Espacios educativos y Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación
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Espacios educativos y museos de pedagogía, enseñanza y educación 191 © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 ESPACIOS EDUCATIVOS Y MUSEOS DE PEDAGOGÍA, ENSEÑANZA Y EDUCACIÓN Educational Contexts and Museums of Pedagogy, Teaching and Education Pablo ÁLVAREZ DOMÍNGUEZ Universidad de Sevilla RESUMEN: El Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación es una institución educativa al servicio del desarrollo personal y sociocultural de las personas; es un lugar de encuentro intergeneracional, donde la historia escolar y el mundo de la educación, en general, están llamados a congregarse. Son muchas las reflexiones pedagógicas, tecnológicas, científicas, filosóficas, etc., que podríamos establecer sobre lo educacional. En este trabajo, nuestra intención reside en establecer unas consideraciones conceptuales en torno a las diferentes dimensiones de la educación (formal, no formal e informal), para vincularlas con posterioridad a los Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación como entes culturales e instrumentos útiles para el desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje ligados al estudio del patrimonio históricoeducativo. PALABRAS CLAVE: museos y educación; Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación; educación formal, no formal e informal. SUMMARY: The Museum of Pedagogy, Teaching and Education is a teaching institution of service to personal and socio-cultural development; it is an intergeneration meeting point, where the teaching history as well as the education world are called to be assembled. It may be mentioned a lot of reflections related to education environment, such as pedagogicals, technologicals, cientifics, phylosoficals, etc. In this respect, we aim to establish some conceptual considerations around the different teaching dimentions (i.e. formal, non formal and informal), to joint forward to Museums of Pedagogy, Teaching and Education as cultural entities as well as useful items in order to develop the teaching and learning processes linked to the study of the teaching-historic heritage. KEY WORDS: Museums and Education; Museums of Pedagogy, Teaching and Education; formal, non formal and informal education.
192 Pablo Álvarez Domínguez © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 Introducción Podríamos establecer que el museo, que desde antaño ha sido concebido como lugar de delectación para algunos aficionados ilustrados, donde se depositaban y exponían obras y objetos de valor, participa hoy en primera fila en la vida cultural y educativa de la ciudad, apostándose por un museo vivo y organizado, totalmente público, al servicio de la sociedad y, entendido como un instrumento de acción educadora, donde además de aprender, se disfruta. Por tanto, resulta fácil reconocer atendiendo a la realidad museística actual, que el museo, afortunadamente, dejó de ser simplemente una entidad conservadora de la memoria, de nuestro patrimonio histórico, para convertirse en una institución, principalmente cultural. Así, en esta línea y de modo introductorio, podemos considerar una serie de cambios que han impulsado la consideración de un nuevo museo entendido como institución cultural (Suárez, 2005: 46): a) Las nuevas instituciones museísticas han asumido el papel de instituciones culturales, con el consiguiente incremento de la valoración y la expectativa públicas, así como de la presión social y mediática; b) La conservación del patrimonio sigue siendo una función básica, pero ahora, el público se ha convertido en el referente último del museo, su razón de ser. Por ello, la educación es, casi siempre, su objetivo principal; c) La presencia de los medios de comunicación altera la labor del museo: son su competencia directa, promoviendo una nueva cultura; condicionan -mediatizan- sus actividades; permiten una difusión inimaginable hace unos años; d) Las nuevas tecnologías y las redes han irrumpido con mucha fuerza, trastocando por completo algunos conceptos: exposición, colección, difusión, público, etc. Se ha pasado de un público potencial limitado –visitas anuales locales, nacionales, internacionales- a otro inmenso, tan amplio como el número de ciudadanos del mundo que tengan conexión a Internet; e) Los recursos públicos y privados son limitados y, además, se tienen que repartir entre un mayor número de instituciones, lo que ha introducido en el museo toda una gama de nuevos conceptos: rentabilidad sociocultural, voluntariado, modelos de gestión, marketing, modelos de financiación, diferenciación, etc. En medio de esta situación panorámica, trataremos de justificar que los Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación pueden llegar a convertirse en lugares propicios de aprendizaje para todo tipo de edades, pudiendo ofrecer continuadamente, un servicio educativo formal, no formal e informal, que entienda los procesos de enseñanza-aprendizaje como una forma de vida útil para ampliar horizontes culturales, históricos y educativos. De esta forma, a través de esta tipología de museos estamos enfrentándonos a nuevos desafíos de nuestro tiempo, dando respuesta a la necesidad de mirar al pasado educativo, para reflexionar acerca del presente y del mañana de la educación. Todo ello, desde el prisma de la recuperación del patrimonio, la investigación, la conservación, la exposición, la difusión, la transmisión de conocimientos, la acción en todos los ámbitos de la cultura, la educación, etc. y, asumiéndose un claro compromiso con la innovación educativa y un desarrollo social pleno e integral (Carrillo, 2005: 30-31). En nuestra área cultural, no han faltado quienes vengan
