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La inserción de los sistemas regionales en la trama de la globalización

Girón Larrucea, José Antonio

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LA INSERCIÓN DE LOS SISTEMAS REGIONALES EN LA TRAMA DE LA GLOBALIZACIÓN JOSÉ A. GIRÓN LARRUCEA La progresiva extensión universal de un modelo de civilización que tiene su punto de partida en los principales Estados de Occidente y que se basa fundamentalmente en la libertad de comercio, la implantación de la tecnología como elemento de la producción y la organización de la sociedad de acuerdo con el reconocimiento de los derechos humanos y de las libertades fundamentales del individuo, no es el efecto de una actuación voluntarista de las democracias mayores en los últimos veinte años, sino el resultado de un proceso que se desarrolla esencialmente a lo largo de tres siglos y que encuentra su base en la eclosión del pensamiento europeo que supone la Ilustración, que introduce el análisis y la racionalización como elemento esencial de fun - cionamiento en todos los sectores de la actividad humana. A partir de su consolidación filosófica y científica, el sistema del pensamiento europeo se introduce plenamente en la política, la economía, el comercio e instaura las ciencias sociales, dando lugar a que se establezcan formas de comportamiento racionalizadas y universalmente comprensibles, susceptibles de adoptarse en todo o en parte y contribuir a mejorar las situaciones en que se ponen en práctica. De igual forma, la tecnología como respuesta del trabajo ci entífico a los problemas concretos de la sociedad, puede ser incorporada por todos aquellos que se intereses en mejorar los rendimientos de cada sector específico de actividad. Todo ello, impulsado por la fuerza y las necesidades del comercio y la economía pujante de los Estados de Occidente ha ido acuñando un sistema de vida, de organización de la sociedad que se ha ido extendiendo, bien es verdad que de manera muy desigual, por todos los rincones del planeta. Desde el siglo XVI ha tenido lugar un progreso lento, muy lento, a largo plazo, interrumpido por regresiones bruscas, que únicamente en el curso del siglo XVIII y sólo en algunos países privilegiados tiene una continuidad que ya no se detiene. Su ritmo, antes de 1750 e incluso de 1800, estaba a merced de incidentes y de catástrofes de cualquier tipo. Se proseguirá con dificultad, de mil maneras diferentes y mu- chas veces complicadas, a pesar de las crisis económicas, siguiendo oscuros caminos y con frecuencia impulsada por la iniciativa de grupos muy determinados. Toda esta búsqueda de progreso se realiza en medio de situaciones muy diferenciadas de los colectivos humanos, que en las relaciones internacionales del mundo actual configuran el concepto de «diacronía ». No era lo mismo la organización, el nivel de desarrollo y el sentido de la evolución cultural y política de los indios del San Lorenzo que los de la Francia del siglo XVII, como tampoco es comparable en la actualidad los correspondientes de los Estados Unidos con los de cualquier país en vías de desarrollo. Estos contrastes de progreso constituyen oposiciones externas. Pero tambien se producen situaciones opuestas de carácter interno. Toda economía, toda sociedad, toda civilización, en sí mismas un universo, también están divididos, distribuidos desigualmente «contra» ellos mismos. Por eso es preciso desmontar, analizar y volver a componer cada uno de los mecanismos particulares que intervienen en la dinámica de una sociedad, buscar entre ellos los elementos de semejanza, de similitud, los que tienen como efecto la «regularidad», la existencia de esLructuras equiparables, necesarias para la existencia de puntos de contacto entre organizaciones sociales diferentes. En la aproximación al proceso de globalización, hay que tener en cuenta que junto al nivel superior de la vida económica, en donde el cálculo y la racionalidad sistematizada encuentran un lugar predominante y que constituye el espacio de desa - rrollo del intercambio (los transportes, las estructuras diferenciadas de mercados, la relación entre países industrializados y países en desarrollo), se encuentra en todas partes a ras de suelo una vida material hecha de rutina, de hábitos heredados, de comportamientos muy antiguos que suponen gestos repetidos, procedimientos empíricos, soluciones que vienen de los tiempos en que el hombre estaba condicionado por la naturaleza local y obligado a afrontar problemas específicos que en muchos casos han determinado el tipo de constitución de una sociedad'. l. EL CONCEPTO DE GLOBALIZACIÓN El concepto de globalización está referido en gran medida a una forma de concebir el mundo y la sociedad internacional desde Ja dinámica de las relaciones políticas y económicas entre los Estados. Con el se han abierto nuevas perspectivas para el análisis de los vínculos entre el conocimiento teórico y la realidad, Ja estructura social y los procesos dinámicos que tienen lugar en los colectivos humanos2• En este contexto se han ido descubriendo puntos de interés común y fórmulas de actuación que podían ser incorporadas por grupos y colectivos humanos de muy diferentes características y distinta evolución histórica, económica y social. Por eso se puede considerar que, hasta es te momento, la natural eza del concepto es primordialmente funcional. La globalización tiene lugar respecto de aquellas materias o sectol. Braudel. F., «Civilisation materielle et capitalisme (XV-XVIII secle)», T. 1, 1967, introducción. 2. Kofman. E.: Youngs, G., «Globalization: theory an practice», 1996, p. l. res de actividad en donde se puede producir una confluencia objetiva de intereses humanos o la adopción de modelos de comportamiento comunes por la forma de funcionamiento y por la estructura en que se desarrollan. De esta forma, los mercados financieros globales y la proliferación de instrumentos y productos que se pueden transferir a través del «ciberespacio» han hecho que se incrementen las actuaciones globales respecto de problemas cotidianos producidos por las perturbaciones en muchos sectores del mercado. Ahora bien, este tipo de actuaciones se pueden encuadrar en Ja dinámica de los acontecimientos accesorios, que pueden aparecer con espectacularidad en un momento determinado, pero que no marcan la evolución profunda de la historia, porque a su lado permanece vigente la situación de Ja gente corriente y de los más desfavorecidos, de aquellos que están fuera de los circuitos formales de las grandes transacciones. Colectivos que se pueden considerar los desvalidos del siglo XX y que en muchas ocasiones se ignoran o se olvidan. Mientras que el movimiento del capital y sus instrumentos es cada vez más fluido, el factor trabajo no sigue el mismo ritmo en la mayoría de los casos. Esta es la situación de la gente que no tiene acceso a la riqueza de las zonas más prósperas de la postmodernidad y que en medio de una aparente oleada de bienestar siguen sometidos a estructuras que suponen un contraste diacrónico con el desarrollo, pero que constituyen un hecho estructural cuya modificación requiere una actuación específica y consciente que incorpore la dinámica del acontecimiento a la transformación de las estructuras más anacrónicas del colectivo humano3• En este sentido, ni la globalización tiene todavía un carácter omnicomprensivo, ni hemos llegado al triunfalista «end of history» de Fukuyama, que asocia la universalización de los valores propios de la democracia liberal y del liberalismo económico con la consecución automática de una mejora en la situación del individuo y de las sociedades, por el simple hecho de la extensión de un determinado tipo de actuación económica y comercial que condicionaría por si sola la completa reestructuración de la organización social en todos los Estados. En la concepción de este autor, el desarrollo económico y los factores científicos y tecnológicos, el crecimiento económico y el progresivo control de la naturaleza representan fuerzas unificadas que contribuyen directamente a transformar los valores políticos y a neutralizar las desigualdades sociales, c ondu ciendo a una profunda reestructuración del conjunto del colectivo humano. De esta forma, el proceso de la historia quedaría reducido a una clasificación de fuentes en la escala del progreso considerado de sde el punto de vista del capitalismo. En una nueva concepción determinista (hay resonancias del materialismo histórico marxista, con el que se coincide por antítesis) el progreso tecnológico se identifica como la fuerza clave de la globalización que puede facilitar el desarrollo de una «cultura globa/»4. 