Memoria y conocimiento. Sobre los destinos del saber en la perspectiva digital de Tomás Maldonado; Barcelona: Gedisa editorial, 2007 [Reseña]
Full text
Comunicación nº 5, 2007 (pp. 455 - 458) Memoria y conocimiento. Sobre los destinos del saber en la perspectiva digital. Tomás MALDONADO. Barcelona, Colección Cibercultura. Gedisa editorial, 2007, 312 páginas [Traducción de Flavia Costa y Teresa D´Meza]. lU i S naVarrete Universidad de Sevilla Tomás Maldonado, autor relevante en el ámbito filosófico de las TIC, pretende concluir con Memoria y conocimiento (2007) su trilogía sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad occidental. En sus dos trabajos anteriores, Lo real y lo virtual (1994) y Crítica de la razón informática (1998), Maldonado esbozaba algunos de los temas de esta última entrega, por desgracia, y para perplejidad del lector, sólo bosquejados nuevamente. En consecuencia, su lectura nos deja una sensación oscilante entre el déjà vu y la insatisfacción por la escasa profundidad analítica de la vertiente digital propuesta. El volumen Memoria y conocimiento, subtitulado, inextricablemente, Sobre los destinos del saber en la perspectiva digital, posee un incuestionable valor hermenéutico, pero no acertamos a vislumbrar el motivo de este inquietante otro título, pues nada añade al libro más que una promesa incumplida por parte del autor de relacionar su trabajo con esa inaprensible galaxia, al menos en este volumen, denominada perspectiva digital. De los nueve capítulos de Memoria y conocimiento, los dos últimos compendiados en un apéndice, sólo en el título de uno de ellos aparece explícitamente un vocablo relacionado con el universo digital. Se trata de un exiguo “ordenador”, el más recurrente de los términos del ciberespacio, en el capítulo sexto “Ordenador, infancia y desarrollo cognitivo”. En el resto de capítulos, Maldonado raramente clausura sus largas disquisiciones implicando al lector en ese anunciado ecosistema digital. Excepciones a esta norma son el manido final del segundo capítulo, “Hablar, escribir, leer”, dedicado a la hipertextualidad, un tema esencial pero superado en el universo binario, o el desconcertante y paupérrimo resultado de aplicar, en el capítulo cinco, “Memoria y lugares del habitar”, su teoría de los lugares del habitar a una sociedad altamente tecnificada como la nuestra. Cuando el autor aplica la perspectiva digitalis a su discurso es cuando mejor vislumbra el lector la incoherencia de la obra para con su título y la desconexión existente entre las partes de la misma. Como el propio ensayista nos desvela en el prefacio del libro, estamos ante una aglutinación de escritos, artículos y ponencias, dramática y violentamente casados en nuestra opinión, unidos por la
456 Comunicación nº 5, 2007 (pp. 455 - 458) lU i S naVa r r e t e reflexión de los procesos mnemónicos, el único y verdadero denominador común reseñable de la obra de existir alguno. Estos dos últimos aspectos señalados, es decir, la esencia fragmentaria del libro y la incoherencia entre el título y el contenido de éste, no guardan relación alguna. La fragmentación constitucional del libro se debe a una decisión editorial que ve con buenos ojos reunir el pensamiento dispersado de Maldonado en un solo volumen. A este arbitraje nada podemos objetar. Por su parte, la incoherencia título-contenido se fragua en el momento en que el trabajo de Maldonado se clasifica equivocadamente dentro de una serie dedicada a la cibercultura, al menos en nuestro país, y se presenta al gran público como el tercer pilar de una trilogía dedicada a la reflexión del impacto de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad. Esta vez sí protestamos enérgicamente, pues esta medida puede llevar al lector a adquirir un libro alejado de sus verdaderos intereses, aunque sea el propio pensador quien lo presente en su prefacio como la última parte de su tríptico neotecnológico. A nosotros no nos lo parece. Aparte de esta desajustada, imprecisa y equivocada naturaleza oficial del libro, que el lector podrá arreglar y subsanar en casa ubicándolo en otro estante que no sea el dedicado a las Nuevas Tecnologías o a la Cibercultura, previa tachadura de su subtítulo, nada objetamos al libro de Maldonado. Al lector avezado le bastará sólo comprobar las fechas y los títulos de las referencias bibliográficas utilizadas por Maldonado para darse cuenta de lo que decimos. El inicio del libro es posiblemente su parte más coherente y sincera. En el capítulo primero, titulado “Identidad personal y memoria”, con un lenguaje fluido, mérito del propio autor y de la traducción española del italiano, Maldonado parte de la reflexión y visitación de dos conceptos vitales para el hombre, como son la memoria y la identidad, para luego ponerlos en crisis por sus interferencias con las nuevas tecnologías. Internet, las cámaras de seguridad o las tarjetas de crédito desestabilizan los sistemas de producción de identidad individual y colectiva, adentrándonos en lo que el intelectual denomina “el declive del hombre privado” (pág. 44). A partir de aquí, éste inicia un largo peregrinar lejos de las nuevas tecnologías y del universo digital, desde entonces ocasionales salpicaduras de un interesante relato, con cierta ambición histórica, sobre la memoria. A pesar de esto, como ya avanzamos más arriba, el capítulo segundo, “Hablar, escribir, leer”, establece algunas relaciones con la escritura digital y manifiesta interesantes disquisiciones sobre sus consecuencias, especialmente de cara al mantenimiento de la indiscutible figura del autor en la escritura tradicional, amenazado de muerte por el surgimiento de lo que Maldonado llama el escritolector o lectoautor, una reciente entidad manada por efecto de la aplicación de los nuevos medios digitales a la escritura, sobre todo tras la democratización informacional que ha supuesto la Web (pág. 70).
