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Anuario ThinkEPI 2022 1 v. 16. eISSN: 2564-8837 Comunicología abierta y ciencia ciudadana Open Communicology and citizen science Francisco Sierra-Caballero Sierra-Caballero, Francisco (2022). “Comunicología abierta y ciencia ciudadana”. Anuario ThinkEPI, v. 16, e16a23. https://doi.orghttps://doi.org/10.3145/thinkepi.2022.e16a23/10.3145/thinkepi.2022.e16a23 Resumen: La era digital apunta la necesidad de una Comunicología abierta, una ciencia aplicada de lo común que reconozca la centralidad de la subsunción del trabajo intelectual. Para ello se ha de explorar la decolonialidad del saber-poder a partir de la apertura de espacios de cooperación y apropiación del conocimiento en función de los cambios en la producción académica, intensamente determinada por la relevancia de lo virtual sobre lo presencial y de la centralidad de la mediación social de la ciencia. De ahí la pertinencia de sentar las bases para una concepción distinta de la práctica teórica a partir de la noción de ciencia ciudadana. La vindicación de la comunidad académica de una ciencia ciudadana presupone, en este sentido, cambios epistemológicos y cognitivos, una ética de la cultura de investigación antagonista de la lógica de la mercantilización y cambios políticos estructurales en los procesos de organización y evaluación de la actividad investigadora, que ha de transitar de la noción de ciencia abierta a ensamblajes complejos basados en la experimentación social de los laboratorios ciudadanos. Palabras clave: Comunicología del Sur; Ciencia ciudadana; Procomún; Ciencia abierta. Abstract: The Digital Age points to the need for an Open Communicology, an applied science of the commons that recognizes the centrality of the subsumption of intellectual work, exploring the decoloniality of knowledge-power from the opening of spaces for cooperation and appropriation of knowledge. These are based on changes in academic production determined by the relevance of the virtual over the face-to-face and the centrality of the social mediation of science, whence the relevance of laying the foundations for a different conception of theoretical practice based on the notion of citizen science. The academic community’s vindication of citizen science presupposes, in this sense, epistemological and cognitive changes, an ethics of the research culture antagonistic to the logic of mercification, and structural political changes in the processes of organization and evaluation of research activity that have to go from the notion of open science to that of complex assemblages based on social experimentation in citizen laboratories. Keywords: Communicology of the South; Citizen science; Commons; Open science. Publicado en IweTel el 8 de septiembre de 2022 Francisco Sierra-Caballero https://orcid.org/0000-0001-7398-7588 Universidad de Sevilla Facultad de Comunicación Américo Vespucio, 27 41092 Sevilla, España [email protected] http://www.franciscosierracaballero.net
Anuario ThinkEPI 2022 2 ??????????????????????????????????????????????????????????????????? v. 16. eISSN: 2564-8837 Comunicología abierta y ciencia ciudadana – Francisco Sierra-Caballero 1. Introducción Todo proceso de apropiación constituye una mediación social cognitiva y políticamente activa. El reto de construcción de la ciudadanía digital implica en este sentido una crítica de la hegemonía que, en el caso de la investigación en comunicación, viene siendo objeto de debate, cuando no sintomático de un malestar cultural expresado informalmente a diario y en espacios académicos por la propia comunidad científica que, paradójicamente, sigue sin comprender que no es posible un proyecto y programa de investigación sin una politización de la práctica cultural de la mediación informativa. Tal razonamiento parece obvio, pues nos sitúa ante el escenario lógico de la realidad social y las posibilidades alternativas existentes. Pero conviene subrayar tal evidencia en un contexto científico-técnico de despolitización y acriticismo de la Comunicología que, de facto, ignora o elude pensar consecuentemente las lógicas de mercantilización contemporáneas en un contexto de estructuración asimétrica de los procesos de configuración comunicacional de la sociedad del conocimiento. Antes bien, los investigadores participan irreflexivamente, o desde la impotencia reflexiva, que diría Fisher (2019), en la llamada “sharing economy” como si fuera un espacio liso, abierto y democrático. Es común en la literatura sobre la revolución digital recurrir a la falsa idea sobre el poder e influencia de las nuevas tecnologías como un mantra mixtificador que todo lo explica, pero que oculta en realidad los dispositivos de dominio y control social que ilustran el verdadero sentido y lógica lineal que imprime el curso histórico de nuestra contemporaneidad incluso en la propia práctica teórica. Hace unos años Boaventura de Sousa Santos, señalaba que “vivimos en tiempos de preguntas fuertes y de respuestas débiles” (Santos, 2010, p. 7). “Las potencialidades de traducción tecnológica de los conocimientos acumulados nos hacen creer en el umbral de una sociedad de comunicación e interactiva liberada de las carencias e inseguridades que todavía hoy componen los días de muchos de nosotros” (Santos, 2009, p. 18). Para ser capaz de hacer una pregunta, uno debe conocer ya una buena parte de la respuesta. O, al menos, debe ser capaz de identificar vías de solución al problema en concreto. Un primer paso es la descripción de los límites y confines que delimitan en su origen la pregunta. Si