Historia Universal. Tomo XIII
Abstract
T. I-VIII. Historia antigua -- T. IX-XX. Historia moderna -- T. XXI-XXV. Historia de Francia -- T. XXVI-XXX. Historia de España
Full text
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XII.
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LA
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Francesa,
Par
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Francia:
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Donde
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traducida
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español
Por
0.
AHoecto
Listo,
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Correcciones
,
uotas
y
adiciones.
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TOMO
XIIL
MADRID:
Agosto,
1831.
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HISTORIA
DE
FRANCIA.
CAPÍTULO
vLI
Conquista
de
Armórica
:
batalla
de
Soís-
sons.
Guerra
contra
los
alemanes
en
To-
xandria.
Matrimonio
de
Clodoveo
con
Clotilde.
Nacimiento
de
Clodomiro
,
hijo
de
Clodoveo.
El
Loira,
frontera
de
la
monarquia
de
los
francos.
Guerra
con
los
alemanes
:
batalla
de
Tolpiac.
Guerra
de
Borgoña.
Batalla
de
Dijon.
Paz
con
Bor-
goña.
Desavenencias
entre
Clodoveo
Y
Alarico.
Guerra
con
los
visigodos
:
bata-
lla
de
Vouglé.
Guerra
entre
francos
y
0s-
trogodos.
Clodoveo
derrotado
por
los
os-
trogodos.
Paz
con
los
godos.
Prólogo
de
la
ley
Salica.
Estracto
de
la
ley
Sálica.
Usurpacion
de
los
demas
estados
francos
por
Clodoveo.
a
JJ
Bm
Ber
de
Armórica
:
batalla
de
Sots-
sons.
(486.)
Ya
parecia
haberse
cumplido
el
oráculo
de
los
dida
milanos
de
Rómulo,
y
acabado
la
potencia
del
pueblo
re
y
al
mismo
tiempo
que
se
presentaba
en
el
norte
de
Ga-
lia
un
principe
que
apenas
salia
de
la
infan-
cia,
gefe
de
la
tribu
valerosa
de
los
fran-
cos
salios.
Clodoveo
reinaba
en
un
territorio
de
poca
estension.
Todos
los
paises
conquis-
tados
por
su.
pueblo
estaban
divididos
en
.
muchas
tribus
independientes
y
gobernados
por
principes
de
su
familia.
Su
ejército
se
componia
de
cerca
de
5.000
guerreros
al-
tivos
y
turbulentos
:
como
rey,
era
muy
li-
mitada
su
autoridad
:
como
general,
depen-
dia
de
la
victoria
y
de
las
vicisitudes
de
la
fortuna.
Poseedor
de
pequeño
dominio,
no
tenia
mas
riquezas
que
los
antiguos
tesoros
de
los
francos,
que
eran
sencillez
de
cos-
tumbres,
denuedo
invicto
€
inviolable
fi-
delidad
de
los
compañeros
de
armas,
adic-
tos
á
su
persona.
Ninguno
de
los
conquis-
tadores
célebres
ha
comenzado
su
carrera
con
menos
recursos:
la
suerte
de
su
imperio
dependió
mas
de
su
talento
que
de
la
esten-
sion
de
sus
estados
y
del
número
de
sus
guer-
reros.
El
jóyen
adalid
de
una
tribu
de
si-
cambros
mudo
el
destino
de
Galia,
porque
estaba
dotado
de
ánimo
fuerte,
grande
ge-
nio,
audacia
impetuosa
y
suma
habilidad.
Parecia
reunir
en
su
carácter
la
intrepidez
temeraria
de
los
francos,
la
prudencia
da
los
romanos,
la
finura
artificiosa
de
los
griegos,
z
la
dureza sanguinaria
de
los
cartagineses.
sumiso
á
las
leyes
en
el
consejo
de
la
nacion,
déspota
rabdio
de
los
soldados
,
humilde
al
pie
de
los
altares,
rápido
y
terrible
como
o
Me
(7
el
rayo
contra
sus
dida
,
cireunspecto
Y
astuto
en
su
politica,
pérfido
y
cruel
con
os
principes
francos
que
envidiaban
y
com-
pa
su
fortuna,
y
respetando
con
maña
as
costumbres
germánicas
y
las
leyes
roma-
nas,
dominó
su
siglo
porque
era
superior
4
él.
Aunque
Clodoveo
era
pagano,
debe
creerse
que
trataba
con
tolerancia
la
religion
de
los
galos
y
romanos
que
vivian
en
el
pais
pets
1
a
su
dominacion
,
y
aun
mostraba
alguna
deferencia
á
los
obispos,
cuyo
influ-
jo
moral
era
entonces
poderoso
en
las
Ga=
lias.
Lo
mismo
hacian
entonces
las
demas
naciones
bárbaras
;
pues
hasta
el
fiero
Atila
se
detuvo
en
su
marcha
y
apartó
sus
armas
de
Italia
,
cediendo
á
las
súplicas
del
ponti-
fice
romano.
Es
probable
tambien
que
Clo-
doveo,
imitando
á
Childerico
y
á
Meroveo,
tomo
el
titulo
de
comandante
de
la
milicia
romana
para
dominar
con
mas
facilidad
los
pueblos
conquistados;
y
por
esta
razon,
cuando
su
nacimiento
y
el
voto
unánime
de
los
francos
le
dieron
la
corona
,
san
Remi,
obispo
de
Reims,
creyó
que
debia
darle
con-
sejos
en
la
carta
siguiente,
conservada
por
la
historia
:
Remt,
obispo,
al
ilustre
rey
Clo-
doveo,
magnifico
por
sus
virtudes:
«Ha
Me-
gado
á
nosotros
la
noticia
de
que
habeis
to-
mado
á
vuestro
cargo
la
administracion
de
los
negocios
militares.
No
es
estraño
que
emprendais
la
misma
carrera
que
vuestros
mayores.
Gorresponded
á
las
miras
de
la
Pro-
videncia
que
os
ensalza:
sed
moderado
en
el
-.
(8
poder,
y
justo
en
los
a
:
mostrad
deferencia
4
los
sacerdotes,
y
no
desdeñeis
sus
consejos:
si
obrais
de
acuerdo
con
ellos,
vuestros
pueblos
serán
mas
felices.
Sostened
con
prudencia
la
disciplina
militar:
ensal-
zad
á
vuestros
compañeros,
mas
no
oprimais
á4
nadie:
socorred
á
los
desgraciados,
y
man-
tened
á
los
huérfanos
para
que
lleguen
a
e-
dad
en
que
os
sean
útiles;
y
asi
sereis
ama=
do
en
lugar
de
ser
temido:
La
equidad
de
vuestras
sentencias
preserve
del
saqueo
al
débil
y
al
estrangero.
Sea
patente
a
todos
vuestra
tierra,
y
ninguno
salga
descontento
de
ella.
Poseeis
los
bienes
de
vuestro
padre:
si
os
servis
de
ellos
para
rescatar
cautivos,
séa
con
la
intencion
de
volverlos
a
lá
liber-
tad.
No
eonozcan
los
estrangeros
que
viven
en
vuestros
estados,
que
pertenecen
á
una
nacion
diferente
de
la
vuestra.
Llamad
á
vuestra
corte
4
los
jóvenes
en
las
horas
de
recreo:
en
las
de
consejo
solo
á
los
ancianos.
En
fin,
si
quereis
que
0s
obedezcan
con
fa=
.
cilidad.,
probad
con
las
acciones
que
vues=
tra
juventud
está
ya
madura
para
el
mando.»
Nada
dicen
los
o
OLAs
acerca
de
los
cinco
primeros
años
del
reinado
de
Clo-
doveo
:
probablemente
los
empleó
en
afir-
mar
su
poder,
comprimir
sediciones
en
el
pais
de
Pongres,
meditar
y
preparar
la
eje-
cucion
de
sus
grandes
designios,
¿
informar-
se
de
las
fuerzas
y
situacion
de
los
visigo-
dos
y
borgoñones,
Que
ocupaban
á
la
sazon
la
mayor-párte
de
Galia.
Pero
el
primer
ob=-
O
As,
AAA
(9)
jeto
de
su
ambicion
fue
necesariamente
la
conquista
de
Armórica,
único
pais
que
ha-
bia
resistido
hasta
entonces
á
los
conquista-
dorés
del
norte
y
de
Germania,
y
que,
in-
dependiente
de
hecho,
era
romano
en
el
nombre.
Defendianle
legiones
y
milicias
nu-
merosas
,
mandadas
por
Siagrio,
conde
de
Soissons:,
hijo
del
célebre
Egidio,
llamado
Gilon
por
los
francos
,
de
los
cuales
fue
rey
algun
tiempo.
Despues
se
unió
con
Childe-
rico
para
la
defensa
de
Armórica,
con
tanta
intimidad,
que
se
pudo
decir
que
reinaban
juntos;
pero
la
muerte
de
entrambos
rom-
pió
la
claióa
de
las
dos
naciones.
Siagrio
despreciaba
la
corta
edad
del
nuevo
rey
de
los
francos
;
y
en
vez
de
darle
parte
en
su
poder,
esperaba
recobrar
el
que
su
padre
ha-
bia
ejercido
en
aquellas
tribus
belicosas.
Una
carta
que
le
escribió
Sidonio
en
este
tiempo
,
prueba
el
ascendiente
del
general
Egidio
sobre
los
bárbaros,
cuyo
lenguage
le
era
familiar.
«Mucho
me
rio
,
dice
el
poeta
romano
,
cuando
veo
cuánto
temen
los
hár-
baros
cometer
barbarismos
delante
de
tí
en
su
propio
idioma
:
sus
senadores
se
admiran
de
la
facilidad
con
que
traduces
sus
cartas.
Tú,
cónsul
en
otro
tiempo
de
Roma
,
eres
el
nuevo
Solon
de
los
pueblos
del
norte:
discules
sus
leyes
con
sabiduria:
te
respetan
como
su
Anfion
cuando
haces
resonaf
sus ar-
pas
y
sus
instrumentos
de
tres
cuerdas;
y
aunque
seas
romano,
y
ellos
rústicos
y
gro-
seros,
gustan
de
oirte
y
vienen
á
aprender
>
10
de
ti
su
propia
mes
Uláldecico
habia
es-
tendido
sus
estados
hasta
el
Soma:
otros
di-
cen
que
hasta
el
Sena
:
se
sabe
por
el
autor
de
la
vida
de
santa
Genoveva
que
llegó
a
entrar
en
Paris.
«Este
principe,
dice
el
men-
cionado
historiador
,
estimaba
mucho
á
la
ilustre
virgen.
Queriendo
una
vez
enviar
al
suplicio
á
unos
delincuentes
en
Paris,
man-
dó
cerrar
las
puertas
de
la
ciudad
,
temien-
do
que
viniese
Genoveva
á
mitigar
su
rigor.
Pero
las
puertas
se
abrieron
por
si
mismas,
la
santa
entró
y
logró
el
perdon
de
los
con-
denados.»
Esta
narracion
prueba
que
si
Chil-
derico
no
reinó
en
Paris,
4
lo
menos
la
do-
mino
algun
tiempo
con
sus
armas.
Su
alian-
za
con
Egidio
allanaba
todas
las
dificultades.
Pero
su
muerte
cambig
el
aspecto
de
los
ne-
gocios,
y
Siagrio
podia
aspirar
a
la
recon=
quista
del
pais
que
los
mayores
de
Clodoveo
habian
quitado
á
Galia,
viendo
á
este
prin-
cipe
jóven
y
débil.
Por
otra
parte
la
nacion
de
los
francos
estaba
entonces
muy
dividida.
Sigeberto
reinaba
en
una
de
sus
tribus
y
te-
nia
su
corte
en
Colonia:
Ragnacario
en
Cam-
bray
:
Cararico
entre
Teruena
y
Boulogne:
el
pais
de
Tongres
estaba
en
guerra
civil;
y
Clodoyeo
no
era,
á
la
vista
de
Siagrio,
sino
el
gate
poco
temible
de
44
5.000
guerreros.
Podia
esperar
con
verisimilitud
fácil
la
vic-
toria,
teniendo
un
rival
tan
poco
poderoso;
Ads
el
genio
engañó
los
cálculos
de
la
po-
tica.
Clodoyeo,
en
lugar
de
esperar
á
su
ene-
11
migo,
seatrevio
a
E
y
salió
de
Pur-
nay
,
que
era
el
lugar
de
su
residencia.
Los
franceses
aprobaron
con
aplausos
su
belico-
so
atrevimiento.
Ragnacario
se
le
unió
con
sus
tropas:
Cararico,
rey
de
Boulogne
,
de
Teruena
y
de
Gante,
le
siguió
tambien.
En
fin,
su
ejército
se
reforzó
con
el
de
Sige-
berto
,
rey
de
Golonia.
Los
francos
entra-
ron
en
el
territorio
de
Reims.
En
tiempo
de
Hinemaro,
arzobispo
de
esta
ciudad,
se
con-
servaban
todavía
algunos
trozos
del
camino
que
siguieron
cerca
de
Noyon
,
y
se
les
lla-
maba
la
calzada
de
los
barbaros.
Clodoveo
desafió
atrevidamente
á
Siagrio
,
y
le
pro-
pri
que
fijase
el
dia
y
el
lugar
del
combate.
£l
romano
acepta
:
los
ejércitos
se
avistan,
las
tropas
suenan,
las
flechas
vuelan
de
en-
trambas
partes.
El
rey
de
los
franceses
co-
noce
que
Cararico
le
hace
traicion,
y
que
se
queda
inmóvil
,
probablemente
con
in-
tento
de
unirse
al
vencedor
para
repartirlos
despojos
del
vencido
:
su
intrepidez
le
sal-
va
del
peligro
á
que
le
espone
la
perfidia:
anima
á
sus
soldados
con
la
voz
y
el
ejemplo,
y
arremete
con
furia.
La
tactica
de
los
ro-
manos
cede
a
laimpetuosidad
de
los
francos:
las
legiones
son
desbaratadas:
Clodoveo
der-
riba
á
cuantos
se
le
oponen;
y
con
su
terri-
ble
francisca
se
abre
ancho
y
sangriento
ca-
mino
para
llegar
al
trono
de
las
Galias.
En
vano
Siagrio
se
esfuerza
para
rehacer
sus
tropasg
los
Coins
,
aprovechandose
de
su
desórden
,
las
acosan
y
persiguen
,
y
con-
(12
vierten
su
retirada
en
capita
Clodoveo
le
sigue
sin
intermision,
y
le
obli-
ga
4
buscarun
asilo
al
otro
lado
del
Loira
en
os
estados
del
rey
de
los
visigodos.
