La investigación histórica sobre la actividad volcánica de la edad moderna en Hispanoamérica.
Full text
169 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA DE LA EDAD MODERNA EN HISPANOMÉRICA María Eugenia Petit-Breuilh Sepúlveda Universidad de Sevilla El estudio sistemático del volcanismo histórico1 ha sido desde hace varias décadas un requerimiento de la comunidad científica2 ya que el conocimiento de la actividad volcánica y la emisión de los distintos materiales y procesos que se generan en una erupción contribuyen a realizar mejores pronósticos y planificaciones territoriales y de riesgo en las zonas vulnerables.3 Sin embargo, estos planteamientos, a pesar de parecer coherentes y lógicos, se complican cuando durante el proceso de desarrollo de este trabajo deben confluir los criterios y enfoques de las ciencias sociales y de las experimentales. Por otra parte, es un hecho que en la actualidad casi todos los volcanes activos cercanos a ciudades o pueblos necesitan estudios de riesgo volcánico y para que éstos sean más confiables necesitan del desarrollo de una documentada cronología eruptiva histórica (ceh), entendida como «el conjunto de datos y descripciones que se encuentran en las fuentes escritas –crónicas, viajeros, investigadores, revistas, diarios y otros–, que Nota: La realización de este estudio ha dispuesto de una ayuda económica del Plan Andaluz de Investigación de la Junta de Andalucía concedida al Grupo de Investigación «Mentalidad, sociedad y medioambiente en Andalucía e Iberoamérica en la Edad Moderna» (HUM 785). Correo electrónico: <[email protected]>. 1. Se entenderá como volcanismo histórico aquel que pueda ser registrado mediante documentos gráficos, escritos o arqueológicos; en el caso de la América hispana la mayoría de los datos no tienen más de quinientos años, aunque en las regiones nucleares de Mesoamérica y los Andes es posible contar con antecedentes arqueológicos anteriores a la llegada de los europeos al continente, hasta unos 3 000 años antes de Cristo. 2. Robert Tilling (ed.): Los peligros volcánicos, Estados Unidos, Organización Mundial de Observatorios Vulcanológicos (wovo), 1993, p. 5 y p. 27. Ramón Ortiz (ed.): Riesgo volcánico, Cabildo Insular de Lanzarote, Serie Casa de Los Volcanes-cisc, 1996, pp. 9-10. 3. Mauricio Ruiz Pérez: Vulnerabilidad territorial y evaluación de daños poscatástrofe: una aproximación desde la geografía del riesgo, Madrid, Universidad Complutense, 2011, p. 70.
170 María EugEnia PEtit-BrEuilh SEPúlvEda tengan relación con fenómenos eruptivos»;4 sin embargo, esta función la están desarrollando habitualmente geólogos que, a modo de antecedentes generales, incluyen en sus informes aportando datos parciales y poco contrastados ya que, en general, no cuentan con profesionales de la historia para el desarrollo de este trabajo. En este sentido, existe una gran necesidad de conocimiento de los hechos del pasado, especialmente de los siglos xvi al xviii, que corresponden a una etapa casi desconocida para la mayoría de los investigadores experimentales (geólogos, volcanólogos, geofísicos, matemáticos, etc.), y a los pocos antecedentes a que ellos pueden acceder, no tienen verdaderamente criterios de validación histórica para saber si son confiables o no, por lo que en general, desconfían de la información disponible e incluso llegan a desecharla. Este asunto ha sido descrito en varias publicaciones como lo hizo Scott citando a Blong (1982) cuando reseñaba: «Incluso registros históricos más extensos tienen un uso limitado debido a que las descripciones de erupciones pasadas, muchas de las cuales han sido transmitidas en forma verbal, no fueron hechas por vulcanólogos experimentados, y son difíciles de interpretar».5 El tema es que para realizar una planificación eficiente como, por ejemplo, un estudio de peligros volcánicos,6 riesgo7 o vulnerabilidad8 es sabido que cuanto más amplio sea el periodo de tiempo analizado, mejores serán los pronósticos futuros, especialmente, cuando estamos hablando de procesos geológicos. En este sentido, debido a la falta de datos históricos contrastados en algunas ocasiones los científicos y planificadores solo se limitan a realizar aproximaciones estadísticas ya que a veces es la única herramienta que tienen para describir un fenómeno; así se acude a «la estadística cuando solo se dispone de datos experimentales y no de modo determinista, por ello algunos la definen como la formalización de la ignorancia ya que ésta nunca va a poder contestar las preguntas básicas de la gestión del desastre: el donde, cuando y como».9 Por otra parte hay que tener en cuenta, que si un volcán ha tenido erupciones históricamente, lo más probable es que vuelva a desarrollar una actividad similar o incluso de mayor magnitud, ahí es donde los estudios históricos –que pueden arrojar información 4. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: «Una nueva aproximación metodológica al estudio de fenómenos volcánicos, en le marco de la Geografía Histórica», en Actas del Primer Congreso Nacional de Estudios Geográficos, Chile, Universidad de Concepción, 1991, p. 3. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: «Contribución al conocimiento de la cronología eruptiva histórica del volcán Villarrica (39º25’S), 1558-1985», Revista Frontera (Temuco, Chile), n.º 13 (1994), p. 71. 5. William Scott: «Zonificación de los peligros volcánicos y predicciones a largo plazo», en Robert Tilling, op. cit., p. 27. 6. Peligro entendido como la «probabilidad de que un área determinada sea afectada por procesos o productos volcánicos potencialmente destructivos en un intervalo dado de tiempo», en Robert Tilling, op. cit, p. 2. 7. Riesgo es la probabilidad de pérdida –de vidas humanas, propiedades, capacidad productiva, etc.– dentro de un área sujeta a (los) peligro (s), en Robert Tilling, op. cit, p. 2. 8. La vulnerabilidad es una medida de proporción (0 hasta 100%) del costo susceptible a ser perdido en un evento peligroso dado. Este concepto se ha desarrollado desde los años 70 de siglo xx debido a su relación con distintos tipos de desastres y problemas relacionados con el desarrollo o falta de éste de los países más pobres. 9. Mar Astiz, Alicia García y Ramón Ortiz: «Análisis estadístico. Simulaciones», en Ramón Ortiz (ed.), op. cit., p. 99.
