Saqueos en la provincia de Corrientes durante la Guerra del Paraguay
Abstract
La guerra del Paraguay tuvo como único escenario en territorio argentino a la provincia de Corrientes. El enfrentamiento de ambos ejércitos generaron múltiples consecuencia entre los correntinos, pero el impacto inmediato fueron los saqueos y destrozos producidos tanto por el ejército paraguayo como por las tropas aliadas. La invasión paraguaya a territorio correntino dejara secuelas importantes en sus habitantes y en el futuro político de la provincia.
Full text
247 SAQUEOS EN LA PROVINCIA DE CORRIENTES DURANTE LA GUERRA DEL PARAGUAY LOOTING IN THE PROVINCE OF ARGENTINA DURING THE PARAGUAYAN WAR Dardo Ramírez Braschi Universidad Nacional del Nordeste (Argentina) Resumen: La guerra del Paraguay tuvo como único escenario en territorio argentino a la provincia de Corrientes. El enfrentamiento de ambos ejércitos generaron múltiples consecuencia entre los correntinos, pero el impacto inmediato fueron los saqueos y destrozos producidos tanto por el ejército paraguayo como por las tropas aliadas. La invasión paraguaya a territorio correntino dejara secuelas importantes en sus habitantes y en el futuro político de la provincia. Palabras Claves: Paraguay – Corrientes – saqueos - guerra Abstract: The province of Corrientes was the only area of the Argentine Republic to witness the depredations of the 1864-1870 Paraguayan War. The confrontations between the Allied and Paraguayan armies fell hard on the Correntino people, and the Paraguayan invasion had significant consequences for the political future of the province. Keywords: Paraguay - Corrientes - pillage - Paraguayan War Recibido: 31/03/2014 Evaluado: 15/04/2014
248 El estudio de la Guerra del Paraguay (1864-1870) ha generado una fructífera producción historiográfica, que se ha mantenido durante los últimos años. Tendencias recientes siguen abordando la cuestión, aportando reflexiones que se suman para comprender y explicar aquella guerra determinante para la construcción de los países que participaron. En la última década, trabajos como los de Francisco Doratioto 1 y Thomas Whigham, 2 desde la perspectiva político-militar, los estudios de Luc Capdevila 3 sobre los impactos sociales y humanos de la contienda y las reflexiones aportadas por Liliana Brezzo sobre los distintos movimientos historiográficos, 4 entre otros autores, han dado marco y dinamismo a nuevas interpretaciones. El enfoque en las investigaciones sobre las consecuencias de la ocupación militar en la población civil durante la Guerra de la Triple Alianza ha sido frecuente, sobre todo para la sociedad paraguaya y con especial énfasis en lo referente a los saqueos, las pérdidas inmobiliarias, la generación de pobreza, etc. En cambio, no se ha hecho con la misma intensidad sobre la población argentina de Corrientes. Desde luego, las condiciones revestían situaciones distintas, ya que los saqueos en el territorio correntino se dieron, casi en su totalidad, por un ejército vencido, decepcionado y en retirada, mientras que los saqueos en Asunción se produjeron por tropas que surcaban los caminos de la victoria. El enfrentamiento, por un lado, de la alianza de Argentina, Brasil y Uruguay, y por otro del Paraguay, involucró fuertemente a las partes, pero los espacios geográficos donde se desarrollaron directamente las acciones bélicas alcanzaron un fuerte impacto, que repercutió sobre todo en la población civil de las ciudades, pueblos y villas, que no sólo 1 Francisco Doratioto. (2004). Maldita Guerra. Nueva historia de la guerra del Paraguay, Buenos Aires, Ed. Emecé, 2 Thomas Whigham.(2010-2011). La guerra de la Triple Alianza. Volumen I y II. Asunción, Ed. Taurus. 3 Luc Capdevila. (2010).Una guerra total: Paraguay, 1864-1870. Ensayo de historia del tiempo presente. Trad. de Ana Couchonnal. Asunción. Ed. Sb. Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica, Buenos Aires. 4 Liliana M. Brezzo y Beatriz Figallo. (1999). La Argentina y el Paraguay, de la guerra a la integración. Rosario, Instituto de Historia. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, Pontificia Universidad Católica Argentina, 1999.Liliana Brezzo. (2004). La guerra de la Triple Alianza en los límites de la ortodoxia: mitos y tabúes. En: Revista Universum, Nro. 19 - Vol. 1:10-27.
