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¿El Entremés de los romances es obra de Cervantes?

Baras Escolá, Alfredo

Abstract

Se analiza con un enfoque crítico objetivo la aventurada opinión de Alfredo Rodríguez López-Vázquez en esta misma revista sobre el anónimo Entremés de los romances, que atribuye a Miguel de Cervantes con toda una serie de argumentos métricos, cronológicos y de estilometría. Sin embargo, ninguno de ellos resiste un somero examen, por lo que, desgraciadamente, es preciso desestimar tal propuesta.

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¿EL ENTREMÉS DE LOS ROMANCES ES OBRA DE CERVANTES? Alfredo Baras Escolá IES Goya Zaragoza [email protected] RESUMEN: Se analiza con un enfoque crítico objetivo la aventurada opinión de Alfredo Rodríguez López- Vázquez en esta misma revista sobre el anónimo Entremés de los romances, que atribuye a Miguel de Cervantes con toda una serie de argumentos métricos, cronológicos y de estilometría. Sin embargo, ninguno de ellos resiste un somero examen, por lo que, desgraciadamente, es preciso desestimar tal propuesta. Palabras claves: Entremés de los romances, Miguel de Cervantes, autoría, datación. The «Entremés de los romances», is it a Work by Cervantes? ABSTRACT: The risky opinion of Alfredo Rodríguez López-Vázquez in this same journal on the anonymous Entremés de los romances, which he attributes to Miguel de Cervantes with a whole series of metrical, chronological, and stylometric arguments, is analyzed with an objective, critical approach. However, none of them stands up to a cursory examination, so, unfortunately, such a proposal must be dismissed. Keywords: Entremés de los romances, Miguel de Cervantes, Authorship, Dating. ISSN: 2340-1176 Atalanta 2024, 12/2: 157-177 Alfredo Baras Escolá 158 ¿El Entremés de los romances es obra de Cervantes? 159 ace ya cinco años Alfredo Rodríguez López-Vázquez 1 defendía su atribución del Entremés de los romances a Cervantes criticando la que por entonces era la más reciente edición de los Entremeses cervantinos 2 , donde no se incluye el anónimo ni se adjudica al autor, entre otras razones por el deseo de circunscribirse a los ocho entremeses impresos en 1615. Parece curioso que el cervantista dé comienzo al artículo dedicando más de la primera página, no a sus razonamientos, sino a debatir materias diversas de la edición de 2012; censuras parciales se hacen extensivas a toda la obra. Por esto y por otras razones que se mostrarán, el editor de los Entremeses está más que justificado para ejercer su derecho de réplica en otro número de la misma revista. De entrada se desautoriza la edición crítica de 2012 pretextando un supuesto «criterio» de trabajo consistente, por lo visto, en que las referencias más cercanas datan de 1999, según se deduce de un solo «ejemplo» en que se enumeraban las opiniones de siete críticos acerca de si los ocho entremeses cervantinos fueron escritos o no para ser leídos. ¿En qué atañe esta cuestión a la autoría del Entremés anónimo? ¿Podría haberse añadido un octavo crítico? Tal vez, pero escribir un monográfico sobre aspecto tan preciso no entraba en los planes del editor. Revisando el original publicado de los Entremeses cervantinos, se cuentan en la Bibliografía once entradas de 2011, seis de 2010, ocho de 2009, veintitrés de 2008, ocho de 2007, catorce de 2006, veinticinco de 2005, veintitrés de 2004, diecinueve de 2003 y diecisiete de 2002, ciento cincuenta y cuatro en total durante la última década 2002-2011 antes de salir impresa la edición 3 : más del conjunto de todas las obras citadas en la mayor parte de las ediciones del texto. Cualquier lector debe suponer que Rodríguez López-Vázquez incorporó en 2019 una extensa bibliografía posterior a 2009, lapso de diez años idéntico al que critica en la edición de los Entremeses. Para nuestra sorpresa no encontramos sino dos textos: de Blasco Pascual (2013) y Pérez López (2012), más otros dos provisionales del autor sobre el Entremés (2016, 2017), que no deberían computarse, todos ulteriores a mi propia edición (Baras Escolá, 2012). 