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Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la historia

Petit-Breuilh Sepúlveda, María Eugenia

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Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 1 Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la historia María Eugenia Petit-Breuilh Sepúlveda Universidad de Sevilla (Sevilla, España) La investigación del efecto de los desastres encuentra hoy un amplio consenso y apoyos. Sin embargo hace solo dos o tres décadas era difícil localizar estudios de las ciencias sociales dedicados a estos temas. Es más, los historiadores hemos sido los últimos en incorporarnos a este requerimiento de la sociedad actual: conocer y analizar el pasado histórico de los procesos naturales con características de desastre y las consecuencias generadas en las poblaciones damnificadas. En este sentido, emprender el estudio de diferentes sociedades, partiendo del análisis de los comportamientos humanos durante momentos coyunturales o de crisis (como puede ser la ocurrencia de los mal llamados desastres naturales), nos permite aproximarnos al conocimiento de aquellas representaciones y conductas que muchas veces permanecen ocultas o son menos evidentes durante los tiempos de “normalidad”. Es evidente que durante esta generación la humanidad ha tenido que replantearse su relación con la naturaleza debido a esta especie de “acabo de mundo” que venimos experimentando desde hace algunas décadas: donde el cambio climático es una realidad y no una hipótesis y en donde los medios de Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 2 información de masas nos avisan periódicamente de acontecimientos extraordinarios por su magnitud como terremotos, erupciones volcánicas, epidemias, plagas, etc. Antes pasaban inadvertidos para la mayoría de la población, excepto para quienes se dedican a estas cuestiones. Todos estos sucesos requieren que, desde la Academia y especialmente desde la Historia, se den señales claras a la ciudadanía, se informe y se investiguen este tipo de procesos y que, de este modo, se pueda contribuir a calibrar el verdadero sentido de los acontecimientos. La pregunta que se hacen reiteradamente muchas personas es si realmente hay más desastres en el presente que en el pasado. Por otra parte, cabría cuestionarse con respecto a cuáles son las verdaderas razones de esta campaña propagandística de “acabo de mundo” y finalmente, ¿a quién beneficia el miedo de la sociedad actual en este sentido? Sin duda, con frecuencia los medios de comunicación como la prensa y la televisión confunden a la mayoría de los ciudadanos con un bombardeo de noticias sobre distintos procesos naturales que ocurren en diversos lugares del mundo generando ansiedad y dando lugar a la percepción de una época en la cual la Tierra está más activa que nunca. Justamente en unos tiempos en que la falta de conocimiento real sobre el origen de muchos procesos físicos por parte de la población se une a algo que gran parte de la sociedad occidental perdió hace siglos: su interrelación con el medio natural. Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 3 Hoy nosotros como colectividad nos hemos desvinculado de la naturaleza y de sus señales; y en general, el hombre solo pretende dominar los “elementos” y controlarlos a su antojo. Todo esto es una gran paradoja ya que seguramente, nunca en la historia de la humanidad se ha tenido tanto conocimiento científico sobre el funcionamiento de la Tierra, de sus procesos endógenos (terremotos y erupciones volcánicas) y exógenos (procesos climáticos como sequías e inundaciones) y de los efectos no deseados sobre las personas y sus bienes; sin embargo, muchas comunidades vulnerables a distintos riesgos desconocen la verdadera magnitud que pudieran alcanzar algunos procesos naturales si se repitieran en la actualidad algunos eventos del pasado. En este sentido, ya es tiempo de que desde la Historia se tome la iniciativa y se aporten datos concretos en el conocimiento de la frecuencia y efectos de las catástrofes naturales y sus características. Esta función se debe realizar no como una ciencia auxiliar, sino con la