3. Dalby, S. , «Crossing disciplinary boundaries: political gcography and international relations after the cold war» en «Globalization: Theory and practice», Kofman y Youngs, 1996, pgs. 29-30. 4. Fukuyama, F .. «The end of history and the last man», 1992, pgs. 276-385. En cualquier caso, si por globalización se entiende la interconexión de sectores de actividad en el sistema internacional, esto añade poca cosa a la caracterización de este concepto como un fenómeno universal cualitativamente diferente, entre otras cosa! porque simplemente establece lo obvio, puesto que la interconexión de las partes ei el elemento más primario de un sistema. En este sentido, el mundo se considera co mo un conjunto y la globalización come el aumento de extensión de las formas de gestión de un negocio. No se diferencia le global de Jo simplemente internacional, ni el lugar de actuación del concepto de nue · va dimensión de la acción humana. La globalización así considerada se percibe poi sus manifestaciones más formales y aparentes: comunicaciones, organizaciones. ecología, transacciones comerciales, formas de producción económica, normas forma - les de funcionamiento, postergando la apreciación del factor humano, de la reforma real de las estructuras sociales y del individuo como referente esencial de cualquie1 transformación. Ahora bien, en la actual coyuntura de Ja historia, en el presente momento del desarrollo del proceso iniciado por la Ilustración como movimiento de la conciencia humana que accede a una nueva concepción del hombre como sujeto de derechos fundamentales, inherentes a su propia naturaleza; de la sociedad como el espacio na - tural en el que se tiene que desarrollar en una libertad compartida; de las ciencias como productos del pensamiento racional que deben estar a su servicio, también hay que tener sentido de la realidad y aceptar la medida en que ese tipo de civilización se puede integrar en la sociedad universal y a través de los medios en que por su misma naturaleza (que excluye el uso de la fuerza para su imposición) se puede extender. En este sentido, por su sencillez esencialista, parece aceptable la aproximación al concepto que hace T. McGrew al considerar la globalización como «la multiplicidad de vinculaciones y de interconexiones que trascienden a los estados-nación (y por implicación a sus sociedades respectivas) que constituyen el moderno sistema mun - dial. Define un proceso a través del cual acontecimientos, decisiones y actividades (que se realizan) en una parte del mundo pued en llegar a tener consecuencias significati1•as para individuos y comunidades en otras partes del mundo muy distantes»5• La razón por la que es aceptable esta definición resulta del hecho de que el contenido o el significado de los conceptos sociales, en este caso el de globalización, no se pueden generar definiendo en abstracto el concepto en cuestión, sino que es necesario hacerlo en función de elementos específicos y que se encuentren vigentes y en funcionamiento en el momento en que se define6• Así, desde un punto de vista material del significado de la globalización, se puede consid er ar el mundo económico como la primera unidad de análisis porque tiene una coherencia esencial que permite conectar sus variados y diferentes ámbitos de actividad. 5. McGrew. T .. «A global society» en «Modernity and its futures», ecl. Hall, S.; Held, D. ; McGrew, T., 1992, pgs. 13-14. 6. Me Lean. J., «Philosophi ca l roots of Globalization and philosophical routs to Globalization» en «Globalization and its critics» ed. Germain, R.D., 2000, p. 57. 2. CARACTERÍSTICAS DE LA GLOBALIZACIÓN En primer lugar, es un fenómeno hi stórico. Esto no significa que se pueda determinar con precisión el momento en que da comienzo ni que se pueda establecer en concreto los diferentes tramos de su secuencia cronológica. Sin embargo para entender adecuadamente el concepto hay que identificar su entidad histórica. Esto significa tener queanalizar que clase de condiciones necesar ias y contingentes se producen para que tenga lugar la globalización. En este sentido se presenta como un proceso en el que determinadas formas de organización política. económica y social ceden su lugar a otras nuevas alternativas que hacen posible una estructuración común a múl - tiples sociedades, aunque se mantenga la existencia de elementos autónomos. La globalización es una forma de actuación económica y social que constituye un proceso estructural compatible con el desarrollo de otros de carácter local que, en realidad, Je completan. En segundo Jugar, la globalización no se locali za en un determinado lugar. No ocupa un espacio tridimensional, sino que es una corriente de pensamiento y de actuación que atraviesa el colectivo humano en un determinado tramo de su historia. Por lo tanto da lugar a nuevas formas de influencia que no son territoriales ni soberanas y que se incorporan progresivamente a los hábitos de gobierno y de vida en cada unidad del colectivo humano en el contexto universal. En tercer lugar, su desarrollo implica la puesta en marcha de determinadas iniciativas de carácter subjetivo que, en la medida en que demuestran su eficacia, se transforman en normas de comportamiento global, aceptadas pero no producidas por las estructuras de poder local, que representan por sí mismas transfonnaciones en las condiciones objetivas de Ja estructura social'. Este es un carácter esencial, conectado con la naturaleza del espíritu del pensamiento ilustrado, ligada al sistema del pacto socia l, en el que los comportamientos no se imponen, si no que surgen del consenso de la ciudadanía. Implica ese gran principio universal de dejar fuera de la ley el uso de Ja fuerza en las realciones entre los Estados y supone la consolidación del predominio de las clases medias en una parte importante de la sociedad internacional, que ha cambiado las prioridades de los Estados y ha convertido el progreso social y el desarrollo económico en objetivos esenciales de la actuación de los órganos de poder. Se configura así como un proceso que se manifiesta en múltiples contextos en los que incorpora formas de actuación colectiva que influyen en la estructuración de los comportamientos individuales, sin necesidad de una mecánica fonnal determinada8• En este sentido se puede considerar que el proceso de globalización, en las sociedades en que se ha pr esentado con suficiente intensidad, regenera y reorganiza la eficacia de la actuación del Estado y la constitución del mercado. De esta forma, modernidad, capitalismo, globalización y s us consecuencias constituyen la expresión de un conjunto de elementos que caracterizan a una parte importante de la sociedad internacional actual. 7. Me Lean, J., op. cit., pg s. 60-62. 8. Germain, R.D., «G lobalization in historical perspective», en «Globalization and its critics» ed. Gennain. R.D .. 