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El Mayo francés y España: impactos culturales y consecuencias políticas

Carrillo-Linares, Alberto

Abstract

En este trabajo analizo el impacto real que los sucesos estudiantiles franceses de mayo de 1968 tuvieron sobre España. Estudiaré algunas de las vías de penetración de la información que permitió a los estudiantes españoles tener un conocimiento de lo que ocurria al margen de los canales oficiales y legales, que tampoco dejaron de informar: se visualizarán algunos de los contactos personales y orgánicos existentes antes y durante el "Mayo". Como hecho simbólico atenderé a la ocupación del Colegio de España en Paris durante el mes de mayo de 1968, en la efervescente Ciudad Internacional Universitaria, y sus sacudidas posteriores. Finalmente evaluaré a algunas de las consecuencias politicas concretas del Mayo del 68 para el Gobierno español. Se han utilizado para ello tanto fuentes orales, archivísticas (centros nacionales e internacionales), policiales, hemerográficas, carteles y fotografias.

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59 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 El Mayo francés y España: impactos culturales y consecuencias políticas12 EL MAYO FRANCÉS Y ESPAÑA: IMPACTOS CULTURALES Y CONSECUENCIAS POLÍTICAS12 Alberto Carrillo-Linares Universidad de Sevilla El 1968 y los 1968 estudiantiles Es bastante lo que se ha escrito en torno al mítico año de 1968, o «el 68» a secas, pero los nuevos tiempos siempre traen miradas alternativas, incógnitas originales, fuentes más frescas, métodos y conceptos revisados, porque el ser humano es inquieto intelectualmente y cada generación se pregunta de manera diferente su relación con el pasado. Sobre 1968 y España no se puede decir que haya mucho publicado, y menos aún de investigación de base, más o menos sistemática, en buena medida porque para gran parte de la historiografía hispanista el 1968 español no tuvo nada especial, a diferencia del francés, el mexicano o el italiano, por ejemplo: la existencia de una dictadura hacía inviable cualquier comparación con los países demoliberales. En España, básicamente, se luchaba contra el franquismo; la vida de este tuvo que pasar de forma inexcusable por el año de 1968.3 Para la dictadura y su historiografía «España era diferente», según se recordaba machaconamente en la propaganda oficial del Ministerio de Información y Turismo, dirigido por Manuel Fraga Iribarne: cualquier atisbo de identificación con la realidad extranjera resultaba ser una mera coincidencia. Pese a todo, se habló en medios oficiales de una minoritaria conspiración comunista internacional que, de facto, debía suponer una concordancia con el exterior. Incluso dentro de la historiografía marxista clásica no se percibió el año de 1968 como una particularidad. Y los medios de comunicación de masas generalmente han acentuado la no excepcionalidad del impacto del Mayo francés y han atendido más a su influencia a lo largo del tiempo y el espacio. Escribía el conocido escritor marxista Manuel Vázquez Montalbán, con motivo del 30 aniversario de los acontecimientos históricos: En los países donde el capitalismo avanzado había sublimado democracias, el 1968 iba a ser un año de prueba para el democratismo y para la capacidad de asalto al poder de las izquierdas teóricamente revolucionarias. España era diferente. Aquí no se trababa de ‘asaltar la condición fundamental’, es decir, el capitalismo según el argot maoísta. Aquí aún había que asaltar la ‘contradicción de primer plano’, es decir don Francisco Franco Bahamonde y todos sus cómplices económicos, políticos, sociales y culturales.4 Y Justino Sinova, con ocasión de la conmemoración del 40 aniversario, aseguraba: La revuelta en España no tiene mucho que ver con la francesa, ni alcanza, por supuesto, la intensidad de la lucha callejera en el Barrio Latino, ni pone en jaque al Estado. Es una agitación de dimensión 60 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 Alberto Carrillo-Linares interna, aunque importante para el momento, en un sistema autoritario que no deja libertad a los ciudadanos.5 Por su parte, una visión, a veces casi