249 sufrieron violencia militar, sino también las consecuencias de las victorias del vencedor y de las derrotas del vencido. Como era de esperar, entre aquellas desventuras padecidas por la población civil, se encontraron los numerosos saqueos y la destrucción de la propiedad privada. En los meses que duró la ocupación paraguaya en la provincia de Corrientes se registraron, en todos los Departamentos correntinos ocupados, denuncias por robos con distintos grados de violencia. En este artículo se estudiará con especial énfasis uno de los casos más emblemáticos de los quese desarrollaron en territorio argentino: el ataque al poblado correntino de Bella Vista. Si bien los daños y perjuicios, como consecuencia de la guerra, impactaron y generaron padecimiento a la sociedad civil correntina en todos los Departamentos ocupados por las tropas paraguayas, éstos tuvieron distintas intensidades. La ocupación paraguaya a la ciudad de Corrientes Paraguay inició su ofensiva hacia el sur con la ocupación de la ciudad de Corrientes el 13 de abril de 1865 e, inmediatamente, se convirtió en su centro de operaciones militares y políticas en territorio correntino. Era lógico que fuera así pues, el control de la ciudad de Corrientes era necesario para el dominio del mapa estratégico de la guerra. Ubicada sobre el río Paraná a escasos kilómetros de la desembocadura del rio Paraguay, se transformaba en puerto obligado para toda flota de guerra y, además, era un ámbito neurálgico de los espacios políticos y comerciales de la provincia. Tanto paraguayos como aliados conocían esta ventaja de la ciudad, y por ello la importancia de su control. En la mañana del Jueves Santo de 1865, la flota paraguaya al mando del capitán Pedro Ignacio Meza, compuesta por los buques Tacuari, Ygurrey, Paraguarí, Ypora y el Marqués de Olinda, este último capturado a los brasileños meses antes, se aproximó con las luces del día, navegando y pasando el puerto de Corrientes para luego cambiar de rumbo, río arriba, y aproximarse a las costas. En ese momento, se encontraban amarrados en puerto dos buques argentinos, el 25 de Mayo y el Gualeguay, que habían llegado tras la solicitud del gobernador Lagraña al gobierno nacional. La tripulación de estos barcos reaccionó tarde al inesperado ataque
250 paraguayo por lo que poco pudieron hacer. El 25 de Mayo fue abordado por su ubicación distante a la costa, mientras que el Gualeguay, al estar amarrado al muelle, fue atacado con disparos de cañón directamente por los buques Marqués de Olinda e Iporálo. 5 Tras la agresión, algunos vecinos dirigidos por Desiderio Sosa iniciaron una acción de defensa desde las azoteas de las casas más próximas al puerto. 6 Luego del retiro de la flota atacante algunos intentaron organizar batallones, para lo que fueron convocados los voluntarios en lasplazas25 de Mayo y la del Mercado, para ser dirigidos por el coronel Solano González. 7 Si bien se consignó constituir algunos grupos, finalmente decidieron reorganizarse mediante un repliegue en los departamentos del interior provincial. Por otro lado, en Paso de la Patria se había instalado el general paraguayo Wenceslao Robles con más de tres mil hombres, que esperaban a la flota paraguaya después de su ataque al puerto de Corrientes. En esa flota embarcaron a los soldados que pudieron y, al amanecer del 14 de abril, la pequeña escuadra paraguaya amarró nuevamente en el puerto de Corrientes, posesionándose de la plaza de la ciudad sin resistencia alguna. Al poco tiempo, además, arribó la columna que procedía de Paso de la Patria al mando del general Robles con el resto de las fuerzas invasoras. Por su parte, los buques argentinos 25 de Mayo y Gualeguay ya no volvieron al puerto de Corrientes, toda vez que habían sido incorporados a la Armada paraguaya y fueron enviados a Asunción para repararlos de los daños recibidos. 8 En cuanto a las autoridades argentinas de la provincia, se retiraron junto con los pocos batallones militares que no tenían ninguna posibilidad de generar resistencia al invasor. De hecho, retirarse a los departamentos del interior fue la única opción que les quedaba de reorganizarse bajo las órdenes de Nicanor Cáceres, en quien recayó la responsabilidad de hostigar constantemente a los invasores y mantener a la tropas fieles al gobernador Lagraña. 5 José Fermín González. (2002).Corrientes ante la invasión paraguaya, Corrientes, Amerindia Ediciones, p. 28. 6 Diego Mantilla. (2005). Recuerdos de un soldado correntino. Corrientes. Moglia Ediciones, p. 111. 7 González, ob. cit., p. 31. 8 Whigham, ob. cit. Vol. I, p. 286.
251 Y, por su parte, la vecindad correntina reaccionó de dos maneras distintas. Algunos huyeron a las zonas rurales, alejándose de la ciudad y ubicándose en algunas a las quintas ubicadas en Lomas, 9 mientras que otros cruzaron el Paraná protegiéndose en el interior del territorio del Chaco. 10 El resto, una importante fracción de la población, no generó oposición ni resistencia a las tropas paraguayas. De hecho, un cronista de la época dejó registrado que los habitantes de la ciudad no fueron hostiles con los invasores, razón que facilitó que los vecinos recibieran buen trato, a diferencia de las prácticas de abuso llevadas a cabo en otros lugares. 11 A este respecto, resulta significativo de la normalidad reinante el testimonio que, durante los días de ocupación paraguaya, el vecino Tiburcio Gómez Fonseca hizo sobre su constante permanencia en casa con la sola excepción de una salida a un baile oficial al que, según él, no faltó ninguna persona decente. 12 El caso es que la situación mostraba que, en principio, el dominio paraguayo de la plaza era irreversible, por lo que el gobernador Manuel Ignacio Lagraña y sus colaboradores más cercanos, como así también algunos grupos de seguridad, decidieron desplazarse hacia la zona rural para evitar caer prisioneros. Pero antes de su repliegue, Lagraña dictaminó que todo ciudadano correntino entre dieciséis y setenta años estaba obligado a alistarse para combatir a las fuerzas de ocupación. 13 El ataque del día 25 de Mayo Mientras se consolidaban las tropas aliadas en las líneas del frente militar, se realizó una avanzada conjunta entre argentinos y brasileños para intentar apoderarse de la ciudad de Corrientes. Esta maniobra tenía por objetivo tomar la capital provincial y, de esa manera, cortar la comunicación entre la columna paraguaya al mando del general Robles, que dominaba la costa del rio Paraná, y la retaguardia paraguaya. Esta opción estratégica, 9 Wenceslao Néstor Domínguez. (1965). La toma de Corrientes el 25 de Mayo de 1865, Buenos Aires. p. 11. 10 Archivo General de la Provincia de Corrientes (en adelante AGPC), Sección Judiciales, Legajo17, año 1866. 11 Richard F. Burton. (1998). Cartas desde los campos de batalla del Paraguay. Buenos Aires, Librería El Foro. p. 373. 12 AGPC, Correspondencia Privada, Legajo 5 (1865-1866), Carta de Tiburcio Gómez Fonseca a Wadislao Gramajo, Corrientes 3 de Noviembre de 1865. 13 Registro Oficial de la Provincia de Corrientes. Decreto de Manuel Ignacio Lagraña del 14 de Abril de 1865.
