Dostoyevski. Pánico al nihilismo
Abstract
Este trabajo pretende examinar la relación existencial que aparece en las obras de F. Dostoyevski entre el bien y el mal. Es decir, examinar el fundamento último de la moral según el autor a través de la sucesión de tres historias contadas en tres de sus obras: Memorias del subsuelo, Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov. Es relevante la sucesión de estas obras ya que podemos encontrar cierta especie de continuismo literario y filosófico entre ellas, y es por esto mismo por lo que trabajaremos principalmente estas tres obras para el trabajo sobre otras. En último lugar, nos preguntaremos acerca de la cuestión de, si acaso Dios no existiera, ¿estaría todo permitido?
Full text
1 DOSTOYEVSKI PÁNICO AL NIHILISMO Trabajo de Fin de Grado Alumno: José Manuel Crego Haro Tutor: Jesús Francisco De Garay Suárez-Llanos Departamento: Filosofía y Lógica y Filosofía de la Ciencia
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3 Para Juan.
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5 Índice: 1. Introducción al problema del nihilismo en F. Dostoyevski……………………….. 7 2. Sucesiones y consecuencias del nihilismo, del subsuelo al parricidio……………. 8 2.1 El hombre del subsuelo…………………………………………………….. 9 2.2 Raskólnikov……………………………………………………………….. 13 2.3 Aliosha e Iván Karamázov……………………………………………….. 19 3. Dios como necesidad última del orden moral…………………………………….. 26 4. Conclusiones……………………………………………………………………….. 32 6. Bibliografía………………………………………………………………………… 35
6 Resumen: Este trabajo pretende examinar la relación existencial que aparece en las obras de F. Dostoyevski entre el bien y el mal. Es decir, examinar el fundamento último de la moral según el autor a través de la sucesión de tres historias contadas en tres de sus obras: Memorias del subsuelo, Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov. Es relevante la sucesión de estas obras ya que podemos encontrar cierta especie de continuismo literario y filosófico entre ellas, y es por esto mismo por lo que trabajaremos principalmente estas tres obras para el trabajo sobre otras. En último lugar, nos preguntaremos acerca de la cuestión de, si acaso Dios no existiera, ¿estaría todo permitido? Abstract: This essay aims to examine the existential relation that appears in F. Dostoyesvki between good and evil. To say, examining the ultimate fundamentum of moral from the author going throw three of his different works: Memories of the underground, Crime and punishment and The Brothers Karamazov. It is important the sequence of these works because we can find some sort of literature and philosophical continuity between them, and that is the reason that we will use mainly these three books instead of others. At last place, we will ask ourselves about the question of, if God wouldn´t exist, would everything be forbidden? Palabras clave: Dostoyevski, nihilismo, existencialismo y moral. Key words: Dostoyevski, nihilism, existentialism and moral.
7 1. Introducción al problema del nihilismo en F. Dostoyevski. Si nos preguntamos por la literatura dostoyevskiana, rápidamente nos encontramos con una lluvia de distintas ideas. De entre estas podemos recoger el realismo, dramas, asesinatos, problemas teológicos y una profunda psicología de lo humano. La obra de Dostoyevski está cargada de un fuerte componente filosófico y psicológico, y la intención de este trabajo es analizar un problema concreto recurrente a lo largo de su obra. Este es el problema de la existencia o, mejor dicho, de la necesidad de la existencia de Dios, problema que se relaciona directamente con el existencialismo en el autor. El propio Dostoyevski trata esta cuestión a través de su obra, aunque lo hace de una forma negativa, preguntándose como sería el mundo sin Dios, o un mundo tras la muerte de Dios, llegando así inevitablemente a una concepción nihilista del mundo. En esta concepción no habría valores y todo estaría permitido, aunque esto concretamente lo veremos a través del análisis de las tres obras principales seleccionadas para este trabajo: Memorias del subsuelo, Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov. La visión nihilista del mundo la afronta Dostoyevski no únicamente desde una perspectiva negativa, al estilo de cómo es el mundo si Dios no existe; sino que también es negativa en tanto que supone una crítica al mundo occidental y a su desarrollo filosófico-científico, que pretende llegar precisamente a esto, a un mundo sin Dios en el que este es sustituido por el desarrollo técnico, social, político, económico, científico, filosófico, etc…. Shestóv nos dirá que Dostoyevski abandona el sistema idealista en Memorias del subsuelo y en Los hermanos Karamázov. La idea es que el juicio moral sólo puede asumirse en un sistema idealista, en el que existe algo trascendente, como los valores morales. Por el contrario, en un realismo las cosas son como son, sin experiencia empírica alguna sobre un fundamento moral. De esta forma, cuando ocurren las atrocidades en Dostoyevski, no hay forma de que recriminemos que lo sucedido no debería haber sido, que es a lo que nos lleva el sentimentalismo (Curtis, 2015, pp. 290-293). La crítica dostoyevskiana vendrá a decir que el nuevo mundo que está creando la ciencia pretende suplantar al mundo antiguo, esto se muestra en la obra a través de la defensa de la cultura, los valores tradicionales y del patriotismo. El sistema racionalista occidental está destruyendo por completo la dimensión mística y espiritual del hombre, logrando por tanto una visión materialista del mundo. En este tipo de visión no hay
