scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Genearcas en los procesos de integración del Bajo valle del Baetis

Caballos Rufino, Antonio F.

Full text

HI BERI A-ITALIA ITALIA-HIBERIA a cura di Antonio Sartori e Alfredo Valvo Cisalpino huìùw Lilituiìiilf I nìi-,r>ifurh Questo volume presenta gli Atti del Convegno internazionale Hiberia - Italia, Italia - Hiberia (Gargnano - Brescia, 27-30 aprile 2005) che ha visto riunito un elevato numero di studiosi (oltre 40 tra relatori e partecipan ti ai dibattiti) a discutere sui rapporti che in età romana intercorsero tra le due penisole mediterranee. Rapporti che si svilupparono sempre più intensamente e in tempi relativamente brevi, secondo direttrici diverse: da una prima fase caratterizzata anche da scambi armati, ad una secon da fase nella quale prevalsero gli incontri sul piano culturale ed econo mico. Nelle sue Conclusioni Mireille Corbier sottolinea che “il volume degli Atti viene a confermare il risultato delle nostre giornate di studio e ad aiu tarci a prenderne la giusta misura. Esso mette a disposizione del pubbli co un capitale notevole di conoscenze, di informazioni, di episodi parti colari, di riflessioni critiche e metodologiche, che vengono ad allargare ed arricchire la nostra visione delle dinamiche proprie della società romana. Queste dinamiche ci restituiscono una visione più complessa ed articolata di una società che non era per niente univoca, né lineare, né sempre uguale a se stessa: una visione più vicina anche ai nostri inte ressi attuali, a una concezione meno schematica, più aperta, più con traddittoria di trasformazioni sociali che non sono mai né automatiche, né generali, né unidirezionali”. Gli Autori: Maria Gabriella Angeli Bertinelli, Maria Giovanna Arrigoni Berti ni, Maria Silvia Bassignano, Giovanni Brizzi, Ezio Buchi, Alfredo Buonopane, Antonio Caballos Rufino, Carmen Castillo, Mireille Corbier, Graeme Earl, José d'Encarnagào, Francisco Javier Fernandez Nieto, Daniele Foraboschi, Joaquin L. Gómez-Pantoja, Simon Keay, Sergio Lazzarini, Marc Mayer, Enrique Melchor Gii, Guido Migliorati, Francisco Javier Navarro, Gabriella Poma, Mauro Reali, Jean-Michel Roddaz, Juan Francisco Rodriguez Neila, Antonio Sartori, Marta Sordi, Alfredo Valvo, Fernando Wulff Alonso, Claudio Zaccaria. ISBN 88-323-6051-9 HIBERIÀ-ITÀLIA ITALIA-HIBERIA Convegno internazionale di Epigrafìa e Storia Antica Gargnano - Brescia (28-30 aprile 2005) a cura di Antonio Sartori e Alfredo Valvo Cisalpino Istituto Editoriale Universitario www.monduzzieditore.it/cisalpino Università degli Studi di Milano Dipartimento di Scienze dell'Antichità Un iv e r sità C a t t o u c a d e l Sa c r o C u o r e Is t it u t o d i F il o lo g ia e St o r ia - B rescia Questa pubblicazione è stata realizzata con il contributo del MIUR (PRIN 2003) In copertina: Testa di Medusa. Mosaico (MNAT, Musco Nacional Arqueológico de 'Tarragona) Realizzazione editoriale: GRAFORAM - Milano www.graforam.it ISBN 88-323-6051-9 Copyright © 2006 CISALPINO. Istituto Editoriale Universitario - Monduzzi Editore S.p.A. Via B. Eustachi, 12 - 20129 Milano Tel. 02/20404031 [email protected] Finito di stampare nel mese di giugno 2006 da Grafiche Specd 2000 sne, Peschiera Borromeo (MI) Indice Premessa Antonio Sartori, Alfredo Va Ivo P- IX La più antica iscrizione latina in Hispania Marta Sordi »1 Iberi c Liguri, Liguri e Iberi Maria Gabriella Angeli Ber tinelli »5 Hiberici nella Regio X Augustea Ezio Buchi »37 Lusitani nell’Italia romana Jose' d'Encarnafào »47 Percorsi incrociati tra Penisola iberica e Italia nordorientale. La testimonianza delTepigrafia Claudio Zaccaria »53 Hispanienses e Hispani en la Bética Carmen Castillo »87 D’une péninsule à l’autre: lepisode sertorien Jean-Michel Roddaz »99 Cornelii Balbi Gaditani: de las élites locales de Hispania a la aristocracia de Roma » 117 Juan Francisco Rodríguez Ideila índice Senadores y caballeros hispanos de época Julio-Claudia: el nacimiento de una aristocracia p. 133 Francisco Javier Navarro Gli Iberi nell’armata di Annibaie: armamento e funzioni » 157 Giovanni Brizzi Entre Italia e Hispania: los gladiadores » 167 Joaquín L. Gómez-Pantoja Italia e Hispania en la Baja República. Una propuesta (fracasada) de reflexión conjunta (once años después) » 181 Fernando WuljJAlonso Riflessi di legislazione romana nelle leggi coloniali e municipali di Spagna: le norme sulla vacatio militiae nella lex Ursonensis » 199 Gabriella Poma Roma y la explotación de la sal en Hispania: la integración en el modelo itálico » 215 Francisco J. Fernández Nieto La integración de miembros de la élites locales de la Bética en la sociedad de Colonia Patricia: el testimonio de los magistrados » 235 Enrique Melchor Gil Sevirato, augustalità e proprietà fondiaria nella Cisalpina: il caso di Verona » 253 Aljredo Buonopane Inscriptions and Social Networks in western Baetica » 269 Simon Keay - Graeme Karl Il diritto come strumento di integrazione: evidenze da Comum » 291 Sergio Lazzarini Forme diverse di integrazione nella Como romana: le evidenze epigrafiche » 305 Mauro Reali Il nome Hispaniensis della legio IX • » 327 Guido Migliorati VI Famiglia e integrazione sociale: i percorsi dei liberti p. 339 Mireille Corbier Integrazione c alterità: dalla