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La Arquilla del Buhonero : numero 1

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'\ Níj 3I1:110 I. CON LAS LICENCIAS NECESARIAS. MADRID: Imprenta de D. Tomas Jordax. AIAIIZO OE 1834. í i >r I iS -VVn 1 >íí^. C,'. \ AAAA¿AA&AA&&AAA&AAfeAAAAÁAA&A&AAAAAA LA ARQUILLA DEL BUHOlSíERO. Diúlofjo entre el impresor Rico yel autor Pania^ ylia, que sirve de Introducción. El Impresor. ¡Hola Sr, Paniagaa! ¿V. por estos mundos? ¿Qué hay de nuevo? , El Autor. 'Nada que yo sepa :poco dinero: eso ya es viejo. Me han dado un recado de V. ,ypor eso vengo. Imp. iAh! sí. Como V. se ha alejado de esta casa. Aut. Como no hay nada que hacer, yyo tengo que buscarme la vida. Imp. ¡Ya! .... Pero no hay que ahogarse, siempre se encuentra en que ocuparse; se anda por aquí y por allá; se pasa el rato en las librerías, se habla, se trata, se forman relaciones, planes bonitos ylisonje-r ros ;se entretiene el hombre ,ycon provecho. ¡Hay tantas obras que imprimir! Aut. ¡Hay tan pocos que lean !¡Se paga tan mal! Imp. Ya se ve; ¡estas malditas venias! .... ¡El dinero anda tan por las nubes! Cambios aquí, cambalaches allá nada sonante todo papel todo crédito Pero en ün qué sé yo, me parece que renace cierta aGcioncilla áleer, y es necesario aprovecharla luego, las prensas pa- IV radas no ganan nada :se pudren liay ntie mantener la gente tener el caudal ,bien que mal, en pie. Vamos, Sr. Panlagua ,llagamos algo. Precisamente para eso le llamaba áV ^dut. ¿Y áque estamos i’ Yo átraducir yganar un pedazo de pan yuna misericordia do agua ,ya que este es mi nombre, ylo peor mi signo. Lnp. Bueno: V. ácscubir ytomar pesetitas, sin arriesgar'ninguna, que eso es muy sfino ,amigo; yyo ásoltar mis pobres cuartos, ygane 6pierda; el librero ávvínder lula conciencia ^yganar siempre, que se venda bien óque se venda mal. Aut. El público ácomprar yleer. Imp. Eso querríamos todos: trabajo, despacho y ganancia Vaya, invente V. niiora una obra de aquellas bonitas que V. inventaba allá en sus mocedades, que venían siempre ápelo, con título ycosas nuevas yraras. En un mes se vendía una edición; todos ganábamos ycomíamos, ypronto .á otra. yUit. Bueno. Me parece que esta es la época de los penódiros, yque uno largo, largo, largo, ybien bincaido de noticias, discursos, memorias, invenciones, descobrimienlos, literatura, teatros, arles, sátiras ycuanto se pueda inventar podría tener asombroso despacho. Imp. Por Dios, Sr, D. Paniagua, ¿me quiere V. reducir al infeliz estado de su maldito nombre, empujarme acia el hospicio óála sopa de los pobres? ¿De dónde diablos se ha imaginado V. que ini triste caudal sufra tan terribles ancas? ¿S.\5:c V. que para un periódico, vamos, de cierta forma, se necesitan arriesgar % V aígtinas taleguillas, yno ue cuartos; que son terribles los gastos de correspondencia ,periódicos exlrangero.s, en fin de lo que se lla'ina redacción? ¿Sí que los autores entonces no se hacen de pencas, yninguna paga les contenta? Yluego ios gastos de impresión sen dobles, y aun triples por la premura votras circunslrMiclas. Aut. Sí; pero si mucho se arriesga, mucho también se gana ópuede ganar, que es lo mismo. •]mp. Pues no no es lo mismo. Al contrario, yo digo que en el día se puede perder, yeso sí que viene áser lo mismo qu Jpi rder. Al principio la viíia no se presentaba mal; perncí »ni entender los primeros la han di-sfrutado: álos que vengan después me temo no les queden mas que agraces. Nada de periódicos, nada de romproiruso con el público. Nenia libre, ycompre el que quiera. Arriesgarse poco :si peta bien se sigue, sino con la música áolra parte. Follelllos. ... cosa ligera ybreve, graciosa, que pique la curiosidad Miscélanca, cuenlccito-', chistes, ocurrencias, novedades, trozos de lileraliira ;pero por a)¡os, de esto poco, porque no sienta muy bien ámis prensas. Ysobre todo uii título nuevo, original, que llame la atención Aut. Vamos ,le entiendo áV. ,yme place la idea. Imp. T3iscurra V. un^ título, ypronto. Aut- I.ie acomoda áV. el ¿e Xa Espigadera? Jmp. Pase. Pero áver otro mejor. a Aut. Cuadra tan bien al plan que V. ha formado. ... Iwp. Sí ;pero otro. . . . Au(. Cajón desastre., porque es pintiparado. hnp. En verdad qiie sí ;pero ya hizo otro el cele- VI berrimo Nifo ,que le alcance' por cierto en mis mocedades, y¡que bien traducia el maldito! Aut. Pero este en el caso se leinlitularia Nueoo cajón de sastre. Imp. No puede ser nuevo cajón de sastre, porque en i83i se publicó un Novísimo cajón de sastre., yel hijo no pnede nacer antes del padre. Vamos áotro litulllo. Aut. Olla podrida española. Imp. Así me la hiciera V. buena ,porque me chupo los dedos por ella; pero no estamos en este caso, ni áV. le creo buen cocinero para condimentarla, yme temo que la tal olla vendria medio cocida de París, porque lo que vá V. áhacer es proveerse del inmenso almacén de literatura que allí se renueva todos los dias, traducir bien que mal, que es lo que llamare con mas razón la Olla de los pobres, porque es de donde de mucho tiempo acá acostumbra surtirse nuestra literatura, yno hay para mas. Aut. Ni medio por ahora, por mas que aquí se sepa. Eso de obras originales es menester mucho ingenio, mucha instrucción, ygastar mucho tiempo en componerlas, yla venta, por buena que fuese, ni sufraga, ni recompensa Pues, Señor, veamos si este último título le acomoda áV.: La Ar(¡niUa del íluhonero. Imp. No conozco obra chica ni grande con el :le declaro por nuevo, yle acepto, ymanos ála obra De aquí áocho dias un cuaderno en casa, pronto impreso. Aut. Ypronto vendido. -Imp'. Dios lo haga como la necesidad hay. WVWWW«/%WWi/\/WWI/WVV\'WWVWWW%W%W«/W%%/W%/W NOVELA HISTORICA. donde me había sido preciso cuidar de vastas propiedades. Mientras estuve ausente de Inglaterra se había establecido en la aldea un extrangero ,el cual fijó su residencia en una hermosa casa de campo, rodeada de jardines ybosquecillos, yseparada del logar por una vasta pradera. Hacia que le llamasen el general Arsfield; ninguna noticia de sus