desde la nostalgia, que considera más el impacto del «Mayo» sobre los estudiantes españoles, puede leerse en el artículo del divulgador José Mª Solé Mariño, publicado con motivo del 10 aniversario.6 Entre los protagonistas y estudiosos del Mayo de 1968, y del 1968 en un sentido no tan estrecho, el sociólogo Jaime Pastor Verdú, valora positivamente la influencia y sus consecuencias para España, acercando el país al resto de Europa y del mundo, subrayando el impacto del «Gran Rechazo» en España, realmente antes, durante y después del Mayo francés.7 Y la historiografía anarquista va más allá: los estudiantes españoles se adelantaron al espíritu de Mayo.8 Resulta obvio que España no era Francia; ni esta México, ni Brasil, ni Checoslovaquia, ni Estados Unidos, ni Alemania, ni Japón, ni Suecia... Charles de Gaulle solo hubo uno y «Mayo francés» de 1968, también. Este no fue el de consecuencias inmediatas más graves pero sí el de mayor impacto mediático y esto tuvo también sus efectos sociales y culturales. Las diferencias entre países son evidentes y resulta poco esclarecedor insistir en ellas; lo que requiere de una explicación más profunda es la presencia activa, la simultaneidad y transversalidad de la acción estudiantil mundial con una potente carga política y cultural; la emulación, los préstamos, las influencias e incidencias, el sentido de los mensajes, la concurrencia en la cultura del malestar y la protesta cuando en muchos de los países afectados se vivía un momento de expansión económica (lo mismo España que Francia), etc. Es este un punto interesante porque creo que ahonda en la enorme politización del movimiento (a nivel planetario, independientemente de las circunstancias concretas en cada caso): si dibujásemos una línea representando el crecimiento económico y otra con las movilizaciones sociales, obtendríamos unas secuencias con similares tendencias, algo no explicable desde planteamientos teóricos y metodológicos más o menos economicistas o materialistas, donde el conflicto se explica por la crisis económica. Es preciso, por lo tanto, considerar el movimiento estudiantil a nivel mundial desde un prisma más amplio, donde se dé cabida a los componentes políticos, más que evidentes e importantísimos, del movimiento estudiantil del 68, que en este año superó con mucho las reivindicaciones exclusivamente académicas. Y esto fue general, sin excepciones: ahora bien, se produjeron las lógicas adaptaciones locales, habida cuenta de la interacción de los movimientos nacionales con sus respectivos marcos de oportunidades políticas; como fue frecuente que se dieran saltos a niveles discursivos que entroncaban las aspiraciones de las vanguardias estudiantiles, en clave anticapitalista, en todos los países afectados del mundo occidental; con el otro lado del Telón de Acero se compartían las ansias de libertad, la crítica a los Estados totalitarios anuladores de la libertad individual, la condena de la represión y las violaciones de derechos. En este punto las coincidencias con España eran plenas, por más que se puedan también señalar diferencias: creo que sí había coincidencias interesantes que ayudan a entender la significación histórica del fenómeno social que situó a los estudiantes de todo el mundo en las primeras páginas de los diarios. Y por lo demás, en ningún caso, de ninguna parte del mundo, el movimiento estudiantil acabó con sistemas políticos en su conjunto: su trascendencia histórica no estuvo, por lo tanto, en los resultados inmediatos. Desde esta óptica, se podría hablar del sesenta y ocho y de los sesenta y ochos: de cualquier manera, incorporando como ítem de análisis la efervescencia cultural, social, política propia de los campus universitarios de los años 1960- 1970, a diferencia de lo que había ocurrido en los años 1940-1950, también a nivel planetario.9 En ese sentido, el 1968 como año da paso a un concepto más amplio que es el de 1968 como fenómeno, donde penetran muchas de las luces que ilustran el asunto: desde este planteamiento 61 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 El Mayo francés y España: impactos culturales y consecuencias políticas12 Historia del presente, 30 2017/2, 2ª