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REVISTA EUROPEA DE INVESTIGACIÓN EN ARQUITECTURA 05 Ángel Martínez García-Posada Universidad de Sevilla. Escuela Técnica Superior de Arquitectura / [email protected]om La ciudad entre sus escombros. Historias latentes enla ciudad de Berlín / The city among its rubble. Latent stories in Berlin En algunas ciudades alemanas tras la Segunda Guerra Mundial, la trama urbana se desdibujó por completo, alcanzando un estado de desolación, entre la urbanidad y el barro. En otras no tan abatidas, con la retirada de los escombros entre la vegetación, afloraron terrenos vacantes que se emplearon como huertos improvisados, acaso una primera idea de orden en aquel caos. Luego llegarían algunos planes, y una cierta instrumentación urbanística y legislativa que alcanzaría cauces previsibles y hoy visitables: según el paradigma de reconstrucción fidedigna de un pasado equivocado, o décadas después, desembocando en una ciudad trasplantada y sin sustancia, como algunas zonas de Berlín. Frente a ello, en esta ciudad cargada de relatos latentes, capital que es semblanza de un siglo, quisiéramos reivindicar otras historias ocultas bajo la ciudad que conocemos o posibilidades de la historia que no fueron: episodios paralelos, ciudades análogas, otras arquitecturas y otros berlines que reverberan junto al existente si se les sabe escuchar. After Second World War, in some cities in Germany, urban structure was completely dissolved, reaching a high level of desolation, between urbanism and mud. In other cases not so erased, after retirement of waste, they appeared vacant sites available to set spontaneous gardens or orchids, a primary idea of order through that chaos. Then they were plans, urban regulation, and a disappointing trace of convention, following the paradigm of literal rebuild of a wrong past, or decades after, ending up in a pointless city, like some areas of Berlin. The other way round, in that city plenty of latent tales, like a portrait of a century, we would like to highlight other stories hidden under the well known metropolis together with possible alternatives of history that never happened: parallel episodes, analogue cities, other architectures and other cities of Berlin reverberating beside the real one if somebody may listen to them. REIA #06 / 2016 200 páginas ISSN: 2340–9851 www.reia.es Ciudad, Memoria, Paisaje, Narración, Reconstrucción, Demolición /// City, Memory, Landscape, Narrative, Rebuild, Demolition Fecha de envío: 17/03/2016 | Fecha de aceptación: 25/05/2016
REIA #6 Ángel Martínez García-Posada — La ciudad entre sus escombros pág. 91 Figura 1. Berlín, 1945. Figura 2. Fotograma de Alemania Año Cero. Roberto Rosellini, 1948. En su conmovedor escrito Sobre la historia natural de la destrucción1, W. G. Sebald describía el desconcertante estado de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, y el modo en que el crecimiento de algunas plantas entre los escombros servía para datar las fechas de algunos derribos. En este perturbador escenario de destrucción algunas especies vegetales se adaptaron bien, una cierta esperanza en un continente salvaje2, según titulaba Keith Lowe su reciente libro acerca de esta Europa en derribo al acabar la contienda. El esforzado y épico florecimiento alemán, superando el peso del pasado, la devastación física y moral, es un vibrante relato de desplazamientos energéticos, ladrillos y piedras trasladados de un lugar a otro, hasta reordenar la materia en proyección hacia el futuro. [figura 1] La semblanza de ciertas operaciones durante estos años de recuperación austera en las ciudades asoladas tras otra derrota, así los escuadrones anónimos que rescataban los ladrillos reutilizables entre los cascotes y los limpiaban con sus manos, como en el desasosegante comienzo de Alemania Año Cero [figura 2], permite evocar aquel escrito de Albert Camus3 en que, en pleno 1942, glosaba la figura de Sísifo: “cada grano de 1. Sebald, W. G. Sobre la historia natural de la destrucción. Anagrama. Barcelona, 2003. 2. Lowe, Keith. El continente salvaje. Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2010. 3. Camus, Albert. Sísifo. Alianza. Madrid, 1999. Ángel Martínez García-Posada La ciudad entre sus escombros