171 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... del pasado reciente– se complementan con los trabajos geológico-volcanológicos que pueden llegar a precisar las erupciones más explosivas de un volcán, incluso en los últimos diez mil años. En el caso de los volcanes es necesario poder determinar cual seria él o los escenarios probables si se produjera una reactivación, con mayor razón si existen centros poblados en las cercanías. Si a todo lo anterior, le agregamos el hecho de que Hispanoamérica en su borde occidental –océano Pacífico– coincide con una de las zonas más activas del denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, –por lo tanto, allí se encuentran casi todos los volcanes activos de la región (figura 1)– es evidente que es necesario realizar un esfuerzo científico multidisciplinar para resolver, en la medida de lo posible, esta dificultad de comunicación y confianza entre áreas y materias científicas ya que el progresivo aumento de la población en zonas de riesgo volcánico, hace que este tipo de proceso geológico que hasta hace algunas décadas afectaba a zonas muy concretas, sea cada vez un problema mayor para los habitantes y un riesgo para el desarrollo económico de sus territorios. 10. José Luis Díez Gil (ed.): Elementos de volcanología, Serie Casa de Los Volcanes-cisc, Cabildo Insular de Lanzarote, 1992, p. 27. Figura 1. Esquema y elementos principales del margen continental activo sudamericano.10 PLACA DE COCOS PLACA DE NAzCA Nazca Cocos Carnegie Juan Fernandez Dorsales Grabens-rifts Volcan activo Plano sísmico, profundidad en km Fosa 150 150 150 150 150 150 150 600 600 600 70º 150
172 María EugEnia PEtit-BrEuilh SEPúlvEda En este sentido, quizás la investigación histórica sobre la actividad volcánica, sea una importante oportunidad para los historiadores que quieran contribuir a la sociedad en que vivimos trabajando en casos concretos y aplicados; ya que estas investigaciones no solo pueden llegar a salvar vidas, sino que contribuyen a la planificación sostenible de las áreas potencialmente vulnerables. En muchos casos, en particular en la región andina de Hispanoamérica, la población más pobre se encuentra asentada en lugares de riesgo como zonas de montañas susceptibles de ser perjudicadas por aluviones, flujos de detritos11 o cerca de volcanes activos. Aparte de todo lo comentado hasta ahora, los estudios relacionados con la actividad volcánica cobran una novedad especial debido al tiempo en el que vivimos ya que antiguamente una erupción afectaba solo a los lugares más cercanos a los centros de emisión (ya fuera por coladas de lava o eyección de piroclastos) o como máximo a un nivel regional; incluso dentro del conjunto de los mal llamados «desastres naturales»12 como terremotos, tsunamis, remociones en masa, huracanes y sequías las erupciones volcánicas son los procesos que proporcionalmente han ocasionados menos daños económicos y muertes en los últimos cien años. En este marco de análisis, la erupción más catastrófica de la historia (Tambora, Indonesia, 1815) se cobró la vida de unas 92.000 personas, lo cual es poco comparado con las 500.000 víctimas de uno de los peores huracanes registrados (Delta del Ganges, Bangladesh, 1970); en este contexto, quizás el mayor desastre asociado a un proceso geológico en la historia ha sido el terremoto de Huahsien (Shensi, China) en 1556, donde murieron más de 820.000 personas (DeNevi, 1977).13 En el caso de Hispanoamérica, uno de los más importantes desastres volcánicos se produjo en Colombia cuando el volcán Nevados del Ruiz generó un lahar14 el 13 de noviembre de 1985 que sepultó por tercera vez en su historia a la ciudad de Armero,15 y murieron alrededor de 22.000 personas.16 11. vv. aa.: Movimiento en masa en la región andina: una guía para la evaluación de amenazas. Proyecto multinacional andino: Geociencias para las Comunidades Andinas, Publicación Geológica Multinacional, n.º 4, Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile, 2007. 12. Andew Maskrey y Gilberto Romero: «Como entender los desastres naturales», en Andrew Maskey (comp.): Los desastres no son naturales, La Red, Bogotá, 1993, p. 7. 13. Robert Tilling, op. cit, p. 3. 14. Término de origen indonesio para designar movimientos de masa tipo flujo que corren por las laderas de un volcán. Los lahares son aluviones o corrientes mixtas de agua, restos de rocas y todo tipo de materiales que existen en un área volcánica generados por una erupción o por lluvias torrenciales. En un proceso asociado al volcanismo de carácter altamente destructivo, pero limitado a los valles que nacen en el volcán. Se ha estimado que la velocidad media con la que avanza un lahar varía entre los 15 y los 80 km/h; por su parte, el depósito que deja es, aproximadamente, un tercio del espesor que tuvo la ola. 15. El originario pueblo de indios de Armero (actual Colombia) fue destruido totalmente por una erupción volcánica del Nevado del Ruiz en 1595; fue reconstruido en el mismo lugar y en 1845 y la ruina vino nuevamente por una erupción del mismo volcán. En 1985, los habitantes de la ciudad de Armero, desoyendo las recomendaciones de los científicos, perecieron bajo los escombros que produjo un aluvión de origen volcánico –lahar– que se formó cuando las explosiones y una colada de lava derritieron parte del glaciar que este volcán tiene en su cumbre. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: Desastres naturales y ocupación del territorio en Hispanoamérica, Huelva, Publicaciones de la Universidad de Huelva, Huelva, 2004, pp. 208-212, p. 213 y p. 272. 16. La cifra oficial de la presidencia de la República de Colombia de los fallecidos en la ciudad de Armero por los lahares del volcán Nevados del Ruiz en 1985 fue de 21.698 habitantes. Los efectos devasta-
