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Revista de Estudios Andaluces Nº 29 (2012) pp. 18-58 ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 18 ANÁLISIS DE LAS REDES EMPRESARIALES Y SU INCIDENCIA TERRITORIAL. TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA, APRENDIZAJE E INNOVACIÓN1. BUSINESS NETWORK ANALYSIS AND ITS IMPACT TERRITORIAL. TECHNOLOGY TRANSFER, LEARNING AND INNOVATION. Antonio Martínez Puche Universidad de Alicante [email protected] «¿De qué modo algunos territorios, enfrentados ya a la reestructuración pueden encontrar una dinámica propia en un contexto global en fase de profundo cambio? ¿Cómo pueden encontrar una nueva competitividad como territorio? En particular se trata de hacer que el territorio, resultante hasta ahora de una evolución inconsciente, sea el objeto de un proyecto de puesta en común de conocimientos, permitiendo a los hombres y mujeres que viven en el mismo el descubrimiento de las razones y de las ventajas de su vecindad para elaborar activamente su inteligencia colectiva». Rullani, E., «Transformazione productive e tranformazione delle istituzioni», in Sviluppo locale, vol. V, nº 8, 1998, p. 45. Recibido: marzo, 2012. Versión final aceptada: enero, 2013. PALABRAS CLAVE: Innovación, desarrollo local, procesos de innovación territorial, conocimiento, capital social. KEYWORDS: Innovation, local development, territorial innovation processes, knowledge, social capital. RESUMEN En el presente texto se trata de establecer la importancia de los procesos de innovación, que no sólo se establecen en la esfera de la producción y la empresa, sino también en la escala social y cultural. Sin duda el territorio deja de ser un elemento pasivo, donde se desarrollan las actividades socioeconómicas, para ser un actor proactivo más. De ahí que se establezca una evolución y evaluación epistemológica del 1 El presente artículo procede de la ponencia presentada en las Jornadas de Estudios Regionales: Redes y sus territorios: Incidencia en el desarrollo regional. AGE. Sevilla, Junio de 2012.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 19 concepto de innovación, donde los geógrafos, en colaboración con otras disciplinas como la economía, tenemos mucho que aportar desde el estudio y análisis empírico, validando no sólo teorías, sino también procesos cualitativos y procedimientos cuantitativos en materia de transferencia tecnológica, redes empresariales y factores para favorecer la innovación y el aprendizaje. ABSTRACT In the present text is to establish the importance of innovation processes, which not only established in the sphere of production and business, but also in the social and cultural level. No doubt the territory is not a passive element, which conducts socioeconomic activities, to be a more proactive player. Hence, establishing a development and evaluation of the concept of innovation epistemological where geographers, in collaboration with other disciplines such as economics, have much to contribute from the study and empirical analysis, validating not only theories but also qualitative processes and procedures quantitative in technology transfer, business networks and factors to promote innovation and learning.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 20 1. INTRODUCCIÓN. El territorio ostenta un protagonismo indiscutible en el fenómeno de la globalización, puesto que obliga a pensar a gran escala en la dimensión espacial de los procesos de producción-innovación y en las estrategias que los agentes sociales y económicos despliegan a lo largo y ancho del mundo para satisfacer sus diversos intereses, así como de las repercusiones y sinergias que se establecen a nivel territorial. En efecto, la globalización se distingue precisamente por el uso intensivo que los agentes económicos hacen de las oportunidades que cada fragmento o parte de la superficie de la Tierra ofrece para la reproducción del sistema de producción y para la acumulación de capital, de modo que puede afirmarse que pocos procesos socioeconómicos y ambientales guardan una relación más estrecha con el territorio y sus cualidades. En el mismo análisis podríamos introducir los procesos de innovación. Por innovación se entiende «un conjunto específico de relaciones de producción y gestión basadas en una organización social que comparte de un modo general una cultura del trabajo y unos objetivos encaminados a generar nuevos conocimientos, nuevos procesos y nuevos productos. La proximidad espacial es condición material para la existencia de tales medios por la naturaleza de la interacción en el proceso de innovación (Castells, M., 1997, 131). Según los datos del índice Altran (enero 2012), España invertía un 1,39% en I+D como porcentaje del PIB frente al 2,01% de la Unión Europea, quedando lejos del objetivo del 3% marcado por la Unión Europea para el año 2020. Nuestro país realizó un esfuerzo significativo para poder aumentar su inversión en los últimos diez años, incrementándola en un 53%. Aún así, en los últimos dos años España se ha estancado entorno al 1,4%, lo que ha hecho que se aumenten las distancias con respecto a otros países de la UE. En efecto, países como Irlanda, Dinamarca, Portugal, Noruega, Hungría o Irlanda han incrementado su inversión en I+D en más del 10% entre 2010 y 2011, gracias a su apuesta decidida tanto del sector privado como del sector público en la inversión en I+D. Por otra parte, economistas y geógrafos desde hace décadas, participan de la necesidad de encontrar puntos de encuentro (diferencias semánticas y conceptuales), en temas como los procesos de innovación y los sistemas productivos locales, llegando a la conclusión de que son necesarios los aspectos cuantitativos, enriquecidos con los factores cualitativos, y que todo ello se tiene que nutrir a través de los estudios de casos (Méndez, R. 2006, Jordá, R., 2007). Además, el simple hecho de estar localizado en un distrito industrial y/o sistema productivo local es condición necesaria pero no suficiente para poder aprovechar esos flujos de conocimiento, normalmente restringidos a subgrupos dentro del territorio en red. Sin duda se vincula la noción de trayectorias tecnológicas con el trabajo sobre la construcción social del conocimiento y el enraizamiento de innovaciones sociales en los territorios (Molina, X. et al., 2012). Así, la atención se sitúa en los factores institucionales y culturales que ayudan a generar un fuerte sentido de confianza, propósitos comunes, desarrollo de habilidades