1 Alfredo Rodríguez López-Vázquez, «El Entremés de los Romances, entre Cervantes y Góngora», Atalanta. Revista de las Letras Barrocas, 7:2, 2019, pp. 221-239. 2 Miguel de Cervantes, Entremeses, ed. Alfredo Baras Escolá, Madrid, Real Academia Española, 2012. 3 Ténganse en cuenta no solo la puesta a punto de la versión definitiva de 2012, sino también las infinitas correcciones de pruebas, la maquetación, encuadernación y distribución del libro. H Alfredo Baras Escolá 160 En vista de que el texto del editor de 2012 «está fuera de lo que debe ser un debate crítico» por no atenerse a ningún «principio básico objetivo», ni realizar «ninguna aportación crítica más allá del criterio hermenéutico subjetivo», se hurtaría «la posibilidad de debatir sobre la consistencia» de tales planteamientos. No cabe «eliminar los factores subjetivos»: me limito a reunir con objetividad el parecer de los expertos más cualificados para desechar la adscripción a Cervantes de varios entremeses ajenos al propósito de la edición; en cuanto a «los parti pris [sic, por partis pris] evidentes», más parece que se hallen en Rodríguez López-Vázquez. Esperemos que, tras leer el presente artículo, no se echen en falta argumentos que habrían estado de más en la edición. Dado que la crítica a los Entremeses de 2012 parte de la escasa actualidad de un párrafo por no haber citado a Rey Hazas y Eisenberg-Stagg —cuyas ediciones se desentienden de la controversia en torno a los entremeses cervantinos—, permítasenos un reproche menos oblicuo. Comenzaremos impugnando el que podría denominarse «retrocervantismo» 4 de Rodríguez López-Vázquez, propicio a resucitar la tesis del cuestionable impostor Adolfo de Castro fechada en 1874, según la cual Cervantes «trazó una especie de bosquejo» del Quijote en el Entremés de los romances 5 . Después de los concluyentes ensayos de Menéndez Pidal (1920), Millé y Giménez (1930) y Dámaso Alonso (1936), ningún autor volvió a la idea de Castro hasta ahora, siglo y medio más tarde. Cuando el editor de los Entremeses afirma sobre el anónimo que «ya nadie es partidario de la autoría de Cervantes» 6 , no está planteando «una creencia o convicción personal, sujeta a debate crítico» 7 , sino que expone un hecho incontrovertible a la altura de 2012. Es más, sirviéndose de la Estilometría compartida con Rodríguez López-Vázquez, Ruiz Urbón, tras un exhaustivo análisis objetivo de cerca de cien páginas, llega a la conclusión de que «hay un grado de probabilidad bajo de que Miguel de Cervantes Saavedra sea el autor del 4 Nos sugiere tal neologismo el bien conocido artículo de Robert Jammes, «Retrogongorisme. Notes sur quelques travaux recents», Criticón, 1, 1978, pp. 1-82, crítica furibunda pero cargada de razón contra los defensores de exégesis trasnochadas sobre Góngora. 5 Adolfo de Castro, «Una obra de Cervantes impresa sin su nombre», en Varias obras inéditas de Cervantes, Madrid, A. de Carlos e Hijo, 1874, p. 131. Un mes después de publicarse el libro (no en 1873), el joven «estudiante de Letras» Marcelino Menéndez Pelayo acepta a sus diecisiete años la autoría cervantina (Marcelino Menéndez Pelayo, «Obras inéditas de Cervantes», Madrid, Biblioteca Virtual Menéndez Pelayo, pp. 285-286). 6 Alfredo Baras, op. cit., p. 200. 7 Alfredo Rodríguez López-Vázquez, art. cit., p. 226. ¿El Entremés de los romances es obra de Cervantes? 