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La lucha educativa en las páginas de un diario católico: El Correo de Andalucía. Número Literario (1899-1902) Educational Struggle in a Catholic Newspaper: El Correo de Andalucía. Número literario (1899-1902) Lorena R. Romero Domínguez Universidad de Sevilla
159 Revista de Humanidades, 16 (2009), p. 157 - 174. ISSN 1130-5029 La lucha educativa en las páginas de un diario católico: El Correo de Andalucía. Número Literario (1899-1902) Educational Struggle in a Catholic Newspaper: El Correo de Andalucía. Número literario (1899-1902) Lorena R. Romero Domínguez Universidad de Sevilla lorenaromer[email protected] Recibido: 18 de mayo de 2009 Aceptado: 30 de octubre de 2009 Resumen A finales del siglo XIX, el periodismo católico va a emplear todas sus estrategias para oponerse a otra más de las expulsiones de las que está siendo objeto la Iglesia en las sociedades modernas. Si el campo de batalla a lo largo de todo el siglo XIX han sido actividades como la política, la ciencia o la propaganda, ahora las miradas se dirigen a la educación, donde su dominio ha sido desplazado en favor de las escuelas laicas, especialmente a partir de 1868. En consonancia con estos planteamientos, la cabecera sevillana El Correo de Andalucía, surgida en 1899 como iniciativa personal de Marcelo Spínola, se orientará a descubrir el verdadero sentido de la educación en unas sociedades seculares y laicas. Éste será el eje de las páginas siguientes, donde se analizará cómo la oratoria católica desacredita la falsa educación alejada de los principios católicos y favorece un modelo educativo confesionalizado. Palabras Claves: Iglesia, Prensa, Educación, Secularización. Abstract Last years of the nineteenth century the catholic press is going to use a great number of strategies to avoid one more expulsion, the Church is putting up with in the modern society. Education is the new arena (before was, however, Politic, Science or Propaganda), where the ecclesiastical supremacy is now out of place due to the Revolution in 1868. According to the above said matter the diary of Seville El Correo de Andalucía exerts itself to discover the true educational system against the huge secular progress. Based on the mentioned idea, the article will show us an analysis about how the catholic oratory discredits the wrong education in its diaries and reviews, at the same time that it promotes catholic values to establish a sacred meaning for the education. Keywords: Church, Press, Education, Secularization.
160 La lucha educativa en las páginas de un diario católico:... - Lorena R. Romero Domínguez Ref. Bibliográf. ROMERO DOMÍNGUEZ, Lorena R. La lucha educativa en las páginas de un diario católico: El Correo de Andalucía, Número literario (1899- 1902). Revista de Humanidades, 16 (2009), p. 157-174 ISSN 1130-5029 1. EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN EN LA ESPAÑA DECIMONÓNICA Quienes vivieron de cerca la cuestión educativa a finales de la centuria decimonónica pudieron corroborar el lamentable estado en el cual se encontraba la enseñanza española. Aspectos tan deficientes como el alto porcentaje de analfabetos, la escasa dotación económica de los maestros y su exigua formación, la carencia de infraestructura, la obsolescencia de los métodos didácticos o el caos jurídico, definían la acción docente en las escuelas españolas de finales del siglo XIX. La situación podría describirse como deplorable porque tras casi un siglo de iniciativas legislativas en materia de educación, el analfabetismo perseveraba sin observarse un descenso del mismo. En los albores del siglo XX, la cuota de personas que no sabían leer ni escribir superaba el sesenta por ciento, aunque no debía causar mucha extrañeza dicho dato si se compara con la población y sus niveles de asistencia regular a las aulas. Como recoge Teódulo García Regidor (1985, p. 42), la cifra de escolaridad, 1.876.616 escolares y 99.988 estudiantes en 1900, significaba una pequeña minoría para un país de dieciocho millones de habitantes, aun cuando legalmente se establecía la enseñanza primaria obligatoria y en la secundaria se exigía la existencia de un instituto por provincia. Esta realidad reflejada en los