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Historia Universal. Tomo XIII

Ségur, Philippe-Paul, comte de (1780-1873)

Abstract

T. I-VIII. Historia antigua -- T. IX-XX. Historia moderna -- T. XXI-XXV. Historia de Francia -- T. XXVI-XXX. Historia de España

Full text

/ : : SY Ñ AH tora | ITA DEL Eóude de degut, TOMO XII. ia o PU 7 ar io ns Ie $ a sb RA HISTORIA NA ENS DE LA a Francesa, Par DE Francia: 290 el Donde de ES Segur, traducida af español Por 0. AHoecto Listo, a) Correcciones , uotas y adiciones. Pa __. AAA TOMO XIIL MADRID: Agosto, 1831. Pcia de D/) Y Prlacios: a calle del Factor, Y eS ñ AN f % SY Ass OT 1258 E dle Y s á o A ARS a clero Y po! en E Y eS AN E j En ss Nod h ; AAA i SS capas ad ron macand eq sa + cn Yo aliombrel ; dal dd LD 20 A A Pisado Ae $ : 6 : - e hay » o . E x A PENA E o dan 1 0 o md, ¡OTE AY a a A <- ue PA ES E O A AA A o EA ———z A AA A HISTORIA DE FRANCIA. CAPÍTULO vLI Conquista de Armórica : batalla de Soís- sons. Guerra contra los alemanes en To- xandria. Matrimonio de Clodoveo con Clotilde. Nacimiento de Clodomiro , hijo de Clodoveo. El Loira, frontera de la monarquia de los francos. Guerra con los alemanes : batalla de Tolpiac. Guerra de Borgoña. Batalla de Dijon. Paz con Bor- goña. Desavenencias entre Clodoveo Y Alarico. Guerra con los visigodos : bata- lla de Vouglé. Guerra entre francos y 0s- trogodos. Clodoveo derrotado por los os- trogodos. Paz con los godos. Prólogo de la ley Salica. Estracto de la ley Sálica. Usurpacion de los demas estados francos por Clodoveo. a JJ Bm Ber de Armórica : batalla de Sots- sons. (486.) Ya parecia haberse cumplido el oráculo de los dida milanos de Rómulo, y acabado la potencia del pueblo re y al mismo tiempo que se presentaba en el norte de Ga- lia un principe que apenas salia de la infan- cia, gefe de la tribu valerosa de los fran- cos salios. Clodoveo reinaba en un territorio de poca estension. Todos los paises conquis- tados por su. pueblo estaban divididos en . muchas tribus independientes y gobernados por principes de su familia. Su ejército se componia de cerca de 5.000 guerreros al- tivos y turbulentos : como rey, era muy li- mitada su autoridad : como general, depen- dia de la victoria y de las vicisitudes de la fortuna. Poseedor de pequeño dominio, no tenia mas riquezas que los antiguos tesoros de los francos, que eran sencillez de cos- tumbres, denuedo invicto € inviolable fi- delidad de los compañeros de armas, adic- tos á su persona. Ninguno de los conquis- tadores célebres ha comenzado su carrera con menos recursos: la suerte de su imperio dependió mas de su talento que de la esten- sion de sus estados y del número de sus guer- reros. El jóyen adalid de una tribu de si- cambros mudo el destino de Galia, porque estaba dotado de ánimo fuerte, grande ge- nio, audacia impetuosa y suma habilidad. Parecia reunir en su carácter la intrepidez temeraria de los francos, la prudencia da los romanos, la finura artificiosa de los griegos, z la dureza sanguinaria de los cartagineses. sumiso á las leyes en el consejo de la nacion, déspota rabdio de los soldados , humilde al pie de los altares, rápido y terrible como o Me (7 el rayo contra sus dida , cireunspecto Y astuto en su politica, pérfido y cruel con os principes francos que envidiaban y com- pa su fortuna, y respetando con maña as costumbres germánicas y las leyes roma- nas, dominó su siglo porque era superior 4 él. Aunque Clodoveo era pagano, debe creerse que trataba con tolerancia la religion de los galos y romanos que vivian en el pais pets 1 a su dominacion , y aun mostraba alguna deferencia á los obispos, cuyo influ- jo moral era entonces poderoso en las Ga= lias. Lo mismo hacian entonces las demas naciones bárbaras ; pues hasta el fiero Atila se detuvo en su marcha y apartó sus armas de Italia , cediendo á las súplicas del ponti- fice romano. Es probable tambien que Clo- doveo, imitando á Childerico y á Meroveo, tomo el titulo de comandante de la milicia romana para dominar con mas facilidad los pueblos conquistados; y por esta razon, cuando su nacimiento y el voto unánime de los francos le dieron la corona , san Remi, obispo de Reims, creyó que debia darle con- sejos en la carta siguiente, conservada por la historia : Remt, obispo, al ilustre rey Clo- doveo, magnifico por sus virtudes: «Ha Me- gado á nosotros la noticia de que habeis to- mado á vuestro cargo la administracion de los negocios militares. No es estraño que emprendais la misma carrera que vuestros mayores. Gorresponded á las miras de la Pro- videncia que os ensalza: sed moderado en el -. (8 poder, y justo en los a : mostrad deferencia 4 los sacerdotes, y no desdeñeis sus consejos: si obrais de acuerdo con ellos, vuestros pueblos serán mas felices. Sostened con prudencia la disciplina militar: ensal- zad á vuestros compañeros, mas no oprimais á4 nadie: socorred á los desgraciados, y man- tened á los huérfanos para que lleguen a e- dad en que os sean útiles; y asi sereis ama= do en lugar de ser temido: La equidad de vuestras sentencias preserve del saqueo al débil y al estrangero. Sea patente a todos vuestra tierra, y ninguno salga descontento de ella. Poseeis los bienes de vuestro padre: si os servis de ellos para rescatar cautivos, séa con la intencion de volverlos a lá liber- tad. No eonozcan los estrangeros que viven en vuestros estados, que pertenecen á una nacion diferente de la vuestra. Llamad á vuestra corte 4 los jóvenes en las horas de recreo: en las de consejo solo á los ancianos. En fin, si quereis que 0s obedezcan con fa= . cilidad., probad con las acciones que vues= tra juventud está ya madura para el mando.» Nada dicen los o OLAs acerca de los cinco primeros años del reinado de Clo- doveo : probablemente los empleó en afir- mar su poder, comprimir sediciones en el pais de Pongres, meditar y preparar la eje- cucion de sus grandes designios, ¿ informar- se de las fuerzas y situacion de los visigo- dos y borgoñones, Que ocupaban á la sazon la mayor-párte de Galia. Pero el primer ob=- O As, AAA (9) jeto de su ambicion fue necesariamente la conquista de Armórica, único pais que ha- bia resistido hasta entonces á los conquista- dorés del norte y de Germania, y que, in- dependiente de hecho, era romano en el nombre. Defendianle legiones y milicias nu- merosas , mandadas por Siagrio, conde de Soissons:, hijo del célebre Egidio, llamado Gilon por los francos , de los cuales fue rey algun tiempo. Despues se unió con Childe- rico para la defensa de Armórica, con tanta intimidad, que se pudo decir que reinaban juntos; pero la muerte de entrambos rom- pió la claióa de las dos naciones. Siagrio despreciaba la corta edad del nuevo rey de los francos ; y en vez de darle parte en su poder, esperaba recobrar el que su padre ha- bia ejercido en aquellas tribus belicosas. Una carta que le escribió Sidonio en este tiempo , prueba el ascendiente del general Egidio sobre los bárbaros, cuyo lenguage le era familiar. «Mucho me rio , dice el poeta romano , cuando veo cuánto temen los hár- baros cometer barbarismos delante de tí en su propio idioma : sus senadores se admiran de la facilidad con que traduces sus cartas. Tú, cónsul en otro tiempo de Roma , eres el nuevo Solon de los pueblos del norte: discules sus leyes con sabiduria: te respetan como su Anfion cuando haces resonaf sus ar- pas y sus instrumentos de tres cuerdas; y aunque seas romano, y ellos rústicos y gro- seros, gustan de oirte y vienen á aprender > 10 de ti su propia mes Uláldecico habia es- tendido sus estados hasta el Soma: otros di- cen que hasta el Sena : se sabe por el autor de la vida de santa Genoveva que llegó a entrar en Paris. «Este principe, dice el men- cionado historiador , estimaba mucho á la ilustre virgen. Queriendo una vez enviar al suplicio á unos delincuentes en Paris, man- dó cerrar las puertas de la ciudad , temien- do que viniese Genoveva á mitigar su rigor. Pero las puertas se abrieron por si mismas, la santa entró y logró el perdon de los con- denados.» Esta narracion prueba que si Chil- derico no reinó en Paris, 4 lo menos la do- mino algun tiempo con sus armas. Su alian- za con Egidio allanaba todas las dificultades. Pero su muerte cambig el aspecto de los ne- gocios, y Siagrio podia aspirar a la recon= quista del pais que los mayores de Clodoveo habian quitado á Galia, viendo á este prin- cipe jóven y débil. Por otra parte la nacion de los francos estaba entonces muy dividida. Sigeberto reinaba en una de sus tribus y te- nia su corte en Colonia: Ragnacario en Cam- bray : Cararico entre Teruena y Boulogne: el pais de Tongres estaba en guerra civil; y Clodoyeo no era, á la vista de Siagrio, sino el gate poco temible de 44 5.000 guerreros. Podia esperar con verisimilitud fácil la vic- toria, teniendo un rival tan poco poderoso; Ads el genio engañó los cálculos de la po- tica. Clodoyeo, en lugar de esperar á su ene- 11 migo, seatrevio a E y salió de Pur- nay , que era el lugar de su residencia. Los franceses aprobaron con aplausos su belico- so atrevimiento. Ragnacario se le unió con sus tropas: Cararico, rey de Boulogne , de Teruena y de Gante, le siguió tambien. En fin, su ejército se reforzó con el de Sige- berto , rey de Golonia. Los francos entra- ron en el territorio de Reims. En tiempo de Hinemaro, arzobispo de esta ciudad, se con- servaban todavía algunos trozos del camino que siguieron cerca de Noyon , y se les lla- maba la calzada de los barbaros. Clodoveo desafió atrevidamente á Siagrio , y le pro- pri que fijase el dia y el lugar del combate. £l romano acepta : los ejércitos se avistan, las tropas suenan, las flechas vuelan de en- trambas partes. El rey de los franceses co- noce que Cararico le hace traicion, y que se queda inmóvil , probablemente con in- tento de unirse al vencedor para repartirlos despojos del vencido : su intrepidez le sal- va del peligro á que le espone la perfidia: anima á sus soldados con la voz y el ejemplo, y arremete con furia. La tactica de los ro- manos cede a laimpetuosidad de los francos: las legiones son desbaratadas: Clodoveo der- riba á cuantos se le oponen; y con su terri- ble francisca se abre ancho y sangriento ca- mino para llegar al trono de las Galias. En vano Siagrio se esfuerza para rehacer sus tropasg los Coins , aprovechandose de su desórden , las acosan y persiguen , y con- (12 vierten su retirada en capita Clodoveo le sigue sin intermision, y le obli- ga 4 buscarun asilo al otro lado del Loira en os estados del rey de los visigodos. Este era el jóven Alarico , que sucediendo á su pa- dre Eurico, heredó su poder y no su valor. Una victoria tan pronta y brillante habria eontentado á un guerrero vulgar; pero Clo- doveo , semejante 4 César en esto, creia no haber hecho nada cuando quedaba algo que hacer. Continuando pues su marcha sin de- tenerse, amenazó con guerra al poderoso rey de los visigodos si no le entregaba á Siagrio. La temeridad, tan peligrosa contra los hom- bres firmes, se convirtio en prudencia contra el débil 'Alárico , que sorprendido é intimi- dado, entrego infamemente a Siagrio en ma- nos de su vencedor. La crueldad que man- chó el carácter del rey de los francos , em- pezó á manifestarse en el mismoinstante que su gloria, y entrambas crecieron en lo su- cesivo sin separarse nunca. Un cautivo co- mo Siagrio daba cuidado al conquistador de las Armóricas : no atreviéendose á darle li- bertad , no pudiendo conservarle en perpé- tua prision , salió de la dificultad con un crimen, y mando darle muerte en secreto. Los francos, despues de la batalla de Sois- sons , habian cometido muchos escesos , ta- lado los campos y saqueado las iglesias. El obispo de Reims obtuvo del vencedor que reprimiese esta licencia, y los biengs de su clero fueron respetados. Viendo la benigui- x PP (13 dad con que el rey de e fran cos acogía sus súplicas , le pidió que se le restituyese un vaso de plata de gran valor, que sus solda- dos habian cogido en Soissons. Clodoveo prometió devolvérselo , si le era posible dis- poner de él. Reunióse el ejército victorioso para repartir el botin, que estaba amonto- nado, segun la costumbre, enmedio de un campamento. El rey habló á sus compañeros y les pidió que le concediesen el vaso de Soissons para darle el destino que tuviese por conveniente. Los masancianos y estima- dos por su edad y prudencia respondieron: «Cuanto quieras del botin es tuyo : te obe= decemos con gusto , y ninguno de nosotros resistirá á tu voluntad.» La aclamacion ge- neral aplaudia esta deferencia con un caudi- llo victorioso, cuando de improviso un fran- eo atrevido y turbulento dió un golpe al va- so con su segur, y dijo orgullosamente al rey : «Aquí no tienes tú mas parte que la que te diere la suerte.» Esta brutalidad sor- prendió á la junta : Clodoveo, sin manifes- tar emocion, la tolerú en silencio. Sin embar- g0 , sus compañeros le dieron el vaso que deseaba, y fue restituido de órden suya al obispo de Reims. Al año siguiente, habien- do reunido el rey sus tropas en el campo de Marzo , les pasó revista; y cuando al recor- rer las filas se halló enfrente del soldado teme- rario que le insultó, le dijo : «us armas, tu espada, tu venablo , y sobre todo tu segur, no estan como deben; » y al mismo tiempo é (14) le tomó la segur y la echo en el suelo. El franco se bajó para recogerla, y Clodoveo le hendió la cabeza con su francisca, diciendo: «Asi heriste tú el año pasado el vaso de Sois- sons.» Este hecho, citado igualmente por tos dos los historiadores , ha servido á los unos para probar la poca autoridad de los prime- ros reyes de Francia, y á los otros para de- mostrar el esceso de su despotismo. Todos han errado buscando un sistema fijo en-aque- la época en que la arbitrariedad y la licen= cia se sucedian y confundian. Nada habia entonces verdadero sino la fuerza , nada ha- bitual sino el valor, nada constante sino el amor de la guerra y del saqueo. Clodoveo en entrambas ocasiones se conformo con las costumbres de su pueblo. En la junta obedeció , como principe, la ley del re- partimiento del botin: en su campo ejerció osadamente un poder ilimitado. El rey te- nia pocas facultades: el general lo podia todo. Guerra contra los alemanes en Toxan=- dria. (490.) Clodoveo , despues de la der- rota de Siagrio , puso su corte en Soissons, dió un territorio fértil al obispo de Reims. Des monedas que hizo acuñar en aquella ciu- dad, no tenian su efigie. En ella se ven las palabras Soecionis y vorpes , nombres de la ciudad y del que fabricó las monedas, y la figura de un guerrero armado de segur. Pro. copio dice que los reyes francos noacuñaron moneda con su nombre hasta que Justiniano % - 15 les cedió sus Ae E sobre las Galias. Durante seis años , desde 486 hasta 492, Clodoveo no hizo mas que reconquistar en- teramente el pais de Tongres, invadido por los alemanes. En esta misma época hubo en Italia una grande revolucion. Teodorico, rey de los ostrogodos, adoptado por el empe- rador Zenon , se alejó de Grecia, defendi- da y devastada sucesivamente por sus tro- pas , paso los Alpes, y acometió a Odoacre ue habia depuesto al último de los empera- dores romanos. Despues de cuatro años de combates, Odoacre fue vencido y muerto: "Teodorico fue proclamado rey de Italia: ZLenon murió en Constantinopla, y tuvo por sucesor a Anastasio. Entretanto Clodoveo, habiendo vuelto á Soissons, se afanaba cons- tantemente en estender y afirmar su pode- rio en las Armóricas. Hasta entonces los ter- ritorios de Reims y de Soissons eran los úni- cvs frutos de su victoria. Quedaban todavia muchas ciudades romanas independientes y defendidas por tropas valerosas. Conquis- tarlas á fuerza de armas hubiera sido larga empresa; y asi despues de haber tomado á algunas en guerra abierta, se valió de la po- litica para hacerse dueño de las demas. Su respeto al clero católico le rangeó el amor de dde pueblos , en los ñ el sacerdocio era ya la clase mas estimada y poderosa. Por las cartas de aquella época se ve que las ciu- dades temian la dominacion de los borgoño- nes y visigodós, cuyos principes eran arria» S (16) nos. El rey de los francos se aprovechó con habilidad de esta disposicion le los ánimos, que le valió tantas conquistas como su espa- da. La iglesia fue el verdadero fundamento de su trono, porque lo era de la sociedad; y asi le concedió tantos y tan grandes privile- gios , que Chilperico, uno de sus sucesores, se quejaba de que los obispos eran mas reyes ue el, Los católicos preferian la dominacion to- lerante de un rey pagano al gobierno per- seguidor de principes hereges. Muchos obis- os, acusados de favorecer secretamente a lbddreh, fueron arrojados de sus iglesias y condenados al destierro por los reyes de los visigodos y borgoñones. Matrimonio de Clodoveo con Clotilde, (492.) El rey de los francos dió poco des- pues á los obispos católicos una nueva ga” rantía de su proteccion, recibiendo por es- sosa á Clotilde, que profesaba la misma re- ligion . Era sobrina del bárbaro Gundebaldo, rey de Borgoña, homicida del padre, de la madre y de los hermanos de aquella prince- sa. Si se ha de creerá las antiguas crónicas, al autor de los Hechos, esta union en que consintió Gundebaldo , mas bien por temor que por amistad, se negoció con mucha astu= cia. Clodoveo, quesabia valerse á un mismo tiempo del rústico valor de los francos y de la diestra politica de los antiguos vasallos del imperio, dió su confianza 4 Aureliano , se- Os romano , á quien nombró conde de (17) | Melun, y le envió en secreto a Borgoña, An- reliano llegó , disfrazado de mendigo, 4 Gi- nebra, donde residian Clotilde y su herma- na: como eran caritativas y visitaban a los ROREeS , el ministro de Glodoveo tuvo Jugar e hablarlas y de »edir á Clotilde una au- diencia particular. En ella le dijo que el rey de los franeos, enamorado de la fama de sus virtudes y hermosura, estaba resuelto á so- licitar su mano; pero que antes de dar paso alguno en público , queria estar seguro de su consentimiento. € otilde , que no podia amar 4 su tio, enemigo de su fe, y asesino de su familia, acogió favorablemente la pre- tension de un rey coronado por la victoria, acepto el anillo real de Glodoveo, dió en cambio el suyo por prenda de su fe , re- galó algunos sueldos de oro al emisario, CU- ya clase ignoraba, y le hablo asi: «Decid á vuestro principe, que si desea mi mano de- be apresurarse á pedirla á Gundebaldo , mi tio, antes que yuelya su ministro Aridio, que está en Constantinopla. Aridio es roma- no y enemigo de yuestra nacion ; y si estu- viese de yuelta, desbarataria vuestro desig- nio.» Aureliano partió , siempre con el mis- mo disfraz. Al llegar al Orleanés se le juntó un mendigo yerdadero , y le robó los rega- los de Clotilde; pero: entonces se hallaba cerca de su castillo, fueáñ el con prontitud, y envio sus esclayos en perseguimiento del ladron , y lo prendieron. A de , infor- mado de las disposiciones favorables de Clo- TOMO XII. (18) “tilde, hizo pedirla públicamente por esposa * al rey de Borgoña. Gundebaldo , sorpren- dido de esta solicitud , recibió con frialdad á los embajadores : estos insistieron, y dije= “ron que lá princesa estaba y desposada con Clodoveo. El rey indigna postores, y rehusó formalmente su consen- timiento al matrimonio: los francos le res- pondieron con amanazas, y de entrambas- partes se preparaba la guerra; pero los se- nadores borgoñones, que temian el poder de Clodoveo , suplicaron a Gundebaldo que e- vitase un rompimiento tan funesto. «Se ha- bla, le dijeron, de un contrato secreto: ¿quién sabe sies verdad?» Gundebaldo man- do Hamar 4 su sobrina Clotilde , que le de- claró el trueque misterioso de los anillos. El. rey de Borgoña estaba incierto entre la pru- dencia y la ira; pero el voto unánime de los o los llamó im-. grandes de su corte le obligó á consentir en “el casamiento de su sobrina. Clotilde salió ¡ ara Fraucia, y encargó á los embajadores de Clodoveo que acelerasen el viage , por- que acababa de saber que Aridio habia des- embarcado pocos dias antes en Marsella. Sus temores eran fundados. Aridio fue “aceleradamente á Ginebra, ysabiendo del rey la noticia del casamiento y partida de Clo- tilde , «Vos creeis, le dijo, que ese lazo'se- rá la prenda de una alianza y ronostico que será para vuestra amilia y a Borgoña fuénte de guerra y de calamis dades. Habeis quitado la vida al padre y 9. urable : yo 0% (19) los hermanos de esta princesa: hicisteis aho- gar en las aguas a su madre: Clotilde está os fendida, y las armas. de Clodoveo vengaran sus ofensas. Aun es tiempo, prevenid estas «desgracias : enviad con prontitud soldados que hagan volvera vuestra sobrina. Si.Clo- doyeo casa.cun Clotilde, los francos adoptar ran,su querella, y su .espada temible;ame- nazará siempre 4. vos y 4 vuestros descen- dientes.» Gundebaldo. siguió. este : consejo; pero.cuando,sus tropas llegaron alas fronte- .ras de Borgoña, Clotilde estaba ya en los es- tados de su esposo. No tardo esta princesa en justificar la prediccion de Aridio.: apeuas se viócen los limites de los dominiós de.su tio , exigió de los francos que la acompaña- ban, que hiciesen guerra ¿aquella parte del territorio de Borgoña. Las menores circuns- tancias del casamiento y conversion de Clos doveo han escitado siempre el mas vivo in- teres; y la narracion de las crónicas france- sas, mas 0 menos conforme, dla verdad, debe conservarse , porque pinta las costum- bres del siglo. , , Nacimiento de Clodomiro , hijo de Clo- doveo. (193.) Gelebróse el casamiento de Clodoyeo, y esta union aumentó el afecto que le profesaban el clero y el pueblo de Ar- mórica. Goncluyó un tratado con las ciuda- des que aun no se habian sometido. Proco- pi A que en él se estipuló la reunion de as tropas. romanas al ejercito franco; pe- ro conservando el órden, disciplina, ves- (20) tido y calzado de las legiones. Desde que Clotilde fue reina se valió de toda la influencia del amor para persuadir á | Clodoveo á abrazar la religion cristiana. El rey , 0 por conviccion 0d. por política, resis tió por mucho tiempo á sus instancias , te=. miendo quiza desagradar á su nacion si re- nunciaba á sus idolos. Sin embargo , movido ¡ de las súplicas de su muger, le permitió bau- tizar a Ingomero , si primer hijo. El miño - diz despues , y Clodoveo irritado | dijo á Clotilde : «Si el niño se hubiese ofre- cido á mis dioses estaria vivo.» Despues, ha-= biendo dado á luz la reiva otro hijo, llama- do Clodomiro, le bautizó tambien, cayó en- fermo el infante, y laira del rey aumentó; ero las oraciones de su madre, dice san Gregorio de Tours, le alcanzaron la salad, se calmo el enojo de Clodoveo. El Loira frontera de la monarquia de los francos. (494.) Hasta entonces los gefes de los francos cousumian en la ociosidad el tiempo que no empleaban en la guerra; pe- ro Clodoyeo era superior á su pueblo y ¿su siglo , y cuando su espada descansaba, el ce- tro era activo, y velaba para fundar sobre leyes un imperio durable. Ningun acto nos hace conocer de qué manera repartid las tierras conquistadas. Los historiadores solo. ofrecen -conjeluras acerca de este asunto. Muchos creen que imitóo áldos godos y bor=- oñones , lo que hubiera puesto en poder de los francos las dos terceras partes de las (21) tierras de Galia. Dubos piensa, que siendo Clodoveo mas bien aliado que conquistador de las Armóricas , respetó sus propiedades. Pero estos son sistemas que no enseñan tan- to como los hechos. Clodoveo habia conquistado á fuerza de armas los paises de Reims y ¡Soissons. Otra parte de las Armóricas se le habia sometido por un tratado: el ejército de los francos no era muy numeroso. Las tierras que pertene- cian en cada ciudad al fisco, es decir, al do- minio del imperio, quedaron por necesidad bajo el señorio de Clodoveo. La bienes de los compañeros de Siagrio , vencidos en la lid , cayeron con sus A , por el dere- cho de la guerra, en poder de sus vencedo- res; y ciertamente E premiar enriquecer la pequeña tribu de los salios. Se sabe que el rey de los francos, en vez de oprimir á los romanos , se valid de las armas de los que quisieron entrar en su servicio, y que admitió muchos en la clase de leudes y ministros suyos. Hemos visto que Aureliano poseia como beneficio el castillo de Melun y el titulo de conde. Todos los patricios de Galia que no le resistieron, fueron elevados á la dignidad de comensales suyos: clase pri- vilegiada por la disposicion de la ley sálica. Los obispos de Galia eran casi todos ro- manos; y en vez de despojarlos aumentó sus dominios y les dió tierras. En fin, para in- corporar poco á poco una nacion con otra, empleó sucesivímente los medios de hiumi» (22) llar 4 los que permanecian obedientes á la ley romana , y favorecer á los que adopta- ban la sálica, agregandose a los francos. Los que se ostinaban en resistirle, eran castigados con el robo , la confiscacion y la servidum-= bre: la Auvernia lo esperimentó cruelmente cuando reunió sus tropas a las de los visigo=- dos para pelear contra Clodoveo. | | | ' Clodoveo , habiendo puesto los limites de su imperio en el Loira, llevó sus armasá. Bretaña. Gregorio de Pours dice que uno de | sus generales sitió a Nantes : los bretones previnieron su ruina concluyendo un trata- do de paz. Parece que dedo esta época a= quella provincia quedo casi independiente, y mas bien aliada que sometida, gobernan- dose por sus propios gefes que tuvieron los titulos de conde y de duque. Guerra con los alemanes : batalla de Tolpiac: (496.) Bien pronto un nuevo ene- migo, mas formidable que todos los que ha- bia vencido Clodoveo, vino á acometerle y á conmover su poder mal afirmado todavia» Los alemanes, pueblo numeroso y guerrero, oseian los paises situados al norte de Gine- 23 , entre el lago de este nombre y el mon- te Jura. Envidiosos de los borgoñones , de los godos y de los francos, y o re- par con ellos los despojos de Galia, ha- ¡an pasado el Rhin en 480, y apoderádose A A a A y STO e Tn de una parte de Alsacia. Reuniéronse 4 los suevos,' é invadieron la segunda Germania, | veupada entonces por Sigeberto, rey de Co* 9 4 he h (23) lonia, pariente de Clodoveo y gefe de los francos. ripuarios. Este principe imploró el anxilio de Clodoveo, que acudió al frente de sus intrépidos francos y de las legiones ar-. moricas. Reunidoslos ejércitos, encontraron. a los alemanes cerca de Tolpiac , llamada hoy Zulpik, á cinco leguas de Colonia: alli se dieron una batalla sangrienta, en la cual pareció indeciso por mucho tiempo el des- tino de Francia. be una y otra parte com- batian cuerpo á cuerpo los enemigos mas en- carnizados del imperio sobre sus últimas re- liquias. Enmedio de una sangrienta lid, en la cual cada guerrero estaba resuelto á per- der la vida antes quela victoria, recibid Si- geberto una profunda herida, que le dejó impedida para siempre una pierna : sus COm- pañeros le sacaron del combate , quedando descubierto con su retirada el flanco de los salios. Los francos , ostigados por todas par- tes, comienzan á cejar : en vano Clodoveo, haciendo prodigios de fuerza y valor, pro- cura volverlos a la accion : por la primera vez desatienden sus palabras y se les va la victoria de entre las manos. Entonces Áure- liano aconsejó al rey que invocase al Dios de Clotilde , que era quien únicamente podia darle el triunfo. El rey de los salios.,-levan- tando los ojos al cielo, pronunció estas pala” bras, citadas por Gregorio de Tours: «Dios de los cristiamos, si socorres á los que te im- ploran , y coronas á los que confiau en tl, yo me acojo atu poder. Si me concedes la e pa AS victoria, yoteadoraré. En vano he invocado mis dioses : merehusan su proteccion, 0 no tienen poder : ahora te invoco a tii concé- deme á un mismo tiempo la victoria y la fe.» Esta oracion escita el entusiasmo de las le- giones galas: su ardor y su ejemplo reaniman el valor de los francos. Héíntidod unos y 0- tros, vuelven impetuosamente contra el ene- migo : nada resiste á su choque violento: los alemanes son desbarátados : su rey cae cu- bierto de heridas : los vericidos atemoriza- dos tiran las armas, y se someten á la auto- ridad de Clodoveo, que los mando volverse á sus hogares. Despues les restituyó su inde- pendencia: los que quisieron permanecer en Galia fueron vasallos suyos , pero uo escla- vos. Debieron esta mejora en su suerte al rey de Italia, cuya proteccion imploraron. Teodorico , tan célebre como Clodoveo por sus conquistas, y superior en luces y vittudes , hacia ¿Ivi a Roma la caida de sii potencia, y la vergonzosa deposicion de su último emperador. Civilizaba a los go- dos, los mantenia con firmeza sumisos, res- petaba las leyes romanas , daba al senado una sombra de libertad , se instruia con los consejos del ilustre y sabio Casiodoro; y con la proteccion de su justicia imparcial, los vencedores y vencidos , admitados de su u- nion , daban á Italia el reposo y seguridad que la debilidad de los últimos césares ha- bia desterrado durante tantos años. La revo- lucion que sé preparaba en Galia, no se es- | a id ici a TAR (25) condia al genio vasto y penetrante de Teo- dorico: Tenia la vista fija en Clodoveo : re- celó que este jóven héroe, vencedor de los rotanos de Ármórica, y espanto ya de Ger- mania, destruyese el poder de los visigodos; y nuevo Brenno , atemorizase a Italia con nueva invasion de los galos. Resuelto á opo- nérsele , empleó sucesivamente para conte- nerle la persuasion y la fuerza , y lisonjeo su orgullo con elogios al mismo tiempo que se disponia á hacerle guerra. Uni¿se a él con los lazos del parentesco , tomando por E a Audefleda, hermana de Clodoveo: dio su hija en matrimonio 4 Alárico , rey de los vi- sigodos , y resolvió abandonar solamente la Borgoña á la ambicion del rey de los francos, con tal que consintiese en repartir con él los despojos. Su primer cuidado fue exhortarle, despues de la batalla de Tolpiac , á no pro- seguir su venganza contra los alemanes; y á este fin le escribió en los términos siguien= tes: «La alianza gloriosa que me une con vos, me obliga a daros la enhorabuena del nuevo esplendor que la fama de la nacion franca, harto tiempo estacionaria, ha recibido de vuestras victorias. Vuestra mano invencible ha sometido á los pueblos alemanes, derri- bando sus mas ias guerreros. Deseo que vuestra moderacion perdone á los ven- cidos : sus reliquias fatigadas buscan asilo bajo la rad A de un principe unido á vos por los lazos del parentesco. Perdonad, pues, á estos desgraciados que temen vues- (26) tra espada, y se ocultan en mis fronteras. ¿No es triunfo bastante honorífico para vos haber espantado de tal manera á estos ale- manes, por tanto tiempo formidables , que os pidan la vida como un favor? Debe bas- taros el mirar abatido en vuestra presencia el orgullo de este pueblo, y su principe der- ribado por vuestro brazo. De tantos guerre- ros innumerables, áunos destruyó la espada, otros sufren la esclavitud. Dignaos de per- donar sus débiles restos. Para exhortaros á ello, saludándoos con el afecto y honor que se os deben, enviamos á vuestra escelencia embajadores, á los cuales, segun esperamos, recibireis con vuestra benevolencia acos- tumbrada. Nos lisonjeamos de que gozarán en vuestros estados los derechos de la hos- Pesa , y lograrán respuesta favorable. es hemos encargado que os hablen confi- dencialmente de los negocios que os intere- san , y que es mejor tratar de palabra que 9 escrito. Hemos escogido para esto los ombres mas capaces de satisfacer las miras de entrambos ; porque hemos deseado ar- dientemente que triunfasejs , como si vues- tros triunfos fuesen parte de nuestra gloria; y todas las felicidades de que gocvis, nos pa- recerán ventajas ciertas para el reino de Ita- lia.» Clodoveo , 6 por deferencia 4 Teodo- rico, ú ocupado entonces en otros designios, no llevó sus armas al ótro lado del Rhin, ya volyidásu corte, donde Clotilde le instó con ardor á que colmase sus votos, abjurando el (97) | culto de los idolos. San Remi , obispo de Reims, llamado por la reina, favoreció. sus esfuerzos, é instruyó al rey en la fe cristia- na. Este principe vacilaba aun, temiendo la adbesion de su pueblo al cultoantiguo; pero en fin, vencido por las súplicas del obispo y de la reina, 4 determinado por la necesidad de afirmar su dominacion en Galia adoptan- do la religion del pais, reune á los francos, y les persuade con energia el poder del Dios de los ejércitos , que les habia dado la vic- toria contra los alemanes. Las palabras del efe fueron leyes para los francos, y Clotil- de era sagrada para ellos desde que creyeron que debian el triunfo al Dios que ella ado- raba. Apenas hablo el rey, cuando todos sus uerreros, hiriendo con las hachas los escu- dos, esclamaron llenos de ardor : «Renun- ciamos al culto de dioses perecederos, y re- conocemos el Dios eterno que Clotilde ado- ra, y que el obispo Remi nos predica.» Al punto se dispone todo para el bautismo del principe y de su ejército. Gonviértese un terreno estendido en pila bautismal : las pa- redes que la rodean se cubren de paños y telas ricamente bordadas : preparanse las fuentes, enciéndense los cirios, y el incien- so humea. El nuevo Constantino (asi le lla- ma Gregorio de Tours, á quien debemos la ' descripcion de esta gran ceremonia) se a- cerca respetuosamente al obispo. Remi, ves- tido de los ornamentos pontificales, antes de derramar Sobre la frente de Clodoyeo el E (28 oleo sagrado, le dirige estas palabras : «Fie- ro sicambro , humilla tu corazon y baja la victoriosa cerviz ante el Eterno que te es- cucha. Júrale adorarlo en los templos que quemabas , y quemar los idolos que adora= bas.» Clodoveo arrodillado pronuncia el ju- ramento , como tambien sus dos hermanas Arbofleda y Teuschilde. Al mismo, instante lo repiten 3.000 guerreros y gran multitud de mugeres y niños. Pues en este célebre dia se bautizaron solamente 3.000 soldados, y no consta de ningun escritor quelo restante de la nacion se opusiese : parece indudable que la tribu de los salios era muy poco nu- merosa : lo que favorece la opinion de algu- nos historiadores , segun los cuales, despues de la derrota de Siagrio, Clodoveo se hizo dueño de las Armóricas mas bien por el a- mor que le tenian, que por el temor de sus armas. Le habria sido imposible vencerá 100.000 alemanes, sino hubiese tenido por auxiliares las milicias de Galia y las legiones romanas de Armórica; pues las tropas de las demas tribus francas no pasaban da 20.000 hombres. La conversion y bautismo de Clo- doveo acabaron de conciliarle el afecto de todos los galos, sobre los cuales ejercian los obispos católicos una grande influencia. E entonces tuvo en los estados de los principes visigodos y borgoñones muchos y poderosos amigos. La fe del belicoso Clo- doveo fue sincera; pero todavia luchaban en su alma las ásperas costumbres de las sel- (29) vas germánicas con las lnces de la civiliza- cion, y bajo el velo blanco que cubria al ea- tecúmeno, se dejaba ver la segur del si- cambro. Un dia predicaba san Remi en pre- sencia suya de da pasion del Salvador; y cuaudo describió la crucifixion, Clodoveo se levautó impetuosamente esclamando : «¿A dónde estabamos entonces mis francos y yo? Con nuestras franciscas hubieramos estermi- nado a los homicidas del Señor.» Al mismo tiempo consagró san Remi al rey delos francos.en la iglesia de Reims. En esta ocasion se divulgó la anécdota milagro- sa de la santa ampolla , acreditada por la narración de Hincmaro, arzobispo de Reims en el siglo IX : el cual cuenta, que no ha- biendo legado á la hora que se le habia di- cho el eclesiástico que debia traer el oleo sagrado , san Remi, afligido por este acci- dente , inyocó el socorro celestial , y que al punto:se vió venir por el aire una paloma blanca como la nieve, que le entregó una Jfiola:9 ampolla, llena de aceite, cuyo olor suave embalsamaba el viento. Desde enton- ces Clodoveo fue celebrado por los católi- cos como el héroe y el Macabeo de la Igle- sia. Eúmenes , sacerdote romano ;, le trajo al mismo tiempo una carta del papa, conce- bida en estos términos : «4nastasio, obis 10, 4 nuestro ilustre y glorioso hijo Clodoveo. Enviamos á vuestra serenidad el sacerdote Eúmenes para deciros con qué satisfaccion hemos sabido/el homenage que tributais- al (30) Padre de los humanos. Esperamos que vues- tras buenas obras crecerán y se multiplicarán sin cesar. Asi colmareis nuestra ventura y se- reisnuestra verdadera corona: estendereis la prosperidad de la Iglesia nuestra madre, que tan felizmente ha hecho ¿un rey tan gran-. de renacer en Jesucristo, Sed, pues, perpé- tuamente el instrumento de sus ias oh noble y glorioso hijo muestro, y su columúa férrea: para ella os conserye siempre en sus caminos , y 0s conceda yictoria de vuestros enemigos» Desde entonces Clodoyeo y sus sucesores conservaron el titulo de hijos pri- mogenitos de la Iglesia, El rey de los fran- cos fechaba asi sus cartas: el año 16 de nues- troreinado, y ell 2 despues de nuestro bau- tismo. Poco tiempo despues de la conversion de los francos se hicieron sospechosos alos visigodos los obispos católicos por ser fayo- rables á-Clodoveo: Volusiano, obispo. de Tours, fue echado de su silla y desterrado a España. El rey de los francos defendis con ardor la causa de los perseguidos contra los perseguidores; lo que originó. entre Alávico y Clodoveo desavenencias que. mas tarde decidieron las armas. Pero antes que llega- sen á una guerra abierta, quiso fortificarse Clodoveo con nuevas conquistas ; y por eso hizo alianza ofensiva con sweuñado Teodo- xico, rey de Italia, contra Borgoña. Por es- te tratado se convinieron que los paises con-- quistados se repartician entre:francos y 05- trogodos : que los aliados entrarian a un | (31) mismo tiempo en Borgoña, y que el último que llegase pagaria al otro una indemnbiza- cion pecuniaria. Guerra de Borgoña. (499.) Clodoveo no ignoraba la division que habia entre losprin- “cipes borgoñones, y se aprovechó de ella con artificiosa politica. Persuadió con mag- vificas promesas á Godegisilo, hermano de Gundebaldo , 4 que tratase con el directa- mente, y juntase sus armas á las de los fran- cos cuando llegase la ocasion. Gundebaldo no sospechaba la perfidia de