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 21 y de innovaciones tecnológicas, y esto ha conducido a nuevos conceptos de “economía del aprendizaje” (Learning Economy y Learning Region). En estos casos el conocimiento es el recurso, y el aprendizaje el proceso, más importante. Por último señalar que el sentimiento de pertenencia al distrito industrial, SPL, al medio innovador, al territorio inteligente, aunque difícil de medir (Becattini, G. y Rullani, E., 1993), no es por ello menos importante a la hora de inhibir la relocalización de actividades económicas en el contexto de la naturaleza productiva de los sistemas productivos locales. 2. EVOLUCIÓN EPISTEMOLÓGICA DE LA INNOVACIÓN DESDE UNA PERSPECTIVA GEOGRÁFICO-ECONÓMICA DE LA EMPRESA AL TERRITORIO. Una de las temáticas que mayor interés ha despertado en los últimos años en disciplinas como la economía, la sociología y la geografía ha sido la innovación, como instrumento que puede mejorar el funcionamiento de empresas e instituciones, elevar su capacidad competitiva y la de los territorios que las albergan, mejorar la calidad del trabajo y el desarrollo sostenible. Hay que señalar que desde el punto de vista de la geografía social, ya en los años sesenta se utilizaba el término «Innovación»2 (Maier, J.; Paesler, R.; Ruppert, K. y Schaffer, F., 1987, 77-78). La innovación desde la perspectiva geográfica implicaba su efecto espacial como fenómeno de expansión sometido a regularidades socioeconómicas. Atendiendo a esta acepción de fenómeno de expansión, la innovación parte de un centro y avanza por líneas o superficies hacia el exterior mediante su imitación por parte de cada grupo social según sus diferentes valoraciones, y en su avance debe superar la fuerza contraria que supone la «tradición». Por tanto la innovación es un proceso de expansión muy estrechamente ligado a factores económicos, sociológicos y psicológicos, que surge en un lugar determinado por iniciativa individual o colectiva de varias personas, que introducen una práctica económica novedosa con respecto a su época, consiguiendo ventajas sustanciosas, y siendo su máximo impulsor la imitación. Siguiendo la estela de la geografía social alemana, en la década de los noventa se establecen conceptos renovados sobre la innovación, que implica incorporar conocimiento al trabajo para obtener una renovación y todos los ejemplos locales de éxito identifican la presencia de ciertos pioneros que, en su momento posibilitaron el 2 Según Borcherdt (1961), el concepto de «innovación» procede de la botánica y allí expresa el empuje que ejercen los brotes. Más adelante fue utilizado por antropólogos, etnólogos y sociólogos en el sentido del fenómeno de expansión de una ideología y de los avances culturales resultantes de ella. A partir de comienzos de los cincuenta adoptaron el término los geógrafos suecos y lo aplicaron al ámbito de la geografía social en estudios sobre el tráfico y la comunicación (por ejemplo, expansión de las redes de abastecimiento, de técnicas y de instalaciones de infraestructuras). Wirth, E. (1979): «La polémica de la Geografía Social en Alemania (II): “La Geografía Social Alemana en su concepción teórica y en su relación con la sociología y la Geographie des Menschen», Geocrítica, nº22, Universidad de Barcelona.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 22 despegue industrial, en relación a las estructuras y a la capacidad de cooperación de los agentes socioeconómicos, públicos y privados, de cada territorio para realizar proyectos comunes de desarrollo. Pero desde el punto de vista teórico son los economistas los primeros en establecer aportaciones e interpretaciones con respecto a la «innovación». Así Schumpeter considera como innovaciones la introducción de un nuevo bien, la introducción de un nuevo método de producción, la apertura de un nuevo mercado, la utilización de una nueva fuente de aprovisionamiento y la creación de una nueva organización en la industria (Vázquez, A., 1999, 125). Aunque Schumpeter constituye una de las primeras interpretaciones sobre los procesos de innovación, no es capaz de ver el proceso innovador en toda su dimensión, ya que entiende a la innovación como una actividad económica en el sentido más tradicional del término. Frente a Schumpeter (1943), destacan otros autores como Schmookler (1966), Freeman (1988), Davelaar (1991), donde se mantiene que las innovaciones (tecnológicas, de proceso, de producto, y de mercado) surgen como consecuencia de la pugna competitiva de las empresas, estimuladas por la necesidad de aumentar los rendimientos y de mejorar su posicionamiento en los mercados, y se realiza mediante la aplicación de recursos financieros. Todo ello deriva en la teoría moderna, que bajo la perspectiva económica, integra el cambio tecnológico con las visiones sociológicas, psicológicas y de teoría del conocimiento que conduce a reconocer que el proceso de innovación reside en el aprendizaje, que es fundamentalmente interactivo y está enraizado en el tejido productivo y social de un territorio, dando lugar a la teoría de los medios o entornos innovadores (Maillat, D., 1995, 44). La innovación surge como consecuencia de procesos de aprendizaje colectivo y se desarrolla en un contexto social, institucional y cultural específico que permite a las empresas y a los territorios, a través de su red de contactos y relaciones, acceder a las innovaciones. La experiencia empírica producto de las investigaciones en estos últimos años, ha llevado al convencimiento, cada vez más generalizado, de que los fenómenos de innovación (en los procesos de trabajo, productos o gestión) surgen y se desarrollan, la mayor de las veces, en territorios concretos, asociados a recursos humanos, de capital, conocimiento e infraestructurales suficientes y de calidad, así como a los agentes locales y/o regionales, tanto públicos como privados, que ponen en valor a esos espacios, dando lugar a medios o entornos innovadores. Estos territorios propicios al surgimiento de iniciativas innovadoras pueden albergar actividades muy diversas, desde el turismo y el ocio, a la agricultura y ganadería intensiva de exportación o la pesca, aunque la mayoría de casos conocidos y estudiados hasta el momento se relacionan con la industria, prestándose más atención a las áreas denominadas por las pequeñas y medianas empresas, especializadas en algún tipo de producto y que incorporan innovaciones de algún tipo (Méndez, R., 2001, 154-155). En este sentido, en los años noventa del pasado siglo, se intenta formular una teoría más general sobre la organización territorial de los procesos productivos mediante la interpretación de los mecanismos y los procesos globales de la evolución del
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 23 capitalismo contemporáneo, caracterizado por la aplicación continua de tecnología y una expansión de los mercados por la vía de las grandes empresas, y el papel ejercido por algunos sistemas productivos locales, basados en pequeñas y medianas empresas y caracterizados por una organización productiva flexible. A partir de aquí las relaciones entre sistema productivo y los espacios innovadores, se analizan mediante las aportaciones teóricas y empíricas del medio innovador y de los medios de innovación tecnológica donde las variables técnicas, físicas, culturales y tecnológicas emergentes son fundamentales para explicar la capacidad de respuesta a la innovación de un territorio y su desarrollo socioeconómico (Ondategui, J., 2001, 31). Si la teoría del distrito industrial (Sforzi, F., 2008), la referencia a los sistemas productivos localizados (Benko, G., y Lipietz, S., 2000) o las primeras propuestas sobre el desarrollo local (Friedman, J., 1992) ya apuntaban en esa dirección, aunque sin otorgar aún a la innovación un lugar prioritario, otras posteriores como la de las ventajas competitivas de naciones y regiones, o la del medio innovador y las redes de innovación (Maillat y Grosjean, 1999 y Maillat y Kebir, 1998), centraron su atención en esos objetivos. En buena medida, el marco teórico utilizado empleó las propuestas sobre el milieu existentes en la abundante bibliografía del GREMI (Groupe de Recherche Européen sur les Milieux Innovateurs). Esto tuvo lugar incorporando además algunas propuestas propias, tanto en su caracterización como en la traslación del concepto a regiones periféricas y a sectores de actividad tradicionales (Alonso, J.L. y Méndez, R., 2000). La Decisión 1639/2005/CE de la Unión Europea de 24 de octubre de 2006 estableció la puesta en marcha del Programa Marco para la Innovación y la Competitividad, es decir, la estrategia a seguir durante el