época, pp. 61-68 ISSN: 1579-8135 (triunfante en los últimos años, en parte por lo limitado de circunscribir el 1968 estudiantil a solo el mes de mayo francés, o incluso al año 1968 a nivel mundial) se da cabida a cuestiones que tienen que ver con los antecedentes, las influencias, las transferencias culturales y políticas, los contactos personales y orgánicos, las lecturas compartidas, la extensión y adaptación de los repertorios de acción, la asimilación de conceptos transnacionales, los préstanos culturales internacionales, los actos de apoyo y solidaridad, los símbolos, mitos y consignas; las representaciones, etc.10 La dimensión mundial de la acción juvenil y estudiantil es incuestionable, una circunstancia que se potenció por el efecto demostración nacional e internacional que tuvieron los movimientos sociales en las décadas de los sesenta y setenta, convirtiéndose ocasionalmente en verdaderos agentes catalizadores del cambio. Pese a todo, hubo necesariamente particularidades. España no quedó fuera de la efervescencia juvenil y estudiantil mundial propia de esas décadas; y, de alguna manera, bebió de similares fuentes, aunque sus objetivos primarios estuvieran, lógicamente, asociados al marco político opresivo en el que se tenían que realizar dichas peticiones y poner en prácticas determinadas acciones contenciosas, inadmisibles para una dictadura. Como aquellas que tenían que ver con derechos individuales elementales: libertad de expresión, de asociación, movimiento, conciencia, huelga, manifestación, etc. En este pun- to la situación española era comparable a la de otros países (incluidos los del Este) en los que también se registraron protestas universitarias –y de bachilleres– en 1968. Desde cierta perspectiva, España tuvo su 1968 antes de 1968 y su mayo antes de mayo que, de alguna manera, sirvió de aldabonazo y estímulo (radicalización, violencia, revolución, etc.). Mayo del 68 fue la levadura que actuó sobre una masa preparada. Muchas de las preocupaciones de los universitarios eran compartidas con los estudiantes del resto del mundo, no estaban tan alejados en sus sensibilidades, pero tampoco personal u orgánicamente puesto que desde años antes existían canales de comunicación directos. Las redes Se debe partir de una premisa básica para considerar en su exacta dimensión el objeto de estudio: fueron grupos numéricamente minoritarios los que se vieron de alguna manera afectados culturalmente por el Mayo francés, si con el conjunto de la ciudadanía se compara. Para la mayoría de la población española el «Mayo» no pasó de ser una noticia más entre las muchas que se recibían de manera pasiva. Obviamente, este conjunto, que ha escrito sobre el tema como fuente de autoridad directa, tiene poco que aportar sobre la influencia de los acontecimientos franceses. Por un lado, existieron contactos establecidos a través de organizaciones internacionales, que situaban a los universitarios españoles en las coordenadas y debates del movimiento estudiantil mundial (CIE, UIE, etc.), como en la reunión dentro del llamado European Meeting, celebrado en julio de 1966 en Suiza, cuyo Comité preparatorio, compuesto por las representaciones estudiantiles de Inglaterra, Finlandia, Francia, Yugoslavia, Suiza y Polonia, cursó invitaciones a las uniones nacionales de diversos países. Representando a España asistieron miembros del recién creado Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona (SDEUB), así como de la Unión de Estudiantes Demócratas (UED) y de la Confederación Universitaria Democrática (CUDE).11 Además hubo multitud de contactos personales y orgánicos directos con Francia y su movimiento estudiantil, lo que permitió crear redes e intercambiar opiniones y experiencias con anterioridad a los sucesos de 1968 y durante estos días. Es conocida la historia del Frente de Liberación Popular (FLP) que contó con una Federación Exterior, en la que se encontraba en 62 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 Alberto Carrillo-Linares 1962, entre otros, Manuel Castells Oliván, que huyó a Francia en mayo de aquel año.12 Allí estudió Sociología con Alain Touraine, siendo profesor adjunto de esta materia en Nanterre al estallar