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El surco de los córvidos sobre las letras españolas

Buisán Fernández, Raquel

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Facultad de Filología Grado en Filología Hispánica Trabajo Fin de Grado Curso académico 2018/2019 Título: El surco de los córvidos sobre las letras españolas Autor: Raquel Buisán Fernández Tutor: Dr. D. Julián González Barrera Introducción ........................................................................................................................... 1 Etimología .............................................................................................................................. 2 Fuentes antiguas ..................................................................................................................... 6 Supersticiones ..................................................................................................................... 9 Religión ................................................................................................................................ 13 Paremiología ......................................................................................................................... 17 Folclore ................................................................................................................................. 21 Emblemas ............................................................................................................................. 23 Conclusión ............................................................................................................................ 25 Bibliografía citada ................................................................................................................ 27 Anexo ................................................................................................................................... 32 1 La presencia de los animales en la literatura española ha sido habitual desde sus albores, puesto que también lo era en las tradiciones de las que bebe, la latina y griega, así como la germana y árabe. Con frecuencia, la mención de estas criaturas viene aparejada de una función moralizante o aleccionadora, y es precisamente esta utilidad didáctica el motivo fundamental por el que se prolongará en la literatura con el devenir de los siglos. Como el título sugiere al lector, en esta ocasión nos centraremos en el análisis de unos animales en particular: los córvidos. La principal razón que nos ha llevado a efectuar tal elección nace de la viva curiosidad provocada por la comunicación que parece desprenderse de la lectura de dos obras distantes en el tiempo y que, sin embargo, refieren un motivo similar. A continuación, reproducimos los fragmentos que ahora nos incumben: «A la exida de Bivar ovieron la corneja diestra, / e entrando a Burgos oviéronla siniestra» 1 . Estos dos versos del insigne poema medieval español han sido responsables de que se hayan vertido ríos de tinta tratando de proponer una explicación coherente para lo que en una primera lectura puede antojarse impenetrable. Como cabría esperar, nuestro cometido aquí no es el de detenernos en el escrutinio del Cantar de Mio Cid, sino el de desentrañar el intrincado camino que puede llevarnos desde el poema referido hasta obras casi coetáneas a nuestro trabajo, como la que sigue, motor para la escritura de estas páginas: Cuando una urraca parada en un espino alto levantó el vuelo y cruzó la carretera el señor Antonio dijo: -Ya es hora. La brigadilla abandonó las sombras de la cuneta por el sol del trabajo. La urraca andaba picando en medio del campo 2 . Lo que conecta estos dos fragmentos es, sin duda, la presencia de un ave negra, cuyo vuelo surte un efecto dispar sobre aquellos que son testigos. En el primer caso son comúnmente conocidas las distintas interpretaciones que la crítica ha ofrecido sobre la fortuna que correrá el séquito liderado por Rodrigo Díaz de Vivar en función del revoloteo de la corneja con la que se topan en su camino hacia Burgos. 1 ed., Cantar de Mio Cid, Madrid-Barcelona, Real Academia Española-Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2011, p. 6. 2 , Cuentos, ed. Josefina Rodríguez de Aldecoa, Madrid, Cátedra, 2017, pp. 72-73. 2 Por otra parte, en la narración transcrita del autor vitoriano, La urraca cruza la carretera, se proclama la injusta situación de unos obreros en los años cincuenta. El breve descanso que los trabajadores se toman bajo un sol implacable llega a su término cuando junto a ellos planea una urraca, y, de este modo, su movimiento marca la hora de volver a la faena. En ninguno de los casos, el autor añade alguna clase de aclaración que nos explique a qué naturaleza pertenece el designio interpretado, dónde está el origen de tal símbolo, cómo ha evolucionado y qué otros significados se le han atribuido; y esto es, en efecto, lo que pretendemos averiguar en esta ocasión. Con la intención de responder a las cuestiones planteadas, hemos enfocado nuestra investigación en torno a los distintos ejes que a continuación exploraremos. En primer lugar, juzgamos que sería adecuado conocer el origen etimológico de los términos con los que vamos a trabajar y analizar qué extensiones significativas se le han ido añadiendo en la transmisión del término de una lengua a otra. Un recorrido por los distintos textos literarios de la tradición hispánica nos muestra que hemos de buscar las fuentes de los motivos que en ella encontramos en la cultura grecolatina. Sus orígenes ponen de manifiesto que el contenido atribuido desde un primer momento es de índole moral, por lo que su presencia ha sido mayúscula en asuntos religiosos, creando toda una serie de motivos supersticiosos y alegóricos que se han vertido en el folclore vulgar manifestado en los cuentos populares y en los refranes. Siguiendo el propósito de realizar un análisis fundamentado de las cuestiones, vamos a comenzar nuestro estudio por el escrutinio de la imagen acústica o significante, como dijera Ferdinand de Saussure 3 , pues es en la etiqueta donde han quedado atesorados los distintos tintes conceptuales que han ido sumándose con el paso de los siglos, permaneciendo de manera indeleble en el acervo cultural de los pueblos. Esta vez el término al que daremos prioridad es al de cuervo, ya que, como iremos viendo en las páginas venideras, desde la Antigüedad se ha tendido a utilizar este sustantivo como término genérico para otras criaturas aladas por motivos que en breve explicaremos. 