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La antropogénesis del cambio climático: el caso de la Bahía de Cádiz

Vázquez Pinillos, Francisco José

Abstract

¿Hasta qué punto la Bahía de Cádiz constituye un espacio potencialmente vulnerable a los efectos del cambio climático? ¿Existe alguna constancia de que estos cambios ya se estén manifestando? ¿Qué implicaciones puede suponer esto a medio y largo plazo? ¿Está la planificación territorial adaptada a esta nueva coyuntura? Estas son las preguntas planteadas en el presente trabajo, en el que se emplea el criterio de regionalización como base para ajustar la magnitud de los problemas globales a una escala subregional, localizada en la Comarca de la Bahía de Cádiz. En primer lugar, es conveniente aclarar que el cambio climático es un fenómeno antropogénico, es decir, el ser humano es el responsable y, por tanto, debe hacerse cargo de la elaboración de medidas paliativas que reduzcan los impactos. Por eso, en segundo lugar, debe examinarse la concienciación política y el cuerpo normativo que existe en torno al cambio climático. Finalmente, los conceptos descritos anteriormente se aplican al contexto de la Bahía de Cádiz, identificando su grado de vulnerabilidad, los cambios que ya se han producido, las posibles tendencias futuras y las propuestas de mitigación y adaptación ante los problemas detectados.

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Grado universitario en Geografía y Gestión del Territorio Autor: Francisco José Vázquez Pinillos Tutor: Manuel Jesús Marchena Gómez Junio, 2019 Índice 1. Resumen y Abstract ............................................................................................................. 1 2. Objetivos, metodología y justificación ................................................................................. 1 3. Cambio climático................................................................................................................. 3 3.1. Factores causales........................................................................................................... 3 3.1.1. Factores causales no pertinentes ............................................................................. 3 3.1.2. Factores antropogénicos......................................................................................... 5 3.2. Impactos que genera el cambio climático ...................................................................... 8 3.2.1. Impactos ambientales............................................................................................. 8 3.2.2. Impactos sociales ................................................................................................. 12 3.3. Posibles trayectorias futuras según el IPCC ................................................................. 13 4. Marco normativo ............................................................................................................... 16 4.1. Normativa internacional .............................................................................................. 16 4.2. Normativa comunitaria................................................................................................ 20 4.3. Normativa nacional ..................................................................................................... 23 4.4. Normativa autonómica ................................................................................................ 24 5. El cambio climático en la Bahía de Cádiz .......................................................................... 25 5.1. Localización................................................................................................................ 25 5.2. Encuadre territorial de la Bahía de Cádiz en el contexto del cambio climático ............. 26 5.2.1. Cambios recientes en el clima .............................................................................. 26 5.2.2. Alteraciones físico-ambientales............................................................................ 29 5.2.3. Cambios en los sistemas humanos ....................................................................... 33 5.3. Proyecciones ............................................................................................................... 35 5.3.1. Estimaciones climáticas ....................................................................................... 35 5.3.2. Estimaciones en la subida del nivel del mar ......................................................... 37 5.3.2.1. Metodología ................................................................................................. 37 5.3.2.2. Resultados .................................................................................................... 40 5.3.2.3. Discusión ..................................................................................................... 43 5.3.3. Proyección de las afecciones territoriales ............................................................. 45 5.4. Propuestas ................................................................................................................... 47 5.4.1. Estrategias de mitigación ..................................................................................... 48 5.4.2. Estrategias de adaptación ..................................................................................... 50 5.4.3. Estrategias de participación.................................................................................. 53 6. Conclusiones ..................................................................................................................... 54 7. Bibliografía ....................................................................................................................... 56 ANEXO: Tablas, figuras y mapas .............................................................................................. 61 1 1. Resumen ¿Hasta qué punto la Bahía de Cádiz constituye un espacio potencialmente vulnerable a los efectos del cambio climático? ¿Existe alguna constancia de que estos cambios ya se estén manifestando? ¿Qué implicaciones puede suponer esto a medio y largo plazo? ¿Está la planificación territorial adaptada a esta nueva coyuntura? Estas son las preguntas planteadas en el presente trabajo, en el que se emplea el criterio de regionalización como base para ajustar la magnitud de los problemas globales a una escala subregional, localizada en la Comarca de la Bahía de Cádiz. En primer lugar, es conveniente aclarar que el cambio climático es un fenómeno antropogénico, es decir, el ser humano es el responsable y, por tanto, debe hacerse cargo de la elaboración de medidas paliativas que reduzcan los impactos. Por eso, en segundo lugar, debe examinarse la concienciación política y el cuerpo normativo que existe en torno al cambio climático. Finalmente, los conceptos descritos anteriormente se aplican al contexto de la Bahía de Cádiz, identificando su grado de vulnerabilidad, los cambios que ya se han producido, las posibles tendencias futuras y las propuestas de mitigación y adaptación ante los problemas detectados. Abstract To what extent is the Bay of Cádiz a vulnerable place to the effects of climate change? Is there any evidence of these changes? What implications can this mean in the medium and long term? Is territorial planning adapted to this new conjuncture? These are the questions posed in this paper, which uses the criterion of regionalization as a basis to adjust the magnitude of global problems on a subregional level, located in the Bay of Cádiz. Firstly, it is convenient to clarify that climate change is an anthropogenic phenomenon, that is, the human being is responsible and, therefore, must take charge of the preparation of palliative measures that reduce impacts. Thus, secondly, the political conscience and the normative body that exists around climate change should be examined. Finally, the concepts previously shown are applied to the context of the Bay of Cádiz, identifying their degree of vulnerability, the changes that have occurred, the possible future trends and the proposals for mitigation and adaptation to the problems detected. 2. Objetivos, metodología y justificación El cambio climático es un concepto complejo, de gran actualidad y de interés global. Sin embargo, esto supone un grave problema: cuanto mayor es la divulgación de un fenómeno, más difuso se hace el mensaje y aparecen más detractores que ponen en duda el método científico y sus resultados. Por este motivo, el primer objetivo que se persigue en este trabajo es el de explicar los 2 factores causales e impactos generados por la coyuntura climática actual desde la óptica de la ciencia, insistiendo especialmente en el carácter antropogénico de los cambios. El segundo objetivo consiste en examinar hasta qué punto las administraiones toman cartas en el asunto de cara a la mitigación y adaptación al cambio climático, para lo cual se efectúa un recorrido desde la normativa internacional hasta el planeamiento local propio de los municipios que integran la Bahía de Cádiz. Del mismo modo que el clima varía notablemente entre diferentes regiones, los impactos del cambio climático también dependen del lugar y momento que se esté estudiando. Así pues, partiendo de esta conceptualización climática y normativa, se aplica el criterio de regionalización para deducir las implicaciones que pueden tener las consecuencias globales a una escala subregional o local, es decir, se han de adaptar las proyecciones globales para emplearlas en el caso particular de la Bahía de Cádiz. Para ello no basta con atender a los factores que se aplican al cambio climático global, pues se deben considerar también las características fisiográficas propias del ámbito de estudio, como son la topografía, el grado de continentalidad o influencia del mar, etc. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (en adelante IPCC), alienta el desarrollo de este tipo de estudios locales -que son escasos en España, para obtener resultados más precisos y fiables acerca de la vulnerabilidad mediante la comparación de los comportamientos del pasado con los del presente. Por último, recurriendo a las estimaciones calculadas por el IPCC, se pretenden proyectar cartográficamente las implicaciones del cambio climático en la Bahía de Cádiz. De esta forma se logra un modelo regional de mucha mayor resolución que los empleados para representar el comportamiento de los fenómenos climáticos a escala global, permitiendo así visualizar la variabilidad espacial existente entre los impactos sobre los diferentes usos del suelo (Esquema 1). Esquema 1: Metodología empleada en el trabajo Fuente: elaboración propia basada en la Estrategia de Adaptación al Cambio Climático de la Costa Española. 3 El trabajo se respalda en una extensa bibliografía fundamentalmente de carácter científico y normativo, de la que en ocasiones no se han encontrado versiones traducidas al español. Además, se han utilizado fuentes documentales como base para iniciar los estudios, y se han realizado diferentes entrevistas a expertos y conocedores de los cambios que están teniendo lugar en la Bahía de Cádiz. El contenido escrito se apoya en representaciones gráficas procedentes de múltiples organismos estadísticos, tanto nacionales como internacionales. Se han empleado los Sistemas de Información Geográfica para complementar los planteamientos descritos y para la modelización de las proyecciones. Por último, se han desarrollado simulaciones para la subida del nivel medio del mar en el entorno mediante herramientas cartográficas y de edición. El tema que se aborda en este trabajo es fundamental para comprender el comportamiento de un fenómeno de gran efervescencia, al que se le está dedicando mucha atención mediática y científica, y que se ha convertido en uno de los pilares de las agendas políticas de los principales partidos en todo el mundo. La ausencia del discurso del cambio climático en zonas litorales tan vulnerables como la Bahía de Cádiz, pone de manifiesto la urgente necesidad de levantar acta de las repercusiones que están produciéndose en este lugar y de los peligros a los que se tendrá que enfrentar irremediablemente en el futuro. Estas razones justifican la elección de la temática de este trabajo. 3. Cambio climático Para estudiar cualquier asunto relativo al cambio climático se debe empezar delimitando el significado de este concepto, entendido -según la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climáticocomo “un cambio de clima inducido directa o indirectamente por la actividad humana y superpuesto a la variabilidad natural” (ALONSO, 2011: 15). Es por tanto un fenómeno global, al que, aun siendo tarde, se le está dedicando mucha atención mediática y se ha configurado como uno de los objetivos primordiales en el campo de la investigación científica y la ocupación política. No obstante, desde diversos colectivos públicos han surgido potentes detractores ante un hecho superado e indiscutible que pone en peligro el conocimiento de multitud de ciudadanos. 