el «Mayo».13 Como consecuencia de su participación en los sucesos acabó siendo expulsado del país galo, junto con Antonio Ubierna, también del FLP. De hecho, esta organización vivió un momento de recuperación, en términos de actividad, coincidiendo con la agitación del 68, tanto en ámbitos obreros como en espacios universitarios.14 Por su parte, en la constitución oficial del Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios (SDEU) de Barcelona (SDEUB) el 9 de marzo de 1966 se encontraban presentes, como observadores internacionales, Bernard Schneider, de la Unión Nacional de Estudiantes Franceses (UNEF), Wilfried Rutz, representante de la Conferencia Internacional de Estudiantes (CIE), y Fred Berger, de la Asociación Nacional de Estudiantes de los Estados Unidos (USNSA), que fueron detenidos y deportados a sus países de origen el día 12 de marzo. Y el 13 de febrero de 1967 fue detenido nuevamente, en esta ocasión en Madrid, el presidente de la UNEF, Pierre Vandenburie, estudiante de Económicas en la Universidad de Lille, tras asistir a una asamblea en Filosofía y Letras. Esa misma tarde se producían protestas ante la embajada de España en París.15 De hecho, el propio Sindicato Democrático estableció un Departamento de Información y Relaciones Internacionales (DIRI).16 En París se afincó una Delegación Exterior del Sindicato Democrático, probablemente la única que funcionó como tal, y publicó, desde marzo de 1967, un Boletín informativo, que se vendía a 0,50 francos, para mantener «a los estudiantes españoles en París al corriente de lo que sucede en España».17 De este modo se podía informar del proyecto sindical al tiempo que exponer la crítica contra el franquismo.18 Paralelamente, la última Federación Universitaria Democrática Española (FUDE), mantenía una Secretaría Exterior que también lanzó su propaganda al calor de los sucesos de la primavera francesa. En una panfletada distribuida en Mayo de 1968 podía leerse: La Federación Universitaria Democrática Española, punta de lanza de los estudiantes españoles en su lucha por la Universidad Popular en una República Democrática Popular, saluda calurosamente a los estudiantes franceses que tan valerosamente se han opuesto a la salvaje represión del Estado monopolista francés, por conseguir una Universidad Popular, abierta a las clases trabajadoras.19 De otro lado, también existían relaciones entre organizaciones y sensibilidades no específicamente estudiantiles (aunque el FLP tenía una sección obrera), como la CNT y las formaciones libertarias específicas y autónomas, que además de en París, comenzaron a tener cierta presencia en el 1968 español, particularmente en Madrid, lo que reflejaba a nivel nacional la recuperación que el anarquismo vivió en aquel contexto con, entre otros, el Movimiento 22 de Marzo, liderado por el rostro emblemático de la revueltas en París, Daniel Cohn-Bendit.20 Tanto es así, que la policía francesa vigilaba de cerca los contactos y tenía constancia de la participación de los anarquistas españoles y franceses en las jornadas del mayo, especialmente entre el grupo Negro y Rojo, en el que militaba Cohn- Bendit, y el grupo Primero de Mayo y la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL).21 En la efervescencia de la agitación juvenil y universitaria se reverdeció el anarquismo a finales de la década de los sesenta del siglo XX. Un año después del «Mayo», desde su exilio mexicano, publicaba Fidel Miró El anarquismo. Los estudiantes y la revolución, prologado por el histórico cenetista Diego Abad de Santillán. Comenzaba la obra, bajo el epígrafe de «Actualización del anarquismo», con las siguientes palabras: Los sucesos de mayo y junio acaecidos en Francia, y otras manifestaciones recientes, especialmente estudiantiles en España, Italia y otros países, han dado al anarquismo, en cierta medida, nuevo sello 63 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 El Mayo francés y España: impactos culturales y consecuencias políticas12 de actualidad, de valor en curso entre las corrientes de pensamiento en los medios intelectuales y revolucionarios que desean estructurar la sociedad sobre bases más racionales y justas que las presentes.22 