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Santa Teresa de Jesús en la pintura boloñesa del Barroco: algunos ejemplos

Cabezas Vega, Laura

Abstract

La celebración, en el año 2015, del V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús se presentó como una ocasión ideal para profundizar en la figura de la santa, uno de los personajes más interesantes de nuestra cultura y una inagotable fuente de recreaciones artísticas. La importancia que adquiere el culto carmelitano en Italia, el país del catolicismo por excelencia, se explica si pensamos en su condición de adalid de la Contrarreforma. El análisis de la difusión de la iconografía teresiana en el territorio italiano constituye la base de este trabajo, que se centra específicamente en la ciudad pontificia de Bolonia, durante la época del Barroco.

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SANTA TERESA DE JESÚS EN LA PINTURA BOLOÑESA DEL BARROCO: ALGUNOS EJEMPLOS SAINT TERESA OF JESUS IN THE BOLOGNESE SCHOOL OF PAINTING: SOME EXAMPLES LAURA CABEZAS VEGA Universidad de Granada [email protected] Resumen: La celebración, en el año 2015, del V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús se presentó como una ocasión ideal para profundizar en la figura de la santa, uno de los personajes más interesantes de nuestra cultura y una inagotable fuente de recreaciones artísticas. La importancia que adquiere el culto carmelitano en Italia, el país del catolicismo por excelencia, se explica si pensamos en su condición de adalid de la Contrarreforma. El análisis de la difusión de la iconografía teresiana en el territorio italiano constituye la base de este trabajo, que se centra específicamente en la ciudad pontificia de Bolonia, durante la época del Barroco. Palabras clave: Santa Teresa de Jesús, Barroco, Italia, Bolonia, Contrarreforma Abstract: The celebration, in 2015, of the 5th centenary of the birth of Saint Teresa of Jesus was presented as an ideal occasion to deepen the figure of the saint, one of the most interesting personages of our culture and an inexhaustible source of artistic recreations. The importance of the Carmelite cult in Italy, the country of Catholicism par excellence, can be explained if we think of its status as leader of the Counter-Reformation. The analysis of the diffusion of Teresian iconography in the Italian territory is the basis of this work, which focuses specifically on the pontifical city of Bologna, during the Baroque period. Keywords: Saint Teresa of Jesus, Baroque, Italy, Bologna, Counter-Reformation 388 La importancia que adquiere el culto carmelitano en Italia, el país del catolicismo por excelencia, se explica si pensamos en su condición de adalid de la Contrarreforma. En toda la Europa de la edad moderna, la actividad artística aparece fuertemente condicionada por las directrices del Concilio de Trento. Las traducciones al italiano de las obras fundamentales del pensamiento religioso español, entre los cuales destacan los escritos de Santa Teresa, desempeñaron un papel fundamental en la creación de nuevos modelos devocionales e iconografías. El periodo que sigue a la vida de Santa Teresa es el de la máxima preponderancia económica, militar y política alcanzada por la monarquía hispánica. El llamado Siglo de Oro convirtió a España en un referente cultural que exportó sus modelos no solo a los territorios bajo su dominio, sino también al resto de Europa. El éxito de la Contrarreforma introduce un nuevo modelo de religiosidad, según el cual el dogma católico ha de llegar a implantarse en todos los ámbitos de la sociedad. Se trata de alfabetizar en materia de fe, homogeneizar el culto y reformar las costumbres de los católicos, imponiendo un rearme moral e ideológico que emplea a su favor toda una serie de recursos. Se crean nuevas fiestas religiosas, se reaviva el tráfico de reliquias y triunfan como nunca antes las beatificaciones y canonizaciones. Entre 1540 y 1770 fueron canonizados veintisiete santos, de los cuales catorce eran de origen español. La mayoría de estos santos