Dolores Ibárruri, imagen pública y vida privada: procesos de comunicación de un modelo de feminidad impuesta
Abstract
La incorporación de unas pocas mujeres a la primera línea de la política durante la II República no vino acompañada de cambios en la ideología patriarcal dominante. Dolores Ibárruri adecuó su imagen pública y su discurso a los valores morales dominantes en aras de la aceptación de su liderazgo.
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1 DOLORES IBÁRRURI, IMAGEN PÚBLICA Y VIDA PRIVADA: PROCESOS DE COMUNICACIÓN DE UN MODELO DE FEMINIDAD IMPUESTA Ana Jorge Alonso José Luis Torres Martín (Universidad de Málaga) ÍNDICE 1. Las mujeres y la II República (pág. 1) 2. Pasionaria: militante comunista (pág. 7) 3. Dolores Ibárruri: una vida privada silenciada (pág. 9) 4. Análisis de los discursos seleccionados (pág. 10) 4.1 El discurso patriarcal: realidad, representación e imagen (pág. 10) 4.2 Objeto del análisis: elementos patriarcales en los párrafos extraídos de los discursos de Pasionaria. Justificación de su elección y análisis general de los mismos (pág. 15) 5. Bibliografía (pág. 20) La incorporación de unas pocas mujeres a la primera línea de la política durante la II República no vino acompañada de cambios en la ideología patriarcal dominante. Dolores Ibárruri adecuó su imagen pública y su discurso a los valores morales dominantes en aras de la aceptación de su liderazgo. The involvement of some women in first-rate politics during the II Republic in Spain did not bring about any changes in the dominant patriarchal ideology. Dolores Ibárruri adapted her public image as well as her discourse to the dominant moral values for the sake of her leadership being generally accepted. 1. Las mujeres y la II República Para situar la aparición de la figura de Dolores Ibárruri en su contexto histórico, debemos empezar por describir el momento por el que atravesaban las mujeres y los movimientos sociales en los que tomaban parte en España durante aquellos años. Con tal fin, nos remontaremos hasta el periodo que comprende desde la Restauración monárquica hasta la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Podemos decir que las reivindicaciones de las mujeres siempre han tenido en nuestro país un marcado carácter social, supeditando peticiones políticas tales como el derecho al sufragio femenino en
2 pos de logros relacionados con el derecho de las mujeres al trabajo, a la educación o a dignificar sus condiciones de vida 1 . En tiempos de la Restauración, el reformismo político de la burguesía y las clases medias provoca el surgimiento de medidas políticas encaminadas a la mejora social del colectivo femenino; se establece una legislación y unos subsidios públicos que intentan evitar riesgos laborales, así como incentivar y proteger a las madres y a los núcleos familiares. Sin embargo, este corpus jurídico, más que un beneficio en la situación de las mujeres, lo que pretendía era el establecimiento de una determinada división sexual del trabajo. Esto quiere decir que, mientras a los hombres se les reservaba la función productiva dentro de la sociedad, al conjunto de las mujeres se le otorgaba el rol reproductivo incluso en el mercado laboral: los puestos que las mujeres podían ocupar estaban relacionados con su condición de esposas y madres. Ya con posterioridad a la finalización de la Primera Guerra Mundial se observan una serie de transformaciones en lo que al mercado laboral nacional se refiere. Una de las principales será la incorporación gradual de las mujeres al mismo, lo que provocó la aparición de unas nuevas relaciones laborales, sindicales y políticas. Mientras las mujeres de clase media y con cierta preparación académica se incorporan a determinados puestos de la Administración Pública del Estado, las pertenecientes a la clase obrera se acogen cada vez más a la modalidad del trabajo a domicilio, el cual reunía algunas características que lo hacían propicio para la sociedad del momento: abarataba los costes de subcontratación, no alteraba el orden jerárquico (patriarcal) preexistente en las familias, permitía que dichas mujeres se dedicaran a la atención de los hijos en el hogar, y un aspecto no menos importante, acallaba las críticas y evitaba el rechazo masculino al trabajo femenino asalariado fuera del ámbito doméstico. En cuanto a las relaciones de género en aquella época, podremos decir que se trata de un momento de transición en el que las mujeres comienzan a reivindicar la equiparación con los varones en todas las facetas (tanto política, como jurídica y socioeconómica). A pesar de ello, continúa perviviendo el atavismo que relegaba a las mujeres a la parcela restringida de lo privado y familiar, mientras que los hombres seguían erigiéndose como los dominadores de la esfera pública. Frente a esta realidad, se crean redes asociativas femeninas gracias a la interrelación que se establece entre las mujeres en los distintos centros de trabajo, barrios obreros y otros espacios de reunión. 1 Ramos, Mª D. (2000). Identidad de género, feminismo y movimientos sociales en España. Revista de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco, 21, 523-552.