REIA #6 Ángel Martínez García-Posada — La ciudad entre sus escombros pág. 92 esa roca, cada destello de esa montaña, forman para él un mundo; la propia lucha hacia la cumbre basta para henchir el corazón de un hombre, hay que imaginar a Sísifo dichoso” (el ensayo se abría, conexión atemporal, con aquella cita de Píndaro: “No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible”). En algunas ciudades, como Wessel [figura 3], la trama urbana llegó a desdibujarse por completo, algunas fotografías, sin la posibilidad de la escala de la presencia humana o edilicia muestran un estado incierto entre la urbanidad y el barro. En otras no tan asoladas, con la retirada de los escombros entre la vegetación, afloraron terrenos vacantes que se emplearon como huertos improvisados, acaso una primera idea de orden en aquel caos, actualización de aquella profecía bíblica, algún día el hierro de las espadas se convertirán en hierro de los arados [figura 4]. Luego llegarían algunos planes, y una cierta instrumentación urbanística y legislativa que alcanzaría, tristemente, cauces previsibles y hoy visitables: según el paradigma de reconstrucción fidedigna de un pasado equivocado, al modo de Dresde; o décadas después, desembocando en una ciudad trasplantada y sin sustancia, como Postdamer Platz en el Berlín tras el derribo del Muro. Frente a ello, quisiéramos reivindicar otras historias paralelas ocultas bajo la ciudad que conocemos o posibilidades de la historia que no fue: relatos paralelos, ciudades análogas, otros berlines que reverberan junto al existente si se les sabe escuchar: como la realidad espectral de la red de metro enterrada condenada durante algunos años, cuando el viaje en el tren enterrado era una sorprendente exploración de la circunstancia de ciudad dividida y semivacía, dado que la red ferroviaria era anterior a la división de la ciudad en dos, algunas líneas cruzaban a lo largo de su trayecto de una cara de la división a la otra y cuando los vagones emergían a la superficie algunas paradas habían sido clausuradas desvelando escenarios fantasma; como otras narraciones interrumpidas entre el este y el oeste, así los libros intercambiados entre las dos mitades de la ciudad, pues el sorpresivo cierre total de la frontera provocó que los ejemplares prestados por bibliotecas del este a Figura 3. Wessel, 1947
REIA #6 Ángel Martínez García-Posada — La ciudad entre sus escombros pág. 93 ciudadanos occidentales quedaran no devueltos al otro lado, y así, a los pocos días después de eliminado el Muro hubo colas en muchas bibliotecas, poética fidelidad a la cultura y a la humanidad; como la luz todavía distinta a una y otra orilla, debido a las dos fuentes distintas de energía, el gas o la electricidad. En los años siguientes al final de la guerra algunas propuestas sobre el papel dibujaron una ciudad nueva que fundiera historia y naturaleza como solo en ese paradójico paisaje de oportunidad podía darse. Era ese el empeño coherente y sensible del Plan Colectivo Gran Berlín en 1946 de Hans Scharoun, y de todos los dibujos que el arquitecto iba realizando en aquel tiempo, un verdadero campo de ensayo de arquitectura y urbanismo, intensificado por la coyuntura, que proponía una refundación cultural y una atención de la arquitectura a los procesos naturales en entrelazamiento provechoso, como en el texto de Sebald. Los edificios y sus entornos que sí edificó en el Kulturforum han quedado como testigos de la potencia que una ciudad por completo en estas claves hubiera supuesto. Aquellos brotes de aliento en una situación trágica habrían de ramificar también en la conciencia de algunos artistas como Joseph Beuys, quizás sea este un grado cero de sus resonantes 7.000 Robles, particular obra abierta, su propuesta para embosquecer el mundo. [figura 5] El artista Daniel Canogar4 explicaba que cuando Mies van de Rohe recorrió su país despojado tras la guerra, quedó profundamente perturbado, en aquel paisaje desolado encontró interminables ruinas de edificios, y acaso esta terrible visión, en su mente arquitectónica al paso de unos años se transformaría en su seña de identidad, la reducción de edificios a esqueletos de cristal y hierro. Ha de resultarnos curiosa, por inversa a esta historia migratoria intercontinental, otro episodio paralelo de 4. Canogar, Daniel. “El placer de las ruinas”. Ruinas. Exit, nº24. Madrid, 2007. Figura 4. Jardín vegetal junto a la Puerta deBrandenburgo, Berlín, 1947. Figura 5. Josep Beuys. 7000 robles, 1982.
