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1 Facultad de Comunicación Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual El tratamiento de la prensa española sobre la salida de Evo Morales del poder: los casos de ABC, El Mundo y El País Autora: Laura Cuesta Ramírez Tutora: Aurora Labio Bernal
2 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN ..................................................................................................................... 3 2. OBJETIVOS E HIPÓTESIS ...................................................................................................... 5 3. METODOLOGÍA ...................................................................................................................... 6 4. MARCO TEÓRICO ................................................................................................................... 9 4.1. DE LOS UNIVERSOS SIMBÓLICOS A LA MANUFACTURA DEL CONSENTIMIENTO ................. 9 4.2. ESTRUCTURA DE LA INFORMACIÓN Y CONTROL ............................................................... 17 4.2.1. Conceptos clave: Estructura, sistema y superestructura .......................................... 17 4.2.2. Creación del mensaje único ...................................................................................... 19 4.3. EL HERÉTICO EN LOS MEDIOS ........................................................................................... 23 4.3.1. Creación de dioses y diablos ..................................................................................... 23 4.3.2. Técnicas utilizadas en los medios de comunicación contra el disidente .................. 26 4.4. CONTEXTO POLÍTICO Y ECONÓMICO EN AMÉRICA LATINA .............................................. 29 4.4.1. La “nueva” izquierda latinoamericana .................................................................... 29 4.4.2. El neoliberalismo en América Latina........................................................................ 32 4.5. CONTEXTO POLÍTICO Y ECONÓMICO EN BOLIVIA ............................................................. 39 4.5.1. Antecedentes: de la Revolución Nacional de 1952 a las elecciones del 2005 .......... 39 4.5.2. La llegada de Evo Morales a la presidencia............................................................. 42 4.6. IDEOLOGÍA Y PROPUESTAS DEL MAS Y EVO MORALES ................................................... 45 4.6.1. Consecuencias del Consenso de Washington en Bolivia y la respuesta anticapitalista de Morales ................................................................................................... 45 4.6.2. La nacionalización de los hidrocarburos.................................................................. 49 4.6.3. Evo Morales en materia internacional: sus relaciones con Estados Unidos, Venezuela, Cuba, China e Irán ........................................................................................... 52 4.7. TRATAMIENTO DE LA PRENSA HACIA EVO MORALES: ESTADO DE LA CUESTIÓN ............ 62 4.8 LA CRISIS DE GOBIERNO EN OCTUBRE DE 2019: ELECCIONES, INTENTO DE FRAUDE Y DIMISIÓN .................................................................................................................................. 66 5. ANÁLISIS DE CASOS ........................................................................................................... 69 6. CONCLUSIONES ................................................................................................................... 82 7. REFERENCIAS ....................................................................................................................... 85 8. ANEXOS ................................................................................................................................ 91
3 1. Introducción A finales de los años 90, surgen en América Latina una serie de movimientos de izquierda. Hablamos de un momento en el que la región sufría los estragos de una apertura económica al neoliberalismo y empresas internacionales, que se resumieron en pobreza, desigualdad y aumento de la deuda externa. Como consecuencia de la situación, el descontento por parte de la población hacia los partidos que tradicionalmente habían ostentado el poder se tradujo en un fortalecimiento de los partidos políticos de izquierda (Calvo Salazar, 2009). Autores como Reig (2015) señalan que la dificultad con la que se encontraron estas propuestas de izquierda fue el enfrentamiento de sus discursos a la estructura de poder mundial apoyada por todo el mercado internacional. En este contexto, Evo Morales gana las elecciones de Bolivia en 2005 con la mayoría de los votos (54%), renovando casi el 90% del Congreso de entonces. Con su victoria, se ponía fin a la ingobernabilidad causada por las renuncias de los presidentes anteriores, que obligaron a adelantar las elecciones de ese año. Además, se hacía palpable el debilitamiento del tradicional sistema de partidos, cuyos gobiernos se habían basado en pactos de coalición para repartirse el poder (lo que se conoce como democracia pactada) (Mayorga, 2006). Pese a la victoria con mayoría, propuestas como la nacionalización de los hidrocarburos o sus relaciones conflictivas con la gran potencia estadounidense fueron claves para la configuración mediática negativa alrededor de Morales. Tras años en los que la capitalización y privatización de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) habían otorgado el control del sector a empresas extranjeras, Morales propone cambiar las condiciones, ofreciendo márgenes de beneficios menores para las empresas y mayores para el pueblo (Mayorga, 2008). Por otro lado, el presidente intentó otorgar a Bolivia la autonomía económico-financiera que durante años se había visto limitada al alineamiento hacia Estados Unidos y sus organismos internacionales (Durán, 2012). Su programa de gobierno entraba de lleno en conflicto con los intereses político-económicos y, por tanto, con la estructura político-económica dominante. Después de casi 14 años en el poder, en noviembre de 2019, y tras una serie de movilizaciones y protestas sociales, Evo Morales se ve obligado a dimitir y renunciar a
4 la presidencia por presiones del ejército. El tratamiento informativo en torno al derrocamiento es solo uno de los muchos ejemplos que, de manera constante, se suceden en los medios de comunicación cuando el protagonista de la noticia dista de ser un elemento favorable y positivo para el sistema en el que este está inmerso (Reig, 2004). No se trata, por tanto, de algo novedoso, pues son ya muchas las figuras públicas que han sufrido una configuración desfavorable alrededor de su imagen por parte de los medios. Es el caso de representantes políticos como Hugo Chávez (Reig, 2004), Cristina Fernández de Kirchner (Rodríguez Illana, 2014) o incluso Pablo Iglesias (Labio Bernal, 2018). La figura del ex presidente boliviano se ha enmarcado, de esta manera, dentro de lo que Reig (2004) vino a llamar diablos mediáticos. Desde su victoria en las elecciones de 2005, Morales se ha caracterizado por ser un elemento no deseado para la red estructural de intereses políticos, pero sobre todo económicos, del actual sistema de economía de mercado. Por un discurso político que, de manera transparente, ha venido a rechazar el neoliberalismo y toda la cosmología propia del pensamiento occidental (Gallardo, 2006), los medios de comunicación han optado por la configuración de un mensaje bastante hostil contra nuestro protagonista (Rodríguez Illana, 2013). El presente trabajo de investigación se centra en el estudio de las noticias y otros textos periodísticos publicados por tres medios españoles en el periodo que transcurre desde la salida de Evo Morales del poder el 10 de noviembre hasta un mes en adelante. Con el análisis del derrocamiento y la cobertura mediática que le otorgaron ABC, El Mundo y El País, se busca ejemplificar el tratamiento informativo negativo hacia Morales como elemento herético del sistema.
5 2. Objetivos e hipótesis Objetivos Los objetivos que se plantean en el trabajo son los siguientes: • Conceptualizar la idea de herético en el Sistema de Economía de Mercado. • Estudiar a los medios españoles como parte de la estructura informativa que conecta con intereses político-económicos del sistema. • Estudiar el contexto histórico y político de Bolivia, incluyendo la llegada de Evo Morales al poder y las principales propuestas de su partido. • Realizar un análisis de la cobertura mediática en torno a la figura de Evo Morales, centrando la atención en su renuncia al poder el 10 de noviembre de 2019. Dos de las razones por las que centrarnos en este asunto son la proximidad en el tiempo y la facilidad a la hora de encontrar bibliografía en español. • Explicar, a través de la figura de Evo Morales, el tratamiento informativo negativo como elemento herético del sistema. Hipótesis El presente trabajo plantea la siguiente hipótesis: La destitución de Evo Morales, elemento herético para el sistema, es presentado por los medios españoles como una dimisión, haciendo uso de técnicas informativas como el silencio o la criminalización de su protagonista.
6 3. Metodología Una vez expuestos los objetivos y la hipótesis del trabajo, procedemos a exponer qué metodología se ha seguido para la elaboración del mismo. El trabajo se centra en la realización de un análisis de contenido para confirmar o desmentir la hipótesis planteada. Este análisis se sustenta bajo un extenso marco teórico, que nos servirá de justificación para el análisis de los casos, y que nos permitirá designar las variables o categorías para el estudio. En cuanto al marco teórico, este podría ser dividido en bloques, siguiendo una categorización temática, para que el lector pueda realizar un esquema mental de los contenidos en los que profundizará la investigación. 1) En primer lugar, encontraríamos todo lo que se ha escrito acerca de determinantes estructurales del mensaje informativo: la estructura de la información, la configuración ideológica de los mensajes periodísticos y el concepto de herético. 2) En segundo lugar, un bloque destinado al contexto político y económico en América Latina. 3) El tercer bloque se centra en Bolivia, siendo Evo Morales el protagonista de nuestro análisis. De esta manera, se elabora un contexto que nos sitúe en la Bolivia antes de Morales, para comprender mejor con qué condiciones se encuentra el ex presidente al llegar al poder. Esto sustenta la posterior exposición de su ideología y sus propuestas. 4) El cuarto bloque, mucho más breve, recopila lo que hasta ahora se ha publicado acerca del tratamiento periodístico hacia Evo Morales. 5) Por último, el marco teórico termina acercándonos de lleno a nuestro análisis, pues recopila lo ocurrido entre las elecciones del 20 de octubre de 2019 hasta la dimisión de Morales el 10 de noviembre del mismo año. A excepción del contexto político más reciente sobre la crisis política de Bolivia en 2019, obtenido de noticias de prensa por su proximidad en el tiempo, la información recopilada en el marco teórico surge de la lectura de libros (sacados de bibliotecas o
7 encontrados de manera online en Internet) y artículos científicos (obtenidos de la búsqueda en bases de datos como Dialnet o Google Académico). Para la realización del análisis de casos, es necesario enmarcar el objeto de estudio y llevar a cabo una acotación temporal concreta. El análisis será tanto cuantitativo como cualitativo. Tal y como se expuso en el apartado de objetivos e hipótesis, la intención del presente trabajo es determinar si la hipótesis planteada se confirma o no. En concreto, el estudio se centrará en el análisis de tres medios españoles: ABC, El Mundo y El País. Para ello, se han incluido dentro de la muestra todos los textos periodísticos (noticias, entrevistas, artículos de opinión, etc.) que, durante un periodo concreto de tiempo, han contenido referencias al propio Evo Morales y a Bolivia, ya fueran estos el tema principal de los textos (elecciones presidenciales del 2019, consecuencias del fraude electoral) o, simplemente, se añadieran como información complementarias a otros temas (noticias sobre la nueva presidenta, análisis sobre la crisis iberoamericana). En cuanto a la acotación temporal, el análisis comienza el día en el que los tres periódicos ofrecieron la noticia sobre la destitución de Evo Morales, y termina un mes más tarde, concretamente el 11 de diciembre. La muestra, por tanto, comprende un mes de textos periodísticos de las ediciones online de ABC, El Mundo y El País, desde la destitución de Morales el día 10 de noviembre de 2019. Entendemos que, debido a la diferencia horaria, la noticia sobre la renuncia aparece en la prensa seleccionada el día 11 de noviembre, aunque la dimisión sucediera técnicamente el día anterior. El marco teórico elaborado ha permitido la confección de una serie de categorías o variables que serán aplicadas a los textos periodísticos, designando si la valoración de los términos realizada por los medios escogidos ha sido positiva, negativa o neutra. Todo ello con el fin de determinar la postura por la que los medios han optado frente a las variables, lo que nos servirá para sacar una serie de conclusiones y confirmar o refutar la hipótesis planteada. Las variables escogidas, que pueden encontrarse en Anexo a modo de tabla, son las siguientes: una categoría dedicada a Evo Morales y su ideología que incluye las subcategorías capitalismo, indigenismo, hoja de coca, nacionalización de empresas, populismo, autoritarismo / dictadura, eje del mal bolivariano, izquierda latinoamericana; un bloque dedicado a países que incluye a Estados Unidos, Venezuela, Cuba, China, Irán; una categoría dedicada a las elecciones presidenciales del 2019 que
8 contempla las subcategorías reelección presidencial y fraude electoral; y las dos últimas categorías que son dimisión / renuncia y golpe de estado. Los resultados del análisis servirán para la realización de conclusiones, en las que se expondrá la verificación o no de la hipótesis y supuestos planteados al principio del trabajo. Después de ellas, se incorpora la lista de todas las referencias utilizadas para la elaboración de la investigación: libros, artículos, revistas. Por último, los anexos, donde se podrán encontrar la lista de los textos periodísticos utilizados para el análisis con sus respectivos enlaces, así como las tablas con las categorías analizadas y un resumen de las menciones y valoraciones de cada periódico.
9 4. Marco teórico Para realizar el marco teórico, la intención principal ha sido la de articular el discurso presentando los conceptos desde lo más abstracto a lo más concreto: desde la contemplación de los universos simbólicos a la concreción del contexto político en Bolivia y la figura de Evo Morales, pasando por diferentes elementos como son el herético o las técnicas propagandísticas. 4.1. De los universos simbólicos a la manufactura del consentimiento Se plantea, en este primer apartado, un viaje teórico que comenzará con la conceptualización de los universos simbólicos, explicando a qué se refiere y ejemplificando la forma en la que este se legitima a través del concepto de Poder. A priori, el concepto universo simbólico puede parecer prescindible dentro de nuestro análisis. Sin embargo, se presenta como la base conceptual de todo lo que viene en adelante. Para su desarrollo teórico, tomaremos como referencia la obra de Berger y Luckmann (1968) y la explicación de la misma a manos de Henríquez (2010). En la obra de Henríquez (2010), el autor recoge resumidamente las principales características de los universos simbólicos, que Berger y Luckmann exponen en su tesis: Características de los universos simbólicos, son: (a) Forman el molde de todos los significados socialmente objetivados y subjetivamente reales (dan sentido a la historia y a la biografía de los individuos). (b) Son históricos (se producen socialmente en un momento de la historia). (c) Explican y justifican –legitimanla biografía individual y el orden institucional, debido a su carácter nómico (dan sentido a la experiencia del individuo e integran el orden establecido en un orden significativo) (p. 298). Son, por tanto, elementos predominantemente teóricos, que sirven para ordenar el resto de elementos que configuran nuestra realidad. Esta realidad, configurada socialmente a través de procesos que los autores desarrollan en sus obras pero que no vemos pertinente puntualizar aquí, se sustenta a través de estos universos simbólicos. Siguiendo la explicación de Henríquez (2010), desde un punto de vista social, estos universos “protegen y resguardan el orden institucional, ordenan la historia y ponen los
16 sistema económico y mercantil, con el fin de llevar a cabo un control mayor y mejor ejercido. Chomsky (1992) contemplará en su obra el engaño a los individuos a través de una serie de ilusiones necesarias, con el fin de conseguir la manufactura del consentimiento de la que hablábamos antes. Se trata de unas ilusiones creadas por las élites y que serán distribuidas, entre otros, por los medios de comunicación. El individuo se convierte en consumidor directo de esas ilusiones, que lo distraen de la realidad y lo posicionan frente a los intereses de la élite dominante. De esta manera, el consumidor se transforma en un individuo al que le han arrebatado su lugar y sus deseos. Debord (1967) expone que “cuanto más contempla menos vive; cuanto más acepta reconocerse en las imágenes dominantes de la necesidad menos comprende su propia existencia y su propio deseo”, convirtiendo sus manifestaciones en “gestos que ya no son suyos, sino que pertenecen a un otro que se los representa” (p. 18). En este plano, Chomsky (1992) aporta que, en un momento como el actual, donde el individuo no tiene mucha seguridad en cuanto a su identidad personal y a su lugar en la sociedad, resulta muy tentador “adaptarse a lo que el sistema de propaganda declara que es la norma” (p. 55). La inseguridad y desconcierto de la sociedad consumidora, conseguida por la falta de conocimiento sobre el mundo real ofertado por la élite, será de gran ayuda para el dominio a gran escala de la estructura de poder.