8 concepción religiosa posible, y la norma se vuelve atea. Las preguntas metafísicas y existenciales que competían al humano buscaban su respuesta a través de la religión y la interioridad; sin embargo, ahora es la ciencia quien da respuestas al malestar interior a través de la búsqueda de respuestas en la exterioridad. Por eso nos encontramos citas como: “la compasión, en nuestros tiempos, está prohibida por la ciencia” (Dostoyevski, 2016, p. 46). Mas esta no es la única, ni mucho menos. En las memorias y en los Karamázov encontramos referencias satíricas a la aritmética y a la geometría euclídea, intentos racionales de axiomatizar y reducir el mundo a causas y efectos, donde cada cosa tenga su porqué. En esta nueva cosmovisión la tradición se pierde, y con ella los antiguos valores. El mayor problema que aparece en las novelas de Dostoyevski no es la pérdida del sentimentalismo patriótico ni de la tradición cultural, sino la pérdida de los valores morales, que está profundamente ligado a la pérdida de un fundamento moral en el mundo. Si la ciencia demuestra ser capaz de suplantar a la religión, y la razón se propone sustituir al espíritu, entonces ambas tendrán que hacerse cargo de todas las responsabilidades de sus predecesoras, y de entre estas, la más peligrosa es convertirse en el fundamento moral del mundo. 2. Sucesiones y consecuencias del nihilismo, del subsuelo al parricidio. Las tres obras que he elegido para realizar este trabajo no son arbitrarias, sino que, a mi juicio, a través de cada una y en el orden elegido -que coincide con el orden de sus respectivas publicaciones 1 - se va desarrollando el mismo problema, sólo que explorándolo y profundizando más y más en cada novela. De esta forma, tanto el hombre del subsuelo, como Raskólnikov e Iván Karamázov compartenla misma carga o enfermedad, y es que en cada novela vemos las consecuencias más directas e inmediatas de este nuevo pensamiento, el mundo como una nada. En cierto sentido, el personaje del subsuelo ha perseguido a Dostoyevski toda la vida, tanto existencial como creativamente. Raskólnikov, Stavroguin e Iván Karamázov germinaron de este personaje, en tanto figuras que encarnan al individuo hiperconsciente, 1 Memorias del subsuelo fue publicada en 1854, Crimen y castigo en 1867 y Los hermanos Karamázov en 1880.
9 que se alimenta de ideas, cuya vida contemplativa prevalece sobre la vida activa, que siempre es una mera consecuencia de la primera. Dostoyevski retrataba con maestría a este tipo de figuras, ya que la perspectiva fundamental de su filosofía vital se encuentra retratada en el hombre que se contempla a sí mismo separado de la humanidad entera (…) (Djermanović, 2006, pp. 92-93). Chestov nos dirá que Memorias del subsuelo fue la primera novela honesta que Dostoyevski escribió, en la que realiza una introspección total de su inconsciente. Y, al remover en lo más profundo de su ser y su consciencia, se encuentra al hombre del subsuelo y a sus ideales, a esa enfermedad y a esa depravación. De hecho, este fondo tan oscuro marcó tanto a Dostoyevski que llegó al punto en el que tuvo que negar todo aquello que encontró. Acabando por antropomorfizar esos ideales negados, llevándolos a la vida a través de la creación literaria; Dostoyevski logra así hacer una prosopopeya de los pensamientos exactamente opuestos a los nihilistas que le fueron contemporáneos. Llegando así a personajes como Aliosha Karamázov, y separándolos tajantemente de sus contrapartes, Raskólnikov e Iván, hechos a imagen y semejanza de los abismos morales de su propia persona (Chestov, 1949, pp. 29-30). Aunque lo exploraremos con más profundidad, es un hecho que Aliosha es colocado como protagonista de Los Hermanos Karamázov porque simboliza la esperanza, el futuro de la propia Rusia e incluso de la humanidad, el mandato del amor. Chestov vendrá a decir lo siguiente: Hacia los fines de su carrera Dostoievsky no hubiera vacilado en infringir las reglas más severas que nos imponen las relaciones sociales. Pero se ve constantemente obligado a decir, por interposición de sus héroes, cosas que en su propio espíritu no hubieran adquirido forma tan categórica, tan definida, si no se le hubiesen presentado con el aspecto ilusorio de los juicios y deseos que no eran juicios y deseos de su propio yo, sino de un héroe de novela (Chestov, 1949, p. 28). Otro de los temas que nos incumben en este trabajo es poner a prueba si Aliosha, la esperanza, es directamente un delirio del autor, quien juega a negar la realidad misma y se refugia de esta a través del uso de la creación literaria como mecanismo de defensa. O si, por el contrario, la esperanza tiene la misma verdad u ontología que la nada, y podemos confiar en ella. 2.1 El hombre del subsuelo.