3 , Curso de lingüística general, ed. Amado Alonso, Buenos Aires, Editorial Losada, 1945, pp. 91-93. 3 Así pues, una rápida consulta en la última versión del Diccionario de la Lengua Española 4 revela la evolución patrimonial de cuervo desde su étimo latino CŎRVUS. Nuestra búsqueda, no obstante, no ha de detenerse en este punto, pues si continuamos rastreando las raíces de la palabra podemos llegar hasta el lexema sánscrito Ker-. Edward A. Roberts y Bárbara Pastor de Arozena afirman que se trata de «una base de palabras que expresan ruidos y diversas clases de pájaros» 5 . El vocablo indoeuropeo kārakiyā o kārava 6 , que traducimos al castellano como ‘un tipo de grulla’ o ‘un cuervo’ ha derivado a otras lenguas, tales como al griego, κόραξ ‘kórax’; al hebreo, harab; al germano, * hraik- ‘airón’; y al árabe, görab, que en el diccionario de Barcia 7 queda recogido bajo la forma gorab como sinónimo de cuervo. Una vez que hemos analizado la suerte etimológica del significante, a nuestro parecer resultaría enriquecedor atender a las explicaciones diversas que se han ofrecido para justificar la escritura del signo lingüístico. Antonio de Nebrija en su Dictionarium hispano latinum coincide con lo que ya hemos señalado: que el término proviene de la forma latina corvus, que en griego sería kórax 8 . Sebastián de Covarrubias Horozco, por su parte, destaca la explicación que San Isidoro ofrece: «Corvi, a cordis voce dicti, quia grunniunt pectore suaque voce proditi capiuntur» 9 . Otros estudiosos han optado por apuntar hipótesis que se alejan del razonamiento puramente lingüístico, tal y como señala el humanista y lexicógrafo Alfonso de Palencia, pues asegura que el cuervo toma el nombre del «son que fase en la garganta» 10 , es decir, del característico graznar, ese cras, cras que, como veremos, llegó a ser inspiración de varios pensamientos supersticiosos. En esta misma línea de interpretaciones ajenas a la evolución etimológica, Hernández Miñano cita a Fréderic du Portal, quien señala que bajo la palabra griega orb se aúnan distintos conceptos, a saber: cuervo, corneja y puesta de sol 11 . Si en nuestro discernir relacionamos estos términos, llegamos a la conclusión de que el cuervo es un símbolo que se 4 , Diccionario de la lengua española, Madrid, 2018. 5 y Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española, Madrid, Alianza, 1997, p. 82. 6 , Diccionario general etimológico de la Lengua española, II, ed. Eduardo de Echegaray, Buenos Aires, Anaconda, 1945, p. 549. 7 Ibíd., III, p. 559. 8 , Dictionarium hispano latinum, Salmantice, Imprenta de Juan de Porras, 1495, f.189v. 9 «Los cuervos, llamados así por la palabra cordis (corazón), porque graznan con el pecho y son capturados al ser reconocidos por su voz» (la traducción es nuestra), en , Tesoro de la lengua castellana o española, eds. Ignacio Arellano y Rafael Zafra, Madrid-Franckfurt am Main, Iberoamericana-Vervuert, 2006, p. 648. 10 , Universal vocabulario en latín y en romance, ed. Gracia Lozano López, Madison, Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1992, f. 96r. 11 , Emblemas morales de Sebastián de Covarrubias: iconografía y doctrina de la Contrarreforma, Murcia, Ediciones de la Universidad de Murcia, 2015, p. 457. 4 asocia con el ocaso de un periodo, pero con correspondencias prácticamente sinonímicas con otras aves. En este punto conviene aclarar algo que ya habíamos anotado y es que la similitud visual entre los distintos córvidos ha llevado a que varios autores identificasen diferentes aves como una sola y que, por tanto, aun siendo criaturas de distintas especies, han quedado asociadas a los mismos motivos. Ahora vamos a tratar de brindar una serie de aclaraciones concretas que fundamenten dicha identificación:  En primera instancia, si centramos nuestra atención en dos de los córvidos con mayor presencia en las páginas de la literatura española, la corneja y el cuervo, podemos explicar, una vez más mediante un enfoque etimológico, la relación sinonímica entre ambas. Ya hemos visto que cuervo proviene de un término latino que tiene su origen en otro griego, del que, además, se derivaron otras formas a la lengua madre del castellano: cornix. A esta base se le añadió un diminutivo, formando CORNICŬLA 12 , que en español dio corneja. Esto pone de manifiesto que, en último término, ambos significantes proceden de una raíz compartida.  La siguiente argumentación que vamos a ofrecer requiere que volvamos la vista a la ciencia que estudiaba las aves en el siglo XVIII y que asentó las bases de la ornitología actual. El científico sueco Carl Nilsson Linnæus desarrolló entonces un sistema taxonómico binominal que permitía nombrar de manera inequívoca a cada criatura 13 . A la clásica organización de los seres en clase, orden y familia, el zoólogo añadió las etiquetas de género y especie. Pongamos por caso el ejemplo del llamado cuervo común 14 : CLASE: AVE Orden: passeriforme Familia: corvidae 12 , Diccionario de la lengua española. κόραξ también ha pasado como cultismo a la lengua española, pues la palabra coracoides que significa «en forma de cuervo», o «ápófisis de la parte más prominente del omóplato, que se parece al pico de un cuervo», en op. cit., p. 82. 