riquezas, familia ymotivos que le hablan podido obligar áescojer una mísera aldea para residir, habla llegado áconocimiento de sus huniildcs habitantes. Sus modales graves yaltaneros hablan impedido toda comunicación con el, yhecho vanas todas las averiguaciones. Solo tenia en su compaiíía una bija yun corlo número de criados. Poco después de mi llegada fui ávisitarle ;le encontré' en su jardín ocupado en cultivar flores; cerra, de él estaba una hermosa joven de catorce áquince aiios ,yun criado anciano que le ayudaba en sus labores. Me recibió con urbanidad. Sus maneras eran corteses ynobles; pero tenia cierto orgullo que me incomodaba. Me condujo ásu casa, cuyo interior me sorprendió; los muebles eran del mejor gusto, las piezas estaban adornadas con elegancia de objetos que indicaban una clase elevada en la sociedad, tales como una* harpa, un piano yuna biblioteca numerosa. Me volvió la visita ;pero nunca tuvimos intimidad. Ademas de una política artificiosa manifestaba este raro personage tan gran aire de superioridad que ofendía ámi .amor propio. Oirás circunstanrias aumentaron mi disera iriandcs ycatólico romano, yyo tenia aversión ásu pais yreligión; me separe poco poco de su *trato, yacahe por aborrecerle. y\caso el tiempo ,óun conocimiento mas profundo de su'carácter hubiera disminuido el efecto de ía primera impresión; pero un ¡ncidenle vino áconíiimar nuesU arecíproca enemistad. Yo tenia mucho rigor en que se nie guardasen mis derechos señoriales: sucedió que habiéndose salido de mi casa un faisan, le mató el criado anciano del general en su bosquecillo, donde se liabia refugiado. Cité a! culpado ante bjusticia; el procurador de la aldea era díscolo yC-xtiíó mi cólera. Seguí el negocio con empeño; se probó el hecho al criado, yse le impuso la nxiita que pagó el general, ydesde catonccs nos separamos ydejamos de vernos yhablarnos. Poco tiempo después de esta disputa enfermó mi hij.a Ydejé el país ,confiando la educación de mi hijo a! uiiiiislro proloslanle de ía parroquia. Su carácter y .superior Instrucción me daban seguridad completa ,y me permitieron dedicar todos mis cuidados ámi amada hija. Bien pronto se borraron de mi memoria la aldea ysus intereses inslgnificaulcs ,yolvidé hasta la tiaslencia del general Arsfieíd.... Una hermosa tarde de primavera dejé el camino real de Londres, ádos millas de M. ;los ái holcs estaban cargados de flores, ylo^ pajarillos cantaban alegremenle en el bosque. Lritré en mis dominios yesperimenté una sensación de orgullo, porque no veia ningún, óblela que no me perteneciese. Mas esto solo fue un instante, pues volví ápensar en mi Emilia. Lila luc acompañaba la última vex que estuve en este pais, yahora 'me hallaba solo en mi coche. Estos tristes pensamientos fueron interrumpidos por ia detención dejos caballos: estaban componiendo el camino, yllegando ápasar uu faetón por el trozo estropeado ,obli- 9 gaba ámis cocheros áesperar an momento. Mire', y sentí tjue la sangre se me sabia á'la cabeza al reconocer al general Arsfield. El tiempo qae había mediado desde nuestra última vista, babia causado alguna alteración en su exterior ;pero me bastó una mirada para conocer que no habla cedido su orgullo. Su estatura era aun recta vmagestuosa ;sus ojos mauiíostabari siempre el mismo fuego, ysus canas las llevaba echadas atrás yarix-gladas según el tono militar mas rigoroso. Asu lado iva ^una joven de admirable belleza. Al pasar se inclinó con gravedad ;pero su bija cuando me saludó dió muestras de una alteración visible ¿Sentia mi pena? Mire entonces mis vestidos de lulo, vi la librea ob.scura de mis criados, yla idea de lo que habla perdido jVlno áoprimir mi corazón con mas amargura que nunca. Con el pañuelo me cubrí lo.s ojos, permaneciendo de este modo hasta que el coche se detuvo en el palio del castillo. Me senle' en el comedor, cuyas paredes estaban adorna<las con muy buenos retratos de familia. El caballero cubierto con su coraza, el noble caslell.nio, el prelado decorado con su mitra ypectoral, yel juez revestido con el manto de armiño, lodo esto se hallaba allí. ¿Pero que' me suponían? Hubiera cambiado toda la nobleza de la Epiarcliia por la sonrisa de una jóven como la de Arsfield. ¡Yo había poseído una bija querida, yla balda perdido para siempre! ¡Que misterios tan extraños encierra el corazón humano! La vista de aquella inocente yhermosa criatura debía liabor suavizado la .aspereza de mi carácter, yvencido el odio que tenia al padre; pero produjo el efecto contrario. Arsfield era dueño de una bendición que me estaba negada: envidiaba sus riquezas, yse aumentó mi aborrecimiento. Al dia siguiente llegó Eduardo de Oxford;.cnlró en mí habitación, vabrace estrechamente al último de mis hijos. Le había dejado niño, yme encontraba con un bello jóven que me llamaba padre. Todo mi orgullo se Í6 .<Os lo agradezco, le dije con orgullo; pero esa mala noticia ya habla llegado ámis oídos.» Arsfield se puso muy colorado; pero continuó con la misma serenidad: “Vuestra observación ni es lisonjera ni cortes ;pero dejemos esto; he prometido ála que quiero mas que ámi vida saber de vuestra propia boca cuále-s son vuestras intenciones. Permitidme os haga una sola pregunta. ¿Vuestro hijo tendrá de vos completa aprobación para manifestar francamente su corazón áMis Arsfield?” Yo estaba rebentando de cólera; lord Eustomby parecía helado de sorpresa, yEduardo esperaba mi respuesta como si su vida dependiese de ella. “General Arsfield, dije (si realmente teneis derecho áeste título) ,mi respuesta será corla ydecisiva. Hasta esta maiiana apenas me acordaba de la existencia de la que acabals de nombrar, yla distancia inmensa que la clase yla fortuna han puesto entre nosotros no me permitia suponer que mi hijo pudiese envilecerse hasta^el punto de casarse con la hija de un papista yaventurero irlandés. Añadiré para vuestra inteligencia yla suya, que en el momento en que yo sepa esta unión le echaré la maldición mas terrible: sí, la maldición de un padre le perseguirá hasta el sepulcro. Arsfield escuchó mi declaración con la fatal calma que precede ála tempestad; después, sin alterarse, dijo: "Me habéis respondido; ómas bien me habéis insultado, yos habéis burlado de mi religión yde mi pais. En lo que áiiií loca, miro vuestras espresiones falsas ycalumniosas con todo el desprecio que acostumbran los descendientes de Arsfield ,los vastagos de una familia de príncipes, ycomo pronunciadas por un vil aldeano, que se esfuerza en vano en disfrazar su bajo origen con el velo de un nombre prestado. Habéis ofendido ámi creencia religiosa; o.s abandono ámi Dios, quien decidirá entre ambos. (V- ro siento la ofensa hecha ámi patria, yla vengaie. 