El siglo XIX ante la religión católica
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AL CONGRESO CATOLICO DE BURGOS A DISCURSO EL SIGLO XIX ANTE LA RELIGION CATOLICA POR EL DOC TOR DON FAME DE CASSO Y FERNÁNDEZ CATEDRÁTICO DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA $e S e ¡SEVILLA EscugLa TIPOGRÁFICA SALESIANA 1899
dad. ; propio AO ECO Queda hecho el de ó E to que manda Ad
- —, In necessariis unitas, in - dubiis libertas, in omnibus charitas. Fides, ratio itaque unum. SAN AGUSTÍN. Asistimos, Emmos., Excmos. y Rwvmos. Señoves, á los últimos instantes del Siglo actual, y ¡qué momentos para el Católico Español! Como Católicos presenciamos el cerco, que con sin igual fiereza ó impetuosa saña tienen puesto la malicia, el error, el egoísmo, la ignorancia y las concupiscencias de la bestia contra nuestra Augusta Madre, la Santa Iglesia, solazándose con sonrisa infernal ante el espectáculo de soledad y abandono en que la dejan, cuando no la “vejan y maltratan, todas las potestades de la tierra: como Españoles, ¡ah! como españoles sólo. sabemos que aun permanéecemos mudos de éstu-
12. que asigna al hombre por progenie la selección animal y por término la satisfacción de sus apetitos, condenándole, por ello, á perpetua guerra, como ley de su existencia, contra el Espiritualismo cristiano que declara al hombre hijo de Dios y heredero de su gloria, cuya posesión le asegura como premio de la caridad y justicia de su vida; del Naturalismo que erige en arquetipos de Verdad y de Belleza los estímulos de la sensualidad, el impetu de la soberbia 6 los halagos de la codicia, que corroen toda virtud en el alma, contra el idealismo cristiano que ennoblece la realidad de cuanto existe por la acción vivificante del Creador, que conserva la substancia y mantiene el Orden del Universo, y cuya Providencia secundada por la conformidad y cooperación ó sobrepuesta úl la resistencia de la criatura, determina la acción y reacción continuas, que modelan el ritmo de la libertad humana concertando:con la misteriosa clave de la predestinación, cuyo maravilloso enlace engendra la hermosura de la santidad y los sublimes conceptos de lo bueno, de lo justo y de lo bello; de la rebeldía satánica, en fin, de la Razón frente á la Fe, para decirlo en una frase, contra el obsequio debido por ley de su misma naturaleza á la Fe por la Razón. No: desarrollar el cilindro, en que por la acción percusoria y rotativa del tiempo constan impresionados los clamores y resonancias del combate social-religioso de nuestro siglo, es O
13 empresa digna de acometerse y de que sea realizada; pero que demanda, para llevarla á cima. con provecho, no una sino varias y muy extensas audiciones y un fonógrafo de mayor capacidad retentiva que la que alcanza mi poco sutil ingenio. Mas, por fortuna, tratándose de un auditorio como el que me escucha, no es precisa esa exposición; porque nada nuevo habría de oir que antes y por mejor órgano de información no conozca. Así, pues, creo acomodarme á las circunstancias de lugar, personas y momento en.que hablo y, á la vez, interpretar rectamente el propósito 4 que tiende la adopción del tema señalado á mi discurso, dando por expuestos los hechos, que para ninguno de los que nos congregamos bajo estas bóvedas. Son ignorados, consignando, 4 modo de consecuencia de la demostración que de ellos habría de deducirse, la tesis, cuya confirmación ha de: comprender el cuerpo de esta oración; y asentando, por vía de epílogo, la conclusión que deba establecerse como regla de sentido práctico y norma de conducta del verdadero cató-. lico en el instante actual, fin de inmediata aplicación y relevante utilidad, que yo considero de primordial interés en este género de tra- | bajos. Supuestos tales antecedentes y precisado por ellos el campo, objeto y finalidad de la especulación 4.que con sobriedad suma vamos á entregarnos, he aquí el esquema del discurso:
a 14 sin la que el hombre (sociedad 6 individuo) en =ria (de la que se haceidéntico como substancia El siglo XIX es radicalmente anticristiano y ateo. El ateísmo es la negación del orden. biológico universal y especialmente de la libertad humana, wez de ser perfectible por acto desu propia conciencóa y voluntaria determinación, queda sometido, como bestia (la gran bestia apocalíptica), ú la brutalidad del instinto y al fatalismo de la mate- y distinto no más que fenomenalmente, como prototipo, especie ó individuo de selección proveniente de la energía embriogeneria que radi- -ca en la materia misma). : De cuyas proposiciones, que sintetizan € estado actual científico y social, como que son los enunciados de la Nueva Religión, de la Nueva Moral, de la Nueva Ciencia 6 Filosofía, de los Nuevos Horizontes del Dere-. cho, de los Fundamentos de Política y Principios de Sociología (con obras muchas más rúbricas que pudieran anotarse), se sigue que el hombre y la Sociedad, fin de siécle ham retrogradado á las mismas aberraciones del mundo pagano, (aun excediéndolas en la concep- | ción materialista de la Naturaleza, de la Hu- | manidad, del Universo, de Dios y de la Vi-. da). Por lo que se impone una vigorosa reacción ú favor del Reino de Dios y su Justicia, | que dé por resultado la dignificación humana, : la defensa de la sociedad según el orden provi-' (yr ti iz IS AA A ii la AA ti cl | 1 : ¿ 1 : k o |
Et, dencial cristiano, y la restauración de todas las cosas en Cristo. : Paráfrasis no más de esta conclusión, calcada en la confirmación de las dos premisas en que se funda, por el testimonio del movimiento científico, político y social en nuestro siglo, bien que únicamente aducido en lo principal y necesario, es este discurso. Intentaré, pues, desarrollarla con sujección á los tres puntos propuestos.