Espacios educativos y museos de pedagogía, enseñanza y educación 193 © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 preocupándose por ordenar cuidadosa y respetuosamente pedazos de la historia y la geografía, del arte y de la tecnología, de la ciencia y de la religión. Y, en base a ello, estamos augurando la creación de Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación, que sean capaces de hacer pensar al visitante en el pasado histórico-educativo, para entender el presente y posibilitar justamente, en el futuro, el enriquecimiento de nuestro patrimonio cultural e histórico-educativo. Educación formal, no formal e informal. Una aproximación conceptual Nos adentramos en un terreno que no dejará de resultar familiar a quienes disfrutamos en nuestro existir de y con la Pedagogía -entendida como ciencia de la educación-, ejerciendo nuestro desarrollo profesional. En nuestra sociedad, la educación se ha convertido en un asunto que interesa a toda la gente, hasta tal punto que hasta en política, se está utilizando como el mejor de los instrumentos para solventar gran parte de los problemas que se hacen explícitos en nuestro sistema social. Al fin y al cabo, la educación no está exenta de popularidad, pues todo el mundo sabe o cree saber algo de educación e, indiscutiblemente, todos tenemos que contar una historia de nuestra escuela y de nuestro profesorado, esto es, la historia de nuestra propia educación (Núñez y Pérez, 2003: 27-28). Cuando hablamos de educación lo podemos hacer desde diversas perspectivas, pero hoy, afortunadamente, ésta se viene entendiendo como inversión, y ese planteamiento es enormemente importante. La educación es una inversión y, por tanto, es capital que se invierte en la actualidad para el futuro. Y no hay ningún país en el mundo en este momento, ningún colectivo medianamente sensato, que no considere la educación como una gran inversión estratégica para el futuro (Solana, 1991: 61). Etimológicamente hablando, podemos considerar que educación es un concepto polisémico (buenos modales, cortesía, mucha cultura general, respeto por las normas de convivencia, sujeto de talante apacible, cumplimiento de obligaciones sociales y cívicas, moderación en los juicios y apreciaciones, corrección en el trato, etc). Y efectivamente, “únicamente por la educación el hombre llega a ser hombre” (Kant, 1981: 31). De esta manera, podemos intuir que educar ya no va a consistir tan sólo en acudir a la escuela y aprender en un determinado periodo de tiempo una serie de contenidos y destrezas sociales considerados suficientes para toda la vida. Sin embargo, lejos de profundizar en torno al concepto de educación, nuestra intención esta vez reside en establecer una diferenciación dentro de éste, en torno a tres conceptos diversos, aunque relacionados: la educación formal, la educación no formal y la educación informal. Así pues, aproximarnos al concepto de educación formal supone básicamente, hacer referencia al sistema educativo en general, altamente institucionalizado, cronológicamente graduado y jerárquicamente estructurado que se extiende desde los primeros años de la educación infantil hasta los últimos años de doctorado en la universidad, pasando por la escuela primaria y la secundaria. En cambio, la educación no
194 Pablo Álvarez Domínguez © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 formal es toda actividad organizada, sistemática, educativa, realizada fuera del marco del sistema oficial, para facilitar determinadas clases de aprendizaje a subgrupos particulares de la población, tanto adultos como niños. La educación informal hace referencia a un proceso que dura toda la vida y en el que las personas adquieren y acumulan conocimientos, habilidades, actitudes y modos de discernimiento mediante las experiencias diarias y su relación con el medio ambiente (Sarramona, Vázquez y Colom, 1998: 12). Hemos pretendido dejar patente que la escuela es siempre únicamente un momento del proceso educativo global de los individuos y de las colectividades. Y con la escuela, coexistieron y coexisten hoy otros mecanismos educativos. Por ello, ésta no solamente no es apta para conseguir cualquier tipo de objetivo educativo, sino que además, para algunos de ellos la escuela resulta especialmente inapropiada. Así pues, de esta idea derivamos la necesidad de crear de forma paralela a la escuela, otros medios y entornos educativos, que no se opondrán a la misma, sino que han de funcionar de manera complementaria. Partimos entonces de que la educación formal y la no formal son intencionales, esto es, que cuentan con objetivos explícitos de aprendizaje o formación y se presentan siempre como procesos educativos diferenciados y específicos. Educación formal y Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación Los Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación, al tomar conciencia de su misión de activos intérpretes del patrimonio histórico-educativo encomendado y de educadores del público, han asumido la necesidad de convertirse también en auténticos centros de proyección educativa sobre su entorno social. Así, poco a poco el museo ha ido adquiriendo nuevos parámetros de definición, expresión e interpretación del bien cultural. Y mientras tanto, si el papel educativo general del mismo parece alterar el equilibrio de sus funciones básicas, se ha de señalar que afortunadamente, está cambiando y creciendo la propia misión educativa, en su concepción más tradicional y en la más innovadora, dentro de los museos. De esta forma, los objetos y materiales de la institución museística, utilizados junto con fotografías y documentos, entre otros, tienen la posibilidad de presentar una serie de historias con la que se identifiquen cada visitante de un museo, propiciándose así, una recreación de las propias culturas (Hooper-Greenhill, 1998: 28). Por ello, la relación de la institución museístico-pedagógica con los centros escolares y otras instituciones educativas no deja de ofrecer oportunidades cada vez mayores en el campo de la educación tradicional-for- mal. Así, los Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación tienen que estar atentos a las necesidades del profesorado y del alumnado como grupo objetivo y deben estar vigilantes para organizar desde esta perspectiva sus exposiciones, actividades, talleres, orientación, conferencias, y cualquier otro servicio. Queremos hacer explícito que en relación con el papel educativo de los museos, en general, algunas de las programaciones museísticas de los mismos han de ir
Espacios educativos y museos de pedagogía, enseñanza y educación 195 © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 en consonancia con el currículo escolar, con las necesidades del alumnado y con las opiniones del profesorado. Esto es, la institución museístico-pedagógica tiene que trabajar para aumentar progresivamente sus programaciones útiles para atender a grupos escolares organizados, entre otros. De esta manera, cada vez resulta más evidente la función educativa que pueden desempeñar las colecciones y exposiciones de este tipo de museos en la formación cultural de cada persona. Un Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación debe enseñar, educar y forzar a razonar. Por ello, no es difícil establecer que el papel primordial del mismo es la educación de la gente, dirigiendo su pensamiento y su curiosidad a través de los objetos pedagógicos expuestos. La educación consiste, por tanto, en animar al individuo a servirse de sus facultades intelectuales, enseñándole los medios para desarrollar su saber y para habituarse a razonar. Para quienes comparten esta idea, los Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación, se presentan como instrumentos de reconocida utilidad histórico educativa, puesto que no se reducen exclusivamente a mostrar una serie de objetos, sino que pueden indicar los mensajes y relaciones que existen entre los mismos, bastante mejor que puedan hacerlo los libros. Las exposiciones de los museos estimulan fácilmente la reflexión, incitan a la observación precisa y, finalmente, favorecen una deducción lógica y, estos aspectos mucho tienen que ver con el desarrollo de procesos educativos formales. En ningún caso entenderemos la educación museística como instrucción erudita o excesivamente intelectual, sino como apertura de caminos diversos para que el espectador seleccione las diferentes emisiones (León, 1990). La enseñanza directa a través de los Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación, ha de ser enormemente flexible. Las colecciones, las exposiciones, los edificios, el emplazamiento, el personal, etc., además de sus publicaciones y materiales didácticos constituyen un inmenso caudal del que podemos encontrar enormes posibilidades para aprender. En este sentido, es importante que los educadores de museos consulten los planes de estudio que se aplican en centros educativos de educación infantil, primaria, secundaria, formación profesional y universidades; pues es poco probable que estos colectivos hagan mucho uso de este tipo de museos y sus instalaciones si las prestaciones de éstos no se relacionan estrechamente con sus áreas de estudio. En cualquier caso, estos museos pueden llegar a convertirse en perfectos lugares de aprendizaje, continuadores de la tarea curricular y escolar. En este caso, el aprendizaje en el museo puede ser considerado como una forma de ampliar horizontes curriculares continuamente. Compartimos con Consuelo Domínguez y otros, (1999: 27-28), estamos de acuerdo en que el Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación es un lugar apto para el aprendizaje y, en este caso, para el aprendizaje curricular. Sin embargo, es cierto que aunque las posibilidades didácticas que este tipo de museos ofrece son muchas y variadas, no siempre son bien aprovechadas. A menudo las visitas al museo se realizan como una actividad extraescolar y no guardan conexión con la tarea y trabajo del aula. Este tipo de visita puntual merma el valor pedagógico que de una buena planificación se hubiera podido extraer. En un museo los educandos se aburren pronto por incom-