173 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... Por otra parte, hay que recordar que en la sociedad contemporánea la estructura económica se basa en «invertir, ganar o perder» y todo ello en un tiempo lo más breve posible; por este motivo, el saber cuanto «le va a costar el volcán» a una región determinada en los próximos años tiene cada vez más interés para los inversionistas y a ello se dedican intensivamente las grandes compañías de seguros.17 Esta es precisamente una de las áreas en que las investigaciones históricas podrían hacer aportes concretos. A todo lo anterior hay que agregar que en la actualidad, las telecomunicaciones y especialmente, los vuelos comerciales entre ciudades y países se ven afectados cuando han ocurrido erupciones explosivas que han paralizado aeropuertos en varios lugares del mundo como en Europa; en este sentido, baste recordar el caso del volcán Eyjafjallajökul (Islandia). A este respecto, el propio secretario de la Organización de Aviación Civil Internacional expresaba en Montreal el 5 de marzo de 2012 que «las erupciones del volcán Eyjafjallajökul ocurridas en 2010 en Islandia tuvieron un impacto sin precedentes en los viajes aéreos, que nos forzó a armonizar nuestros textos de orientación con los últimos adelantos tecnológicos y científicos».18 Asimismo, en Hispanoamérica, los últimos casos de erupciones que han afectado a los vuelos comerciales de distintos aeropuertos se han producido en Guatemala, como consecuencia de la erupción del volcán Fuego que se inició en octubre de 2011 y se mantuvo con actividad esporádica hasta febrero de 2012; también en Ecuador existieron incidentes como consecuencia de las explosivas erupciones del volcán Reventador en 2002 y en mayo de 2005 y especialmente en Chile, donde las explosivas e intermitentes erupciones de los volcanes Chaitén (entre mayo de 2008 y 2009) y en particular, el Cordón Caulle (2011-2012) condicionaron los vuelos civiles que salían desde y hacia Argentina (fotografía 1), hacia el norte de Chile e incluso Brasil, debido a los riesgos que ocasiona la introducción de la ceniza (en muchos casos pómez) en las turbinas de los aviones19 y que pudieran haber producido un accidente aéreo.20 dores se extendieron a los campos, la industria, el sistema vial y las poblaciones de Chinchiná y Honda en una extensa región muy productiva del norte del Departamento del Tolima. Juan Montero: «Flujos de detritos (lahares) catastróficos del volcán Nevados del Ruiz, Colombia, 11 de noviembre de 1985», en vv. aa., op. cit., p. 369. 17. Ramón Ortiz, op. cit., p. 99. 18. Comunicado de prensa de la oaci, Montreal, 5 de marzo de 2012. 19. Entrevista a Thomas Casadevall, especialista en Seguridad Aérea y Riesgo Volcánico del Servicio Geológico de Estados Unidos, «La vulcanología y nuestros recursos», Educar, 30 de julio de 2008. <http:/portal.educ.ar/noticias/entrevistas/thomas-j-casadevall-la Vulcano-1.php>, consultado el 9 de abril de 2012. 20. Thomas Casadevall: Volcanic Ash and Airports, Denver, Colorado, U. S. Geological Survey, 1993, 59 pp. Thomas Casadevall: Volcanic Ash and Aviation Safety: Proceedings of the First International Symposium on Volcanic Ash and Aviation Safety, Washington, United States Government Printing Office, 1994, 102 pp. Dirección General de Aeronáutica de Chile: Procedimiento a seguir por las oficinas meteorológicas en caso de erupciones volcánicas, dap 03 05, febrero de 2008, 25 pp.
174 María EugEnia PEtit-BrEuilh SEPúlvEda Es evidente, que la historia debe tomar la iniciativa y aportar en el conocimiento de la frecuencia de los procesos naturales que pudieran tener efectos catastróficos en la sociedad; en este sentido, debo destacar que esta función se debe realizar no como una ciencia auxiliar, sino con la responsabilidad y autoridad que le confiere el hecho de poseer todas las herramientas necesarias para poder responder de forma completa en todo lo concerniente a la respuesta humana ante los desastres21 y, por supuesto, al manejo y conocimiento de la información de nuestro pasado documentado. Además de estos importantes aportes que se pueden hacer desde la historia al análisis global de la problemática de las catástrofes naturales, también está la contribución en la mejora de los inventarios de diversos procesos catastróficos como lo son las cronologías eruptivas históricas (ceh); esto solo es posible de hacer mediante un 21. Se entiende que los desastres no son «naturales»; entonces son procesos físicos, químicos, biológicos o antrópicos que sobrepasan la capacidad de respuesta de una sociedad determinada. Fotografía 1. Vista aérea de la dispersión de la pluma de cenizas y pómez emitida por el volcán Chaitén (Chile) en mayo de 2008; como puede verse en la imagen el material particulado sobrepasó la costa atlántica sobre la localidad de Comodoro Rivadavia (Argentina).