252 manejada por el general argentino Wenceslao Paunero, sólo podría llevarse a cabo si contaba con la flota brasileña y los avances simultáneos de los batallones correntinos de avanzada comandados por Nicanor Cáceres. Los planes consistían en embarcar en la flota brasileña la mayor cantidad posible de hombres y desembarcarlos en el puerto de Corrientes, colocándose detrás de los paraguayos con intención de hostigarlos por su retaguardia. Si bien la plaza correntina estaba custodiada por batallones paraguayos, también es cierto que se encontraba desprotegida desde el río, ya que no contaba con navíos idóneos y suficientes para la defensa. Ante esta situación, Paunero decidió la toma de la ciudad y poner en marcha el plan de acción. Las fuerzas de defensa paraguayas estaban compuestas por dos batallones de infantería. Por otro lado, las fuerzas de ataque aliadas se componían de nueve buques brasileños a los que se sumaban dos argentinos, además de la primera división de Paunero con mil doscientos infantes y cien artilleros y la Novena Brigada de infantería del Brasil, bajo la dirección del coronel Joao Guilherme Bruce, con mil trescientos infantes, trescientos artilleros y dos mil trescientos tripulantes. 14 La flota brasileña estaba bajo las órdenes del Vicealmirante Francisco Manuel Barroso, mientras que la fuerza argentina estaba constituida por el batallón 1° de línea comandado por el teniente coronel Roseti; el batallón 2° bajo las órdenes del teniente coronel Orma; el 3° liderado por el coronel Rivas; la legión militar del teniente coronel Charlone; el segundo escuadrón de artillería del comandante Joaquín Viejobueno y, por último, el 3° escuadrón de artillería que dirigía el comandante Malones. 15 Con ese despliegue sobre el terreno, en la mañana del día 25 de Mayo la flota aliada navegó desde Riachuelo y, a las diez de la mañana, aproximadamente, se produjo su arribo al puerto de Corrientes, donde solo se hallaba el buque de bandera paraguaya Pirabebé. Éste hizo algunos disparos, pero al verse en desventaja de fuego inició curso hacia Humaitá. Los batallones paraguayos estaban diseminados por toda la ciudad, lo que no obstó para que el grueso de la formación se hiciera fuerte en el parque de la Batería. Por esa 14 Whigham, ob. cit., Vol. I, p.311. 15 Centurión, ob. cit., Vol. I, p. 241.
253 razón, tras el desembarco aliado, los combates más encarnizados se produjeron entre el puerto y ese parque. De hecho, en el asentamiento de la Batería los paraguayos presentaron una aguerrida defensa con gran derroche de valor. Un valor poco útil ante la carga de la infantería argentina y el calibre de la artillería brasileña que marcaron la diferencia. Tras algunas horas de combate, las tropas paraguayas retrocedieron hacia los campos de alrededor de la ciudad en busca de protección. La Junta Gubernativa correntina y el ministro paraguayo José Bergés buscaron protección en la estancia de Teodoro Gauna, que se hallaba a escasos kilómetros, mientras que la mayoría de los soldados paraguayos encontraron protección en los bosques cercanos. Al frente del parque de la Batería, concretamente en el puente de piedra que le daba acceso y en las adyacencias del arroyo “Poncho Verde”, se produjeron los combates más encarnizados, cuerpo a cuerpo, que dejaron como resultado alrededor de cuatrocientas bajas entre los paraguayos y aproximadamente trescientas sesenta entre los aliados. 16 Al caer la tarde ya podían visualizarse claramente los resultados de la batalla, con cientos de cadáveres esparcidos en las cercanías del parque de la Batería y en las calles cercanas. 17 Esa noche fue de tensa vigilia, todos estuvieron alerta y los vecinos de la ciudad no durmieron. Según el testimonio de Juan Bautista Charlone, resulta ilustrativo que los correntinos mostraran muy poco interés en las celebraciones que los aliados realizaron esa noche en la ciudad. 18 Si bien toda la noche estuvo en relativa calma bélica, también hubo continuas recorridas por las calles y algunas incursiones violentas en los domicilios particulares. De acuerdo con un relevamiento posterior, se identificaron más de setenta actos de saqueos y destrucción de comercios y viviendas de vecinos aquella noche. 19 Juan Crisóstomo 16 Centurión, ob. cit., Vol. I, pp. 241.242. 17 Domínguez, ob. cit., p 25. 18 Whigham, ob. cit., Vol. I, p.315. 19 Archivo Nacional de Asunción (en adelante ANA), Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, Colección Rio Branco, (en adelante CRB), I-30, 26, 60.- 104 documentos.
254 Centurión relata en sus Memorias el comportamiento abusivo de las tropas aliadas con el vecindario, diferenciándolas con el trato que habían brindado los paraguayos. 20 En cualquier caso, se trató de una toma temporal de la ciudad, puesto que los aliados no tenían muchas posibilidades de poder permanecer y proteger la ciudad de Corrientes, debido a la dificultad que los batallones de vanguardia correntinos, al mando de Nicanor Cáceres, tenían para alcanzar la ciudad. Ante esta situación, los aliados decidieron reembarcar e iniciar su navegación aguas abajo, dejando de nuevo la ciudad a merced de los paraguayos. Los correntinos, que habían tomado con indiferencia la presencia de las fuerzas argentinas, cuando Paunero les ofreció transporte para abandonar la ciudad apenas tuvieron en cuenta la propuesta. 21 Contrariamente, la versión de Tiburcio Gómez Fonseca asevera que en aquel momento de abandono de la ciudad por parte de los aliados no todos los que quisieron huir pudieron hacerlo, transformándose en un verdadero infierno de descontrol. 22 De todas formas, no hay registros acerca del número de familias que aprovecharon la salida de la flota para emigrar. Desde luego, algunos vecinos embarcaron aprovechando las circunstancias pero se desconoce si fue un número relevante. Sea como fuere, lo cierto es que a pesar de la retirada de la ciudad por parte de los Aliados, la ciudad volvió bajo control paraguayo, ya que la falta de coordinación entre las fuerzas aliadas no les permitió hacer el intento de retomar la capital abandonada. Una debilidad de recursos que exageró, de manera no prevista, los resultados positivos de la ofensiva de Paunero, toda vez que ni él mismo creyó en las posibilidades de defender la plaza con sus fuerzas y decidió batirse en retirada. Saqueos de las tropas aliadas A raíz de la incursión militar aliada en la ciudad de Corrientes los días 25 y 26 de Mayo, y de los consecuentes combates que se produjeron, fueron múltiples los destrozos 20 Centurión, ob. cit., Vol. I, pp. 243 y 244. 21 Whigham, ob. cit., Vol.I, p.316. 22 AGPC, Correspondencia Privada, Legajo 5 (1865-1866), Carta de Tiburcio Gómez Fonseca a Wadislao Gramajo, Corrientes 10 de Noviembre de 1865.