Spagna all’Italia » 353 Daniele Foraboschi Asciae in Hispania » 367 Maria Giovanna Arrigoni Bertini Tracce di pre-colonato nella penisola iberica? » 383 Alfredo Valvo Integrazione, imitazione, specificità negli usi epigrafici » 393 Antonio Sartori Genearcas en los procesos de integración del Bajo valle del Baetis » 407 Antonio Caballos Rufino Fenomeni di integrazione in arca veneta » 433 Maria Silvia Bassignano Italia no sólo un modelo. La integración de los miembros de algunas comunidades indígenas del interior del conventus Caesaraugustanus y su relación con el Tarraconensis » 447 Mare Mayer Conclusioni » 467 Mireille Corbier Vil Indice Genearcas en los procesos de integración del Bajo valle del Baetis Antonio Caballos Rufino En el análisis de las interacciones entre Italia c Híspanla el historiador debe sustraerse siempre, en ese continuo tejer, destejer y retejer en que consiste su labor, a la tentación de generar una imagen histórica lineal y homogénea. Antes al contrario, el debate debe primar aquí el estu dio diacrònico de la caracterización de las relaciones recíprocas, la dinámica de aquéllas y la evaluación de su desigual capacidad de impacto, así como propiciar el estudio regionalizado de estos fenómenos. Con esta óptica me circunscribiré a la etapa posterior a la Guerra Civil, cuando los procesos de incorporación en la Romanidad no sólo se aceleraron en la Hispania meri dional, sino que el impacto de las interacciones adquirió en este ámbito una intensidad no experimentada hasta entonces. César y Augusto, desde ópti cas y con fundamentos ideológicos diversos, asumieron plenamente como uno de los ejes de sus respectivas políticas una profunda reorganización de la Ulterior. La del primero alicortada y mixtificada en su aplicación por su asesinato, la del segundo beneficiada y condicionada por el final de la con tienda civil y evolucionando en función de la dinámica histórica de un tan largo reinado. Limitaré asimismo mi tarca al Bajo Valle del Guadalquivir en concreto, desde el Singilis al Lacus Ligustinus y desde el Moas Marianus a las primeras estribaciones de la Penibética, ámbito en el que se aplicó a gran escala tanto el programa colonizador como la promoción cívica, seguida de una amplia transformación estatutaria, fundamento último y más definitivo de la integración. Aquí incluyo a las colonias deducidas en HispaliSyAstigi y VrsOy así como al por entonces municipio de italica y, citándolos por el to pónimo prerromano, a los de Ossei, Ilipa y Carmo y Siarunv. un escaso nú mero de comunidades privilegiadas si comparamos el panorama con la ex traordinaria densidad de las que se identifican en la región tras los Flavios, pero un salto cuantitativo y cualitativo espectacular si tomamos en conside ración la situación de partida. 407 Amonio Caballos Kuiino El que la reglamentación que regía la vida administrativa de municipios y colonias sea prácticamente la misma, ha llevado a que se caractericen por similares criterios ambas categorías. Pero la distinción entre municipio y co lonia no es sólo asunto de terminología jurídica. Por su diferente etiología, no se diferenciaban meramente por su nivel jurídico, sino que funcionaban en planos conceptuales diferentes1. Las deducciones coloniales2 3 implicaban, por una parte un proceso de trasvase poblacional masivo, el mayor impacto demográfico externo experimentado por la región a lo largo de su historia, con todo lo que esto implica, por otra, para los desplazados por la derrota, tras la sumisión, el doble castigo de la desvinculación de muchas de sus tie rras y la inoperatividad de la vieja ciudadanía. Estas fundaciones supusie ron, por lo tanto, una ruptura en la continuidad histórica en el ámbito de asentamiento. Frente a ello, el municipio es un sistema de organización fun damentado en la coparticipación y ésta en el desarrollo de un sistema de mu ñeraL La concesión de la categoría municipal, al contrario que en el caso de las deducciones coloniales, no implicaba de ninguna manera la preterición de su cuerpo cívico, por lo que la trayectoria histórica de la comunidad no experimentaría ninguna cesura. Pero lo que resultó novedoso a fines de la República, y este es el argu mento en el que voy a detenerme, no fue sólo la amplia concesión de esta tutos municipales o la masiva implantación de colonias, sino, más trascen dental aún por su impacto y significación en los procesos de integración, la adjudicación a ambas categorías jurídicas de un régimen administrativo guiado por el patrón romano y expresado en forma de reglamento sistema tizado y legalmente articulado. Esta estandarización estatutaria afectó tanto a las comunidades promovidas a la categoría municipal, como a las colonias deducidas, que adquirieron así, no sólo la misma expresión urbana, sino una 1 “...la colonia es, ante todo, un conjunto de personas.... que es deducida y fundada, mien tras que un municipio ... tan sólo se constituye" (Rudoref 1848 [19971, p. 59). 2 Los argumentos fundamentales que se derivan de las clasicas definiciones de colonia en Ser vio (Aen., 1,12,13-20) y Cicerón (Pro Font., 13,1-3) son su constitución por un conjunto de individuos (colonia est coetus eorum hominum...), agrupados en un núcleo urbano (in locum cerlum aedificiis munitum) y poseyendo un ordenamiento jurídico propio (certum ius) que seguía el patrón romano. 