la descripción es densa, si escapa a la positividad de la palabra, podemos definir una vía de razonamiento. Ahora, si las fronteras y territorios del campo por explorar son indeterminados y complejos, como en la actualidad sucede en el ámbito de las ciencias sociales y humanas, el investigador sólo puede recurrir a la metáfora y a los simulacros de la analogía, siendo consciente de tal simplificación. En el tiempo de las redes atópicas, de los flujos de transversalidad informativa, los procesos de comunicación constituyen fenómenos de una densidad sociocultural problematizadora que requiere pensar al revés. La multiplicación de los referentes y repertorios culturales, la diversificación y con/fusión de los discursos mediáticos, la convergencia de los dispositivos y recursos tecnológicos y la misma transformación incesante de la ecología de medios, en virtud de la tendencial orientación integrada de soportes, canales y entornos, han favorecido una multiplicación y continuo mestizaje de los imaginarios, que más que respuestas ajustadas, solicitan del investigador estrategias de identificación y consideración de los problemas asociados a estos procesos con mayor reflexividad y capacidad de autodeterminación. Y que emplaza a los comunicólogos a un replanteamiento teórico de la investigación y evaluación de las nuevas tecnologías. En otras palabras, la ausencia de una perspectiva comunicacional y el dominio de una racionalidad tecnológica debe ser contrarrestada con la necesaria reflexión política y cultural, hoy prácticamente inexistente, sobre los discursos, ideologías y epistemes de la información. Si, como decía Marx, un pensamiento crítico no pretende dar respuestas sino cuestionar las preguntas, la cuestión hoy día es discutir desde donde formulamos nuestros interrogantes sobre el papel actual de las TICs en la teoría y en la práctica investigadora. Tal tarea se nos antoja urgente. En juego está no solo la socialización del conocimiento, sino la democracia y la propia continuidad de la especie. En las siguientes páginas, proponemos por lo mismo un debate, una ruptura epistemológica en los estudios en comunicación que ponga el acento en la cuestión del dominio público, de la participación y los derechos ciudadanos como proscenio y núcleo de la deliberación y análisis científico: de las competencias a la cogestión, del gobierno del espacio común, y las formas autónomas de participación de la sociedad civil a la politización de las políticas científico-técnicas. Un abordaje integral, complejo, En la era del Capitalismo Cognitivo la mediatización de intereses de empresas como Microsoft imponen una lógica del intercambio que privatiza las formas creativas de socialización del conocimiento como condición determinante de la sociedad de la información
Anuario ThinkEPI 2022 3 ??????????????????????????????????????????????????????????????????? v. 16. eISSN: 2564-8837 a la par que pluralista, tan pertinente en el Sur, desde donde pensamos y escribimos este artículo, en medio de la dependencia y subalternidad en el universo de las redes que condiciona tanto la categorización y producción social de conocimiento a partir de los contextos ajenos que hay que empezar a cuestionar como la agenda propia de investigación que debería ser objeto de impugnación frente a la colonialidad del saber/poder de este Capitalismo Cognitivo. 2. El conocimiento como bien común El conocimiento y el “saber hacer” pueden ser apropiados dentro de la lógica del capital o, por el contrario, integrarse según marcos teóricos y otros procesos sociales abiertos acorde con las necesidades realmente identificadas. Un ejemplo actual de estas tensiones y debates lo tenemos en el terreno del software informático. Frente al dominio de Microsoft y su visión comercial del conocimiento codificado, encontramos un progresivo desarrollo del software libre, construido sobre otros principios éticos, tecnológicos y políticos que llevan a considerar la información y el conocimiento como Bienes Públicos Globales accesibles para todos simplemente por ser ciudadanos del mundo. El modo de producción creativo, como el modo de producción intelectual, siempre se ha regido por el principio comunitario de difusión y socialización, condiciones estas necesarias para el progreso del binomio ciencia-tecnología. Sin embargo, en la era del Capitalismo Cognitivo la mediatización de intereses de empresas como los GAFAM (“Google+Amazon+Facebook+Apple+Microsoft”) imponen una lógica del intercambio que privatiza y subsume las formas creativas de socialización de acuerdo a la lógica y forma dominante de la Sociedad de la Información. Conviene por ello recordar que toda actividad investigadora presupone una práctica teórica mediada por la sobredeterminación de la actividad creativa. Un modo de producción es una relación social compleja que está en la base y en la lógica de mediación social de las formas de pensamiento y enseñanza. En nuestro caso, de la Comunicología. No hay posibilidad de conocimiento sin trabajo. Toda mediación cognitiva es o presupone un proceso de producción. Eludir esto es negar la dimensión constitutiva esencial de toda obra o pensamiento, cuando no idealizar la llamada sociedad cognitiva. Y esta deriva se ha normalizado paradójicamente cuando más intensa y penetrante es la forma de mediación social de la ciencia, ahora que la multiplicación y densificación cotidiana de las nuevas tecnologías en nuestras sociedades han llevado a popularizar términos como los de sociedad de la información y/o del conocimiento para definir las características