3 Sin embargo, estas estructuras surgidas para la reivindicación raramente eran dirigidas por esas mismas mujeres. En lo concerniente a las protestas femeninas, hay que decir que éstas surgen en cuanto se produce una escasez de medios materiales, lo cual provoca a su vez, como menciona Hobsbawn (1987), crisis de subsistencia en las familias obreras y la reacción de las trabajadoras en defensa de ese entorno privado en el que principalmente desarrollaban su actividad 2 . En este punto es conveniente hacer referencia al concepto de productividad emergido de la industrialización para poder comprender la consideración que se tenía del trabajo doméstico en el periodo que estamos tratando de los años que siguen a la Gran Guerra y que, en muchos aspectos, pervive en la actualidad. Dicho concepto altera las nociones de tiempo y espacio según se venían conociendo con anterioridad, lo que a su vez repercutirá en la economía del hogar, basada a partir de entonces (como ocurre en las fábricas) en una buena gestión y administración. Asimismo, la productividad se define como el conjunto de actividades cuyas prestaciones constituyen un valor de cambio, por lo que las labores domésticas no se enmarcaban dentro de esas “actividades productivas”. A pesar de ello, se van introduciendo (lógicamente, tras largas movilizaciones) medidas sociales como los permisos de maternidad y los horarios de lactancia, aunque no sería hasta muy avanzada la segunda mitad del siglo XX cuando en España se hicieran verdaderas políticas de conciliación de la vida familiar y laboral con la llegada de lo que se ha dado en llamar “Estado del Bienestar”. Volviendo a la época que era objeto de esta breve introducción, el trabajo femenino siempre estaba peor pagado y estaba destinado a ocupar puestos inferiores a los de los hombres (principalmente, en sectores como el textil, el servicio doméstico y la industria productora de alimentos). Por lo tanto, estos empleos reproducían las labores domésticas de las mujeres y no ponían en duda los roles asignados a cada uno de los sexos por los principios de la sociedad patriarcal. Aún con estos condicionantes, los hombres veían la incorporación femenina al mercado laboral como una amenaza en forma de mano de obra barata, lo que comportaba según su visión una competencia desleal hacia ellos. Puesto que hemos mencionado la importancia de las normas patriarcales que regían una sociedad como la española de aquel tiempo, observaremos a continuación la evolución histórica que ha sufrido la estrecha relación que existe en nuestro país entre el 2 Hobsbawm, E. J. (1987). El mundo del trabajo. Estudios históricos sobre la evolución de la clase obrera. Barcelona: Crítica.