16 eternidad…, preferiría vivir así a morir enseguida? ¡La cosa es vivir, vivir, vivir! ¡Vivir, sea como fuere, pero vivir!... ¡Qué verdad tan grande! ¡Señor, qué verdad! ¡El hombre es cobarde!... Y cobarde quien por eso le llama cobarde» (…) (Dostoyevski, 2016, p. 239). Chestov nos dice que Crimen y castigo es un paso atrás con respecto a Memorias del subsuelo. Que mientras que Dostoyevski realizó un ejercicio introspectivo sublime en su obra de exilio, Crimen y castigo supone un retroceso, en el que no hay castigo que no deba ser castigado, ni debe haber pecado que no deba purgarse. El hombre no puede permitirse romper reglas, incluso aunque no comprenda por qué estas existen. De esta forma, la propia obra querría plantear una solución al pánico que produce el nihilismo; a través del castigo o de la recompensa (Chestov, 1949, y Curtis, 2015, p. 297). Dependiendo de en base a qué, podemos juzgar que la novela presenta un paso atrás con respecto a su predecesora, si observamos la novela desde una perspectiva vitalista, esta novela es la máxima defensa que ha realizado Dostoyevski del humanismo. Frente a la desolación de Memorias del subsuelo, en el que el personaje principal cierra la obra sin tener ya ningún tipo de oportunidad de poder salvarse, de poder volver a querer vivir, relacionarse con los demás, disfrutar y amar; Crimen y castigo muestra como independientemente de lo ocurrido todavía hay salvación. Y esta salvación se da a través del amor. Sonia es la figura que trasmite la esperanza y la posibilidad, es quien permite que Raskólnikov se cure y se dé cuenta que ser un hombre extraordinario no se basa en imitar a Napoleón o a ninguno de los que él mismo ponía como hombres extraordinarios, sino que la máxima se encuentra en la trivialidad de lo cotidiano, en lo básico y elemental, en el amor. “Se puede deducir, pues, que la única esperanza es rechazar todas esas ideologías occidentales librescas, extranjeras y artificiales, y volver al ‘suelo’ ruso, que espontáneamente incorpora el ideal cristiano del amor desinteresado” (Frank, 2022, p. 525). Por esto mismo Dostoyevski arremete tan fuertemente con las corrientes filosóficas y científicas occidentales del momento, piensan que están provocando un desplazamiento de lo esencialmente humano y lo están llevando a otros campos que bien poco tienen que ver con el hombre. “(…) Bueno, no querrán ustedes creerlo; pero ellos exigen del individuo la más absoluta impersonalidad, ¡y en eso cifran la sal de la vida! ¡No ser uno mismo, parecerse lo menos posible a sí mismo! Esto es lo que ellos consideran como la cumbre del progreso. Y si quisiera procurasen mentir con gracia; pero…” (Dostoyevski, 2016, p. 296). Estas teorías son parcialmente aceptadas por
17 Raskólnikov, pueden resumirse en una reinterpretación de “el fin justifica los medios”, en la que el asesinato, el crimen y la mentira están justificados en un supuesto bien mayor. (…) ¿Se imaginan que yo me pongo así porque ellos mienten? ¡Disparate! ¡A mí me gusta que mientan! La mentira es el único privilegio del hombre sobre el todos los demás organismos. Mientes…, ¡pues ya alcanzarás la verdad! Porque soy un hombre es precisamente por lo que miento. Ni una sola verdad podrás alcanzar si antes no mintieses catorce veces, y hasta ciento catorce veces, lo cual representa un honor sui géneris. ¡Sólo que nosotros ni siquiera sabemos mentir con talento! Tú me mientes a mí, pero miénteme por ti mismo, y voy yo y te abrazo. Mentir con gracia, de un modo personal, es casi mejor que decir verdad, al estilo ajeno; en el primer caso eres hombre, ¡en el segundo no pasas de ser un papagayo! La verdad no echa a correr, pero a la vida se la puede zarandear; ejemplos de ello hay. Vamos a ver: ¿qué somos ahora nosotros? Todos, todos sin excepción, en el terreno de las ciencias, de la cultura, el ingenio, la invención, la experiencia, en todos los terrenos, en todos, en todos, en todos, no pasamos de la clase de primeras letras. ¡Gustamos de arreglarnos con el talento ajeno! ¡Comemos lo ya masticado! (…) (Dostoyevski, 2016, pp. 296-297). Estas influencias desembocan en la teoría que presenta Raskólnikov en un artículo publicado en una revista; la teoría del hombre ordinario y extraordinario. Para él, los hombres pueden dividirse en dos clases, los ordinarios, condenados a vivir bajo el yugo de las leyes y las órdenes de los demás debido a su condición vulgar; y los extraordinarios, quienes pueden permitirse quebrantar la ley y desacostumbrar su conciencia al sufrimiento de la moral predominante. En el hombre extraordinario sus acciones están justificadas por sus fines y por su propia condición extraordinaria (Dostoyevski, 2016, pp. 373-377). Esta teoría es la que causa que Raskólnikov cometa el crimen, él está seguro de estas ideas, se ve a sí mismo como un Napoleón y quiere terminar de convertirse en alguien así. De este modo acaba por afirmar que cometió el crimen por querer convertirse en una persona extraordinaria (Dostoyevski, 2016, pp. 583- 584). Lo que se le escapa a priori a Raskólnikov y que Dostoyevski muestra con una magnificencia insólita es la contraparte a ser un Napoleón, la consecuencias extremas a las que lleva ser un hombre extraordinario. “(…) pero Dostoievski capta con precisión su confianza en el egoísmo utilitarista, su rechazo a la caridad privada (por considerarla degradante para el receptor) y su repulsa de la moral cristiana del amor y la abnegación” (Frank, 2022, p. 587).