Afirmó el gran filósofo de la Monadología como ley orgánica del Universo la continuidad y correlación de las substancias en la composición de la naturaleza; otro, no menos célebre, trazó en su Trilagia el orden de generación de cuanto abarca el mundo de la Idea; y el sistematizador del Tramsformismo en nuestros días, así como el denominado metafísico del Positivismo moderno, han asentado la evolución como proceso del hecho cosmológico Y antropológico universal, que es el contenido de la Historia y, ú la verdad, que no pudiéndose ni habiendo para que dudar de que ese orden se ajusta, como regla formal, á la generación Correlativa y enlace de las substancias lo mismo que.á la serie lógica y providencial de la vida humana, podría aducirse, cual su demostración más convinente, el encadenamiento que: existe entre el estado filosófico-político-social presente y el que se inició con aquella injer-. ción del virus pagano en la conciencia cristia- ' na, que constituye el fondo dejado como lastre: de contradicción á las generaciones venideras: por el Renacimiento, Quiso Dios abandonar el a a cdo 0
CANE mundo á las disputas de los hombres, sanción la más alta que el libre albedrío pudiera alcanzar; y la lucha entre el materialismo y el esplritualismo había de abarcar toda la labor de la voluntad y de la inteligencia desde que, hecho cristiano el mundo por la Redención, afirmados sus efectos por el enorme trabajo de XI siglos, próximo á quedar vencido en todas las líneas de combate religioso, científico y polí-- tico el poder arábigo, resurgió como Cuerpo, en que encarnara el alma de la Edad media, la construcción total de la civilización pagana, y sabido es que primeramente se paganizaron las letras con Petrarca, Boccacio, Nebrija, Besarión, Huttem, aun el mismo Erasmo y los co-. laboradores de las Epistolee obscurorum VIFOFUM; | seguidamente, de manera embozada Ú manifiesta, la religión con Bembo, Crotus, Eobanus y cuantos les eran afines en preferir la lectura de Cicerón, Platón y Aristóteles á la de San Pablo y Evangelistas («neglecta Seriptura Sancta» en frase con que juzga su proceder Melchor Cano); muy luego la filosofía con Pomponazzl, Cremonini, Porta, Machiavelli, Vanini, Bruno, surgiendo inmediatamente, como consecuencia y expansión de las energías anticatólicas acumuladas, el Protestantismo; que bras im-. plantar á costa de sangrientas luchas la anarquía en el orden religioso, el naturalismo en _ moral, la duda reflexiva, nominalista, escéptica, ideológica, panteísta y atea en filosofía, 2 EL SIGLO XIX
18 el individualismo económico, con todos sus desquilibrios y enormes abusos y dilapidaciones, y el absolutismo cesarista, tiránico, absorbente, «dlilapidador, hipócrita y cruel del Estado, provocó, á partir de la segunda mitad del Siglo XVII, la lucha político-social, bárbara y -sIn tregua, de nuestros días. * Basta dirigir una rápida ojeada ú la historia de la filosofía, puesto que esta es el cerebro y la médula del organismo social y en sús doctrinas, tendencias y orientaciones se concentra el movimiento humano en todos los órdenes de la vida, para apreciar la exactitud de esa filiación de cuanto constituye el Credo de nuestro siglo, transcendente con irresistible fuerza á los hechos, que ya se dibujan, dolorosísimos los unos con insondable malicia, consoladores los otros con bien fundadas esperanzas, para el porvenir. : -Tocó á Giordano Bruno