17 Hecibid por mi parte este desafio mortal.” AI decir estas palabras se quitó el guante, yme le tiró ála cara: "Si la cobardia no es la herencia de vuestro plebeyo nacimiento, me dijo, os espero ála una bajo el olmo que esl.á áuna milla de la aldea.” AI decir estas palabras salió con la misma dignidad; queria seguirle, pero Eduardo cayó desmayado en el suelo, ytuvimos que llevarle ásu cuarto. Lord Eustonby se esforzó para apaciguar mi cólera, yme disuadió áque no respondiese al insolente desafio de Arsfieid Poco después se retiró ,prometiéndome que volverla al dia siguiente. Parecióme sumamente pesada la mañana; la comida se la llevaron como la hablan traído, yyo estaba delirando con la perdida de mis esperanzas, cuando se me presentó Simmondo, Acababa de saber por sus espias que habían observado gran trastorno en la ca.sa de campo de Arsfieid; Ivan unos, venian otros, hacian maletas, ytodo indicaba una inmediata partida ,de lo que inferia el letrado que aquella misma noche se ejecutaría un rapto, por lo que era indispensable estar en continuo acedio de Eduardo. Pronto nos confirmarnos en esta opinión por haber encontrado el cuarto de mi hijo solo, yse supo que el criado se había escapado con él. Entonces me determine áfrustrar sus planes; hice ensillar mis caballos, 'y envié emisarios acia el camino del norte ,creyendo que por él verificarian su <aga. En seguida me embocé muy Lien en una gran capa, ysalí con Simmondo áobáervar los mo.imientos de mi enemigo. La noche estaba obscura; apenas salimos del bosque nos acercamos ála casa de Arsfieid. Dejando al letrado esco idido en el camino principal, me introduje sin meter ruido en el jardin que rodeaba la casa ,yallí me oculté cerca de una ventana. En lo interior había gran confusión; los muebles estaban desordenados, y el suelo cubierto de cajas ypaquetes. Yo esperaba con 10 zozobra el resaltado de los preparativos qae veia hacer, cuando de repente cogiéndome del cuello del vestido una mano como de hierro ,sentí apoyada en mi frente la boca de una pistola. Me volví espantado ,y me encontré en poder de mi enemigo. "Asi pues,” dijo en el momento en que se me cayó la capa ásus pies; "Mr. De-Warre (como se le Lloja llamarse), Mr. Dc-Warre viene ávisitar al general Arsfield, no como enemigo generoso, con las armas en la mano en medio del dia, sino en la obscuridad de la noche, como conviene áun ladrón yá un cobarde.” Yo no estaba en disposición de articular una sola palabra; pues me veta humillado yabatido en su presencia. Me trató con el mayor desprecio, ycon mofa me decia estas vilipendiosas palabras Por último pude hablar ydecirle el motivo de encontrarme en aquel paraje. "Y temeis, dijo ,que el heredero de.... Perdonad, be olvidado vuestro nombre verdadero; ¿teméis, digo, que sea engañado, seducido yobligado á casarse con la bija del aventurero irlandés? Entrad en mi casa, aclararé vuestras dudas; entrad os digo, nada temáis. No te haré ningún daño; vaya ,estás libre de mi venganza.” Yo estaba aturdido en su presencia ,yle seguí casi involuntariamente, lomó una luz que habia ála entrada de la casa, yme llevó tras sí áun aposento en que nunca habia yo eir’ rado. Este era un gran cuar- to, probablemente destinado al estudio yretiro religioso. Un lado estaba ocupado con estantes llenos de libros yuna mesa cubierta de papeles. Enfrente habia un altarito con una hermosa pintura de la Virgen, yencima un Crucifijo, ysobre el altar habia un mi sal abierto ycerca una cagita. Ar.sfield se acercó áel con profundo respeto, se persignó con devoción, en seguida lomó la cajila ,yvino al sitio en que me habia dejado inmóvil. 19 "Os he visitado esta rnaííana, me dijo, yos he' hecho una pregunta franca yleal: me habéis respondido con ironia einsulto. Espliquémonos ;yo soy conocido aqui bajo el nombre del general Arsfield, yvos bajo el De-Warre. ¿Cuál de los dos es el que tiene mas legítimo derecho al nombre que toma ? Entonces abriendo la cajita, que me pareció contenia joyas yotros objetos preciosos ,me mostró con el dedo una cruz de la orden de María Teresa, ydijo-: . "Esta cruz brillaba en mi pecho la mañana del de junio, cuando tomé, por asalto el pueblo de Marcngo, en aquella célebre batalla ,que sin la inesperada llegada de Desaix hubiera cambiado los gritos de triunfo de Francia en un dia de luto yde desgracia para ella. Esta medalla la llevaba yo en Hohenlinden, yesta otra en Bardinetto.” En seguida cogió una miniatura ricamente guarnecida de diamantes. "Este es nn recuerdo de mi juventud; este es el retrato de una muger, de una reina; se presentó en una corte exlrangera, fue mal recibida yestuvo expuesta al desprecio yla calumnia. Yo era entonces un húsar desconocido; la casualidad me hizo su campeón; combatí por ella El conde de N. su enemigo mortal éimplacable perseguidor, cayó al esfuerzo de mi brazo. La desgraciada princesa me dió este retrato como una prenda de su agradecimiento; ydesde entonces fue mi amiga yprotectora hasta su muerte Aquí, dijo descubriéndose el pecho, aquí están .señalados los recuerdos de Rívoli yde Bassano "Después, levantando sus canosos cabellos: Mirad las cicatrices de las heridas que recibí en el paso del Mincio. ¿Y ahora me acusareis aun de impostor?” Yo guardé silencio, yél continuó :"Tamblen me habéis llamado traidor. ¿Cuáles son vuestras pruebas? Aqui tenéis las rnias.” Alzó entonces la luz yalumbrando