17 4.2. Estructura de la información y control 4.2.1. Conceptos clave: Estructura, sistema y superestructura Es necesario, para el completo entendimiento del análisis posterior, la aclaración de una serie de términos entre los que se encuentran los conceptos de estructura, sistema, y superestructura, así como la relación existente entre ellos. Se tratará de explicar lo siguiente: vivimos en un sistema formado por diferentes estructuras interrelacionadas, entre las que se encuentran los medios de comunicación. Estos medios, al formar parte de este sistema, crearán unos mensajes afines a la supervivencia del mismo; afines, por tanto, a las estructuras del sistema como son la estructura política o económica. Comenzaremos explicando brevemente el concepto de estructura. Mancinas- Chávez (2016) recoge una serie de características del concepto: “sistema, coherencia, totalidad, dependencia de una serie de elementos con un todo, sistema de relaciones” (p. 23). El profesor Reig (1998) agrupa esas características y define a la estructura como una “serie de elementos articulados, organizados e interconectados, de tal forma que si alguno de ellos sufre alteraciones el conjunto se ve afectado” (p. 19). Lo relevante de la estructura es, por tanto, que sus elementos se presentan como figuras interconectadas, conformando, según Reig (2013), “un ecosistema que se auto-protege y se retroalimenta” (p. 6). Esta protección y retroalimentación se ha comentado en el apartado anterior. En cuanto al sistema, este se presenta como un concepto más amplio que el de estructura. En lo que se refiere a sus propiedades, podemos decir que un sistema está formado por diferentes elementos que, en formas de estructuras o subsistemas, están relacionados y unidos entre sí, buscando un objetivo y tendiendo siempre hacia el equilibrio (Juan Manuel Mazo; citado por Mancinas-Chávez, 2016 p. 25). De esta manera, podemos afirmar que el sistema abarca a la estructura y no al revés. Lo expuesto se entenderá mejor a través de un ejemplo: en la actualidad vivimos en un sistema de Economía de Mercado compuesto por diferentes estructuras: política, economía, social, informativa, militar, etc. El sistema de Economía de Mercado, a través de sus elementos, luchará por la supervivencia de sí mismo y de todo aquello que hace
18 posible su existencia. Entre estos elementos, es donde se encuentran los medios de comunicación. Es importante, en este contexto, hablar del concepto de superestructura. Marx, que es quien lo plantea, manifiesta cómo la estructura económica se convierte en “la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política a la que corresponden determinadas formas de conciencia social” (citado por Mancinas-Chávez, 2016, p. 17). Así que podemos entender la superestructura como un conjunto de ideas sociales entre las que encontramos ideas políticas, jurídicas o morales. Tal y como se nombró al principio, el “ecosistema” de elementos se retroalimentará y auto-protegerá con el fin de que el sistema perviva en el tiempo. Esta autoprotección se materializará, entre otros, a través de los mensajes comunicacionales. Estos mensajes, configurados de una manera concreta para que lleguen al receptor, formarán parte de la superestructura de la que antes hablábamos. Mancinas-Chávez (2016), al respecto, afirma que “si la información de masas está enclavada en la estructura de un sistema instituido (a partir de esa misma estructura), sus productos (los mensajes), formarían parte de los elementos superestructurales” (p. 58). Reig (1994) afirma Un sistema de dominio se hace efectivo porque crea elementos para realizar ese dominio. Tales elementos se derivan de una Estructura socioeconómica y se concretan en concepciones políticas, ideológicas, religiosas, endoculturales, coactivas y persuasivas. La finalidad de dichos elementos (…) es mantener esencialmente inalterable al sistema de dominio del que emanan (p. 21). Es importante aquí contemplar brevemente el concepto de cultura que Reig (2003) define como “el sistema de valores predominantes con los que se rige una comunidad” (p. 11) y cuya creación y sostén atribuye a los mensajes creados por los medios de comunicación. Reig (2004) contempla que El discurso oficial debe presentarse en sociedad de acuerdo con el sistema de valores y creencias que esta posea y tenga como positivos: democracia, solidaridad, creencias religiosas, etc., es decir, de acuerdo con su cultura, que ha sido reforzada, a su vez, cuando no creada, por distintos discursos oficiales (p. 145).
19 Los medios, insertos dentro de la estructura informativa y, por tanto, dentro del sistema de economía de mercado, tratarán de configurar la realidad social para los espectadores basándose en una serie de valores concretos: los de su cultura. Pero estos valores, esta cultura, no se presentan como aleatorios. Tal y como explica el profesor Reig (2013), estamos inmersos en “una telaraña mediática que está en el interior de la economía de mercado”, por lo que lo normal es que “el mensaje mediático más extendido no cuestione de forma habitual tal contexto y sea un mensaje sustancialmente igual, mundializado” (p. 29). 4.2.2. Creación del mensaje único Teniendo en cuenta lo expuesto anteriormente, podemos decir que asistimos a la elaboración de un mensaje único. Se trata de un mensaje que nace cubierto de una serie de intereses que lo hacen válido y predominante dentro de la estructura informativa y del propio sistema. Chomsky y Ramonet (1995) sostienen la existencia de “la doctrina del pensamiento único” (p. 33) en las democracias actuales, “formulada y definida a partir de 1944, con ocasión de los acuerdos de Bretton-Woods” (p. 34); acuerdos que establecieron lo que se conoce como el Nuevo Orden Económico Mundial. Así, el pensamiento único hunde sus raíces en las grandes instituciones económicas y monetarias como son el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Chomsky y Ramonet (1995) explican su influencia: Mediante su financiación, afilian al servicio de sus ideas, en todo el planeta, a muchos centros de investigación, universidades y fundaciones que, a su vez, afinan y propagan la buena nueva. Esta es recogida y reproducida por los principales órganos de información (p. 34). Según Labio (2017), “las conexiones entre la estructura política y económica constituyen redes de poder que pretenden imponer una ideología alimentada desde los medios de producción, la educación, la publicidad, las industrias culturales y los medios de comunicación” (p. 51). No es ninguna sorpresa que la imagen del mundo represente, en palabras de Chomsky (1992), “las perspectivas y los intereses de los vendedores, los
20 compradores y el producto” (p. 20). Se trata de un discurso básicamente “totalizador” (Reig, 2004), que busca la unanimidad tanto del pensamiento como del contenido de los mensajes que lo refuerzan. Por tanto, confirmamos que ese estatus, esos valores que se intentan sostener, no son aleatorios, sino que nacen de las presiones ejercidas por diferentes instituciones mayoritariamente económicas. Afirma Reig (2003) que “la comunicación, en sí, es un elemento estructural dentro de una macroestructura mercantil” (p. 109), tal y como reflejan Chomsky y Ramonet en la referencia anterior. En cuanto al mantenimiento del status quo, Noam Chomsky y Edward Herman (2001) defienden que, para crear los mensajes comunicacionales que inculcarán a los individuos la serie de valores necesarios para integrarlos dentro del sistema, es necesaria una “propaganda sistemática” (p. 21). Los autores enumeran y detallan cinco filtros que sufre la información periodística antes de llegar a sus receptores, con el fin de sostener una opinión válida para el sistema. Ejemplifican todos los supuestos a través de detallados ejemplos de los medios estadounidenses. Estos filtros ayudan a una homogeneización de la información que llega a los públicos, poniendo en evidencia cómo los medios resguardan no tanto la democracia y los valores democráticos sino los intereses económicos y geopolíticos propios del sistema de Economía de Mercado. Enumeramos los filtros a continuación: 1. La envergadura, la concentración de la propiedad, la riqueza del propietario, y la orientación de los beneficios de las empresas dominantes en el ámbito de los medios de comunicación. Los medios de comunicación están en manos de grandes magnates pertenecientes a diversas estructuras, cuyo principal objetivo es el beneficio económico. 2. La publicidad como fuente principal de dichos medios. Los medios dependen en gran medida de sus anunciantes. La dependencia económica expresada en los dos primeros filtros condiciona de manera directa la redacción de las informaciones, viéndose limitados los medios a ser críticos con aquellos de los que depende su supervivencia financiera.
21 3. La dependencia de los medios de la información proporcionada por el gobierno, las empresas y los expertos, información, por lo demás, financiada y aprobada por esos proveedores principales y por otros agentes del poder. Las principales fuentes utilizadas por los medios acaban siendo los propios gobiernos y empresas, exponiendo, como es lógico, su punto de vista. Los medios se ven, como consecuencia, muy limitados a realizar extensos trabajos de investigación. 4. Las contramedidas y correctivos diversos como método para disciplinar a los medios de comunicación. Estas medidas se refieren a las “respuestas críticas” que reciben los medios cuando el gobierno, uno de los mayores productores de estos toques de atención, detecta algo que debe ser corregido. Los periodistas se ven claramente presionados como consecuencia. 5. El anticomunismo como religión nacional y mecanismo de control. Sobre este último filtro volveremos a incidir más adelante, pues se proclama como una de las bases del sistema a la hora de movilizar a toda una sociedad contra un enemigo concreto. Un enemigo que, en los casos propuestos por los autores, pondrá el peligro el establishment norteamericano. Reig (2004) afirma que “las técnicas de control, sin parecer en absoluto opresoras, ni siquiera persuasivas, están orientadas a proyectar de ellos una imagen que sea agradable a los públicos” (p. 126), como vemos en el caso de los filtros planteados por Chomsky y Herman. En relación a esto, el mismo autor (2003) expone: El periodista debe tener presente que la estructura informativa no va a cuestionar la economía de mercado en la que estamos inmersos porque dicha estructura está dentro del mercado mismo. Por esta razón, los mensajes que emiten los medios de comunicación tratan, por lo general, de justificar y mantener inalterable la estructura, que hará todo lo que esté en sus manos para controlar el flujo de información (p. 97). El periodista se verá presionado a configurar la realidad de acuerdo a unos ideales concretos, teniendo en cuenta, entre otros factores, los filtros expuestos por Chomsky y Herman (2001). La influencia de estos filtros aparece de manera tan natural e interiorizada que los autores aseguran que “la gente que trabaja en los medios, y que con frecuencia
22 actúa con absoluta integridad y buena voluntad, son capaces de autoconvencerse de que eligen e interpretan las noticias de manera objetiva y sobre la base de unos nuevos valores profesionales” (p. 22). Hablamos de unas técnicas de control que, directa o indirectamente, buscarán la configuración de un mensaje “unidireccional y monologante” (Reig, 1994, p. 22), creado para sostener un estatus y un sistema de valores. El discurso del poder tratará de preservar el orden occidental imperante con la ayuda de los medios de comunicación. La esencia de estos mensajes, según Reig (2004), consistirá en “que no se cuestione el Nuevo Orden Mundial y la Nueva Economía que lleva consigo ese orden” (p. 125).