3 “En la investigación corriente se considera al municipio romano en sus aspectos políticos y jurídico-organizativos casi exclusivamente, haciendo hincapié en su carácter de privilegio, en rela ción con la mayor romanidad y superior estatuto que comporta. Se olvida el aspecto fundamen tal: el ejercicio de los muñera, que dan nombre al propio término de municcps y de municipium. El complejo sistema de los muñera es, en realidad, una forma de organización de la vida de la co munidad en su dimensión real-práctica, que la determina absolutamente: la vida de la comuni dad, su existencia, está fundada en las aportaciones en dinero, trabajo, gestión, etc. de sus ciu dadanos y de todos los usuarios de la ciudad. Aunque inseparables, los aspectos políticos y ju rídico-organizativos del concepto de municipium son adjetivos de lo fundamental” (Pereira Menauí 2004). 408 los lazos entablados entre las distintas familias de la aristocracia local de por entonces, los Aelios, los Junios, los Fonteyos, los Posturnios, y nuestros Scrvilios, una .familia que disponía de amplias relaciones de amistad y paren tesco, cuya riqueza se basaba, ante todo, en la explotación de sus amplias propiedades fundiarias y que extendía sus tentáculos más allá del territorio de Carmona, hasta Hispalisy Astigi. A esta estirpe pertenecía el Scrvilio Polión que se menciona en la epistula Titi ad Muniguenses17, fechada el 7 de septiembre del 79 d.C., como arrendatario de impuestos en Mulva, comu nidad que acababa de obtener por entonces la categoría municipal y que, como exigida consecuencia de su transformación estatutaria, había entrado en una época de fuertes inversiones edilicias. También una inscripción recientemente hallada en Carmona y datada aproximadamente a mediados del siglo I cita a un L. Seru/ilius ----- j / Pollio [------] / Rufin[us ------ 718, a no dudar descendiente del L. Seruilius Pollio de época de Augusto. Por mi parte no excluyo incluso la posibilidad de identificarlo con el rico financiero, mencionado arriba, que obtuvo elevados réditos de su actuación en la ciu dad de Munigua. La multiplicidad de nombres en la onomástica del perso naje permite certificar su alto rango, hasta el punto de que Alfóldy se atreve a preguntarse si no se trataría incluso de un senador romano, que en este caso sería el primero documentado en Carmona19; aunque, de poderse iden tificar con el personaje de la carta de Tito, habría que asignarle rango ecues tre. Parece que aún en el siglo II descendientes de la familia seguían enri queciéndose con el comercio del aceite producido en sus olivares20. En Siarum una inscripción publicada por J. González documenta un Gn. Seruilius Niger, que fue interrex, magistratura pre-estatutaria y término que aparece como reliquia en el capítulo CXXX de la Lex coloniae Genetiuae luliae. Difícilmente se puede encontrar otro caso en que se haga más evidente el antes y el después, ya que, una vez conferido el reglamento nor mativo a la comunidad, el mismo personaje revistió en el municipio el cargo plenamente institucionalizado de Huir21. J. González y J.F. Rodríguez Neila22 ya se ocuparon de él, lo que me exime aquí de reiterar sus argu mentos. Desconocemos cuál sería el concreto protagonismo de los antepa sados de los Messii Rustid en los primeros momentos de la historia muni cipal de esta ciudad23, aunque no me parece abusiva la posibilidad de asig narles hipotéticamente un papel de significación ya desde una etapa tem 17 Grünhagen 1961; Nesseihauf 1960; HAE, 1923; AE, 1962.147, 257 y 288; CILA, Se 1052. 18 Srnow 2001, p. 104. 19 Alfóldy 2001, p. 389, nota 4 7. 20 Alfóldy 2001, pp. 387-392. 21 González Fernández 1981; CILA, Se 935; AE 1982, 511. 22 Rodríguez Neila 1998, pp. 321 s. 23 González - Caballos 1983. 415 Genenrcas en los procesos de integración del Bajo valle del Bnctis Amonio Caballos Rufino prana de la andadura histórica de aquel municif ium ciuium Romanorum. Para Hipa y Ossei no hemos tenido la misma fortuna que la que el regis tro documental nos ha brindado para Carmo y Siarum. Aquí, y sin sobrepa sar el terreno de la mera hipótesis, debemos de argumentar en sentido dia crònicamente inverso, como ya hemos presumido provisionalmente para los Messìi Rustid en el caso de Siarum, planteando la posibilidad de que la sig nificación alcanzada por algunas de las familias más importantes de estas comunidades a lo largo del Imperio pudiera remontar a la época en la que, por la obtención de su carta estatutaria, aquéllas se integraron de forma ins titucionalmente plena en la romanidad. Así, a modo de hipótesis, tal vez deba tomarse en consideración como presumible integrante de las primeras elites municipales de Hipa a algún an tepasado del caballero M. Calpurnius Seneca Fabius Tur pio Sentinatianus2A, como también, posiblemente, a algún Dasumius, dada la concentración de éstos en la onomástica local24 25. Por su parte, L. Caesius Rollio debió ser uno de los primeros magistrados en Ossei tras la obtención del título municipal por donación de César o, mejor, de César Octaviano26, y la implantación estatutaria de las instituciones municipales. Pasando al caso de las colonias, la situación