la triste celebridad de ser el que, 4 mediados del siglo XVI, se colocó en abierta oposición contra la Iglesia y la doctrina Católica, renegando de toda Religión positiva y definiendo, sobre la base de las ideas pitagóricas y platónicas y bajo determinadas influencias de Raimundo Lulio, el panteísmo, que, cual observa Lefevre, juega un papel tan preponderante en la Filosofía moderna. A la par que el apóstata y errante calvinista escribía «De la Causa», «Del Infinito» y <De Monade», Bacón de Verulam, aunque manteniéndose con firmeza, como filósofo, en el terreno católico, -
19 mal que pese á los que siniestramente con evidente falsedad sostienen ó insinúan lo contrario, de cuya ortodoxia atestigua inequívocamente su doctrina acerca del conocimiento de Dios, de sus atributos y de la Creación, cuando, después de adaptar por completo: sus pensamientos á á la Teodicea y Cosmogenia cristianas, consigna su famoso aserto «Una filosofía superficial inclina al ateísmo; pero la profunda filo-- sofía conduce al conocimiento de Dios», y su declaración terminante acerca de la necesidad de la revelación para conocer el alma racional, criticó el método apriorístico y escolástico y, preconizando las excelencias de las ciencias físicas y de la inducción, dejó echadas en su «Novum Órganum», bien que se haya exagerado su mérito, las bases del método experimental, según lo propone y practica hoy el Positivismo. Casi en los mismos días, Campanella, tan injustamente tildado por Teófilo Raynauld de «ignorantissimus> y á quien con buen acuerdo. califica el cardenal Palavicini «vir qui omnia legerat, preevalida ingentt», 4 la vezque arremete calurosamente contra los exagerados entusiasm.Os del Renacimiento por Platón y Aristóteles y anatematiza el «jurare in verba magistris», inicia, como dice muy bien nuestro Fray Zeferino González, el movimiento crítico en su teoría teológico-cósmica de las tres primala-. dudes, aunque defendiendo y acatando á Santo “lomás como verdadero sabio cristiano; y Des-
20 | | cartes, apellidado padre y fundador de la filosofía moderna, sintetiza las lucubraciones de esos tres y de los filósofos griegos, bien que afectando pretenciosamente desconocerlos, y deja sembrada y arraigada, en condiciones de rápido crecimiento, la semilla del racionalismo con su principio de la «duda universal» y «método de evidencia» por acto del pensamiento libre del más leve influjo del criterio de auto- “ridad y, por tanto, en contraposición y con menosprecio de la Filosofía tradicional cristlana. Así como en los actuales instantes ha sido! considerado Helbert Spenzer el metafísico del ] Positivismo materialista, así puede asignarse | 4 Descartes el carácter de .metodista filosófico del Protestantismo; y fácil es compren-* der que, reunidas en un mismo canal las corrientes religiosa y científica, para socavar el “edificio de la Revelación y de la inmanencia! de la Verdad en la Iglesia Católica, bien pron-! to habría de despeñarse como torrente y extenderse, por todo el campo de la ciencia, inundándolo en toda su extensión, bifurcándose pol | todas las sinuosidades de la incredulidad, del! orgullo y la fantasia, y aun los involuntarios: pero irremediables extravíos de la mente,aban= donada á sus propias fuerzas para penetrar en el arcano de la Sabiduría, y depositando en el fondo de la sociedad el légamo de una false conciencia, que había de arrastrar á los pue?