2000, p. 70. De esta forma la globalización se puede considerar como un proceso que discurre de tal forma que tiene como resultado que los condicionamientos geográficos hayan dejado de ser absolutamente determinantes para el nacimiento de las concepciones económicas, sociales y culturales y que los colectivos humanos acepten cada vez más que esto es factible por lo que significa para la adopción de modelos comunes de comportamiento, con independencia de la ubicación geográfica de los individuos. 3. LA GLOBALIZACIÓN Y EL ESTADO-NACIÓN El proceso, que tiene su origen en la época del mercantilismo, en realidad empieza a tener entidad a partir de la Ilustración, que le proporciona un sistema racionalista que le sirve de base ideológica, con la implantación del Estado-nación, que le proporcionará consistencia política, con el inicio de la revolución industri al y la aplicación a la producción de planteamientos científicos y la institucionalización del capitalismo, que multiplicará su potencial económico y comercial. La concepción del hombre y la sociedad de la Ilustración se fraguan entre 1680 y 1790, con la laicización del pensamiento y la consolidación de las ciencias sociales. En los países en los que se desarrolla se conecta con principios de tolerancia y de lib er tad religiosa en una progresión, que no será completamente uniforme, cuyo compromiso con la idea de educación de la humanidad se concretará en una cruzada permanente contra las fuerzas oscurantistas de todos los fundamentalismos9• Su significación la percibió con claridad D'Alernbert en su toma de posición frente a los intelectuales ilustrados en un asunto aparentemente tan liviano como la denominada «Querelle des Buffons» o polémica en torno al estreno en París de la ópera bufa «La serva padrona», de Pergolesi, cuando se opone a la libertad de expresión en la música porque «la libertad de música presupone la de sentimiento; la libertad de sentimiento requiere libertad de pensamiento; la libertad de pensamiento implica libertad de acción; y la libertad de acción supone la ruina de los estados. Por lo tanto es preciso preservar la ópera tal y como es si queremos conserva r el reino; y pernzitasenos frenar la libertad de pensamiento si no queremos que sea seguida por la libertad de expresión» (D'Alembert, « De la liberté en la musique», 1759). Por lo tanto existe desde el primer momento plena conciencia del potencial del reconocimiento de los más elementales derechos del individuo como elemento transformador del Estado absoluto en la s modernas democracias y de lo que significaba el paso de la condición de súbdito sometido al poder dogmático al uso a la de ciudadano, abierto a todas las posibilidades de ejercicio de la libertad y titular de la soberanía nacional, que en el futuro será clave para la estructuración de una sociedad internacional fundamentada en relaciones diferentes a la desconfianza permanente y a la hostilidad como sistema entre sus componentes. En la constjtución de este Estado, básico en la trama de la globalización en su etapa actual, resulta esencial la aportación de Sieyes, porque en la fundamentación del ra9. Wokler, R., «The Enlightement, the Nation -State and th e Primal Patricide of Modemity », en « Tbe Enlightement and Modernity», ed. Geras, N. Y. Wokler, R., 2000. pgs. 16 1 y ss. zonamiento que había conducido a la formación de la Asamblea Nacional a finales de Agosto y principios de septiembre de 1789, junto a la motivación del argumento de que al rey de Francia se le tenía que negar Ja posibilidad de ejercer un veto absoluto sobre las funciones del legislativo, el abate francés, que buscaba la definición de la identidad de la Asamblea, también propone que se le niegue al pueblo de Francia la posibilidad de ejercer un mandato imperativo sobre sus propios delegados, puesto que ese tipo de mandato privaría a los representantes de los ciudadanos de su liber - tad y sustituiría la voluntad colectiva de la nación en su conjunto por las múltiples voluntades particulares de ciudadanos di spersos 10 • Esta idea de la representación nacional, anclada en el reconocimiento de Jos dere - chos y libertades fundamentales, pero considerando a la Asamblea electa como un órgano único e indivisible depositario del ejercicio de la soberanía nacional, junto con el sistema de división de los poderes de Montesquieu, resulta básica para el desarro - llo de una estructura racional de Estado que permitirá una transmisión auténtica de los intereses de Ja ciudadanía y una articulación de los intereses en común con otras sociedades y otros Estados 11 • El desarrollo de este tipo de Estado supondrá para las sociedades la posibilidad de desprenderse de muchos anacronismos arraigados en concepciones feudales e ir transformando a impulso de las tensiones que aparecen con Ja revolución indus trial la composición de la sociedad y Jos objetivos prioritarios de los correspondientes gobiernos. Esto no ha tenido Jugar en un único acto ni de una manera simultánea en todas partes. Constituye una de las fases del proceso. Sobre todo a partir de 1945 se acentúa en los estados más desarrollados con la consolidación de unas clases medias muy potentes, que no se identifican con los objetivos más tradicionales de unos Estados que habían basado el ejercicio de su soberanía en el dominio territorial y que ha bían perseguido su hegemonía a través de un intento constante de debilitar a sus oponentes, lo que naturalmente había supuesto una continua sangría en vidas y dinero. La ciudadanía de los estados indu st rializados exige a sus representantes y a los gobiernos que constituyen la priorización de los objetivos de desarrollo económico y progreso socia l. En el ámbito de las relaciones internacionales esto se concreta en un consenso cada vez más profundo y generalizado respecto de la prohibición del uso de la fuerza en las relaciones entre Estados y en la apertura a una cooperación, un intercambio y una interacción con los demás a los niveles qu e sean necesarios para garantizar Jos objetivos perseguidos respecto del desarrollo de la sociedad. Esta transformación en las sociedades de los Estados industrializados, que en el periodo de la guerra fría dejaron atrás muchas de las características que definían la política seguida cuando aun mantenían la posesión de grandes imperios coloniales, dando paso a nuevas formas de entendimiento en una sociedad internacional mucho JO. Wokler, R., op. cit., pgs. 174-177. 11. Sieyes en su obra «Qu'est-ce que le Tiers État?» (ed. Zappieri, R. , 1970. p. 151) introduce también la expresión «la science socia/e,, al referirse a la historia de la filosofía social y de las ciencias humanas M. Foucault, («Les mots et les choses, 1966, pgs. 238 y 263) mantiene en este sentido que 1795 fue un año fundamental en el periodo de 20 ó 30 años en el que da comienzo la metamorfosis de la modernidad. más extensa, en la que las relaciones económicas y comerciales y las actuaciones de las entidades industriales y financieras multinacionales van a ir componiendo el esquema operativo de la globalización en la e ra de la e le ctrónica y las comunicaciones. Esto tiene como resultado que las democracias mayores hagan pasar definitivamente a sus Estados respectivos de Ja condición de «conquistadores» (que habían ejercido hasta la primera parte del siglo XX) a la de «Co mercia111es », que quizás constituya su característica más acusada en la actualidad. Puede que no sea una transformación ideal para la búsqueda de una solidaridad in condicional de ámbito universal, pero en la evolución desde una sociedad internacional cuyo núcleo de poder era también el primer foco generador de situaciones de quebrantamiento de la paz y la seguridad internacional, no cabe duda de que se ha introducido un elemento que ha desplazado las tensiones a ámbitos en que no alcanzan la misma proporción ni tienen las mismas consecuencias que en el contexto europeo y que progresivamente va dando lugar a una sociedad internacional en que se puede establecer un nivel aceptable de relaciones de coexistencia