periodo 2007-2013 para fomentar el crecimiento y el empleo a partir de la mejora de la competitividad y de la capacidad innovadora de las empresas. En este programa marco se define como innovación “la estrategia empresarial que permite la renovación y la ampliación de la gama de productos y servicios, la instauración de nuevos métodos de diseño, producción, suministro y distribución, la introducción de cambios en la gestión, la organización del trabajo, las condiciones de trabajo y las cualificaciones de los trabajadores”. Por tanto, la innovación se está convirtiendo en un factor decisivo para explicar los desequilibrios interterritoriales, de modo que los espacios más dinámicos son también los más innovadores, a la vez que los espacios más regresivos se distinguen por su insuficiente capacidad innovadora, bien endógena o exógena. De hecho, la capacidad de innovación no depende en exclusiva de las habilidades tecnológicas, sino de la capacidad local-regional-nacional de aprovechamiento coordinado de competencias. Los factores institucionales y organizativos propios de cada unidad territorial son en realidad condicionantes decisivos de su permeabilidad a la recepción de innovaciones o de su capacidad de generarlas. En este sentido, los espacios innovadores se distinguen por un eficiente funcionamiento institucional, social y cultural que propicia su competitividad estructural. Esto explica la importancia adquirida durante los últimos años por las políticas de apoyo a la innovación y al desarrollo tecnológico.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 24 3. INNOVACIÓN, TERRITORIO Y POLÍTICAS PÚBLICAS. REVISADOS CONCEPTOS, RENOVADAS ACTUACIONES. Un complejo industrial se transforma en un medio de innovación cuando es capaz de generar un flujo continuo de elementos clave que constituyen la base para la producción de tecnologías de la información innovadoras, esto es, una nueva información científica y técnica, capital de alto riesgo y fuerza de trabajo técnicamente innovador. Por ello no es de extrañar que se considere el concepto de sistema productivo local como marco teórico para abordar el estudio del comportamiento y los resultados de las empresas, así como las correspondientes estructuras organizativas para la gestión de los procesos productivos y sus implicaciones territoriales a partir de las investigaciones ligadas a los distritos industriales, desarrollo endógeno y medios innovadores (Boyer, R. y Fryssenet, M., 1996; Climent, E., 1997). En este sentido se entiende como sistema productivo local al conjunto de procesos de «producciónreproducción endógena de recursos y activos contextuales especializados, articulado por estructuras orgánicas en forma de red que se configuran por la trayectoria histórica de asentamiento evolutivo de un determinado sector industrial en una comunidad específica» (Cividanes, J.L., 2001, 181). Esta organización sistémica en forma de red de los diferentes procesos y agentes que posibilitan una dinámica continuada de generación y acumulación de los recursos y activos requeridos para el mantenimiento de estrategias competitivas, explica que los procesos productivos sean propios de un determinado espacio. Pero en una organización de la producción como son los sistemas productivos locales, en los que predominan las innovaciones incrementales, las medidas para estimular la innovación (producción, diseño, comercialización, etc.) deberían ajustarse a la estructura industrial y empresarial específica de la zona y en función de la dinámica económica de la zona. «Cada distrito se enfrenta a los desafíos que presentan la globalización de los intercambios y el aumento de la competitividad con estrategias muy diferentes. La respuesta local está muy relacionada con las especificidades y el nivel de desarrollo del sistema local» (Vázquez Barquero, A. y Sáez Cala. A., 1995). En los últimos años se acelera la aparición de nuevos referentes teóricos que sitúan la innovación económica, particularmente industrial, y sus relaciones con el territorio como centro de atención, si bien en algunos casos parecerían detectarse ciertos síntomas de rendimientos decrecientes en el plano teórico (Vázquez A., 1999; Alonso, J.L., Aparicio, J., Sánchez, J.L., 2004). No obstante, este tipo de trabajos avanza bastante por delante de la aparición de estudios empíricos, aún claramente insuficientes y realizados con metodologías tan dispares que hacen casi imposible su contrastación. La propuesta surgida en la llamada Economía del Conocimiento y trasladada al plano territorial con conceptos como región inteligente, learning región o territorios que aprenden (Florida, S., 1995; Antonelli, V. y Ferrâo, R., 2001 y Jambes, J.P., 2001), todos ellos ligados al actual protagonismo del conocimiento y el
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 25 aprendizaje colectivo como recursos específicos, es la que parece haber alcanzado una mayor difusión. El grupo francés sobre Dinámicas de Proximidad (Gilly, J. y Torre, A., 2000) que centra su atención en la importancia ejercida por la proximidad física - además de la funcional y culturalen la creación de redes capaces de transmitir saberes tácitos, no formalizados y difícilmente codificables pero que siguen siendo esenciales para la generación y difusión de innovaciones, aporta una atención específica sobre una temática de tradicional interés geográfico, ahora reinterpretada. Finalmente, los estudios sobre Sistemas Nacionales y Regionales de Innovación (Lundvall, A., 1999; Cooke, R. y Morgan, S., 1998) proponen una visión integrada de los procesos innovadores en los que participan actores diversos, desde los que producen conocimiento y lo transmiten a quienes lo utilizan, junto a una serie de instituciones e infraestructuras que regulan ese flujo, lo que permite la elaboración de diagnósticos sobre la estructura del sistema de innovación (o ciencia-tecnología-industria) existente en cada territorio, identificando las características de sus componentes y la existencia o no de relaciones entre ellos y con el exterior (Méndez, R., 2002). En este sentido las políticas de promoción de la actividad innovadora no han quedado relegadas sólo al campo académico, sino que han saltado al territorio, siendo atención preferente en las actuaciones públicas (González, G., 2006, 122). La relación establecida entre innovación y territorio no lleva aparejada una liberación de los condicionantes geográficos, como consecuencia de la proximidad física ya señalada anteriormente, por el proceso de globalización. Ya hemos visto la desconcentración productiva y el reequilibrio de raíz tecnológica consecuencias ambas de la globalización, no van a dar fin a la Geografía como ciencia del espacio y la distancia. Lo que ha sucedido es todo lo contrario, es decir, la globalización, quizás como producto no esperado, está reforzando el papel de los sistemas productivos locales y regionales. «La proximidad se ha convertido en un elemento clave para reducir los costes de transacción y aumentar los ingresos» (Sánchez, J.E., 1998, 58). De hecho los espacios de alta tecnología, en concreto, presentan rasgos que los diferencian de otros espacios productivos y explican su tendencia a la concentración espacial en pocos países y regiones. De hecho, tomando las variables que miden el llamado esfuerzo tecnológico desarrollado por países o regiones (gasto en I+D, número de investigaciones, infraestructuras tecnológicas, patentes de especialización tecnológica, publicaciones científicas), se aprecia que su tendencia a la concentración supera a la de magnitudes como el empleo, la producción o la riqueza (Buesa, M. y Molero, J., 1998; Caravaca, I., 1999). Ello tiene mucho que ver con el carácter inmóvil y acumulativo del conocimiento, que favorece el dinamismo de los territorios que disponen de este recurso en mayor cantidad y calidad. En este contexto, en la década de los años noventa del siglo XX, y en la actual, la importancia concedida al entorno empresarial ha favorecido también una reorientación de las políticas públicas tendentes a sustituir la asistencia a las empresas y otras actividades productivas, en forma de subvenciones, por una mayor atención a la creación de externalidades positivas en el territorio que potencien las iniciativas existentes en el mismo y la cooperación entre los actores, otorgando con ello un