21 blos al escepticismo materialista, panteísta y ateo, seno fatal donde se elabora y brilla el rayo de las catástrofes que registra la historia. Con efecto: de una parte el ocasionalismo dubitativo de la Forge, el ético-panteísta de Guelinex, y el oportunista de Mallebranche; (idealistas) de otras el panteísmo escéptico (natura naturans-naturata) de Spinoza, primer dogmatizador del liberalismo político de nuestros tiempos, que por vez primera planteó Bruno, y Locke, el autor del «Tratado de las sensaciones» desenvolviendo su doctrina absolutamente materialista, padecieron y desparramaron el virus del nominalismo y ateísmo de la filosofía del libre examen, no obstante los esfuerzos de Pascal, de Bossuet, Fenelon, y de la: potente construcción metafísica de Leibnitz para evitarlo, al punto de fracasar, cual sabido es, las tentativas del Obispo de Meaux para traer á términos de avenencia á protestantes y católicos, y el pensamiento del gran filósofo-teólogo-his- toriador y jurisconsulto de echar por tierra las erróneas y funestísimas direcciones cartesianas, que muy, por el contrario, hirieron, traicioneramente su alma, al punto de dejar abierto con su sistema monadológico el abismo evolucionista de Herbart y el nirvanismo del autor de la «Filosofía de lo Inconsciente», en que sucumbe la libertad humana y se cierra el paso á toda inteligencia posible entre la heterodoxia de la concepción de la voluntad anonadada (Hart-
8 E: alejamiento y olvido de Dios, por el contrario, ha rebajado al hombre hasta confundirle con el bruto, sometiéndole á las pasiones del instinto animal é «Jentificándole con la materla. Ese eterno paralelismo de la elevación y mejoramiento ó caída Y corrupción humana, en Yelación lógica y AUN matemática con la noción de Dios y el reconocimiento de radicar en la observancia de su ley la perfección de la vida y la conquista de felicidad y descanso inacabable, es el hecho que abarca la historia; en él se comprende y por 6l se explican las monstruosldades del mundo pagano y las excelsitudes de la civilización cristiana; comparad á un Alejandro con un Francisco de Asís, 4 César con un ! Domingo de Guzmán, 4 Napoleón con Tenacio de Loyola, á los héroes de Salamina con los mártires del Circo y las catacumbas, 4 las falanges pérsica y macedónica y 4 las cohortes romanas con las legiones de los predicadores 6 imitadores de Cristo desde los tiempos apostólicos hasta nuestros días: cotejad la ciencia del divino Platón, que, nO obstante sú numen celestial, dividía, cual es sabido,á los hombres en castas, una de los nacidos libres, otra de los ! engendrados en esclavitud, de Aristóteles y "Pitágoras con la del Doctor de Aquino, el genio de Hipona y los Anselmos, Buenaventura, Atanasios, Leandros, Isidoros, GHregorios y: - Alejandros; escanciad vuestro ánimo con la $ arrobadora y vibrante elocuencia de los Oriá q
29 -_sóstomos, Basilios, Leones y Teresas de Jesús y cotejadle con la de Demóstenes, Scévola, Cicerón, Hortensio y Graco: aquilatad el temple de alma de un Pericles, de un Catón y la prudencia de un Licurgo y de Sulón y parangonadla con la sobrenatural grandeza de un Hernán-Cortés en la triste noche, que brilló como esplendoroso día para la Religión Católica y para España, ó de un Díaz de Vivar en la /amosa jura, de un Pérez de Guzmán esmaltando con su propia sangre el pendón de la lealtad castellana, de un Conde de los buenos fueros, del Cantor de sus querellas y sabio ordenador de las Partidas, de un Cisneros, de un Mendoza, de una Reina, en fin, que vende sus Propias joyas para cooperar, pues la guerra con el agareno había agotado el tesoro de la nación, á la extensión del imperio de la Cruz, triunfante ya en todos los dominios de León y Castilla, á las ignotas Indias Orientales. ¡Ah! Cuanto dista la expedición de los Argonaubas óla Odisea de Homero de la travesía en busca del Nuevo Mundo y la posesión de este Por los héroes de la Araucana, tanta diferen- “la media de la alteza moral de los hombres que confundieron á Dios con la naturaleza ó, cuando más, levantaron su fantasía á creer en un Dios desconocido, á los predestinados para ia propagar y consolidar la fe del Dios Tino y Uno. La característica de la civilización y concepto de la personalidad paganos es.