457 Comunicación nº 5, 2007 (pp. 455 - 458) re s e ñ a s Los capítulos 3 y 4 son un monumento erigido a los procesos de construcción de la memoria, escindida histórica y culturalmente en memoria a simple vista y memoria de laboratorio. El desarrollo elegido por Maldonado para ambos capítulos nos los devuelve convertidos en incapaz canal para encauzar al lector por la senda de la reflexión tecnológica y digital. Dicho de otro modo, y sumariamente, “Memoria a simple vista” y “Memoria en laboratorio: definiciones, paradigmas, modelos” nos muestran la relación de la memoria con el conocimiento (pág. 89), nos sumergen en los procesos mnemotécnicos del Renacimiento (pág. 89), nos hablan de la importancia de la revolución de Ramón Llull y sus imágenes en una nueva dimensión de la memoria humana (pág. 95), nos describen cuidadosamente cuatro tipos de memoria a largo plazo –autobiográfica, episódica, semántica y procedimental– (pág. 124), nos aleccionan sobre las experiencias conductistas, cognitivistas y neurobiológicas en su relación con la memoria y el aprendizaje (pág. 130-140) y, finalmente para nuestro desánimo, vapulean el deseo del lector de ver ese maravilloso despliegue de ciencia, preciso artificio diseñado durante más 60 páginas, fusionado por el prestidigitador Maldonado con las nuevas tecnologías. Desgraciadamente, el nexo que establece el autor entre éstas y todo ese “bombo y platillo” científico se resume en la pregunta final del capítulo 4: “¿es razonable plantear la hipótesis de que el estudio intensivo de las nuevas tecnologías podría, a mediano o largo plazo, impulsar un proceso de cambio de las bases psicobiológicas de nuestra memoria individual y colectiva?” (pág. 141). Justo cuando Maldonado debe enfundarse el traje de faena y el lector empezar a frotarse las manos, el capítulo llega a su fin dejándole la sensación de que la citada cuestión no es más que un postizo de última hora, es decir, un insulto a su inteligencia. El capítulo 5, “Memoria y lugares del habitar” es un largo y entretenido paseo por la creación del espacio burgués, forjado, como demuestra Maldonado, desde finales del siglo XVIII en las formas literarias de la novela y el cuento modernos (pág. 144). El capítulo da pie al filósofo para hablar y traer a colación pasajes tan disonantes como atractivos; así, pasamos de la noción de cronotopo de Batjin (pág. 146) al universo femenino de las hermanas Brontë o Jane Austen (pág. 147), o del interés de Edgar Allan Poe por los espacios interiores de los estadounidenses (pág. 156) a la exasperación enumerativa y descriptiva de los espacios de la narrativa de Balzac (pág. 158). Pero nuevamente, como es norma en Memoria y Conocimiento, cuando llega el momento de esparcir todo el saber desplegado en el capítulo por el universo digital prometido, Maldonado se muestra rácano, e incluso torpe, a la hora de aplicar su teoría de los espacios y del habitar a la nueva era tecnológica. Preocupado en exceso por los espacios reales y físicos, públicos o privados, Maldonado descuida en su reflexión la creación de nuevos cronotopos a través de la experiencia digital, fenómeno que, en nuestra opinión, compensará la pérdida de
458 Comunicación nº 5, 2007 (pp. 455 - 458) lU i S naVa r r e t e memoria topográfica individual y social propia de las sociedades post-industriales que delegan sus tareas fundamentales en sistemas telemáticos (pág. 178). Los capítulos 6 y 7 son una muestra más de la deslavazada estructura de Memoria y conocimiento. Mientras que “Ordenador, infancia y desarrollo cognitivo” es una reflexión, interesante pero no muy perspicaz, sobre la aplicación de las tecnologías informáticas a la escuela, “Pensar la técnica hoy” es la visitación de las teorías de algunos filósofos preocupados por la técnica a lo largo de la Historia. Como bien nos demuestra Maldonado con su libro, sólo un pequeño porcentaje de estos pensadores han sabido desprenderse de lo que él llama la forma mentis (pág. 222), es decir, pocos se han acercado a la técnica de modo concreto, abordando, por el contrario, los estudios y la reflexión sobre ésta siempre desde términos abstractos. Como el propio autor nos indica en el capítulo 8, “Los anteojos tomados en serio”, la técnica ha sido concebida por el hombre como un elemento exógeno, provocando en nosotros una especie de enajenación conceptual cuando la pensamos. Este extrañamiento ha desembocado históricamente en una perspectiva que Maldonado considera dominada por el determinismo tecnológico, es decir, la “exterioridad” de la técnica respecto a nosotros le ha garantizado una posición vital y causal en los procesos sociales que tal vez deberíamos sopesar detenidamente (pág. 226). El último capítulo del libro, segundo apendicular, titulado “Sobre la escritura estereotípica y antiestereotípica” analiza la vieja cuestión de los estereotipos lingüísticos y el papel de la literatura como fuente de oposición de los mismos (pág. 237). Memoria y conocimiento presenta una enjundiosa bibliografía, de procedencia diversa que manifiesta el espíritu universalista de su autor y su poliédrica formación. Junto a las referencias germanas, abundan las anglosajonas, mayoritarias en un apéndice bibliográfico estructurado por capítulos que resulta bastante cómodo de manejar.