de éstas, donde todo estaba por hacer, era, como me he encargado de enunciar con antelación, bien di ferente a la de los municipios, comunidades urbanas ya de antemano con solidadas. Es obvio que la fundación de una colonia era una decisión de com promiso y riesgo para Roma. Era, por lo tanto, de interés vital para el Es tado la preservación en sus colonias de la imagen, el modelo ideológico y los objetivos romanos, y resultaban críticos los primeros momentos de la anda dura de estas nuevas comunidades. No sólo debido a los problemas previos de la gestión del asentamiento y la fundación colonial siguiendo el viejo pro cedimiento augurai por el que fue fundada Roma, y los posteriores del re parto de las tierras coloniales, sino que luego había que convertir también un conjunto heterogéneo de colonos en un cuerpo cívico cohesionado, crear una ciudad en el sentido urbanístico y monumental del término, estructu rar y vertebrar su sociedad, organizar las instituciones, etc., etc. Para estos primeros momentos los retos y, consecuentemente, los riesgos de fracaso suponían una continua amenaza. Por ello era exigido un perma nente intervencionismo, ejercido por el deductor o fundador efectivo, dotado de poderes discrecionales y cuya elección no era ni mucho menos una cues tión baladí para el Estado romano. Numerosos testimonios nos documentan 24 Vicie CIL II. 1083, 1084 o incluso posiblemente también el personaje recogido muy frag mentariamente en un epígrafe de aquella misma procedencia (Caballos Rufino 2003a, pp. 274- 277). 25 CIL II, 1089, 1096, 5391, 5392 y CILA, Se 306. 26 C/¿ II. 1256. 416 cómo se establecía una especie de dependencia clientelar entre el fundador y sus descendientes con los habitantes de la colonia, que habitualmente suele expresarse en el nombramiento de aquellos como patronos27. Además del proceso ritual de la fundación, durante esa que ha sido de signada como “fase constituyente”, las tareas prioritarias que debieron ha ber estado sometidas a su autoridad, disponiendo de control en el nombra miento de magistrados y decuriones28, serían entre otras las de elaboración del censo y redacción del correspondiente álbum colonial29, así como pre cisamente, siguiendo la tradición marcada por la legislación romana, la com pilación del estatuto normativo que habría de regir la vida administrativa de la comunidad. Podemos considerar que esta ley lo que hacía en esencia era expresar jurídicamente la “municipalización” de la colonia, organizándola administrativamente a la romana, asignando derechos y obligaciones, c incorporando para ello prescripciones propias del derecho romano. Ya he indicado que el nuevo bronce de Osuna, que contiene los capítu los XII1 al XX de la Lex colotiiae Genetiuae Iuliae, aporta entre otras muchas novedades, una información preciosa: la responsabilidad última del gober nador de la provincia, nada más y nada menos que C. Asinius Pollio, en la fundación, no sólo de la colonia Gcnetiva Julia, sino verosímilmente tam bién de otras colonias de la región, y estoy pensando al menos en la colonia lu/ia Romula. Pero en las colonias, protagonistas no sólo eran estos responsables de primera mano, sino, junto a ellos, los que podemos designar como proto colónos. Debe entenderse a estos protocolónos, no únicamente como un mero resultado de la colonización, sino como los colaboradores necesarios de ésta, siendo a la par los que expresaron, dieron el tono y guiaron la polí tica colonizadora en sus primeros estadios, los que imprimieron carácter a su ciudad y serán el referente siempre reverdecido para el futuro de la tra yectoria de cada comunidad. ¿Quienes fueron los protagonistas en concreto?, aquéllos a los que pue den considerarse protocolónos o gencarcas, como se les designa en el título de este trabajo siguiendo los usos historiográficos y para incluir a quienes 27 En este sentido lo legislado en la Lex coloniac Genetiuae Iuliae XCVII. 28 Dig. 50.16. 239, 5: Decuriones quídam dictos aiunt ex eo, quod initio, quum coloniae deducerenlur. decima pars eorum. qui ducerentur, consilii publici gratia conscribi sólita sit. Véase Laffi 1998; hay traducción española: Laffi 2000. Sobre el elogio de Bríndisi. tributado por esta ciudad a su fundador, nombrado patrono, véase aún Gabba 1958. 29 Rodríguez Neiia 1986. La Tabula Heracleensiscontiene en sus líneas 142 a 156 las prescrip ciones, incluyendo plazos de ejecución, de transferencia de la información del álbum local a los archivos centrales del censo en Roma. Aquí se contiene aquella famosa y tan aducida cláusula con la referencia a los datos de identificación individual: ...quiciues Romanierunt, censum agito, corumque nomina praenomina, paires aut patronos, tribus, cognomina, et quot annos quisque eorum habet, et rationem pecuniae ex formula census... 