255 ocasionados. Estos fueron notorios, ya que la mayoría de las acciones tuvieron lugar en el puerto y en las calles de la ciudad. Hubo numerosos vecinos afectados en sus propiedades y, algunos, de manera notoriamente visible. Durante la noche del 25 y la madrugada del día 26, patrullas de soldados aliados vigilaban las calles de la ciudad en busca de paraguayos y, en ocasiones, ante el posible ocultamiento de algunos en viviendas particulares, aquellos irrumpían violentamente en los domicilios generando temor e incertidumbre entre los vecinos. El desembarco de los batallones, los bombardeos navales y todo lo que implica el fragor de la batalla generó a su vez momentos de confusión y de caos. Parece claro que el resultado de todo ello, los deterioros materiales incluidos, fueron la consecuencia de dos acciones principales y bien distintas. De un lado, los daños producidos por la acción bélica directa, es decir, la destrucción de casas por las armas de fuego, algo previsible en una batalla que se produce en el interior de una ciudad. Y de otro los saqueos contra la propiedad privada en que incursionaron las tropas aliadas durante y después del ataque. Para hacer un relevamiento de la totalidad de los destrozos derivados del ataque aliado, la Junta Gubernativa decidió conformar una comisión de vecinos para identificar los daños en edificios oficiales y sobre la población civil. La Comisión fue creada por decreto el 2 de Junio, con la denominación de “Comisión Oficial”. Sus facultades alcanzaban a allanar edificios púbicos y convocar a los vecinos para que otorgaran los informes pertinentes. El gobierno designó provisoriamente presidente de la comisión al Juez del crimen José Luis Garrido, pero éste renunció y fue reemplazado por Antonio Díaz de Vivar. 23 El cuerpo estuvo conformado por ciudadanos correntinos y residentes extranjeros, con facultad de elegir un miembro como presidente. Entre sus miembros figuraban Federico Boetti, Antonio Iglesias, Manuel Fernández y Gómez, José Francisco Acosta, José Vicente Orué, Antenor Molina, Manuel Aguilar y Sevilla, Luis Resoagli, Alfredo Giraud, Félix Fournier, Tomas Bedoya y Gabriel Esquer. 24 Una vez todos reunidos, por mayoría de 23 AGPC, Copiador Nota Ministerio de Gobierno, Legajo 20, 1859-1869, F. 126. 24 AGPC, Copiador Nota Ministerio de Gobierno, Legajo 20, 1859-1869, F. 132.
262 Declaraciones de vecinos atestiguan para siempre la magnitud de los robos. 55 Algunos funcionarios lograron prevenirse ante la ocupación inmediata de la ciudad, como fue el caso del administrador de Rentas de las Aduanas Nacionales, quien pudo huir con la recaudación de veintisiete mil trescientos sesenta y cinco pesos. 56 El gobernador Manuel Ignacio Lagraña dio a conocer el latrocinio acaecido en Bella Vista al vicepresidente de la República, haciendo referencia también a otra de las calamidades propias de la guerra, la violación de mujeres. Esta es la única vez que se hace mención a la generalización del estupro por parte de tropas paraguayas. Efectivamente, no se ha encontrado más documentación que hable de estos abusos, por lo que, a nuestro entender cabe incluso la posibilidad de que, tal vez, no llegaran a ocurrir, ya que, si fuese así, creemos, aquellos actos agresivos hacia las mujeres correntinas habrían sido denunciados reiteradamente y con precisión. Sea como fuere, la versión llegó a oídos de Lagraña cuando éste se hallaba en Goya, en los primeros días de Agosto de 1865. 57 Los comercios fueron el primer objetivo de la tropas paraguayas, como tal fue el caso de la casa de negocios de Félix Delfino, afincado en Bella Vista desde el año 1853, que fue arrasada, incluyendo dos depósitos de mercaderías y artículos que fueron embarcados en varios buques en distintos viajes que partieron para Asunción. 58 De acuerdo a la información sumaria ante los Tribunales correntinos, testigos afirmaron que la acción la realizó una fuerza de 200 hombres aproximadamente, conducida por Germán Serrano, que saqueó el poblado durante varios días consecutivos, siendo más de cien carretas las que transportaron el botín al puerto, para depositarlo en los vapores de guerra “Ypora” y “Ugurey”, entre otras embarcaciones. El despojo fue de tal magnitud que, incluso, se llevaron puertas, cerraduras, marcos y horcones. 59 En un informe del Jefe político de Bella Vista, se cita que los paraguayos salieron de la ciudad con 17 carretas hasta Garzas, repitiendo la operación varias veces. 60 Ante el avance paraguayo, uno de los emigrados fue 55 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 210, Fs. 71. 56 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 210, Fs. 101. 57 Archivo del Dr. Marcos Paz, Universidad Nacional de La Plata, Vol. 4, La Plata, 1963, p.83. 58 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 211, Fojas 4 y 5. 59 AGPC, Expedientes Judiciales, Legajo 15, Civiles, Capital, 1865. 60 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 210, F.71.