13 Llevó a cabo esta tarea en , Systema naturæ sistens regna tria naturae, in classes et ordines genera et species cum characteribus, differentiis, stnontmis, locis, I, Holmiæ, Laurentii Salvii, 1785. Esta edición a la que hacemos referencia, la décima, se considera como el punto de partida de la nomenclatura zoológica actual. 14 Véase la figura 1 en el anexo, donde adjuntamos la ilustración realizada por Conrad von Gesner en su magna enciclopedia animalística, iniciadora de la zoología moderna. 5 Género: corvus Especie: corax De este modo, si consultamos cualquier registro aviar, observaremos que dentro de la familia de los córvidos encontramos más de ciento veintitrés especies diferentes 15 , entre los que podemos distinguir, además de cuervos, cornejas (corvus corone), grajas (corvus frugilegus) grajillas (corvus monedula) y urracas (pica pica), entre otras aves. Todo esto revela que, por lo general, se ha tendido a nombrar como cuervo a animales que si bien pertenecen a la familia corvidae, no así a la especie corax. Autores como Aristóteles no se detuvieron en tan precisa distinción y tan solo diferenciaban entre cuervos egipcios y libios, en base a su tamaño: En Egipto, animales como los bueyes y las ovejas, son más grandes que en Grecia, mientras que otros son más pequeños, como por ejemplo, perros, lobos, liebres, zorros, cuervos y halcones; otros son del mismo tamaño, como cornejas y cabras. Los expertos atribuyen estas diferencias a la comida, que es abundante para unos y escasa para otros […] 16 .  En último término, el parecido visual de este género de aves ha llevado a que los estudiosos, que hoy tildaríamos de pseudocientíficos, cayesen en una descripción por comparación, tomando como término medio al cuervo. Así, Plinio, en su Historia Natural señala que cuervo: «significa propriamente esta palabra el cuervo grande y vulgar, pero usurpada más anchamente se extiende algunas veces, como parece de Aristóteles, también a los grajos o cornejas» 17 . En el Tesoro de la lengua castellana o española, Covarrubias nos dice que la corneja es «menor que el cuervo, pero de su color y talle» 18 , y Roque Barcia que es «una especie de cuervo» 19 . Leemos en Arte de ballestería y montería que: 15 y, «Nombres en castellano de las aves del mundo recomendados por la sociedad española de ornitología (Decimocuarta parte: orden Passeriformes, familias Malaconotidae a Passeridae)», Ardeola, 57(1), 2010, p. 203. 16 , Investigación sobre los animales, ed. Carlos García Gual, Madrid, Gredos, 1992, p. 472. 17 , Historia natural, Madrid, Luis Sánchez, 1999, p. 491. 18 , op. cit., p. 609. 19 , op. cit., II, p. 454. 6 Es la corneja especie de cuervo; es menor de cuerpo que la cuerva panera y algo mayor que la graja; tiene todas las partes de su cuerpo muy negras, y su plumaje es más brillante que el del cuervo y cuerva; […] tiene el pico todo negro y de la misma hechura que el cuervo 20 . Leemos estas líneas en el célebre tratado de caza de Alonso Martínez de Espinar. Este, y todos los ejemplos ya mencionados, terminan poniendo de relieve que, bien por desconocimiento, confusión o por el hecho de perpetuar un motivo literario de la tradición, se han venido utilizando significantes sin precisión designativa, sino como representantes de un grupo caracterizado por una serie de estigmas. Aristóteles se dio a la tarea de elaborar una gran enciclopedia que describiese y clasificase el reino animal, dejando a un lado las convicciones heredadas de relatos literarios que ofrecían un conocimiento que se separaba en todo punto de la ciencia, para confiar en creencias fundamentadas en las supersticiones populares. En su tratado Historia animalium, el Estagirita realizaba en primer lugar descripciones de corte biológico en las que nos informaba sobre datos anatómicos. Así, al respecto del cuervo nos aporta una detallada descripción fisiológica: Algunas [aves] tienen la vesícula biliar cerca del estómago, otras cerca del intestino, como, por ejemplo, la paloma, el cuervo, la codorniz, la golondrina, el gorrión […] otras no tienen buche y en cambio su esófago es ancho y espacioso, ya en toda su longitud, ya en la parte que toca al estómago: es el caso, por ejemplo, de la chova, el cuervo y la corneja 21 . El pensador también procedía a realizar una exposición acerca de su apareamiento, la incubación de sus huevos y el establecimiento en un territorio. De este modo, nos refiere que «no son ardientes en los placeres del amor […] son más bien inclinados a la continencia, por ejemplo, la familia de los cuervos, aves que rara vez se aparean» 22 . Cuando dicho apareamiento tiene lugar a lo largo de los meses de solsticio, tal y como apunta Plinio: «los 20 Arte de ballestería y montería, Madrid, Blass, 1946, pp. 373-374. 21 , op. cit., pp. 118, 126. 22 Ibíd., p. 47. 7 cuervos engendran antes del solsticio y están enfermos sesenta días» 23 ; incuban como máximo un total de cinco huevos durante unos veinte días. Al respecto, Fray Vicente de Burgos reproduce la información siguiente: «El cuervo trae sus huevos & los saca en la mayor calor del estio que es contra la natura de todas aves» 24 . Resulta interesante establecer una comparación entre la información que los sabios antiguos presentan y aquella que aportan los estudiosos modernos, pues advertimos, tal y como indica el ornitólogo Derek Goodwin, que existen numerosos puntos de conexión, entre los que señalamos los recién referidos 25 . Siguiendo esta línea de coincidencias, sabemos que los cuervos, dada su extraordinaria capacidad de adaptación, se extienden prácticamente por todo el hemisferio septentrional 26 , por lo que no debe extrañarnos su aparición en todas las tradiciones literarias de esta parte del mundo; si bien es cierto que prefieren los climas áridos. Los cuervos son aves que viajan acompañadas de un número de individuos variable, en función de la riqueza que ofrezca el territorio en el que planean asentarse de manera definitiva, pues «conocen la diferencia entre un país próspero y un país árido», dice Claudio Eliano 27 , y a partir