Este
era
el
jóven
Alarico
,
que
sucediendo
á
su
pa-
dre
Eurico,
heredó
su
poder
y
no
su
valor.
Una
victoria
tan
pronta
y
brillante
habria
eontentado
á
un
guerrero
vulgar;
pero
Clo-
doveo
,
semejante
4
César
en
esto,
creia
no
haber
hecho
nada
cuando
quedaba
algo
que
hacer.
Continuando
pues
su
marcha
sin
de-
tenerse,
amenazó
con
guerra
al
poderoso
rey
de
los
visigodos
si
no
le
entregaba
á
Siagrio.
La
temeridad,
tan
peligrosa
contra
los
hom-
bres
firmes,
se
convirtio
en
prudencia
contra
el
débil
'Alárico
,
que
sorprendido
é
intimi-
dado,
entrego
infamemente
a
Siagrio
en
ma-
nos
de
su
vencedor.
La
crueldad
que
man-
chó
el
carácter
del
rey
de
los
francos
,
em-
pezó
á
manifestarse
en
el
mismoinstante
que
su
gloria,
y
entrambas
crecieron
en
lo
su-
cesivo
sin
separarse
nunca.
Un
cautivo
co-
mo
Siagrio
daba
cuidado
al
conquistador
de
las
Armóricas
:
no
atreviéendose
á
darle
li-
bertad
,
no
pudiendo
conservarle
en
perpé-
tua
prision
,
salió
de
la
dificultad
con
un
crimen,
y
mando
darle
muerte
en
secreto.
Los
francos,
despues
de
la
batalla
de
Sois-
sons
,
habian
cometido
muchos
escesos
,
ta-
lado
los
campos
y
saqueado
las
iglesias.
El
obispo
de
Reims
obtuvo
del
vencedor
que
reprimiese
esta
licencia,
y
los
biengs
de
su
clero
fueron
respetados.
Viendo
la
benigui-
x
PP
(13
dad
con
que
el
rey
de
e
fran
cos
acogía
sus
súplicas
,
le
pidió
que
se
le
restituyese
un
vaso
de
plata
de
gran
valor,
que
sus
solda-
dos
habian
cogido
en
Soissons.
Clodoveo
prometió
devolvérselo
,
si
le
era
posible
dis-
poner
de
él.
Reunióse
el
ejército
victorioso
para
repartir
el
botin,
que
estaba
amonto-
nado,
segun
la
costumbre,
enmedio
de
un
campamento.
El
rey
habló
á
sus
compañeros
y
les
pidió
que
le
concediesen
el
vaso
de
Soissons
para
darle
el
destino
que
tuviese
por
conveniente.
Los
masancianos
y
estima-
dos
por
su
edad
y
prudencia
respondieron:
«Cuanto
quieras
del
botin
es
tuyo
:
te
obe=
decemos
con
gusto
,
y
ninguno
de
nosotros
resistirá
á
tu
voluntad.»
La
aclamacion
ge-
neral
aplaudia
esta
deferencia
con
un
caudi-
llo
victorioso,
cuando
de
improviso
un
fran-
eo
atrevido
y
turbulento
dió
un
golpe
al
va-
so
con
su
segur,
y
dijo
orgullosamente
al
rey
:
«Aquí
no
tienes
tú
mas
parte
que
la
que
te
diere
la
suerte.»
Esta
brutalidad
sor-
prendió
á
la
junta
:
Clodoveo,
sin
manifes-
tar
emocion,
la
tolerú
en
silencio.
Sin
embar-
g0
,
sus
compañeros
le
dieron
el
vaso
que
deseaba,
y
fue
restituido
de
órden
suya
al
obispo
de
Reims.
Al
año
siguiente,
habien-
do
reunido
el
rey
sus
tropas
en
el
campo
de
Marzo
,
les
pasó
revista;
y
cuando
al
recor-
rer
las
filas
se
halló
enfrente
del
soldado
teme-
rario
que
le
insultó,
le
dijo
:
«us
armas,
tu
espada,
tu
venablo
,
y
sobre
todo
tu
segur,
no
estan
como
deben;
»
y
al
mismo
tiempo
é
(14)
le
tomó
la
segur
y
la
echo
en
el
suelo.
El
franco
se
bajó
para
recogerla,
y
Clodoveo
le
hendió
la
cabeza
con
su
francisca,
diciendo:
«Asi
heriste
tú
el
año
pasado
el
vaso
de
Sois-
sons.»
Este
hecho,
citado
igualmente
por
tos
dos
los
historiadores
,
ha
servido
á
los
unos
para
probar
la
poca
autoridad
de
los
prime-
ros
reyes
de
Francia,
y
á
los
otros
para
de-
mostrar
el
esceso
de
su
despotismo.
Todos
han
errado
buscando
un
sistema
fijo
en-aque-
la
época
en
que
la
arbitrariedad
y
la
licen=
cia
se
sucedian
y
confundian.
Nada
habia
entonces
verdadero
sino
la
fuerza
,
nada
ha-
bitual
sino
el
valor,
nada
constante
sino
el
amor
de
la
guerra
y
del
saqueo.
Clodoveo
en
entrambas
ocasiones
se
conformo
con
las
costumbres
de
su
pueblo.
En
la
junta
obedeció
,
como
principe,
la
ley
del
re-
partimiento
del
botin:
en
su
campo
ejerció
osadamente
un
poder
ilimitado.
El
rey
te-
nia
pocas
facultades:
el
general
lo
podia
todo.
Guerra
contra
los
alemanes
en
Toxan=-
dria.
(490.)
Clodoveo
,
despues
de
la
der-
rota
de
Siagrio
,
puso
su
corte
en
Soissons,
dió
un
territorio
fértil
al
obispo
de
Reims.
Des
monedas
que
hizo
acuñar
en
aquella
ciu-
dad,
no
tenian
su
efigie.
En
ella
se
ven
las
palabras
Soecionis
y
vorpes
,
nombres
de
la
ciudad
y
del
que
fabricó
las
monedas,
y
la
figura
de
un
guerrero
armado
de
segur.
Pro.
copio
dice
que
los
reyes
francos
noacuñaron
moneda
con
su
nombre
hasta
que
Justiniano
%
-
15
les
cedió
sus
Ae
E
sobre
las
Galias.
Durante
seis
años
,
desde
486
hasta
492,
Clodoveo
no
hizo
mas
que
reconquistar
en-
teramente
el
pais
de
Tongres,
invadido
por
los
alemanes.
En
esta
misma
época
hubo
en
Italia
una
grande
revolucion.
Teodorico,
rey
de
los
ostrogodos,
adoptado
por
el
empe-
rador
Zenon
,
se
alejó
de
Grecia,
defendi-
da
y
devastada
sucesivamente
por
sus
tro-
pas
,
paso
los
Alpes,
y
acometió
a
Odoacre
ue
habia
depuesto
al
último
de
los
empera-
dores
romanos.
Despues
de
cuatro
años
de
combates,
Odoacre
fue
vencido
y
muerto:
"Teodorico
fue
proclamado
rey
de
Italia:
ZLenon
murió
en
Constantinopla,
y
tuvo
por
sucesor
a
Anastasio.
Entretanto
Clodoveo,
habiendo
vuelto
á
Soissons,
se
afanaba
cons-
tantemente
en
estender
y
afirmar
su
pode-
rio
en
las
Armóricas.
Hasta
entonces
los
ter-
ritorios
de
Reims
y
de
Soissons
eran
los
úni-
cvs
frutos
de
su
victoria.
Quedaban
todavia
muchas
ciudades
romanas
independientes
y
defendidas
por
tropas
valerosas.
Conquis-
tarlas
á
fuerza
de
armas
hubiera
sido
larga
empresa;
y
asi
despues
de
haber
tomado
á
algunas
en
guerra
abierta,
se
valió
de
la
po-
litica
para
hacerse
dueño
de
las
demas.
Su
respeto
al
clero
católico
le
rangeó
el
amor
de
dde
pueblos
,
en
los
ñ
el
sacerdocio
era
ya
la
clase
mas
estimada
y
poderosa.
Por
las
cartas
de
aquella
época
se
ve
que
las
ciu-
dades
temian
la
dominacion
de
los
borgoño-
nes
y
visigodós,
cuyos
principes
eran
arria»
S
(16)
nos.
El
rey
de
los
francos
se
aprovechó
con
habilidad
de
esta
disposicion
le
los
ánimos,
que
le
valió
tantas
conquistas
como
su
espa-
da.
La
iglesia
fue
el
verdadero
fundamento
de
su
trono,
porque
lo
era
de
la
sociedad;
y
asi
le
concedió
tantos
y
tan
grandes
privile-
gios
,
que
Chilperico,
uno
de
sus
sucesores,
se
quejaba
de
que
los
obispos
eran
mas
reyes
ue
el,
Los
católicos
preferian
la
dominacion
to-
lerante
de
un
rey
pagano
al
gobierno
per-
seguidor
de
principes
hereges.
Muchos
obis-
os,
acusados
de
favorecer
secretamente
a
lbddreh,
fueron
arrojados
de
sus
iglesias
y
condenados
al
destierro
por
los
reyes
de
los
visigodos
y
borgoñones.
Matrimonio
de
Clodoveo
con
Clotilde,
(492.)
El
rey
de
los
francos
dió
poco
des-
pues
á
los
obispos
católicos
una
nueva
ga”
rantía
de
su
proteccion,
recibiendo
por
es-
sosa
á
Clotilde,
que
profesaba
la
misma
re-
ligion
.
Era
sobrina
del
bárbaro
Gundebaldo,
rey
de
Borgoña,
homicida
del
padre,
de
la
madre
y
de
los
hermanos
de
aquella
prince-
sa.
Si
se
ha
de
creerá
las
antiguas
crónicas,
al
autor
de
los
Hechos,
esta
union
en
que
consintió
Gundebaldo
,
mas
bien
por
temor
que
por
amistad,
se
negoció
con
mucha
astu=
cia.
Clodoveo,
quesabia
valerse
á
un
mismo
tiempo
del
rústico
valor
de
los
francos
y
de
la
diestra
politica
de
los
antiguos
vasallos
del
imperio,
dió
su
confianza
4
Aureliano
,
se-
Os
romano
,
á
quien
nombró
conde
de
(17)
|
Melun,
y
le
envió
en
secreto
a
Borgoña,
An-
reliano
llegó
,
disfrazado
de
mendigo,
4
Gi-
nebra,
donde
residian
Clotilde
y
su
herma-
na:
como
eran
caritativas
y
visitaban
a
los
ROREeS
,
el
ministro
de
Glodoveo
tuvo
Jugar
e
hablarlas
y
de
»edir
á
Clotilde
una
au-
diencia
particular.
En
ella
le
dijo
que
el
rey
de
los
franeos,
enamorado
de
la
fama
de
sus
virtudes
y
hermosura,
estaba
resuelto
á
so-
licitar
su
mano;
pero
que
antes
de
dar
paso
alguno
en
público
,
queria
estar
seguro
de
su
consentimiento.
€
otilde
,
que
no
podia
amar
4
su
tio,
enemigo
de
su
fe,
y
asesino
de
su
familia,
acogió
favorablemente
la
pre-
tension
de
un
rey
coronado
por
la
victoria,
acepto
el
anillo
real
de
Glodoveo,
dió
en
cambio
el
suyo
por
prenda
de
su
fe
,
re-
galó
algunos
sueldos
de
oro
al
emisario,
CU-
ya
clase
ignoraba,
y
le
hablo
asi:
«Decid
á
vuestro
principe,
que
si
desea
mi
mano
de-
be
apresurarse
á
pedirla
á
Gundebaldo
,
mi
tio,
antes
que
yuelya
su
ministro
Aridio,
que
está
en
Constantinopla.
Aridio
es
roma-
no
y
enemigo
de
yuestra
nacion
;
y
si
estu-
viese
de
yuelta,
desbarataria
vuestro
desig-
nio.»
Aureliano
partió
,
siempre
con
el
mis-
mo
disfraz.
Al
llegar
al
Orleanés
se
le
juntó
un
mendigo
yerdadero
,
y
le
robó
los
rega-
los
de
Clotilde;
pero:
entonces
se
hallaba
cerca
de
su
castillo,
fueáñ
el
con
prontitud,
y
envio
sus
esclayos
en
perseguimiento
del
ladron
,
y
lo
prendieron.
A
de
,
infor-
mado
de
las
disposiciones
favorables
de
Clo-
TOMO
XII.
(18)
“tilde,
hizo
pedirla
públicamente
por
esposa
*
al
rey
de
Borgoña.
Gundebaldo
,
sorpren-
dido
de
esta
solicitud
,
recibió
con
frialdad
á
los
embajadores
:
estos
insistieron,
y
dije=
“ron
que
lá
princesa
estaba
y
desposada
con
Clodoveo.
El
rey
indigna
postores,
y
rehusó
formalmente
su
consen-
timiento
al
matrimonio:
los
francos
le
res-
pondieron
con
amanazas,
y
de
entrambas-
partes
se
preparaba
la
guerra;
pero
los
se-
nadores
borgoñones,
que
temian
el
poder
de
Clodoveo
,
suplicaron
a
Gundebaldo
que
e-
vitase
un
rompimiento
tan
funesto.
«Se
ha-
bla,
le
dijeron,
de
un
contrato
secreto:
¿quién
sabe
sies
verdad?»
Gundebaldo
man-
do
Hamar
4
su
sobrina
Clotilde
,
que
le
de-
claró
el
trueque
misterioso
de
los
anillos.
El.
rey
de
Borgoña
estaba
incierto
entre
la
pru-
dencia
y
la
ira;
pero
el
voto
unánime
de
los
o
los
llamó
im-.
grandes
de
su
corte
le
obligó
á
consentir
en
“el
casamiento
de
su
sobrina.
Clotilde
salió
¡
ara
Fraucia,
y
encargó
á
los
embajadores
de
Clodoveo
que
acelerasen
el
viage
,
por-
que
acababa
de
saber
que
Aridio
habia
des-
embarcado
pocos
dias
antes
en
Marsella.
Sus
temores
eran
fundados.
Aridio
fue
“aceleradamente
á
Ginebra,
ysabiendo
del
rey
la
noticia
del
casamiento
y
partida
de
Clo-
tilde
,
«Vos
creeis,
le
dijo,
que
ese
lazo'se-
rá
la
prenda
de
una
alianza
y
ronostico
que
será
para
vuestra
amilia
y
a
Borgoña
fuénte
de
guerra
y
de
calamis
dades.