de un ecosistema comunicativo que nos envuelve y que acarrea nuevas formas de entender no solo las relaciones sociales, sino también las formas de expresión política e incluso las dinámicas de desarrollo económico mientras se nos presentan opacas e impenetrables para el propio campo científico las determinaciones que afectan el trabajo de investigación sin que se piense reflexivamente las contradicciones inscritas en la propia práctica académica. Así, “se anuda una alianza singular entre la vanguardia de la investigación tecnocientífica, el capitalismo más aventurero y conquistador, y los gobiernos social-liberales que ven en la algoritmización de las sociedades la ocasión histórica de responder perfectamente al núcleo de su ‘proyecto’: el de una ‘administración optimizada de las cosas’ (Saint-Simon)” (Sadin, 2018, p. 39) eludiendo pensar la dimensión social de tal lógica sociocibernética. Pues “toda dominación tiene su propia política de visibilización” (Han, 2022, p. 12). Y, hoy por hoy, no está en el marco dominante la deriva de la actual explotación capitalista que arruina las propias capacidades comunes, la academia, y la propia posibilidad de reproducción del saber. “En el dominio de la organización del trabajo científico, la industrialización de la ciencia produjo dos efectos principales. Por un lado, la comunidad científica se estratificó, las relaciones de poder entre los científicos se tornaron más autoritarias y desiguales y la abrumadora mayoría de los científicos fue sometida a un proceso de proletarización en el interior de los laboratorios y de los centros de investigación. Por otro lado, la investigación capital-intensiva (basada en instrumentos caros y raros) tornó imposible el libre acceso al equipamiento, lo que contribuyó a ensanchar la brecha, en términos de desarrollo científico y tecnológico, entre los países centrales y los países periféricos” (Santos, 2009, p. 39). Al tiempo estamos asistiendo a “la colonización mercantil de dinámicas colaborativas de todo tipo a través de la eliminación de su armazón institucional y su conversión en energía cooperativa abstracta y, de este modo, parasitable, mediante dispositivos extractivos. Es el fundamento de lo que se ha dado en llamar capitalismo de plataforma” (Domènech, 2019, p. 8; Srnicek, 2018). Comunicología abierta y ciencia ciudadana – Francisco Sierra-Caballero
Anuario ThinkEPI 2022 4 ??????????????????????????????????????????????????????????????????? v. 16. eISSN: 2564-8837 Como resultado, “las comunidades científicas –pero también los tiempos y espacios dedicados por las familias, grupos, colectividades e instituciones sociales a la comprensión, compartición y transmisión de conocimientos y habilidades– se ven poseídas progresivamente de estos recursos comunes en un peligroso proceso de mercantilización del conocimiento que lo subordina cada vez más como mercancía al mucho más poderosos proceso de acumulación de capital: los oligopolios de los medios de comunicación, de las revistas y editoriales, la extensión del secreto en el espacio del conocimiento, convertido ya en parte esencial del mercado, la creación de barreras estructurales para que una gran parte de la sociedad acceda a los conocimientos convertido ya en puertas de acceso a un trabajo cada vez más escaso” (Broncano, 2020, pp. 8-9). En este marco, la Comunicología precisa definir una agenda común sobre tales cuestiones, reconociendo la centralidad de la subsunción del trabajo intelectual y explorando la decolonialidad del saber-poder, a partir de la apertura de espacios de cooperación y apropiación del conocimiento en función de los cambios en la producción académica determinada por la relevancia de lo virtual sobre lo presencial y de la centralidad de la mediación social de la ciencia. Tenemos, en fin, necesariamente, que repensar el trabajo inmaterial, las industrias y los bienes culturales de producción y reproducción simbólica, como un reto para la Comunicología concebida como Ciencia Aplicada de lo Común, como Conocimiento Abierto, más allá del fetichismo tecnológico y las fantasías electrónicas habituales en nuestro tiempo. La transformación revolucionaria de los medios y dispositivos de ampliación del espacio público, experimentada con la Sociedad del Conocimiento, define, en nuestra contemporaneidad, un nuevo marco político de cooperación y formación de la ciudadanía, basado en la centralidad de las llamadas industrias creativas, y en general, en la determinación de los procesos de desarrollo social por el capital simbólico y el llamado trabajo inmaterial ampliado. El desarrollo exponencial de los sistemas de información y conocimiento plantea a este respecto nuevas problemáticas en materia de Políticas de Comunicación y Cultura, especialmente si pensamos el cambio social asociado con las nuevas tecnologías desde el espacio propio geopolítico cuyo desarrollo histórico ha sido tradicionalmente dependiente. Más aún si pensamos en el propio trabajo precarizado del llamado cognitariado pues la consecuencia inmediata del Capitalismo Cognitivo en el actual modo dominante de mediación social de la ciencia es la vulnerabilidad del investigador que acompaña al proceso de expropiación del dominio público y el conocimiento como bienes comunes. Como bien apunta Fernando Broncano, “a medida que la cultura del publish or die se impone de forma hegemónica en todos los niveles, crece el número de revistas y los precios de la suscripción de forma que ni siquiera las bibliotecas de las grandes universidades del mundo pueden sostener las suscripciones. Desde este