La expansión del universo femenino en la novela pastoril española : la Diana de Jorge Montemayor y La Diana enamorada de Gaspar Gil Polo
Abstract
In this paper we analyze the relationship between the first and the second part of a pastoral romance saga which both have in common the life of the character Diana and it is successful in Spain in the Sixteenth Century because they are enjoyable for readers from a high socioeconomic level. We develope the idea of discontinuous fiction as a kind of theoretical framework for our research about the serial story.
Full text
ISSN 2353-2912 1(4) 2016 Ateneum-Szkoła Wyższa w Gdańsku Forum Filologiczne ATENEUM Ateneum Philological Forum WYMIARY DIMENSIONS Gdańsk 2016
2 Komitet Wydawniczy Prof. zw. dr hab. Edmund Kotarski (przewodniczący), prof. nadzw. dr hab. Zdzisław Aleksander, prof. nadzw. dr Hanna Dubrzyńska, dr Małgorzata Godlewska, prof. nadzw. dr hab. Marcin Krawczyński, prof. nadzw. dr hab. Henryk Olszewski, prof. zw. dr hab. Waldemar Tłokiński, dr Bartosz Wiśniewski, dr Paweł Wojciechowski. Komitet Naukowy Czasopisma Forum Filologiczne Ateneum: Filologia angielska Prof. Desmond Graham, The University of Newcastle, Newcastle upon Tyne (Wielka Brytania) Prof. zw. dr hab. Roman Kalisz, Wyższa Szkoła Języków Obcych w Świeciu (Polska) Prof. Henryk Kardela, Uniwersytet M. Curie-Skłodowskiej w Lublinie (Polska) Prof. Tom Napieralski University of Colorado, Colorado Springs (Stany Zjednoczone) Prof. Piotr Stalmaszczyk, Uniwersytet Łódzki (Polska) Filologia włoska Prof. Mercedes Arriaga Florez, Universidad de Seville (Hiszpania) Prof. Dario Tomasello, Universita degli Studi di Messina (Włochy) Prof. Maria Rosaria Vitti-Alexander, College Nazareth-Rochester (Stany Zjednoczone) Filologia hiszpańska Prof. Antonio Pamies Bertrán (Universidad de Granada) (Hiszpania) Prof. Luis Luque Toro (Università Ca’ Foscari, Venezia) (Włochy) Dr Lucía Luque Nadal (Universidad de Córdoba) (Hiszpania) Recenzja tomu Prof. Antonella Cagnolati, Universidad de Foggia, Włochy Redaktorzy naukowi Dr Małgorzata Godlewska i dr Daniele Cerrato Redaktor języka angielskiego: Ross Aldridge Redaktor języka hiszpańskiego: Fernando Torrens Redaktor języka włoskiego: Linda Balistreri ISSN 2353-2912 © Copyright by „Ateneum-Szkoła Wyższa” w Gdańsku 2015 Pierwotna wersja czasopisma drukowana. Adres Redakcji: „Ateneum – Szkoła Wyższa” w Gdańsku, ul. 3 Maja 25A, 80-802 Gdańsk [email protected] Wydawnictwo Ateneum – Szkoła Wyższa w Gdańsku Przygotowanie do druku: Violetta Pastwa Projekt okładki: Katarzyna Krawczyńska Druk i oprawa: SOWA Sp. z o.o., 01-209 Warszawa, Hrubieszowska 6a Nakład 100 egz.