3.1. Factores causales 3.1.1. Factores causales no pertinentes Para justificar el origen antrópico del cambio climático y evitar posibles reticencias, debemos empezar descartando las causas naturales que pudieran explicar la coyuntura meteorológica actual. La Tierra es un sistema muy complejo donde intervienen muchos factores 4 que podrían explicar un aumento de las temperaturas a escala planetaria; no solo el efecto invernadero acentuado por el hombre. En primer lugar, la actividad solar no es una variable constante, ya que experimenta diversas fluctuaciones (ciclos solares), y por mínimas que estas sean, condicionan el estado de la atmósfera en la Tierra. Estas alteraciones se producen cada once años aproximadamente, pero las implicaciones que tienen sobre nuestro planeta son tan imperceptibles, que no suponen grandes cambios en el clima, sobre todo porque la mayor parte de esta energía es absorbida por el mar (STEFFEN, 2008). Asimismo, existen otras fluctuaciones en la actividad solar que ocurren en un intervalo de tiempo mayor, como la que puede calcularse a partir de la detección de C14 en los anillos de los árboles. Por ejemplo, es posible conocer que cada 200 años tienen lugar episodios de mayor actividad solar, intercalados por períodos donde esta actividad alcanza su mínima potencia, lo cual explica que en ciertas épocas del pasado las temperaturas descendieron (pequeñas edades de hielo) o subieron considerablemente (STEFFEN, 2008). No obstante, este fenómeno tampoco podría explicar el cambio climático actual, pues nos encontramos precisamente en un período de baja intensidad solar, luego si las circunstancias fueran las habituales, deberíamos haber experimentado un claro descenso térmico. Esto descarta que el Sol sea el responsable del calentamiento global y advierte de que los efectos del cambio climático están siendo aplacados al encontrarnos en un mínimo de actividad solar. Esto quiere decir que, si la situación no se revierte, de aquí a 100 años, las consecuencias de este proceso global serán mucho más devastadoras (NASA, 2013). Otro factor que podría explicar el cambio climático es el movimiento de precesión, es decir, el balanceo que experimenta la Tierra durante la traslación debido a la forma achatada del planeta y a la atracción gravitatoria del Sol y la Luna. La elipse que traza la Tierra alrededor del Sol se dilata y se contrae (VIÑUALES, 2004). Esto da lugar a lo que se conoce como los Ciclos de Milankovitch, que explican muchos de los hechos climáticos de la historia de nuestro planeta, como sucede con las grandes glaciaciones, motivadas por la excentricidad de la Tierra con respecto al Sol. Además, cuanto menor sea el ángulo de inclinación del eje de la Tierra, mayor es el espesor del hielo de los casquetes polares. Ahora bien, los Ciclos de Milankovitch tampoco explican el cambio climático actual por dos motivos fundamentalmente: por una parte, estos movimientos ocurren cada decena de miles de años; no es posible que un cambio tan repentino de la temperatura en tan solo 100 años haya podido ser causado por movimientos que suceden tan despacio. Por otra, en ningún momento en el último millón de años, ninguno de estos movimientos periódicos ha conseguido que el CO2 superase las 300 partes por millón. Si ninguno de los posibles motivos externos explica el cambio 5 climático, por tanto, será un factor interno, aunque todavía sería posible que el responsable no fuera el ser humano (GLANVILLE, 2008). Las erupciones volcánicas han ocasionado a lo largo de la historia algunos cambios climáticos sustanciales. Si se revisa la evolución del volumen de C121, se comprueba que ha aumentado significativamente a lo largo de los últimos años con respecto al C13 o C14, según aumentaba el CO2. Por tanto, se deduce que la fuente privilegia al C12 frente a los otros isótopos, o sea, la tipología de carbono más abundante es la que emitimos los seres vivos. Si el cambio climático estuviera motivado por la actividad volcánica, la diferencia entre la proporción de los distintos tipos de carbono sería la misma que hace 100 años, luego se lo descarta como principal causante. Además, los volcanes emiten menos de un 1% del CO2 que producen los seres humanos (BOZHINOVA, 2014). Si ya entendemos que el cambio climático no tiene una raíz cosmológica ni tampoco un origen interno propio del comportamiento natural de la Tierra, se da por sentado que la humanidad es el principal factor que puede explicar semejante fenómeno. 3.1.2. Factores antropogénicos Pues bien, las observaciones meteorológicas indican que estamos en una nueva era, donde se han registrado cambios decisivos determinados por el hombre. A este período en el que nos encontramos se lo conoce como Antropoceno, entendido como la nueva era geológica caracterizada por los impactos ambientales generados por el ser humano, iniciada a mediados del siglo XVIII (TRISCHLER, 2017)2. Este nuevo curso en la historia climática comienza con la Primera Revolución Industrial, con el auge de las fábricas, la expansión del transporte y la utilización de energías fósiles. Es aquí cuando se atisba, a través de los datos registrados, un incipiente aumento de la temperatura en la troposfera, el principio del calentamiento global, una de las manifestaciones claves para entender la magnitud del cambio climático. El calentamiento global se entiende como el incremento gradual de la temperatura asociado al aumento del volumen de gases de efecto invernadero, no solo el dióxido de carbono. Existen otros compuestos que también ejercen presión sobre el calentamiento global, tales como el metano, a través de la ganadería o la minería; el dióxido nitroso, con el uso de fertilizantes, y los halocarburos como los gases CFCs (LE ROY, 2017). Este calentamiento lleva produciéndose durante 150 años, coincidiendo con el momento en el que los seres humanos empezamos a quemar carbón, petróleo y gas natural de manera masiva para alimentar de energía a la civilización. Con la combustión de 1 Es decir, el más abundante de los isótopos de carbono, que es interceptado por las plantas y luego liberado por las mismas en forma de CO2. 2 El Antropoceno fue propuesto como término en el año 2000 por los geólogos Paul Crutzen y Eugene Stoermer. 6 la materia orgánica, los átomos de carbono se unen a los del oxígeno del aire dando lugar al CO2 (CLARCKE, 2007). Antes de la Revolución Industrial, el volumen de dióxido de carbono en la atmósfera estaba a poco menos de 280 partes por millón, mientras que actualmente se encuentra en torno a 410 partes por millón aproximadamente. Así pues, es incuestionable que la cantidad de CO2 está aumentando con los años (LÜTHI, 2008); la misma tendencia se observa con otros gases de efecto invernadero, especialmente el metano y el óxido nitroso (Figuras 1 y 2). Figuras 1 y 2: Evolución del volumen anual de CO₂, metano y óxido nitroso desde la Revolución Industrial (1750-2015)3 Fuente: elaboración propia a partir del Climate System Scenario Tables, IPCC (2013), y ampliado con los datos del Banco Mundial (2019). El incremento de la temperatura lleva aparejado un aumento del CO2, es decir, cuanto mayor sea la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, mayor será la temperatura global. Observando los datos que existen sobre este funcionamiento, se contempla que, a lo largo de millones de años, la temperatura y el CO2 han evolucionado de la misma forma, de modo que en los períodos glaciares ambas disminuían -pues gran parte del CO2 quedaba almacenado en las capas de hielo- y en los momentos interglaciares, ascendían. Este mecanismo tiene su explicación en el efecto invernadero, entendido como la acumulación de energía solar en las capas bajas de la atmósfera, debido a la absorción de radiación emitida por la superficie terrestre (STRAHLER & STRAHLER, 2013). La porción de la energía solar retenida en la superficie de la Tierra, es devuelta a la atmósfera en forma de radiación infrarroja, siendo así captada por compuestos tales como el dióxido de carbono, el metano o el vapor de agua. En definitiva, si se aumenta la cantidad de estos compuestos en la atmósfera, la temperatura crecerá. Se estima que, desde los inicios de la Revolución Industrial, la temperatura ha crecido en torno a 0,8 ˚C y 1,2 ˚C y se prevé que esta cifra 3 El volumen de CO₂ está medido en partes por millón, mientras la cantidad de óxido nitroso y metano está medido en partes por billón. ri al (1750 2015) 7 ascienda hasta 1,5 ˚C entre 2030 y 2052, si continúa la misma tendencia. En cualquier caso, se calcula que las temperaturas sigan creciendo en el orden de 0,1 grados por década (MADDONDELMOTTE, 2018). Este comportamiento explica que las causas del cambio climático no son astronómicas ni naturales, sino antropogénicas. Contemplando los registros de las anomalías anuales de la temperatura global (Figura 3), desde 1880 a 1910 se produjo un enfriamiento de hasta 0,3 grados. A partir de esta fecha la tendencia fue opuesta, de manera que, desde 1941, los datos apuntan a un alza de las temperaturas hasta la actualidad. Precisamente desde 1977 las anomalías advierten de un calentamiento con respecto a 1880, alcanzando el máximo de más de un grado en 2016. En todo el espectro que plasma el gráfico, lo 10 años más cálidos se produjeron en el siglo XXI. En definitiva, tomando la evolución del volumen de gases de efecto invernadero y de las anomalías térmicas, se aprecia una relación ascendente directamente proporcional en ambos casos. Figura 3: Anomalías anuales globales de la temperatura global sobre tierra y mar (1880-2019) Fuente: elaboración propia a partir del National Centers for Environmental Information (2019). El aumento del CO2 supone una mayor retención del calor en la atmósfera procedente de la luz del Sol. El efecto invernadero siempre ha existido, pero ahora es mucho más notable. No obstante, si el incremento del CO2 estuviese motivado únicamente por la incidencia directa de las actividades antrópicas, el efecto invernadero no se habría expandido tan drásticamente, pues el CO2 retiene poca energía calorífica. Ahora bien, ese pequeño -y a simple vista insignificanteaumento de la temperatura, comienza a provocar el derretimiento de masas de hielo que llevaban décadas en estado sólido. Este es el caso del permafrost4, que al descongelarse libera todo el CO2 almacenado 4 El permafrost se define como el sustrato rocoso que permanece congelado en los ciclos más fríos de las regiones ártica y subártica (STRAHLER & STRAHLER, 2013). -0,80 -0,60 -0,40 -0,20 0,00 0,20 0,40 0,60 0,80 1,00 1,20 1880 1890 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000 2010 Anomalía térmica (˚C) Años 14 (Representative Concentration Pathways)- que exponen las posibles tendencias que seguirán las emisiones de los gases de efecto invernadero durante el siglo XXI. Estas incluyen: ¾ Una hipótesis de rigurosa mitigación de las emisiones (RCP2,6), según la cual el calentamiento global no debería superar los 2 ˚C con respecto a la temperatura anterior a la Revolución Industrial, alcanzando el pico máximo a mediados del siglo XXI. ¾ Dos circunstancias con valores intermedios de emisión (RCP4,5 y RCP6,0), que representan lo que sucedería en caso de no tomar nuevas iniciativas. El RCP4.5, según el cual se prevé una estabilización de las emisiones para finales del presente siglo, es el más empleado a la hora de elaborar proyecciones futuras. ¾ Un escenario más pesimista (RCP8,5), en el cual las emisiones de gases de efecto invernadero continuarían creciendo sin interrupción. Observando el gráfico adyacente (Figura 5), se comprueba que, para el primer escenario, el más optimista, las emisiones de CO2 continuarían creciendo hasta 2050 aproximadamente, y a partir de entonces comenzarían a reducirse, aunque este descenso sería muy lento. Para el segundo escenario, las emisiones no cesarían hasta finales de siglo, cuando la tendencia sería casi constante. Los otros dos escenarios plantean un aumento mucho más prolongado, especialmente para el RCP8,5, donde se indica que las emisiones se triplicarían con respecto a la actualidad. Figura 5: Evolución prevista de las emisiones de CO2 para los cuatro escenarios RCP (2000- 2100) Fuente: elaboración propia a partir del Climate System Scenario Tables, IPCC (2013). Ahora bien, en cualquiera de los cuatro escenarios se prevé un incremento de la temperatura de la troposfera, con lo cual las olas de calor, las sequías, así como la precipitación torrencial y el ascenso del nivel del mar, continuarán creciendo. La clave está en reducir su intensificación y fijar un umbral que no deberá sobrepasarse. Para los escenarios RCP4,5, RCP6,0 y RCP8,5 es probable 15 que, para finales del siglo XXI, las temperaturas hayan subido por encima de los 2 ˚C con respecto al período preindustrial, siempre constatando que la afección será mayor sobre los continentes que en los océanos. Desde el IPCC se indica que probablemente las temperaturas continuarán creciendo a lo largo del siglo XXI (Figura 6), salvo que se dé el escenario más favorable, según el cual el ascenso se producirá hasta 2070, y a partir de entonces se mantendría prácticamente constante. En el otro extremo se encuentra la predicción del RCP8,5, donde para 2100 se estima que seguiría un aumento geométrico, pudiendo incluso alcanzar los 5 grados por encima de la temperatura preindustrial. Figura 6: Evolución prevista de las temperaturas dos escenarios de los RCP (2000-2100) Fuente: elaboración propia a partir del Climate System Scenario Tables, IPCC (2013). El hielo del Ártico seguirá disminuyendo hasta tal punto que es probable que termine por desaparecer en algún momento del siglo si se diera el escenario RCP8,5. El volumen del permafrost también decrecerá, al igual que los glaciares que disminuirán entre el 35% (RCP2,6) y el 85% (RCP8,5), excluyendo los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida. De este modo, contemplando el escenario más favorable, el nivel del mar habrá crecido para 2100 entre 0,26 y 0,55 m, aunque pudiera subir hasta los 0,98 m según el RCP8,5. En cuanto al sistema económico se estima que, para finales del siglo XXI, algunos servicios involucrados en el funcionamiento de los ecosistemas se verán deteriorados, como sucederá previsiblemente con la productividad pesquera. Sin embargo, dentro del sector de la agricultura, el calentamiento global significará una mejora del rendimiento de ciertos cultivos, aunque para otros, especialmente los que requieren de un mayor surtido de agua en lugares como la región mediterránea, se verán perjudicados. Ha de tenerse en cuenta que en muchos lugares del mundo se producirá una carestía de recursos hídricos tanto en superficie como en los acuíferos. 