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Revista internacional de Historia de la Comunicación, Nº15, año 2020, pp. 255-259 255 © Universidad de Sevilla Gutiérrez (1927-1934): Un semanario del Humor Nuevo español Francesc-Andreu Martínez Gallego Editorial Hacer, Barcelona, 2020 87 páginas Reseña por Adolfo Carratalá, Universitat de València DOI: https://dx.doi.org/10.12795/RiHC.2020.i15.15 REVISTA A UN SEMANARIO CON NOMBRE DE NINOT Gutiérrez fue una revista madrileña que desprendría cierto olor a pólvora, pero no tanto por cultivar un humor explosivo sino por deberle mucho a las fiestas josefinas, las Fallas de València. De hecho, el título de esta publicación humorística editada entre 1927 y 1934 dio antes nombre al personaje que ocuparía muchas de sus páginas y que fue creado por el propio director del semanario, el periodista Ricardo García López, más conocido por su seudónimo K-Hito, que dio al trazo y carácter de su creación mucho de
Adolfo Carratalá Revista internacional de Historia de la Comunicación, Nº15, año 2020, pp. 255-259 256 muñeco de Falla, una celebración que conoció bien durante los años de juventud que pasó en la capital del Turia. Y quién mejor que un experto de la tierra, el historiador Francesc-Andreu Martínez Gallego, catedrático de Periodismo de la Universitat de València, para ofrecernos un completo y preciso examen de la andadura de esta cabecera, que decidió apostar por un “humor suave e irónico, pequeño y absurdo, juguetón con la realidad” (p. 27). Su historia la encontramos en el opúsculo publicado por Editorial Hacer, que suma con este título un libro más a la colección Cuadernos GRICOHUSA, fruto del trabajo desarrollado por el Grupo de Investigación en Comunicación, Humor y Sátira al que pertenece el autor. En las algo más de 80 páginas, divididas en ocho epígrafes convenientemente estructurados, en las que se despliega Gutiérrez (1927-1934): un semanario del Humor Nuevo español, encontramos una detallada y bien documentada revisión de lo que significó esta revista en un periodo en el que el periodismo de masas en nuestro país alcanzaba su momento de plasmación absoluta, en esa época de transición de un régimen de represión de libertades –aunque paradójicamente fructífero para la difusión de contenidos periodísticos ligados al entretenimiento y el espectáculo– a la experiencia republicana, en la que la efervescencia de publicaciones, y la progresiva centralidad de una prensa cada vez más implicada en el debate y devenir político, fue una constante. Por este motivo, Martínez Gallego nos invita a descubrir Gutiérrez en medio de una constelación de cabeceras sin las que resultaría difícil apreciar el valor de su expresión, así como situar convenientemente su nacimiento y muerte. Sería complicado entender la apuesta de Gutiérrez por el Humor Nuevo sin hablar de su directo competidor, Buen Humor, la revista que lo abanderó, aparecida en 1921 y de la que, emulando los fichajes con los que Hearst arrebató a Pulitzer a muchos de los integrantes de la redacción del New York World, K-Hito se llevó a muchos de los dibujantes que pasarían a integrar la plantilla de Gutiérrez. Tampoco resultaría fácil comprender la desaparición del semanario sin mirar a la derechista Gracia y Justicia, de cuyo estilo de humor Gutiérrez siempre se mantuvo alejado hasta que, en su etapa final, y en una deriva en la que el partidismo ganó al ingenio, ambas parecían representar la misma apuesta editorial. La dilatada experiencia del autor en la investigación en historia de la prensa española en general, y de las publicaciones de humor en particular, se revela nítidamente en esta apreciada destreza por situar a Gutiérrez en sus exactas coordenadas periodísticas, que se amplían a títulos de prensa diaria en los que K-Hito también participó, incluso ya desaparecido el semanario, o a cabeceras con las que esta revista compartió empresa editora, como Estampa o Ahora, también impulsadas por el poderoso Luis Montiel. Y aquí encontramos con claridad otra de las virtudes del libro: no hablar solo del qué sino también, y con detalle, del quién. Y son estos dos nombres los que sobresalen. Por un lado, el director de Gutiérrez, K-Hito, a quien Martínez Gallego acompaña en sus continuos cambios de localidad desde su pequeño pueblo jienense natal hasta la gran Madrid, donde alumbrará su revista, pasando por su recorrido mediterráneo por