A e a AENA AO LA CA la constitución de la humanidad en dos castas; esclavos y libres; que, á pesar de llamarse así, vivían adscritos á la servidumbre de la materia; el principio fundamental de la civilización y del concepto de la personalidad cristianos es la representación de Dios en el hombre, y, por tanto, juntamente con la conciencia de $u origen y de su destino, el atributo de la libertad, para realizar, en progresivo Orden de perfeccionamiento, su fin. Durante todo el siglo XIX ha repercutido en todas las Naciones, lo mismo en el estudio del filósofo que en la academia del literato, así en el laboratorio del físico como en la exposición del industrial y en el taller del obrero, en los palacios del potentado y en el tugurio de los mendigos, el grito «Guerra á Dios», vomitado por Proudhom, en su «Sistema de las contradicciones económicas»; y el resultado de haber tomado por divisa la «Nueva Civilización» esa militante blasfemia ¿será menester nos lo contemos á nosotros mismos, que somos de ta- | maña estupidez y furiosa locura, á la par, tes- A tigos presenciales y cruentas victimas? Xx La Ciencia, abominando de ser teológica, ha N acabado por restringir su esfera de acción al examen fenomenal de la materia, proclamando la incapacidad de la inteligencia para conocer la substancia y el por qué y el fin de su existencia: mas como inútilmente porfiará la men- * te del hombre por sustraerse á la expeculación
| ] 31 metafísica, bien pronto recurrió á la mónada de Kant y de Leibnitz para explicar; digo mal, Para imaginar la Creación, proceso inorgánico y tránsito al orgánico de la materia, consi- -derando á esta como principio, fuerza y fin de sÍ misma(Biichner, Vacherot, Buckle, Drapper, Hartmann, y aunque con criterio que repugna «la identidad dela naturaleza orgánica é ¡NOrgá- Nica, Fiigel, Zellmer, Lange, Virchow, todos los que "eprensentan con Litré, Hiickel y Léwenthal las tendencias radical, ecléctica y crítica dela teoría de A. Compte) y dando lugar, en inducción Necesaria, á la doctrina transformista, de Dharwing de la selección de las especies, ya Iniciada por Lamark, Saint-Hilaire, Saint-Vin- | «cent, Nandin y Ocken; en la que, acosado por el rigor lógico de Háckel, el verdadero propagador del transformismo, hubo de ampliar su hipótesis de la evolución progresiva de'«El ori- Yen de las especies,» al « Origen del hombre, » asignándole en la «Descendencia del hombre y de la selección, sexual,» el grado 22 y último de la escala Z00lógica, y señalándole por padres á ¿MOS Monos, que vinieron acá, divorciados de los del otro mundo, de los que no se encuentra *£JMplar ni para un remedio, porque aun cuan- O se leg atribuye gran prolifidad y número ya 1.0 Se estilan y parece ser que se han perdido: P£ro de los que, no obstante la carencia absoluta de Muestras, se afirma de manera solemne y formal que «en época remotísima procedió el
32 hombre, maravilla y gloria del Universo.» Así, ni más ni menos: este es el nuevo Evangelio: y la Teología y la Metafísica y la Psicología se han convertido en Historia Natural; y concretamente cuanto al conocimiento del' hombre: concierne, en sí y Con relación á la Naturaleza toda sensible y suprasensible, en UNOS princlpios de Zoología, Antropología Ó Fisiología, únicos aspectos, en la actualidad, que juntamente con la Sociología, auxiliada por la Arqueología y las Ciencias naturales, exactas y físicas dan razón, á modo de moléculas, estambres, hilos, gérmenes o círculos que'se juntan, energias afines que se compenetran y contra- ; rias que se diversifican, de cuanto vive y palpita en la conformación «eterna 6 infinita del : cosmos, único y todo el ser de que formamos: parte y cuya actividad conocemos, consistiendo en este conocimiento experimental y en su desarrollo fisiológico el único fin de la existencia, lo mismo para el individuo que para la: humanidad, como prototipo de la selección - aniversal.(Darwing, Háckel, Burmeister, Jáger» Cotta, Clemencia Royer, (doctrina radical) 3 Buckle, Draper, Bagheob (doctrina ecléctica ' con aplicación 4 la” historia) Lyell, Lubbock;. Tylor (aplicación á la Antropología) Wischner, Zaller (eclóctico-religiosa) y puramente: de: orientación ecléctico zoológica Wagner, Nágeli, Wigand Kólliker y principalmente Strauss en su libro «La Antigua y la, Nueva fe.»)
/ y 33 Tal es el cuadro, fin de siécle, de la Filosofía; Pero entiéndase que está convertida en escuela, DO SÓlO teórica sino práctica, aquella lava de destrucción, que el mismo Proudhon, después de presentar á todo el mundo que trabaja como el Único legítimo propietario y condenar al comercio intermediario, en su «Exposición Universal,» como el gran explotador industrial, arrojó sobre la haz de los pueblos, en su «Filosofía de la MISEriaA,» corro yendo sus entrañas, y vociferando, cual si se gozara con placer de hiena en la perspectiva de la general ruína, en- Caramado sobre ella, «Je suis anarchiste.> Sí esa declaración de guerra, que flotaba. Como anatema de un loco 4 priúicipios del siglo, | es la expresión de la última evolución filosófica y revolucionaria, á la vez, en sus postrimerías: terrible legado que deja al que muy luego ha de venir; el Socialismo, el Anarquismo, el Nihilismo; las sectas masónicas, como enemigas de Dios y de la Autoridad; la Internacional y las Trad's Unions, con su cortejo de crímenes y de huelgas, como conjuración de las clases desheredadas contra Dios, contra la Autoridad y el Capital, atisbando todas juntas y persi- Sulendo con encono á la Iglesia católica, como la única fuerza que puede domarlas y ponerles Íreno; he ahy el abominable páramo á que ha egscendido la ciencia y el género de progreso á que ha conducido al hombre y á la sociedad, al Cérrarse el ciclo de la presente centuria. No en EL SIGLO XIX 3