de entonces «se las ve en cualquier época del año; no cambian de lugar y no se ocultan para invernar», afirma Aristóteles 28 . Plutarco señala que, dado el carácter sedentario de este animal, el rastreo de su vuelo es útil a los viajeros para encontrar emplazamientos. Así, si se hallan en lugares fértiles, vuelan en bandadas, mientras que si el ambiente no puede proveer a un elevado número de criaturas, se limitan a volar únicamente con su pareja. Goodwin anota que estas parejas, una vez formadas, siempre permanecen juntas y cuando una muere, la otra no busca sustituto, sino que imita el graznar de su compañero hasta fenecer ella también 29 . Precisamente por esta fidelidad que se profesan, los córvidos son un símbolo de unión, de amor, y presentan un buen augurio cuando se las ve en el cielo en día de casamiento 30 . De este modo, Diego López en Declaración magistral sobre 23 , op. cit., p. 490. 24 , Traducción de El libro de Propietatibus Rerum de Bartolomé Anglicus, eds. María Teresa herrera y María Nieves Sánchez, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1999, f. 314r. 25 , Crows of the world, Nueva York, Cornell University, 1976, p. 47. 26 Ibíd., p. 121. 27 , op. cit., p. 142. 28 , op. cit., pp. 514. 29 , op. cit., p. 142. 30 , op. cit., pp. 609-610. Otro motivo por el que se aduce el cantar lastimero del cuervo tiene, una vez más, base mitológica; y es que se dice que Apolo envió al cuervo a que le trajese agua, pero este descuidó el encargo, pues durante el vuelo se topó con una higuera y esperó hasta que esta se secase para tomar sus frutos. Cuando volvió trató de urdir un engaño, atribuyéndole el retraso a una culebra, sin embargo, el dios advirtió la mentira y lo castigó con la sed eterna. Según este relato, este es el significado que se adivina en su canto durante los meses de verano, en ibíd., p. 649. 14 Partió la golondrina, pero regresó hacia mí, un lugar donde posarse no hubo para ella y regresó. Saqué un cuervo y observó el retroceso de las aguas; se alimenta, se mueve arriba y abajo y ya no regresó hacia mí 66 . Sin embargo, para ciertos estudiosos las diferencias entre los relatos son decisivas, pues hay quien ve en las tablillas del diluvio mesopotámico un papel positivo en la acción del cuervo: aquí es presentado como un ser benefactor a ojos de González Grueso, ya que este es el ave que ayuda al protagonista del relato, Utanapishti, al saber que el terreno es habitable 67 . Empero, la visión que da la religión cristiana sobre este suceso defenestra claramente la figura del cuervo en favor de la paloma, que es la fuerza redentora. En esta línea, San Juan Bautista de la Concepción en El recogimiento interior refiere el papel del cuervo como un traidor cuando decide no regresar al arca 68 . El escritor e historiador madrileño Eugenio de Salazar utiliza este motivo para expresar mediante un recurso de exageración que su espera será más larga, si cabe, que la de Noé aguardando al regreso del cuervo al arca, que nunca se llegaría a producir: Con todo este consuelo se fué el bachiller Pascual Redondo á su casa á esperar su provision, que llegará cuando el cuervo de Noé venga á se la llevar en el pico. Y con todo eso, fué mejor despachado que yo, que me quedé en esta córte á esperar la mia, que creo no llegará más temprano 69 . En un sentido similar, Francisco Cervantes de Salazar en el siglo XVI lleva a cabo la redacción de un minucioso relato sobre la conquista de Méjico en la Crónica de la Nueva España: «ellos hicieron la ida del cuervo, porque jamás volvieron ni se supo dellos, como si nunca fueran» 70 . No obstante, esta no es la única vez que el cuervo hace acto de presencia en las Sagradas Escrituras. Udo Becker señala que La Biblia tilda a estos seres de «animales impuros» 71 y, en efecto, en el Levítico nos encontramos con que estas aves, entre otros seres, 66 , ed., El poema de Gilgamesh, Madrid, Cátedra, 2015, pp. 325-326. 67 , «El cuervo y su simbología», Revista de Folklore, 260, 2002, pp. 47- 55. 68 , El recogimiento interior, ed. Juan Pujana, Madrid, Editorial Católica, 1995, p. 689. 69 , Carta de Juan de Hurtado de Mendonza, ed. Pascual de Gayangos, Madrid, Imprenta Rivadeneyra, 1866, p. 73. 70 , Crónica de la Nueva España II, Barcelona, Editorial Linkgua, 2014, p. 404. 71 , Enciclopedia de los símbolos, Barcelona, Swing, 2008, p. 132. 15 han de ser tenidas «por inmundas, y no las comeréis», Lev. 11, 13-15. Probablemente, esta idea esté relacionada con el hecho de que el cuervo es un animal carroñero y, de hecho, tras el fin del Diluvio hubo de alimentarse necesariamente de cadáveres putrefactos. Se nos dice en los Proverbios: «El ojo que se burla en un padre / y que desprecia la edad de su madre, / los cuervos del torrente lo sacarán / y los hijos del águila lo devorarán», Prov. 30, 17. En la producción en prosa del autor barroco Baltasar Gracián también encontramos referido este motivo en el manifiesto de la estética conceptista Agudeza y arte de ingenio: Observó San Agustín el haber hecho el Cielo a un cuervo voraz, guarda fiel de los sagrados despojos del ínclito mártir Vincencio, y dijo: Prosiguen las victorias del mártir vencedor; es enviado un cuervo, ave que suele cebarse en los cadáveres […] 72 . En el «Juicio de Edón», el lugar desolado es descrito como «mansión de cuervos y lechuzas», Is, 34, 11. En otra parte de La Biblia, en «El reino animal» encontramos un tema que ya habíamos comentado, y es el abandono de los progenitores a sus crías recién nacidas: «¿Quién procura al cuervo su alimento, / cuando sus crías gritan hacia Dios / y se agitan por falta de comida?», Job, 38, 41. San Juan Bautista de la Concepción repite la comparación entre las aves, condenando una vez más al córvido por su repulsiva alimentación, pero este rechazo no es solo a nivel físico, sino también espiritual: Miren aquella palomita arrojada en medio las aguas del diluvio, cualquiera le tuviera lástima; y, a cabo de rato, vuelve con su ramo de oliva. Y en esto se diferenció del cuervo, etc., que se quedó en los cuerpos muertos, etc. No hay que tener a su charidad lástima, que si hoy es arrojado en un mar de penitencias, paloma le ha hecho Dios para que vuele y vuelva a la mano del que la envía con ramo de victoria. Tengamos lástima a los cuervos y grajos, que se quedan en el mundo asentados y puestas sus afecciones en cosas muertas y perecederas 73 . En «Al salvador de Israel» se alaba a Dios con vehemencia, pues «él da el alimento a los ganados y a las crías del cuervo cuando chillan», Sal., 147, 9. Dios es quien, anota Luciano López Gutiérrez, «los socorre sustentándolos del rocío y de unos gusanitos que se crían en las pajuelas del nido» 74 hasta que florecen sus primeras plumas negras y los padres 72 , Agudeza y arte de ingenio, ed. Emilio Blanco, Madrid, Turner, 1993, p. 346. 