16 Una vez rebasado el siglo XXI, para todos los escenarios salvo el RCP2,6, las temperaturas continuarán creciendo, incluso interrumpiendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Por eso, el cambio climático se considera un fenómeno irreversible. A partir de entonces, las temperaturas se mantendrán constantes durante varios siglos, lo cual no implica que los demás procesos asociados al cambio climático cesen. 4. Marco normativo Una vez entendido el funcionamiento del cambio climático, sus implicaciones socioambientales y su futuro desarrollo a escala global, se deben revisar las proposiciones procedentes del discurso político. En este apartado se plantea un repaso de los programas que persiguen combatir el cambio climático, desde los acuerdos internacionales y estrategias comunitarias, hasta las leyes y planes propios de España y de Andalucía. No se pretende llevar a cabo un estudio exhaustivo sobre toda la normativa existente, sino sintetizar los principales regulaciones y marcos normativos más involucrados en el ámbito territorial de estudio de la Bahía de Cádiz. 4.1. Normativa internacional La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) es el acuerdo internacional, adoptado en 1992 a raíz de la Cumbre de la Tierra de Río, que tiene como objetivo la limitación y estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero para aminorar las repercusiones del cambio climático. Por primera vez se establecen las bases para el consenso internacional acerca de esta manifestación. En el convenio se subrayan los problemas relativos al ascenso del nivel del mar, las inundaciones y la desertificación, pero en ningún momento se indica en qué medida deben reducirse las emisiones. Se reconocen los lugares más vulnerables y la responsabilidad que tienen los estados más desarrollados por su mayor implicación en el problema. Uno de los aspectos clave en los que insiste este acuerdo es en la concienciación y participación ciudadana, puesto que, al tratarse de un fenómeno global, todo el mundo debe participar, aunque tampoco se especifica de qué modo. En cualquier caso, la Convención se erige como el punto de partida para la colaboración y cooperación entre países en materia de cambio climático (ONU, 1992). El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) se ha configurado como el organismo más importante para el estudio del cambio climático desde 1988 a través del análisis y divulgación del conocimiento científico y estadístico. Hasta el momento se han elaborado desde 17 esta institución cinco informes en los que se analizan las bases físicas, los impactos y las medidas de adaptación necesarias para prevenir las consecuencias. En el último de estos informes se han basado las proyecciones de este trabajo, tomándose como referencia los cuatro escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero que se plantean para finales del presente siglo. Actualmente, el IPCC está elaborando un sexto estudio, pero no se publicará hasta 2021. A raíz de la Convención surge el célebre Protocolo de Kioto en 1997, donde se establecen una serie de objetivos vinculantes para la reducción de las emisiones. En él se promueve la elaboración de políticas para lograr una mayor eficiencia energética y uso de energías renovables, prácticas para la reforestación, la eliminación de exenciones fiscales a actividades que induzcan un aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero y la reducción de emisiones en el sector del transporte, entre otras (ONU, 1998). El primer objetivo que se aclaró fue la reducción del volumen de emisiones para 2012 en un 5% en relación con las concentraciones de 1990, lo cual concernía especialmente a los países desarrollados por ser los principales responsables. Sin embargo, aunque muchos de los estados comprometidos redujeran las emisiones incluso por encima del porcentaje prefijado, el total global continuó creciendo, motivado en parte por la inhibición de EE.UU. al acuerdo y la retirada de Canadá. En un segundo período de compromiso del Protocolo, el objetivo fue algo más exigente, pues se pretendían disminuir las emisiones en un 20% entre 2013 y 2020, pero esta vez, a la ausencia de los dos países ya mencionados, se les unieron Rusia, Japón y Nueva Zelanda, que se desvincularon igualmente del convenio (CONSEJO DE EUROPA, 2013). La distribución del volumen total de emisiones de dióxido de carbono depende de la superficie y población de los países, con lo cual el rechazo en la participación de Rusia, Canadá o EE.UU. dificulta la consecución de los objetivos marcados. Obviando la influencia de la superficie de los estados, si se constatan las emisiones de CO2 medidas en toneladas per cápita (ver Mapa 2), EE.UU. continúa siendo de los principales responsables, junto con Canadá, Australia y gran parte de los países del entorno del Golfo Pérsico. De estos, solo Australia y Omán han percibido una disminución de las emisiones entre 2013 y 2015, luego el Protocolo de Kioto no ha sido todo lo exitoso que se deseaba. Aparte, las emisiones han crecido considerablemente en los lugares en vías de desarrollo, o sea, en gran parte de Sudamérica, África y el Sudeste Asiático. Con este resultado, se vio necesaria la instauración de un nuevo pacto. 18 Mapa 2: Distribución mundial de las emisiones per cápita de CO2 y las últimas tendencias Fuente: elaboración propia a partir de la información proporcionada por el Banco Mundial (2019). En 2015, 193 estados miembros de la ONU aprueban la Agenda 2030, que entra en vigor al inicio del año siguiente con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas que deberán desarrollarse entre 2015 y 2030. Entre estos objetivos -que tienen un alcance mayor que los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”, del 2000-, destaca el interés por la protección del medio ambiente, incluso en aquellos cuya temática no está aparentemente relacionada con este asunto, como los dedicados a la erradicación de la pobreza y el hambre, donde se señala la importancia de reducir la vulnerabilidad de los estados más pobres ante los eventos meteorológicos extremos y el fortalecimiento de los sistemas de producción agrícola adaptados al cambio climático. Más adelante aparecen las metas que tienen por objeto la mitigación y adaptación a las coyunturas climáticas, como sucede en el sexto objetivo, que aboga por una mejora de la calidad del agua y su distribución equitativa. Entre las metas planteadas, caben destacar aquellas orientadas a la lucha contra cambio climático, como son el fomento de un mayor reciclado del agua, un uso más racional y eficiente de los recursos hídricos o la recuperación y restauración de los ecosistemas vinculados al agua. En el séptimo objetivo se pone especial atención al aumento de la proporción de fuentes de energía renovables, especialmente en los países más desfavorecidos donde apenas se aplican. Para la Agenda 2030, el crecimiento económico debe apoyarse en actividades respetuosas con el medio ambiente, como el turismo sostenible, que además de generar valor añadido, contribuyen a la concienciación del público sobre la conservación y protección de la naturaleza. El 19 sector industrial también debe volcarse ante las demandas ambientales mediante la adopción de procesos de producción más limpios que induzcan la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero. Para ello, la Administración debe incentivar a las grandes empresas con el fin de que se adopten actividades sostenibles. Lo mismo ha de ocurrir con las ciudades, priorizando el transporte público frente al privado; mejorando la calidad del aire; ampliando las zonas verdes, y otras medidas que propicien la mitigación y adaptación ante el cambio climático. El objetivo 13 se centra exclusivamente en la “acción por el clima”, defendiendo la incorporación de políticas, estrategias y planes nacionales, así como la divulgación de conocimientos científicos y prácticas mitigadoras y adaptativas en materia de cambio climático. Además, los países desarrollados miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático deben reunir para el próximo año, 100.000 millones de dólares para amparar a los países menos desarrollados en la puesta en marcha de medidas contra este fenómeno. Para ello, también se proponen una serie de metas en el objetivo 15 para la restauración de los ecosistemas terrestres. Se plantea acabar con la deforestación y la desertificación, mediante la recuperación de bosques deteriorados, la reforestación y la prevención ante la proliferación de especies invasoras (ONU, 2015). Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son vinculantes, pero se estima que los estados tomen la iniciativa en la elaboración de normas y estrategias basadas en las metas propuestas. Es evidente que emplear la terminología del cambio climático es fundamental para hablar de desarrollo sostenible, pues todos los problemas mundiales (pobreza, salud, seguridad alimentaria, disponibilidad de recursos hídricos, migraciones) están asociados o se ven reforzados por el cambio climático. Actualmente, las políticas en materia de cambio climático se basan en el Acuerdo de París, que entró en vigor en 2016 con el objetivo de fortalecer las medidas para combatir los efectos de tal fenómeno. La tesis fundamental que se pone de manifiesto es la de limitar el ascenso de las temperaturas a 1,5 ˚C con respecto a los niveles preindustriales, destacando que de esta forma se reducirían los impactos, pero en ningún caso se evitarían. Para ello se elevaría el presupuesto dedicado al desarrollo sostenible y la resiliencia de los ecosistemas. Tanto desde el IPCC como desde la Agenda 2030 y el Acuerdo de París se hace una importante diferenciación conceptual a la hora de actuar frente al cambio climático. Por un lado, se establecen estrategias de mitigación, es decir, las intervenciones humanas que persiguen la reducción del impacto antropogénico sobre el territorio a partir de la aminoración del volumen de emisiones de gases de efecto invernadero. Este concepto, utilizado por primera vez en la Convención Marco de las Naciones Unidas de 1992, está orientado a combatir las causas del 20 cambio climático. Entre las medidas mitigadoras propuestas en el Acuerdo de París está el control de la deforestación y el aumento de las reservas forestales. En cualquier caso, las emisiones no deben sobrepasar los 2 ˚C con respecto a los niveles preindustriales. Por otro lado, están las estrategias de adaptación, que implican la toma de decisiones para disminuir las repercusiones derivadas del cambio climático. Las políticas centradas en la adaptación desempeñan un papel más relevante con el nuevo acuerdo. Dada la desigual implicación con las políticas del cambio climático, se indica que cada estado debe desarrollar una planificación de acuerdo a su vulnerabilidad. No obstante, lo más eficaz es la aplicación simultánea de las estrategias de mitigación y adaptación -como se afirmó en el Protocolo de Adaptación de Cancún, que evidentemente supondrá un coste, que sin duda será menor que si se opta por la inacción. En cualquier caso, ambos conceptos están unidos, pues cuanto mayor sea el esfuerzo de mitigar los efectos del cambio climático, menor será el esfuerzo adicional para adaptarse a las consecuencias, y viceversa (ONU, 2015). El Acuerdo de París ha sido apoyado por todos los países del mundo, salvo Estados Unidos, que en 2017 se retiró, aunque esto no ha supuesto la disolución del pacto. La ausencia de uno de los países, cuyas concentraciones de CO2 continúan subiendo año tras año (Mapa 2), y que ostenta el segundo puesto con respecto a las emisiones globales (Figura 7), es un problema con el que debe lidiar el propósito global del Acuerdo. 