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Sobre la copelación de la plata en el mundo tartésico

Izquierdo de Montes, Rocío

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SOBRE LA COPELACIÓN DE LA PLATA EN EL MUNDO TARTÉSICO por ROCÍO IZQUIERDO DE MONTES RESUMEN El registro arqueológico parece apuntar a que la plata tartésica fue obtenida por copelación. En este trabajo estudiaremos dicha técnica metalúrgica: el proceso productivo, los talleres y el origen de la copelación en el Suroeste hispano. ABSTRACT Archaeological record provides evidence to support that tartesic silver was obtained by cupellation. The purpouse of this paper is the study of that metallurgical technique: the process, the workshops and its historical origin in south-west Spain. INTRODUCCIÓN "Estando provista dicha región (La Turdetania) con tantos productos se debe elogiar y admirar no menos, sino más, la abundancia de sus metales. Porque todo el país de los Iberos está lleno de ellos, mientras no todo es tan fértil y rico, y menos la región rica en metales. Sucede raras veces que una región sea rica en ambos productos, y también es raro que la misma región en poco espacio sea rica en varios metales. En cuanto a la riqueza de sus metales no es posible exagerare! elogio de la Turdetania y de la región lindante. Porque en ninguna parte del Mundo se ha encontrado hasta hoy ni oro, ni plata, ni cobre, ni hierro en tal cantidad y calidad. ... "(Estrabón III, 2, 8) 1. La riqueza metalífera de Tartessos fue de sobras conocida en el mundo antiguo. Las fuentes clásicas así lo reflejan. Para los escritores grecorromanos referirse a Tartessos significaba hablar de metales, y muy especialmente de plata. Mitos, leyendas y topónimos aluden a su excelencia argentífera, encontrándonos un Mons Argentarius (Avieno 291), un rey de nombre Gerión que nació frente a Erytheia, junto al río Tartessos, de raíces argénteas (Estesícoro en Estrabón 111, 2, 11), etc. Los textos también cuentan que fenicios (Diodoro V, 35,4-5) y griegos (Heródoto IV, 152; I, 163) cruzaron con sus naves el Mediterráneo en busca 1. Traducción de A. Schulten (1952: 98). SPAL 6(1997): 87-101 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06 88  ROCÍO IZQUIERDO DE MONTES de la plata de Tartessos. Una vez producido el ocaso de dicha cultura y pasado ya mucho tiempo, como indica el texto que abre el presente trabajo, sigue siendo bien apreciada la riqueza metalífera de la Turdetania, territorio que tiempo atrás fue el de Tartessos. El importante papel que jugó la metalurgia de la plata en la economía tartésica no ha pasado desapercibido desde la investigación arqueológica. Durante un tiempo se aludió a ella a partir de lo que plasmaban las fuentes, sin entrar de lleno en cuestiones de minería y técnicas metalúrgicas. La puesta en valor de las minas de Riotinto en el siglo XIX sacó a la luz muchos vestigios de minería y metalurgia antiguas, restos aprovechados por geólogos y eruditos de la zona para el comienzo de la investigación sobre dichos temas con la catalogación de minas y yacimientos (Rua Figueroa 1859; Gonzalo y Tarín 1886-1888). Aparte de algunas intervenciones arqueológicas puntuales en yacimientos del área de Riotinto, el verdadero inicio de una investigación sistemática sobre el tema va de la mano de A. Blanco y B. Rothenberg (1981), quienes a partir del Proyecto Arqueometalúrgico de Huelva estudiaron la geología de la provincia, y con base en los materiales arqueológicos fueron localizando las minas y los poblados o centros metalúrgicos de la Antigüedad. Así quedaron sentadas las bases del trabajo que se ha venido desarrollando en las últimas décadas. A las primeras excavaciones en el área minera de Riotinto (Blanco y Luzón 1969; Blanco y otros 1969 y 1970) ha venido a sumarse durante los arios ochenta una importante labor de campo, que ha permitido ampliar y matizar los conocimientos que sobre minería y metalurgia antiguas se tenían. Se conocen otras áreas mineras que, junto a Riotinto, también fueron exploradas en busca de plata, además de haberse localizado yacimientos en los que se beneficiaba el metal argénteo. El volumen de información recopilado permitió enfocar la investigación hacia cuestiones de tecnología metalúrgica, es decir, alas técnicas aplicadas para obtener el metal noble. Todo parece apuntar a que la plata tartésica es resultado de la copelación, problema que ha dado lugar a una amplísima bibliografía según se verá a lo largo del presente artículo. Conocidos los focos mineros, los poblados o centros de actividad