161 Entremés de los romances» 8 . Rodríguez López-Vázquez publica un breve estudio nueve años después que Ruiz Urbón el suyo, no citado en la bibliografía. ¿Por qué nos priva de un intercambio de criterios opuestos, bien que con iguales armas, tan sugestivo? Tantos y tales son los pormenores objeto de discusión, que se hará caso omiso de cuantos no afecten a las líneas directrices. Dejaremos al margen las diatribas sobre temas demasiado concretos y los cambios de parecer, rectificaciones o precisiones en sucesivos trabajos de un autor: de no obrar así, nuestro artículo se haría interminable. Ante la casi total unanimidad de la crítica —con la que estamos de acuerdo— en contra de la asignación a Cervantes del Entremés, nada podía agregarse hasta que se publicara alguna perspectiva dispar. A la vista de los errores contenidos en el artículo de 2019, ya hay asunto más que de sobra para entablar, no uno, sino varios debates de gran calado. Stagg 9 concluía sobre el autor de la obrilla: «The question remains open». Desechada pronto la atribución inicial propuesta por Adolfo de Castro, y dadas las coincidencias del Entremés y del comienzo del Quijote, estribaría la nueva polémica en dilucidar qué obra sirvió de modelo a la otra, pues de ambas se desconoce cuándo fueron compuestas. Conforme al modus operandi de sus estudios sobre otros anónimos, que también adjudica a Cervantes (Novela de la tía fingida, Entremés de los mirones), Rodríguez López-Vázquez se centra en cuatro premisas: a) Sobre el valor del Entremés de los romances nada puede aseverarse con garantías de certeza: unos lo consideran simple «centón», mientras que para otros es un «magnífico entremés» 10 . b) Será crucial datar la obra, extremo solventado hace tiempo por la crítica y que Rodríguez López-Vázquez se esfuerza en soslayar o sustituir por criterios personales subjetivos. De esta faceta, más abajo tratada, dependen las dos siguientes. c) Autoría del Entremés anónimo. ¿Es o no obra de Cervantes? d) Sobre la influencia de la pieza en el Quijote ya está dicho lo más destacable. Despreciar teorías comprobadas por la generalidad de la crítica en beneficio de otras defendidas por un autor y descartadas por irrelevantes, no conduce a resultados fiables. 8 Cristina Ruiz Urbón, «El Entremés de los romances: una atribución cervantina largamente dubitada», en Hos ego versiculos feci... Estudios de atribución y plagio, eds. Javier Basco, Patricia Marín y Cristina Ruiz, Madrid-Frankfurt am Main, Iberoamericana-Vervuert, 2010, pp. 171-260. 9 Geoffrey Stagg, «Don Quixote and the “Entremés de los romances”: A Retrospective», Cervantes. Bulletin of the Cervantes Society of America, 22:2, 2002, p. 132. 10 Alfredo Rodríguez López-Vázquez, art. cit., p. 224. Son incontables quienes usan «centón» para designar el anónimo, aparte de Baras; consúltese en cualquier léxico el significado literal de la voz. Alfredo Baras Escolá 162 Hay un riesgo grave en tal forma arbitraria de proceder. Si se hacen derivar unas conclusiones de otras sin demostrar, en una secuencia de razonamientos encadenados, bastaría que solo uno fuera erróneo para anular cuantos provienen de él. Examinaremos ahora las cuatro «premisas» especificadas: a) Aun cuando el anónimo no pueda compararse con ningún entremés de Cervantes, tampoco carece de interés ni puede calificarse de vulgar; quedaría situado, de tal manera, en un muy discreto nivel intermedio. b) Volvamos a la datación. Como es sabido, el Entremés famoso de los romances se imprimió en la Tercera parte de las Comedias de Lope de Vega 11 , con otras dos ediciones 12 , sin contar la tardía de 1647. Su fecha de escritura aparenta ser bastante anterior. Pero nadie cree que fuera representado con La noche toledana, de Lope, «escrita en la primavera de 1604, y consiguientemente dada al teatro por este mismo tiempo», según pretendía Adolfo de Castro 13 , a vueltas de numerosas confusiones. Debe olvidarse, así pues, tal data, que aún es frecuente descubrir aducida sin más comentario. Cotarelo y Mori supuso por vez primera que