4.2. Normativa comunitaria La Unión Europea es el organismo administrativo que se ha mostrado más comprometido con la eficiencia y desarrollo de medidas relativas al cambio climático. El impulso empieza a notarse desde los años 90 y su adhesión a las recomendaciones manifestadas por el Protocolo de Kioto en sus dos fases. Ya en el año 2000 se expone el primer Programa Europeo sobre el Cambio Climático, con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 8% para 2012, superando las exigencias del Protocolo.7 7 Más adelante, en 2005 se creó el Segundo Programa Europeo sobre Cambio Climático, en el que se plantean soluciones más severas para reducir las emisiones, poniendo especial atención en las políticas de mitigación (reducción de gases en los sectores del transporte, la energía y la agricultura), y se comienza a mostrar algo más de interés por la adaptación a los cambios previstos. Figura 7: Distribución mundial de las emisiones de CO2 (2015) Fuente: elaboración propia a partir de la información proporcionada por el Banco Mundial (2019). 21 El continente europeo es especialmente vulnerable a las alteraciones climáticas previstas, debido a su localización y características geográficas. El calentamiento global ha sido más vigoroso en las latitudes medias del hemisferio norte; de ahí que en Europa se haya registrado un aumento térmico de 1,4 ˚C con respecto a los niveles preindustriales, así como han aumentado las defunciones asociadas a las olas de calor. Asimismo, la subida del nivel del mar supondrá graves consecuencias sobre el litoral europeo (Mapa 3), especialmente en Holanda, donde más del 50% de su territorio tiene una altitud inferior a 5 metros. En cambio, en otros estados como Portugal, España o Turquía, este porcentaje ronda entre el 0,5% y el 1,5%. No en vano, estas cifras no deben despreciarse, dado que la mayor parte de la población vive en la costa. El nivel del mar ascenderá más de 40 cm en prácticamente todo el litoral, salvo en las regiones más septentrionales, luego cabe esperar -según el escenario planteadoque para 2100 hayan desaparecido muchas de las playas y urbanizaciones. Mapa 3: Impacto del cambio climático sobre el nivel del mar en los estados costeros europeos8 Fuente: elaboración propia a partir de la Agencia Europea de Medio Ambiente (2017) y el Banco Mundial (2019). Se han redactado múltiples directivas y reglamentos europeos en materia de energía, transporte, residuos, urbanismo y agricultura a favor de combatir el cambio climático. Entre 1990 y 2012 se redujeron las emisiones de gases de efecto invernadero en un 19% a base de impulsar una 8 Para la proyección de la subida del nivel del mar se ha tomado como referencia el escenario RCP4,5 del Quinto Informe del IPCC. No están registrados los datos del Mar Negro y el Mar Caspio. Los espacios vacíos de información existentes a lo largo de todo el litoral europeo, han sido recubiertos mediante el método del “vecino más cercano”. 22 economía baja en carbono, con la innovación en el campo de las energías renovables y la eficiencia energética. De esta forma se ha logrado reducir la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles. La posición actual de la Unión Europea para combatir los efectos del cambio climático la marca la Estrategia Europa 2020, adoptada en 2010, y entre sus objetivos se encuentra la disminución de las emisiones en un 20% y conseguir que la energía proceda en un 20% de fuentes renovables. Se trata de una disposición de carácter vinculante para todos los países miembros. Si bien se propone el objetivo de intensificar en un 20% la utilización de fuentes de energía renovables, en algunos estados no se prevé alcanzar el 10%, pues se compensarán con otros países, como Suecia, donde se pretende aumentar el uso a más de un 50% (CONSEJO EUROPEO, 2010). Para 2030, las proyecciones son más ambiciosas: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% y aumentar la cuota de energías renovables en un 30%. Siguiendo esta tendencia, para 2050 se lograrían restablecer las concentraciones de gases de efecto invernadero de 1990 y la generación de energía estaría prácticamente libre de carbono. Con el fin de lograr las metas establecidas por esta hoja de ruta, se están promoviendo incentivos a los sectores y empresas que apliquen prácticas sostenibles. El Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE), es el organismo encargado de divulgar el conocimiento y la sensibilización sobre el cambio climático en el sector industrial y energético. A partir de este régimen se ha permitido reducir las emisiones encareciendo los procesos que suponen la emisión de gases de efecto invernadero. Es decir, cuanto mayor sea el volumen de emisiones, mayor será el coste de producción. Asimismo, desde esta organización se apoya el Programa NER 300, que se ocupa de la innovación tecnológica de las energías renovables (COMISIÓN EUROPEA, 2014). En cuanto a las emisiones derivadas de la movilidad, en el Libro del Transporte se establecen diversas metas para lograr una red de transporte más limpia y carente de impacto ambiental. La innovación es de nuevo el pilar sobre el que se sustentan las decisiones. Los nuevos vehículos emiten menos CO2, pero como sigue siendo un porcentaje elevado del total, se insiste en la necesidad de fomentar la utilización del transporte público menos contaminante, además de hacer más recurrente la movilización de coches eléctricos (COMISIÓN EUROPEA, 2011). Desde la Unión Europea se advierte de las repercusiones de la desecación de humedales, la recolección de cultivos y la roturación de pastizales sobre la degradación de los bosques, y propone reducir en la medida de lo posible estas actividades (COMISIÓN EUROPEA, 2014). La Comisión Europea elaboró también una Estrategia de Adaptación, en la que se proponen medidas tales como: reducir el uso de recursos hídricos, adaptar las construcciones a los 23 cambios previstos, establecer barreras contra las inundaciones y cultivar especies vegetales más resistentes a las sequías (COMISIÓN EUROPEA, 2013). Entre los últimos avances europeos en materia de cambio climático se encuentra el paquete de medidas “Energía limpia para todos los europeos” para cumplir con las nuevas exigencias emanadas del Acuerdo de París. Entre otras propuestas, se incluyen importantes reformas en las energías renovables (COMISIÓN EUROPEA, 2016). 4.3. Normativa nacional España, como miembro de la Unión Europea, está comprometida en la lucha frente al cambio climático, especialmente con respecto a las repercusiones ante las que presenta una mayor vulnerabilidad. Entre los organismos nacionales encargados de gestionar las funciones derivadas del cambio climático se encuentran el Consejo Nacional del Clima y la Oficina Española del Cambio Climático. Esta última elaboró el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático en 2006, el principal instrumento de la Administración General para la coordinación y construcción de actuaciones volcadas en el cambio climático. Este documento servirá como marco de referencia para las líneas de acción que se desarrollen en este trabajo. Uno de los objetivos fijados por el Plan es el de integrar la planificación de todas las instituciones en la adaptación al cambio climático. Se señala que, para entender el alcance de los cambios venideros, se harán estudios regionales por toda la geografía española, detectando los impactos y las posibles soluciones para enfrentarse a ellos. Se exponen diversas propuestas para cada uno de los asuntos implicados en el cambio climático: biodiversidad, recursos hídricos, bosques, agricultura, zonas costeras, transporte, industria, etc. (OFICINA ESPAÑOLA DEL CAMBIO CLIMÁTICO, 2006). Los bloques temáticos presentados en el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático están expuestos en otras leyes, reglamentos, estrategias y planes, como el Plan Estratégico Estatal del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad o el Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación. En relación con la elevación del nivel del mar se aprobó la Estrategia de Adaptación al Cambio Climático de la Costa Española, que tiene como objetivo incrementar la resiliencia del litoral e integrar las políticas de adaptación en la planificación española, tomando como referencia los acuerdos internacionales y comunitarios. En el ámbito normativo nacional se le dedica especial atención a la gestión de los recursos hídricos bajo el contexto del cambio climático. En la Evaluación y Gestión de Riesgos de Inundación, se destaca la relevancia de los impactos del cambio climático en relación con la subida del nivel del mar, pero no se establece como un objetivo sustancial. A pesar del volumen de políticas 30 del cambio climático. Entre ellos caben destacar la disminución de los recursos hídricos -sobre lo que ya se ha dejado constancia al observar la reducción del volumen total de precipitaciones en los últimos años, la regresión de la costa, la pérdida de biodiversidad y el aumento de la erosión (CHICA, 2010). Las características geográficas de la Bahía de Cádiz hacen de este espacio un lugar lógicamente vulnerable ante el cambio climático debido a su exposición ante el ascenso del nivel del mar y las múltiples implicaciones que esto tiene sobre la biosfera marina, el litoral y las marismas. La más conocida de estas consecuencias son las inundaciones marinas, un problema ambiental que ya está afectando a diversas zonas, como la Barriada del Meadero de la Reina en Puerto Real, donde cada invierno las calles se ven invadidas por las aguas marinas a causa de los temporales. Además, estas inundaciones se ven recrudecidas por el aumento e intensificación de los eventos meteorológicos extremos, fruto también del cambio climático -como ya se explicó anteriormente. La Figura 11 demuestra que la subida del nivel del mar no es una estimación futura consecuente del cambio climático, sino un fenómeno que lleva produciéndose desde hace décadas. Desde principios de los años 60, el nivel medio del mar ha crecido más de 20 cm en la Bahía de Cádiz, en el orden de 3,5 mm anuales, con una fiabilidad del 97,4%. Según los pronósticos del quinto informe del IPCC, esta tendencia irá incrementándose con el paso del tiempo, dando lugar al hundimiento progresivo de las zonas costeras. El nivel del mar continuará incrementándose, dadas las previsiones de descongelación de los glaciares y casquetes polares, y la expansión térmica de la superficie del mar. Figura 11: Evolución del nivel medio del mar en la Bahía de Cádiz (1961-2018) Fuente: elaboración propia a partir de los datos del Mareógrafo Cádiz III (2019). 31 Las intrusiones salinas, que se verán avivadas por el ascenso del nivel del mar también generan impactos preocupantes sobre el acuífero Puerto Real-Conil que se extiende a lo largo del municipio de Chiclana y Puerto Real. Este acuífero está a su vez perjudicado por la sobreexplotación y contaminación por vertidos fecales procedente de la débil gestión a la que estuvo sometida la urbanización del interior de la ciudad. Al carecer de alcantarillado, está extendido el uso de fosas sépticas que no garantizan un tratado correcto de las aguas residuales. Así pues, el ascenso del nivel del mar pone en peligro el abastecimiento de agua procedente del acuífero para las poblaciones y el sector agrícola de la Bahía de Cádiz, convirtiéndose en un problema aún más intrincado con la coetánea disminución de la precipitación (CHICA & BARRAGÁN, 2011). Como ya se enunció, el aumento de las temperaturas y del CO₂ en las capas superfi ciales de los mares, provoca cambios en los ecosistemas marinos. La acidificación de los océanos disminuye las concentraciones de carbonato cálcico que los bivalvos usan para construir sus caparazones, luego se reducirán los individuos de esta especie (MINISTERIO DE AGRICULTURA, 2016). Las zonas de hipoxia también se expanden, pues cuando la temperatura del mar aumenta, el volumen de oxígeno disminuye, provocando graves impactos sobre la biosfera marina. La hipoxia se ve reforzada en la Bahía de Cádiz por el aporte excesivo de nutrientes procedentes de los residuos humanos, que conlleva la proliferación de algas y su posterior muerte, descomposición y agotamiento del oxígeno (MÉNDEZ, 2011). La alteración de las condiciones químicas y térmicas del agua favorece el desarrollo de especies invasoras introducidas accidentalmente por el lastre de los barcos de mercancías, que hace unos años no sobrevivían por su inadaptación al medio. Esto supone graves consecuencias en la competencia dentro de los ecosistemas, el desplazamiento y extinción de especies autóctonas, el crecimiento de enfermedades y la modificación de los rasgos físicos de las zonas afectadas (CHICA & BARRAGÁN, 2011). Por