417 Gcncarcas en los procesos de integración del Bajo valle del Bactis Amonio Caballos Rufino desempeñaron similar papel en los municipios. Como antepasados fuertes, cabezas de un linaje municipal, se habrían de convertir en una referencia so cial mantenida y mitificada en sus comunidades como elemento de identi ficación colectiva y de cohesión interna. En la mayoría de los casos en que esta información puede conocerse, fueron militares o, mejor dicho, desem peñaron puestos militares en su trayectoria personal. El registro epigráfico de la colonia luiia Romula asentada en Hispalis obliga a tomar en consideración a los efectos que aquí nos interesan la ins cripción con la que los colonos e íncolas de la ciudad homenajearon a L. Blatio Ventino. Esta inscripción está hoy desgraciadamente perdida, por lo que desconocemos su apariencia formal, dato precioso en relación con la funcionalidad y cronología del monumento. Su texto, tal como ha sido in terpretado, dice: L(ucio) Blatio L(uci) f(ilio) Ser(gia) Ventin(o) / trib(uno) mil(itum) leg(ionum) V et X Gem(inae) / aed(ili) Iluir(o) / coloni et incolar50. Este personaje, un tribuno militar de nombre L. Blatius, tal vez Blat(t)iu¿x, que no en vano ha merecido una atención reiterada de la investigación '2, estuvo incluido en la tribu Sergia, documentada como primera tribu de ads cripción en la colonia Iulia Romula30 31 32 33, ciudad en la que desempeñó los car gos de edil y dunviro. Como vemos, el mismo texto indica que fue tribuñus militum leg(ionum) Vet X Geminae, debiendo ser la primera, recogida aquí sin epíteto, la Legio VAlauda. Múltiples son las cuestiones a debate en una inscripción aparentemente simple: el origen del tribuno, el orden de revestimiento de los cargos, la cronología que debemos asignarle, así como el papel que desempeñó en la colonia Iulia Romula. Dos son, en esencia, las interpretaciones opuestas que se han dado a la carrera desarrollada por el personaje. Para Ritterling34 35 su actividad en Hispania, y más concretamente en Hispalis, estaría en directa relación con el proceso de la deducción co lonial, asignándole un papel protagonista en éste. El paralelo más inme diato lo aportaría el caso de Emérita, cuyas monedas nos muestran que fue ron asentados allí veteranos de las mismas dos legiones, la Va y la Xa35. En 30 CILII. 1176 y CILII. Suppl.. p. 841. ad 1176 = CILA, Se 20. 31 Considerando que la inscripción se ha perdido, por lo que no puede comprobarse la idonei dad de la lectura del gentilicio, mientras que éste se documenta plenamente en la forma Blattius en la inscripción de la orchestra del teatro de Itálica (vicie infra). 32 SuoiAim 1955, p. 348. n. 38; García y Bellido 1961, p. 123; Castillo García 1965, n. 73; Wiegfls 1971, nr. 228; Roldan Hervás 1974, pp. 320-321 y 482. nr. 777; Devijver 1976, Id. 1987, Id. 1993, B25; Rodríguez Neiia 1981. p. 177. nr. 8; Le Roux 1982, pp. 73-74, 304 y 305, nr. 2; Campos - González 1987, pp. 123-158.145-146, nr. 4; Demougin 1988, pp. 331,823. nr. 72; Curchin 1990. pp. 147-148, nr. 105; Demougin 1992. pp. 82-83, nr. 72; Ordóñez Aguila 1998. p. 66; Caballos Rufino 1999. pp. 492-493, B16; Dardaine 2001, p. 25. nr. 10. 33 Wiegeis 1984, pp. 36-38. 34 Riiterling, en REXW, c. 1670, s.v. Legio. 35 Burnett etalii 1992, nrr. 14-18. pp. 70 s.; Gil Farrés 1946; y Beltrán Martínez 1976. 418 contra de este planteamiento ya se manifestaba Roldan36, argumentación que completa y desarrolla Le Roux, quien asume que el desempeño del tri bunado no está en relación con la deducción de militares para la fundación colonial, sino que se trataría del ejercicio sucesivo del mismo puesto en am bas legiones, aduciendo al respecto otros ejemplos de una situación por lo demás habitual. Concluye que, por la tribu, podría tratarse sin más de un colono cesariano que, después del desempeño de su actividad en la mili cia37, regresaría a su patria para el desempeño sucesivo de las dos magis traturas municipales. En el análisis onomástico debe desecharse la interpretación del cognomen como expresión del origen, tal como pretendía Hübner, quien en su momento remitía a Vcntia Allobrogum en la Gallia Narbonensis. Por su parte el gentilicio apunta preferentemente de forma genérica al sur de Italia38, que podría haber buenamente sido el origen último de la familia. Hasta muy re cientemente la difusión del raro gentilicio Blatius/Blattius sólo se podía do cumentar en Hispania a través de testimonios muy dispersos, cronológica mente más recientes y sin que se pueda establecer ningún nexo entre éstos y la inscripción hispalense39. Sin embargo la aparición de la espectacular ins cripción de la orchestra del teatro de Itálica aporta ahora un referente muy próximo40, la del dunviro designado por segunda vez y pontífice del culto imperial L(ucius) Blattius, L(ucii) ffilius), Traianus Pollio. La existencia de un parentesco próximo entre ambos personajes, que comparten inmediatez geográfica, cronología, gentilicio c incluso praenomen, ya fue puesta muy pronto de relieve41. Este presumible parentesco con L. Blattius Traianus Pollio, así como la 36 Roldan Hervas 1974. p. 207. n. 3. 37 En relación con la datación podría haber sido tribuno de la X Gemina incluso después de que la V Alauda hubiese abandonado Hispania. 38 Schulze 1904, p. 529; Liv. 26. 38; Klebs. en REIII, c. 559. 39 Abascal Paiazón 1994, p. 97: una Blattia Caeciliaentre los Astures Transmontad(CILII, 2715), una fílattia C. f. Proclaen Caura (CHA, Se 593), una [B]lattia G. I. Saluia de CordubaiCIL II, 2307), un ¡Bjlatius de Castulo (AE1959, 86 e HAE 2093), tal vez un Bla(- - -/Seue[rus]de Conimbriga, e incluso un L. Blaius Calpumianus de la Sierra de Badajoz (CIL II, 998 = Canto y df Gregorio 1997, pp. 103-104, n° 101), de entenderse el gentilicio como una corrupción por Blattius. 