18 La creencia en la teoría se ve radicalmente destruida en distintos momentos de la novela. Uno de ellos es poco antes de la tragedia en la que Katerina Ivánovna muere, cuando ocurre este diálogo: “–(…) Pero yo quiero decir: que si logramos convencer a una persona, mediante la lógica, que en realidad no tiene motivos para llorar, suspenderá su lloro. Eso es claro. ¿Es usted de opinión que no lo suspenderá? –La vida entonces resultaría demasiado ligera” (Dostoyevski, 2016, p. 595). Raskólnikov aquí afirma que la vida no es reductible a las matemáticas, igualmente ocurre en el enfrentamiento que tiene con Porfirii Petróvich cuando este le acusa abiertamente de ser el responsable del asesinato de Aliona Ivánovna. “– Mire usted, Porfirii Petróvich: usted mismo lo ha dicho: no hay en todo eso más que psicología, y, sin embargo, usted invoca las matemáticas. ¿Y si usted estuviese equivocado en este instante?” (Dostoyevski, 2016, pp. 641-642). Por último, cuando Raskólnikov está por entregarse, mientras habla con el funcionario de la comisaría este le pregunta abiertamente si es un nihilista, a lo que Raskólnikov responde que “no” (Dostoyevski, 2016, p. 737). La contradicción se hace explícita desde el principio de la obra y a medida que avanzan las páginas. La identidad de Raskólnikov está disociada a lo largo de los episodios en los que se encuentra sano y enfermo, asertivo o cínico, samaritano o nihilista. El mismo que acaba por dejar que a una mujer drogada la violen es quien, a su vez, entrega todo el dinero que tenía para el entierro de un borracho a quien apenas conoce. Raskólnikov es un cisma entre lo sublime y lo grotesco. En uno de los puntos cúspides de su enfermedad, cuando este va a confesarle a Sonia su crimen, este empieza primero torturándola a ella y haciéndole daño a través de sus palabras. Le habla sobre la inminente muerte de Katerina Ivánovna y el trágico futuro que le espera a sus hermanos, los pobres niños pequeños. Explicando como estos están condenados a mendigar y morir de hambre o a caer en los espacios más bajos con tal de sobrevivir, y frente a este futuro certero ocurre lo siguiente; “Sí; pero es hasta posible que no haya Dios” (Dostoyevski, 2016, p. 458). La pregunta por la existencia de Dios, concretamente formulada ante la cuestión del mal en el mundo sobre los niños, seres inocentes, se plantea tanto aquí por primera vez como en Los hermanos Karamázov en un diálogo entre Iván y Aliosha. Esta cuestión atormenta a Dostoyevski, la pregunta típica por la teodicea, si Dios existe, ¿por qué hay niños que deben pasar por el infierno?, si Jesús ha purgado el pecado original, ¿por qué niños que no han tenido tiempo de pecar deben sufrir?
19 Raskólnikov ya comienza planteando la cuestión acerca de la existencia de Dios y su necesidad en el mundo. Si Dios no existe, el hombre puede reemplazarlo, todo está permitido, sólo que el hombre debe atreverse a permitírselo a sí mismo, así surgen los napoleones. Sin embargo, Dostoyevski acaba la obra planteando que no todo debe estar permitido, Raskólnikov no encuentra la felicidad bajo el amoralismo nihilista y ateo, sino que lo encuentra en el sacramento del amor. En la novela, Raskólnikov se plantea cómo el asesinato de la vieja usurera estaría justificado por todas las buenas acciones que lograría realizar en el futuro. De esta forma, los bienes que le produjese el crimen le permitirían realizar su carrera, conseguir un buen puesto de trabajo y así realizar infinitas buenas acciones que terminarían por anular la contraparte negativa del crimen, incluso lo compensarían. Sin embargo, a Raskólnikov se le ofrecen alternativas a lo largo de la obra. Podría haber permitido que su hermana se casase tanto con Piotr Petróvich como con Dimitri Prokofitch Razumikhin y, sin embargo, se niega a cruzar esa línea, la teoría del hombre extraordinario permite a un hombre renunciar a su moral, pero no por completo. Raskólnikov no es un nihilista, ama a su familia y esta es fundamental para entender su psicología a lo largo de su obra, Raskólnikov mantiene unos principios, los mismos que le hacen sentirse culpable a lo largo de la obra y que él no se explica. Engatusado por sus propias ideas, piensa que no es posible que tenga remordimientos puesto que es un hombre extraordinario y, sin embargo, no es capaz de escapar su humanidad y su conciencia. Raskólnikov es una contradicción porque intenta a lo largo de toda la novela ser quien no es, y sólo es feliz cuando se reencuentra consigo mismo a través del amor, gracias a Sonia. Sonia representa aquí el amor desinteresado, los altos valores religiosos cristianos que Raskólnikov había olvidado durante la planificación y -sobre todopraxis del crimen. Sonia es salvación, esperanza, lo único capaz de sacar al hombre del fango en el que se ha enterrado, el ángel que ofrece la cebolla a la mujer en el pozo de los condenados. Los últimos capítulos de Crimen y castigo habían sido escritos con la ayuda de Anna Grigórievna, la que posteriormente se convertiría en la mujer de Dostoievski (Frank, 2022, p. 603). 2.3 Aliosha e Iván Karamázov.
20 Los hermanos Karamázov fue la última novela de Dostoyevski, en la que, al igual que en las anteriores, se plantean muchas problemáticas sin respuesta, pero lo que nos es más interesante es que aparentemente da respuestas a algunas de las preguntas recurrentes en las anteriores novelas. A diferencia de en las anteriores obras que hemos tratado, considero que el rol de protagonista de Los hermanos Karamázov no se limita a un único personaje, sino que es repartido en dos. En primer lugar, en Aliosha Karamázov y, en segundo lugar, en Iván Karamázov; los dos hermanos están unidos por la sangre y por las ideas, cada uno repercute en el otro en momentos centrales. La ideología de cada uno es igual de intensa que la otra, la provocación nihilista de Iván y la fe inquebrantable de Aliosha se asemejan a la fuerza inquebrantable que se topa con un objeto inamovible. El papel protagonista de Aliosha en la novela es innegable, el propio Dostoyevski se propone explicar en las primeras páginas que Aliosha es el personaje principal de su obra, y argumenta cómo a través de la lectura el lector podrá darse cuenta del porqué de establecer a este personaje como