4 capitalismo y el patriarcado con relación al trabajo femenino fuera del ámbito doméstico. En un primer momento, los hombres se opusieron frontalmente a la incorporación de las mujeres al mercado laboral; posteriormente, forzaron a los patronos a concederles unos puestos más cualificados y mejor remunerados que a las féminas; por último, intentarán que se les concedan aumentos salariales lo suficientemente elevados como para mantener a sus esposas en el hogar familiar, haciendo innecesaria su posible aportación a la economía doméstica. Las malas condiciones laborales de las mujeres, provocadas por una desigualdad de origen sexual que las abocaba a estar preparadas más para las funciones reproductivas que para las productivas, impulsaron su adhesión a las organizaciones de clase (la única alternativa a este asociacionismo femenino hasta ese momento la constituía la Iglesia, que más que incentivar a las mujeres a la participación social intentaba disuadirlas de que militaran en aquéllas). Pero pronto tomaron conciencia de que formaban parte de un colectivo con necesidades, inquietudes y reivindicaciones propias y específicas dentro de ese tejido asociativo. En este punto surgirá la disyuntiva entre las partidarias de defender dichas peticiones en el marco de los partidos y sindicatos de clase obrera 3 y las que, en cambio, eran favorables a la creación de organizaciones exclusivamente feministas que asumieran la defensa de los derechos y las solicitudes de las mujeres trabajadoras 4 . Con la llegada de la II República, se producen una serie de avances de tipo legislativo en la situación de las mujeres: se redacta una Ley del divorcio, se establece el principio de igualdad civil en el matrimonio, se consigue el derecho al voto femenino y se elimina el factor sexual como fundamento de privilegio jurídico. Además, las mujeres comienzan a afiliarse y a reunirse en torno a las organizaciones sociales (sobre todo los sindicatos) para, mediante la presión ejercida a través de la huelga, obtener otros derechos adicionales a los citados con anterioridad como el descanso reglado después del parto, las mejoras salariales y en las condiciones de trabajo. Pese a ello, tampoco conseguirán ocupar puestos de relevancia en este tipo de asociaciones durante este periodo. En los prolegómenos de la Guerra Civil aparecieron asociaciones en las que se agrupaban las trabajadoras según su tendencia ideológica dentro del movimiento obrero, alcanzando el cenit de su actividad durante el transcurso de la contienda. Por citar las 3 Zetkin, C. (1976). La cuestión femenina y la lucha contra el reformismo. Barcelona: Anagrama. 4 Kollontai, A. (1982). Mujer, historia y sociedad. Sobre la liberación de la mujer. Barcelona: Fontamara.
5 más importantes, mencionaremos Mujeres Antifascistas (AMA), que estaba bajo el amparo del Partido Comunista; Mujeres Libres, nacida en el seno de la CNT; y Unión de Muchachas, órgano de la Juventud Socialista Unificada 5 . Todas éstas se manejaron en torno a lo que se ha dado en llamar “feminismo proletario”, pero, como veremos, tenían concepciones bastante diferentes acerca del papel que deberían ocupar las mujeres en la sociedad, sobre todo en una sociedad en crisis como lo era en aquellos años la española. Mujeres Antifascistas fue la que alcanzó mayor relevancia al recibir el encargo del gobierno republicano de ayudar en la retaguardia de los distintos frentes. Esta organización defendió la dicotomía entre los ámbitos masculino y femenino y una maternidad de responsabilidad social. Sin embargo, pese a la gran difusión que alcanzó su revista, Mujeres, y a lo eficaz que resultó como elemento de movilización femenina, nunca describió a las mujeres como sujetos con identidad propia 6 . Mujeres Libres, en cambio, propuso desde un principio un cambio en el papel que las mujeres juegan en la sociedad, con lo que se apostaba por una estrategia feminista, además de por la vía de transformación social según los parámetros libertarios. La evolución de los acontecimientos bélicos hizo que el objetivo de la igualdad de los sexos palideciera ante necesidades más perentorias, a pesar de la fuerte implantación que consiguió esta organización, sobre todo en las zonas en las que los ácratas predominaban sobre otras opciones políticas 7 . Por último, Unión de Muchachas, creada ya en plena Guerra Civil, y su órgano oficial, la revista Muchachas, intentaban introducir a las jóvenes en cuestiones educativas, culturales y políticas. Sus miembros cumplían funciones de intendencia y ayuda logística tras las líneas del frente. La situación de las mujeres en España al finalizar la Guerra Civil puede ser calificada de paradójica, ya que, además de formar un colectivo fragmentado por la pertenencia a diferentes clases sociales de sus componentes, tienen entre ellas otro factor sustancial que las divide: el hecho de pertenecer al bando de los vencedores o de los vencidos. El nuevo régimen surgido tras la sublevación y la contienda se encargará de abortar todos los mecanismos en pro de la igualdad sexual puestos en marcha durante el período de la II República: el derecho al sufragio, al matrimonio civil, al divorcio, al 5 Núñez Pérez, M. G. (1989). Trabajadoras en la Segunda República. Madrid: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. 6 Mangini, S. (1997). Recuerdos de la Resistencia. La voz de las mujeres en la Guerra Civil española. Barcelona: Península. 7 Nash, M. (1989). Las mujeres en la Guerra Civil. Madrid: Taurus.
