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Una mirada hacia atrás antes de continuar la marcha

Acosta Naranjo, Rufino

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45 Una mirada hacia atrás antes de continuar la marcha Rufino Acosta Naranjo Justo cuando principiaba el milenio, en el año 2002, Elías Zamora y yo dejamos nuestros grupos de investigación respectivos para crear uno nuevo a través del que poder canalizar inquietudes compartidas y que diera más cabal cuenta de nuestros intereses y propuestas de quehacer universitario. Bajo su dirección nació el grupo Cultura, Ecología y Desarrollo de Pequeños Territorios, GICED, al que pertenece o ha pertenecido un buen número de quienes escribimos este libro de homenaje. Su título comporta una evidente declaración de intenciones. Por un lado, la de dar continuidad y visibilidad a la Antropología más allá de la Academia. Por otro, la de situar en el centro el desarrollo, la mejora de las condiciones de vida de las gentes y la dinamización social. Y finalmente poner de manifiesto la importancia que las interacciones en los ecosistemas tienen en la historia de la Antropología y también en el contexto de la crisis ecológica contemporánea. Frente a otros adjetivos como local, rural, etc., quiso Elías que la demarcación de nuestro terreno quedara referida por la expresión pequeños territorios. Evocaba ello en parte aquella idea de que lo pequeño es hermoso y venía a cuento tanto por mi pulsión por el estudio de los pueblos y comarcas, como también por su experiencia en la aplicación práctica de su desempeño, tanto en Lucena como en Martín de la Jara. En la dinamización y el desarrollo habíamos coincidido también en años previos en la Escuela Pública de Animación Sociocultural de Andalucía de la que, como se ha dicho páginas tras, él fue director, uno de los primeros antropólogos de España que asumía la responsabilidad de un organismo centrado en la formación para la intervención directa en la realidad social y en la dinamización misma. 46 Todo ello había hecho que Elías tuviera que afinar las herramientas antropológicas para ese propósito pragmático, a la vez que la intervención precisara de aportes teóricos para entender las prácticas. Fue por ello, por ejemplo, que llevó a cabo el estudio sistemático tanto de Luhman y su teoría sistémica como, y sobre todo, de Bourdieu para comprender el fundamento e implementación de las prácticas sociales, y sus conceptos de hábitus, campo y capitales, muy fértiles para explicar las estrategias económicas, las iniciativas de emprendimiento y la orientación del desarrollo y el planeamiento urbano, para lo cual fueron banco de pruebas y motor de pensamiento tanto Lucena como la Sierra Sur de Sevilla, especialmente Martín de la Jara donde, como se ha descrito anteriormente, el equipo trabajó durante años. También fue en los pueblos en torno a Osuna y La Lantejuela donde llevamos a cabo un proyecto pionero en participación pública, en este caso sobre gobernanza del agua, para lo cual nuevamente indagamos en la Sociología y la Filosofía, más concretamente en la Teoría de la Acción Comunicativa de Habermas, pero también en el tuneado de los métodos y técnicas de investigación antropológica para su aplicación como herramientas que habilitaran en la gestión de la participación, la cristalización de los discursos de grupo, el empoderamiento de aquellos con menos recursos para la negociación y el debate y, finalmente, para el diálogo entre actores sociales e instituciones. De este proyecto y sus herramientas participó también Ramón Rodríguez Franco, que algunos años después creó Cactus, investigación cualitativa y comunicación, que es un claro ejemplo de emprendimiento a partir de la Antropología y de la aplicación de la disciplina en el mundo de la empresa y de la participación social. En Zacatecas, México, con un proyecto de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo, continuamos haciendo confluir nuestra trayectoria y bagaje, el suyo en migraciones en la Sierra Sur y el mio en desarrollo rural y Agroecología en Extremadura y Andalucía, para indagar en el potencial de los recursos y los saberes de los migrantes mexicanos de cara al desarrollo de sus lugares de origen. Como puede verse, la aplicación del conocimiento antropológico y la defensa de una nueva imagen de la Antropología, que ayudara a su visibilidad y reconocimiento social, han sido una constante en la trayectoria de Elías Zamora. Como divisa siempre tuvo la de aprender a pensar y a dialogar para formarse en Antropología, entrenar la mirada, ya que nuestra disciplina es una manera de mirar las cosas, como siempre nos decía, y una constante refacción 47 entre la teoría y la praxis. En esa misma lógica es en la que ahora nos encontramos parte de los miembros del GICED cuando nos implicamos en pequeños territorios, en los pueblos como Valverde de Burguillos (Badajoz) donde nuestros alumnos llevan a cabo cada año sus Trabajos Fin de Estudios para hacer frente al despoblamiento, como una forma de transferencia de conocimiento en colaboración con la sociedad civil, en este caso con la Plataforma Activa Valverde. Y, como aprendimos en otros casos, nos paramos a pensar la realidad, a entender los procesos antes de poder actuar sobre ellos. De ahí que, como en otros lugares y otros tiempos, ahora toque sentarse a pensar y antes de posteriores formalizaciones y formalidades, con la mente abierta y la concepción de la realidad como enigma, pongamos por escrito las reflexiones sobre las líneas de trabajo y los problemas sociales que nos ocupan y preocupan. 48