fueron fundadores de órdenes religiosas o reformadores de estas, siempre bajo los preceptos del Concilio de Trento. En este segundo grupo encontramos a Santa Teresa de Jesús, reformadora de la orden del Carmelo y fundadora de las Carmelitas Descalzas. Sin embargo, su reputación va más allá de las fundaciones llevadas a cabo: es considerada, junto con San Juan de la Cruz, «la cumbre de la mística experimental cristiana» 1 . Sus experiencias contemplativas inspiraron santidad en todo el mundo católico, convirtiéndose en una de las grandes maestras de la vida espiritual de la Iglesia, lo cual explica la rápida y vasta difusión que alcanza su imagen, en un panorama que, frente al puritanismo protestante, otorga un nuevo valor a la iconografía. La imagen se revitaliza como instrumento catequizador, dando pie a un despliegue artístico sin precedentes. Si existe una obra que refleje de manera significativa este fenómeno, sin duda es la célebre representación que de nuestra santa realiza Bernini entre 1647 y 1651. Pero, retrocediendo unos años en el recorrido cronológico que pretende ser 1 BARRIO MAESTRE, José María: Antropología del hecho religioso. Madrid, 2012, pp. 126-127. 389 nuestro trabajo, hemos de remontarnos a 1576, año del primer retrato de la santa. Realizado durante su estancia en Sevilla por el fraile Juan de la Miseria, se trata de un retrato de tres cuartos en el que la figura de la religiosa aparece en actitud orante. Este óleo llegará a convertirse en el modelo iconográfico por excelencia, la vera effigies de Santa Teresa de Jesús. La muerte de la mística en 1582 determina el punto de partida de la expansión de su imagen por todo el territorio español. A nivel europeo, su difusión comienza en la última década del siglo XVI 2 . El retrato aparece en Italia por primera vez en 1592 3 , a través de estampas procedentes de Madrid enviadas al papa Clemente VIII. Cinco años después, una serie de estampas realizadas en Roma llega a la capital española. La primera edición en italiano de las obras de Santa Teresa tiene lugar en Roma en el año 1599. En 1614 Santa Teresa es beatificada por Paulo V. Con motivo de tal evento, los carmelitas descalzos del convento de Santa Maria della Scala de Roma encargaron al pintor y grabador de origen urbinate Luca Ciamberlano la realización de un grabado que representa a la santa rodeada de diecisiete escenas milagrosas de su vida. La canonización de Teresa de Jesús constituye un elemento fundamental en la difusión de su imagen. El 12 de marzo de 1622 tuvo lugar en San Pedro del Vaticano una solemne ceremonia en la que el papa boloñés Gregorio XV declaraba santos a Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Isidro Labrador y al italiano Felipe Neri. A excepción del fundador del Oratorio de los Filipenses, el origen español de los santos canonizados pone de manifiesto el carácter filoespañol del papado de Alessandro Ludovisi, hecho que, según David García Cueto, “pudo tener un peso considerable en el arraigo de estos santos hispánicos en su ciudad natal” 4 a la que favoreció en gran medida durante su pontificado. La canonización tendrá considerables consecuencias a nivel artístico. Si hasta entonces las representaciones de la mística abulense habían sido, grosso modo, casi siempre copias del retrato de Fray Juan de la Miseria, después de 1622 su figura comienza a convertirse en un ejemplo de santidad barroco que será exaltado por los mejores pintores y artistas. La llegada de la orden de los Carmelitas Descalzos a Bolonia tuvo lugar en 1611 5 y 2 PINILLA MARTÍN, María José: Iconografía de Teresa de Jesús. Valladolid, 2013. 3 Ibidem, pp. 74. 4 GARCIA CUETO, David: Seiscientos boloñés y Siglo de Oro Español: el arte, la época, los protagonistas. Madrid, 2006, p. 91. 5 Ibidem. 