23 4.3. El herético en los medios La explicación de todos los conceptos anteriores es imprescindible para la compresión de la figura del herético en los medios. Ya sabemos que existe un sistema con una serie de estructuras, que intentará auto-protegerse y retroalimentarse a través de elementos como los mensajes comunicacionales. Estos mensajes, a su vez, se configurarán a través de la utilización de diferentes métodos de control como son las técnicas propagandísticas. Pero, ¿qué ocurre en la comunicación cuando existe un elemento que, según la percepción del sistema, parece no encajar dentro del mismo? 4.3.1. Creación de dioses y diablos Si volvemos a la teoría clase especializada – rebaño desconcertado que se presentó casi al principio del trabajo, nos encontramos con una sociedad en la que se enfrentan una élite con poder y capacidad frente a lo que Chomsky y Ramonet (1995) denominan una “masa estúpida incapaz de comprender nada por sí misma” (p. 8). Dentro de esa gran masa estúpida, existen dos tipos de individuos. En primer lugar, según Reig (1999), encontraríamos al individuo que “justifica esencialmente e impulsa el status existente”. Este individuo funciona como un elemento legitimador más, pues no opone resistencia al orden institucional impuesto por la clase especializada. Sin embargo, encontramos otro tipo de individuo: el que no justifica ese status. Este individuo tratará de alterar el sistema. Coincidiendo con los planteamientos de Berger y Lukkmann (1968), Reig (1999) defenderá la existencia “de grupos legitimadores de universos simbólicos pertenecientes a un status” y “grupos herticos que se oponen a dicho status” (p. 5). Nos encontremos, entonces, con el herético. Para el correcto desarrollo de este apartado es necesario puntualizar que casi todo el contenido expuesto a continuación está extraído de la obra Dioses y diablos mediáticos de Reig (2004), pues es el autor quien presenta un desarrollo teórico extenso sobre ambas figuras mediáticas. Para comenzar, referenciamos directamente al propio Reig, que en un solo párrafo es capaz de definir el papel del discurso mediático en torno a la aparición de estos dioses y diablos:
24 El discurso del Poder debe defender, en esencia, este Nuevo orden a través de sus focos informativos, esos que proyectan los mensajes. Crea y consolida dioses y diablos, según su conveniencia, con el objetivo de modelar las mentes o, al menos, intentarlo (p. 129). La creación de estas figuras y su posterior tratamiento informativo estará basada, tal y como explica Reig, en este Nuevo Orden Mundial que emerge con los acuerdos de Bretton Woods. Los mensajes, según Reig (2004), intentarán codificarse a favor de este orden surgido en 1991 tras la caída de la Unión Soviética. Es el Mercado, esa Nueva Economía, el encargado de configurar la esencia de los mensajes periodísticos. Los medios occidentales, siguiendo el dogma del mercado, tratarán de manera diferente a unos u otros personajes públicos, dependiendo de sus intereses más particulares. Reig (2003) afirma que, ante una situación similar, el mensaje periodístico occidental “reacciona de manera distinta” (p. 112). Encontramos unos dioses, que serán tratados con benevolencia pese a sus acciones, pues, en palabras de Chomsky y Herman (2001), “la propaganda a favor de nuestro bando se considera como una práctica informativa totalmente legítima” (p. 71). En ocasiones, la preocupación por la democracia y los derechos humanos, propia de las sociedades modernas y los estados democráticos, viene acompañada de cierta tolerancia hacia algunos acontecimientos. La benevolencia informativa aparece en la obra de Chomsky (1992), donde realiza un largo y extenso análisis sobre ejemplos concretos vividos en los Estados Unidos, entre los que expone: No se necesitan pruebas para condenar a la Unión Soviética por su agresión en Afganistán y su apoyo a la represión en Polonia; la cosa es muy distinta cuando se considera la agresión de EE.UU. en Indochina, o sus esfuerzos por impedir una solución política al conflicto árabeisraelí durante muchos años, fácilmente documentable, pero incómodo, y que por tanto constituye un no-hecho (p. 21). Se vuelve común en los medios de comunicación estadounidenses, según Chomsky (1992), “aplicar la técnica habitual de amnesia histórica y cambio de dirección, que borra toda la memoria de las políticas de EEUU y sus efectos” (p. 148), especialmente en asuntos en los que, si el protagonista fuera otro, no dudarían en darle la cobertura mediática que merecen; algo que perfectamente podemos extrapolar al resto de países democráticos.
25 Frente a los dioses mediáticos tratados con benevolencia, encontramos las figuras heréticas que ponen en tela de juicio al Poder. Es manifiesto al leer la prensa minuciosamente que uno de los elementos constantes en los medios de comunicación es la aparición de diablos mediáticos. Rodríguez Illana (2014), siguiendo el libro del profesor Reig, define a estos diablos como aquellas “figuras públicas que pasan a convertirse en objeto de crítica sesgada y sistemática por haberse situado, ya sea por su discurso o actuación política, contra la estructura global de mercado y sus intereses”. Siguiendo a Reig (2004), quienes no tengan en cuenta los preceptos expuestos por el Nuevo Orden Mundial, marcado por instituciones como el Banco Mundial, el FMI o la OMC, “deben ser neutralizados” (p. 41). El autor habla de una neutralización que irá desde lo psicológico a lo físico, pasando por el desprestigio utilizado en los medios. Chomsky y Ramonet (1995) ejemplifican la fabricación de estos “diablos” recordando los años treinta y la figura de Hitler, un momento histórico en el que a los alemanes se les infundió el miedo hacia los judíos y gitanos con la finalidad de auto defenderse como potencia mundial del momento. Los autores añaden: Pero nosotros también tenemos nuestros métodos. A lo largo de la última década, cada año o a lo sumo cada dos, se fabrica algún monstruo de primera línea del que hay que defenderse. Antes los que estaban más a mano eran los rusos, de modo que había que estar siempre a punto de protegerse de ellos (p. 21). Traemos de vuelta uno de los cinco filtros expuestos por Chomsky y Herman (2001): el anticomunismo, que ya nombramos con anterioridad. Durante muchos años (lo que duró la Unión Soviética), este filtró sirvió para dibujar a los rusos y al comunismo como el enemigo al que había que destruir por ser el sistema más contrario a los valores de la economía de mercado. Lo cual, para Reig (2015), es “algo lógico si pensamos que el sistema comunista es el único que ha inquietado de verdad a la estructura de las finanzas y el capital” (p. 136). Sin embargo, con el paso del tiempo la concepción de este filtro “ha sido ampliada y denominada como las inclinaciones patrióticas de los medios de comunicación” (Reig, 2003, p. 107). Esta doctrina ayuda, de acuerdo con Chomsky y Herman (2001), a “movilizar a la población contra un enemigo”, contra cualquier persona o grupo que propugne una
32 4.4.2. El neoliberalismo en América Latina La nueva izquierda latinoamericana, como se ha comentado, nace en un contexto muy distinto a los anteriores partidos de izquierda. Siguiendo a Calvo Salazar (2009), en el apartado anterior ya nombramos como causa de la aparición de los nuevos movimientos de izquierda lo siguiente: La crisis económica de los años 90, momento en el que se comienzan a sentir los estragos de la apertura incondicional de las economías de la región a los flujos de bienes, servicios y capitales. Los efectos negativos del neoliberalismo sobre el crecimiento, la desigualdad y la pobreza fueron especialmente evidentes en los países que, por haber sido golpeados con mayor dureza por la crisis de la deuda de 1982, habían adoptado programas de ajuste estructural (PAE) promovidos por agencias financieras internacionales (p. 59-60). Es necesario, por tanto, realizar un contexto que nos permita entender a qué nos referimos cuando hablamos de la crisis económica de los años 90 y de dónde surge esta, tratando de entender también qué papel jugaron los organismos financieros internacionales en este sentido. Para ello, utilizaremos dos elementos clave: los Acuerdos de Bretton Woods y el Consenso de Washington. Rangel y Garmendia (2012) analizan el papel que jugó el Consenso de Washington (1989) en la configuración económica de América Latina a principio de los noventa, asegurando que “sus políticas siguen vigentes y son las más influyentes en las economías de muchos países [latinoamericanos]” (p. 35). Para ello, exponen como antecedente directo los Acuerdos de Bretton Woods (1944), que de forma muy breve se enunciaron en apartados anteriores de este mismo trabajo. Según Rangel y Garmendia (2012), las fases económicas por las que ha fluctuado Latinoamérica encuentran su origen en el ritmo económico de la economía mundial. Así, en momentos de estancamiento económico, se diseñan “programas de ajuste estructural” con el fin de mejorar las condiciones económicas tras un momento de crisis o recesión. Es entre esos programas donde enmarcamos los Acuerdos de Bretton Woods, propuestos después de la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo a Rangel y Garmendia (2012), la situación necesitaba “un nuevo orden internacional basado en un programa de políticas
33 económicas para el desarrollo y, sobre todo, de políticas de estabilización para las economías dañadas por el conflicto blico” (p. 36). Debido a la victoria tanto política como económica de Estados Unidos en el conflicto bélico, en los Acuerdos de Bretton Woods y siguiendo a Rangel y Garmendia (2012) “se estableció el dólar estadounidense como patrón de cambio” (p. 37). Además, “se planteó la creación de organismos internacionales encargados de presentar propuestas de políticas económicas encaminadas a impulsar el crecimiento económico y resolver los problemas” (p. 37), entre los que encontramos al Banco Mundial (BM) y al Fondo Monetario Internacional (FM). Las políticas que se plantearon a través de Bretton Woods se fueron instaurando entre 1940 y 1950. Entre sus políticas, encontramos el Acuerdo General sobre Aranceles de Aduana y Comercio, al que se adhirieron países latinoamericanos como Brasil o Cuba, y que buscaba la reducción de las barreras en torno a los aranceles. Como consecuencia, Rangel y Garmendia (2012) exponen que “entre 1950 y 1980, la región latinoamericana experimentó un notable crecimiento económico, que se vio reflejado en el considerable crecimiento de la renta per cápita” (p. 39). En este contexto, también se instauró en América Latina lo que se conoce como el Modelo de sustitución de importaciones. Debido a la devastación causada por la Segunda Guerra Mundial, los productos importados sufrieron restricciones a la hora de llegar a Latinoamérica, lo que intentó paliarse a través de los productos regionales o nacionales. En un primer periodo del modelo (1950-1964), se llevaron a cabo políticas de desarrollo a nivel estatal, convirtiéndose el Estado en un estimulador de la inversión. Sin embargo, los beneficios del crecimiento económico fueron lentos y no se reflejaron en la población (Rangel y Garmendia (2012). En un segundo periodo (1965-1982), las medidas estatales se centraron en impulsar el desarrollo regional. En este sentido, se impulsaron políticas altamente proteccionistas que favorecieron la creación de monopolios y oligopolios. Siguiendo a Benecke y Nascimento (2003), “el mercado interno quedaba reservado a productores locales que estaban protegidos de la competencia exterior” (p. 14). Según Rangel y Garmendia (2012), “las políticas proteccionistas y el financiamiento externo de la dcada
34 de 1970 fueron uno de los elementos que contribuyeron al desequilibrio macroeconómico de la dcada de 1980” (p. 40), la cual “entró en recesión principalmente a causa de la deuda externa latinoamericana” (p.41). Los mismos autores explican el papel de la deuda externa en este sentido: La década de 1980 representa para América Latina una época caracterizada por el estancamiento a causa de los elevados precios del petróleo y el aumento de los costos de la deuda externa, originados en los altos niveles de los tipos de inters. (…) Con las medidas restrictivas la moneda estadounidense se aprecia y con ello la deuda externa latinoamericana alcanza valores récord, debido a que los préstamos adquiridos –con los organismos internacionales– habían sido en dólares (p. 41-42). Como contraposición a este proteccionismo económico y, según Béjar (2004), buscando “un modelo más estable, abierto, liberalizado y particularmente orientado a los países de Amrica Latina” (p. 19), aparece el Consenso de Washington (1989). Rangel y Garmendia (2012) subrayan que sus “reformas de política económica estaban basadas en una lógica de mercado caracterizada por la apertura y disciplina macroeconómica” (p. 43), como contrapunto de lo que habían sido los Bretton Woods. El fundamento teórico de estas propuestas era, siguiendo a estos dos autores, “la teoría económica neoclásica y el modelo ideológico y político del neoliberalismo” (p. 44). Según Ffrench-Davis (2007), la esfera de acción del Estado “se vio disminuida en medio de la desregulación, privatizaciones masivas y el repliegue para la inversión pública” (p. 141), con el fin de ofrecer mayor espacio de actuación a los agentes privados. La idea era, según Benecke y Nascimento (2003), encontrar unas reformas que fueran capaces de dar un mayor protagonismo al mercado y al sector privado. Siguiendo este marco teórico, el Consenso de Washington planteó una agenda que contemplaba diez reformas de política económica que instaurarían en América Latina el neoliberalismo. Tanto Béjar (2004) como Rangel y Garmendia (2012) las explican en sus textos:
35 1. Disciplina fiscal. Esta disciplina se considera elemento esencial para aquellos que desean obtener préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI). El Consenso contempla que los déficits fiscales debían evitarse, para así prevenir trastornos macroeconómicos como la inflación. 2. Reordenación de las prioridades del gasto público. Se busca reducir el gasto público para aumentar la recaudación sin necesidad de subir los impuestos. 3. Reforma fiscal. Según Rangel y Garmendia (2012), “tener una base tributaria amplia serviría como garantía de crecimiento” (p. 46). 4. Liberalización financiera. Los tipos de interés debían ser marcados por el propio mercado para evitar una asignación no adecuada de los recursos y positivos para fomentar el ahorro. 5. Tipo de cambio competitivo. Según Rangel y Garmendia (2012), este “brindaría seguridad a los negocios para invertir en las industrias de exportación” (p. 47). Los tipos de cambios estaban orientados hacia el exterior y el aumento de las exportaciones. 6. Liberalización del comercio. En concreto, de las importaciones. Los permisos de importaciones debían sustituirse por aranceles. Estos debían reducirse con el paso del tiempo. 7. Liberalización de la inversión extranjera directa. Según Béjar (2004), la inversión extranjera podía “aportar capital, tecnología y experiencia mediante la producción de bienes necesarios en el mercado nacional o contribuyendo a nuevas exportaciones” (p. 22). 8. Privatización de las empresas estatales. Esto facilitaría una reducción en los presupuestos estatales, pues El Estado no tendría que preocuparse de invertir en estas empresas.