40 L(ucius) ■ Blattius • L(ucii) • f(ilius) • Traianus ■ Pollio • C(aius) • Tiftiujs • C(aii) ■ f(ilius) • Pollio ■ ll uir(i) • desig(nati) ■ iter(um) ■ pontific(es) ■ prim[i crjeati / Augusto ■ orchestram ■ prosc[aeni!um • Hiñera • aras • signa ■ d(e) • s(ua) • p(ecunia) • f(aciendum) ■ c(urauerunt). De la amplísima bi bliografía dedicada al epígrafe cito: Bianco Freijeiro 1977. pp. 134 ss., fig. 38 y fig. 37.2; AE 1978, 402; AE 1981,503; Canto yde Gregorio 1985, pp. 236-245, nr. 49, lám. XXV-XXVII; CILA, Se 383; Castillo García 1993. p. 85; HEp 5,1995, 720; Delgado Delgado 1998, nrr. 25, 55-56, 60-61,162,178, 213; Rodríguez Gutiérrez 2004, pp. 555-556, foto en Lám. XIV, y Apéndice CD. 1-1 (F-49), pp. 1-2; y Caballos Rufino 2003 b, pp. 252-255. 41 AifOldy 1985, p. 401; Castillo García 1985, pp. 224-225; Curchin 1990, pp. 147-148, nr. 105; Devijver 1987 e Id. 1993, B25. 419 Gencarcos en los procesos de integración del Bajo valle del Baetis Amonio Caballos Rufino reconsideración del desarrollo de las fundaciones coloniales y la paulatina implantación en éstas de un régimen estatutario municipal creo que permi ten plantear de una manera matizadamente diferente los hechos; sin que, por supuesto, ello suponga estrictamente reverdecer el primer planteamiento de Ritterling. Ambos L. Blattii debieron vivir en primera persona y como protagonistas, aunque a diferente nivel, el proceso de implantación de las nuevas fórmulas administrativas consagradas por la instauración de estatu tos normativos en sus correspondientes comunidades, Ventinus en la colonia lulia Romula, Traianus Po/lio en el municipium Italicensium. Las dos legiones en las que sirvió Blatio, la V (Alauda) y la A' Gemina habían combatido en el frente cántabro en época de Augusto, y mientras que la segunda sólo dejo I iispania definitivamente en época de Vespasiano, la primera la abandonó ya el 17 ó 15 a.C.42. Ya he indicado que veteranos licenciados de ambas tras la conclusión de las Guerras Cántabras fueron de ducidos en la colonia de Emérita Augusta. Pero no sólo en ésta. Con poste rioridad a la deducción de la colonia lulia Romula, llevada a cabo durante el mandato provincial de Asinio Pollón, que cumplía así el proyecto cesariano, tuvo lugar a iniciativa de Augusto una ampliación de su cuerpo cívico43 *. Se acudió para reclutar esta segunda hornada regular de colonos a destaca mentos militares recién licenciados y encuadrados con sus jefes naturales. Entre estos colonos L. Blat(t)ius Ventinus por su rango militar debió haber recibido un trato de privilegio en la asignación de tierras, además de incor porarse plenamente en las clites coloniales, de cuyo ordo sin duda debió ha ber formado inmediatamente parte. Con posterioridad, aunque no mucho después por la edad que debía haber alcanzado por entonces, revistió suce sivamente la edilidad y el dunvirato ordinarios, debiendo haberse signifi cado en el desempeño de este último cargo como para ser merecedor del ho menaje de sus conciudadanos, los coloni et incolae de la colonia lulia Romula. Con ello, por la tribu en que estaba adscrito, y por el inmediato paren tesco con el italicense L. Blattius Traianus Pollio debe entenderse que no de bió haber sido originario de la propia Hispalis, sino posiblemente del mu nicipio vecino de Itálica. Allí su pariente L. Blattius Traianus Pollio, cuya fa milia no sabemos desde cuando estaba asentada en el municipio, había al 12 Riiterling, en RE XII, c. 1566, s.v. Legio; Roldan Hervás 1974, p. 199. El 17 a. C. para R. Syrne (Syme 1933, p. 19). 43 No sólo para la ampliación del cuerpo cívico, sino que también para la fundación de colonias por parte de Augusto se pudo contar en múltiples ejemplos con personajes adscritos a la Sergia. Entre estos casos podemos aducir, e. g., el del centurión C. lulius, L. f. Scaena (que por su gen tilicio y su adscripción en esta misma tribu debió haber obtenido la ciudadanía posiblemente del mismo César), quien formaría parte de los contingentes deducidos por Augusto en Tucci para fundar allí la colonia Augusta Gemella (CILW 1681 = CIL ll2/5 ,82^ CHA. Ja 442: C(aio) lulio L(uci) f(ilio) Ser(gia) / Scaenae decurio(ni) / eq(uitum) centurioni / hastato primo / leg(ionis) lili lluir(o) /Laeta filia). 420 canzado un prestigio aún mayor, evidenciado no sólo en la iteración en el dunvirato, sino especialmente por formar parte del primer trío de pontífi ces del culto imperial44 tras la concesión por Augusto de la carta estatutaria a la comunidad. Es hora de que pasemos ya a otra de las ciudades citadas, la colonia Genetiva Julia. En ésta, como paralelo al caso del colono julio rómulo L. Blatio Ventino, la existencia de militares entre los primeros colonos lo certifica el texto de GIL II 1404 = 5438 = ILS 2233 = C1LA, Se 620 = CIL II2/5, 1025 = HEp 7, 890. La inscripción (Lám. 3), conservada en la ursaonense Dehesa de Buena Vista, conocida más comúnmente hoy como Dehesa de Valdivia, dice lo siguiente: C(aius) Vettius C(a 't) f(ilius) Ser(gta)/centur(io) leg(ionis) XXX /Huir iterurn / G(enio) c(oloniae) G(enetiuae) lul(iae) sacrum dat. Es así este C. Vettius, el primer personaje de significación que hay que vincular a la colonia Genetiua lulia, por lo que merece la pena que me de tenga algo en él, comenzando por identificar el ambiente militar que le sir vió como trampolín para el posterior desempeño de magistraturas ciudada nas. Lo primero que sabemos es que fue centurión de la legión XXXa. Esta legión, que había sido reclutada en Italia el año 49 para marchar a Hispania45, actuó aquí en la campaña de 1 lerda contra los generales pompeyanos Petreyo y Afranio. Tras su victoria en el Segre, César mandó a Italia las le giones más veteranas, quedando en Hispania las dos más recientemente crea das - precisamente la XXIa y la XXXa a las que envió al sur para enfrentarse a Varrón46. Lám . 