ejemplo, el alga parda, originaria de Asia, se ha ido expandiendo por las costas de la Bahía a medida que las temperaturas de las aguas han aumentado, provocando el desplazamiento de otras algas como la Cystoserira mediterránea y la degradación de las poblaciones de erizos de mar. Muchas de las especies invasoras ascienden latitudinalmente desde el norte de África, dado que el calentamiento global “tropicaliza” las aguas (VERA, 2019). Las marismas son el elemento idiosincrático del medio físico de la Bahía y que, por su naturaleza inestable, en ellas se desarrollan ecosistemas esenciales para la nidificación de muchas aves y la provisión de alimento para los mariscos y pequeños peces (CASADEMONT & CANO, 2011). Aunque la vegetación que reviste estos espacios no es muy diversa, la singularidad de las especies halófitas, capaces de sobrevivir a las condiciones hostiles de las marismas, les confiere un gran valor ambiental. En este ámbito se ha expandido el cangrejo azul, otra especie invasora, célebre por 32 su voracidad, que está causando estragos en las poblaciones de peces, bivalvos y plantas de las marismas (VERA, 2019). Por otro lado, existen especies autóctonas que, por su particularidad, constituyen un posible remedio ante los cambios en la composición de las aguas. Las fanerógamas son angiospermas que habitan en los fondos marinos de las aguas más someras de la Bahía de Cádiz, y actúan como importantes sumideros de CO₂, así como controlan la erosión costera, por lo que se configuran como un elemento mitigador de los efectos del cambio climático. A raíz de la contaminación, el fondeo de las embarcaciones, la pesca ilegal y la construcción de barreras artificiales, estos ecosistemas se encuentran altamente amenazados (BRUN, 2015). Sin embargo, al contrario de lo que cabría esperar, la acidificación y eutrofización de las aguas a raíz del cambio climático, beneficia a las fanerógamas. Ahora bien, un aumento continuo de la subida del nivel del mar sí afectaría a estas especies marinas habituadas a vivir en aguas poco profundas, y dada la velocidad de los cambios, sería difícil su adaptación (HERNÁNDEZ & MORRIS & BRUN, 2011). En cualquier caso, las fanerógamas conforman ecosistemas de gran importancia para la adaptación al cambio climático, dada su resistencia a la acidificación de los mares y a su capacidad de absorción del dióxido de carbono. La subida del nivel del mar y el incremento de los temporales supone asimismo un aumento de la erosión costera en las playas de la Bahía de Cádiz, de las que algunas ya están experimentando un retroceso de las dunas. Sin embargo, estas afecciones del cambio climático solo refuerzan los problemas derivados de la construcción de espigones y presas que suponen un óbice para el correcto funcionamiento de los sistemas litorales. El caso más preocupante es el de la flecha de Valdelagrana, en El Puerto de Santa María, donde la línea costera retrocede en torno a 6 metros por año, originando no solo la pérdida de la playa, sino también de las marismas que forman parte del Parque Natural (BENAVENTE & DEL RÍO & GRACIA, 2015). Las implicaciones del cambio climático no se atribuyen únicamente al litoral y las marismas; en las zonas de interior de la campiña de la Bahía de Cádiz se ha incrementado la erosión del suelo debido a un aumento de la precipitación torrencial. La expansión de las urbanizaciones, la agricultura, el crecimiento de las infraestructuras y el desbroce de la vegetación, ha reducido la cantidad de obstáculos naturales, y por consiguiente un incremento de la escorrentía. De nuevo se asiste a un problema ambiental de origen antrópico agudizado por una consecuencia del cambio climático. En definitiva, el medio físico de la Bahía de Cádiz es especialmente sensible a tres factores vinculados al cambio climático: el ascenso del nivel del mar, el aumento de la temperatura del agua y su consecuente dilatación, y la acidificación de los océanos. 33 5.2.3. Cambios en los sistemas humanos Las alteraciones de las temperaturas y las precipitaciones, el ascenso del nivel del mar, el aumento de la frecuencia de los temporales, la pérdida de biodiversidad y el incremento de la erosión tienen implicaciones directas sobre la sociedad, en tanto que la estabilidad de los sistemas humanos depende del medio natural. La economía de la Bahía de Cádiz depende de la costa y, en definitiva, del mar, dado su protagonismo en gran parte de las actividades que se desarrollan, desde los sectores tradicionales como la recolección de la sal o la pesca, hasta los servicios, donde destaca el turismo. La explotación intensiva de los recursos litorales junto con el proceso de urbanización descontrolado, ha incrementado la vulnerabilidad y exposición de las poblaciones de la Bahía de Cádiz ante la amenaza del cambio climático. El sector agrícola se ve doblemente perturbado a causa de la expansión de las aguas salinas sobre los cultivos de las zonas más bajas del litoral y la falta de disponibilidad de agua. Además, un aumento global de las temperaturas supone cambios en la demanda de recursos hídricos, al requerirse una mayor cantidad de agua para la irrigación y el consumo humano (CHICA & BARRAGÁN, 2011). Los cambios en la distribución de las especies también suponen una deficiencia para la pesca y la producción acuícola. La mayor parte de las infraestructuras dedicadas a la acuicultura se localizan en las marismas, luego son zonas altamente vulnerables ante la subida del nivel del mar (VV.AA., 2013). El turismo es la principal actividad dinamizadora de la economía gaditana. Este hecho, que incita el crecimiento de la urbanización por el litoral, no surge tanto del patrimonio arqueológico disponible, sino especialmente por la presencia de playas. El cambio climático se sentirá en este sector por las alteraciones que están deteriorando los ecosistemas y espacios naturales, sobre los que se sustenta el atractivo de la Bahía de Cádiz (MÉNDEZ, 2011). Podría producirse un descenso de la demanda del turismo de sol y playa derivado de los problemas de abastecimiento de agua, la vigorización de las condiciones climáticas y, como es obvio, la subida del nivel del mar y el retroceso progresivo de las playas. Se debe puntualizar que el turismo, tal y como está planteado, precisa de grandes cantidades de agua, que en lugares como la Bahía de Cádiz, donde la sequía estival es cada vez más acuciante, resulta un grave problema. El ejemplo más claro de turismo desmedido -en lo referente al conflicto de la disponibilidad de aguaes el de los 7 campos de golf que existen en el entorno, con una superficie total de 633 hectáreas, cifra que trasciende la lógica después de comprender las deficiencias hídricas del territorio (CHICA & BARRAGÁN, 2011). Los sectores más nocivos para la calidad del aire son la industria y especialmente el transporte que conforma una fuente altamente contaminante, dada la elevada movilidad -motivada por el modelo policéntrico, y el predominante uso del transporte privado que redunda en una mayor 34 saturación de la red y en el despilfarro energético. En cuanto a las infraestructuras litorales, están siendo afectadas por los temporales cada vez más recurrentes, principalmente en las carreteras adyacentes a la línea de costa y las zonas portuarias (MÉNDEZ, 2011). La vulnerabilidad que presenta este ámbito ante los cambios globales -que son de origen antrópicose ve intensificada de nuevo por el factor humano. Los asentamientos urbanos de la Bahía se situaron históricamente sobre el suelo defendido de las aguas, respetando la marisma. Sin embargo, en las últimas décadas, muchas de las urbanizaciones se construyeron sobre las planicies costeras que, aunque en un principio estuvieran exentas de riesgo ante inundaciones y temporales, actualmente en vista del recrudecimiento de los fenómenos extremos y la subida del nivel del mar, constituyen lugares altamente vulnerables. Como sucede habitualmente en los municipios litorales, la concentración de población es elevada; así, en la Bahía de Cádiz residen más de 400.000 habitantes, según datos del Padrón de Habitantes. El ascenso del nivel del mar significa un incremento de la vulnerabilidad para la población del entorno, que ya se está percibiendo en algunos barrios limítrofes con las marismas. Por el contrario, otras construcciones se expandieron hacia el interior, ocupando espacios marismeños y boscosos, dando como resultado un aumento de la erosión, una reducción de zonas verdes y por consiguiente una disminución de la fuente de absorción de dióxido de carbono. En definitiva, la conurbación difusa que representa el crecimiento urbanístico de municipios como Chiclana, además de desvirtuar el modelo policéntrico que caracteriza a este ámbito, ha supuesto la degradación, desecación y artificialización de las marismas, el litoral y las zonas boscosas interiores. Por otro lado, según la OMS se está produciendo un despunte de enfermedades inducidas por la contaminación atmosférica y de aquellas propias de las regiones tropicales, pues el desplazamiento latitudinal de ciertas especies invasoras adaptadas a elevadas temperaturas porta consigo enfermedades que nunca antes se habían propagado en las latitudes medias. De acuerdo con el Análisis preliminar de la vulnerabilidad de la costa de Andalucía a la potencial subida del nivel del mar asociado al Cambio Climático, la Bahía de Cádiz es una de las regiones más susceptibles de padecer estos cambios (MÉNDEZ, 2011). Como se ha constatado, la Bahía de Cádiz se ve amenazada por el cambio climático desde muchos flancos, tanto en el interior como en el litoral. En suma, se asiste a un problema territorial, donde se sitúa al hombre como el fehaciente responsable, pero también como el posible remedio si el compromiso es global. La ordenación del territorio es el punto de partida crucial para regular el desarrollo de actividades evasivas del cambio climático que favorezcan la restauración de los comportamientos naturales del medio (PISSOLITO, 2019). Actualmente, las deficiencias espaciales 35 son profusas y están presentes en cada uno de los tres sistemas en los que suelen asentarse los planes territoriales. En primer lugar, el sistema económico ignora la realidad; los proyectos turísticos se apoyan en la explotación de unos recursos hídricos cada vez más escasos por la expansión de la contumaz sequía. En segundo lugar, el sistema urbano de la Bahía de Cádiz se caracterizó tradicionalmente por su desdén ante los valores ecológicos del entorno, dando como resultado unos elevados niveles de erosión y un incremento de la vulnerabilidad ante la exposición de muchas urbanizaciones localizadas en zonas inundables. En tercer lugar, el sistema ambiental se sustenta gracias a un Parque Natural debilitado y menguante a causa de las anegaciones que, sin interrupción, son y serán más recurrentes. Ante este contexto de fragilidad territorial, los planes regionales y subregionales deberían diseñar las pautas a las que acogerse para evitar, o en todo caso reducir las afecciones del cambio climático. No obstante, en virtud de lo que se expuso anteriormente, la planificación pasa por alto los hechos (CHICA, 2010). A esto se le añade la escasa implicación de la Mancomunidad de la Bahía de Cádiz, desde donde no se toman iniciativas de carácter ambiental; la insuficiente cooperación entre los organismos públicos y privados; la falta de interés por los cambios que se están dando en el Parque Natural; la ausencia de la participación ciudadana, y la débil coordinación entre la planificación ambiental y el planeamiento urbanístico (CHICA, 2019). 5.3. Proyecciones Las implicaciones que ha supuesto el cambio climático y que operan en la actualidad, derivarán previsiblemente en unas alteraciones futuras mucho más alarmantes. En este epígrafe se examinan las proyecciones de algunas de las variables analizadas anteriormente mediante técnicas y modelos de extrapolación que permitan la elaboración anticipada de políticas de gestión del territorio. 