36 9. Desregulación. Se plantea una política desreguladora para aliviar el proteccionismo que caracterizaba la región latinoamericana. 10. Seguridad jurídica derechos de propiedad. Según Rangel y Garmendia (2012), se buscaba crear derechos de propiedad asegurados, puesto que “constituyen un prerequisito básico para la operación eficiente de un sistema capitalista” (p. 48). Más allá de responder al contexto latinoamericano, Rangel y Garmendia (2012) critican que las políticas del decálogo “respondían a las exigencias económicas estadounidenses” (p. 64), insertando a Amrica Latina en “la lógica del mercado” (p. 63). Aun así, según Benecke y Nascimento (2003), el Consenso se creó con la intención de encontrar una solución para la región, “considerando que la inmensa riqueza potencial de esos países permitiría un mejor desempeño político en el sentido de crecimiento, modernización y desarrollo humano” (p. 16). Rangel y Garmendia (2012) exponen también que, aunque estas reformas se plantearon como recomendaciones por parte de los organismos internacionales, sin llegar a obligar a ningún país a llevarlas a cabo, existe una presión evidente pues “aquellas políticas económicas conforman el listado de condiciones que los organismos internacionales exigen para acceder a los prstamos y rescates financieros” (p. 49). En este sentido, afirman: En la década de 1970, la región latinoamericana comienza a endeudarse con los organismos internacionales y cuando estalla la crisis de la década de 1980 las políticas del Consenso de Washington se convierten en el paradigma de condicionantes que los países tenían que aceptar para acceder a las “herramientas económicas” o a los prstamos de los organismos internacionales (p. 61). En cuanto a los organismos financieros internacionales, añaden: [Ofrecen] cuantiosos préstamos que otorgan a las economías de todo el mundo, préstamos que con el paso del tiempo se incrementan lo suficiente para desestabilizar las economías, por las altas tasas de interés que a la larga los hacen impagables. Hoy dichas instituciones son protagonistas dominantes en la economía mundial. No sólo los países que buscan su
37 ayuda, sino tambin los que aspiran a obtener su “sello de aprobación” para lograr un mejor acceso a los mercados internacionales de capitales deben seguir sus instrucciones económicas, que reflejan sus ideologías y teorías sobre el desarrollo libre (p. 60). ¿Cuáles han sido las consecuencias de implantar estas reformas económicas? Béjar (2004) expone que, entre algunos de los logros más inmediatos, encontramos: la reducción de la inflación y de la deuda externa pública, la disminución del promedio del déficit presupuestario, el descenso del promedio de aranceles, el incremento del flujo de capitales hacia Latinoamérica y la expansión del volumen de exportaciones. Sin embargo, el mismo Williamson (citado por Rangel y Garmendia, 2012), economista que acuñó el término de Consenso de Washington, reconoce que “el decálogo no ha funcionado para solucionar rezagos de pobreza, empleo y crecimiento” (p. 52). Bjar (2004) afirma que los resultados fueron “desalentadores” en lo que se refiere a “crecimiento económico, reducción de pobreza, redistribución del ingreso y las condiciones sociales” (p. 24). Concretamente, expone que el desempleo aumentó y la pobreza no consiguió ser paliada, sino que siguió ampliamente generalizada en todo el continente. A esto, añade que “los equilibrios alcanzados se produjeron a costa de otros desequilibrios en variables macroeconómicas o bien descuidando aspectos esenciales para lograr la equidad o la competitividad sistmica” (p. 37). Benecke y Nascimento (2003) contemplan que, “contrariamente a lo que se esperaba cuando se ideó el proyecto, a lo largo de los años 90, en América Latina hubo escasa reducción de la pobreza, poco desarrollo humano y poca distribución de la renta” (p. 18). Ffrench-Davis (2007), aportando datos, expone que entre 1990 y 2001, el crecimiento del producto apenas es un 2’7% por año, lo que supondría un 1% por habitante. El autor afirma que esta tasa es “insuficiente para lograr reducir en algo la brecha con los países desarrollados” (p. 142). Benecke y Nascimento (2003) resumen el resultado de la aplicación del Consenso de la siguiente manera: La convicción o la esperanza de que “el mercado” compensaría posibles y esperados efectos negativos de la privatización, de la apertura de los mercados y de la reducción del
38 gasto en empleados públicos, demostró ser equivocada porque el Estado no reaccionó a tiempo contra la concentración de la riqueza y de la renta en manos de quienes participaron activamente en el proceso de apertura y globalización (p. 27). En suma, planteamos las reformas propuestas por los Acuerdos de Bretton Woods y el Consenso de Washington como el contexto económico necesario para entender en qué plano se movieron los partidos políticos del momento. De hecho, es importante para dilucidar qué supondrían las políticas que propondrían los nuevos dirigentes de esa “nueva” izquierda en el plano económico. Entre ellas, las políticas y reformas de Morales.
39 4.5. Contexto político y económico en Bolivia Evo Morales no aparece repentinamente en el escenario político boliviano, ganando las elecciones de 2005. Tanto el expresidente boliviano como su partido, Movimiento al Socialismo (MAS), llevaban más de veinte años en la política. En las elecciones generales de 2002, su partido obtuvo la segunda votación más alta (un 20,94% frente al 22,94% de la primera fuerza, el Movimiento Nacionalista Revolucionario, MNR). En las elecciones municipales de 2004, el MAS se posicionó como la primera fuerza política a nivel regional, obteniendo un 18% de los votos (Ocampo, 2006). Evo Morales ya era conocido cuando logró cierta presencia a nivel nacional, pues en palabras de Ocampo (2006), “había sido un caracterizado dirigente campesino cocalero desde la década de los ochenta” (p. 12). A continuación, realizaremos un recorrido cronológico en torno a los antecedentes que nos llevan a la victoria de Evo Morales, primer presidente indígena de América Latina. 4.5.1. Antecedentes: de la Revolución Nacional de 1952 a las elecciones del 2005 En palabras de Ocampo (2006), “la política boliviana ha sido considerada como la más inestable de Sur Amrica” (p. 13). Nos remontamos a 1952, cuando una serie de levantamientos populares impulsaron lo que se conoce como la Revolución Nacional. Durante este periodo y hasta 1964, el control del gobierno está en manos del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), que impulsa reformas políticas y sociales como el voto universal y la reforma agraria (Ocampo, 2006). Tras una serie de golpes de Estado militares entre 1964 y 1982, Bolivia regresa a la democracia. Se inicia entonces, en palabras de Ocampo (2006), “la etapa más prolongada de elecciones generales sin interrupción y de transmisión de gobierno entre un mandatario y otro”. Hablamos de un periodo que comienza en 1982, con el gobierno de Hernán Siles Zuazo y su alianza de sectores de izquierda, hasta el segundo mandato de Gonzalo Sánchez de Lozada a principios de los dos mil, con el que se inicia una etapa de crisis e inestabilidad política.
40 Aillón (2006) expone: No puede entenderse la naturaleza y menos aún la orientación de la reforma neoliberal del Estado y la economía, iniciada en 1985 y profundizada en los 90, al margen de la estrecha vinculación entre los empresarios, los consorcios multinacionales, las “agencias de cooperación” y una renovada generación de funcionarios estatales dirigida por militantes del MNR y de ADN (…). El “juego democrático” consistió en la rotación de distintos gobernantes que no sólo respetaban, sino que reforzaban, legitimaban y expandían una estructura básica de poder: la coalición de burócratas y empresarios fuertemente vinculados al negocio de las empresas transnacionales. Ha sido, por definición, una oligarquía capitalista que ha detentado el poder del Estado y que tuvo en el “sistema de partidos políticos” su modo principal de reproducción política (p. 86). En este tramo político asistimos a una de las claves que, según Ocampo (2006), había posibilitado la estabilidad política de Bolivia: “la aceptación de la agenda económica liberal que impuso Paz Estenssoro (1985-1989)” (p. 14). El 29 de agosto de 1985 el presidente Paz Estenssoro firma el Decreto 21060, con la idea de paliar la crisis económica que vivía el país. Entre las principales aportaciones del Decreto, Ocampo (2006) señala: El establecimiento de un régimen de tipo de cambio único, real y flexible del peso boliviano con relación al dólar de los Estados Unidos, la libertad de las operaciones cambiarias, un régimen de libre importación de bienes, la libre contratación, la libertad de precios, la descentralización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos y de la Corporación Minera de Bolivia, entre otros (p. 14). Como consecuencia de esto, Aillón (2006) afirma que la autonomía del Estado con respecto a la clase dominante se reduce. Desde 1985, expone, el régimen político se subordinó “a las agencias de cooperación, a las transnacionales y vinculado a los empresarios locales”, configurando “una estructura controlada por minorías privilegiadas, legitimadas a través del procedimiento electoral y protegidas por el brazo armado” (p. 92). En este tramo político de estabilidad política, los gobiernos bolivianos se caracterizaron, según Lavaud (citado por Aillón, 2006), por unos gobernantes que eran “representantes directos de intereses privados, propietarios o accionistas de negocios importantes, o responsables de asociaciones patronales” (p. 85).
41 Entre 1993 y 1997, gobierna Gonzalo Sánchez de Lozada con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Durante su gobierno, promovió un amplio programa de reformas entre las que destaca la privatización de las empresas del Estado. Calle (citado por Aillón, 2006) manifiesta que durante el gobierno del MNR en la década de los noventa, “las leyes de Bolivia se hicieron en consulta con las trasnacionales (p. 92). Aillón (2006), en este sentido, expone que la autonomía del Estado había terminado subordinada a la élite dominante ya a mediados de los 90. Afirma que, en momentos de crisis, Bolivia “no tenía margen alguno de negociación y maniobra para estabilizar los conflictos activados por las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y por la enajenación de los recursos naturales (p. 93) El mismo autor, para ejemplificar esa subordinación a las trasnacionales, afirma que “los 76 contratos de concesión de los yacimientos hidrocarburíferos firmados entre el gobierno de Sánchez de Lozada y las empresas transnacionales, a mediados de los 90, jamás fueron ratificados por el Congreso” (p. 92). Volviendo a la cronología, hablamos de un momento de estabilidad política basado en la dependencia económica y financiera internacional. Sin embargo, entre 1999 y 2003, suceden en Bolivia una serie de conflictos sociales que fueron detonantes claros de la posterior crisis e inestabilidad política. Nos referimos a la Guerra del Agua (1999- 2001) y la Guerra del Gas (2003). Según Gallardo (2006), se definen como “unas batallas orientadas a la defensa y reconquista del agua decisiva para la vida y de una de sus últimas riquezas naturales amenazada por la enajenación oligárquica y capitalista: los hidrocarburos” (p. 155-156). La Guerra del Agua (1999-2001) fue protagonizada, siguiendo a Gallardo (2006), por “indígenas, juntas vecinales, algunos sindicalistas, cocaleros, estudiantes, asociaciones de profesionales, campesinos y transportistas”, con el apoyo de “la población de los departamentos de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, y organizados en un sindicato ciudadano (Coordinadora de Defensa del Agua)” (p. 156). En aquel momento el gobierno de Hugo Banzer (1997-2001) negociaba con la empresa estadounidense Bechtel. Según Gallardo (2006), “el gobierno central y el Municipio de Cochabamba le habían concedido el servicio y la distribución del agua y también los medios legales para sustraerla del control de la población y transformarla en mercancía” (p. 156-157). Los
48 el rol del Estado en la economía despus de dos dcadas de neoliberalismo” (p. 51). Siguiendo a Prada (2011), se busca otorgar al Estado “la labor de locomotora y articulador de las diferentes formas de producción que conviven en el país” (p. 157). El propio García Linera, vicepresidente durante el mandato de Morales, dejó claro que “a la cabeza estará el Estado, que será el que oriente, el que lidere” (citado por Uharte, 2017, p. 133). Es lo que García Linera definió como “capitalismo andino-amazónico” (Stefanoni, 2007, p. 51). El modelo económico que persigue García Linera, ese capitalismo andinoamazónico, serviría como una transición económica y social hacia el esperado postcapitalismo, siendo el socialismo comunitario el fin último de la sociedad boliviana. Este modelo contaría simultáneamente con formas económicas capitalistas y no capitalistas (Kwon, 2015). El vicepresidente lo explicaba así en una entrevista: (…) Lo que ahora está pasando en Bolivia es un desarrollo particular en el ámbito de un desarrollo general del capitalismo. Bolivia es capitalista en el sentido marxista del término, aunque no plenamente capitalista y esa es su virtud. A esa particularidad de capitalismo local que combina procesos de subsunción formal y subsunción real lo hemos llamado capitalismo andino-amazónico (…) No es que sea lo que uno quiere, nuestro objetivo; lo que decimos es que las posibilidades de transformación y emancipación de la sociedad boliviana apuntan a esto. A reequilibrar las formas económicas no capitalistas con las capitalistas, a la potenciación de esas formas no capitalistas para que, con el tiempo, vayan generando procesos de mayor comunitarización que habiliten pensar en un poscapitalismo. El posneoliberalismo es una forma de capitalismo, pero creemos que contiene un conjunto de fuerzas y de estructuras sociales que, con el tiempo, podrían devenir en poscapitalistas (Svampa y Stefanoni, 2007, p. 154). Durante años, la subordinación de Bolivia frente a potencias como Estados Unidos limitó su capacidad de autonomía en cuanto a la toma de decisiones a nivel nacional. Canelas y Verdes-Montenegro (2001) sostienen que el objetivo del posneoliberalismo de Morales se centra en conseguir “la autonomía de la región, sobre todo con respecto a Estados Unidos 5 (…), evitando la injerencia de los mercados y los actores estatales externos en las políticas de desarrollo y las respectivas políticas exteriores” (p. 250-251). 5 Respecto a la relación Bolivia – Estados Unidos, hablaremos más adelante.
49 Lo que propuso a gran escala Morales fue, según Stefanoni (2007), emancipar a Bolivia “de la condena histórica del capitalismo mundial a ser un mero exportador de materias primas” (p. 52). Así, propone uno de los grandes hitos de su mandato: la nacionalización de los hidrocarburos. 4.6.2. La nacionalización de los hidrocarburos Mayorga (2006) resume que, frente a la ideología del neoliberalismo, el MAS defiende “un nacionalismo estatista” (p. 9) que, ante las revoluciones de izquierda anteriores, propone sus políticas dentro de un marco de normativa legal. Entre las propuestas destaca la nacionalización legal de los hidrocarburos, una decisión que, según Quitral Rojas (2014), chocó con la estructura político-social de Bolivia. Hablamos de una tensión directa con las estructuras de poder, y es por ello que la consideramos verdaderamente relevante en nuestra investigación. Con la nacionalización de recursos naturales como el gas, el MAS reforzó el papel de la empresa pública y el Estado que durante años se había limitado, reformulando las relaciones existentes entre Bolivia y las empresas extranjeras. Según Mayorga (2006), con la nacionalización de los hidrocarburos “el Estado retomó su protagonismo en un sector clave de la economía y redefinió la relación con la inversión extranjera, pero sin atentar contra las inversiones realizadas” (p. 9). Lo explicamos. Morales nacionaliza los hidrocarburos el 1 de mayo de 2006, siendo la tercera vez que Bolivia nacionalizaba tales recursos naturales (anteriormente, en 1937 y 1969). Sin embargo, a diferencia de las dos ocasiones anteriores, Molina (2007) expone que “esta vez la nacionalización no implicó una confiscación de la propiedad de las compañías multinacionales” (p. 119). Según Stefanoni, el decreto 28.701 (a través del cual se llevó a cabo la nacionalización) “estableció un nuevo rgimen tributario que permitió al Estado captar una mayor tajada de la renta gasífera, que en los campos grandes llegó hasta 82% del valor de la producción” (p. 58). Es decir, se establecieron condiciones tributarias más favorables para Bolivia en las negociaciones con las empresas que, durante años, se habían encargado de la gestión de los hidrocarburos. De esta manera, según Uharte (2017), Bolivia “no pretende arrinconar a la empresa privada sino hacerle entender que el Estado desempeñará un papel rector” (p. 140).