principal protagonista de la obra que representa todas las cuestiones que han atormentado la vida del autor (Dostoyevski, 2021 b, pp. 11-13). Colocar a Iván al mismo lugar que Aliosha puede considerarse un sacrilegio en contra de la propia voluntad del autor. No obstante, él mismo es quien da este papel a Iván, quien se desarrolla como contraparte de Aliosha, como su satanás en el desierto, que le tienta y hace dudar de su fe. Tanto Aliosha como Iván representan la dualidad de la batalla que se da dentro del hombre, entre el bien y el mal, entre Dios y el diablo. En el caso de Aliosha, Dios gana en esta novela, y en el caso de Iván, el diablo vence y le deja herido de por vida. Ya desde el principio de la obra encontramos uno de los grandes temas centrales que ya estaban presentes en las anteriores obras de Dostoyevski, la diferenciación entre la religión y la tradición, por un lado, y entre el nihilismo cientificista europeo de los tiempos nuevos. No obstante, este ateísmo nihilista que rechaza por completo las bases cristianas y los valores clásicos del hombre se ve, principalmente representado en la novela, en dos personajes. Por una parte, está Iván, hombre culto y estudioso, completamente convencido por las modas filosóficas europeas; caricaturizado como un cínico arrogante que se sirve de la retórica y el sarcasmo para relacionarse con los demás, incluso con su familia. Por otra parte, Fiódor Karamázov, el padre de los hermanos. A diferencia de Iván, Fiódor no está representado como un personaje culto o un filósofo u hombre de ciencias europeo, sino que se trata de un viejo pecaminoso que no responde a
21 nada más allá de su impulsividad y sus necesidades más animales. Fiódor es el viejo al que nada le importa y nada respeta, que no se tiene en dignidad ni a sí mismo, es una persona simple y que responde a una psicología muy básica. Por el contrario, Iván es una persona retorcida cuya ambición parece no conocer límites en la obra. Desde el principio de la novela, cuando Aliosha le dice a su padre que quiere ingresar al monasterio, la respuesta del padre está llena de sarcasmo y mofa, ateísmo y menosprecio de la religión, a la justicia divina y a la condena al infierno (Dostoyevski, 2021 b, pp. 38-40). Como a Fiódor no le importa su hijo, este responde al anuncio de Aliosha de la siguiente manera: "De todos modos, ve allí, pon en claro la verdad y ven a decírmela: a pesar de todo, no será tan duro largarse al otro mundo si otro sabe con certeza lo que allí le espera" (Dostoyevski, 2021 b, p. 40). Iván sí se corresponde con unos ideales y unas maneras, ejercita su ateísmo religiosamente, y está cometido a seguir esta filosofía de vida a rajatabla. Por el contrario, Fiódor aparece como un personaje esencialmente absurdo, rozando la locura. Sus provocaciones, cambios de humor y ocurrencias no terminan de dejar en claro que es lo que persigue más allá de intentar causar malestar a todo aquello que le rodea, "No me invite a que me muestre tal como soy, no se arriesgue... ni yo mismo llegaré a mostrarme como soy. Si se lo advierto es para protegerle" (Dostoyevski, 2021 b, p. 63). La parte de la novela en la que se le ve más calmado es frente al stárets Zosima, quien tiene un papel increíblemente significante en la novela, falleciendo para permitir así el desarrollo de Aliosha y de su convicción final en la fe cristiana. Lo que importa es que no se mienta a sí mismo. El que se miente a sí y escucha sus propias mentiras llega a no distinguir ninguna verdad ni en su fuero interno ni a su alrededor, pues deja de respetarse a sí mismo y de respetar a los otros. No respetando a nadie, ya no puede amar, y al no tener amor, para ocuparse en algo y entretenerse, se entrega a las bajas pasiones y a los placeres groseros, llega hasta la bestialidad en sus vicios, y todo ello por mentir siempre a los demás y por mentirse a sí mismo (Dostoyevski, 2021 b, p. 64). Zosima aparece como un verdadero padre para Aliosha, quien sí le provee de una educación real y funciona a modo de guía para este. Aliosha termina como un continuador de la doctrina de Zosima, y este es el personaje que acaba por constituir del todo a Aliosha. Frente a la doctrina del amor cristiano que nos viene de mano de Zosima y de Aliosha en la novela, recuperando los ideales clásicos de la dignidad, la empatía y el pacifismo, "(...) aunque el miedo no es más que la consecuencia de la mentira" (Dostoyevski, 2021 b, p.
22 81), está la teoría nihilista pasiva de Iván. Iván expone que no existe una ley natural que invite al hombre a amar a los demás, el amor -fe- se ha llevado a cabo por la creencia en la inmortalidad del alma y la necesidad natural de realizarlo, pero que esta no es una obligación (Dostoyevski, 2021 b, p. 95). La doctrina de Iván es el gran problema que asola la mayor parte de la obra de Dostoyevski, la cuestión decisiva de establecer una ética que no está fundamentada ontológicamente en el mundo, "Si, lo afirmé. No hay virtud si no hay inmortalidad" (Dostoyevski, 2021 b, p. 96). Es decir, si Dios no existe y, por tanto, no hay sustento para la inmortalidad del alma, si nada es verdad, entonces todo está permitido. "He oído ahí su estúpida teoría: "Sin la inmortalidad del alma, no hay virtud; por tanto, todo está permitido". (...) Seductora teoría para la gente vil... (...)" (Dostoyevski, 2021 b, p. 110). Y aunque Dostoyevski señala lo deleznable de la creencia, no puede negar que incluso a él mismo esta le tienta. El hombre del subsuelo, el gran ejercicio de introspección dostoyevskiana, y Raskólnikov, quien piensa que el fin justifican los medios y que el asesinato se justifica si gracias a este se hace feliz a un millar de personas, son frutos de esta teoría. La caída del sentimiento humanista en pos de la victoria aritmética cientificista, esto representa la doctrina de Iván, que ilustra directamente el gran problema que asolaba a sus anteriores obras. El problema de la fundamentación ontológica de la virtud y la existencia de Dios deja un tercer problema de fondo, derivado de los dos anteriores, el sentido de la vida. Iván no se constituye únicamente por sí mismo, sino que su papel; su carácter, es constituido por otros dos personajes más, Smerdiakov y el propio diablo (Djermanović, 2006, p. 