Habeis
quitado
la
vida
al
padre
y
9.
urable
:
yo
0%
(19)
los
hermanos
de
esta
princesa:
hicisteis
aho-
gar
en
las
aguas
a
su
madre:
Clotilde
está
os
fendida,
y
las
armas.
de
Clodoveo
vengaran
sus
ofensas.
Aun
es
tiempo,
prevenid
estas
«desgracias
:
enviad
con
prontitud
soldados
que
hagan
volvera
vuestra
sobrina.
Si.Clo-
doyeo
casa.cun
Clotilde,
los
francos
adoptar
ran,su
querella,
y
su
.espada
temible;ame-
nazará
siempre
4.
vos
y
4
vuestros
descen-
dientes.»
Gundebaldo.
siguió.
este
:
consejo;
pero.cuando,sus
tropas
llegaron
alas
fronte-
.ras
de
Borgoña,
Clotilde
estaba
ya
en
los
es-
tados
de
su
esposo.
No
tardo
esta
princesa
en
justificar
la
prediccion
de
Aridio.:
apeuas
se
viócen
los
limites
de
los
dominiós
de.su
tio
,
exigió
de
los
francos
que
la
acompaña-
ban,
que
hiciesen
guerra
¿aquella
parte
del
territorio
de
Borgoña.
Las
menores
circuns-
tancias
del
casamiento
y
conversion
de
Clos
doveo
han
escitado
siempre
el
mas
vivo
in-
teres;
y
la
narracion
de
las
crónicas
france-
sas,
mas
0
menos
conforme,
dla
verdad,
debe
conservarse
,
porque
pinta
las
costum-
bres
del
siglo.
,
,
Nacimiento
de
Clodomiro
,
hijo
de
Clo-
doveo.
(193.)
Gelebróse
el
casamiento
de
Clodoyeo,
y
esta
union
aumentó
el
afecto
que
le
profesaban
el
clero
y
el
pueblo
de
Ar-
mórica.
Goncluyó
un
tratado
con
las
ciuda-
des
que
aun
no
se
habian
sometido.
Proco-
pi
A
que
en
él
se
estipuló
la
reunion
de
as
tropas.
romanas
al
ejercito
franco;
pe-
ro
conservando
el
órden,
disciplina,
ves-
(20)
tido
y
calzado
de
las
legiones.
Desde
que
Clotilde
fue
reina
se
valió
de
toda
la
influencia
del
amor
para
persuadir
á
|
Clodoveo
á
abrazar
la
religion
cristiana.
El
rey
,
0
por
conviccion
0d.
por
política,
resis
tió
por
mucho
tiempo
á
sus
instancias
,
te=.
miendo
quiza
desagradar
á
su
nacion
si
re-
nunciaba
á
sus
idolos.
Sin
embargo
,
movido
¡
de
las
súplicas
de
su
muger,
le
permitió
bau-
tizar
a
Ingomero
,
si
primer
hijo.
El
miño
-
diz
despues
,
y
Clodoveo
irritado
|
dijo
á
Clotilde
:
«Si
el
niño
se
hubiese
ofre-
cido
á
mis
dioses
estaria
vivo.»
Despues,
ha-=
biendo
dado
á
luz
la
reiva
otro
hijo,
llama-
do
Clodomiro,
le
bautizó
tambien,
cayó
en-
fermo
el
infante,
y
laira
del
rey
aumentó;
ero
las
oraciones
de
su
madre,
dice
san
Gregorio
de
Tours,
le
alcanzaron
la
salad,
se
calmo
el
enojo
de
Clodoveo.
El
Loira
frontera
de
la
monarquia
de
los
francos.
(494.)
Hasta
entonces
los
gefes
de
los
francos
cousumian
en
la
ociosidad
el
tiempo
que
no
empleaban
en
la
guerra;
pe-
ro
Clodoyeo
era
superior
á
su
pueblo
y
¿su
siglo
,
y
cuando
su
espada
descansaba,
el
ce-
tro
era
activo,
y
velaba
para
fundar
sobre
leyes
un
imperio
durable.
Ningun
acto
nos
hace
conocer
de
qué
manera
repartid
las
tierras
conquistadas.
Los
historiadores
solo.
ofrecen
-conjeluras
acerca
de
este
asunto.
Muchos
creen
que
imitóo
áldos
godos
y
bor=-
oñones
,
lo
que
hubiera
puesto
en
poder
de
los
francos
las
dos
terceras
partes
de
las
(21)
tierras
de
Galia.
Dubos
piensa,
que
siendo
Clodoveo
mas
bien
aliado
que
conquistador
de
las
Armóricas
,
respetó
sus
propiedades.
Pero
estos
son
sistemas
que
no
enseñan
tan-
to
como
los
hechos.
Clodoveo
habia
conquistado
á
fuerza
de
armas
los
paises
de
Reims
y
¡Soissons.
Otra
parte
de
las
Armóricas
se
le
habia
sometido
por
un
tratado:
el
ejército
de
los
francos
no
era
muy
numeroso.
Las
tierras
que
pertene-
cian
en
cada
ciudad
al
fisco,
es
decir,
al
do-
minio
del
imperio,
quedaron
por
necesidad
bajo
el
señorio
de
Clodoveo.
La
bienes
de
los
compañeros
de
Siagrio
,
vencidos
en
la
lid
,
cayeron
con
sus
A
,
por
el
dere-
cho
de
la
guerra,
en
poder
de
sus
vencedo-
res;
y
ciertamente
E
premiar
enriquecer
la
pequeña
tribu
de
los
salios.
Se
sabe
que
el
rey
de
los
francos,
en
vez
de
oprimir
á
los
romanos
,
se
valid
de
las
armas
de
los
que
quisieron
entrar
en
su
servicio,
y
que
admitió
muchos
en
la
clase
de
leudes
y
ministros
suyos.
Hemos
visto
que
Aureliano
poseia
como
beneficio
el
castillo
de
Melun
y
el
titulo
de
conde.
Todos
los
patricios
de
Galia
que
no
le
resistieron,
fueron
elevados
á
la
dignidad
de
comensales
suyos:
clase
pri-
vilegiada
por
la
disposicion
de
la
ley
sálica.
Los
obispos
de
Galia
eran
casi
todos
ro-
manos;
y
en
vez
de
despojarlos
aumentó
sus
dominios
y
les
dió
tierras.
En
fin,
para
in-
corporar
poco
á
poco
una
nacion
con
otra,
empleó
sucesivímente
los
medios
de
hiumi»
(22)
llar
4
los
que
permanecian
obedientes
á
la
ley
romana
,
y
favorecer
á
los
que
adopta-
ban
la
sálica,
agregandose
a
los
francos.
Los
que
se
ostinaban
en
resistirle,
eran
castigados
con
el
robo
,
la
confiscacion
y
la
servidum-=
bre:
la
Auvernia
lo
esperimentó
cruelmente
cuando
reunió
sus
tropas
a
las
de
los
visigo=-
dos
para
pelear
contra
Clodoveo.
|
|
|
'
Clodoveo
,
habiendo
puesto
los
limites
de
su
imperio
en
el
Loira,
llevó
sus
armasá.
Bretaña.
Gregorio
de
Pours
dice
que
uno
de
|
sus
generales
sitió
a
Nantes
:
los
bretones
previnieron
su
ruina
concluyendo
un
trata-
do
de
paz.
Parece
que
dedo
esta
época
a=
quella
provincia
quedo
casi
independiente,
y
mas
bien
aliada
que
sometida,
gobernan-
dose
por
sus
propios
gefes
que
tuvieron
los
titulos
de
conde
y
de
duque.
Guerra
con
los
alemanes
:
batalla
de
Tolpiac:
(496.)
Bien
pronto
un
nuevo
ene-
migo,
mas
formidable
que
todos
los
que
ha-
bia
vencido
Clodoveo,
vino
á
acometerle
y
á
conmover
su
poder
mal
afirmado
todavia»
Los
alemanes,
pueblo
numeroso
y
guerrero,
oseian
los
paises
situados
al
norte
de
Gine-
23
,
entre
el
lago
de
este
nombre
y
el
mon-
te
Jura.
Envidiosos
de
los
borgoñones
,
de
los
godos
y
de
los
francos,
y
o
re-
par
con
ellos
los
despojos
de
Galia,
ha-
¡an
pasado
el
Rhin
en
480,
y
apoderádose
A
A
a
A
y
STO
e
Tn
de
una
parte
de
Alsacia.
Reuniéronse
4
los
suevos,'
é
invadieron
la
segunda
Germania,
|
veupada
entonces
por
Sigeberto,
rey
de
Co*
9
4
he
h
(23)
lonia,
pariente
de
Clodoveo
y
gefe
de
los
francos.
ripuarios.
Este
principe
imploró
el
anxilio
de
Clodoveo,
que
acudió
al
frente
de
sus
intrépidos
francos
y
de
las
legiones
ar-.
moricas.
Reunidoslos
ejércitos,
encontraron.
a
los
alemanes
cerca
de
Tolpiac
,
llamada
hoy
Zulpik,
á
cinco
leguas
de
Colonia:
alli
se
dieron
una
batalla
sangrienta,
en
la
cual
pareció
indeciso
por
mucho
tiempo
el
des-
tino
de
Francia.
be
una
y
otra
parte
com-
batian
cuerpo
á
cuerpo
los
enemigos
mas
en-
carnizados
del
imperio
sobre
sus
últimas
re-
liquias.
Enmedio
de
una
sangrienta
lid,
en
la
cual
cada
guerrero
estaba
resuelto
á
per-
der
la
vida
antes
quela
victoria,
recibid
Si-
geberto
una
profunda
herida,
que
le
dejó
impedida
para
siempre
una
pierna
:
sus
COm-
pañeros
le
sacaron
del
combate
,
quedando
descubierto
con
su
retirada
el
flanco
de
los
salios.
Los
francos
,
ostigados
por
todas
par-
tes,
comienzan
á
cejar
:
en
vano
Clodoveo,
haciendo
prodigios
de
fuerza
y
valor,
pro-
cura
volverlos
a
la
accion
:
por
la
primera
vez
desatienden
sus
palabras
y
se
les
va
la
victoria
de
entre
las
manos.
Entonces
Áure-
liano
aconsejó
al
rey
que
invocase
al
Dios
de
Clotilde
,
que
era
quien
únicamente
podia
darle
el
triunfo.
El
rey
de
los
salios.,-levan-
tando
los
ojos
al
cielo,
pronunció
estas
pala”
bras,
citadas
por
Gregorio
de
Tours:
«Dios
de
los
cristiamos,
si
socorres
á
los
que
te
im-
ploran
,
y
coronas
á
los
que
confiau
en
tl,
yo
me
acojo
atu
poder.
Si
me
concedes
la
e
pa
AS
victoria,
yoteadoraré.
En
vano
he
invocado
mis
dioses
:
merehusan
su
proteccion,
0
no
tienen
poder
:
ahora
te
invoco
a
tii
concé-
deme
á
un
mismo
tiempo
la
victoria
y
la
fe.»
Esta
oracion
escita
el
entusiasmo
de
las
le-
giones
galas:
su
ardor
y
su
ejemplo
reaniman
el
valor
de
los
francos.
Héíntidod
unos
y
0-
tros,
vuelven
impetuosamente
contra
el
ene-
migo
:
nada
resiste
á
su
choque
violento:
los
alemanes
son
desbarátados
:
su
rey
cae
cu-
bierto
de
heridas
:
los
vericidos
atemoriza-
dos
tiran
las
armas,
y
se
someten
á
la
auto-
ridad
de
Clodoveo,
que
los
mando
volverse
á
sus
hogares.
Despues
les
restituyó
su
inde-
pendencia:
los
que
quisieron
permanecer
en
Galia
fueron
vasallos
suyos
,
pero
uo
escla-
vos.
Debieron
esta
mejora
en
su
suerte
al
rey
de
Italia,
cuya
proteccion
imploraron.
Teodorico
,
tan
célebre
como
Clodoveo
por
sus
conquistas,
y
superior
en
luces
y
vittudes
,
hacia
¿Ivi
a
Roma
la
caida
de
sii
potencia,
y
la
vergonzosa
deposicion
de
su
último
emperador.
Civilizaba
a
los
go-
dos,
los
mantenia
con
firmeza
sumisos,
res-
petaba
las
leyes
romanas
,
daba
al
senado
una
sombra
de
libertad
,
se
instruia
con
los
consejos
del
ilustre
y
sabio
Casiodoro;
y
con
la
proteccion
de
su
justicia
imparcial,
los
vencedores
y
vencidos
,
admitados
de
su
u-
nion
,
daban
á
Italia
el
reposo
y
seguridad
que
la
debilidad
de
los
últimos
césares
ha-
bia
desterrado
durante
tantos
años.
La
revo-
lucion
que
sé
preparaba
en
Galia,
no
se
es-
|
a
id
ici
a
TAR
(25)
condia
al
genio
vasto
y
penetrante
de
Teo-
dorico:
Tenia
la
vista
fija
en
Clodoveo
:
re-
celó
que
este
jóven
héroe,
vencedor
de
los
rotanos
de
Ármórica,
y
espanto
ya
de
Ger-
mania,
destruyese
el
poder
de
los
visigodos;
y
nuevo
Brenno
,
atemorizase
a
Italia
con
nueva
invasion
de
los
galos.
Resuelto
á
opo-
nérsele
,
empleó
sucesivamente
para
conte-
nerle
la
persuasion
y
la
fuerza
,
y
lisonjeo
su
orgullo
con
elogios
al
mismo
tiempo
que
se
disponia
á
hacerle
guerra.
Uni¿se
a
él
con
los
lazos
del
parentesco
,
tomando
por
E
a
Audefleda,
hermana
de
Clodoveo:
dio
su
hija
en
matrimonio
4
Alárico
,
rey
de
los
vi-
sigodos
,
y
resolvió
abandonar
solamente
la
Borgoña
á
la
ambicion
del
rey
de
los
francos,
con
tal
que
consintiese
en
repartir
con
él
los
despojos.
Su
primer
cuidado
fue
exhortarle,
despues
de
la
batalla
de
Tolpiac
,
á
no
pro-
seguir
su
venganza
contra
los
alemanes;
y
á
este
fin
le
escribió
en
los
términos
siguien=
tes:
«La
alianza
gloriosa
que
me
une
con
vos,
me
obliga
a
daros
la
enhorabuena
del
nuevo
esplendor
que
la
fama
de
la
nacion
franca,
harto
tiempo
estacionaria,
ha
recibido
de
vuestras
victorias.