50 Hay que destacar que Bolivia tenía, según Stefanoni (2007), las segundas reservas de Sudamérica en cuanto al gas. Sin embargo, Canelas y Verdes-Montenegro (2011) recalcan la poca capacidad de negociación que Bolivia tenía en cuanto a política energética antes de la llegada de Morales a la presidencia, debido a la subordinación del país a organismos extranjeros. En este sentido, definen la nacionalización del gas como “una exhibición de soberanía ante las empresas multinacionales y los países que mayores intereses tienen en la explotación de la riqueza gasífera de Bolivia: Brasil y España” (p. 243). Aun así, Uharte (2017) expone que la nacionalización de los hidrocarburos “posibilitó un aumento sustancial de los ingresos estatales en detrimento de las multinacionales que operaban fundamentalmente en el sector gasífero” (p. 133). Para hacernos una idea, según datos del Banco central de Bolivia (citado por Mayorga, 2008), “los ingresos por impuestos se incrementaron de 6.904,7 en 2005 a 11.935,8 millones de dólares en 2006” (p. 24). Molina (2007) resume las consecuencias económicas de los primeros años de la nacionalización: 1) La economía boliviana logró cruzar el umbral de 10.000 millones de dólares de Producto Interno Bruto en 2006, de los cuales 2.000 millones provienen de las exportaciones del sector hidrocarburífero. 2) Los ingresos fiscales por impuestos y ventas directas de gas superaron los 1.600 millones de dólares en 2006, lo que ha hecho que, por primera vez en 20 años, los ingresos tributarios del país hayan triplicado los aportes de la cooperación internacional (p. 120). Siguiendo con consecuencias económicas, Uharte (2017) expone: Antes de la nacionalización el Estado boliviano “vía regalías e impuestos” se quedaba con “cerca de 550 millones de dólares” anuales de media (datos de 2003 y 2004); a partir de la nacionalización se acerca a los 2.000 millones de dólares (año 2007) (p. 133). Stefanoni (2007) reflexiona sobre la nacionalización, asegurando que la presencia de Morales en el gobierno “constituye una revolución simbólica que trastoca el rol de sumisión” (p. 65) al que Bolivia se había enfrentado años atrás. Durante el primer mandato del expresidente, Uharte (2017) asegura que los indicadores económicos
51 mejoraron favorablemente: “la condonación de más de un 50% de la deuda externa; el incremento de la inversión pública de un 6,9% del PIB en 2005 a un 9,4% en 2008; el aumento espectacular de las reservas internacionales” (p. 134). El MAS, según Mayorga (2008), propuso también una serie de medidas sociales con “sello popular”, entre las que el autor nombra la aplicación de una tarifa diferenciada en el consumo eléctrico o la entrega de bonos anuales de en torno a los 200 bolivianos a niños de primaria, y mensuales a personas mayores de 60 años. Con ellas, el partido intentó dar ejemplo de la existente conexión entre la nacionalización de los hidrocarburos y la equidad social, pues los recursos económicos provenían de los impuestos generados. Autores como Uharte (2017) explican que, durante años, en términos energéticos “la subordinación a las directrices de las multinacionales era notable y se justificaba por la urgencia de no perder las oportunidades de mercado” (p. 137). Por tanto, destacan como logro de la nacionalización “la menor dependencia del financiamiento externo” y, por tanto, “menor dependencia de la cooperación internacional” (p. 136). Además de los hidrocarburos, el gobierno de Morales también decidió nacionalizar las telecomunicaciones. Stefanoni (2007) recalca el “anuncio de la venta obligada al Estado boliviano de las acciones de la compañía de telecomunicaciones Entel, controlada por Telecom Italia” (p. 51). En 2007, Morales comenzó la negociación para nacionalizar la Empresa Nacional Telecomunicaciones (Entel). El Mundo publicaba en abril de 2007: Telecom administra a Entel pues posee el 50% de sus acciones desde que asumió el control de la telefónica estatal boliviana a finales de 1996, en el marco de una ola de privatizaciones de las principales empresas públicas de producción y servicios. En 2008, bajo el Decreto Supremo Nº 29544, Entel se nacionaliza, convirtiéndose Bolivia en el titular de más del 90% de las acciones de la empresa.
52 4.6.3. Evo Morales en materia internacional: sus relaciones con Estados Unidos, Venezuela, Cuba, China e Irán Política exterior El quiebre con el pasado neoliberal que propone Morales no solo tiene que ver con las relaciones del Estado con la economía y la sociedad, sino tambin con “el relacionamiento externo del país” (Ceppi, 2014, p. 126). A nivel internacional, Morales realiza una profunda reconfiguración en torno a la política exterior si lo comparamos con lo que, durante los mandatos anteriores, había ocurrido en Bolivia. Canelas y Verdes- Montenegro (2011) exponen que “comparativamente hablando, nunca, desde la restauración de la democracia en el 1982, los acontecimientos que suceden en Bolivia habían merecido tanta atención” (p. 239). Autores como Quitral Rojas (2014) destacan de Morales “su presencia en los foros internacionales”, así como “la realización de una agenda internacional bastante recargada” (p. 176). La Bolivia de Evo puso el foco en la política exterior y, por tanto, en las relaciones Estado-Estado, así como aquellas existentes entre Estado y organismos internacionales (Ceppi, 2014). El presidente Morales definió el principio articulador de esta nueva forma de relacionarse internacionalmente de la siguiente manera: “queremos socios, no patrones” (Canelas y Verdes-Montenegro, 2011). Quitral Rojas (2014) valora que, durante el mandato de Morales, Bolivia logró “una ostensible autonomía mundial”, reduciendo “la injerencia de actores políticos externos en la construcción de su agenda internacional” y revitalizando “el protagonismo de su Gobierno en el concierto internacional” (p. 189). Autores como Durán (2012) resumen la situación: La elección de Morales y la subida del partido Movimiento al Socialismo (MAS) al poder gubernamental (2006) desencadenó gran desconfianza y cautela por parte de las clases dominantes del país, del capital extranjero, de los Estados Unidos y de los países vecinos más influyentes (Brasil, Argentina, Chile) debido al temor de que Bolivia se convierta en una nueva Venezuela (p. 1). De esta manera, a nivel externo y siguiendo a Ceppi (2014), lo que Morales y su partido proponen se resume de la siguiente forma:
53 - “Rechazo abierto a la injerencia extranjera” (p. 130), con el fin de recuperar la autonomía perdida durante los gobiernos anteriores. - Promoción de esquemas diferentes a los propuestos por los modelos neoliberales que, durante años, beneficiaron a los agentes externos. - Fortalecimiento del Estado y su poder. - Diversificación de la política exterior y sus correspondientes relaciones a escala internacional “a fin de romper con el alineamiento a Estados Unidos” (p. 130). Estos planteamientos se reflejan de manera directa en las relaciones que Bolivia tuvo con otros Estados. Ceppi (2014) resume estas relaciones, las cuales explicaremos a continuación de manera más detallada: a) El fortalecimiento de ciertos vínculos regionales, aunque con características particulares —Venezuela, Argentina y Brasil—; b) el ascenso de “nuevos socios” en la agenda de política exterior —China e Irán— y c) aquellas que denotan signos de conflictividad política, a saber, los casos de Estados Unidos y Chile (p. 131) Estados Unidos En primer lugar, centraremos la atención en el no alineamiento a Estados Unidos y la conflictividad política durante el mandato de Morales. Para entender el cambio que propone el expresidente en materia internacional, es necesario conocer en qué sentido Bolivia estuvo durante años “sometida” a grandes potencias como Estados Unidos. Son diversos los autores (Stefanoni, 2007; Prada, 2011; Quitral Rojas, 2014; Ceppi, 2014; Uharte, 2017) que exponen los criterios que Estados Unidos aplicaba a Bolivia en términos de política exterior. Por su parte, Uharte (2017) explica que, durante años, “el criterio para evaluar si Bolivia tenía una buena política exterior era su grado de cumplimiento del recetario impuesto por el Consenso de Washington y la subordinación a la política antidrogas fijada por EE.UU.” (p. 137). Las dependencias de Bolivia hacia organismos internacionales en el marco del Consenso de Washington para recibir, por ejemplo, financiamiento externo, ya fueron explicadas con anterioridad. Durante los años noventa, explican Canelas y Verdes-
54 Montenegro (2011), que “el criterio para evaluar si Bolivia tenía una buena política exterior venía otorgado exclusivamente desde fuera del país, y era asumido como válido internamente con poca resistencia (…) a la hora de cumplir el recetario del consenso de Washington” (p. 240). Por otro lado, para cumplir ese valor de “buena política exterior”, los autores exponen que Bolivia también debía cumplir “las certificaciones exigidas por EEUU en el marco de la lucha antidroga” (p. 240). Las certificaciones son una especie de calificación a la buena conducta de Bolivia en materia de lucha contra las drogas –en particular el cumplimiento de las metas en las erradicaciones de plantaciones de coca–, en caso de obtenerla se sigue contando con fondos para temas varios, caso contrario se puede ser “sancionado” con la suspensión de la entrega de recursos de ayuda y cooperación (Canelas y Verdes-Montenegro, 2011, p. 241). Podemos entender, por tanto, que la llegada al poder de Evo Morales supone la ruptura con esas certificaciones, debido al doble rol del expresidente que Stefanoni (2007) define como “presidente de la República y a la vez presidente de los sindicatos cocaleros del trópico de Cochabamba” (p. 53). Canelas y Verdes-Montenegro (2011) definen las propuestas en torno a la hoja de coca como “un giro de ochenta grados” (p. 246) pues Morales “no sólo ha llevado adelante una campaña mundial para desagraviarla, reivindicando su importancia cultural y criticando la ecuación coca-cocaína”, sino que tambin “ha parado la política de interdicción abusiva de los gobiernos neoliberales” (p. 246). De hecho, autores como Ceppi (2014) exponen que la presencia de Morales en las Naciones Unidas le permitió al expresidente conseguir la despenalización del masticado de hoja de coca. Durán (2012) explica que, desde el inicio del gobierno del expresidente, “las relaciones entre los Estados Unidos y Bolivia estuvieron marcadas por conflicto, confrontación, indiferencia y desconfianza mutua” (p. 5). Así, autores como Ceppi (2014) describen la relación Bolivia-Estados Unidos durante los primeros años de presidencia de Morales de esta manera:
55 La retórica antiimperialista y contrahegemónica y la intensificación de los contactos con Venezuela e Irán fueron causando cierto recelo en la administración de George W. Bush, de modo tal que el vínculo boliviano-estadounidense fue tornándose hostil y conflictivo (p. 140). Según Deheza (citado por Quitral Rojas, 2014), Morales expresó durante su discurso inaugural su intención de orientar su política “a resolver los problemas de forma democrática, con justicia e igualdad y sin condicionamientos ni sometimientos” (p. 180). Este discurso refuerza la idea de “queremos socios, no patrones”, ya expuesta anteriormente. Siguiendo a Quitral Rojas (2014), la intención de Morales se traduce en “marcar diferencias con la forma de entendimiento político que los anteriores presidentes habían adoptado, y que hablaban de una dependencia hacia las decisiones emanadas desde actores políticos extrafronteras, particularmente con los Estados Unidos” (p. 180). Entonces, si la llegada de Morales plantea un cambio, un quiebre con el pasado, un “giro de ochenta grados”. ¿Qu relación existía entre Bolivia y los Estados Unidos antes de que el MAS ganase las elecciones? Según Canelas y Verdes-Montenegro (2011), ya en 2002, poco antes de las elecciones, el embajador de EE.UU., Manuel de la Rocha, refiriéndose al apoyo que Evo Morales había ido mostrando en las encuestas, expuso en un acto político en el que se encontraba el entonces presidente Jorge Quiroga: “El electorado boliviano debe considerar las consecuencias de escoger líderes de alguna manera conectados con el narcotráfico y el terrorismo” (p. 240). Siguiendo a Vázquez (2009), el embajador estadounidense pidió a los bolivianos que no votaran a Morales, amenazándolos con cesar las ayudas económicas norteamericanas al país. En su discurso, Rocha añadió: Quiero recordarle al electorado boliviano que si eligen a los que quieren que Bolivia vuelva a ser un exportador de cocaína importante, que ese resultado pondrá en peligro el futuro de la ayuda de los Estados Unidos a Bolivia (...) Una Bolivia dirigida por gente que se ha beneficiado del narcotráfico no pude esperar que los mercados de los Estados Unidos se mantengan abiertos para las exportaciones tradicionales de textiles y mucho más importante el mercado del gas de California (Vázquez, 2009, p. 266). Recordemos que Evo Morales había liderado durante años el movimiento cocalero, por lo que su llegada al poder podría suponer un quiebre con la política
56 antidrogas que hasta entonces había llevado a cabo Bolivia bajo la presión de las certificaciones estadounidenses. La amenaza de Rocha evidencia que “cualquier intento de desmarcarse de la estrategia antidroga norteamericana está destinado a una embestida diplomática, política y económica por parte del país del norte” (p.102) (Tellería, 2013). Por su parte, Sánchez de Lozada (presidente entre 2002-2003) también mostró cierta cercanía con los Estados Unidos. Bajo la crisis de su mandato político en 2003, el gobierno del presidente buscó apoyo internacional. Según Quitral Rojas (2014), Sánchez de Lozada trató de señalar que Bolivia era una víctima “de un complot anarcosindicalterrorista”, haciendo alusión a Evo porque este “contaba con el apoyo político y financiero de Chávez y otras «fuerzas oscuras»” (p. 180). Lo relevante de la búsqueda de este apoyo fue la rápida respuesta de los Estados Unidos. El Departamento de Estado (Bolpress, citado por Quitral Rojas, 2014) señaló lo siguiente: “La comunidad internacional y los Estados Unidos no van a tolerar ninguna interrupción del orden constitucional y no reconocerán a cualquier régimen que sea el resultado de procedimientos antidemocráticos” (p. 180). A esto debemos sumarle la relación existente con Carlos Mesa (vicepresidente durante el gobierno de Sánchez de Lozada), que según Quitral Rojas (2014), “recibió en su hogar al embajador de los EE.UU.” evidenciando que “la relación entre ambos países en ese momento era más estrecha de lo que se pensaba” (p. 180). Según Canelas y Verdes-Montenegro (2011), "la prensa conservadora nacional e internacional alertaba sobre el riesgo de que una insurrección acabase con el orden constituido y se empezaba a escuchar el mantra del «Estado Fallido» que precisa de ser intervenido para salvar la región (p. 242). Los mismos autores exponen que “varios altos funcionarios norteamericanos criticaron abiertamente al gobierno boliviano, llegando incluso a censurar aspectos de política interna o el que se mantuvieran determinado tipo de relaciones con «países no convenientes»” (p. 246). Por otro lado, podemos nombrar también el papel de la OEA (Organización de los Estados Americanos). Según Durán (2012), la organización llevó a cabo una “campaña política (…) de desconfianza en relación al gobierno de Morales” (p. 7). El propio autor explica que tanto la OEA como los sucesivos gobiernos estadounidenses han tendido a