3 Spis treści Daniele CERRATO Słowo wstępne...........................................................................5 María BURGUILLOS CAPEL Nocturnas: mujeres, naturaleza y submundo. La configuración de un arquetipo femenino ..................11 Jorge TOMÁS GARCÍA Filósofas y pensadoras griegas en la obra de Gilles Mènage..............................................................21 Jaime PUIG GUISADO La expansión del universo femenino en la novela pastoril española: La Diana de Jorge de Montemayor y La Diana enamorada de Gaspar Gil Polo. La ampliación del universo..............................................31 Pedro GARCÍA SUÁREZ La biotecnología sobre el cuerpo femenino en La mujer adúltera de Enrique Pérez Escrich.............41 Francisco José CORTÉS VIECO Children, childlike modernism and avant-gardes in Katherine Mansfield’s short-stories............................51 Katjia TORRES La misoginia en Al-mar’a fi-l-Qur’an (1960), del pensador egipcio Mahmud Abbas al-Aqqad (1889-1964)..67 Maria Jesús SOLER ARTEAGA Elena Soriano, una novelista censurada..........................85 Eva María MORENO LAGO La dramaturgia del vestuario en El yermo de las almas: entre Valle-Inclán y Victorina Durán ............................99 María REYES FERRER La narrativa de Rosamond Lehmann. Análisis de la novela The Ballad and the Source........................121 Milagro MARTÍN CLAVIJO Patrizia Monaco e “Una vertigine sopra l’abisso”: la pazzia di Camille Claudel a scena..............................129 Maša GUŠTIN, Liliana KALITA Transformacja, chaos, nowa Rosja – filmowy, superbohater Daniła Bagrow.........................................147
31 Jaime PUIG GUISADO Universidad de Sevilla La expansión del universo femenino en la novela pastoril española: La Diana de Jorge de Montemayor y La Diana enamorada de Gaspar Gil Polo. La ampliación del universo Summary In this paper we analyze the relationship between the first and the second part of a pastoral romance saga which both have in common the life of the character Diana and it is successful in Spain in the Sixteenth Century because they are enjoyable for readers from a high socioeconomic level. We develope the idea of discontinuous fiction as a kind of theoretical framework for our research about the serial story. Keywords: female characters, pastoral romance, discontinuous fiction, several stories El estudio de la literatura del Siglo de Oro en España ha tenido tradicionalmente una perspectiva patriarcal desde la que no se ha hecho hincapié en el análisis de los modelos femeninos que resultan de los personajes creados en la narrativa del momento, o bien se han estudiado estos patrones de comportamiento, pero con una mirada un tanto parcial y descontextualizada. En este caso, pretendemos rescatar aquellos personajes femeninos que nos aporta la novela pastoril como relato en serie del siglo XVI español y que nos ayudan a establecer una ficción discontinua (Frau 2014) a través de dos estructuras narratológicas interconectadas que giran en torno a un universo arcádico femenino. En primer lugar, en palabras de los dos autores, estas dos novelas que a continuación analizamos, están destinadas a presentarse al público como una primera parte, en el caso de La Diana de Jorge de Montemayor, y como una segunda parte, en el caso de La Diana enamorada de Gaspar Gil Polo6. Esta última 6 Parte de la crítica considera, incluso, que estas dos novelas conforman una misma obra (Siles 1972: 119) o, al menos, que la segunda parte es lo más cercano posible al modelo de Montemayor (Avalle- Arce 1975: 117).
32 es la continuación que parece responder a la voluntad que Montemayor deja clara en el desenlace de su Diana: Allí fueron todos desposados con las que bien querían, con gran regocijo y fiesta de todas las ninfas y de la sabia Felicia, a la cual no ayudó poco Sireno con su venida, aunque della se le siguió lo que en la segunda parte deste libro se contará, juntamente con el suceso del pastor y pastora portuguesa Danteo y Duarda (Montemayor 1996: 289) Aunque Gil Polo se inmiscuya en la trama de La Diana, al presentarse en esta segunda parte desesperada por el amor de Sireno, no retoma la historia de los pastores portugueses Danteo y Duarda, lo que ha sido señalado como uno de los errores más significativos por la crítica (Siles 1972: 120). De hecho, al final del libro se explicita que no se ha narrado y se dejará para un próximo libro: “con la historia de Danteo y Duarda, portugueses, que aquí por algunos respectos no se escribe, y otras cosas de gusto y de provecho, están tratadas