el Entremés parodiaba el Quijote 14 . Contra la hipótesis y su autor reaccionó airado en 1920 mediante una nota crítica Menéndez Pidal 15 , acorde aquí con Adolfo de Castro, con tan firmes razones que por mucho tiempo la idea de que Cervantes había tomado como fuente la obra anónima apenas tuvo detractores. Solo quienes habían editado antes el Quijote y varios autores posteriores —en particular quienes se sumaron a la nueva corriente antipidalista antes y después de la muerte de don Ramón—, como Schevill 16 , Astrana Marín 17 , Murillo 18 o Eisenberg 19 , fueron capaces de oponer cierta resistencia, planteando dudas más que una 11 Barcelona, Sebastián de Cormellas, 1612. 12 Madrid, Miguel Serrano de Vargas, 1613; Barcelona, Sebastián de Cormellas, 1614. 13 Adolfo de Castro, op. cit., p. 132. 14 Emilio Cotarelo y Mori, «Sobre los orígenes y formación del Quijote», Últimos estudios cervantinos, Madrid, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1920, pp. 45-66. Lo había anticipado su hijo Armando Cotarelo y Valledor, El teatro de Cervantes. Estudio crítico, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1915, p. 725. 15 Ramón Menéndez Pidal, reseña a Emilio Cotarelo y Mori, Revista de Filología Española, 7:3-4, 1920, pp. 389-392. 16 Miguel de Cervantes, Don Quixote de la Mancha, eds. Rodolfo Schevill y Adolfo Bonilla y San Martín, Madrid, Gráficas reunidas, 1928, I, pp. 416-418. 17 Luis Astrana Marín, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Reus, 1956, VI, pp. 478-497. 18 Luis Andrés Murillo, «Cervantes y el Entremés de los romances», Actas del VIII Congreso Internacional de Hispanistas, Madrid, Istmo, 1986, II, pp. 353-357. 19 Daniel Eisenberg, A Study of Don Quixote, Newark, Juan de la Cuesta, 1987, pp. 131-132 y notas 91, 93. ¿El Entremés de los romances es obra de Cervantes? 163 alternativa rigurosa. Al fondo de la polémica se ocultaba el temor de ver menoscabada la originalidad de Cervantes. Se aceptaron en general como incontestables las tesis de Menéndez Pidal, y sobre ellas irían añadiéndose nuevos descubrimientos. Menéndez Pidal sugiere la fecha de «1591 o poco después» 20 por alusiones históricas indudables: Bartolo «se va a Ingalaterra / a matar el Draque / y a prender la reina» 21 . Fallecida Isabel I en 1603, y el corsario Drake, en 1596, la acción se supone anterior al segundo año; no hay mejor escenario que la victoria de las Azores a cargo de Álvaro de Bazán y la captura del galeón Revenge el 10 de septiembre de 1591 22 . Datos reiterados que omite Rodríguez López-Vázquez. ¿Por qué? Seguramente por un error previo con fatales consecuencias. «De leer el Romancero / ha dado en ser caballero / por imitar los romances» 23 , confiesa Pero Tanto a sus amigos. Pero aquí no debe verse ninguna mención del Romancero General de 1600. Como se ha indicado en otras ocasiones, las antologías entre 1589 y 1597 ya insertaban la voz «romancero» en los títulos parciales del interior, ya que no en las portadas 24 . Así, desde la Flor de Romances recopilada por Pedro de Moncayo 25 : «Tabla de todos los Romances que en este Romancero se contienen»; en la Flor de Romances, primera y segunda parte 26 : «Ninguna cosa tiene, amigo Lector, tan buena este Romancero» (sin paginar); «Comienza la Primera parte de este Romancero» 27 ; «Síguese la Segunda parte del presente Romancero» 28 . Tuve la fortuna de encontrar la primera edición desconocida de la tercera parte de Flor de varios romances (1591) en la Biblioteca Nacional de España, con signatura R- 38178; sobre su hallazgo y el contenido de la obra publiqué un artículo 29 . Se trata con 20 Ramón Menéndez Pidal, De Cervantes y Lope de Vega, Madrid, Espasa-Calpe,1964, p. 20. Aquí se cita Un aspecto en la elaboración del «Quijote». Discurso, Madrid, Ateneo científico, literario y artístico, 1920. 21 ER, vv. 137-139. 