metalúrgica y la técnica aplicada para beneficiar la plata, actualmente la problemática está centrada en parte en el origen de la copelación. Nuevamente vuelven a confrontarse las posiciones que defienden la autoctonía de dicha técnica (Blanco y Rothenberg 1981; Pérez Macías 1995) y las que sostienen que la copelación, técnica desconocida en el Tartessos precolonial, fue introducida por los fenicios en el Suroeste peninsular (Ruiz Mata 1989; Fernández Jurado 1995). Dos cuestiones previas deben ser aclaradas antes de precisar los problemas concernientes al origen de dicha técnica: el marco geográfico y los límites cronológicos. El área metalúrgica de Tartessos en sentido estricto se limita al Cinturón Ibérico de Piritas de la Sierra Morena occidental. El contexto cronológico se refiere exclusivamente al Hierro Antiguo, época en que se fechan todos los testimonios arqueológicos tradicionalmente relacionados con la copelación durante la época tartésica. Con relación a este último problema, debemos advertir en este apartado introductorio que nuestras referencias cronológicas se refieren siempre a fechas sin calibrar, tradicionalmente obtenidas a partir de la tipología de los materiales arqueológicos. Hoy, la calibración de las dataciones radiocarbónicas tendería a remontar al menos en un siglo las fechas absolutas aquí propuestas, pero no cambiaría en nada los resultados de nuestra investigación, ya que a una subida general de las fechas finales de la Edad del Bronce (Ruiz-Gálvez 1995; Castro y otros 1996: 208-209) correspondería una paralela elevación de la cronología inicial de la colonización fenicia. El tema permanece aún abierto para la investigación, y no quedará resuelto al menos mientras no se precisen en mayor medida los procesos técnicos utilizados en la copelación de la plata, así como las referencias cronológicas y culturales en que éstos estaban inmersos. SPAL 6 (1997) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06 SOBRE LA COPELACIÓN DE LA PLATA EN EL MUNDO TARTÉSICO  89 DE COPELACIÓN Y COPELAS TARTÉSICAS El Cinturón Ibérico de Piritas, franja arqueada de 250 x 35 Km, se extiende por el Suroeste peninsular desde la zona occidental de Sevilla hasta bien entrado Portugal. Se conforma así un área minera con menas complejas formadas por agrupaciones de minerales, entre los que figuran el hierro, el cobre, la plata y el oro, todos ellos explotados desde la Antigüedad (Jones 1981: 31). El mineral extraído hoy tiene leyes de 40 gr/Tm de plata y 2,5 gr/Tm de oro, pero en tiempos protohistóricos se procesaron materiales con una relación más alta (Fernández Jurado 1993: 140). Si durante un tiempo el foco de Riotinto se consideró el gran centro minero tartésico —protagonismo indiscutible—, el mayor volumen de datos arqueológicos y el análisis de muestras de mineral y escorias de fundición han puesto de manifiesto que hay más de un foco minero en funcionamiento. Así, se valorará también la importancia del núcleo de Aznalcóllar (Sevilla) y del Andévalo occidental (Huelva), y, pendientes de investigar, el de los criaderos de Guadalcanal y Cazalla de la Sierra (Sevilla) y de Plasenzuela y La Motilla (Cáceres) como posibles suministradores de mineral a los centros metalúrgicos tartésicos (Fernández Jurado 1988-89: 210; Rovira 1995: 484). El mineral extraído era llevado a las áreas de trabajo del metal. El estudio analítico de escorias procedentes de yacimientos tartésicos pone de manifiesto que el beneficio de la plata podía llevarse a cabo tanto en los focos mineros como en puntos más alejados de éstos. Para Fernández Jurado (1993: 140-142) es determinante la necesidad de combustible, ya que las zonas de minas son deficitarias en arbolado; por otro lado, este traslado abarata los costes de producción, ya que, al ser el propio centro metalúrgico el punto comercial, se ahorran gastos en portes. De otra manera, sería necesario acarrear combustible a la zona de minas, y después, una vez beneficiada la plata, habría que transportarla con un importante y caro dispositivo de seguridad. La Técnica Aun con algunos pormenores necesitados de mayor precisión según han señalado algunos autores (Pérez Macías 1991: 105; Rovira 1995: 486), la definición más explícita del proceso de copelación de la plata en época tartésica la ha dado Fernández Jurado (1993: 146). Constaba de dos fases: la fusión y la copelación propiamente dicha. La fusión consistía en colocar el mineral molido junto con el fundente y someterlos a la acción del fuego. Así resultaban dos productos: la escoria y el régulo. Este último