175 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... desarrollo metodológico riguroso –realizando una revisión de archivos y bibliotecas de diversos lugares y orígenes–, propio de los estudios básicos de historia. En este sentido, es preciso recordar que los criterios de validación de los datos encontrados en fuentes diversas del pasado reciente solo pueden ser avalados o discutidos por los historiadores, dando así credibilidad a unos registros e informaciones que más tarde, los investigadores experimentales podrán utilizar en sus pronósticos y proyecciones (figura 2). De este modo, es necesario trabajar y mejorar las metodologías empleadas en este tipo de estudios para que sean lo suficientemente confiables y entendibles por todos los científicos y técnicos que requieran de ellas. 22. Robert Tilling, op. cit., p. 6. Figura 2. Diagrama que ilustra el hecho que un programa efectivo de reducción de los peligros y riesgos volcánicos debe sustentarse sobre una base sólida de estudios básicos a largo plazo. El ápice está separado del resto del triángulo para ilustrar la división de las responsabilidades primarias entre los científicos y las autoridades civiles.22 planes de contingencia aviso sobre desastres preparación en caso de desastres planificación del uso del terreno aviso sobre peligro educación del público, de los medios de comunicación y los niveles de decisión vigilancia volcánica y programas de investigación científica entidades gubernamentales niveles de decisión planificadores autoridades ejecutoras comunidad científica entidad científica responsable instituciones académicas pronósticos de erupciones programas de concientización sobre los peligros mapas de zonificación de la peligrosidad volcánica comportamiento pasado y presente de cada volcán estudios básicos sobre volcanes Procesos eruptivos Productos volcánicos Fenomenología volcánica Modelos eruptivos Intervalos de recurrencia Redes de vigilancia Entonces, si los antecedentes sobre catástrofes naturales que utilizan geólogos, geofísicos, ingenieros, arquitectos y planificadores en general, no están legitimados correctamente con el apoyo de historiadores, de poco o nada servirán sus análisis y conclusiones ya que estarán basados en conocimientos incompletos o incorrectos. Así, tradicionalmente, se han publicado variados trabajos relativos a la reducción de los de-
176 María EugEnia PEtit-BrEuilh SEPúlvEda sastres –de distintas índoles– y se han diseñado complejos sistemas informáticos para enseñárselos a las autoridades y a las poblaciones afectadas por peligros volcánicos, pero la verdad es que no tienen ningún sentido si solo se realizan utilizando extrapolaciones y renunciando a los datos empíricos que nos da la historia. Hay que insistir en el aporte de la historia en los estudios sobre la actividad volcánica, ya que se ha demostrado que el análisis estadístico que posibilita una completa ceh podría poner de manifiesto pautas de comportamiento estacional en determinados volcanes, «cuya razón debemos buscarla en la influencia que determinados parámetros externos, como las mareas o la temporada de lluvias, ejercen sobre la actividad volcánica». Esto por ejemplo se puede visualizar analizando la ceh del volcán Villarrica (Chile) donde se aprecia que la actividad aumenta en los meses finales del año que corresponden a la llegada del verano austral (21% de erupciones en diciembre, 16% en octubre y noviembre).23 23. Ramón Ortiz, op. cit., p. 108. 24. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: «Contribución al conocimiento de la cronología eruptiva histórica del volcán Villarrica (39º25’S), 1558-1985», Revista Frontera (Temuco, Chile), n.º 13 (1994), cuyos datos fueron reelaborados en Ramón Ortiz, op. cit., p. 108. Figura 3. Actividad mensual del volcán Villarrica.24 También en este sentido, es preciso reflexionar sobre otro aspecto fundamental que es el lenguaje en que los historiadores deben plasmar sus investigaciones para que sean tomadas en cuenta por los planificadores y ese es el lenguaje científico; por este motivo es necesario estar al día en la forma en que las diversas disciplinas se refieren a las características de los procesos físicos o químicos que pueden llegar a ser catastrófi-
177 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... cos, en este caso, la volcanología.25 Si los historiadores nos quedamos con los términos históricos –los que aparecen en los documentos de la Edad Moderna, por ejemplo– y no los traducimos a conceptos actuales, sin duda, una valiosa información será desechada por ser considerada «coloquial» o «antigua». De este modo, un desafío planteado a los historiadores que deseen trabajar en este ámbito del conocimiento es llevar esos datos históricos al lenguaje actual, científico, que no deje dudas de lo que se está describiendo: como por ejemplo, una erupción volcánica con emisión de lavas y piroclastos (no «fuego y piedras ardiendo»), coladas de lava (no «piedras quemadas»), flujos de piroclastos, columna de gases y vapor de agua, generación de lahares, etc. En este punto de la reflexión, es posible identificar al menos dos líneas de trabajo en que un historiador interesado puede contribuir en el estudio de los desastres, en particular de las erupciones volcánicas y sus efectos en la sociedad: 1. Los análisis de riesgo, peligro o vulnerabilidad y 2. Los estudios que examinan los comportamientos humanos ante diversos fenómenos en momentos de calma y/o en tiempos de actividad (mentalidad o historia social). Con respecto a los estudios de riesgo, peligro o vulnerabilidad los