5.3.1. Estimaciones climáticas A partir de la aplicación de la técnica de regresión lineal en la evolución de las temperaturas desde 1955 hasta el presente, se obtiene que en promedio las temperaturas medias crecen en torno a 0,02 grados anualmente. Extrapolando esta tendencia por décadas a lo largo del siglo XXI se revela que, en 2050, las temperaturas medias se situarían próximas a los 20˚C, y cerca de los 21˚C si se proyecta la muestra hasta el horizonte del año 2100. Si en lugar de emplear esta técnica, se recogen los pronósticos del IPCC, los resultados varían en función del escenario seleccionado. Se debe advertir que los valores que utiliza este organismo se refieren a los cambios globales, de modo que los resultados reales difieren 36 considerablemente dependiendo del lugar estudiado. Con todo, en el sur de España, las alteraciones térmicas se ajustan a los promedios de ascenso térmico globales, luego esta información puede tomarse a modo de comparación con las estimaciones locales.11 Así pues, se observa que en el escenario más optimista (RCP2.6), las temperaturas medias tenderían a estabilizarse, sin sobrepasar los 20˚C a finales de siglo. Los resultados del escenario RCP4.5 son los que más se asemejan a la extrapolación realizada, si bien a partir del año 2060, se ralentiza el aumento de las temperaturas estimado por el IPCC, y se alejan ambas trayectorias (Figura 12). Se debe recordar que el cálculo de la extrapolación lineal está basado en la evolución de las temperaturas desde 1955, y bien es sabido que este incremento tiende a acelerarse año tras año. Precisamente, si se emplea un espectro temporal más acotado y cercano al presente como, por ejemplo, desde 1990 hasta 2018, se contempla que las temperaturas medias aumentan alrededor de 0,3 grados por década. Por tanto, en el gráfico, la subida de las temperaturas tenderá a parecerse más a las estimaciones del escenario más pesimista (RCP8.5), donde se prevé que podrían ascender hasta cerca de 23˚C en 2100. Es decir, las temperaturas medias de la Bahía de Cádiz a finales del siglo XXI, podrían superar a las máximas actuales. Figura 12: Estimación de subida de las temperaturas en la Bahía de Cádiz (2020-2100) Fuente: elaboración propia a partir de los datos del IPCC y AEMET (2019). En cuanto a las precipitaciones, la variabilidad temporal y estacional de los cambios previstos, impide la aplicación de los escenarios del IPCC a las proyecciones en el ámbito de estudio. En cualquier caso, a partir de la extrapolación lineal de los datos históricos de AEMET (1973-2017), el volumen pluviométrico anual descendería hasta 355 mm en el año 2100. Si de nuevo se aplica el Factor de Pluviosidad de Lang (ܫൌ௉ ்) pero esta vez para 2100, el resultado sería 11 No se ha tomado en cuenta el escenario RCP6.0 por ser el menos utilizado en los estudios basados en las estimaciones del IPCC, dada su semejanza con el escenario RCP4.5. 37 I=17,07. En esta ocasión, el resultado se encontraría en el intervalo 0<I<20, perteneciente a la categoría desértica, evidenciandose así el proceso de desertización pronosticado para el sur de España.12 5.3.2. Estimaciones en la subida del nivel del mar Como ya se ha introducido, el medio físico de la Bahía de Cádiz va a experimentar cambios significativos en el aumento de la acidificación de sus aguas y la pérdida de biodiversidad; ambos, producto del aumento de las temperaturas marinas y atmosféricas. Aun así, el fenómeno que causará más estragos será el aumento del nivel del mar: las playas y las dunas continuarán retrocediendo por la invasión del mar; los eventos meteorológicos extremos (temporales e inundaciones) se intensificarán y serán más frecuentes, y alcanzarán incluso zonas tierra adentro que nunca antes se habían visto amenazadas, y se potenciarán las intrusiones salinas. Asimismo, el incremento de la exposición y la vulnerabilidad costera supondrá graves repercusiones para la economía y será necesaria la modificación de los planes territoriales. Este apartado se centra en las proyecciones de subida del nivel del mar, dado que esta constituye la raíz de la mayoría de los problemas territoriales a los que se enfrentará este entorno. Pues bien, se pretenden localizar las zonas de la Bahía de Cádiz que quedarían por debajo del nivel del mar y los cambios que se producirían en la superficie inundable, cuyas dimensiones también aumentarán a lo largo del presente siglo. El objetivo es plasmar cartográficamente la incidencia de la subida del nivel del mar, tomando como modelo los estudios de FRAILE et al (2013, 2016, 2018). Se ha decidido abordar los cálculos mediante dos de los escenarios planteados por el IPCC (RCP4.5 y RCP8.5), con el fin de evitar presentar una visión sesgada. No se manejan datos exactos, sino complejas estimaciones que pueden variar en función de las trayectorias que tome la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, mediante el uso simultáneo de un escenario donde las emisiones de CO₂ se estabilizarían antes de 2100 (RCP4.5), y un escenario pesimista de altas concentraciones de gases de efecto invernadero (RCP8.5), se obtiene una percepción más probable y precisa de los acontecimientos futuros. En este trabajo, las proyecciones no solo se refieren al horizonte del año 2100 -tal y como está planteado el modelo descrito en la bibliografíasino que también se aplican al año 2050. Los procedimientos empleados se explican a continuación en varias fases. 5.3.2.1. Metodología El ascenso del nivel medio del mar es un fenómeno de gran variabilidad espacial, de modo que no se deben tomar los valores indicados por el IPCC sin atender a los cambios locales, puesto 12 Para el cálculo de este indicador, se han tomado los valores de precipitaciones y temperaturas correspondientes a las extrapolaciones lineales expuestas. 38 que pueden diferir sustancialmente entre sí (MINISTERIO DE AGRICULTURA, 2016). Por eso, en esta primera fase se estima el valor local de subida del nivel del mar para los horizontes y escenarios seleccionados. Por un lado, para analizar el aumento del nivel del mar local, se ha recurrido a los registros del mareógrafo Cádiz III, disponibles en Permanent Service for Mean Sea Level (PSMSL), ya utilizados a la hora de analizar la evolución del nivel medio del mar en el ámbito de estudio (Figura 11). Por otro, se ha utilizado la base de datos publicada por la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO), donde se ofrece información acerca de los cambios en el nivel medio del mar a escala global hasta el año 2013 (FRAILE & FERNÁNDEZ, 2016). El cálculo del valor local de subida del nivel del mar se obtiene a partir de tres variables representadas en la siguiente ecuación: ࡿࡸࡾ ൌ ܮܶ ൅ ܩ Siendo: SLR: valor local de subida del nivel medio del mar para un año y escenario concretos. L: diferencia entre la tendencia global y local de subida del nivel medio del mar. T: período que transcurre desde la recopilación de los datos hasta el año de proyección. G: valor global de subida del nivel medio del mar según el escenario empleado del IPCC. La diferencia entre las tendencias globales y locales (L), se obtiene mediante la regresión lineal de los datos en el período disponible para ambos registros (Tabla 1). Debido a que se trabaja con uno de los mareógrafos españoles que dispone de mayor cobertura temporal, los resultados son más precisos. En cuanto a la tendencia global, se han actualizado los valores hasta el año 2013 (último año del que existe información), con respecto a los empleados por FRAILE et al (2016), que toman los datos del 2011 como último año de referencia. Sin embargo, al contrario de lo que cabría esperar, el resultado del cálculo en este trabajo es levemente más optimista que en la bibliografía empleada. Tabla 1: Tendencia de cambio del nivel del mar en el mareógrafo Cádiz III13 El resultado de la diferencia se multiplica posteriormente por el número de años transcurridos desde la última fecha sobre la que se basaron las proyecciones del IPCC (2005) hasta el horizonte sobre el cual se pretende reflejar la subida del nivel medio del mar (2050 y 2100). Es decir, T equivale a 46 para el año 2050, y a 96 para el año 2100. Finalmente, el producto de esta multiplicación es sumado al valor previsto de subida del nivel medio del mar según las estimaciones de los escenarios RCP4.5 y RCP8.5 (Tabla 2). 13 Todas las tablas utilizadas son de elaboración propia. 1961-2013 3,72 mm/año 2,14 mm/ año 1,58 mm/año Período observado Tendencia local Tendencia global Diferencia 39 Tabla 2: Ascensos previstos del nivel medio del mar según el IPCC (medido en metros) Seguidamente, en la segunda fase, se estima el nivel de inundación local para ambos escenarios y horizontes, con una probabilidad del 50%. Para ello se aplica la siguiente fórmula: ࡺ࢏ ൌ ܰܯܯܮ ൅ ܵܮܴ ൅ ܲܮ Siendo: Ni: nivel de inundación local. NMML: nivel medio del mar en relación con el cero topográfico de Alicante. SLR: valor local de subida del nivel medio del mar. PL: pleamar local. Tomando únicamente el NMML y el SLR se pueden hallar las zonas que quedarían por debajo de los 0 m s. n. m., restando el valor de la suma al Modelo Digital de Elevaciones (en adelante MDE), con una probabilidad del 50%. Para la pleamar local (PL), se ha escogido la marea más alta de los últimos registros de los datos de Puertos del Estado. El valor tomado se corresponde al 19 de marzo de 2011 -que coincide con la medida empleada por FRAILE et al (2018), de acuerdo a la proximidad de la Tierra con respecto al Sol y la posición de los cuerpos celestes. La Bahía de Cádiz se localiza en una zona mesomareal, de modo que la influencia de las mareas sobre el territorio es bastante significativa, como se constata en la superficie total de zonas inundables actuales (GOMIZ, 2019). Las tres variables identificadas se recogen en la Tabla 3. Tabla 3: Valores para el cálculo del nivel de inundación local (medido en metros) La representación cartográfica resultará de restar el valor del nivel de inundación local ( Ni) al MDE para cada uno de los escenarios y años seleccionados. Así pues, esta tercera fase consiste en modificar el MDE, de modo que todas las celdillas con un valor resultante igual o inferior a 0 metros, formarán parte de la previsible zona inundable, para una probabilidad del 50%. Los resultados se muestran en la Tabla 4. Tabla 4: Valores de subida del nivel medio del mar (medido en metros) Ahora bien, en este trabajo se ha procurado, del mismo modo que en la bibliografía empleada, evitar la representación dicotómica de los resultados, donde únicamente se distingan las Horizonte T RCP4.5 RCP8.5 2050 46 0,26 0,3 2100 96 0,47 0,63 2050 2100 2050 2100 SLR 0,33 0,62 0,37 0,78 RCP4.5 RCP8.5 NMML 0,17 PL 1,72 Horizonte RCP4,5 RCP8,5 2050 2,22 2,26 2100 2,51 2,67 46 fuertes temporales. De acuerdo con la cartografía, para que se produzcan las inundaciones, no será necesaria la implicación de fenómenos meteorológicos, pues solo hará falta la formación de una marea excepcional. Así pues, si a los parámetros ya analizados se les añadiera el aumento de la frecuencia e intensidad de los temporales, o incluso la posible aparición de un tsunami, el resultado cartográfico sería muy diferente. Una de las utilidades que tiene este tipo de modelo de proyección es el estudio de las implicaciones de la subida del nivel medio del mar sobre los valores patrimoniales (Mapa 9). La ordenación del territorio, la gestión de los recursos ambientales y el planeamiento urbanístico deberían promover estudios acerca de la vulnerabilidad y exposición de los elementos de gran valor ambiental o cultural ante los cambios venideros. Se ha tomado el escenario RCP4.5 por ser el más coherente con las tendencias actuales de ascenso de las emisiones de CO₂. Entre los Bienes de Interés Cultural, destacan algunos elementos que periódicamente son invadidos por las mareas al situarse sobre las marismas, como sucede con las casas salineras. Ahora bien, si continúa el ascenso del nivel del mar, la recurrencia de inundación será mayor, y por tanto la degradación de los bienes afectados también aumentará. Es interesante apreciar cómo determinados elementos históricos podrían no solo erosionarse por el flujo mareal, sino que quedarían por debajo del nivel del mar, como ocurriría con el Fuerte de San Luis en la Isla del Trocadero. Mapa 9: Implicaciones de la subida del nivel medio del mar sobre el Parque Natural y los bienes patrimoniales de la Bahía de Cádiz según el RCP4.5 para una probabilidad del 50% Fuente: elaboración propia. 47 En cuanto al Parque Natural Bahía de Cádiz, los fondos marinos y los ecosistemas que alberga se deteriorarían por las alteraciones químicas y térmicas de las aguas, como ya se ha expuesto, pero también por la subida del nivel del mar, nociva para algunas especies adaptadas a vivir en aguas poco profundas. Parte de la superficie emergida del Parque quedaría bajo las aguas en un futuro no muy lejano, con las consecuencias que esto tendría sobre la vida terrestre. La vegetación de las marismas se distribuye en bandas desde la orilla hacia el interior, en función de la influencia de las mareas (RENDÓN, 2011). El aumento acelerado de la superficie inundable impediría la adaptación de la vegetación a las variaciones de la periodicidad de las mareas y, por consiguiente, muchas especies podrían desaparecer. Los cambios en la superficie inundada e inundable del Parque Natural se resumen en la Figura 14. Figura 14: Cambios en la superficie del Parque Natural Bahía de Cádiz Fuente: elaboración propia. Los estudios del ascenso del nivel medio del mar presentados en este trabajo, abren las puertas a nuevas investigaciones necesarias acerca de las afecciones territoriales del entorno litoral de la Bahía de Cádiz. Algunas de estas posibilidades se presentan de modo visual en el anexo. 