punto de vista de la cultura material se hace muy claro que la cuestión de la propiedad, junto a la sostenibilidad material del sistema, ponen en peligro el repositorio de recursos comunes y hablan de una privatización de las capacidades de producción social del conocimiento” (Broncano, 2020, p. 361). La lógica del dumping, la publicidad engañosa, los desequilibrios y la concentración de poder en el campo del conocimiento lleva a un escenario no habitable para la concepción de servicio público en el ámbito académico. Las universidades y la comunidad académica bien lo saben en estos tiempos de ausencia de conciencia por exigencias del libre comercio, ya que es notorio que se empieza a amenazar la propia posibilidad del trabajo científico entre el efecto Aneca y las corporaciones que cotizan en bolsa con los índices de impacto. Resulta por lo mismo necesario cartografiar las formas y territorios que definen la práctica teórica con la que se establecen nuevas modalidades de colonización del conocimiento en diferentes regiones y disciplinas académicas. Tal empeño debe ser asumido como una tarea inaplazable una vez constatado la colonialidad del poder y la colonialidad del saber forman parte de la misma matriz epistemológica en el origen de la ruina de la destrucción creativa que gobierna el campo. La Historia y Sociología de la Ciencia ilustra las complejas y profundas relaciones intrincadas entre práctica académica y procesos productivos que son innegables y que deben ser problematizadas especialmente en la llamada Sociedad del Conocimiento pues sabemos que la ciencia cercada ataca el principio comunitario consustancial a la naturaleza del trabajo científico en la medida que rompe la necesaria lógica de reciprocidad. En un debate sobre política científica de la Confederación Iberoamericana de Asociaciones Científicas y No hay posibilidad de conocimiento sin trabajo. Toda mediación cognitiva es o presupone un proceso de producción. Eludir esto es negar la dimensión constitutiva esencial de toda obra o pensamiento, cuando no idealizar la llamada sociedad cognitiva Comunicología abierta y ciencia ciudadana – Francisco Sierra-Caballero
Anuario ThinkEPI 2022 5 ??????????????????????????????????????????????????????????????????? v. 16. eISSN: 2564-8837 Académicas en Comunicación (Confibercom) analizamos a conciencia esta encrucijada en la que nos encontramos y advertíamos, a modo de recordatorio, que lo común, del latín munus, exige prestaciones y contraprestaciones, deuda y don, deber y reconocimiento en una cooperación productiva de intercambio que, cuando se bloquea –por ejemplo, imponiendo la lógica de la repetición frente a la creatividad, o directamente limitando el debate y deliberación entre pares– impide el progreso general del conocimiento. En otras palabras, no puede haber puesta en común si los accesos son restringidos, ni representatividad pública de la ciencia si esta queda cercada por oligopolios comerciales o el dominio de la tecnocracia. Esto es, el imperio de la mercantilización de la ciencia anula toda coobligación que daba consistencia a la comunidad científica y a la cultura académica de inter pares. Ninguna sociedad puede reproducirse si no comparte un mínimo repertorio de conocimiento en común. El cuerpo social exige conocimiento, científico o no, distribuido. “Si el conocimiento es la base fundamental de la agencia humana, la deliberación y el antagonismo orientados por la búsqueda de decisiones acertadas hace a las democracias más fuertes en sus capacidades” (Broncano, 2020, p. 28). El grado de socialización condiciona, en fin, la dinámica histórica. Por ello, las tesis críticas con el Capitalismo Cognitivo son pertinentes, al reivindicar una Comunicología Abierta y situar el reto de la relación Ciencia/Sociedad desde nuevas matrices y fundamentos para la crítica consciente y transformadora. Así lo venimos exponiendo desde hace más de una década en espacios como la AEIC (Asociación Española de Investigación de la Comunicación), ULEPICC (Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura) o Confibercom (Confederación Ibero-Americana de Asociaciones Científicas y Académicas de Comunicación) para abrir una agenda que sigue siendo marginal, por no decir silenciada, en los propios circuitos de difusión académica si bien, hay que reconocer que, en el campo, fruto de los esfuerzos de la AEIC, se han venido conformando comisiones de política científica e impulsando proyectos de metainvestigación para hacer un diagnóstico consistente del estado del arte en el que nos encontramos. En los documentos de trabajo que tuvimos ocasión de redactar constatamos efectos notorios de captura y control de la práctica académica en Comunicación. Más aún los dispositivos desplegados operan y están presentes en la vida del cognitariado, definen y gobiernan su modus operandi, con el que han de compatibilizar viejos principios y modos de concepción de las Ciencias Sociales y las Humanidades clásicas según exigencias productivas e instrumentales inmediatas que son impuestas por las agencias y nuevos actores del sistema de ciencia y tecnología universalmente en menoscabo de los propios sujetos de conocimiento, la propia sociedad y la realidad local. En este contexto, adverso sin duda para la ecología del saber, son numerosas las cuestiones a analizar desde una perspectiva crítica: - El estudio de las formas de la subsunción del trabajo académico en la Comunicología. - El análisis de las políticas públicas del sistema de ciencia y tecnología y las nuevas formas de neocolonialismo comunicacional. - La