responsabilidad y autoridad que le confiere el hecho de poseer todas las herramientas necesarias para poder contestar de forma completa en todo lo concerniente a la respuesta humana ante los desastres, además de concretar los períodos de frecuencia de forma empírica. Hay que destacar que dentro de esta limitada producción de investigaciones entre la relación del medio ambiente y la sociedad a nivel global, en particular los estudios relativos a América son aún más escasos. Así los aportes de la Dra. Virginia García Acosta fueron pioneros hacia finales de la década de los ochenta del siglo XX y pusieron en valor este tipo de temáticas; su mayor Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 4 preocupación estuvo centrada en dar a conocer que “el desastre es el resultado de la confluencia entre un fenómeno natural peligroso y una sociedad profundamente vulnerable” 1 , así se indicaba claramente la postura de que los “desastres no son naturales”, sino que éstos juegan un papel importante como iniciadores del mismo, pero no son la causa. Esta idea destacaba claramente cuando planteaba sus hipótesis de trabajo expresando que “las causas de los desastres son de naturaleza múltiple y debe buscarse fundamentalmente en las características socioeconómicas y ambientales de la región impactada” 2 . En este empeño le han acompañado una serie de investigadores que desde 1993 han publicado junto a ella sus estudios en la Revista Desastres y Sociedad en el marco de la Red de estudios sociales en Prevención de desastres en América Latina (La Red). Paralelamente, en el contexto del Observarorio Volcanológico de los Andes del Sur (SERNAGEOMIN, Chile), yo misma iniciaba en 1992 el desarrollo de las cronologías eruptivas históricas de los volcanes chilenos considerados más peligrosos y en esa andadura fui conciente de la necesidad de realizar estudios interdisciplinarios, transversales y por supuesto, aplicados. ¿Con qué objetivo? Hacer que los datos y el análisis histórico de los desastres, realizado por historiadores, pasaran a formar parte de estudios de planificación territorial con el fin de salvar vidas, un objetivo que pocas veces se planteó la Historia. 1 García Acosta, Virginia (coord.): Historia de los desastres en América Latina, Vol 1, La Red/CIESAS, p. 5, 1996. 2 García Acosta, Virginia: “Enfoques teóricos para el estudio histórico de los desastres naturales” en Maskrey, Andrew (comp.). Los desastres no son naturales. La Red, 1993, p. 132. Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 5 Es necesario tomar conciencia de que América y especialmente los países que tienen territorio costero en el Pacífico, han estado sometidos históricamente a una intensa actividad tectónica y procesos asociados como tsunamis y remociones en masa que provocaron importantes daños en la sociedad y sus infraestructuras. Y desde el punto de vista climático, procesos como el Niño o la Niña han dejado huellas históricas que son necesarios rescatar y dar a conocer. En este contexto, las experiencias del pasado colonial y republicano deberían servir para afrontar con conocimiento las vulnerabilidades y riesgos que conllevan para la población los asentamientos en la zona litoral, no solo de instalaciones portuarias, siderúrgicas e industrias, sino también urbanas y turísticas. Todo lo anterior, nos plantea posibilidades de como la Historia puede contribuir a mejorar las planificaciones territoriales en el futuro. En nuestro espectro de estudio actual podemos plantear que sin unos datos históricos objetivos, trabajados con rigurosidad científica y en un lenguaje adecuado, es poco posible que cualquier tipo de planificador pueda realizar con éxito sus investigaciones y proyecciones de la realidad. En este sentido, hay que reconocer que la Historia aporta datos empíricos y contrastados que superan la verosimilitud de simples aproximaciones o extrapolaciones, generalmente desarrollados por investigadores de las ciencias experimentales. Esta es una realidad que se ha puesto poco en valor por los propios historiadores. Además de estos importantes aportes de análisis global de las catástrofes naturales, no debemos olvidar la contribución en la mejora de las