REIA #6 Ángel Martínez García-Posada — La ciudad entre sus escombros pág. 94 ciudad, el andamiaje replicante de Berlín construido en el desierto americano de Utah, el barrio alemán, levantado en 1943. Mike Davis lo ha referido con detalle en “El esqueleto de Berlín en el armario de Utah”5, el conjunto es todavía visitable, en cierto estado de reliquia ajada, si se consiguen los permisos oportunos. El ejército estadounidense reclutó en secreto a Erich Mendelsohn para trabajar con los ingenieros de Standard Oil y los diseñadores de la RKO –la fuerza combinada del ejército, las petroleras y Hollywood logró concluirlo en menos de cincuenta días– con el fin de crear una ciudad en miniatura. En su proyecto Mendelsohn huyó de la arquitectura expresiva que había podido dejar edificada en Weimar antes del cambio de régimen para dibujar aquí un producto estereotipado, eficaz probeta de ensayo que sondeara la resistencia de los diseños edilicios a bombardear. En pro de la causa, Mendelsohn, ya judío errante, diluyó su autoría para proyectar viviendas anónimas características con la preocupación principal de la precisión en la materialidad de las cubiertas para valorar su destrucción con el fuego. Este Berlín simultáneo y desértico sintetizaba la crueldad del destino del arquitecto, que había imaginado sus primeras formas expresionistas en su libreta de soldado en las trincheras rusas durante la Primera Guerra Mundial que luego serían expuestas con éxito en 1919, pero que nunca llegó a participar en las grandes concursos de vivienda pública organizados por los socialdemócratas a finales de la década de los veinte. Cuando en su biografía Bruno Zevi6 refería que este fue excluido de las grandes obras del Siedlung de Sttutgart de 1927 tal vez insinuaba ya el estigma ante cierto antisemitismo. El desalentador facsímil berlinés cerca de Salt Lake City suponía una extraña venganza histórica, el objetivo de ese absurdo conjunto, en nada vanguardista, cruelmente convencional, era la destrucción misma de las viviendas alemanas. 5. Davis, Mike. “El esqueleto de Berlín en el armario de Utah”. Ciudades muertas. Ecología, catástrofe y revuelta. Traficantes de sueños. Madrid, 2007. 6. Zevi, Bruno. Erich Mendelsohn. Gustavo Gili. Barcelona, 1986. Figura 6. Montaña de escombros deTeufelberg, Berlín.
REIA #6 Ángel Martínez García-Posada — La ciudad entre sus escombros pág. 95 En busca de esa esperanza mencionada, en aquel creativo estado de ciudades entre la asolación y la naturaleza, encontramos el vestigio hermoso de la conversión de la urbanidad ruinosa en paisaje que en muchas periferias supuso la creación de las Trümmerberge [figura 6] (montañas de escombros; la de Teufelberg en Berlín es tal vez la más conocida), con todos aquellos materiales que por su destrozo eran inservibles y que se fueron depositando en extrarradios, generalmente para ocultar la memoria infame de la guerra, cubriendo búnkeres, centros de detención o cuarteles, arqueologías de la contienda sumergidas bajo una dermis con apariencia natural. En el librito señalado Sebald refería que todavía hasta 1950 podían verse cruces sobre muchas de estas topografías de naturaleza impostada. En sus acuarelas Scharoun cambiaba montículos de sitio, horadaba laderas, plantaba árboles y levantaba edificios, al unísono, rara vez acotaba hasta dónde llegaban sus intervenciones sobre el territorio. El arquitecto inventaba en sus bocetos otra ciudad posible que sí registrara aquellos estratos –como en el siglo anterior los arqueólogos germánicos habían ido dibujando las diferentes capas de Troya superpuestas– esculpiendo residuos de derribos, consolidando árboles y sembrando edificios, continuidad lírica y consecuente. En el El surco del tiempo, su compendio de meditaciones platónicas sobre la escritura y la memoria, el filósofo Emilio Lledó escribió, a modo de agradecimiento al espacio en que gestó su ensayo: “Todo es en el fondo un ejercicio de memoria. Por eso quiero mencionar ese vivo y alegre espacio contra el olvido que es la biblioteca de Berlín que dibujó Scharoun”; reveladora dedicatoria que hilvanaba arquitectura, pensamiento y memoria. Algunos autores –así Carlos García