6 acceso a todos los niveles educativos en paridad de condiciones que los hombres, apertura del mercado laboral para las mujeres, incentivos a la participación en la vida pública (tanto en instituciones como en partidos políticos, sindicatos y otras asociaciones). La anulación de todos estos logros se produjo gracias a la acción en diversos frentes. En primer lugar, desde el punto de vista de los mecanismos represivos que dispuso el nuevo gobierno en su ordenamiento legal, con normas tales como la Ley de represión de la masonería y el comunismo o la Ley de Seguridad del Estado. Asimismo, la actuación de las fuerzas policiales persiguiendo a todas aquellas mujeres que se habían significado por su militancia en partidos y sindicatos de izquierda hizo que a éstas sólo les quedara el camino de la cárcel, el exilio político o, en el mejor de los casos, el miedo y el silencio para aquellas que permanecían en el país. Otro campo en el que se puso especial énfasis por parte del régimen franquista fue el educativo: tanto desde las escuelas como desde las otras instituciones fomentadas y favorecidas por el Estado (la Iglesia y la Sección Femenina de Falange, dirigida en sus primeros años por Pilar, hermana de José Antonio Primo de Rivera) se intentaba transmitir el discurso de la domesticidad y de la perfecta casada. Durante la dictadura se asumen los principios pedagógicos más reaccionarios del siglo XIX, que impulsaban la división de los contenidos educativos en base a la división de los sexos. Por tanto, según lo visto podemos decir que uno de los rasgos característicos y definitorios del régimen franquista es el patriarcal; la sociedad se encontraba jerarquizada no sólo en razón de las diferencias de clase, sino que además lo estaba en términos de dominación y tutela de género. Las mujeres volvían a ser consideradas como seres apegados a la naturaleza por su capacidad reproductiva (incluso las solteras, viudas y casadas sin descendencia tenían la responsabilidad de lo que dio en llamar “maternidad social”), reservándose el espacio de actuación pública exclusivamente a los hombres. Según la autora Marina Subirats (1983), este hecho se puede deber a que “hombres y mujeres tenían misiones totalmente diferentes en la sociedad” 8 , por lo que se opinaba que la educación diferenciada sexualmente era necesaria para conseguir los objetivos pretendidos de cada uno. Sin embargo, no sólo se ofrecían dos modelos educativos diferentes, sino que uno de ellos era superior al otro y les otorgaba el rol 8 Subirats, M. (1983). La educación femenina: la emergencia de la escuela separada en España. Barcelona: Universidad Autónoma de Barcelona.
7 dominante a los hombres, ofreciéndoles de este modo unas mayores posibilidades de actuación en el entorno social. En cuanto al asociacionismo femenino durante el primer período de la dictadura, caben destacar dos de los agentes socializadores más importantes para las mujeres durante todo el franquismo: la ya mencionada Sección Femenina, y Acción Católica. Ambas instituciones (ya que no eran simples asociaciones al estar bajo el amparo directo del Estado) tenían una concepción similar de los que deberían ser los pilares fundamentales en los que se basara la educación destinada a las mujeres: la Patria, la Fe católica y el natalismo, principal aportación femenina a la construcción del Estado ideado por los jerarcas del régimen. 2. Pasionaria: militante comunista Dolores Ibárruri Gómez (aunque su verdadero nombre era Isidora) nace en Gallarta, provincia de Vizcaya, el 9 de diciembre de 1895 en el seno de una familia minera pobre. Se crió bajo la influencia de los ideales carlistas de su padre, cosa bastante frecuente por aquel tiempo en esa zona, uno de los centros siderometalúrgicos de la España de finales del s.XIX. Parece ser que fue acudiendo a los mítines carlistas cuando se forjó el carácter de excelente oradora de la que posteriormente sería conocida como “La Pasionaria”. El pseudónimo que la acompañaría toda su vida y que la haría una figura reconocida internacionalmente surge a raíz de la publicación con tal sobrenombre de su primer artículo en el diario El minero vizcaíno en 1918. Ya por entonces había contraído matrimonio con el socialista Julián Ruiz dos años antes; el 15 de abril de 1920 la agrupación del Partido Socialista Obrero Español de Somorrostro, en la que ambos militaban, se une a la fundación del Partido Comunista Español e inmediatamente Pasionaria es nombrada miembro del Comité Provincial del partido. Al año siguiente, dicha formación se fusionaría con otra creando el Partido Comunista de España (PCE) que persiste aún en nuestros días y en el que Dolores militaría hasta su muerte en 1989 9 . En 1930, tras la caída de la dictadura del General Miguel Primo de Rivera y en los estertores del reinado de Alfonso XIII, es nombrada miembro del Comité Central del PCE, cargo que revalidaría en el Congreso celebrado en Sevilla en marzo de 1932, en el 9 Peña, L. (1999). Nota biográfica de la Pasionaria. España Roja. [publicación en línea]. Disponible desde Internet en: http://www.eroj.org/biblio/ibarruri/biografi.htm [con acceso el 19-11-2005].