196 Pablo Álvarez Domínguez © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 prensión tanto de los mensajes, como de la finalidad de la visita. No obstante, ésta no puede quedar desconectada y fuera de los intereses y de las vivencias que rodean al estudiante en su institución escolar. Así, ocurre que muchas veces los criterios esgrimidos por los museólogos no suelen coincidir con los objetivos establecidos desde el ámbito educativo. En definitiva, desde la perspectiva de la educación formal, al museo se debe ir a hacer aquello que en la escuela no es posible o buscar respuesta a interrogantes previamente planteados (Santacana,1998: 39-50). Ante ello, siempre será conveniente estructurar y secuenciar las actividades a realizar en el museo, en consonancia con la institución escolar en tres momentos diferentes: antes de hacer la visita, durante y después de la misma. Cualquier tipo de visitante y, el alumnado en especial, necesitan puentes entre lo que ya conocen de la institución escolar y lo que quieren conocer de una exposición concreta. Por ello, consideramos que no tiene sentido un Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación sin conexión con la realidad escolar y comunitaria. Y, ante ello, aunque insistíó Varine-Bohan (1973: 17) en que el museo es una institución didáctica, a pesar de todo, la mayor parte de las veces reúne simplemente una selección de objetos para enseñar al público, sin ofrecerle a éste posibilidad alguna de analizarlos a fondo, de tocarlos o de valorarlos con una perspectiva de conjunto. En la actualidad está teniendo lugar la configuración de lo que venimos a denominar “pedagogía museística del patrimonio”. Sin embargo, progresivamente emerge la necesidad de una sensibilización que haga posible la recuperación del mismo y la toma de conciencia de que es preciso valorarlo y conservarlo. Ante ello, sigue siendo importante que la opinión pública se sensibilice ante el valor de la conservación del patrimonio histórico-educativo como un elemento de identidad cultural y como fuente de inspiración y creatividad; sensibilización que se va a traducir en la adopción de un conjunto de iniciativas, que han de ir encaminadas a favorecer la toma de conciencia del valor y de la pluralidad de formas en que el patrimonio histórico-educativo se manifiesta a lo largo de la historia. Esto se traduce en una apuesta por una educación más abierta a la dimensión cultural, histórico y educativa presente en nuestros alrededores. De modo concreto, esta educación se ha de transmitir asumiendo las directrices que nos proporcionan, por ejemplo, las teorías pedagógicas del aprendizaje significativo (Martín y Solé, 2001: 89-116) y que pueden traducirse en la organización y ejecución de diferentes programas de formación propicios para trabajar desde el ámbito educativo formal. Es evidente por tanto, que esta formación a la que estamos aludiendo, ha de iniciarse ya desde la enseñanza primaria y secundaria, e incluso apurándonos un poco, desde la educación infantil, fomentando en el alumnado el sentido de la observación, la percepción del espacio, el espíritu crítico, la creatividad, el aprecio por los valores del pasado, el gusto por lo estético, el conocimiento de nuestro pasado educativo, el respeto por el entorno y la dimensión ética que ha de estar en la base de toda actuación relativa al patrimonio. Así, resulta obvio que si la formación se deja de considerar como uno de los objetivos prioritarios para promocionar y valorar el patrimonio, éste
Espacios educativos y museos de pedagogía, enseñanza y educación 197 © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 correrá el grave peligro de caer en la desidia y el abandono, incapaz de convertirse en testimonio de la historia de los pueblos, siendo necesario tener en cuenta la historia escolar y educativa particular de cada pueblo. Y entonces, “habremos perdido la capacidad de recordar nuestro pasado, para, desde él, poder comprometernos con el futuro que, entre todos, hemos de construir para hacer posible la creación de un nuevo humanismo capaz de dar sentido a nuestra historia y de mantener vivo el testimonio de aquellos que nos precedieron en el camino” (Hernández, 1998: 439). Es cierto que los museos, poco a poco, han ido concediendo en su labor educativa una gran atención a los estudiantes inmersos en nuestro sistema educativo. Así, los Departamentos de Educación de estas instituciones, empiezan a ser conscientes de la necesidad de elaborar programaciones museísticas de acuerdo con las principales líneas curriculares que marca la política educativa de nuestro país y/o comunidad autónoma. No obstante, mucha tarea pendiente queda en este aspecto, y así queremos hacerlo constar, pues la solución no reside simplemente en organizar excursiones de estudios previstas en las programaciones escolares, en los diferentes niveles educativos, en el mejor de los casos. A través de nuestros Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación, hemos de propiciar oportunidades para brindarles a los estudiantes una serie de espacios culturales vinculados con el currículo escolar, tanto en las exposiciones que se monten, como en las actividades didácticas que se planteen. De esta forma, el museo participa formal y