22 Ibíd., p. 56, nota 4. Está concorde Stagg: «The coincidence of dates and events is quite remarkable, and the probability of a date for the entremés of early 1592 thereby reinforced» (Geoffrey Stagg, art. cit., 2002, p. 144). 23 ER, vv. 11-13 y p. 173. 24 Geoffrey Stagg (ibíd., p. 140) cita la edición de Rodolfo Schevill, quien aseguraba en 1928 que «the term “romancero” employed in the interlude was “hardly” used before 1600». Añade que Millé (1930) y Menéndez Pidal (1940) se alegraron de desengañar a Schevill, pero la opinión de este es verdadera, como se comprobará con nuevos datos; ya el segundo citaba en la Flor de romances desde 1591 a 1597 (Ramón Menéndez Pidal, op. cit., 1964, pp. 20 y 55-56, nota 4). 25 Huesca, Juan Pérez de Valdivielso, 1589, f. 130v. 26 Barcelona, Jaime Cendrat, 1591. 27 Véase f. 1r. 28 Véase f. 63r. 29 Alfredo Baras Escolá, «Un romancero desconocido: Flor de varios romances nuevos. Primera, Segunda y Tercera parte (Lisboa, Manuel de Lyra, 1591)», Boletín de la Real Academia Española, 90:301, 2010, pp. 5-35. Alfredo Baras Escolá 164 toda seguridad de la que buscó infructuosamente don Antonio Rodríguez-Moñino. Ya se conocía una edición posterior de la Flor de varios y nuevos romances 30 debida a Mario Damonte, pero lo relevante es que la mencionada precediera a esta en un año. Pues bien, en 1591, tras «Al Letor», se lee: «Comiença la Primera parte deste Romancero» 31 . Y en 1592 se añade: «Síguese la segunda parte del Romancero», «Siguese la tercera parte deste Romancero» 32 , «Tabla deste Romancero» «Segunda parte deste Romancero» y «Tercera Parte deste Romancero» 33 . Por entonces el único Romancero no era otro que el de 1591- 1592, donde a la primera y segunda parte colegidas por Pedro de Moncayo se había añadido por primera vez una tercera parte con 75 romances, acopiada por el librero Pedro Flores e impresa a su costa, según aclara una primera portada. Recordemos el atinado juicio de Schevill sobre la frecuencia de la voz «romancero» antes de 1600. Otro tanto ocurre en la Flor de varios, y nuevos romances de 1593 34 , de la que luego nos ocuparemos, y asimismo en romanceros subsiguientes. Rodríguez López-Vázquez 35 tuvo el acierto de reconocer lo ya afirmado por otros cervantistas, la evidencia de que el Entremés insista tres veces en que Bartolo ha enloquecido de leer el Romancero, esto es, un libro impreso, y no de oír cantar romances. ¿Puede aludir Romancero en el Entremés al Romancero General? De ningún modo. Han sido localizados en las Flores de 1591-1592 todos los romances del anónimo salvo tres 36 , pero desaparecen las menciones en la Quarta y quinta parte 37 , así como en el Ramillete de Flores. Quarta, Quinta y Sexta parte 38 , en otra Sexta parte 39 y en la Séptima, Octava y Novena (1595-1597). En el Romancero General de 1600, Millé y Menéndez Pidal 40 ya advirtieron, como señala Stagg 41 , que siete romances del Entremés se suprimirían en la compilación. 30 Lisboa, Manuel de Lyra, 1592. 31 Véanse ff. 2r, 2v. 32 Véanse ff. 66v, 133v. 33 Véanse ff. [221r, 222r, 223r], sin paginar. 34 Véanse ff. 3r, 66v, 134r y Tabla final sin foliar. 35 Alfredo Rodríguez López-Vázquez, art. cit., p. 235. 36 «Si tienes el corazón», v. 396; «Entró la malmaridada», v. 415; «Ardiéndose estaba Troya», v. 470. 37 Burgos, Alonso y Esteban Rodríguez, 1592. 38 Lisboa, Antonio Álvarez, 1593. 39 Toledo, Pedro Rodríguez, 1594. 40 Juan Millé y Giménez, Sobre la génesis del Quijote. Cervantes, Lope, Góngora, el Romancero General, el Entremés de los Romances, etc., Barcelona, Araluce, 1930, p. 208; Ramón Menéndez Pidal, op. cit., 1964, p. 56, nota 4. 41 Geoffrey Stagg, art. cit., 2002, p. 140, nota 17. ¿El Entremés de los romances es obra de Cervantes? 