ados retratos: Ved lo único que me queda de mis dos hijos. Este era el mayor ”Levanté ios ojos, yvi el rostro de un be- 20 lio Jrfven ron el uniforme de marina. "Mandaba una fragata inglesa, yescoltaba un comboy de tropas, cuando le dieron caza dos buques franceses de fuerzas superiores. Una sola alternativa le quedaba, abandonar el comboy óperderse: no dudó, yse preparó al combate. Jamas fue defendido con mas valor el pabellón ingles; los mástiles estaban rotos, yaún la artillería hacia destrozos en el enemigo. Los dos buques franceses la abordaron, yel los rechazó con sable en mano; en vano le gritaban que su bajel iba áperecer; por último, reuniendo los cortos restos de su tt ipulaf.ion ,se echó sobre el puente de los franceses ,ypereció en él, en el instante en que desapareeió su iragata bajo las olas, con el pabellón del que ninguna mano enemiga habia podido apoderarse.” "Y este retrato, continuó después de una pansa, es la imagen viva de mi segundo hijo. También quiso ser núiilar; su carrera fue corta yhonorífica como la de su hermano; murió en Ciudad- IVodrigo. Con un pie en la brecha, yla espada en la mano, cayó en el momento del triunfo; su último suspiro fue un grito de alegría; su última palabra adelante! Los dos me han precedido al sepulcro, exclamó con entusiasmo. Los he dado ámi pais, ysu lealtad la han sellado con su sangre. ¿Ks esta dá<iiva de un traidor?” Después, mudando de tono, dijo: "Separémonos, volved ávuestra casa, ysabed que maíjana antes de ponerse el sol habré dejado este sitio para huir lejos de vos yvuestra familia ,abandonando un retiro que fue feliz ypacífico hasta el dia en que vos Iragísteis á él el dolor yla desgracia. Que no intente seguirme vuestro hijo; porque si lo hiciese, le costaría la vida. Decidle que olvide ála hija de Arsfield, yque aunque la ofreciera un reino, no aceplaria jamas su mano, si no iba acompañada de la bendición de su padre. "Una palabra mas antes de que nos soparemos. Os recoiliiendo la caridad ,ysi habíais en lo sufesivo I 21 áe mi desgraciado país, no olvidéis que lia prodigado locamente para la Inglaterra su sangre ysus tesoros. Sed álo menos justo, si no sabéis ser generoso.” A estas palabras me mostró la puerta, me acompañó hasta ella con urbanidad altanera, yme «lejií Dos dias se habían pasado después de este lance. Arsfield ,exacto en el cumplimiento de su palabra ,se habia marchado con su familia, dejando un cii.ado para que cerrase la puerta de la casa, yque se íuese en seguida con su bagaje áun puerto lejano, en donde hallaria nuevas instrucciones. Yo no habia visto ámi hijo, ytemia nuevos sentimientos .cuando en la noche del segundo dia llegó urj propio que enviaba su criado para informarme que estaba enfermo de peligro en la ciudad inmediata. Marché al instante, yle encontré con una fuerte calentura cerebral: en su delirio impioraba ásu padre; ynombraba continuamente álllanca yáArsficld. Supe por su criado que habia seguido al general ,éintentado oponerse ásu viage ;pero que todos sus esfuer/o.s habían sido inútiles. Habia tenido una dolorosa conversación con Blanca, y, se hablan separado casi desesperados. Eduardo se restableció con lentitud; so juventud le salvó, yrecobró sus fuerzas; pero habia perdido del toilo su alegría. Creí que la distracción disiparía su melancolía, yconvidé al lord Eusíonby yáuna tertulia numerosa áque viniesen ámi casa ápasar algún tiempo. La mañana de! dia en que yo esperaba mis lertulianniB desapareció mi hijo; concebí nuevos temores por su ausencia ,yfui ábuscarle para saber la causa. Se habia marchado, dejando una carta para mí sobre la mesa. Ija abrí con mano trémula ;ydecía que bahía salido del reino para evitar, si le era posible, recuerdos funestos. Me declaraba que no tenia las luerzos sufi- 22 cíenles para volver áver álord Enslonby ,quien juzgaba era la causa de su desgracia. Me prevenia que todas las diligencias para seguirle serian vanas, porque se habia mudado el nombre, ylomado oirás medidas que harían inútiles mis pesquisas. En efecto, había conseguido su intento, porque todos mis esfuerzos para descubrirle de nada me sirvieron. Un año, un año deplorable .se pasó sin tener noticia de mi hijo. La Europa ardía en guerras; la desastrosa campaña de Rusia habia obscurecido la gloria de Francia ,yNapoleón habia sido precipitado de su trono. La Gran- Bretaña cantaba victoria; pero la alegría no puede alcanzar al desgraciado que todo lo ha perdido. Si yo hubiera podido encontrar áEduardo le hubiera estrechado contra mi corazón ;no me liubiera costado trabajo humillarme ante el orgulloso áquien yo habia despreciado éinsultado, hubiera sacrificado con gusto los títulos, los honores, las riquezas, si átal precio hubie.se podido ver Ámi hijo feliz, como lo hubiera sido sin mi funesta ambición. Cansado de esperar en v.ano me resolví árenovar mis averiguaciones ,ymarchar áIrlanda, donde yo me imaginaba que debia haber seguido al general. 'Con esta idea estaba ocupado en dar órdenes para apresurar el viage, cuando me interrumpió un aldeano diciendome que un hombre moribundo, en la posada de un pueblo inmediato, pedia con instancias hablarme sin dilación. Cedí áesta insinuación ,ypase' ala habitación del enfermo. Con voz apenas inteligible suplicó álos que estaban presentes se retirasen ,yme hizo senade que me acercase. Lo hice yme hallé en la cama áun soldado jóven con el uniforme de lancero. Me preguntó si me acordaba de él ;le miré con mas atención ,y su rostro estaba pálido ydesfigurado con una profunda herida. Sin embargo, sus facciones no me eran desconocidas del todo, fui haciendo memoria ,yme encon- Ire que era Merwyn ,el criado de Eduardo. Le cosió macho trabajo el referirme su trágica historia. Mi hijo habia entrado al servicio de Austria con nombre supuesto ;yMerwyn, no queriendo separarse de el por ‘el mucho cariño que le tenia, habia enirado en el mismo cuerpo, habian hecho juntos esta campaña memorable, ymi hijo habia perecido en las calles de , Leipzig, en la última carga que decidió de la