8 que José Díaz sería nombrado Secretario General en sustitución de José Bullejos. Un año antes se había trasladado a Madrid para trabajar en la redacción de Mundo Obrero, órgano oficial del Partido Comunista de España. En el periodo comprendido entre 1931 y 1933, es decir, una vez proclamada la II República, es encarcelada en dos ocasiones siempre por participar en actos de reivindicación obrera. Tras el triunfo del Frente Popular, coalición de partidos de izquierda que se presentó a las elecciones de febrero de 1936, es elegida diputada por Asturias. Aquí comienza una de sus etapas de mayor actividad política y de agitación, pronunciando discursos que acrecentarán su fama de oradora vehemente, entre los que cabe destacar el que realizó en las Cortes el 16 de junio de 1936, escasamente un mes antes del comienzo de la Guerra Civil (y que está incluido como objeto de estudio en la presente comunicación), en el que denunciaba algunas maniobras de la derecha política conducentes a provocar un golpe militar para derrocar al recién constituido Gobierno. Tras la sublevación armada, esta actividad se verá incrementada, multiplicando sus alocuciones ya fuera con motivo de alentar a las tropas en el frente o a la resistencia de la población, o bien con la finalidad de obtener ayuda exterior a los gobiernos democráticos de nuestro entorno. Todo esto tendrá que compaginarlo con el cargo de Vicepresidenta de las Cortes, para el que es nombrada en 1937. Una vez en el exilio, en 1942 es elegida Secretaria General del PCE a la muerte de José Díaz. En este tiempo, el partido estará bajo el amparo especial de la Unión Soviética estalinista; sin embargo, también será una de las épocas más duras que tendrá que vivir Dolores Ibárruri, ya que su hijo Rubén muere en la defensa de Stalingrado. Éste ya había combatido en el bando republicano durante la Guerra Civil, renunciando de esta manera al status de hijo de dirigente de la República que lo eximía a priori de esas responsabilidades. Aún con los contratiempos personales, la ya por aquel entonces histórica dirigente se mantendrá como una activa representante española en la Internacional Comunista. No será hasta el VI Congreso del Partido Comunista de España en el exilio, celebrado en 1960, cuando dimita del cargo de Secretaria General, siendo nombrada para el puesto honorífico de Presidenta del partido; sin embargo, el poder fáctico dentro de la organización lo detentaba desde mediados de la década de los 50 el que ocuparía su lugar, Santiago Carrillo, líder de un grupo de presión proveniente de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas), coalición juvenil de las juventudes del PSOE y
9 PCE creada poco antes de la contienda civil. Pasionaria, siempre partidaria del centralismo democrático y de seguir la disciplina interna en el partido, secundó la línea del nuevo Secretario General que proponía el principio de reconciliación nacional. Dicha postura no se alteraría tampoco en uno de los mayores momentos de crisis interna y discusión en la dirección, como fue el de la ruptura del PCE con Moscú tras la ocupación militar de Praga en 1968, pese a su consabido posicionamiento prosoviético. Después de 38 años, Dolores Ibárruri regresaría a España en 1977 tras la muerte de Franco y la legalización del Partido Comunista. Volvió a ser elegida por Asturias como diputada de las nuevas Cortes Constituyentes, aunque su papel fue escaso y permaneció poco tiempo en el cargo, dada su avanzada edad y sus problemas de salud. A pesar de todo ello, mantuvo su carácter combativo y reivindicativo hasta el final de sus días, apoyando todo tipo de problemáticas sociales, como por ejemplo la que le hizo acudir a una manifestación de apoyo a las Madres de la Plaza de Mayo argentinas en 1983. Como ya se ha dicho anteriormente, muere en 1989 a los 94 años de edad, dejándonos en sus numerosos escritos su legado político; entre ellos, destacaremos “El único camino”, “En la lucha”, sus “Memorias” e “Historia del Partido Comunista de España”. 