pacífica y, en muchos sectores, de amistad y cooperación entre los Estados soberanos, que han multiplicado su número por cua tro. Por otra parte, Ja dinámica de la relación comercial implica la adopción de comportamientos cuya comprensión está al alcance de casi todas las mentalidades. Por muchas diferencias diacrónica<; que existan en la evolución de los diferentes colectivos. casi todos entienden las ventajas que pueden derivarse de la cooperación o la asociación con los Estados industrializados. J. Huizinga, en su análisis de la toma de posición de Holanda en la Europa del siglo XVIII, señala como causa de su actitud frente a los problemas del momento el hecho de que «la Hollande est prospere et puissante. Si elle perd peu a peu l' esprit belliqueux, /'esprit d' aventure qui avaient fait d' elle une grande puissance maritime et colonia/e, ce changement ne veut pas dire qu' elle soit appauvrie; elle jouit de son opulence. Elle a d' ailleurs un autre moyen de faire rentrer l' or et l' argent dans ses coffres: la hanque. Elle offre le premier modele d' un état capitaliste; et la finance continue a /' enrichir. «Par cet afflux et ce reflux de richesses elle est nature/lement mediatrice. En politique-puisque elle a besoin d' une Europe Pacifique. Et de meme elle offre au.x religions une terre d' asile. La Hollande favorise la liberté de conscience , d' abord parce qu' elle a longtemps subí persecution pour sa croyance; ensuite parce qu' il n' est ni negoce, ni ba11q11e possible si l'on demande aux gens leur extrait de bapteme» 12 • Este tipo de Estado, que ha dejado de ser «C onquistador>> para transformarse en «comerciante », al haber renunciado de forma bastante fiable al uso de la fuerza (siempre que no se vean comprometidos sus intereses vitale s) proporciona un margen de seguridad a aquellos que mantienen relaciones con él respecto de la situación de igualdad soberana en que se encuentran básicamente lodos ellos en el mundo actual. Ello incide en el desarrollo del comercio internacional, que implica pragmatismo, negociación y competitividad. 12. Hui zinga. J.. «Du role d'inte nn ediation joué par le s Pays-Bas entre l'Europe Occidentale et l'Europe Centrale», Fondation Carnegie, Bulletin nº 7, 1933, en Hazard, P .. «La Crise de la Conscience européenne, 1935. pgs. 97-98. El pragmatismo abre camino a un sistema de evalua ción de los problemas que tiene como objetivo encontrar soluciones rentables al coste económico más reducido posible. La negociación es un elemento esencial como método para llegar a soluciones estables, necesario para operar en un ámbito en donde hay que ll egar a situacio ne s aceptables para todos, en las que se realice un equilibrio de lo s intereses en presencia. La competitividad es una de las consecuencias de la transformación que ha sufrido el eje rcicio de la sobera nía por parte del estado -n ación en el sistema de la globalización. La rivalidad se ha trasladado de las conquistas t er ritoriales a la conquista de mercados para rentabilizar al má ximo las políticas del Estado y el esfuerzo de los agent es económicos. 4. EL ESTADO-NACIÓN COMPETIDOR La transformación contemporánea del estado-nación en estado-competidor es una de las co nsecuencias más importantes de la ampliación de los mercados internacionales. La actuación del Estado como re pr esentante de Ja sociedad y los grandes cambios en las relaciones económicas internacionales plantean la necesidad de nuevos desarrollos en cuestiones clave dentro del proceso de globalización. La prolongación de la naturaleza del Estado de bienestar como represe ntant e de los intereses generales en los mercados internacionales supone la búsqueda de los mayores beneficios posibles para un os agentes económicos cuya actividad garantiza el bienestar de amplios colectivos en el in terior y a los que tiene que ayudar a soportar presiones y a adaptarse a co ndiciones estructurales flu ct uantes y que influyen en Ja configuraci ón de los objetivos de la propia estructura del Estado. Esta tran sfo rmación constituye un proceso muy co mple jo, que supone la reformulación del significado y del ejercicio de la soberanía y su adaptación a la condición de «comerciante» de la mayoría de los Estados en la ac tu alidad. También es el reflejo del nivel de evolución de la sociedad y un o de los aspectos en que se manifiesta Ja diacronía, es decir, las diferencias existentes entre sociedades y estados respecto a su adaptación a las características actualmente predominantes en las re laciones internacionales. En este sentido, no se puede considerar tanto que la naturaleza de la soberanía se haya podido deteriorar como el hecho de que se haya transformado porque también han cambiado los objetivos prioritarios de la sociedad y del Estado. Al trasladar Ja ri validad desde el ca mpo de la autoafirmación y la luc ha por la hegemonía territorial se ha ganado un espacio en el que se ha podido instalar de una forma bastante general y bastante estable Ja coexistencia pacífica, en un contexto de igualdad soberana suficientemente garantizada para todos los componentes de la sociedad internacional. Por otra parte, aparecen otras características propias de la lucha por asegurar niveles suficient es de desarrollo económico y de rentabilidad comercial. La primera es que la aparición del estado competidor no lle va a una simple decadencia del Estado soberano, sino que por el contrario necesita ampliar su interven- Para apoyar su transición a una economía de mercado, la República Popular h; establecido una estructura jurídica que regula su actividad económica exterior, desd< las condiciones para la inversión extranjera, las transacciones comerciales o el siste ma de realización de los contratos. Esto le condujo en 1986 a renegociar su situación en el GATT, tomando parte e1 la Ronda Uruguay y firmando el Acta Final en abril de 1994, aunque aplazara la apli cación de lo s acuerdos establecidos hasta su definitiva integración en la Organizació1 Mundial del Comercio (en adelante OMC), meta de llegada hasta este momento en e recorrido de la Républica Popular para su integración en el sistema de la globalizació1 económica y comercial16, que la firma por Clinton de la ley de aplicación en su el< americano de los compromisos adquiridos con China en el seno de la OMC parect confirmar. 6. LA ACCIÓN DE LOS AGENTES ECONÓMICOS PRIVADOS: LAS MULTINACIONALES EN EL MERCADO GLOBAL En la medida en que el comercio internacional ha ido ganando en importanci: también se ha ampliado su radio de acción, tanto respecto de los agentes que en é intervienen como en cuanto a los productos objeto de intercambio. Mercancías y ser vicios de todo tipo son objeto de transacción y, por lo tanto, están sometidos a l; competitividad internacional. El comercio internacional crece en la medida en que lo hace el desarrollo en la: conexiones entre estructuras internas de mercado, en particular con los países en vfa: de desarrollo, por lo que los mercados internacionales están cada vez más conecta dos a los mercados internos de los Estados. La existencia de cualquier sistema de mercado requiere un conjunto de actuacio nes institucionales y sociales para su funcionamiento. De igual forma, la existenci; de un mercado internacional necesita su propia regulación, no solo para poder gene rar estabilidad y confianza entre los agentes que en él participan, sino también por que la competencia internacional puede tener un considerable impacto en la situació1 de los diferentes grupos sociales 17 • Como señala G. M. Hodgson18, el mercado ti em que definirse en relación con un amplio conjunto de instituciones, no solamente et sus aspectos jurídicos, tales como la determinación de los derechos de propiedad y e conjunto de obligaciones y contratos, sino también con respecto al sistema de trans portes y comunicaciones y la organización de la información relacionada con su fun cionamiento. Además el mercado genera su propio procedimiento para establecer lo : precios, que no so lo depende de la oferta y la demanda, sino que intervienen en s1 creación la s reglamentaciones jurídicas, costumbres y prácticas que están imp lí cita : 16. Rongquiang, P., «Selected Economic and Political Issues of China 's Gatt/WTO Membership» e1 «China and the World Trade Organization. Requirements , realities and resolution», 1996, pgs. 33 a 48 17. Perraton, J .