cronologías Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 6 de diversos procesos catastróficos, lo cual solo es posible mediante un desarrollo metodológico rigurosorevisión de archivos y bibliotecas de diversos lugares y orígenes-, propio de los estudios básicos de Historia. En este sentido, es preciso recordar que los criterios de validación de los datos encontrados en fuentes diversas pueden ser avalados o discutidos por los historiadores, dando credibilidad a unas cronologías e informaciones que más tarde los científicos experimentales utilizan en sus pronósticos y proyecciones. Entonces, si los datos sobre catástrofes naturales que utilizan geólogos, geofísicos, ingenieros y planificadores en general, no están validados correctamente con el apoyo de historiadores, de poco o nada servirán sus análisis y conclusiones ya que estarán basados en conocimientos incompletos o incorrectos. Así, históricamente, se han publicado variados trabajos relativos a la reducción de los desastres –de distintas índoles- y se han diseñado complejos sistemas informáticos para enseñárselos a las autoridades, pero no tienen ningún sentido si solo se realizan utilizando extrapolaciones y renunciando a los datos reales y concretos que nos aporta la Historia. También en este sentido, es preciso reflexionar sobre otro aspecto fundamental que es el lenguaje en que los historiadores debemos plasmar nuestras investigaciones para que sean tomadas en cuenta por los planificadores. Este lenguaje científico es necesario para estar al día en la forma en que las diversas disciplinas se refieren a las características de los procesos físicos que pueden llegar a ser catastróficos. Si los historiadores nos quedamos con los términos propiamente “históricos”, -los que aparecen en los documentos- y no los traducimos a conceptos actuales, valiosa información será desechada por Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 7 ser considerada “coloquial” o “antigua”. En efecto, un desafío planteado a los historiadores que deseen trabajar en este ámbito del conocimiento es llevar esos datos históricos al lenguaje actual, científico, que no deje dudas de lo que se está describiendo: como por ejemplo, una erupción volcánica con emisión de lavas y piroclastos (en vez de “fuego y llamas”), un terremoto con generación de tsunamis (no maremoto), remociones en masa, etc. Para desarrollar estas investigaciones es fundamental el aporte crítico de las fuentes documentales, que dependerán del lugar geográfico que se desee estudiar. Para el caso hispanoamericano es recomendable conocer el tipo de población existente en la región a trabajar, ya que de ello dependerá el tipo de fuentes a las que podremos recurrir: debemos saber qué tipo de administración colonial estuvo vigente en los distintos siglos, que órdenes religiosas misionaron allí, qué viajeros recorrieron esos terrenos, saber si existe cartografía histórica de la región y posibles informes técnicos, etc. Y por supuesto, saber en qué archivos americanos o europeos se conserva actualmente esta documentación; además no hay que olvidar los archivos y bibliotecas digitales que actualmente facilitan el acceso a las fuentes primarias. Haciendo una revisión de los estudios que han efectuado distintos historiadores de América sobre desastres en los últimos veinticinco años se encuentran varias tipologías: 1) Los que han utilizado la investigación de algún caso catastrófico como instrumento de observación de la sociedad afectada, sin Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 8 entrar en cuestiones aplicadas como Pablo Emilio Pérez-Mallaína 3 , María Eugenia Petit-Breuilh 4 , Jaime Valenzuela 5 , Rogelio Altez 6 , Charles Walker 7 y Alfredo Palacios Roa 8 , entre otros; 2) Los que han efectuado comparaciones de diferentes catástrofes realizando análisis interdisciplinarios como Virginia García Acosta, Alain Musset 9 , María Eugenia Petit-Breuilh 10 y Alfredo Palacios Roa 11 . En este punto de la valoración, es posible identificar al menos dos líneas con las que un historiador interesado en el estudio de los desastres puede contribuir a la sociedad actual: 1) Realizando estudios de riesgo y 2) Desarrollando estudios de los comportamientos humanos ante procesos 3 Pérez-Mallaína, Pablo Emilio: Retrato de una ciudad en crisis. La sociedad limeña ante el movimiento sísmico de 1746, CSIC-Pontificia Universidad Católica del Perú, Sevilla, 2001 y “Las catástrofes naturales como instrumento de observación social: el caso del terremoto de Lima en 1746”, Anuario de Estudios Americanos, 62, 2005, p. 47-76. 