datos precedentes adquiere tintes más angustiosos si nos fijamos en el desamparo económico en el cual se encontraba la educación. Del presupuesto nacional se dedicaba una cantidad bastante exigua a financiarla y la comparación con las partidas de otros ministerios (el de Marina, por ejemplo) arrojaba resultados ridículos. Peor se saldaba el balance si se acudía a las comparaciones con otros países, pues en ellas quedaba patente que la dedicación presupuestaria era insuficiente para solventar las profundas carencias del sector. La elocuencia de los porcentajes analizados por García Regidor (pp. 42-43) sobre los gastos de instrucción por cada alumno en distintas naciones europeas situaba en una posición bastante desfavorable a España donde se destinaba tan sólo el 1,5 del presupuesto mientras Alemania, por ejemplo, dedicaba un doce por ciento, Inglaterra, un diez, y Francia, un ocho. En esta línea, Ivonne Turin (1967, p. 91) es tajante cuando afirma al hablar de la situación financiera: Ciertamente, la pobreza, con el desorden, era el mayor drama de la enseñanza española del siglo XIX. Todo sufría las consecuencias. Los maestros sin cobrar, los edificios sin atender, el material escolar viejo e inexistente. Tampoco era baladí el caos jurídico de la época y sus graves problemas para coordinar una actuación a nivel estatal. La legislación educativa era un punto conflictivo en esos años y parecía no encontrarse ninguna solución por parte de los sucesivos gobiernos integrantes del turno, aunque fuera preocupación constante de los ministros del
161 Revista de Humanidades, 16 (2009), p. 157 - 174. ISSN 1130-5029 ramo. La tarea docente demandaba una ley orgánica no sometida a las arbitrariedades de cada partido, una de cuyas primeras acciones cuando accedía al poder consistía en suspender la obra de sus predecesores y publicar una nueva normativa en materia educativa. La estabilidad necesaria para las sucesivas mejoras en el ámbito docente no podía entenderse como interés o conveniencia de un gabinete moldeado al gusto del capricho ministerial, sino como una función social de, por y para todos. La gestión de los gobernantes, según denunciaba el Discurso leído ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la recepción pública del Excelentísimo Señor D. José Cárdenas y Uriarte el 12 de febrero de 1905, había conseguido desnaturalizar los principios básicos de la instrucción pública como consecuencia de los intereses de los ministros, deseosos de perdurar en la historia a través de su inclusión en las Gacetas y Boletines del Estado. Esta voluntad todopoderosa de los ministros de Instrucción Pública, confirma la tesis de que este ministerio era el trampolín idóneo para acceder a otras carteras de mayor relevancia. De este modo, se esforzaban por hacer méritos a costa de erigir una ley carente de un proyecto pedagógico y más obstinada en destruir que en edificar sobre las peculiaridades nacionales. Así, desde 1870 hasta 1905 se sucedieron cuarenta y cinco responsables de Fomento. Mucho más elocuente era la fecundidad legislativa de ciertos ministros, García Alix, por ejemplo, quien en un solo año de mandato había ejecutado trescientos ocho decretos; cifra poco exuberante si se compara con el hecho de que se habían redactado cuarenta planes docentes desde 1857 (Turin, 1967, p. 88). Este continuo tejer y destejer generaba un elevado grado de inestabilidad, desde el momento en que los órganos garantes de su correcto funcionamiento no estaban dirigidos por hombres de carrera universitaria sino por políticos con intereses ajenos a la educación. Todas estas circunstancias hacían de la enseñanza un terreno peligrosamente permeable a las injerencias de la política. Al margen de los aspectos científicos y pedagógicos, la función docente pasaba a entenderse como mera prolongación de la batalla librada por grupos enfrentados en la consecución del control del gobierno. Esta situación de guerra educativa, como muchos autores han denominado la historia de la enseñanza en la España de finales del siglo XIX, va a contar, además de los partidos políticos, con un contendiente destacado que tradicionalmente había ejercido los privilegios de su monopolio en estas cuestiones y que, tras la irrupción