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 26 creciente protagonismo a las propuestas de desarrollo local (Velázquez, L.R., 2004, 25). Los procesos de descentralización productiva y la formación de redes constituidas por PYMEs especializadas, encuentran su mejor expresión en ciertos territorios donde, a lo largo del tiempo, se ha generado un efecto de condensación capaz de favorecer el surgimiento de iniciativas locales, acompañadas a veces por la llegada de inversiones exógenas, junto con unos crecientes vínculos entre las empresas y de éstas con las instituciones, apoyadas en un contexto social determinado, conocidas con la denominación genérica de sistemas productivos locales. Hay que potenciar el sistema de atracción de empresas a ciertos lugares, ya que pueden suponer una serie de ventajas competitivas, con respecto a otras zonas; es lo que Garofoli denomina «territorialización», es decir, el que un territorio cuente con una serie de recursos intrínsecos a ese espacio (en ocasiones intangibles), y que no son transferibles a otros territorios (Garofoli, S., 1996)3. Así, las nuevas políticas de fomento de la innovación que ahora se están perfilando, persiguen objetivos más ambiciosos que sus predecesoras, requiriendo, por tanto, de la planificación integrada de aspectos que van más allá de los meramente económicos o tecnológicos, como los culturales, sociales y político-administrativos. Hay que señalar que las medidas iniciales de innovación, acometidas por las administraciones públicas, estuvieron encaminadas al fomento de políticas de investigación e incremento de nuevas tecnologías. Estas políticas se diseñaron bajo una concepción lineal del proceso de generación de innovaciones según la cual éste respondía a una secuencia ordenada de etapas desde la dotación de recursos a la investigación y el desarrollo de resultados. A partir de los años setenta tendrá más fuerza el modelo evolutivo en la interpretación de la generación de innovaciones dentro del sistema productivo, de forma que se consideraba que aquéllas no sólo procedían de la investigación básica, sino que también eran fruto de cambios acumulativos y adaptaciones. Hasta esos años las intervenciones públicas en materia de innovaciones se limitaron a políticas de oferta, emitidas desde los gobiernos centrales, constituidas por meras acciones destinadas a la construcción de infraestructuras físicas, la creación de incentivos para atraer la investigación externa y el fomento de la innovación interna de la empresa, siempre concibiendo como individuales las capacidades de las firmas y excluyendo al entorno de cualquier tipo de responsabilidad en el proceso innovador (González, G., 2006, 124). 3 Se establece una interacción continua entre actividad económica y «cultura social», es decir el conjunto de variables económicas, sociales y culturales que en base a un proceso de implementación progresiva y de su posterior sedimentación histórica en el ámbito local, condicionan las características de la estructura productiva y social , las relaciones entre los seres humanos, las articulaciones entre empresas, los comportamientos de los sujetos, las capacidades profesionales del área, los procesos de socialización y las expectativas de las nuevas generaciones. Garofoli, G. (1996): «Industrialisation diffuse et systémes productifs locaux: un modele difficilement transférable aux pays en voie de développement» in Abdelmaki, L.-Courlet, C. (edits.), Les nouvelles logiques du développement, L'Harmattan, París, pp. 367-375.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 33 encaminadas a la ordenación del territorio, apoyadas en planes estratégicos y guiados por agencias de desarrollo local bien gestionadas. Las nuevas formulaciones, más flexibles, se convirtieron en verdaderas herramientas para potenciar el desarrollo industrial –cuantitativa y cualitativamente-, sobre todo a partir de la puesta en el mercado del suelo de grandes ofertas de suelo industrial equipado a precios bajos y muy bajos (incluso en alquiler o cesión), promovidos y subvencionados por los propios ayuntamientos (Ponce, G. y Martínez, A., 2004). Figura 2. Valle del Vinalopó y Hoya de Castalla. Los ayuntamientos como agentes promotores de la innovación. Agentes promotores de la innovación y redes institucionales de cooperación: GV, gobierno Valenciano; CS, centrales sindicales; CI, centros de investigación; CF, centros de formación; AY, Ayuntamientos; AEL, asociaciones de empresarios locales; OA, otras asociaciones locales; AES, asociaciones empresariales sectoriales. El gris identifica el agente con más conexiones. Las líneas continuas señalan relaciones proactivas y las discontinuas relaciones reactivas. Fuente: Ponce, G. y Martínez, A., (2004, 179). De igual manera, han sido algunos gobiernos locales los que han puesto en marcha estrategias encaminadas a la mejora de la calidad de vida, en sentido general, con claras repercusiones tanto en el medio ambiente como en el bienestar social, bajo la marca de Agenda 21.También son los ayuntamientos los que desarrollaron más activamente esfuerzos por la inserción laboral de los desempleados y de los colectivos más desfavorecidos, para diversificar la dedicación laboral y para mantener al menos los segmentos más cualificados de los oficios existentes en cada sistema productivo. Por todo ello, las estrategias de iniciativa pública de puesta en valor –y de revalorizacióndel territorio se hallan en la base de la supervivencia y, a veces, de la
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 34 nueva competitividad de las economías locales, o de algunos segmentos cualificados de esas economías. Al mismo tiempo, están permitiendo la superación de las clásicas estrategias sectoriales en beneficio de la diversificación productiva. Al cambiar el apoyo público desde la empresa hacia el territorio se ha conseguido captar el interés de otros sistemas productivos. La creciente accesibilidad entre municipios y comarcas elimina las fricciones del territorio y posibilita la difusión de la amplia panoplia de establecimientos fabriles por los diferentes sistemas productivos en busca de ventajas comparativas. Municipios del Corredor industrial del Vinalopó (Alicante) como Elche, Elda, Villena, Petrer y Salinas, han acometido una destacada labor en este sentido, aprovechando en mayor o menor medida las ventajas que los cambios operativos han puesto en manos de los planificadores y gestores locales, para movilizar recursos endógenos o captar otros exógenos. La nueva planificación pública se ha revestido de una cierta filosofía empresarial para ganar eficacia y, a la vez, obtener suficiente agilidad y flexibilidad para, por un lado, gestar y dirigir nuevas actividades y, por otro lado, para tramitar rápidamente las propias iniciativas y las