165 Conviene tener presente una tercera parte derivada de las Flores de Lisboa 42 . No es origen del Entremés, pues el romance «Cabizbajo y pensativo» de 1591 y 1592 falta en la edición valenciana. ¿Qué antología de romances se utilizó para escribir el Entremés? Puesto que la Flor de 1591 porta licencia de 2 de octubre de 1591, el libro hubo de estar a la venta en noviembre o diciembre. Debe presumirse que en poco tiempo se agotó la primera versión y hubo que improvisar otra con algunas variantes. Debido a la novedad de la tercera parte de 1591 podríamos asignar el rango de fuente a esta edición o a la segunda de 1592. Antonio Pérez Lasheras (no «Las Heras») 43 , en un revelador artículo tampoco exento de errores, intentó datar la pieza teatral analizando un romance del Entremés: no hay vía más certera que la cronológica. Acertó equivocándose Menéndez Pidal al conjeturar una edición valenciana anterior a la de 1593 que dató en 1591 44 : impresa en Lisboa y no en Valencia, es la princeps de la tercera parte. Stagg 45 cree que, redactado el Quijote después del 19 de septiembre de 1592, cuando se encarcela a Cervantes en Castro del Río —donde probablemente fue engendrada la historia, y no en Sevilla— el novelista conoció poco antes el anónimo. Stagg omite en 2002 la publicación de Pérez Lasheras. Uniendo las plausibles hipótesis de Menéndez Pidal, que fecha el anónimo poco después de 1591, a las de Stagg, Pérez Lasheras aporta las suyas propias, juzgando probable que «Cervantes tuviera noticia del Entremés momentos después de ser escrito este, es decir, allá por el mes de mayo o junio de 1592» 46 . Recapitulemos. Si en las Flores lisboetas de 1591-1592 solo faltan tres romances del Entremés, y siete en el Romancero de 1600, parece lógico suponer que el anónimo se ha basado en una de aquellas ediciones y no en esta, máxime cuando todas las alusiones históricas sin excepción van referidas a 1591. Pensar que después de 1600 o de 1605 se sirvió el entremesista de textos sin vigencia no resulta concebible, sobre todo tratándose de las Flores de romances, cada una de cuyas ediciones, vendidas con pocos meses de diferencia, renovaba por entero las precedentes a partir de 1593. Carece de sentido 42 Valencia, Miguel Prados, 1593. 43 Antonio Pérez Lasheras, «El Entremés de los romances y los romances del Entremés», en La recepción del texto literario, Zaragoza, Universidad, 1988, pp. 61-76. 44 Ramón Menéndez Pidal, op. cit., 1964, pp. 55-56, nota 4. 45 Geoffrey Stagg, «Castro del Río, ¿cuna del Quijote?», Clavileño, 6:32, 1955, pp. 1-11. 46 Antonio Pérez Lasheras, art. cit., pp. 74 y 76. Alfredo Baras Escolá 172 9) «mi velado» 85 . Se documenta solo en Velásquez de Velasco (1602); «su “velado”», en tres citas de las Novelas (1613) de Cervantes; dos de «tu “velado”» en Lope de Vega, Peribáñez (ca. 1610) también difieren. 10) «¿Dólo?» 86 , y no el «dolo» del original, falta asimismo en Cervantes. Según explica Rodríguez López-Vázquez 87 se usa «repetidamente» en «Torres Naharro, Lucas Fernández, Diego Sánchez de Badajoz y Jaime de Huete» así como en la «comedia de Sepúlveda», dramaturgos fallecidos a mediados del siglo XVI, y antes Torres Naharro. Del Barrio 88 estudia la trayectoria del giro interrogativo «¿(a)dólo?» con «una perspectiva sintáctica, semántica y, en particular modo, pragmática» desde la lengua medieval a la del Siglo de Oro, no solo en los romanceamientos bíblicos, sino en el teatro prelopista: a la cuestión de Amor («¿Y “adólo?”») responde Justino: «Allá está en su convento» 89 ; «¿“Dólo” mi morico, adólo? ¿“dólo” mi moro?» 90 . Esta construcción «inquiere acerca de la localización de una entidad ya presente en el discurso y consabida, retomándola y reproduciéndola mediante el clítico pronominal» 91 . Consta en los arciprestes de Hita y de Talavera 92 ; Corominas y Pascual recogen «dóla», «adóla», «(a)dólo», hasta en Malón de Chaide en 1588 («Y vuestra cortesanía, “¿dóla?”» / «¿dó está?») y en Quiñones de Benavente (s. XVII) 93 . Se ciñe el Entremés a igual contexto: al no aparecer Bartolo, Perico informa: «Veisle aquí. / Viene a despedirse» 94 ; y todos demandan a coro «¿Dólo?» 95 ; al entrar en escena con Bandurrio recitando su primer romance 96 , el recién llegado da su mejor respuesta. Siempre ha significado la pregunta «¿dónde está?», y no, como imagina Rodríguez López-Vázquez, «doylo al fuego (del infierno)»; menos aún se puede cambiar la 85 ER, v. 21. 