263 Delfino, que se instaló provisoriamente en Goya. 61 Los daños contra los intereses de Delfino fueron casi totales, pero éste pudo recuperarse económicamente, toda vez que tres años después fue designado por el Gobierno de la provincia como proveedor general de las fuerzas comandadas por el coronel Raymundo J. Reguera. 62 Respecto a comercios del poblado, los paraguayos buscaron información precisa de los depósitos y de las mercancías que tenían cada uno de los comerciantes, teniendo por objetivo el descubrir los depósitos ocultos. Los comerciantes fueron llevados por los paraguayos, e interrogados para que manifestara el lugar y las mercancías que existían en el pueblo. La idea era acercar los datos al general Resquín. 63 También el asalto a los establecimientos rurales del Departamento fue constante. El más destacado se produjo a uno de los campos ganaderos más importantes de Bella Vista, como lo era el perteneciente a Eugenia S. de Artaza. Sus estancias fueron destruidas y despojadas completamente, incluyendo construcciones y toda clase de ganados. En este último caso las pérdidas alcanzaron las diez mil cabezas de vacunos, trescientas setenta ovejas y cuatrocientos cincuenta equinos. 64 Y es que, el saqueo en las zonas rurales fue general, sin puntos selectivos. Los damnificados iban desde importantes estancieros hasta pequeños productores locales, propietario sólo de una o dos cabezas de ganado. 65 De hecho, en las cercanías a Bella Vista, a seis leguas al Sur del pueblo y sobre las barrancas del Paraná, se hallaba la estancia del inglés John Gannon, que residía hacía ya treinta años en la provincia de Corrientes. Los paraguayos, al incursionar por primera vez bajo el mando del general Robles, mostraron pasividad hacia él y sus bienes, recomendándosele que se mantuviera neutral en la contienda. Pero, tiempo después, el 13 de Agosto de 1865, se acercó al establecimiento una partida de soldados paraguayos que carnearon algunas de sus vacas, llevándose además, maíz, mandioca y verduras. Una captura que no sació a los paraguayos que, finalmente, el día 20,atacaron violentamente la 61 AGPC, Sala 7, Correspondencia Privada, carta de E. Araujo a Wadislao Gramajo, a bordo del “Reinaldo”, riacho de la Esquina, 3 de Agosto de 1865. 62 AGPC, Copiador de Notas del Ministerio de Gobierno, Legajo 24, 1859-1869, F. 251. 63 ANA, 1696, interrogatorios a Pedro Morego, Pelegrín Denegri, Esteban Libieri y Cayetano Trabuco. 64 AGPC, Sección Judiciales, Legajo 65. 65 AGPC. Expedientes Administrativos. Reclamos deudas guerra del Paraguay. Libros I, II, III y IV.
264 estancia de Gannon. A sablazos hirieron al propietario, al que dieron por muerto, decapitando después a un muchacho de catorce años, degollando a dos mujeres más (una de ellas embarazada), para después retirarse con todo el botín que pudieron hacer en dicha acción. Allí se apropiaron de 1.000 cabezas de ganado y se llevaron todos los caballos que encontraron. 66 Ahora bien, si las acciones fueron realizadas por las tropas invasoras, como venimos diciendo, también es cierto que, en ocasiones, actuaron en complicidad con grupos locales, que tuvieron como cabecillas a referentes de la localidad, como lo fueron José F. Cáceres y Ramón Sangrá. Dada esta situación, el Jefe político Francisco Ferreyra manifestó, en carta al gobernador Lagraña, lo siguiente: “Una medida de urgente necesidad: la de nombrar una Comisión de personas idóneas que se ocupen, desde luego, del examen de la conducta de muchas personas que han sido el flagelo del pueblo; de los que han servido de guías a los invasores, de los que han acaudillado gavillas de ladrones; y de los que han sido desertores del ejército.” 67 Pero recordemos de nuevo que la propiedad del Estado también fue destruida y saqueada. Un hecho ante el que algunos vecinos decidieron intervenir, intentando proteger los bienes públicos. Un caso fue el de Dolores Molina, vecina del pueblo, quien entregó a la Jefatura política 35 sellos de a un real y 6 de diez pesos pertenecientes al erario provincial. Dolores los devolvió diciendo que los referidos sellos los había recogido durante la ocupación. 68 El templo local también fue dañado y se apropiaron del hierro que estaba destinado a la nueva capilla. 69 Sustrajeron, incluso, la corona de plata y la vestimenta de la imagen de la Virgen que la presidia. 70 De acuerdo a la descripción del ingeniero británico Jorge Thompson -quien ejerció su profesión en el Paraguay al servicio de los jefes de Estado, 66 ANA, CRB, I-30, 24, 9. 67 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 211, Fs. 4 y 5. 68 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 211, Fs.171 vuelta. 69 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 211, Fojas 4 y 5. 70 Whigham, ob. cit., Vol. I, p. 427.
265 Carlos Antonio López y Francisco Solano López-, muchas de las cosas robadas fueron enviadas a este último, como regalo. Se sabe que entre esos regalos se encontraba, incluso, un piano saqueado a Félix Delfino, que fue obsequiado a Elisa Lynch, primera dama del Gobierno paraguayo en aquel entonces. 71 El diario Nación Argentina referenció, en varias ocasiones, el estado en el que se encontraba el poblado de Bella Vista y el accionar paraguayo. 72 Al producirse la retirada definitiva de los paraguayos de la ciudad, se llevaron cuantas cosas útiles les fue posible, destruyendo las que quedaban. 73 El desbande de ganado causó confusión entre los vecinos, que quedaron muy afectados al comprobar que todos los animales habían sido incautados. Lógicamente, un desorden de ese tipo, con los vacunos dispersos, permitió que algunos de estos vecinos se apropiaran de animales sueltos que aparecían en sus campos marcándolos para sí. Para solucionar todo ello tuvo que intervenir el Juzgado de paz local. 74 En otros casos, los animales fueron capturados por las autoridades locales y se inició, desde el Gobierno, un mecanismo de devolución a los legítimos propietarios, que debían probar sus pertenencias a través de las respectivas marcas del ganado. 75 Desde luego, tras la recuperación de la ciudad por las tropas aliadas, prosiguió la inseguridad de la propiedad, toda vez que algunos oficiales argentinos tomaban ganado sin el procedimiento establecido para la compra e indemnización fijada por el Estado argentino, generando perjuicios entre los vecinos. Esto provocó el inicio de unos reclamos reiterados por parte del Jefe político de Bella Vista. 76 El arreo del ganado por el ejército paraguayo pasó a ser sistemático en todos los Departamentos de la provincia, procedimiento que se completaba llevándolos, paulatinamente, a territorio paraguayo. Una práctica que se estuvo ejecutando hasta los 71 Thompson, ob. cit., Vol. I, p 90. 72 Diario Nación Argentina, Buenos Aires, 18 de Agosto de 1865. 73 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 210. Fs. 248, Carta del Juez de Paz de Bella Vista al gobernador Manuel Ignacio Lagraña, del 11 de Octubre de 1865. 74 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 211, Fs.148. 75 AGPC, Copiador de Notas de Ministerio de Gobierno, Libro de notas a jueces de paz, 1864-1866, Legajo 23, F. 216. 76 AGPC, Correspondencia Oficial, Tomo 211, Fs.173.