imposición de nuevas gramáticas en la escritura académica. - Las contradicciones de la difusión del pensamiento comunicacional y los límites al desarrollo científico que imponen los oligopolios del conocimiento. - La crítica teórico-metodológica de los sistemas de indicadores de impacto y sociometría como cercamiento del trabajo creativo. - La problematización del derecho de propiedad intelectual y la defensa de sistemas de acceso libres para una Comunicología abierta. - La investigación de las formas de institucionalidad favorables a una economía de los bienes comunes del conocimiento comunicacional y la democratización de la práctica científica. - La transdisciplinariedad que las humanidades digitales y los modos de investigación en red, mediados tecnológicamente, imponen como exigencia al nuevo sujeto cualificado del conocimiento. No es objeto de este breve ensayo desbrozar lo que implica cada una de estas líneas de actuación. De ello nos hemos ocupado en varios trabajos, tanto desde la teoría del valor y la economía política del conocimiento, como analizando la deriva de la comunicación-mundo y la investigación dominante en el campo. Remitimos para el caso al lector a las fuentes de referencia y damos paso, que de eso se trata, a la provocación (Sierra-Caballero, 2015; Sierra-Caballero; Maldonado-Rivera, 2016). Es la hora de trabajar en común por el desplazamiento del campo, radicalizar la democracia cognitiva, cambiar la matriz del modelo de acumulación flexible para la emancipación social superando la división internacional del trabajo cultural por la puesta en valor de la vida, del bioconocimiento, del conocimiento sensible, evitando, como reivindica Boaventura Sousa Santos, el desperdicio de la experiencia, la potencia creativa, en fin, de las multitudes, de las gentes, de los ciudadanos. Es hora de una ruptura Comunicología abierta y ciencia ciudadana – Francisco Sierra-Caballero
Anuario ThinkEPI 2022 6 ??????????????????????????????????????????????????????????????????? v. 16. eISSN: 2564-8837 epistemológica que dé sentido a la comunicación conformando una comunidad académica consciente no específicamente de sus limitaciones y explotación sino sobre todo justamente de la necesidad de una ciencia con conciencia. Pues en esta disputa nos jugamos el futuro de la humanidad, y diríamos que de la propia vida. 3. Hacia una Comunicología del Sur y desde abajo Que el dominio de la lógica de la competencia y el estéril productivismo frente a la cooperación vienen agravando los desequilibrios y sistemas de cualificación del campo es evidente, como lo es que tal dinámica ha incidido de forma notoria en problemas como la renta tecnológica y la restricción de las libertades de la actividad creativa de los profesionales de la enseñanza y la investigación. Por ello, reivindicar el Conocimiento Abierto no es otra cosa que reconocer la existencia de un campo de disputa y lucha epistemológica a partir de las preguntas intempestivas que la teoría crítica tiene siempre a bien formular: Conocer QUÉ, para QUIÉN, desde DÓNDE. Cuestiones que apuntan, como parte de la dialéctica del impertinente cuestionamiento sobre la pertinencia, en dirección a la extensión del dominio público y la defensa de la información y el conocimiento como bienes comunes contra la dinámica de apropiación privada del saber social general. Proponemos por ello afirmar una Comunicología del Sur y desde abajo que piense la investigación para el cambio social en virtud, cuando menos, de cinco condiciones. A saber: 1) El acceso universal. El universalismo es un principio de la modernidad y de la propia ciencia desde el enciclopedismo. Pero en la actualidad, la materialización del sueño ilustrado, en un sentido expandido, con la red, al tiempo que ha logrado descentralizar los accesos ha privatizado las bases de datos e información sensible y necesaria para la reproducción social, reforzando las brechas de clase, género, etarias y territoriales que cuestionan el mito de la sociedad cognitiva como nueva Alejandría. 2) Los datos abiertos. No es posible una Comunicología abierta sin datos accesibles, reutilizables, de fiabilidad e interoperables. La apertura informativa, en términos incluso de la tradicional teoría del gatekeeping, es beneficiosa en la medida que garantiza la confiabilidad, la deliberación y el raciocinio en comunidad, así como la calidad y evaluación de los procesos de la propia práctica científica. Por ello, es un imperativo moral de la modernidad y una exigencia económico-política aún por cumplir en la sociedad cognitiva. 3) El software libre. La crisis de replicabilidad de la ciencia es un problema de política de comunicación al abonar las universidades el caldo de cultivo de plataformas privativas en lugar de código abierto. La vindicación del software libre es una prioridad para una política democrática de la comunicación y del conocimiento, pues no hay ciencia abierta sin código libre, sin participación de los usuarios ni estructuras de producción y soporte colaborativos. Por ello vienen surgiendo iniciativas como Orvium o Zenodo, servidores públicos, hardware libre y repositorios abiertos como los de Clacso para garantizar, en coherencia, la práctica creativa de la comunidad y el principio de accesibilidad propia de los datos abiertos requeridos. 