86 ER, v. 30. 87 Alfredo Rodríguez López-Vázquez, art. cit., p. 225, y véase p. 235. 88 Florencio del Barrio de la Rosa, «La construcción interrogativa ¿adólo? en los romanceamientos bíblicos del español antiguo», Estudios Humanísticos. Filología, 40, 2018, pp. 213-233. 89 Juan del Encina, ca. 1509. 90 Pedro de Orellana, ca. 1550. Ibíd., p. 218, nota 10. 91 Ibíd., p. 221. 92 Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor, ed. Jacques Joset, Madrid, Espasa-Calpe, 1981, II, p. 178, nota 1331b: «¿Adólo?: “dónde está”»; con cita de Corbacho: «¿Adóle / Adólo este huevo?». 93 Joan Corominas y José Antonio Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1980-1991, 6 vols. «¿Qués del doctor, qué le he de her que m’ensueñe? ¿Adólo? ¿No estaba aquí agora?», Quiñones de Benavente, Entremés de un viejo, en Emilio Cotarelo y Mori, ed., Colección de entremeses, loas, bailes, jácaras y mojigangas, Madrid, Bailly-Baillière, 1911, p. 64. 94 vv. 29-30. 95 v. 30. 96 vv. 31-48. ¿El Entremés de los romances es obra de Cervantes? 173 entonación interrogativa de todos los editores por la exclamativa, ni añadir puntos suspensivos para suplir ningún sobreentendido. ¿Debe creerse que Mari Crespa, Pero Tanto y Teresa (suegra, un viejo y esposa) se ponen de acuerdo sin motivo para maldecir a Bartolo en primera persona del singular? Son cinco errores de Rodríguez López- Vázquez, antifilológicos por ignorar el criterio unánime de todos los especialistas. Cuanto acaba de exponerse es verdad científica, objetiva e indiscutible. A fin de cuentas, visto que en Lasso de la Vega, Góngora, Quevedo y Vélez de Guevara, seleccionados por Rodríguez López-Vázquez, no se halla ninguna de las diez «unidades léxicas», ¿por qué nombrarlos? Cervantes no usa nueve de diez expresiones, como sostiene el autor, sino dos de diez (4, 7). En cambio, Lope de Vega consigna el triple, seis (2, 3, 4, 5, 7, 8), ha de reconocer el crítico, conculcando sus propias normas para llegar a una conclusión errónea; si contamos las citas, Cervantes da cuatro y Lope trece. Se añaden cinco «índices de refrendo» 97 : a) «apenas puedo moverme» 98 . No ha de contar «Apenas puedo moverme» en El rufián dichoso de Cervantes (1615) por exceder el lapso marcado; olvida el crítico la cita exacta del Quijote de 1605 y la de fray Diego de Ocaña (1602). b) «“Contenta estarás” de verme...» 99 reaparece en «“Contenta estarás” [...] en tener...» de El amante liberal (1613); pero ya señala Rodríguez López-Vázquez que «contento estarás» masculino figura en Alonso de Villegas (1594) y el Inca Garcilaso (1605), con complementos preposicionales «por parecerte...» y «de haber visto...». Lope de Vega (1598-1602), «contento [...] estará»; y en Google, «qué “contenta estará”» 100 . Tan relevante como el género o más ha de ser la secuencia de + ver. c) «“tendido sobre” esta “hierba”» 101 se incluye tres veces en Quijote de 1605 («“tendido sobre” la ardiente arena», «“tendido sobre” la albarda», «“tendido sobre” un montón de heno»), si bien, añade Rodríguez López-Vázquez: «En ese período el CORDE solo registra un total de 11 ejemplos» (¿solo?); entre ellos, convienen con el Entremés: «“tendido sobre” la “hierba”» en Francisco de Figueroa (ca. 1550-1600), «“Tendido sobre” tierna y verde “grama” [“hierba”]» en Juan de Morales (1605), «“tendido sobre” 97 Alfredo Rodríguez López-Vázquez, art. cit., pp. 236-237. 