de las tesis de la pedagogía moderna al calor de los acontecimientos revolucionarios de 1868, había sido apartada de sus menesteres docentes. Nos estamos refiriendo, como no podía ser de otro modo, a la Iglesia. A pesar de la deplorable situación descrita en los párrafos anteriores, ninguna de estas realidades parecía preocupar a la institución eclesial, para quien el debate sobre la educación en la España de finales del siglo XIX giraba ineludiblemente en torno a la secularización. Éste y no otro (el analfabetismo o la escasez de recursos) era el problema latente para la Iglesia, por cuanto dicho proceso aspiraba a arrebatarle una parcela que, según entendía ella, le pertenecía por derecho y que ahora debía entregar al Estado y a otras instituciones privadas ajenas a los planteamientos católicos. Desde ellos se formaría a ciudadanos libres, responsables e instruidos en un régimen que
162 La lucha educativa en las páginas de un diario católico:... - Lorena R. Romero Domínguez poco tenía que ver con ese Estado sustentado sobre la alianza del Altar y el Trono en el cual la Iglesia había gozado de un estatus privilegiado durante más de quinientos años. La trascendencia de la cuestión docente, por tanto, no iba a dejar impasible a los sectores religiosos ante una controversia en cuyo seno latían los impulsos de modernización nacidos en la sociedad española de la mano de una minoría intelectual que había interiorizado los planteamientos pedagógicos procedentes de Europa. Y en esa preocupación, la Iglesia va a encontrar en sus medios de comunicación un espacio idóneo para ejercer una dura campaña propagandística contra la secularización de la enseñanza, pues temía que se impartieran contenidos hostiles a la fe y se derribara, por tanto, una compleja y eficiente estructura de mentalización configurada desde hace siglos por la Iglesia. 2. LA ESCUELA LAICA QUE CONDENAN LOS CATÓLICOS: EL DISCURSO PROPAGANDÍSTICO DE EL CORREO DE ANDALUCÍA. NÚMERO LITERARIO Visto brevemente el trasfondo dogmático, las consideraciones teóricas abordadas en el anterior epígrafe dejan paso a las estrategias propagandísticas empleadas por todos los diarios que durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX van a ser publicados por la Iglesia. La aparición de estos títulos respondía a la necesidad sentida por la Iglesia de disponer de un nuevo elemento de penetración en la ciudadanía, dado el fracaso de sus métodos tradicionales de comunicación (la oratoria del púlpito, las misiones parroquiales, etc.). Por ello, no le quedaba más opción que reconocer la potencialidad de tan moderno instrumento como era el periódico, dotándolo, eso sí, de una misión sagrada. Los diarios debían tomar el relevo del púlpito en un intento de alentar con la palabra, ahora impresa, la resistencia contra la ofensiva anticlerical, sirviendo de tribuna al catolicismo amenazado para recuperar el puesto que le había sido arrebatado durante el siglo XIX. Como otras provincias1, Sevilla va a disponer a partir de 1899 de su correspondiente diario católico, surgido a instancia de la archidiócesis sevillana. Subtitulado “Diario católico de noticias, apareció en la capital hispalense el citado diario como propiedad directa de Marcelo Spínola, quien contó con la ayuda de figuras laicas y 1. Similares orientaciones serán imitadas posteriormente por otros títulos apadrinados desde la iniciativa católica para solucionar la disgregación de los fieles a través de la fundación de un periódico confesional sometido a la más estricta obediencia de los impositivos papales, pero sensible a las demandas y los avances informativos. Nos estamos refiriendo a La Gaceta del Norte, nacida en 1901 gracias a la obra del jesuita José María Palacio durante los ejercicios espirituales organizados por el religioso en Loyola durante el verano del mencionado año. Más tarde surgiría El Debate, fundado en 1910, y que convirtió por fin en una realidad eficaz el desiderátum de las Asambleas de la Buena Prensa de Sevilla y Zaragoza –en 1904 y 1908, respectivamente– por hacer un gran diario nacional sin color político, moderno, alejado de doctrinarismos para conservar a los lectores católicos y atraerse a los seguidores de las grandes cabeceras anticlericales.