3 u Junto con C(dius) Ti[tiu]s Pollio y L. Herius {AE1983, 522), siguiendo un modelo institucio nal recogido en la ley de la colon¡3 Genetiua lulia (cap. LXVII). Véase al respecto Caballos Rufino 2003 b, pp. 252 ss. Caes. bell. civ., 2. 21, 4; Id. bell. Alex.. 53, 5. 46 Caes. bell. Alex., 53, 5. 421 Gcnearcas en los procesos de integración del Bajo valle del Baetis Aiií uní o Cu b a II os Rufino Con la derrota de éste, César pudo marchar de regreso a Roma, de jando en la Ulterior a su lugarteniente Casio Longino con aquellas mis mas legiones, a las que sumó las tropas que habían constituido el ejército de Varrón, la legio II y la Vernácula*1. El propio Longino añadió aún una nueva legión reclutada en Hispania: la legio V. Tras la conjura contra Lon gino y el forzado regreso de César a Hispania, la XXXa fue una de las le giones con las que contó el dictador para luchar contra los hijos de Pompeyo en la campaña de Manda. Todavía con posterioridad sabemos que la misma sirvió, acantonada en la región de la Lusitania47 48, a las órdenes pre cisamente de Asinio Polión en los años 44-4349. Finalmente la legión XXXa acabó siendo disuelta por Augusto como consecuencia de la reorganización llevada a cabo en el ejército tras su victoria sobre Antonio en Accio el año 31 a.C.50 51. Es así como C. Vettius pasaría a convertirse en colono de la colo nia Genet iva Julia. Por lo que podemos inferir de su propio nombre, C. Vettius51 sería de origen italiano, procediendo presumiblemente su familia de la región de los marsos, donde se reclutaron soldados para los ejércitos cesarianos. Patrick Le Roux52 supuso que este militar formó parte de los contingentes53 con los que se fundó la colonia, por lo que C. Vettius habría sido así uno de los pri meros colonos conocidos de la colonia Genetiva Julia. Por mi parte, en tendiendo una mayor complejidad y duración del proceso de génesis de la colonia Genetiva Julia, creo preferible suponer, dado que la legión fue di suelta sólo después de Accio, que C. Vetio fuera uno de los protagonistas de la segunda hornada de ciudadanos establecidos en la colonia como resultado de la nueva adscripción llevada a cabo a iniciativa de Octaviano. Fue obra de Augusto, no sólo la ejecución de los proyectos colonizado res de Julio César, inconclusos por su asesinato, sino la consolidación ideo lógica y formal de la urbanitas, uniendo indisolublemente ciudadanía y pri vilegio, bajo el paraguas protector y vertebrador de la ideología imperial. El énfasis que se prestaba a la monumentalización de las ciudades, símbolo de prestigio, es la expresión formal de todo ello. Manifestación nítida de este prestigio cívico y del orgullo de casta - como ciuis Rornanus y jerarca local 47 Caes. bell. civ., 2.21,4. 18 Todavía por supuesto parte de la. aún no dividida, provincia Ulterior. 49 Cíe. Ad Fam.. X, 31.5; 32. 4 y 33. 3. De nuevo nos volvemos a encontrar con nuestro per sonaje. y de nuevo aquí un argumento que hace confluir los destinos en Vrso. 50 Ritterling. en RE XII, c. 1821. 51 Sobre el personaje y la legión en la que estuvo enrolado cfr. Castillo García 1965. p. 174. nr. 333-, Roldan Hervás 1974. pp. 174,177, 209. 211 y 239; Le Roux 1982, pp. 50 s.; Curchin 1990, p. 166, nr. 291; y González Román 1997. pp. 153-170. 52 Le Roux 1982, pp. 73-74, 304 y 305. nr. 2. 53 El carácter militar de estos nuevos colonos ya lo expresó el mismo Augusto en un pasaje de sus Res Gestae (16.1): colonias militum in Italia aut in provinciis... 422 es la inscripción que C. Vettius dedicó al Genius de la colonia, personifica ción divina a quien se encomendaba la protección sagrada de la comunidad. La inscripción, un pedestal cilindrico de caliza grisácea (Lám. 3), debió ha ber estado erigida en el foro colonial. Prácticamente idéntica a ésta, tanto en material, como en forma y dimensiones, es la inscripción coetánea que la colonia dedicó a su patrono el consular L. Sergio Plauto (Lám. 4)S4. Am bas nos muestran cuáles eran, a diferente nivel, los modelos sociales que se imponían como referentes al resto del cuerpo cívico en los primeros pasos de andadura histórica de la colonia. De Vcttio no tenemos más noticias, a no ser que traigamos a colación un sello de barro con letras en relieve, destinado a fundir un texto en bronce, encontrado en Ecija55. En él aparece la leyenda L. Vettius C .f Sin duda, como avanzaba P. Lacort, por la onomástica - gentilicio ypraenomen del pa dre - y por la datación del epígrafe a fines del siglo I a.C., hay que pensar que el personaje de Astigi habría estado emparentado con el centurión. El p g | Imi jfr 1 " A ' • r - V 1 A i : r ‘ A "4 Y • 15'fT; -«*/,• --v- . 