Desde 1967 actuaba el Grupo Ácratas en la Universidad madrileña, bajo la inspiración de Agustín García Calvo, catedrático expulsado a perpetuidad de la enseñanza pública en 1965, pero que mantenía el contacto con los estudiantes a través de la Academia privada que regentaba. El 4 de mayo del 68 era arrestado el profesor, tras un proceso de radicalización del grupo que fue in crescendo en las semanas anteriores (recurso a la violencia, cócteles molotov, enfrentamientos frontales, etc.).23 La presión de las autoridades franquistas y la atracción del «Mayo» explican la salida hacia Francia de un grupo de estos estudiantes anarquistas.24 Resulta ilustrativa la proporción de españoles expulsados de París como consecuencia de su decidida actuación en los hechos de Mayo de 1968: España ocupó el 6º puesto en número de extranjeros expulsados o con prohibición de entrada en el país: la lista, compuesta por personas de 46 nacionalidades, la encabezaba Argelia (62), circunstancia que no puede separarse del asunto colonial; Alemania (33), lo cual era lógico, si se tienen en cuenta las fluidas relaciones entre los estudiantes, el origen de Cohn-Bendit y los eslóganes coreados por los universitarios que debieron animar aún más a los escolares germanos, del tipo «Todos somos judíos (y) alemanes». Le seguían Estados Unidos (32), Italia y Turquía (30) y España (26); portugueses fueron 22 y 3 los griegos expulsados.25 La cercanía física con Francia y tanto trasiego de personas inquietaba al gobierno español, que ahora, como en tiempos de la francesada, se mostraba cautelosamente preocupado. Más abajo me referiré a algunas de las medidas concretas tomadas por el gobierno franquista encaminadas a establecer un cordón sanitario y otro de control interno por el riesgo al contagio de primavera.26 Tras el «Mayo» se procuraron algunos contactos internacionales, como ocurrió en agos- to de 1968 entre estudiantes españoles en la Universidad de la Sorbona y estudiantes revolucionarios de Milán.27 Entre los que contactan con los italianos se encontraba Fernando Ariel del Val Merino, que había estado vinculado a la Agrupación Socialista Universitaria (ASU) y a la Nueva Izquierda Universitaria (NIU).28 Del Val fue uno de los ocupantes del Colegio de España en Mayo de 1968 al que me referiré más adelante; otros asistentes a esta reunión participaron en la ocupación posterior, en mayo de 1969, como Ricardo Aldanondo, militante de la FUDE y, según la policía española, vinculado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).29 ¿Información o propaganda? Canales de comunicación De otro lado, también los estudiantes en España tuvieron noticias de lo que ocurría en París, y de los supuestos ideólogos del movimien- to, nombres que dejaban de ser desconocidos para los más inquietos. Se tuvo conocimiento prácticamente en tiempo real de que algo estaba ocurriendo, porque los medios de comunicación generalistas, más la prensa escrita que la televisión, dieron cuenta, pese a que la calidad informativa dejara mucho que desear, acoplados como estaban los Medios al discurso y el engranaje franquista en 1968. La Televisión resultó un interesante instrumento en manos del gobierno para desacreditar el movimiento, procurando explotar seriamente el poder de la imagen. El gubernamental NO&DO («Noticiarios y Documentales», de obligada inserción en cines y difundido a través del único canal de TV que existía), le dedicó dos referencias al Mayo del 68, en su sección de «Informaciones y Reportajes». La narración audiovisual merecería una estudio especial: sin alusiones a las causas del movimiento, en los apenas dos minutos que dura cada noticia, se hace un uso recurrente de música más propia de una película de terror o se cierra la noticia con imágenes incendiarias acompañadas 64 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 Alberto Carrillo-Linares de una voz en off que subraya la destrucción y barbarie del movimiento.30 A estas publicaciones generalistas y complacientes con el régimen se sumaron otras que diantes de la UNEF, el Movimiento 22 de Marzo y el CAL (Comité de Acción en los Liceos), estaba traducido, multicopiado y distribuido en la Universidad