constituía en realidad un conjunto de plomo, plata y oro, con restos de otros elementos. En este primer paso el plomo actúa como captador de metales nobles. Con el proceso de copelación posterior, el régulo se colocaba en una copela y se exponía a la acción del fuego para dejar libre los metales nobles. El plomo quedaba liberado a la atmósfera y adherido en forma de litargirio (óxido de plomo) a las paredes del cuenco usado como copela. Las técnicas que intervenían en el proceso necesitaban una infraestructura determinada, de la que formaban parte tanto utensilios específicos como dependencias concretas. En Tejada la Vieja (Escacena del Campo), en una zona del yacimiento próxima a la muralla, se excavaron unas estancias de piedra que conformaban un espacio rectangular. La abundancia de restos de actividad metalúrgica de las inmediaciones llevó a interpretarlas como un "lavadero de mineral". La anchura de los muros hacía descartar su uso como abrevadero de animales, haciendo de aquel espacio un lugar destinado al preparado del mineral previamente a su fundición (Fernández Jurado 1987: 112, fig. 26). SPAL 6 (1997) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06 90  ROCÍO IZQUIERDO DE MONTES El mineral extraído para beneficiar plata era el gossan en el caso del procedente del área de Aznalcóllar (Ruiz Mata y Fernández Jurado 1986: 267-268), y la jarosita argentífera ene! de Riotinto (Hunt 1988: 147). Como fundente se utilizó sílice (Blanco y otros 1969: 157). En las excavaciones en las que se han detectado áreas de trabajo metalúrgico se han constatado varios tipos de hornos que se destinaron a la fusión del mineral de plata. En el casco urbano de Huelva, concretamente en la excavación practicada en el solar n°6 de la calle Puerto, aparecieron dos hornos de fundición, si bien sólo uno de ellos pudo excavarse por completo. Éste presentaba planta circular de 1,50 m de diámetro interior, circundando su perímetro un anillo de cantos de río, bloques calizos y algunas lajas de pizarra que conformaban su base. La estructura estaba ligeramente basculada al Suroeste, aprovechando la dirección de los vientos dominantes en Huelva. Con esta inclinación, el poyete en el que se recogía el metal fundido se encontraba a una cota inferior a la del resto del horno, el cual se cargaba con capas alternas de mineral con el fundente y combustible, recubriéndose toda la estructura con una cúpula en la que se dejaba un orificio a modo de respiradero. Esta cubierta era desmontada cada vez que finalizaba la hornada. Las toberas se colocaban en cualquier parte del horno, siempre y cuando no fuese en el lado respetado para descarga de la masa fundida (Fernández Jurado 1988-89: 183-185). La viabilidad de estos hornos ha sido cuestionada por Rovira (1995: 485), para quien el diámetro interior de la estructura sería demasiado ancho como para estar ocupado en su totalidad por la cámara de fundición, lo que impediría alcanzar y mantener una temperatura de 1.100°C, que es la indicada para fundir la carga. Tampoco la cubierta podría ser semicircular, resultando más factible una cilíndrica como corresponde a un horno de chimenea, el adecuado para fundir de manera correcta minerales de este tipo. Un segundo modelo de horno es el encontrado en la excavación de San Bartolomé de Almonte (Huelva). Consiste en una estructura de tendencia circular excavada en el terreno natural con diámetros diversos. En algún caso (fondo XV) se revoca con arcilla la base, mientras que en otro (fondo 1.1) se recogieron restos de adobe que posiblemente formaban parte de la cubierta del horno, en el caso de que fuese cubierto, o quizás de un murete que protegía a los operarios durante el proceso de fundición, siempre y cuando el horno no se cubriese (Ruiz Mata y Fernández Jurado 1986: 259). También se ha cuestionado la función como hornos de estas estructuras, porque no cumplirían los requisitos básicos -tamaño y diseño adecuadosy porque los rellenos que colmatan dichas estructuras consisten en escorias, cenizas y otros materiales relacionados con la metalurgia, pero también con otras funciones ajenas a dicha labor, por lo que podría tratarse de simples basureros (Rovira 1995: 485). En el Cerro Salomón (Riotinto) no se detectó ningún horno, pero en el interior de las viviendas solían aparecer restos de carbón, cenizas y escorias junto a hogares, de ahí que se propusieran como hornos unos hoyos abiertos en el suelo con unos 70 cm de diámetro y las paredes revocadas de arcilla. El horno se cargaba con el mineral, el fundente y el combustible. La