163 Revista de Humanidades, 16 (2009), p. 157 - 174. ISSN 1130-5029 religiosas preocupadas por el creciente clima de secularización y por la manifiesta ineficacia de los instrumentos confesionales para contrarrestar la difusión de estos mensajes. La nómina de personalidades que se sumaron a la iniciativa la componían el jesuita Francisco de Paula Tarín, el canónigo Francisco Muñoz y Pabón, los políticos Manuel Rojas Marcos, Luis Montoto y Carlos Cañal, el rector del seminario de San Telmo Modesto Abín y Pinedo, y el magistral de la catedral sevillana José Roca y Ponsa. Pasaría a dirigir el periódico Rafael Sánchez Arráiz, antiguo responsable del integrista Diario de Sevilla. El periódico se presentaba ante los sevillanos el 1 de febrero de 1899. Al día siguiente, en la primera página de la edición de la mañana bajo el epígrafe “Santos de Hoy” se insertaba el artículo “Palabras de aliento”, donde se reseñaba el comentario del boletín eclesiástico referido a la publicación recién inaugurada en la capital andaluza y del que reproducimos algunos párrafos: No será político sino de noticias; pero en todas las órdenes tan amplias que nada dejan que desear. […] Único entre los diarios de su género que ha solicitado censura eclesiástica, ofrece al público por este solo hecho firmísima garantía de que nada aparecerá en sus columnas que se oponga á la fe y á la sana moral. […] Por este motivo, por la baratura de la suscripción y por la amenidad que se le procurará dar, es de creer que tendrá buena acogida. Nuestro Prelado lo recomienda eficazmente á sus diocesanos, y no duda que protegido y ayudado por todos, se sostendrá a pesar de los crecidos gastos que exigen publicaciones de esta índole de la que nos ocupa2. Con similares planteamientos al órgano matriz, el 13 de febrero de 1899 nacía el suplemento literario de El Correo de Andalucía, que si bien aparecería en los primeros números integrado en el periódico, meses después, el 7 de agosto de 1899, se desgajaría del mismo para adquirir una autonomía manifestada en el cambio de nombre (El Correo de Andalucía. Número Literario), el diseño de su cabecera (con cuatro modelos diferentes a lo largo de sus 176 ejemplares3), el formato (tamaño folio, frente al tipo tabloide del órgano matriz, y con ocho, en vez de cuatro páginas4) y la numeración. El último símbolo de su soberanía con respecto al diario era su venta independiente por diez céntimos. Nacía el hebdomadario de Spínola con la mirada puesta en experiencias anteriores en el campo de la propia publicística católica, donde ya habían aparecido suplementos (ilustrados, en este caso, como La Ilustración Católica o La Hormiga de Oro5) con el meridiano objetivo de controlar en su totalidad la producción impresa. 2. “Palabras de aliento” en El Correo de Andalucía, 2 de febrero de 1899. 3. Véanse las cuatro primeras reproducciones contenidas en el anexo. 4. Así sucede hasta el número 151 del Año IV, cuando el semanario adquiere la misma fisonomía que El Correo de Andalucía y elimina cualquier referencia en su cabecera a la temática literaria, desapareciendo, también, los grabados e ilustraciones. 5. Una definición de ambas cabeceras puede encontrarse en HIBBS-LISSORGUES, Solange: Op. cit., págs. 224-235.