4 Lám. 4 * CILII, 1406 - ILS 2922 = CHA. Se 618 = CIL ll2/5 .1113: L(ucio) Sergio Regis f(ilio)/ Am(iensi) Plauto q(uaestori) / Salió Palatino / patrono. Se trata también de un pedestal cilindrico, asimismo de caliza grisácea, de 102 cm del altura, 63 de diámetro y letras de 3 cm (el de Vettius mide 100 cm en su parte exenta, 62 de diámetro y sus letras tienen 4 de altura), datado por sus últimos editores posiblemente en época tiberiana. Ambas inscripciones debieron sin lugar a dudas ha ber sido obra del mismo taller. La de Lucio Sergio Plauto no fue encontrada en Osuna, sino a 8 km. de ésta, aunque hoy se conserva en la vivienda del nr. 1 de la C/ San Pedro del mismo pue blo: por lo que no podemos confirmar, como me sigue pareciendo verosímil, que originariamente estuviera también expuesta en el foro colonial acompañando a la Cayo Vettio. 55 CIL II. 5462 = CIL ll2/5 ,1267: L(uci) Vetti C(ai) f(ilii). González Román 1997, pp. 161 y 168 s., identifica ambos personajes como uno solo. 423 Genearcas en los procesos de integración del Bajo valle del Baetis Antonio Caballos Rufino que este parentesco fuera más o menos inmediato (a este respecto hay por supuesto que notar que este nuevo Vettius era C.f), así como el que este se gundo Vetio también desempeñara o no algún papel en la creación de la co lonia Augusta Firma por parte del primer emperador, son argumentos im posibles de certificar documentalmente. En cualquier caso, los ambientes de una colonia y otra, como resultado de la deducción colonial en Astigi y la segunda adscripción militar de colo nos en la colonia Genetiua lidia, serían muy próximos. Es así como, en este punto, no puedo sustraerme a la mención de dos epígrafes astigitanos que muestran concomitancias con la inscripción ursaonense de Cayo Vertió. In cluso formales, ya que ambos se grabaron en sendos fustes cilindricos mar móreos que habrían servido así de pedestales, danto uno como otro se re fieren a veteranos de una Legio II, con los que verosímilmente se confor maría la primera hornada de colonos astigitanos. En el primero, hoy des graciadamente perdido, se ha leído P(ublio) Licin[io 3 f(ilio) P]ap(iria) [3 vete]/rano leg(ionis) II[...56 57. Los editores del otro han interpretado en él: L(ucio) • Canin[i]o • L(uci) • ffilio) * Pap(iria) / Pompt[in]o • cent(urioni) * Leg(ionis) / I I * Pansianae * p(rae)p(osito) • c<o>hor(tis) / III • auguri * IIuir(o) / Arria uxor'“. Este epí grafe, recientemente aparecido, también plantea problemas de lectura, no sólo en la identificación del cursas, sino incluso en la del nombre del perso naje homenajeado58. No obstante, son suficientemente ilustradores del di namismo de la colonización augustea. En el caso de la fundación de la co lonia Augusta Firma, cuya deducción S. Ordóñez Aguila sitúa en el año 14 a. C.59, con el recurso a militares licenciados tras el final de las Guerras Cán tabras, entre otras (la VI Victrix y la A' Gemina), de una Legión II, conocida como Legio II Augusta, que, según los editores de la nueva inscripción de bería ser verosímilmente aquélla que primero fue designada como Legio II Sabina, reclutada en el centro de Italia por el cónsul del año 43 G. Vibius Pansa Caetronianus, que de éste habría recibido luego el epíteto Pansiana con el que se muestra en la inscripción astigitana. Con este repaso concluyo, no sin antes referirme a un argumento que puede establecerse como indicio complementario en la identificación de per- 56 CU II. 5053 = CILA, Se 704 = CIL ll2/5 ,1169. 57 Sáez et alii 2001. pp. 344-352, nr. 5. 58 Con relación a lo primero véase AE 2001,1204. Sobre el nombre planteo aquí como hipó tesis alternativa la posibilidad de leer Pompeiano, con nexo AN, cognomen ampliamente docu mentado y plenamente recogido en la epigrafía de la época. Destaco asimismo, en relación con las peculiaridades gráficas del propio bronce que contiene la ley colonial, la individualización del numeral en lluiren la inscripción astigitana mediante un trazo horizontal secante. El soporte es un fuste de color oscuro (los editores dicen que de mármol), de 50 cm. de diámetro y letras que van de los 6 a los 4 cm. Estuvo originariamente expuesto en el foro de Astigi. 59 Ordóñez Agulla 1988, pp. 39 ss. 424 Schulze 1904 Stylow 2001 SUOLAHTI 1955 Syme 1933 Wiegels 1971 Wiegels 1984 García Vargas v S. García-Dils de la Vega, Cinco inscripciones inéditas de Ecija (Sevilla), en “Habis”, 32 (2001), pp. 337-352. W. SCHULZE, Zur Geschichte lateinischer Eigennamen, Berlin 1904. A.U. STYLOW, Una aproximación a la Carino romana a través de su epigrafía. Nuevas aportaciones y revisión crí tica, en A. CABALLOS (ed.), Carmona Romana, Actas del II Congreso de Historia de Carmona, Carmona 2001, pp.95-105. J. SUOLAHTI, The Junior Officers of the. Roman Army in the Republican Period. A Study on Social Structure, Hel sinki 1955. R. SYME, Some Notes on the legions under Augustus, en “JRS” 23 (1933), pp. R. WlEG ELS, Die römischen Senatoren und Ritter aus den hispanischen Provinzen bis Diokletian. Prosopographie und Herkunft, Friburgo 1971. R. WlEGELS, Die Tribus-Inschriften des römischen Hispanien, Berlin 1984. 431 Gcneorcns en los procesos de integración del Bajo valle del Baetis