carga fundida y enfriada se recogía del fondo de la estructura (Blanco y Luzón 1969: 129; Blanco y otros 1969: 157, fig. 36). Los hornos del Cerro Salomón son parecidos a los de San Bartolomé salvo ene! tamaño, lo que no invalida la función como hornos de las estructuras almonteñas si consideramos las cantidades de metal a beneficiar en cada caso. El tamaño debe de estar relacionado con la cantidad de carga a fundir, con lo que resulta más necesario el equilibrio de proporciones que las medidas absolutas de la estructura. En cualquier caso, un horno arruinado puede ser también usado como basurero, dando así otra explicación posible a los materiales no relacionados con la metalurgia que contenían las estructuras de San Bartolomé. En el interior del horno se ha de mantener una temperatura constante para fundir el mineral. Esto se consigue mediante el aire que insuflan las toberas a partir de la acción de un fuelle (Fernández Jurado y Ruiz Mata 1985: 28). Consisten éstas en unos tubos de arcilla de sección circular y forma generalmente de cuerno, aunque también las hay de doble tubo como las procedentes del Cerro S alomón, que coinciden con las de Toscanos y Castillo de Doña Blanca, toberas éstas de origen fenicio (Ruiz Mata 1989: 237). SPAL 6 (1997) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06 SOBRE LA COPELACIÓN DE LA PLATA EN EL MUNDO TARTÉSICO  91 En Huelva y Tejada la Vieja se asocia la aparición de toberas con la de unos ladrillos de sección triangular que posiblemente se usaron para calzar aquéllas en la boca del horno (Fernández Jurado 1988-89: 159, lám. LXXII, 24). Al fundirse el mineral y pasar a estado líquido para después enfriarse y solidificarse, las toberas presentan su superficie exterior escorificada y con irisaciones amarillentas producto de la oxidación del plomo (Blanco y otros 1969: 157; Pérez Macías 1991: 102). El resultado final de la fusión es la obtención de un régulo de plomo argentífero, ya que en esta parte del proceso el plomo actúa como captador de metales nobles (la plata y el oro). Según se ve, el plomo es un elemento fundamental para la buena consecución del beneficio de la plata. Si el mineral extraído de la mina presenta plomo en su composición es perfectamente viable comenzar la fusión, pero si no lo contiene, será necesario añadírselo entre los "ingredientes" que participan en la primera parte de la copelación de la plata. En yacimientos como San Bartolomé de Almonte y Huelva se ha encontrado plomo metálico que posiblemente se añadió a la carga en el proceso de fusión (Ruiz Mata y Fernández Jurado 1986: 257; Fernández Jurado 1988-89: 191). Pocos régulos de plomo argentífero se han encontrado en yacimientos tartésicos. Entre ellos dos muestras procedentes de Peñalosa (Escacena del Campo) publicadas por Fernández Jurado (1993: 165) pueden considerarse por su contenido de 0,9 % de plata (9.000 gr/Tm) como tales (Rovira 1995: 486). En el proceso de copelación propiamente dicho, el régulo de plomo argentífero se deposita en una copela y se somete a la acción del fuego para liberar del régulo todo contenido plúmbeo. Como antes señalamos, parte de éste pasa al aire en forma de óxido y otra queda adherida al fondo de la copela. Aunque se ha escrito mucho sobre copelación y copelas tartésicas, en la práctica pocas de estas últimas piezas se han encontrado. Se han propuesto varios tipos: — Basándose en técnicas referidas por un orfebre del siglo XVI y por las que actualmente se siguen en laboratorio, un tipo de copela se prepararía con huesos quemados y triturados mezclados con cal y agua. La amalgama se introduce en pequeños moldes, se aprieta y deja secar para, finalmente, romper el molde y sacar la copela. La aparición de unas piezas de cerámica con sus paredes perforadas y pequeño tamaño asociadas a restos de actividad metalúrgica, ha llevado a interpretar esos "coladores" como moldes de copelas. La ausencia de restos óseos en yacimientos como San Bartolomé, poblado metalúrgico, hace suponer que los huesos se aprovecharon para la preparación de las copelas (Ruiz Mata y Fernández Jurado 1986: 256-259, lám. LXIX, 967 y 970). El hecho de que no se haya encontrado hasta este momento resto alguno de las copelas de huesos y cal, hace que se considere esta interpretación una mera hipótesis de trabajo. Las aparición de fragmentos de vasijas con escorias adheridas en contextos metalúrgicos, parece responder a que se usaban también como copelas recipientes abiertos de cerámica en los que se depositaba el régulo de plomo argentífero y se sometía a la