390 puede considerarse el punto de partida de la creación de imágenes con la santa reformadora como protagonista en la ciudad. No tenemos constancia de cuál es la primera obra boloñesa en la que se manifiesta su iconografía, pero ya en 1610 encontramos un pequeño cuadro devocional que en el que la figura de Santa Teresa aparece acompañando a la Sagrada Familia. Atribuido a Francesco Albani por el profesor Daniele Benati, 6 hemos encontrado, sin embargo, poquísima información sobre esta obra, de la cual desconocemos su procedencia y localización actual. La composición, que recuerda a obras tempranas del pintor boloñés como la Huida a Egipto conservada en Lincolnshire en elementos como la presencia del relieve clásico, revela las influencias de la Academia de los Carracci, a la que el pintor estuvo adscrito antes de marchar a Roma a inicios del siglo XVII. Sin embargo, aunque estilísticamente se corresponde con la primera etapa de Albani, nos sorprende la presencia de Santa Teresa en un cuadro que por sus características parece destinado a la devoción privada en una época tan temprana, cuatro años antes de su beatificación, y doce antes de que fuese canonizada. Sería necesaria una investigación más atenta de la obra, de la que, como decíamos, sabemos solo que fue subastada en Roma en 2009. No es la única obra de Francesco Albani en la que aparece la santa abulense. En la iglesia de Santa Teresa del antiguo monasterio de las Carmelitas Descalzas de Fano (provincia de Pesaro y Urbino) encontramos una pala de altar que Tomani Amiani atribuye al boloñés, a quien califica como “ l´Anacreonte della pittura” 7 . La obra, de equilibrada composición y efectista uso del color, revela una muy personal visión del clasicismo por parte de Albani, que se mantiene entre la rigurosa idealización formal de Reni y de la interpretación apasionada de Annibale Carracci. Estimada su datación en torno a la década de los años 30 del Seiscientos, representa a la Virgen que se inclina dulcemente para colocar un collar de oro a Teresa de Ávila, con San José y tres querubines como testigos, haciendo referencia a una visión que ella misma describe en su biografía. La imposición del collar y el manto por la Virgen y San José es un tema iconográfico que gozará de gran fortuna en la pintura boloñesa. En el monasterio de San José de las Carmelitas Descalzas de Roma encontramos una obra de la misma temática pintada por Giovanni Lanfranco (1582-1647), artista de origen parmesano y de formación carraccesca. Se trata de una de las obras más celebradas del pintor emiliano en Roma, según Bellori 8 , 6 http://www.seleart.com/fondantico/pittura_18.html (consultado 30 septiembre 2019) 7 TOMANI AMIANI, Stefano: Guida storico artistica di Fano. Pesaro, 1981, pp. 103. 8 SCHLEIER, Erich: Giovanni Lanfranco: un pittore barocco tra Parma, Roma e Napoli. Milán. 2001. 391 junto con la Aparición de Cristo a Santa Margarita de Cortona , obra con la que comparte una serie de características: en primer lugar, la fecha de realización. Si bien se había propuesto una cronología anterior para la Santa Teresa, coincidimos con Erich Schleier 9 en que hubo de ser realizada entre 1618 y 1622, dado que es muy poco probable que antes de la beatificación se dedicase una pala de altar a la santa. En la Basílica de San Martino Maggiore de Bolonia encontramos un lienzo contemporáneo al de Lanfranco (Fig. 1) donde Santa Teresa aparece representada junto a otros tres santos. Datado entre 1618 y 1621 10 se trata de una obra de Alessandro Tiarini, pintor de origen boloñés formado con Prospero Fontana y Ludovico Carracci, cuyas influencias se advierten en el carácter sólido y la gravedad de sus figuras. Según Winkelmann 11 , en esta obra los nuevos santos Carlo Borromeo y Francesca Romana acompañan y presentan a los fieles a los pretendientes a la canonización Andrea Corsini y Teresa de Jesús, ambos pertenecientes a la orden carmelita. Estilísticamente, se trata de una composición poco habitual, una especie de sacra conversación a la que la comitente asiste en la parte baja del cuadro. Original es también el modo en el que aparece representada Santa Teresa. El momento elegido es el de la Transverberación, el episodio más conocido de la iconografía teresiana, si bien en la versión de abandono y desmayo de la santa difundido por Bernini. En