57 “presionar para reinstaurar una democracia representativa limitada y, en lo extremo, una democracia de cuño neoliberal en Bolivia” (p. 8). Reig (2015) marca como punto de inflexión de los gobiernos de izquierda el momento en el que estos “intervinieron en la socio-economía y tocaron lo intocable: la estructura de poder que se había formado entre los segmentos dirigentes latinoamericanos con los de otros países como Estados Unidos y países de Europa” (p. 131-132). Entre las estructuras de poder encontramos al CIADI (Centro Internacional de Arreglo de las Diferencias Relativas a Inversiones), una agencia que, siguiendo a Uharte (2017) “fue creada por el Banco Mundial para arbitrar las disputas entre multinacionales inversionistas y los Estados”. En mayo de 2007, bajo la presidencia de Morales, Bolivia decide salir del CIADI, denunciando públicamente el convenio. Según Canelas y Verdes-Montenegro (2011), el gobierno de Morales justificó su decisión al afirmar que “el CIADI privilegia de manera exclusiva –más allá de una apariencia de neutralidad– los derechos de las empresas inversoras y se convierte, de manera poco disimulada, en un instrumento para sortear la legislación de los estados receptores de las inversiones” (p. 246-247). Autores como Uharte (2017) añaden que el partido de Morales decidió defender los derechos de los bolivianos, afirmando que estos están “por encima de los derechos de las empresas inversoras” (p. 138). En referencia a este tipo de propuestas, Canelas y Verdes-Montenegro (2011) exponen “la dificultad y los obstáculos que existen para llevar a la práctica el «queremos socios, no patrones»” (p. 255). Entre esos obstáculos, los autores afirman que “la configuración del sistema económico mundial” (p. 255) es el principal de ellos. Una configuración de la que, aseguran, “el CIADI es sólo una parte” (p. 256). Las relaciones con Estados Unidos fueron conflictivas desde la llegada de Morales a la presidencia. Según Ceppi (2014), entre 2006 y 2013 “las relaciones Bolivia-Estados Unidos se han caracterizado no solo por su baja intensidad, sino también por la tensión constante” (p. 141). Durante los años de mandato del expresidente boliviano, diferentes hechos demuestran esta tensión y conflictividad. La misma Ceppi (2014) enumera y expone los siguientes: La declaración de persona non grata del embajador de Estados
64 Así que, por parte de los medios de comunicación, Rodríguez Illana (2013) asume que estos han evidenciado ser “meros portavoces de las grandes empresas que integran su accionariado o sustentan su negocio vía publicitaria” (p. 889). El autor afirma que los dirigentes políticos como Chávez o Morales, que se han atrevido “a mostrarse irreverentes con el pensamiento económico liberal”, se han convertido en “cabezas de turco mediáticas”, siendo objetos de “una crítica sistemática” (p. 891). Reig (2004) expone lo siguiente: Existen claras conexiones entre telecomunicaciones-banca-grupos mediáticos de España, Estados Unidos, México, Bolivia, Colombia y Venezuela con otros sectores de la población y, por supuesto, con el mundo político. Todo ello puede explicar las características de los mensajes informativos en caso de que alguno de estos elementos de poder sea tocado o se sienta atacado por un poder político rival que pretenda cambiar esencialmente una situación conformada ancestralmente (p. 304). Para sostener la idea de que ciertos medios han proliferado una actitud negativa hacia Evo Morales, utilizaremos las conclusiones a las que Rodríguez Illana llega después de un extenso y meticuloso análisis de textos periodísticos en las ediciones sevillanas de ABC, El Mundo y El País. Los tres medios analizados, de entrada, han asociado a Evo Morales con las figuras de Fidel Castro y Hugo Chávez, negativamente connotadas, como una alianza de líderes imbuidos de desprecio por la libertad y la democracia, dignos de temer, visceral e ilógicamente enfrentados a la primera potencia mundial por unos no explicitados oscuros motivos. Esto es lo más destacable de la caracterización semántica del candidato del Movimiento al Socialismo y luego presidente electo (Rodríguez Illana, 2013, p. 1033). Los mensajes de los periódicos, “en lógica con el marco macroestructural, ideológico, económico y político” (p. 1043) de los grupos mediáticos a los que pertenecen, han sido contrarios a las propuestas de Morales, “frente a una auténtica exaltación de la economía de mercado” (p. 1044), a la que han atribuido valores de “libertad, prosperidad y democracia” (p. 1044). La figura de Evo Morales, siguiendo el resultado del análisis de Rodríguez Illana (2013), ha sido relacionada con temas como el eje del mal bolivariano, la agresividad, el trío miedo-peligro amenaza, el autoritarismo dictatorial y el antiestadounidendismo (término creado por el propio autor para explicar
65 el rechazo hacia Estados Unidos). Algunas de las técnicas propagandísticas utilizadas contra Morales y que el autor encuentra tras el análisis son: generalizaciones, atribuciones tendenciosas, omisión de información o presentación de opiniones como hechos. Reig (2015) añadiría a estas, la ridiculización y crítica hacia aspectos meramente visuales, como ocurrió con el tratamiento que hicieron los medios sobre la vestimenta del ex mandatario boliviano en su reunión con el anterior rey Juan Carlos I en el año 2006. Sin embargo, es necesario puntualizar la diferenciación que Rodríguez Illana (2013) realiza entre los tres periódicos. Frente a la actitud claramente negativa que tanto El Mundo como ABC han mostrado en el periodo de tiempo analizado, concluye que El País ha mantenido una actitud mucho más neutra hacia el ex presidente Morales. Podemos concluir que el presidente de Bolivia, Evo Morales, ha sido relegado por ABC y El Mundo a la condición de diablo mediático en virtud de condicionantes estructurales, mientras El País le ha dedicado una actitud globalmente neutra, debido al retrato más favorable que ha proyectado de él durante el segundo tramo de la cobertura mediática (p. 1045). Rodríguez Illana (2013) explica que, tras el acuerdo entre Morales y Zapatero en torno al desarrollo de programas educativos, el periódico del grupo Prisa mostró una actitud más benevolente hacia el ex mandatario. Puntualiza que el grupo mediático, tradicionalmente socialista, es propietario de corporaciones como Santillana, especializada en la producción de textos y material didáctico. Por su parte, ABC pertenece al grupo Vocento, conectado con Repsol por su accionariado. La empresa de hidrocarburos fue una de las afectadas por la nacionalización llevada a cabo en Bolivia en 2006. En cuanto a El Mundo, Rodríguez Illana no encuentra consideraciones estructurales concretas para comprender el tratamiento negativo hacia Morales en sus páginas, por lo que podemos afirmar que el tratamiento se justificaría por cuestiones puramente sistémicas.
66 4.8 La crisis de gobierno en octubre de 2019: elecciones, intento de fraude y dimisión Para acercarnos al análisis del trabajo, elaboraremos un contexto que contemple qué es lo que paso en Bolivia desde las elecciones presidenciales del 20 de octubre del pasado 2019, a la posterior dimisión de Evo Morales el 10 de noviembre del mismo año. Una de las cuestiones más relevantes para comprender la sucesión de hechos ocurridos el pasado mes de octubre es el referéndum revocatorio de 2016. La Constitución de Bolivia solo permite dos mandatos consecutivos de un mismo presidente. En 2014, el Tribunal Constitucional hizo una excepción con Morales, permitiendo que se presentase una vez más a elecciones, pues no consideraban que su primer mandato contase en el cómputo, teniendo en cuenta que Bolivia se refundó como Estado Plurinacional en 2009 (BBC Mundo, 2016). En febrero de 2016, se realiza el referéndum sobre la posibilidad de que las autoridades políticas bolivianas pudieran ser reelectas, intentando cambiar de dos a tres los mandatos consecutivos posibles. En el resultado final del referéndum gana el “no” al cambio en la Constitución que permitiera la revocatoria de mandato, por lo que tras su tercer ciclo de gobierno de cinco años, Morales no podía ser reelegido en 2019 (Lafuente, 2016). En diciembre de 2018, el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia, pese a la decisión tomada por los ciudadanos en el referéndum, aceptó la candidatura de Morales para las elecciones de 2019, que le otorgarían la presidencia cinco años más en caso de victoria (Barra, 2018). Con esta cuestión presente, llega el 20 de octubre de 2019 y se celebran elecciones presidenciales en Bolivia. Por la tarde, el conteo de votos queda estancado con alrededor del 80% escrutado, cuando el resultado obligaría a una segunda vuelta que enfrentaría a Morales con Mesa. Ya se habla de fraude electoral (BBC Mundo, 2019). El 22 de octubre, días después de las elecciones, el Tribunal Electoral da la victoria a Evo Morales, el cual no necesita recurrir a la segunda vuelta por superar al siguiente candidato, Carlos Mesa, en más de 10 puntos. La oposición lo tacha de fraude (Lozano, 2019). El 23 de octubre el gobierno solicita a la OEA un recuento de votos ante las sospechas de irregularidades, generadas por el parón en el escrutinio el mismo día de las elecciones (Manetto, 2019). A final de mes, el 31 de octubre, comienza la auditoría de la OEA. Mientras que Morales y su partido aceptaron la auditoría electoral, la oposición
67 rechaza participar en ella por haber sido “pactada unilateralmente”, sin haber “consultado al país” (Trillo y Alandete, 2019). En este contexto y con todo lo que estaba pasando, las protestas ciudadanas llenaron las calles de Bolivia. Por un lado, los que defendían el gobierno de Morales y su victoria. Por otro, los opositores que aseguraban la existencia del fraude y aclamaban unas nuevas elecciones. El levantamiento popular comenzó el día que el Tribunal Electoral dio la victoria a Morales. Su descontento y desconfianza venían causados por dos razones: la decepción respecto a que Morales no aceptara el resultado del referéndum de 2016 y las supuestas irregularidades de las elecciones del 20 de octubre (Molina, 2019). A principios de noviembre, la oposición boliviana presenta pruebas del fraude mientras la OEA trabaja en la auditoría electoral (“Oposición presenta pruebas de sus acusaciones de fraude electoral en Bolivia”, 2019). La OEA expone en su informe que recibieron hasta 250 denuncias sobre el proceso electoral mientras analizaban el mismo (Organización de los Estados Americanos, 2019) El 10 de noviembre y con la publicación de un informe preliminar (realizado entre el 1 y el 9 de noviembre), la OEA anuncia que es “improbable estadísticamente” la victoria de Morales, recomendando la celebración de una segunda vuelta electoral (Reuters, 2019). Según el informe preliminar (Organización de los Estados Americanos, 2019), debido a la cantidad de irregularidades observadas, “no es posible garantizar la integridad de los datos y dar certeza de los resultados” (p. 6). Como conclusión, añaden: Los técnicos de la OEA contaron con la necesaria información y accesos para poder realizar su trabajo. El equipo auditor no puede validar los resultados de la presente elección, por lo que se recomienda otro proceso electoral. Cualquier futuro proceso deberá contar con nuevas autoridades electorales para poder llevar a cabo comicios confiables (p. 13). El mismo 10 de noviembre, y tras la recomendación de la OEA, el presidente propone la celebración de unas segundas elecciones (“Evo Morales anuncia la convocatoria de nuevas elecciones y la renovación del TSE”, 2019). Ese mismo día por la tarde, el entonces comandante jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, sugiere
68 a Morales en rueda de prensa que renuncie “por el bien de Bolivia” (“El Ejrcito de Bolivia sugiere a Evo Morales que dimita”, 2019). Evo Morales, tras la sugerencia, dimite como presidente públicamente en televisión y denuncia el golpe de Estado (Lozano, 2019).
69 5. Análisis de casos El diario ABC ofrece la noticia de la destitución de Evo Morales el 11 de noviembre en torno a las 10 de la mañana de la siguiente manera: “Evo Morales dimite tras perder el apoyo del Ejrcito y de la calle por el fraude electoral”. En un mes en adelante, el diario ofrece 63 textos periodísticos que, como se recoge en la metodología del análisis, hicieron referencia a Evo Morales y a Bolivia, siendo estos tema principal o no. Estos 63 textos periodísticos pasan a formar parte de la muestra para el análisis de contenido. El Mundo, por su parte, ofrece la noticia sobre la 1 de la tarde de la siguiente forma: “Evo Morales dimite como presidente de Bolivia y denuncia una orden de detención ilegal contra l”. Un total de 29 textos periodísticos del medio pasan a la muestra del análisis. Por último, El País ofrece la noticia de la salida de Morales a las 8 de la tarde del día 11 de noviembre de la siguiente manera: “El Ejrcito obliga a Evo Morales a renunciar como presidente de Bolivia”. Un total de 66 textos del periódico pasan a formar parte de la muestra. A continuación, se expondrán los resultados obtenidos del análisis de los casos propuestos. La lista de textos podrá encontrarse en Anexos. Análisis de las categorías Ausente en las variables propuestas, encontramos tanto en ABC como El País una constante en lo que a defensa de la democracia y Constitución se refiere. El País critica en EP56 al nuevo gobierno de la presidenta Áñez por “invocar la Biblia en lugar de la Constitución, lo cual invita a temblar de pavor”. Por su parte, ABC culpa a Evo de haber buscado vías fuera de los límites propuestos por la Constitución (en A24, “la clave se encuentra en lo que ocurre una vez que se empiezan a buscar soluciones fuera del orden constitucional”). Ambos medios defienden que el camino para conseguir la estabilidad de una Bolivia democrática pasa por la defensa y el restablecimiento del orden constitucional. Así lo reflejan EP4 (“cualquier solución a la crisis boliviana debe pasar imprescindiblemente por un exquisito respeto a la legalidad constitucional”), EP23 (“resulta imprescindible mantener el orden constitucional previsto, que no debe verse alterado por ningún estamento ni injerencia extranjera”) y A18 (“contribuir al restablecimiento del orden constitucional”).