73 , Pláticas a los religiosos, ed. Juan Pujana, Madrid, Editorial Católica, 2002, f. 32v. 74 , Portentos y prodigios del Siglo de Oro, Madrid, Nowtilus, 2012, p. 155. 16 reconocen en ellos a sus descendientes, pasando entonces a ocuparse de su sustento. En el Evangelio según Lucas, podemos leer: «Mirad los cuervos: no siembran, ni siegan, no tienen despensas ni graneros, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que los pájaros!», Lc. 12, 24. Por otro lado, en la Biblia tenemos la presencia del cuervo como criatura que envidada por Dios alimenta al profeta necesitado: “…Beberás del torrente; yo he dado orden a los cuervos e que te alimenten allí”. Elías salió y, tal como el Señor le había ordenado, se estableció en el torrente Querit, al este de Jordán. Los cuervos le traían pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente, 1Re., 17, 2-6. Esta situación nos la refieren San Agustín y San Jerónimo 75 , y la vemos repetida en una reelaboración literaria del siglo XVII, en concreto en el auto sacramental de Tirso de Molina, La mujer que manda en casa. En esta pieza teatral, los cuervos enviados por Dios roban alimento de la mesa del tiranizado rey Acab y lo llevan hasta las montañas donde el profeta se halla oculto: «Pero ¿qué es esto? Los cuervos, / de quien mi defensa fía / la fe mía, / a traerme de comer / vienen; hora debe ser» 76 . No son pocas las referencias en la literatura española que se asemejan a este pasaje, bien con exactitud o cambiándolo en ciertos puntos. Tal es el caso de Fray José Singüenza: «No faltara vn cueruo que truxera pan, como a Elias, y a Paulo; ni vn Abacuc que entrara en el lago de los leones» 77 , para indicar que el individuo auxiliado está siendo protegido por la Divina Providencia. En otro punto de la Biblia el cuervo queda situado como una criatura entre el umbral que separa la luz de la oscuridad: «El búho ululará en las ventanas / y el cuervo graznará en los umbrales, / porque quedó desnudo / el artesonado del techo», Sof., 2, 14. Todo esto no hace otra cosa que poner de manifiesto el giro que la tradición cristiana dio a la concepción primera de la que tenemos constancia del cuervo como señal de agüero, llevándola desde un poco positivo hacia su opuesto, con la consiguiente adición de implicaciones negativas que hemos ido documentando. 75 , Obras de San Agustín. 7, Sermones (1º), Madrid, Biblioteca de autores cristianos, 1981, p. 189; y , Epistolario. Edición bilingüe I, Madrid, Biblioteca de autores cristianos, 1993, p. 247. 76 , La mujer que manda en casa, ed. D. Smith, Madrid-Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 1999, p. 42. 77 , Segunda parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, ed. Juan Catalina García, Madrid, Nueva Biblioteca de autores españoles, 1907, p. 61. 17 A continuación, vamos a proceder al estudio de los refranes de tradición española en los que hacen acto de presencia las aves de nuestro estudio. Este análisis arroja una información que en un primer momento puede llegar a desconcertarnos, y es que, en contra de lo que inicialmente pudiera llegar a parecer, en estos dichos sentenciosos se encierra un grado de erudición que puede pasar desapercibida por cuanto se trata de frasecillas transmitidas por el pueblo de boca en boca. En este sentido, Martínez Kleiser exigió una dignificación de los refranes por parte de los estudiosos señalando que no debemos caer en la simpleza de pensar que son «mercadería intelectual de baratillo» ni «pasatiempo banal», pues «en boca del vulgo andan los refranes, pero no salieron de bocas vulgares» 78 . Los refranes que veremos en las páginas siguientes van a ser clasificados atendiendo a un criterio temático. En primer lugar, abordaremos aquellos casos en los que se establece una relación entre el cuervo y su plumaje negro y la consecuente asociación con agüeros nefastos. Uno de los refranes más repetidos en la literatura española es aquel que dice «No es el cuervo más que sus alas negro» 79 , es decir; que si un ser es de evidente naturaleza maligna, nada en su interior puede sorprendernos por su perversidad. Este dicho, más allá de haberse conservado en el registro vulgar, podemos encontrarlo en la literatura, tal y como sucede en la Tercera parte de la tragicomedia de Celestina: «Ora, di lo que quisieres, que a todo tengo de callar, que ya no puede ser el cueruo más negro que sus alas», dice Elicia 80 . El refrán también ha derivado hacia un significado secundario que podríamos colocar en paralelo al coloquial «a peor no puede ir», y este es el contenido que encontramos en la variedad del dicho enunciada como «Yo a buenas, vos a malas, no puede ser más negro el cuervo que las alas; o yo por buenas, vos por malas» 81 . En este sentido lo encontramos en los Diálogos de John Minsheu, en el momento en el que dos militares conversan: «SARGENTO No se enoje, señor soldado, que se hará viejo antes de tiempo. / SOLDADO No puede ya ser más negro el cuervo que sus 78 , Refranero general ideológico español, Madrid, Real Academia Española, 1953, pp. IX-X. 79 Ibíd p. 358. 