266 últimos momentos de la ocupación. A fines de Octubre y principios de Noviembre de 1865, el ejército comandado por el general Resquín atravesó -de regresoel Paraná, arreando más de 100.000 cabezas de ganado vacuno saqueados de los campos correntinos. La mayoría de estos animales murió alrededor de los campos de Itapirú por falta de buenas pasturas, mientras que otros miles murieron al no poder vadear el río. 77 Tal movimiento de ganado en la retirada paraguaya no debe sorprender, pues desde el inicio de la campaña militar, en territorio correntino se produjeron constantes arreos de animales y saqueos de propiedades con el fin de trasladarlos al Paraguay, como lo demuestran los reiterados casos que se fueron denunciando durante el conflicto. Así lo hizo saber Santos Insaurralde, que estuvo a cargo por unos meses del Juzgado de Paz de Caá Catí, e informó al gobernador Lagraña que los saqueos se produjeron sin distinción alguna, incendiado aquellas estancias en las que no lograban robar. 78 En sus Memorias, el coronel paraguayo Juan Crisóstomo Centurión registró que los soldados del general Robles cometieron algunos abusos sensibles, que debieron subsanarse entregando vales contra la Nación a todos los perjudicados, evitando así las exageradas reclamaciones que, después de la guerra, se formularon contra el Paraguay. 79 También, oportunamente, la Junta Gubernativa dispuso que se aprovisionasen de todo lo necesario para el vestuario destinado a los batallones correntinos, para lo cual se ordenó que se tomaran las mercaderías de los comercios de Bella Vista y Goya, a cuenta del Gobierno y emitiendo documentos que acreditaran el adelanto para ser abonados por la Tesorería de la provincia. 80 Los vales debían especificar las cantidades y clases de artículos, incluyendo el precio corriente por mayor que tuviesen en la plaza. Asimismo, los recibos debían estar firmados por el Jefe político de Bella Vista y por dos vecinos honorables. 81 Inicialmente estos documentos fueron emitidos, pero ninguno alcanzó a ser saldado por el Estado provincial, aunque sí es cierto que fueron incorporados 77 Thompson, ob. cit, Vol. I., p 103. 78 Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Fondo Rufino de Elizalde, Legajo 8, doc. 670. 79 Centurión, ob. cit., Vol. I, p. 236. 80 AGPC, CNMG, Legajo 21, 1860-1869. Libro de Comunicaciones, F. 153. 81 AGPC, Copiador Notas del Ministerio de Gobierno, Legajo 17, 1857-1869. Comunicación de la Junta Gubernativa al Jefe político de Bella Vista, Corrientes, 18 de Agosto de 1865.
267 posteriormente por los damnificados a los reclamos como daños de guerra ocasionados por el enemigo. Por decreto del 14 de Julio de 1865 la Junta Gubernativa también dispuso que fueran considerados como artículos de guerra el ganado, tanto vacuno como caballar, toda arma útil para la guerra, todas aquellas prendas de cualquier tipo de tejido que pudieran ser útiles para el vestuario de los soldados, como camisas, camisetas, ponchos o calzoncillos, y frenos de campo y monturas. 82 Durante el repliegue llevado a cabo en el mes de Octubre de 1865, Francisco Solano López ordenó expresamente a Resquín que, en la retirada, se llevasen todos los ganados y caballos que pudieran, pero con la obligación de emitir recibos y vales que generaran compromiso de pago por parte del Paraguay. 83 No obstante, a pesar de la orden, y debido a la vorágine de los hechos bélicos, no se emitieron los bonos y ni siquiera se manifestó promesa de pago alguna. En cambio, sí predominó la violencia y el saqueo. Para testimoniar los saqueos paraguayos, el miembro de la Junta Gubernativa correntina, Víctor Silvero, con ocasión de su descargo ante la Corte Suprema de Justicia, expresó que se dieron órdenes a las autoridades departamentales para que impidiera a los comandantes paraguayos la captura de ganados que ocasionaban la ruina de los vecinos. No obstante, las incursiones de robo tuvieron la anuencia del presidente paraguayo, toda vez que las arreadas de ganado no eran sólo para el consumo de sus Ejércitos en Corrientes, sino también para el Paraguay. 84 Ocupación de la ribera del río Uruguay La ocupación paraguaya del territorio correntino se concretó con la intervención de dos importantes columnas: una, a cargo del general Robles, que ocupó y dominó militarmente la fracción territorial comprendida en las riberas del río Paraná hasta el río Santa Lucía, por una parte y hasta la ciudad de Goya, por otra. 82 Ocupación de Corrientes por fuerzas paraguayas. 1865. Documentos del Archivo provincial, Corrientes, Imprenta del Estado, 1929, p. 26. 83 Atilio García Mellid, Proceso a los falsificadores de la guerra del Paraguay. Tomo II, Buenos Aires, Ediciones Theoría, 1964, p.325.Carta de Francisco Solano López a Resquín, Humaitá, 30 de Octubre de 1865. 84 AGN, Fondo Juan José Viedma. Legajos 1055-1056. Proceso por traición a la patria. Recurso de Queja de Víctor Silvero (1872), 2 cuerpos.