suerte de esta sangrienta batalla. Merwyn habia caído ásu lado herido de peligro, yhabia recibido de el un paquete cerrado, que le suplicó me entregase. Como criado fiel obedeció las órdenes de su amo ,ydedicó los últimos esfuerzos de su vida ácumplir su voluntad. Después de algunas horas, sorprendidos los de la posada por el silencio que habia en el cuarto de Merwyn ,probaron áabrir la puerta ,yme encontraron , desmayado sobre la cama, yáMerwyn muerto ámi lado Meses" se pasaron sin yo saberlo. El mandóse habla borrado de mi vista. Huia de él yrehusaba el tra- to con los hombres. No habia salido de mi habitación desde el dia que supe la muerte de Eduardo ;únicamente en la obscuridad de la noche vagaba por algunos parages solitarios de mis dominios ,buscando los mas tristes yápropósito para alimentar mis funestos recuerdos.... Una noche emprendí mi melancólico paseo antes de lo que tenia de costumbre; habiendo llegado áuna altura desde donde se descubría el camino, miré acia él con timidez como para asegurarme que nada humano turbaba mi soledad ;pero quedé sin poderme mover de donde estaba al ver un convoy fúnebre que se dirigia lentamente acia la iglesia de la aldea. El féretro iba adornado de plumas blancas ,yun coche enlutado muy cerrado terminaba la comitiva. Estuve ápunto de desfallecerme, yme volví áentrar en casa precipitadamente. Llegó la noche ;solo alumbraba ámi biblioteca 24 Udébil luz de ana lámpara ,yyo estaba hacia bastante tiempo absorto en an profundo delirio, cuando oí abrir la puerta. Creí fuese algún criado, yno repare': mas pronto sentí que me ponían una mano sobre la espalda ,alce los ojos yvi una persona vestida de lulo inmóvil delante de mí. ¡Oh Dios mió, era Arsfield! ¡Pero cu.án mudado de lo que antes era! Solo la sombra de mi enemigo antiguo era la que se me presentaba :su rostro pálido parecía tan Inanimado como el mármol; el fuego de sus ojos se había extinguido enteramente ;sus canas caian desordenadas sobre sus esp.ildas; su pa.so era lenlo, ysu cuerpo estaba flaco y encorbado. ¿Este anciano, herido en el corazón, era el mismo que habia combatido con valor en los campos de Marongo? ¡Dios mió, este es el hombre! ¡Adonde le conducen su loco orgullo, su ambición y van-igloria! Arsfield rompií) en fin este magesluoso silencio, y con voz grave ybaja, dijo: "De-Warre, aquí teneis á-un padre desgraciado sin hijos, el ditimo vastago de este nombre ¡lustre del que tanto se ha lisonjeado por mucho tiempo. Acaban de enterrarse en el cementerio de la aldea los de.spojos mortales de mi hija.” Asombrado de esta aparición inesperada ,rne puse de rodillas, ¡avoque su perdón cimplore' su compasión sollozan<io. ''¡ Yo también Ar.sfieid ,exclame, yo también be perdido ámi último hijo! —Lo se, De-W' arre, los dos hemos sido culpados. Vuestra necia ambición ymi loco orgullo han perdido álos que tas- to amábamos; pero no hablemos de lo pasado. He venido ácumplir la última voluntad de un ángel, para traer palabras de paz al padre del que ella amó ha.sta el sepulcro. -«¿Supo la muerte de Eduardo? le pregunte con suma inquietud. Sí, yesta noticia funesta traspasó su corazón; desde' entonces no se asomó la risa ásus labios, yha querido que su cuerpo fuese enterrado en el mismo pa- 26 rige en donde gozó la dicha de amar yser amada. De* \V arre ,vengo ádespedirme de vos.» Mi conmoción era tal, qae respiraba con dificultad. ¡«<Oh! permaneced aquí, vivid aquí, morid aquí, le dije» ysuframos^ junios el peso de nuestra ilesgraeiaila existencia!—De- \Varre, no debemos volvernos áver en este mundo. ¡Ojala' nos veamos algún dia en otro inejoi! El último vínculo que me nnia ála tierra se ba roto: los tristes restos de mis dias debo consagrarlos al Ser Supremo. ADios.» Entonces, besándome en las megillas con labios Irc'miilos, me dijo: «¡Dios sea con nosotros!» En seguida, levantando su lúgubre manto, salió dejándome en la agonía mas cruel. Después de un momento oí el ruido de un coche, ydesde entonces no le he vuelto á ver El lúgubre sonido de las campanas retumb.vba en los aires, la iglesia estaba cubierta de negro, yel banco de los De- Warre estaba adornado con el escudo de sus armas. El último de este nombre habia dejado de existir, niori.a sin hijos ysin herederos de sus muchas yfc'rtiles posesiones. Al mismo tiempo habia llegado al cementerio un fc'retro sin fausto, acompañado de un hombre solo, yalgunos aldeanos que le seguian por curiosidad. El extrangero ocultaba su rostro con la ca[»a mientras que bajaban el cuerpo ála .sepultura ycumplian con el último servicio debido álos muertos. Acababan de cubrir de tierra la tumba, cuando con gran ruido se abrierotv las puertas principales del castillo de los De-A\^arre, vse vió salir el numeroso acompañamiento de una pompa fúnebre. El extrangero vestido de luto levantó la cabeza y j)reguntó cómo se llamaba el que iba en el atahud. Apenas oyó la rc.spupsta, dijo en voz baja: «Mi encargo es inútil; la muerte los ha sorprendido en un mismo dia. ¡Quiera la Virgen, Madre de misericordia, implorar de su Hijo el perdón de sus pccadoíl» 52 ávisitar el sitio ameno de la Villa Toscana de Plini». Un dia qtje volvia de eslos paseos, contento de su estado de salud, se halló con una carta de un amigo que le manifestaba que el objeto de su primer amor le habla sido infiel, yse babia casado con otro. Este suceso, aunque no tuviese relación con el estado en que se hallaba hacia algun tiempo, aumentó la pena de su imaginación, comenzando entonces ápadecer ciertas especies de visiones, ómas bien ilusiones. En el desorden de su espíritu creia ver la figura de Lucifer agrandarse como una imagen que se distingue entre las nieblas del desierto, tomando dimensiones sobrenaturales, ymira'r. iol^ con rostro torvo yamenazador. Este desgraciado jóven ,ofendido en sus afectos, y atormentado por la fantasma que él mismo se atraía, recurrió áBeatriz. Las mugeres, óálo menos las que no carecen de las cualidades amables de .su sexo, tienen medio.s de consuelo, ye.sta es seguramente la principal de sus