Varo debió ejercer alguna función productiva o comercial relacionada con la elaboración de las salsas y las salazones de pescado de la región (Eveillard 2008). 5 S. Dardaine (2001, 32) ha propuesto que el padre natural de este Niger adoptado por un Aemilius debió ser un Annius Seneca. Con tal nombre se conoce a un duovir de Ilurco (Pinos puente) que ejerció su magistratura en época de Marco Aurelio (ILPG 96, 106), y que de ser efectivamente pariente en línea directa del flamen de Sexi constituiría un testimonio claro del ascenso de determinadas familias de notables mu- Figura 3. Negotiantes salsarii en Baetica. Figura 4. Relaciones de los negotiantes con otros puntos del Imperio.
138 ENRIQUE GARCÍA VARGAS, JULIO MARTÍNEZ MAGANTO AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 la estatua a Aemilius Niger «eximia pro liberalitate», fueron tres amici de su misma gens cuyos cognomina: Ligurius, Italicus y Delius, parecen revelar tan- to su condición de antiguos esclavos de la familia como la extensión geográfica de los negocios de su patrón, si es que se acepta el carácter de salsarius de Niger (Étienne y Mayet 2002, 98)6. Esta afirmación se vería avalada por el hecho de que fueron precisamente la Narbonense, Italia y Oriente las regiones en las que los comerciantes béticos de salazones han tenido tradicionalmente sus principales intereses económicos. Las dos primeras son, de hecho, las áreas de Occidente con las que se mantuvo un tráfico más intenso a lo largo de los siglos I y II d. C., como demuestra la distribución geográfica de las ánforas sudhispanas del Mediterráneo y los altos porcentajes de ánforas galas en puertos de la Bética, como en el caso de Hispalis (García Vargas 2007). El tráfico con Oriente, siendo más escaso, no fue por ello inexistente, ya que el vino rodio presente en el puerto de Sevilla entre épocas flavia y antonina supone casi el 8% del total de los caldos importados durante el período, frente a un 36% aprox. de vinos galos (García Vargas 2007). Además, en el siglo II d. C. se fechan dos inscripciones sepulcrales griegas procedentes de la necrópolis romana de la Trinidad (Ordóñez Agulla 2005), lo que testimonia la presencia de orientales en la ciudad en momentos altoimperiales. Asimismo, el caso de Málaga, permite testimoniar la presencia de comerciantes orientales y su integración y promoción en sus ciudades de destino, como se deduce de una inscripción en griego (IG XIV, 2540) en la que se menciona a una corporación de mercaderes sirios y asia[nos?]. Éstos, a través de su curator Cornelius Silvanus, realizan una dedicatoria a T. Clodius Iulianus, quien aparece calificado como patrono y presidente de la asociación profesional. El personaje honrado en la inscripción lleva el mismo nomen que el anteriormente referido Clodius Athenio y dado su cargo de presidente (prostatés) de la corporación, debió ser él mismo un comerciante. La presencia de dos individuos de nomen Clodius en relación con dos asociaciones diferentes de comerciantes que actúan en la misma ciudad puede indicar la existencia de estrechas relaciones entre los diversos corpora de negotiantes presentes en Málaga. La corporación de negotiantes Malacitani y la de los comerciantes Sírioi kaí Asía[oi?] podrían hallarse enlazadas entre sí gracias al patronazgo de personajes de la primera sobre la segunda. De hecho, aunque una corporación profesional podía esperar de su patrón asistencia legal y consejo comercial, la principal tarea era la intermediación en las relaciones con las instituciones, con otras asociaciones y, en general, con cualquiera con el que el colegio implicado deseara relacionarse (Verboben 2007). Así pues, todos estos ejemplos sobre agentes de comercio y sus múltiples orígenes, así como la magnitud geográfica de los negocios del Niger de Sexi y la posible relación de Athenio con el resto de los corpora de comerciantes activos en Malaca, nos advierte de las multiformes conexiones entre grupos y de la extraordinaria complejidad que se deduce de las