268 La otra columna, a cargo del teniente coronel Estigarribia, incursionó por el paso de Encarnación con más de 11.000 hombres, siendo dividida en dos a la altura de Santo Tomé, de forma que una fuera recorriendo las costas del río Uruguay en jurisdicción argentina y la otra por la brasileña. El dominio efectivo del ejército paraguayo en la zona Oriental de la Provincia se comprendió geográficamente, entre el Iberá, el río Uruguay y el Miriñay. La razón estratégica de esta columna adquirió notable importancia, ya que debía ser la contención principal contra el avance del Ejército brasileño. Para cumplir con esta misión actuó de manera totalmente independiente respecto a la columna dirigida por el general Robles, de tal forma que los sucesos políticos acaecidos durante su singladura, así como los vínculos existentes con la Junta Gubernativa paraguayista de la Capital provincial no generaron ninguna consecuencia en el territorio cercano al río Uruguay. Simultáneamente a la ocupación de los Departamentos correntinos de la costa del Paraná, el teniente coronel Antonio de la Cruz Estigarribia irrumpió en territorio correntino, para dirigirse a la costa del río Uruguay, bordeando sus costas hacia el Sur. De esa columna paraguaya se desprendió un batallón de avanzada, a cargo del mayor Pedro Duarte que, el 5 de Mayo y previamente a enviar una partida de soldados, ocupó Santo Tomé sin contratiempos, ya que sólo se hallaba en el lugar un grupo de ancianas y tres o cuatro comerciantes italianos. 85 Tras esa ocupación, desde fines del mes de Abril, los vecinos de Santo Tomé iniciaron un éxodo hasta la línea del arroyo Aguapey, para luego pasar el río Miriñay en busca de mayor seguridad. 86 Días después, Estigarribia ocupó aquel poblado con el resto del Ejército paraguayo para continuar después su recorrido y dividir sus fuerzas en dos columnas, una que pasó a territorio brasileño y se desplazó por la costa oriental del río bajo el mando del propio Estigarribia y, la otra columna, a cargo de Duarte, encargada del control de los territorios de la margen occidental del río. Una vez en suelo brasileño ocuparon primero San Borja e Itaquí, para pasar después a Uruguayana, siendo éste el límite de mayor expansión alcanzado por esas tropas. 85 Whigham, ob. cit., Vol. I, p. 324. 86 Hernán Félix Gómez, La ciudad de Santo Tomé, Buenos Aires, 1942, pp. 12 y 13.
269 Debe señalarse, en cualquier caso, que Estigarribia había desobedecido la orden de Solano López de no entrar en los poblados, toda vez que quería evitarse el pillaje de los soldados. De hecho, los saqueos fueron constantes y, casi de manera sistemática, en el trayecto de San Borja a Uruguayana robaron cuanto encontraron a su paso todo lo cual fue transportado al Paraguay en carretas. Por si fuera poco, después de los saqueos de las tropas regulares, también incursionaron en el pillaje algunos moradores. 87 En definitiva, la práctica totalidad del ganado útil que pudo encontrarse en aquellos Departamentos fue arreado hacia el Norte, pasándolos a territorio paraguayo por el Paso de Candelaria. 88 Por su parte, el mayor Duarte consiguió dominar Paso de los Libres el 2 de Agosto pero, ante la avanzada de los ejércitos argentino y uruguayo, los paraguayos tuvieron que abandonar el poblado, tomando posiciones en las inmediaciones del arroyo Yatay. Hecho esto, el 17 de Agosto se libró la batalla que lleva el nombre de aquel curso de agua, siendo derrotada completamente la columna de Duarte. De la misma manera, las tropas de Estigarribia, que ocupaban Uruguayana, también acabaron siendo derrotadas ante el asedio de las tropas aliadas, no pudiendo resistir el sitio impuesto por éstas y capitulando definitivamente el 18 de Septiembre. Hasta que se libró la batalla de Yatay, lo cierto es que los Departamentos Santo Tomé, La Cruz y Paso de los Libres estuvieron a merced de las operaciones de las fuerzas paraguayas, sufriendo todo tipo de depredación, de violencia contra los vecinos y el arrebato de los ganados. Como también es cierto que algunas zonas, como el Norte del Departamento Santo Tomé, después del avance paraguayo, quedaron bajo el pillaje de algunos batallones brasileños. De hecho, el poblado de Alvear no fue ocupado por los paraguayos, como Santo Tomé y Paso de los Libres, sino por los vecinos de habla portuguesa. 89 87 Doratioto, ob. cit., pp. 164 y 165. 88 Schneider, Luis, A guerra da Triplice Alianza contra o gobernó da República do Paraguay (1864-1870). Traducido do allemao por M. T. A. Nogueira, anotado por J. M. da Silva Paranhos, Río de Janeiro, Imprenta Militar, 1924-1925, pp. 90-91. 89 Federico Palma, Historia de la ciudad de Alvear, Corrientes, 1958, p. 23.