5.4. Propuestas Para terminar este trabajo, se presentan las principales líneas de intervención que deben aplicarse para combatir el cambio climático. La Bahía de Cádiz es el ejemplo más claro de vulnerabilidad ante una realidad incuestionable, y por ello, la asunción de la inmutabilidad del clima resulta inapropiada en la planificación territorial. Una de las prioridades de la política en todos los niveles administrativos ha de residir en la reducción de los impactos ambientales, tanto en término de daños materiales como humanos. En este sentido, la modificación de los planes es ineludible para la protección de las infraestructuras, la seguridad ciudadana y el medio ambiente (KARL, 2009). Algunos de los planteamientos propositivos son comunes para todos los países, pues en ellos, el objetivo radica en atenuar los factores causales del cambio climático, es decir, estas propuestas vas dirigidas a reducir las concentraciones de los gases de efecto invernadero que constituyen el germen de toda la cadena de repercusiones manifestadas en el territorio. Estas tareas se desarrollan a través de las estrategias de mitigación, muy presentes en los programas políticos alrededor de todo el mundo. Por otro lado, se sitúan las estrategias de adaptación que, a diferencia 48 de las anteriores, van encaminadas a reducir las consecuencias –y no las causasdel cambio climático. Debido a su enorme variabilidad espacial, las repercusiones no pueden combatirse del mismo modo en todo el globo; por ejemplo, la adaptación en lugares donde se prevé un ascenso del nivel medio del mar de 2 metros no puede ser la misma que en un entorno donde solo se prevé que aumente 1 metro. Así pues, las iniciativas de adaptación deben implementarse preferiblemente a escala subregional o local, donde puedan delimitarse con un menor margen de error las previsiones. En cualquier caso, estas proyecciones responden a las tendencias globales de las emisiones de gases de efecto invernadero, con lo cual los conceptos de mitigación y adaptación están estrechamente relacionados (OFICINA ESPAÑOLA DEL CAMBIO CLIMÁTICO, 2006). Por tanto, para cualquier planificación territorial es imprescindible la incorporación de estudios sobre el cambio climático, donde se apliquen proyecciones como las expuestas en este trabajo, y se propongan soluciones mitigadoras, pero sobre todo centradas en la adaptación a las consecuencias que inevitablemente van a producirse. El compendio de políticas y medidas propuestas a continuación están fundamentadas en los documentos normativos presentados en el Apartado 4, y en otras fuentes orales. 5.4.1. Estrategias de mitigación Las políticas de mitigación llevan desarrollándose desde los inicios de la lucha contra el cambio climático a través fundamentalmente de dos premisas: la descarbonización de la economía y el fomento de las energías renovables; aunque ambas están directamente relacionadas, pues el fin último de la mitigación es la reducción de las concentraciones de gases de efecto invernadero. La Bahía de Cádiz, por su latitud y su ubicación próxima al Estrecho de Gibraltar, dispone de una elevada intensidad del viento y una de las mayores tasas de insolación en España. Sería interesante plantear un mayor aprovechamiento de la energía solar y eólica de este ámbito, lo cual podría incluso liberar a la Bahía de su dependencia energética y exportar este recurso a otros territorios. Así pues, la introducción de la energía renovable supondría no solo una reducción de las emisiones, sino también una ventaja económica a la hora de crear riqueza y empleo, como se indica en el Anteproyecto de Ley de Cambio Climático (2018). Otro de los bienes naturales que pueden potenciarse en esta zona es la calidad y riqueza de su biodiversidad, altamente vulnerable al ascenso del nivel medio del mar y de las temperaturas. Debido a la capacidad de la vegetación para actuar como sumidero de CO2, es importante implementar medidas para la reforestación, mejora y conservación de los bosques, especialmente frente a la expansión descontrolada de las urbanizaciones. Al igual que sucede en superficie, la vegetación que habita en las aguas costeras, también desempeña un rol importante en la absorción de gases de efecto invernadero. El impulso 49 de las angiospermas marinas -o fanerógamas- y su protección, constituye una fuente de mitigación del cambio climático, sobre todo teniendo en cuenta su resistencia a la acidificación de los mares. El camino hacia la instauración de una economía circular es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015) sobre el que se sustenta la mayor parte de las metas propuestas. Se debe promocionar el desarrollo de la agricultura ecológica, pues además de contribuir a una mejora del medio ambiente, podría convertirse en un posible atractivo turístico, especialmente en los viñedos, al tratarse de un ámbito con una actividad vitivinícola de interés. A raíz de esta medida, se lograría además una reducción del uso de fertilizantes nitrogenados, herbicidas y pesticidas, que generan graves impactos sobre las aguas circundantes y los ecosistemas que en ellos se desarrollan. Dentro del sector primario, también deben inducirse cambios en la actividad salinera y la pesca, enfocando sus actividades en el modelo de desarrollo sostenible. Entre las propuestas necesarias, cabe destacar la supresión de la pesca ilegal mediante un mayor control y vigilancia de la policía municipal y la concienciación por el establecimiento de paneles informativos acerca de la pesca ilegal para concienciar a los ciudadanos de este problema. Para el sector secundario se propone en el Anteproyecto de Ley de Cambio Climático (2018) la sustitución del uso de combustibles fósiles por fuentes renovables y la electrificación de los procesos de producción. En esta nueva Ley se sugiere la implantación de un impuesto a las emisiones de CO2 y a las empresas que empleen plástico en su producción, cuyo gravamen aumentaría año tras año, siguiendo el principio de “quien contamina paga”. Esto también se aplicaría a los medios de transporte y el coste de matriculación, que será más elevado cuanto mayor sean las emisiones del vehículo. Uno de los sectores más contaminantes es el sistema de transporte, sobre todo en un entorno donde la movilidad entre los municipios es constante. Para ello es imprescindible fomentar el uso de los medios no motorizados, a partir de la peatonalización de los cascos urbanos y la ampliación de la red ciclista urbana e interurbana. En este último aspecto se están produciendo avances en la Bahía de Cádiz mediante la instalación de un sistema de bicicletas públicas y la provisión de zonas de aparcamiento para las mismas. Por otro lado, en la Bahía existe una preponderancia del transporte privado, frente al uso del transporte público. Sería pertinente la implantación de una política de precios populares y un aumento de la frecuencia de autobuses públicos, que además deberían electrificarse, con el fin de reducir las emisiones. Asimismo, se han de ampliar los establecimientos de puntos de recarga para vehículos eléctricos, que deberán contar reglamentariamente con descuentos que favorezcan el uso de estos medios de transporte menos contaminantes. Por último, se propone un trasvase del tráfico de mercancías a medios más 50 sostenibles, fundamentalmente usando el ferrocarril y el transporte marítimo (Proposición de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, 2018). Finalmente, se deben llevar a cabo modificaciones de las urbanizaciones a partir de la creación de zonas de bajas emisiones, la sustitución de los sistemas de alumbrado público por otros más eficientes y de menor contaminación lumínica, un mayor control de los vertidos tóxicos para proteger los ecosistemas marinos, el fomento de estrategias de reciclaje tanto en hogares como en oficinas, y la eliminación de los pozos ciegos, especialmente abundantes en Chiclana de la Frontera. Todas estas propuestas para la mitigación del cambio climático en la Bahía de Cádiz vienen contempladas en el Cuadro 1. Cuadro 1: Estrategias de mitigación Fuente: elaboración propia. 5.4.2. Estrategias de adaptación La adaptación es la línea estratégica más olvidada a la hora de afrontar el cambio climático, pues las propuestas se plantean a medio o largo plazo y están diseñadas para aplicarse a ámbitos subregionales y locales. A menudo se infravalora la necesidad de implementar medidas de adaptación al cambio climático por la aparición de problemas de solución más inmediata y de mayor Logro de una mayor cobertura en la utilización de energías renovables Reforestación y conservación de la biodiversidad de los ecosistemas Impulso en el desarrollo de fanerógamas en las aguas superficiales Promoción de la agricultura ecológica y del consumo de productos ecológicos Reducción del uso de nitratos en la agricultura Apoyo a los productos locales Desarrollo de una actividad salinera sostenible y respetuosa con el medio Vigilancia y control de la pesca ilegal Electrificación de los procesos industriales Creación de impuestos sobre las emisiones de CO₂ y sobre las producciones de plástico Impulso de los modos de transporte no motorizados Peatonalización de los cascos urbanos Ampliación de la red ciclista urbana e interurbana Aumento de la frecuencia y reducción de los precios del transporte público Electrificación de la movilidad en la ciudad Establecimiento de puntos de recarga para los vehículos eléctricos Trasvase del tráfico de mercancías a medios más sostenibles Creación de zonas de bajas emisiones Sustitución de los sistemas de alumbrado público Control de vertidos contaminantes Fomento de estrategias de reciclaje en hogares y oficinas Eliminación de pozos ciegos Estrategias de Mitigación Aprovechamiento de los recursos que dispone la Bahía de Cádiz Modificación del modelo socioeconómico actual Construcción de un nuevo sistema de transporte Cambios en las urbanizaciones 51 urgencia. La incertidumbre en la que se insertan las proyecciones de determinados parámetros - como los expuestos en este trabajoalienta la subestimación de unas repercusiones que van a manifestarse de manera inexorable, independientemente de las políticas desarrolladas en materia de mitigación. No importa cuánto se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero si no se considera la adaptación a los cambios que continuarán produciéndose (ATAURI, 2015). En relación con la subida del nivel medio del mar, la medida clásica para evitar la inundación de zonas urbanizadas es la construcción de barreras en primera línea de costa, ya sean artificiales o naturales. En cualquier caso, la prioridad debe residir siempre en la implementación de políticas que respeten el comportamiento natural del entorno físico. La regeneración de las playas y las dunas es una práctica que ya se está desarrollando debido al aumento de la erosión costera y a la insuficiencia de sedimentos procedentes de los cauces fluviales. El peligro al que se enfrenta el sector turístico gaditano, dependiente de su clima y sus playas, debe conducir a un replanteamiento y diversificación de la oferta turística, introduciendo nuevos atractivos ajenos a la influencia del cambio climático (MINISTERIO DE AGRICULTURA, 2016). Asimismo, debe fomentarse la construcción de infraestructuras más resilientes y seguras, e incluso sería conveniente estudiar la factibilidad de relocalizar los servicios de mayor importancia en plantas superiores, tal y como ya se ha programado en ciudades como Nueva York (KARL, 2009). En cuanto a la adaptación sobre los valores ambientales, hay que centrar el foco sobre los espacios protegidos, dada su extensión y la biodiversidad que albergan, siendo así un instrumento fundamental para la adaptación al cambio climático. En estos lugares, los ecosistemas mantienen un buen estado de conservación, y por tanto son menos vulnerables a percibir los cambios previstos, como se observa en las zonas boscosas bien conservadas que consiguen resistir a los incendios. Así pues, la reforestación puede considerarse una estrategia de mitigación y adaptación al mismo tiempo. En la Bahía de Cádiz, el elemento vertebrador del entorno físico es el Parque Natural, que como ya se ha comprobado, es la zona que más transformaciones va a sufrir. Debido a su catalogación como espacio protegido de interés, dispone de un mayor volumen de dotaciones que recibe de los fondos europeos, lo cual posibilita el impulso de la investigación en este territorio. Se debe favorecer la conectividad entre los espacios protegidos tanto internamente en la Bahía, como con el exterior, para permitir el desplazamiento de especies hacia otras latitudes. Estos corredores ecológicos son claves para evitar el deterioro de muchas comunidades biológicas que, debido a los cambios en las temperaturas, las precipitaciones y en el propio territorio, necesitan migrar para sobrevivir. Además, la inversión en la conservación y la investigación de los espacios protegidos es una medida mucho menos costosa que la aplicación de propuestas de carácter ingenieril, y sobre 52 todo si se compara con el coste de unas medidas de reparación tomadas a posteriori, una vez que las repercusiones ya se hayan producido (RODRÍGUEZ, 2015). A todo esto, debe añadirse la creación de un programa de repoblación de especies amenazadas, y otro de detección, control y erradicación de especies invasoras. Con respecto a las