de Madrid apenas dos semanas más tarde.32 También se difundió en Universidades de provincias como Sevilla.33 En mayo de 1968 hubo en España propuestas de ocupaciones de las Facultades siguiendo el ejemplo exacto de las francesas; se celebraron foros y debates sobre los acontecimientos en el país vecino, etc.34 En otras ocasiones se confeccionaron dossiers sobre el «Mayo francés» para ser distribuidos y discutidos entre los simpatizantes y militantes. Con su particular visión, la Organización Universitaria del PCE, a través del órgano oficial, Vanguardia, publicó un número especial «dedicado al análisis de la lucha en Francia», donde se podía leer en la introducción: «La Universidad, termómetro político del país, ha actuado de hecho de levadura de un amplio movimiento en el que, bajo la dirección de la clase obrera, participa prácticamente todo el país».35 Y así ocurrió en el ámbito del catolicismo más comprometido social y políticamente. Sabemos que la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) hizo llegar, a través de las diversas delegaciones de FECUM (Federación Española de Congregaciones Universitarias Marianas), un completo informe sobre los acontecimientos franceses destinado para la formación e información de los militantes.36 Imagen 1 también dieron cobertura pero con una recepción diferente, como la revista Triunfo: se han localizado referencias al «Mayo» en siete números (entre el 18 de mayo y el 28 de septiembre), con dieciséis artículos sobre los sucesos franceses, dos portadas completas y otras tantas con espacios más reducidos. La publicación dio cabida además de a los principales acontecimientos (a nivel mundial), a aspectos aparentemente tangenciales, como textos sobre H. Marcuse, J. P. Sartre, D. Cohn-Bendit, etc. La afilada pluma de Eduardo Haro Tecglen permitió la posibilidad de contrastes informativos y de significados.31 Pero no solo eso, los universitarios españoles pudieron leer directamente algunos de los textos salidos de las imprentas parisinas. La velocidad en la transferencia en la comunicación fue llamativa: así, un artículo publicado el 7 de mayo en el n.º 1 de Acción, revista de los estu-Imagen 2 65 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 El Mayo francés y España: impactos culturales y consecuencias políticas12 De otro lado, hubo impactos de la «cultura del 68» entre los estudiantes españoles en diversos ámbitos: desde el acercamiento a los autores internacionales que estuvieron más estrechamente vinculados con el movimiento estudiantil de esos años, como en el surgimiento y desarrollo de repertorios de acción que se distinguían o intensificaban los recursos empleados por los universitarios pre-sesentayochistas; como fueron sensibles a muchos de los temas que sirvieron para canalizar movilizaciones en todo el mundo, como la Guerra de Vietnam, el anticapitalismo, la revolución proletaria, etc.; cuestiones todas que superaban con mucho al régimen franquista. Por su parte, la radicalización que se vivió en España en el contexto del «Mayo del 68» afectó tanto a la praxis (incluyendo las bases de futuras vías armadas) como a la retórica, aunque en el caso español, sus antecedentes parecen incuestionables. El Colegio de España en París, ocupado Una de las acciones más repetidas y reconocibles de los estudiantes del 68 fueron las ocupaciones de espacios públicos, especialmente universitarios. España no quedó al margen de esta práctica, tanto en el interior del país como fuera. En París, el Colegio de España, ubicado en la Cité Internationale Universitaire, dirigido en esos momentos por Joaquín Pérez Villanueva (ausente esos días y que presentó su dimisión en junio) y gestionado en la práctica por el secretario (luego director), Juan de Luis Camblor, fue ocupado en Mayo del 68 por más de medio centenar de españoles: obreros exiliados, estudiantes, intelectuales, artistas (como Paco Ibáñez) y algún antiguo residente (como Fernando Arrabal), fueron los protagonistas. De esta forma, corría la misma suerte que los Colegios de Portugal, Grecia, Brasil, Argentina, Italia, etc. Pero no solo eso: el Colegio volvió a ser ocupado en mayo de 1969, con intento incendiario, y, de nuevo, en