• «What are global markets: the significance of networks of trade » en «Globalizat io1 and its cr itícs» ed. Germain, R.O., 2000, pg s. 169 a l 71. 18. Hodgson, G.M., « Economics and Institutions: a man ifesto for modem instilutional economics» 1988, p. 174. en la actuación de sus propias instituciones. Desde este punto de vista se puede considerar como un conjunto de instituciones sociales en cuyo marco de actuación tiene lugar regularmente un gran número de intercambios de mercancías de un tipo específico, que en cierta medida está organizado y estructurado por tales instituciones. El intercambio implica acuerdo contractual y parte del funcionamiento del mercado consiste en establecer los mecanismos para organizar y legitimar estas actividades. Sus in stituciones ayudan a regular y a es tablecer el consenso respecto de las prácticas y, en términos generales, a comunicar información referida a produ ctos, precios, cantidades, compradores y vendedores. De esta forma, en el ámbito de la globalización, la progresiva integración del comercio interna cional en un sistema uniforme de mercado tiene como consecuencia la necesidad de elaborar y aceptar por parte de todos normas comunes de comportamiento, co mpromi sos vinculantes que condicionan la producción, el intercambio la financiación y, en suma, todo el conjunto de la actividad económica. Sirve así, en el área específica de la globalización económica, de motor que impulsa cambios y transformaciones en todas las sociedades, porque a todos interesa integrarse en el sistema de intercambio internacional. A partir de 1945, sociedades multinacionales de diferentes Estados han actuado regularmente en mercados extranjeros, creando redes de comercialización para sus productos en el mercado global. Su preocupación básica es llegar a establecer su propia es trategia de control en el sector de actividad en el que operen. En este sentido, no so lo organizan la producción sino también las operaciones en los mercados comerciales y financieros. Además, precisamente por las características de su actuación y de su estrategia, no se limitan a una actitud pasiva ante el comportamiento del mercado, sino que intentan modificar a su favor las condiciones e incluso tratan de crear otras que favorezcan sus intereses 19 • La eficacia que han demostrado en el conjunto de sus actuaciones y, también hay que decirlo, la creación de riqueza que muchas veces han generado, han cons tituido un revulsivo y un modelo de funcionamiento que ha contribuido a introducir por la vía de la actividad económica y comercial muchos esquemas de comportamiento en el conjunto de la sociedad internacional. Además, en la medida en que su acción constante y reforzada ha incidido en el crecimiento y sistematización del mercado global, constituyen un factor importante en la estructuración del mismo. El establecimiento de redes de comercio ha sido un elemento clave para la armonización de reglamentaciones nacionales de producción y de comercialización de mercancías y servicios y para la elaboración de normas que garanticen todos los derechos en el área del comercio internacional. La necesidad de desarrollar este sistema de actuación para garantizar las regularidad de las transacciones internacionales, fue una de las causas de Ja creación del GATI y, posteriormente, de la OMC como organización cuyo objetivo consiste en profundizar en la armonización institucional de todos los elementos que inciden en la actividad económica y comercial, desde la regulación de la competencia, las garantías sa nitarias y de seguridad, la s normas de regulación laboral y medioambiental has ta 19. Perraton, J., op. cil., p. 171. los derechos de propiedad intelectual. Es decir, de todas aque lla s materias relac ionadas con la actividad económica y comercial que pueden ten er repercusión en la calidad y cantidad de los intercambios, así como en la formación de los precios y en las condiciones de las ventas. De esta forma se extiende la influencia de la actividad econ óm ica a múltiples sec - tores de la organización social, introduciendo nuevos elementos que pueden llegar a tener carácter transformador de ámbito universal, profundizando, dentro de sus límites y posibilidades, los efectos de la globalización. 7. LA PROFUNDIZACIÓN EN LA REGULACIÓN DEL COMERCIO INTERNACIONAL: LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERCIO COMO EVOLUCIÓN DE UN SISTEMA DE ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL La aparición de un sist ema institucionalizado para la regulación del comercio internacional constituye un elemento de reflexión respecto de la función actual de las organizaciones internaciona le s. El GAIT se estableció dentro del sistema de Naciones Un idas que se había diseñado en Jo esencial en Bretton Woods en 1944. Respondía a las necesidades de los Estados en ese momento y a la concepción vigente en la época de la actuación concertada en los puntos de interés común. En esa etapa de las relaciones internacionales, la preocupación predominante era la de evitar que «el flagelo de la guerra» pudiera afectar a las futuras generaciones, tal y como se expresa en el Preámbulo de la Carta de la ONU. De acuerdo con esa preocupación, se procede a la creación de unas Organizaciones Internacionales como instrumentos para actuar en un escenario que hasta entonces había sido mínimamente considerado por los Estados: la cooperación internacional. Es la gran novedad que contempla el mundo de posguerra. Hasta entonces la única inquietud de los Estados había consistido en llevar a cabo un ejercicio de su soberanía en los términos más absolutos y con la mayor independencia posible. Llegar a un sistema de sociedad internacional en el que se empezaran a vencer muchos recelos y en el que se hiciera posible considerar a los demás Estados como posibles socios con los que compartir intereses comunes, problemas, derechos y obligaciones, constituía un progreso insospechado tan solo un os años antes. Se ab rí a así una nueva era en las relaciones internacionales en Ja que se establecían esos instrumentos de cooperación para actuar de forma conjunta en Ja gestión de intereses comune s. Pero habría resultado muy difícil acceder de golpe a la instauración de un sistema plenamente eficaz de ámbito universal para ac tu ar en una materia, la cooperación internacional, en la que existían pocos precedentes y en un contexto en el que se mantenían muchas desconfianzas. Por eso se constituyeron la s Organizaciones Internacionales con unos condicionantes que van a impedir que tengan un funcionamie nto todo lo eficaz que necesitaba la problemática que supuestamente tenían que haber abordado. Era el momento de vigencia del cambio de «espadas en arados)) y la sociedad internacional se conformó (y se sigue conformando mucho tiempo después) con unas Organizaciones Internacionales que, en la mayoría de los casos, han quedado como símbolos de ese cambio, pero sin llegar a alcanzar nunca un nivel de eficacia decisiva en sus intervenciones. Es posible que en un determinado momento se tuviera que proceder a plantear una nueva fórmula de cooperación internacional (cambiar el arado romano por un potente Caterpillar) que permitiera llegar a solucionar aquellos problemas que afecten a amplios colectivos y que en pleno proceso de globalízación mantienen a cientos de millones de seres humanos sujetos a