acción del fuego. Finalmente, queda parte del plomo liberado junto a otros elementos adheridos en el fondo del tiesto. Éstas sí que parecen ser los recipientes usados en la obtención de plata. Están presentes en yacimientos metalúrgicos como San Bartolomé (Ruiz Mata y Fernández Jurado 1986: 257) y Tejada la Vieja (Fernández Jurado 1987: 130, lám. XCII, 11). En la excavación del solar n°9 de la calle Puerto (Huelva) (nivel IIb) se encontró un fragmento de cazoleta muy pesada con restos de arcilla quemada en su exterior. Tal vez se trate de una copela por su alto contenido en plomo (37,02 %) (Fernández Jurado 1988-89: 191). Otro fragmento cerámico con plomo adherido en su cara interna procede de una cabaña de La Puebla del Río, en la provincia de Sevilla (Escacena y Henares e.p.). En el yacimiento de Monte Romero (Almonaster la Real) se recogieron doce copelas casi completas. Consisten en unos vasos de cerámica en forma parabólica con el borde engrosado. El interior presenta adheridas varias capas de plomo. Algunas piezas absorbieron tanto plomo que casi puede considerarse éste su elemento base (Pérez Macías 1991: 103, fig. 3). SPAL 6(1997) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06 92  ROCÍO IZQUIERDO DE MONTES Los hornos de copelación son mal conocidos. Parece que consistieron en simples hogares al modo de las fraguas de herrero, en los que se depositaban las copelas, con el régulo en su interior, y se sometían ala acción del fuego (Rovira 1995: 486). En este trabajo también eran necesarias toberas que mantuviesen la temperatura adecuada para la fusión del plomo. Su forma no difiere de la que presentaban los hornos de fundición, pero en este caso la cara exterior no tiene escoria alguna sino la superficie quemada por el fuego (Pérez Macías 1991: 104). El plomo resultante de la copelación queda en forma de litargirio. En Monte Romero se detectaron las rebabas de este óxido de plomo resultante de la copelación (Pérez Macías 1991: 104). El análisis por Difracción de Rayos X al que ha sido sometido un fragmento de copela procedente de la excavación en C/ Puerto 9 de Huelva, también ha identificado litargirio entre los elementos que lo conforman (Hunt 1995: 452, fig. 2). Centros metalúrgicos Desde las primeras excavaciones en el Cerro Salomón (Riotinto) a finales de los arios sesenta (Blanco y otros 1969 y 1970), han venido a sumarse otras muchas que han permitido ampliar enormemente los conocimientos que sobre metalurgia de la plata se tenían. En este apartado expondremos aquellos yacimientos en los que hay evidencias de haberse copelado plata, ya sea con fusión o sin ella, y dejamos sin tratar aquellos otros en los que se llevó a cabo únicamente el proceso de fusión. Tampoco incluiremos los sitios en los que la actividad metalúrgica se conozca a partir de prospecciones, ya que el objetivo que perseguimos es el de situar la copelación no sólo en el espacio, sino también en el tiempo, y para ello es fundamental que los datos estén bien contextualizados. De Norte a Sur los yacimientos son los que siguen: 1.Monte Romero (Almonaster la Real, Huelva). Este yacimiento fue localizado durante las labores de exploración del Proyecto Arqueometalúrgico de Huelva, y se asoció, por sus escorias y materiales arqueológicos, a dos épocas y metalurgias bien distintas, una del cobre durante el Calcolítico y otra de la plata durante el Período Orientalizante (Blanco y Rothenberg 1981: 84-85). Las excavaciones practicadas durante los arios ochenta desdicen aquella primera interpretación, ya que se trataría de un lugar de trabajo metalúrgico fechable sólo en el segundo momento, que recoge todo el proceso de copelación de la plata, desde la tostación del mineral como paso previo a su fusión hasta la copelación, con la recogida de doce copelas con cantidades importantes de plomo absorbido y rebabas de litargirio. Los materiales arqueológicos del contexto en que se datan los trabajos metalúrgicos consisten en vasos con decoración de impresiones digitales, recipientes con forma de cono invertido, ánforas de saco fenicias y un cuenco de cerámica gris. A partir de éstos se fecha el yacimiento entre mediados del siglo VII y principios del VI a.C. (Rothenberg y otros 1986: 1-4; Pérez Macías 1991: 102-107). 