marzo y mayo de 1975, registrándose también incidentes en años posteriores, ya muerto Franco, como en 1977.37 Consecuencia de la primera ocupación fue el cierre del Colegio hasta septiembre de 1987, momento en el que se reabrió bajo el ministerio socialista de José María Maravall, hijo del que había sido el segundo director del centro.38 Los españoles en París se encontraban al tan- to de lo que estaba ocurriendo en la ciudad, y participaron desde el primer día.39 Emma Cohen narra cómo el 1 de mayo asistió al Colegio de España, donde exiliados españoles celebraron un encuentro republicano.40 Afectado por el huracán revolucionario, en plena Cité, el Colegio fue ocupado a las 23:15 del sábado 18 de mayo y desalojado el 15 de junio, participando de este modo en el proceso general que se vivía en París y cargándolo de simbolismo en clave nacional. De hecho, en el lenguaje empleado por los ocupantes, lo que se llevó a cabo fue la «liberación del Colegio». La ocupación la decidió el Comité de Acción de Españoles en la Sorbona, en una reunión celebrada el día anterior y ejecutada por el Comité de Ocupación. Amén de los destrozos en el inmueble, fueron frecuentes los carteles, grafitis, eslóganes, servicios de orden, etc., tan característicos del «Mayo francés».41 La ocupación, de hecho, se realizó bajo banderas rojas, negras y la tricolor republicana; la fachada fue decorada con carteles rotulados: «Colegio de España, ocupado», «Viva la revolución proletaria», «Fuera el capitalismo», «Viva la alianza obrero-campesina», «Ni Franco ni Carrillo. No nos moverán», «Ni Franco ni De Gaulle. No nos moverán». El interior fue igualmente engalanado con mensajes políticos revolucionarios. En una octavilla, rabiosamente anticapitalista y antiimperialista, se leía: ¡Por la liberación de Francia! ¡Por la liberación de España! ¡Para acabar con el sistema imperialista mundial! Participemos en esta lucha, integrándonos en los Comités de Acción de estudiantes y obreros ya existentes conjunto con nuestros camaradas franceses para reforzar así la lucha común».42 66 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 Alberto Carrillo-Linares La prensa generalista española no dio mucha noticia del suceso, aunque algunos breves se pu- Guevara. Es una revolución en toda regla y con un signo bien identificado. La cosa merece tomarse muy en cuenta.44 Información suplementaria se podía obtener a través de una interesante publicación vinculada al Opus Dei, que se editaba en Pamplona (1962-1972), Gaceta Universitaria. Dirigida entonces por Andrés Garrigó, fue una voz crítica con el franquismo, en la línea del diario Madrid, pero más directa y explícita, que lanzaba noticias como anzuelos con cebo dirigidos al revuelto mundo universitario. Aunque tampoco notificaba en tiempo real: hubo que esperar a la edición de agosto, donde dedicaba una página completa a la ocupación del Colegio en una crónica, más bien burlona que analítica, de un testigo, el estudiante sevillano residente en el centro Miguel Ángel Enríquez.45 Como consecuencia directa de la ocupación y de los desperfectos ocasionados, el centro fue cerrado bajo el pretexto de las necesarias reformas; estas se vieron como una buena oportunidad para mantenerlo clausurado a partir de entonces. En diciembre de 1968 el Consejo de Administración de la «Cité» aprobaba unos nuevos Estatutos para gestionar la Ciudad Universitaria que, entre otras cuestiones, introducían derechos individuales incompatibles con el franquismo. En esta situación, a instancias del Ministerio de Exteriores, el consejero cultural de la embajada española en Francia, Rafael Fernández Quintanilla, solicitaba un informe a De Luis Camblor sobre los efectos jurídicos del nuevo marco, documento que asumió plenamente el consejero, considerando mantener el cierre del centro y las ventajas de cambiar el estatuto del Colegio a rattachement, con el fin de que pasara a estar bajo la administración francesa, a través de la Fundación Nacional, encargada de la gestión de la «Cité». Aseguraba: Supone la cesión a la administración francesa de la gestión directa del Colegio de España. Supone quitarle al Colegio su carácter simbólico y representativo. Queda