su hermano ; pero amedrentado de la tem- pestad que le amenazaba, y del poder for- midable de sus enemigos , creyó quitarles pretestos plausibles de guerra y grandes me- dios de victoria, reconciliando los católicos de sus estados con los arrianos. Para lograr este objeto reunió Jos obispos en Leon, y dijo á los católicos: «¿Por qué no empleais vues- tra influencia en desarmará Clodoveo Y ese liga con mis enemigos para perderme?» El obispo Avito le PaRptomiió : «Nosotros igno- ramos los motivos politicos de los reyes; pe- ro la santa Escritura nos enseña que el des- recio de la ley divina causa muchas veces la ruina de los estados. Dejad de ser enemi- go de Dios, y os favorecerá. Reconciliaos con él, y estareis en paz con los hombres.» Batalla de Dijon. (500.) Esta respuesta debió convencer á Gundebaldo cuán nece- sario le era adoptar la religion del mayor nú- mero de sus Vasallos, si queria hacer la guer- 32 ra con buen éxito. Só y tropas de Clodoveo estaban en marcha , y los ostrogodos por su parte habian pasado los Alpes y amenazaban a Provenza. Gúndebaldo reunió su ejército llamó en su socorro á Godegisilo : este fin- gio pérfidamente querer participar de sus | peligros, se apresuró á juntarse con él, y uno y otro se acamparon a vista de Dijon. Los francos no tardaron en llegar , y se empeñó el combate. La victoria no fue in- cierta por mucho tiempo; porque en el mismo momento que Glodoyeo atacaba de frente al rey de los borgoñones , el traidor Godegisilo le acometió por el flanco, y le derrotó completamente. Gundebaldo huyó, y se refugió en Aviñon, donde le sitió Glo- doveo3 y durante el cerco, Godegisilo:se apoderó de los estados de su hermano; fue proclamado.rey en Viena, que era la capital, y prometió de á los francos una parte de Borgoña. Gundebaldo se defendiacon valor; perola falta de vivereshaciainevitablesu pró- xima ruina. En este peligro debió su salud al prudente artificio desu ministeo Aridio. Este romano, fingiendo que abandonaba su par- tido, pasó 4 los reales de Clodoyeo, y en breve ganó su confianza ; cuando le yio fa- vorablemente dispuesto , y ademas cansado de muchos asaltos inútiles, le dijo: «Aviñon es plaza demasiado fuerte para que la podais tomar. Mientras que asolais inútilmente el pais, donde dentro de poco no hallareis sub- sistencias , dejais espuestos vuestros estados (33) á las empresas de Alárico. Apresuraosá ter- minar esta guerra, tomando una resolucion mas noble y provechosa. Imponed tributo á Gundebaldo, y concededle la paz á ese pre- cio. ¿Qué arriesgais? Si acepta esas condicio- nes, quedará sometido y será vuestro vasallo: si se niega á ellas, continuareis el sitio, y empleareis la fuerza de vuestras atimas para rendir la ciudad Clodoveo adoptó este consejo , y el tra= tado se concluyó. Gundebaldo pagó el pri- mer año del tributo exigido ; pero apenas el rey de los francos se alejó, violando la fe, volvió a tomar las armas , y llevó sus tropas á Viena con suma rapidez para sorprender alli ásu hermano. Godegisilo, informado á tiempo de su proyecto, estaba preparado, y rechazó valerosamente sus ataques : enton- ces el sitio se convirtió en bloqueo. La ciu- dad, afligida de hambre, se vió obligada en pocos dias para prolongar su resistencia á echar fuera las bocas inútiles. Entre estos des. terrados habia un fontanero, que irritado de que le hubiesen espelido de su casa, descu- brió 4 Gundebaldo un antiguo canal subterrá- neo, por el cual penetraron de noche:sus tro- pas dentro de la plaza. Los habitantes ven deimproviso á los enemigos escalar por una parte las murallas , y por otra ocupar plazas y calles. Refúgianseamedrentados á los tema plos. Gundebaldo los redujo á cenizas, y Go- degisilo pereció en uno de ellos. Soló una tropa de franeos/ que servia bajo sus órdenes, TOMO XIII, 3 (34) 3 consérvd enmedio de este desastre herdica intrepidez, y debió la vida á su valor. En-. cerráronse en una torre, y pelearon con tan=. ta furia, que cansaron al vencedor, le obli-. garon á admirarse de su brio, y obtuvieron de él honrosa capitulacion. d Paz con Borgoña. (501.) Teodorico, du- rante el curso de esta guerra, habia conquis-. tado muchas ciudades del mediodia. En la paz quedo señor de Marsella y su territorio, y de todo el SS situado entre el Mediter= ráaneo, el Ródano, el Durance y los Alpes. Gundebaldo, corregido porla desgracia, fue despues mas humano para con sus pueblos, y les dió un código, Mamado la ley Gombe--" ta, cuyas disposiciones, favorables á los ro- | manos, los preservaban de la opresion de. los arrianos. Recobedg la: mayor parte de su. reino , se-reconcilió con Clodoveo , le juró vasallage, y terminó pacíficamente su largo reinado , Cuyo principio fue mancillado con tantos crimenes. Desde que Teodorico se vió poseedor de la antigua provincia romana, | merecido tantos elogios de los historiadores de Italia. «Debeis, les dijo, obedecernos, - nO COmo cautivos, sino como hombres libres. j Volved á las costambres romanas, casi olvi- dadas “entre vosotros + renunciad á los usos, idioma y trage delos bárbaros , y sobre to do'ú su crueldad. No conviene que en nues- tro remo, fundado sobre la justicia, 0 A A 1abló 4 los pueblos conquistados el lenguage que ha. ” (35) en su patria como estrangeros los antiguos romanos. Resueltos porel amor que os tene- mos a promover todo:lo que os sea útil, he- mos escogido para gobernaros 4 Gemelo, recomendable por su talento y sus virtudes. Vuestra prosperidad será el objeto. de sus afanes. Obedeced, pues, sus órdenes como si fueran nuestras.» El rey de Italia , menos violento y mas ilustrado que Clodoveo, lo- gró todo el fruto de la guerra de Borgoña, en cuyos peligros tuvo poca parte. Despues aplico toda su solicitud á impedir el rompi- miento entre el rey de los francos y el de los. visigodos; pero no pudo conseguir mas que retardarlo. ms Desavenencias entre Clodoveo y Alari- co.(502.) Alárico perseguia á los católicos: Clodoyeo los defendia, y ya de las amena- zas pasan á tomar las armas , cuando Tegdo- rico, previendo la ruina de su yerno, y te- miendo el engrandecimiento de los francos, escribió primero á Alárico para calmarle elemen «Aunque vuestros abuelos , le decia, vencedores de Atila, os hayan trans- mitido:su valor, no espongais temerariamen- te vuestras tropas, debilitadas por una larga paz, á los trances dela guerra. No se reco- bran facilmente, una vez perdidas, las cos- tumbres militares. No deis oido 4 las pasio- nes, que son muy malos consejeros; y enga- ñan acerca del fin que proponen, y de los medios que aconsejan, ds guerra es el ulti- moremedio que debe adoptarse para los ma- (36) les politicos. Esperad para sacar di espada | contra el rey de Francia á la respuesta que dé 4 mi oferta de mediacion. No estais obli- gado á la venganza por alguna injuria perso- nal ni grave, nipor el asesinato de algun pa- riente : solo hay entre vosotros rencillas de - palabra, fáciles de estinguir. Dejadme, pues, tiempo para prevenir a Clodoveo , que si os acomete os defenderé á pesar de los vincu- los que con él me enlazan. Acaso no se re- solverá á luchar solo contra dos naciones be- licosas. Espero que no será sordo a mis con- sejos : los hombres mas orgullosos oyen la voz de la justicia, principalmente cuando les habla armado de un acero acostumbrado á vencer.» Al mismo tiempo reprendió fuertemente a Clodoveo las violencias contra Alarico, yerpo suyo. «La mayor alegria , le dijo, que entrambos podeis dar á vuestros enemigos comunes, esver á los francos y visigodos destrozarse mútuamente. Cada uno de yoso- tros es rey de una poderosa nacion : si dais oidos á los que os incitan á la guerra , con- movereis ambos tronos, y vuestros pueblos maldecirán en vosotros ese impetu temera- rio que los habrá precipitado en una lid fu- nesta. Vuestro ete impaciente abandona con demasiada prontitud los medios de con- ciliacion. En las rencillas de los parientes es costumbre nombrar árbitros : ¿cómo podeis creer tan evidentes vuestros derechos, cuan- do yo dudo todavía de su justicia? Estoy re- A NN lO is o IS mb cr MÁ e (37) suelto a declararme contra el de vosotros dos que deseche mis representaciones pacificas. Mis embajadores cerca de vuestra escelen- cia, y los que he enviado al rey mi yerno, tienen órden de emplear todos los medios de reconciliacion y de impedir que los francos y visigodos se destruyan unos á otros. Creed que este consejo es dictado por una sincera amistad ; porque no se aconseja asi ¿aquellos cuya prosperidad se envidia.» El orgullo del rey de los francos seirritaba con estas repre- sentaciones prudentes, seg amenazadoras. Alárico, mas docil; cedió al consejo de su suegro, y pidió a Clodoveo una conferen= cia. CGlodoveo la admitió , y se celebró en una isla del Loira, cerca de Amboise. Los dos reyes conferenciaron , comieron juntos, y se prometieron ei amistad, que du- ró poco. Alárico publicó en este tiempo el código de los visigodos; y pareciendo en- tonces adoptar el sistema de la tolerancia, permitió alos católicos celebrar un concilio que se reunió en Agde, siendo su presiden- te san Gesario. Peroarrastrado poco despues por sus pasiones y las de los arrianos, reno= vo la persecucion , y descontentó ademas a sus pueblos alterando las monedas. Gregorio de Tours asegura, que la mayor parte de los galos sometidos 4 su dominacion deseaban que los francos triunfasen. Quinciano , obispo de Rodez, fue preso y acusado de haber querido entregar la cin- dada Glodoveo. Este , mirando aquella vio- (38). lencia como una injuria, 6 mas bien como un pretesto favorable , convoco la junta de los francos. al. campo de Marzo, y les. dijo: «¿Hasta cuándo, oh compañeros , sufriremos que los visigodos nos insulten, y que losar= rianos derriben los altares, opriman á los ca. tólicos , y sometan á nuestra vista una parte tan considerable de Galia? Esgrimamos la es- pada : marchemos contra ellos. Dios nos guiará y.nos hará dueños-de estos bellos pai- ses que nos esperan como libertadores.» suerra con los visigodos :.batalla de Vougle. (507.) A estas palabras , la aproba= cion unanime de los guerreros francos se ma- nifiesta con el estruendo y choque de fra- meas y franciscas. La guerra se declara: Teo- dorico envia un ejército en defensa de su yerno: Gundebaldo se une á'Glodoveo: Childerico, hijo de Sigeberto , y los. demas principes de su familia unen sus tribus á la de los salios; y todo se dispone para la lid definitiva que ha de fijar la suerte de Galia, y dar su señorioá los godos d 4 los francos» Clodoveo marchó con rapidez: habiendo lle- gado cerca de Tours, ganó el amor de los pueblos, venerando la memoria de san Mar- tin, obispo de aquella ciudad ¿que habia fallecido un siglo antes , y prohibiendo es- presamente á sus tropas tomar nada de la provincia de Turena sino yerba y agua. Un soldado fue preso por haber quitado á una pobre muger cortá cantidad de beno que te- nia encerrado en su tugurio. El militar, cre- IN A A A e O ci A (39) yendo poco grave su delito, dijo riéndose: «¿En qué he faltado? el rey nos ha permiti- do tomar yerba; y el heno ¿qué es sino yer- ba en manojos?» Elinflexible Glodoveo man- dó cortarle la «cabeza; y como Los francos murmurasen de este acto de crueldad, «En vanos, les dijo, confiais en vuestro valor: nuestras espadas carecerán de fuerzas, y nuestro ejército de triunfos, si ofendemos al ilustre:santo que protege este pais.» En- cargó ademas a algunos de sus oficiales lle- var una ofrendaal sepulero de san Martin, y referirle á la vuelta las primeras palabras que oyesen en la iglesia, esclamando al mis- mo tiempo : «Dios de-los cristianos , si mi débil brazo está destinado á bumillar tus e- nemigos, dignate de manifestar tu volun- tadálos que entren en la iglesia de san Mar- tin.» -Guando los enviados entraron en el templo, el coro entonaba un versiculo. , cu- yo sentido esseste: «Tu , Señor,ame has ar- mado de «valor en los combates: tú has he- cho: caégr bajo mis golpes á los quese Jevan- taron para herirme : tú has confundido 4 mis enemigos, y tu nombre los-ba ahunyenta- do ante miz» suceso que llenó de alegria y de esperanza el ejército de los francos. Esta especie de oráculos era un resto delas anti- guas supersticiones gentilicas; pues al mis- mo o que Clodoveo creia lecr su des- tino en la coincidencia del canto sagrado con la entrada de sus oficiales en la iglesia, el concilio de, Agde prohibia espresamente (40) buscar pronósticos de lo futuro en los se=. puleros.de. los santos 4 en los libros sa- | grados. El ejército de los visigodos defendia los. alrededores de Poitiers y el paso del Viena» Clodovéo perdió mucho tiempo sin encon= irar vado , yal fin descubrió uno. Querien=. do entonces, como Sertorio , Animar sus tro” pasoon un prodigio, les dijo, que una cier-. va atravesando á su vista el Viena, le ha-- bia indicado el paso que buscaba , y que al. mismo tiempo una luz milagrosa, alzandose desde la torre de la iglesia de san Hilario. de Poitiers, y estendiendo sus rayos al cam-- alega , le babia mostrado el camino bri- lante de la victoria. Al punto se puso en marcha «con su ejército , y le prohibió co- meter violencias contra los galos y romanos que no hubiesentomado las armas a favor de Alárico, Gregorio de Tours dice, que unsol- dado que violó esta órden, sintid al momen- to su brazo paralizado. Clodoveo pasó el Vie-- na en el sitio que se llamó despues Zado de la cierva : atravesó luego el Clain. Apenas se presento, los visigodos se retiraron; porque - Alárico queria con razon evitar el combate antes que llegasen los socorros de Teodori- c0; pero sus turbulentos guerreros, indig-- nados de una cireunspeccion que llamaban cobardia, empezaron a murmurar, se suble=- varon , y le obligaron á detenerse. Clodo- veo los alcanzó en la llanura de Vouglé, A diez millas de Poitiers. Los visigodos n0 (41) querian al principio combatir sino con armas avrojadizas, á las cuales estaban mas 4cos- tumbrados que los francos; pero Clodoveo, acometiéndolos econ su impetuosidad ordi- naria , les hizo sentir el peso de su formida- ble francisca. La lid entre estas dos nacio= nes belicosas fue sangrienta , larga y osti- nada. Cloderico participó en esta célebre jornada de los peligros y de la gloria del rey de los salios. La victoria estaba incierta to-= davia , cuando Alárico y Clodoveo, cono- ciéndose enmedio de la batalla, se arrojaron el uno contra el otro, y se acometieron cuerpo á cuerpo. La suerte de entrambas naciones dependia de esta lid : Galia era el remio de la victoria. En fin, Alárico cayó bajo la segur de Glodoveo; pero el momen- to de este triunfo fue el del mayor peligro, porque dos guerreros visigodos, en vengan- za de si rey, se precipitaron a un mismo tiempo sobre Glodoveo, y enristraron con-= tra él las lanzas. Su fuerza resistió al choque, el e á los hierros; y la velocidad del ca- ballo le salvó del riesgo. Los galos de Au- vernia , mandados por Apolinar, hijo del célebre Sidonio , lucharon todavía ostina= damente contra la fortuna : casi todos pere- cieron en el combate; y cuando su intrépida columna fue derribada, huyó todo el ejér- cito de Alárico. Clodoveo , como todos los héroes que han dejado memoria de si, sabia aprovecharse del triunfo, y no dejar al ene- migo lugar para rehacerse. Tierry, el mayor p ] (42) de stís hijos , nacido de una concubina, cons quistó el Albiges, el Robergue y la Auver-" nia; mientras el rey de los francos entraba en Langiúiedoc, y ponia sitio á Carcasona» Por su parte asolaba Gundebaldo las provin= cias cercanas á su reino. Entretanto los vi-. sigodos habian proclamado rey en Narbona. a Gesálico., hijo de Alárico; pero este prin= cipe, nisupo inspirar confianza á su pueblo, ni temor asus enemigos, y su conducta le hizo perder el afecto y la proteccion pode=: rosa de Teodorico. Los borgoñones le ven=- cieron y obligaron á huir á España, de don-- de pasoá Africa para persuadir á los vánda- los que abrazasen su causa : mal acogido de. estos , volvió á Aquitania, reunió algunos partidarios , entró en España con ellos, fue ' vencido y preso junto á Barcelona por Hba, general enviado por. Teodorico para soste- ner el reino de los visigodos , y murió en la prision. Su hermano Amalárico, niño togla= via, ascendió al trono de los visigodos bajo la tutela de su abuelo Teodorico. Guerra entre francos y ostrogodos. (508.) Hasta entonces la fortuna habia favorecido siempre á Glodoveo , y nada detenia la car- rera de sus victorias; pero los ostrogodos le Aaa un muro mas fuerte, y el genio de 'eodorico contuvo el suyo. Vidse obligado. á levantar el sitio de Carcasona, y se volvió á pasar el invierno en Burdeos , donde hizo. transferir de Tolosa los tesoros de Alárico: Clodoyeo acometid á Angulema, plaza 43 y fuerte , y sin la ssl le habria «sido: dificil conservar sus conquistas. La plaza se le rin- dió con tanta prontitud , que Gregorio de Tours dice, que las murallas cayeron á la vis- ta del nuevo Josué. Despues marcho contra Teodorico, y puso sitio á Arles. Los puen- tes de esta ciudad, construidos sobre los dos brazos del Ródano, fueron motivo y teatro de batallas ostinadas y sangrientas. Despues de muchos esfuerzos inútiles , los francos, renunciando a la esperanza de tomarlos, pa- saron el rio en bateles. Clodoveo derrotado por los ostrogodos. (509.) La plaza sitiada empled en su defensa las catapultas, balistas y todas las máquinas inventadas por Arquimedes. Mientras. la guarnicion fatigaba á los sitiadores con sali- das vigorosas , y destruia sus Obras, se su- blevó el pueblo de Arles, y aun se sospe- chó que su obispo san Cesario habia querido entregar la plaza 4 los francos ; pero averi- guóse la verdad, y se supo que la conjura- cion habia sido tramada por los judios. Despues de muchos combates sangrien- tos, dados al pie de las murallas , la cons- tancia de los sitiados triunfó del valor de los francos. Un nuevo ejército de ostrogodos a- eudió de Italia, y obligó a CGlodoveo y á Gun- debaldo á levantar el sitio. Los ostrogodos los persiguieron y destrozaron su retaguar-, dia. El ejército de Teodorico, aprovechán- dose de esta victoria, estendió sus conquis- tas, y tomd á Aviñon. El rey de 1talia infor- (44) mó al senado romano de este triunfo, y lo. atribuyó al valor y habilidad de Tulum, uno. de sus generales. Asi se libertó del olvido. el nombre del vencedor de Clodoveo:. Paz con los godos. (510.) Teodorico lo- gró otra victoria contra este rey, en la cual, segun Jornandes, perecieron 30.000 francos: mas no indica el lugar donde se dió la bata- la. La paz se hizo entre godos y francos: los. ostrogodos conservaron la Provenza, los vi- A Á 1 sigodos a Narbona y su territorio, y Clodoveo. conservo todo lo demas de sus. conquistas. Despues de concluido este tratado, Clo-- doveo escribió á los obispos la carta siguieñ- te : «Sin duda sabeis las ordenes que dimos cuando entramos en las tierras de los visigo- dos, para ir nuestros guerreros respetasen las propiedades de las iglesias, de las comu- nidades de virgenes, de las viudas y de los clérigos dedicados al servicio del altar. Pro- hibimos toda violencia contra sus personas, - y mandamos que se diese libertad á todoslos que fuesen hechos cautivos: En cuanto á los prisioneros legos que hemos cogido con las armas en la mano, y sobre los cuales tene- mos derecho incontestable, permitimos que los recibais bajo vuestra proteccion, y sus dueños , al ver vuestras cartas de recomen- dacion, deberán tratarlos con mas benigni- dad. Hemos mandado poner en libertad á los cautivos q no han peleado contra no+ sotros, y podeis reclamar todos los que es- ten detenidos contra el derecho de gentes! —_ (45) su cautiverio cesará apenas veamos el sello de vuestro anillo pastoral. Pero mis vasallos os suplican que solo concedais vuestra pro- tección á los que son dignos de ella, y que confirmeis la justicia de vuestras reclama- ciones , tomando por testigo el nombre de Dios : único medio de impedir, á pesar de tantos informes diversos, que se confunda el justo con el impio. ¡ Venerables sucesores de los apóstoles , yo me recomiendo á vues- tras oraciones.» CGlodoveo volvió a Tours, demostro su gratitud a la Iglesia con 5 dones magnificos que hizo al templo de san Martin. Licinio gobernaba enton- ces aquella diócesis. Antes habia ofreci- do el rey á dicho templo el caballo que montaba el dia de la batalla de Vouglé. Que- riendo entonces rescatarle , envio cien suel. dos de oro álos que le guardaban; mas no fue posible hacer que el caballo saliese del sitio donde estaba, hasta que Glodoveo do- bló el rescate. «San Martin, dijo entonces el sicambro , es un amigo muy útil; pero vende algo cara su proteccion.» Tal era el espiritu religioso de a barbaros recien con- vertidos. En esta época, segun cuenta Hine- maro , recibió Clodoveo del emperador A- naslasio el diploma que le conferia los titu- los de patricio, cónsul y augusto; ya para conservar con este don la apariencia de so=- berania sobre las Galias , ya para grangear el auxilio de un rival formidable que desca- ba contraponer,á Teodorico. Clodoveo se (46). adorhó en la iglesia de san Martin de la púr pura romana y del manto de escarlata; del ues, ceñido de la diadema, fue á caballo 4 La catedral, y arrojó monedas de oro y pla- tad la muchedumbre. Gefe de los francos. por su nacimiento y por el voto del pueblo, protector del elero católico, y oa Las armas de la mayor parte de Galia , aña= dió con sus nuevas dignidades á los dere-. chos de la victoria una autoridad le gal sobre: los galos romanos; y asi afirmó el poder res. gio con el de la costumbre, que sobrevive a la caida de los estados y á la ruina de los gor biernos. El autor delos Hechos dice, que. desde este dia le llamaron augusto los roma-. nos, y se dirigian á él para la ejecucion de sus leyes , con las mismas formalidades que. en otro tiempo á los cónsules. El rey paso d. Paris, y segun Gregorio de Tours colocó en. esta ciudad la silla de su monarquía. Allí es. tableció su tribunal para juzgará los frávcos, y su pretorio para dar audiencia á los roma-. nos. Clodoveo fue á un mismo tiempo con- quistador y legislador: su carácter le incliz. o 1 naba mas 4 la guerra que á la justicia; pero. su nueva dignidad, la mezcla de su pueblo. con los galos, mucho antes civilizados, la necesidad del buen órden para conservarsu$ conquistas , y arreglar las relaciones entre vencedores y vencidos, le obligaron á re- formar en cierto modo las costumbres guer. reras , y corregir la ley delos salios, cd cida bajo el nombre de pacto de la ley sali. | (47 | ca. Es probable que este código hubiese ya sufrido algunas modificaciones, despues que Faramundo, Clódion , Meroveo: y Childeri- co habian entrado en Galia, y establecido- se sucesivamente en Tongres , en Turnay, en las orillas del Soma y en las del Rhin. El testo de esta ley, de la cual se ha hablado mucho sin haberla visto, y cuyo primer e- jemplar conocido descubrió Herold en el monasterio de Fulda en 1557 , comprende disposiciones favorables al clero , al mismo tiempo que otras son puramente germánicas; de modo que se puede inferir con certidum- bre haberse modificado despues de la con- version de los francos; y por tanto esta mo- dificacion no pudo haber sido hecha antes del reinado de Clodoveo; y como es sabido que Childeberto , uno de sus sucesores , la alteró de nuevo, podemos creer que este cd- digo fue en gran parte promulgado por el primer rey de Francia. Este código bárbaro, fuente de la legislacion francesa , esplica muchos hechos posteriores, preferibles siem- pre á los sistemas para entender la historia de un pueblo. Sabemos por Eccar que mu- chos autores han publicado diversas edicio- nes de esta ley con comentarios. Goldaste, Gerónimo Bignon , Baluze, Chifílet y Van» delin han multiplicado las copias de este do. cumento, enriqueciéndole con glosas. Ulti- mamente se ha publicado un antiguo ejem-= plar, hallado en Wolfembutel, escrito en tiempo de Pipino. Es curioso, y aun útil co- ] Í (48 ' nocer el prólogo colocado al frente del ejem- pu mas antiguo, porque pinta las costum res , que son el alma de la historia. | Prologo de la ley Salica. La célebre nad cion de los francos , formada por la volun= tad de Dios, constante en sus tratados de paz, profunda en sus deliberaciones, distin- guida por la nobleza y vigor de su cuerpo, notable por su blancura y sus formas , atre-. vida, pronta, áspera, convertida reciente- mente á la fe católica; en fin, exenta de he- regia, que buscaba la llave de las ciencias cuando era todavía bárbara, que desea la: justicia, pero conforme ád sus costumbres, que quiere mantener y conservar su reli- gion, encargó a sus grandes, que eran en- tonces sus gefes, la redaccion de la ley Sali- ca. Entre muchos de estos hombres escogió á cuatro , Wisigaste, Bodogaste , Salogaste Widogaste , Pe cuales se reunieron en los al llamados Bodogheve , Salogheve y Widogheve, y celebraron alli tres asambleas 9 mallas. Y discutiendo cuidadosamente las cosas y su origen, y tratando de cada una en particular, redactaron el decreto siguien- te. Pero despues que Clodoveo, el hermoso cabelludo, por el favor de Dios, rey cé- labs de los francos , recibió el primero el bautismo católico, todo lo que en este pacto: dejó de parecer conveniente, fue corregido y redactado con mas claridad por losilustres reyes Clodoveo, Childeberto y Clotario, que publicaron este decreto. ¡Viva Jesucristo, 4 O dr pl RAM DÉ Pr A LES A ht E tl ic lt 2 (49 que ama a los franceses! ¡conserve su reino, llene á sus gefes de la luz de la gracia, pro- teja su ejército, haga que se erijan monumen- tosá la fe, nos dé tiempos de paz, de ale- gría y ventura, y dirija a nuestros gobernan- tes por el camino de su santa ley P Esta na- cion , poderosa por $u fuerza y valor, sacu- dió en muchos combates el duro yugo de los romanos que oprimia su cerviz : ella misma, despues de reconocida la santidad del ban- tismo , ha adornado suntuosamente con pie- dras preciosas y con oro. los cuerpos de los santos mártires, a quienes los romanos ha- bian desfigurado con el fuego, mutilado y destruido con el hierro, d arrojado á las bes. tias feroces para que los devorasen:» Este era el lenguage de los primeros franceses , y rueba la influencia del principio religioso en 3 organizacion social y politica del pueblo. Tres siglos despues, cuando Carlomagno promulgó de nuevo la ley Sálica, le puso el siguiente prólogo: «Han resuelto los francos y sus grandes, y han convenido entre sí, que para conservar el amor de la paz interior, debian cortar to- das las raices de las antiguas discordias , y todo lo que pudiera irritarlas. Asi como eran superiores a todas las naciones por la fuerza de sus brazos, quisieron merecer la misma preeminencia por la autoridad de las leyes, Y que toda accion criminal fuese juzgada por a naturaleza del delito. Escogieron, pues, entre un gran púmero á cuatro hombres Wi- TOMO XIIL>+ 4 (50) | sigaste, Bodogaste , Salogaste y Widogaste, habitautes de los sitios llamados Bodohaim, Salohaim y Widohaim, que estan al otro lado del Rhin. Estos se reunieron en tres mallas, discutieron cuidadosamente el origen de las. causas y de los delitos, y espusieron sobre cada uno de ellos el juicio siguiente.» No. citaremos mas que el testo de la primera ley | Salica , tal como fue redactada por los pre- decesores de Glodoveo, modificado por este rey , y corregido porsus hijos. La que pro=- mulgó Carlomagno , añadiendo tres titulos, tendra su lugar cuando describamos á este. gran monarca por sus acciones y sus leyes. uste pacto contiene 72 titulos. Bastará para conocer su espiritu citar sus condiciones | Dra 1 principales , y las.que dan idea de las cos- tumbres de aquellos tiempos: lo demas seria fastidioso € inútil. Estracto de la ley Salica. El título 1 con- dena a 600 dineros de multa al que citado para las mallas, es decir, llamado á junta por las leyes soberanas, no se ha presentado ni alegado impedimento legitimo : á la mis- ma multa, al que cita á otro , y no compas rece él, El que cita á otro , debe hacerlo 4 . él 0 4 su familia, en su domicilio y delante : de testigos. El que está ejecutando una órden - del rey, no puede ser citado. Los titulos IL y siguientes, hasta el X inclusive , confir- man los testimonios de todos los escritores antiguos, y prueban que en Germania la ri- > queza de los francos consistia toda en susre- 51 baños. Todos estos os imponen mul- tas proporcionales por los robos de cerdo, buey, carnero, cabra, perro, pájaro ,abe- ja y árboles. Por un óerdo , robado del esta- blo, se pagaba una composicion de 1800 di- neros (45 sueldos), ademas del fredo 4 dere- cho del fisco. La palabra fredo procede de Sriede, que en lengua germánica quiere de- - cirpaz. El mismo robo en un campo solo causaba una multa de. 600 dineros. El robo de un toro del rey secastigaba con úna mul- tade 90 sueldos. En el titulo Ul se habla de los esclavos robados ásu señor. Las multas pres- critas para castigar este robo, sonevidente= mente adiciones hechas por Jos primeros merovingios; porque se sabe queen Germa- nia los cautivos eran cultivadores y siervos del terruño, pero no esclavos. Los francos no tuvieron esclavos hasta que entraron en Galia ; y en esta parte los romanos y galos civilizlidos fueron corruptores de los barba- ros. En los titulos XIL y XUL hallamos la ere demarcación hecha por la justicia e este tiempo entre los hombres libres y los esclavos. El robo cometidó por los pri- meros se castiga con una multa de 120041800 dineros : al contrario, los esclavos reciben 120 varazos, á no ser que rescaten su espal- da cou una multa pequeña. En el titulo XIV el robador libre de una doncella libre paga 1200 dineros; pero si la doncella estaba bajo la proteccion del rey, lamulta esde 2500 di- neros.Si un esclavo del rey roba una muger E (52) libre, es reo de muerte : la muger, robada: voluntariamente, pierde su libertad. El ro- | ' . bador de-la desposada con otro paga 2.000: dineros; y 8.000, si ademas comete atenta- do contra su pudor. Si un hombre casa con la esclava de otro, queda su esclavo». El que casa con su sobrina o cuñada, paga | 1.200 dineros, el casamiento se disuelve , y. si ha habido hijos, son incapaces de here-=. dar, y se reputan como infames. El titulo XV es uno de los mas importantes , porque de- muestra contra el sistema del abate Dubos, hasta qué grado humillaban los vencedores. alos vencidos. «Si un romano , dice la ley, asalta y despoja á un franco, la composicion | será de 2.500 dineros; perosi un franco co- mete el mismo delito con un romano , solo pagará 1.200 dineros. En el titulo XVII se manifiesta el gran respeto de los francos alos difuntos, si hemos de juzgar de la gravedad que tenia para ellos el delito, por la del cas- tigo que le aplicaban. Impouian multa de 4.000 dinerosálos que despojabaná un muer- to, y de 8.000 al que le desenterraba. El reo era desterrado de la sociedad , y el que le diese asilo pagaba una multa de 600 dineros: Todo crimen era expiado por el dinero : en el título XIX de este código singular está la tarifa de las multas por heridas.» Si la san” re llega al suelo, 600 dineros : si salen tres ida de la cabeza 1.100 dineros: siel cerer bro queda descubierto 1.800 dineros. El que - diere á otro hombre con el puño, pegan Ar A A (53) | dineros, y ademas 120 por cada golpe. En- medio de estas ideas de justicia tau groseras, y por decirlo asi, sanguinarias, se descubren con satisfaccion algunos pensamientos no= bles y elevados. El título XX castiga los de- latores y calumniadores. Si han'acusado ante el rey, falsamente y de una culpa ligera, á un hombre ausente é inocente, pagaran 2.800 dineros. Si el delito imputado es capital pa- gara el calumniador 8.000 dineros. Vemos tambien, segun estas disposiciones, que ya en aquellos tiempos se castigaban de muer- te ciertos delitos, y que se evitaba esta pena pagando una multa. Entonces se-creia en los maleficios ; y segun la ley, se rescataba la pena de ellos con dinero. El título XXIL re- cuerda la severidad de las costumbres ger- mánicas: «Si un hombre libre, dice el le gis- lador, estrecha la mano'ó el dedo 4 una mu- ger libre, pague 600 dineros : si el brazo, 1.200: si el codo 1.400: si el pecho1.800.» Tal era la tarifa del pudor entre los sicambros. El asesinato de una doncella libre se resca- taba por 8.000 dineros : el de una mager li- bre y con hijos por 24.000; pero si ya no po- dia tener hijos, por 8.000. Asi, aquel código bárbaro ponia tarifa al homicidio, segun el estado, la edad y la fecundidad. Eladulterio e un ingénuo con una esclava se castigaba con multa de 600 dineros, d doble si es es- clava del rey. Si un esclavo comete adulte- rio con esclava y violentamente; si de las re- sultas muere la esclava, el agresor será mu- | $ (54) | tilado y pagara 240 dineros; pero si no mue? re recibirá 120 varazos, redimibles por 120 dineros. Los titulos XXXI y XXXII contie- nen la horrenda tarifa de las A ” contusiones , roturas de dedos y dientes, Y la ridícula de las injurias. Por llamar tuertó. á un hombre se pagaban 600 dineros : si sé le Mama zorro ,120: si liebre, 240 : 1.800 5158 le llama prostituta a una muger, y 120 si sé censura a un hombre por haber perdido os la guerra su escudo, á no ser que se pruebe. ser verdaderas estas dos injurias. En el mis mo titulo se halla el origen de. nuestra lef del duelo. Era ofensa muy grave llamar á.0% tro mentiroso, y tenia multa de 600 dineros: Lo mismo sucedia si se llamaba delator, Pof desgracia se ha perdido este último 'uso (1) Un pueblo cazador debia ser rigido obsert vante de los: derechos de la'caza : el robo de un jabalí, ojeado por los perros de otro; cost taba 600 dineros. La misma multa pagabw segun el titulo XXXIV, el franco que atabe á un romano; pero era doble la que se ex!” gia de un romano que hubiese atado a uN franco. El titulo XL, relativo á los esclat. vos indiciados de robo , prueba que se 1 s ponia á cuestion de tormento. Pero el titulo oh. in (1) Voen España, donde el nombre de soploW* que espresa bastantemente la infamia de los del tores , es uno de los insultos mas graves que pue de recibir un hombre, (WN. del T.) j (55) mas notable es el XLMI, que trata de los ho» micidios cometidos en hombres libres , PO0P- que señala con exactitud las diferentes cón= diciones y clases distintas de los pueblos de Francia en aquella época. Si el hombre ase- sinado es franco 0 barbaro, que vive en la ley Sálica, el delincuente pagará una com- posicion de 8.000 dineros: si es antrustion; es decir, si está in truste dominica , 6 bajo la salvaguardia del rey, 24.000 dineros : si es romano comensal delvey 12.000 dineros: si es romano poseedor Ó propietario, 4.000 : si es romano tributario, 1.800. Muchos autores han creido ver en esta diferencia la distincion entre nobles y plebeyos, y en cierto modo tienen razon. Sin embargo , dos cosas cons=' tituyen la nobleza, que son los privilegios y la herencia. No puede negarse que habia privilegios, pero sin derecho hereditario, el cual no se introdujo hasta la época de los be- neficios militares. Ántes los privilegios fue- ron personales y vitalicios , á lo menos por el derecho; que en el hecho era forzoso que los hijos de los privilegiados lograsen algu- nas preferencias. El mismo Tácito , que se- gun Montesquieu todo lo abreviaba, porque todo lo veía, dice que los hijos de los gefes germánicos eran frecuentemente nombrados gefes por sus compañeros , casi al salir de la infancia. Por lo demas , es cierto que habia entre los francos familias notables é ilus- tres; pues los antiguos historiadores , ha- blando de Faramundo, dicen unánimemente, : 56 que los francos, habiendo vivido 0d tiempo sin reyes, nombraron uno cuando. asaron el Rhin, y le eligieron de una de Las familias mas nobles. El titulo XLVI man» da que la viuda no contraiga segundo matri- monio sin el consentimiento de sus deudos), a los cuales el nuevo esposo pagará cierta suma. El falso testimonio se castigaba con multa de 600 dineros. El titulo LlL arregla las formas que los condes deben observar. consus asesores parajuzgar las causas de deu- das, y concluye con una disposicion severa, difícil de ejecutar. «Si el conde, dice la: ley , se niega á hacer justicia , y la difiere | sin causa legitima, debe morir 0 rescatarse.» El que afirmaba una cosa en justicia, quedaba obligado á la prueba del agua hirviendo , 0 juicio de Dios: el titulo LV le dispensa de ella, mediante una suma proporcionada a la grayedad de la causa. Esto se llamaba res- catar la mano. El titulo LVI impone la mul- ta de 24.000 dineros por la muerte de un conde : de 12.000 por la de un sagí baron 0 juez inferior, si sirve en casa del rey; y de 24.000 si el sagi baron es hombre libre: En cada malloberga, 0 tribunal civil, no pue- de haber mas que tres sagi barones. No se apela de ellos al conde sino en el caso de violacion de las leyes. Era imposible que ol- vidase á los ministros del altar una nacion que daba al clero el lugar preeminente en. sus consejos. La multa por la muerte de un subdiácono era de 12.000 dineros: de un dia- o 1 4 RA A ES cono 16.000 : de un o NN 24.000 : de un obispo 36.000. Los condes tenian asesores, llamados rachinbargos 0 escabinos , porque se sentaban en escabeles en sitio inferior al del conde. Si rehusaban juzgar pagaban 120 dineros; y si nojuzgaban conforme a la ley, 600. En fin, el título LXXII y último es el mas famoso porque trata delos alodios o bie- nes propios, principalmente de losadquiridos por herencia. Su testo es como sigue: «Ár- ticulo 1.2, siun hombre muere sin dejar hi- jos, herédenle su padre Y su madre : 2.%, si no tiene padre ni madre, herédenle sus hi- jos d sus hermanos: 3.2, en defecto de estos, herédenle las hermanas de su padre: 4.2, en defecto de estas, la hermana de su madre: 5.2, en defecto de esta, los parientes pater- nos mas cercanos: 6., pero ninguna porcion de tierra sálica pase en herencia a las muge- res, y toda la herencia de la tierra pertenez- ca al varon.» Este célebre titulo se ha inter- pretado de muchas maneras opuestas: algu- nos han creido hallar en el la esclusion de las hembras á la herencia del trono, asimilando la monarquia á las tierras sálicas. Pero en el dia convienen todos que la le y sálica no con- tiene ningun articulo de derecho público, y que nada ha establecido acerca da la suce- sion real. La esclusion de las hembras se fun- da sobre una base mas firme que las leyes, cual es la de los usos y costumbres decatorce siglos. Ha babido tambiencontroversia sobre la significación de las palabras tierra salica. 