164 La lucha educativa en las páginas de un diario católico:... - Lorena R. Romero Domínguez Con esta declaración de principios, El Correo de Andalucía y su suplemento manifestaban su deseo de seguir la pauta marcada por el periodismo y, así, acoger en sus páginas información detallada de la actualidad, evidentemente la protagonizada por la feligresía –por ejemplo, el seguimiento que se hizo de los congresos católicos y de las Asambleas de la Buena Prensa–, pero sin desatender todos aquellos acontecimientos que habían venido a ampliar el espectro de lo noticiable. A pesar de sus deseos de alejarse del doctrinarismo que había caracterizado hasta la fecha las distintas publicaciones ligadas a la Iglesia que habían aparecido en todo el país, es indudable que un tema de tan hondo calado como la educación, no iba a ser tratado en sus páginas desde la asepsia informativa. En este campo temático emerge fuertemente la vocación doctrinal del diario y desde estas premisas se va a lanzar a una intensa actividad propagandística en cerrada oposición a las nuevas ideas de progreso cultural alentadas por los elementos vinculados al liberalismo. Su finalidad prioritaria será difundir la bondad y el buen hacer de la Iglesia en su atribución docente, frente a las nefastas cualidades docentes de sus enemigos. La primera de las estrategias consiste en obviar las diferencias entre establecimientos docentes neutros, laicos y ateos, como deja bien claro un breve comentario inserto en la sección “Variedades” donde se apostilla que todas ellas son “lo mismo que escuela del diablo”6. Esta idea viene a redundar en el fenómeno de simplificación de la diversidad de opciones escolares al único modelo de centro ateo. La diferencia es, en opinión de la literatura eclesial del momento, inexistente, porque todas ellas pecan del mismo vicio y engendran similares efectos, equiparándose enseñanza laica con persecución anticristiana al objeto de provocar confusión en el ánimo de los creyentes y enardecer sus más negativos sentimientos hacia la misma. Así, desde luego, queda puesto de relieve en el artículo titulado “Los sueños del peregrino (Don Convento y Don Instituto)” de El Peregrino de la Capucha, seudónimo bajo el cual se esconde Fr. A. de Valencina. En este texto merece ser destacada la habilidad del autor para hacer hincapié en la actitud ofensiva de quienes profesan el laicismo pedagógico, simbolizado aquí en un metafórico Don Instituto que se burla de Don Convento empleando descalificativos como “¡Ignorante, retrógrado, oscurantista!”. Este argumento no va a ser tolerado por la publicación analizada quien se defiende destacando con rotundidad la natural vinculación entre escuela y religión, correspondencia de sentido común para un país entrañablemente vinculado a la ortodoxia y donde “eso no hay que probarlo; [porque] todo el mundo lo sabe”. Si el Estado es católico, católica ha de ser su enseñanza y en ella debe ejercer la Iglesia su derecho de difundir la doctrina, inspeccionar los libros de texto y vigilar a los maestros. En su reconocimiento de que la estructura eclesial es la productora natural del saber, la mejor defensa es recordar que todo el conocimiento ha emanado directamente de Dios. De este modo, El Peregrino de la Capucha ha conseguido darle la vuelta a la condena anteriormente arrojada desde el sector librepensador y logra 6. “Variedades: Las escuelas laicas” en El Correo de Andalucía. Número Literario, 18 de junio de 1900.
165 Revista de Humanidades, 16 (2009), p. 157 - 174. ISSN 1130-5029 negar todo valor cultural producido en los establecimientos secularizados. En su opinión, a pesar del supuesto vanguardismo en sus métodos (espíritu científico, tolerancia, libertad de cátedra, etc.), no va a ser nunca capaz el laicismo de abanderar el progreso de la civilización y de rehabilitar intelectual y moralmente a los pueblos porque han sido incapaces de generar conocimiento nuevo y relevante. La conclusión del artículo es tajante y no deja lugar a dudas: todo lo cognoscible ha sido ya descubierto y compilado en los monasterios y en los conventos: Que lo poco que sabes lo has aprendido en mis libros, y has tenido la desvergüenza y has caído en la vulgaridad de llamarme ignorante. El ignorante lo eres tú, puesto que no sabías siquiera que los volúmenes de tu librería eran de mi biblioteca y escritos por mis frailes. Yo no pensaba decírtelo; pero ya que me has provocado, trágala, valentón. ¡A ver, a ver! ¿Qué libros han salido de tu cacumen? ¿Qué filósofos tienes? ¿Qué teólogos? ¿Qué canonistas? ¿Qué moralistas? […] Corra usted y pregone por ese mundo que los frailes son unos ignorantes, que nunca han sabido más que fundar universidades y colegios, y fomentar en todas partes la enseñanza7. En un maniqueo repliegue sobre sí misma, la publicación legitima el Evangelio como custodia de todas las ramas del saber (matemáticas, psicología, lógica y ética, latín, geografía, botánica, física y química, etc.) y, a la vista de esta enumeración, ninguna otra tradición