eficazmente en la formación de niños y adolescentes, amoldándose perfectamente a su creatividad, a sus aspiraciones y a los contenidos curriculares. Y de hecho, a la vez, el museo está preparando su futuro público, cuanto más si ha sabido ser un lugar de experiencias positivas, significativas, agradables y enriquecedoras, tanto de carácter curricular como personal. De esta forma, fácilmente el museo se convierte en un instrumento de aprendizaje, en beneficio del alumnado, dependiendo la explotación de sus potencialidades educativas de la institución museística y del profesorado, especialmente. En definitiva, el Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación, se presenta como un órgano educativo base, pues es capaz de provocar un análisis intrínseco y comparativo de los objetos pedagógicos; es una escuela de cultura patrimonial histórico-educativa destinada a todo tipo de educandos; un verdadero laboratorio de Historia de la Educación; un lugar donde la cultura educativa de nuestros antepasados y nuestros contemporáneos se hace visible y a la vez, físicamente tangible (García Blanco y otros, 1980: 30). Educación no formal y Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación Al hablar de educación no formal, hemos de vincularla a todas aquellas instituciones, actividades, medios, ámbitos de educación que, no siendo escolares, han sido creados expresamente para satisfacer determinados objetivos educativos. Se trata de un tipo de educación intencional, metódica, con objetivos definidos, pero no circunscrita al currículo convencional, que durante bastante tiempo no ha sido muy valorada académica, pedagógica y oficialmente, aspecto éste que parece haberse superado en
198 Pablo Álvarez Domínguez © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 nuestros imperantes días. En este caso -ligado al ámbito educativo no formal-, traemos a colación al Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación cuyas potencialidades educativas lo hacen meritorio para convertirse en perfecto e ideal lugar para ejecutar el desarrollo de diferentes procesos de enseñanza-aprendizaje de carácter no formal1. La pedagogía museística se contempla hoy como un importante ámbito dentro del sector de la educación no formal (Pastor Homs, 1999). Considerando esta premisa, podemos apuntar que la función educativa es la fuerza primordial de toda actividad museológica, ya que radica en el desarrollo y perfeccionamiento de las facultades humanas, bien sean intelectuales, culturales, artísticas, ideológicas, perceptivas, actitudinales o afectivas entre otras; es decir, de lo que se trata es de predisponer la mente y sensibilidad de todo visitante para el encuentro con civilizaciones pasadas o actuales que le suministrarán una vía de acceso profunda a la reflexión sobre sí mismo. En este caso, no entenderemos la educación museística como instrucción formal erudita o excesivamente intelectual, sino como apertura de caminos diversos para que el educando seleccione la información e interprete el conocimiento patrimonial histórico-educativo. Todo Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación puede ser concebido como una organización dinámica, cambiante, multicultural, educativa, etc., a favor de la educación permanente dentro de nuestra sociedad. Éste, se entiende como una institución social que ha de orientarse progresivamente hacia la realidad sociocultural que nos envuelve, tomando como referente el uso del patrimonio histórico-educa- tivo como elemento configurador de nuestra identidad cultural (Hernández, 1994: 81). Quizás resulte conveniente propiciar una necesaria oferta básica de formación en educación patrimonial dirigida tanto a profesionales de la enseñanza formal, como a los educadores que actúan en el sector no formal (grupos o asociaciones infantiles y 1 En lo que a educación no formal respecta, un Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación ha de encargarse de diseñar, desarrollar y ejecutar una serie de actuaciones que se concretan en: a) Contribuir al diseño y organización (selección, ordenación y presentación de los objetos) del museo para potenciar su función educativa no formal; b) Organizar prácticas de taller o de laboratorio para incorporar una dimensión más activa al aprendizaje; c) Elaborar de materiales didácticos (colecciones, textos y cuadernos, maquetas, juegos, maletas pedagógicas, sofware audiovisual e informático, etc.) para uso extraescolar, destinado a pequeños, jóvenes, adultos, mayores, etc; d) Impulsar la investigación científica en las temáticas propias del museo y en su didáctica, bien sea financiando y realizando directamente programas de investigación, o bien colaborando con otras instituciones científicas, universitarias y pedagógicas (convenios, becas etc.). e) Organizar actividades de divulgación científica, artística y cultural (conferencias, coloquios, cursos de formación, etc.), destinadas a todos los públicos; f) Organizar exposiciones itinerantes para acercar el patrimonio museístico a lugares y poblaciones alejados de los grandes núcleos culturales; g) Colaborar con otras instituciones educativas no formales (clubes de tiempo libre, instituciones socioculturales, centros para la tercera edad, etc.) para la realización de actividades culturales y de ocio.