Vuestra
mano
invencible
ha
sometido
á
los
pueblos
alemanes,
derri-
bando
sus
mas
ias
guerreros.
Deseo
que
vuestra
moderacion
perdone
á
los
ven-
cidos
:
sus
reliquias
fatigadas
buscan
asilo
bajo
la
rad
A
de
un
principe
unido
á
vos
por
los
lazos
del
parentesco.
Perdonad,
pues,
á
estos
desgraciados
que
temen
vues-
(26)
tra
espada,
y
se
ocultan
en
mis
fronteras.
¿No
es
triunfo
bastante
honorífico
para
vos
haber
espantado
de
tal
manera
á
estos
ale-
manes,
por
tanto
tiempo
formidables
,
que
os
pidan
la
vida
como
un
favor?
Debe
bas-
taros
el
mirar
abatido
en
vuestra
presencia
el
orgullo
de
este
pueblo,
y
su
principe
der-
ribado
por
vuestro
brazo.
De
tantos
guerre-
ros
innumerables,
áunos
destruyó
la
espada,
otros
sufren
la
esclavitud.
Dignaos
de
per-
donar
sus
débiles
restos.
Para
exhortaros
á
ello,
saludándoos
con
el
afecto
y
honor
que
se
os
deben,
enviamos
á
vuestra
escelencia
embajadores,
á
los
cuales,
segun
esperamos,
recibireis
con
vuestra
benevolencia
acos-
tumbrada.
Nos
lisonjeamos
de
que
gozarán
en
vuestros
estados
los
derechos
de
la
hos-
Pesa
,
y
lograrán
respuesta
favorable.
es
hemos
encargado
que
os
hablen
confi-
dencialmente
de
los
negocios
que
os
intere-
san
,
y
que
es
mejor
tratar
de
palabra
que
9
escrito.
Hemos
escogido
para
esto
los
ombres
mas
capaces
de
satisfacer
las
miras
de
entrambos
;
porque
hemos
deseado
ar-
dientemente
que
triunfasejs
,
como
si
vues-
tros
triunfos
fuesen
parte
de
nuestra
gloria;
y
todas
las
felicidades
de
que
gocvis,
nos
pa-
recerán
ventajas
ciertas
para
el
reino
de
Ita-
lia.»
Clodoveo
,
6
por
deferencia
4
Teodo-
rico,
ú
ocupado
entonces
en
otros
designios,
no
llevó
sus
armas
al
ótro
lado
del
Rhin,
ya
volyidásu
corte,
donde
Clotilde
le
instó
con
ardor
á
que
colmase
sus
votos,
abjurando
el
(97)
|
culto
de
los
idolos.
San
Remi
,
obispo
de
Reims,
llamado
por
la
reina,
favoreció.
sus
esfuerzos,
é
instruyó
al
rey
en
la fe
cristia-
na.
Este
principe
vacilaba
aun,
temiendo
la
adbesion
de
su
pueblo
al
cultoantiguo;
pero
en
fin,
vencido
por
las
súplicas
del
obispo
y
de
la
reina,
4
determinado
por
la
necesidad
de
afirmar
su
dominacion
en
Galia
adoptan-
do
la
religion
del
pais,
reune
á
los
francos,
y
les
persuade
con
energia
el
poder
del
Dios
de
los
ejércitos
,
que
les
habia
dado
la
vic-
toria
contra
los
alemanes.
Las
palabras
del
efe
fueron
leyes
para
los
francos,
y
Clotil-
de
era
sagrada
para
ellos
desde
que
creyeron
que
debian
el
triunfo
al
Dios
que
ella
ado-
raba.
Apenas
hablo
el
rey,
cuando
todos
sus
uerreros,
hiriendo
con
las
hachas
los
escu-
dos,
esclamaron
llenos
de
ardor
:
«Renun-
ciamos
al
culto
de
dioses
perecederos,
y
re-
conocemos
el
Dios
eterno
que
Clotilde
ado-
ra,
y
que
el
obispo
Remi
nos
predica.»
Al
punto
se
dispone
todo
para
el
bautismo
del
principe
y
de
su
ejército.
Gonviértese
un
terreno
estendido
en
pila
bautismal
:
las
pa-
redes
que
la
rodean
se
cubren
de
paños
y
telas
ricamente
bordadas
:
preparanse
las
fuentes,
enciéndense
los
cirios,
y
el
incien-
so
humea.
El
nuevo
Constantino
(asi
le
lla-
ma
Gregorio
de
Tours,
á
quien
debemos
la
'
descripcion
de
esta
gran
ceremonia)
se
a-
cerca
respetuosamente
al
obispo.
Remi,
ves-
tido
de
los
ornamentos
pontificales,
antes
de
derramar
Sobre
la
frente
de
Clodoyeo
el
E
(28
oleo
sagrado,
le
dirige
estas
palabras
:
«Fie-
ro
sicambro
,
humilla
tu
corazon
y
baja
la
victoriosa
cerviz
ante
el
Eterno
que
te
es-
cucha.
Júrale
adorarlo
en
los
templos
que
quemabas
,
y
quemar
los
idolos
que
adora=
bas.»
Clodoveo
arrodillado
pronuncia
el
ju-
ramento
,
como
tambien
sus
dos
hermanas
Arbofleda
y
Teuschilde.
Al
mismo,
instante
lo
repiten
3.000
guerreros
y
gran
multitud
de
mugeres
y
niños.
Pues
en
este
célebre
dia
se
bautizaron
solamente
3.000
soldados,
y
no
consta
de
ningun
escritor
quelo
restante
de
la
nacion
se
opusiese
:
parece
indudable
que
la
tribu
de
los
salios
era
muy
poco
nu-
merosa
:
lo
que
favorece
la
opinion
de
algu-
nos
historiadores
,
segun
los
cuales,
despues
de
la
derrota
de
Siagrio,
Clodoveo
se
hizo
dueño
de
las
Armóricas
mas
bien
por
el
a-
mor
que
le
tenian,
que
por
el
temor
de
sus
armas.
Le
habria
sido
imposible
vencerá
100.000
alemanes,
sino
hubiese
tenido
por
auxiliares
las
milicias
de
Galia
y
las
legiones
romanas
de
Armórica;
pues
las
tropas
de
las
demas
tribus
francas
no
pasaban
da
20.000
hombres.
La
conversion
y
bautismo
de
Clo-
doveo
acabaron
de
conciliarle
el
afecto
de
todos
los
galos,
sobre
los
cuales
ejercian
los
obispos
católicos
una
grande
influencia.
E
entonces
tuvo
en
los
estados
de
los
principes
visigodos
y
borgoñones
muchos
y
poderosos
amigos.
La
fe
del
belicoso
Clo-
doveo
fue
sincera;
pero
todavia
luchaban
en
su
alma
las
ásperas
costumbres
de
las
sel-
(29)
vas
germánicas
con
las
lnces
de
la
civiliza-
cion,
y
bajo
el
velo
blanco
que
cubria
al
ea-
tecúmeno,
se
dejaba
ver
la
segur
del
si-
cambro.
Un
dia
predicaba
san
Remi
en
pre-
sencia
suya
de
da
pasion
del
Salvador;
y
cuaudo
describió
la
crucifixion,
Clodoveo
se
levautó
impetuosamente
esclamando
:
«¿A
dónde
estabamos
entonces
mis
francos
y
yo?
Con
nuestras
franciscas
hubieramos
estermi-
nado
a
los
homicidas
del
Señor.»
Al
mismo
tiempo
consagró
san
Remi
al
rey
delos
francos.en
la
iglesia
de
Reims.
En
esta
ocasion
se
divulgó
la
anécdota
milagro-
sa
de
la
santa
ampolla
,
acreditada
por
la
narración
de
Hincmaro,
arzobispo
de
Reims
en
el
siglo
IX
:
el
cual
cuenta,
que
no
ha-
biendo
legado
á
la
hora
que
se
le
habia
di-
cho
el
eclesiástico
que
debia
traer
el
oleo
sagrado
,
san
Remi,
afligido
por
este
acci-
dente
,
inyocó
el
socorro
celestial
,
y
que
al
punto:se
vió
venir
por
el
aire
una
paloma
blanca
como
la
nieve,
que
le
entregó
una
Jfiola:9
ampolla,
llena
de
aceite,
cuyo
olor
suave
embalsamaba
el
viento.
Desde
enton-
ces
Clodoveo
fue
celebrado
por
los
católi-
cos
como
el
héroe
y
el
Macabeo
de
la
Igle-
sia.
Eúmenes
,
sacerdote
romano
;,
le
trajo
al
mismo
tiempo
una
carta
del
papa,
conce-
bida
en
estos
términos
:
«4nastasio,
obis
10,
4
nuestro
ilustre
y
glorioso
hijo
Clodoveo.
Enviamos
á
vuestra
serenidad
el
sacerdote
Eúmenes
para
deciros
con
qué
satisfaccion
hemos
sabido/el
homenage
que
tributais-
al
(30)
Padre
de
los
humanos.
Esperamos
que
vues-
tras
buenas
obras
crecerán
y
se
multiplicarán
sin
cesar.
Asi
colmareis
nuestra
ventura
y
se-
reisnuestra
verdadera
corona:
estendereis
la
prosperidad
de
la
Iglesia
nuestra
madre,
que
tan
felizmente
ha
hecho
¿un
rey
tan
gran-.
de
renacer
en
Jesucristo,
Sed,
pues,
perpé-
tuamente
el
instrumento
de
sus
ias
oh
noble
y
glorioso
hijo
muestro,
y
su
columúa
férrea:
para
ella
os
conserye
siempre
en
sus
caminos
,
y
0s
conceda
yictoria
de
vuestros
enemigos»
Desde
entonces
Clodoyeo
y
sus
sucesores
conservaron
el
titulo
de
hijos
pri-
mogenitos
de
la
Iglesia,
El
rey
de
los
fran-
cos
fechaba
asi
sus
cartas:
el
año
16
de
nues-
troreinado,
y
ell
2
despues
de
nuestro
bau-
tismo.
Poco
tiempo
despues
de
la
conversion
de
los
francos
se
hicieron
sospechosos
alos
visigodos
los
obispos
católicos
por
ser
fayo-
rables
á-Clodoveo:
Volusiano,
obispo.
de
Tours,
fue
echado
de
su
silla
y
desterrado
a
España.
El
rey
de
los
francos
defendis
con
ardor
la
causa
de
los
perseguidos
contra
los
perseguidores;
lo
que
originó.
entre
Alávico
y
Clodoveo
desavenencias
que.
mas
tarde
decidieron
las
armas.
Pero
antes
que
llega-
sen
á
una
guerra
abierta,
quiso
fortificarse
Clodoveo
con
nuevas
conquistas
;
y
por
eso
hizo
alianza
ofensiva
con
sweuñado
Teodo-
xico,
rey
de
Italia,
contra
Borgoña.
Por
es-
te
tratado
se
convinieron
que
los
paises
con--
quistados
se
repartician
entre:francos
y
05-
trogodos
:
que
los
aliados
entrarian
a
un
|
(31)
mismo
tiempo
en
Borgoña,
y
que
el
último
que
llegase
pagaria
al
otro
una
indemnbiza-
cion
pecuniaria.
Guerra
de
Borgoña.
(499.)
Clodoveo
no
ignoraba
la
division
que
habia
entre
losprin-
“cipes
borgoñones,
y
se
aprovechó
de
ella
con
artificiosa
politica.
Persuadió
con
mag-
vificas
promesas
á
Godegisilo,
hermano
de
Gundebaldo
,
4
que
tratase
con
el
directa-
mente,
y
juntase
sus
armas
á
las
de
los
fran-
cos
cuando
llegase
la
ocasion.
Gundebaldo
no
sospechaba
la
perfidia
de
su
hermano
;
pero
amedrentado
de
la
tem-
pestad
que
le
amenazaba,
y
del
poder
for-
midable
de
sus
enemigos
,
creyó
quitarles
pretestos
plausibles
de
guerra
y
grandes
me-
dios
de
victoria,
reconciliando
los
católicos
de
sus
estados
con
los
arrianos.
Para
lograr
este
objeto
reunió
Jos
obispos
en
Leon,
y
dijo
á
los
católicos:
«¿Por
qué
no
empleais
vues-
tra
influencia
en
desarmará
Clodoveo
Y
ese
liga
con
mis
enemigos
para
perderme?»
El
obispo
Avito
le
PaRptomiió
:
«Nosotros
igno-
ramos
los
motivos
politicos
de
los
reyes;
pe-
ro
la
santa
Escritura
nos
enseña
que
el
des-
recio
de
la
ley
divina
causa
muchas
veces
la
ruina
de
los
estados.
Dejad
de
ser
enemi-
go
de
Dios,
y
os
favorecerá.
Reconciliaos
con
él,
y
estareis
en
paz
con
los
hombres.»
Batalla
de
Dijon.
(500.)
Esta
respuesta
debió
convencer
á
Gundebaldo
cuán
nece-
sario
le
era
adoptar
la
religion
del
mayor
nú-
mero
de
sus
Vasallos,
si
queria
hacer
la
guer-
32
ra
con
buen
éxito.
Só
y
tropas
de
Clodoveo
estaban
en
marcha
,
y
los
ostrogodos
por
su
parte
habian
pasado
los
Alpes
y
amenazaban
a
Provenza.
Gúndebaldo
reunió
su
ejército
llamó
en
su
socorro
á
Godegisilo
:
este
fin-
gio
pérfidamente
querer
participar
de
sus
|
peligros,
se
apresuró
á
juntarse
con
él,
y
uno
y
otro
se
acamparon
a
vista
de
Dijon.
Los
francos
no
tardaron
en
llegar
,
y
se
empeñó
el
combate.
La
victoria
no
fue
in-
cierta
por
mucho
tiempo;
porque
en
el
mismo
momento
que
Glodoyeo
atacaba
de
frente
al
rey
de
los
borgoñones
,
el
traidor
Godegisilo
le
acometió
por
el
flanco,
y
le
derrotó
completamente.
Gundebaldo
huyó,
y
se
refugió
en
Aviñon,
donde
le
sitió
Glo-
doveo3
y
durante
el
cerco,
Godegisilo:se
apoderó
de
los
estados
de
su
hermano;
fue
proclamado.rey
en
Viena,
que
era
la
capital,
y
prometió
de
á
los
francos
una
parte
de
Borgoña.
Gundebaldo
se
defendiacon
valor;
perola
falta
de
vivereshaciainevitablesu
pró-
xima
ruina.