80 , Tercera parte de la tragicomedia de Celestina, ed. Mac E. Barrick, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 1973, p. 250. 81 , op. cit., p. 825; , Libro de refranes, eds. Jesús Cantera Ortiza de Urbina y Julia Sevilla Muñoz, Madrid, Guillermo Blázquez, 2003, p. 69. 18 alas» 82 . Con este mismo significado, Mateo Alemán pone en labios del narrador: «“¡Dejadlo pase, que desgracia de tripas ha sido!” Decíanme otros: “Acábese ya de requerir y no corra tanto, pues no puede ser el cuervo más negro que las alas”» 83 . Con igual intención, dice Valdés en el Diálogo de la lengua: «Yo por mi parte lo prometo, pues “ya no puede ser más negro el cuervo que sus alas”» 84 , y esto solo por señalar unos pocos ejemplos. Siguiendo con el tema del color negro, se han registrado refranes en los que se establece una comparación con otras criaturas del mismo género, cuyo punto de conexión es el pigmento de su plumaje. La generosa cantidad de variantes que aquí ofreceremos viene a expresar que en ocasiones, para no caer en mezquindades, es mejor que las ofensas cometidas sean perdonadas. Apuntamos a continuación una serie de refranes de esta temática: Le preguntó la urraca al cuervo: “¿Cuál de los dos es más negro?” Dijo la corneja al cuervo: quítate allá, negro; y el cuervo a la corneja: quitaos vos allá, negra. Dijo el cuervo a la graja: “Quítate allá, tiznada” Dijo el cuervo a la pega: “Quítate allá, que eres negra” Dijo la graja al negro cuervo: “Quítate allá, negro” 85 . Con todo lo dicho con anterioridad, quedaría claro que el negro es uno de los rasgos por los que el cuervo es malquisto, pero también sabemos que no es el único. Entre otras cosas, se le acusa de carroñero: «La carne a los cuervos atrae», «La carne atrae a los cuervos, como a los ratones el queso», «Lléganse los cuervos a la carne» 86 . Así, Luis Quiñones de Benavente en su obra Las burlas de Isabel describe a uno de los personajes, el barbero, por comparación con el ave: «Barbero Chupa responsos, que las vidas cuentas; / cuervo, pues que de muertos te sustentas» 87 . El poema heroico San Ignacio de Loyola reitera este motivo en la descripción del animal: «Trágico cuervo, […] / el pico hambriento de favila breve / en un cadáver de alquitrán embebe» 88 . 82 y , eds., Diálogos de John Minsheu, Alcalá de Henares, Centro Virtual Cervantes, 2004, p. 62. 83 , Segunda parte de la vida de Guzmán de Alfarache. Atalaya de la vida humana, ed. José María Micó, Madrid, Cátedra, 1987, p. 112. 84 , Diálogo de la lengua, ed. Cristina Barbolani, Madrid, Cátedra, 1990, p. 263. 85 , op. cit., p. 346; , op. cit., II, p. 454; , op. cit., pp. 227-228. 86 , op. cit., p. 52. 87 , Las burlas de Isabel, ed. Christian Andrès, Madrid, Cátedra, 1991, p. 203. 88 , San Ignacio de Loyola. Poema heroico, ed. Giovanni Meo Zilio, Caracas, Ayacucho, 1986, p. 254. 19 Del mismo modo hemos localizado expresiones en las que hacen acto de presencia otros seres, ora por comparación peyorativa con individuos de la Iglesia: «Clérigos y cuervos huélganse con los muertos», «Clérigos, frailes, pardales y chovas, ¿dónde vais a las cuatro royas?» 89 ; ora con animales de los que se alimentan: «Al cuervo no agrada el asno vivo», «Cuervos vienen: carne huelen», «Donde hay un burro muerto, no faltan cuervos», «Dondequiera que hay cebo, no dejan de acudir los cuervos», «Donde viejos no andan, cuervos no graznan» 90 , «Cuervos vienen, carne hay» 91 . La asociación entre el cuervo y los hombres religiosos parece proceder de un cuento que Sebastián de Covarrubias anota en su Libro de los proverbios glosados: Echar el cuervo comúnmente llaman andar a predicar bulas o questas. Y así llaman echacuervos a los predicadores de bulas y questas […] Y echar el cuervo provino de un quento que en un lugar aconteció a un echacuervo y a su escribano. Y es que yendo uno a predicar una bula con su escribano como suelen ir en un lugar después que ovo bien charlataneado ninguno tomaba la bula […] començóse a santiguar y dezi a grandes vozes “Algún demonio está aquí que quiere impedir vuestra salvación. Y no os dexa que toméis esta bula” […] el escribano que venía con el echaquervo soltó un cuervo ue traýa para aquel efecto debajo de la capa […] Entonçes el echaquervo dixo “Allá irás, diablo maldito, que impedías la salvación de las almas de estos xpianos”, haziéndoles entender que era el demonio 92 . En La Biblia no faltan refranes que ilustren este aspecto: «El ojo que se burla en un padre / y que desprecia la edad de su madre, / los cuervos del torrente lo sacarán / y los hijos del águila los devorarán» Prov., 30, 17. Esta concepción del cuervo como ave de carroña tiene un componente científico, pero tal vez su fundamento peyorativo esté ligado al ya mencionado episodio del Diluvio bíblico. De este modo, una vez que dejó atrás el arca, el cuervo hubo de alimentarse necesariamente para sobrevivir de los cadáveres de los condenados. Este suceso, además, ha sido fuente de otros tópicos con posterioridad codificados en refranes. Nos referimos, pues, a la llamada ida del cuervo, a su no regreso una vez hubo encontrado tierra firme. En torno a este motivo hallamos dichos sentenciosos tales como: «La vergüenza y el cuervo dijeron al irse: “Vuelvo”, y no volvieron», «La ida del 89 , op. cit., p. 653. Aclaramos que chova es el nombre común que puede hacer referencia a distintos géneros de ave, a saber: Pyrrhocorax graculus, Pyrrhocorax pyrrhocorax. Corvus corone. 90 Ibíd., p. 388. 91 Vocabulario de refranes y frases proverbiales, ed. Louis Combet, Madrid, Castalia, 2000, p. 212. 92 , Libro de los proverbios glosados, ed. Jack Weiner, Kassel, Reichenberger, 1994, pp. 304-305. 