4) La reproducibilidad. Un sistema de cierre clausura toda reproducción y transgresión, consustanciales a la actividad del libre pensamiento y, en general, a la actividad científica. De modo que es necesario socializar la caja negra que, metodológicamente, los estudios tienden a omitir en la difusión de resultados. Este requisito empieza a formar parte ya de las exigencias en convocatorias competitivas del sistema de ciencia y tecnología en muchos países, pero dista bastante de ser una práctica generalizada en grupos y equipos de investigación. 5) La socialización comunitaria. Fue Robert Merton quien describió el ethos de la ciencia, la cultura científica en términos de comunismo, de desinterés, de imparcialidad, de propiedad común del conocimiento como base necesaria de progreso de la ciencia. Pero vivimos en un sistema y política científica que socava toda forma de cooperación social. Por eso es necesario apostar por una ciencia ciudadana y socializar la tradicional lógica comunitaria de los profesionales de la investigación estableciendo una suerte de diálogo de saberes. Ello exige una pedagogía democrática abriendo el campo a una mirada holística y una institucionalidad inteligente y reflexiva sobre las prácticas teóricas que despliega el campo. La competencia, heredera de la matriz dominante del individualismo posesivo, y la lógica schumpeteriana de la destrucción creativa, más destructiva que transformadora, amenaza la libertad No hay procomún ni información y conocimiento posibles sin comunidad. Esta correlación estructural es la que está siendo quebrada con los cercamientos de las políticas de ciencia y tecnología Comunicología abierta y ciencia ciudadana – Francisco Sierra-Caballero
Anuario ThinkEPI 2022 7 ??????????????????????????????????????????????????????????????????? v. 16. eISSN: 2564-8837 de cátedra, establece redes clientelares y opacas y refuerzan una tecnocracia semifeudal en manos de los señores del aire y los administradores de la infraestructura comunicativa de la que depende hoy la actividad de investigación con la hipermediatización social de la ciencia. De ahí que resulte necesario pasar del desiderátum de la objetividad de las prácticas tradicionales de investigación a la objetualidad de las acciones en conjunto con la ciudadanía, siendo conscientes que “no habrá justicia social global sin justicia cognitiva global” (Santos, 2009, p. 12). Ya en la UE hay avances, apenas embrionarios, en esta dirección si leemos Digital Science in H2020. Recientemente, la Comisión Europea planteó en Open Innovation, open science, open to the world: A visión for Europe (European Commission, 2016) un escenario socializado de compartir y reutilizar datos científicos, hacer sostenible el diálogo de las comunidades científicas y almacenar, supuestamente, en el dominio público, el saber social acumulado. El primer paso ha sido problematizar la investigación aplicada como un ejercicio de responsabilidad social en las políticas de ciencia y tecnología y toca ahora repensar la dimensión constitutiva y constituyente de la ética y la comunicación, o la mediación social de la ciencia. Pero esto es mucho más que la comunicación de la ciencia para una investigación e innovación socialmente responsable, presupone un anclaje del punto de observación radicalmente distinto, basado en la participación de los actores sociales, y un abordaje teórico-metodológico que no solo colabore en red, sino que trame espacios comunes de articulación y cambio social como se viene apuntando por las autoridades comunitarias como metodologías en el diseño de escenarios de futuro (EASW, 1994) un modelo participativo para promover la innovación y seleccionar las herramientas y metodologías más apropiadas, canalizando el capital social de las comunidades y colectivos humanos en el cambio social, a partir de principios elementales como la apertura y reflexividad dialógica, la participación y el control democrático en las conclusiones, y la ética y política del conocimiento compartido en línea con tradiciones metodológicas como la investigación-acción participativa. Las nociones de e-ciencias, ciencia conectada, o ciencia abierta vienen, ciertamente después de la Declaración de San Francisco, siendo lenguaje común en la Comisión Europea y algunos gobiernos, como el de España, empiezan a plantearse nuevas matrices epistemológicas explorando las potencialidades de la ciencia ciudadana para otra política científico-tecnológica. El propio ministro de Universidades, Joan Subirats, ha iniciado un proyecto piloto en la UIMP para modificar la política de investigación hoy dominante, lo que sin duda puede considerarse un acierto, en línea con algunas aproximaciones del Libro Blanco sobre la e-ciencia de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) y que, esperemos, no queden en mera declaración de intenciones como con el modelo de ciudadanía digital a través de proyectos como e-Europe. Ello dependerá, a nuestro juicio, de las luchas incipientes para avanzar otro modelo de formación y desarrollo de las capacidades de investigación y formación del talento humano, cultivando nuevos ecosistemas mancomunados de socialización comunicacional, con una institucionalidad universitaria y académica al servicio de la sociedad y de los bienes comunes, en pro de infraestructuras y tecnologías abiertas, así como plataformas públicas y libres para la circulación de información, datos y conocimiento en cogestión y participadas. Sólo así es posible referenciar un modo de práctica académica distinta que trascienda la subsunción del trabajo intelectual por el capital. Ello presupone una Comunicología abierta, capaz de considerar “[...] aspectos, espacios y tiempos de la vida social antes no trabajados con el mismo conjunto de conceptos y de métodos ya existentes, produciendo así una red un poco más densa