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La crónica de la Feria de Abril

Alonso González, Marián

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------------------------------------------------------------------- Capítulo 10. Págs. 116 a 120--------- Capítulo 10 La crónica de la Feria de Abril * Mª. Ángeles Alonso González ** * Aportación al “Encuentro sobre Medios de Comunicación y Feria sevillana”. ** Periodista y profesora en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Doctora en Periodismo y miembro del Equipo de Investigación de Análisis y Técnica de la Información. Doctora en Periodismo. ablar del mes de abril en Sevilla es hacer alusión, de forma indiscutible, a su Feria. Ambos son términos que se complementan desde que la Feria de Abril naciera como mercado ganadero y agrario, aunque desde su primera celebración tuvo el complemento festero que pronto se convertiría en su razón de ser. La primera Feria de Abril tuvo lugar en 1847 y como recuerda el periodista Nicolás Salas: “En la primera Feria abrileña, según testimonio de José María de Ybarra, "se pusieron diecinueve casetas, que vendían buen vino traído de Valdepeñas, así como en otras casetas se vendía mucho aguardiente de Cazalla y de otros lugares de la Sierra. [...] Puso una caseta la acreditada buñolería del Salvador y también se pusieron los gitanos que viven en la Cava. Hubo otras seis destinadas a vender chacina fresca. Dos dedicadas a los señores viajantes, una, en el "real", llamada "Fonda de los arados" y también "La Hostería", y otra, junto a la Puerta de San Fernando ("La Fonda"). Fue imposible contar el ganado que entró en el ferial. Vinieron algunos rebaños de borregas y muchos cochinos, así como muchas piaras de cabras y buenas recuas de burros de Ecija y Carmona. [...] En los "Arados" y en "La Fonda" se dio bien de comer: caldereta, chorizo, menudo, pescado frito y migas. [...] En el ferial hubo varias carretelas. Las mejores, las del conde del Aguila, Taviel de Andrade, Villapineda y la mía. Se vieron muchas mujeres de aúpas. [...] El Ejército, como siempre, se portó muy bien y ayudó a la celebración de la Feria. [...] La concurrencia de forasteros no bajará de veinticinco mil personas, y bien H puede asegurarse que han dejado en Sevilla cuatrocientos mil duros en una semana". Todas las casetas de bebidas del ferial tenían que cerrar a las once de la noche” 1 . Desde entonces, muchas han sido las páginas dedicadas en los periódicos sevillanos a esta fiesta tan singular del calendario hispalense, y muchas han sido, también, las crónicas redactadas con objeto de transmitir a los lectores lo que ha sucedido o está pasando durante esta importante semana festiva sevillana. Considerada como un género interpretativo, la crónica puede entenderse como la fotografía de lo que ocurre en la vida de las gentes y las comunidades, narrada de un modo sencillo para que sea entendida y comprendida por todos. En suma, es un relato social, antropológico y psicológico de las personas y sus costumbres. Redactada siguiendo los cánones de claridad, precisión y concisión, en su contenido se dan dos elementos, por un lado, la descripción del hecho acontecido, y, por el otro, la reflexión y punto de vista del cronista que se ocupa de narrar el hecho, la acción, el paisaje, la trama, las ideas, los personajes e, incluso, las ciudades. Dado este contexto, la crónica se ha erigido en el género por excelencia para narrar la cadencia de acontecimientos que genera la Feria de Abril, y lo hace redescubriendo la realidad paralela que durante una semana se instala en Los Remedios, dibujando la cara cotidiana de un evento estelar para la vida de los sevillanos, captando la esencia y el espíritu de una época, dibujando escenas costumbristas y llevando a cada rincón la alegría de una fiesta universal. Tanto es así, que la Feria de Abril ha creado un vocabulario que expresa las maneras de entender y vivir una fiesta única. “Las voces albero, alumbrado, baile y cante, buñoleras, calle del Infierno, callejero, cartel, carruajes y caballos, casetas, real, farolillos, portadas, corridas de toros, paseo de caballos, horarios del ferial, etc., han adquirido definiciones propias en las muy numerosas interpretaciones costumbristas firmadas por los más destacados escritores y periodistas de cada época”, afirma Nicolás Salas 2 . 