en la otra parte de este libro que antes de muchos días, placiendo a Dios, será impresa” (Gil Polo, 1987: 315). Así parece que esta serie de novelas nunca va a acabar, pues siempre existen historias de pastores y pastoras entrelazadas que quedan por rematar. El libro de Gil Polo parece conveniente en cuanto al vacío argumental que propone Montemayor, pero solo en el aspecto del desarrollo psicológico del personaje de Diana, que parecía quedarse incompleto en la primera parte, ya que casi toda la trama restante supone un afán de innovación y acumulación por parte del autor valenciano. Gil Polo, a su vez, declara explícitamente que su Diana enamorada es una continuación de la de Montemayor: "A este libro nombré Diana enamorada, porque, prosiguiendo la Diana de Montemayor, me pareció convenirle este nombre, pues él dejó a la pastora en este trance" (Gil Polo, 1987: 83). En la obra se continúa con el estado en el que se puede fácilmente interpretar que quedaba Diana en la primera parte: el enamoramiento; tal y como lo entiende Gil Polo en la segunda parte. Su afán de invención también queda reflejado en la continuación junto al intento de respetar las historias anteriores: “Hallaréis aquí proseguidas y rematadas las historias que Jorge de Montemayor dejó por acabar, y muchas añadidas” (Gil Polo 1987: 83). Es decir, busca un desenlace a los finales abiertos que deja Montemayor y añade nuevas historias para enriquecer la trama pastoril, algo muy propio del género. Pero la continuación no cierra tampoco la obra finalmente, sino que deja un final abierto para manifestar claramente que se espera una segunda parte de esta prolongación, ya sea por razones sociales o económicas. En cuanto a la estructura, podemos observar que se continúa con el método de intercalar poemas en la prosa, siguiendo con las relaciones de dinamismo-
33 estatismo que ya se presentaban en la primera Diana, pues con la prosa se solía representar a los personajes caminando, buscando a otro personaje, en definitiva, en acción, algo que es recurrente también en los viajes al pasado cuando los personajes de forma retrospectiva narran una anécdota de su vida pasada, a modo de peripecia; con la poesía, sin embargo, se pretende por lo general parar el tiempo en un locus amoenus en donde los personajes pastoriles tañen un instrumento, modulan sus voces o mantienen un diálogo entretenido, de forma más estática aunque también nos dé algunas informaciones de la narración, pero de manera más indirecta. Esta relación conceptual la podemos asociar a las dos partes, así como a la dirección de los pastores y las pastoras, que en los dos casos suman compañías hacia el palacio de Felicia, sobre todo Diana para que cure sus males. En cuanto a estos personajes, muchos de ellos se repiten y otros son nuevos, pero hay que destacar que muchos de ellos tienen alguna relación de parentesco. La Diana de Gil Polo aparece en la nueva serie desde el principio como protagonista, mientras que Montemayor no la introducía hasta bien entrado el libro, y en la parte anterior de la obra solo se había mencionado de oídas. El autor valenciano la señala como uno de los personajes más importante, o el que más, ya que participa en casi todas las historias, convirtiéndola de este modo en una heroína femenina de novela pastoril, al contrario de lo que el discurso crítico tradicional ha perpetuado en el personaje masculino (David 1991). Sin embargo, aunque se le conceda una mayor visibilidad en la narración, no significa que se construya como un personaje feminista, concepto muy alejado de la época, ya que tras beber el agua mágica de la maga Felicia, Sireno, su pretendiente, se liberaba de la pasión de Diana en la primera parte, y esto da pie a Gil Polo para comenzar el libro con una Diana penando en amores por el pastor, lo que supone que los personajes inviertan su papel y la pastora eche en falta a quien antes trataba con desdén. Mientras, Sireno aparece solamente al final en la novela del valenciano y con “una intervención más bien pasiva” (Siles 1972: 120). Esta peregrinación de amor vuelve a ocurrir en Gil Polo como en la Diana primera ocurría con Felismena y otros personajes que hacen un largo recorrido para encontrar al amado o amada. Ahora Diana está casada con Delio, pero este se enamora de Alcida; como en la primera parte, vuelven a presentarse los triángulos o cuartetos amorosos que enredan e intrigan la lectura a través de personajes duales que se entrelazan: Diana habla con Marcelio y están emparejados con Delio y Alcida respectivamente, pero Delio se escapa persiguiendo a Alcida. Hay un paralelismo en la forma de escaparse de Marcelio con Clenarda a ojos de Alcida, repitiéndose las anécdotas con algunas variaciones. Además, se retoma la historia de amor entre Ismenia y Montano, que Montemayor había cerrado muy superficialmente tras el episodio de la cadena de amores entre Alanio, Selvagia,