58 | Unos , sin razon, 1 e aplicado á los be= neficios militares, sin atender á que estos. eran revocables; Henault ha refutado esta. opinion. Otros, con mas verisimilitud , han entendido por tierras sálicas las que, segun costumbre de los germanos, estaban al re- dedor de la casa, llamada sala en tudesco; y dicen que este nombre se estendid des pues á las que poseyeron los francos con to* da propiedad, y hereditariamente en la Ga- Jia conquistada. Esta es la opinion de Mon- tesquieu, y lo que parece que indica el tituz lo mismo de la ley ; pues en él se dice deb. alodio , dando á entender que solo va a ha- blar de los bienes propios , y poseidos he- reditariamente. Despues se modificó la es” clusion de las mugeres de la herencia de las. tierras alodiales; esclusion que Marculfo lla- ma costumbre impía; y las mugeres here” daron tierras y aun feudos. ú Los francos , libres, iguales y altivos en los bosques de Germania , tomaban por sl mano la venganza de las injurias recibidas: Asi, para aplacar la familia ofendida y lin brarse de su resentimiento , el ofensor se componia con ella y le pagaba una multa, como tambien el fredo al juez árbitro. Este. costumbre fue la primer base del código de los salios. Pero los reyes, aunque conserva” ron despues de la conquista los principioS. sencillos de esta legislacion, se vieron obli? gados, para mantener el órden, á aplicar ciertos crimenes la pena capital, y mas tar” (59) | de á tomar de las leyes romanas la proscrip= cion, para poner término á las querellas y reacciones. No es dificil de conocer que esta legislacion debia parecer suficiente y exenta de riesgos á una nacion pobre, libre y redu-= cida á un corto territorio; pero cuando la conquista de Galia:enriqueció a los gefes de los francos , haciéndolos poderosos y domi= nadores de un vasto pais, debió preverse que el código sálico, 0 por mejor-decir, la tarifa de los delitos aseguraria la impunidad del opulento yla opresion del pobre; y que un conde d un antrustion podria á su placer asesinar, robar y Oprimir, pagando una mul- ta muy corta ya, comparada con sus grandes bienes. Guando la nacion se reunia con fre- cuencia , el poder democrático impedia es- tos abusos; pero los francos, desde que se dispersaron en Galia, se juntaron pocas ve= ces. El consejo de los reyes sucedio á las dietas nacionales, la igualdad desapareció, y la tirania de la aristocracia militar no tar- dó en nacer y en crecer sobre las ruinas del poder de los monarcas y de la libertad de los pueblos. En los tiempos calamitosos de la decadencia y ruina del imperio romano, y de la invasion de los bárbaros , habian lle- gado los males á su estremo : asi es que en- tonces se buscaron los remedios, y se pu- blicaron á un mismo tiempo muchos e0- digos. Casi todos los devastadores de occidente procuraron edificar sobre sus ruinas. Alári- z (60) co M dió á los visigodos el código redacta- do por Teodosio : los francos recibieron las leyes sálicas y ripuaria:: el rey de Borgoña promulgó la ley gombeta ; todo el mediodia de Galia continuó sometido a las leyes ro- manas , porque la ley de los visigodos no; es. tablecia distinciones humillantes entre ellos y los romanos; pero en todos los eo que ocuparon los francos, dieron sus leyes tan” tas prerogativas á los que las admitian, que. poco á poco los galos vencidos por ellos abandonaron el derecho romano para con”. vertirse en francos. Sin embargo , paso mu- cho tiempo antes que esta conversion fuer se general, y hasta entonces tuvo cada uno la libertad de escoger la ley en que deseaba vivir. Aunque habia entre los códigos de los: salios , ripuarios y borgoñones algunas dife- rencias, observadas porlos eruditos, el prin: cipio de todos era el mismo; y el de Glo- doveo , que hemos esplicado , da idea bas”. tante completa y clara del espiritu , de las costumbres y de las acciones de aquellos tiempos. Clodoveo , como se ha visto , ase” guró en Francia con sus leyes , sus dones Y su deferencia la supremacia del clero, que tan útil le habia cid fortificar la autoridad del principe que Los protegía contra los arrianos. El concilio de Orleans, que se colebró el último año de sU reinado, reconoció formalmente en los reyes o para la conquista. Po? su parte procuraron los obispos estender Y A A A A a a a ct 61 francos el derecho a E los frutos de los obispados en sede vacante. Este privilegio, del cual han gozado los reyes de Francia so. lamente , es conocido con el nombre de de- recho de regalía. Usurpacion de los demas estados fran- cos por Clodoveo. (510.) Clodoveo debió merecida celebridad á sus armas y leyes, 4 la grandeza de sus proyectos, á su rapidez en la ejecucion , á su valor en los combates; pero la perfidia de su politica manechó con crimenes atroces el fin de un reinado tan largo y glorioso. Gregorio de Tours dice que este rey , temiendo la envidia de los princi- es de su familia, que gobernaban entonces ha diferentes tribus de los francos, y rece- lando que usurpasen su autoridad, formo el proyecto de reunir bajo un solo cetro todos aquellos pueblos diversos, que pudieran estrozar con sus querellas la monarquía : los medios criminales le parecieron mas pron- tos y seguros, y no dudd en emplearlos. Sus emisarios persuadieron á4 Cloderico que si podia acelerar la muerte de su padre Sige- berto, rey de Colonia, debilitado por la e- dad y las heridas, tendria segura la protec- cion de Clodoyeo para conseguir el trono de los ripuarios. Cloderico cayó en el horrendo lazo que le pusieron. Algunos asesinos so“ bornados por él degollaron á su padre en una selva, adonde se habia retirado por te- mor de una juvasion con que Clodoveo le a- menazaba. El parricida escribió al instante (62 al rey delos francos, que se hallaba dueño del trono de Sigeberto ,.y que consentia en. entregarle sus tesoros. Clodoveo le respon-=. dió , dándole las gracias, y pidiéndole que mostrase á sus embajadores el tesoro, que. «nunca podrá estar , le escribió, en mejores. manos que en las tuyas.» Cuando Jlegaron' los enviados, Cloderico abrió delante de e-. llos el arca donde estaban sus riquezas: ro” gáronle que descubriese con sus manos has” ta el fondo para ver mejor lo que allí habia; y cuando se encorvó Cloderico por darles contento, uno de ellos le corto la cabeza cul su francisca. Clodoveo, informado de esté suceso , acude con rapidez, junta á los fran- cos ripuarios , y les dice: «Yo marchaba há- cia el Escalda : Cloderico esparció peérfidas mente noticias mentirosas porn uie gnc 4 que yo ponia asechanzas á su padre. El infar me me atribuia su propio delito. Sigeberto» retirado á la selva Buchovia para alejarse de mi, cayó bajo el puñal de los asesinos pagar dos por Cloderico. Este hijo impio ha sobres vivido poco á su parricidio : unos hombre? desconocidos le han dado muerte mientra? contaba sus riquezas. No conozco a estos a? sesinos: nunca mis manos se mancharon cod. la sangre de mis parientes ; pero en fin, % mal ha sucedido, y es forzoso buscarle remet. dio. Pues se ha estinguido la familia de sih geberto , os doy el consejo saludable de qu* me acepteis por vuestro rey. Si consentis ch ello , juro defenderos á riesgo-de mi vidW (63) contra dadas vuestros enemigos.» Los ripua- rios respondieron a estas palabras con gran- des aclamaciones, dando los escudos unos contra otros : elevaron a Clodoveo sobre el pavés., y le proclamaron rey. Asi fue dueño e su vasto territorio, que se estendia desde - Ghalons sobre el Marne hasta las orillas del Fulda. Entonces creyó Clodoveo que era propi- cia la ocasion para vengarse de Cararico, o- tro principe franco que reinaba en los pai- ses de Boulogne, Saint Omer, Brujas y Gan- te; el cual habia querido hacerle traicion en la batalla de Soissons. Ganó á muchos de sus leudes , y marchó contra él. Cararico y su hijo no pudieron oponerle sino muy fla- ca resistencia : los traidores que los rodea- ban los entregaron al rey de los francos , el cual mandó cortarles el cabello, que era la degradacion de aquelsiglo. Despues los des- terró a un monasterio , donde el padre se ordeno de sacerdote, y el hijo de diáco- no. Algun tiempo despues, como Cara- rico llorase amargamente su desgracia, el hijo le habló asi : «Consolaos , orque des- ROJAR dono de este largo cabello , insignia e nuestra dignidad , no han hecho mas que quitarnos unas hojas que han de volver á brotar. ¡Perezca el autor de esta injuria tan prontamente como veremos crecer nuestros cabellos!» CGlodoveo supo esta conversacion, los mandó matar, se apoderó de sus teso= ros, y fue reconocido como rey por los fran- (64 . E O i cos y romanos que obedecian á Cararico. El mismo Gregorio de Tours continúa asi su nar? racion: «Ragnacario , rey de los francos d Cambray, deshonraba su clase y su familia con sus disoluciones. Faron, su privado ministro, le dominaba favoreciendo sus vi- cios. El rey hablaba de su favorito como de un igual suyo y asociado al trovo. El abusó que hacia Faron de su crédito, tenia incio] nados á los francos.» Clodoveo, sabedor esta disposicion de los ánimos, irritó el en jo, y logró fácilmente seducir 4.muchos va sallos de Raguacario, prometiéndoles braza letes de oro. Asegurado de su apoyo mar-. chó contra el rey de Cambray. Los infames. compañeros de este principe débil é infeliz, á quien habia encargado reconocer las tro- pas que se acercaban , le engañaron hacién* dole creer que eran un cuerpo auxiliar Ha-" mado por Faron. Esta perfidia hizo que n0. tomase precauciones para defenderse. Clo- doveo llegó , le acometió inesperadamente, y le derrotó. Cuando quiso Ragnacario escar parse , sus pérfidos compañeros le encade- naron á él y á sa hermano Ricario, y los He-> varon á Clodoveo. «¿Cómo, dijo el vence? dor al rey, un principe de mi familia es tan cobarde que sufre las cadenas? Debiais ha” ber perecido antes.» Y le partió la cabeza con su francisca. Volviéndose despues á Ri- cario , le dijo : «No hubieran preso á vues” tro hermano si vos le hubiescis defendi- do;» yal punto le matú con su segur. LoS (65) | traidores que habian sacrificado á sus prin> cipes, se quejaroná Clodoveo de la violacion de sus promesas; pues los brazaletes que les habian dado , solo'.eran de cobre dorado. «Una moneda falsa, les dijo el rey, es diguo premio de los que venden y entregan asus gefes. Huid de mivista,. y agradeced á mi clemencia que no mando daros muerte.» Es- ta moral , predicada por el homicida, au- mentaba. la malicia de su delito. Glodoveo hizo tambiem morir a Regnomero, hermano de Ragnacario , y rey de los francos estable- cidos en el Maine. Gon la muerte de estos principes y de otros muchos gefes', parien=- tes suyos, cuyas empresas temia , CONSIguio establecer su autoridad en toda Galia. Algun tiempo despues se quejó , en la junta general delos francos, de hallarse solo y sin familia. «Soy , dijo , estrangero.en mis estados. Si me acometiese alguna calamidad no tendria ninguna persona a quien volver los ojos para que me vengase.» San Gregorio de Tours, en lugar de creer sincero este sen- timiento, le miraba como un ardid para sa- ber si existian aun individuos de su familia, que se hubiesen libertado de sus crueles sos- pechas. Despues de tantos homicidios , y pa para expiarlos , reunió el concilio de rleans, al cual asistieron 30 obispos. En él se confirmó el derecho de asilo, concedido a las iglesias, por el cual se les autorizaba á no entregar los homicidas, ladrones y adúl- —teros que se rgfugiaban á ellas sino bajo la TOMO XIII, 5 1 ' (66) | promesa de no matarlos ni mutilarlos. Se es ceptud á los obispos de la ley de prescrip cion para sus bienes y para las tierras quí cedian. Entonces fundo Clodoveo much iglesias y abadias muy bien dotadas. Des pues de 30 años de reinado , y 45 de edadi murió en Paris, y fue enterrado en la igles sia de san Pedro y san Pablo , edificada pol él y por Clotilde. Santa Genoveva murio el mismo año , y tuvo sepultura en el templo que conserva sunombre. Clotilde se retiro? Turena algunos años despues , y acabó pia dosamente sus dias junto al sepulcro de sal. Martin, del cual pocas veces se alejó para 1 a la capital. La historia colocará siempre Clodoyeo entre los grandes capitanes, Dobi les politicos, célebres conquistadores y fun dadores de imperio; pero al mismo tiemp% que consagrara su gloria, ño olvidará los cri menes de sus últimos años. e. (67) CAPITULO VIL Cuildleberto for eno +) Alibris Clo- Layto > Cierro, — Division de los estados de Clodoyeo entre sus hijos. Guerras de Tierry, rey:de Metz, contra Teodorico , rey de Italia ; y con- tra los turingos. Guerra de Borgoña: ba- talla de Veseronce.. Fin de la monarquía de los borgoñones. Guerra de los .fran- cos con los visigodos. Conquista de Pro- venza : espedicion de Teodoberto a Ita- lia. Guerra entre los reyes de Francia. Sitio de Zaragoza. Muerte de Teodober- to, rey de Austrasia. Agregacion de Aus- trasta al reino de Soissons. Guerras de Clotario. contra los sajones y contra su hijo Cramne. Muerte de Childeberto. Dia de los estados de Clodoveo en- tre sus hijos. (511:) La edad herdica de los franceses fue mas corta que la de los grie- gos; pues se limitó al reinado! de Clodoveo y de sus belicosos hijos. No se sabe por qué prodigamos nuestra admiracion; ¿los funda- ( 68.) ; dores de los reinos de Grecia, al mismó tiempo queleemos con cierto disgusto la hist toria de 164 primeros héroes de Francia. Sil embargo , estas dos épocas y estos dos pal” ses ofrecen la misma union de valor y ba barie , de grandeza y grosería , de virtudes. y Crimenes; y los franceses deberian col templar con mas vivo interes, pues en fiN. es nacional, álos guerreros que rindieron 14 hidra romana, que a los que esterminaron l de Lerna y el Minotauro. Si á pesar de 10% prodigios iguales de valor la ferocidad dé costumbres es la que nos desagrada en cua? dros semejantes, se. puede decir que la fat. milia de Atreo es mas horrenda que la de Chilperico;z que los atentados de Fredegun da y de Brunequilde no igualan en atrocidad á los de Medea; en fin.,, que las disoluci nes de los merovingios no ofenden tanto € udor como los amores criminales de Elena, Meseo , Pasife, Piritoo y los Heraclidas. LY religión cristiana luchaba contra la inmoral? dad feroz de los francos; los héroes griego£ no tenian freno que contuyiesesus pasiones Pero lo que debia obligarnos principalment. te á estudiar con mas ciudado los origent% francos, es que son históricos, cuando 10% de Grecia eran en la mayor parte fabulosos" Ademas, todos los esfuerzos de los prince” pes griegos se limitan 4 conquistar un poco de oro en la Cólquide, y á destruir, despue? de diez años de afanes , la ciudad de Truy% cuando los gefes delas tribus herdicas de 10% HN a (69) francos fundarohiIsobeé las ruinas del impe- rio romano , una potencia que treinta años despues de Clodoveo: se estendia desde el mar del norte hasta los Alpes y los Pirineos, y desde el Océano hasta lá riberas del Da- nubio. Esta fue , como observa Robertson, una de las mas grandes revoluciones del mundo. El antiguo. valor, perdido mucho tiempo: habia entre los romanos, se hallaba en todasu fuerza: en los corazones de nues- tros abuelos : los sajones en Inglaterra, los francos en Galia, los hunnos en Pannonia, los ostrogodos y lombardos en Italia, y los visigodos en España, eran rivales en denue- do y atrevimiento: La faz de Europa se mu- do: formas de gobierno , leyes, costumbres, trages , mombres € idiomas , todo fue dife- rente. Los vencidos de mucho tiempo antes eran esclavos : los vencedores ingénuos. La asion de la guerra y el amor de ÍA gloria a- ¡Peron la banderade cada gefe un gran nú- mero:de' guerreros que le seguian como-vo- luntarios. Todas. estas naciones se apodera- ron y 'aunque bajo diversos sistemas , de las tierras de los vencidos; y sin:embargo, en- tre tantos pueblos diferentes se fue estable- ciendo poco á poco una policia feudal y uni- forme, yes las mismas causas producen siempre iguales efectos , y porque teniendo todos temor de perder sus conquistas , fue necesario que empleaseu medios semejantes para conservarlas. Ási, en todas partes fue o- bligado el hombre libre á hacer servicio mi- (70) litar por la: tierra «que le habia tocado. Los reyes, que habian recibido mayores porcio= nes > las distribuyeron para aumentar el nús mero de sus adictos Y leudes. Todo nuevo gobierno fue en el pais de que habia hech0 la conquista , un ejército acantonado , cuy? fuerza no podia conservarse sino por la dis" ciplina. Las palabras soldado y hombre'fuer. ron sinónimas. Este sistema , escelente pará la defensa militar, contenia-los gérmenes de la anarquia civil. Los vasallos de la coront. recibieron en tierras beneficios revocables, haciendo homenage de fidelidad: poco des*. pues conservaron rebeláandose los: beneficios. que habian conseguido sometiéndose: poc0 a poco se fueron haciendo hereditarios 109 beneficios, y pronto no quedo ninguna bar-. rera que preservase: la monarquía de las ur surpaciones' de la aristocracia. Los progre” sos de los grandes vasallos fueron sucesivos. pero rápidos. Al principio eran jueces y me gistrados por los reyes, despues se hiciero! administradores y jueces soberanos. ,: acuña ron moneda, declararon guerra , violaro! las leyes; insultaron 4: sus monarcas, que no tenian autoridad , y rompieron toros los vinculos que los unian 4 la corona. El des órden que introdujeron se hizo. universal. Cada vasallo tuvo tambien vasallos y subva” sallos : el débil se sometió en todás parte”. al fuerte , para ser protegido; y la: Franció bajo los últimos reyes merovingios , solo 0% frecia el espectáculo de una nación tan 4 (01) borotada en lo'interior, como débil y flaca en lo esterior. ) El genio de Carlomagno reunió por.al- gun tiempo los retales esparcidos de la mo- narquia: restablecio.la libertad con las asam- bleas nacionales, dió vigorá las leyes con los capitulares: la autoridad monárquica rena- ció a la sombra de su gloria; pero su vasto sistema no pudo conservarse. Despues de su muerte se desmembró el imperio : Francia volvió á la anarquía: las ciencias huyeron de un gobierno en que nada era fijo ni estaba. arreglado : los restos de sociabilidad, urba- nidad, lujo y elegancia, quese hallaron en la. Galia romana, se perdieron: entre las tinie- blas feudales. Los. graudes no supieron ni aun leer: los clérigos apenas entendian el Breviario; supersticiones groseras ofuscaron la luz de la religion: el clero fue belicoso: la nobleza se corrompio por su despotismo: el pueblose envileció en la servidumbre : el sentimiento.de la dignidad humana desapa- reció., y se arruinaron todas las barreras que se oponen a la ferocidad de las costumbres. Pero segun el órden eterno de las cosas, los inforlunios tienen sus limites como las pros- peridades. El de la degradacion de Europa fue el siglo. XI : entonces el )jeregrinage ar- mado de las cruzadas la saco de su letargo, y trajo de oriente nuevas luces e ideas que mejoraron paulatinamente las costumbres, y vigorizaron la accion de los gobiernos. Despues de este corto bosquejo del cua- iS LINO dro magnifico , formado por el genio de Ro- bertson , que nos da justa idea del: origen, progresos y caida del sistema feudal en Eu- ropa , veamos cual era el estado de los fran 4 cos en el momento en que, vencedores de Galia, perdierón el' rey que los habia guiado. a esta conquista. Montesquieu observa con. razon que la ley Sálica 10 esctuia:las muge- res de la herencia porque prefiriese los va- robes, sino para dejar la casa ó sala al que debia habitarla y podia defenderla.Elderecho. de los varones no pasaba mas allá del quinte grado. Muchos autores han confundido las. tierras sálicas con los feudos : las tierras sá- licas eran alodios'¿bieñes propios: los feu dos tio0'se conocieron ni establecieron sino” mucho tiempo despues de la conquista: Los francos buscaban sus leyes en la naturaleza; y asi, su primer corona fúe la larga cabelle- ra. Los particulares solo tenian una mugeri los reyes francos, aunque ya cristianos, cons servaban muchas, no por incontinencia; por? 1 que las costumbres eran puras, como 104 prueba la deposicion de Childerico., sino porque la pluralidad de esposas erá um pri vilegio de su clase, concedido en Germania á los principes mas ¡lustrées. Ápenas un fran= co podia manejar la lauza, entraba 4 las az sambleas, y la naturaleza señalaba la mayor edad por medio de la fuerza. «El águila, de cia Teodorico, deja dé alimentar á sus his jos desde que tienen garras.» El derecho de adopcion era conocido de los francos : se ar (73 doptaba á un niño dle un venablo. La. razon y el bien público exigian que la auto- ridad suprema residiese solo en un hombre: los usos y costumbres habian asociado el de- recho de reinar al nacimiento; de modo que sé miraba á cualquier individuo de la fami- lia real, aunque fuese niño , como rey y gefe que debia poseer una porcion del reino y el mando de una tribu, y de los compañe- ros que quisiesen seguirle. Asi la naturaleza y el interes general propendian a la unidad del poder, y las costumbres á su desmem= bracion. De esta contrariedad nacieron las discordias , crueldades y crimenes de los re- yes de la primera dinastia; porque los nu- merosos principes de sus familias eran riva- les y ¿quienes no podian impedir que des= membrasen. sus estados sino privándolos de la vida. Otra causa fecunda de las desgra- cias públicas era el derecho de vengar per- sónalmente las injurias, conservado por los pueblos del norte 'eon' mas celo: y teson que otro alguno.: Las composiciones y multas, prescritas pov-la ley: Sálica, fueron débil paliativo y freno impotente contra la pasion de venganza que'se perpetuaba en las fami= lias +'asi los asesittatos de reyes y principes, qué nós causan ahora un horror tan grande y tanjusto , no' eran entonces para los pue= los sino el ejercicio del derecho que tenian de vengar las injurias y hacerse justicia 4 fuerza armada. Los francos no tenian verda= deros reyes auies de entrar en Galia. Los (74) caudillos de las tribus se reunian algunas ve- ces para deliberar, y convocaban la nacion entera para discutir sobre Jos intereses ge- nerales de la confederacion. Cuando los fran- cos se dispersaron en Galia, los condes y du- que , nombrados por los reyes , celebraron en todos los lugares asisas 4-asambleas para juzgar las causas : sus asesores eran elegidos por los romanos paralas causas de sunacion, y por los francos para las sálicas. Las gran- des juntas dial llegaron á ser muy ra- ras. Tratados de reconciliacion entre. los principes ,h mudanzas notables en las leyes, instalacion de los monarcas. , empresas mili- tares de importancia ó juicios de grandes de- lincuentes fueron los objetos de estas reu- niones. Pero en circunstancias ordinarias se sustituyó a la asamblea nacional el gran con= - sejo de los reyes , compuesto de antrustio- nes, leudesy senioresz es decir, delos gran” des del estado. Gozaban el privilegio de ju= rar personalmente fidelidad. al rey, de ser sus comensales, y de no. tener otro juez sino á el, Como los sacerdotes de los pueblos bár- baros de Germania DAT y casi sa- grados, los obispos cristianos , sabios. y vir- tuosos., y perpétuos mediadores entre la fe- rocidad del vencedor y la flaqueza del ven- cido , heredaron aquella prerogativa, en- traron en el consejo de los reyes, y aun 0cu- paron en él las primeras sillas. De estos pri- vilegios resultó que los nobles vitalicios ó seniores, establecidos en sus tierras, solici- (75) i taron y obtuvieron que los tributarios fija= dos en sus posesiones fuesen exentos de la jurisdiccion de los condes, 'asi como lo eran ellos , y de este modo fueron los nobles los jueces de sus tributarios, de sus sierv0s, Y despues por abuso, de todos los hombres ingénuos 0 libres que les rindieron vasalla- ge para estar bajo su proteccion: Los obis- pos los imitaron, con tanta mas razon, cuan- to era mayor el número de los quese acogian a la proteccion de la Iglesia , por dos moti- vos: uno porque los obispos, desde los prin- cipios del eristianismo, árbitros de las desa- venencias de los fieles, juzgaban segun el erecho comun , cuyas formas eran protec- toras , y no por la jurisprudencia barbara que los francos trajeron de Germania : otro porque el poder protector del sacerdocio erapatoral > Y por consiguiente mas fuerte y sagrado que-la: espada e los barones. A. los E Procuraron los obispos esceptuar bs Wi los bieneside la Iglesia”, como staban los delos nobles; por la razon de PR, UNOS y otros ejercian poder político. El TS 0 Injurioso fue el primero que. se resis- de a pagar contribuciones. Despues esten- aid sus derechos hasta arreglar la con- Erie reyes; juzgarlos “y prohibir 4 OS que los 'obedeciesen. Estos: dere- chos , que hoy nos parecen y són tan anár- quicos , eran conformes á las costumbres de aquellas naciones, bárbaras, que como he- mos visto , deporian, y aun condenaban dá E (76) muerte á sus caudillos. El sacerdocio tuvo mas prerogativas politicas que las demas cla- ses , porque las escedia en luces , y ademas enseñaba la única doctrina que Dada enfre- nar á los grandes , y proteger á los desvali- dos. El silencio universal de todos los histo- riadores , y la falta de actas conocidas prue- ban que entre los franeos no hubo sistema regular de repartimiento de los tierras con- quistadas, sino que cada uno, segun su.con- veniencia, su clase, su crédito y la ocasion, se apoderó de los bienes que ponia.en-sus manos la muerte ó la esclavitud del enemigo yencido , 0 del delincuente condenado ¿Ta confiscacion de bienes. Las leyes de los visi- as y borgoñones hablan de repartimiento egal , porque lo hubo: la ley Salica no: ha- bla de él, porque ninguna disposicion Jo habia arre Í los caudillos daban en Germania, eran caba- lMos , eseudos, y parte en el botin. Cuando estos caudillos llegaron 4ser reyes 0 con- Cobro A oler se apoderaron de gran- es dominios, y dieron. estensas porciones de eHos, con el nombre de beneficios , 4sus leudes, fieles y compañeros, cuyo número aumentaron de este modo , y caya adhesion sab fijar. Los gefes inferiores imitaron alos reyes, y formaron tambien una pode- rosa clientela. Los francos , que al principio protegieron las ciudades, y despues las opri- mieron, no gustaban de ¡onda en ellas , y preferian el campo. Los patricios y senado- ado. Los regalos y premios que. A o a O e e A (77) : res galos siguieron su ejemplo , a E ley Sálica, y fueron , como sus vencedores, leudes, antrustiones , seniores, nobles L campesinos. Los senadores de las ciudades o su autoridad : á la guerra que es- tas se hacian antes, sucedió a de los casti- 05 3 y para evitar las calamidades que pro- Ucian estas querellas y venganzas ¿particu- ares, recurrió todo hombre libre a la pro- teccion de un señor, de un obispo 0 de un, abad , rindiendo vasallage, y tal vez hacien- Ose siervo. En efecto, da fórmulas de Mar- culfo demuestran que habia dos modos de conseguir el auxilio de un hombre mas po- eroso si el hombre libre le presentaba una flor 9 una espiga, prestando homenage al señor , quedaba por vasallo y soldado suyo; pero si le era forzoso comprar mas cara su seguridad , por ser mas débil ó mas timido, resentaba al patrono un mechon de sus ca- Rellos , y quedaba esclavo del terruño. Los francos no pagaban impuestos, y en vano se han dado violentas interpretaciones á la pa- labra censo para sacar pe ella una falsa in- duccion. Muchas actas prueban evidente- mente, que solo estaban sometidos á la obli- gacion de costear la mesa y el alojamiento de los. reyes , duques y condes cuando pasaban por su territorio. Cada tres casas debian dar un soldado. Los leudes seguian en persona al rey. Se pagaban peages por la construc- cion y conservacion de puentes y barcas. Los romanos y galos libves participaron de (78) esta exencion de impuestos; cuando antes eran oprimidos por los emperadores, y este alivio, introducido por las costumbres ger- mánicas , contribuyó mucho á unir los ven- cidos con los vencedores. Un hecho refuta suficientemente en esta materia toda obje- cion sistemática. Marculfo en una de sus fór- mulas prueba del modo siguiente la exen- cion de impuesto que gozaba todo: hombre libre : «Ninguno , dice, puede ser clérigo sino prueba que es libre y no inscrito en el libro del censo.» Asi el censo 0 tributo no continuy pagandose sino por los tributarios O siervos del terruño. Este impuesto no per- tenecia al estado ni al erario, sino al dueño de la tierra. La renta de los reyes consistia, pues, en la de sus dominios; esto es, en los frutos de sus tierras; en el censo que pagaban los siervos ó tributarios de las mismas, y en el fredo , multa d confiscacion que resultaba de los juicios. Ademas, segun el uso anti- guo , los francos en sus juntas nacionales o- frecian al rey ciertos regalos, conocidos des- pues con el nombre de dones gratuitos. Con estas noticias se entenderá facilmente cómo los hijos de Clodoveo, distribuyendo pródi- amente sus dominios en beneficios para los lao compraron por algun tiempo con su socorro un poder casi absoluto sobre los pueblos; y cómo despues, hallándose sin rentas , no pudiendo revocar los beneficios, porque los grandes les habian convertido ya en propiedad suya, vieron en menos de un a E TA pp 79) siglo á los nobles y lomas de su7poe der, mudar la monarquia en república es ristocrática, no, dejarles mas que una corona ilusoria , elegir hasta los oficiales de su ca- sa, y mandar como señores en su mismo pa- acio. Para concluir esta pintura fiel de las cos- tumbres, politica y sistema legislativo de los francos , volvamos por la última vez a la cuestion tantas veces controvertida , de la herencia 09 eleccion de los reyes. Nada prue- ba con mas claridad el derecho de herencia que poscian los principes de la dinastia me- rovingia, quesusucesion hereditaria durante tres siglos y en las mismas épocas en que su debilidad personal no les dejaba mas dere- cho a la corona que el del nacimiento. Las particiones que hicieron del reino, el adve- nimiento al trono de reyes niños en un pue- blo belicoso y turbulento, son rra no menos decisivas del mismo derecho. En fin, los crímenes mismos de los primeros principes añaden nueva fuerza á estas pruebas; porque nunca los hijos de Clodoveo hubieran for- mado el horrendo designio de degollar á los hijos de Clodomiro , su hermano , uno de edad de cinco años, y otro de siete , si hu- biesen mirado como inciertos sus derechos á la participacion del trono , y si hubiesen te- nido otro medio que el de quitarles la vida para privarlos de aquellos derechos. Sin em- argo , tampoco se puede poner en duda que los francos vivieron mucho tiempo en E NS Germania sin reyes: que eligieron á Fara- mundo : que se reservaron el derecho de revocar 0 confirmar los poderes concedidos á la familia reinante : que depusierona Chil- derico: que dieron el cetro a Egidio, y que eligieron á Clodoveo por rey de los ripua= rios. La inauguracion de muchos reyes se hizo con el consentimiento de los grandes y el pueblo. Los francos amenazaron á Tierz ry que eligirian por rey á. Clotario, sino seguia á sus hermanos á la guerra de Borgo- ña. Mas tarde suspendieron el ejercicio de la autoridad real, y proclamaron a Cárlos Martel por duque de los franceses; en fin, depusieron al último de los merovingios , y eligieron en su lugar a Pipino, gobernador Dal palis De todo esto debe inbride que por costumbre y derecho usual , aunque no escrito en las leyes, la corona fue constan- temente hereditaria en la primer dinastia; ero que las juntas de lós francos no solo risaiian la autoridad de los reyes; obliga- ron á Clotario á jurar que nada haria sin-su aprobacion; decidieron libremente todas las cuestiones importantes de leyes, guerra, pa- ces y repartimientos; juzgaron á Fredegun- da , y condenaron á Brunequilde, sino que, aun respetando en la familia real el derecho de herencia, conservaron cuidadosamente en muchas instalaciones de reyes el uso de re- cordar su autoridad electiva con una fórmu- la que habla del consentimiento de los gran- des y del pueblo. Esta fórmula se halla en a A E (81) na | muchas actas reales, y se ha conservado has- ta nuestros dias en el ceremonial de la"con= sagración de los reyes. Los cuatro hijos de lodoveo eran jóvenes cuando murió su pa- dre. La reina madre; venerada en Francia como santa, gobernd muchos años en num- bre de ellos, y por'su consejo dividieron el reino en cuatro partes, y el pueblo franco en cuatro ejércitos + segun la espresion de Gregorio de Tours, hicieron esta division lanzas iguales. La diferente estension de és- tos cuatro territorios, y la mezcla de unas posesiones con otras, prueban evidentemen= te que el principal objeto del repartimiento fue la igualdad del número de francos. Como estos se hallaban reunidos en gran cantidad en el pais que se llamó despues isla de Fran- cia, se formaron de este territorio, mas limi-= tado que lo demas , tres reinos, que fueron los de Paris, Orleans y Soissons. Tierry era hijo de una concubina, y los otros hermanos de Clotilde: tenian una hermana llamada tambien Clotilde, que casó , por su mal, con Amalarico, rey de: los visigodos. Los francos, segun su antigua usanza, formaban entonces una nacion dividida en cuatro tri bus. Tierry tuvo por capital la ciudad de Metz : Clodomiro É de Orleans: Childeber= to reinó en París, y Clotario en Suissonsy de modo, que la costumbre , mas fuerte que la ley del bien úblico, destruyó: la reúnion que Clodoveo abia conseguido á costa de tantos crimenes , asesinando ú Sigeberto, TOMO XII. 6 (98) Cararico. Y Ragnacario » y sometiendo sus tubular io Is Guerras de Tierry , rey de Metz, con- tra Teodorico, rey de Italia, y contra los turingos + (521.) Esta contradiccion entre la ley fundamental que dividia los tronos, y la ambicion que procuraba reunirlos, fue la causa privcipal y deplorable de las crnelda- des de Clodoveo y de su familia. Sin embar- go, los diez primeros años del reinado de estos cuatro reyes fueron pacificos; y la vir= tud de Clotilde contuvo en la obediencia y el respeto 4 sus turbulentos guerreros. Teo- dorico ¿rey de Italia, quito a Tierry toda la Galia narbonense y parte del Langúedoc. Mas felices fueron en Germania las ar- mas de Tierry. Mucho tiempo antes habian dado los turingos a los francos justos moti- vos de venganza , apoderándose de su anti- gu patria germánica, y asolando la Poxan- ria. Las disensiones que se movieron en la familia de Hermanfredo:, rey de Turingia, proporcionaron á los francos el medio de ob- tener la satisfacción que pedian. El reino de Turingia estaba dividido entre Hermanfre- do, Bladerico y Bertier, sus hermanos. Esta particion ofendia el orgullo de Amalaberga, esposa de Hermanfredo. Esta muger altane- ra y violenta empleaba sucesivamente los ruegos , las quejas y la ironía para inflamar la ambicion Ea su esposo. Un dia que este principe se sentó á comer, halló la mesa solo medio cubierta: preguntada la causa de la (83) novedad, la reina le respondio, que «un prin- cipe débil, que se deja'quitar la mitad de su reino, no merece que se le sirva sinó a me- dias.» Hermanfredo > irritado de estas bur- las: y de las representaciones de sus ambi- ciosos leudes , toma las armas , y para con- sumar la. ruina: de sus hermanos lama en su SOcorro a-los reyes Siopmioss Tierry”, pro- metiéndoles una parte de los despojos de aderico y Bertier- Los francos acudieron: sus fuerzas reunidas arruinaron alos dos her- manos,: que perdieron el cetro y la vida. Pero apenas se vió: dueño Hermanfredo de todo -el reino, quebranto la palabra, y se negó á dar las indemnizaciones prometidas a los principes francos. A- esta noticia los dos hijos de Clodoveo reunen en el campo de Marzo sus impetuosos guerreros. «Compañe- ros, les dijo Tierry, todavia os acordais de las injurias hechas á nuestros padres por los ¿rfidos turingos. Despues de muchos com- Ep para lograr la paz, los francos les die- ron rehenes, que perecieron á manos de los crueles. Luego llevaron sus armas contra la antigua cuna de muestra tribu : asolaron las tierras, mutilaron a nuestros hijos, y los col- garon por los tendones descubiertos de los arboles. Ataron 200 doncellas francas á las colas de sus fogosos caballos, que las arras= traron hasta que las hicieron pedazos. Estos mónstruos arrojaban nuestras mugeres en las sorruedas mas profundas, hacian pasar so- bre ellas sus rápidos carros, y entregaban (84) despues sus huesos quebrantados a los per= ros. En fin», habian jurado espiar estas atro- cidades, reparar estas injurias, y aplacar con un tributo nuestros justos resentimientos : 4 este precio hicimos la:paz, y socorrimos a su rey. Ahora Hermanfredo viola sus juramen= tos, y aun tiene la osadia de quebrantar sus promesas y. de añadir las amenazas á las men-= tiras. Marchemos «contra él : Dios castiga a los perjuros , y combatirá en nuestro fa- VOTÓ. y Los. francos respondieron con gritos de furor 4 estas palabras de su rey , y entraron de nuevo en Turingia. Hermanfredo fue ven=- cido, su reino conquistado , y añadido á los estados de Tierry. Clotario se contentó con un botin riquisimo y un gran número de cautivos , entre los cuales se contaba una princesa turinga llamada Radegunda. Ca- s0 con ella, la hizo desgraciada con sus infidelidades, se separaron , ella entró en religion , y fundo ol monasterio de Santa Cruz: en. Poitiers. Hermanfredo., aunque destronado ,infundia recelos en Tierry. Es- te le llamó cerca de si, prometiéndole sua- vizar.su infortunio, El rey de 'Puringia cayó en el lazo, y vino confiadamente a presen- cia de su vencedor. Pascándose un dia en- trambos sobre las murallas de Polpiac , un desconocido pasó de improviso junto/áHer- manfredo., y de un:empellon le arrojó al fo- so, donde murió. Amalaberga, causa de to- das sus desgracias , huyó u la corte-de los 85 vándalos de A 2 estaba su madre, y acabó alli su vida. 113 Guerra de Borgoña : batalla de Vese= ronce. (523.) Otra muger fue la ruina de Borgoña. Gundebaldo habia muerto, y Su= cedióle su hijo Segismundo , que gozó mu- chos años de tranquilidad , asegurada con fuertés “alianzas. Casó 4 una hija suya con Tierry, y ganó la amistad de Anastasio, em- perador de oriente, no solo pretendiendo que le confiriese las dignidades de patricio, conde y gefe de la milicia romana , que ha-= bian obtenido sus antepasados , sino decla- rándose respetuosamente vasallo y lugarte= miente del emperador, y comandante de los romanos en la parte que poscia de las Ga= tas. Sus cartas son curiosas y y favorecen la Opinion de Dubos acerca «del di pto inspiraba todavia en esta época el nombre del imperio de los Césares 5 y ademas es- Plican el motivo que habia tenido Clodoveo ps dar 4 sa corona el último esplendor de a púrpura patricia y consular. «Muy glo- rioso'soberaño , decia Segismundo , yo me presento en espiritu al pie de vuestro trono: Aunque mis antepasados han tenido siempre almucho honór eliédelcacaby probaros su ad: hesion, los beneficios con' que me habeis honrado personalmente, pueden mas con= migo que las obligaciones. de mis padres: Mis pueblos son vuestros ; “y es mas agrada-= ble fe mt serviros/que mandarlos. Mis a= uelos han creido siempre obligacion suya -. 