4 Petit-Breuilh, María Eugenia: Naturaleza y desastres en Hispanoamérica: la visión de los indígenas, editorial Sílex, Madrid, 2006. 5 Valenzuela, Jaime: “El terremoto de 1647: experiencia apocalíptica y representaciones religiosas en Santiago colonial” en Valenzuela, Jaime (ed.) Historias urbanas. Homenaje a Armando de Ramón, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 2007. 6 Altez, Rogelio: Si la naturaleza se opone … Terremotos, historias y sociedad en Venezuela, editorial Alfa, Caracas, 2010. 7 Walker, Charles y Ramírez Castañeda, Ricardo: “Cuentas y cultura material: la reconstrucción del Real Palacio de Lima después del terremoto de 1746”, Anuario de Estudios Americanos, tomo LIX, 2 (2002), p. 657-696. Walker, Charles: “Desde el terremoto a las bolas de fuego: premoniciones conventuales sobre la destrucción de Lima en el siglo XVIII”, Relaciones (Colegio de Michoacán) 97, XXV, 2004, p. 31-55. Walker, Charles: Shaky Colonialism: The 1746 Esrthquake-Tsunami in Lima Peru and its Long Aftermath, Duke University Press, 2008 traducido al español Colonialismo en ruinas, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 2012.e4e 8 Palacios Roa, Alfredo: “El gran terremoto de 1730: la experiencia santiaguina frente a la catástrofe”, Temas Americanistas (Sevilla) 22, p. 1-18. 9 Musset, Alain: Villes nomades du Nouveau Monde, Éditions de L’École Des Hautes Études en Sciences Sociales, París, 2002. 10 Petit-Breuilh, María Eugenia: La historia eruptiva de los volcanes hispanoamericanos (siglos XVI al XX), Serie Casa de los Volcanes Nº 8, Servicio de Publicaciones del Cabildo Insular de Lanzarote, Huelva, 2004, Petit-Breuilh, María Eugenia: Desastres naturales y ocupación del territorio en Hispanoamérica, Publicaciones de la Universidad de Huelva, Huelva, 2004. 11 Palacios Roa, Alfredo: “Sismicidad histórica de la ciudad de Concepción desde su fundación en 1550 hasta su traslado en 1751”, Boletín Nº 64, Subdirección Nacional de Geología, Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile, Santiago de Chile, 2012. Petit-Breuilh «Medioambiente y sociedad en América: el compromiso de la Historia», Summa Humanitatis, vol. 8, nr. 1 (2015), pp. 1-10 9 naturales que superen la capacidad de respuesta de su comunidad (mentalidad). Con respecto a los estudios de riesgo hay que destacar que este tipo de trabajos son interdisciplinarios y que los historiadores pueden contribuir mejorando las cronologías de procesos catastróficos de diversas tipologías: geológicas (terremotos, erupciones volcánicas y procesos asociados como tsunamis, lahares, aluviones, remociones en masa entre otros), climáticas (como sequías e inundaciones), biológica (epidemias), etc. En este sentido, la labor del historiador es fundamental en la crítica de las fuentes de información y en la asignación de algún grado –mayor o menorde veracidad de las mismas. Si se revisan catálogos y estudios en este sentido realizados en las últimas décadas, la mayoría carecen de un análisis histórico de las fuentes y los investigadores de otras disciplinas han repetido errores una y otra vez, remitiéndose, en general, solo a la consulta de bibliografía. También está otro aspecto importante como es el estudio de los comportamientos humanos (mentalidad): dentro del contexto de la planificación, la propuesta metodológica es comparar los cambios y permanencias de las conductas humanas en la larga duración. En este sentido, son mucho más útiles para la planificación territorial estudios de al menos cien años; permitiendo de este modo, el análisis de aquellos comportamientos individuales y colectivos que aparecen en tiempos coyunturales, como los que producen terremotos de gran magnitud, inundaciones prolongadas o erupciones volcánicas explosivas. Estas investigaciones estarían relacionadas