de los agentes privados. Con ese espíritu han surgido diversas empresas municipales, como PIMESA en Elche, IDELSA en Elda o INALVISA en Salinas. En otros casos, su dependencia jurídica del Ayuntamiento resta posibilidades de intervención ágil o constriñe la pluralidad de actuaciones posibles. Si bien, es preciso señalar la fuerte vinculación política existente en todos los casos, ya que de toda estrategia de desarrollo local se puede extraer un rédito político. Tal dependencia se acentúa cuando el técnico (mayoritariamente un AEDL), cuenta con un contrato temporal o está a expensas de que se consolide el servicio o unidad técnica. Parece claro que las estrategias de las empresas más dinámicas necesitan la colaboración de los agentes sociales para garantizar la viabilidad de sus proyectos. Pero los sistemas productivos locales tienen carencias de infraestructuras y equipamientos específicos para uso industrial, y también carencias en la formación de la mano de obra y de los empresarios, en la difusión de las innovaciones, en las estrategias de cooperación y en la formación de redes. Los procesos de descentralización productiva y la formación de redes constituidas por PYMES especializadas, encuentran su mejor expresión en ciertos territorios como los alicantinos donde, a lo largo del tiempo se han generado un efecto de condensación capaz de favorecer el surgimiento de iniciativas locales, acompañadas a veces por la llegada de inversiones exógenas, junto con unos crecientes vínculos entre las empresas y de éstas con las instituciones, apoyadas en un contexto social determinado. La potenciación del atractivo local puede suponer la mejora de las ventajas competitivas y dotar de un efecto territorial a las actividades económicas, al potenciar los recursos intrínsecos en ese espacio, en ocasiones intangibles, que no son transferibles a otros territorios.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 35 5. CONTEXTO CULTURAL, CAPITAL SOCIAL, Y ENFOQUE TERRITORIAL PARA EL FOMENTO DE LOS PROCESOS DE INNOVACIÓN Y APRENDIZAJE COLECTIVO. En las últimas décadas, las empresas y los sistemas de producción tienden a integrarse y organizarse siguiendo estructuras en red. Igualmente pasa con los territorios y los elementos que los componen y con los que se establecen sinergias. Así, desde finales de los años 80 se ha producido cierto renacimiento de la “geografía de la empresa” a través del análisis de las redes de relaciones interempresariales, que afectan a elementos claves del comportamiento empresarial como la subcontratación, la colaboración comercial y tecnológica o los procesos de aprendizaje conjunto (Illeris y Jakobsen, 1990; Camagni, R., 1991), que han derivado en la actualidad, en la geografía de la innovación territorial. La naturaleza de las relaciones que se establecen entre las empresas integrantes de una red varía entre dos extremos, según estén determinadas por criterios de mercado o por criterios de jerarquía. Cada caso específico es el resultado de un equilibrio que minimiza los costes totales de funcionamiento, distribuidos entre (Albertos, J.M., 2002, 235): costes de coordinación o de internalización, típicos de las grandes empresas o de redes basadas en principios jerárquicos en los que los diferentes actores hacen aquello que la cabeza de la red o de la organización indica (qué, cuándo y cómo) los costes de transacción o de externalización, propios de las redes basadas sobre principios de mercado, típicos de las redes compuestas por muchos pequeños participantes, en la que ninguno tiene capacidad para controlar el conjunto de la organización. Las redes de relaciones empresariales están basadas en la confianza, la solidaridad, mecanismos de responsabilidad y un comportamiento leal entre los actores (Yeung, H.W., 1994, 478). De esta forma las convenciones, tal y como son aquí consideradas, son elementos culturales, que incluyen entre otras cosas: • Las reglas no escritas que determinan la relación entre empleados y empleadores y, por tanto, regulan el mercado de trabajo; • La función social del empresario, su legitimación, y su propensión a invertir y modernizar la empresa; • Las formas de organización de la empresa o de las relaciones entre empresas (de carácter más o menos jerárquico o participativo) que se consideran óptimas; • Los hábitos y propensiones tecnológicas, en especial en relación a las resistencias al cambio y la aversión al riesgo de los diferentes agentes, o las ideas dominantes sobre el nivel de calidad que se considera adecuado. En este sentido, el reconocimiento en un interlocutor de una identidad cultural, de unas convenciones compartidas, es un elemento que permite crear confianza en su
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 36 comportamiento, sin necesidad de abordar la costosa tarea de buscar la información que permita un conocimiento personal en profundidad. En efecto, cabría hacer mención al capital social, que cada vez es más reconocible y reconocido en la práctica de las políticas de desarrollo local. Frente a la perspectiva de la economía del desarrollo, de marcada influencia neoclásica, que concebía al capital físico y humano como factor básico para el crecimiento económico, aparecen otros conceptos más innovadores y con raigambre en otros parámetros, complementarios al tradicional, como el capital social, que como en un puzzle, interviene no sólo en el desarrollo, sino dependiendo de su fortaleza, puede favorecer o entorpecer procesos de desarrollo local. En definitiva, se trataría de incorporar elementos tales como las relaciones sociales, el nivel de confianza, la eficacia institucional, una concepción de la sostenibilidad más integrada, el nivel de interrelaciones horizontales y verticales, la habilitación de canales adecuados para el favorecimiento de la participación pública, etc., ya que se ha demostrado que en territorios donde se ha primado sólo el desarrollo económico, no siempre se han generado activos que mejoraran el nivel de vida para sus habitantes. Así, la interrelación de los distintos componentes que pueden intervenir en el desarrollo, favorece la generación de más oportunidades y un aprovechamiento más óptimo de las mismas. Aunque el concepto de capital social, no es novedoso, desde la perspectiva contemporánea es Pierre Bordieu quien lo pone en relación con otros activos del territorio en los años ochenta: «Los individuos luchan para conseguir recursos y recompensas, y sus luchas están estructuradas alrededor de su posesión de capital económico, capital social (diferentes clases de relaciones valoradas con otros), capital cultural (primordialmente, conocimiento legítimo), y capital simbólico (prestigio y honor social)» (citado en Shucksmith, M., 2002, 213). Tras las aportaciones pioneras de Pierre Bourdieu (1985) y James Coleman (1990), la obra que provocó la incorporación de este tema en la agenda de los investigadores fue Making democracy work, de Robert Putnam (1993), en el que se introducía al concepto los aspectos estructurales (redes sociales) y culturales (normas o valores sociales, y sobre todo la confianza social) cuyo desarrollo permite afrontar con garantías de éxito un buen número de problemas sociales, desde la disminución del egoísmo y el aislamiento hasta el crecimiento de la solidaridad y la implicación política (Font, J., Montero, J.R., Torcal, M., 2006, 27) La definición de capital social y los elementos que intervienen en ello, son diferentes en función de la perspectiva desde la que se aborde y del territorio donde se aplique, aunque al parecer sí que existe un amplio consenso. Así, capital social hace referencia a determinadas características de las relaciones sociales, que permiten obtener determinados beneficios para el desarrollo, y que en ausencia de éstas, posiblemente estos beneficios no se darían o sería más complicado que se dieran. El capital social se convierte así en un factor explicativo de por qué dos territorios, partiendo de unas condiciones estructurales similares, pueden llegar a alcanzar niveles de desarrollo muy distintos. Para tener una definición más precisa del término de capital social, se puede hacer dos tipos de distinciones (Buciega, A., 2006, 116):