70 Nos centraremos ahora en las variables pertenecientes a la categoría sobre Evo Morales. En cuanto a los atributos referidos al populismo y autoritarismo, ha sido el ABC aquel que más veces ha hecho referencia de manera negativa a ambos términos al relacionarlos con Morales (5 menciones negativas hacia el populismo y 4 hacia el atributo de autoritario y dictador). El periódico describe al expresidente en A21 como “un dirigente que fue popular antes de ser populista” y expone en A58 que “el populismo ha sido una constante” durante los años de mandato de Evo, afirmando en A10 que la movilización ciudadana de noviembre “ha logrado sacar a un presidente autoritario”. El País, por su parte, con solo una referencia negativa a cada una de las subcategorías respectivamente, expone en EP27 que “recordar el rostro indígena de Morales (...) no significa ignorar las miserias del populismo”. En EP60 añade que “el pueblo boliviano se movilizaba contra un fraude electoral y, una vez más en su historia, conseguía arrojar del poder a un dictadorzuelo corrompido”. En El Mundo no encontramos ninguna referencia, más allá de una mención neutral hacia el populismo. Debemos tener en cuenta que la muestra de El Mundo (29 textos) es mucho menor que la de ABC (63 textos) y El País (66 textos) Sobre la hoja de coca y el origen cocalero de Morales, El País ha sido el medio que más referencias ha hecho de una manera neutral (8 menciones, frente a las 3 de El Mundo y a las 2 de ABC). En EP13, el medio explicaba que “desde que Morales inició su carrera política en 1997 como diputado, uno de sus principales objetivos fue la defensa, protección e industrialización de la hoja de la coca”. En el mismo texto, expone El País la problemática que ha supuesto la hoja de coca en un sitio como El Chapare: “Según la oposición, este bastión está respaldado en la producción de coca legal e ilegal, y por ende del narcotráfico”. Sin embargo, un tono más negativo aparece en EP60 al relacionar a los cocaleros con la posesión de armas, insinuando que son el peligro de las movilizaciones ciudadanas (“hay razones más que suficientes para asegurar que los partidarios del ex mandatario, en especial los cocaleros del Chapare y los ciudadanos de El Alto, militantes del MAS, estaban armados hasta los dientes”). ABC perpetúa este discurso cocalero-terror; exponiendo en A39 que “lo peligroso es que los seguidores de Morales, estarían armados principalmente en la zona del Chapare lugar donde se produce la mayor cantidad de cocaína en Bolivia. En A38 añadía que “los miembros de las federaciones de coca del trópico de Cochabamba, que asedian la Paz y siembran el terror en Bolivia (...)”.
71 En cuanto al indigenismo, los tres periódicos analizados han hecho referencia en numerosas ocasiones al origen indígena del expresidente (un total de 10 referencias en ABC, 14 en El Mundo y 19 en El País), al referirse a l como “líder indígena” o “primer presidente indígena”. Además de estas referencias, que han sido consideradas como neutral para el análisis, ABC ha elaborado en dos ocasiones un discurso que relaciona a los indígenas como los movilizadores de las revueltas del pasado mes de noviembre en Bolivia. En A27, relaciona la tensión de Bolivia con los protagonistas de las movilizaciones, donde muchos iban “ataviados con vestimentas tradicionales y ondeando la wiphala –bandera indígena”. “En su mayoría indígenas, el asedio a La Paz está provocando el estrangulamiento de la población”, aportaba A38. La nacionalización de empresas, entendida como una de las medidas más conocidas llevadas a cabo por el expresidente, no ha recibido mucha atención en el mes analizado (una referencia neutral en ABC y otra en El País). También vemos el posicionamiento negativo hacia una medida como la nacionalización en A58, al afirmar ABC que “el proteccionismo o la intervención del Estado son recetas fallidas del pasado”. Por su lado, podemos subrayar la postura de El País en EP42, el único momento en el que uno de los tres médicos ha reconocido a lo largo del mes analizado los logros que Morales consiguió para Bolivia desde un punto de vista económico (“Morales consiguió reducir la pobreza —la extrema ha pasado del 38% al 15%; la pobreza, en total, bajó del 60% al 34%, según el Banco Interamericano de Desarrollo— y modernizar el país. Impulsado por el boom de las materias primas, ha logrado que la economía boliviana crezca a un promedio anual del 4,9% y que la inflación apenas exista”). En cuanto al eje del mal bolivariano, tan sólo una mención neutral tanto en ABC como en El Mundo para dar la noticia de cómo el nuevo gobierno de Áñez había roto relaciones con los regímenes de Cuba y Venezuela. “Dicho de otro modo, se desprendió de cualquier vestigio bolivariano”, exponía A36. ABC, además, sostuvo una postura negativa en A53 al afirmar que “los grupos bolivarianos” (refirindose a Bolivia, Cuba y Venezuela) habían “persistido en su populismo y radicalismo” en lugar de “aprovechar ese tiempo de gobierno y de largo ciclo de bonanza económica para transformarse en fuertes partidos socialdemócratas, altamente institucionales”.
72 Las menciones crecieron en lo referente a la izquierda latinoamericana (en cuanto a referencias neutrales, 1 en ABC, 4 en El Mundo y 2 en El País). En este sentido, la prensa se ha referido a la izquierda latinoamericana como grupo de apoyo mutuo en lo político y económico (vase EM1, “el apoyo internacional de sus amigos revolucionarios y de izquierda regional tampoco fue suficiente”). Pero, por otro lado, también encontramos referencias más negativas presentadas por ABC. En A53 se plantea cómo los países de la izquierda latinoamericana han demonizado a los organismos internacionales como el FMI, lo que para el periódico demuestra que económicamente hablando no han aceptado aquellos ajustes que podrían haber ayudado al buen hacer de los países en cuestión (“Una muestra de esa falta de madurez es no asumir que muchos de los países latinoamericanos necesitan serios ajustes económicos (el epítome de esa insensatez es la demonización del FMI”). En A57 exponen que la izquierda (refirindose por el contexto a la de Latinoamrica) “niega la democracia: si es derrotada impide al vencedor aplicar su programa”. Ya expusimos con anterioridad la importancia que medios como el ABC han otorgado a la defensa democracia durante el mes analizado. En A61, por ejemplo, relacionan a esta izquierda con lo ilícito (“en la historia de la izquierda en América Latina -salvo excepcionesla acción de lo ilícito ha sido reiterada en la mayoría de los países”). En cuanto a la categoría de países, se torna evidente en la tabla de categorías utilizadas para el análisis (ver Anexo) que hay ciertos países que no han recibido apenas atención durante el mes analizado. Es el caso de China (con una única mención neutral en ABC) e Irán (una mención neutral en El Mundo). Por ello, centraremos la atención en los tres grandes protagonistas: Estados Unidos, Cuba y Venezuela. Por su parte, Estados Unidos recibe 7 menciones neutrales en ABC, 2 en El Mundo y 8 en El País. El País reitera hasta en dos ocasiones el visto bueno que da EE.UU. a la salida de Morales del gobierno tras la “sugerencia” de los militares para que dimitiese (en EP18, “Un pronunciamiento militar, con respaldo norteamericano, produce la caída de un gobernante de izquierda en Latinoamrica” y en EP35 “Donald Trump ha dado el visto bueno a los cambios. Los hidrocarburos de Bolivia han pasado a ser el premio gordo”). Recibe una mención negativa en EP57, una tribuna que achaca como causante de la mayoría de problemas en Latinoamrica el “totalitarismo financiero” ejercido históricamente por Estados Unidos.
73 Mientras que con el resto de países analizados los tres medios seleccionados han mantenido una postura mayoritariamente neutral (el caso de Estados Unidos) o casi inexistente (el caso de China e Irán), el análisis demuestra que, frente a Cuba y Venezuela, tanto ABC como El Mundo y El País, ofrecen una visión más negativa. En el mes analizado, Venezuela recibió 9 referencias negativas en ABC, 5 en El Mundo y 4 en El País. Por su parte, Cuba recibió 5 menciones negativas en ABC, 2 en El Mundo y 1 en El País. Tabla 1: Menciones de los medios analizados hacia Venezuela y Cuba Las menciones neutrales (ver tabla 1) se centraron en ofrecer al lector la relación existente entre los tres países claves a la hora de hablar de izquierda latinoamericana: vase en A30, “el gobierno de Morales se mostró a menudo alineado con los países situados a la izquierda en Iberoamérica, como Venezuela, Cuba o Nicaragua”; y en EM1, “el aliado de Venezuela y Cuba desoyó al pueblo”. Las referencias negativas que recibe Venezuela se centran en el gobierno de Maduro, criticado por los tres periódicos: en A21, “Maduro ha condenado a los venezolanos a un sufrimiento infinito de miseria, insalubridad, xodos”; en EP18, “En Venezuela, el Ejrcito tiene un rol completamente partidista: gracias a eso, el régimen encabezado por Nicolás Maduro, que ha cometido atroces violaciones a los derechos humanos, se ha sostenido en el poder”. Tanto en EM1 como en EM6 se culpa a Morales de haberse asemejado a Maduro: “Evo se enrocó al mejor estilo chavista e inventó un golpe tras otro”; “Precisamente fue ese su mayor error: enrocarse al estilo chavista, creyndose el Nicolás Maduro boliviano”. El País reconoce los logros económicos del mandato de Morales, pero también se mantiene crítico frente a su alianza con el gobierno y las políticas de Maduro (vase EP65, “Morales fue presidente aupado por el movimiento indigenista, y gobernó con algún acierto en la economía, pese a su alianza con el chavismo”). En EM18 se afirma que Venezuela es el
80 similares. Resulta por ello inadmisible que en la segunda década del siglo XXI haya aún ejércitos que se arroguen el poder de quitar y poner presidentes. Esa crítica a la intervención del ejército está presente también en textos como EP44, donde el periódico se cuestiona qué importancia deben tener los militares en las democracias: “El Ejrcito obtuvo licencia para reprimir, pero en lugar de hacerlo deberá reflexionar sobre el rol que las democracias asignan a los cuerpos de seguridad del Estado”. En torno al texto analizado número 50 (casi al final del análisis a El País, pues la muestra se compone de 66 textos del medio en cuestión), observamos en El País lo que podríamos denominar un “cambio de rumbo”. Concretamente en EP53, el medio afirma que lo que pasó en Bolivia fue un golpe de Estado, si bien no lo hace en una noticia sino en un texto de opinión: Hace unos años sería muy extraña, fuese cual fuese la tendencia de los medios, la elusión del trmino “golpe de Estado”. (...) quienes daban el golpe ponían mucho interés en demostrar que lo que daban era un jodido golpe. Ahora, discutimos si se trata de un golpe militar o de una representación presencial del videojuego Call of Duty: Modern Warfare (...) ¡Si mueve la cola y ladra, es un perro! Si las Fuerzas Armadas “recomiendan” (lase obligan, exigen) la renuncia de un presidente elegido democráticamente, esto es un golpe de Estado. En el mismo texto (EP53) se critica el silencio por el que, según el periodista, los medios han optado: “Pero no hubo nada. Con muy pocas excepciones, silencio mudo”. Este “cambio de rumbo” que ofrece el artículo EP53 sirve de precedente para uno de los textos que consideramos clave en nuestro análisis, que es el EP54. Se trata de un texto del defensor del lector, donde El País expone el porqué de no denominar los sucesos acaecidos en Bolivia como golpe de estado. “Decenas de lectores reprochan estos días al periódico que no califique como golpe de Estado los sucesos en Bolivia, pero el periódico prefiere esperar próximos acontecimientos que confirmen o desmientan una u otra tesis”. Así empieza el texto. En él, el medio afirma que aunque no se haya pronunciado explícitamente en sus noticias “por la complejidad de los hechos y su naturaleza acelerada
81 y cambiante, “el periódico no ha obviado el debate” y, pese a su prudencia, dicen, “ha dado pistas para alimentar la tesis del golpe sin citarlo”. Nombra, entre otros, EP23, cuando el medio tachó de “inaceptable” la intervención del ejrcito al “sugerirle” a Morales que dimitiera. De ahí en adelante, encontramos 5 textos que explícitamente hablan de golpe de Estado (vase EP57, “La imagen de la autoproclamada presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, después del golpe de Estado contra el presidente constitucional Evo Morales, entrando en la sede de Gobierno con la biblia en ristre, me asustó”; EP58, “esta crisis que inició siendo una crisis política de representatividad, de legitimidad y de respeto a la Constitución política del Estado y que derivó en un golpe de Estado y en una toma y control fascista y racista impulsado por la CIA de gran parte del Estado”; EP62, “Evo será (...) el presidente que se atrevió a afrontar una realidad odiosa, que trabajó para cambiarla, que legisló para garantizar los derechos y la dignidad de la mayoría de su pueblo. Y eso no lo podrá cambiar nada. Ni siquiera un golpe de Estado”; EP65, “Todo el mundo está de acuerdo en que hubo un golpe de Estado”; y EP66, “En el caso de Bolivia es evidente la existencia de un golpe de Estado, precedido de un fraude electoral”).
82 6. Conclusiones Recordamos la hipótesis: La destitución de Evo Morales, elemento herético para el sistema, es presentado por los medios españoles como una dimisión, haciendo uso de técnicas informativas como el silencio o la criminalización de su protagonista. Podemos afirmar que, habiendo analizado tres medios españoles, la hipótesis solo se cumple completamente en las ediciones online de ABC y El Mundo, cuyos textos analizados (63 en el caso de ABC y 29 en el caso de El Mundo) se han posicionado a favor de la tesis de la dimisión, sin plantear en ningún caso que la renuncia del ex presidente boliviano forme parte de un golpe de Estado. El caso de El País, sin embargo, no cumple con la hipótesis aquí planteada. El periódico, a lo largo de los textos analizados, realiza una evolución de su discurso, y termina utilizando el trmino “golpe de estado” en diversas ocasiones (como se expuso en el apartado anterior) para denominar lo ocurrido con Morales en noviembre de 2019. Recopilando los resultados obtenidos del análisis, podemos concluir que ABC y El Mundo han optado por una postura más negativa hacia Evo Morales. En el caso de ABC, este ha sido el medio más duro con la figura del ex presidente: negativo al populismo y autoritarismo con el que relacionan directamente al ex mandatario boliviano; negativo a la hoja de coca, insinuando que los cocaleros han sido en gran parte responsables de las movilizaciones tras las elecciones de 2019; el único que se ha postulado negativamente hacia el concepto de izquierda latinoamericana... También ha sido muy crítico con la reelección y el fraude, al defender que la permanencia de Morales en el poder suponía una ofensa contra la Constitución. Además, aunque los tres medios han mencionado el origen indígena de Morales para referirse a él, solo ABC ha relacionado a los indígenas con las revueltas del pasado mes de noviembre. La postura que el medio ha mostrado frente a Evo forma parte de una larga trayectoria de críticas negativas que ABC ha ido proliferando hacia el ex presidente boliviano, como ya demostró Rodríguez Illana en su tesis de 2013. El autor relacionó la connotación negativa hacia Morales en las páginas de ABC con la relación empresarial del medio y Repsol, una de las empresas españolas que se vio perjudicada por la nacionalización de hidrocarburos en 2006.