3. Dolores Ibárruri: una vida privada silenciada La biografía privada de Dolores Ibárruri es anulada por la dimensión pública del personaje hasta extremos insospechados, porque a su vez su biografía se entrelaza y se confunde con la propia historia del PCE. Los datos que poseemos sobre esta vida privada hacen referencia a los hitos considerados más importantes en la vida de una mujer y se relacionan con el propio status vicario fijado para la totalidad de las mujeres: la condición de hija, esposa y madre. La estatura pública del personaje se construye en parte por la anulación de las referencias al ámbito de lo privado. No sólo sus biógrafos, notablemente hagiográficos la mayoría, sino la propia Pasionaria en sus memorias prescinden de aquellos elementos personales que al parecer parecieran enturbiar la grandeza de la dirigente comunista. Los orígenes familiares de Dolores Ibárruri son sobradamente conocidos. Asimismo, lo es su matrimonio con el también militante comunista Julián Ruiz y lo son
16 Discurso pronunciado en el Monumental Cinema de Madrid, el 8 de noviembre de 1936 “Desde aquel país nos dice el heroico pueblo soviético --que supo vencer no sólo al enemigo interior, sino también al enemigo exterior-- y nos gritan mujeres: ¡Hermanos españoles, estamos con vosotros!” “El hecho de que haya tantas mujeres en este mitin nos permite, sin temor a equivocarnos, proclamar con orgullo que no se ha extinguido la tradición heroica de las mujeres españolas, que en todos los momentos en que estuvo amenazada la integridad de la patria estuvieron junto a sus hombres y con ellos supieron luchar y morir. Y por ello nos sentimos profundamente orgullosos y seguros de la victoria. Porque una causa que defienden las mujeres y las madres, a pesar de los avatares de la lucha, será siempre una lucha victoriosa.” Discurso pronunciado en un gran mitin de solidaridad con el pueblo español, celebrado en París, en el velódromo de Invierno, el 8 de septiembre de 1936 “Y mujeres y niños, víctimas inocentes del odio salvaje de la reacción española, caen para siempre, abatidos por la metralla enemiga, y pagan con su sangre y con su vida el delito de vivir en la España republicana, en la España que no acepta ser convertida en una cárcel fascista, en una base de agresión de la reacción internacional.” “¡Madres y mujeres de Francia! ¡No os pedimos que sacrifiquéis a vuestros hijos ni a vuestros hombres! Os pedimos solamente que nos ayudéis a hacer cambiar la decisión del gobierno francés que nos ata los pies y las manos frente a la agresión fascista.” “Sobra a nuestro pueblo heroísmo, pero el heroísmo no basta. A las armas de los rebeldes hay que poder oponer fusiles, aviones, cañones. Defendemos la causa de la libertad y de la paz. Necesitamos aviones y cañones para nuestra lucha, para defender nuestra vida, nuestra libertad, para impedir que los sublevados ataquen nuestras ciudades abiertas, asesinen a nuestras mujeres y a nuestros niños. ¡Necesitamos armas para defender la libertad y la paz!” Mensaje de despedida a los voluntarios de las Brigadas Internacionales “!Madres!! Mujeres! Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando; cuando el recuerdo de los días dolorosos y sangrientos se esfumen en un presente de libertad, de paz y de bienestar; cuando los rencores se vayan atenuando y
17 el orgullo de la patria libre sea igualmente sentido por todos los españoles, hablad a vuestros hijos; habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales.” Contadles cómo, atravesando mares y montañas, salvando fronteras erizadas de bayonetas, vigilados por perros rabiosos que ansiaban clavar en ellos sus dientes, llegaron a nuestra patria como cruzados de la libertad, a luchar y a morir por la libertad y la independencia de España, amenazadas por el fascismo alemán e italiano. Lo abandonaron todo: cariño, patria, hogar, fortuna, madre, mujer, hermanos, hijos y vinieron a nosotros a decirnos: !aquí estamos!, vuestra causa, la causa de España, es nuestra misma causa, es la causa común de toda la humanidad avanzada y progresiva.” Discurso en Cortes el 16 de junio de 1936 “Y todos estos actos que en España se realizaban durante la etapa que certeramente se ha denominado del «bienio negro» se llevaban a cabo, ¡Sr. Gil Robles!, no sólo apoyándose en la fuerza