Gutiérrez (1927-1934): Un semanario del Humor Nuevo español por Fransesc Andreu Martínez Gallego Revista Internacional de Historiadores de la Comunicación, Nº15, año 2020, pp. 255-259 257 Alicante, València y Barcelona, ciudades en las que fue asentando sus valores conservadores y perfeccionando el arte de la caricatura. Por otro, Montiel, propietario de Papelera Madrileña y Talleres de los Sucesores de Rivadeneyra, figura clave en la empresa editorial española en aquellos años y representante del nuevo periodismo, tan nuevo como el humor que Gutiérrez trató de ofrecer a su audiencia. Y los teóricos de este Humor Nuevo, ese que, en palabras de Martínez Gallego, “no está hecho para hacer reír, sino para hacer pensar. Con una sonrisa” (p 26), también reciben merecida atención, tanto Gómez de la Serna como, especialmente, el escritor y crítico de arte José Francés, a quien el autor atribuye el padrinazgo de K-Hito, cuyos dibujos descubrió al visitar una exposición en el madrileño Salón de Arte Moderno. Sin embargo, son los que dan forma al Humor Nuevo, y no tanto los que lo piensan, quienes ocupan mayor espacio en el desarrollo de la obra, como lógicamente debe ocurrir en una investigación histórica que trata de dejar testimonio de una experiencia periodística. El autor pasa revista a la plantilla de Gutiérrez, en la que se dieron cita los humoristas calificados como la otra generación del 27. Nos presenta, así, tanto a dibujantes (Roberto, Tono, Francisco López Rubio y Barbero) como a aquellos que, aunque también sucumbían a la tarea del chiste gráfico, Martínez Gallego distingue como redactores (José López Rubio, Edgar Neville, Miguel Mihura, Enrique Jardiel Poncela, Fernando Perdiguero Camps –Menda- y Antonio Robles). Y, aunque es sobre todo el estilo y la técnica que destacan en los dibujos y artículos de estos profesionales lo que domina en la descripción de sus perfiles, Martínez Gallego tampoco se olvida de apuntar a sus personalidades y valores políticos, sin renunciar a observaciones críticas sobre sus trabajos, algunos misóginos, otros, andando el tiempo, coquetos con el fascismo. La inmersión en las biografías de estos creadores, necesariamente breve por las características de la obra y el número de profesionales dignos de reseñar, es la aproximación micro de este libro, que en absoluto se olvida de lo macro, pues acertadamente contextualiza la aparición de la revista con una completa caracterización de la España de 1927, con referencias sociales, culturales y políticas a la realidad del país en aquel momento. Y como buen historiador, atendiendo a las circunstancias que envuelven la vida de Gutiérrez y a cómo evoluciona hasta su desaparición, Martínez Gallego no se resiste a proponer una periodización de la trayectoria de la publicación que trata de superar aportaciones previas que, en opinión del autor, adolecían de trazo grueso, limitándose a distinguir dos etapas. Para Martínez Gallego son tres, que circunscribe, detalla y justifica en otros tantos apartados del libro. Son esas las páginas en las que el autor también nos permite degustar muchas de las piezas, con o sin rima, que el semanario ofreció a sus lectores. En un primer periodo, ante la dictadura de Primo de Rivera y la posterior dictablanda, con el acento en el humor elitista, aunque también con versos contra la censura y portadas antimilitaristas. Más adelante, tras la proclamación de la II República, con mensajes de adhesión y cierta simpatía, aun manteniendo reservas, al nuevo régimen reformador, al que el propio personaje de
Adolfo Carratalá Revista internacional de Historia de la Comunicación, Nº15, año 2020, pp. 255-259 258 Gutiérrez recibió con gorro frigio. Y ya en sus últimos años, cuando la política nacional quedó atravesada por el debate sobre el Estatuto de Cataluña y la reforma agraria, Gutiérrez recorre su tercera etapa, en la que “el apoliticismo del Humor Nuevo se tornó explícitamente político y el conservadurismo de la publicación se afirmó” (p. 72), llegando a difundir editoriales partidistas y chistes gráficos muy duros contra Azaña, figura a la que hasta entonces la cabecera había expresado claro respeto. El preciso trabajo de investigación previo que la lectura de esta obra permite intuir facilita