en Berlín-Postdamer Plaza, Metrópoli y arquitectura en transición7– han escrito ya la crónica desencantada de una decepción, frente a tantas propuestas interesantes o algunos provechosos concursos o propuestas, como el de Berlin Haupstadt a finales de los cincuenta [figura 7], cual laboratorios experimentales sobre ciudad y memoria, la metrópoli construida resultó una adaptación de modelos convencionales y asimilables, que todavía lamentamos como una posibilidad perdida. Si las trazas de estas ciudades regeneradas pudieron haber sido otras, es sabido también que la historia pudo haber sido diferente: en algún momento las potencias aliadas esbozaron la posibilidad de no reconstruir las ciudades para museificar sus cenizas a modo de elocuente recordatorio de la atrocidad, como una urbe de piedra disgregada, entre la civilización y el campo pero en un sentido opuesto al de los casos anteriores, el regreso bárbaro a un estado de ruralización pastoral donde el olvido hubiera ramificado inundando el país de naturaleza; la estrategia económica, diseñada por el Secretario del Tesoro estadounidense, Henry Morgenthau, que contaba con la aquiescencia inicial de Churchill y Roosevelt, pretendía la disolución financiera a través de la devaluación del marco y el desmantelamiento de los complejos industriales del Ruhr. La comprensión de la ejemplaridad de semejante castigo hizo abandonar la idea, quizás más por miedo al auge comunista que por compasión occidental. La posibilidad de una nación alejada de las formas de la civilización hubiera conducido a 7. García Vázquez, Carlos. Berlín-Postdamer Plaza, Metrópoli y arquitectura en transición. Caja de Arquitectos. Barcelona, 2000.
REIA #6 Ángel Martínez García-Posada — La ciudad entre sus escombros pág. 96 Europa a una desolación paralizante, podríamos evocar el parangón de la oscuridad de siglos tras la desaparición de la ciudad en la Grecia antigua8 que pretendió restañar Homero, cantando historias paralelas de esplendor sobrevolando su presente paupérrimo. En la película de Wim Wenders El cielo sobre Berlín uno de los ángeles que habitaban en aquel templo laico de Scharoun, el anciano Homer, rodeado de sus globos terráqueos, era acaso un homenaje al poder reparador de la narración universal. Mientras en el oeste de la ciudad Scharoun dibujaba infructuosamente la mayoría de sus propuestas, al otro lado, Berlín oriental reutilizaba también sus escombros, los ladrillos servibles rescatados por aquellas patrullas ciudadanas, modestamente resanados, se iban empleando para levantar los palacios del pueblo, bloques de viviendas que ocultaron su descarnada materialidad revistiendo con estuco e impostas el vergonzoso pasado, que como en las montañas de escombros, maquillaba el escarnio, otra realidad sumergida bajo las capas aparentes [figura 8]. Esta operatividad, entre la austeridad y la culpa, sería igualmente la raíz de algunas actuaciones ejemplares, así el caso de otra ciudad alemana, Múnich, con los ladrillos recuperados de Hans Döllgast en la Antigua Pinacoteca, donde restañó la herida en el lienzo de fachada, o en el Cementerio del Sur, donde quitó ladrillos menos necesarios en ciertos muros para completar otros dañados; o en el 8. “En el núcleo de los poemas homéricos se encuentra el recuerdo de uno de los mayores desastres de que pueda dar cuenta el hombre: la destrucción de una ciudad. Una ciudad es la suma de la nobleza del hombre: en ella es donde su condición se encuentra más plenamente humanizada. Cuando una ciudad es destruida, el hombre se siente obligado a vagar por la tierra o a morar en las estepas, y regresar parcialmente a la condición de las bestias. Este es el hecho central de La Ilíada. Retumbando con los sones de la épica, ora con alusiones veladas, ora con estridentes lamentos, trata del odioso hecho de que una antigua y espléndida ciudad pereciera junto al mar […]. La Odisea habla de las consecuencias. Es la epopeya del individuo desplazado. Las ciudades han caído y los supervivientes vagan por la faz de la tierra como piratas o mendigos”. Steiner, George. Lenguaje y silencio. Gedisa. Madrid, 2013. Figura 7. Hans Scharoun. Berlin Haupstadt, 1958.