diferentes situaciones socio-políticas de los personajes involucrados en el comercio. Aunque el esquema que estamos ensayando no deja de ser un primer esbozo inicial en el que todas estas situaciones sociales no están definidas de forma unívoca, resulta evidente que tales situaciones, así como las actuaciones personales de determinados individuos, podían permitir a ambiciosos particulares medrar en el sistema para acceder a una más eminente situación social. En el caso de Niger, la dignidad de flamen le permitió mejorar aún más una situación personal ya de por sí bastante favorable. En el de Athenio, su especial vinculación con la prefectura de la Annona a través de personajes como Marcus Valerius Proculus, malagueño quizás él mismo, lo debió convertir en referente social y económico para el resto de los comerciantes activos en la ciudad, al tiempo que le ofrecía posibilidades de promoción social al otro lado del mar Mediterráneo. De hecho, la inscripción funeraria de Athenio en Roma, ya referida, testimonia que fue en la capital dónde ejerció fundamentalmente su actividad; aquí era además donde la exhibición pública de su carácter de quinquennalis del corpus negotiantium Malacitanorum tenía sentido, pues fuera de su patria chica la corporación se convertía en marco social de referencia del individuo y lo ubicaba en un lugar determinado del orden social subaristocrático de la ciudad (Verboben 2007). En cualquier caso, los datos aportados en los párrafos anteriores nos permiten reflexionar sobre la movilidad geográfica de los negotiatores de la Bética, fueran éstos libres o libertos. Este hecho habitual implicaba a veces el desarraigo respecto a sus comunidades de origen así como la integración en la comunidad de acogida. Tal fue el caso del Puteolanus de nicipales cuyos anhelos de promoción socio-política parecen haberse ligado también a la movilidad geográfica, en este caso hacia la capital provincial (Melchor 2006). 6 De ser así estaríamos ante un ejemplo más de la extensión del concepto de amicitia para referirse también a relaciones personales que fueron en realidad de dependencia o de patronazgo (Pérez Zurita 2006, 347-349). Por otra parte, las referencias geográficas podrían ser una evidencia más de la importancia de la origo para aprehender conexiones comerciales (Pavis d’Escurac 1988).
139FUENTES DE RIQUEZA ... DE LOS NEGOTIANTES SALSARII BÉTICOS... AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 Suel, honrado con la primacía del colegio de seviri de la ciudad, y de Iunius Nothus de Singilia Barba, quien además obtuvo la adlectio inter cives y llegó a emparentar con una familia de la aristocracia local. Así pues, los colegios de seviri se comportaron de hecho, gracias a su poder económico, como un segundo ordo de rango menor capaz de incluir en el juego social a individuos de extracción social poco brillante (Stylow; Gimeno Pascual 2001, 106). Otros libertos de mayor capacidad o con patrones más poderosos, así como la mayoría de los libres, emigraron igualmente de sus comunidades de origen, pero lo hicieron hacia lugares donde las posibilidades de promoción social se vinculaban a las necesidades del ejército o a los oficiales de la administración imperial, algo que venía suscitándose de forma genérica desde la época julio-claudia7. Este camino lo emprendieron los ya citados Aemilius Niger, de Sexi, quien desempeñó el flaminado provincial en Córdoba, y de forma más evidente Clodius Athenio de Málaga, cuyo domicilio en Roma y cuya presidencia de la asociación de negotiatores Malacitani le permitió relacionarse directamente con el prefecto de la Annona. Este interés por favorecer y honrar a los magistrados de la Annona, queda singularmente explicitada en el caso de los comerciantes de aceite, ya que el sucesor de Valerius Proculus entre 144 y 146 como prefecto de la Annona, M. Petronius Honoratus, también fue a su vez honrado en la capital por un colegio de negotiatores olearii ex Baetica (Chic García 1993, 15)8. Así, numerosos armadores y