5 = manidad. : jante estado de conciencia y de lucha, erigida . posición COn todos los otros animales y seres 0r- ¡pacto y mantener esa energía dominante, de: a 34 | balde, predijo nuestro P. Zevallos «ser la Falsa Filosofía crimen de Estado;> y aun puede por la prueba de sentido experimental, por lo que vemos y tocamos (pues que es lo único 4 que, según la moderna ciencia, podemos prestar asentimiento) calificársela crimen de lesa hu- No hay que decir las consecuencias que seme- en ley biológica de la bestia humana, ha de baber motivado en el concepto y nueva construcción del Derecho y la Política: la Fuerza es el Dios queha reemplazado al de la Teología Oristiana; el hombre es un animal que tiende fatalmente ásu individual crecimiento, en contragánicos é inorgánicos, que le rodean; por efec- to de su necesario desarrollo y, estimulado por el instinto, resiste, en cuanto su fuerza alcanza 6 destruye cuanto lo estorba; esa colisión de fuerza es el orden dela vida humana, ni más ni menos que sienten y quieren y aborrecen y codician y s5e acosan y despedazan las fieras en la selva Ó los peces en el fondo de los mares; aun es peor que la de estos su condición; porque no puede el hombre realizar su existencia disgregado de sus semejantes: el pacto, pues, 4 el equilibrio dinámico producido por la energía preponderante, será la norma de orden ¡ social; y para asegurar la observancia de ese
: | 30 que resulta el orden, interviene la fuerza omnimoda que se atribuye el Estado, gran Deus ex machana, en que quedan triturados los tan ca: careados derechos del hombre, que mentirosos ideólogos definen todavía como absolutos en su ejercicio individual, enfrente de la sociedad organizada: (Pouillése, Helbert Spenzer, Y hering), la que mejor se debe ya decir, para hablar con propiedad, bien armada; porque las Ue carecen de potentes cañones Krupp, fortísimos acorazados, fronteras bien artilladas y bodos los medios de hacer con ventaja la gue- 7ra, que, por el mero hecho de ser superior el Organismo social que la ejerze respecto de aquel contra quien se lanza, es justa, según los! cánones del flamante positivismo, ya saben por el testimonio experimental del despojo de Españía y por las Máximas seleccionistas de Salisbu- Y OS Proyectos de Cumberland, cual es la Suerte que les espera. Materialismo, fatalismo, determinista; he ahí la ley socia] y Personal de existencia, que ha sustituido á la acción providencial en la hisboria y al libre albedrío, para el perfeccionamiento humano, de la tesis cristiana. La segunda Proposición, pues, que ofrecimos Probar, queda fuera de toda duda. Asentemos la conclusión y deduzcamos las Consecuencias prácticas.
“4 la serie lógica, 4 NO dudarlo, ingeniosísima y ES A E ER A TO Luego forzoso es concluir, como verdad evidente por criterio experimental, que el hombre y la sociedad, fin de siócle, han retrogradado ás las mismas aberraciones del mundo pagano. Parece que vivimos en plena antítesis con la idea cristiana, diremos discurriendo conforme muy hábil, de Hegel, para explicar el proceso histórico. Inició esa reacción la Enciclopedia, circuncidóla con la cuchilla de la guillotina, vertiendo arroyos de sangre, la Revolución; y hoy constituye el espíritu y la forma de la construcción filosófica, política, jurídica, económica y social en tales condiciones que, aun * cuando no ha llegado todavía ála plenitud de su desarrollo, que indudablemente se avecina, domina ya en las ciencias, en la literatura, en las costumbres privadas y públicas, y, sobre todo, constituye el éter que flota en la atmósfora de las ideas en que se desarrolla la vida en todas las esferas de la actividad, inclinando j con pesantez «rresistible la voluntad, que mal- ] ca el rumbo en el gran manómetro de la civili- : zación, hacia un orden de cosas, que hoy no es