a Martínez Gallego componer una historia de la publicación en la que se combina descripción y análisis, reproducción documental y caracterizaciones personales, recuerdos de sus protagonistas y voces de especialistas, mediante un estilo divulgativo que aleja este libro de un lector exclusivamente académico. El profundo conocimiento que el autor atesora sobre Gutiérrez le lleva, incluso, a cuestionar –o completar– la versión oficial, ofrecida en su día por el propio K-Hito, sobre el cierre de la publicación. Quien fuera su director vinculó el final del semanario a la huelga general declarada por los sindicatos en octubre de 1934. Sin embargo, Martínez Gallego apunta a otras causas concurrentes en el final de la cabecera y que nos desvela por medio del relato sobre cómo fue dividiéndose en dos la redacción, en paralelo a la progresiva politización de sus contenidos, y, de manera muy específica, el revelador desgaste que sufrió la relación entre K-Hito y Menda, cada vez más desorientado ante el rumbo seguido por Gutiérrez. La claridad expositiva del historiador casi nos permite sentir la tensión que fue creciendo en el seno del semanario en cuestión de pocos meses, como también nos ayuda a ser espectadores de primera de fila de muchas escenas que el libro recrea con elevada minuciosidad, como aquel día en el que K-Hito, y otros humoristas que posteriormente integrarían la redacción, fueron dando forma –y vida– al personaje Juan Gutiérrez y Gutiérrez, “dibujado sobre una servilleta en el café Granja el Henar, en la calle de Alcalá, 40” (p. 18), o los viajes que, año tras año, en el mes de marzo, K-Hito y su equipo hacían hasta València, para asistir a la fiesta de las Fallas, donde eran recibidos como auténticas celebridades. En otros puntos del relato, a falta de evidencia histórica, el autor, cauto, no puede más que quedarse en el terreno de la hipótesis, como cuando apunta a la tirada de ejemplares que pudo alcanzar el semanario o aborda la relación de K-Hito con otros profesionales de la época, como Luis Bagaría o Tono. Martínez Gallego, que ya había hecho alguna incursión previa en el análisis de Gutiérrez, como demuestran dos estudios publicados en 2015 en sendas obras colectivas sobre periodismo y humor, fundamenta este trabajo en una exhaustiva tarea de documentación que integra, como parece lógico, una profunda revisión hemerográfica del propio semanario –que, además de los muchos fragmentos de artículos que permite introducir, también salpica algunas páginas del libro con la reproducción de portadas, contraportadas y chistes gráficos–, y piezas periodísticas publicadas en otros medios, como las entrevistas a K-Hito aparecidas en Estampa en 1928 y en el Diario Información
Gutiérrez (1927-1934): Un semanario del Humor Nuevo español por Fransesc Andreu Martínez Gallego Revista Internacional de Historiadores de la Comunicación, Nº15, año 2020, pp. 255-259 259 en 1958. Asimismo, algunos de los pasajes se nutren notoriamente de las memorias del propio K-Hito, publicadas en 1948, y que comparten protagonismo con referencias a muchas otras voces expertas, ligadas a estudios sobre la misma publicación (Isabel Chierichetti, Elvire Diaz), la prensa humorística del momento y sus referentes (Antonio Laguna, Samuel M. W. Bauer) o la teoría del humor (Peter Berger). Con este volumen dedicado a Gutiérrez, Martínez Gallego aporta la tercera entrega de los Cuadernos GRICOHUSA, colección dirigida por el catedrático emérito de Periodismo de la Universitat de València, Josep Lluís Gómez Mompart, que se estrenó con los títulos Investigar la prensa satírica actual, de José Luis Valhondo, y El Be Negre (1931-1936), de Francesc T. Martínez Sanchis. Y se sumarán más títulos, como garantiza el anuncio incluido en el propio volumen de la próxima publicación de Don Quijote (1884-87/1887- 88/1892-1902): semanario satírico de ambos mundos, trabajo en el que Martínez Gallego comparte autoría con Antonio Laguna y Luis M. Sujatovich. En definitiva, una colección seria(da) para investigar e historiar el humor, especialmente recuperando publicaciones tristemente desaparecidas. Si K-Hito hubiera vivido para conocer este trabajo sobre Gutiérrez, seguro que lo habría celebrado como cuando se consigue indultar un ninot de falla. Así es como se salva de las llamas y, por tanto, del olvido.