En
este
peligro
debió
su
salud
al
prudente
artificio
desu
ministeo
Aridio.
Este
romano,
fingiendo
que
abandonaba
su
par-
tido,
pasó
4
los
reales
de
Clodoyeo,
y
en
breve
ganó
su
confianza
;
cuando
le
yio
fa-
vorablemente
dispuesto
,
y
ademas
cansado
de
muchos
asaltos
inútiles,
le
dijo:
«Aviñon
es
plaza
demasiado
fuerte
para
que
la
podais
tomar.
Mientras
que
asolais
inútilmente
el
pais,
donde
dentro
de
poco
no
hallareis
sub-
sistencias
,
dejais
espuestos
vuestros
estados
(33)
á
las
empresas
de
Alárico.
Apresuraosá
ter-
minar
esta
guerra,
tomando
una
resolucion
mas
noble
y
provechosa.
Imponed
tributo
á
Gundebaldo,
y
concededle
la
paz
á
ese
pre-
cio.
¿Qué
arriesgais?
Si
acepta
esas
condicio-
nes,
quedará
sometido
y
será
vuestro
vasallo:
si
se
niega
á
ellas,
continuareis
el
sitio,
y
empleareis
la
fuerza
de
vuestras
atimas
para
rendir
la
ciudad
Clodoveo
adoptó
este
consejo
,
y
el
tra=
tado
se
concluyó.
Gundebaldo
pagó
el
pri-
mer
año
del
tributo
exigido
;
pero
apenas
el
rey
de
los
francos
se
alejó,
violando
la
fe,
volvió
a
tomar
las
armas
,
y
llevó
sus
tropas
á
Viena
con
suma
rapidez
para
sorprender
alli
ásu
hermano.
Godegisilo,
informado
á
tiempo
de
su
proyecto,
estaba
preparado,
y
rechazó
valerosamente
sus
ataques
:
enton-
ces
el
sitio
se
convirtió
en
bloqueo.
La
ciu-
dad,
afligida
de
hambre,
se
vió
obligada
en
pocos
dias
para
prolongar
su
resistencia
á
echar
fuera
las
bocas
inútiles.
Entre
estos
des.
terrados
habia
un
fontanero,
que
irritado
de
que
le
hubiesen
espelido
de
su
casa,
descu-
brió
4
Gundebaldo
un
antiguo
canal
subterrá-
neo,
por
el
cual
penetraron
de
noche:sus
tro-
pas
dentro
de
la
plaza.
Los
habitantes
ven
deimproviso
á
los
enemigos
escalar
por
una
parte
las
murallas
,
y
por
otra
ocupar
plazas
y
calles.
Refúgianseamedrentados
á
los
tema
plos.
Gundebaldo
los
redujo
á
cenizas,
y
Go-
degisilo
pereció
en
uno
de
ellos.
Soló
una
tropa
de
franeos/
que
servia
bajo
sus
órdenes,
TOMO
XIII,
3
(34)
3
consérvd
enmedio
de
este
desastre
herdica
intrepidez,
y
debió
la
vida
á
su
valor.
En-.
cerráronse
en
una
torre,
y
pelearon
con
tan=.
ta
furia,
que
cansaron
al
vencedor,
le
obli-.
garon
á
admirarse
de
su
brio,
y
obtuvieron
de
él
honrosa
capitulacion.
d
Paz
con
Borgoña.
(501.)
Teodorico,
du-
rante
el
curso
de
esta
guerra,
habia
conquis-.
tado
muchas
ciudades
del
mediodia.
En
la
paz
quedo
señor
de
Marsella
y
su
territorio,
y
de
todo
el
SS
situado
entre
el
Mediter=
ráaneo,
el
Ródano,
el
Durance
y
los
Alpes.
Gundebaldo,
corregido
porla
desgracia,
fue
despues
mas
humano
para
con
sus
pueblos,
y
les
dió
un
código,
Mamado
la
ley
Gombe--"
ta,
cuyas
disposiciones,
favorables
á
los
ro-
|
manos,
los
preservaban
de
la
opresion
de.
los
arrianos.
Recobedg
la:
mayor
parte
de
su.
reino
,
se-reconcilió
con
Clodoveo
,
le
juró
vasallage,
y
terminó
pacíficamente
su
largo
reinado
,
Cuyo
principio
fue
mancillado
con
tantos
crimenes.
Desde
que
Teodorico
se
vió
poseedor
de
la
antigua
provincia
romana,
|
merecido
tantos
elogios
de
los
historiadores
de
Italia.
«Debeis,
les
dijo,
obedecernos,
-
nO
COmo
cautivos,
sino
como
hombres
libres.
j
Volved
á
las
costambres
romanas,
casi
olvi-
dadas
“entre
vosotros
+
renunciad
á
los
usos,
idioma
y
trage
delos
bárbaros
,
y
sobre
to
do'ú
su
crueldad.
No
conviene
que
en
nues-
tro
remo,
fundado
sobre
la
justicia,
0
A
A
1abló
4
los
pueblos
conquistados
el
lenguage
que
ha.
”
(35)
en
su
patria
como
estrangeros
los
antiguos
romanos.
Resueltos
porel
amor
que
os
tene-
mos
a
promover
todo:lo
que
os
sea
útil,
he-
mos
escogido
para
gobernaros
4
Gemelo,
recomendable
por
su
talento
y
sus
virtudes.
Vuestra
prosperidad
será
el
objeto.
de
sus
afanes.
Obedeced,
pues,
sus
órdenes
como
si
fueran
nuestras.»
El
rey
de
Italia
,
menos
violento
y
mas
ilustrado
que
Clodoveo,
lo-
gró
todo
el
fruto
de
la
guerra
de
Borgoña,
en
cuyos
peligros
tuvo
poca
parte.
Despues
aplico
toda
su
solicitud
á
impedir
el
rompi-
miento
entre
el
rey
de
los
francos
y
el
de
los.
visigodos;
pero
no
pudo
conseguir
mas
que
retardarlo.
ms
Desavenencias
entre
Clodoveo
y
Alari-
co.(502.)
Alárico
perseguia
á
los
católicos:
Clodoyeo
los
defendia,
y
ya
de
las
amena-
zas
pasan
á
tomar
las
armas
,
cuando
Tegdo-
rico,
previendo
la
ruina
de
su
yerno,
y
te-
miendo
el
engrandecimiento
de
los
francos,
escribió
primero
á
Alárico
para
calmarle
elemen
«Aunque
vuestros
abuelos
,
le
decia,
vencedores
de
Atila,
os
hayan
trans-
mitido:su
valor,
no
espongais
temerariamen-
te
vuestras
tropas,
debilitadas
por
una
larga
paz,
á
los
trances
dela
guerra.
No
se
reco-
bran
facilmente,
una
vez
perdidas,
las
cos-
tumbres
militares.
No
deis
oido
4
las
pasio-
nes,
que
son
muy
malos
consejeros;
y
enga-
ñan
acerca
del
fin
que
proponen,
y
de
los
medios
que
aconsejan,
ds
guerra
es
el
ulti-
moremedio
que
debe
adoptarse
para
los
ma-
(36)
les
politicos.
Esperad
para
sacar
di
espada
|
contra
el
rey
de
Francia
á
la
respuesta
que
dé
4
mi
oferta
de
mediacion.
No
estais
obli-
gado
á
la
venganza
por
alguna
injuria
perso-
nal
ni
grave,
nipor
el
asesinato
de
algun
pa-
riente
:
solo
hay
entre
vosotros
rencillas
de
-
palabra,
fáciles
de
estinguir.
Dejadme,
pues,
tiempo
para
prevenir
a
Clodoveo
,
que
si
os
acomete
os
defenderé
á
pesar
de
los
vincu-
los
que
con
él
me
enlazan.
Acaso
no
se
re-
solverá
á
luchar
solo
contra
dos
naciones
be-
licosas.
Espero
que
no
será
sordo
a
mis
con-
sejos
:
los
hombres
mas
orgullosos
oyen
la
voz
de
la
justicia,
principalmente
cuando
les
habla
armado
de
un
acero
acostumbrado
á
vencer.»
Al
mismo
tiempo
reprendió
fuertemente
a
Clodoveo
las
violencias
contra
Alarico,
yerpo
suyo.
«La
mayor
alegria
,
le
dijo,
que
entrambos
podeis
dar
á
vuestros
enemigos
comunes,
esver
á
los
francos
y
visigodos
destrozarse
mútuamente.
Cada
uno
de
yoso-
tros
es
rey
de
una
poderosa
nacion
:
si
dais
oidos
á
los
que
os
incitan
á
la
guerra
,
con-
movereis
ambos
tronos,
y
vuestros
pueblos
maldecirán
en
vosotros
ese
impetu
temera-
rio
que
los
habrá
precipitado
en
una
lid
fu-
nesta.
Vuestro
ete
impaciente
abandona
con
demasiada
prontitud
los
medios
de
con-
ciliacion.
En
las
rencillas
de
los
parientes
es
costumbre
nombrar
árbitros
:
¿cómo
podeis
creer
tan
evidentes
vuestros
derechos,
cuan-
do
yo
dudo
todavía
de
su
justicia?
Estoy
re-
A
NN
lO
is
o
IS
mb
cr
MÁ
e
(37)
suelto
a
declararme
contra
el
de
vosotros
dos
que
deseche
mis
representaciones
pacificas.
Mis
embajadores
cerca
de
vuestra
escelen-
cia,
y
los
que
he
enviado
al
rey
mi
yerno,
tienen
órden
de
emplear
todos
los
medios
de
reconciliacion
y
de
impedir
que
los
francos
y
visigodos
se
destruyan
unos
á
otros.
Creed
que
este
consejo
es
dictado
por
una
sincera
amistad
;
porque
no
se
aconseja
asi
¿aquellos
cuya
prosperidad
se
envidia.»
El
orgullo
del
rey
de
los
francos
seirritaba
con
estas
repre-
sentaciones
prudentes,
seg
amenazadoras.
Alárico,
mas
docil;
cedió
al
consejo
de
su
suegro,
y
pidió
a
Clodoveo
una
conferen=
cia.
CGlodoveo
la
admitió
,
y
se
celebró
en
una
isla
del
Loira,
cerca
de
Amboise.
Los
dos
reyes
conferenciaron
,
comieron
juntos,
y
se
prometieron
ei
amistad,
que
du-
ró
poco.
Alárico
publicó
en
este
tiempo
el
código
de
los
visigodos;
y
pareciendo
en-
tonces
adoptar
el
sistema
de
la
tolerancia,
permitió
alos
católicos
celebrar
un
concilio
que
se
reunió
en
Agde,
siendo
su
presiden-
te
san
Gesario.
Peroarrastrado
poco
despues
por
sus
pasiones
y
las
de
los
arrianos,
reno=
vo
la
persecucion
,
y
descontentó
ademas
a
sus
pueblos
alterando
las
monedas.
Gregorio
de
Tours
asegura,
que
la
mayor
parte
de
los
galos
sometidos
4
su
dominacion
deseaban
que
los
francos
triunfasen.
Quinciano
,
obispo
de
Rodez,
fue
preso
y
acusado
de
haber
querido
entregar
la
cin-
dada
Glodoveo.
Este
,
mirando
aquella
vio-
(38).
lencia
como
una
injuria,
6
mas
bien
como
un
pretesto
favorable
,
convoco
la
junta
de
los
francos.
al.
campo
de
Marzo,
y
les.
dijo:
«¿Hasta
cuándo,
oh
compañeros
,
sufriremos
que
los
visigodos
nos
insulten,
y
que
losar=
rianos
derriben
los
altares,
opriman
á
los
ca.
tólicos
,
y
sometan
á
nuestra
vista
una
parte
tan
considerable
de
Galia?
Esgrimamos
la
es-
pada
:
marchemos
contra
ellos.
Dios
nos
guiará
y.nos
hará
dueños-de
estos
bellos
pai-
ses
que
nos
esperan
como
libertadores.»
suerra
con
los
visigodos
:.batalla
de
Vougle.
(507.)
A
estas
palabras
,
la
aproba=
cion
unanime
de
los
guerreros
francos
se
ma-
nifiesta
con
el
estruendo
y
choque
de
fra-
meas
y
franciscas.
La
guerra
se
declara:
Teo-
dorico
envia
un
ejército
en
defensa
de
su
yerno:
Gundebaldo
se
une
á'Glodoveo:
Childerico,
hijo
de
Sigeberto
,
y
los.
demas
principes
de
su
familia
unen
sus
tribus
á
la
de
los
salios;
y
todo
se
dispone
para
la
lid
definitiva
que
ha
de
fijar
la
suerte
de
Galia,
y
dar
su
señorioá
los
godos
d
4
los
francos»
Clodoveo
marchó
con
rapidez:
habiendo
lle-
gado
cerca
de
Tours,
ganó
el
amor
de
los
pueblos,
venerando
la
memoria
de
san
Mar-
tin,
obispo
de
aquella
ciudad
¿que
habia
fallecido
un
siglo
antes
,
y
prohibiendo
es-
presamente
á
sus
tropas
tomar
nada
de
la
provincia
de
Turena
sino
yerba
y
agua.
Un
soldado
fue
preso
por
haber
quitado
á
una
pobre
muger
cortá
cantidad
de
beno
que
te-
nia
encerrado
en
su
tugurio.
El
militar,
cre-
IN
A
A
A
e
O
ci
A
(39)
yendo
poco
grave
su
delito,
dijo
riéndose:
«¿En
qué
he
faltado?
el
rey
nos
ha
permiti-
do
tomar
yerba;
y
el
heno
¿qué
es
sino
yer-
ba
en
manojos?»
Elinflexible
Glodoveo
man-
dó
cortarle
la
«cabeza;
y
como
Los
francos
murmurasen
de
este
acto
de
crueldad,
«En
vanos,
les
dijo,
confiais
en
vuestro
valor:
nuestras
espadas
carecerán
de
fuerzas,
y
nuestro
ejército
de
triunfos,
si
ofendemos
al
ilustre:santo
que
protege
este
pais.»
En-
cargó
ademas
a
algunos
de
sus
oficiales
lle-
var
una
ofrendaal
sepulero
de
san
Martin,
y
referirle
á
la
vuelta
las
primeras
palabras
que
oyesen
en
la
iglesia,
esclamando
al
mis-
mo
tiempo
:
«Dios
de-los
cristianos
,
si
mi
débil
brazo
está
destinado
á
bumillar
tus
e-
nemigos,
dignate
de
manifestar
tu
volun-
tadálos
que
entren
en
la
iglesia
de
san
Mar-
tin.»