puede ser representativa de una sociedad avanzada y de una cultura iluminada como la española. He aquí el argumento clave: nada al margen del catolicismo puede encarnar un modelo escolar adecuado para España y cualquier iniciativa pro-laicista vulnera la tradición del pueblo y su legislación vigente. Estos serán los argumentos esenciales a lo largo de los casi 200 números de la publicación literaria seleccionada, porque para la doctrina pontificia la escuela, el maestro y el discípulo encuentran en la religión la razón más profunda de su verdadera existencia. Resulta evidente con este compromiso que el espíritu y el funcionamiento de los organismos docentes deben estar influidos por la presencia eclesial, y para mantener esta postura se recurrirá a la íntima relación entre enseñanza e Iglesia, hasta el punto que parece imposible concebir la una sin la otra. Fruto de este planteamiento repetido en las páginas de la publicación sevillana, la escuela debe ser sinónimo de escuela católica; las aulas públicas deben estar sostenidas por el cristianismo; la fe es una exigencia de su propia naturaleza en los centros educativos; el maestro debe ser un ministro más de la palabra divina. Cualquier innovación pedagógica es rechazada y se mantiene un sistema educativo anquilosado en el pasado e incapaz de asimilar nuevas estrategias para solucionar el problema educativo en la España que se abre al siglo XX: 3. LAS CLAVES DE UN MAGISTERIO CONFESIONALIZADO Tras esta afirmación, la publicación sevillana lanzará una ofensiva contra el –a veces real, a veces imaginario– ataque secularizador procedente del gobierno, de los 7. EL PEREGRINO DE LA CAPUCHA: “Los sueños de un peregrino (Don Convento y Don Instituto)” en El Correo de Andalucía. Número Literario, 9 de octubre de 1899.
172 La lucha educativa en las páginas de un diario católico:... - Lorena R. Romero Domínguez verdadero sostén de las familias y del Estado”–, sujeto, por tanto, a los vicios en los que la libertad humana caerá al preocuparse de seguir sólo sus impulsos y satisfacer sus placeres terrenos24. Así lo reconoce otro autor nada sospechoso de clericalismo, Víctor Hugo, quien, lejos de proscribir las sagradas enseñanzas, las considera más necesarias que nunca por los siguientes motivos: Al dar al hombre como fin la vida terrenal, se agravan las miserias por la negación que se encuentra al término de aquélla, y al peso de las desgracias se añade el momento soportable de la nada; convirtiendo el sufrimiento, que es una ley de Dios, en desesperación y de ahí las grandes convulsiones sociales. Yo soy de los que desean con ardor mejorar el estado material de los que sufren, y el mejor medio es conservarles o devolverles la esperanza en otra vida, lo cual, sólo se consigue mediante la educación religiosa. Abogo, pues, con todas las fuerzas de mi alma por la educación religiosa de la Iglesia25. Con un testimonio como éste, presentado, además, con la objetividad de saberse emanado de la propia filosofía refractaria hacia todo lo que suene a eclesiástico, no causa extrañeza la sensación de hegemonía sobre la instrucción hispana, en palabras de Teódulo García Regidor, reclamada por la opinión pública católica hacia sus establecimientos docentes en una clara apuesta por el florecimiento de la escolaridad congregacional (nacida del ser patriótico y amparada por la jurisdicción), y hacia una educación oficial que se desea pueda verse inspirada pronta y nuevamente por las máximas de las Sagradas Escrituras. Fruto de esta hipersensibilidad a sus derechos es el reconocimiento de que a la Iglesia pertenece de iure la enseñanza y, por ello, no procede justificar las intromisiones de un Estado laico con una exagerada asunción de competencias impropias y con las cuales ha corrido el terrible riesgo de restar autoridad a las instituciones docentes confesionales en el programa de formación nacional. En este sentido, para cerrar filas en torno a su postura, se acaba exponiendo la eterna oposición entre buenos y malos a fuer de la promoción católica sobre la existencia de dos modelos irreconciliables en cuanto a sus métodos y sus resultados: Desde los siete a los once años aparece al lado del niño el Sacerdote, y con él la influencia fecunda de la Religión. A los once años la primera Comunión viene a coronar esta educación primera y da al hombre en el camino del bien un impulso que suele durar toda la vida. Todo esto ha faltado a estos jóvenes criminales. La asistencia pública, o sea, la sociedad misma, se ha ocupado de ellos, lo ha hecho sin tener en cuenta dónde los colocaba, y no ha pensado un solo instante que al colocarlos en un ambiente vicioso, los abocaba fatalmente al crimen 26. 24. “Lo que es la enseñanza sin religión” en El Correo de Andalucía. Número Literario, 30 de octubre de 1899. 25. “Víctor Hugo y la enseñanza religiosa” en El Correo de Andalucía. Número Literario, 22 de abril de 1901. 26. “El mundo católico: Buena y mala educación” en El Correo de Andalucía. Número Literario, 20 de mayo de 1901.