gracias. Beatriz, cuya alma era áun mis^ mo tiempo tierna cinflexible, consiguió reanimar al joven pintor, ydarle sosiego yenergía; bien pronto un nuevo afecto por Beatriz vino áocupar el lugar del que se iba apagando en su corazón. Hablaban horas cntera.s sin que su conversación dccaye.se jamas. Lo único de que se acordaban de estas largas conferencias cuando se acababan ,era que habian s¡<lo deliciosas, Vambos deseaban con impaciencia volverlas ácomenzar. Este es en efecto uno de los mayores deleites de un amor en sus principios, yel que desgraciadamente se concluye mas pronto. Considerando la figura agradable de Beatriz, con la afición de un artista yel interés del amor, notaba Spinello algunas veces ciertas miradas de su jóven amiga, que penetrándole el corazón le cau.saban un dolor vivo yagudo; pero esta impresión era tan fugaz como cruel. Poco ápoco se renovaron con mas frecuencia, yle causaron un dolor mas intonso; lo cual iiiez- OO icio alG¡an disgusto en la complacencia de sus ronfercneias/ Ésta impresión le parceló lanexlrafia, que procuró álodo trance averiguar la causa. Se preguntaba á.sí mismo con asombro si habría en esta jóven algún vicio' oculto, óalguna disposición diabólica que esplicase ia impresión dolorosa que le hacia sufrir. Pero ninguna de sus redexiones podia manchar la pureza de Beatriz; yno sabiendo ¿que atribuir la acción que ejercía sobre él, llegó ácreer que el trabajo asiduo había desordenado su mente. Esta suposición le tranquilizó algo; porque quería mas bien creerse loco que tener por culpable ála que amaba. •10.; Luego que Spinello hubo concluido su cuadro, se colocó en el altar mayor de la iglesia de St. Angelo. Spinello experimentó en ésto un gran alivio; le parecía que le habian quitado de su corazón un peso enorme. Hablaba alegremente con Bernardo ycon los artistas jóvenes de la ciudad, óbien gozaba; de las conferencias apasionadas ycircunspectas de Beatriz, la cual ,do una jóven viva yalegre, se liabia convertido en una HiugW de ánimo firme y; elevado. Para pretextar con el anciano estas frecuentes conferencias ásolas, fingió Spinello serle necesario tomar áBeatriz por modelo para concluir una cabeza de estudio. En una de estas sesiones se echó álos pies de Beatriz, yla declaró su aínor en ocasión que estaba ella elevada sobre el estra-' do del taller. • Pero su continua aplicación al gran cuadro que acababa de trabajar, habia agitado sobremanera los nervios de Spinello, aumentándose su natural sensibilidad. Una de las hermosas primaveras, que solamente se disfrutan eiiTospana, había cubierto la tieira de un verdor esmaltado, yllenaba el aire con sus hiisas embalsamadas, que parece llevan en sus alas lodos los perfumes del oriente; más ápesar de la iníluencia de esta bellísima estación, la idea horrible que le habia atormentado lauto tiempo, se apoderó con mas fuerza de 5 S 54 su ánimo. Pasóse de esle modo el estío, yllegádo el otoño, ámedida que el sol pcrdia su resplandor, parcr cia que Lucifer aumentaba el suyo, yque crecian sus proporciones colosales. Por la noche principalmente era cuando le atormentaban estas visiones. Cuando el desgraciado artista gozaba en su cama de algunos cor-f tos instantes de sueño, el príncipe de los ángeles rebelr des se le aparecía con toda la magostad de su terrible hermosura, aumentando los caprichos de sus sueños, y causándole el mayor horror. L1 joven se despertaba sor bí'csaltado con estas angustias ;Ja visión desapáreciáj pero el tei ror (jue le liabia causado duraba aun mucho tiempo, corriendó por todos sus miembros un sudor frió. uj( ’ .» Por úhitño, juzgó que esta fantasma solamente te^ nia una sem<?janza imaginaria con la figura qué -habia producido su pincel, yque podría, hacerla desapárccerj asegurándose de lo infundado de esta analogíai,Le ocurrl<) esta idea una, noche del mes de noviembre en: una deisus largos desvelos. Se levantó de repente, :se vistió,i se puso una; capa yse dirigió con una luz.á lái iglesia de Sf. Angelo., ...nr) ..ic; ;!): ; I,Serla como la media noclie: todo estaba en silén-^. ció hacia mucho: tiempo en la ciudad, las calles desiern tas, yexceptó un religioso que pasó asu lado en ;-la. obscuridad, ánadie encontró én el camino. Amerlida que se adelantaba, arrojaba su luz, agitada por eb vien- to, resplandores horrendos. O;) .. L1 sanio edificio estaba. rodéado de pinos' yabetosc Cuando áe .acercó áellos movia sus hojas un viento frió éimpetuoso; al instante creyó que estos silbidos, y. murmullos eran otras tantas voces que gemían al acercarse el al centro de las nubes sombrías qneicasi ile rodeaban. Entró en la iglesia, que por .aquellos tiemposestaba abierta diá ynoche. Colgaban, de los dos ladoít <ie la nave iniágenes del Salvador,, de madera: yde mala escultura, yantiguas pinturas de Cimabue y. de Glollo, que parecía reanlvna¡rse en aquel instante en que, pasando Splnello, las alumbraba con los rayos (le su luz. Se dirigu) al altar mayor. Acada paso latía su corazón con violencia, yparecía que se le iba ásubir ála garganta para ahogarle. Apesar de esto no desmayci; subió los escalones de mosaico del altar ,y se puso sobre (íl ,dirigiendo su vista hacia el cuadro. Cuando, puesto de puntillas, acercó su luz ála pared, pareció que salían de la espesura de las sombras las legiones de los ángeles rebeldes, huyendo con la cabeza baja delante de los rayos celestiales, con la gran figura de Lucifer, que venia el último de lodos, en ademan de querer resistir aun al Omnipotente, en medio de los rayos que por todas partes le combatían. El artista consideró al principio su obra lleno de satisfacción ygloria, Nadie antes que (*1 había podido representar la temible magostad que ocupa el infeinal trono. Pero al paso que consideraba su obra ,se iba exaltando mas ymas su imaginación, hasta llegar á creer que aquella figura colosal tomaba vida. La hci — imosura incomparable de las facciones de Lucifer le parecían solo una máscara, bajo la cual se agitaban con furia todas las pasiones del infierno. Sus miradas siniestras, llenas de desesperación yde inmenso dolor, parecian resplandecer en la obscuridad de las sombras, creyendo v'cr áLucifer combatiendo, yagitando sus gigantescos miembros para arrojarse debcuadro yliraiv- .se al suelo del templo -de Dios. Al_ mismo tiempo que .esta idea se iba apoderando del ánimo de Spinello,, soplando el viento pon los costados dc'la. iglesia, ymultiplicado por los ecos,; lie pareció ipn?. resonaba coirpo los gritos de desolación yespantoso concierto de .los gemidos arrojados por los ángeles rebeldes. Horroriza.