-Guando
los
enviados
entraron
en
el
templo,
el
coro
entonaba
un
versiculo.
,
cu-
yo
sentido
esseste:
«Tu
,
Señor,ame
has
ar-
mado
de
«valor
en
los
combates:
tú
has
he-
cho:
caégr
bajo
mis
golpes
á
los
quese
Jevan-
taron
para
herirme
:
tú
has
confundido
4
mis
enemigos,
y
tu
nombre
los-ba
ahunyenta-
do
ante
miz»
suceso
que
llenó
de
alegria
y
de
esperanza
el
ejército
de
los
francos.
Esta
especie
de
oráculos
era
un
resto
delas
anti-
guas
supersticiones
gentilicas;
pues
al
mis-
mo
o
que
Clodoveo
creia
lecr
su
des-
tino
en
la
coincidencia
del
canto
sagrado
con
la
entrada
de
sus
oficiales
en
la
iglesia,
el
concilio
de,
Agde
prohibia
espresamente
(40)
buscar
pronósticos
de
lo
futuro
en
los
se=.
puleros.de.
los
santos
4
en
los
libros
sa-
|
grados.
El
ejército
de
los
visigodos
defendia
los.
alrededores
de
Poitiers
y
el
paso
del
Viena»
Clodovéo
perdió
mucho
tiempo
sin
encon=
irar
vado
,
yal
fin
descubrió
uno.
Querien=.
do
entonces,
como
Sertorio
,
Animar
sus
tro”
pasoon
un
prodigio,
les
dijo,
que
una
cier-.
va
atravesando
á
su
vista
el
Viena,
le
ha--
bia
indicado
el
paso
que
buscaba
,
y
que
al.
mismo
tiempo
una
luz
milagrosa,
alzandose
desde
la
torre
de
la
iglesia
de
san
Hilario.
de
Poitiers,
y
estendiendo
sus
rayos
al
cam--
alega
,
le
babia
mostrado
el
camino
bri-
lante
de
la
victoria.
Al
punto
se
puso
en
marcha
«con
su
ejército
,
y
le
prohibió
co-
meter
violencias
contra
los
galos
y
romanos
que
no
hubiesentomado
las
armas
a
favor
de
Alárico,
Gregorio
de
Tours
dice,
que
unsol-
dado
que
violó
esta
órden,
sintid
al
momen-
to
su
brazo
paralizado.
Clodoveo
pasó
el
Vie--
na
en
el
sitio
que
se
llamó
despues
Zado
de
la
cierva
:
atravesó
luego
el
Clain.
Apenas
se
presento,
los
visigodos
se
retiraron;
porque
-
Alárico
queria
con
razon
evitar
el
combate
antes
que
llegasen
los
socorros
de
Teodori-
c0;
pero
sus
turbulentos
guerreros,
indig--
nados
de
una
cireunspeccion
que
llamaban
cobardia,
empezaron
a
murmurar,
se
suble=-
varon
,
y
le
obligaron
á
detenerse.
Clodo-
veo
los
alcanzó
en
la
llanura
de
Vouglé,
A
diez
millas
de
Poitiers.
Los
visigodos
n0
(41)
querian
al
principio
combatir
sino
con
armas
avrojadizas,
á
las
cuales
estaban
mas
4cos-
tumbrados
que
los
francos;
pero
Clodoveo,
acometiéndolos
econ
su
impetuosidad
ordi-
naria
,
les
hizo
sentir
el
peso
de
su
formida-
ble
francisca.
La
lid
entre
estas
dos
nacio=
nes
belicosas
fue
sangrienta
,
larga
y
osti-
nada.
Cloderico
participó
en
esta
célebre
jornada
de
los
peligros
y
de
la
gloria
del
rey
de
los
salios.
La
victoria
estaba
incierta
to-=
davia
,
cuando
Alárico
y
Clodoveo,
cono-
ciéndose
enmedio
de
la
batalla,
se
arrojaron
el
uno
contra
el
otro,
y
se
acometieron
cuerpo
á
cuerpo.
La
suerte
de
entrambas
naciones
dependia
de
esta
lid
:
Galia
era
el
remio
de
la
victoria.
En
fin,
Alárico
cayó
bajo
la
segur
de
Glodoveo;
pero
el
momen-
to
de
este
triunfo
fue
el
del
mayor
peligro,
porque
dos
guerreros
visigodos,
en
vengan-
za
de
si
rey,
se
precipitaron
a
un
mismo
tiempo
sobre
Glodoveo,
y
enristraron
con-=
tra
él
las
lanzas.
Su
fuerza
resistió
al
choque,
el
e
á
los
hierros;
y
la
velocidad
del
ca-
ballo
le
salvó
del
riesgo.
Los
galos
de
Au-
vernia
,
mandados
por
Apolinar,
hijo
del
célebre
Sidonio
,
lucharon
todavía
ostina=
damente
contra
la
fortuna
:
casi
todos
pere-
cieron
en
el
combate;
y
cuando
su
intrépida
columna
fue
derribada,
huyó
todo
el
ejér-
cito
de
Alárico.
Clodoveo
,
como
todos
los
héroes
que
han
dejado
memoria
de
si,
sabia
aprovecharse
del
triunfo,
y
no
dejar
al
ene-
migo
lugar
para
rehacerse.
Tierry,
el
mayor
p
]
(42)
de
stís
hijos
,
nacido
de
una
concubina,
cons
quistó
el
Albiges,
el
Robergue
y
la
Auver-"
nia;
mientras
el
rey
de
los
francos
entraba
en
Langiúiedoc,
y
ponia
sitio
á
Carcasona»
Por
su
parte
asolaba
Gundebaldo
las
provin=
cias
cercanas
á
su
reino.
Entretanto
los
vi-.
sigodos
habian
proclamado
rey
en
Narbona.
a
Gesálico.,
hijo
de
Alárico;
pero
este
prin=
cipe,
nisupo
inspirar
confianza
á
su
pueblo,
ni
temor
asus
enemigos,
y
su
conducta
le
hizo
perder
el
afecto
y
la
proteccion
pode=:
rosa
de
Teodorico.
Los
borgoñones
le
ven=-
cieron
y
obligaron
á
huir
á
España,
de
don--
de
pasoá
Africa
para
persuadir
á
los
vánda-
los
que
abrazasen
su
causa
:
mal
acogido
de.
estos
,
volvió
á
Aquitania,
reunió
algunos
partidarios
,
entró
en
España
con
ellos,
fue
'
vencido
y
preso
junto
á
Barcelona
por
Hba,
general
enviado
por.
Teodorico
para
soste-
ner
el
reino
de
los
visigodos
,
y
murió
en
la
prision.
Su
hermano
Amalárico,
niño
togla=
via,
ascendió
al
trono
de
los
visigodos
bajo
la
tutela
de
su
abuelo
Teodorico.
Guerra
entre
francos
y
ostrogodos.
(508.)
Hasta
entonces
la
fortuna
habia
favorecido
siempre
á
Glodoveo
,
y
nada
detenia
la
car-
rera
de
sus
victorias;
pero
los
ostrogodos
le
Aaa
un
muro
mas
fuerte,
y
el
genio
de
'eodorico
contuvo
el
suyo.
Vidse
obligado.
á
levantar
el
sitio
de
Carcasona,
y
se
volvió
á
pasar
el
invierno
en
Burdeos
,
donde
hizo.
transferir
de
Tolosa
los
tesoros
de
Alárico:
Clodoyeo
acometid
á
Angulema,
plaza
43
y
fuerte
,
y
sin
la
ssl
le
habria
«sido:
dificil
conservar
sus
conquistas.
La
plaza
se
le
rin-
dió
con
tanta
prontitud
,
que
Gregorio
de
Tours
dice,
que
las
murallas
cayeron
á
la
vis-
ta
del
nuevo
Josué.
Despues
marcho
contra
Teodorico,
y
puso
sitio
á
Arles.
Los
puen-
tes
de
esta
ciudad,
construidos
sobre
los
dos
brazos
del
Ródano,
fueron
motivo
y
teatro
de
batallas
ostinadas
y
sangrientas.
Despues
de
muchos
esfuerzos
inútiles
,
los
francos,
renunciando
a
la
esperanza
de
tomarlos,
pa-
saron
el
rio
en
bateles.
Clodoveo
derrotado
por
los
ostrogodos.
(509.)
La
plaza
sitiada
empled
en
su
defensa
las
catapultas,
balistas
y
todas
las
máquinas
inventadas
por
Arquimedes.
Mientras.
la
guarnicion
fatigaba
á
los
sitiadores
con
sali-
das
vigorosas
,
y
destruia
sus
Obras,
se
su-
blevó
el
pueblo
de
Arles,
y
aun
se
sospe-
chó
que
su
obispo
san
Cesario
habia
querido
entregar
la
plaza
4
los
francos
;
pero
averi-
guóse
la
verdad,
y
se
supo
que
la
conjura-
cion
habia
sido
tramada
por
los
judios.
Despues
de
muchos
combates
sangrien-
tos,
dados
al
pie
de
las
murallas
,
la
cons-
tancia
de
los
sitiados
triunfó
del
valor
de
los
francos.
Un
nuevo
ejército
de
ostrogodos
a-
eudió
de
Italia,
y
obligó
a
CGlodoveo
y
á
Gun-
debaldo
á
levantar
el
sitio.
Los
ostrogodos
los
persiguieron
y
destrozaron
su
retaguar-,
dia.
El
ejército
de
Teodorico,
aprovechán-
dose
de
esta
victoria,
estendió
sus
conquis-
tas,
y
tomd
á
Aviñon.
El
rey
de
1talia
infor-
(44)
mó
al
senado
romano
de
este
triunfo,
y
lo.
atribuyó
al
valor
y
habilidad
de
Tulum,
uno.
de
sus
generales.
Asi
se
libertó
del
olvido.
el
nombre
del
vencedor
de
Clodoveo:.
Paz
con
los
godos.
(510.)
Teodorico
lo-
gró
otra
victoria
contra
este
rey,
en
la
cual,
segun
Jornandes,
perecieron
30.000
francos:
mas
no
indica
el
lugar
donde
se
dió
la
bata-
la.
La
paz
se
hizo
entre
godos
y
francos:
los.
ostrogodos
conservaron
la
Provenza,
los
vi-
A
Á
1
sigodos
a
Narbona
y
su
territorio,
y
Clodoveo.
conservo
todo
lo
demas
de
sus.
conquistas.
Despues
de
concluido
este
tratado,
Clo--
doveo
escribió
á
los
obispos
la
carta
siguieñ-
te
:
«Sin
duda
sabeis
las
ordenes
que
dimos
cuando
entramos
en
las
tierras
de
los
visigo-
dos,
para
ir
nuestros
guerreros
respetasen
las
propiedades
de
las
iglesias,
de
las
comu-
nidades
de
virgenes,
de
las
viudas
y
de
los
clérigos
dedicados
al
servicio
del
altar.
Pro-
hibimos
toda
violencia
contra
sus
personas,
-
y
mandamos
que
se
diese
libertad
á
todoslos
que
fuesen
hechos
cautivos:
En
cuanto
á
los
prisioneros
legos
que
hemos
cogido
con
las
armas
en
la
mano,
y
sobre
los
cuales
tene-
mos
derecho
incontestable,
permitimos
que
los
recibais
bajo
vuestra
proteccion,
y
sus
dueños
,
al
ver
vuestras
cartas
de
recomen-
dacion,
deberán
tratarlos
con
mas
benigni-
dad.
Hemos
mandado
poner
en
libertad
á
los
cautivos
q
no
han
peleado
contra
no+
sotros,
y
podeis
reclamar
todos
los
que
es-
ten
detenidos
contra
el
derecho
de
gentes!
—_
(45)
su
cautiverio
cesará
apenas
veamos
el
sello
de
vuestro
anillo
pastoral.
Pero
mis
vasallos
os
suplican
que
solo
concedais
vuestra
pro-
tección
á
los
que
son
dignos
de
ella,
y
que
confirmeis
la
justicia
de
vuestras
reclama-
ciones
,
tomando
por
testigo
el
nombre
de
Dios
:
único
medio
de
impedir,
á
pesar
de
tantos
informes
diversos,
que
se
confunda
el
justo
con
el
impio.
¡
Venerables
sucesores
de
los
apóstoles
,
yo
me
recomiendo
á
vues-
tras
oraciones.»
CGlodoveo
volvió
a
Tours,
demostro
su
gratitud
a
la
Iglesia
con
5
dones
magnificos
que
hizo
al
templo
de
san
Martin.
Licinio
gobernaba
enton-
ces
aquella
diócesis.
Antes
habia
ofreci-
do
el
rey
á
dicho
templo
el
caballo
que
montaba
el
dia
de
la
batalla
de
Vouglé.
Que-
riendo
entonces
rescatarle
,
envio
cien
suel.
dos
de
oro
álos
que
le
guardaban;
mas
no
fue
posible
hacer
que
el
caballo
saliese
del
sitio
donde
estaba,
hasta
que
Glodoveo
do-
bló
el
rescate.
«San
Martin,
dijo
entonces
el
sicambro
,
es
un
amigo
muy
útil;
pero
vende
algo
cara
su
proteccion.»
Tal
era
el
espiritu
religioso
de
a
barbaros
recien
con-
vertidos.
En
esta
época,
segun
cuenta
Hine-
maro
,
recibió
Clodoveo
del
emperador
A-
naslasio
el
diploma
que
le
conferia
los
titu-
los
de
patricio,
cónsul
y
augusto;
ya
para
conservar
con
este
don
la
apariencia
de
so=-
berania
sobre
las
Galias
,
ya
para
grangear
el
auxilio
de
un
rival
formidable
que
desca-
ba
contraponer,á
Teodorico.
Clodoveo
se
(46).
adorhó
en
la
iglesia
de
san
Martin
de
la
púr
pura
romana
y
del
manto
de
escarlata;
del
ues,
ceñido
de
la
diadema,
fue
á
caballo
4
La
catedral,
y
arrojó
monedas
de
oro
y
pla-
tad
la
muchedumbre.
Gefe
de
los
francos.
por
su
nacimiento
y
por
el
voto
del
pueblo,
protector
del
elero
católico,
y
oa
Las
armas
de
la
mayor
parte
de
Galia
,
aña=
dió
con
sus
nuevas
dignidades
á
los
dere-.
chos
de
la
victoria
una
autoridad
le
gal
sobre:
los
galos
romanos;
y
asi
afirmó
el
poder
res.
gio
con
el
de
la
costumbre,
que
sobrevive
a
la
caida
de
los
estados
y
á
la
ruina
de
los
gor
biernos.