20 cuervo, la ida del humo» 93 . A este respecto, Fray Reginaldo Lizárraga en la Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile compara a un indio con el cuervo por cuanto que fracasa en su empresa como mensajero: «la respuesta diesen aquel indio, el cual se habia preferido traerla á Ongol para el mes de Marzo; dióse todo este recaudo al indio, mas hizo la ida del cuervo; no queria más que verse libre de las manos de los nuestros» 94 . Por otra parte, la paremiología ha registrado al cuervo como mal mensajero por varios factores, bien porque el recado llegue con retraso o bien porque este sea infausto. «Cras crastinando, dijo el cuervo, y no sé cuando tornará blanco», «El cuervo siempre dice cras; que mañana blanco será, y ese día ni llegó, ni llegará», «“Cras, cras”, dice el cuervo, queriendo decir: “nunca jamás”», «Cuando le soltó Noé, el cuervo voló y se fué; iba diciendo: “cras, cras”; pero nunca volvió más» 95 . Todos estos casos están muy ligados al tópico de la ida del cuervo, pero también al sonido de su cantar, ese característico cras, cras que también ha estado sujeto a distintas interpretaciones. Cras es un adverbio latino que significa mañana, por lo que ciertos sabios lo interpretaron como una posposición de los quehaceres, una desidia asociada a la marcha del cuervo. No obstante, otros estudiosos lo han visto como un símbolo de esperanza en el nuevo día. Respecto a la primera percepción del crastinar del cuervo, dice Juan de Pineda: La corneja dice con su canto cras, cras, que quiere decir mañana; mañana, también como el canto de los cuervos; y ansí los que viven de esperanzas pasan de día en día, prometiéndose buenaventura para los venideros, y porque en la materia de virtudes es mal caso dejar para mañana el bien, que hoy se puede hacer, condena Dios en la ley por aves inmundas a todos los linajes de cuervos, que siempre dicen cras o mañana 96 . Ese mensaje que transmite el cuervo puede tener distinto contenido, aunque es posible que verse sobre las condiciones meteorológicas: «Cuando el cuervo grajea, si no se ha puesto el sol, poco le queda», «Si los cuervos bajan al llano, la niebla vendrá temprano» 97 . Por otra parte, refranes como «Al cuervo me atengo, que cría lo que se le parece», «De mal cuervo, nunca buen huevo», «De mal cuervo, mal huevo», «De negro cuervo, negro 93 , op. cit., p. 726; , op. cit., II, p. 454; , op. cit., p. 249. 94 , Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile, ed. Mario Hernández Sánchez Barba, Madrid, Ediciones Atlas, 1968, p. 207. 95 , op. cit., p. 635; , op. cit., p. 281. 96 , op. cit., II, p. 251. 97 , op. cit., p. 46 y 518. 21 huevo» 98 ; se emplean para expresar la transmisión de la maldad de padres a hijos. En relación con este último, hemos hallado la expresión «Cría cuervos y te sacarán los ojos» 99 usada para aludir a la ingratitud de ciertas personas. Este refrán probablemente tiene su origen en el rumor que anotaban varios sabios clásicos, entre los que destacamos a Claudio Eliano: «El cuervo, cuando ya es viejo, no puede criar a sus polluelos y se ofrece a sí mismo como alimento. Y los hijos devoran al padre» 100 . No hemos de confundir este motivo con el que se le atribuye al pelícano, de fuertes connotaciones religiosas. Nos referimos a la asociación de Jesucristo con esta ave, simbolizando su sacrificio por toda la Humanidad. Es posible poner en relación los refranes que acabamos de analizar con los cuentos populares existentes en la tradición española, pues ambos se caracterizan por tener unos remotos orígenes cultos, tal vez de tradición pagana y haberse transmitido de manera oral de generación en generación, introduciendo así variaciones de distinto grado. Es de suponer que este tipo de narraciones sobrevivieron ya que al presentar un contenido moral, servían para aleccionar a los jóvenes. Comenzaremos analizando el Catálogo tipológico del cuento folklórico español, donde encontramos un cuento titulado «El cuervo con queso en el pico» 101 en el que se nos cuenta cómo una loba alaba el canto del cuervo hasta conseguir que este haga una demostración, cayéndosele del pico el trozo de queso que sostenía y yendo a parar en las fauces de la loba sagaz. Si rastreamos los antecedentes de este relato bien podemos llegar hasta una de las fábulas de Esopo, en la que el autor nos dice que «la fábula es oportuna para un hombre insensato» 102 . En este sentido, don Juan Manuel aprovecha el mismo motivo para hacer que el ayo Patronio instruya al Conde, diciendo así: - Señor conde Lucanor, sabet que este omne vos quiere engañar dándovos a entender que el vuestro poder et el vuestro estado es mayor de cuanto es la verdat. Et para que vos podades 98 Ibíd pp. 109 y 605. 99 , op. cit., p. 549. 100 , op. cit., p. 173. 101 y , Catálogo tipológico del cuento folklórico en español. 2, Cuentos de animales, Madrid, Gredos, 1997, p. 107. 102 , Fábulas, ed. Gonzalo López Casildo, Madrid, Alianza Editorial, 2000, p. 92. 22 guardar deste engaño que vos quiere fazer, plazerme ýa que sopiésedes lo que contesció a un cuervo con un raposo 103 . Encontramos en diversos autores, siempre con afán moralizante, la reiteración de este caso, como podemos leer en el arcipreste de Hita 104 , Torres Naharro 105 y Samaniego, quien reelabora el material literario del que dispone la larga tradición, y cierra el relato diciendo: «Quedáis con alabanzas / tan hinchado y repleto, / digerid las lisonjas, / mientras digiero el queso. / Quien oye aduladores, / nunca espere otro premio» 106 . El Catálogo tipológico refiere otro cuento titulado «El zorro se hace el muerto y atrapa al pájaro», en el que el raposo finge estar muerto para lograr que el cuervo se acerque a alimentarse de él sin temor. Cuando está lo suficientemente cerca, el zorro logra apresarlo con facilidad 107 y de aquí extraemos el dicho «Zorrilla tagarnillera, hácese la muerta por asir la presa» 108 . Así, en el «Enxiemplo de la raposa que come las gallinas en la aldea» del Libro de Buen Amor la situación que acabamos de referir en el dicho sentencioso anterior: «Tendiose a la puerta del aldea nombrada, / físose como muerta, la boca regañada, / las manos encogidas, yerta e desfigurada, desían los que pasaban: “¡Tente esa trasnochada!”» 