270 Departamento Santo Tomé: los saqueos de las tropas brasileñas La jurisdicción del Departamento de Santo Tomé abarcaba grandes dimensiones, en comparación a la que tenían los restantes departamentos de la Provincia. Tanto es así que abarcaba gran parte del territorio de las Misiones, al Occidente del río Uruguay. De acuerdo con el interesante mapa político confeccionado por el ingeniero Nicolás Grondona, a principios de la década de 1870, los límites departamentales de esa jurisdicción eran: por el Oeste, todo el curso del Aguapey, perdiéndose por el Norte, bordeando las sierras misioneras y, al Oriente, el río Uruguay. No obstante, la propia villa de Santo Tomé, sobre las costas del rio Uruguay, no era más que un puñado de casas dispersas, construidas de madera, adobe y techos de palma. Su riqueza, en realidad, se hallaba en los distintos establecimientos y estancias de las zonas rurales. En aquel Departamento los reclamos por daños y saqueos no sólo fueron denunciados por las acciones del Ejército paraguayo, sino también por las incursiones violentas del Ejército brasileño. Ejemplo de ello fue el caso denunciado por la Sociedad Nacional Explotadora y Producciones de Misiones de Yerba Mate, ubicada en el distrito San Javier, donde tropas del ejército brasileño se apoderaron de mulas, mercaderías y otros valores, incluyendo la detención y traslado de personas, que fueron trasladados a territorio de su país. Posteriormente, en una segunda incursión llevada a cabo por brasileños, incendiaron el resto del establecimiento de producción de yerba mate, no quedando, a la postre, ningún habitante en el lugar. 90 La información sumaria levantada por el juez de Paz de Santo Tomé, Pascual de Isassa, que hemos podido consultar, establece y describe los daños y perjuicios que, en su momento, presentaron los propietarios de los establecimientos. 91 Respecto a los mismos hechos, informó al ministro de Gobierno de la Provincia mayores detalles de los daños producidos por el Ejército brasileño. Y es que, en el mes de Agosto, se produjo la primera incursión brasileña, a la orden del mayor Ysairo, perteneciente a la División del Barón de Gamby, la que, con violencia, mandó trasladar a las familias del vecindarios de 90 AGPC, Correspondencia Oficial. Tomo 211. Fs. 126 y 127. 91 AGPC, Correspondencia Oficial. Tomo 212. Fs. 209.
271 San Javier, y apropiarse de mulas, caballos, vacunos, bueyes mansos y toda mercadería que encontraron a su paso. 92 En una nueva entrada militar, durante el mes de Septiembre, fueron incendiados cinco establecimientos, lo que, al final, permitió al juez de Paz exponer que, durante el trascurso de los cuatro meses que habían transcurrido de la guerra, no se habían registrado daños ocasionados por los paraguayos, y sí tan sólo por los brasileños. 93 Pero, de acuerdo con los reclamos por daños, iniciados al concluir la guerra, fueron 98 los expedientes solicitando indemnización al Paraguay por los perjuicios ocasionados. De cualquier modo, también se originaron otros daños, como al arrebato de animales que, algunas veces se produjeron en ausencia de los vecinos, sobreponiendo las marcas propias al ganado ajeno. 94 En estas circunstancias, los hechos de guerra se confunden con los delitos comunes, vinculados con el derecho de propiedad. Para alcanzar una comprensión integral de los sucesos y ofrecer algunas respuestas aproximadas, es conveniente referenciar la consideración mutua que se profesaban argentinos y brasileños. A pesar de la alianza entre ambas naciones, las relaciones entre ellos eran claramente mejorables. Aún más, la Triple Alianza ligaba a los tres gobiernos, pero la cooperación entre los ejércitos era esquiva. 95 El pacto político alcanzado, por ejemplo, no consiguió hacer superarlas desconfianzas en cuanto a la política argentina en el Plata. 96 Y tampoco los brasileños se sentían cómodos con sus aliados, ya que existían sospechas de pretensiones territoriales y el partido conservador de Brasil criticaba el Tratado de Alianza con Argentina, por decir que favorecía a este país. Es sabido que el almirante Joaquín Marques de Lisboa, vizconde de Tamandaré, odiaba a los argentinos, y cuestionaba la Jefatura militar de Bartolomé Mitre. Del mismo modo, los vizcondes de Uruguay y Jequitinhonha llegaron a afirmar que “la Argentina es nuestro rival; Montevideo y Paraguay no...”. 97 Por su lado, los argentinos desconfiaban 92 AGPC, Correspondencia Oficial. Tomo 211. Fs. 190. 93 AGPC, Correspondencia Oficial. Tomo 211. Fs. 190. 94 AGPC, Correspondencia Oficial. Tomo 211. Fs.134. 95 Whigham, ob. cit..Vol. II, p. 18. 96 Doratioto, ob. cit., pp. 150 y 152. 97 Ruiz Moreno, Isidoro J., Campañas militares argentinas. La política y la guerra. Guerra exterior y luchas internas (1865-1874), Ed. Claridad, Buenos Aires, 2008, p. 103.
278 La impotencia desatada entre las tropas invasoras los llevó a cometer ataques desmedidos a la población, lo que produjo una brecha profunda y un rechazo definitivo hacia las tropas invasoras. Si bien existió alguna posibilidad de entendimiento o seducción hacia la población correntina, los actos posteriores terminaron por generar el efecto contrario. En los Departamentos de la costa del Uruguay los reclamos fueron escasos, comparados con los expedientes iniciados en los Departamentos que estuvieron bajo la influencia de la columna militar que recorrió la parte Occidental de la Provincia. Esto, creemos, se debe también a que la población de estos Departamentos era mayor en comparación con el de aquéllos. Se puede observar, por ejemplo, que en Santo Tomé los reclamos no sólo fueron la consecuencia de las incursiones paraguayas, sino también de los destrozos de las tropas brasileñas. Los perjuicios provocados por éstos se manifestaron durante la guerra en territorio correntino, sin embargo, no aparecen en los registros de indemnización elaborados después de la contienda. Esto se debió a que en los tratados de paz firmados, el resarcimiento correspondía asumirlo al Estado derrotado. En el caso de las denuncias llevadas a cabo tras los saqueos cometidos por las tropas aliadas en la capital provincial, éstas solo se generaron a consecuencia de la toma de la ciudad por el operativo militar ejecutado los días 25 y 26 de Mayo de 1865. En definitiva, los saqueos, tanto de los vencidos como de los vencedores, provocaron que el territorio correntino no sólo se convirtiera en un campo de batalla, sino que, a la larga, esta guerra dejara una marca profunda en la vida de la provincia de Corrientes y de sus habitantes.