173 Revista de Humanidades, 16 (2009), p. 157 - 174. ISSN 1130-5029 La deficiente situación vivida en las aulas y, por tanto, en la sociedad se debe a la permisividad estatal hacia las escuelas impías, abrumadoramente numerosas en España. Hacia ellas se dirige la crítica confesional por su ofensiva de ir abiertamente contra Dios. Esta profunda convicción acerca del nefando laicismo impulsado por los Estados secularizados modela el discurso católico en los términos de una maldad intrínseca a dichos organismos, cuyos ataques comienzan por Dios pero dejan sentir sus efectos perniciosos en todos los ámbitos de la vida española. Pocos textos en el suplemento literario de El Correo de Andalucía desaprovecharán, al respecto, la oportunidad de ofrecer las más apocalípticas descripciones de unos presupuestos pedagógicos tenidos por focos de libertinaje y madrigueras de criminales. 4. CONCLUSIONES La simplificación, en definitiva, del mensaje en torno a los problemas de la educación, contribuye a cerrar aún más la posibilidad del estamento eclesial de acompasarse a los ritmos de la modernidad que va configurando una nueva imagen de España en las primeras décadas del siglo XX. Con un discurso anacrónico, la contraofensiva propagandística a la cual se lanza el decano de la prensa sevillana muestra que los intentos de contemporizar los valores cristianos y el liberalismo en materia educativa en este crucial periodo no han sido del todo satisfactorios y que un amplio sector de la jerarquía y de los fieles sigue anclado en una retórica condenatoria en lo que respecta a cualquier modificación de la estructura de enseñanza más tradicional. Desde el conformismo de solicitar oración, mucha oración se adivina en sus páginas un único objetivo, muy alejado, por otro lado, de una sincera misión docente: alinear a los ciudadanos con la teocracia para que asuman las naturales desigualdades del discurso organicista católico y contribuyan a perpetuar una sociedad inamovible donde la institución eclesial pueda seguir ejercitándose como legítima custodia del poder, del conocimiento, de la beneficencia, de la caridad, etc. Una sociedad donde poca importancia tienen los conocimientos técnicos que puedan ayudar al progreso del individuo, pues lo decisivo es una enseñanza en virtudes a la cual está obligado el discente si quiere alcanzar su salvación. BIBLIOGRAFÍA ALONSO MARAÑÓN, Pedro Manuel. La Iglesia docente en el siglo XIX. Escuelas Pías en España y en América. Formación del profesorado y expansión educativa. Madrid: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares, 1996. CUENCA TORIBIO, José Manuel. Iglesia y burguesía en la España liberal. Madrid: Ediciones Pegaso, 1979. -Discurso leído ante la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la recepción pública del Excelentísimo Señor D. José Cárdenas y Uriarte el 12 de febrero de 1905. Imprenta de los hijos de M. G. Hernández, Madrid, 1905.
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