un grado de miseria y de postración incompatibles con el concepto de dignidad vigente a estas alturas de la historia. En este sentido, el GATT como sistema de actuación multilateral establecido para regular uno de los sectores más dinámicos de las relaciones internacionales, puede ser un referente de lo que resultaría necesario para obtener resultados efectivos en el mundo actual. En el momento de su creación los Estados procedieron manteniendo todas las reservas frente a las acciones conjuntas con efectos inmediatos respecto de sus intereses reales. Aunque entendían las ventajas que reportaba en algunas cuestiones la gestión multilateral, sin embargo seguían pensando que la mejor forma de defender sus intereses comerciales era la de controlar unilateralmente sus respectivos sistemas aduaneros. Costaba hacer concesiones tarifarias y comerciales y persistían las actitudes proteccionistas, de forma que entre 1947 y 1986 los resultados son parciales, con excesivo número de excepciones en los acuerdos establecidos y multiplicidad de incumplimientos que no es posible controlar y mucho menos sancionar, a no ser mediante contramedidas de carácter unilateral. Hasta la culminación de las negociaciones de la Ronda Tokio en 1979, el principal mecanismo de vigilancia de las políticas comerciales de los Estados miembros había consistido en la notificación, regulada en el art. X del GATT, que dispone que cada Estado miembro haga públicos todos los cambios que introduzca en sus políticas comerciales, disposición que, además de ser poco eficaz, solo se había cumplido en casos aislados. El informe que el GATT encargó al «grupo de sabios» en 1985, reconocía estas insuficiencias y señalaba que los gobiernos deberían ser requeridos regularmente para explicar y defender el conjunto de sus políticas comerciales2 º. Este informe reflejaba además un estado de opinión suficientemente generalizado de que era necesario replantear el funcionamiento del sistema para adecuarlo a las exigencias de un comercio internacional cada vez más intenso y con más implicaciones para el conjunto de las economías de los Estados miembros. En este contexto se iniciaba en 1986 Ja Ronda Uruguay. Su culminación en 1994, después de 8 años de negociaciones por parte de 125 Estados, constituyó un hecho relevante en muchos aspectos, en especial porque abría nuevas perspectivas en cuan20. Keesing, D.B., «Improving Trade Policy reviews» en «The World Trade Organization», 1997, p. 4. to a la regulación de nuevas áreas del comercio internacional que siempre habíar permanecido en el ámbito de la soberanía de los Estados. Por otra parte, en su con· texto se procedía a la creación de la OMC como instrumento que permite un mayo 1 control del cumplimiento de los compromisos adquiridos por los Estados miembro! y de seguimiento y organización progresiva del desarroUo del comercio mundial y df sus políticas económicas y comerciales. La estructura de la OMC es radicalmente diferente del sistema seguido en el GATT El principio de un miembro. un voto para Ja adopción de decisiones, la convierte er referente para las demás instituciones multilaterales de cooperación. En su tratadc constitutivo se incluyen normas de control y de sanción para los incumplimientos df los Estados miembros, así como un sistema para el arreglo pacífico de las controver· sías, que institucionalizan la gestión de los acuerdos alcanzados y suponen una ga· rantía objetiva de su cumplimiento para todos los Estados partes en los mismos 21 En este sentido se produce un progreso real en la cohesión de una actividad en le que los Estados hasta entonces habían retenido sus competencias soberanas en la eje· cución de los acuerdos realizados en el seno del GATT. Las negociaciones en las 8 rondas se habían realizado de forma multilateral y por consenso, pero en las anteriores a la Ronda Uruguay nunca se había llegado a acuerdos sobre procedimientm institucionalizados que garantizasen el control del cumplímiento de las normas establecidas. Se llega así por primera vez a la instauración de un sistema integrado de regulación del comercio global, quizá como primer paso en la construcción de un auténtico mercado global estructurado y regulado por normas uniformes, aceptadas por todos los Estados. 8. LOS REGIONALISMOS Y EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN En el contexto general del proceso de globalización, tiene lugar otra forma de interconexión de Estados más particular, más profunda y de unas consecuencias más determinantes para las partes que lo integran. Es el regionalismo como sistema de asociación entre Estados que comparten una serie de caracteres y de intereses que consideran que les conviene gestionar en común. El regionalismo en la globalización resulta de la combinación de estructuras históricas emergentes en un momento dado y supone una compleja articulación de instituciones y de normas que dan lugar a nuevos sistemas de interacción, no solo entre los Estados, sini tambien entre entidades pertenecientes a los mismos. La acción de los Estados al establecer sus compromisos, define y delimita las posibilidades de funcionamiento, constituyendo un proceso dinámico de continua adaptación a las situaciones que se presentan en el desarrollo organizado de la construcción regional. Las estrategias de los Estados suponen así un elemento básico para su comprensión y tiene como efecto que en unas formaciones pueda tener más entidad y más relevancia que en otras. 21. Evans, P., «The EIU guide to world trade under the WTO», 1995, pgs. 2 y 3. En la práctica, el regionalismo entendido como un proyecto en el que intervienen o del que forman parte un conjunto de Estados, interacciona con el proceso de globalización. No son excluyentes, sino que las relaciones entre ambos son significativas. En el actual sistema internacional, destacan cuatro núcleos reginalistas: Norteamérica, la Unión Europea , el que se desarrolla en el lejano Oriente y Mercosur. Las relaciones de estos núcleos entre sí y entre ellos y sus periferias es a la vez complejo y diverso.n Todavía no se ha concretado un modelo específico de relación22. 8.1. Características comunes de Jos proyectos regionalistas Se puede considerar que hay una característica esencial que comparten los cuatro proyectos actualmente en desarrollo: su compromiso con el regionalismo abierto. Ninguno de ellos ha derivado hacia el proteccionismo y se configuran como estructuras integradoras en el sistema global más que como alternativas al mismo. Regionalismo abierto significa que sus políticas se dirigen a eliminar obstáculos al comercio en una determinada región, al mismo tiempo que excluyen la adopción de tarifas aduaneras respecto del comercio con los demás Estados. De esta forma, los proyectos regionalistas no se han transformado en instrumentos exclusivistas ni proteccionistas, No dan lugar a una confrontación entre libertad de comercio y proteccionismo, sino que la posible alternativa a la libertad de comercio puede estar en Ja adopción de una estrategia comercial común. El mantenimiento de la capacidad de competitividad internacional está en el cen - tro de cualquier política económica. En vez de instaurar medidas que lleven al aislamiento de Ja economía respecto de la competencia extranjera, se tiene como objetivo entrar en la competencia y, como máximo, eventualmente se pueden adoptar dispositivos para tratar de asegurar la futura competitividad de sectores que no están en condiciones de hacerlo. La adopción de una estrategia comercial busca la especialización del trabajo, te - niendo como objetivo que la competitividad se produzca de forma natural. Los Estados actúan en función de esta estrategia protegiendo los sectores clave para que tengan margen de maniobra para acceder a un desarrollo que les haga competitivos. En este aspecto, el modelo de regionalismo anglosajón siempre ha diferido del europeo y del japonés. El norteamericano se estructura alrededor del libre comercio en su concepción más pura, actuación financiera lo más extensa posible y política de laissez-faire, contrastando con las concepciones japonesa y europea, que se centran en una estrategia más selectiva del intercambio comercial, de la inversión a largo plazo, de la asociación en el control de las actividades de los agentes económicos y de la adopción de las políticas económicas y comerciales. 