08 ser afectas al Ed era de lo que han dado prueba á vos y vuestros predecesores; se han honrado mas con este vinculo que con los titulos militares. que les habeis dis- pensado. Mando la nacion de los borgoño- nes, y solo me contemplo gefe de, vuestros soldados. Todas vuestras prosperidades son ara mi motivos de alegría; y lo. que haceis por. la salud de todos, es un bien de que yo participo. Por medio. de mi gobernais:pro- vincias tan lejanas : mi patria es dominio vuestro; y.la luz sale de oriente para esten- derse hasta las Galias.» Se ve por estas formas antiguas de sumision y este lenguage servil que a Segismundo, le dictaba sus cartas un romano. No era dificil de prever que un principe que se humillaba á usar de estas es- presiones, era poco capaz de una: larga lid contra los valientes hijos de Clodoveo. Segismundo perdidá su cago , que era de sangre real; y enagenado de. un ciego ar mor, dió su mano á una doncella de bajo na- cimiento. Su hijo Sigeberto , indignado de estas segundas nupcias, no pudo ver con so- siego. que la nueva muger del rey llevase los vestidos de la reina , su madre. «Vos profa- nais , le dijo un dia, la diadema. y los ador= nos , que nose han hecho para vos; y man= cillais los vestidos de una reina , cuya escla- ya erais.» Desde entonces , enfurecida su madrastra , resolvió vengarse: tuvo arte pa- ra persuadir á Soplimanio que su hijo.cons- piraba contra él : el rey, demasido. erédulo, (87). mandó dar muerte? al muevo Hipolito. La corte se divide: una parte delos señores murmura-: fórmanse "facciones , y la discor- dia, presagio cierto de“laruina de los'esta- dos domina en Borgoña: Entonves'lá reina Clotilde habló asi '4 sus hijos : «No hagais que me arrepienta del amor con que 0s he criado : aprovechad la “ocasion favorable, y castigad 4'los borgoñones porel delito'de háber muerto 4 mis” padres.» Proponer la guerra ¿Tos hijos de Clódoveo, erá nrostrar- les el camino por donde'los arrastraba su ca- racter impetuoso: Childeberto, Olotário ' y Clodomiro escitan el'ápdor' de sus guerreros con la esperanza de unarica presa: marchan con-numñeroso ejército contra Borgoña ; pero Tierry tenia dos motivós para no'funtar sus tropas álas de sus hermanos. Durante la Búer- ra de Turingia, habiéndose esparcido la fal- sa noticia de su muerte 3 los hijos de Clotil- de habian entrado en "Auvernia: para seño= rearse de esta opuleñta porcion de sús'esta- dos. Por btra parte los viiculos que le étila- zaban con Segismundo: su suegro, le itipo- lan unirse 4 los “que querian destroparle. us leudes , sorprendidos de su inacción , y Pesarosos' de no' tomar patte en uña guerra que prometia á los vencedorés Mérras , es clavos y riquezas, instaban al rey id: ne eon- nurtiese 4 la guerra contraBorgoña; y Uomo lerry sel negase 4 ello ¡"pasarón prohta= Mente de las murmuraciones álasedición, y € amenazaron de abaudoriarle y "pasarse á Clotavio. Tierry, firme em su propósito, lo- gró calmar:su enojo y y: ofreció otro objeto a nó como un tirano. El rey, no haciendo.caso de y6 costumbre , que, Apo derecho, a los pus los para elegir sus obispos, dispnso de la mitra de Clermont , y la dió á, Quinciano pay ndemplanci de las persecuciones que habia, sufrido, de los arrianos como din rios de Clodoveo.,... o] «Entretanto los ejércitos de. Francia. y Borgoña vinieron á las manos : los horgoño- nes estaban divididos , y fueron derrotados 89) en breve. e + vencido cayó en po- dér de sus enemigos, que se hicieron due- ños de Borgoña; pero su hermano Gunde= maro sublevó poco despues los borgoftones, y + volvieron 4 tomar las armas. “Los reyes francos ¿al saber esta rebelion, mandaron a= sesinar:á Segismundo ; reunieron sus tropas, marcharon contra Gundemaro, y le dieron batalla cerca de Veceronce, ex las orillas del Ródano. Despues de unaresistencia ostinada el valor de los hijos de Clodoveo fijó la vio- toria : una parte de los borgoñones pereció, y btra:se salvo con la fuga: Clodomiro, de- masiado impaciente: de «consumar la derrota de lós-enemigos; los persiguió con tanto ár- or que se separó de los suyos: entonces un cuerpo enemigo trémolóy para engañar= lo un estandarte parecido al da los francos; sé acercan á el y le rodean, acometen y dera ribah :> le cortan la cabeza, la? ponen en la Punta de una lanza ; y se retiran' consolados e su derrota con este trofeo: Gundemaro, Para escapar de le venganza de los francos, C- vistió demonge, y se ocultó en un con= ha sa despues un traidor le entregó A los encedores, que lo mandaron arrojar a Un Pozo, y esterminaron su familia. : ( 53 e la monarquia de los borgoñones. A ildeberto y Clotario ; despues de E RATON ruina de los borgoñrones, AS lo todas las ciudades y pueblos que sa sistian , repartieron entre los dos la goña, y pusieron: fin á este reino”, que 90) habia durado 120 años. Algun tiempo antes, estos dos principes , dignos herederos de la ambicion y crueldades da su padre, come- tieron con los hijos de Clodoiniro la mas horrenda atrocidad. Veian con pena que a= quellos: principes , de los. cuales el mayor aun no tenía siete años , debian por su naci= miento , por las costumbres de: los francos, y por la proteccion de la virtuosa Clotilde, participar con ellos de la -soberanta de las Galias. Era preciso , pues, que aquellos ni= ños fuesen sus rivales d sus victimas. Chil- deberto , cuyo carácter era benigno, estaba indeciso; pero el impetuoso Clotario 10: pas. saron a.Paris , donde estaba entonces Clo= tilde ; ocupada en lá educacion de los hijos del desgraciado Clodomiro+ Clotario, para esterminar a. sus sobrinos, engañó 4 suamaz dre. eon. la. mayor perfidia , suplicándole que les enviase a los.niños para darles, de h= cuerdo. consu hermano , Dicbusasios delos estados de. su padre. Apenas los tuvó en sá poder envió. 4 Arcadio, senador romano y ministro suyo', al palacio de Clotilde: este presentó 4- la reina un puñal y unas tijeras; preguntándole si preferia que sus nietos fue- sen asesinados y que se les cortase el cabe» lo. Clotilde indignada esclamó : «Mas bien uiero verlos muertos , que degradados.» l pérfido Arcadio no ledejó tiempo para reflexionar, y volvió á los dós principes con aquella respuesta fatal: Al punto dió de pu- ñaladas Clotario al mayor de sus sobrinos: el (91 segundo se.echdálos pies de Childeberto, que enternecido pidió llorando su perdon; mas el implacable Clotario, 'amenazandole á él mismo con la muerte , le amedrenta, le quita su víctima, y la degiiella á sus ojos: Los grandes , horrorizados de tanta atroci- dad , se arrojan al rededor del tercer niño, que ¡iba tambien 4 perecer: lo rodean : se lo llevan , y lo libertan de la espada de su verdugo. Este jóven principe, cuyo nombre era Clodoardo., vivió oculto algunos años; y maldiciendo la ambicion que habia costado tantos crimenes á su familia, renuncio al siglo , se retiró á la aldea de Nogent, cer- cana á París, que tomó de él el nombre de Saint Cloud, y en la cual falleció con la muer- te de los justos, y fueron veneradas sus re- liquias. En este mismo tiempo vemos una nueva demostracion del derecho que creia tener al trono por su nacimiento cada prin- “ipe de la familia merovingia. ATEO 1 Habia entonces uno de estos principes ¿amado Munderico , que se habia escapado q puñal de Clotario. Despues de vagar por Uerentes paises , reunio ¿lito guerreros, eterminados á sostener su causa, :€ hizo un manifiesto á la nacion de los francos. «¿Que Merencia , les decia, hallais entre mi y terry? El cetro me pertenece como á el: A convocaró el pueblo , me presentaré á su Sta, y exigiró sú juramento de fidelidad Para mostrar 4 Tierrf que no es mas rey que YO» Mas era necesario probar su familia con hazañas y nó con dalanedi) Reune sus tropas, “marcha , vence algunos cuerpos enemigos, y se apodera de Vitri, donde es reconocido y proclamado. Tierry no le dejó tiempo pa- ra aumentar el número de sus partidarios. Acude con su ejército y le sitia. La plaza era tan fuerte por el yalor de sus defensores, como por su posicion; y Pierry, para ven= cer con mas prontitud, recurrió, segun las costumbres bárbaras de su familia, al artifiz cio. contra un enemigo que resistia á su de-= nuedo. Los principes de aquella época pre= ferian á los francos para las batallas : para engañar y cometer crimenes se valian del in- enio sutil y astuto de Jos romanos. Un: ofi- cial, llamado Aregisio y se presentóá4 Mun- derico de parte de Tierry, l de un tratado favorable, y con el pretesto de ¡arreglar 'sus condiciones, le persuadió que asistiese á una conferencia bajo la salva- guardia del juramento. El desgraciado prin= cipe , sobradamente crédulo; sale de las mu- rallas eon pequeña escolta : apenas llega al lugar dela entrevista , busca en vano al rey que estaba ausente, y ve que dan la señal de rodearle;: perdiendo entonces la esperanza, mas no el valor, saca la espada, mata al pér- fido Aregisio, inmola á su venganza muchos de los asesinos , y fallece despues de haber vendido cara su vida. Muerto Munderico, Tierry y Childeberto celebraron un tratado de paz y alianza, y se dierón mútuamente en rehenes muchos hijos de senadores; pero + dió esperanzas , A (93) habiendo roto despues este tratado',+la maz yor parte de los rehenes fueron reducidos «e esclavitud : oteos lograron huir : algunos se rescataron. Asi el resultado de estas guerras civiles era el asolamiento de Francia, y la ruina de las familias. El odio quese tenian los herederos de Clodoveo , no era menos violento y pérfido que el de los hijos de Edi- po. Tierry, queriendo vengar a los hijos de Clodomiro , 0 mas bien enriquecerse con el cetro y los despojos de Clotario, le propuso que viniese á su corte a tralar de losintere- ses comunes , y al mismo tiempo ocultó cn su palacio asesinos encargados de matar á su ermano. Clotario, sospechando la traicion, ega armado y con numerosa comitiva: sw Penetracion no le habia engañado; pues des cubrió los pies de los soldados que estaban Ocultos detras de un tapiz muy grueso. Tier- "Y turbado de ver descubierta su traicion, RO Se atrevió a dar la señal concertada: reci- Dió 4 Clotario con fingido cariño, conferen- SiO Dacificamente con él, y al despedirse le '0 un lébrillo de plata, tan precioso por el trabajo , como rico por el peso. Despues de la Partida, este rey tan avaro como pérfido Envió su hijo á la corte de Clotario; y el Joven principe , instruido por su padre, hi- 20 tantas caricias al tio, que logró recobrar Í recibir en don el lebrillo que su padre le abia regalado. «En esta elase de astucias, 106 Gregorio de Tours, sobresalia princi- Palmente Tierry o ¡Qué siglo! ; qué moral! 0) "Todos estos crimenes eran entre los francos consecuencias del derecho de venganza pri- vada , consagrado por la ley de aquella na- cion orgullosa y turbulenta. La independen- cia. que creian deber a este derecho, y el va- lor con que se cometian muchas veces estas acciones sanguinarias, las hacian menos hor- ribles á sus ojos. Los hijos de Clodoyeo,-be- licosos y vencedores como su padre, cubrian sus infamias con laureles; y los francos, siempre fáciles de deslumbrar con la gloria, olvidaban los atentados de sus principes cuando los veian pelear á su frente como héroes. Estos primeros gefes de la dinastia me- rovingia tuvieron todos casi igual parte en la gloria de las armas. Tierry , informado de una invasion temible de los dinamarqueses en las costas septentrionales de Francia, marchó contra ellos, destruyó el ejército de su gefe Cotiliaco, á quien mató con su mis- mo acero Teodobaldo, hijo de Tierry, y dis- persó la escuadra de los bárbaros. Este mis=- mo Tierry añadió, como hemos visto, a las posesiones de los francos la Turingia y gran parte de la Alemenia septentrional. Despues de estas speti ibn murió , y dejó la co- rona á su hijo Teodoberto , tan dichoso y valiente como su padre , pero mas humano y generoso. Guerra de los francos con los wisigodos- (535.) Childeberto, rey de Paris, era tan ya- liente como sas hermanos, y ademas religioso 95 y benigno : su siglo bárbaro le llamó débil. Sus armas reunidas a las de Clotario habian conquistado á Borgoña. Despues las empleó en libertar á su hermana Clotilde de la tira-= nia de Amalárico, rey de los visigodos. Este principe cruel veia con furor impotente la decadencia de su nacion y los progresos de los francos; y vengó infamemente su ira, llenando de ultrages á su muger, hija de Clo- doveo. Cuando la infeliz Clotilde salia en pú- blico , el populacho , escitado por Amalá- rico, lainsultaba de palabra y la tiraba lodo: cuando volvia á palacio era victima de la brutalidad de su marido, el cual la heria tan uertemente , que al dirigir sus quejas á sus érmanos, les envió un pañuelo bañado en $u propia sangre. Childeberto indignado marchó contra los Visigodos, los venció y ahbuyentó, dió muer- te á Amalárico , libertó á su hermana, tomó Y Saquey á Narbona , y trajo de ella 72 ya- $9S:de oro, que segun se cuenta robó Alári- co de la capital del mundo, y Pito del tem- Plo. «de. Jerusalen»: Los visigodos, vencidos Por Childeberto, y antes por Tierry , con- Servaron pocas posesiones en Francia, no !Ciéron en ella sino incursiones de poca im- ASIA , pasaron los Pirineos , y fijaron tte en Toledo. Te PAR RU nOsa ; espedicion de Lola « erso alttalia, (539.) Teodoberto, el Pa orioso de los rincipes franceses de £poca, no heredo sin dificultad el cetro - de su padre Tierry. Ghildéberto y Clotario; sus tios, querian invadir sus estados; pero la fidelidad de sus leudes, su valor y sus for= midables on de defensa, los obli= garon a abandonar aquel proyecto. Libre de todo temor, «ido en eltrono, sededicó á coronarse ES gloria, único medio de hacer estable su poder enmedio de los francos be- licosos. Habia peleado con felicidad bajo las órdenes desu padre contra los visigodos.Con- tinuo esta guerra con actividad, y los echo de muchas plazas que poseian en el medio= dia de Galia. Teodoberto estaba casado con una princesa llamada Visigarda : el amorle hizo romper este lazo. Buscando algun des- canso despues de sus últimas victorias , fue hospedado en el castillo de Cabrieres , per= teneciente a Deuteria, señora romana : ena- morado de su hermosura € ingenio , la tomó . - . , á e por esposa. Este himeneo escitó el mayor descontento en los leudes y en el clero : las bodas de un principe franco con una gala, el quebrantamiento de la fe jurada y del vin- culo consagrado por la Iglesia, causó grande murmuracion en el pueblo; pero Teodober- to distrajo los ánimos con el ruido de las armas. Al mismo tiempo la muerte trágica de una muger causaba en Italia grandes revolu- ciones. La célebre Amalasunta, hija de la hermana de Clodoveo , habia ocupado con gloria el trono de su padre Teodorico. El principe Teodato, pariente suyo , y colma- , (97 ) do de sus beneficios, la acusó falsamente, sublevó contra ella el pueblo, yla hizo aho- gar en un baño. Justiniano , que reinába en- tonees en Constantinopla; con pretesto de vengar su muerte, 'aproyecho esta ocasión de restituir al imperio.de los césares su po- der y destruir el de los godos en Italia. Be- lisario , ¡lustre ya por sus victorias contra os persas, y por la conquista de Africa, presentó de nuevo á la adwirada Roma las aguilas de Escipion. La muerte de Amala= sunta era lambien para los reyes francos un motivo legitimo de yenganza , y un pretesto datural de saqueo: escitados por Jústiniano á sostener su causa tomaron las armas; pero Cuando se preparaban 4 pasar los Alpes, los Ostrogodos hallaron para detenerlos un medio muy conforme á sus costumbres; y con una cuantiosa composicion suspendieron por al- q tiempo las hostilidades. El cobarde -eodato, que solo sabia asesinar y huir, fue “estronado por los godos poco despues. Ha- la aplacado el resentimiento de los princi- Pes franceses , enviandoles 50.000 escudos € Oro. Su sucesor Vitiges, capitan valiente Í hábil politico, sostuvo mucho tiempo con l0n0r la fortuna de los godos contra el genio : e Belisario; pero en fin, previendo su ruina Mploró para evitarla el socorro delos reyes % rancia ; y para moverlos á e uniesen do las suyas, les cedió todas las pose- ¡ones que los ostrogodos conservaban en alia. Asi cayo definitivamente la Provenza TOMO XI11. (98 ) en poder de los francos , que la dividieron en dos provincias, la de Marsella y la de Arles. Teodoberto , al frente de sus guer- reros, pasó los Alpes, y acometió primero á los romanos, y luego á los godos; y enga- ñando asi las esperanzas de unos y otros, se apoderó de sus riquezas , y saqueo toda la Ligaria. Este pais asolado cesó muy pronto de darle subsistencias: el hambre se siguid á la devastacion : los escesos produjeronen- fermedades , y la indisciplina desórdenes. Belisario dió graves quejas á Teodoberto ; y juntando los efectos á las palabras , le obli- 0 a volverse á Galia con su ejército muy diamiaid por el contagio, y tan cargado de botin, que hubiera sido temeridad espo-= nerlo á4 un combate con las legiones roma- nas. Sin embargo, Justiniano, temeroso de una nueva invasion, hizo un tratado con los francos, y cedió solemnemente á sus reyes todos los derechos del imperio sobre las Ga lias. Esta paz duró poco porque no fue sin- cera ni de una ni de otra parte. Elúnico ob- jeto de Justiniano era restituir al imperio su antiguo esplendor y sus antiguos límites: despues de la A E sumision de Italia, hubiera movido contra Galia sus armas vic- toriosas. Su orgullo, alentado por la retirada de Teodoberto , le habia hecho ya cometer la imprudencia de tomar el sobrenombre de Fráncico , como si hubiese vencido á los francos en batalla campal. El impetuoso Teodoberto juró vengarse de esta injuria; y o RR desde entoncés formo el proyeoto:, no'solo de socorrer 4 los godos de Italiay sino “de a= travesar 4 Germánta y: Tracia, y cometer á Constantinopla. Sin embargo, € gratadu era harto reciente para mo creerse “obligaderpor lo menos 4 disimular sas desigatós.c Bd lu- gar de ¿mandar ¿mismo en ¡persoña labitro- pas que envio al otro'lado de-los ¡Alpes rez solvid:cómponer este' ejército deoborgoñoz nes y alemáñes, nuevamente conquistados, y cuya turbúlencia” le:daba recelos ¡de este modo», “al mismo tiempo que ea de- signios de su ambicion, alejaba 4'los fáceio- S0s, y aseguraba su tran vilidadv Estas tros pas, cabededa arpa in'y:Leutaris ¿"eo —Metieron grandes estragos: ex Ttalla y “y'Se ar- "uináron por sus prop10s escesos: Mas tár= le, cuando Nárses sucedió enel mándo del ejército romano 4 Belisario, que:habia' caido en desgracia del emperador y las! tropas de Teodoberto se unieron 4 las de Totila y 'nue- vo rey: delos godos3 pero participaron «de infortunio; y fueron: de talimodo arrui- Dadasisón-la batalla de Casilino',' cerca de pava que “pocos hombres volvieron 4 rancia 4 dar noticia de tan gran desastre. stos $ueesos pertenecen al reinado del hijo e Teodoberto. Este principe yacia espuesto a las tem- Pestades*que le amenazaban por su matri- Monio' con Deuteria, mnger imperiosa y Cruel ; indignada de la belleza de su hija, Mandó uncir dos toros no domados al carro . . (100) de la infeliz prineesa , que murió precipita- da por, sellos en el Mosa. Este crimen -escitd el enojo, de todos.:: Teodoberto hizo vanos esfuerzos. para proteger á la delincuente, y conseyvarle.su dignidad. El clero, defensor de líímoral, y que ya ejercia gran parte de la aujgridad politica, le amenaza, con lós ra- yos del cielo: el obispo. de Tréyeris le separ ra de la comunion de los fieles. El, reyo:bur- lándose de esta sentencia, entra enlel tem- plo :.el- obispo suspende. los divinos oficios, y declara ¡que no los proseguirá hasta que no salgan: dela iglesia todos los que estan; pri- vados.de su;comunion+¡Al.mismo tiempo es- clamó ¡uno delos fieles... arrebatado de un imprudente celo, pero con la libertad;ha- bitual de los francos: «El obispo es. casto, el rey es adúltero : el obispo. es humilde , el rey orgulloso : el obispo: ivá inmaculado 4 la gloria, el rey cargado con, el peso de.sus ini- quidadés, caerá en' el abismo,» Teodoberto irritado, añanda,á, la tropa que arrojen; del templo á aquel hombre, que creian páseido del demonio; perovel obispo., levantando la voz, dicé que sp howmicidas,¡adúlteros 6. in- cestuosos sun los que deben salir del templo. Sin embargo , los soldados procuran arrojar de la iglesia al energúmeno , el cual sejasió de una columna tan fuertemente, que diez hombres no pudieron arrancarlo. yl obispo pronuncia e, él las oraciones de la Igle- sia contra los poseidos : los soldados y el pue- blo hbincan la rodilla: los leudes se declaran (901) | á favor del obispo: Teodoberto cede, arro- ja 4 Deuteria de su palacio, y vuélve á re- cibir 4 Visigarda. Este hecho manifiesta la necesidad que habia del poder sacerdotal para corregir los vicios y la ferocidad del si- glo, y cuán grande era ya en el siglo VI la autoridad de los obispos , protectora natu- val de las costumbres , y única asilo de los oprimidos contra los poderosos. Los que cen- suran al obispo de Tréveris pot este acto de firmeza, olvidan que los gefes de los francos nO poseian aun la autoridad real: que las le- yes eran bárbaras : que los grandes y prin- Cipes no reconocian mas derecho que el de A violencia : que el pueblo yacia espuesto Perpétuamente á su tirania , y que en toda Sociedad es menester que haya una fuerza Superior, capaz de contener á los malos, y de defender los principios eternos de la mo- ral y de la justicia. Esta fuerza no existia en- Onces sino en el cristianismo. y Ela, a entre los reyes de Francia. (540.) pa nbicioso Clotario creyó que podria a- + vecharse de las turbulencias del reino de eran oamado entonces Austrasia) para en- gig bi á costa de su sobrino , y asi di- ves e armas contra él. Child eberto acudió eel, efenderá Teodoberto , y salieron en- io 0sá campaña contra el rey de Soissons. val ns encontraron los ejércitos: dio- Migos o ce combate : los hermanos ene- Pira an dispuestosádestrozarse: los:fran- “S van á inundar la Hanura con la sangre (102 de los franceses ; Ets de repente estalla una furiosa tempestad :; el rayo sulea por los aires oscurecidos : dicese que una lluvia de piedras cayo en el campamento de los dos reyes, y los derribó, al mismo tiempo que los reales de Clotario no sufrieron nada por la tempestad , que pareció separarse de ellos. Los francos aterrados creyeron oir la voz del cielo en el sonido de los truenos. Sabian que Clotilde , llorosa y postrada ante el sepulcro de san Martin , lamentaba amargamente la ambicion sanguinaria y.los furores fratricidas de sus hijos. Gomo por su virtud era tan respetada de los francos, a- tribuyeron á sus oraciones la tempestad , y tanto losleudes como los soldados pidieron que cesase aquella guerra impia. Teodober- to y Childeberto, vencidos sin combate, pi- den la paz á Clotario, y firman un tratado que fue un nuevo beneficio de la religion cristiana ; pues ella sola impidió los horro- res de la guerra civil, y enfrenó la ambicion de los principes. - Sitio de Zaragoza. (543.) Poco tiempo despues, Childeberto y Clotario, para ven- garse de las irrupciones de los visigodos, marcharon contra ellos , los vencieron, pa” saron los Pirineos, y sitiaron á Zaragoza, cuya ruina habian jurado. Dos narraciones hay muy contrarias entre si de esta espedi- cion, ambas escritas por historiadores san” tos y. coctáneos. Gregorio Turonense dice que el clero y pueblo de Zaragoza, incapa? 4 (103) de hacer resistencia, salió en procesion á implorar la piedad de los francos, y que Childeberto enternecido les concedió la paz, sin llevarse mas botin que la túnica de san Vicente mártir, en cuyo honor fundo en Pa- ris una abadía, llamada despues de san Ger- man de los Prados. San Isidoro , arzobispo de Sevilla, cuenta que Teudiselo , general de Teudis, rey de los visigodos, obligó a los franceses a levantar el sitio, y los venció con gran mortandad cuando pasaban de vuel- talos Pirineos. Ambas narraciones son vero- similes , atendidas las costumbres del siglo, y Mariana las adopta entrambas , suponien- o que la victoria de Teudiselo fue poste- rior al levantamiento del sitio de Zaragoza, debido á la piedad de Ghildeberto. La guerra era siempre el estado habitual de los francos. Teodoberto, estendiendo sus Conquistas en Germania, consiguió muchas Victorias de los hunnos que dominaban la z “MMnonia. El emperador Justiniano le envio Mbajadores para darle la enhorabuena, y «respuesta de Teodoberto prueba cuan le- 1Os habia llevado este principe los límites sen imperio frances. Teodoberto y Fey, al Po r lustre , gran triunfador , y. stempre a Justiniano , emperador de los:roma- 5+ La llegada de vuestros embajadores uan y Mesario nos hallenado de alegria, in- A socia de la felicidad progresiva de mid es imperio. Saladamos á vuestra sere- ad, y hemos recibido vuestros regalos O con el mismo placer que tuvisteis al ofrecer- los.... Os dignais de preguntarnos en qué provincia habitamos, y qué naciones, ade- mas de la de los francos , estan sometidas á nuestro poder. Con el auxilio de Dioshemos subyugado á los turingos, ysomos dueños de su pais : la familia de sus reyes del norte se ha estinguido, y su pueblo nos obedece. Los visigodos , que poseian una parte de Galia, los pannonios y los sajones eudesios se han sometido voluntariamente á nuestro poder. En fin, gracias al cielo, nuestro dominio se estiende desde el Danubio y la Marca pan- nónica hasta las playas del Océano.» Muerte de Teodoberto , rey de Austra- sia. (548.) A pesar de estos mensages , que se enviaban muútuamente el rey de los fran- cos y Justiniano, no habia abandonado Teo- doberto sus grandes proyectos de conquista. Se habia atrevido á tomar en sus monedas el titulo de augusto , en venganza del orgullo pueril con que el emperador tomó el de JFrancico; pero la muerte intertumpió su car- rera ambiciosa , y un árbol que cayó sobre el, termind sus dias. Sus hazañas le grangea- ron la admiracion de su siglo, y sus virtudes el amor de sus vasallos. Apenas habia salido de la infancia, y ya asombraba á los guer- reros veteranos su fuerza y osadía. Su pri- mer triunfo contra los dinamarqueses, logra- do á la vista de su padre, hizo que los fran- cos le diesen el glorioso renombre de prín- cipe útil. Heredero de la gloria de Clodo- (105) veo, no la mancho con ninguna de las cruel- dades que eran tan comunes en los princi- a de su familia: era humano, generoso, y os pobres hallaban en él socorros, que mas bien procedian de cariño que de lástima. No se le puede censurar por el saqueo de Ge- nova, Venecia y Casi todo el norte de Ita- lia: en aquel siglo bárbaro el derecho de gentes autorizaba la depredacion, y los fran- cos no hubieran sufrido que les privase del botin, mirado como el justo premio de las armas. Conquistador de casi toda Germania arrojó álosostrogodos y visigodos de Francia, y obligd.4 Justiniano áceder a los reyes fran- cos toda los antiguos derechos de Roma so- bre Galia: añadió asi la autoridad legal a la de las conquistas; y despues de su reinado los: monarcas franceses fueron herederos de los dos conquistadores de los galos Gésar y Clodoveo. “Mario, obispo de Lausana, historiador Coetáneo , no daba 4 Teodoberto otro nom- re sino el de gran rey de los franceses. Al. gunas de las espresiones de este principe, Conservadas por la gratitud, bastarán para piutar su caracter y justificar los elogios que € prodigaron sus contemporáneos. Los ha- bitantes de Verdun estaban reducidos á la miseria o las calamidades de aquella épo- ca. Teodoberto les prestó de su tesoro una suma considerable, que manejada habilmen- te les restituyó su antigua prosperidad. Mu- Chos años despues encargaron á su obispo (106) que devolviese“al rey el dinero prestado; poe el principe lo rehusó, diciendo al o- ispo : «Somos muy felices, vos en haberme dado ocasion de hacer bien , y yo en no ha- berla perdido.» Clotilde murió poro des- pues. Teodoberto era el único principe que no la hizo derramar lágrimas CatióMAN san-= gre de su familia. Es el primer rey de Fran- cia que acuñó moneda con su efigie. Algu- nos sabios , para probar que el año de la ce- sion de los ess del imperio no fue la época en que se introdujo este nuevo -uso, citan el ejemplo de los visigodos que mu- cho antes pusieron sus efigies en las mone- das ; pero olvidan que el emperador Julio Nepote les habia cedido en un tratado so- lemne todos los derechos del imperio sobre la Aquitania. Teodoberto amaba las letras, y tenia en su corte muchos romanos : Áste- riolo y Secundino fueron leudes suyos, y sus embajadores en Constantinopla. Cuando volvieron, su mútua envidia llend de intri- gas el palacio : la reina favorecia al uno , y el rey al otros Secundino mató á su rival, y los hijos del muerto le obligaron primero á salir desterrado, y despues a tomar un vene- no. Partenio, romano tambien, era ministro deTeodoberto: despues de la muerte de este rey , Teodobaldo, su sucesor, sabiendo que aquel hombre codicioso ejercia infielmente su empleo , y se enriquecia con amos ¡legitimas, le contó, para advertirle la suerte que le amenazaba á causa del descontento ay (107) público, elapólogo siguiente: «Una serpien- te entro en una a de leche; y bebió de ella con tanto esceso, que se infló y no pudo salir. El despensero entró , vio su inutil a= fan para escaparse, y dijo: necia, vuelve lo que has bebido demas , y saldras con la misma facilidad que has entrado.» Parte- nio, en lugar de aprovecharse de este con- sejo , acabó con la paciencia del pueblo y del principe. Mató á su muger y á un amigo que le reprendian sus desórdenes : el eló mandó salir de su palacio : perseguido en sueños por las fantasmas de sus victimas, en vano procuró huir de la venganza pública: todos pedian su muerte: un obispo le dió a- silo en su iglesia; pero la »lebe enfurecida entró en el templo, le saco de un arca don- de se habia ocultado , y le mató á pedradas. Agregacion de Austrasia al reino de Soissons.(555.) Teodobaldo , hijo de Teo- doberto y Deuteria , sucedió pacificamente á su padre en el trono de Austrasia. El em- perador Justiniano le pidió algunas plazas que los francos ocupaban todavia en talia. La derrota de los ejércitos de Leutaris y de ucelin cerca de Capua , de que ya hemos hablado, no dejando 4 Teodobaldo ninguua esperanza de resistir a Narses, terminó esta guerra con un tratado. Ningun otro suceso importante ocurrió en. su reinado, que duró solo siete años. Dejó dos hermanas, Visigar- da y Ragnetrudis; pero conformándose con las costumbres de los salios , no heredaron (108) : el trono; y Austrasia reconoció por reyesá Clotario y Childeberto, á quienes, dice A ga- tias, la ley patria llamaba á la sucesion como parientes mas cercanos de Teodobaldo. Al mismo tiempo era afligido Ghildebia to por una enfermedad peligrosa, y no pudo sostener sus derechos. El codicioso Clotario se aprovechó de esta circunstancia favora= ble á su ambicion : sedujo con magnificas promesas una parte de los leudes austrasios, que le proclamaron rey único, y sus ame-= nazas obligaron a Childeberto á ratificar esta usurpacion. e dos de Clotario contra los sajones contra su hijo Cramne. (556.) Clotario, due- ño apenas de Austrasia, supo que los sajones se habian revelado : pasó el Rhin , marchó contra ellos , los derrotó, y los obligó á pe- dir la paz. Ella deseaba tambien ; pero los francos, insaciables de combates, saqueos y matanzas, no se contentan con haber ven- cido á los enemigos y quieren esterminarlos. En vano Clotario se opone á su furor : le a- cusan de cobarde , pasan de la murmuracion á la rebelion, se reunen tumultuariamente, rompen la tienda del monarca, se arrojan sobre él, lo derriban y encadenan , y le a- menazan con la deposicion si no los lleva en aquel momento á la pelea. Clotario cede, y manda dar la señal. La desesperacion da nue- va fuerza á los sajones , y resisten al primer impetu de los francos : luego cargan sobre ellos , los desbaratan , y despues de gran : (109) cárniccria los obligan 4 huir: Algunos dias despues Clotario reunió animosamente las reliquias desu ejército', y se tuvo por muy feliz en firmar la paz que los suyos habian negado con tanta insolencia. Mientras Clotario esperimentaba en Ger- mania Jas vicisitudes de la fortuna, la dis- cordia agitaba á.su familia y reino: Gram- ne, el mayor de:sus hijos, mandaba en Au- vernia, y la gobernaba como un tirano. Fir- mino, conde de Glermont, resistió á sus vio- lencias. Cramné le persiguió , confiscó sus bienes, y dió su empleo a Salustio. Pero cuando supo que el rey, su padre., volvia, temeroso del: duliga merecido, y deseando evitarlo; tremoló 'el' estandarte de la ve- belion. seso Chanao , conde de Bretaña, le did socor- ro, como tambien Childeberto , para apro- vechar esta ocasion de vengarse. Gramne se apodera del Poitou y del Limosin : los prin- Cipes Cariberto y Gontran marcharon contra Su hermano por órden de Clotario; pero al tiempo de darle batalla, una tempestad que se levanto, los intimido, se retiraron en des- orden, y Cramne los persiguió hasta las puertas de Dijon. Alli imploró la clemencia de Clotario , y obtuvo su indulto; pero el liempo hizo ver que ni el arrepentimiento miel perdon fueron sinceros. DMierte de Childeberto. (558.) Childe- erto, durante estas disensiones , invadió la hampaña ; pero alli le sobrevino la muer- . (M0) te, terminando su reinado, que habia sido de 47 años. Su vida , honrada con muchas virtudes , fue mancillada por la debilidad. Sin O , los leudes echaron menos su a , €l clero su religion, los solda= os su brio , y los pueblos su justicia. Hizo. derribar todos los idolos que los galos ado- raban aun en los bosques, fundó muchos monasterios, y reunió cuatro concilios... Childeberto no dejó mas que dos hijas: su esclusion del trono fue una nueva demos tracion del principio de la herencia delos varones, que estaba, no enel testo , sino en el espiritu de la ley sálica. Despues de la muerte de este rey, Clotario 1 reunió bajo su cetro todas las partes de la monarquia fran= cesa. hera! ... (111) ' CAPITULO VIIL - Clotarco Jarineno Caniberto, Gon= Gan, Sigeberto , Chelfieneco. Chulo deberto en AUMIARME > Clotario en Soisort. —_—_ IIA Clotario reina solo. Repartimiento de Fran- cia entre los hijos de Clotario. Muerte de Cariberto. Guerra civil entre los reyes francos. Muerte de Sigeberto: Childeber- to, rey de Austrasia, Victoria de Mum- mol contra los neustrios. Guerra de Bre- taña. Guerra de Chulperico y Childeber- to contra Gontran. Invasion de los vas- ones en Aquitania. Muerte de Chilperi- co: Clotario II, rey de Soissons. Guer- ra de Gundebaldo. Tratado de Andelot. Muerte de Gontran : Childeberto , rey e Austrasia y Borgoña. os reina solo. Algunos autores se- alan la fundacion del pequeño reino de Vetot en Normandia en la época en que Otario fue rey de toda Francia : dicese que 9 erigió en favor de la familia de un senior, (112) 4 quien habia hecho matar injustamente; pe- ro ninguna/acta, ninguu suceso averiguado que pueda considerarse como histórico, prue- ba la verdad de esta fundacion , que en el dia“es mirada como una fabula. Toda lavida de este rey habia sido mancillada con cruel- dades: sus últimos años fueron tufbados por las diseordias que el odio movió en su fami- lia. Su hijo Cramne se rebeló de nuevo: su padre marcha contra él, y ambos ejércitos se encuentran en las costas de Bretaña. Al primer choque los bretones, aliados del prin- cipe rebelde, ceden al valor de los francos: su conde es derribado y muerto en la balas Ha. Gramue., desamparado ya, procura en vano huir de un padre implacable. Cae en sus manos; y el desapiadado rey manda.en- cerrarlo con su muger € hijos en una caba- ña, y prenderle fuego. Este monstruo; tan atroz como Neron, aunque. menos cobarde, ahogó asi todos los sentimientos de la natu- raleza ; pero no pudo ahogar sus remordi- mientos. Desde aquel dia fatal, el recuerdo de sus perfidias, la imagen de sus sobrinos asesinados, el vprobio de su incesto, los gri- tos de su bijo devorado por las llamas le per- seguian en el trono y en el lecho, sin que pudiesen defenderle ni su guardia ni su po= deriov de estos invisibles enemigos. En vano huia en las selvas de Jas reprensiones de los hombres y de su conciencia : cada objeto le parecia un fantasma: cada sombra un es- pectro. (113') Cazando un dia en el bosque de Guisa se encendió en sus entrañas una calentura ar- diente, parecida al fuego en que pereció su hijo y terminó su vida. Murid un año des- poe del suplicio de Cramne, en el mismo ia y á la misma hora que se habia ejecuta- do su bárbara 0rden. En conformidad eon sus últimas disposiciones, se le enterró en la iglesia de san Medardo; que habia funda- do en Soissons para honrar la memoria de