- do se echó del altar, abajo, ycon la precipitación apagó la luz. En tanto que en la obscuridad procuraba encontrar el camino por entre los bancos, los facistoles y demás obstáculos que se lo estorbaban, llenó el viento 5« la nave <lc la í/lesia con sonidos aun mas lúgubres. Se imaginó entonces que le perseguían los espíritus de las tinieblas, (lando estos gritos espantosos. Ya era esto demasiado para el; le fue imposible resistir átantos temores, Ycayó desmayado en la escalera de! coro. Cuan- <lo volvió de este estado, cuya duración no pudo calcular, habian desaparecido todas las visiones como un sueiio. Kl viento babia cesado; las tinieblas se habian retirado, vla luna penetraba por los vidrios de colores de las ventanas de la iglesia. Se levantó átoda priesa, ysaliendo de St. Angelo, se dirigió ásu habitación. Al día siguiente no pudo levantarse por lo mucho (jue había suíVido. Bernardo, que tanto le (|ueria, fue áverle con Beatriz para saber la causa de su mal. Bea- -triz fue la primera que entró: cuando el oyó sus pasos, que no podia'desconocer, se regocijó su corazón; vertió lágrimas de placer; la dió las gracias, yla bendijo con fervor. Pero en el momento que alzó la vista para mirarla, se renovó la visión de la noche anterior, yla odiosa figura de Lucifer se le presentó de nuevo. Pmorando lo que pasaba en su ánimo, ycon un afecta yternura mas que de una hermana, se acercó Beatiiz ála cama, yarrodillándose, le cogió^la manoqueel la exlendia con langidez ,la cual estaba ai dicndo, ytodo su cuerpo agitado de violentas conmociones. No pronunciaba una palabra, yvolvia la cabeza, como queriendo probar álevantarse, al mismo tiempo que estrechaba el brazo de Beatriz con fuerza convulsiva. Ella se inclinó hácia él, yechó de ver que sus megillas estaban pálidas, yque sus ojos vagaban en los párpados. Por último, viendo que era inútil qiietcr disimular por mas tiempo lo que experimentaba, dejó caer su rostro en la almohada ,llevó ásus labios la mano trémula de Beatriz ,yvertió un torrente de lágrimas. Beatriz, al verle, también se puso állorar ,al paso cjue su padre consideraba áentrambos con asombro yadicción. Por fin, el joven se alivió, como suele suceder cuan- ao se ha llorado mucho. -Ikalrl/. también volvió en si de su turbación. Bernardo, que tenia un cora/.on compasivo ybondoso, creyendo que el amor podía tener parle en la pena de su huésped, mandó ásu bb;» q-^e se saliese; yluego que esluvieron solos, pregunto abpinello si su inclinación áBeainx era la causa de sus penas ysi el concederle su mano producirla alguna mudanza en el estado de su ánimo. Con esta nueva prueba de la amistad del anciano se enterneció el joven vivamente. Lucifer tuvo que soltar su presa yse llepó sn imaginación de ilusiones agradables. Se guardo muy bien de dar áentender áBernardo la causa de su malporque el anciano pintor no hubiera dejado de creer que babia perdido la cabeza ,lo cual bubira imposibilitado su boJa. La expresión de su agradecimiento fue corta. pero vehemente ysincera. Cuando se tranquilizó mas' su ánimo, pudo tomar fuerzas ysalir de su aposento. Sin embargo, el medico que le asistía juzgo indispensable la mudanza de aires para que se roslab eriesc completamente. En consecuencia ,Bernardo se decidió állevarle áuna ciudad pequeña ,situada en la costa del mar, dejándoselo encargado aun amip,y el se volvió áunirse con su bija que bahía dejado en Arezzo. Mas este remedio no produjo efecto ,pues la soledad dañó, macho al joven artista, dcual, bailan dose separado de los objetos de su carino, voivio asufrir las visiones con mas frecuencia yespanto qne antes, haciendo cosas que manifestaban el trastorno de su imaginación. ,,.ii Al cabo de aVunas semanas se bahía quedado co- .no un csquck.lo;'|,,ro cu.-,u(o u,a. Ilaco se P'»"-'. viveza ybiHIauUz leninu .us 0|OS. Los .l.uouo, ie la ca..a en que oslaba Ifospeda.lo se espanlabau al vky buíar, ac cncunirarsc con el. lur su pai c,a|» i.... bia .si e,slaba en el nmn.lo; cu.anlo le rodeaba le |.necia un sueño, vsombras con las <iue no po.ka leuer relación algaua. Creéa ipie solaoienlc babia dos seles 3a en el universo, el yLuciler, con quien estaba empeñado en una lucha que delúa terminar por su muerte. Cuando llegaba áverse libre de las angustias que le ocasionaba esta visión, conocia cuan ilusoria era, yse asombraba del dominio que ejercia sobre eb Pero estos cortos instantes solo los lograba por el dia ,ylas horas de! descanso las pasaba en horribles tormentos. Asi es que en sus continuos paseos por la orilla del mar se extremecia al ver que se acercaba la noche; ysu pena se aumentaba cuando el color de púrpura que tomaban las olas indicaba que el sol se iba áocultar. Al momento que liabia desaparecido, se levantaba Lucifer delante de tí!, poderoso, terrible; yel desgraciado Spinello, tapándose los ojos con sus manos, huía ádonde estaban las gentes, dando gritos espantosos. En conclusión ,convencido de que se acercaba su última liona, dio gracias áDios de que sus males iban átener fin. Luego que esta idea se apoderó de el, se Ir.ariquilizó mas, yexcepto cuando pensaba en Beatriz, veía con placer llegar la hora fatal. Una tarde, ocupado con las esperanzas de lo que le babia de suceder, se paseaba, según costumbre, por la orilla del mar. El sol so babia puesto, yla luna estaba en toda su brillantez. Se sentó en una roca que dominaba al mar, cuyas olas se movian allí suavemente^ con la vista lija en el cielo, de donde esperaba el término de sus