comerciantes béticos se beneficiaron, gracias a su colaboración con la administración annonaria (Chic García 1983, 171; 1988, 57 y ss.), de ventajas fiscales e incluso de la exención del desempeño de las magistraturas urbanas en sus comunidades de origen. Ésta es seguramente la razón por la cual difícilmente aparece en el cursus de estos individuos el desempeño de empleos civiles, con excepción de los sacerdocios provinciales que los vinculaban directamente a la figura del emperador a través del Concilium Provinciae9. En ambos casos, las posibilidades de promoción de los negotiatores se derivaron de su posición preeminente en las respectivas asociaciones profesionales, las cuales funcionaron como afinados instrumentos de impulso social. De hecho, la pertenencia a tales asociaciones profesionales significó para estos individuos un lazo solidario de grupo más permanente que el constituido por las societates unius negotiationis que refleja la epigrafía anfórica y en las que solían unirse de forma eventual para realizar sus viajes de negocios. Pero, sobre todo, constituyó el vínculo jurídico fundamental que los unió a intereses públicos de los que se derivaron, además de beneficios sociales, inmunidades fiscales importantes. Por tanto, a partir del siglo II d. C. la consolidación de la administración imperial dedicada a los abastecimientos estatales estaba poniendo en las provincias occidentales las bases para la promoción social de individuos y grupos sociales entre los que se encontraron los negotiatores ex Baetica. En el caso de estos últimos, la articulación de su labor a través de los colegios profesionales que los agrupaban parece haber sido una condición necesaria para su elevación social que fue paralela a la dignificación progresiva de unas corporaciones de comerciantes que comenzaban a sustituir en el transporte de los géneros estatales a las compañías que arrendaban el servicio en época julio-claudia (Chic García et alii 2001, 370). No sorprende entonces que el jurista Gayo (Digesto III. 4.1) recoja entre los colegios a los que se les concede la consideración de corpus el de los navicularii qui in provincia sunt. Desde luego, queda claro que no todas las corporaciones gozaron del mismo favor y la misma consideración por parte de las instancias oficiales. Las dedicadas al comercio del aceite parecen situarse en un status singularmente privilegiado, ya que los olearii ex Baetica parece haber desempeñado un papel fundamental en la política annonaria de los emperadores del siglo II d. C. Un pedestal recientemente descubierto en la cimentación del campanario de la Catedral de Sevilla, la popular Giralda, y editado por uno de nosotros en colaboración con otros autores (G. Chic y otros 2001; Remesal Rodríguez 2008), califica a este corpus de splendidissimum, a la vez que indica el carácter de algunos de sus miembros como diffusores olei ad Annonam Urbis. La posición especial de los diffusores olei con respecto a la administración imperial y su misma especialización funcional se derivó del interés específico del Estado por una 7 No se debe minimizar la importancia que revistió el abastecimiento del ejército y las múltiples complejidades económicas que ello implicaba. A este respecto, para un caso concreto en Hispania véase Carreras-Monfort 2006 o, de forma extensa, la obra en que se incluye este trabajo. 8 Los curatores eran entonces D. Caecilius Hospitalis y Cassius Faustus (CIL VI, 1625b). Además, D. Caecilius Hospitalis aparece en solitario como diffusor olearius en ánforas Dressel 20 de los años 145 y 147 (CIL XV, 3762-3764; Rodríguez Almeida 1974-1975). También aparece asociado a D. Caecilius Maternus en 154 (CIL XV, 3769-3781) y a D. Caecilius Onesimus en 149 (Rodríguez Almeida 1972). 9 Este debió ser el caso de L. Licinius Montanus, un malagueño destacado cuya ciudad le erigió una estatua en la capital provincial, donde a fines del siglo II d. C. fue flamen provincial y gozó de la consideración de cives adlecto Cordubensi (Melchor Gil 2006, 258).