pública, en el aparato coercitivo del Estado, sino buscando en los bajos estratos, en los bajos fondos que toda sociedad capitalista tiene en su seno, hombres desplazados, cruz del proletariado, a los que dándoles facilidades para la vida, entregándoles una pistola y la inmunidad para poder matar, asesinaban a los trabajadores que se distinguían en la lucha y también a hombres de izquierda: Canales, socialista; Joaquín de Grado, Juanita Rico, Manuel Andrés y tantos otros, cayeron víctimas de estas hordas de pistoleros, dirigidas, ¡Sr. Calvo Sotelo!, por una señorita, cuyo nombre, al pronunciarlo, causa odio a los trabajadores españoles por lo que ha significado de ruina y de vergüenza para España y por señoritos cretinos que añoran las victorias y las glorias sangrientas de Hitler o Musolini.” “Fueron, ¡señor Gil Robles!, tan miserables los hombres encargados de aplastar el movimiento, y llegaron a extremos de ferocidad tan terribles, que no son conocidos en la historia de la represión en ningún país. Millares de hombres encarcelados y torturados; hombres con los testículos extirpados; mujeres colgadas del trimotor por negarse a denunciar a sus deudos; niños fusilados; madres enloquecidas al ver torturar a sus hijos; Carbayín; San Esteban de las Cruces; Villafría; La Cabaña; San Pedro de los Arcos; Luis de Sirval. Centenares y millares de hombres torturados
18 dan fe de la justicia que saben hacer los hombres de derechas, los hombres que se llaman católicos y cristianos. Cultivasteis la mentira; pero la mentira horrenda, la mentira infame; cultivasteis la mentira de las violaciones de San Lázaro; cultivasteis la mentira de los niños con los ojos saltados; cultivasteis la mentira de la carne de cura vendida a peso; cultivasteis la mentira de los guardias de Asalto quemados vivos. Pero estas mentiras tan diferentes, tan horrendas todas, convergían a un mismo fin: el de hacer odiosa a todas las clases sociales de España la insurrección asturiana, aquella insurrección que, a pesar de algunos excesos lógicos, naturales en un movimiento revolucionario de tal envergadura, fue demasiado romántico, porque perdonó la vida a sus más acerbos enemigos, a aquellos que después no tuvieron la nobleza de recordar la grandeza de alma que con ellos se había demostrado.” “Voy a separar los cuatro motivos fundamentales de estas mentiras que, como decía antes, convergían en el mismo fin. La mentira de las violaciones, a pesar de que vosotros sabíais que no eran ciertas, porque las muchachas que vosotros dabais como muertas, y violadas antes de ser muertas por los revolucionarios, ellas mismas os volcaban a la cara vuestra infamia diciendo: «Estamos vivas, y los revolucionarios no tuvieron para nosotras más que atenciones.» ¡Ah!, pero esta mentira tenía un fin; esta mentira de las violaciones, extendida por vuestra Prensa cuando a la Prensa de izquierdas se la hacía enmudecer, tendía a que el espíritu caballeroso de los hombres españoles se pronunciase en contra de la barbarie revolucionaria. Pero necesitabais más; necesitabais que las mujeres mostrasen su odio a la revolución; necesitabais exaltar ese sentimiento maternal, ese sentimiento de afecto de las madres para los niños, y lanzasteis y explotasteis el bulo de los niños con los ojos saltados. Yo os he de decir que los revolucionarios hubieron, de la misma manera que los heroicos comunalistas de París, siguiendo su ejemplo, de proteger a los niños de la Guardia Civil, de esperar a que los niños y las mujeres saliesen de los cuarteles para luchar contra los hombres como luchan los bravos: con armas inferiores, pero guiados por un ideal, cosa que vosotros no habéis sabido hacer nunca. La mentira de la carne de cura vendida al peso. Vosotros sabéis bien --nosotros tampoco lo desconocemos-- el sentimiento religioso que vive en amplias capas del pueblo español, y vosotros queríais con vuestras mentira infame ahogar todo lo que de