2. Riotinto (Huelva). En el sector de la Corta del Lago, Blanco y Rothenberg (1981: 104-107) señalan la presencia de "fragmentos de hornos", escoria de plata y crisoles. Las escorias se documentaron en niveles atribuidos por los excavadores al Bronce Final prefenicio; no obstante, F. Amores (1988: 742-748), a quien se le encargó el estudio de los materiales arqueológicos, ha indicado posteriormente que su informe preliminar fue erróneo debido a que no contó con toda la documentación de las excavaciones, y que el estrato inferior contenía de hecho ánforas fenicias. Por tanto, la cronología más antigua de este yacimiento no puede ser remontada de momento a tiempos anteriores a la colonización fenicia. En Cerro Salomón, la existencia de copelación se deduce de las escorias con alto contenido argénteo y de las gotas de plomo derretido que aparecen en el interior de las viviendas. Asimismo, la presencia de SPAL 6(1997) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06 SOBRE LA COPELACIÓN DE LA PLATA EN EL MUNDO TARTÉSICO  93 altas concentraciones de ceniza, de carbón y de huesos quemados, entre otros testimonios, denota la posible presencia de hornos. La cultura material que acompaña a las evidencias de metalurgia consisten en ánforas de saco, lucernas de uno o dos picos, ampollas, etc., que fechan aquellos trabajos durante los siglos VIII y VII a.C. (Blanco y Luzón 1969: 126-130; Blanco y otros 1970: 13-14). 3. Tejada la Vieja (Escacena del Campo, Huelva). El yacimiento fue excavado primeramente dentro del Proyecto Arqueometalúrgico de Huelva (Blanco y Rothenberg 1981: 229-282) y después por el equipo de J. Fernández Jurado (1987). Este último investigador ha sugerido la existencia de una producción doméstica de la plata no orientada a fines industriales o comerciales. Las escorias, toberas, "coladores" y cerámicas con escorias adheridas son pruebas suficientes de copelación de la plata (Fernández Jurado 1987: 126-137). Parece que Tejada actuó como centro redistribuidor del mineral extraído en el área de Aznalcóllar, más que como lugar en el que la actividad fundamental fuese la metalurgia. El sitio se ocupa por primera vez a finales del siglo VIII a.C., por lo que carece de asentamiento indígena precolonial (Fernández Jurado 1987: 153-169). 4. Perialosa (Escacena del Campo, Huelva). Poblado abierto de cabañas a 4 Km de Tejada. Se constata metalurgia de la plata a partir de las escorias, toberas, "coladores" y cerámicas con escorias adheridas que aparecen en la mayoría de las estructuras excavadas. El inicio de las actividades metalúrgicas coincide con la aparición de cerámica a torno -concretamente un cuenco de barniz rojo-, lo que lleva a fechar ese momento hacia el 750 a.C., poco antes de la fundación de Tejada, que es justamente cuando se abandona Peñalosa (Fernández Jurado y otros 1990: 188-189). 5. Niebla. Los datos sobre metalurgia de plata proceden de la zona de la Puerta de Sevilla. Consisten en escorias y fragmentos de "crisoles". Dichos elementos se recuperaron en el estrato inferior, que se fecha en el siglo VII a.C. (Belén y Escacena 1990: 229 y 234). Pingel (1975: fig. 6:17) había recogido ya en el "Desembarcadero", junto al río Tinto, un fragmento de "colador" de cerámica a mano. 6. San Bartolomé (Almonte, Huelva). Poblado abierto formado por estructuras excavadas en la roca natural y que se reparten por el espacio dispuestas en grupos. La metalurgia de la plata queda constatada por los hornos, toberas, escorias, "coladores", cerámicas con escorias adheridas, plomo metálico y bloques de caliza que se usaron como fundente, evidencias que remiten tanto a la fusión como a la copelación (Ruiz Mata y Fernández Jurado 1986: 256-259). Las actividades metalúrgicas están presentes sólo en las estructuras que contienen cerámica a torno, por lo que deben fecharse en época colonial, en concreto no antes de mediados del siglo VIII a.C. según han sugerido los excavadores (Ruiz Mata y Fernández Jurado 1986: 257). 7. Huelva. Las excavaciones que en los últimos arios se han venido realizando en su casco antiguo, han sacado a la luz una ciudad en la que su actividad económica fundamental en época tartésica era la metalurgia de la plata. Avales suficientes resultan las escorias, restos de mineral, hornos de fundición, toberas, "coladores", cerámicas con escorias adheridas y fragmentos de plomo metálico que aparecen en el transcurso de los trabajos arqueológicos (Fernández Jurado 1988-89: 113-193). Sobre el inicio de la metalurgia de la plata debemos apuntar que coincide con el comienzo de la presencia fenicia a mediados del siglo VIII a.C. (Fernández Jurado 1988-89: 292). 