37, dable más que presentir muy vagamente; pero que, participando del mismo carácter, que el que se delineó en el siglo: pasado é impera al final del actual, ha de diferenciarse, por razón de aumento y amplificación, tanto de este en la ? transformación del modo de ser humano, como se ha dilatado y aún aparentemente excedido el presente de los dos anteriores en el desárro- Mo y sistematización de la herencia intelectual y material que le fué dejada. El objetivo social es el mismo absolutamente; la constitución anticristiana; la esfera á que se extiende su acción ha ido sucesivamente ensanchándo- Se, y en estos últimos años de una manera asombrosa, á compás del adelanto que sería Pueril á más de insano é inmotivado descono- Cer, que se ha realizado, y día por día se sisue realizando, en las Ciencias naturales y fi- SICAs y en el arbitrio de mayores comodidades para la vida; al punto de que hoy ya resulta esta ordenada en términos que no cabe en los moldes a] USO, y busca para todo un cliché nuevo. No hay, Para juzgar debidamente la exactitud de esta apreciación, más que recorrer las Túbricas ¿ títulos de obras expuestas en los es- “aparates de la más modesta librería; observar “omo queda antiguo y abandonado en el meca- BISMO industrial lo que se inventó la semana anterior; de que modo cambia la fenomenalidad CoMercia] y económica; á que extremo nos SOU prende el aprisionamiento de las fuerzas. de
Conclusión práctica. Es seguro queno ha de haber pasado desapercibido á vuestra ilustración que, al reseñar el movimiento científico de nuestro siglo, no he pronunciado siquiera el nombre de Víctor- Cousín ni de su Escuela, en cualquiera de los dos grupos que la forman; y permítome creer que me habróis hecho la justicia de opinar no ha de haber sido casual ó fuera de pro-. pósito tal omisión. Muy al contrario; aunque educado en las aulas universitarias en las doc- “trinas de ese filósofo, que bien pudiera calificarse el metafísico de la política gubernamental usada en Europa desde el imperialismo orleánico . hasta nuestros días, pienso acerca de ellas y de E su eficacia actual de acuerdo con el concepto AN que merecen al esclarecido juicio de nuestro X Morado Cardenal Fr. Zeferino González; el cual se expresa así, al criticarla en su preciosa «Historia de la Filosofía (Tomo 1V.—Pág. 193)» Por lo demás, este descrédito (el que, á pesar del apoyo oficial y el mérito de los discípulos que la propagaban, sufría ya la teoría ecléctica
Edit dle A 46: teísta) es muy natural y lógico. y el movimiento de la PL -racionalista-paD La fuerza de las cosas historia han traido los espíritus 4 punto de que: | ya ao son posibles (nótese bien el rigor del gentido crítico de un escritor tan templado é imparcial en todo, como cumple á un excelente: - Tomista) más que ó las grandes afirmaciones. del. “espiritu católico 0 las grandes negactones del po-- ; sitivismo materialista.» Y después de formu- Jar esta admirable definición sintética, que ha- “ ceostensible el vuelo de la inteligencia del ilustre domínico, continúa completando la idea. del valor de la filosofía cousiniana en estas palabras: «El Espiritualismo racionalista de. Cousín y de su escuela, al colocarse entre estas: dos grandes y fundamentales concepciones, al buscar una situación intermedia y equidistante..... se condenó por el mismo hecho á des” ma “aparecer de la escena filosófica.» Los hechos. han convertido en realidad esa profecía, porque: 2 yani aun en los gabinetes políticos de las Po grandes naciones se toma el pulso, ni se meflicina, á la opinión por los procedimientos caseros” so modus vivenda teórico gubernamental; es0 e" queda aun vigente nO más que en nuestra España; mas Como todos reconocen Su sinrazón, inutilidad 6 injusticia, claro es que, pensando seriamente, cual exige esta reunión y este acto: en este sitio, nabural es haber de tal componen- - da, mal llamada sistema, ¿Querrá ello decir que - de.ese prescindido. debamos abroquelar-
46 : mos con las primorosamente cinceladas arma- «duras de la tradición teológico-científica y político-religiosa, de perfecto ajuste, y empuñar las armas de finísimo bruñido correspondientes 4 la época en que aquella impera, confiando á «su hábil manejo y á nuestro varonil ardimien- : to el reñir expertamente el combate y conseguir la victoria? ¡Ah! No: forzoso es reconocerlo; hicieron bien en su tiempo, en cuanto que recrearon la imaginación y satisficieron á la conciencia católica, dando poderoso testimonio del vigor de su creencia, los De Maistre, Lammenais, antes de su caída, Bonald y sus discípulos, Bautain, Donoso Cortés, Augusto Nicolás, «(no cito á Chateaubriand por estimarle más -espiritualista ecléctico que tradicionalista cristiano); pero considerado el valor transcenden- “e de la labor, en sí misma apreciabilísima, de escritores tan ilustres, únicamente aprovecharon para prestar calor á la lucha política; pues por lo que respecta al movimiento científico y social, niaun siquiera han constituido un parapeto, en que detuviera su carrera la Revolución, que canta hoy victoria en toda la línea. (Balmés merece una consideración especial; por lo mismo no se cita, en razón de ser más filósofo que político. ) Es menester no hacerse ilusiones. Si con campeones tan aguerridos y de ver- -«dadero genió tal ha acontecido, cuando el enemigo ocupaba posiciones mucho más reduci- -das, contaba menor número de adictos y dispo- e A: ugt É E A A A E 4 E y | A 4 a 7 MI O