realidad este modelo aparece solo a partir del segundo cuarto del siglo XVII 12 siendo la representación más común hasta entonces la de la santa en pie mientras recibe la flecha, tal y como aparece en la obra de Tiarini. La cantidad de obras con iconografía teresiana que hemos encontrado aumenta considerablemente a partir de 1622. Los más renombrados pintores son llamados, a partir de esa fecha, a retratar a la nueva santa como ejemplo de beatitud barroca. Hay una gran demanda de pinturas a las que los artistas responderán ampliamente. En 1624 el boloñés Guido Reni es llamado a pintar una pala de altar para la iglesia de Santa Teresa en Capraola (Viterbo, Lazio), en un convento de Carmelitas Descalzos construido entre 1621 y 1623 por iniciativa del cardenal Odoardo Farnese 13 . Resultado de este encargo es la obra Madonna con il Bambino, Santa Teresa d’Avila e San Giuseppe una pala de altar que da 9 Ibidem, p.191. 10 ARCANGELI, Francesco: Maestri della pittura del Seicento Emiliano. Bologna, 1959. 11 BENATI, Daniele y GHELFI, Barbara: Alessandro Tiarini : l'opera pittorica completa e i disegni. Milán, 2001. 12 PINILLA MARTÍN, María José: Iconografía…, op. cit., p. 748. 13 PEPPER, Stephen: Guido Reni. L'opera Completa. Roma, 1988. 392 muestra de la rigurosa interpretación del clasicismo de Guido Reni, el más intelectual de los pintores boloñeses, llegando a ser, en su estructura compositiva, demasiado tradicional, casi arcaizante. Seguidor de Reni es el emiliano Guido Cagnacci, autor de otra pala de altar de temática teresiana que sin embargo dista mucho, iconográfica y estilísticamente, de la del maestro. Pintada para la iglesia de San Juan Bautista de Rímini, se trata de una sacra conversación en la que los nuevos santos carmelitanos Andrea Corsini, Teresa de Jesús y Maria Maddalena de’ Pazzi acompañan a la Virgen con el Niño (Fig. 2). No se conoce con exactitud la fecha de realización de la obra, si bien la reciente canonización de los tres santos (1629, 1622 y 1626, respectivamente) hacen situarla a finales de la década de los 30 14 . Como apunta Pasini, no se trata de una sacra conversazione al uso, sino de la presentación de “tres éxtasis místicos, tres ejemplos de abandono a la divinidad” 15 . En la parte superior Andrea Corsini asiste a la aparición de la Virgen, mientras que Maddalena de´Pazzi recibe la corona de espinas de un ángel y, en la parte inferior izquierda, nuestra santa es atravesada por la flecha del ángel del amor divino. Se trata de una lectura para nada convencional del episodio de la Transverberación, que anticipa casi dos décadas a Bernini. Otro de los artistas llamados a retratar a la santa, incluso en tres ocasiones, fue el Guercino. Nacido en Cento, entre Ferrara y Bolonia, se trasladó joven a la ciudad de los Carracci, convirtiéndose, después de la muerte de Guido Reni, en uno de los pintores más cotizados de Bolonia. En 1634 realiza, por encargo de Ludovico Mastri, agente de la importante familia de banqueros francese Lumague, una pala de altar (Fig. 3) para la iglesia de los Carmelitas Descalzos de Lion, fundada por Bartolomeo Lumaga. En la pala aparece una alusión al nombre de la familia ( Lumaca , en italiano, caracol) en los tres caracoles del escudo que aparece en el plinto de mármol representado a la izquierda. Según Denis Mahon, el encargo al pintor emiliano por parte de la familia francesa para decorar su capilla se debe a la influencia del cardenal Bernardino Spada, amigo y admirador del Guercino 16 . La obra, requisada del convento durante la Revolución francesa y trasladada a Aix- en- Provence en 1821, expone a Santa Teresa arrodillada frente a la aparición de la Santísima Trinidad. Aunque el título de la obra es Aparición de Cristo a Santa Teresa, coincidimos con Pinilla Martín en que el episodio hace referencia a un tema más específico 14 BENATI, Daniele y PAOLUCCI, Antonio: Guido Cagnacci: protagonista del Seicento tra Caravaggio e Reni. Forli, 2008. 15 Ibidem. 16 MAHON, Denis: Giovanni Francesco Barbieri: Il Guercino, 1591-1666. Bolonia, 1991. 