historiadores pueden contribuir renovando, como ya hemos comentado anteriormente, las cronologías eruptivas históricas (ceh), y una posibilidad de partida es mejorar las ya desarrolladas por el grupo de investigación del Smithsonian’s Global Volcanism Program, donde hace algunos años se ha optado por una metodología básica de presentación de los datos;26 de este modo, las investigaciones pueden insertarse fácilmente en esta base global de información que ya es conocida por los especialistas que se dedican a la volcanología en distintas universidades o en los varios observatorios volcanológicos que funcionan en América y el resto del mundo. Aquí uno de los mayores retos que tiene el investigador es tener la capacidad para poder asignar el Índice de Explosividad Volcánica (iev)27 sobre la base de los datos históricos obtenidos (figura 4); este índice que es una escala semicuantitativa (0-8) que mide el tamaño de una erupción analizando una serie de características visibles y medibles como son el tipo de material emitido, la altura de la columna y la duración de la actividad explosiva, entre otras cosas; aunque no es capaz de valorar adecuadamente las grandes erupciones efusivas de tipo basáltico. 25. «La volcanología es el estudio de los volcanes, en este contexto de la dinámica global, constituye una disciplina científica de amplio espectro por sus ramificaciones en los campos de las ciencias geológicas, físicas y químicas». Vicente Araña: «El fenómeno volcánico. La volcanología», en José Luis Díez Gil, op. cit., p. 19. 26. Tom Simkin & Lee Siebert, op. cit., pp. 20-31. Este catálogo de las erupciones de los volcanes activos del mundo se revisa cada diez años con el fin de modernizar los datos –especialmente, de las erupciones más antiguas y de las más actuales–, o sea, en 2004 se publicó la tercera edición; con todo, en 2010 se publicó una tercera edición actualizada de 580 páginas y editada en California. 27. Christopher Newhall y Stephen Self: «The Volcanic Explosivity Index (vei) An Estimate of Explosive Magnitude for Historical Volcanism», Journal of Geophysical Research, vol. 82, n.º c2(1982), pp. 1231-1238.
184 María EugEnia PEtit-BrEuilh SEPúlvEda Sin duda, en el proceso de refundación de las ciudades se intentaría dejar atrás un pasado, generalmente poco grato y el nuevo nombre significaría también una nueva oportunidad y el deseo de tener una mejor suerte para esa comunidad que recomenzaba. Junto con todo lo antes planteado, para resolver estos dilemas con los que se puede encontrar el investigador que intenta desarrollar la ceh de un volcán específico es fundamental apoyarse en la cartografía histórica existente43 para poder comparar la toponimia de distintas épocas y detectar así eventuales cambios en los nombres de los lugares; del mismo modo, es recomendable la consulta de diccionarios geográficos realizados durante la Edad Moderna44 –los hay generales y regionales– y así, junto con la cartografía histórica es posible verificar la localización real del lugar que se desea estudiar. Como se ha comentado anteriormente, el cruce de información de distintos orígenes es fundamental para poder contrastar los datos; en el caso de estudios específicos lo ideal sería llegar a las fuentes primarias, incluso es interesante dar con los relatos de los informantes que vieron y dejaron los registros documentales de la erupción. Es importante no desechar ningún tipo de información y esta puede ser de tipología variada como documentos escritos, croquis o dibujos (figura 5), mapas, poemas, leyendas, etc. Teniendo en cuenta todo lo antes comentado, es preciso clarificar que para poder realizar de forma óptima el estudio de un volcán, aunque sea un estudio histórico, es conveniente conocer sus características como su composición química, la zona geodinámica en la que se encuentra, ya que de ese modo es posible valorar la información histórica con más antecedentes; por ejemplo si un relato del siglo xvi o xvii describe que se «veía o se olía al demonio» en una erupción, pudiera darnos información real. Si un volcán es de composición andesítica (por ejemplo silícea 60-63% SiO2), eso significaría que sus erupciones serían más bien explosivas, con altas columnas eruptivas –más de 10 km sobre el cráter–, que podría tener episodios de eyección de pómez, gases volcánicos con olor a azufre y generar en la columna eruptiva rayos en su interior que en la noche se verían como una tormenta eléctrica; todo esto visto por una persona del siglo xvi o xvii bien podría ser la estampa del infierno y ello explicaría la realización de conjuros y exorcismos y todo tipo de expresiones religiosas. El hecho que en la Edad Moderna se describieran relatos fantásticos asociados a erupciones volcánicas no significa que fueran necesariamente falsos, lo que sucedía es que sus protagonistas los explicaron según el conocimiento de la época muy cargada de supersticiones y miedos. 43. Uno de los mejores mapas generales de la Edad Moderna para la América hispana y portuguesa fue el realizado en 1775 por Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, titulado Mapa geográfico de la América Meridional; de él destaca la detallada toponimia que reseña, en particular de los volcanes andinos. 44. No se puede dejar se consultar el trabajo de Antonio de Alcedo y Herrera: Diccionario geográficohistórico de las Indias Occidentales o América, tomos 1-5, Madrid, Imprenta de Manuel González, 1789; en 1967 la Biblioteca de Autores Españoles, Ediciones Atlas, Madrid, sacó una edición facsimilar de esta obra que abarca los tomos 205 al 208.