8. Cerro de la Albina (La Puebla del Río, Sevilla). En las proximidades de la orilla del golfo tartésico que citan las fuentes antiguas, se excavó un fondo de cabaña en el que se detectaron materiales para la extracción de plata, como "coladores" y un fragmento de copela con óxido de plomo adherido en su cara SPAL 6(1997) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06 94  ROCÍO IZQUIERDO DE MONTES interna. Estos trabajos se fechan durante el siglo VII a.C. por los útiles de hierro, un ánfora y un fragmento de un plato de barniz rojo fenicios que pertenecen al momento de ocupación de la cabaña (Escacena y Henares e.p.) 2. 9. Campillo (El Puerto de Santa María, Cádiz). En la cabaña n° 1 de este yacimiento aparecieron abundantes escorias y coladores de cerámica—alguno como los de San Bartolomé de Almonte—, si bienios autores de la excavación no dejan clara la existencia de actividades metalúrgicas (López Amador y otros 1996: 62-63, 68, 74, etc.). Aunque su cronología ha sido llevada hasta el siglo X a.C. en fechas no calibradas, la existencia de cerámica a torno y de un cuchillo de hierro desde la base de la estratigrafía interna del fondo de cabaña, aconseja datar la estructura y las actividades en ella constatadas ya en época colonial. De hecho, Ruiz Mata (1994: 298-299) ha señalado que los paralelos tipológicos de la cerámica a torno de Campillo se encuentran en niveles del siglo VIII a.C. del asentamiento fenicio de Doña Blanca. EL ORIGEN DE LA COPELACIÓN DE LA PLATA EN EL TERRITORIO DE TARTESSOS Que el Suroeste ibérico fue rico en metales, y que entre ellos figuraba la plata demandada por los fenicios, es algo de sobras demostrado. Pero esta afirmación genérica está necesitada de puntualizaciones acerca de cuándo dicho metal comenzó a explotarse y de la tecnología con que se recuperó. Para ambos aspectos la investigación está dividida entre quienes defienden procesos locales y quienes dan más importancia al impacto foráneo. Por una parte, y por lo que se refiere al Suroeste ibérico, se ha defendido un origen del uso de la plata y de la técnica de la copelación en el Bronce Medio local, de manera que habría continuidad desde esta fase hasta los tiempos tartésicos. Por otra, se ha propuesto la introducción de la copelación por parte de los fenicios a partir del siglo VIII a.C., afirmando paralelamente que la plata anterior no fue copelada. Los primeros metalurgistas de la plata Los trabajos de Blanco y Rothenberg (1981) en la provincia de Huelva marcaron durante un tiempo la trayectoria a seguir por la investigación arqueometalúrgica tartésica. Algunas de sus conclusiones han sido superadas porque, evidentemente, el volumen de trabajo que desde entonces se ha realizado ha permitido matizar o corregir aquellas primeras hipótesis. En cambio, otras siguen en pie e incluso se han reforzado con nuevos datos producto de la investigación actual. Respecto a la copelación de la plata, Blanco y Rothenberg (1981: 171) propusieron el conocimiento de dicha técnica metalúrgica con anterioridad al impacto oriental en el siglo VIII a.C. Para ellos, Tartessos constituía una cultura autóctona heredera de la megalítica y de la argárica, y los conocimientos en minería y metalurgia se remontarían hasta aquella primera. De hecho, hoy sabemos que el comienzo de la metalurgia de la plata tuvo lugar en época argárica. Dichos autores reconocieron una ausencia de testimonios que demostraran la existencia de trabajos mineros y metalúrgicos para aquellas fechas pretartésicas, aunque la riqueza en plata del foco de Riotinto no hubiera pasado desapercibida para los "mineros argáricos". Creyeron ver, tanto en la ubicación de la necrópolis de La Parrita (Nerva) como en la presencia de plata entre los ajuares funerarios de las cistas del Suroeste, señales claras del interés mostrado por las poblaciones de inicios del II milenio a.C. por la riqueza minera 2. Agradecemos a los autores de este informe el haber podido disponer del mismo para nuestro trabajo. Los datos están referidos a una intervención arqueológica de urgencia del equipo del Proyecto Estuario (Secuencia Cultural y Análisis del Pobla miento durante el Holoceno en la Antigua Desembocadura del Guadalquivir), del que forma parte la autora del presente artículo. Dicho proyecto, dirigido por J.L. Escacena, está aprobado y subvencionado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. SPAL 6(1997) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06 SOBRE LA COPELACIÓN DE LA PLATA EN EL MUNDO TARTÉSICO  95 de la región (Blanco y Rothenberg 1981:115). Dos factores influirían en la ausencia significativa de documentación: el pequeño volumen de extracción minera y producción metalúrgica típico de una fase de tanteos y ensayos, por un lado, y la destrucción de esas