393 y poco difundido, proveniente de los escritos de la Santa: Cristo mostrando a Teresa los misterios divinos 17 Casi treinta años después, para la iglesia de los Carmelitas Descalzas de Bolonia, realiza una nueva pala de altar que tiene como protagonista a la santa española. En esta ocasión, el episodio elegido representa una escena para nosotros ya familiar, por su amplia presencia en la pintura boloñesa: la imposición del collar por la Virgen. Esta obra, que evidencia la evolución estilística del autor hacia un clasicismo más austero e idealista, revela, para Mahon, el camino que tomará la pintura boloñesa de finales del XVII 18 . Tenemos constancia de la existencia de una última obra teresiana del Guercino, desgraciadamente desaparecida en el terremoto que asoló Mesina en 1908. De tema muy similar a la anterior, Santa Teresa recibiendo el hábito fue realizada en 1665 para la iglesia de San Gregorio de la ciudad siciliana. La escuela boloñesa del siglo XVII dio al mundo del arte un gran número de mujeres pintoras. Entre la serie de obras que representan a la carmelita abulense hemos encontrado una Sacra Familia con Santa Teresa (Fig. 4) realizada por una mujer, Elisabetta Sirani. La obra que nos ocupa, firmada y datada en 1664, forma parte del grupo de 170 pinturas que Elisabetta Sirani realizó antes de su prematura muerte. Hija de Giovanni Andrea Sirani, principal ayudante de Guido Reni, apenas tenemos datos de su formación artística. Se supone que se inició en el taller paterno, recibiendo el apoyo de su futuro biógrafo, el conde Carlo Cesare Malvasia. Llegó a gestionar el taller familiar, alcanzando un temprano renombre a nivel europeo. Su especialidad fueron las pinturas religiosas, de la Virgen con el Niño y la Sagrada Familia, que producía velozmente pero con un buen acabado. En el delicado clasicismo idealista de la Sagrada Familia con Santa Teresa , composición clara, de luz tenue y uniforme y textura escultórica en las figuras, queda patente la influencia de autores como el Guercino y Guido Reni. En Le pitture di Bologna (1686), Carlo Cesare Malvasia menciona la obra Santa Teresa d´Avila placa l´ira divina (Fig.5) , de Domenico Maria Canuti, pintor boloñés de formación clasicista, en cuya producción queda patente la influencia de maestros como Guido Reni, el Guercino, Giovanni Andrea Sirani o Francesco Gessi. La pala, realizada para la iglesia de los carmelitas de la ciudad emiliana, Santa Maria degli Alemanni , constituye una obra muy interesante, pues hace referencia a un episodio de la vida de Santa 17 PINILLA MARTÍN, María José: Iconografía… , op. cit., p. 281 18 MAHON, Denis: Giovanni Francesco Barbieri.. ., op.cit. 394 Teresa muy poco representado: Santa Teresa oponiéndose al ángel de la justicia divina. En una descripción de la iglesia de G. Roversi realizada en 1857, viene descrita como “ un bellissimo quadro di Santa Teresa in atto di sospendere i flagelli che Iddio avea fulminato sopra alla Spagna per le eresie che vi dominavano”. 19 Según Pinilla Martín, se trata de la única obra pictórica que muestra este tema iconográfico, que aparece por primera vez en la Vita Effigiata de Alessio della Passione de 1670, que el autor observaría 20 . La datación de la obra, por tanto, se sitúa entre esta fecha y la descripción de Malvasia. En la misma iglesia carmelitana encontramos otras obras con iconografía teresiana. Destacamos los dos lienzos situados junto al altar mayor de Giacinto Garofalini (1666- 1723), pintor boloñés colaborador de Franceschini. A finales del siglo XVII, siguiendo atentamente los preceptos del maestro, y quizás bajo indicaciones precisas, realizó La comunión milagrosa de Santa Teresa y Santo Domingo mostrando a Santa Teresa las llagas del Señor, de un clasicismo menos dramático, con predominio del color sobre el dibujo, que dirige ya la mirada hacia la pintura del siglo XVIII. Para otra iglesia de Bolonia, la de Santa Lucía, perteneciente a la Compañía de Jesús, fue encargada por la familia Davia la realización de una pala de altar representando a La