marismas, se suele proponer la introducción de estrategias que permitan la migración de la vegetación hacia el interior mediante la expansión de nuevas zonas mareales. En el caso de la Bahía de Cádiz, el Parque Natural se encuentra prácticamente rodeado de tejido urbano, con lo cual sería complicada la acomodación de las marismas. Se trata por tanto de un problema que debe estudiarse más a fondo (MINISTERIO DE AGRICULTURA, 2016). La adaptación también es una tarea que involucra a toda la ciudadanía. El ahorro de agua es indispensable en la Bahía de Cádiz, donde se espera una disminución de las precipitaciones a lo largo del siglo XXI. El sexto objetivo de las ODS consiste precisamente en garantizar un uso sostenible de los recursos hídricos, pues de estos depende la sociedad, la economía y el medio ambiente (OFICINA ESPAÑOLA DEL CAMBIO CLIMÁTICO, 2006). Para asegurar el abastecimiento de agua, no solo basta con reducir el consumo; también va a requerirse una mejora de la depuración del agua residual para permitir su reutilización, así como el cierre de algunos servicios con altas necesidades hídricas, como los campos de golf. Además, debe disminuirse el uso del acuífero de la Bahía de Cádiz, deteriorado por su sobreexplotación y amenazado por las intrusiones marinas previstas. Los sectores económicos más vulnerables deben remodelarse, como ya se ha expuesto en el caso del turismo. Se sugiere una relocalización de ciertas actividades que se encontrarán con alta probabilidad en zona inundable, y otras -como las instalaciones acuícolasdonde la recurrencia de inundación por las mareas aumentará a lo largo del presente siglo. La adaptación en la pesca y la agricultura debe producirse a partir de la diversificación de sus productos, contemplando la posibilidad de fomentar el consumo de nuevas especies marinas tropicales y la incorporación de cultivos más resistentes a la sequía y las altas temperaturas. La implicación de la Administración es primordial para que todas estas propuestas puedan llevarse a cabo. El estudio, seguimiento, las proyecciones y la monitorización del cambio climático deben considerarse en todas las planificaciones territoriales y planeamientos urbanísticos. Es imprescindible fortalecer el papel de las instituciones tanto públicas como privadas, así como adecuar las leyes a la coyuntura climática actual. La comprensión de la magnitud de estos cambios sobre el territorio es el punto de partida sobre el que deberán desarrollarse las propuestas, con lo cual el fomento de la investigación y la inversión en I+D+i es crucial. En estos estudios se deben integrar componentes tanto naturales como socioeconómicos, con especial atención a la ordenación 53 territorial. Es necesaria la interdisciplinariedad entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, siendo la geografía el campo donde mejor se materializa la fusión de estos conocimientos. Todas estas propuestas para la adaptación al cambio climático en la Bahía de Cádiz vienen contempladas en el Cuadro 2. Cuadro 2: Estrategias de adaptación Fuente: elaboración propia. 5.4.3. Estrategias de participación El cambio climático no solo se puede combatir a escala macro, sino también a nivel micro, es decir, en relación con las costumbres domésticas, como fomentar el reciclaje, reducir el consumo de agua, usar con más frecuencia el transporte público, reducir el consumo de carne, etc. En este sentido, haría falta instaurar medios de comunicación y cooperación con la sociedad en su conjunto. La lucha contra el cambio climático se enfrenta muchas veces a ciertos colectivos que culpan a estas iniciativas por anteponerse sobre otros problemas globales más relevantes, tales como el hambre, las guerras o la pobreza. Es comprensible que este grupo tenga mucha audiencia, dado que las guerras o las carencias sociales que puedan suceder en diferentes lugares del mundo son hechos fáciles de entender. El cambio climático es un proceso mucho más complejo que resulta más Construcción de barreras Regeneración de las playas Establecimiento de infraestructuras más seguras y resilientes Relocalización de los servicios básicos y de urgencia en plantas superiores Incremento de la resiliencia de los sistemas naturales Refuerzo del papel de los espacios protegidos Protección y conservación de las marismas Programa de repoblación de especies de flora amenazadas Programa de detección, control y erradicación de especies exóticas invasoras Ahorro de agua Reutilización del agua residual depurada Disminución del uso del acuífero Reducción de servicios con altas necesidades hídricas Relocalización de actividades económicas Adaptación y diversificación de la actividad pesquera y agrícola Integración de la adaptación al cambio climático en todos los planes Cooperación y coordinación entre el mayor número de agentes con la Administración Fomento de la investigación Promoción de las I+D+I con poca huella ecológica Seguimiento y monitorización de los cambios Adaptación estructural Adaptación medioambiental Adaptación socioeconómica Estrategias de Adaptación Adaptación administrativa 54 abstracto para un ciudadano de a pie, con lo cual se necesita más propaganda acerca de este tema para lograr concienciar a la población. En teoría, la participación ciudadana está implícita en cualquier plan territorial o urbanístico, pero en la práctica esto no se produce por la ausencia de medidas que la favorezcan. El fomento de la participación ciudadana puede implementarse mediante las siguientes políticas: x Establecimiento de programas de educación y formación medioambiental. x Elaboración de planes de comunicación y uso de las tecnologías de la información para el intercambio de conocimientos. x Elaboración de materiales divulgativos, foros, encuentros y seminarios. x Instauración de espacios democráticos y de deliberación entre expertos de la Administración, asociaciones de la sociedad civil y ciudadanos. 6. Conclusiones En primer lugar, este trabajo persigue combatir los planteamientos escépticos del cambio climático, insistiendo en la incuestionable antropogénesis que explica el desarrollo de este problema, desde el germen inoculado a través de la Primera Revolución Industrial, hasta las innumerables repercusiones tanto naturales como socioeconómicas. El cambio climático conduce al calentamiento global; modifica la circulación atmosférica y la distribución de las precipitaciones; derrite el hielo de los polos, glaciares y el permafrost; altera el nivel medio del mar; recrudece y prolonga las sequías, olas de calor, huracanes, inundaciones, temporales e incendios; perturba la composición de las aguas; agrava los fenómenos erosivos en la costa y en el interior; desnaturaliza los ecosistemas y fuerza el desplazamiento de especies hacia otras latitudes, donde en ocasiones se las cataloga como especies invasoras. El cambio climático amenaza la economía de muchas regiones y países y, por consiguiente, peligra la estabilidad social. El ser humano es el responsable, pero también puede ser la solución. En segundo lugar y por la evidencia problemática, se insiste en la necesidad de profundizar el marco normativo, sobre todo a una escala subregional y local. Sorprende la exigüidad con la que se aborda el cambio climático en la Bahía de Cádiz, una comarca eminentemente vulnerable por dos causas: por un lado, su latitud próxima a las regiones tropicales que le confiere una mayor fragilidad térmica e hídrica; y por otro, su rasa topografía y posición litoral, estando poco defendida ante la subida del nivel medio del mar. En tercer lugar, se advierte precisamente de las implicaciones del cambio climático en la Bahía de Cádiz, mediante el empleo del criterio de regionalización, aplicando los comportamientos globales a este caso particular. Las alteraciones de algunos parámetros son claras, como sucede con 55 las temperaturas, las precipitaciones o la subida del nivel medio del mar. Es inquietante pensar que muchos de estos cambios no se están tratando, y en algunos casos ni siquiera se estudian. Otros asuntos más observados, como la detección y control de especies invasoras, no cuentan con verdaderas soluciones, debido muchas veces a la insuficiente normativa (GÓMEZ, 2019). Mientras tanto, la mayoría de las actividades económicas continúan con el mismo régimen de explotación, ignorando la coyuntura climática actual: la agricultura no es modificada con arreglo a la reducción de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas, la pesca resulta una tarea difícil en un entorno donde las especies exóticas son cada vez más abundantes; las infraestructuras acuícolas y salineras son invadidas cada año más recurrentemente; parte de las instalaciones industriales podrían ubicarse en zona inundable a lo largo del presente siglo; el turismo sigue siendo dependiente del clima, y los campos de golf abundan. En cuarto lugar, para adelantarse a los acontecimientos futuros y evitar costes inabarcables, es imprescindible la elaboración de proyecciones especialmente para los cambios que ya están teniendo lugar. En el trabajo se detallan las más importantes relacionadas con el clima y la subida del nivel medio del mar. Da igual el escenario que se utilice; los problemas actuales continuarán teniendo la misma trayectoria ascendente, aunque este ritmo variará en función de las iniciativas que se apliquen contra el cambio climático. En quinto lugar, el cambio climático, como hecho innegable, constituye el pilar sobre el que debe fundamentarse cualquier planificación territorial, especialmente si se trata de un ámbito litoral. La mitigación y la adaptación son cruciales para prevenir y reducir sus efectos. No en vano, aunque sea la administración la encargada de establecer las líneas de intervención y difundir las estrategias de divulgación, la responsabilidad recae sobre cada individuo de la sociedad. El cambio climático no solo se puede combatir a escala macro, sino también a nivel micro, es decir, en relación con las costumbres domésticas, como fomentar el reciclaje, reducir el consumo de agua, usar con más frecuencia el transporte público, reducir el consumo de carne, etc. Aunque es cierto que las centrales de generación de energía producen mucho más CO2 que cualquier persona, provocando un impacto mucho mayor en el cambio climático. Es decir, independientemente de las medidas reguladoras que tomemos en nuestro día a día, lo más importante es insistir en el diseño de políticas que reduzcan el impacto. El ser humano puede modificar los valores de peligrosidad, exposición y vulnerabilidad de sus causas y repercusiones, como ya se está haciendo en muchos lugares. En España, y por tanto en la Bahía de Cádiz se están aplicando políticas exclusivamente mitigadoras, como con la reciente ampliación de la red ciclista en la ciudad gaditana. Sin embargo, la adaptación es todavía muy rudimentaria y no se atisba siquiera en las agendas políticas locales. 62 Mapa 2: Proyección de la superficie afectada por la subida del nivel medio del mar según el escenario RCP4.5 para el año 2100. Se representa una distribución porcentual de la probabilidad de inundación en las zonas vulnerables para cada uno de los municipios de la Bahía de Cádiz. Fuente: elaboración propia. Mapa 3: Asentamientos y carreteras que pasarían a formar parte de las zonas inundables para el año 2100 y el escenario RCP4.5 del IPCC. Bajo unas condiciones de pleamar excepcional algunas urbanizaciones se verían afectadas, especialmente en Cádiz, Valdelagrana y el campus universitario de Puerto Real. La expansión del mar sobre las carreteras puede suponer un problema para la movilidad entre los cinco municipios. Fuente: elaboración propia. 63 Mapa 4: Zonas forestales y acuícolas afectadas por la subida del nivel medio del mar para el año 2100 y el escenario RCP4.5 del IPCC. Gran parte de los bosques de la Bahía de Cádiz quedarían bajo la influencia de las pleamares, especialmente en torno a El Puerto de Santa María y Puerto Real. La acuicultura, junto con las salinas tendrán que retranquear sus explotaciones dado que algunas de ellas quedarán por debajo del nivel medio del mar. Fuente: elaboración propia. 64 Mapa 5: Escenario LOW de subida del nivel medio del mar según PFEFFER & O`NEEL (2008). Estos autores indican que, a lo largo del presente siglo, el ascenso del nivel medio del mar se situará entre los 0,8 m y los 2 m a escala global. Por tanto, según sus estudios, la proyección más optimista supera el índice más pesimista (RCP8.5) que presenta el IPCC, según el cual se estima una subida de 0,63 m. En este mapa se representa precisamente el escenario LOW, es decir, el valor menos alarmista para estos autores. Fuente: elaboración propia. 65 Mapa 6: Escenario HIGH de subida del nivel medio del mar según PFEFFER & O`NEEL (2008). En este caso se muestra el lado opuesto de las proyecciones planteadas por la misma bibliografía, es decir, un escenario donde la subida del nivel medio del mar se situaría en 2 m a escala global para el año 2100. Un aumento superior a este umbral es físicamente imposible. Fuente: elaboración propia.