140 ENRIQUE GARCÍA VARGAS, JULIO MARTÍNEZ MAGANTO AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 materia, el aceite, que junto al trigo fue objeto prioritario de la política estatal de abastecimientos. Pero en el caso concreto de las salazones, nuestro Clodius Athenio de Malaca se califica a sí mismo con el término comercial más genérico de negotians (salsarius)10, por tanto, Athenio, como seguramente Cornelius Niger o Iunius Puteolanus fueron salsamentarii con cierta cualificación social y profesional. La diferencia entre la labor del negotians y la del mercator residiría no tanto en la capacidad financiera, menor en el segundo, sino en la situación específica del primero con respecto sus negocios, ya que les confería una posición especial en relación a la producción de bienes con vistas al mercado (Verboben 2006); es decir, les permitía establecer una tupida red de negocios que afectaba tanto a la esfera productiva como a la comercial, sin romper por ello la unidad de su negocio11. Esta posición de los negotiatores con respecto al suministro alimenticio de sus comunidades los haría cada vez más necesarios para éstas y justificaría en cierto modo su capacidad manifiesta de ascenso en la jerarquía ciudadana. Ello resulta especialmente evidente en el caso del Puteolanus de Suel o en el del conocido Umbricius Scaurus de Pompeya, a quien la epigrafía de la ciudad, así como los tituli sobre urcei y otro tipo de contenedores (Curtis 1979; 1984), nos muestran empeñado tanto en la producción como en la distribución regional de las salsas de pescado, lo que permite incluirlo en la categoría de negotians, aunque no aparezca nunca calificado explícitamente como tal. Así pues, puede entenderse la importancia de mercatores, negotiatores y navicularii para la administración annonaria del Estado ya que, como se ha señalado, ésta fue reduciendo desde fines del siglo I d. C. su dependencia de las compañías arrendatarias de suministros al tiempo que promocionaba a los collegia profesionales como instancias encargadas de la gestión y el transporte de los géneros fiscales. También se ha indicado que este proceso benefició especialmente a los colegios profesionales de olearii, pero parece lógico aceptar que los comerciantes al servicio de la Annona no se limitaron a la gestión de las mercancías annonarias por excelencia, el aceite y el trigo, sino que su actividad alcanzó igualmente a la adquisición y el transporte de cualquier otra materia, alimenticia o no, de la que el Estado tuviese necesidad (Herz, 1988, 72-73). De hecho, el Estado debía encontrar ventajoso tratar con las corporaciones mejor que con los individuos aislados, aunque fuera de una manera menos formalizada y burocratizada que en el caso de los productos subvencionados. Es en este contexto en el que también los colegios de salsarii o los de transportistas de ciudades concretas (como los malacitanos) pudieron beneficiarse de las ventajas económicas que les reportaba su relación con la administración imperial. En cualquier caso, para poder reconstruir la génesis del complejo proceso que aquí vemos consolidado, conviene retroceder a la época altoimperial inicial, un siglo antes. ORIGEN DE LOS SALSARII EX BAETICA EN EL SIGLO I D. C. Tanto la documentación epigráfica como la «literaria» referida a los comerciantes de salsas béticas, con anterioridad a la época de los Antoninos, parece sugerir que en el siglo I d. C. no existió una comunicación tan estrecha entre altos oficiales del abastecimiento estatal y los productores-comerciantes de salazón, sino que estos últimos basaron su prosperidad en la libre concurrencia, aunque sin excluir taxativamente los intereses del Estado en este mercado, lo que fue posibilitando su incipiente promoción. Tal vez podamos tener una visión global sobre esta cuestión gracias a distintos personajes como L. Mevius Faustus, P. Attius Severus o L. Vrittius Verecundus; todos ellos igualmente prósperos, aunque se situaban de forma ligeramente distinta respecto al mercado de las salazones béticas, lo que resulta ilustrativo para 10 En esta época imperial avanzada, el término negotians había transitado ya un largo camino que, sin hacerle perder su contenido semántico inicial, vinculado genéricamente al desempeño de una actividad empresarial cualquiera relacionada con el mercado, lo había desvinculado progresivamente del simple comerciante. Como señala G. Chic García (2009): «aunque los negotiatores —caballeros o no— pudiesen comerciar en altos niveles financieros, no se puede decir de ellos que fuesen comerciantes de lo concreto (mercatores). Ellos, como los nobiles, invertían sus ganancias en el único bien que se consideraba realmente sólido y honorable, la tierra. Y, como antaño, las relaciones familiares, las amistades y las clientelas, formaban una tupida red que sostenía el mundo de los negocios, sin necesidad de recurrir al establecimiento de instituciones financieras especializadas, como podrían ser los bancos». Por tanto, a tenor de estas palabras vemos cómo los grandes señores de Roma prestaban dinero a negotiatores, dinero que circulaba a través de toda la red de clientela y de esclavos dentro de estructuras piramidales de enorme complejidad (Chic García 2009). 11 A pesar de lo cual, dicho término, especialmente en los primeros tiempos, arrastraba el estigma social del desprecio con el que se consideraba el trabajo manual y la actitud crematística y que no se solía emplear nunca para mencionar a un miembro del ordo equester involucrado en el comercio, prefiriéndose utilizar perífrasis que alejen a personajes de elevada cuna de un ejercicio profesional del comercio (Valencia 1989-90, 209). Algunas cuestiones generales sobre el comerciante romano, en este sentido, pueden verse en Chic García (2009); asimismo, sobre el comercio a través de personas interpuestas (institores) ver Aubert (1994).