34 Ismenia y Montano. Este último y Fileno, padre e hijo, pretenden a Ismenia, como ocurre en la obra de Montemayor con Arsileo y Arsenio, padre e hijo, que pretenden a Belisa. La enamorada en los dos casos ama al hijo, tanto Ismenia a Montano como Belisa a Arsileo. En esta historia de enredos se introduce el papel de Silveria como criada de Felisarda y Fileno y se le dota de toques celestinescos al engañar a Montano, lo que complica más aún el cosmos arcádico en que se desenvuelven las pastoras. Por otro lado, parece que todos los pastores que pululaban alrededor de Diana ahora están enamorados de otras y Diana queda como la que pena por amor de forma paradójica, quizá como una especie de castigo por su comportamiento en la primera parte, al que ya Montemayor culpaba cuando tenía ocasión. En esa línea, Diana parece seguir siendo una víctima del autor por su conducta, posiblemente debido a la concepción misógina de la época tal y como corrobora Mujica (1986: 147). Souviron apunta al respecto que “en el proceso de ficcionalización de la realidad la fantasía masculina otorga a la mujer atributos y cualidades que no son sino cosecha de sus propias proyecciones”, sobre todo si se apoya en la imaginería del petrarquismo (Souviron 1997: 52, 53). Estos personajes, como en Montemayor, siguen los modelos del amor cortés, sirviendo los pastores a las damas, dedicándole poemas o canciones. En Gil Polo, sin embargo, Diana declara abiertamente su amor por Sireno y esto parece salirse de la norma establecida (Mujica 1986: 147). La pastora, por otro lado, se muestra con Tauriso y Berardo como la mujer que hace sufrir a los hombres por amor, tratándolos despiadadamente cuando, por ejemplo, se despide de ellos y pierden su contacto. De este modo se contrapone el amor de la donna despiadada, la belle dame sans merci, y la mujer que se arrastra por el amor del hombre (Salinas 2009). Por otra parte, Tauriso y Berardo insisten en su “fe constante y amor verdadero” (Gil Polo 1987: 203), que merecen un galardón según el código cortés, pero no obtienen más que rechazo. Podríamos hacer un paralelismo de esta fría dama en la que se ha convertido Diana con la Gelasia de Montemayor, dura como la piedra ante las súplicas eróticas de sus pretendientes, al menos en el momento de su aparición. La protagonista del autor valenciano se comporta con crueldad hacia los pastores que la pretenden porque así lo indica el código cortés con el fin de no perder la honra y poder servir de forma leal a su marido, aunque sufra por él y su abandono. Por ello, de un modo u otro, Diana se va configurando a lo largo de la novela como la malmaridada o malcasada (Albuixech 2008), algo que ya le ocurría a algunas pastoras de Montemayor, ya que no es feliz en su relación con Delio, que se escapa para perseguir a otra pastora, sin contar con que ella estaba realmente enamorada de Sireno. Para aumentar la desgracia, este marido de Diana aparece como el celoso por excelencia, igual que este sentimiento se presentaba en el
35 Filemón y la Amarílida de Montemayor en la línea de un mal incurable (Egido 1987: 386). En cuanto a uno de los espacios centrales de esta saga pastoril, el palacio de Felicia, tiene una importancia nuclear en la obra al igual que en la primera Diana, así como la dueña que lo habita, que posee el poder de transformar las vidas de los pastores y las pastoras que vienen a pedirle ayuda en sus males de amor. Los personajes que cruzan este edificio salen totalmente cambiados en las dos novelas, además de que en este lugar se siguen preparando pócimas mágicas para curar el enamoramiento – o para reforzarlo, dependiendo del caso-, se celebran casamientos con sus respectivas fiestas o se reparten consejos. En el libro de Gil Polo una ninfa les indica a los pastores y las pastoras quiénes residen en el palacio de Felicia en ese momento, y coinciden justamente con los personajes que se quedaron del primer libro: Silvano, Selvagia, Sireno, Belisa y Arsileo, y, por otro lado, Felis y Felismena. Felicia aparece vestida como en el primer libro y con sus ninfas de nuevo (Cintia, Polidora y Dórida), cuya presentación se repite en un escenario de motivos mitológicos, mientras que Arethea es el personaje que aporta la innovación. Cuando