83 Destacar de El Mundo que, aun siendo su muestra mucho más pequeña (casi la mitad que la del ABC), esta ha sido suficiente para determinar su actitud negativa hacia Morales y su persistencia en denominar la destitución como una “dimisión”. El País, por su parte, además de ser el único de los tres medios que, en una serie de textos, se ha presentado en pos de la “tesis del golpe de estado”, es el medio que más ha tendido a la neutralidad al referirse a Evo Morales. Incluso en una ocasión, como se mencionó en el apartado anterior, alabó las bonanzas económicas que Bolivia había alcanzado durante los años de mandato del ex presidente. Aun así, resulta pertinente aclarar que El País se “atrevió” a definir lo ocurrido en Bolivia como un golpe de Estado en textos opinativos, sin llegar a utilizar el término en las noticias meramente informativas sobre lo ocurrido. El propio medio se defendió de su prudencia en cuanto al tema en el texto “El defensor del lector” (EP53), al que ya se hizo referencia en el apartado de análisis. Considerando a Morales como un elemento herético para el sistema por su ideología y propuestas, que se postulan abiertamente anticapitalistas, antihegemónicas y antioligarcas, y a los medios como parte de una de las muchas estructuras de ese sistema hegemónico, los mensajes comunicacionales referentes a su figura estarán completamente condicionados. Los medios tratarán de configurar la realidad social basándose en una serie de valores concretos: los de su cultura. Pero estos valores, esta cultura, no se presentan como aleatorios. Tal y como explica el profesor Reig (2013), estamos inmersos en “una telaraña mediática que está en el interior de la economía de mercado” (p. 29). Lo que harán los medios y sus mensajes será autoprotegerse, no solo a través de la legitimación de la cultura creada y sustentada por el orden imperante, sino tambin a travs del intento de destrucción del “otro”, del disidente que intentará quebrar y poner en tela de juicio a ese sistema de economía de mercado. Es en este intento de destrucción donde enmarcamos los mensajes que proliferan los medios de comunicación hacia diablos mediáticos como Evo Morales. Siguiendo a Reig (2003), ante los ojos del lector, los medios colocan “a una persona que disiente sustancialmente con el discurso oficial establecido a nivel mundial por la estructura mercantil de poder”, convirtindose la figura en cuestión (en este caso la de Evo Morales), en “alguien que debe atenerse a las consecuencias de su atrevimiento” (p. 155).
84 ¿Interesa a los medios denominar como “golpe de estado” a la “sugerencia” que hizo un general de las fuerzas militares para que un presidente dimita? En el caso de ABC y El Mundo, parece que prefieren silenciar esa tesis y, de alguna manera, “justificar” su salida del poder por quién era Morales (cocalero, indígena, revolucionario de izquierda, autoritario, anticapitalista, populista, etc.). Algunos periodistas de El País, sin embargo, son capaces de cruzar la línea. “Si mueve la cola y ladra, es un perro! Si las Fuerzas Armadas «recomiendan» (léase obligan, exigen) la renuncia de un presidente elegido democráticamente, esto es un golpe de Estado”, afirmaba el periodista en el texto EP53, una columna de opinión. Sin embargo, ninguno de los tres periódicos decidió abrir ninguno de sus textos con un titular que afirmase que lo ocurrido en Bolivia, la salida de un presidente democrático bajo la recomendación de las Fuerzas Armadas, había sido un golpe de Estado. El tratamiento informativo en torno al derrocamiento es solo uno de los muchos ejemplos que, de manera constante, se suceden en los medios de comunicación cuando el protagonista de la noticia dista de ser un elemento favorable y positivo para el sistema en el que este está inmerso (Reig, 2004). No se trata, por tanto, de algo novedoso, pues son ya muchas las figuras públicas que han sufrido una configuración desfavorable alrededor de su imagen por parte de los medios. Es el caso de representantes políticos como Hugo Chávez (Reig, 2004), Cristina Fernández de Kirchner (Rodríguez Illana, 2014) o incluso Pablo Iglesias (Labio Bernal, 2018). El camino para acabar con el gobierno entonces vigente de Bolivia ha pasado por difuminar los términos que definen lo ocurrido, pues la lucha (según la oposición, social y democrática) ha decidido poner fin a un gobierno fraudulento e ilegal. ¿El fin justifica el camino? Es interesante en este sentido concluir con la aportación de Reig (2015) sobre los golpes de estado, quien dice que estos “ahora son más sutiles o, mejor dicho, menos explícitos” (p. 131). Explícitamente o no, serán los medios los que decidan cómo denominar a ojos de los ciudadanos lo ocurrido en Bolivia el pasado mes de noviembre, sirviendo sus palabras para construir la historia de un país democrático como lo es Bolivia.
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101 18. Evo Morales y el crepúsculo de las democracias https://elpais.com/elpais/2019/11/12/opinion/1573585295_186334.html 19. La OEA, un perro sin dientes ante la crisis en Bolivia https://elpais.com/internacional/2019/11/11/america/1573512604_803291.html 20. Evo Morales llega a México como asilado político https://elpais.com/internacional/2019/11/12/mexico/1573532912_772851.html 21. La odisea de Evo Morales para salir de Bolivia a Mxico: “Un viaje por la política latinoamericana” https://elpais.com/internacional/2019/11/12/actualidad/1573569922_720137.html 22. Luis Almagro: “En Bolivia hubo un golpe de Estado cuando Evo Morales cometió fraude electoral” https://elpais.com/internacional/2019/11/12/actualidad/1573597270_205659.html 23. Evo en México https://elpais.com/elpais/2019/11/13/opinion/1573607698_065746.html 24. La Eurocámara elude calificar de golpe de Estado lo ocurrido en Bolivia https://elpais.com/internacional/2019/11/13/actualidad/1573667985_462459.html 25. Evo Morales sale de Bolivia desde una antigua base de la DEA https://elpais.com/internacional/2019/11/12/actualidad/1573573368_073506.html 26. Evo, los motivos de AMLO https://elpais.com/elpais/2019/11/13/opinion/1573671327_400532.html 27. Los indígenas, los trabajadores y el poder militar religioso https://elpais.com/elpais/2019/11/14/opinion/1573697732_338127.html 28. Las claves jurídicas y políticas de una muy polémica sucesión presidencial en Bolivia https://elpais.com/internacional/2019/11/14/america/1573701504_628108.html 29. Evo Morales: “Estoy dispuesto a volver a Bolivia y, para pacificar, no ser candidato” https://elpais.com/internacional/2019/11/13/mexico/1573681987_047241.html 30. Jeanine Áñez nombra su Gabinete y renueva la cúpula militar en Bolivia https://elpais.com/internacional/2019/11/14/america/1573691529_378184.html
102 31. La senadora Jeanine Áñez se proclama presidenta de Bolivia sin quórum en el Parlamento https://elpais.com/internacional/2019/11/12/america/1573566340_453048.html 32. Destapando una olla a presión https://elpais.com/elpais/2019/11/15/opinion/1573775997_887963.html 33. El nuevo Gobierno ultraconservador de Bolivia busca enterrar la herencia de Morales https://elpais.com/internacional/2019/11/14/america/1573767000_053408.html 34. Carlos Mesa: “Para la legitimidad de este Gobierno es clave la convocatoria de elecciones” https://elpais.com/internacional/2019/11/15/america/1573779468_199343.html 35. Evo Morales, el hombre que no supo irse https://elpais.com/elpais/2019/11/14/opinion/1573749611_133247.html 36. Los ciudadanos responden en Bolivia https://elpais.com/elpais/2019/11/15/opinion/1573843703_479671.html 37. Cuba retirará a sus médicos y colaboradores de Bolivia por el “acoso y maltrato” de las nuevas autoridades https://elpais.com/internacional/2019/11/16/america/1573866574_576674.html 38. Jeanine Áñez advierte a Morales de que si vuelve a Bolivia se enfrentará a la justicia https://elpais.com/internacional/2019/11/15/america/1573849482_715319.html 39.“Satanás, ¡fuera de Bolivia! ¡Ahora!” https://elpais.com/internacional/2019/11/14/america/1573747078_243891.html 40. La ONU denuncia “acciones represivas” en las protestas en Bolivia https://elpais.com/internacional/2019/11/16/america/1573944100_485516.html 41. Evo Morales aterriza en la 4T https://elpais.com/internacional/2019/11/16/mexico/1573932203_598441.html?event_lo g=oklogin&o=CABEP&prod=REG 42. Bolivia, partida en dos https://elpais.com/internacional/2019/11/17/america/1573946084_680683.html 43. Del poder total a la renuncia del poder https://elpais.com/elpais/2019/11/15/opinion/1573834807_055793.html
103 44. Sin fraudes, ni cuartelazos https://elpais.com/elpais/2019/11/18/opinion/1574080203_590100.html 45. La Iglesia, la ONU y Bruselas intentan una mediación en Bolivia https://elpais.com/internacional/2019/11/18/america/1574098989_584940.html 46. Escasez y violencia en la Bolivia de los bloqueos https://elpais.com/internacional/2019/11/19/america/1574195119_155540.html 47. El Senado de Bolivia aprueba el primer trámite para convocar elecciones https://elpais.com/internacional/2019/11/20/actualidad/1574261743_294861.html 48. La OEA urge a Bolivia a convocar elecciones lo antes posible https://elpais.com/internacional/2019/11/20/actualidad/1574272593_198012.html 49. Bolivia, en su laberinto https://elpais.com/elpais/2019/11/21/opinion/1574340457_844730.html 50. EE UU avala la decisión de México de otorgarle asilo a Evo Morales https://elpais.com/internacional/2019/11/21/actualidad/1574372640_888279.html 51. Todo es una guerra por delegación https://elpais.com/elpais/2019/11/22/opinion/1574429426_857659.html 52. El Gobierno interino de Bolivia denuncia a Evo Morales por “sedición y terrorismo” https://elpais.com/internacional/2019/11/22/actualidad/1574436804_075891.html 53. La historia apaleada https://elpais.com/elpais/2019/11/18/eps/1574090449_106949.html 54. El fantasma del golpe de Estado sobrevuela Bolivia (Defensor del lector) https://elpais.com/elpais/2019/11/22/opinion/1574460648_305206.html 55. Bolivia aprueba una ley para convocar nuevas elecciones sin Evo Morales https://elpais.com/internacional/2019/11/24/actualidad/1574607157_131026.html 56. Golpismos https://elpais.com/elpais/2019/11/25/opinion/1574692678_386014.html 57. Bolivar vive https://elpais.com/elpais/2019/11/26/opinion/1574761769_141119.html 58. Bolivia en blanco y negro https://elpais.com/elpais/2019/11/27/opinion/1574867623_761263.html
104 59. El Gobierno de Bolivia anula el decreto que permitía a los militares reprimir las protestas https://elpais.com/internacional/2019/11/29/actualidad/1575039515_623830.html 60. El fin de Evo Morales https://elpais.com/elpais/2019/11/28/opinion/1574952319_840849.html 61. Bolivia: una deriva reaccionaria https://elpais.com/elpais/2019/12/02/opinion/1575301850_344817.html 62. La calidad del aire https://elpais.com/elpais/2019/12/02/eps/1575300487_741675.html 63. Evo Morales viaja a Cuba y ultima su salida definitiva de México para instalarse en Argentina https://elpais.com/internacional/2019/12/07/america/1575675900_539795.html 64. El informe final de la OEA ratifica “manipulación dolosa” en las elecciones de Bolivia https://elpais.com/internacional/2019/12/05/actualidad/1575560305_499453.html 65. El macho Camacho y el polvorín de América https://elpais.com/elpais/2019/12/08/opinion/1575818162_005801.html 66. Desigualdad e involución https://elpais.com/elpais/2019/12/10/opinion/1575998929_927364.html
105 Tabla de categorías utilizada para el análisis ABC El Mundo El País Total Indigenismo Positivo 0 0 0 0 Negativo 2 0 0 2 Neutral 10 14 19 43 Hoja de coca Positivo 0 0 0 0 Negativo 3 0 1 4 Neutral 2 3 8 13 Evo Morales Populismo Positivo 0 0 0 0 Negativo 5 0 1 6 Neutral 0 1 0 1 Autoritarismo Positivo 0 0 0 0 / Dictadura Negativo 4 0 1 5 Neutral 0 0 2 2 Nacionalización de empresas Positivo 0 0 0 0 Negativo 1 0 0 0 Neutral 1 0 1 2 Eje del mal bolivariano Positivo 0 0 0 0 Negativo 1 0 0 1 Neutral 0 1 0 1 Izquierda latinoamericana Positivo 0 0 0 0 Negativo 4 0 0 4 Neutral 1 4 2 7 Países Venezuela Positivo 0 0 0 0 Negativo 9 5 4 18 Neutral 5 7 8 20 Cuba Positivo 0 0 0 0 Negativo 5 2 1 8 Neutral 5 2 4 11 Estados Unidos Positivo 0 0 0 0 Negativo 0 0 1 1 Neutral 7 2 8 17 China Positivo 0 0 0 0 Negativo 0 0 0 0 Neutral 1 0 0 1 Irán Positivo 0 0 0 0 Negativo 0 0 0 0 Neutral 0 1 0 1 Elecciones 2019 Reelección presidencial Positivo 0 0 0 0 Negativo 10 5 4 19 Neutral 8 6 13 27 Fraude electoral Positivo 0 0 0 0 Negativo 8 2 1 11 Neutral 30 13 32 75