141FUENTES DE RIQUEZA ... DE LOS NEGOTIANTES SALSARII BÉTICOS... AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 conocer los diferentes puntos de partida de los grupos de comerciantes. Como salsarius ejerciendo su oficio sobre bases completamente privadas podemos considerar a L. Mevius Faustus, a cuyo nombre aparece sellada una partida de ánforas de salazón hallada en un almacén derruido del alfar de Villanueva (Puerto Real, Cádiz), en época flavia (García Vargas 1998, 234). Mevius Faustus perteneció a una vieja familia de comerciantes con inmuebles en Cádiz y negocios en Arlés, Puteoli y Roma (Parodi Álvarez 2004); fue con bastante probabilidad descendiente del mercator L. Mevius Rufus quien está consignado en una Dressel 12 bética hallada en Saint-Romain-en-Gal (Vienne) y fechada en época augustea (Desbat et alii, 1987: SRG, nº 6). Asimismo, debió ser familiar, en línea más próxima, de P. Mevius Faustus (CIL XV, 3663), a cuyo nombre está signada una Dressel 20 olearia hallada por Dressel en los Castra Praetoria de Roma (hacia 50 d. C.). Precisamente, coetáneos a Mevius Rufus encontramos (Digesto 32.1.41.6; Javoleno) a unos Mevii como receptores por fideicomiso de un legado que incluía posesiones en la ciudad de Cádiz (Chic García 2004 94). Hacia el 37 d. C. se conoce a otro Mevius, en este caso Aulus Mevius Iulus, como testigo de una interesante operación comercial. Se trata de un préstamo de 13.000 sestercios que un tal Hesychus, esclavo del liberto imperial Evenus Priamus, hizo a C. Novius Eunus (Tabula Pompeiana Sulpiciorum, 51), recibiendo de éste como garantía 7.000 modios de trigo alejandrino junto a otros 4.000 modios de cereal y legumbres secas. El préstamo tuvo como objeto una operación especulativa a corto plazo que debía permitir a Hesychus aumentar el monto recibido en préstamo, devolverlo con sus intereses correspondientes y recuperar con ello los 11.000 modios de trigo y legumbres dejados en garantía, que a su vez reportarían, antes del final de la temporada de navegación, nuevas ganancias comerciales camino de Roma (Virlouet 2000, 144). Esta operación muestra cómo los agentes de comerciantes y transportistas de géneros al por mayor podían aprovechar la estancia de las mercancías en los almacenes de los puertos de ruptura de carga para hacer negocios aprovechando la coyuntura. Asimismo, ilumina la forma en que el comercio local —sujeto a operaciones financieras a corto plazo— y el internacional —para el que eran precisos plazos de amortización más prolongados—, podían relacionarse y retroalimentarse para la consecución de nuevos beneficios12. Operando a una escala menor, pero en la misma esfera de negocios privados internacionales, encontramos al segundo protagonista, P. Attius Severus a quien conocemos como comerciante de salazones béticas por los tituli picti de los Castra Praetoria (CIL XV, 4748- 49), así como por una de las tablillas del archivo de los Sulpicii de Puteoli (TPSulp, 13) en la que se menciona cómo a través de uno de sus esclavos, de nombre Primus, contrata en 38 d. C. un servicio de transporte marítimo a un naúkleros cario llamado Menelaos. Los documentos son meros recibos redactados de conformidad a las cláusulas de un contrato perdido y retienen de éste tan sólo la indicación de que el precio pactado del transporte fue de 1.000 denarios y que, en caso de siniestro, el transportista se comprometía a devolver el monto del alquiler de la nave al comitente, actuando como garante de la operación un tal M. Barbatus Celer (Camodeca 1999)13. Los casos de Mevius Faustus y de Attius Severus nos muestran por tanto a los salsarii béticos implicados en el comercio, el mundo de las finanzas y los créditos, además del mercado inmobiliario y la producción de ánforas (en el primer caso). De este modo, es posible entender mejor el origen de la fortuna de negotiatores salsarii, sean éstos libres o libertos, quienes posteriormente tendrán la oportunidad de integrarse en el orden social del sus comunidades