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 37 1. Se dan dos grandes enfoques teóricos, uno estructural y otro cultural. Así, el primero se centra en las características de las redes sociales para generar capital social y el segundo en la confianza como una cualidad social, típica en algunos territorios, de base en sistemas productivos locales. De esta forma, el capital social también se puede comprender desde una perspectiva micro o marco 2. Otra distinción hace referencia a la consideración del capital social como un fin en sí mismo, o como un instrumento para conseguir otros fines. El mayor interés los suscita la segunda tendencia, aunque la popularización del término capital social hace que desde muy distintos ámbitos (académico, administrativo, político, etc.) estén siendo frecuentes las referencias al capital social como un factor con valor explicativo por sí mismo, sin entrar en análisis más profundos acerca de su papel en los procesos de desarrollo local. Por tanto, se acepta que el capital social viene determinado por unas particulares características en las relaciones sociales, en la confianza social, en el marco institucional, o de las normas sociales aceptadas por una comunidad, que sin duda determinarán que un territorio consiga unos resultados económicos y de desarrollo, más o menos satisfactorios. Por lo tanto diferentes formas de capital social, pueden resultar beneficiosas o perjudiciales (vg. cultura mafiosa) para el desarrollo o bienestar de una comunidad, y la acción colectiva, que en principio se ve favorecida con el capital social, no siempre va encaminada a conseguir resultados positivos, sino que también puede ser perjudicial. Así en los procesos generados por el capital social, entrarían las relaciones sociales, que pueden ser más o menos fuertes, consistentes, internas o externas; el nivel de confianza y las normas instituidas, bien en la comunidad, o bien a niveles supralocales (asociaciones, gobiernos, etc.). Sin lugar a dudas, el capital social, su cualificación y cuantificación, depende de la naturaleza y características del territorio, lo que hace que no sea un concepto fácilmente asumible por todos. Sin lugar a dudas, lo que sí se presupone en el capital social es un mínimo de relaciones locales, donde lo importante es establecer interacciones con todos los agentes sociales de un territorio. Así Cagmani, reafirma la necesidad de construir y favorecer esas interrelaciones a través de comisiones de trabajo donde se entablen discusiones y diálogos; haciendo que emerjan los valores y la identidad profundad de la comunidad local; creando oportunidades para la cooperación y la confianza recíproca; definiendo normas y simplificando los procedimientos y alentando la máxima comunicación y participación (Camagni, R., 2003, 54). En esta línea del capital social, cabe reseñar que tradicionalmente se ha otorgado al territorio un papel pasivo. El territorio surgiría así de la conjunción en el espacio de una tecnología y unas organizaciones determinadas. Una visión alternativa es la que confiere al territorio un mayor protagonismo, condicionando a su vez a las otras dos
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 38 dimensiones del desarrollo local: la tecnología y las organizaciones. Pero también en el desarrollo local deben considerarse aspectos ambientales, culturales, sociales, institucionales y de desarrollo humano del ámbito territorial respectivo. En el tratamiento tradicional del desarrollo por parte de la economía convencional éste suele hacerse depender, a veces de forma casi exclusiva, de la existencia de recursos financieros. Sin embargo, pese a la importancia de la disponibilidad de recursos financieros lo cierto es que éstos pueden dirigirse a aplicaciones no productivas (Harvey, D., 1993). La disponibilidad de recursos financieros no es, pues, suficiente. La orientación de los recursos para la inversión productiva, depende de otros factores básicos, entre los cuales se encuentra la capacidad para introducir innovaciones en el interior del tejido productivo local. El territorio afecta al cambio tecnológico y a las características de las organizaciones, fundamentalmente a través del papel que juega la distancia como barrera para las transacciones, el establecimiento de relaciones entre empresas y otros agentes, y el correcto funcionamiento de estructuras en red: «La distancia es una formidable barrera psicológica. Se observa que las redes que crean competencia empresarial y prosperidad se asientan dentro de un radio definido, que ha sido descrito en alguna ocasión como el radio de información y contacto potencial de media hora» (Sweeney, G.P. 1991, 367). El desarrollo de los territorios, tal y como se entiende en la actualidad, es fruto de la transición de una concepción basada casi exclusivamente en el predominio de los instrumentos técnicos de planeamiento (sobre todo urbanísticos), a una concepción en la que tales instrumentos empiezan a ser combinados con otros de carácter más estratégicos-políticos; es lo que se ha denominado la transición desde los instrumentos tecnocráticos (hard) a los instrumentos participativos (soft). Evidentemente esta transición no es completa, ni implica que estos últimos sustituyan a los primeros; más bien hay que hablar del avance de esta segunda concepción, con la introducción paulatina de este segundo tipo de instrumentos, como complemento de la concepción y los instrumentos previa y sólidamente establecidos. Así, en este contexto el desarrollo territorial/local, presenta una serie de elementos característicos (Esparcia, J., 2007, 104): Una nueva visión de la ordenación del territorio, que supone la implicación de los agentes públicos y privados, así como la asunción de compromisos establecidos por la estrategia territorial europea (ETE). Contemplar de una forma integrada todas aquellas políticas, planes y/o actuaciones con impacto territorial. Una importante descentralización administrativa que permita diferentes niveles de actuación (multinivel y transversal) Un renovado marco conceptual y actuación con objetivos diferentes a los que han presidido tradicionalmente las políticas territoriales tradicionales Una nueva gobernanza del territorio, o gobierno de los territorios, que favorezca la cohesión territorial, que en la actualidad, no sólo está siendo muy asumido por los poderes locales, sino que aparece claramente planteado en