98 ER, v. 273. 99 ER, v. 274. 100 La prueba de los amigos, 1604. 101 ER, v. 275. Alfredo Baras Escolá 174 la “yerba”» en Bernardo de Valbuena (1608) y «“sobre” tierno[s] “céspedes tendido”» en Lope de Vega (1609). d) «no tengo la culpa yo» 102 . Rodríguez López-Vázquez evidencia un «leve desplazamiento del pronombre» en «yo no tengo la culpa» en ambos Quijotes. Pero coinciden con ER «no tengo culpa yo» en Lope (1602-1613) y anónimo (ca. 1608). Más «no / No tengo yo la culpa» en Quevedo (1597-1645) y Gregorio González (1604); «yo no tengo culpa» en Miguel de Castro (ca. 1612). e) «perros de muestra» 103 no aparece en Cervantes ni en plural ni en singular. Según Rodríguez López-Vázquez se da en singular «repetido» en Lope de Vega (ca. 1608- 1612), y en plural en autores como Juan Rufo, Mateo Alemán, Narváez de Velilla y otros. Sobra el registro por no ser cervantina la expresión. Tal parece que el crítico reserve para el final una sola excepción de Cervantes dando a entender un porcentaje abrumador en sentido opuesto que no se cumple en realidad. No es cierto que se den cuatro «índices de refrendo» en Cervantes y uno en Lope de Vega; al contrario, Lope nos brinda cuatro (b, c, d, e), y solo dos (a, b) Cervantes. Se renueva la falta de validez de las diez pruebas anteriores. Rodríguez López-Vázquez elige solo diez versos entre los treinta primeros del Entremés (2,10 % del total de 476) para configurar las denominadas «unidades léxicas». Peor es la proporción de los cinco versos de «índices de refrendo» (1,05 %) que tampoco proveen datos válidos. Cervantes no se manifiesta como autor inequívoco, pudiendo serlo cualquier otro de los citados. Si esto es así, hizo bien el editor de los Entremeses en no anexionar el texto anónimo a los cervantinos. En resumidas cuentas, Rodríguez López- Vázquez no aporta razón objetiva alguna para demostrar que Cervantes escribió el Entremés de los romances, hecho tanto más grave cuanto que acusa de caer en tal error a quien solo pretendió llevar a cabo la primera edición crítica de los ocho Entremeses cervantinos. No concuerdan con el anónimo los argumentos métricos, ni de cronología del entremés en verso, ni de estilometría en sus diez «unidades léxicas» y cinco «índices de refrendo», que vulneran una cadena de pautas caprichosas fijadas de antemano. Gran parte de los ejemplos parecen determinar como autor, no a Cervantes, sino más bien a 102 ER, v. 277. 103 ER, v. 290. ¿El Entremés de los romances es obra de Cervantes? 175 Lope de Vega. Quizá esté lista, en consecuencia, la mitad del trabajo para una nueva atribución. Concluiremos volviendo a señalar en los dos romanceros de Lisboa (1591-1592), y no en otras Flores de romances ni tan siquiera en el Romancero General, los textos que volvieron loco a Bartolo, así convertido en modelo principal y directo de don Quijote. Hay continuidad en ambas ediciones lisboetas, la escritura del Entremés de los romances anónimo a mediados de 1592 —con la alusión a san Juan en la obra 104 —, y el comienzo del primer Quijote breve en la cárcel de Castro del Río en septiembre del mismo año. Quedan todavía lejos tanto la prisión de Cervantes en la Cárcel Real de Sevilla en 1597 como la editio princeps de 1605. Bibliografía Citada Alonso, Dámaso, ed., «El hospital de los podridos» y otros entremeses alguna vez atribuidos a Cervantes, Madrid, Signo, 1936. Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor, ed. Jacques Joset, Madrid, Espasa-Calpe, 1981, 2 vols. Astrana Marín, Luis, Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Reus, 1956, VI. Azcune, Valentín y Fernández Nieto, Manuel, «Cervantes no imitó el Entremés de los romances», Cuadernos para la investigación de la Literatura Hispánica, 29, 2004, pp. 103-117. 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