llegan los caminantes le besan la mano a Felicia arrodillándose en clara relación de vasallaje, de nuevo, y, como afirman algunos críticos como Juan Montero en la primera Diana, esta podría remitir a la tía de Carlos I, María de Hungría, dueña del palacio de Flandes en ese tiempo (Montemayor 1996: 165). Siguiendo con este trasunto analógico de la realidad (Damiani 1986), el vestido negro que viste podríamos asociarlo a la muerte de un pariente de la Corte, acontecimiento muy común en la época. Pero aun teniendo en cuenta este aspecto del posible enmascaramiento de la realidad histórica del siglo XVI, Gil Polo vuelve a otorgar a Felicia el papel de adivina, celestina, sanadora y solucionadora de los problemas de los pastores y las pastoras. Precisamente por esta focalización en el personaje femenino, creemos que hay un carácter más activo en la configuración de Felicia, ya que se construye como una mujer con iniciativa tal y como argumenta Mujica: Montemayor’s characters are essentially passive. With few exceptions, they do not act, but are acted upon. The final resolution of their predicaments is left in the hands of an outsider, Felicia, who takes responsibility for their destinies. The structure of the romance emphasizes this passiveness (1986: 144). Felismena, por otro lado, también adopta un rol bastante activo e independiente, ejerciendo un poder sexual y activo hacia Felis (David 1991), lo que la distingue de otros muchos personajes femeninos. Más adelante asistimos al reencuentro por la anagnórisis a través de la historia de esta pastora, algo que
36 también es un clásico en Montemayor y en el género como fórmula general, estrategia rescatada de las tribulaciones que sufrían los héroes de las novelas de caballerías. Si nos centramos en la figura de Alcida, ya parece romper con la ficción e introducir claramente una innovación en el libro con respecto a Montemayor, pues se describe cómo se desprende de su disfraz de pastora y se adorna con joyas y vestidos aconsejada por Felicia, lo que nos da cuenta de la teatralización manifiesta que supone el mundo pastoril, directamente referencial a la Corte imperial como antes hemos mencionado. Frau entiende que esta convención es patente en las églogas de Garcilaso o en las novelas de Montemayor en cuanto al encubrimiento de la identidad de personas reales mediante la construcción de personajes ficticios (Frau 2002: 130). Por otro lado, Gil Polo recurre a otra innovación con respecto a la narración del primer libro, pues las pastoras formulan las adivinanzas, tomando la iniciativa con respecto a los hombres, dando cuenta de su delicadeza, quizá representando a las mujeres de la Corte, más inteligentes y leídas que los hombres al concedérseles más tiempo libre, ya que los hombres emplearían su tiempo en asuntos políticos o bélicos. Por tanto, ya no se da tanto el caso de que “la voz del autor es la que lleva las riendas de la narración. Llega hasta meterse en el interior de los personajes, para explicar su estado de ánimo, o para que el lector pueda comprender más justamente sus reacciones” (Siles 1972: 81), o bien, con respecto a la voz de los personajes masculinos como ocurre en el libro de Montemayor, sino que en este caso hay una mayor concesión a la palabra femenina. En cuanto al estilo de la Diana enamorada, ya hemos apuntado que se continúa con la estructura heterogénea de intercalar el verso en la prosa. En relación a las composiciones líricas tenemos variados ejemplos, la mayoría de ellos ya presentes en Montemayor: continúan los cantos amebeos y, en paralelo a Sireno y Silvano, cantan también en competencia y por pareja Tauriso y Berardo como homenaje a la belleza de Diana. Además, el propio Sireno vuelve a protagonizar otro canto en el que se enfrentan dos posturas, en este caso con Arsileo. Adicionalmente, aparece un epitalamio como el recitado por Arsindo en las bodas de Daranio y Silveria. Como hemos apuntado antes, en esta segunda parte las pastoras se animan más a cantar sonetos, glosas u otras composiciones, como innovación del autor valenciano al que le podemos asociar una reivindicación del papel de la mujer, al menos en su referencia implícita a la Corte, o por lo menos, no intuimos una postura tan misógina como la que le precede. No ocurre igual en el caso del canto del Turia, que se asemeja al canto de la estatua de Orfeo en Montemayor, pues coinciden en que dos seres inanimados cantan; en la primera parte, una obra de arte de un material inerte, y en la segunda parte, un elemento natural, pero más dinámico, al moverse continuamente, y más