1 SALAS, Nicolás: ‘150 años de Feria de Abril’, capítulo del libro-catálogo publicado en 1996 por el Ayuntamiento de Sevilla con motivo del sesquicentenario de la Feria de Abril: http://www.nicolas.salas.net/ 2 Ibídem. Junto a este vocabulario específico que surge a la sombra de la Feria de Abril, las crónicas festivas se articulan siguiendo una cadencia temporal, estructura que se repite, año tras año, en los rotativos hispalenses. Así, el alumbrado, el paseo de caballos, las jornadas taurinas, la crónica social y los fuegos artificiales que sirven de colofón a la semana grande se convierten en los hilos argumentales de las crónicas costumbristas que se generan durante la Feria y constituyen el planillo diario de este microcosmos local que se genera de forma paralela a la realidad informativa de la ciudad y que se entremezcla con otros géneros periodísticos, como la entrevista o el reportaje gráfico, para nutrirse de ellos. De hecho, la Crónica de Feria se erige en un género muy versátil, ya que puede incorporar y combinar múltiples procedimientos y recursos de escritura, absorbiendo en parte, o del todo, otros géneros periodísticos informativos - como noticias, informaciones, entrevistas...- y de opinión -columnas y comentarios- y además puede asimilar parcial o totalmente géneros literarios y artísticos como la novela, el ensayo, el cine o el teatro. Es evidente que la crónica es un género que contiene una inequívoca faceta informativa, sin embargo, contiene algo más que pura información, ya que su identidad está determinada por la interpretación y valoración de lo narrado; a la hora de contar la Feria de Abril los rotativos hispalense desarrollan una cronología informativa del devenir diario a la que imprimen su propio estilo, creando un género que, como ya afirmaba Martín Vivaldi 3 se puede considerar “de autor”. El ambiente festivo de día, durante la tarde y la noche se convierten en los hilos argumentales de un relato que intenta plasmar una imagen que combina la esencia de la ciudad, la alegría y el flamenco. Es el retrato de una ciudad paralela en la que pueden llegar a congregarse hasta un millón de personas entre calles de albero y casetas que se convierten en extensión del hogar del sevillano, lugares de ocio y descanso, centro de reunión, de comida, de cante y baile. Llegando el mediodía, y hasta la caída de la tarde, la estética colorista de los trajes de gitana se mezclan con los tradicionales coches de caballo que, embellecidos y tirados por hermosos corceles, dibujan la estampa más costumbrista de una Feria que también vive sus momentos de gloria y ocaso en 3 MARTÍN VIVALDI, Gonzalo: Géneros periodísticos. Reportaje, crónica, artículo. Análisis diferencial. Paraninfo, Madrid, 1998, pág. 139. el coso taurino de La Maestranza y que encuentra su reflejo en la crónica taurina, la cual se encarga de explicar el desarrollo de la corrida mezclando los principales percances de la jornada y el espíritu que impregnó la plaza durante la actuación de los matadores. Ambos acontecimientos conforman el grueso de la crónica periodística del día siguiente, una crónica en la que, por supuesto, no falta información objetiva sobre el día a día, y en la que hay cabida para el número de intoxicaciones etílicas, accidentes en casetas, actuaciones de los cuerpos de seguridad del estado o cifras de visitantes... Dadas estas premisas, la crónica no es concebible sin firma, ya que no se trata de un texto aséptico, sino “marcado por las aportaciones personales que el autor superpone a ese primer nivel dónde se halla situada la noticia” 4 , ya que representa un paso más en el compromiso del periodista con los lectores, el cual realiza el esfuerzo de añadir su valoración de lo ocurrido. Dotada de síntesis, la crónica de la Feria de Abril intenta resumir todo lo que la actualidad ha producido con imparcialidad, ya que la valoración se basa en el conocimiento, en el saber transmitir una realidad que combina el interés humano y detalles que la hacen próxima y comprensible, incluso, para aquellos que nunca la han visto, vivido o disfrutado. En este sentido, a la hora de estructurar la crónica de Feria cobra especial importancia el primer párrafo, ya que se encargará de atraer la atención del lector con un lenguaje más rico que el que tradicionalmente se utiliza en la información. Otros aspectos que se combinan en este tipo de crónicas son el mostrar a las personas haciendo cosas, dejar que hablen con citas atractivas y pertinentes, de forma que la acción y el diálogo permitan llevar adelante el artículo, así como dotar a texto periodístico de ritmo, estructurándolo en torno a un principio, una parte central y un desenlace. Dada su capacidad para no limitarse a relatar de forma escueta y distante los sucesos del presente, la crónica de la Feria de Abril que ejercitan cada año los rotativos hispalenses se convierten en estampas de una realidad efímera que encuentra su ser cada mes de abril y que muestran el devenir de una fiesta universal que se plasma en un cuadro costumbrista realizado a base de 4 CANTAVELLA, J. y SERRANO, J. F.: Redacción para periodistas: informar e interpretar. Ariel, Barcelona, 2004, pág. 397. pinceladas periodísticas, de relatos en primera persona y de anécdotas que se suceden de forma invariable a lo largo del tiempo. (ir al inicio del capítulo) (ir al índice)