Espacios educativos y museos de pedagogía, enseñanza y educación 199 © secretariado de publicaciones universidad de sevilla Cuestiones Pedágogicas, 19, 2008/2009, pp 191-206 juveniles, centros de adultos, centros cívicos o culturales, centros de día, etc.). Precisamente, en pro de lo expuesto, habría que apostar por una amplia colaboración entre instituciones y profesionales pertenecientes al ámbito educativo, cultural, político, empresarial, etc., y museológico, en especial. Ante ello, estaría plenamente justificada la necesidad de plantearnos una línea de trabajo coherente y prioritaria de desarrollo de la audiencia del Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación, cuyos objetivos básicos podrían resumirse en (Pastor Homs, 2004: 137): a) Captar el interés de más y diferentes grupos sociales, estimulando sobre todo la demanda de servicios educativos y de otro tipo entre aquellos que nunca, o muy esporádicamente, visitan el museo; b) Demostrar a través de la adecuada difusión de una oferta educativa adaptada a las necesidades de los diversos públicos, la significación, pertinencia y validez de un Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación en nuestras Comunidades Autónomas; c) Coordinar criterios y prioridades con distintas fuentes de financiación y así incrementar los posibles ingresos de las instituciones museísticas; d) Fomentar la idea de que el acceso igualitario al museo es un derecho de todas las personas y no un privilegio de determinadas clases sociales. Es lícito augurar que nuestros Museos de Pedagogía, Enseñanza y Educación lleguen a convertirse en lugares de ocio y de cultura general, tanto para pequeños, jóvenes y personas todavía activas, como para los mayores y jubilados. Un Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación es un medio privilegiado de educación permanente dentro de una sociedad cada vez más empeñada en la formación y la necesidad de renovación de los saberes y de las competencias. En la medida en que estos museos sean capaces de reflejar nuestro reciente pasado histórico-educativo, los mayores tienen la oportunidad de disfrutar del placer de reencontrarlo y de reencontrarse a sí mismos por medio de diversidad de representaciones histórico-educativas tangibles e intangibles. Así, lo ideal y deseable sería que esos visitantes pudiesen cooperar activamente en programas culturales o científicos del museo, programados desde el ámbito educativo no formal. Un Museo de Pedagogía, Enseñanza y Educación es un lugar de encuentro con la cultura con la escuela y con la educación; un lugar en el que saber histórico-educativo no es propiedad de nadie y está al acceso libre de todos y de todas. Educación informal y Museos de Pedagogía, Enseñanza y educación Pudiéramos considerar quedándonos anquilosados en el tiempo, que para la Pedagogía el ámbito escolar ha quedado reservado como el más apropiado para el desarrollo de sus funciones. No obstante, los especialistas en el tema han determinado, que su tarea no se reduce al campo de la escuela, como tradicionalmente se ha venido considerando (Vázquez, 1998). Precisamente, la evolución social tan profunda a la que se ha visto abocada nuestra sociedad occidental hace que el concepto de educación haya sufrido una transformación radical. La educación formal y la educación informal se complementan, pues ambas han encontrado renovadas modalidades de