279). Smerdiakov muestra lo que significa llevar la doctrina de Iván en último término; que todo esté permitido no es un decir, es un hacer (Djermanović, 2006, pp. 284- 291). El diablo y Smerdiakov torturan a Iván al más puro estilo luciferino, trayendo la luz hacia él, haciéndole ver la verdad. De esta forma, cuando Iván se entrevista con Smerdiakov y descubre que él es el verdadero asesino, este le dice lo siguiente; "Entonces era usted mucho más valiente, 'todo está permitido' decía; pero ahora ¡vaya cómo se ha asustado!" (Dostoyevski, 2021 c, p. 377). Smerdiakov es el primero en enseñar a Iván lo que realmente significa que todo esté permitido, el mundo al que se llega cuando el parricidio tiene la misma condición que el rezo o la labor (Dostoyevski, 2021 c, pp. 384- 386). Y, en último término, Smerdiakov muestra a Iván que él ha sido el responsable último de la muerte de su padre, pues él -Smerdiakov- ha matado, pero yo -Iván- le enseñé
23 a matar (Dostoievski, 2021 c). Ya Dostoievski en crimen y castigo realiza la separación entre el hombre de acción y el hombre de conciencia intensa (Stellino, 2011, pp. 118- 125), y es que precisamente en esta novela vemos al hombre teórico -Iván- y al práctico -Smerdiakov-. El diablo, alter ego de Iván, cumple la misma función de Smerdiakov, sólo que, en vez de ilustrar las consecuencias prácticas de la teoría nihilista de Iván, se dedica a torturarle haciéndole ver también las propias consecuencias teóricas de la misma (Djermanović, 2006, pp. 284-291). "Y, en fin, aunque esté demostrada la existencia del diablo, todavía no se sabe si está demostrado que exista Dios" (Dostoievski, 2021 c, p. 391). Si el mandamiento del amor representado por Aliosha y el stárets Zosima acaban por el encuentro con Dios, la religiosidad atea de la inmoralidad que Iván desarrolla acaba por encontrarle con el mismo diablo. Que no esté demostrado que Dios exista por haberse encontrado con el diablo puede interpretarse como que Iván ha caído a un punto tan bajo del que ya no hay salvación posible, y que germina con un ataque esquizofrénico que le deja enfermo para el resto de su vida. La conversación con el diablo acaba por desenmascarar los miedos e inquietudes últimos de Iván; en esta conversación este acaba por explicar que cree firmemente que sus ideas amorales le han sido dichas por el mismísimo diablo, e intenta consolarse en eso, un intento desesperado de excusarse y huir de sus pecados que van a atormentarle por el resto de su vida (Dostoievski, 2021 c, pp. 389-395). El diablo destapa el castillo de naipes que Iván había forjado, su personalidad y su imagen frente a los demás. El diablo expone como, a pesar de todo, Iván desea ser moral incluso sin creer en la propia moralidad, busca ser moral para que los demás le aplaudan y admiren (Dostoievski, 2021 c, p. 413). Iván es una puesta en escena sin convicción ni fundamento, es derrotado por la realidad que se le hace ver. Son varios los puntos a lo largo de la novela en las que Iván se atreve a hacer retórica acerca de cuestiones teológicas y existenciales: "-Pienso que, si el diablo no existe y, por tanto, ha sido creado por el hombre, entonces éste lo ha creado a su imagen y semejanza. -En este caso, exactamente como a Dios" (Dostoievski, 2021 b, p. 308). La esquizofrenia que pone fin a Iván es reacción de la angustia que experimenta por el final de la obra, allí dónde conoce de primera mano lo que es la libertad y las consecuencias de esta, donde Dostoievski mismo nos dice: "(...) pues para el hombre y la sociedad humana no existe ni ha existido nunca nada más insoportable que la libertad"
24 (Dostoievski, 2021 b, p. 325). La locura aparece ante la incapacidad de Iván de aceptar la verdad, de aceptar el mundo sin Dios, la falta de fundamento moral que da lugar a que todo está permitido. No obstante, Aliosha e Iván, como partes antagónicas de un mismo conjunto, extremos humanos, acaban por dar un acercamiento a una de las cuestiones que levantan el contraste religioso de ambos términos. Si sólo la fe fundamenta el papel de la vida, y la fe no puede demostrarnos la verdad, sino simplemente hacérnosla creer; entonces, ¿cómo afrontamos la existencia? ¿En qué nos amparamos frente a la nada en la que nos vemos envueltos? Si todo está permitido nada tiene sentido, si no tenemos la certeza de que Dios exista, pues la lógica no ampara estas categorías de la razón, ¿qué nos queda? Y Dostoievski nos da la respuesta; "- ¿Amar la vida más que su sentido? -Sin duda alguna, amar la vida antes que la lógica, como tú dices; sin duda alguna antes que la lógica, y sólo en este caso entenderé también el sentido de la vida (...)" (Dostoievski, 2021 b, p. 298). Los hermanos constantemente luchan entre sí en armonía, la relación eidética entre Aliosha e Iván es metáfora de la lucha entre el bien y el mal dentro de los hombres. Sus doctrinas se tocan y chocan constantemente a través de toda la obra; el amor cristiano de Aliosha se ve contrapuesto con el odio de Fiódor, transmutado en el abandono del sentido mundano que Iván realiza en su pensamiento nihilista, "(...) Pero enamorarse no significa amar. Es posible enamorarse incluso odiando" (Dostoievski, 2021 b, p. 139). Frente a la preocupación humanista, el sadismo cínico que caracteriza al padre; "El caso es que si hay Dios, si existe, desde luego, soy culpable y tendré que responder; pero si no existen, ¿no se merecen esto y mucho más estos padres tuyos?" (Dostoievski, 2021 b, p. 177). Aliosha también es tentado por el diablo a lo largo de la novela, incluso él mismo llega a dudar de Dios en distintos momentos de la obra, "Pues yo, quizá, no creo en Dios" (Dostoievski, 2021 b, p. 285). La muerte del stárets Zosima es otro momento en el que vemos quebrada la fe de Aliosha, quien se dispone a simplemente dejarse ir y abandonar toda su vida e intereses previos (Dostoievski, 2021 c, pp. 27-29). Y es que el ateísmo proveniente de Europa es interpretado en términos dostoievskianos como una religiosidad antagónica a la cristiana, en la que se cambia la fe por la razón, el humanismo por el utilitarismo, el crucifijo por el molotov. Kolia, el joven socialista, es la caricatura que representa de manera inocente todas las ideas provenientes de Europa que Iván recoge.