185 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... Según mis investigaciones, la primera vez que se hicieron sonar las campanas en la América hispana con el objeto de exorcizar una erupción explosiva46 fue el 14 de julio de 1582 en Quito, debido a la actividad vulcaniana del Pichincha; así, en palabras del alcalde ordinario de la ciudad Toribio de Ortiguera «parecía hundirse el mundo»: ...era tanta la piedra viva que llovía arrancada del propio volcán mezclada con ceniza, con tanta priesa y velocidad, que hacia gran ruido en los tejados, más que cuando graniza muy recio y espeso. Había entre estas piedras algunos como garbanzos y lentejas, mayores y menores...47 45. © Ministerio de Cultura. Archivo General de Indias (agi). mp-Panamá, 180. Como en el caso de este dibujo de la erupción del volcán Tungurahua, la mayoría de este tipo de documentos iban acompañados de informes detallados de los materiales emitidos y los daños producidos a la población. 46. Se hacían sonar las campanas ya que éstas habían sido bendecidas y se creía que el sonido espantaría al demonio en caso de que éste fuera el causante del desastre. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: «Conjuros y exorcismos ante los desastres naturales...», op. cit., p. 337. 47. Manuel Jiménez de la Espada: «Una ascensión a el Pichincha en 1582», Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, tomo xxiv, primer semestre (1888), p. 23. Figura 5. Erupción del volcán Tungurahua (Ecuador), 1773.45 Se aprecian dos coladas de lava que salen de uno de los cráteres activos, una de las cuales llega hasta a la confluencia de los ríos Chambo y Patate; se observa también la generación de dos columnas eruptivas y la eyección de piroclastos de diversos tamaños.
186 María EugEnia PEtit-BrEuilh SEPúlvEda Las erupciones vulcanianas se caracterizan porque entre los materiales emitidos se encuentran además de los piroclastos –magma fresco–, algunos fragmentos de roca arrancados desde la chimenea del volcán y las columnas eruptivas pueden llegar a tener más de 20 kilómetros de altura sobre el cráter; estas particularidades le asignan una mayor explosividad y todo esto provoca mucho temor en la población. Sin duda, una de las erupciones más dramáticas por su explosividad, duración y daños en Hispanoamérica durante la Edad Moderna fue la actividad pliniana48 del Huaynaputina que tuvo un primer ciclo eruptivo desde el 19 de febrero de 1600 hasta el 15 de marzo de ese mismo año dejando un saldo de centenares de muertos y cuantiosos daños materiales tras 26 días en que Arequipa –a 56 km del citado volcán– y otras localidades padecieron la caída permanente de ceniza y lapilli; sin embargo, las reactivaciones se mantuvieron intermitentes durante casi tres años. En la época la actividad volcánica explosiva del Huaynaputina fue considerada como un «castigo de Dios», de ahí la gran cantidad de rituales y ceremonias que se organizaron para intentar aplacar «su ira»; también fue contemplada la opción de que fuera provocada por el demonio, por este motivo se efectuaron al menos cuatro exorcismos a la nube de gases y cenizas entre los días 19 y 28 de febrero de 1600, posiblemente, atendiendo al pánico y desastre que estaba provocando la erupción en la región y especialmente en la población de Arequipa. Diego de Ocaña, protagonista de aquella erupción señaló: Y toda aquella noche del sábado (19 de febrero de 1600) hubo unos truenos tan espantosos que no se sabe haber oído cosa de mayor ruido que lo que entonces se oía todas las veces que el volcán disparaba aquel fuego. Y así no hubo persona que en toda aquella noche ni en los ocho días siguientes durmiese ni reposase, porque en cuarenta horas estuvieron en perfectas tinieblas sin saber si era de día o de noche, ni qué hora era por no haber quedado reloj ni cosa con cosa, entendiendo todos que era el fin del mundo por el fuego grande y globos que el volcán arrojaba. Y entonces no sabían que había sido el volcán sino que era fuego del cielo; y como tenemos por fe que ha de ser por fuego el último fin, entendieron realmente que entonces era y que ya era llegada la última hora.49 Sin duda, éste y otros relatos contemporáneos a la erupción del Huaynaputina registran la gran magnitud que alcanzó a todos los niveles de la sociedad, ya fuera material como espiritual. 48. Las erupciones plinianas son las erupciones magmáticas más violentas; la energía y características de éstas dependen de diversos factores como son la cantidad de gases disueltos en el magma, la reología del magma, la forma y dimensiones de la boca de emisión y, especialmente, del volumen de magma extruido. La característica principal de las erupciones plinianas, aunque no es exclusiva de ellas, es la formación de una columna vertical, constituida por gases y piroclastos, de gran altura (de 30 km o más) y que presenta una típica forma de champiñón. Joan Martí y F. Colombo: «Erupciones explosivas. Piroclastos», en José Luis Díez Gil (ed.), op. cit., p. 77 49. Diego de Ocaña: A través de la América del Sur, Crónicas de América 33, Madrid, Historia 16, 1987, p. 208.