de adopción o en el nuevo orden supraciudadano que progresivamente imponía la acción del Estado. Por su parte, el tercer personaje citado, L. Vrittius Verecundus, es un activo negociante en salsas béticas perteneciente a una conocida gens de comerciantes galos implicados en el transporte de diferentes alimentos, tales como vino, aceite o las mismas salazones (Blänsdorf 1985, 91 y ss.). Ánforas con el nombre de nuestro protagonista han sido halladas recientemente en el Hopfengarten de Maguncia (Martin-Kilcher 2002; Ehmig 2003). De las diez ánforas salsarias del tipo Beltrán IIA que forman el depósito de Maguncia, cinco llevan el nombre de de Digesto (32.1.41.6, Javoleno). En él, se pregunta al jurista si la expresión empleada por el testador con respecto al legado que hace a los Mevii, incluyendo en él «quidquid in patria Gadibus possideo» debe entenderse como inclusiva de una posesión suburbana, un libro de cuentas (kalendarium) que el testador dejó al morir y el dinero que había ingresado de unos créditos y que se encontró en la casa de Cádiz. El jurista considera explícitamente al kalendarium y el dinero como excluido del legado. Tal kalendarium debe haber sido un libro de cuentas ajeno a la administración de la casa legada, por cuanto no se incluye en la herencia, pero que recogería contraídas deudas por terceros, lo que lo convertía en motivo de disputa entre los herederos. 13 A este respecto, Gofas (1993) interpreta la cantidad desembolsada como una especie de seguro marítimo por el valor de la mercancía en el caso de pérdida de ésta. 12 Sobre el carácter de estos préstamos a más largo plazo entre comerciantes puede servir de referencia el citado paso
148 ENRIQUE GARCÍA VARGAS, JULIO MARTÍNEZ MAGANTO AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 espaldas de los curiales sucediéndose una progresiva dedicación de los collegia de estos agentes económicos a la Annona; el caso de Arlès resulta paradigmático en este sentido (CIL III, 14165 y 14168). Ello puso a muchas de las familias béticas enriquecidas a lo largo del siglo I d. C. en disposición de invertir parte de sus ganancias en las compañías navieras y de reorientar sus inversiones agrarias hacia el olivo, una planta cuyo cultivo se incentivaba claramente gracias a las compras estatales de aceite, fomentando una bien conocida correlación entre las actividades de la agricultura y las del comercio (D’Arms 1981, 158 y ss.). Con ánimo de diversificar los riesgos y ganancias, estas familias fueron optando por ampliar sus inversiones desviándolas hacia otras materias alimenticias, bien aprovechando la concurrencia comercial junto al aceite o por el propio interés del Estado en estos productos, que eran necesarios para el abastecimiento de ciertas áreas, especialmente las militarizadas, como ocurrió con el caso de las salazones que abastecían el limes germano o Britannia, como ponen de manifiesto los numerosos testimonios de epigrafía anfórica. Sin duda, las necesidades del Estado beneficiaron a los aristócratas béticos y a sus dependientes tanto como perjudicaron a sus ciudades de origen. Mientras los primeros acumulaban en sus manos la propiedad o la gestión de las tierras, las salinas, las canteras y los bosques provinciales, las ciudades perdían el ingreso que tradicionalmente les habían proporcionado las sumas honorarias y las liturgias de sus magistrados más poderosos. Debe considerarse, no obstante, que las evergesías y las donaciones, siempre voluntarias, pudieron suplir durante algún tiempo la ausencia de ingresos procedentes de los honores debidos por los magistrados entrantes. Sin embargo, cuando las dificultades económicas se hicieron sentir en las finanzas de las ciudades y en la solidez financiera de sus curiales, las evergesías y las fundaciones alimentarias debieron venir a complementar a las monumentales, en un primer momento, para paulatinamente suplirlas. Por entonces, el Estado había ampliado las ventajas ofrecidas a los navicularii al tiempo