aquel santo obispo, cuyo cargo y virtud es- timaba, aunque despreciando sus consejos. Clotario, coÑigioso de dinero y poder, ha- bia maodado que un dia fijo se trajesen d su tesoro las terceras partes de las rentas de to= os los obispos: El mayor número de- los prelados no se atrevieron á resistir á este Principe sanguinario+ solamente Injurioso, Obispo de Tours, levantó la voz contra cl en defensa de los derechos de la nacion y de a lelesia. «Rey, le dijo, si quieres apode- "arte de los bienes que pertenecen al Señor, el Señor te quitara los tuyos y la corona; Porque es grandisima injusticia que tú, 4 Quien pertenece llenar los graneros de los Pobres, Les quites lo que tienen para amon- Lonarlo en los tuyos.» Dichas estas palabras, Salió animosamenté. del consejo. Clotario,' Asustado de. sus amenazas, le envió mensa= 8£r0s para aplacar su enojo, y renunció al proyecto que habia formado. Gonocia la n= uencia de los a cba sobre el pueblo, Y Leimia la oposicion de una clase tan respe= TOMO XII. 114 tada. Sus últimas Bari fueron la espre- sion de su conocimiento tardio del poder de un Dios justiciero; y se le oyó esclamar con voz débil y moribunda: ¡Cuán poderoso es el Rey de los cielos; pues da la muerte cuan- do quiere, al mas poderoso rey de la tier- ral» Este principe, á semejanza de muchos tiranos, manifestó con frecuencia en sus dis- cursos y leyes la sabiduría que desmentian sus acciones. Cuando reformó la ley Salica por su edicto del año 560, salieron de su bo- ca cruel estas hermosas palabras: «Los pue- blos premian con su afecto y lealtad el a- mor a la justicia y á la rectitud.» El articu- lo. Y de este edicto manda que se miren co- mo nulas todas las ordenanzas reales contra- rias á las leyes. El articulo 6.” concede á los obispos la facultad de revisar y anular las sentencias de los jueces, en ausencia del rey. Por el mismo edicto se restituyesen á la igle- sia todos los diezmos que se habian cobrado de sus bienes; y se establece la inconmuta- bilidad de las propiedades cuando la pose- sion ha durado treinta años. Repartimiento de Francia entre los hijos de Clotario.. a Los hijos de Clotario re. re entre ellos la Francia, segun el erecho público de aquel tiempo. Este re- partimiento anunciaba una nueva serie de querellas, traiciones y guerras civiles. Las artes fueron sacadas á la suerte. Ningun aeimids habla del derecho electoral del pueblo en esta ocasion; pero las actas de. (115), Childeberto y Clotario 11 manifiestan que todos los años convocábán al campo de Mar- zo la junta de Jos fíantos, y en él se sáncio- naban , con el consentimiento general, to- das las: grandes «providencias legislativas, adoptadas en el consejo de los reyes y de los ala 15 a > E . Ún > El primero de los nuevos reyes que ma- nifestó su ambicion, fue Chilperico. Apode- róse. del tesoro de su:padre; y entró ¡én Pas ris con esperanza de hacerse dueño de esta ciudad; pero las amenazas de sus hebpmanos le obligaron á salir de ella: Las antiguás trú- nicas hablan por la primera vez:en esta ¿po- ca de los gobeinadores de palacio, que pos co tiémpo despues usúrparon la autoridad real. Desde la conquista de Galia procurá- ron los reyes frantos imitár en su corte la pompa y ceremonial de los emperadores de oriente, El gobernador de palacio mandaba en él: el conde del inismo titulo administra- a justicia: el gran refrendador sellaba las actás: los ballos y aribas estaban bajo la Inspeccion de los condes de la. caballeriza, comites stabuli, de cuya espresion se formó, espues la palabra condestables. Ep el sé- quito de estos grandes: dignatarios habia al rededor del principe uh gran número de es» Cuderos , camareros y refrendadores. Los eudes, antíustiohes, comensales del rey y obispos hacian respetable el ¿onsejo; y la Corte brillaba por Jos muchos sirvientes y caballos. El inonarc4 hombraba duques, pa-' AY | tricios y condes para el mandasen los ejér- citos y e provincias. Lo que rueba el poder de los grandes es, que se Babian reservado el nombramiento de los gobernadores de palacio. Cuando Sigeberto subió al trono de Austrasia, los 100 he eli- gieron por gobernador á Chrodin, que era el que mas se distinguía entre ellos; pero rehusd este importante destino. «No soy, les dijo, el hombre que debeis elegir. Creed= me ma no podria mantener la paz en el rei- no. Estoy enlazado por parentesco con los señores mas poderosos; y sabeis cuán pro- ensos son los hombres a abusar del poder. E mis parientes cometiesen algun esceso, estaria obligado 4 castigarlos , y la severi- dad de un dentio los irritaria. Al contrario, si fuese indulgente con ellos, me espondria al enojo de Dios y al odio público. hioude me el favór de consultar mejor vuestros in- tereses con una eleccion que os sea útil.» Los grandes siguieron su consejo, y eligieron a Gógon. pud>. y : Muerte de Cariberto. (567.) Despues de domada la ambicion de Chilperico, se re- partió de este modo el imperio. Cariberto reinó en Paris, Gontran en Orleans y Bor- goña, Sigeberto en Austrasia, cuya capital era Metz, y Chilperico en Soissons. Un ata- br imprevisto de los hunnos proporcionó Sigeberto la ocasion de probar que la san- gre de Clodoveo corria por sus venas. Mar- chó á la provincia de Turingia que habian e ai 417 invadido: Jes dió ASdei en las orillas del Elba, los! derrotó, y los persiguió hasta el Danubio. Durante su ausencia, Chilperico se habia apoderado de*Reims, y entrado en Austrásia, El vencedor, de los hunnos vol- vió'¿¿Erancia, peleó. con Chilperico, le qui- tó sus injustas conquistas, se apoderó tam= bien de Soissons, é:hizo prisionero a Teo- doherto, hijo de Ghilperico; pero mostran= do despues que su moderación era igual 4 su valor, concedió la paz a su inicuo herma- no, y le restituyó sus estados. El orgullo in- sensato de. una muger causaba entonces una grande revolucion en Ttalia. La emperatriz Sofía, esposa del emperador Justiniano, .pro- digando su menosprecio al eunuco Narses, libertador de Roma y vencedor de los. 0s- trogodos,ile escribió que viniese a Constan- tinopla áydar cuentas de sus riquezas, y le envió al.mismo tienipo' insolentemente unas tigerasiy una rueca» Nárses, en venganza de esté insulto, MHamó 4-Ttalia a los; lombardos, Puéblo escándinavo quese habia estableci- 0 ¡paco antes en las: riberas del Danubio. Alboino, si.roy,, conquistó rápidamente la Mayor parte de la peninsula, y fundó én ella “o estado que duró.hasta los tienipos de Gar- magno «El imperio conservó-en Italia so- mente ebexarcadoide Ravena, la Galabria Le ciudad de Roma, que desde entonces reconoció mas autoridad que'la de los pa- Pas. La yecindad delos Jómbardos produjo i poco! tiempo guerra entre ellos.y los fran» 118) cos. Despues de la muerte de Alboino y su sucesor , los lombardos abolieron-la monar= Ci adoptaron un gobierno ¿ligárquico e treinta duques. Estos pasaron los: Alpes, entraron en Borgoña; vencieron el ejército : de Gontran mandado por Amato: patricio de Arlés, y se volvieron'á Ttalia con iumen- so botin. Al año siguiente repitieron la mis- ma incursion; pero los contuvo el. patricio Múmmol, sucesor de Amato.:+Este general, el mas célebre desu tiempo, era. romano: su primer nombre fue Ennio, hijo:de Peo- nio. Nombrado conde de Auxerre y coman= dante del ejército de Gontran, sorprendio a los. lombardos , los rodeó y acometió cón tanta furia, que los estermind casi entera- ménte. toy. y | 2h 10h] - Mientras que este:romano ilustre conser- vaba la: gloria de los: francos ,los veyes Gon- tran , Chilperico y Cariberto la mancillaban consus desórdenes. Gontran tuvo: por dama á uva aldeana : despues casó con'lá hija del duque: Magnacario , y. la: repudió-de alli á poco enamorado de una de sus criadas:, en cuyas sienes puso'la gorona. Chilperico, ar- «diendo en el amor funesto: de Fredegunda, muger tambien de baja estracciony > le- dejó tomar sobre su animo un ascendiénte perni- ciosisimo: 4 la: nacion franca. Estaba casado con Audevera, de la cual tenia tres hijos, Merovea ; Teodóberto y Clodoveo:Abbau- tizarse el último de estos hijos, como la ma- drina estuyiese ausente, la pérfida 'Frede- (19) gunda-persuadió á Audevera que fuese tam- bien madrina de su hijo, y despues á Chil- pa , que el nuevo parentesco espiritual abia disuelto su matrimonio segun las le- yes dela Iglesia. Ghilperico, arrastrado de su pasion , adopta aquella interpretacion inte- resada : los adula pues. de haberse: entregado desenfrenada- mente al amor de Fredegunda, avergonza»- - do deseste desórden escandaloso, y querien- do imitar á su hermano Sigeberto, que ha- bia casado:con Brunequilde, hija de. Atana- gildo rey de los visigodos , pidió la mano de: Galsuinda, bermana de esta princesa. tanagildo, receloso de:su inconstancia, no e concedió su hija hasta que hubo jurado que jamas la repudiaria. Esta princesa ESO a Francia con grande comitiva, y sentada S0bre un carro de plata: victima adornada queel Neron de los francos iba a inmolar a Os furores de Fredegunda. Cariberto', rey «de Paris ,escandalizaba tambien 4, los pue- los con la eleccion y gran número de sus “oncubinas. Despues de repudiada su: mu- po Ingoberga , casó sucesivamente con la tja de un lanero , cón la: hermana de «esta, Que era religiosa; y en fin-con la bija:de; un gañan. San Germano , obispo de Paris., Je 20usó en público de incesto , adultenio y sar Crilegio : el rey se burló de sus reprensior hes y de la escomunign. Solo en el clero ha- llaban entonces proteccion las virtudes y la ores la confirman , y Au=" devera es desterrada á un convento. Des-- 120 moral contra la Mo la depravacion. Clotario 1 habia nombrado pormedio de un sencillo edicto obispo de Saintes. 4 Eume- nio, sin el consentimiento del metropolita- no. Los obispos de la provincia 'se :reunen, declaran soda el nombramiento, eligen á Heraclio en lugar de Eumenio', y le envian a Cariberto para que confirmase la eleccion. Ebrey, indignado al verle, grita" enfureci- do + «¿Cómo han tenido el atrevimiento: de destruir 4 un obispo nombrado por mi pa- - dre? ¿Creen que los hijos de Clotario no sa- brán sostener sus actas, y hacer quese res- pete: su autoridad?» Dichas estas palabras, arrojó 4 Heraclio de su palacio, le envió a un destierro sobre un. carro lleno. de espi- nas , mando al clero que repusiese 4 Eume- nio en la silla episcopal; y algunos camare- ros', revestidos de-sus poderes, condenaron á multas cuantiosas á Los obispos:de-Á quita- nia: la que se impuso'd Leoncio, obispo:de Burdeos, fue de 1.000 monedas de-oro. En aquel siglo la violencia y la osadia lo aleanzaban todo : los desvalidóos cedian a las amenazas de los grandes , y: buscaban la pro- teccion del clero, mientras que'los reyes, imperiosos y favorecidos por la fortuna , e- gercitaban sin “ostáculos el poder arbitra- rio; y asi los historiadores citan muchos he- ehos'en apoyo de sistemas: opuestos acerca de los:derechos de la corona y:fueros de los pueblos , cuando realmente no habia siste- ma, ni cosa que fuese constante, sino el des- / (121) ¿rden. Muchos sacerdotes célebres ilustra- ron entonces la Iglesia por su firmeza , mO= destia y virtudes; pero era imposible que la depravacion general no pasase al clero desde los patricios romanos y los lendes fran- cos. Las cartas del papa san Gregorio al rey Childeberto , 4 Brunequilde y á muchos 0- bispos muestran cuánto lloraba aquel santo pontifice por la codicia, simonia , orgullo, vicios, incestos y adulterios de muchos clé- rigos.de Francia. Algunos llegaron hasta no horrorizarse de la efusion desangre. En la batalla que dió el patricio Múmmolá los lom- bardos, los obispos Salonio «y Sagitario en- traron en accion. «No se presentaron, dice san Gregorio de Tours, armados con la cruz, sino con yelmo y peto; y lo que es peor, mataron con sus propias manos, Segun se cuenta, a muchos enemigos.» Cariberto, que solo habia mostrado en el trono sus vicios, eayó enfermo en Playe, y murió en esta cit- ad. Habia reinado siete años, y solo dejó tres hijas: Berta, que caso con Etelberg, rey “del Kent en Inglaterra, 4 quien convirtio al Cristianismo, y otras dos que fueron religio- $45, Apenas Carina murió, Teodegilda, Una de sus viudas, ofrecio a Gontran entre- ganle los tesoros de su marido á condicion «de casarse con ella. Gontran la engaño dán- cole:falsas esperanzas: se apoderó del dine- + y la enverró.en un monasterio, - r y Guerra civil entre los reyes francos. ( 72.) Los tres ¡hermanos de Cariberto re- (12) ad su herencia; pero como Paris da- a ya demasiada preponderancia al que la Pe se convino en que cada uno sería ueño de la tercera parte de la ciudad; y aun juraron en presencia de sus leudes, pues- tas las manos sobre los relicarios de los mar- tires, que ninguno de ellos entraría en aque- lla capital sin el consentimiento de sus her= manos. Chilperico no tardó en mostrar que no respetaba ni los tratados, ni los vinculos de la sangre, ni los juramentos mas sagrados. Fredegunda queria ser reina: Galsuinda o- 1 dad á su ambicion un importuno ostácu- 0, y una mañana apareció ahogada en'su:ca- ma. Chilperico, tirano de su pueblo y es- clavo de su manceba, se casó con Frede- gunda, y la.coronó. Este casamiento y este crimen indignaron á los francos: el pueblo tembló y calló: el clero gimió: Brunequil- de juró vengar á su hermana: los reyes de Austrasia y de Orleans tomaron las armas; y las caer Si del himeneo de Fredegunda, semejantes á las de las furias, encendieron una guerra fecunda en crimenes y calamida- des. Chilperico no mostró tanto animo des- ues de su delito, como audacia había teni- o para cometerlo: pidió la paz á sus her- manos, y ofreció composicion por el asesi- nato de Galsuinda. Por el tratado de paz ce- dió 4 Brunequilde la ciudad y territorio de Burdeos, db ito , el Quercy, el Bearne y el Bigorre, que Galsuinda habia recibido «de él, como don nupcial, llamado por los (123 >) MR francos morgen-gab , o regalo de por la mañana. Las disposiciones de este pacto prueban, contra la.opinion de muchos auto- res, que las mugeres podian ya poseer 9n Erancia, no solo algunas rentas del' erario, sino: ciudades y tierras sálicas. Mientras el reino gozaba de una paz momeñtánea en el interior, los hunnos y los ávaros invadieron dé nuevo 4 Turingia. El yaleroso Sigeberto salió contra ellos; pero, segun las crónicas de aquel tiempo, su ejército fue acometido enmedio de una selva yastisima, donde fue sobrecogido de un terror pánico por el po- der de e hadas, por fuegos Ejes volaban, por encantos, por apariciones de espectros 0 mas bien de hombres que llevaban másca- ras'espantosas que aparentaban yomitar lla= mas. Los francos asustados se y iu- moviles ; y dejan caer sus armas: n vano el rey quiso reanimar su valor: obligado'á ren- irse; no perdió su serenidad: su: elocuen- Cia, su atrevimiento, su buen humor que Conservó, agradaron tanto al gefe de los arbaros, que su odio se trocó sen amistad, y concedió al rey cautivo condiciones hono- tiíicas de paz. ¿l Sine hertos apenas volvió 4 Francia, de- pora a guerra 4 Gontran, que le habia qui- de o una parte de-Provenza+ La fortuna fue er: ball vez contraria á los austrasios: ven- idos por el pod Celso, se ahogó un Md húmero de ellos en el Ródano. El pe- Igro comun restituyo la paz á los francos, » | (124) porque entonces se verifico-la segunda in-= vasion de los lombardos.y la victoria de Múmmol;, de que ya hemos hablado. Entre- tanto Chilperico, cediendo al odio implaca- ble de Fredegunda contra Brunequilde,.se hizo dueño de Paris, € invadió la Turena. y el Poitou. El débil Gontran se unió con él: en vano los leudes emplearon todos sus es- fuerzos para impedirilos funestos efectos de tan sanguinarias discordias:; tres veces se firmaron treguas y se quebrantaron. Los o- bispos, convocados por-Gontran , recomen- daban la paz á los principes; mas no quisie- ron salir-por garantes de la fe tantas veces violada. y 1." , " - Muerte de Sigeberto': Childeberto, rey de Austrasia. (575.) Gontran Boson, y Go» degisilo generales de «Austrasia,- atacaron en el Poitowá Teodoberto, hijo de Ghilpe- rico. Este jóven, abandonado de los suyos en la pelea, se ostinó en: combatir hasta la muerte;y cayó despues de haber heoho pro- digios de valor. Gontran Boson le despojo y acabd de matar: despues se:acogió al sepul- cro de-san Martin para que le sirviese de a- silo contra la venganza de Chilperico, El rey de Austrasia no habria protegido al matador de un principe de la familia reál; pero (rontran Boson 7.» un protector, se- creto y mas seguro que Sigeberto , porque la muerte de un hijo de Audevera no podia menos de ser un servicio agradable á.la am- biciosa Fredegunda. Sigeberto, mientras sus (125) - a aer reconquistaban el Poitou, habien- o:reunido todos los guerreros de las nacio= nes germánicas que le obedecian, marchó al frente: de ellos hácia las riberas del Sena: este ejército, compuesto de hombres fero- ces, asoló las cercanias de Paris. El rey Gon- tran, asustado de aquel torrente devastador, izo paces con Sigeberto. Chilperico , aban= donado de todos y perseguido: por el odio úblico , se hallaba sin recursos y amenaza= o de inevitable ruina : no le quedaba para sostenerse en la márgen del abismo sino el denuedo, ¿ por mejor decir, el furor de Fredegunda. Esta muger, huyendo á seme= Janza 2 Medea, sembrando venenos y pre- coord puñales, llevó su:esposo a Turnay, londe se encerraron con su familia. Paris a= brió las puertas á Sigeberto; y la orgullosa tunequilde se sentó, con el orgullo de la Venganza satisfecha, sobre el trono de su indigno rival. El rey de Austrasia envió un Sjército para sitiar á Tournay- San German, Wbispo de Paris, con noble y santa osadia, e dijos «Respetad las leyes divinas, y no Mmancilleis vuestra gloria con una venganza Sacrilega. Si marchais á Tournay con el in- lento de obligará vuestro hermano á hacer one volvereis vencedor; pero si buscais sangre, el cielo os abandonará: vuestra Muerte verificará estas palabras de Salomon: bis en la fosa que habeis cavado para stro hermano .» oda Francia parecia entonces 'conjura- 126 da contra los PEE A Galsuinda. Sige- berto junto en Vitry todos los seniores neus- trios (esté nombre tenian los habitantes de la Fraricia occidental), los cuales depusie- ron a Chilperico, elevaron sobre' un paves al rey de Austrasia, y le proclamaron mo- narca con grandes aplausos del pueblo; pe- ro este brillante triunfo precedió pocas ho- rasa la mas funesta catástrofe. Apenas Sige- berto estaba proclamado; se le aceitcan dos emisarios de Fredegunda;, cotno para tribu= tarle homenage en nombre de la ciudad de Terueña, y le dan de puñaladas. Charegisi- lo,'su camatero mayor; saca la espada para vengarle, es muerto por los asesinos , y cae sobre el cuerpo de su principe: En el mis- mo instante: llegan soldados; que nadie co- noció, y dán muerte á los dos emisarios para destruir todas las pruebas que púdieran dar a conocer el verdadero. autor del crimen. Asi murió Sigeberto despues de 14 años de reinado, á la edad de 44. Todos los histo- riadores alaban sti ingenio y valor, sú teli- gion y generosidad, y la pureza de sus cos- tumbres: Fue el mas ilustre de los princi- pes merovingios; y a pesar de $u escesivo a- mor á Brunequilde, no oscureció su: gloria con ningun delito. Sigeberto dejó un hijo: de 4 años, llamado Childeberto, y dos hijas- El asesinato de un rey, generalmente ama- do, debió redoblar el horror con que los franceses detestaban á Fredegunda, y hacer mas cierta la ruina de Chilperico; pero su- (127) cedió todo lo contrario: la audacia de los delincuentes causó en los pueblos tanto pa= vor, que se hallaron dispuestos a la: sumi- sion mas bien que á la venganza. La revolu- cion fue pronta y entera: das austrasios le- vantaron precipitadamente el sitio de "Pur- nay., y huyeron como si hubiesen sido der- rotados : los neustrios juraron de nuevo fi- delidad á Chilperico. Paris se sublevó con- tra Brunequilde : púsiéronla en prision con sus hijas, que esperaban ofrecer como victi- mas a la sanguinaria Fredegunda para fe- conciliarse con ella; pero el valor de un se- nior austrasio, llamado Gombaldo, salvó a Os prisioneros haciendo inútil y aun eli- Sins su muerte; porque robó al niño Ghil- eberto 4 pesar de la vigilancia de los que de latinas le guardó en una cesta, le descolgó por la noche de las murallas de Pa- Ys, y É entregó á un confidente suyo que o lleyó 4 Metz: Los austrasios, que estaban “ousternados y dispuestos ásometerse á Chil. P£rico, recobran animo al ver el niño real, Se reunen y arman, levantan a Childeberto Sobre un paves , le proclaman rey, y le po- nen bajo Ñ proteccion de su tio Gontran. hilperico marchaba ya con la esperanza de Consumar su crimen y su conquista; pero al saber la coronacion de Childeberto, se asus» ta, se detiene, renuncia á Austrasia y vuel- Ve a Paris, donde Fredegunda se v1Ó0 pre- Cisada á abstenerse de dar muerte á uba ri- Val aborrecida; pueé no podia herir a Bru- (128) nequilde sin”llamar sobre sí las armas de Austrasia y Borgoña. Asi se mejoro la suerte de la reina cautiva : Chilperico la desterró á Ruan, y puso sus hijas en un monasterio de Meaux. Pictoria de Múmmol contra los neuse trios. (576.) La reina de Austrasia, dester- rada, presa y sin amparo, halló en su inge= nio y en la hermosura peligrosa con que la habia dotado la naturaleza, armas secretas y medios seguros de venganza contra sus opre- sores. Los hijos de Chilperico y Audeyera conocian demasiado el carácter y la ambi- cion de Fredegunda para no prever que pe- recerian victimas suyas si no seanticipaban. Teodoberto;, el mayor de ellos, habia muer- to ya á manos de Gontran Boson;, adicto se- cretamente á aquella reina bárbara, la cual no perdia nivguna Ocasión de mostrar su 0= dio á Meroveo,.mas aborrecido de ella por- que era el mas amado de su padre. Este »rincipe mandaba el ejército neustrio , y (hilposao le habia encargado ¿que mantu= viese el Poitou bajo su obediencia; pero: en lugar de ejecutar este órden, pasóá donas y de alliá Ruan, por el deseo de ver á Bru- nequilde, cuyas desgracias lloraba , cuya hermosura habia oido celebrar, y que era como él enemiga de Fredegunda. La reina de Austrasia tenia entonces solo 28 años: or- ullosa por su elevado nacimiento, altiva en P adversidad, causaba respeto por su noble continente, y admiracion por su valor en la (129) desgracia; y al mismo tiempo sabia con sú ingenio sutil y dulce, y persuasiva elocuen- cia, inspirar a los que se le acercaban senti mientos de ternura, que su corazon artifi- cioso fingia sin tenerlos. Era muy importan- te para ella seducir á Meroveo: ofreció a sú vista los hechizos de la hermosura, 4 su am- bicion la esperanza de una corona, y asi le cautivó. Meroveo, uniéndose a ella, espera- ba reinar en Austrasia bajo el numbre de Childeberto, cuyo tutor seria; y revestido del poder soberano, burlarse tranquilamen- te del aborrecimiento de Fredegunda. Por Su parte Brunequilde Hedatabi con esta Union la familia de sus enemigos, armaba al hijo contra el padre, y daba un vengador y ¡0roso con la ivetítadal esposo que ha- 0 perdido. Chilperico y Pre degontla eran Ctestados universalmente. Pretextato, 0bis- Po de Ruan, atendiendo mas á su aversion Ue á sus deberes, favoreció los amores dé 'unequilde y Meroveo. Despues les echó bendicion nupcial. po Os emisarios de Fredegunda la infor= OrLte e prontitud de este matrimonio se- ci hilperico no dió tiempo á los nue= bol il para huir; acudió a Ruan , es- A e a prision de Brunequilde, amenazó sigo ¿Po con su venganza, y se llevó con- dra hijo. Entretanto muchos seniores fidelidad ,, SpA hasta entonces aparentaban Creta 3 á hilperigo con la intencion se- 0 ¿ poner en libertad á Brunequilde, Q XiLt. 9 (130) declararon al rey que querian volyer a Aus- trasia á la obediencia de Childeberto, y par- tieron. En el camino juntaron muchos par- 'tidarios, y se apoderaron de Soissons, don= de faltó poco para que no cayese en sus ma- nos Es barands , objeto justo de su resenti- miento. Esta reina , libertada del peligro, corrió adonde estaba su marido , y acusó a Meroveo y á Brunequilde de haber tramado esta conspiracion para quitarle la vida. Chil- erico , sometido a su voluntad , hizo guar- ds con mas cuidado á Brunequilde , privó a Meroveo de sus derechosá la corona, man- dó cortarle el cabello, y le desterro al mo- nasterio de san Calais. Lal austrasios indig- nados eorrieron á las armas. Gontran , en nombre de su pupilo Childeberto, exigió la libertad de Brunequilde , y la guerra civil estalló furiosa en todas partes. Prodeguadil aconsejó á Chilperico que enviase al Sain- tonge á su tercer hijo Clodoyeo para que sitiase la capital de esta provincia, esperan- do que la guerra la libertaria del último ri- val, opuesto aun á la grandeza futura de su hijo ; pero esta vez fue engañada su espe- ranza : Clodoveo, favorecido por la suerte, se escapó de los puñales de su madrastra, Y de las espadas enemigas, y se apodero de Saintes. X mismo tiempo Desiderio , co” mandante del ejército principal de Chilperi- eo , puso sitio 4 Limoges; pero el patricio Múmmol , enviado contra él por Gontran», le dió una batalla larga , sangrienta y deci” A (131) | siva : los neustrios perdieron en ella 20.000 hombres: esta victoria solo costó:5.000 a los austrasios y burgoñones: Desiderio, abando- nado de los suyos ¿se escapd por la veloci- dad de su caballo. La fortuna parecia enton- ces contraria 4 los malvados designios de redegunda. Meroveo huye de su monaste- rio, y busca un “asilo en el sepulcro de san Martin de Tours, donde encontro por: des- gracia suya a Gontran Boson, proscrito por Chilperico 4 causa de la muerte de Téodo- erto, y protegido en secreto por Frede- gunda. El rey dé Soissons quiere obligar a SAkporid. obispo de Tours, a que le entre- gue los fugitivos: Gregorio defiende vale- rosamente el derecho de asilo que tenia su Iglesia, y al desgraciado principe, objeto de Os furores de su madrastra; y aun hizo mas, lo la comunion A Meroveo, y le tribu- to los honores debidos á su nacimiento. Chil- Perico no se atreyió á profanar el Santuario E san Martin; pero se vengó de los habi- tes de Tours, enviando á esta ciudad á Cudaste , uno de sus condes, que la arrui- nO A tributos. Gontran Boson , que tenia jns- mociones de Fredegunda, ersuadió á Me- veo que saliese con él del monasterio de e y pasasen á Austrasia , esperando te- YAA en el camino oportunidad para asesi- e, e sa embargo , el principe se libertó por Debe or de los primeros enemigos que le gulan , y aun consiguio llegar al ter- (132) mino de su viage; pero los austrasios, te- miendo' que viniese 4 quitar la corona á Childeberto, no quisieron recibirle.Vagó por la Champaña algunos dias , buscando en va- no quien le defendiese, y no hallando mas que corazones helados por el temor que ins= io Fredegunda. En fin, Gontran Boson e persuadió que la ciudad de Teruena que- ria entregársele : fue a ella confiadamente, y le prendieron. Chilperico no tardó en - marchar á aquella ciudad para pronunciar la sentencia de su hijo ; pero le halló muerto á puñaladas. Fredegunda habia temido que se despertase el amor paternal ; y tan astu- ta como cruel, supo persuardir al rey que Meroveo desesperado obligó a Gailen , sir= viente suyo, á darle muerte. Chilperico a- tribuia d estravio y la desgracia de su hijo al obispo Pretextato , que le habia casado con Brunequilde. Buscaba pretestos para castigarle, y Fredegunda los halló con pron- titud. Sus emisarios la advirtieron que el o- bispo guardaba los tesoros de Brunequilde. Esta reina , despues de la victoria de Desi- derio , estaba libre en Austrasia, adonde Chilperico se vió obligado á enviarla. El rey de Soissons convoco en Paris en la iglesia de santa Genoveva á los obispos de su reino, y mandó á Pretextato que compareciese ante ellos. Enmedio de aquella junta el rey, que se jactaba de elocuente, acusó al obispo de haber conjurado contra el trono : le repren- dió, en un largo discurso , haber violado las ” (133 leyes de la Iglesia, y en sición la au toridad paterna casado á un sobrino. con su tia: haberse apoderado de un tesoro que no: era suyo , y distribuido sumas considerables para sublevar el pueblo ; y concluyo implo-. tando contra el reo: el rigor delas leyes y la severidad del clero. Despues de haber: pronunciado esta arenga en tono amenaza- dor, se retira : el terror que ha causado rei- na en los animos aun despues de su salida. Podos los prelados, poniendo simultánea=- mente el dedo sobre la boca, indican el mie- 0. que encadena sus lenguas. El arcediano ecio rompe en fin el silencio , y represen- ' ta al sinodo la necesidad de no condenar á “a obispo sin oir su defensa. El enmudeci- Mento general continúa : solo Gregorio de vurs-se levanta, y dice : «Resistid, sacer- Otes del Señor, á la injusticia: defended la 'gnidad de la Iglesia : sostened la inocencia “Ontra la calumnia, y dad con valor pruden- *S consejos al rey. Decidle que si se mues- “A injusto é inflexible contra un ministro e Dios, dará armas contra si á la venganza do stial j mancillará su gloria, perderá su ho > y perecerá.»» Estas palabras, en vez, bla imar á los relados, parecieron redo- Su pavor. «¿Y que, continuo entonces, "egorio, habeis olvidado estas palabras del a + el que ve a un hombre dispuesto a id una injusticia, / no $e opone , es Sad; ice de ella? Hahlad, pues, al rey con la: acordaos, que cuando Clodomiro Cc : (134) - paa en prisiones:al rey Segismundo , el o- ispo Ávitole dijo con santa audacia : sí Tres- petais vuestro cautivo, wencereis a los bor- goñones : si derramais su sangre , el. cielo os castigard. Clodomiro desprecio este conse= jo, fue vencido , y pereció.» Los obispos, animados con este discurso , lo aplaudieron con sus aclamaciones z sin embargo, aquel dia se separaron sin decidir nada. Dos pre- lados cortesanos contaronáa Chilperico lo que habia pasado:: el rey llamó á su presencia d Gregorio. Estaba en pie cerca de un pave- llon , formado porlas ramas de unos brlel tenia á sus lados á Beltran , obispo de Bur- deos, y ¿Ragnemundo, obispo de Paris: de- lante habia una mesa cubierta de pan y otros manjares. «Obispo, dijo el rey ú Gregorio, á todos debes justicia, y a mila niegas. Pe- ro yo sé por qué favoreces la iniquidad : un cuervo , como dice el proverbio , no saca los ojos d otro.» Gregorio respondió: ches tú puedes castigarnos cuando faltemos á la justicia; pero si tú faltas á ella, ¿quién te castigará? Cuando te hablemos su fenjgua e, á tí pertenece oirlo : si le cierras tu oido, ¿sabes quién te castigará? El que es princl- pio de toda justicia.» Los lisongeros des- aprobaron con su murmullo la atrevida res- puesta del obispo. Chilperico, escitado por ellos , esclama: «Ya sé lo que tengo de has cer: es mostraré tu ini uidad a la vista de pueblo: yo juntaré á loá Habitirited de Tours y les dire : perseguid con vuestros gritos Y (135) silvidos ¿ese Gregorio, enemigo de la jus- ticia. Si me la niega a mi, que soy.su rey, ¿podreis esperarla vosotros?» «Si-soy injus-- to, replicó Gregorio con firmeza , túmno lo sabes , sino aquel que lee en lo mas hondo de los corazones. Sufriré tus ultrages, y no me asustarán los vanos lada pueblo: sabrántodos que tú los escitas , y la culpano recaerásobre mi, sinosobre ti. Pero ¿de qué sirve esta inútil conversacion? Tenemos una regla, que es la ley y los cánones: consulta= los con cuidado ; porque: silos québrañtas, la justicia del cielo te espera.» Chilperico, mudando repentinamente de ademan y de enguage , me habló entonces, dice:el mis- mo Gregorio en su narracion, casi con cari- 10; y creyendo que ño conoceria yo. el lazo que me preparaba; tiende», tiende la vista a la mesa, me enseña un plato, y dice: «Ese manjar se ha preparado para ti. Mi comida 5 compone de aves y guisantes.» Yo respon- 13 «Lo que conviene es obedecer a las ór- “nes del Señor, y no complacernos en las elicias de los banquetes. Pero tú, que a- Cusas á los otros , promete observar las le- Yes y los cánones, y entonces creéremos en tu rectitud:» A estas palabras Chilperico Evantó la mano , y juró que respetaria los “inones y las leyes. Gregorio no se sentó á * Mesa : tomó, segun la costumbre , pan y O » y se retiró. Enmedio de la noche vi- '€ron en busca suya unos emisarios de Fre- “gunda , y le dijeron : «La reina os ofrece (136) 200 libras de plata si os declarais contra: Pretextato. Los .otros obispos nos han dado palabra de hacerlo asi; y solo «nos: falta la. vuestra:». «Aun cuando me ofrecieseis mil talentós de oro'y plata, respondió Gregorio con firmeza, no podria hacer sino lo que la ley me prescribe. Cuanto puedo ofreceros estadherirme á lo que- hagan los otros obis- pos con arreglo! a los-cánones.» La reina no entendió esta última restriccion, y se dió por contenta. -¿¿Alodia siguiente se reunió el tribunal; Chilperico 'acusó al prelado de haber sus- traido.dos maletas llenas de pedrería, y un sacocon'2.000 monedas de oro, y presentó testigos'sobornados que declararon contra el obispo. Pero Pretextato probó en su defen= sa , que parte de aquellas riquezas era un depósito que debia conservar, y parte un don legítimamente recibido. Los obispos tu- vieron por calumniosa la acusacion , y Pre- textato fue absuelto de aquel crimen. El rey lMamó inmediatamente á su palacio dos de sus confidentes mas intimos, y les dijo: «Las respuestas de Pretextato son verdaderas: me ha vencido: ¿qué podré hacer ahora? Yo quiero satisfacer á toda costa el resentimien- to de la reina. Id á hablar á Pretextato, y como que sale de vosotros, decidle : ya sa- bes que Chilperico es benigno y fácil de en- ternecer. Se deja aplacar por los que se le hu» millan. Sigue , pues , nuestro consejo, y hu- millate a el: confiesa que eres euliable de (137): los delitos que'te imputan: entonces todos par d sus pies pediremos tu: perdon , y lo concedera.» Pretextato , en: gañado por este artificio , promete hacer lo que le aconsejan: Al dia siguiente se reune el concilio , el rey asiste a el, y dirigiendo: la palabra á Pretextato y le dice. : «Si no te- vias mas intencion-que la de hacer un acto. de senerosidad cuando distribuiste dinero + los iones de Ruan , ¿por qué los has so- licitado para que siguiesen el partido de Me- royeo:, y le permaneciesen fieles?» «Confie= so , respondio el obispo, que los exhorté a favorecer á vuestro hijo: yo hablaba 4 hom- bres solamente ; perosi hubiese podido ba= bria rogado á los angeles que bajasen del cie- o y socorriesen al desgraciado 'en Ja situa=, cion infeliz en que se hallaba. Yo habia sido, su padrino : era mi hijo espiritual, y crelá cumplir mi obligacion favoreciéndole.» Al Oir estas palabras, Chilperico reprendió con Vebemencia su conducta, acusáandole de fac- Cioso: la contestacion se anima; y en fín, el Obispo cediendo 4 los consejos pérfidos que e habian dado, se arroja á los pies del prin- “ipe, y le dice: «¡Oh rey misericordiosisimo! Pequé contra el cielo y contra ti: soy un mi- Serable homicida: quise que te diesen la Muerte, para que tu bijo reinase en tu ln- Sar.» Entonces Chilperico se postra enme- lo del concilio, y dice: «Prelados santos 0 Señor, ya lo vis; él mismo confiesa cri- en tan execrable.» Los obispos acuden y (138) levantan ab rey, el cual destierra a Pretexta- to de su presencia, y se retira á su campa- mento. Poco despues envio al conejlio una coleccion de cánones , entre los cuales in- terpoló algunos falsos, que condenaban ¿4 la pena de etrosición 4 un obispo convencido de homicidio 4 de perjurio. Fueron: leidos sin confrontarlos en presencia de Pretexta= to, que estaba consternado. El obispo de Burdeos le dijo: «Pues no habeis consegui- do el perdon del rey, muestra buena volun= tad no puede serviros.» Un:euviado del rey vino á pedir que se escomulgase al reo, y de se-le rasgasen públicamente las vesti- uras. Gregorio se-0opuso ajeste rigor y 4.es- tas formas nuevas de suplicio; pero firuro la sentencia de condenación fulminada, por el concilio; y Pretextato fue desterrado 4 una de las islas del Cotentin: Esta causa célebre muestra las costumbres de la corte de Chil- perico, que en cierto modo eran las de su siglo , y prueba el poder que entonces ejer= cia el sacerdocio, cuando obligaba á un ti- rano á recurrir á artificios tan viles para lo- grar la condenacion de un obispo que le des- agradaba. Casi al mismo tiempo otro conci- lio que se reunió en Leon, depre a los o- bispos Salonio y Sagitario , acusados por la voz pública. Su conducta habia sido tan es- RIA que el pueblo alborotado los bi- . rió con varas. Estos obispos, á pesar de su condenacion , sostenidos por sus nuinerosos sirvientes , conservaban todavía sus sillas. (139) El rey Gontran los llamó a su corte, y Sa- gitario tuvo la insolencia: de insultarle, di= ciendo que sus hijos no podian heredar el trono, porque la madre habia sido sirvienta del duque Magnacario. «Sin duda ignoraba, dice Gregorio, que en Francia es iudiferen- te la condicion Se las madres, y que basta ser hijo de rey para tener derecho a la suce= sion.» Gontran , irritado de la osadía de los dos obispos , les quitó sus bienes !, éselavos y caballos:, y los desterro a un monasterio, donde fueron encerrados: con: guardias de vista. Pero habiendo caido enfermos poco impida sus hijos, temiendo que la enferme- dad fuese castigo del cielo por el rigor con que los habia tratado, mando ponerlos en hibertad. Chilperico y sus hermanos derra= mabau bin remordimiento la sangre de su familia, y asolabau sin piedad las provin- cias. Pero por otra parte, estos príncipes crueles sta DIabñis de una tempestad ódeun Sueño. Sus ánimos feroces crelan en los ma= *ficios , y dudaban de los dogmas de la re- igion.Chilperico escribió un libro injurio- so al misterio de la Trinidad , lo envió 4 regorio de Tours, llamó á este obispo á su presencia , y le dijo : «Quiero que tú y to- os los doctores de la Iglesia creais la doc- trina de mi libro.» «Vos sois , le dijo Grego- YO, quien debeis someteros a las is enseñadas por los apóstoles , y redicadas por Eusebio ¿ Hilario : esa es la fe que pro- metisteisenel bautismo.» El rey enojado in- (M0) sulto la memoria de aquellos:santos obispos, y dijo á Gregorio : «Yo creó