El
autor
delos
Hechos
dice,
que.
desde
este
dia
le
llamaron
augusto
los
roma-.
nos,
y
se
dirigian
á
él
para
la
ejecucion
de
sus
leyes
,
con
las
mismas
formalidades
que.
en
otro
tiempo
á
los
cónsules.
El
rey
paso
d.
Paris,
y
segun
Gregorio
de
Tours
colocó
en.
esta
ciudad
la
silla
de
su
monarquía.
Allí
es.
tableció
su
tribunal
para
juzgará
los
frávcos,
y
su
pretorio
para
dar
audiencia
á
los
roma-.
nos.
Clodoveo
fue
á
un
mismo
tiempo
con-
quistador
y
legislador:
su
carácter
le
incliz.
o
1
naba
mas
4
la
guerra
que
á
la
justicia;
pero.
su
nueva
dignidad,
la
mezcla
de
su
pueblo.
con
los
galos,
mucho
antes
civilizados,
la
necesidad
del
buen
órden
para
conservarsu$
conquistas
,
y
arreglar
las
relaciones
entre
vencedores
y
vencidos,
le
obligaron
á
re-
formar
en
cierto
modo
las
costumbres
guer.
reras
,
y
corregir
la
ley
delos
salios,
cd
cida
bajo
el
nombre
de
pacto
de
la
ley
sali.
|
(47
|
ca.
Es
probable
que
este
código
hubiese
ya
sufrido
algunas
modificaciones,
despues
que
Faramundo,
Clódion
,
Meroveo:
y
Childeri-
co
habian
entrado
en
Galia,
y
establecido-
se
sucesivamente
en
Tongres
,
en
Turnay,
en
las
orillas
del
Soma
y
en
las
del
Rhin.
El
testo
de
esta
ley,
de
la
cual
se
ha
hablado
mucho
sin
haberla
visto,
y
cuyo
primer
e-
jemplar
conocido
descubrió
Herold
en
el
monasterio
de
Fulda
en
1557
,
comprende
disposiciones
favorables
al
clero
,
al
mismo
tiempo
que
otras
son
puramente
germánicas;
de
modo
que
se
puede
inferir
con
certidum-
bre
haberse
modificado
despues
de
la
con-
version
de
los
francos;
y
por
tanto
esta
mo-
dificacion
no
pudo
haber
sido
hecha
antes
del
reinado
de
Clodoveo;
y
como
es
sabido
que
Childeberto
,
uno
de
sus
sucesores
,
la
alteró
de
nuevo,
podemos
creer
que
este
cd-
digo
fue
en
gran
parte
promulgado
por
el
primer
rey
de
Francia.
Este
código
bárbaro,
fuente
de
la
legislacion
francesa
,
esplica
muchos
hechos
posteriores,
preferibles
siem-
pre
á
los
sistemas
para
entender
la
historia
de
un
pueblo.
Sabemos
por
Eccar
que
mu-
chos
autores
han
publicado
diversas
edicio-
nes
de
esta
ley
con
comentarios.
Goldaste,
Gerónimo
Bignon
,
Baluze,
Chifílet
y
Van»
delin
han
multiplicado
las
copias
de
este
do.
cumento,
enriqueciéndole
con
glosas.
Ulti-
mamente
se
ha
publicado
un
antiguo
ejem-=
plar,
hallado
en
Wolfembutel,
escrito
en
tiempo
de
Pipino.
Es
curioso,
y
aun
útil
co-
]
Í
(48
'
nocer
el
prólogo
colocado
al
frente
del
ejem-
pu
mas
antiguo,
porque
pinta
las
costum
res
,
que
son
el
alma
de
la
historia.
|
Prologo
de
la
ley
Salica.
La
célebre
nad
cion
de
los
francos
,
formada
por
la
volun=
tad
de
Dios,
constante
en
sus
tratados
de
paz,
profunda
en
sus
deliberaciones,
distin-
guida
por
la
nobleza
y
vigor
de
su
cuerpo,
notable
por
su
blancura
y
sus
formas
,
atre-.
vida,
pronta,
áspera,
convertida
reciente-
mente
á
la
fe
católica;
en
fin,
exenta
de
he-
regia,
que
buscaba
la
llave
de
las
ciencias
cuando
era
todavía
bárbara,
que
desea
la:
justicia,
pero
conforme
ád
sus
costumbres,
que
quiere
mantener
y
conservar
su
reli-
gion,
encargó
a
sus
grandes,
que
eran
en-
tonces
sus
gefes,
la
redaccion
de
la
ley
Sali-
ca.
Entre
muchos
de
estos
hombres
escogió
á
cuatro
,
Wisigaste,
Bodogaste
,
Salogaste
Widogaste
,
Pe
cuales
se
reunieron
en
los
al
llamados
Bodogheve
,
Salogheve
y
Widogheve,
y
celebraron
alli
tres
asambleas
9
mallas.
Y
discutiendo
cuidadosamente
las
cosas
y
su
origen,
y
tratando
de
cada
una
en
particular,
redactaron
el
decreto
siguien-
te.
Pero
despues
que
Clodoveo,
el
hermoso
cabelludo,
por
el
favor
de
Dios,
rey
cé-
labs
de
los
francos
,
recibió
el
primero
el
bautismo
católico,
todo
lo
que
en
este
pacto:
dejó
de
parecer
conveniente,
fue
corregido
y
redactado
con
mas
claridad
por
losilustres
reyes
Clodoveo,
Childeberto
y
Clotario,
que
publicaron
este
decreto.
¡Viva
Jesucristo,
4
O
dr
pl
RAM
DÉ
Pr
A
LES
A
ht
E
tl
ic
lt
2
(49
que
ama
a
los
franceses!
¡conserve
su
reino,
llene
á
sus
gefes
de
la
luz
de
la
gracia,
pro-
teja
su
ejército,
haga
que
se
erijan
monumen-
tosá
la
fe,
nos
dé
tiempos
de
paz,
de
ale-
gría
y
ventura,
y
dirija
a
nuestros
gobernan-
tes
por
el
camino
de
su
santa
ley
P
Esta
na-
cion
,
poderosa
por
$u
fuerza
y
valor,
sacu-
dió
en
muchos
combates
el
duro
yugo
de
los
romanos
que
oprimia
su
cerviz
:
ella
misma,
despues
de
reconocida
la
santidad
del
ban-
tismo
,
ha
adornado
suntuosamente
con
pie-
dras
preciosas
y
con
oro.
los
cuerpos
de
los
santos
mártires,
a
quienes
los
romanos
ha-
bian
desfigurado
con
el
fuego,
mutilado
y
destruido
con
el
hierro,
d
arrojado
á
las
bes.
tias
feroces
para
que
los
devorasen:»
Este
era
el
lenguage
de
los
primeros
franceses
,
y
rueba
la
influencia
del
principio
religioso
en
3
organizacion
social
y
politica
del
pueblo.
Tres
siglos
despues,
cuando
Carlomagno
promulgó
de
nuevo
la
ley
Sálica,
le
puso
el
siguiente
prólogo:
«Han
resuelto
los
francos
y
sus
grandes,
y
han
convenido
entre
sí,
que
para
conservar
el
amor
de
la
paz
interior,
debian
cortar
to-
das
las
raices
de
las
antiguas
discordias
,
y
todo
lo
que
pudiera
irritarlas.
Asi
como
eran
superiores
a
todas
las
naciones
por
la
fuerza
de
sus
brazos,
quisieron
merecer
la
misma
preeminencia
por
la
autoridad
de
las
leyes,
Y
que
toda
accion
criminal
fuese
juzgada
por
a
naturaleza
del
delito.
Escogieron,
pues,
entre
un
gran
púmero
á
cuatro
hombres
Wi-
TOMO
XIIL>+
4
(50)
|
sigaste,
Bodogaste
,
Salogaste
y
Widogaste,
habitautes
de
los
sitios
llamados
Bodohaim,
Salohaim
y
Widohaim,
que
estan
al
otro
lado
del
Rhin.
Estos
se
reunieron
en
tres
mallas,
discutieron
cuidadosamente
el
origen
de
las.
causas
y
de
los
delitos,
y
espusieron
sobre
cada
uno
de
ellos
el
juicio
siguiente.»
No.
citaremos
mas
que
el
testo
de
la
primera
ley
|
Salica
,
tal
como
fue
redactada
por
los
pre-
decesores
de
Glodoveo,
modificado
por
este
rey
,
y
corregido
porsus
hijos.
La
que
pro=-
mulgó
Carlomagno
,
añadiendo
tres
titulos,
tendra
su
lugar
cuando
describamos
á
este.
gran
monarca
por
sus
acciones
y
sus
leyes.
uste
pacto
contiene
72
titulos.
Bastará
para
conocer
su
espiritu
citar
sus
condiciones
|
Dra
1
principales
,
y
las.que
dan
idea
de
las
cos-
tumbres
de
aquellos
tiempos:
lo
demas
seria
fastidioso
€
inútil.
Estracto
de
la
ley
Salica.
El
título
1
con-
dena
a
600
dineros
de
multa
al
que
citado
para
las
mallas,
es
decir,
llamado
á
junta
por
las
leyes
soberanas,
no
se
ha
presentado
ni
alegado
impedimento
legitimo
:
á
la
mis-
ma
multa,
al
que
cita
á
otro
,
y
no
compas
rece
él,
El
que
cita
á
otro
,
debe
hacerlo
4
.
él
0
4
su
familia,
en
su
domicilio
y
delante
:
de
testigos.
El
que
está
ejecutando
una
órden
-
del
rey,
no
puede
ser
citado.
Los
titulos
IL
y
siguientes,
hasta
el
X
inclusive
,
confir-
man
los
testimonios
de
todos
los
escritores
antiguos,
y
prueban
que
en
Germania
la
ri-
>
queza
de
los
francos
consistia
toda
en
susre-
51
baños.
Todos
estos
os
imponen
mul-
tas
proporcionales
por
los
robos
de
cerdo,
buey,
carnero,
cabra,
perro,
pájaro
,abe-
ja
y
árboles.
Por
un
óerdo
,
robado
del
esta-
blo,
se
pagaba
una
composicion
de
1800
di-
neros
(45
sueldos),
ademas
del
fredo
4
dere-
cho
del
fisco.
La
palabra
fredo
procede
de
Sriede,
que
en
lengua
germánica
quiere
de-
-
cirpaz.
El
mismo
robo
en
un
campo
solo
causaba
una
multa
de.
600
dineros.
El
robo
de
un
toro
del
rey
secastigaba
con
úna
mul-
tade
90
sueldos.
En
el
titulo
Ul
se
habla
de
los
esclavos
robados
ásu
señor.
Las
multas
pres-
critas
para
castigar
este
robo,
sonevidente=
mente
adiciones
hechas
por
Jos
primeros
merovingios;
porque
se
sabe
queen
Germa-
nia
los
cautivos
eran
cultivadores
y
siervos
del
terruño,
pero
no
esclavos.
Los
francos
no
tuvieron
esclavos
hasta
que
entraron
en
Galia
;
y
en
esta
parte
los
romanos
y
galos
civilizlidos
fueron
corruptores
de
los
barba-
ros.
En
los
titulos
XIL
y
XUL
hallamos
la
ere
demarcación
hecha
por
la
justicia
e
este
tiempo
entre
los
hombres
libres
y
los
esclavos.
El
robo
cometidó
por
los
pri-
meros
se
castiga
con
una
multa
de
120041800
dineros
:
al
contrario,
los
esclavos
reciben
120
varazos,
á
no
ser
que
rescaten
su
espal-
da
cou
una
multa
pequeña.
En
el
titulo
XIV
el
robador
libre
de
una
doncella
libre
paga
1200
dineros;
pero
si
la
doncella
estaba
bajo
la
proteccion
del
rey,
lamulta
esde
2500
di-
neros.Si
un
esclavo
del
rey
roba
una
muger
E
(52)
libre,
es
reo
de
muerte
:
la
muger,
robada:
voluntariamente,
pierde
su
libertad.
El
ro-
|
'
.
bador
de-la
desposada
con
otro
paga
2.000:
dineros;
y
8.000,
si
ademas
comete
atenta-
do
contra
su
pudor.
Si
un
hombre
casa
con
la
esclava
de
otro,
queda
su
esclavo».
El
que
casa
con
su
sobrina
o
cuñada,
paga
|
1.200
dineros,
el
casamiento
se
disuelve
,
y.
si
ha
habido
hijos,
son
incapaces
de
here-=.
dar,
y
se
reputan
como
infames.
El
titulo
XV
es
uno
de
los
mas
importantes
,
porque
de-
muestra
contra
el
sistema
del
abate
Dubos,
hasta
qué
grado
humillaban
los
vencedores.
alos
vencidos.
«Si
un
romano
,
dice
la
ley,
asalta
y
despoja
á
un
franco,
la
composicion
|
será
de
2.500
dineros;
perosi
un
franco
co-
mete
el
mismo
delito
con
un
romano
,
solo
pagará
1.200
dineros.
En
el
titulo
XVII
se
manifiesta
el
gran
respeto
de
los
francos
alos
difuntos,
si
hemos
de
juzgar
de
la
gravedad
que
tenia
para
ellos
el
delito,
por
la
del
cas-
tigo
que
le
aplicaban.
Impouian
multa
de
4.000
dinerosálos
que
despojabaná
un
muer-
to,
y
de
8.000
al
que
le
desenterraba.
El
reo
era
desterrado
de
la
sociedad
,
y
el
que
le
diese
asilo
pagaba
una
multa
de
600
dineros:
Todo
crimen
era
expiado
por
el
dinero
:
en
el
título
XIX
de
este
código
singular
está
la
tarifa
de
las
multas
por
heridas.»
Si
la
san”
re
llega
al
suelo,
600
dineros
:
si
salen
tres
ida
de
la
cabeza
1.100
dineros:
siel
cerer
bro
queda
descubierto
1.800
dineros.
El
que
-
diere
á
otro
hombre
con
el
puño,
pegan
Ar
A
A
(53)
|
dineros,
y
ademas
120
por
cada
golpe.
En-
medio
de
estas
ideas
de
justicia
tau
groseras,
y
por
decirlo
asi,
sanguinarias,
se
descubren
con
satisfaccion
algunos
pensamientos
no=
bles
y
elevados.
El
título
XX
castiga
los
de-
latores
y
calumniadores.
Si
han'acusado
ante
el
rey,
falsamente
y
de
una
culpa
ligera,
á
un
hombre
ausente
é
inocente,
pagaran
2.800
dineros.