y continua de relaciones sociales, es decir, producir una síntesis cognitiva que implique un mayor conjunto de relaciones explicadas, aunque sea con el mismo conjunto de conceptos preexistentes” (Tapia, 2006). Desde este punto de vista, pensar la Comunicología abierta significa explorar el territorio local, construir genealogías del saber-poder informativo, reconocer los saberes locales, las costumbres y modos de producción comunales. Un modo de ver el mundo, de interpretarlo y de actuar sobre él que constituye propiamente una episteme con el cual recuperar lo que Collins, como recuerda Lafuente, denomina lo infraordinario, la memoria y subcultura, la dimensión tecnomaterial de las historias comunes que marcan y determinan los procesos sociales. Esta lectura necesariamente es histórica y, en consecuencia, o complementariamente, económico-política empezando por reconocer la ciencia, la Comunicología, en nuestro caso, como un bien público global, fruto del trabajo socialmente acumulado. “Es un error considerar el conocimiento simplemente como producto sin tener en cuenta el proceso de producción” (Broncano, 2020, p. 342). La Comunicología, concebida como Ciencia Aplicada de lo Común, no tiene razón de ser, en este contexto, si no a partir del reconocimiento y materialización del principio de autonomía y agencia, favoreciendo su voluntad experimental frente a todo intento de cierre categorial que es cuestionable Comunicología abierta y ciencia ciudadana – Francisco Sierra-Caballero
Anuario ThinkEPI 2022 8 ??????????????????????????????????????????????????????????????????? v. 16. eISSN: 2564-8837 desde una crítica de los límites en un tiempo, el del Capitalismo Cognitivo, en el que por fin aprendimos que pensar es vivir, y que vivir es pensar cómo habitamos juntos. En otras palabras, no hay procomún ni información y conocimiento posible sin comunidad. Esta correlación estructural es la que está siendo quebrada con los cercamientos de las políticas de ciencia y tecnología. La lógica del don que determina el progreso del saber demanda apertura y democracia epistémica acorde no solo con el espíritu de la época, con la estructura de sentimiento, por usar los términos de Raymond Williams, sino también una lógica escópica que multiplique los espacios de diálogo, que conforme foros de deliberación y contraste, espacios comunes de disenso y acuerdos, suprimiendo las fronteras tanto económicas de los oligopolios del conocimiento como las disciplinarias y mentales que encapsulan el saber para la vida, la comunicación para la praxis. En la era del Capitalismo Cognitivo, las formas de mediación entre tecnología, información y conocimiento requieren dinámicas vitales y articuladas que permitan su crecimiento y, por ende, su socialización. No hay saber posible necesario sin sabiduría compartida y ello presupone una ruptura o revolución epistemológica. “Las tres dimensiones del valor del conocimiento, la personal, la comunitaria y la institucional determinan el valor del conocimiento como un bien común que nace de la agencia humana. En las tres dimensiones se crean recursos comunes (y pueden) extenderse a otras formas institucionales que quizás no tengan una dedicación constitutiva al conocimiento, pero en las que la dimensión pública es esencial” (Broncano, 2020, p. 331). Desde este punto de vista, la cultura digital, cuya genealogía puede llevarnos no al patrón Silicon Valley sino a la contracultura revolucionaria que arranca con el movimiento obrero y que llega a nuestros días a la cultura libre, los laboratorios ciudadanos y medialabs, entre otras iniciativas de apropiación y adaptación creativa, apunta en dirección a la necesaria socialización de recursos y procesos de infoconocimiento. Hablamos, claro está, de un nuevo método y práctica teórica, empezando por la agenda de investigación y continuando con el modo de investigar desde una mirada sociocultural comprometida y crítica con el sistema de mediación. Una Comunicología abierta, transparente, colaborativa, sostenible, reciclable que va más allá de los planteamientos del Seminario ESOF (EuroScience Open Forum) y las políticas comunitarias. Proponemos en este sentido para el debate identificar qué agendas, qué institucionalidad y qué prácticas de comunicación y divulgación de la ciencia son posibles y necesarias en el paso del free flow information a la noción de citizenship science. 4. Conclusiones La declaración Science Commons (Thaney, 2012) y la vindicación de la comunidad académica de una ciencia ciudadana presupone, según hemos razonado, cambios epistemológicos y cognitivos, una ética de la cultura de investigación antagonista de la lógica de la mercantilización y cambios políticos estructurales en los procesos de organización y evaluación de la actividad investigadora que ha de transitar de la noción de ciencia abierta a ensamblajes complejos basados en la experimentación social de los laboratorios ciudadanos, hacia la investigación colaborativa, e incluso militante, y la apertura de espacios de participación y decisión, además de la cultura científica deliberativa. Ello exige al menos varios giros o rupturas epistemológicas que, de forma sucinta, pasamos a enunciar: 1. Un enfoque cultural humanista cualitativo De acuerdo con Ranciére, la esencia de la democracia no son los consensos sino los disensos que precisan cambiar el estado de cosas configurando nuevas relaciones entre espacios, ideas y sujetos. “Lo que el espíritu de Silicon Valley destruye en el transcurso de una generación y a una velocidad exponencial son los principios fundadores