25 "Al contrario, nada tengo contra Dios. Desde luego, Dios sólo es una hipótesis, pero reconozco que es necesario para el orden... para el orden del mundo, etcétera... y si no existiera, habría que inventarlo" (Dostoievski, 2021 c, p. 287). Kolia representa la ingenuidad del pensamiento filosófico que proviene de occidente, en el que esos pseudofilósofos, hablan de las categorías más nobles del ser humano únicamente para que los demás los admiren y los aplaudan, sin ningún tipo de interés por conocer la verdad. Esto es precisamente lo mismo que el diablo reprocha a Iván. La misma hipocresía la podemos encontrar en Fiódor, quien se burla de la muerte, explicando cómo para él es un mero sueño del que no te despiertas (Dostoievski, 2021 b, pp. 226-227), y que precisamente es uno de los personajes que más temen a la muerte, hasta el punto de no salir de casa por el temor a que su hijo Dimitri lo asesinase. El ateísmo y la filosofía occidental nihilista cometen para Dostoyevski la máxima degradación posible de los ideales humanos. Los hermanos pueden ser leídos como una analogía al propio parricidio que hace la filosofía con respecto de la religión, aquella que la ha permitido ser. Por esto, en el punto máximo de locura de Iván, y en prácticamente su última intervención en la novela él pronuncia las palabras; "¿Quién no desea la muerte de su padre?" (Dostoievski, 2021 c, p. 454). Aún por encima del sentido común y del conocimiento que tiene Iván sobre el asunto, prefiere mantener el papel sobre la sinceridad. Iván al final de la novela acaba por descubrir los efectos finales de sus posiciones intelectuales, él no acepta estos efectos, sino que le repudian y horrorizan, y se quedan atormentándole ya para el resto de su vida. Sin embargo, sólo confiesa este desagrado cuando está hablando con el demonio -es decir, con nadie realmente- y luego en el juicio admite todo lo contrario haciendo la pregunta sobre asesinar al padre, Iván se ha hecho cara al público, pero no cara a sí mismo, se ha vuelto sobre su persona, es un desconocido para sí. La dicotomía entre los hermanos puede verse reflejada en la siguiente cita; Pues precisamente por ser así, de naturaleza vasta, (...) capaz de contener de golpe todas las contradicciones posibles y contemplar de un golpe ambos abismos, el que está encima de nosotros, el abismo de los altos ideales, y el que está debajo de nosotros, el abismo de la más baja y hedionda degradación (Dostoyevski, 2021 c, p. 470). Y es así precisamente que debemos tener claro el mensaje que Dostoyevski deja en la novela. Dostoyevski comienza la novela presentando a Aliosha como protagonista de esta; y acaba la novela con un discurso final de este personaje. La elección de Aliosha
32 mundo del amor ocurre el asesinato y el robo; Dostoyevski no parece darnos una respuesta satisfactoria a las cuestiones humanas; ética y existencialismo. El mundo parece tan poco habitable con Dios que sin él, no hay salvación. 4. Conclusiones. Si queremos entender a Dostoyesvki a modo de filósofo, es decir, como si plantease en problema, con una argumentación que nos lleva a una solución, entonces fracasaremos completamente a la hora de intentar entenderle. Dostoyesvki no está persiguiendo ningún tipo de ideal platónico, no busca la verdad para descubrírsela al mundo y ser aplaudido por ella como lo haría Iván. De hecho, dudo que tenga intención de solucionar si acaso alguno de los problemas que plantea, la propuesta de Dostoyevski no es una propuesta, sino una representación, una exposición de su ser. No creo que sea posible realizar una separación entre escritor y obra en este caso concreto, Dostoyevski es uno con su obra y no podría ser sin ella. La lucha entre Dios y el demonio en el hombre, la existencia o inexistencia de Dios, el sentido de la vida y cómo vivir en el mundo no son cuestiones de los que Dostoyevski quiera hacerse experto para sentar cátedra, sino que son cuestiones que le han atormentado e importado a lo largo de su vida. La propia obra de los hermanos Karamázov, la que es considerada su gran obra, presenta una serie de ideas e interrogantes existenciales que sufre Dostoyevski en vida. La idea de la novela no es plantear una respuesta cerrada sino cuestionarse acerca de diversos temas (Djermanović, 2006, p. 265). Aunque bien es cierto que Dostoyevski explora las consecuencias lógico-filosóficas de presupuestos metafísicos, este no innova en ellos. No hay que tomar a Dostoyevski como un teólogo, o un ateo, o existencialista, o un padre de la ética, sino como un escritor ampliamente interesado en todos estos temas. La vida de Dostoyevski sí podría interpretarse como una clase magistral de existencialismo o vitalismo, Dostoyevski no ha sido una persona ya hecha, se ha ido haciendo, a lo largo de su vida y ha compartido este proceso a través de su obra. En Siberia, este no veía salvación posible a su vida, es una crisis de fe en la reclusión social, ahí surgen las memorias y el hombre del subsuelo, quien