REIA #6 Ángel Martínez García-Posada — La ciudad entre sus escombros pág. 97 parque olímpico de Frei Otto y Gunter Behnisch, de emocionante pragmatismo. Döllgast fue un arquitecto espartano que entre dos opciones extremas –por un lado la demolición y construcción de nueva planta; por otro la restauración en forma de copia más o menos literal– destacó por su capacidad creativa y resignada para ponderar los restos existentes y condensar la conciencia histórica: sus restauraciones creativas, de gran simplicidad, se convirtieron en monumentos históricos, haciendo de la necesidad virtud; intervenciones casi quirúrgicas sobre ruinas que salvó de su desaparición para devolverlas a la vida. Otto y Behnisch, en afortunada conjunción, trabajaron en el exterior de la ciudad para desarrollar su parque olímpico. En el norte de la misma, separados del centro por una de esas montañas de escombros de los bombardeos, modelaron con retroexcavadoras aquel escenario, la crónica de la superación de la decrepitud consiguiendo el máximo con lo mínimo, realista actualización de la fórmula miesiana del menos es más a través de construcción ligera y mínimo consumo material, energético o económico, aprovechando los sedimentos sobrevenidos y la inercia de la naturaleza. Algunas de estas lecciones hoy podrían ser calificadas de sostenibles, como podrían ser contadas en analogía con los pasajes de Sebald o Camus, la vida creciendo entre los cascotes. Al discurrir de unas décadas, a la caída del Muro, Berlín volvería a encontrar una ciudad singular, que hacía posible por segunda vez en el siglo, desenterrar la posibilidad de leer en la ciudad su memoria, excavar y recordar, de manera análoga a como explicara Walter Benjamin a propósito de la historia y el lenguaje9. Aquel territorio urbano podía describirse mejor por los espacios vacíos que por los llenos, una capital repleta de heridas, tierras de nadie en las que se hacía posible radiografiar la esencia de la capital, cuajada de lugares irrepetibles, puntos negros, antaño rupturas, parajes en los que todo parecía posible. Wim Wenders filmó en 1987 este magma excitante en la apuntada El cielo sobre Berlín [figura 9] (donde también descubrió la biblioteca de Scharoun como una casa para los ángeles), quizás sea el solar al descubierto en el que rodó los pasajes del circo, para el que buscó durante semanas el emplazamiento más sugerente entre las parcelas desocupadas, el que mejor represente el carácter de estos lugares heredados de la división artificial de la ciudad. En lo urbanístico 9. “La lengua nos indica de manera inequívoca que la memoria no es un instrumento para conocer el pasado, sino sólo su medio. La memoria es el medio de lo vivido, al igual que la tierra viene a ser el medio en que las viejas ciudades están sepultadas. Y quien quiera acercarse a lo que es su pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre que excava. Y, sobre todo, no ha de tener reparo en volver una y otra vez al mismo asunto, en irlo resolviendo y esparciendo tal como se revuelve y se esparce la tierra. Los «contenidos» no son sino esas capas que sólo después de una investigación cuidadosa entregan todo aquello por lo que vale la pena excavar: imágenes que, separadas de su anterior contexto, son joyas en los sobrios aposentos de nuestro conocimiento posterior, como quebrados torsos en la galerías del coleccionista. Sin duda vale muchísimo la pena ir siguiendo un plan al excavar. Pero igualmente es imprescindible dar la palada a tientas hacia el oscuro reino de la Tierra, de modo que se pierde lo mejor aquel que sólo hace el inventario fiel de los hallazgos y no puede indicar en el suelo actual los lugares en donde se guarda lo antiguo. Por ellos los recuerdos más veraces no tienen por qué ser informativos, sino que nos tienen que indicar el lugar en el cual los adquirió el investigador. Por tanto, stricto sensu, de manera épica y rapsódica, el recuerdo real debe suministrar al mismo tiempo una imagen de ese que recuerda, como un buen informe arqueológico no indica tan sólo aquellas capas de las que proceden los objetos hallados, sino, sobre todo, aquellas capas que antes fue preciso atravesar”. Benjamin, Walter. Obras, Libro IV, Vol. 1. Abada. Madrid, 2010.