que los apuros económicos del fisco comenzaban a dificultar los pagos regulares de las vecturae o compensaciones monetarias a los navicularii por los transportes (Chic García 1999). El testimonio del jurista Gayo permite concretar que el Estado, hacia este momen- to, concedió el derecho de corpus habere a los corpora de navicularii, lo que sin duda supuso una ventaja a la par que un inconveniente para éstos, ya que a cambio de ciertos derechos se aumentaba el control estatal sobre estas corporaciones. Precisamente, la posición ya mencionada de Athenio con respecto al prefecto de la Annona o la de Aemilius Niger con respecto al flaminado provincial, sólo se entienden en un ambiente general en el que el Estado y los miembros de las corporaciones de negotiantes y navicularii se necesitaban mutuamente en una simbiosis que perjudicaba a las ciudades de origen, de las que éstos se ausentaban incluso físicamente, ya sea para servir a sus propios intereses económicos o para entrar en el círculo imperial como altos oficiales de la administración estatal. Para evitar lecturas erróneas, conviene advertir que ni las salazones ni otras mercancías libres formaban parte de los productos estrictamente annonarios durante el Alto Imperio Romano. Sin embargo, como ha señalado P. Herz (1988, 72-73), cualquier bien en cualquier lugar del Imperio podía ser eventual objeto del interés del Estado, en cuanto a su compra y transporte, para garantizar la satisfacción de las necesidades oficiales a que hubiere lugar. Por tanto, en este sentido, parece obvio que la cercanía de los negotiantes salsarii o vinarii a los oficiales de la oficina de abastecimientos resultaría provechosa tanto para los comerciantes, quienes se aseguraban la contratación de los aprovisionamientos necesarios, como para la propia Annona estatal, que cubría necesidades puntuales, como el abastecimiento a los campamentos militares. La Annona a su vez, tendría garantizada la disponibilidad de los medios de transporte adecuados al mantener lazos especiales de colaboración con determinados collegia de comerciantes. Un escalón por debajo de los grandes negociantes bien relacionado con las instancias estatales debió estar el estrato de los comerciantes y salsarii libertos que, como nuestro Puteolanus de Suel, no trabajaban directamente para sus patrones de mejor posición social como solía ser la norma (López Barja 1991), sino que se apoyaban en los colegios de sevires y en las corporaciones profesionales locales. Estos personajes debieron cumplir, con respecto a las diversas annonae ciudadanas, una función similar a la de las corporaciones profesionales con respecto a la administración annonaria del Estado. El caso de L. Iunius Nothus de Singilia Barba resulta ilustrativo para comprender cómo los recursos económicos de los comerciantes de escaso brillo social ayudaron a los curiales y a las ciudades en apuros a mantenerse a flote económicamente, a la vez que garantizaban el abastecimiento de géneros comerciales, entre ellos probablemente el garum. Así pues, entre los profesionales de menor nivel y los quinquennales de las
149FUENTES DE RIQUEZA ... DE LOS NEGOTIANTES SALSARII BÉTICOS... AEspA 2009, 82, págs. 133-152 ISSN: 0066 6742 doi: 10.3989/aespa.082.009.006 corporaciones más poderosas debieron establecerse relaciones de patrocinio, como ilustra la relación de los Clodii malagueños con las corporaciones de mercatores orientales presentes en la ciudad. De este modo, al control creciente de los corpora negotiantium por parte del Estado central debió añadirse relativamente pronto una rígida estructuración jerárquica que afectaba a todos los estratos de la organización comercial, gracias a los mecanismos propios del patronazgo y la clientela. El panorama que dibujan las diferentes situaciones socio-económicas aludidas en las páginas anteriores, podrían resumirse en una rápida y escueta visión diacrónica que permita sintetizar tan compleja evolución: al mundo comercial fragmentado, variado