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 39 gran parte de los documentos sobre políticas de desarrollo económica y territorial. La noción de “cohesión territorial”, que en la actualidad es una terminología familiar, destacó políticamente por primera vez gracias a su inclusión en el segundo informe sobre cohesión económica y social, publicado en enero de 2001 (DavoudI, S., 2007, 67). El informe utilizaba este concepto para describir el desigual desarrollo espacial del territorio de la UE y en particular la concentración de la población y la actividad económica en el área central de Europa. Las economías de aglomeración han conducido a un desarrollo desigual del territorio de la UE, donde se encuentra un núcleo próspero frente a una periferia menos desarrollada (frente a la polarización, se ofrece un desarrollo polinuclear). En este contexto aparece el enfoque territorial, favorecido por la evolución de las expectativas de los consumidores y de los mercados, por la introducción de las nuevas tecnologías de comunicación y por la evolución y mayor implicación de las instituciones tanto locales como supralocales (comarcales, regionales y nacionales). Evidentemente, la puesta en marcha de políticas de desarrollo local, exige cada vez más un proceso cognitivo y aplicado, de reflexión, concertación, participativo, proactivo y de acciones concretas que redunden en un beneficio común. Intentando sistematizar este proceso, es importante generar conocimiento sobre el territorio para luego desarrollar acciones. Para ello intentaremos asimilar la teoría de Nonaka, enriquecida junto a su colega Takeuchi, donde se establecen cuatro fases en el marco de la espiral del conocimiento: socialización, exteriorización, combinación e interiorización (Nonaka, I. y Takeuchi, H., 1999, 81). Nonaka y Takeuchi hacen propia la tesis sobre la cual, el conocimiento innovador en las empresas se asientan sobre una doble naturaleza territorial (contextual y codificada), que parte de “lo local” y que tiene que hacerse progresivamente transferible, entrando en un círculo más amplio hasta trascender a límites globales, dinámica necesaria para que las empresas, y también los territorios, vayan aprendiendo a través de los diversos conocimientos y experiencias adquiridas (Conti, S., 2001,452). En un primer análisis destaca el conocimiento codificado, transferible y explícito, que no todos los actores territoriales saben gestionar y descodificar, en beneficio del sistema local. En efecto, cada territorio tiene un ritmo de desarrollo, responde a unos recursos y estímulos diferenciados, tanto tangibles como intangibles, que refrendan una cultura propia y a veces difícil de interpretar y descifrar, cuya imagen se puede asimilar a la analogía de un iceberg (Martínez, A., 2011, 167)4. Por ello, para que las acciones de los 4 Los grupos humanos y sus territorios naturales son definidos por su cultura y las relaciones informales y codificadas, que se producen entre ellos. La mayoría de los grupos humanos, dentro de su contexto cultural, reconocen ciertos aspectos, que visiblemente están escondidos y resultan intangibles, pero que
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 40 sistemas productivos locales resulten exitosas y no sirvan sólo para justificar actuaciones estéticas y superficiales, hay que favorecer un diálogo entre todos los actores locales, obtener consenso, equilibrio, y pluralidad (figura 2.4). Es importante garantizar la continuidad del proyecto, fomentar la ilusión, la motivación y el compromiso, asegurando la evaluación y revisión de lo conseguido. La participación se tiene que extender a todas las etapas del proceso, no sólo en las primeras fases de diagnóstico, con aportaciones colectivas, creativas y originales (Zapata, V.M., 2008,73). Utilizando como representación gráfica del proceso, una espiral envolvente, adaptamos el modelo de Nonaka y Takeuchi al proceso de realización de proyectos de desarrollo local, en el que destacan cuatro fases cognitivas para la descodificación de los valores territoriales, en la que se fomenta una dinámica de aprendizaje progresivo y de trabajo en red. El primer paso es la socialización que se inicia generalmente con la creación de un campo de interacción, que permite que los miembros de un equipo compartan experiencias, inquietudes y perspectivas, desde el consenso, sobre lo que quieren y pueden hacer. En segundo lugar, destacaría la exteriorización, que comienza a partir de una reflexión colectiva y un análisis empírico territorial, que ayude a los miembros de la comunidad local a enunciar un conocimiento tácito, a evaluar y compartir los potenciales recursos del territorio, tangible e intangible, que de otra forma no sería posible conocer ni transmitir. En tercer lugar, estaría la fase de combinación, que comienza con el trabajo en red, poniéndose en relación con otras secciones de la organización, generando servicios en el sistema local, favorecido por la gestión de infraestructuras y equipamientos. Y en cuarto lugar, destacaría la fase de interiorización que a través de la experiencia y el balance, positivo o negativo, de las acciones y proyectos aplicados, hace efectivo el lema, “aprender haciendo”, con un importante refrendo territorial (figura 3). Todo ello implica un proceso a largo plazo, donde no se debería excluir a nadie y en el cual la metodología a aplicar en las acciones de desarrollo local, conllevaría la participación y no sólo la asistencia de los ciudadanos. Un proceso que fomente afianzar y alcanzar consensos políticos, técnicos y sociales, y que por otra parte fortalezca espacios de comunicación y encuentro. Y en todo este recorrido, se debe garantizar que todo este trabajo se realice en un territorio local, que tenga una proyección global para que no se quede en una isla. Todo ello estableciendo cotejos y poniendo en relación el bagaje y las experiencias de manera contrastada, para reforzar son detectados por los que viven y trabajan en el lugar. Esos aspectos y recursos se manifiestan como en un iceberg. Hay tantos conocimientos profundos que se han arraigado en la cultura territorial, que no aparecen superficialmente y que se parecen a la morfología de un iceberg, de ahí el establecimiento de esta analogía. Este modelo fue desarrollado por el distrito escolar de Kuskokwim por la Universidad de Alaska, tras la observación y participación en dinámicas de grupos de nativos, en el marco de los contextos rurales y naturales diversos a lo largo de 30 años. Patrick J. Dubbs (2000): Education and Rural Development in Alaska, University of Alaska Fairbanks, www.ankn.uaf.edu.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 41 lo que se está haciendo y mejorar en lo que no se están logrando resultados. Por tanto, se debería fomentar el trabajo en red, tanto fuera como dentro del territorio, a través de las cuatro C: la concertación en las decisiones, la concreción en las acciones, la coordinación en las fases de ejecución y la cooperación entre los diferentes actores (políticos, técnicos, instituciones y ciudadanos). En efecto, frente a la producción de un crecimiento, básicamente de carácter economicista, se trata de producir desarrollo, desde una perspectiva transversal, multisectorial y continuada en el tiempo, que básicamente se podría resumir en cuatro pilares fundamentales: a) la voluntad política y consenso; b) la estrategia y análisis territorial; c) la gestión de los recursos integrados en el territorio y d) la capacidad de llevar a cabo iniciativas empresariales y proyectos (Martínez, A., 2000, 343). a.) Voluntad política y consenso (socialización). Hay que establecer políticas consensuadas a todos los niveles e incentivar la participación proactiva de la población local, que es el verdadero motor de desarrollo de un territorio y su mejor recurso, fomentando el diálogo, el encuentro y el consenso (Martín, M.A., 2008, 118)5. Ante todo hay que conseguir un acuerdo tácito o expreso Figura 3. Espiral del conocimiento aplicada a los sistemas productivos locales Fuente: Adaptación de Conti, S., (2001), Op. cit., y Nonaka, I. y Takeuchi, H., (1999), Op.cit. 