que sois un ig- norante.Consultaré con hombres mas:sabios que vos, y me aprobarán.» «Señor , replicó Gregorio, si encontraisaprobantes, no serán habiles , sino insensatos.» Chilpericole vol- vió las espaldas : habló con el obispo de Al- E coil materia ¿ y habiendo hallado en él la misma firmeza , renunció a su proyecto impio de trastornar la religion cristiana. Guerra de Bretaña. sp Nuevos dis- turbios suscitados por el odio que inspira- ba, alteraron muy pronto el sosiego momen- táneo de este rey ambicioso y de su impla- cable-muger. Gontran habia perdido sus dos hijos y adoptado solemnemente al rey de Austrasia+ Pidió al rey de Soissons que ce- diese 4 Childeberto-la ciudad de Paris; y como Chilperico se negó á ello, le detlaró la guerra. Al mismo: tiempo Brunequilde, ue en todas partes suscitaba enemigos a hilperico, armó contra élá los bretones; es- tos seapoderaron de Vannes, y su conde Va- roch se acampó con numeroso ejército en las orillas del Vilaine , reforzado con un cuer- po de sajones. Chilperico tenía valor, única virtud que aun respetaba á la descendencia de Clodoveo: peleó con Varoch, le venció y le obligó á someterse. Habia muchos años E el rey-de Soissons, precisado á buscar inero á cualquier precio para ejecutar los designios que le dictaba su desenfrenada ambicion , quebrantando las costumbres de (141) los francos, habia echado fuertes contribu- ciones sobre sus propiedades. Ademas, tan- to los hombres libres como los siervos fue- ron sometidos á la capitacion : la industria urbana sufria trabas y vejaciones de varios impuestos ; y en fin, cada aranzada de viña pago la contribucion de una cántara de vi- no. Todos murmuraban ; y por huir su do- minacio»,se retiraban muchisimos, para go- zar de un gobierno mas suave, alos estados de Gontran y Childeberto. Asi se despobla- ba su reino al mismo tiempo que crecia su tesoro. La avaricia de este principe resistia a todas las represeutacióones; pero el hijo mayor que tenia de Fredegunda , murió de repente: los otros hijos cayeron gr fermos: el rey tuvo una calentura violenta: enton- ces pop aterrada por los estímulos e la conciencia y por el temor del infier- no, lleyó al rey a la eontaduria, donde es- taban los archivos de los impuestos, y le di- lo: «El cielo nos castiga: harto hemos abu- sado de su paciencia. Nuestros hijos van á Morir: las lágrimas de los pobres, las mal- diciones de las viudas, los gemidos de los duérfanos llaman sobre nosotros la cúlera ivina. Si nuestros hijos mueren, ¿de qué MOS servirán esos lesoros inmensos que Montonamos sin saber quién los heradatk? ¿Qué haremos con esas riquezas, mancilla= as por la rapiña, y Pen de las mauldi- ciones de los pueblós? ¿No abundan nues- j (142) tras troges y bodegas en trigo y vino? ¿No estan llenas nuestras arcas de oro y piedras preciosas? ¿Por qué, pues, oprimimos al pueblo con el gravámen de nuevos impues= tos? Creedme : entreguemos á las llamas los funestos papeles de este archivo, y conten= témonos en lo sucesivo con las rentas que percibia el rey Clotario.» Chilperico se con- mueve con estas palabras: sin embargo, ca= lla y vacila en consumar un sacrificio tan pe- noso. Entonces la reina coge los papeles y los echa al fuego, diciendo: Ein: mi e- jemplo; y si hemos de ser desgraciados, bus- quemos á lo menos consuelo recobrando el amor del pueblo.» Chilperico obedece, y la nacion, olcalui los crimenes de Frede- unda , admiró su generosidad. Si el temor de los castigos celestiales venció la codicia de esta reina impia, no fue bastante para triunfar de su odio contra los desgraciados hijos de Audevera. Vivia aun Clodoveo, el tercero de ellos, y detestaba á Fredegunda. Ella juró su muerte; pero antes de herirle, faltó poco para que su entenado la arruina- se. El pe Leudaste, que desde la clase mas baja se habia elevado á las primeras dig- nidades del reino, formó en aquel tiempo, reunido con un sacerdote de Pones llama- do Riculfo, nna conspiracion cuyo objeto era destronar á Fredegunda , dar muerte á Chilperico, poner en el trono á Clodoveo, y gobernar ñ reino bajo su nombre. Leudas- te, esclavo en su infancia, y empleado des- (143) ues en las caballerizas de Marcufa, muger el rey Cariberto, protegido por esta reina, habia llegado á ser escudero mayor, leude y conde. Chilperico.le envió despues a casti- ar la ciudad de Tours cuando se declaró a favor de Meroveo, y Leudaste la oprimio con tiranía. El obispo Gregorio consiguio con sus representaciones que se le alejase de ella. Desde entonees Leudaste resolvio la ruina de Gregorio, y que se diese su obis- puño á Riculfo; el cual atraido por este ce- 0, prometio favorecerle en sus criminales designios. Conocia el caracter tiránico , ce- loso y violento de Chilperico: presentó- se pues á él, y le dijo que la reina Frede- gunda tenia comunicacion criminal con Bel- tran, obispo de Burdeos. El rey, indignado e esta acusación, se enojó al principio con- tra Leudaste hasta el punto de poner las ma- nos en él. Pero Leudaste persistió eo su de- acion, añadiendo: «Nadie ignora este adul- terio; y Gregorio, obispo de Tours, lo sa- e mejor que nadie.» El atrevido acusador Esperaba que el principe, creyéndose ultra- Jado, repudiaria á su esposa sin comprome- ter su honor en un juicio público; pero se engañó. Chilperico convocó los grandes y Obispos, y mandó á la reina y á Gregorio qee compareciesen ante este tribunal. Fre- 'egunda se defendió con altanería y violen- Cta; Gregorio con la serenidad de ña virtud. El tribunal decidió que Gregorio purgaria Con el juramento la acusación intentada con- (144) tra él. El obispo de Tours comulgó en: púe blico, y juró ulpjaó que los hechos alega- «dos por el rey eran imposturas. Entonces los obispos proclamaron su inocencia, y de- clararon, que segun los cánones era preciso escomulgar al calumniador. Como el rey era el único que habia presentado la querella, sin nombrar á los que le habian informado de los desórdenes de la reina , la decla- racion de los obispos se dirigia á él. A- terrado con esta amenaza, dijo que no ha- bia hecho mas que repetir las acusacio- nes de Leudaste y Riculfo. El conde fue puesto en prision, y Riculfo a cuestion de tormento , en la cual declaró toda la conju» racion tramada contra Fredegunda y el rey. Riculfo fue condenado á muerte ; pero Leu- daste. no perdió mas que sus bienes: con tanto miramiento se procedia entonces con- tra los leudes , por temorá su audacia , vio- dencia y partidarios; y asi era mas comun a- sesinarlos que sentenciarlos. Este insolente conde , reuniendo algunos hombres arma- dos , saqueó la ciudad de Tours por vengar- se desu obispo, logró despues el perdon del rey , y volvió con arroganeia á Tours á pe- dir á Gregorio que le reconciliase con la 1glesia, rán lcaleitagiidn escribia al mis- mo obispo que no le levantase la escomu- uion. Gregorio respondida Leudaste que no podia reconciliarlo sino despues que hubie- se hecho penitencia. El conde, cuya espada y orgullo se burlaban de todos los riesgos y (145) de todos:los poderes, volvió audazmente á Paris, y se presentó sin temor a la yista de Fredegunda. distaaia La reina se desmayó de ira: cuando vol- Vió en si, pidió en vaño á su esposo vengan= za de aquel insulto : Chilperico ni se atrevió a troll ni a prometerla. El imprudente Leudaste se pasea por las calles siú comiti= Ya, y entra en las tiendas con la ínisma sere- nidad qne si no tuviese enemigos. Un dia es- taba examinando los diamantes de un lapi=" ario, y un sirviente de la reina le acome= lio de improviso , y le asesino. El rey y las eyes enmudecieron. Poco despues murje= ton á unmismo tiempo dos hijos de Frede-=: gunda. En lugar de llorarlos busco en su: Muerte un pretesto para consumar la ruina: de Clodoveo. Puso á cuestion de tormento % Una manceba de este principe , y con el. olor le arraneó una falsa declaracion, por Medio de la cual persuadió 4 Chilpericoque: Sus hijos habian muerto envenenados. El rey, Pro yugado por su vengativa muger, le en=. "egó a su hijo , que fue encerrado en una: pusion, y luego asesinado por el puñal de "edegunda. La reina Audevera habia pro= €sado en un monasterio, y ni podia ni de= pes Vengarse; pero sus lagrimas importuna=- “Má Predegunda. Esta muger bárbara hizo Pie la ahogasen , y que encerrasen-en un Mvento 4 una hija que le quedaba, des- Ues que los ministoos de aquella furia la úbieron - yiolado. Semejantes mónstruos, DOMO XItL+ 10 146 cuando se libran ale Ss urlela humana, prue- ban la necesidad y: la existencia de la justi- cia celestial. Guerra de Chilperico y Childeberto con- tra Gontran. (580.) El imperio de oriente se mejoraba entontes bajo el cetro de un principe belicoso. El emperador Tiberio exhortó a Chilpericó por medio de-sus em- bajadores 4 hacer alianza con él contra los lombardos, y al mismo tiempo envió con el mismo objeto ricos presentes á los reyes Chil- deberto y Gontran ; pero los franceses, .en- tregados á sus funestas disensiones, pare- cian entonces insensibles a la voz de la glo- ria me por tanto tiempo los habia animado. Fredegunda y Brunequilde, semejantes á dos furias , los escitaban sin intermision a des- truirse unos á otros, y á despedazar el seno de su patria. La debilidad de Gontran , y la menor:edad de Childeberto daba libre cur- so en Austrasia á la licencia de los grandes; y asi aumentaban cada dia su riqueza y po- derio 4 costa de la autoridad real. En vano Lupo, duque de Champaña, defendia el tro- no del. monarca niño : los leudes Ranchin), Gontran' Boson y Bertefredo, unidos con Egidio, arzobispo de Reims, se burlaron del ministro, y le obligarowá salir del reino. Fa- voreciendo secretamente á Fredegunda, per- virtieron al patricio Múmmol, obligaron: á Childebérto 4 desavenirse con Gontran, su tutor, y quitaron deste por sorpresa la cju- dad de Marsella, al mismo tiempo que De- (147) siderio, general de Chilperico», se apodez raba del Perigord y-del Ágeneso 0 > - EFnvasion de los. vascones en Aquitania. (582.):Los vascones ¿llamados vascos y gas. cones por los franceses , que habitaban el pais llamado hoy : Navarra española, se a- provecharon de estas turbulencias, pasaron el Pirineo, y se establecieron en Aquitania. arécia que entonces reinaba el desorden en la ea ió como en+la politica. Fueron frecuentisimas las tempestades, «nacieron flores por enero: un cometa crinico y una lluvia colorada, que se creyó Ser sangre, as terraron los pueblos. Entonces, para añadir un nuevo elemento 4 las discordias. que de= . . , > solaban 4 Francia; apareció un NUEVO prin= cipe de la familia de Cludoveo. Llamabase Gundebaldo , y se decia hijo de Clotario:L, acogido, educado y enriquecido en su in= ancia-por Childeberto , primer rey de Pa- Yis. Despues de la muerte de este principe Viajó Gundebaldo por Italia, Alemania y "ecia, y encontró en Constantinopla á Gon- tran Boson, que le aconsejó reclamar:sus des rechos al trono. El emperador de oriente le Prometid socorros: Volvió 4 Erancia, fue res conocido en Aviñon por Múmmol, y poco £Spues tuvo contra sl al mismo GontranBo= son , que le habia incitado á la empresa. : Brunequilde y con la esperanza de susci- ar un nuevo enemigo 4 Clulperico, favore- clO secretamente dá Camdiiot dos el cual 0-' Igó- sus enemigos 4 alejarse de Aviñon» (148) La guerra continuaba entre Chilperico y Gontran con vario suceso: al fin hicieron paces; y Childeberto, que acababa de cum- pls 14 años , se reconcilió con el rey de orgoña, su tutor. 2 Muerte de Chilperico : Clotario IL, rey, de Soissons. (584.) El reinado de Tiberio en oriente fue glorioso, pero de poca duracion: su sucesor Mauricio envió 500.000 escudos de oro á Childeberto para que se declarase contra los lombardos que cercaban a Roma. El jóven rey de Austrasia paso los Alpes, entró en Italia , sufrió al principio algunos reveses; y al fin, reparando sus pálidas obligó á Autaris, rey de los lombardos, 4s0o- meterse y pagarle un tributo anual. En este. mismo año se vió libre Francia de uno de sus mas crueles tiranos. Chilperico, volvien- do de caza á su palacio de Chelles , recibió. al bajar del caballo dos puñaladas que termi- naron su vida y sus maldades. Se acusó de su muerte 4 Brunequilde y á Fredegunda. Ig- norase cual de las dos cometió permet: pero ambas eran capaces de emprenderlo y ejecutarlo. Algunos autores dicen que Chil-. perico acababa de descubrir la intimidad criminal de su muger con un leude llamado. Laudry, y que los adúlteros le asesinaron te- miendo su venganza. Chilperico murió á los: 45 años de su edad. Este principe valiente, hábil, ostentoso é instruido, se mostró sieme- pre disoluto, violento , débil, pérfido y cruel. Colmaba de riquezas á los grandes par (149 rá tenerlos sumisos : dedaatirdienios é iglesias, creyendo satisfacer á Dios sin el ar- repeutimiento : temia y detestaba al clero. ecia que «los obispos eran entonces los verdaderos gobernantes y y que el cetro era un ornamento inútil .en la mano de los re- yes.» Careció de toda piedad : á nadie amó, y de nadie fue amado. Despues de su muer- te:quedó abandonado su cadaver, sin que se hiciese caso de un mónstruo a quien ya no se temia : al fin debió sepultura a la piedad de un santo obispo, que le habia pedido au. iencia por tres veces sin poder conseguir= la. Este prelado hizo trasportar su cuerpo a Paris, y enterrarle en la iglesia de san Ger= man de los Prados. Gregorio de Tours pin= ta en pocas palabras el retrato de este tira- no, diciendo que fue el Veron y el Hero= es de Francia. >> ; Apenas supo Gontran la muerte de Chil- Perico; agudió precipitadamente” á Paris. hildeberto vino tambien con sus tropas; Mas nose le permitió entrar en-la ciudad. El hijo: de: Brunequilde o se le Entregase a Fredegunda para inmo arila in- are homicida de Sigeberto, Teodoberto; eroveo; Clodoveo y Chilperico á los ma- nes de estos principes. Fredegunda asusta» A se refugió en la iglesia de nuestra Seño- Ya , y buscó asilo al pie de los altares:que su Ji esencia profanaba. Alli tuvo: osadía para lamar 4 Gontran á zina conferencia; y habi-, idad para seducirle. Este rey, cuya bondad 150), pareciamucho ¿la debilidad, protegió 4 la se culpables é hizo proclamar rey.a su hijo Clo- tario 11. Los parientes indignados insultaban: la autoridad de Gontran, y pedian: 4 gritos la muerte de Fredegunda:.Su protector la hizo partir á Ruan para sustraerla del odio público. Apenas llegó á su nuevo asilo, me- ditó la insplacable edagunda nuevos hor- rores. Solicitando el-apoyo de los estrange- ros para lograr sus venganzas , hizo secreta alianza con los lombardos, y en premio de su invasion en Francia les prometió la muer- te del rey de Austrasia y de su madre: Bru= _nequilde. Envió á4 Metz asesinos,, fieles .a- gentes de su política sanguinaria; pero fue= ron descubiertos en el -momento de egecu- tar las órdenes de su bárbara reina; y Bru- nequilde los mandó mutilar y enviará Ere- degunda en señal de desprecio. La opinion pública acusaba entonces de adulterio á la viuda de Chilperico, y creia 4 Clotarió- 11 bastardo italian del trono. Gontran, para destruir esta sospecha, obligó ¿4 Fredegun- da á que probase lá legitimidad: desu hijo con el juramento de tres obispos y-de 300 notables. Esta benevolencia del rey de-Pa- e de Borgoña para con la mórtal enemi- ga de Brunequilde, escitaba las iras de esta reina. Queriendo vengarse de él, favoreció en secreto el partido de Gundohaldo, que pcia o aventurero, pedia á Gontran que e admitiese a la participacion: de sus es- tados. ' | (151) Guerra de OA. 06 (585.) Protegi- do por ella, favorecido de Múmmol , de Gontran Boson y del obispo Sagitario, se halló bien pronto al frente de fuerzas consi- derables,.y un ejército numeroso le procla= mó rey de Aquitania en la ciudad de Brive la Gaillarde , de la: cual se habia apoderado; ero alli encontró el término de su fortuna. ¿l patricio Egila , enviado contra el por Gontran., le: acometió, venció y puso en huida. Encerróse en el castillo de Gomin- ges , ciudad muy fuerte por su posicion. Fue sitiado en ella; y rechazo valerosamen- te muchos asaltos; pero como le faltaban vi- Veres, se creyo cierta su ruina. El pérfido Gontran Boson y el intrigante Sagitario re- solvieron:salvarse haciéndole traicion. Mum- mol mauchó tambien su gloria con una per- fidia, Persuadieron -al' desgraciado Gunde- baldo que huyese con ellos, y le entregaron á sus enemigos: él pereció; pero Egila, des- puncladda á los aleves y aprovechindose de a alevosia, los degollo tambien. Al mismo tiempo se movió guerra sentre franceses y lombardos; suscitada por los:ar- tificios de Fredegunda, El hijo del rey de «ombardia habia casado con una hermana de Childeberto. Este jóven principe. se suble- YO contra su padre, y fue puesto en prision; Pero su muger halló medio de darle liber- tad y de huir con él al oriente, doynde rei- naba el emperador Mauricio; el enal bizo a- linza con Childeberto y Brunequilde para (152) proteger al principe proscrito. Esta guer- ra no dio gloria á los franceses, ni pudieron peñsias en Italia, ni arrojar al enemigo de a parte de Galia que habia ocupado. Los' franceses no tenian entonces espadas, sino puñales ; y parecian no ser audaces sino pa= ra los crimenes. Fredegunda, que nunca se cansaba de cometerlos, encargó á un asesi-- no que la vengase del obispo de Ruan, su e- nemigo antiguo , a quien Gontrah habia res: tablecido en su silla. Pretextato fue herido de una puñalada al pie:de los altares. El ho- micida, preso por el pueblo, imploró en vano la proteccion de la reina, y fue:entre- geo al sobrino del obispo, que le hizo pe- azos. Pretextato estaba cercano á morir: Fredegunda, que no conocia ni pudor ni re- mordimientos, tuvo-la insolencia: de visitar a su victima socolor de asistirle. El prelado mostro el mayor desprecio hácia ella, no ad- mitió su oferta, la llenó de improperios, y la amenazo con la: venganza celo cihl Gon- tran, siempre débil, limitó su justicia a des- terrar aquella furia 4 Vaudreuil ; castillo de Normandía. Fredegunda, sin reconocimien- to a su bienhechor, sin consideracion á la edad de Gontran, sin respeto al protector de su hijo, hizo por dos veces tentativas paz, ra asesinarle. | Tratado de Andelot. (587.) Entretanto los grandes de Neustria, cansados de la guer- ra impia que sustentaban sus débiles reyes por causa de una muger manchada con Ja 153 sangre.de tantos aii les aconsejaron; 0 por mejor decir, les mandaron que se re” conciliasen. Concluyeron un tratado, en el eual Gontran reconoció por heredero suyo á Childeberto. Gregorio de Tours fue ple-= nipotenciario en estas negociaciones. El tra- tado, que tomó el nombre de Andelot por la villa en que se firmo, fue concluido, co= mo se dice en:su preámbulo, por el consejo de los obispos y grandes : de donde consta evidentemente cuánto habian crecido su:au- toridad é influencia. Por este acto: conservó Gontran la parte de la ciudad de Paris y de la herencia de Cariberto que se le dispula- ba. Childeberto adquirió ia riaiód las ciudades de Meaux, Senlis, Tours, Poitiers, Aire, Conserans; Bayona y Alby. Si uno de os dos reyes moria sin hijos, el: que le so= teviviese debia heredarle. Se garantiza- ron todos los dones de ciudades, tierras y Otras rentas que Gontran habia dado á su hi= Jo Clotilde. En caso que Childeberto mu- Mose primero, Gontran prometia defender Como padre á:sus hijos Teodoberto y Tier= "Y, y proteger a su muger Failleuba y á su Madre Brunequildeé. A esta se le garanti> Zaron las ciudades de Burdeos , Limoges, Ahors, y el Bearne y el Bigorre que se lo o abian adjudicado despues del asesinato de Uú hermana Galsuinda. Los leudes, que du- tante la guerra habian abandonado á uno de os dos reyes, quedaron obligados á:wolver su servicio. Podas las donaciones hechas á: (154) las iglesias ó á los 1udel debian conservar= se 0 restituirse, y se declararon irrevoca-= bles: La restitucion:á los leudes debia ha- cerse inmediatamente. Se estipuló que los leudes podrian en todos tiempos viajar con betta dde un reino al otro. Cada uno de los dos reyes contratantes se obligaba á4 no solicitar nuncaá los Jeudes del otro á que le dejasen para pasar á suservicio. Enfin, se de- claró, que el que violase , bajo cualquier pretesto que fuese, las cliusulas del tratado, perderia todas las ventajas que en él se le a- seguraban , y las gozaria el otro. -- Este célebre acto fue una victoria de los andes contra los reyes, y forma época no- table en la historia de Francia. Hasta enton- ces los reyes habian aumentado su autori- dad , ganando á los leudes con beneficios re- vocables; pero como sus dominios se dismi- nuian, y sin embargo querian auméntar- el número de sus leudes, se apoderaban arbi- trariamente de las donaciones que habian hecho, y las distribuian de nuevo segun sus temores ó sus caprichos, despojando «alos mas débiles y enriqueciendo a los mas po derosos. Sus cortes se llenaron de intrigas; y cuando cada leude hubo: sufrido su parte de esta arbitrariedad injusta, se coligaron todos para defender sus intereses comunes: El tratado:de Andelot, en que dieron la ley, convirtió los beneficios en propiedades ¡ir- revocables; y desde entónces la nobleza, in- dependiente ya: y hereditaria , domiud A ; ! (155) y trono; que quedó sin riquezas y sin poderio. La antigua democracia de los francos; que - Clodoveo convirtió en monarquía militar, vino 4 parar en aristocracia turbulenta, ba- jo cuyo imperio yacieron los fantasmas de reyes ; incapaces de defender ni su cetro ni el pueblo contra la opresion de los grandes. Los: rogresos de esta revolucion fueron tan sbidos. que en:menos de 50 años quedó consumada. Sin embargo, la paz de Ande- lot; que produjo:en Francia un sosiego mo-= mentaneo, aumentó el peligro de Gontran, aumentando los furores de Fredegunda. Es- te desgraciado rey , ereyéndose: rodeado Siempre de asesinos; habló un dia al pueblo que estaba ev la ¡iglesia asistiendo4.los ofi- cios divinos, de estamanera: «Os pido á to- Os vosotros, hombres y mugeres, que me seais fieles. No hagais conmigo lo que con Mis dos hermanos;-á quienes habeis: dado Muerte. No tengo hijos, sino dos sobrinos qe he adoptado. Dejadme: reinar todavia 05d tres años para restablecer el orden en tancia. Pensad, que si dejais que nos ma= eh: 4 mi y á missinocentes- pupilos, no que- ará principe de-la ¡sangre real que os de- enda.» El pueblo respondió-á- este discur- $0; dirigiendo al cielo súplicas: fervientes Porla salud del rey. Las costumbres del si- Seran tales, que la arenga: singular del la? produjo alguna compasion; pero nadie Estrañó. De alli. 4 poco se descubrio en Ustrasia una conjuracion de los grandes del 156) reino, O a equil de envió los traidores al suplicio; y el obis- po de Reims, que era gefe dtriilos , fue juz= gado, convencido y depuesto en un concilio que se celebró en Metz. tio Muerte de Gontran: Childeberto , rey de Austrasia y Borgoña. (593 .) Gontran mu- rió en Chalons á la edad de 68 años, habien- do reinado 32. Su últimoacto fue de debili- dad, consintiendo en volverá ver á Frede- gunda. Saco de pila en Ruelle á su hijo Clo- tario. Como no dejaba hijos varones, Chil- deberto heredó sus estados; y la orgullosa Brunequilde, que le dominaba, se vió en fin en el colmo de sus deseos , reinando: so- bre la mayor parte de Francia, cuando su rival Fredegunda, humillada y sin protec- tor, sostenia dificilmente en un estado pe- queño el cetro de su hijo, rodeado de ene- migos. Gontran fue el menos bárbaro de los nietos de Clodoveo. Hacia el bien por incli- nacion, y el mal por flaqueza: era amado por su benignidad y devocion. Aumento la autoridad del clero con:privilegios y dona- ciones y mirándole comola única salvaguar- dia de la seguridad del «trono y del orden público: Sus conversaciones con el obispo de Tours prueban su carácter afable y rego- cijado: en una de ellas contó á Gregorio de Tours que habia visto en sueños la muerte de Chilperico, y que se le habia aparecido cayendo: en un caldero que hervia. Gontran promulgó un edicto, enel cual lamentando (157) los crimenes de toda especie que se come- tian entonces en Francia, mandará los Obis- pos renunciar á su silencio € indiferencia, que entonces eran culpables; y los exhorta á reunirse con los jueces, 4 visitar. las ciu- dades, á instruir los pueblos en la moral y preceptos del Evan gelio, y á juzgar severa- mente á los que la violasen. En fin, prohibe ajo penas seyerisimas quebrantar los do- mingos y dias de fiesta trabajando en ellos. Toda la historia, todos los documentos de aquellos siglos manifiestan el conato de la sociedad, disuelta por la irrupcion de los, bárbaros, 4 volverse á reunir y constituir bajo la direccion del cristianismo... 1 A A Y 0 GAPITULO TX, Cletaro segundo, Cilliborto, Cir ny, Ccndoberto. Dagoberto frrnero, Guerra entre Childeberto y Clotario. Bata- dla de Droissy. Muerte de Childeberto: Teodoberto, rey de Austrasia, y Tierry, rey de Borgoña. Muerte de pin open Batalla de Dormeille. Batalla de Etam- pes. Guerra entre Teodoberto y Tierry. Muerte de Teodoberto. Tierry , rey de Borgoña y Austrasia. Muerte de Tierry. Suplicio de Brunequilde. Clotario II rei- na solo. Dagoberto , rey de Austrasia. Guerra de los sajones. ya e I, rey de Neustria, Austrasia y Borgoña. Cari- berto, rey de Aquitania. Muerte de Ca- riberto. Dagoberto reina solo. Guerra de España. Sigeberto, rey de Austrasia. Re- belion de los gascones y bretones. Sumi- sion de los duques de Gascuña y Bre- taña, pee entre Childeberto y Clotario. Chil- deberto, lejos de contentarse con poseer las (159) dos terceras partes de Francia queria con= quistar la otra que le faltaba; escitado por la vengativa Brunequilde, cuya: existencia era incompatible con la de Fredegunda. Creian apoderarse con facilidad de: Neus- tria, defendida y: gobernada: solo por una Mmuger aborrecida y un niño débil. Frede= gunda engañó sus esperanzas. Esta reina mostró tanta habilidad en supolitica, tanto valor contra sus enemigos , como atrevi-- miento mostrara antes para degollar sus vic= timas. Ya habia recobrado el afecto de: una parte del pueblo, desde que: aconsejó á su marido suprimir.sus impuestos. Redoblando su solicitud para ganar los ánimos enmedio elas tempestades que la amenazaban, apla. có al elero mostrando arrepentimiento, gran- ee á los soldados con dinero, y alos gran- es con dones y dignidades, reunido sus tro- as, marchó con intrepidez al frente de ellas, é inflamó su valor mostráandoles a su' hijo otario que llevaba en los brazos. Batalla de Droissy.(594.) No tardaron en avistarse los dos ejércitos en los campos e Droissy, villa cercana a Soissons» El de Childeberto era muy numeroso y aguerrido; Pero en esta lucha desigual Fredegunda o- uso con buen éxito la astucia á la fuerza. fe una noche oseura mando su general Lan=. "y que cada soldado llevase en las manos Wa rama grande de árbol y una luz: los aus rasios, despertando al sovido repentino de AS trompetas, se aferraron viendo caminar 160) una selva rodeada SA fuegos: huyen-ame- drentados, pierden 4.000 hombres en la der- rota, y Fredegunda triunfa sin haber pe- leado. 2 Er - A la noticia de la guerra que asolaba á Francia, los pueblos del norte creyeron que era llegada la ocasion de invadir sus opulen» tos territorios. Los sajones ;;anglos y hérulos invadieron á Frisia y Batavia, y las devasta- ron. Pero Childeberto marchó prontamenz te contra ellos, los acometió y derrotó, y esterminóo casi todo su ejército. garil :+ Muerte de Childeberto: Teodoberto, rey de Austrasia, y Tierry , rey de Borgoña. (595.) El poeta Fortunato, obispo de Poi- tiers, celebro en sus versos las hazañas del duque Lupo en esta guerra gloriosa. Una victoria tan brillante daba esperanzaá los franceses y temor a eiáguade de que se renovase alesciciola de Clodoveo; pero aquel mismo año fallecieron Childeberto y sues- posa. Creyóse se habian muerto envenena- dos; y la idea de veneno se juntaba necesa- riamente en la opinion pública con el nom- bre de Fredegunda. Childeberto habia rei- nado 20 años, y tenia 26 de edad cuando mu- rió. Leemos su elogio en las cartas de san Gregorio Magno y en los wersos del poeta Fortunato: las lágrimas con que le lloró su ueblo, probaron que los merecia. Fue prin- eipe instruido, activo y valiente. Procuro; no solo afirmar su poder con las armas, sino consolidar el orden con las leyes. Habiendo (161) hecho un tratado de paz con Clotario, des- pues de la batalla de Droissy, firmaron los dos reyes un pacto para reprimir los Jatroci- nios, que eran harto comunes, principal-.. mente de siervos. Este pacto fue «lespues el cuarto libro de la ley Sálica. Otro decreto de este mismo principe in- trodujo mudanzas importantes en aquella ley. El preámbulo del. decreto es muy nota- ble, porque pruebasinréplica que las juntas nacionales se celebraban con regularidad ,. y que en ellasse deliberaba sobre todos losne- gocios pertenecientes al estado. «Habiendo reunido, dice Childeberto, en las calendas de marzo todos los grandes de nuestros es- tados, hemos tratado, en nombre de Dios, en estas juntas de todos los negocios del reino; y es nuestra intencion hacer publico el resultado de las deliberaciones.» El de- Creto empieza dando cuenta de las resolu- ciones tomadas en materia de sucesiones por A asamblea de Andernach 0 Attigny, el año Vigésimo del reinado de Ghildeberto, y lue- 80 refiere las decisiones de las demas jun- tas. Las principales son estas : «Los matri- Mmonios entre cuñados y cuñadas, tias y sobri- MOS , entenados y madrastras SO prohibi- 0s, y se declaran por incestuosos. El re- tactario escomulgado será arrojado de pala- “io y privado de sus bienes.» «El rapto se Castiga con pena de muerte por decision de Otra junta , en la cpal todo el pueblo , dice €l edicto, se halló reunido; y es prohibido TOMO XJ11, | (162) á los grandes interceder por el delincuente. El homicidio tiene tambien pena de muerte sin poder rescatarse : si un pariente del muerto consiente en el rescate , se prohibe 4 los demas concurrir á esta infamia. Cinco ó siete testigos de buena fe , y que presten juramento , bastan para convencer al acu- sado. El robo tiene pena de muerte, como tambien el juez que ponga en libertad al la- dron. La guardia destinada á conservar el órden se divide en centenas, cada centena debe pagar el precio de la cosa robada en su territorio, si no descubre al ladron.» Es- te célebre decretose halla como apéndice de la ley sálica, publicada por Pithou; y nos ma- nifiesta los esfuerzos que hacian los reyes para salir de la barbárie. La severidad mis- ma de los castigos pruebala depravacion que habia en las costumbres. Muerte de Fredegunda. (597.) La muer- te de Childeberto y la de Gontran dejaba las riendas de Francia en manos de tres ni- ños. y de dos mugeres implacables. Clota- rio 1 tenia 8 años , Teodoberto 10 y Tier- Try 9. Suinocencia , estraviada por los fu- rores de dos reinas ambiciosas , tuvo, en lu- gar dejuegos infantiles, combates, y por pri- mer espectáculo la sangre de los franceses inundando la Francia. Los ejércitos de lus tres reyes no tardaron en encontrarse y pe” Jear, teniendo á su frente los tres niños c0- ronados y sus madres. Fredegunda, tan te- «mible por la espada como por el puñal, fa- (163) vorecida de Ja fortuna , fue siempre viclo= riosa, ahuyentó á sus enemigos, enteó lriun= fante en Paris , y aseguró á su hijo la pose- sion de esta ciudad. Esta sangrienla victd= ria fue el último placer de su vida: murió, y si sus maldades no fueron espiadas por el arrepentimiento, el buen suceso que las co- trono sobre la tierra, no las libertaria de los Castigos reservados por Dios a delitos tan horribles. El siglo de Fredegunda gimió por Su buena suerte, y se sometió a ella, de- Jando á la historia el encargo de su conde- dbacion. ' Brunequilde , libre de aquella odiosa ri- val, no vid ya ostáculo asu ambicion, alec- tó el poder absoluto; y si se ha de dar cré- Ito á sus enemigos, manchó con su orgullo Un reinado que la justicia y la moderacion Bodian hacer glorioso. Los hunnos , atrai- los por-las turbulencias que destruian y de- Witaban el imperio. frances, atravesaron y €solaron la Bohemia y Baviera, y penetra- 'Ou en el territorio de Francia. Brunequil- €, harto ocupada con las disensiones in- Cstinas , no se atrevió á pelear con tan for- vudables enemigos ; y tomó la resolucion co- arde, «y por tanto peligrosa, de alejarlos audoles dinero. Esta reina, codiciosa de Poder... imitó la arbitrariedad de Clotario I e ohilperico : privó de empleos y de be- so dieios á los pies le resistian, y dió A despojos á los validos. En su reinado la MMivez conducia á la proscripcion: la servi- (164) lidad á la fortuna. Fue acusada de haber a- sesinado por medio de sus emisarios al du- que Ventrion , cuya influencia temia, y cu- as riquezas codiciaba. Estos despojos sú- hitos , estas fortunas repentinas llenaban la corte de intrigas y de descontentos. Los leu- des, sediciosos y cansados de sufrir el yugo de los privados y los caprichos de una mu- er , se coligan entre si, subleyan el pueblo de Metz , fuerzan las puertas del palacio, arrojan de él ignominiosamente Brel de. Algunos soldados la condujeron á Ar- cis, sobre el Aube; donde aquella reina, po- co antes tan soberbia , se vio sola , abanio- nada , sin dinero ni asilo, y apenas cubierta con pobres vestidos. En este estado de des- amparo , oprobio y miseria , la conoció un mendigo que pasaba ; la tomó bajo su pro- tección, y la acompaño hasta Chalons, don- de la recibió su nieto Tierry con respeto; ero no sin pesadumbre ni temor. Sin em- ¡e como Bruuequilde tenia talento y a- mabilidad , iguales á su orgullo, adquirió grande ascendiente sobre su nieto, y per- virtió su carácter , apartándole de sus obli- gaciones , y entregándole á los lazos seduc- tores del deleite. Reinó sobre Borgoña en su nombre, y elevó al mendigo que la habia fa- vorecido , haciéndole obispo de Auxerre: Batalla de Dormeille. (600.) La guerra volvió á encenderse entre Clotario y pe re- yes Tierry y Teodoberto. Dióse una san- grienta batalla en Dormeille , aldea del ter- (165) ritorio de Sens, cercana a Moret: la derrota del rey de Neustria fue completa: Glotario pcia 30.000 hombres, buscó'su salud en a fuga, y se vió obligado ú ceder 4.sus pri- mos una gran parte de sus estados. Los reyes Vencedores pasaron dere e con su ejército contra los gascones , los sometie- ron , y los obligaron á pagar tributo. Los grandes del reino de Borgoña se que- jaron tambien del pesado yugo de Brune uil- e, murmuraban de sus injusticias, AMIA rian sus costumbres; y aunque su edad no e permitia ya inspiraf amor, la acusaban de tener amantes, seducidos , no por su her- Mosura , sino por sus regalos. La reputacion, el crédito y DN independencia del patricio «gila la importunaban el patricio: murió, y á reina did sus despojos á su favorito Prota- 10, romano de vulgar estraccion, al cual “evo rápidamente á las mas altas dignida- €s. Honróle con el titulo de duque, y. aun Merija que ocupase el importante puesto de 8%bernador del palacio de Borgoña, lo cual €Ya para ella el medio de dominar 4.su hijo Ulos grandes; pero ocupaba aquel destino ertoaldo, hombre muy querido de los leu- es , del pueblo y del ejército. y Pa /atallo de Etampes» (604.) Brunequilde, sigui iendo derribarle con la fuerza, con=- v perderle con el artificio. Encendiose * nuevo la guerra entre Clotario y los re- Yes de Austrasia y, Borgoña. La reina hizo Tue Bertoaldo marchase ¿ Neustria con po- (166) .. cas fuerzas, y no le envió los refuerzos que esperaba. Landry, como habia previsto Bru- nequilde , le acometió y venció, y le sitió en Orleans. Sin embargo, Bertoaldo , ha- ciendo prodigios de ve se libertó de las armas de los enemigos : Tierry acudió en su socorro, y dió á los neustrios una batalla cerca de Etampes. Landry fue vencido; pe- ro Bertoaldo pereció en el combate, y cum- pliéndose el deseo de la reina, ascendió Pro- tadio á la: dignidad de gobernador de pa- lacio. Los reyes comenzaban ya ¿querer gober- nat por si mismos , y Teodoberto exhortó á su hermano á que saliese de la tutela de Bru- nequilde. Entrambos marcharon contra Clo- tarioz pero en el momento de darle la bata- Ma, se reconciliaron con el rey de Neustria, sin dar parte á la reina, la cual aborrecia en Clotario al hijo de la odiosa Fredegunda. Guerra entre Teodoberto y Tierry. (605.) Este acto de independencia advirtió 4 Bru- nequilde que su poderío iba 4 acabar. No pudiendo vivir sin reinar, concibió en su furor, si se ha de creerá los enemigos de su fama , el horrible designio de mover guer- ra entre sus nietos; y segun dicen , persua- didá Tierry que su hermano Teodoberto n0 tenia derecho alguno al trono, porque ha- bia nacido, no del matrimonio de Childe- berto y Failleuba, sino del adulterio de esta reina con un jardinero. Sea de esto lo que fuere, lo:cierto es, que los dus herinanos se (167) desavinieron, tomaron las armas, y marcha- ron el uno contra el otro. Levantados ya los aceros, y dada la señal de la batalla, los leu- des de ambos ejércitos, indignados de guer- ra tan impla, rodean tumultuariamente a los dos principes, los obligan á reconciliarse, entran en la tienda del gobernador Prota- dio, 4 quien creian autor de la discordia, y que entonces estaba jugando tranquilamente al ajedrez, le dicen mil injurias , y lo ase- Sinan. Brunequilde , para vengar este agravio, buscó nuevos auxiliares con nuevos crime- nes : intimidó a Tierry con su osadía , pro- q8ó 4 cuantos se resolvian a ser de su par- tido los tesoros y favores de la corte, es--. Pantó á los demas con proscripciones , y lo= 8ró afirmar su autoridad e Deside- “O, obispo de Leon, se atrevió á reprender- a públicamente por su conducta escandalo- Sa yla reina le desterró, y aun se sospecho Yue le mandó matar á pedradas en una con= Mocion popular. Tierry quiso, algun tiempo Spues, pedir en matrimonio la hija del rey e los visigodos : Brunequilde se opuso a “Lo, permitiéndole mancebas despreciables; pe negándole una esposa que balanicease Y influjo. El santo abad Columbano , céle- "e entonces por su piedad, se presentó a Pp » y le rogó que contrajese legítimo x tIMonio, y renunciase a las deshonesti- di Ss que mancillaban el trono: sus espre- nes fueron vehementes y amenazadoras (168) contra el rey y Brunequilde. Esta le mando desterrar; y Clotario, dandole acogida en sus estados , le libró de mayor desgracia. Muerte de Teodoberto : Tierry , rey de Borgoña y Áustrasia. (612.) Al mismo tiem- po casó Teodoberto con una de sus escla- vas : esta murió poco despues ; su marido creyó que la habian envenenado, y acusó de este delito á Brunequilde, y aun á Tier- ry por su connivencia con la abuela. Volvio- se a encender la guerra entre los dos her- nranos +.en vano los lendes trataron segunda vez de reconciliarlos. Tierry, convidado á ¿Una conferencia, cayo en el lazo que le ten- dió la perfidia : rodeado y Ae de im» proviso , bubo de ceder para librar la vida una parte de sus estados a Teodoberto. , Escitado á la venganza por la implacable Brunequilde, juntó nuevo ejército, venció ásu hermano junto á Tours, y le derrotó completamente en una segunda batalla dada en la llanura de Tolbiac. Teodoberto , aban- donado de los suyos en este último comba-= te, fue preso y degollado , y muertos todos sus hijos. Algunos autores aseguran que un soldado de Brunequilde estrelló contra una pared al mas pequeño de estos principes. Muerte de Tierry : suplicio de Bruna quilde + Clotario IE reina solo. (613.) Tier- ry , dueño por estas maldades de Borgoña y Austrasia , creyó expiarlas castigando a su abuela que se las habia inspirado. Pero euan- do pensaba en darle muerte, pereció él mis- — (169) mo, y Brunequilde fue acusada de este nue- vo elite Tierry murió á-la edad de 26 años , habiendo reinado 17 : dejó seis hijos; pero ninguno legítimo. Sin embargo , Sige= berto y Ghildeberto , que tenian mas edad, fueron proclamados reyes, uno de Austrasia y otro de Borgoña; y Brunequilde pudo li- songearse de reinar en nombre de sus bis- nietos. La indignación , escitada por tantos ho- micidios , se hizo general. Los principales: leudes de entrambos reinos formaron una conspiracion formidable , y se coligaron en secreto con Clotario. El rey de Neustria, se- guro de la cooperacion de ellos, se adelan- ta al frente de sus tropas , y reclama públi- camente la herencia de Tierry. Bien pronto se ponenlos dos ejércitos unoá vista de Otro; pero al dar la señal del combate, losantrus- tiones , leudes y gefes austrasios y borgoño- nes se retiran y dejan sus principes indefen- sos en poder de Clotario. El hijo de Frede= gunda le condend á muerte, escapandose solamente Meroveo , que entró monge, y Childeberto , de quien no se volvió'a tener noticia. Brunequilde no pudo sustraerse a a suerte terrible que la esperaba: persegui= a en la fuga fue presa y entregada a Clota- rO , que animado de los furores de su ma= dre Fredegunda , cuya sombra pareció do- Minar auná Francia, no previó que ¡iba á dar “Mu funesto golpe ¿la monarquía, y á degra- ar el trono con el suplicio de una reina. 