33 aun echando su vida a perder consigue una nueva oportunidad y también la desperdicia, condenándose a la miseria 6 . En la recuperación de esta situación aparece Crimen y castigo, donde incluso el ser humano más vil y bajo es capaz de redimirse a través de la convicción religiosa, de la fe y el amor. Esto continúa más aún hasta llegar a los Karamázov, quienes muestran los dos extremos que se encuentran dentro del hombre separados por un abismo. Por una parte, la esperanza, y por otra la condena. Ya en los momentos últimos de su vida la inquietud vital de Dostoyevski deja de ser religiosa, y se convierte en política. Debemos entender el personaje de Aliosha tan vivo como el propio Dostoyevski; es decir, no una figura parada, inmutable y que no ha variado en el tiempo, sino una figura encarnada, viva, que se va haciendo, y que, frente a la vida, elige. Dostoyevski y por ende Aliosha no deben entenderse como una contradicción o una ruptura, tampoco como una continuidad en el sentido clásico de una consecuencia lógica. La secuela de los Karamázov representa tanto para el personaje como para el autor la máxima expresión de una faceta por antonomasia humanas, la libertad. Y frente a la libertad se nos escapan categorías y juicios bajo los que encasillarla, reducirla. Por tanto, la respuesta última al problema existencialista en Dostoievski no es desde un enfoque teológico, sino vital. El propio Dostoyevski llegó a afirmar que Los hermanos Karamázov eran una respuesta a la Leyenda del Gran Inquisidor (Frank, 2022, p. 987). Y esto debemos tenerlo en cuenta con el problema moral sugerido a lo largo de toda la obra del autor pues, aunque esté claro que no todo está permitido, debemos acabar preguntándonos el porqué de esto. Hasta qué punto podemos discernir entre el bien y el mal, cómo librar nuestra batalla interior entre Dios y el diablo. El conocimiento último de la vida no es teórico, es un hacerse, un descubrirse. Dostoyevski no nos pide que creamos o que no creamos, que pequemos o que pidamos perdón, Dostoyevski nos invita a vivir, su obra es la reproducción casi exacta de la psique humana, del ser humano en su conjunto. Los problemas en Dostoyevski siempre están creando y resolviéndose, sin llegar a terminar ninguna de las dos cosas. Frente a la decadencia inminente mundana y a la esperanza de la inmortalidad, limítate a vivir. 6 Aunque no hemos tratado la obra El jugador en este trabajo, en la obra de Joseph Frank se hace un análisis detallado de los problemas que tuvo Dostoyevski con el juego y las apuestas, haciendo analogía de las cartas que escribía a su mujer en ese momento y lo que narra en la novela. Esto refuerza la idea de que la obra de Dostoyevski no busca satisfacer una necesidad filosófica, sino que pretende cubrir una necesidad vital del propio Dostoyevski como escritor.
34 La obra de Dostoyevski podría verse como una clase magistral sobre cómo creer o cómo creer en que no; a diferencia de un filósofo sistematizador, Dostoyevski es un escritor viviente. En la labor de hacer filosofía, pensar al modo dostoyevskiano podría conducir a un absurdo. Dostoyevski es el experimento mental que todo filósofo necesita, es la llevada práctica al extremo de dos posturas filosóficas radicalmente opuestas. La obra de Dostoyevski no invita a pensar como Dostoyevski, de hecho, es probable que alguno que disfrute de su obra acabe seducido por justo aquello que Dostoyevski se propone a satirizar y criticar. Esta literatura rusa no debe entenderse como una guía de filosofía sino como un fundamento para la filosofía, una colección de obras fundamentales. Si la tarea esencialmente humana quiere preguntarse por cualquier de los temas que martirizan a Dostoyevski, entonces debería ser imperativo pensarlos a través de Dostoyevski, gracias a sus aportaciones y a su actualización de la filosofía al mundo, aunque sea a través de la creación literaria. No debemos pensar a Dostoyevski como un filósofo, pero si la filosofía realmente persigue a la verdad por amor a esta, entonces la filosofía se endeuda con Dostoyevski por la verdad revelada en sus obras.
35 Bibliografía: Chestov, L. (1949) La filosofía de la tragedia: Dostoievsky y Nietzsche. Emecé editores. Curtis, J. M. (2015) Shestov's Use of Nietzsche in His Interpretation of Tolstoy and Dostoevsky. Texas Studies in Literature and Language, Vol. 17, 289-302. Djermanović, T. (2006) Dostoyevski entre Rusia y Occidente. Herder. Dostoievski, F. M. (2021 a) Memorias del subsuelo. Ediciones cátedra. Dostoyevski, F. M. (2016) Crimen y castigo. Austral. Dostoyevski, F. M. (2021 b) Los hermanos Karamázov. Volumen 1. Alianza editorial. Dostoyevski, F. M. (2021 c) Los hermanos Karamázov. Volumen 2. Alianza editorial. Frank, J. (2022) Dostoievski: el escritor en su tiempo. Ediciones RIALP: Madrid. Patterson, D. (2016) The Unity of Existential Philosophy and Literature as Revealed by Shestov's Approach to Dostoevsky. Studies in Soviet Thought, Vol. 19, No. 3, 219- 231. Rice, J. L. (2006) Dostoevsky's endgame. The projected sequel to "The Brothers Karamazov". Russian History, 22 No. 1, 45-62. Rice, J. L. (2008) Foreshadowings of the Karamazov sequel. Russian History, 35, Nos. 1-2, 157-164. Stellino, P. (2011) Notas sobre la lectura nietzscheana de Apuntes del Subsuelo. Universidad de Valencia No. 11, 113-125.