males; permaneció algún tiempo entregado ámeditaciones piadosas, cuando de repente, volviendo la cabeza, ve una figura de una henuosura inexplicable, cercada del resplandor de la luna. Aprimera vista reconoció que era la figura de Lucifer; pero que su hermosura nada tenia de funesta, ybabia vuelto átomar su expresión angélica; con lodo eso, en nada disminuyó su terror; ypor huir iba á arrojarse al abismo de las aguas, cuando le detuvo la mano de Beatriz, pues era ella misma, la cual, habiendo sabido el triste estado de Spiucllo, babia ido áverle con su padre. Ella pro- 59 nuncio su nombre, y'le estrechó con ternura en su corazón. Estas palabras ydulces abrazos desvanecieron su ilusión con la rapidez de un relámpago, yle descubrieron la causa de su mal. Conoció que cuando pintaba su celebre cuadro ,ocupada su imaginación de las gracias de Beatriz, habia dado sin pensar al ángel rebelde algunas de las facciones de su querida. Este descubrimiento hizo que huyese para siempre la lánlasma que le habia perseguido por tanto tiempo. Por desgracia ya era tarde. Los padecimientos habiaii destruido en Spinello todos los resortes de la vida. Después de algunos meses de una existencia agonizante, murió en la flor de su edad ,en medio de las esperanzas de gloria que daban sus primeras producciones. Bernardo, que le amaba con la ternura de un padre, le siguió á poco al sepulcro. En cuanto áBeatriz, incon.solable por esta doble pérdida, ydejando sin pesar un mundo que ya no tenia atractivos para ella, fue áocultar ea lo interior de un claustro su pena ysu hermosura. i \ »t t » •J V í mafíKotvaam 14 mMMM % ANÉCDOTA ESCOCESA. •———<SSB>®4 ^Fuiza no hay un país en que la superstición ysus^ prestigios hayan ejercido un imperio mas absoluto que en Escocia, especialmente entre los habitantes de las montanas, cuya imaginación, llena de leyendas antiguas, cuentos espantosos ytradiciones populares, teme la iiifpresion que lucen ,pero tiene afición .á lo maravilloso. Aun aquellas personas, cuyos conocimientos yeducación exceptúan de las preocupaciones de una creencia pueril ,liaílan un atractivo particular en csto.s errores hereditarios. ¡Feliz nación que vive en dos mundos áun mismo tiempo! Yo Icndria gran placer en ser un lo/d escoces; pero aun le tendría mayor en ser f)nncan Grey. Una noche del mes de noviembre volvía Duncan Grey de la ciudad de Dumferlino, con el ánimo algún lanío agitado por mas de mil visiones que le ponía delante el recuerdo de lo que habia leído yoida contar. I^a noche estaba obscura. Un viento norte soplaba por entre la.s raimas desnudas de los árboles; empezaban ácaer algunos copos grandes de nieve, yse mezclaban con las hojas secas e.sparcldas por el canii- 1)0, al mismo tiempo que unos chillidos lúgubres dab.an áconocer en el aire el vuelo misterioso de la lechuza, einfundían tristeza yespanto en el alma atemorizada del viajero. Duncan deseaba vivamente encontrar algún compañero de viaje; ycon esta esperanza caminaba con paso acelerado, dirigiendo .sus inqnie- AV tas miradas áderecha e' izquierda, yvolviéndose algunas veces de pronto, como si hubiese sentido áalguno detras de sí; en seguida, procurando disimular el terror de que estaba poseído, silbaba muy fuerte ygorgeaba una canción, como nosotros cuando tenemos miedo; mas de repente siente que le tocan en la pantorrilla. Entonces empieza ácaer de su frente un sudor frió que sucede al temblor de miedo que no había cesado de atormentarle: camina con paso ineierlo ydesigual, sin atreverse ámirar liácia aíras, ysilba de nuevo con mas gana ,creyendo espantar con este ademan de indiferencia yaudacia al duende óhechicero que le persigue. Pero siente de nuevo que le locan en la otra pantorrilla; con este golpe se cree positivamente bajo el dominio de un encanto mágico: su terror se aumenta con las imágenes espantosas que le presenta una imaginación delirante. Se imagina ver al espíritu ódemonio, que .sigue sus pasos, bajo las formas mas liorrorosas ,ya de una serpiente enorme que le persigue ron su saeta envenenada ,ya de un loro furioso que le amenaza con sus t<rribles astas; por último, es el mismo Satanás con sus ojos torcidos, la boca cebando llamas, el cuerpo lleno de pelo, con el pie de macliu cabrío, cuya garra, ar<liendo, vá ácogerle yarrastrarle ála caldera infernal. Con esta última ilusión no anda, sino que corre yvuela como un loco; apenas tocan sus pies la lierr.a; pero cuanto mas precipita sus pasos, mas se nuiliiplican los golpes, ymas aumenta su celeridad. yVsi anduvo algunas millas sin lomar aliento, cuando vio por fin la escasa luz de su choza, donde le esperaba su inugcr para cenar. Enlonce.s, harierído un nuevo esfuerzo, atraviesa con la rapidez de un relámpago la distancia que le scfiara de su habitación. Solo le quedan cinco ó .seis pasos que dar ,ylo liace de un brinco, porque acaba de ncibir otro golpe mas fuerte que los anteriores; abre con precipitación la puerta, con cuyo golpe casi rompo los goznes. Entra Í8 ciudadano, ensena la ortografía yádeletrear, ensena ácantar el canto llano yáherrar los caballos de mano de maestro, también hace yremienda las bolas y zapatos, ensena el obué yla guimbarda^ corta los callos ,pinta das muestras de las tiendas ylos epitafios de las casas ¡nacionales republicanas, sangra ypone los vejigatorios al mas bajo precio, afila las navajas de afeitar, purga yretiñe los sombreros ,'y echa las lavativas ásueldo pieza, ensena en casa \6s 4:Qtilíones yotros bailes de carácter ;vende por mayor yporme- nor la perfumería en todos sus ramos ,veride toda suerte de papelería, betún de botas, arenques salados;'alajú} bruzas para frotar, ratoneras de alan-bre y-olrbs confites; raices cordiales, patatas, judías blancas isalchi- chas, cerveza, cinta de-bilo yotros comestibles.—yii/- sxM’tenda: Tiene casa de huespedes, y-va donde le llaman. -ii i" , •n-ó .-^'dt .ái:.' ::..1 iñv. ‘I r.', O^^^ n-U;.<' I') '-1 ,. h' T.u;-. r.ii .ó •--Dv! i.!i 'ir. ‘.'I ...... i,1 '•¡) j•ir , (; I 1 rivi »:..T 11» (>ní 'U’- 'p.1 1 ^:ii. -nd - / y .1 K