3 (170) Juntando a todos los franceses en el cam- po de Marzo , acusó á Brunequilde por la muerte de diez reyes , y por todos los eri-: menes que su madre habia cometido , y fue” condenada. Esta princesa, cuya calamidad debia hacer que se olvidase su orgullo, juz- gada por el odio mas bien que por la justi- cia, fue entregada á los ultrages de la ple- be , siempre dispuesta a atropellar el poder, bajo el cual se humillo: la hija, esposa, ma- dre , abuela y bisabuela de reyes, cubierta de andrajos , fue paseada en un camello por el campamento durante tres dias, y espues= ta á los insultos de la soldadesca desenfre- nada. Despues de este suplicio , mas espan- toso para ella que la muerte, fue atada a la cola de una yegua por domar, que le rom- pió la cabeza con sus pies, destrozó el cuer- po entre los zarzales, y dejó sus miembros sobre los riscos: Echaron sus reliquias á una hoguera, el viento dispersó las cenizas, Solo quedo de ella la memoria de su ambi- cion, de sus maldades , de su castigo , y del horror que inspiran igualmente la rea y los que la juzgaron. Hemos repetido las acusa- ciones pronunciadas contra esta reina, harto hos ma e y harto pl por muchos histo- riadores ; pero sinembargo,hubo en su ca- racter algunos elementos de virtud; pues ha tenido apologistas tan:celosos como eran ar- dientes sus enemigos. Sus defensores cele- bran su habilidad y valor, su elocuencia , su generosidad y aun su bondad : niegan todos (171) | los crimenes que se le imputan, y acusan de ellos 4 sus hijos, 4 sus ministros, y a las cos- tumbres del siglo. Lo que es cierto es de en las cartas de esta princesa que han llega o has- ta nosotros, y que fueron escritas al empera- dor Mauricio, 4 la emperatriz Anastasia , 4 los grandes de Constantinopla , á dos papas y á Atanagildo , rey de España , se observa urbanidad y elegancia en el estilo, suavidad y aun ternura en las al , y lejos de merecer la acusacion de orgullo en su cor- respondencia , se ve que ella y su esposo, renunciando al lenguage altanero, propio de los descendientes de Clodoveo , solicitaban con demasiada ansia la benevolencia y el au- xilio de los emperadores de oriente; cuando Mauricio les reprendia con altivez porque le enviaban mas embajadores que soldados. Los papas Pelagio y san Gregorio Me al mis- mo tiempo que reprendian a Chilperico y a Clotario, y se quejaban ¿ Brunequilde de la relajacion y simonia, vicios algo comunes entonces en el clero de Galia, daban los ma- y ores elogios a la administracion prudente y úla piedad ilustrada de la reina de Aus- trasia ; y la felicitaron por haber contribui- o 4 la conversion de los anglos al eristianis- mo. Gregorio atribuye á la educacion que NE dll habia dado 4 Childeberto, su o, la mayor prosperidad que gozaba su Yelno , en com saracion de las otras monat= Ulas francas. sinceridad de los elogios e san Gregorio es evidente , n0 solo por la os > | santidad de este pontifice , sino tambien pa mezcla con las alabanzas consejos sa= ios contra la ambicion, que era el yicio do- minante de Brunequilde. «Si quereis gozar en paz, le decia, de lo que poseeis, procu- rad no hacer adquisiciones sino por medios legítimos. Si quereis vencer a vuestros ene- migos , sed superior á ellos en virtudes : se- uid los preceptos de Dios, y Dios peleara a favor vuestro. La verdadera base de la au- toridad es la justicia: no olvideis esta regla, como se conoce por la manera laudable con que gobernais provincias tan estensas y pue- blos tan diferentes. No es posible dudar de vuestra bondad , cuando se ve que vuestra generosidad para con los vasallos no tiene mas límites que los de vuestro poder.» En otras cartas, celebrando siempre el celo pia- doso de Brunequilde, y dándole gracias por el esplendor que daba al culto cristiano, la exhorta á destruir los restos del paganismo, ue se conservaban aun en Jos bosques : le pide que no permita á los judios tener escla= vos cristianos ; y confiando en la severidad de su justicia, le manifiesta los pesares que le causaba la conducta escandalosa de algu” nos sacerdotes de Galia: «Hemos sabido , le escribe , desórdenes que nos afligen mas de lo que se puede espresar. Dicen que ciertos sacerdotes de vuestros estados pasan la vida de una manera tan relajada y abominable, que no hemos podido oirlo sin avergonzar- nos. Pues que estos perversos resisten a vues" (173) tra autoridad , es fuerza castigarlos para que su depravacion no pese sobre vuestra alma ni sobre vuestro reino. Porque los sacerdo- tes son los que pueden causar la ruina pú- blica : en efecto, ¿cómo podrán interceder or los delitos de los pueblos , cuando ellos hi cometen mucho mayores?» Fortunato, obispo de Poitiers, hizo en sus versos un re- trato de Brunequilde , muy desemejante de la horrible imágen que de ella han formado sus detractores. «Esta reina, dice, es bella, modesta , graciosa, amable , benigna, igual- mente poderosa por su nacimiento real, co-' mo por su hermosura y su ingenio. A las prendas que agradan alos hombres, une las Virtudes que agradan á4 Dios.» Es verdad que Fortunato, como poeta, pudo exagerar; pero un escritor contemporáneo , y ademas obispo , ¿habria podido intar con estos co- ores 4 Brunequilde , si la hubiese visto ar- mada con el puñal de Fredegunda? Para ser Jústos es menester, que quitando de estos elogios lo que pueda atribuirse 4 la adula- cion, á la gratitud d al entusiasmo , quite- mos tambien todas las calumnias que el o- t0 y el temor al hijo de Fueddaida dicta- ron contra una enemiga vencida , y juzgada Por sus vencedores. Las cartas del papa Gre- peo , que acabamos de citar, prueban que A santa Sede poseía entonces en Francia al- gunas rentas , que se llamaban el patrimo- nio de san Pedro. Virgilio, obispo de Arles, y legado del papa, estaba encargado de su (174) administracion. Pero lo que aun es mas im- portante de notar es, que cuando los leudes y grandes, sacudiendo el yugo de los reyes, se armaban contra ellos , y los obligaban 4 hacer irrevocables los beneficios, comen- zaban tambien los pontifices á ejercer cierto dominio sobre las personas seculares en lo temporal. En un decreto de Gregorio , que establece los privilegios del monasterio de Autun , se leen estas notables palabras : «Si algun rey , obispo, juez ú otro secular, con pleno conocimiento del presente decreto lo quebrantase , sea despojado de su dignidad, poder y honores ; sea privado del cuerpo y sangre de Jesucristo , y ofrecido á la conde- nacion eterna.» Asi puede decirse que al fin del siglo VI empezo la nobleza, fundada en la irrevocabilidad de los beneficios , el do- minio de los grandes sobre los reyes , y la supremacia temporal de la tiara. La Francia destrozada un siglo por guer- ras civiles continuas , y ios con la sangre de tantos principes, gozó en fin de algun reposo bajo el cetro de Clotario HH. Este principe fue el tercer rey merovingio, el segundo del nombre de Clotario, y el se- gundo rey de Soissons, que reinó sobre todo el imperio frances. Habiéndose elevado a tanta grandeza por *las maldades de su ma- dre y por las suyas propias, lejos de gober- nar como tirano , segun podia temerse, pa” reció que la fortuna le habia dulcificado Y corregido ; se hizo amar por su beneficen- (175) cia, respetar por su justicia , y temer por sú vigor. Sin embargo, Clotario no era entera- mente dueño de elegir el camino que debia seguir, porque se lo designaba la fuerza i¡m- pais de las circunstancias. La rebelion de os grandes le habia vendido, mas no entre- gado los despojos de Tierry y Teodoberto; y los mismos grandes dieron limites muy es- trechos al cda supremo de que le habian revestido. Los francos estaban cansados del yago arbitrario de los Chilpericos y Childe- ertos: la ambicion de Brunequilde y los furores de Fredegunda los habian fatigado. Sucesivamente enriquecidos y despojados por el capricho y codicia de sus principes, Se dieron prisa, en la menor edad de los tres reyes , á recobrar la independencia, y « ASegurar su traoquilidad. Pero demasiado e- fualas y poco ilustrados para dirigir sus es- Uerzos al noble objeto del bien publico , a- «tendieron los grandes, no tanto á libertar á 9s francos, comoaá consolidar su propia for- Lua, y á elevar el poder aristocrático de 9s leudes sobre las ruinas de'ila autoridad Monárquica. Asi desde esta época los reyes, Por haber querido estender demasiado su Poderio , vieron disminuir gradualmente la erza de sus cetros ; y si el hábito de obe- o dejó todavia alguna autoridad á Clota- 7 ya su hijo, sus sucesores se hallaron bien posado sin ninguna , y en su envilecimien- > Miaun merecieron el nombre de reyes We la historia les $ dejado. Clotario guber- (176) nó por si mismo a Neustria , y no pidio que se nombrase sucesor al gobernador de su pa- lacio; pero los grandes de Austrasia y de Borgoña exigieron que estos dos paises con- servasen siempre el titulo de reinos separa= dos, y que fuesen gobernados por Varnaca= rio y Radon. Estos dos gobernadores de pa- lacio eran gefes de la conspiracion que ha- bia puesto en poder del rey a los hijos de Tierry y ásus tronos, y obligaron a Clota= rio á jurar que nunca los destituiria. La irre- vocabilidad de sus destinos los hizo casi in- dependientes. Por una innovacion muy sin- ¿lar entre los francos , Brunequilde habia Recto a Teodolana, hermana de Tierry, go- bernadora de la Borgoña transjurana ; pero cayó, como aquella reina infeliz, en poder de Clotario, el cual dió su gobierno al duque Herpin, que entonces era patricio. Los gran- des, descontentos de esta eleccion , conspi- raron contra el nuevo duque, y escitaron una conmocion popular, en la cual pereció: Clotario , al saber este suceso , acudió ad a- quella provincia para restablecer el órden: Los leudes y obispos que le siguieron formar ron en Massolac , casa real de Borgoña , un tribunal que juzgó y condenó á muerte á loS principales conjurados. Sin embargo, el ver” dadero gefe de la conjuracion supo oculta" con tanta destreza la parte que habia tenido. en ella, que ni aun fue acusado. Este era € patricio Aleteo, descendiente de los ant!” guos reyes de Borgoña: intrigante y atrev!” (177). A do , engaño al rey de tal manera , que se le dió el empleo desu victima el duque Her- pin. Apenas fue revestido del poder , formó una intriga mas culpable , y concibió espe». ranzas mas: altas: Un hipócrita ,:gobernado por él, dijo á la reina Bertrudis en una con- ferencia secreta: «He tenido revelacion de que vuestro esposo Clotario morirá pronto. Pensad, pues , en vuestra suertesfutura : re- coged vuestros tesoros, y confiaos á. la pru- dencia del patricio Aleteo. Elios.ama: los grandes le son:adictos ; y con suauxilio tie= ue por seguro el trono de Borgóña,:al cual os hará subir siseonsentis'en casaros con él.» Bertrudis, crédula , sensible y.pbov.animo- sa, empieza á lorár-al oir esto, + ekidolor la ahoga, y no puede responder; pero:sus mi-= radas espresan 4 un-«mismo tiempo! el terror y la indignación. El perverso emisario, des- concertado por la impresion inesperada que a producido , yy previendo. el. peligro que e amenazaba, huyó: precipitadamente , y uscó asilo en la abadía de Luxeuil, Clotario no tardó en saberla intriga; porqué la reina esconsolada le: refivio: las )rredieciones es Pántosas del hipócrita, y lui PREPaM ene Msólentes del patricio. Aleteo. fue. preso; Juzgado en el tribunal del rey, y condenado á muerte. Su emisario debió la: vida á la in- Munidad del sagrado. Estos dos ejemplos Prueban el uso que estableció Clotario de Administrar justicia.en las provincias por me- io de tribunales ambulantes , que se lama» TOMO X11L, 12 (178) ban en aquel tiempo placita ; de donde se derivan las palabras francesas plaids , plai- doiries ó plaidoyers y plaideurs : pleitos, a- legatos y pleiteantes. Los jueces bajo la pri- mer dinastia francesa no tenian ninguna de las formas de la magistratura moderna. Gon- servando los antiguos usos de los francos, la coraza era su toga , el escudo su balanza, la espada 'su mano de justicia. Su jurispruden- cia era tan militar como:sutrage : sus juicios eran sumarios, y les seguia inmediatamente la ejecucion. :Muchas véeces:en una sola:au- diencia.se'interrogaba, sejuzgaba, se conde- naba'y se ajusticiaba al acusado. Los cente- narios:en las aldeas, y los condes y duques en las ciúdades, despachaban los negocios con la misma «prontitud: y el mismo aparato militar.>Los- galos sometidos a las leyes ro- manas no «encontraban 'en ellas mas gáran- tia; porque la ignorancia an era progre- siva , disminuia el númeroyde los. hombres bastante instruidos para: saber y aplicar a- quellas leyes; y por-esta razon y tribuna- les eclesiásticos , mas sabios y humanos , ad- dav pl: di estension y po» erio: La iglesia era entonces el último asi- lo de la justicia; y todos buscaban 'prétes- tos mas J+menos plausibles para llevar:sus causas á los tribunales eclesiásticos. El clero recibió bajo su protección, primero 4: das viudas , huérfanos y pobres ; despues se ad- judicaron á4 su competeucia las causas de sh” crilegio , adulterio é incesto; y alfin, en 1793 virtud de muchos iris de los reyes, y con grande aplauso de los pueblos, se pudo apelar de la justicia civil”, que era tan bar- bara como hemos visto , 4 los tribunales de los obispos. La asistencia de estos pefes del sacerdocio 4 las juntas Hacionales y “al tribu- mens. Dios yla moral del Evangelio, y de Hablar en todós tiempos éllenguage de la virtud, conservaba en los ánimos la semilla y el 'vi- Or de los buenos preceptos , y corregiá a 9s graudes y al pueblo”, y cuando era nect- Mario 4 los sacerdotes. Clotario , para bor- Par los vestigios de las desgracias causadas Por las: guerras civiles, 'Yestituyó á los leu- €s delos diversos reinos los bienes de que Wan sido despojados ; abolió los impues- tos establecidos por: Brunequilde, Teodo- Porto y Tierry; mb volver al patrimonio cal los dominios usurpados por vasallos re- en 55 y para asegurar tambien lá paz es- Pa acogió favorablemente las recliiua- nenes delos lombárdos, que pedian la exo- *raciow del tributo de 12.000 escudos de (480) oro anuales a que estaban obligados. Glota- rio, con acuerdo de:los grandes, los liberto de este tributo , mediante el pago de tres años que verificaron inmediatamente. Todos estos actos, atribuidos por unos á la pruden- cia;, por otros ala debilidad, hicieron go- zar á los franceses de una tranquilidad , an- tes desconocida , y su; gratitud did al rey mas pacifico el nombre de Grande que ha- bian rehusado á principes belicosos y con-= quistadores. 0 aio Clotario perdió á la. reina Bertrudis (620), y poco tiempo despues. casó con Siquilde, dela cual fue tan, enamorado como celoso. Inspiraronle sospechas:sobre la intimidad de su esposa con el senior Boson, y lo mando a- sesinar.» Las costumbres bárbaras del siglo a- pevas contaron esta violencia en el numero de las maldades; y los escritores contempo-, raueos.no por eso celebraron menos ly suas vidad y clemencia de Clotario. Por otra par- te, todas las culpas desaparecian'¿los ojos de los grandes, cuando contemplaban el es- plendor que las concesiones de este, privcis pe daban á su clase. Clotario habia reunido en Paris el quinto concilio de aquella ciu- dad (615.) Hallaronse.en él 79 obispos fran- ceses y muchos. lendes de los tres reinos. Se habian introducido grandes abusos en la e- leccion de los obispos por la arbitrariedad de los principes, la din de los leudes Y la vepalidad de los pueblos: el episcopado se compraba muchas yeces, y en vano los (181) papas y los prelados santos clamaban contra estos egemplos de simonia. El concilio de Paris corrigió tan grandes abusos , decidien- 0 que la eleecton de los obispos se haria li- ve y regularmente por los votos de los me- tropolitanos, de los obispos de la provincia, del concilio provincial, del clero y pueblo € la ciudad; y que fuese anulada toda elec- cion hecha por intereses temporales. Clota- rio modifico esta decision, añadiendo la au- torizacion del rey como vecesaria para con= Irmar el nombramiento. Segun otras deci- Stones de este concilio, que forma época en a historia de Francia, se confirmó la aboli- vton de los impuestos, prometida antes en A asamblea de Bonneuil: se prohibió á los Obispos designar á sus sucesores, y a todo clérigo escoger un patrono sin advertir de ello ¿su obispo. Solo el rey estuvo ad tuado de esta prohibicion, y' sus cartas de Patronage y recomendación conservaron su 0 acia. El mismo concilio decidió”, que es- “Ptolos casos de notoriedad y delito in fra- Sant, ningun magistrado secular juzgaria á pe clérigos ni en causa civil ni criminal; Jue aun en los casos eseeptuados no podria qbot oia sacerdotes mi á diáconos. Se'man- blieado en las causas en que estuviesen im- nal'se os eclesiásticos y seculares, el tribu- ig 4 ley seas por partes iguales. Se prohi= Pr s judíos toda accion en' justicia cón= Pevi Cristianos. Decidióse tambien qne'se varia y reformaria todo cetiso adicional | (182) que diese motivo á reclamaciones:' que se mantuviesen los peages establecidos por los reyes Gontran y Sigeberto, y que se confir- masen todas las concesiones hechas por los reyes á los leudes y al clero. En fin, por una disposicion espresa se mando que todos los bienes 4 beneficios quitados á los leudes y antrustiones en las últimas turbulencias , les fuesen completamente restituidos. El conci- lio, movido de los escándalos, cuyo egem- lo habian dado los reyes mismos, prohibió, y penas severas, los matrimonios con re- ligiosas, aun cuando el culpable,. para ase- gurar sa impunidad, hubiese logrado sub- repticiamente el consentimiento del rey. Pusiéronse: tambien algunos límites á.los a- busos del poder episcopal; y se probibió 4 los obispos enviar jueces á las provincias donde tenian Pasieighalrat liga ls a es- cogerlos entre los naturales de cada pueblo- En fin,, se mandó que no se pudiese egecu- tar sentencia de muerte en ningun reo sin oirle:» lo que prueba con cuánta irregulari- dad y arbitrariedad se administraba enton- ces la justicia. Las ventajas concedidas á los grandes en los cánones de este concilio, que tomaron el nombre de capitulares, causaron mucha, satisfaccion en las clases ricas y. po” derosas:que colmaron al rey de bendiciones y elogios; y nunca pareció el trono mas ele- vado que cuando sus vasallos inmediatos mi- naban su base y demolian:sus gradas, «Dagoberto, rey de Austrasia. (623.) Los (183) seniores austrasios, a quienes en lo sueesivo lamaremos señores , pues en esta. época co- menzaron a ser, no los mas ancianos, sino los dominadores de la nacion, fatigaron de tal modo á4 Clotario con sus peticiones reitera- das de tener en su pais trono, corte y rey, que les dió a su hijo Dagoberto para que rei- nase sobre ellos. Este joven principe, edu- cado por el sabio Arnulfo , obispo de Metz, era muy amado del clero por:su piedad. Contábase que yendo a caza un dia, y persi= guiendo a un ciervo que se refugió en el re- cinto de la capilla donde se veneraban las reliquias de san Dionisio ,sus perros se de- tuvieron de improviso sin violar aquel sa- grado asilo. : Algun tiempo despues el duque de Aqui- tania, que era uno de sus ayos, quiso casti- garle por una desobediencia. El principe, Para evitar el castigo, huyó «al mismo sitio onde se habia refugiado el ciervo, y los Suardias del rey, rechazados por una fuerza "visible, no pudieron entrar en el recinto. Agoberto formó desde entonces el desig- 210, que egocutó despues, de fundar en a- Yuel lugar una iglesia y un monasterio; y es- “Hue el origen, segub las crónicas de aquel as de [a célebre abadía de san Dioni- «del Luchos años:despues, habiendo sido a- , na el duque de Aquitania , Dagoberto a indignos á4 sus hijos de poseer los es del padreqporque no persiguieron 4 * homicidas ante los tribunales, segun la 184 costumbre de los a y dió esta rica he- rencia á la mencionada abadía. Los hunnos, avaros y sajones amenazaban á¿ Austrasia de una invasión cierta; y el temor de esta t- rupcion de tantos pueblos bárbaros obligó a Clotario.4.ceder á los deseos de los austra- sios y a darles el rey que pedian. Dió 4 Da= goberto por tutor su maestro: Arnulfo , que tambien enseñóa Pipino el antiguo, gobér- nador entonces del palacio de Áustrasia , y antepasado del famoso Pipino, que en el si- glo siguiente se apoderó del cetro delos francos y destronó la familia merovingia. El gobierno sabio y prudente del nuevo rey de Austrasia fue muy alabado: su nombre: se hizo célebre en Europa, y debió esta gloria a sus tres ministros Pipino, Arnulfo y Cuni- berto, obispo de Colonia. El carácter de Ar- nulfo inspiraba tanto respeto, que el pue- blo de Metz quiso ele girl por obispo, aun- que era casado y padre de muchos hijos. «La autoridad del rey apoyó el voto del pueblo. La muger de Arnulfo consintió en separarse de su marido, y se hizo religiosa; y él, libre de sus lazos, fue elevado, á pesar suyo, á la dignidad episcopal. - 60) En esta época los francos comenzaban 4 temer un nuevo pueblo cuyo poder hacia rapidos progresos, que etan los esclavones venedos, llamados slavos en su idioma: nom- bre derivado de slava, que significa gloria: Los esclavones , oriundos de las llanuras he- ladas de Prusia, se habian estendido al prin- (185) cipio por la Sarmacia, y despues por la Ger- mania hasta las orillas del Elba. De allí pa- saron 4 Hungria, Bohemia, Dalmacia, y a la provincia Ilírica, que conserva hasta hoy el nombre de Esclavonia. Este pueblo estaba dividido en mas de 30 tribus: algunas de- seando establecerse en Carintia y Carniola, fueron sometidas por los ávaros; pero impa- cientes del yugo, se rebelaron bajo las ór- denes de un mercader frances de Sens, lla=- mado Samon : su valor le grangeo la victo- ria, y su talento el cetro. hos esclayones re- conocidos le proclamaron rey; y Samon, marchando de triunfo en triunfo, estendid en breve los limites de su reino hasta las fronteras de Turingia. Habia dejado el co- mercio por el trono, y el cristianismo por la idolatría. Sin freno ya que pudiese contener sus pasiones, se dice que casó con doce mu- geres, de las cuales tuvo veinte y dos hijos Y veinte y cinco hijas. Este era el nuevo e- hemigo que amenazaba entonces a los aus= trasios, El rey de Francia debió acometer á estos bárbaros sin dejarles tiempo de aumen- tar sus fuerzas y afirmar su poder; pero los A entregados á las discordias civiles Ñ 10 si lo habia, no se dedicaban con per- Verancia á rechazar los peligros -esterio= re . . . . . re $ y solo su desunion les impidió suce- ms al poder de los romanos, y hacerse due- 4 a imperio del mundo, que ningun ri- de ormidable les hubiera disputado. Clo- 9, cuando dió la Austrasia 4 su hijo, no (186: creyó que por eso Se su dominio sobre aquella parte de Francia. Un nuevo lazo pa- recia asegurarle la docilidad de Dagoberto: acababa este de recibir por esposa a Goma- trudis, hermana de la reina Siquilde; pero la ambicion no respetó mi ecsdajás del de- ber ni los vinculos de la sangre. Los leudes austrasios exigieron que se reclamasen las posesiones qee pertenecian a su remo desde el tiempo de Brunequilde, Childeberto Y Tierry, y que Clotario habia separado de él. El padre y el hijo se hallaron espuestos á moyer una guerra impia por la turbulencia de sus grandes; pero.cuaudo el rompimien- to estaba próximo, los dos reyes tomaron por árbitros á doce señores, que terminaron sus diferencias por un tratado. Clotario ce- dió a los austrasios casi todas las tierras que pedian; pero conservó 4 Burdeos y Tolosa y gran parte de Aquitania. Arnulfo, indig- nado de estos debates escandalosos ,- y. fati- ado deintrigas contrarias á su piedad, aban- pia su obispado, renunció al ministerio, dejó la corte, y buscó en la soledad mas oculta del bosque de Ardenas el. descanso, que segun las costumbres del siglo era ¡im- posible lograr en el mundo sin abandonar la virtud. Cuniberto le sucedió en la confian- za del rey y en el favor del pueblo. -Varna- cario , gobernador de Borgoña , murid-al mismo tiempo. La junta de los grandes, pre- viendo quizá que los gobernadores MNegarian á ser reyes mas temibles que aquellos de (187 ) quienes parecian ser ministros, no ave ron elegir sucesor 4 Varnacario; y Clotario goberno hasta su muerte aquel reino. Guerra de los sajones. (627. ) La Fran- cia estaba pacifica en su esterior; pero no gozd el descanso por mucho tiempo. La re- belion de los sajones la obligó á tomar las armas. Bertoldo , duque y gefe de aquel pueblo belicoso, mo quiso pagar el tributo que se le habia impuesto; y orgulloso con el gran número de tropas que mandaba, desa- ó con altaneria al rey de Francia. Dago= berto, sin esperar los socorros que su he A le prometia, marchó contra los rebeldes con mas denuedo que prudencia. Sorprendido, acometido y deba opuso. en vano resis- tencia ostinada al número y al valor de los sajones. Despues de haber hecho grandes hazañas, derrotado y herido, se vió precisa- do á retirarse. Did cuenta á Clotario de su infortunio, y para probarle que la sangre de Clodoveo no habia degenerado en él, le envió fragmentos desu yelmo roto y un me- Chon de sus cabellos bañado en sangre. Clo- tario se divertia entonces cazando en el bos- que de Ardenas, que era el entretenimien- to preferido de los reyes francos. Enagena- “to. de dolor y de ira al leer las cartas de su 0 y á la vista de su sangre, convocó a las 'mas á todos sus leudes, reunió 4 todos los vancos, les pidió venganza, marchó rápi- e mente contrados sajones, los aleanzo cer- a del Weser, y les dió batalla: La fortuna a (188 ) estaba indecisa, y la victoria se disputó con sumo valor. Enmedio del combate Clotario descubre á Bertoldo, y se arroja a el. Ber- toldo le grita: «Rey de Francia, detente: escusa una batalla que no puede serte ven- tajosa. Si yo perezco en ella, apenas se acor- dará nadie de que has muerto 4 uno de tus vasallos; y si mueres á mis manos, me darás la gloria de haber vencido al mas poderoso monarca de la tierra.» Glotario sin respon= derle , le acomete y le acosa, le derriba, le corta la cabeza y manda ponerla en Ja punta de una lanza. El espectaculo de este san- griento trofeo llenó á los franceses de entu- siasmo y á los sajones de terror: pareció que estos habian perdido su brio perdiendo a su caudillo, y que no podian ni pelear ni reti- rarse. Clotario se aprovechó de su desór= den, los persiguió y dispersó, é hizo en e- llos horrenda carnicería. Los historiadores de aquel siglo bárbaro no hubieran creido esta victoria bastante bella, sino la hubiesen afeado procurando hacerla vergonzosa y feroz. Cuentan que el rey, insaciable de venganza, estermino alos vencidos, y solo purtitigó a aquellos cuya estatura no llegaba á la lengitid de su es- ada. Cuando volvió 4 Francia conoció que le era mas fácil esterminar á los vencidos que pp á sus vasallos. Cuando gozaba acificamente de la victoria en su palacio de Clichy, supo que los sirvientes de Egina, su favorito, habian muerto al mayordomo de (189) su hijo Cariberto, y que este putas y sus amigos querian castigar á los. romicidas, le- fendidos vigorosamente por muchos seño- res, A pesar de las órdenes del rey, y alas puertas mismas de su palacio. Jos dos parti- dos, dispuestos en nde de batalla, lisos taron la altura del monte Mercurio, llama- do hoy Montmartte, que los separaba: El rey no pudo impedir este combate criminal, sino saliendo armado al frente de sus leudes, y amenazaudo acometer al primero de los dos partidos que. comenzase la batalla. Se habian burlado de su cetro y respetaron su espada. ¿ bs -Elaño 628, que termino el reinado de Clotario , fue célebre en oriente por e triunfo definitivo de Mahoma: cuyos dog- Mas y cuya espada dominaron bien. pronto una mitad del mundo conocido. y amenaza- ron á la otra. Clotario fue sepu tado en la ielesia de san German de los prados: reinó 4 años. Homicida de Brunequilde, a la cual Mputo. falsamente todos Jos' crimenes de 'tedegunda , y/asesino de los hijos.de Tier. "y, fue no obstante Hamado justo, clemente Y aun pio por.sus.contemporáneos; siempre ISpuestos pur sus costumbres á disculpar Eo maldades politicas. Debe confesarse que le € principe, cruel por ambicion antes de ival trono, se mostró moderado despues Bo eleyacion. Era esforzado é instruidos “S concesiones y liberalidades á Jos gran= es le merecieron los elogios y la gratitud : (190) de los señores: su devocion y piedad, el a= fecto del clero. | y14 Dagoberto I, rey de Neustria, “Austra= sia y Borgoña: Cariberto, rey de Aquita= nia. (628.) Dagoberto, apenas murid su pa= dre, reunió bajo sus dominios todas las par- tes del reino. Cariberto, su hermano, de muy poca edad á la sazon', no podia dispu- tarle ninguna, y solo oponia 4 la violencia quejas impotentes, pero que moviéron á fa- vorecerle 4 muchos señores. El rey, para ez _vitar mayores males, did oidós 4 sus recla= maciones, y conformandose con su parecér, cedió á Cariberto la Aquitania, e Ángu- mes, el Agenes, el Perigord. y el Langie- doc. El jóven rey de Aquitania estableció su corte en Tolosa. Brunulfo , leude pode- roso , habia ganado en favor de Cariberto“4 muchos señores: Dagoberto, que temia' su influencia, hizo que le matasen- tres leudes que le eran adictos; porque lós reyes fran eos habian hecho honroso el servicio domés. tico, y sus nobles escuderós, camareros; paz naderos y senescales ejecutaban sin exámer tudas las órdenes de sus bárbaros dueños: La reina Gomatrudis, parienta de Pipino y. Cuniberto, gobernadores de palacio, fayo= recia secretamente las pretensiones de Aus- trasia, donde habia mucho disgusto por ver- se aquel reino-reducido á la clase de pro- vincia. Esta princesa se hizo odiosa á los neustrios, y sus intrigas movieron al rey 4 repudiarla. Despues casó con Nantilde, da- (191 ) ma de la reina anterior, y declaró que fija- ria su residencia en Neustria. Desde enton- ces Ega, gobernador del palacio de este rei- no, gozó esclusivamente de la confianza del rey, y aun de la autoridad real. Cuniberto fue despedido; y si Dagober- to dejó el empleo de gobernador de Austra- sia dá Pipino, fue mas bien por temor que por afecto. Nantilde y que habia destronado a Gomatrudis, no tardo en ser victima de la incontinencia del rey: la despidió, y tomó Por esposa a Ragnetrudis, muger:muy bella, natural de Austrasia. Tampoco logro fijar su Cariño: otras dos reinas aparecieron sucesi= vamente sobre el trono y el rey dividia su amor entre ellas y un gran número de cón- Cubinas. De este modo tomaron sobre él las Pasiones desenfrenadas el imperio que ha-= tan perdido sus prudentes ministros, y le “rojaron por el camino del vicio al resbala- ro de la tirania. Se le hubieran perdona- 9 sus flaquezas; pero como ellas le hicie- "OR en breve codicioso $ insaciable de dine- ro, los grandes que:ya. no recibian dones y Jue sesyejan amenazados con impuestos, eo- Menzaron:á recelar. Dagoberto, á pesar de e relajacion de sus custumbres, fue siempre Umiso'ásla Iglesia. El clero hablo-con seve- Mad. San Amando, obispo de Vongres, cé- > "e por su piedad, labló animosamente al ne Acerca de sus desórdenes, y consiguió Pitarle tanto-arrepentimiento, que vol- % 4 sus primeros lazos, llamó á Nantilde 4 (192) su trono y lecho, y despues no cometid nin- guna infidelidad contra ella. Muerte de Cariberto: Dagoberto reina solo. (631.) Tenia un hijo de: Ragnetrudis, y rogó á su hermano Cariberto que fuese su padrino en el bautismo. Cariberto consintió en ello, y concurrieron los dos a: la ciudad de Orleans para celebrar esta ceremonia : la cual concluida, se volvid Cariberto a Tolo- sa, donde él y su hijo Chilperico: murieron súbitamente. Eran entonces tan comunes los crimenes politicos, que se sospecho: que Da- goberto habia envenenado a su hermano: y sobrino, porque se.-aprovechó de la muerte de entrambos, y reunió la Aquitania 4 su cetro. Sin embargo, Chilperico dejó un hijo, llamado Bogis, que fue Decio de Aquitania y tronco de la casa de Armagvac, estingui- da en el duque de Nemours que murio en 1503 en la batalla de Gerisules. Los esclavo- nes continuaban estendiendo su dominio 4 costa de los pueblos tributarios del imperio frances. Sus armas vieloriosas amenazaban 4 un mismo tiempo á Germania, á las Galias y á Halia. Sus correrias perpétuas intercepta- ban. las comunicaciones e interrampian € comercio. Dagoberto.juntó contra ellos las fuerzas de los franceses, alemanes y.lombar* dos; pero antes de comenzar la guerra en” vió uno de sus leudes 4 pedir á Samon la re- aracion de los daños causados. El rey de Le esclavones se negó, 4 dar satisfaccion, ? no ser que Dagoberto garantizase ¡sus pos0” (193) siones, reconociese su.independencia'é hi= - ciese con él un tratado de alianza. «Ese tra- tado:es imposible, dijo entonces con grose- ra altaneria- el enviado -francest no puede haber amistad entre «un pueblo cristiano y unos perros paganos» «Nos acustiz, respon dió Samon, de: que: ofendemos 4 Dios con nuestra creencia, y vosotros le ofendeis con vuestra conducta. Mas:ya que nos dais el nombre de perros, reconoceis en nosotros el “derecho de morder, «y 05 morderemos cruelmente.» Este lenguage y estos nego- Ciadores no podian menos de acelerar la guerra, y.asi no tardó-en encenderse. Sa- mon, acometido por tres ejércitos, dividid el suyo: en tres partes: las dos primeras , o- Puestas á los alemanes y lombardos, sufrie= ron terribles derrotas. El rey de los esclavo- des, que se puso al frente «de la tercera con» tra los fraticos, fue mas hábil d mas dicho- Sa. Los:austrasios huyeron ante él, y los pet. Siguió hasta Puringia. Esta derrota se atri=- uyó al descontento de los Jeudes de: Aus= "asia que pedian reyy levabaná mal la de- Pendencia en que extaba del reino de Neus- tias Casi al mismo tiempo muchas tribus Ulgaras, arrojadas de:su pais por los ávaros, pidieron asilo a Dagoberto: Este quiso dar= Es establecimientos en Baviera; pero los AVaros, temerosos de semejantes huéspe= €s, desobedecieron las dedenes del rey, ó Segun algunos 4utores, las cumplieron «con Wa fidelidad , dispersando pérfidamen= TOMO x11f. 13 S (194) - te á aquellós desgraciados, y degollándo- los con' tanta cobardía. como «crueldad. . Guerra de España. (632.) La «autoridad real no era entonces mas respetada. y segu= ra en España que en Francia. Sisenando, se- ñor poderoso entre los visigodos,. conspira- ba contra el rey Suintila;: y aspiraba al tro- no. Dagoberto sostuvo el, lo de este re- belde, que habia Retire “su proteccion, prometiéndole un vaso: de oro del peso de 50 libras , regalado en- otro tiempo por Ae- cio, general de losromanos, a Turismundo, réy de:los visigodos;:despues de la: derrota de Atila. Los franceses pasaron los Pirineos: Sisenando , con el auxilio de ellos, logró la victoria, y usurpó el cetro. Fiel en aparien- cia d lo prometido', entregó el vaso; pero los franceses que lo llevaban 4: Dagobérto, fueron robados:en el camino por algunos vi- sigodos puestos en emboscada: Dagoberto, irritado de la felonía:, hizo amenazas; y. Si- senando que le creia) y no sin fundamento, mas avaro que belicoso, le aplaco enviándo- le 2.000 libras de plata. - Hd dao: rey de Austrasia.