Virgen con el Niño coronando a Santa Teresa y San Juan Bautista hoy conservada en la Pinacoteca Nazionale. Su autor es Carlo Cignani (1628-1719), pintor de origen boloñés, heredero de Guido Reni y del clasicismo más grácil y pausado, alejado de las formas más enérgicas del primer barroco boloñés. Ya en el siglo XVIII, la pintura boloñesa evoluciona hacia una nueva estación, donde las influencias de la cultura neoclásica dan paso a un academicismo menos naturalista que mantendrán, sin embargo, la herencia de los grandes maestros. Hemos encontrado pocos ejemplos de obras teresianas en el último barroco boloñés. En Pittura bolognese, 1650-1800, Renato Roli 21 menciona una obra de Giovan Gioseffo Dal Sole (1654-1719): Stimmate di Santa Teresa, obra perteneciente a los primeros años del Setescientos y hoy conservada en Múnich, donde el pintor, formado con Domenico Maria Canuti y Lorenzo Pasinelli y representante del último barroco boloñés, refleja la influencia del último Reni, sobre todo en la estructura compositiva y en la refinada 19 STAGNI, Simonetta: Domenico Maria Canuti. Catalogo generale. Bolonia, 1888 20 PINILLA MARTÍN, María José: Iconografía… , op. cit. 21 ROLI, Renato: La pittura bolognese, 1650-1800, dal Cignani al Gandolfi. Bolonia, 1977. 395 gama de colores claros. La obra con la que cerramos este recorrido, datada en la década de los 30 del siglo XVIII, marca una diferencia con el resto. Es una obra atribuida a Giuseppe Maria Crespi (1665-1747), el artista más sobresaliente del último barroco boloñés, fundador junto a otros de la Academia Clementina en 1710. Se trata de un pequeño retrato de tres cuartos en el que Santa Teresa aparece idealmente representada, con expresión extasiada mientras se lleva las manos al pecho. Constituye una visión muy idealista del episodio de la Transverberación que nos hace dudar de la atribución al maestro de la pintura de género del tardobarroco boloñés, pero que muestra una interpretación de la santa menos basado en la narración de sus episodios. En su tesis sobre iconografía teresiana, Pinilla Martín apunta que el proceso de configuración de la imagen de la santa tiene lugar en el Seiscientos, cerrándose prácticamente en los años centrales del siglo XVIII 22 . A partir de este periodo las obras son menos originales tanto desde el punto de vista formal como temático. En el único retrato que encontramos en esta recopilación de obras, confirmamos la idea de que se produce un cambio de sensibilidad en el modo de representar la santidad, que se relaciona directamente con la aparición de nuevas tendencias en la pintura religiosa del siglo XVIII. La tendencia más relevante que hemos advertido en las imágenes de Santa Teresa es la presencia casi constante de la Sagrada Familia en las palas de altar donde aparece la carmelitana. Especial importancia adquiere la figura de San José, el santo elegido protector de la orden. El episodio más frecuentemente representado por los pintores boloñeses es, de hecho, la imposición del collar y el manto por la Virgen y San José: Francesco Albani, Lanfranco, y el Guercino realizan versiones de este tema, narrado por Teresa en su autobiografía. La visión tuvo lugar el día de la Asunción de 1561, durante una misa en el convento dominico de Santo Tomás de Ávila, cuando precisamente la santa se encontraba pensando en la reforma de su Orden, de ahí que viniera a convertirse en una especie de emblema del aval divino para las sucesivas fundaciones carmelitanas que se iniciaron el 24 de agosto de 1562 en el convento de San José de Ávila. De esto deriva su importancia en las obras de arte encargadas para los conventos de Carmelitas Descalzos de toda Europa. Todos los ejemplos de esta temática que parten de pinceles boloñeses, de hecho, estaban destinados a conventos fundados tras la reforma. En la presentación titulada La scuola pittorica bolognese e Teresa di Gesù 23 22 PINILLA MARTÍN, María José: Iconografía…, op. cit. 23 GHELFI, Barbara: “La scuola pittorica bolognese e Teresa di Gesù” en Vite vissute, immagini e agiografie: 396