187 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... Mientras duró la erupción del Huaynaputina se emitieron tales cantidades de pómez tamaño ceniza y lapilli que en la época existió la convicción de que sus materiales particulados llegaron al menos hasta Centroamérica (Nicaragua).50 Los efectos de esta erupción llegaron a ser tan globales que estudios actuales han detectado cambios paleoclimáticos en el centro de España asociados a la erupción del volcán Huaynaputina de 1600.51 Esta es una evidencia histórica de algo que hoy saben muy bien los científicos, y es que la actividad volcánica puede llegar a ser una verdadera amenaza para la humanidad, pues las densas columnas eruptivas que se elevan a más de 10 km pueden influir en el clima mundial –erupciones estrombolianas (<10 km), vulcanianas (<20 km), subplinianas (<30 km) y plinianas (< 55 km)52–. De esta forma si importantes volúmenes de ceniza y de gases de azufre son eyectados hasta la estratósfera53 pueden llegar a dar la vuelta al mundo; así las partículas sólidas en suspensión no permiten que los rayos del sol penetren en la atmósfera dando lugar a una disminución de la temperatura si el proceso se mantiene durante un tiempo considerable, como semanas o meses. Otro ejemplo de descripción fantástica que si se analiza es totalmente verosímil es la del volcán Llaima (Chile) en febrero de 1640. Fue una actividad explosiva que se caracterizó por la emisión de flujos de piroclastos que derritieron el glaciar de la cumbre del volcán generando lahares que llegaron hasta el valle; el cronista Alonso de Ovalle reseñó lo siguiente: y fue así que en la tierra, y jurisdicción del cacique de Aliante, reventó un volcán, y comenzó a arder con tanta fuerza, que arrojaba de dentro peñascos, y grandes montes encendidos con tan formidable estruendo, que del espanto, y pavor afirman mal parieron todas las mujeres, que en todo aquel contorno había preñadas.54 Por su parte, el jesuita Diego de Rosales agregaba de esta erupción: ...despedazó cerros, tronchó árboles, y vomitando ceniza, y piedra y azufre, terraplenó las lagunas, detuvo los ríos, y rebalsados inundaron la tierra, hasta que rompieron por varias partes, corriendo sus aguas calientes de las piedras, y ceniza, y espesas como lejía. Cociéronse los peces, y ardían los riscos como si fuera leña seca.55 50. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: «La historia eruptiva de los volcanes...», op. cit., p. 99. 51. Mar Génova: «Extreme pointer years in tree-ring records of Central Spain as evidence of climatic event and the eruption of the Huaynaputina Volcano (Perú, 1600 ad)», Climate of the Past, n.º 8 (2012), pp. 751-764. 52. Ray Cas y John Wright: Volcanic Successions: Modern and Ancient, Londres, Chapman & Hall, 1987. 53. La estratósfera es la segunda capa de la atmósfera y se extiende entre los 9 y los 18 km hasta los 50 km de altitud. 54. Alonso de Ovalle: Histórica relación del reino de Chile y de las missiones y ministerios que exercita en él la Compañía de Jesús, Roma, Francisco Cavallo, 1646, p. 302 55. Diego de Rosales: Historia general del Reino de Chile, Flandes Indiano (1646), Santiago de Chile, Imprenta El Mercurio, tomo 1, p. 191.
188 María EugEnia PEtit-BrEuilh SEPúlvEda Este escenario dantesco causó una inmensa impresión en los españoles que allí se encontraban y así en su mentalidad llegaron a describir una batalla celestial entre los guerreros indígenas y los hispanos dirigidos por Santiago apóstol (figura 6), al unísono de los ruidos provocados por las explosiones del volcán Llaima.56 56. Alonso de Ovalle, op. cit., p. 302. 57. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: «Desastres naturales y ocupación...», op. cit., p. 57. Figura 6. Representación alegórica de la erupción del volcán Llaima (Chile) de 1640 realizada por Alonso de Ovalle (1646). Otro caso de erupción volcánica que impactó en su época fue la del volcán Pichincha a cuyas faldas se encuentra la ciudad de Quito; una actividad explosiva que se inició el domingo 24 de octubre de 1660 y que se combinó con un terremoto regional generando un derrumbe en el volcán Sincholagua.57 Los misioneros de la Compañía de Jesús que se encontraban en la ciudad reseñaron en sus Cartas Annuas los hechos bajo
189 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... el título: «Volcán con que Dios asombró a la ciudad de Quito y la redujo a penitencia».58 Así describieron parte de los sucesos: De estas nubes (que se formaron en el aire y oscureció el sol) cayó mucha piedra pómez, y hacia tanto ruido en los tejados, y patios, como suele hacer el mas furioso aguacero... La oscuridad, la piedra y la ceniza se acompañaban de unos riscos encendidos que arrojaba el volcán por el aire impelidos de la violencia del fuego, de más a más se entreveraban algunos temblores de tierra, que aunque no duraban mucho, asustaban, no poco mirar del día el cielo tan oscuro era asombroso. Agregando el citado relato «los bramidos del Pichincha fueron voces de Dios que despertaron las almas del letargo».59 Sin embargo, ese día no terminaron las desgracias para Quito, el 27 de octubre se produjo un nuevo flujo de piroclastos o «nube ardiente» que se precipitó hacia la tierra de los indios yumbos; en las actas del Cabildo quedó descrito de la siguiente manera: Anadióse a la tiniebla otra más tupida confusión de horrores en la celeste esfera de una preñada nube, que reventando víboras articuladas de incendios en rotas señales de relámpagos abortó en estruendos de truenos muchos rayos, con que bramando en monte y augiendo en la tempestad, los aires parecían dos pocos distantes ejércitos.60 La actividad explosiva del Pichincha se mantuvo hasta principios del mes de abril, lo que sumió a los habitantes en la oscuridad y en la desesperanza. Es evidente, que durante el siglo xvii este tipo de erupciones provocaron importantes problemas en las comunidades aledañas, generando miedo y espanto, tanto como para llegar a organizar conjuros y exorcismo para terminar con aquella terrible situación. Sin duda, la idea del origen del desastre marcó y condicionó los comportamientos de la sociedad Hispanoamericana hasta mediados del siglo xviii, cuando los adelantos en el conocimiento sobre la naturaleza y los procesos físicos y químicos que en ella se producen marcaron otras pautas de reacción y de reducción de los efectos de dichos procesos, especialmente, terremotos, inundaciones y erupciones volcánicas.61 Finalmente, y continuando con las reflexiones sobre la investigación de la actividad volcánica de la Edad Moderna en Hispanoamérica en el caso de permitirlo los datos obtenidos, sería significativo que el historiador pudiera reconstruir con bastante detalle lo ocurrido en una o varias fases de un volcán en erupción; la propuesta es realizar una cartografía temática de los hechos destacando los materiales emitidos y las zonas más afectadas (mapa 2). Para poder conseguir este objetivo final, sería importante poder co- 58. Archivum Romanum Societatis Iesu (arsi): Novi Regni et Quitensis, Litt. Ann. (1655-1693), f. 31r. 59. arsi, Novi Regni et Quitensis, Litt. Ann. (1655-1693), ff. 31v y 32r. 60. Libro del Cabildo de Quito, 1660 en Tamara Estupiñán: Volcán Pichincha. Erupciones, destrucciones e invenciones, Quito, Ediciones del Banco Central de Ecuador, 1998, p. 176. 61. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: «Conjuros y exorcismos...», op. cit., pp. 341-343.