5 “Es necesario conocer y relacionarse con aquellas personas de la comunidad que tienen algún papel significativo: club deportivos, peñas culturales, festejos, empresas, política, cultura, etc. Cuando nos encontramos con cada una de ellas y en su contexto, será cuestión de orden, de método, de estrategia y de complementación de objetivos y de eficacia gestora. Pero siempre, aunque hayamos mandado cartas, realizado comunicados, enviado correos electrónicos, siempre habrá que acabar con una reunión, ya que en una reunión se sustancia parte del éxito o del fracaso de todo lo que habíamos planteado en nuestro diagnóstico, parte de la realidad social y de sus protagonistas. En este encuentro podemos saber lo que es verdad o no, podemos conseguir acuerdos o desacuerdos, podemos generar iniciativas, pero sobre todo, procuraremos un conocimiento del otro, más próximo y más acertado” Martín, M.A., (2008): «Com he de preparar una reunió o trobada de treball? Preparació de reunions i establiment de xarxes de treball» en Zapata, V.M. (coord.), Guia pràctica per al treball tècnic en desenvolupament rural, Universidad Jaume I, Castellón, 219 p.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 42 de los agentes públicos y privados que tienen intereses en el territorio sobre la conveniencia de emprender acciones encaminadas a mejorar la competitividad del sistema productivo. La participación de la población local es fundamental a todos los niveles, tanto público como privado, para favorecer el establecimiento de sinergias y acuerdos (Izquierdo, J., 2005, 145). Así, en una escala municipal o comarcal deben participar los responsables políticos, sindicales, empresariales, organizaciones cooperativas, asociaciones culturales y demás fuerzas vivas, a fin de formar una plataforma ciudadana y política de máxima representatividad (Vachon, B. y Coallier, F., 2001, 174)6. b.) Estrategia y análisis territorial (Exteriorización). Esta segunda fase comprendería la recogida y metabolización de la información, análisis y diagnóstico que incluye como componentes principales la identificación de las necesidades insatisfechas y demandas principales de la comunidad local, así como el conocimiento de las capacidades de desarrollo endógeno, identificando las oportunidades, obstáculos, recursos y potencialidades existentes (Vázquez, A., 1993, 230)7. Además, la recogida de información constituye al mismo tiempo, un medio de comunicación y movilización de la colectividad local, en cuyo ejercicio los actores locales pueden tomar mayor conciencia de su entorno y verse estimulados a la acción por el desarrollo a partir de su participación conjunta, tratándose de una fase permanentemente abierta en todo el proceso de desarrollo local, con lo que no puede verse como un momento inicial de éste (Alburquerque, F., 2002, 189). De hecho, el proceso de recogida de datos, y evaluación de los recursos del territorio, no es meramente una cuestión estadística, sino que precisa identificar también a los agentes locales organizados, las instituciones existentes y su grado de compromiso con el proceso, el apoyo real de los políticos y colectivos sociales, así como los recursos de los que se dispone y la estrategia integrada a seguir (Lobillo, P., Bermejo, L.A., y Molina, C., 2008, 65). 6 “El desarrollo local exige una amplia participación de los ciudadanos. Los grupos líderes deben, por consiguiente, ser representativos de la colectividad y de los distintos grupos sociales (jóvenes, trabajadores, mujeres, tercera edad…) y sectores de actividad (políticos, agricultores, comerciantes, especialistas, empresarios). Si el grupo sólo representa a una parte de la comunidad (…) el número de personas que se identifiquen con ese grupo y sus preocupaciones corre el riesgo de ser limitado. Los ciudadanos que no formen parte de la porción representada se sentirán probablemente poco implicados” en B. Vachon y Coallier, F. (2001). 7 Después del acuerdo tácito entre todos los agentes del territorio, “es preciso consensuar el diagnóstico de la economía local, que permita identificar las oportunidades y amenazas que presenta en entorno y determinar sus fortalezas y debilidades para mejorar el posicionamiento competitivo. Una vez diagnosticados los problemas a los que se enfrenta la economía local, es necesario fijar los objetivos y metas que, razonablemente, puede alcanzar, para lo que de nuevo es conveniente llegar a un acuerdo entre los actores interesados. Llega entonces, el momento de definir las acciones que permitan conseguirlos” Vázquez, A. (1993), Op. Cit., p. 230.
Antonio Martínez Puche Análisis de las redes empresariales y su incidencia territorial. Transferencia tecnológica, aprendizaje e innovación. ISSN: 0212-8594 ISSN-e: 2340-2776 Nº DOI: http://dx.doi.org/10.12795/rea.2012.i29.02 REA 29 (2012):18-58 http://www.publius.us.es/estudios_andaluces 49 Pero todo ello no es posible sin un verdadero compromiso político y ciudadano que debe participar de un proceso necesitado de reflexión, diálogo, concertación y concreción en acciones y medidas, que superen documentos, que en muchas ocasiones, se quedan en una declaración de buenas intenciones. De ahí la importancia de establecer sistemas de indicadores, no sólo económicos y de evaluación integrada de la innovación (estadísticas, inversiones y tecnología), sino también de aspectos como la economía creativa, entornos innovadores, eficiencia energética, paisaje, capacidad para el aprendizaje, talento, etc., que posibilitan la catalogación de territorios inteligentes (Fernández-Macho, J., González, P., 2009, 55). En este sentido, cabe destacar la necesidad de trabajar en red y de manera coordinada con entes locales, organismos públicos y privados, y el capital social en general. En definitiva, lo que se ha querido constatar en este texto, ha sido la importancia del territorio, en un contexto global, en los procesos de innovación y aprendizaje; la evolución conceptual desde las ciencias sociales (de un papel pasivo a uno proactivo), con especial atención a lo que la geografía aporta desde los trabajos empíricos y analíticos; y la singularidad de los valores territoriales (tangibles e intangibles), que con especial incidencia en los elementos productivos, sociales y culturales, pueden determinar la evolución y consolidación de ciertas acciones y políticas públicas. La innovación, desde una perspectiva integral y territorial, está muy enraizada con acciones de desarrollo local. El compromiso político y ciudadano ya se toma en cuenta como un activo fundamental para el progreso de sus territorios, sin menoscabo de la tecnología, inversión de capital, y capacidad productiva. BIBLIOGRAFIA. Albertos Puebla. J.M. (2002): «Cultura, innovación y desarrollo local», Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, nº 34, Madrid, pp.229-244. Alburque Llorrens, F. (2002): Guías para agentes. Desarrollo económico territorial, Instituto de Desarrollo Regional. Fundación Universitaria, Sevilla, 214 p. Alurquerque Llorens, F. (2007): «Teoría y práctica del enfoque de desarrollo local», Observatorio Iberoamericano del Desarrollo local y la economía social, Grupo EUMED.NET, Universidad de Málaga, año 1, pp. 39 - 61. Alonso Santos, J.L., Aparicio Amador, L.J., Sánchez Hernández, J.L. (2004): Recursos territoriales y geografía de la innovación industrial en España, Ediciones Universidad Salamanca, Salamanca, 352 p. Alonso, J.L., y Méndez, R., (coords.) (2000): Innovación, pequeña empresa y desarrollo local en España, Civitas, Madrid, 323 p.
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