del humanismo europeo que afirman la autonomía del juicio y la libre elección, y que inducen un corolario, el principio de responsabilidad y el derecho de las sociedades a decidir su destino en común” (Sadin, 2018, p. 38). Vindicar hoy una mirada humanista significa, desde este punto de vista, no solo cuestionar la racionalidad neopositivista que domina el campo de los estudios en comunicación y la miopía intelectual que lo caracteriza, sino más bien plantear una relectura de la ilustración, una epistemología expandida (Lafuente dixit) acorde con el espíritu de nuestro tiempo. Hoy sabemos que “la riqueza del conocimiento está en la propia sociedad en donde existen diferentes saberes y que la universidad debe dialogar con dicha pluralidad para retroalimentar y generar, a su vez, más conocimiento sistemático con el fin de enriquecer la democracia y la materialidad que lo sustenta” (Chaves-Giraldo; Prieto-del-Campo; Ramírez-Gallegos, 2013, p. 210). Comunicología abierta y ciencia ciudadana – Francisco Sierra-Caballero
Anuario ThinkEPI 2022 9 ??????????????????????????????????????????????????????????????????? v. 16. eISSN: 2564-8837 En la era de la infocracia, además, la dialogía de Freire en favor de la escucha activa para escribir la historia en común es una precondición para todo agenciamiento colectivo. “Escuchar es un acto político en la medida en que integra a las personas en una comunidad y las capacita para el discurso. Crea un <nosotros>. La democracia es una comunidad de oyentes. La comunicación digital como comunicación sin comunidad destruye la política basada en escuchar. Entonces solo nos escuchamos a nosotros mismos. Eso sería el fin de la acción comunicativa” (Han, 2022, pp. 54-55). Una reflexividad compleja, propia de un ecosistema hipermediatizado como el actual, no puede renunciar a problematizar los puntos de anclaje y de observación, salvo que se asuma la racionalidad de la tecnocracia y su inconsciente. “En este caso, la autorreflexividad significa el reconocimiento de la incompletud cultural de la cultura propia tal como se percibe en el espejo de incompletud cultural de la otra cultura en diálogo” (Santos, 2010, p. 85). Un ejercicio de apertura que pasa por “construir una episteme en el cual desaparezca la mirada tradicional de <vinculación con la colectividad> dado que se entiende que la generación de conocimiento y su verdadera riqueza está en tener la capacidad de articular la acción cooperativa del intelecto colectivo que se encuentra dentro de la sociedad y que puede potenciarse a su vez con otras redes trans-nacionales” (Chaves-Giraldo; Prieto-del-Campo; Ramírez-Gallegos, 2013, p. 211). para trascender las nociones dominantes de espacio público que replican dicotomías cartesianas impuestas naturalmente al escindir cuerpo y mente, pasado y futuro, público y privado, individual y colectivo o actor/espectador. Esta racionalidad dualista está incluso en la tradición crítica, como puede uno observar en la teoría de la acción comunicativa de Habermas, y hace tiempo que viene siendo cuestionado por los procesos de hibridación y transformación de la economía moral de la multitud conectada. 2. Una mirada holística y reflexiva sobre la práctica teórica Los estudios de Mapcom1 demuestran la deriva reduccionista de la investigación actualmente, marcada por la lógica mercificada con el consecuente peligro de la circularidad “en la utilización no problematizada del método (llegar a conclusiones ya conocidas) y el riesgo de que la reducción de enfoque termine en detrimento del estudio de las tendencias de larga duración y de las relaciones entre las dimensiones micro y macrohistóricas” (Burke, 2010, p. 29). El primer paso, por lo mismo, que identificamos en AEIC fue la metainvestigación y ahora correspondería la devolución del conocimiento como autoanálisis de la propia actividad investigadora, más allá de la evaluación por pares. El desarrollo de metodologías participativas de investigación contribuiría considerablemente a esa mirada más holística. De acuerdo con Lafuente, “la noción de open science no solo tiene que conjugar todas las formas de acceso (papers, data y notebooks), sino también las de promover participación, ya sea incentivando la colaboración entre una heterogeneidad de actores (science shops, citizen panels, consensus conferences, participatory action-research, living labs, hackerspaces, laboratorios ciudadanos, design assemblies) ya sea expandiendo el diálogo de saberes y haciendo más porosas las fronteras entre la academia y la urbe, los expertos y los amateurs, el conocimiento de laboratorio y el de campo, el aula y la plaza o el experimental y el experiencial” (Lafuente, 2020). Desde el punto de vista de la comunicación, ello presupone: - La apertura de espacios públicos. - La formación de la ciudadanía. - La participación social. - El empoderamiento ciudadano. - Y el desarrollo de una nueva cultura del diálogo. En otras palabras, “la desmercantilización del conocimiento implica buscar formas alternativas de generación del mismo, que en esta nueva perspectiva deben recuperar su carácter colectivo y compartido por encima de los intereses privados. Si se reconoce que la generación de conocimiento tiene que ser hecha como parte de un proceso de acción colectiva en donde se discuten las problemáticas sociales, (...) se analizan multidimensionalmente, se construyen respuestas respetando diferentes saberes y se llega a soluciones-compromiso que buscan el bien común de la comunidad política, Comunicología abierta y ciencia ciudadana – Francisco Sierra-Caballero