109 , si bien el resultado en esta ocasión es bien distinto, pues termina siendo ella la perjudicada. Por otra parte, relativo al cuervo dentro de esta obra, nos topamos con el cuento de «La hopona y el grajo». En esta breve narración, el córvido es invitado por la zorra a almorzar; sin embargo, la astuta raposa sirve la comida en un receptáculo que sí es accesible para sus fauces, pero no para el pico del otro comensal. La venganza del ave se efectúa al día siguiente, y en este punto son dos las versiones que ponen fin a este cuento. En una de ellas, el grajo repite la táctica de la zorra, eligiendo esta vez un recipiente que priva a su asistente de probar bocado. El otro final alternativo nos cuenta que la represalia tiene lugar durante el vuelo del grajo con la zorra a sus lomos, a la que arroja vacío cuando han alcanzado una altura conveniente como para que la caída del mamífero sea mortal de necesidad. Este es un cuento 103 , El Conde Lucanor, ed. Guillermo Serés, Barcelona, Crítica, 1994, p. 38. 104 , El Libro de Buen Amor, ed. Jacques Joset, Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 2013, pp. 207-208. 105 , Propaladia, Sevilla, Andrés de Burgos, 1545, p. 166. 106 , Fábulas de Samaniego, Córdoba, El Cid Editor, 2004, p. 129. 107 y , op. cit., pp. 114-115. 108 , op. cit., p. 198; , op. cit., p. 831. 109 op. cit., p. 204. 23 de larga tradición desde Fedro 110 , pasando por la tradición medieval, los Siglos de Oro e incluso la versificación de Samaniego 111 en el Setecientos. En la obra de este último tropezamos con una serie de cuentecillos referidos a los córvidos. Así, en unos versos dedicados a Iriarte imita una fábula del que consideraba su maestro, «El águila y el cuervo», donde nos cuenta que el córvido, por afán de alcanzar cosas ajenas a él por naturaleza, está destinado al fracaso 112 . Además, Samaniego retoma la fábula «El cuervo y la serpiente» de gran presencia en los emblemas morales. En ella, el pájaro muere por la ponzoña que le inocula su presa antes de morir entre las garras de su atacante. En último término, en las Fábulas literarias de Tomás de Iriarte nos encontramos con un relato en el que el cuervo mide su vuelo con el pavo, y este último procede a enumerar las malas señales que ha su compañero quedan atribuidas (el color negro, el mal agüero, la alimentación carroñera). Sin embargo, aquí la imagen del córvido no queda denostada, pues el autor nos dice: «Quando en las obras del sabio / no encuentra defectos, / contra la persona cargos / suele hacer el necio» 113 . Como ya hemos apuntado, y veremos en el apartado que sigue, estos cuentos tienen una raíz clásica y podemos asociarlos a los distintos emblemas que ahora comentaremos y de los que se han extraído los refranes precedentes. La emblemática ha sido ampliamente celebrada a lo largo de la Historia, en especial durante los Siglos de Oro. Nos centraremos, en primer lugar, en los emblemas propuestos por Andrea Alciato, traducidos al castellano a mediados del siglo XVI 114 . Entre ellos destacamos aquel que tiene por mote: «Que el que mal anda en tal acaba» o «Que el que en mal vida en tal acaba» 115 , en función de la edición que manejemos. En esta ocasión, el autor recupera un motivo que ya habíamos mencionado antes: el cuervo, a sabiendas de que ha desatendido el encargo del dios Apolo, regresa con una culebra para culparla de su tardanza. En ocasiones, 110 ed., Fábulas, Madrid, Editorial Gredos, 2005, p. 101. 111 , op. cit., pp. 24-26. 112 Ibíd., pp. 60-62. 113 , Fábulas literarias, ed. Ángel L. Prieto de Paula, Madrid, Cátedra, 1992, p. 178. 114 , Los emblemas de Alciato traducidos en rhimas españolas, Lyon, Imprenta de Guilielmo Rouillio, 1549. 115 Ibíd p. 101; , Los emblemas de Alciato traduzidos en rhimas españolas, Lyon, Imprenta de Mathias Bonhome, 1549, p. 101. En el anexo incluimos una reproducción de este y los demás emblemas que mencionaremos a continuación. Este se corresponde con la figura 2. 30 Arte de ballestería y montería, Madrid, Blass, 1946. , Refranero general ideológico español, Madrid, Real Academia Española, 1953. , La epopeya castellana a través de la literatura española, Madrid, Espasa-Calpe, 1974. , La mujer que manda en casa, ed. D. Smith, Madrid-Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 1999. ed., Cantar de Mio Cid, Madrid-Barcelona, Real Academia Española-Galaxia Gutenberg: Círculo de Lectores, 2011. , Dictionarium hispano latinum, Salmantice, Imprenta de Juan de Porras, 1495. , Systema naturæ sistens regna tria naturae, in classes et ordines genera et species cum characteribus, differentiis, stnontmis, locis, I, Holmiæ, Laurentii Salvii, 1785. , Metamorfosis, Santa Fe, El Cid Editor, 2004. , Universal vocabulario en latín y en romance, ed. 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Jesús Cantera Ortiza de Urbina y Julia Sevilla Muñoz, Madrid, Guillermo Blázquez, 2003. , La Moschea, Poética inventiva en octava rima, ed. Ángel Luis Luján Atienza, Cuenca, Diputación de Cuenta. Departamento de cultura, 2002. , Errores celebrados, ed. David Hershberg, Madrid, Espasa-Calpe, 1972. 32 Figura 1 129 : Figura 2 130 : 129 , Historiæ animalivm. III, de avium natura, Zurich, Tigvri Apvd Christ. Froschovervm, 1551, p. 320. 130 , Los emblemas de Alciato traducidos en rhimas españolas, Lyon, Imprenta de Guilielmo Rouillio, 1549, p. 101. 33 Figura 3 131 : Figura 4 132 : 131 , Iconologia di Cesare Ripa, Perugino, ed. Giovanni Paolo Castellini, Venetia, Cristoforo Tomasini, 1645, p. 645. 132 , Los emblemas de Alciato, ed. Rafael Zafra, Barcelona, Ediciones Uib, 2003, p. 122. 34 Figura 5 133 : Figura 6 134 : 133 , Los emblemas de Alciato traducidos en rhimas españolas, Lyon, Imprenta de Guilielmo Rouillio, 1549, p. 240. 134 , Emblemas morales, A Coruña, SIELAE, Society for Emblem Studies, 2017, p. 271. 35 Figura 7 135 : Figura 8 136 : 135 Ibíd., p. 501. 136 Ibíd., p. 541. 36 Figura 9 137 : 137 Ibíd., p. 419.