22. Gamble, A.: Payne, A .. «Regionalism and World order. 1996, pgs. 250-251. Esto no quiere decir que en el desarrollo de cada modelo no se introduzcan elementos del otro. Así, en diversos sectores del modelo americano se han adoptado consideraciones estratégicas que rompían con la plena libertad de comercio, mientras que en muchos sectores de actividad de Japón y de la Unión Europea se ha actuado de acuerdo con la dinámica de la total libertad de competencia comerciaF3. 8.2. El factor territorial En la fase actual de los procesos de integración region al el territorio actúa como elemento catalizador de las demás variables y condiciona su estructuración. Es un componente que determina en muchos casos la combinación dinámica de los demás y que, por lo tanto, no se puede considerar de forma aislada sino como un factor que condiciona a los demás y a la forma en que se puede estructurar la región internacional en cada caso. El territorio como elemento del sistema de comunicaciones influye en la forma en que las sociedades arraigan y en como los valores culturales y los sistemas de vida pueden interaccionar unos con otros. Por eso mismo interviene en Ja concepción de cada sistema y en su expresión solidaria. Las identidades territoriales influyen en la definición de las actuaciones posteriores. En este sentido no se puede considerar simplemente como una variable bidimensional o como un factor residual, porque el espacio fí sico muchas veces sirve como referencia para la determinación de aspectos económicos, políticos y culturales que definen el sistema de integración regional. No puede separarse de los demás, sino que está vinculado a la expresión del conjunto de la vida social. Es ta inserción del territorio en el conjunto de los factores que definen a c ada regionalismo le dan un significado económico, político y social: a) El económico viene dado por su carácter de espacio físico en el que tiene lugar un sistema de intercambio do nd e surgen lo vínculos entre agentes económicos y las interdependencias en los procesos de producción, financiación y distribución, las relaciones laborales y el desarrollo de las redes de transporte. b) En el aspec to social, constituye el soporte del desarrollo de la vida de la población, la condiciona y la confiere múltiples peculiaridades (entre otras una determinada identidad que, a su vez, refuerza el significado del territorio). c) De igual forma es la base física para la instauración de instituciones que, por su parte, definen sus límites y las actuaciones que se deben desarrollar en él para adaptarle lo mejor posible al proceso de integración regional. Así, la interacción que se produce entre economía, cultura, política e historia le confieren un sentido dinámico puesto que, en la medida en que lo permite la acción humana, el territorio cambia y se reestructura, constituyendo el punto de confluencia 23. Gamble, A. y Payne, A., op . cil ., pgs. 251-252. de todos los factores y el área delimitada en que se desarrolla un tipo de sociedad. que, a través de un proceso de incorporación y de integración múltiple, pretende alcanzar más presencia y aumentar su capacidad de actuación en la sociedad internacional y en el ámbito de la globalización, por lo menos en su vertiente económica, que es quizá la que tiene mayor expresión en el mundo actual24• 8.3. La constitución de entidades regionales en la sociedad internacional La entidad regional internacional tiene todavía en nuestra época un fuerte significado territorial. Es el medio físico el que sirve todavía en gran medida para definir la relación de las sociedades que, por afinidad histórica, cultural, política y económica están en situación de integrarse en un sistema que les permita vincularse en un proyecto dinámico de desarrollo conjunto y solidario, con el que pretenden fortalecer su posición en el mercado internacional, en particular, y, en general en todos los aspectos de las relaciones internacionales. En este sentido, la reestructuración económica es uno de los principales objetivos. El regionalismo ha facilitado a muchos Estados la implantación de nuevos sistemas de actuación a los que, en otras condiciones, les hubiera resultado más difícil acceder. Su carácter dinámico ha probado que ninguna construcción territorial es un hecho irreversible. El desarrollo económico y social pueden suprimir las fronteras y transformar el significado de los elementos históricos. La necesidad de encontrar elementos para garantizar un desarrollo sostenido y aceptable en la medida en la que lo exige la sociedad de nuestro tiempo ha supuesto un elemento de presión de tal naturaleza que ha impulsado de forma irreversible a Estados con una entidad territorial e histórica muy consolidada a comprometerse a comprometerse en proyectos de integración que implican una reorganización muy importante de su propia identidad, para compartir en pie de igualdad con otros estados todas las vicisitudes que pueda plantearles el futuro. La reafirmación a ultranza de la individualidad, que en otras épocas, no tan lejanas, era fuente permanente de conflictos, se ha sustituido por una estrateg ia de conjunto que garantice las mejores condiciones de competitividad y de desarrollo en el contexto de la economía internacional. 9. EL REGIONALISMO NORTEAMERICANO: EL NAFTA La integración regional en Norteamérica ha empezado por adoptar una forma acorde con Jos condicionamientos culturales, económicos y políticos vigentes en los Es - tados del hemisferio Norte del continente. Se puede considerar que el factor dominante en el escenario de integración es la propia entidad de los Estados Unidos. Su potencia económica y comercial es deter24. Keating, M., «The new regionalism in Westwrn Europe», 19 98. pgs. 5 a 7. minante en la concepción y desarrollo del proceso de interacción que se lleva a cabo en este sistema regional, en primer lugar respecto de la decisión de ponerlo en mar - cha. Son sus intereses nacionales los que impulsan el inicio de este proyecto. Durante décadas, los Estados Unidos habían sido refractarios a todo tipo de restricción de su autonomía comercial. La idea de comprometer su libertad de movimientos con su adhesión a un sistema en el que tuvieran que aceptar obligaciones específicas, siempre había sido considerada como un síntoma de debilidad que limitaba la elección de actuaciones en los mercados internacionales. Únicamente a partir de los años 80, cuando se empieza a resentir la hegemonía comercial americana en el momento en que la competencia comercial de europeos y japoneses se hace más importante e incide en la profundización del déficit comercial americano, se empiezan a buscar fórmulas que contrarresten el dinamismo exportador de los competidores extranjeros y garanticen una situación favorable respecto de mercados que se consideran situados en la órbita de su influencia inmediata. De igual forma, es la concepción americana de lo que debe ser una asociación de estas características la que define la naturaleza de los compromisos que se pensaban adquirir. La forma tradicional en que los americanos han desarrollado sus actividades económicas y comerciales se ha mantenido siempre en el nivel más técnico y funcional posible. Las concepciones liberales y capitalistas que mantiene su sociedad se ha reflejado también en sus sistemas operativos en el exterior. Nunca habían llegado a realizar