evidencias por remociones posteriores, por otro. Será en el Bronce Final, denominado Tardío por los autores, cuando se relance la producción argentífera en el foco minero de Riotinto. No en vano, en los niveles inferiores de la Corta del Lago las escorias de plata pondrían de manifiesto la pericia alcanzada por los metalúrgicos en la aplicación de una técnica tan complicada como la copelación. Así, al llegar los fenicios la metalurgia de la plata tartésica estaría en pleno funcionamiento y, según mostrarían las escorias de momentos supuestamente anteriores al impacto oriental con respecto a las del Período Orientalizante, no habría diferencia tecnológica alguna. La entrada en contacto entre tartesios y fenicios, vista de esa manera, no llevaría consigo novedad ni minera ni metalúrgica alguna. Los fenicios no serían grandes conocedores ni transmisores de dichas técnicas en tanto que en su país de procedencia faltarían las minas. Los fenicios serían exclusivamente navegantes, comerciantes y artesanos, pero no mineros ni metalúrgicos. No serían éstos los que introdujeron la técnica de la copelación de la plata en Tartessos (Blanco y Rothenberg 1981: 171-173). El testigo de aquellos trabajos ha sido recogido por J.A. Pérez Macías (1995), que ha reforzado aquella hipótesis con fuertes argumentos: se aplica la copelación como técnica para beneficiar minerales de plata antes de la llegada de los fenicios a suelo peninsular ibérico. Hay correcciones ala cronología y terminología de los trabajos de Blanco y Rothenberg, pero la sustancia es la misma. El inicio de la copelación de la plata se remontaría a plena Edad del Bronce (mediados del II milenio a.C.), en coincidencia con el horizonte de las cistas de Huelva. En ese momento comenzarían a aparecer objetos de plata entre los ajuares funerarios depositados en las cistas, a la vez que también se documentarían restos de trabajos metalúrgicos que evidenciarían la aplicación —eso sí, incipiente— de la copelación como técnica para la obtención de plata. La necrópolis de La Parrita (Nerva) y el poblado del Cerro de Tres Águilas (Minas de Riotinto) son las bazas fundamentales en las que se sostiene su argumentación. De la necrópolis proceden escorias con un alto contenido en plata (1.775 gr/Tm) y plomo (0,22 %), y una copela con adherencias metálicas en su interior con un alto porcentaje de plomo (Pb 613 ppm y Ag 273 ppm) aparecida en superficie en una zona con restos de carbón; tanto unas como otra evidenciarían metalurgia de plata, si bien en un estadio rudimentario como el que corresponde a los inicios del desarrollo que después en tiempos protohistóricos se alcanzará (Pérez Macías y Frías 1989: 13-14; Pérez Macías 1995: 431-432). En el Cerro de Tres Águilas, también fechado en el Bronce Pleno, se encontraron restos de gossan, escorias, copelas y moldes. Los resultados de la analítica no contradicen los de La Parrita, y se sostiene, por tanto, el inicio de la copelación de la plata en el Suroeste peninsular desde el Bronce Pleno (Pérez Macías 1995: 432-434). Ahora bien, como ya apuntaron Blanco y Rothenberg (1981: 170), faltan testimonios de actividad minera y metalúrgica en el tránsito del Bronce Pleno al Final y muy especialmente en el momento anterior al impacto fenicio. Para Pérez Macías (1995: 434-435) este vacío ha sido el que ha provocado que se les adjudicase a los fenicios el papel de introductores de la copelación de la plata en el Suroeste peninsular. Los fenicios habrían tenido referencia de la plata de Tartessos conocida en el Mediterráneo oriental desde época micénica, y comenzarían su empresa colonial durante el Bronce Final en busca de dicha producción argéntea, que alcanzaría niveles industriales en el Período Orientalizante. Pérez Macías defiende que la continuidad de la producción de plata por copelación desde el Bronce Pleno hasta época tartésica precolonial se apoyaría en el hecho de que las escorias de plata con alto contenido en plomo están presentes en los dos momentos. Éste sería "el mejor argumento a favor de la copelación como elemento fundamental para separarla (se refiere a la plata) de otros minerales" (Pérez Macías 1995: 435). S. Rovira (1995: 479-480) también sostiene que se copelaba plata con anterioridad a Época Orientalizante, pero los inicios de la aplicación de esa técnica no los remonta a mediados del II milenio a.C. Ciertamente hay piezas de plata en los ajuares de las tumbas del Bronce Pleno, pero ese metal no sería plata copelada, SPAL 6(1997) ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.1997.i6.06