y vigoroso del primer siglo de nuestra Era, reflejado en las compañías de salsarii de mayor o menor entidad económica que muestran los tituli sobre ánforas salsarias, debió sucederle un sistema más estatalizado y esclerotizado. En este nuevo marco, unas cuantas familias, enriquecidas gracias al antiguo sistema menos restrictivo, terminaron por ejercer el control sobre los recursos productivos y comerciales de unas ciudades de cuyos intereses se fueron progresivamente distanciando para acercase a la administración central. Cuando ésta comience a sentir los primeros apuros financieros, la situación se hará poco a poco insostenible para las ciudades, lo que conllevará al progresivo colapso del sistema. Los beneficios obtenidos por parte de las ciudades a través de los mecanismos evergéticos se fueron diluyendo a medida que los intereses de los comerciantes locales se desplazaron hacia el centro de poder del Estado, erosionando de forma irreversible la capacidad de gestión económica por parte de los poderes locales. Así pues, a modo de resumen, en estas páginas se han esbozado varios modelos de comportamiento socioeconómico que podrían arrojar luz sobre los mecanismos y procesos de promoción social de comerciantes y negotiatores relacionados con el mundo de las salazones. Es evidente que aquí no se pretende establecer criterios rígidos y exhaustivos para definir estas situaciones, ya que, quizá rastreando nuevas evidencias provenientes de la epigrafía lapidaria y estableciendo conexiones con el creciente número de epígrafes anfóricos así como con otros sectores de la actividad económica (minas, bosques, canteras de mármol…), podamos dibujar en un futuro cercano un panorama global más exacto de los mecanismos de promoción social que experimentaron estas especializadas gentes del comercio en la Bética romana, sin duda una de las más destacadas y genuinas áreas de producción y comercialización de salazones, especialmente durante el Alto Imperio. BIBLIOGRAFÍA Alzon, C. 1965: Problèmes relatifs à la location des entrepôts en droit romain. Paris. Andreau, J. 1974: Les affaires de monsieur Iucundus. Roma. Arata, F.P. 1994: «Un relitto da Cala Rossano (Ventotene)» Collection École Française de Rome 193; 477-496. Roma. Aubert, J. J. 1994: Business managers in Ancient Rome: a social and economic study of institores, 200 BC - AD 250. Leiden. Berni, P. 2008: Epigrafía anfórica de la Bética. Nuevas formas de Análisis. Col·lecció Instrumenta nº 29. Barcelona. Berti, F. 1990: Fortuna Maris. La nave romana di Comachio. Bologna. Biscardi, A. 1982: «Introduction à l’étude des pratiques commerciales dans l’histoire des droits de l’Antiquité». Rev. Int. des droits de l’Antiquité, 3ª Ser., 29, 21-44, Bruxelles. Blänsdorf, J. Von. 1985: «Drei Mainzer amphoreninschriften». Archäologisches Korrespondenzblatt 15; 91-93. Wiesbaden. Caballos, A. 1990: Los Senadores Hispanorromanos y la Romanización de Hispania (Siglos I-III). I: Prosopografía 2 vols. Écija. Camodeca, G. 1999: Tabulae Pompeianae Sulpiciorum. Edizione critica dell’archivio puteolano dei Sulpici. Roma. Canto, A. 1978: «Una familia bética: los Fabii Fabiani». Habis 9; 293-310. Sevilla. Carreras, C. 1997: «Los beneficiarii y la red de aprovisionamiento militar de Britannia e Hispania». Gerion 15; 151-176. Madrid. Carreras, C. 2006: «Transition of the military supply from the Late Republic to Augustan period: a case study of the NW of the Iberian Peninsula». En Ñaco, T. y Arrayás, I. Guerra y Territorio en el mundo romano (B.A.R.I.S., 1530). London. Castillo García, C. 1982: «Los senadores béticos. Relaciones familiares y sociales», en Epigrafia e ordine senatorio II; 465-519. Roma. Castillo García, C. 1983: «Los senadores de la Bética. Onomástica y parentesco». Gerión 2; 239- 250. Madrid. Chic García, G. 1983: «El estado y el comercio aceitero durante el alto Imperio». En Blázquez Martínez, J. M.; Remesal Rodríguez, J., Segundo Con-
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