Y 1 AY nía de medios muy inferiores de combate, como que se hallaba reclutando fuerzas y organlzámdose, ¿qué habría de acontecer ahora, qué ventaja, ni aun siquiera actitud de verdadera defensa, constituirá hoy, insistir en aquellos atrincheramientos, mantenerse en las mismas líneas de combate, usar la misma táctica y Sservirse de las mismas armas, cuando hasta, por desgracia y para escarmiento, cuenta hoy la fortaleza amada, bellísima, escultural, bendita y sacrosanta de la tradición con muchos menos leales servidores, que la defiendan? Hay que mantener la bandera de esa tradición; sl; pero dela verdadera tradición católica, no política; Ó sea la que profesa el principio del progreso providencial cristiano; esa bandera no est4 en manos de ningún partido, ni de ninguna personalidad meramente política, eclesiástica Ó civil, por alta que Ses, tiénela enarbolada hoy como siempre, por derecho divino y humano, la Iglesia, á cuya cabeza, el Pontífice, tócale ondearla y señalar el torreón en que ha de clawarse el mástil, el campo de acción en que deba reclutarse la hueste que bajo los pliegues del pabellón se acoja, dispuesta 4 darla vida por mantenerlo, y la táctica y las armas que. han de adoptarse para la lucha.. Eso es lo enseñado por León XIII principalmente en su admirable Encíclica de la «Constitución Cristiana de los Estados;» eso es lo que han practicado y practican los católicos de Inglatarra bajo la direc-
48 ción del inolvidable Cardenal Maning,los Norte-americanos dóciles á la sabia prudencia de Mons Gibbon, los Alemanes regidos por Mons. Ketteller, los Franceses, los Belgas, los Italianos, sumisos á la voz del Papa; y eso exactamente, hay que hacer con todas las fuerzas del corazón y dela mente justicia ála verdad y proclamarlo muy alto, eso, exactamente eso y ni más ni menos que eso, enseñó en Coria, aleccionó en Málaga, y ha enseñado, enseña y enseñará siempre, como hijo fervientísimo de la Islesia, como Pastor que gobierna rectamente: y ha de dar buena cuenta 4 Dios de la dirección de su rebaño, como español que sabe sentir y comprende bien el verdadero Patriotismo, como varón que es de reconocida probidad y grandes virtudes, mi amado y preclarísitmo Arzobispo de Sevilla Sr. Don Marcelo Spínola, de cuya fidelidad á la disciplina más estricta, en todos sus aspectos y esferas, no se si habrá alguien que haya osado dudar, pero, caso de que tal hubiese, sepa, yo.lo aseguro por el co- “nocimiento cierto que de ello tengo, que de medio'á medio se equivoca, Y no digo más: trabajar sí; trabajar tomando por Ur edo el Syllabus y por norma de proceder la trazada por el Pontífice; cooperando á la realización de sus providenciales propósitos, unidos con los Obispos como él tiene man-- dado. Trabajar mucho en la cátedra, en el libro, en la prensa, en la política. Ser fieles ob-
Í / 3 b servantes de la Ley de Dios y de la Iglesia. Coordinar uniformemente á la morma cristiana 49 la vida privada y pública. Respetar los poderes constituidos, legítimos 6 legitimados por el asentimiento explícito ó implícito, en aras de la paz, de la Nación, lo que es dober elemental de todo buen católico y ciudadano; y confiar á la catolización de la ciencia, de la tribu- e 'na, de la escuela, del taller y de la familia, la "verso y revelado restauración política. Esa es la conducta que deben observar los católicos, y especialmente ' los católicos españoles. He ahí expuestos clara= mente y Con absoluta sinceridad la concepción de sentido práctico que yo considero adecuada para llegar al logro de los fines propuestos, rea” lizándose la dignificación de la persoñalidad humana, la defensa social y la restauración cristiana de los Estados. Así, el heraldo de la civilización hará descollar de nuevo el lábaro de la Cruz, en que consta proclamado 4 todos lus vientos el poder de la Fe con el lema «Christus vincit, Christus regnat, Clwistus imperat; y harmoni- “zado ese poder con el dela Razón, don divino otorgado al hombre para labrar su eterna ventura, en vez de sucumbir en las borrascas de la vida, podremos presenciar con nuestros mismos ojos el hecho universal de todos los tiem- or la conservación del Unial Apóstol de los Gentiles: «En el nombre de Jesús se prosterna toda rodilla pos, atestiguado P
50 en las Generaciones Celestiales, en el Averno y sobre la redondez entera de la Tierra.» He dicho. FRANCISCO DE UaAsso. Sevilla 28 de Agosto de 1899.