19 misericordioso, todo lo que de conmiseración pudiera haber en el sentimiento de estos hombres y de estas mujeres que tienen ideas religiosas hacia los revolucionarios.” La valoración que podríamos realizar sobre el conjunto de los discursos políticos de Pasionaria es su apelación directa y específica a las mujeres, que hasta este momento histórico no solo no son sujeto político, sino que tan siquiera merecen ser contempladas como objeto de las preocupaciones de las diversas fuerzas políticas. Pasionaria en todos sus discursos tiene siempre en consideración a las mujeres. La líder comunista se dirige a ellas, las arenga, les pide su compromiso y su acción y las contempla como sufrientes de las consecuencias de la acción política de los hombres. Evidentemente esto constituye una novedad. La propia voluntad de incorporación de las mujeres a la acción política se trasluce de forma evidente en la mención diferenciada en mítines y discursos de éstas. Pasionaria parece siempre consciente de la importancia que la participación de las mujeres puede suponer para las izquierdas primero, y después de iniciada la guerra, para la causa de la República, pero la aborda desde unos presupuestos ideológicos de corte claramente patriarcal. Junto con el contundente “mujeres” aparece continuamente, muchas veces en la misma frase el “madres”. Es en esta dimensión, en la de madres, donde parece esencializarse la razón de la necesidad del compromiso político femenino. Una y otra vez se apela a la condición de madres de las mujeres para subrayar su necesaria implicación política para la defensa de los hijos, de su presente y de su futuro. La legitimación pues de la incorporación de las mujeres al ámbito de lo público se encuentra en el núcleo de su dedicación a lo privado, en la centralidad de su dedicación a las tareas reproductivas, en su rol de madres. La inclusión de las mujeres en el discurso político se hace pues de forma que no altere los roles tradicionales ni tampoco el status subordinado de éstas. La otra referencia frecuente es a la condición de compañeras de los hombres. “Compañeras” en la doble dimensión de esposas y coparticipes en la lucha política. La faceta de compañeras que podría ser entendida de forma igualitaria se formula siempre de manera subordinada, como apoyo y sostén de sus hombres. No se contempla a las mujeres como sujetos autónomos y suficientes sino una vez más supeditados a la acción política masculina. Podríamos pues afirmar que, aunque Dolores Ibárruri constituya una excepción notable en el panorama político de la II República, en la imagen pública que quiso
20 proyectar de sí misma y en el propio contenido de sus discursos, se adecua al discurso de género dominante que asigna valores y fija roles subordinados a las mujeres. 5. Bibliografía • Berger, P. y Luckmann, T. (1979). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu. • Blanco García, A. I. (1997). Mujer, violencia y medios de comunicación. León: Universidad de León. • Bordieu, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona: Anagrama. • Engels, F. (1999). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Barcelona: Debarris. • Hobsbawm, E. J. (1987). El mundo del trabajo. Estudios históricos sobre la evolución de la clase obrera. Barcelona: Crítica. • Kollontai, A. (1982). Mujer, historia y sociedad. Sobre la liberación de la mujer. Barcelona: Fontamara. • Mangini, S. (1997). Recuerdos de la Resistencia. La voz de las mujeres en la Guerra Civil española. Barcelona: Península. • Marx, K. (1972). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Borrador 1857-1858). Madrid: Siglo XXI. • Nash, M. (1989). Las mujeres en la Guerra Civil. Madrid: Taurus. • Núñez Pérez, M. G. (1989). Trabajadoras en la Segunda República. Madrid: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. • Radl Philipp, R. Mª. (1996). Mujeres e institución universitaria en Occidente. Santiago de Compostela: Universidade de Santiago de Compostela. • Subirats, M. (1983). La educación femenina: la emergencia de la escuela separada en España. Barcelona: Universidad Autónoma de Barcelona. • Vázquez Montalbán, M. (1995). Pasionaria y los 7 enanitos. Barcelona: Planeta. • Zetkin, C. (1976). La cuestión femenina y la lucha contra el reformismo. Barcelona: Anagrama. Forma de contacto Correo Postal: C/ Miguel Moreno Massón, nº 6, 1º 4. C.P. 29007 MÁLAGA Correo Electrónico: [email protected]