acuerdos de un carácter integrador y que supusieran una aceptación de interacciones que pudieran condicionar la dinámica de su política interna. Esto les aleja de tratados que incluyan sistemas institucionales con competencias importantes y con obligaciones concretas para su política. Celebran tratados de contenido económico para hacer buenos negoc io s, no con propósitos de transformación para integrar a socie dades diferenciadas. A lo más que llegan es a defend er la idea de que el libre comercio fortalece a los estados y produce efectos beneficiosos en sus economías al aumentar el nivel de intercambio y de producción. Pero no se plantean un sistema de interacción económica integradora que de lugar a un auténtico mercado interior de nuevas dimensiones y características. Son extremadamente coherentes con su forma de concebir el funcionamiento económico interno, que también es verdad que está avalado por los resultados de un desarrollo sostenido a lo largo de más de 200 años. Esto se reflejó en el Free Trade Agreement (FTA), primera forma de compromiso regional celebrado con Canadá en 1988. Respec to de él no se registraron mayores dificultades. Las renuncias americanas eran muy relativas, por la semejanza del desarrollo de ambas sociedades, por la enorme diferencia de potenc ia económica y por la penetración que ya existía por parte de las empresas americanas en el mercado canadiense. A Canadá tampoco le era difícil aceptar un tratado comercial co n un Estado con el que se complementaba en muchos aspectos, que mantenía un sistema político, económico y social muy semejante y con el que podía tener una perspectiva de desarrollo muy coincidente. La ejecución de este tratado demostró que era muy positivo para ambas partes y ello movió al ejecutivo americano a promover, a partir de 1990, la negociación de otro acuerdo que integrara a Méjico, que ya constituía una potencia económica interesante, y así proceder a asegurar el control de un mercado de 370 millones de consumidores, que es el factor que predomina actualmente, la concepción cuantitativa de la actividad económica y comercial del intercambio entre los Estados partes. La cultura americana no entra en la cuestión de la interacción orientada a un objetivo de transformación económica y social. No lo considera necesario. La globalización se acaba en las necesidades del capital, en el aumento del comercio, en la expansión financiera y en el progreso de los factores de intercambio. Es decir, en la rentabilidad económica en sí misma considerada, porque se presume que su progresión implica más actividad económica y más puestos de trabajo, lo que por sí mismo lleva a una prosperidad social, garantía de estabilidad y de solidaridad. No se puede considerar que esta sea una perspectiva errónea. Es el resultado de la experiencia de desarrollo de un determinado modelo político económico y social. Pero, aun cuando se funda en elementos que son necesarios para alcanzar una dinámica de desarrollo, sin embargo, no bastan por sí solos para co nseguir una reforma en las estructuras. Los Estados Unidos nunca han tenido necesidad de proceder a transformaciones sociales traumáticas para prolongar su desarrollo. Sus mayores problemas han sido causados por la integración de grupos sociales. No han tenido que romper el predominio estéril de clases sociales anquilosadas que suponían un obstáculo para el desarrollo de la sociedad. Su dinámica histórica se ha visto impulsada desde el principio de su constitución como sociedad diferenciada, incluso en la etapa colonial, por la cohesión y la fuerza de unas clases medias unidas por una filosofía del trabajo como medio de progresión económica y social y su consenso sobre las normas que les debían estructurar como colectivo. Ese desarrollo casi natural de un sistema básicamente igualitario hace que les sean ajenas muchas características estructurales de otras sociedades con las que, a partir de los años 70, están empezando a interaccionar de una forma más profunda. Por eso, cuando se decide la inclusión de Méjico en el sistema regional, se actúa de igual forma que respecto de Canadá, siendo el NAFTA un tratado calcado del FfA. Como acuerdo comercial, quizá las únicas aportaciones que le refuercen sean la inclusión de un sistema obligatorio de arreglo de co ntroversias y la constitución de una comisión de seguimiento de su ejecución. Sin embargo, es el tratado comercial más amplio concluido por los tres Estados partes entre sí. No solo comprende prácticamente al completo la regulación del comercio de mercancías entre las partes, sino que tambien se extiende a los servicios, las inversiones y la circulación temporal de personas relacionadas con la actividad de intercambio económico y comercial25• Ahora bien, en Norteamérica el objetivo está claramente establecido: mantenerse en la progresión comercial. No avanzar hacia la unión política. Se trata de crear una mayor eficiencia en el funcionamiento de un mercado que agrupa a 370 millones de 25. Johnson, J.R.; Schachter, J.S., «The Free Trade Agreement», 1988, p. l. realista constituye una de las tramas fundamentales en torno a la que se va entrete jiendo buena parte del sistema contemporáneo de relaciones internacionales. Es I; política del estado-comerciante, que tiene que sumar siempre, mantener dividendos ' asegurar una situación estable para la actuación de sus agentes económicos y pan garantizar a las clases medias, su principal grupo interno, un desarrollo económic< sostenido y un progreso social continuado. Junto a esta estrategia básica, se han desarrollado unos sistemas de funcionamient< que ha proporcionado a instituciones y entidades una gran eficacia de actuación, qu< les ha permitido en gran medida imponer su concepción de la realidad económica En las relaciones entre Jos sistemas regionales del NAFTA y de la Unión Euro pea, esto ha conducido a Ja tendencia a la privatización en todos los sectores de J¡ actividad económica. Esta tendencia ha sido impulsada por las grandes multinaciona les para aumentar su penetración en los mercados importantes. Las multinacionale: americanas mantienen una política más agresiva, abriendo más establecimientos e1 Europa, adquiriendo sociedades o buscando la fusión con las más consolidadas de viejo continente. Esto supone también un incremento de la inversión que contribuye a consolidar la trama económica desde ambos lados del Atlántico. El objetivo princi pal de Jos sistemas económicos de NAFTA y la Unión Europea incluye el aumente de eficiencia a través de la competitividad, la ampliación de los accionariados, la re ducción del déficit en los presupuestos estatales, la existencia de monedas fuertes ~ estables. Por eso las agresiones monetarias se autocontrolan y autolimitan, porque ¡ nadie interesa una crisis profunda en ninguno de los bloques 29 • La profundización en la interacción entre estos dos sistemas regionales supone ur refuerzo considerable de las bases de la globalización. El siguiente objetivo concrete de Ja estrategia conjunta parece estar constituido por la integración de Ja Repúblic¡ Popular de China como socio principal. Con sus 1.200 millones de consumidores ~ un área propia de influencia compatible y complementaria con Japón y el sistem¡ regional del Lejano Oriente, supondría una aportación que completaría un circuite económico como no ha existido nunca en la historia, garantizando aún más la estabi lidad para una expansión de la actividad económica de alto rendimiento y garantizandc un nivel de estabilidad importante al crecimiento sostenido, así como también poten ciando la globalización de una manera que puede ser decisiva para que incida en J¡ forma y en el nivel de vida de una parte importante de los ciudadanos de la comuni dad humana universal. 29. Gian11Tis, N.U., «The North American Free Trade Agreement and the European Union», 1998 p. 65.