convertido a todos los efectos en una dependencia francesa. Imagen 3 dieron leer. ABC da pistas sobre la relevancia del silencio impuesto: solo a mediados de junio, un mes después de la ocupación y con las Universidades españolas replegadas por las vacaciones, informó muy pasajeramente de lo que había ocurrido: El grupo de españoles, obreros y estudiantes, que hace más de tres semanas ocuparon el Colegio de España de la Ciudad Universitaria de París, lo han evacuado hoy sin incidentes. Los últimos días quedaban solo en el Colegio un reducido grupo de obstinados.43 En La Vanguardia Española, se pudo saber algo, más bien en tono apocalíptico, a través de su corresponsal en Londres, el periodista Enrique Laborde, que en su crónica publicada el 26 de mayo escribía: Las cosas, tal y como están en ese campo de la anarquía, preocupan seria y justificadamente. Ahí tienen, sin ir más lejos, el asalto del ‘Colegio de España’ de la Ciudad Universitaria de París, donde ahora ondea la bandera roja, y el Centro de Estudios Iberoamericanos, con su gran retrato del Che 67 EXPEDIENTE Historia del Presente, 31 2018/1 2ª época, pp. 59-73 ISSN: 1579-8135 El Mayo francés y España: impactos culturales y consecuencias políticas12 67 [...] Antes de tomar una decisión acaso prematura [...] sería preferible agotar la oportunidad única y envidiable que ofrecen las obras en curso para ‘esperar y ver’ el desarrollo de los acontecimientos.46 Y en este cambalache se contempló también la posibilidad de introducir en las conversaciones con los franceses el señuelo de la modificación de la situación de la Casa de Velázquez, en Madrid, en la línea de las demandas que los galos llevaban efectuando desde hacía unos años. Así se lo hizo constar el embajador de España en París, Pedro Cortina, al ministro de Exteriores español, Fernando María Castiella, a raíz de la orden reservada n.º 581, del 17 de mayo de 1969, remitida desde la Dirección de Relaciones Culturales, en la que se autorizaba para explorar este camino que, de hecho, implicaba la pérdida de control del Colegio.47 Justo cuando se estaba produciendo este cruce de correspondencia, tuvo lugar la segunda ocupación del Colegio de España por parte de estudiantes españoles –de la que se tenían noticias con anterioridad–, realmente la que mayores destrozos produjo, según aseguraba el embajador Cortina al ministro de Asuntos Exteriores.48 En efecto, el 24 de mayo de 1969 se registraba una nueva ocupación por parte de un grupo de estudiantes.49 Y el 6 y 15 de marzo de 1975 se volvió a ocupar pasajeramente, en esta ocasión bajo la coordinación de un Comité Unitario por la reapertura del Colegio, que convocó a una manifestación el 14 de marzo, por este motivo y contra la represión.50 Entre los apoyos al Comité Unitario se encontraban algunos intelectuales, como Fernando Claudín, Nicos Poutlanzas, Fernando Arrabal, Agustín García Calvo, etc.51 En la madrugada del 5 de mayo se registró otra acción incendiaria contra el Colegio.52 El cierre prolongado del centro produjo nuevos actos, incluso más allá de la muerte de Franco. El carácter simbólico del Colegio no pasó desapercibido: tanto es así que el consejero cultural de la embajada, Fernández Quintanilla, propuso sustituir el nombre por el de «Pabe- Imagen 4 llón de la Hispanidad» o «Colegio Francisco de Goya», con el fin de «conseguir la despolitización del Colegio que encierra un valor simbólico», proponiendo ponderar «si aquellos valores sentimentales compensan o no los riesgos que implican».53 El impacto sobre el gobierno español El gobierno franquista vio con inquietud los acontecimientos en el país vecino, aunque esta es una cuestión a la que no se le ha prestado atención por parte de los investigadores, quizás por las consideraciones compartidas y aprioristas que se señalaban al comenzar este artículo. Además de la referida dimisión del director del Colegio en la «Cité», la agitación parisina impactó en los medios gubernamentales españoles de otras maneras. Veamos algunas. Con motivo de la ocupación en mayo del 1969, la policía española apuntaba la detención de varios miembros de la Delegación Exterior del Sindicato Democrático en París y las rela-