(633.) Creiase que rima para no desmentir la san- gre de Glodoveo, marcharia contra los es- clavonesá reparar el oprobio de su derrota, y es probable que fuese esta su intencion; pero temiendo que los austrasios descon- tentos le auxiliasen mal, buscó otras armas para vengarse, y acepto las ofertas de los sajones, que le prometieron pelear en su ' (195) favor'si los libertaba del tributo: que'se les habia impuesto: El feliz:Samon venció tamos dien 4 estos nuevos enemigos; y Dagoberto, asustado: con:razom de:los: progresos de un adversario, á quien habia desdeñadoal prin- cipio, creyó entoncés que» debia cederá, los consejos de:los obispos: y de los :grandés ,, y dió el reino. de Áustrasia á:su: hijo» Sigeber= to. Este principe partióvá:Metz cobíuchas riquezas , muebles magnificos y gran<canti- dad: dewasos preciosos. cion. olosleg ¿Cuniberto y obispo de-Colonia”, ybeldu- que Adalgiso ,: gobernaron: ¿Austrasia: en nombre del nuevo reys Los: austrasios (cony tentos:tomaron las armas con: denwedozoy. su Yalor unido al de Jos sajones | obligó» «a ¿Los esclavones-4' retirarsé: yo ás dejar tranquilas as frowteras. La elevacionde Sigeberto'cau- Saba mucha ioquietud á lá reina Nantilde a- “ercardé la:suerte de su hijo Glodoweo: que Acababa desdar'á luza Dagoberto para disi- Par sus recelos, declaró em la junta de Jos Súindes que: Clodoveo» le: sucéderia: en los "tinos de Neustria y Bórgoña ,-y que: Sige- ¿Stto tendria en herencia á Austrasia, Á qui- Mia y Provenza 0rtoisnoo vale ¿recto pol Rebelion «de: los 'gascones y :bretones. a) La-tranquilida de que gozaba el rey y urbó con una nueva rebelion de los gas- 9nes- Dagoberto envió contra ellos tropas que los derrotaron y sometieron. Esta guer- “de corta duracion dió á los bretones es- “lanza de aprovecharse de ella para: sacu- 196 dir enteramente el A ¿7 Francia. Su du- que Judicael amenazaba ya al frente de un poderoso ejército, Dagoberto preferia las ne- gociaciones a'las armas, y asi envió al du- ue:su valido Eloy , hombre prudente y há- bil, que:se habia elevado desde la profesion de plátero á las masaltas-dignidades. Su ta- lento le: ensalzó ¿4 la clase de los poderosos del mundo, y su virtudle colocó:enel cie- lo'envel número de los santos..Fue, tesorero de palacio, ministro del rey ,«y despues' 0- bispo.de Noyoh+ Este hombre singular, que concilio las cosas comunmente: mas 'incom- patibles; supo 4-ul mismo tiempo. adquirir “conservar: el favor: del: rey.,: la donbenit del pueblo, la estimacion del clero, la amis- tad delos ricos y el afecto'de los pobres. Sumision «le los duques: de. a Y Bretaña: (637.) Eloy no tandó en convencer 4 Judicael del peligro que¡corria llamando sobre si-todas las fuétzas del rey. de. Fran- cia, cuando la retirada de los esclayones y:la sumision: de»los:gastones dejaba-a:Dagober- to en libertad para «dirigirlas coito Beata | ña. Amedrentado el duque, no solo depuso las armas, sino consintió en:ir al «palacio de Clichy á implorar la elemencia de Dagober- to: Egina, duque de los gascones, hizo el mismo viage:y con el.mismo objeto. El rey se manifestaba todavia tan irritado contra ellos, que se creyeron obligados a buscar en la ar badía de san Dionisio un asilo contra sure” sentimiento; pero: despues de algunos diaf Puch (197 ) se aplacó su enojo, verdadero o fingido. En- trambos duques consiguieron su perdon y fueron admitidos á prestarjuramento de fi- delidad al pie del trono. Una anécdota refe- Tida por las crónicas de aquel tiempo, y que Parece insignificante, prueba la deferencia le. respeto, no solo de los grandes, sino tam= ten de los reyes, al sacerdocio. El duque e Bretaña , convidado por Dagoberto al anquete real, se escuso de asistir por comer £n casa del canciller, que era San Oven, 10mbre respetado por sus virtudes; y el rey Al estrañd su falta, ni se dió por sentido: de ella. Los últimos años del reinado de Dago- erto fueron tranquilos. Francia, libre de “AStarbulenciasinteriores que la habian des- trozado tantos años, era respetada de los vi- Sigodos, lambardos y sajones: Roma desea- e auxilio: Gonstantinopla su amistad, y embajadores de Dagoberto renovaron con Sraclio la antigua alianza entre Francia y 'Mpevio. Esta tranquilidad, las relaciones Co franceses con Asia, Grecia, Italia, A- y España, los tributos que pagaban los 0s de Germania, los pe gratuitos 0s franceses, el censo impuesto á los ga- ta tributarios, la estension del dominio real, Sbre todo la sabia economía de Dagober- ¿ o á su trono riquezas desconocidas e tal predecesores, y que deslumbraron Manera á los pueblos, que el nombre rey se ha conservado hasta nuestros M las tradiciones y cantos populares, de ] Os > (198 ) los cuales celebran aun su magnificencia, su silla de brazos, su trono de oro, y hasta el rico cinturon de su ministro Eloy... Dagoberto , hallándose en Epinay en una de las casas de placer, cayó enfermo; y conociendo que se acercaba su fin, hizo que le MNevasen á san Dionisio, donde murió a la edad de 38 años. Antes de espirar reunió junto a su lecho á los señores y obispos, presididos por Ega, gobernador del palacio de Neustria, y les recomendó la reina Nan- tilde, y sus hijos Sigeberto y Clodoveo-. Puede sorprendernos ver citado como glo- rioso un reinado, en el cual no hubo ningu- na aceión gloriosa; pero entonces la fama de los principes se media por el número y €es- tension de sus donaciones. Ademas la tran- uilidad interior de Francia prueba la mo- Trina de este rey y la prudencia de sus ministros. Si hemos de dar crédito al auto! de los Hechos de los francos, el lujo del pa- lacio de Dagoberto se igualaba al de la corte de Constantinopla; pero si el oro, las piedras preciosas y la plata brillaban en él, las lu ces se estinguian progresivamente, y el velo de la ignorancia iba - por toda Europa. Desde esta época empieza á set oscura la historia de Francia, y tan inciet” ta la cronología, queunos autores ponen muerte de Dagoberto en 638, otros en 639, y algunos en 643, 0) | A PRTULO E : Colour segundo, Sigeberto Dagoz | berto, Clotarco Lercero, Chuliterico: dez Clodoveo II, rey de Neustria. Guerra de Turingia. Hambre en Neustria, Clodoveo Il, rey de Neustria y Borgoña: Dagober- _to,rey de Austrasia. Clodoveo II, rey de toda Francia. Clotario TIT, rey de Neustria y Borgoña: Childerico , rey de Austrasia. Tierry, rey de Neustria y Bor- oña. Childerico IT, rey de toda Francia. Plerry , rey de Neustria y Borgoña: Da- cid ,rey de Austrasia. Ebroino , go- ernador de Neustria y Borgoña. dl II, rey de Neustria. (639.) Lle- Samos en fin á la época mas triste de la his- MES e de Francia. Todos los vestigios de la | e igua civilizacion habian desaparecido: las | Y*s carecian de fuerza: los monarcas de | Poder :. log grandes de freno: los ricos” de Piedad; el o ed de costumbres: los guer- eros peleaban sin arte, se degollaban sin S (200) | razon, huian sin órden, € infieles á su jura- mento, nó conocian mas derecho que la fuer- za: la guerra no daba ya gloria, ni la paz so- siego. Los francos, saliendo de su estado sel vatico, habian perdido las virtudes de la in- dependencia; los galos, conquistados por e- llos , yeian estinguirse diariamente los cono- cimientos griegos y latinos, que hasta la cai- da del imperio habian ilustrado y embelle- cido la edad de su decadencia. Mudando de señores, perdieron sus'monumentos, nio zas é industria, y se agravo su servidumbre- En todas partes reinaba el crimen, la igno- rancia 7»la anarquia; y el resultado de la conquista no fue. Otra para la Galia oprimi- da, que un pacto funesto entre la barbarie de un pueblo rústico y la servilidad de una antigua nacion corrompida; entre la flexi- ble vileza de las palaciégos romanos y. la ambicion belicosa de los francos feroces. Se puede observar esta tendencia rápida á la desmoralizacion general desde los primeros pasos del conquistador de Galia: la eleva- cion de Claudio, sacerdote simoniaco, al e- Ela por recomendacion de Clodoveo, la cual no fue posible resistir, manifest0 que el poderío de los francos no seria favo” rable á las costumbres; y solo la piedad ilus- trada y celo virtuoso del clero ea rudo po” ner un freno á la arbitrariedad del vencer dor, que pretendia someter todas las leye* humanas y divinas. Clodoveo subyugó su* fieros compañeros, asociándolos á su tirani% (201) e poco tiempo no hubo en los campos de arzo mas que una leve sombra de la inde- pep hana célebre y. de las costumbres de as naciones germánicas. Esta sombra se des- vaneció enteramente en el reinado de los nietos del conquistador, quese entregaron desenfrenadamente al delirio de la arbitra- riedad y á los escesos de la disolucion mas escandalosa. Cada uno. de ellos tuyo en su corte tres ó cuatro esposas, cuyo oprobio se cubria en vano con la corona, y que eran pú- licamente insultadas por un gran número de concubinas. Algunos virtuosos obispos, entre ellos san German, se atrevieron a re- Prender semejantes desórdenes. Este celoso : prelado escomulgo al rey Cariberto;.mas no Ogrú ni amedrentarle ni corregirle. La opresion de los vencidos, la tirania y barbárie de los conquistadores hizo necesa- Fla la intervencion dbleireipo sacerdotal en el gobierno, porque eva el único elemento e moral que existia enmedio del caos for- mado por la violencia de las armas; pero el Poder que adquirid el clero por la superio- tidad de sus luces y virtudes, produjo su e- ecto ordinario en muchos de sus indivi- os, y la esfera de la ambicion en que se alaban ó 4 que aspiraban , les infestó con “98 vicios propios del siglo, de que tanto se ja en sus cartas san Gregorio Magno. Sin Mbargo,, la Iglesia de Galia poseyo hom- e os /de los tiempos apostólicos; ta= es son lossantos obispos Gregorio de Tours, ES (202) Waast de Arras, Gildar de Ruan, ¿Avito de Viena, Cesario de Arles, Fermin de Uzes,' Fortunato de Poitiers , Germanio de Paris, Malo de Bretaña, Eloy de Noyon, Lo de Contances y Remi de Reims. Los afanes de estos sacerdotes virtuosos y la autoridad de los papas que fundaron un gran poder sobre el cimiénto de la virtud, opusieron diques fortisimos al torrente de la corrupcion; pe-= ro sus tentativas fueron inútiles por mucho tiempo, porque la violencia de las pasiones cerraba los oidos de los grandesá la voz de la verdad. En este siglo se reunieron 40 con- cilios , en los cuales se promulgaron muchos decretos contra la simonia, el incesto, el di- vorcio , la idolatría y las malas costumbres; sin embargo, los mismos obispos, teniendo como tenian en el gobierno civil tanta par- te 0 quizá mas que. los señores francos, hu- bieron de abandonar la sencilla severidad de su anterior género de vida), y se acos- tumbraron al fausto y a los placeres peligro» sos de los palacios. Desdo ellos al vicio ha- bia muy poca distancia, y algunos sacerdo- tes la salvaron escandalosamente. La autori- dad de los sumos pontifices uno podia enton- ces reprimir su licencia. San Gregorio Mag- no halló muchas dificultades para hacer que los reyes y obispos francos reconociesen la supremacia de Roma y se sometiesen en ma- terias de disciplina á las decisiones de la santa Sede. Las turbulencias del estado, las discordias de los principes, las rivalidades (203) de los grandes y la opresion de los pueblos hicieron necesaria la autoridad del sacerdo= cio, depositario y conservador de la moral evangélica y de las leyes romanas; y asi fue la única fuerza constante del estado, el úni- co agente de la civilizacion en aquellos si- glos, la única esperanza del desgraciado y el único asilo de la justicia. Se preferian las sentencias de los tribunales eclesiásticos, fundadas en el código de 'Peodosio, á las de- cisiones arbitrarias de los condes y leudes y de sus rachimburos y escabinos. El estable- cimiento de las órdenes monásticas hizo grandes servicios ¿la humanidad. La órden de san Benito, fandada por su discípulo san Mauro, y que se difundió rapidamente en toda Galia, abrió nuevos asilos á los pros- eritos, prodi ó cuantiosos socorros á los in= digentes, de del naufragio universal al- gunas reliquias de la sabiduría antigua, y re- paró por medio del trabajo y cultivo de la tierra los desastres de las guerras continuas que durante un siglo condenaron los cam- Lo a la A sciiRL Los leudes y principa- es guerreros francos, sumamente celosos e su libertad mientras vivieron reunidos Sa tribus, la olvidaron desde que vivie- me alejados unos de otros en los paises que ios , y se entregaron esclusiva- Pee 0+ Y ambicion de las dignidades, al e Mo bh La me y al orgullo del poder. Peores: e Clodoveo se valieron de estas s perversas para someterlos» Com- z (204) praron su'sujecion, prodigandoles titulos y tierras de sus dominios; y asi los francos, en otro tiempo pobres, iguales y libres, vi- nieron á ser nobles, ricos, opresores y opri- midos. Bajo su tiranía gimieron todas las ciu- dades, y sufrieron la devastacion todos los campos: desaparecieron los senados de las capitales y municipios: el pueblo quedo re- ducido á la clase de los animales: la fuerza se sustituyó al derecho: las escuelas se cer- raron, y las letras se dejaron de cultivar co- mo las tierras: Galia, que en los siglos IV y V se jactaba de poseer todavía sabios y poe- tas como Eutropio, Amonio, Paladio, dem brosio , Sulpicio, Severo, Paulino, Vietor, Marcelo, Salviano y Sidonio Apolinar, vió caer y estinguirse todas sus luces bajo la terrible segur de los francos, y apenas que- daron los conocimientos necesarios para ad- vertir los progresos espantosos de la barbá- rie. «Es tiempo, decia ya el obispo Avito en el siglo VÍ, es tiempo de renunciar á la ein cd pit de poco no habrá personas capaces de conocer la hermosura de los ver- sos, ni de percibir su armonia.» Gregorio de Tours, 60 años despues, decia: «Ya no se cultivan en las Sada de Galia las letras ni las artes: las ciencias declinan y perecen- En el siglo infeliz que vivimos, Joa o0R del estudio se apaga sucesivamente; y en breve dejará de haber hombres capaces de trans- mitir á la posteridad los sucesos mas memo” rables.» Esta barbárie que legalizó despues (205) | el feudalismo sin: suavizarla , desterró «de Europa el órden, la justicia y la razon, de» pravó las costumbres , endureció los cora= zones , aletargó las facultades intelectuales, y'no. dió al espiritu humano mas alimento que los. estragos de la guerra y: los incenti- vos. de las pasiones desenfrenadas. Los fran- cos, al entrar en Galia, mejoraron la suerte de los esclavos. Según sus costumbres, la. servidumbre corporal, que se usaba entre Os romanos , se convirtió en servidumbre el. terruño; pero si esta revolucion hizo mas tolerable la suerte de los siervos, humi- 1ló á los galos libres:, haciendo honroso el servicio doméstico. El pueril orgullo de aquellos gefes bárbaros , bado la a- Fercultara y los trabajos mecánicos, se los dejó alos esclavos , mientras reservaban en SUs casas los empleos serviles á los jóvenes rancos-y galos mas distinguidos. La digni- ad de clase y la estension depoder se va- “Maban por el número de estosmobles do- Mésticos , cuya primer virtud-era la lealtad A su gefe, y quese encargaban, eomo dice *egorio de 'Pours , de ejecutar sin examen Mio detencion las. urdenes sanguinarias y los “ASesinatos que les mandaban cometer. sus les:señores: y sus feroces señoras. Desde 2 £poca fatal se:imudaron costumbres , 0-= nes d idioma, La fidelidad doméstica se A, E a las virtudes públicas ; el pundo- hgumario ahogó todo sentimiento de humani ad; el orgullo feudal sucedió á la al- (206) tivez delos francos y romanos; en fin, el tra. bajo fue despreciado , y el servicio de: los señores honroso. Esta degradacion de la es- o humana fue lleyada á tal estremo bajo os primeros sucesores de Clodoveo , que Chilperico dispuso á. su placer de la: suerte de los habitantes de Paris:(584). El rey de España le pidió en casamiento á su hija Si- gonta. «El rey, dice Gregorio de Tours, mandó á un gran número de los que habita- ban en la capital las casas sometidas al fisco, salir conssus familias en carros para servir en la comitiva de la princesa.» Aquellos in feli- ces no querian espatriarse , y procuraban vencer con sus lágrimas el corazon del tira- no; pero él mandó encadenarlos para que no huyesen. Separo al hijo. del pelle a la hija de la madre. Muchos se dieron 'muerte desesperados, La ciudad resonaba con sus las mentos, y solo se vian maldiciones contra € bárbaro principe. La afliccion era tan gran” de, que podia compararse á la de Egipto en tiempo de las plagas. En fin, un gran núnt- ro de personas distinguidas, obligadas:pu" aquel órden inhumano á renunciar á su fa- milia y á su patria , creyendo que el viag* seria el término de su vida, legaron sus bie” nes á las iglesias, y pidieron que se abrieseb sus testamentos apenas llegase á Paris la 00” ' ticia de haber entrado la princesa en el ter” ritorio de los visigodos. Ghilpetico no que” ria que hubiese hombres de condicion ser” vil en la comitiva de su hija. La disposicio? | _ (907) 50 que hacian de sus bienes al partir, demues- tra que eran hombres libres; y:ademas, la es- presion de: que se vale Gregorio de 'Pours, multi pero meliores natu , «muchas personas de nacimiento distinguido,» no- permiten duda'alguna en la materia y y este hecho de- muestra que el rey de los Pedrcob disponía entonces arbitrariamente de las personas de 0s hombres , como si fuesen caballerias. Este despotismo habria durado quizá en occidente , como ha echado: raices en Asia, con oprobio de la especie humana , si se hu- iera ejercido solamente sobre los vencidos; poro la ambiciosa Brunequilde, la implaca- e Fredegunda y sus esposos € hijos quisie- ron someter los conquistadores á yugo tan lgnominioso + hicieron dar de puñaladas á los grandes de quien'se recelaban, y despo- Jaron:á dos hesidles de los beneficios que an- tes se les habian prodigado. El antiguo or- Sullo de los guerreros francos despertó de '"Mproviso ; y dejando las cadenas al pueblo, “Odquistaron su propia independencia: co- MO rara yez se detienen los ataques dirigi= E contra el poder, en lugar de contentar- Ne el abatimiento del trono, no pararon a arruinarlo. Habiéndose hecho: inde- Pendientes , no quisieron que lo fuese el Ap su corona se trocó en vano simu= bras a palacio en prision: perdieron los itv ee mando de los ejércitos y sus pro- ominigs : en su nombre reinaron los Sobernadores elegidos por los grandes; y en (208 ) fin, solamente los titulos de las actas públi. cas y algunas ceremonias tan suntuosas como. inútiles, anunciaban á Francia que tenia re- yes. Esta decadencia de.la familia de-Clodo- veo empezó .en el advenimiento de Clota- rió 11, el cual debió lacorona a la coligacion, ' de los leudes. La ambiciosa aristocracia dejo: alguna autoridad á Dagoberto 1; «pero mas- ilusoria. que real. Esta sombra de poder des. apareció cuando acabó su.reinado , y sus dé- biles hijos no fueron mas que los primeros esclavos de los orgullosos iddmaéstilda de sus palacios. Clotario y Dagoberto , obligados a sacrificar 4 los grandes/una parte de su po- der, les inspiraban todavía algun .temor- Dignosaun de Clodoveo , se mostraron co- mo él valientes y guerreros, y jueces. res” petados. Dagoberto y visitando ¡incesante- mente sus provincias,-hizo justicia en mur chas ocasiones a los hombres libres. y. rez primió la-tirania de los leudes.. Es verdad, que segun la costumbre del siglo , ejercio 4 justicia, asesinando aun mas que condenan” do legalmente ; er en-fin', bo por eso des jaba su.severidad de inspirar saludable te” mor á los nobles, y grande confianza-al put” blo. Favoreció4 los obispos virtuosos, «y 5 opuso a las empresas de los que estaban 0%: minados por la ambicion; y este es el origen : de las diversas opiniones que han formado de este principe ná historiadores de aqué tiempo, que todos eran eclesiásticos, Lu 02 cesidad de sus adversarios llegó al estremo (209) de figurar en una escultura, su sepulcro, y sobre ¿l su alma, que se la llevaba el diablo, ' defendida y libertada por san Dionisto , san Mauricio y san Martin. Á su muerte cesó Lo=. da apariencia de respeto y temor a la fami- lia real, y sus descendientes no fueron para los leudes mas que insignias del trono y es- clavos coronados. Vamos 4 describir rápidamente los poz cos sucesos que la oscuridad de las tiempos nos ha trasmitido sobre los reina= dos defostós simulacros; porque en esta épo-. ca se estinguió con Fredegario la luz de la istoria en las Galias ; y hasta el tiempo en de Eginardo , secretario de Carlomagio, ió alguna claridad á aquel siglo de tinieblas, , Ro se hallan documentos históricos sino en as vidas y milagros de los santos ¿ cuyos au- tores, que eran monges retirados del mundo Í poco instruidos, confumden muchas veces Us lugares y Épocas y Sucesos. Se sabe con Certidumbre que Dagoberto , al tiempo de Morir, eonfió sus hijos y estados 4 dos mi- Mistros hábiles y digios de su estimacion. no fue Ega, bastante sabio para Su siglo, de instruido en las leyes romanas y en las umbres de los francos , que Veniaw los e á consultarle de todas las partes del a El otro era Pipino, temido de los ae es, y respetado de la nacion por su va- So esperiencia. LR , queriendo a- echarse de sos luces ,- y recelando su a VET mbicion > los tuyo cerca de su persona TOMO XtHL. 14 "+ : (210 ) -_mientfas reinó, y poe el gobierno de Austrasia al duque Adalgiso, de cuya obe- diencia no dudaba. Pero apenas se hicieron a este monarca los últimos Honores , Pipino volvió a Austrasia , se coligó con su virtuoso amigo Cuniberto , y Plat a Colonia la corte del jóven rey Sigeberto. Ega mandó sobre Neustria y Borgoña en nombre de Clo- doveo IL. Losgobernadores de los tres reinos convocaron en Compiegne la asamblea ge- neral de los francos , y en ella se repartie- ron legalmente los tesoros y estados dd Da- -goberto entre sus dos hijos. Poco tiempo despues de este:acto , que aseguró para al- gunos años el sosiego de Francia , murio Pi- «pino , dejando el renombre, muy raro en todos los siglos , de gran político y hombre de bien. Su muerte causo turbulencias en Austrasia. Una: parte de los grandes queria elevar ála dignidad de gobernador de pala- cio á Grimoaldo , hijo de Pipino : los demas psi elegir 4 Oton , uno de los grandes ignatarios de la corte del rey.Esta rivalidad llenó de intrigas y facciones , durante tres años , el palacio de Sigeberto. En fin, ha- biendo muerto Oton en un desafio contra Lotario, duque de los alemanes, se reunie- ron todos los votos á favor de Grimoaldo. El gobierno de palacio , 4 por mejor decir, el trono , fue hereditario desde entonces en la familia de Pipino. Guerra de Turingía. (642.) En este tiem- po los germanos viendo debilitada la monar- | (211) quia francesa, creyeron favorable la ocasion para sacudir el yugo. Rodulfo:, duque: de Turingia, se rebeló , é hizo alianza con los esclavones. Los austrasios marcharon contra él. Su general Faron .sufrid al principio.al- gunos reveses; pero Rodulfo , reuniendo sus tropas , se apostó en un sitio ventajoso, donde fue rodeado por los francos. El jóven Sigeberto no. se presentó en esta ocasion al frente de su ejército, sino en la retaguar- dia : la debilidad del principe, y la autori- dad todavía incierta del nuevo gobernador Grimoaldo relajaron los vínculos de la dis- ciplina. Todo: era en el campamento frances eliberaciones y discordias, y no se pensa- da en las operaciones militares. Alfin se dió órden de acometer al enemigo : algunos leu- es obedecen y asaltan, y los demas se que- an en sus cuarteles. Rodulfo, sabiendo. es- tas disensiones, se aprovecha de ellas, hace Una salida vigorosa , rompe las columnas tancesas, y las desbarata. Sigeberto, en vez € reparar su derrota con valor, digno de su amilia, se poneú llorar, y consigue de Ro- ulfo como un- favor la libertad de volver- Se a Francia. Mientras Austrasia se envile- ia por la pusilanimidad de su rey, sufrió eustria la desgracia de perderá Ega, cuya Prudencia aseguraba el sosiego y la seguri- ad pública. hata gobernador murió en el Palacio de Clichy. Los neustrios nombraron POr sucesor 4 Arquinoaldo, que por su ma-= "e tenia parentesco conla familia de Dago- (212) berto. Clodoveo II estaba bajo la tutela de su madre Nantilde , que por su prudencia y bondad habia fijado la inconstancia de Da- goberto y ganado el afecto del clero, de los grandes y del pueblo. Sabiendo esta reina que Borgoña, despues de 30 años en que no habia tenido gobernador de palacio , que- ria elegir uno , convoco los grandes de este reino ála ciudad de Orleans, y consiguió que nombrasen á su pariente Flayent, leude prudente y vasallo fiel. Nantilde gobernó todavia cuatro años sin turbulencias, conte- niendo mas bien con moderacion que con fuerza la ambicion de los cortesanos y la osa- día de dos naciones belicosas. Esta tranqui- lidad desapareció con ella ; y desde enton= ces fueron enemigas Neustria y Austrasia. Borgoña no podia permanecer indiferente en esta lucha duradera , y su gobernador se unió al de Neustria para reprimir la ambi- cion de los austrasios. El nuevo gobernador de Borgoña no gozó tranquilamente de su dignidad. Habiendo tomado las armas para refrenar al duque de la Borgoña transjurana que se habia rebelado, los lendes de entram- bos partidos los obligaron á reconciliarse, y á jurar la paz sobre los relicarios de los sam» tos. Pero en aquellos tiempos bárbaros el perjurio seguia inmediatamente al juramen- to, y habiéndose reunido en Autun los gran- des de Borgoña para consolidar la paz, el duque de la Transjurana fue asaltado en su alojamiento por los sirvientes de Flavent y (213) Arquinoaldo , que le asesinaron y robaron sús equipdges.; . 229? a oia tienes Mientrás Francia, no conservando otra virtud que el valor , parecia defendida mas por bandidos que por guerreros , el impe- rio de oriente , recobrado nn poco con las hazañas de Heraclio, volvió a caer bajo una vergonzosa tiranía , y acelerando su deca- dencia con las disensiones religiosas ,'entre= _gaba indefensas la Italia á los lombardos , y el Asia y el Africa al fanático: valor de los musulmanes. Abubecre y Omar , feroces sucesores de Mahoma , se apoderaron, casi recorriéndolas , de Siria, Persia, Fenicia, Palestina y Egipto. La cuchilla del profeta halló en: todas partes leves ostáculos : los Pueblos, fatigados con los impuestos , con el lujo de las cortes, con la innoble tiranía de los euñucos, con la cobardía de las le- Sionés, y con la pertinacia de las sectas, pa- tecian solicitar ellos "mismos el yugo de a- Tellos intrépidos guerreros que les ofre- Clan ligeros tributos , descanso en la tierra, y <ternos deleites sensuales en la otra vida. “Sta nueya potencia, corriendo por el mun- (to como un torrente, amenazaba subyugar- 20 todo entero. La antigua civilizacion se "endia 4 la cimitarra agarena; y el mahome- Po no halló ostáculo que le detuviese ASta que le salieroñ al encuentro las selvá- !0as falanges de los francos que un héroe li- las momentáneamente de la anarquía pa- Conducirlas á la gloria. 214 Hambre en Masini? (645.) El' azote del hambre asoló á Neustria , y el consejo de Clodoveo II recurrió para comprar granos á las riquezas de los templos. Gon este ob= jeto se apoderó de las láminas de plata que adornaban el tabernáculo y el NC de sar Dionisio. Esta Operacion fue muy censu- rada, tanto por haberse hecho con violen- cia , como porque no parece que las demas clases 'opulentas contribuyeron en propor- cion al alivio de aquella calamidad. ¿Cinco d mueve años despues , porque la cronología es incierta en aquellos tiempos en que no habia gloria, murio Sigeberto, rey de Austrasia. Sepultósele en Metz, y despues se le trasladó á Nancy. e do el trono estaba muy envilecido , su hijo Dago- berto no subió á él sin difienltad; porque la familia de Pipino era ya rival de la de Glo- doveo. Grimoaldo,, gobernador del palacio, queria alejar 4 Dagoberto del trono con el pretesto de que su padre habia adoptado a Childeberto , hijo del mismo Grimoaldo; pero los grandes y el pueblo se opusieron 4 esta usurpación , y se difirid para mas ade- lante. Sigeberto mereció por su piedad ser contado en el número de los santos : su es- posa se llamaba Sannechilde, que en len- guage franco quiere decir hija del sol. Clodoveo IF, rey de Neustria y Borgo” ña: Dagoberto , rey de Austrasia. (650.) Dagoberto , puesto bajo la tutela de un g0” bernador enemigo suyo, gozó no mas que (215) 18 meses de la corona que apenas le habian ceñido. Grimoaldo empleó este tiempo en ganar con sus liberalidades alosseñores prin- cipales. Cuando se creyó bastante poderoso, hizo que Didon, obispo de Poitiers, cortase el cabello al jóven rey , y le desterró á Ir= landa, donde vivió muchos años oscurecido, y mas feliz que entre el esplendor pasagero del trono. 192 Su madre Sonnechilde se retiró a Neus- tria bajo la proteccion de Clodoveo. Gri- moaldo ciñó con la diadema real la frente de su hijo; pero esta osadía escitó la indigna- cion de los austrasios : formaron una conspi- racion contra él, le acometieron , le pren- dieron y le entregaron á Clodoveo. Fue juz- gado por los grandes, condenado y ajusti- ciado. Childeberto , su hijo , pereció 0 des- apareció. Clodoveo, castigada la usurpación, se aprovechó de ella, y en vez de llamar á agoberto de su destierro, fingió ignorar á qe lugar se habia retirado, reunió toda rancia bajo su cetro, 4 mas bien, bajo el Poder de Arquinoaldo, gobernador de su Palacio , el cual gobernó sin rivales los tres "emos, porque Flavent acababa de morir, y nO se eligió sucesor. N Clodoveo II, rey de toda Francia. (653.) Po es posible decidir si Clodoveo 1 mereció almente , por la nulidad de su caracter, * Ser contado en el número de los reyes hara- Sanes, ó si solo fue la desgracia de los tiem= Pos la que le obligó á obedecer á sus vasa- (216) Mos, haciendo inútiles sus esfuerzos. Lo que da á sospechar que tuvo algunas virtudes, es que los adas orgullosos procuraron disfa- mar su memoria con cierto furor que ordi- nariamente no escita la debilidad. Las pocas noticias que han couservado las crónicas in- dican con claridad que este principe procu- ró , aunque en vano, aliviar á sus pueblos y enfrenar la tiranía anarquica de los grandes; mas ya no era tiempo. Aquella aristocracia ignorante, orgullosa y turbulenta, se arrai- gaba mas profundamente cada dia. Los Jeu- des se fortificaban en sus ducados , conda- dos y castillos, y reunian partidarios que compraban su proteccion sometiéndose; y asi, en aquel siglo de desórden , cada uno sacrificaba una parte de sus derechos y de su independencia con la esperanza de obte- ner algun sosiego ó seguridad, d con las ar- mas y servicios, 0 con tributos, 0 con el en- tero abandono de la libertad. La necesidad dió nacimiento en aquella nobleza indisci- plinada á cierta gerarquía, fuente y origen del monstruoso sistema feudal, del cual que- dan vestigios todavía, y que entonces con- tribuyó en algun modo 4 salvar á los pue- blous europeos de la barbárie en que cayeron las naciones de oriente. Una esclava jóven, bella y virtuosa, vi- «no entonces á Francia á sostener a Clodoveo en la lid peligrosa que sostenia para con- servar a los francos y á los "germanos algu- nos vestigios de libertad. Batilde , descen” (217) diente de uno de los principes sajones que conquistaron á Inglaterra, fue robada en su infancia por unos piratas, y vendida despues a Arquinoaldo, el cual ¿deseando unir sus dos cautivos , la casó con el rey. Clodoveo tuvo de ella tres hijos , Clotario, Childeri- co y Tierry. El primero sueedió á su padre, y poseyó, bajo la tutela «le Batilde y la fé- rula de Arquinoaldo , las coronas de Neus- tria y Borgoña: el segundo reinó en Áustra- sia, 0 por mejor decir, vió reinar en su nom- bre á un leude, llamado Ulfoaldo, que los austrasios eligieron por gobernador de pala- cio: el tercero, que estaba aun en la cuna cuando murió Clodoveo 11, no tuvo parte alguna en su herencia. Clodoveo reino 17 a- ños. El autor de los Hechos cree que murió envenenado. Se le acuso de desacato , por= que separó un hueso del brazo de san Dioni- S10 para ponerle en un escapulario que siem- Pre traia consigo. En aquel siglo de igno- Tancia , los campos,- otro tiempo tan férti- €s, yacian estériles y desiertos : el pueblo NO se informaba ni de los motivos de las le= Yes, ni de las declaraciones de guerra, ni DES cláusulas de los tratados de paz : so- Mal 0, ignorante y esclavizado , solo ha- “Aba consuelo en los sentimientos reli- 510s0s, de EAtario TIT, rey de Neustria y Borgo 0d el y Prey de Austrasia. (655.) ernad os dormian sobre el trono: dos go- Ores de palacio reinaban en Francia; (218)... pero el órgullo de estos ministros se vid pre» cisadoá dejar alguna autoridad á la reina Ba- tilde. Esta princesa habia sufrido con valor la esclavitud, Y lleyó el cetro con dignidad. Su firmeza la hizo respetable , y amable su humanidad. Siguiendo los consejos de san Leger, obispo de Autun , y de san Oven, obispo de Ruan, contuvo durante diez a- ños la turbulencia de los leudes, y preser- yó su reino de las convulsiones á que fre-= cuentemente lo esponia la codicia de los grandes. Antes de su reinado los galos d ro- manos libres pagaban una capitacion que los arruinaba. Batilde los libertó de ella: su jus- ta severidad prohibió á los judios el comer» cio vergonzoso que hacian de niños cristia= A nos, vendidos por la avaricia de los señores 9 por la miseria delos padres. Los reyes des» de muchos años antes habian contraido la criminal costumbre de vender los beneficios eclesiásticos. Batilde los dió gratuitamente al mérito y ála piedad. Hizo muchas dona- ciones al Ni fundó un monasterio de mon= go en Corbie , y otro de religiosas en Che- es , únicos asilos entonces del saber y de la virtud. Su deferencia al clero atrajo mu- chos obispos á la corte, cuyo poder y con- sejos creyó útiles para afirmar su autoridad; pero habiendo muerto Arquinoaldo , autor de la elevacion de Batilde, y su mas firme apoyo, Ebroino, que le sucedió en la dig- nidad de gobernador de palacio , envidioso del favor que gozaba cerca de la reina Le- (219) ger, obispo de Autun , calumnió á la vir- tuosa princesa, y la acusó de tener intimi- dad deshonesta con otro obispo llamado Si- ebrando. Los grandes irritados asesinaron á este prelado ; y Batilde , disgustada de la ingratitud de la corte y de la inercia del pueblo, una y otro tan poco dignos de clla, bajó del trono , y tomó el velo de religio- sa en Chelles, donde vivió menos pode- rosa y mas feliz. La infame envidia le qui- to el cetro : la gratitud tardía consagró su gloria. Libre de su importuna virtud, fue Ebroi- no déspota de Neustria y Borgoña; pero se abrió un nuevo sendero para la tiranta. Este Mario de los francos, tomando la máscara popular, aparentó favorecer la causa de lbs hombres libres contra la dominacion de los grandes; y el pueblo, ciego instrumento siempre de los ambiciosos que le adulan en su miseria, aplaudió los conatos del gober- nador, dirigidos solamente á mandar sin 0s- táculos ni rivales. Acometió a los grandes con osadía, desterró á los unos, quitó a los otros sus beneficios, y solo confió los desti- nos á los que le vendian sus servicios; mas solo los empleaba en las provincias donde no tenian tierras ni vasallos. Las gracias de- pendian de su favor: los suplicios de su a- borrecimiento: vendia la justicia y amedren- taba con su osadía á los leudes mas orgullo- sos. Sin embargo, encontró en su marcha violenta un ostáculo que por mucho tiempo 220 no pudo derribar: el partido aristocrático euyo abatimiento deseaba, se unió con san Leger, obispo de Autun y amigo de Batilde, á quien se persiguió constantemente con fu- ror, y que fue defendido con no menos per- severaucia por la veneración pública. El rey Clotario, testigo insensible de esta lucha os- tinada, reinó algunos años todavía bajo la tutela del feroz Ebroino; y murid sin tener hijos, despues de haber llevado la corona caz torce años. Unos historiadores dicen que fue enterrado en Chelles: otros que en san Dio- nisio. El lugar de su sepultura es tan ignora- do como su vida. rdrsi Tierry , rey de Neustria y Borgoña. (668.) Los francos respetaban todavia los derechos á la corona de los principes mero- vingios; pero no les permitian egercerlos sino pc los habian reconocido y eleva- do sobre el paves, segun el uso antiguo. Esta era algunas yeces ceremonia mas bien que garantia; pero en otras ocasiones usaba la nacion del poder que se habia reservado pa- ra escoger entre los principes al que desea- ba coronar. , El temerario Ebroino irritó á los francos elevando al trono, de su propia antoridad,á Tierry , última hijo de Clodoveo IT. Los ueblos de Neustria y Borgoña, acostum- e á obedecer, murmurabán sin atre- verse á manifestar su descontento; pero los grandes, indignados, se sublevaron. El obis- po de Autun, su consejero y gefe, se con- Nación (221) certó con Ulfoaldo para reunir las tres.coros nas de Francia en la frente de Childerico. Los austrasios toman las armas, y se presen tan inesperadamente en Neustria. Ebroino, acometido por los grandes de los tres rei- nos, fue abandonado por el pueblo: busco asilo en una iglesia, que defendió su vida y no su autoridad : cortósele el cabello, y se le encerró en el monasterio de' Luxeuil. Tierry, su débil pupilo, principe sin po- der, gefe sin ejército, rey sin vasallos, fue desterrado al convento de san Dionisio, y Childerico fue declarado rey de los tres rei- nos por el consentimiento universal. Childerico 11, rey de toda Francia. (670.) Esta revolucion, destruyendo las esperan- zas del partido popular, afirmaba la domi- de los grandes; pero siendo esta har= to imperiosa y anárquica, daba inquietud á su propio gefe. El ¿fe eS Ulfoaldo, cómplice 0 esclavo de las pasiones de los leudes, hacia vanos esfuerzos para contener sus usurpaciones progresivas. San Leger, por su carácter y la veneración que se le te- nia, adquirido ascendiente saludable sobre el ánimo del rey: le hizo conocer la necesidad e que él y su pueblo se libertaran del yu- eS de los señores; y Childerico, conformán- 0se con el voto público, promulgó orde- bauzas dirigidas á reducir ásus antiguos Ji- Mites la autoridad de los patricios, condes y duques, que querian ser independientes Y hacer inamovibles sus destinos. Indigna- [Document text truncated for crawler view.]