190 María EugEnia PEtit-BrEuilh SEPúlvEda rroborar la información obtenida en archivos y bibliotecas con el trabajo de campo; sin duda el conocimiento del territorio nos abre inmensas posibilidades de entendimiento de los procesos volcánicos y nos permite comprender mucho mejor los documentos históricos. Si no fuera posible un reconocimiento in situ, ahora contamos con herramientas asequibles en Internet como el acceso a Google maps o Google Earth. Cuando después de una investigación histórica sobre la actividad de un volcán es posible realizar una cartografía temática como el ejemplo del mapa 2, existen muchas posibilidades que estos resultados sean tenidos en cuenta en futuras planificaciones y estudios sociales y económicos de la región. 62. M.ª Eugenia Petit-Breuilh: «La historia eruptiva...», op. cit., p. 161. Mapa 2. Materiales emitidos en las erupciones del volcán Osorno en 1790-1791 y 1835. Este mapa fue realizado utilizando datos históricos en una base cartográfica actual.62 lago llanquihue Diciembre de 1835 Febrero de 1835 Vn. calbuco 2003 lavas basálticas lahares río petrohue lago todos los santos 1790-1791 Vn. osoRno 2652 lago chapo Base Cartográfica: I.G.M., Chile. Cortos Escala 1:250.000 0 5 10 km n
191 LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA SOBRE LA ACTIVIDAD VOLCÁNICA... CONSIDERACIONES FINALES A modo de reflexión, en estos momentos en que el hombre como sociedad global ha tenido que replantearse su relación con la naturaleza debido a esta especie de «acabo de mundo» que venimos experimentando desde hace algunos años, donde el cambio climático es una realidad y no una tesis y en donde los medios de información de masas nos avisan periódicamente de sucesos como terremotos, erupciones volcánicas, epidemias, etc. que antes pasaban inadvertidas para la mayoría de la población, excepto para quienes se dedican a estas cuestiones. Todos estos acontecimientos, desde hace algunos años de mucha actualidad, requieren que desde la Academia y especialmente desde la Historia, se den señales claras a la sociedad, en la medida de lo posible, se informe y se investigue este tipo de procesos en el largo período y que de este modo, se pueda contribuir a calibrar el verdadero sentido de los acontecimientos, en este caso el de las erupciones volcánicas en Hispanoamérica (desde México hasta el sur de Chile). La pregunta que se hacen reiteradamente muchas personas es si ¿realmente hay más desastres en la actualidad que en el pasado?, ¿hay más erupciones volcánicas?. Por otra parte, cabría cuestionarse con respecto a ¿cuáles son las verdaderas razones de esta campaña propagandística de «acabo de mundo»? y finalmente, ¿a quién beneficia el miedo de la sociedad actual en este sentido? Sin duda, los medios de comunicación de masas confunden a la mayoría de la población con un bombardeo de noticias sobre distintos procesos naturales que ocurren en diversas regiones del mundo generando ansiedad y dando lugar a la percepción de que estamos siendo protagonistas de una época en que la Tierra está más activa que nunca, justamente en unos tiempos en que la falta de conocimiento real sobre el origen de muchos procesos físicos por parte de la población se une a algo que gran parte de la sociedad occidental perdió hace siglos: su relación con el medio natural. Hoy nosotros como sociedad occidental nos hemos desvinculado de la naturaleza y de sus señales; en la actualidad el hombre solo quiere dominar los «elementos» y controlarlos a su antojo. Todo esto es una gran paradoja ya que seguramente, nunca en la historia de la Humanidad se ha tenido tanto conocimiento científico sobre el funcionamiento de la Tierra, de sus procesos geológicos como terremotos y erupciones volcánicas –y procesos asociados como tsunamis y remociones en masa– y fenómenos climáticos como sequías e inundaciones y de los efectos no deseados sobre la sociedad; sin embargo, muchas comunidades vulnerables a distintos riesgos, como zonas aledañas a volcanes activos, desconocen la verdadera magnitud que pudieran alcanzar algunos procesos naturales si se repitieran en la actualidad algunos eventos del pasado.