Si
el
delito
imputado
es
capital
pa-
gara
el
calumniador
8.000
dineros.
Vemos
tambien,
segun
estas
disposiciones,
que
ya
en
aquellos
tiempos
se
castigaban
de
muer-
te
ciertos
delitos,
y
que
se
evitaba
esta
pena
pagando
una
multa.
Entonces
se-creia
en
los
maleficios
;
y
segun
la
ley,
se
rescataba
la
pena
de
ellos
con
dinero.
El
título
XXIL
re-
cuerda
la
severidad
de
las
costumbres
ger-
mánicas:
«Si
un
hombre
libre,
dice
el
le
gis-
lador,
estrecha
la
mano'ó
el
dedo
4
una
mu-
ger
libre,
pague
600
dineros
:
si
el
brazo,
1.200:
si
el
codo
1.400:
si
el
pecho1.800.»
Tal
era
la
tarifa
del
pudor
entre
los
sicambros.
El
asesinato
de
una
doncella
libre
se
resca-
taba
por
8.000
dineros
:
el
de
una
mager
li-
bre
y
con
hijos
por
24.000;
pero
si
ya
no
po-
dia
tener
hijos,
por
8.000.
Asi,
aquel
código
bárbaro
ponia
tarifa
al
homicidio,
segun
el
estado,
la
edad
y
la
fecundidad.
Eladulterio
e
un
ingénuo
con
una
esclava
se
castigaba
con
multa
de
600
dineros,
d
doble
si
es
es-
clava
del
rey.
Si
un
esclavo
comete
adulte-
rio
con
esclava
y
violentamente;
si
de
las
re-
sultas
muere
la
esclava,
el
agresor
será
mu-
|
$
(54)
|
tilado
y
pagara
240
dineros;
pero
si
no
mue?
re
recibirá
120
varazos,
redimibles
por
120
dineros.
Los
titulos
XXXI
y
XXXII
contie-
nen
la
horrenda
tarifa
de
las
A
”
contusiones
,
roturas
de
dedos
y
dientes,
Y
la
ridícula
de
las
injurias.
Por
llamar
tuertó.
á
un
hombre
se
pagaban
600
dineros
:
si
sé
le
Mama
zorro
,120:
si
liebre,
240
:
1.800
5158
le
llama
prostituta
a
una
muger,
y
120
si
sé
censura
a
un
hombre
por
haber
perdido
os
la
guerra
su
escudo,
á
no
ser
que
se
pruebe.
ser
verdaderas
estas
dos
injurias.
En
el
mis
mo
titulo
se
halla
el
origen
de.
nuestra
lef
del
duelo.
Era
ofensa
muy
grave
llamar
á.0%
tro
mentiroso,
y
tenia
multa
de
600
dineros:
Lo
mismo
sucedia
si
se
llamaba
delator,
Pof
desgracia
se
ha
perdido
este
último
'uso
(1)
Un
pueblo
cazador
debia
ser
rigido
obsert
vante
de
los:
derechos
de
la'caza
:
el
robo
de
un
jabalí,
ojeado
por
los
perros
de
otro;
cost
taba
600
dineros.
La
misma
multa
pagabw
segun
el
titulo
XXXIV,
el
franco
que
atabe
á
un
romano;
pero
era
doble
la
que
se
ex!”
gia
de
un
romano
que
hubiese
atado
a
uN
franco.
El
titulo
XL,
relativo
á
los
esclat.
vos
indiciados
de
robo
,
prueba
que
se
1
s
ponia
á
cuestion
de
tormento.
Pero
el
titulo
oh.
in
(1)
Voen
España,
donde
el
nombre
de
soploW*
que
espresa
bastantemente
la
infamia
de
los
del
tores
,
es
uno
de
los
insultos
mas
graves
que
pue
de
recibir
un
hombre,
(WN.
del
T.)
j
(55)
mas
notable
es
el
XLMI,
que
trata
de
los
ho»
micidios
cometidos
en
hombres
libres
,
PO0P-
que
señala
con
exactitud
las
diferentes
cón=
diciones
y
clases
distintas
de
los
pueblos
de
Francia
en
aquella
época.
Si
el
hombre
ase-
sinado
es
franco
0
barbaro,
que
vive
en
la
ley
Sálica,
el
delincuente
pagará
una
com-
posicion
de
8.000
dineros:
si
es
antrustion;
es
decir,
si
está
in
truste
dominica
,
6
bajo
la
salvaguardia
del
rey,
24.000
dineros
:
si
es
romano
comensal
delvey
12.000
dineros:
si
es
romano
poseedor
Ó
propietario,
4.000
:
si
es
romano
tributario,
1.800.
Muchos
autores
han
creido
ver
en
esta
diferencia
la
distincion
entre
nobles
y
plebeyos,
y
en
cierto
modo
tienen
razon.
Sin
embargo
,
dos
cosas
cons='
tituyen
la
nobleza,
que
son
los
privilegios
y
la
herencia.
No
puede
negarse
que
habia
privilegios,
pero
sin
derecho
hereditario,
el
cual
no
se
introdujo
hasta
la
época
de
los
be-
neficios
militares.
Ántes
los
privilegios
fue-
ron
personales
y
vitalicios
,
á
lo
menos
por
el
derecho;
que
en
el
hecho
era
forzoso
que
los
hijos
de
los
privilegiados
lograsen
algu-
nas
preferencias.
El
mismo
Tácito
,
que
se-
gun
Montesquieu
todo
lo
abreviaba,
porque
todo
lo
veía,
dice
que
los
hijos
de
los
gefes
germánicos
eran
frecuentemente
nombrados
gefes
por
sus
compañeros
,
casi
al
salir
de
la
infancia.
Por
lo
demas
,
es
cierto
que
habia
entre
los
francos
familias
notables
é
ilus-
tres;
pues
los
antiguos
historiadores
,
ha-
blando
de
Faramundo,
dicen
unánimemente,
:
56
que
los
francos,
habiendo
vivido
0d
tiempo
sin
reyes,
nombraron
uno
cuando.
asaron
el
Rhin,
y
le
eligieron
de
una
de
Las
familias
mas
nobles.
El
titulo
XLVI
man»
da
que
la
viuda
no
contraiga
segundo
matri-
monio
sin
el
consentimiento
de
sus
deudos),
a
los
cuales
el
nuevo
esposo
pagará
cierta
suma.
El
falso
testimonio
se
castigaba
con
multa
de
600
dineros.
El
titulo
LlL
arregla
las
formas
que
los
condes
deben
observar.
consus
asesores
parajuzgar
las
causas
de
deu-
das,
y
concluye
con
una
disposicion
severa,
difícil
de
ejecutar.
«Si
el
conde,
dice
la:
ley
,
se
niega
á
hacer
justicia
,
y
la
difiere
|
sin
causa
legitima,
debe
morir
0
rescatarse.»
El
que
afirmaba
una
cosa
en
justicia,
quedaba
obligado
á
la
prueba
del
agua
hirviendo
,
0
juicio
de
Dios:
el
titulo
LV
le
dispensa
de
ella,
mediante
una
suma
proporcionada
a
la
grayedad
de
la
causa.
Esto
se
llamaba
res-
catar
la
mano.
El
titulo
LVI
impone
la
mul-
ta
de
24.000
dineros
por
la
muerte
de
un
conde
:
de
12.000
por
la
de
un
sagí
baron
0
juez
inferior,
si
sirve
en
casa
del
rey;
y
de
24.000
si
el
sagi
baron
es
hombre
libre:
En
cada
malloberga,
0
tribunal
civil,
no
pue-
de
haber
mas
que
tres
sagi
barones.
No
se
apela
de
ellos
al
conde
sino
en
el
caso
de
violacion
de
las
leyes.
Era
imposible
que
ol-
vidase
á
los
ministros
del
altar
una
nacion
que
daba
al
clero
el
lugar
preeminente
en.
sus
consejos.
La
multa
por
la
muerte
de
un
subdiácono
era
de
12.000
dineros:
de
un
dia-
o
1
4
RA
A
ES
cono
16.000
:
de
un
o
NN
24.000
:
de
un
obispo
36.000.
Los
condes
tenian
asesores,
llamados
rachinbargos
0
escabinos
,
porque
se
sentaban
en
escabeles
en
sitio
inferior
al
del
conde.
Si
rehusaban
juzgar
pagaban
120
dineros;
y
si
nojuzgaban
conforme
a
la
ley,
600.
En
fin,
el
título
LXXII
y
último
es
el
mas
famoso
porque
trata
delos
alodios
o
bie-
nes
propios,
principalmente
de
losadquiridos
por
herencia.
Su
testo
es
como
sigue:
«Ár-
ticulo
1.2,
siun
hombre
muere
sin
dejar
hi-
jos,
herédenle
su
padre
Y
su
madre
:
2.%,
si
no
tiene
padre
ni
madre,
herédenle
sus
hi-
jos
d
sus
hermanos:
3.2,
en
defecto
de
estos,
herédenle
las
hermanas
de
su
padre:
4.2,
en
defecto
de
estas,
la
hermana
de
su
madre:
5.2,
en
defecto
de
esta,
los
parientes
pater-
nos
mas
cercanos:
6.,
pero
ninguna
porcion
de
tierra
sálica
pase
en
herencia
a
las
muge-
res,
y
toda
la
herencia
de
la
tierra
pertenez-
ca
al
varon.»
Este
célebre
titulo
se
ha
inter-
pretado
de
muchas
maneras
opuestas:
algu-
nos
han
creido
hallar
en
el
la
esclusion
de
las
hembras
á
la
herencia
del
trono,
asimilando
la
monarquia
á
las
tierras
sálicas.
Pero
en
el
dia
convienen
todos
que
la
le
y
sálica
no
con-
tiene
ningun
articulo
de
derecho
público,
y
que
nada
ha
establecido
acerca
da
la
suce-
sion
real.
La
esclusion
de
las
hembras
se
fun-
da
sobre
una
base
mas
firme
que
las
leyes,
cual
es
la
de
los
usos
y
costumbres
decatorce
siglos.
Ha
babido
tambiencontroversia
sobre
la
significación
de
las
palabras
tierra
salica.
58
|
Unos
,
sin
razon,
1
e
aplicado
á
los
be=
neficios
militares,
sin
atender
á
que
estos.
eran
revocables;
Henault
ha
refutado
esta.
opinion.
Otros,
con
mas
verisimilitud
,
han
entendido
por
tierras
sálicas
las
que,
segun
costumbre
de
los
germanos,
estaban
al
re-
dedor
de
la
casa,
llamada
sala
en
tudesco;
y
dicen
que
este
nombre
se
estendid
des
pues
á
las
que
poseyeron
los
francos
con
to*
da
propiedad,
y
hereditariamente
en
la
Ga-
Jia
conquistada.
Esta
es
la
opinion
de
Mon-
tesquieu,
y
lo
que
parece
que
indica
el
tituz
lo
mismo
de
la
ley
;
pues
en
él
se
dice
deb.
alodio
,
dando
á
entender
que
solo
va
a
ha-
blar
de
los
bienes
propios
,
y
poseidos
he-
reditariamente.
Despues
se
modificó
la
es”
clusion
de
las
mugeres
de
la
herencia
de
las.
tierras
alodiales;
esclusion
que
Marculfo
lla-
ma
costumbre
impía;
y
las
mugeres
here”
daron
tierras
y
aun
feudos.
ú
Los
francos
,
libres,
iguales
y
altivos
en
los
bosques
de
Germania
,
tomaban
por
sl
mano
la
venganza
de
las
injurias
recibidas:
Asi,
para
aplacar
la
familia
ofendida
y
lin
brarse
de
su
resentimiento
,
el
ofensor
se
componia
con
ella
y
le
pagaba
una
multa,
como
tambien
el
fredo
al
juez
árbitro.
Este.
costumbre
fue
la
primer
base
del
código
de
los
salios.
Pero
los
reyes,
aunque
conserva”
ron
despues
de
la
conquista
los
principioS.
sencillos
de
esta
legislacion,
se
vieron
obli?
gados,
para
mantener
el
órden,
á
aplicar
ciertos
crimenes
la
pena
capital,
y
mas
tar”
(59)
|
de
á
tomar
de
las
leyes
romanas
la
proscrip=
cion,
para
poner
término
á
las
querellas
y
reacciones.
No
es
dificil
de
conocer
que
esta
legislacion
debia
parecer
suficiente
y
exenta
de
riesgos
á
una
nacion
pobre,
libre
y
redu-=
cida
á
un
corto
territorio;
pero
cuando
la
conquista
de
Galia:enriqueció
a
los
gefes
de
los
francos
,
haciéndolos
poderosos
y
domi=
nadores
de
un
vasto
pais,
debió
preverse
que
el
código
sálico,
0
por
mejor-decir,
la
tarifa
de
los
delitos
aseguraria
la
impunidad
del
opulento
yla
opresion
del
pobre;
y
que
un
conde
d
un
antrustion
podria
á
su
placer
asesinar,
robar
y
Oprimir,
pagando
una
mul-
ta
muy
corta
ya,
comparada
con
sus
grandes
bienes.
Guando
la
nacion
se
reunia
con
fre-
cuencia
,
el
poder
democrático
impedia
es-
tos
abusos;
pero
los
francos,
desde
que
se
dispersaron
en
Galia,
se
juntaron
pocas
ve=
ces.
El
consejo
de
los
reyes
sucedio
á
las
dietas
nacionales,
la
igualdad
desapareció,
y
la
tirania
de
la
aristocracia
militar
no
tar-
dó
en
nacer
y
en
crecer
sobre
las
ruinas
del
poder
de
los
monarcas
y
de
la
libertad
de
los
pueblos.
En
los
tiempos
calamitosos
de
la
decadencia
y
ruina
del
imperio
romano,
y
de
la
invasion
de
los
bárbaros
,
habian
lle-
gado
los
males
á
su
estremo
:
asi
es
que
en-
tonces
se
buscaron
los
remedios,
y
se
pu-
blicaron
á
un
mismo
tiempo
muchos
e0-
digos.
Casi
todos
los
devastadores
de
occidente
procuraron
edificar
sobre
sus
ruinas.
Alári-
z
(60)
co
M
dió
á
los
visigodos
el
código
redacta-
do
por
Teodosio
:
los
francos
recibieron
las
leyes
sálicas
y
ripuaria::
el
rey
de
Borgoña
promulgó
la
ley
gombeta
;
todo
el
mediodia
de
Galia
continuó
sometido
a
las
leyes
ro-
manas
,
porque
la
ley
de
los
visigodos
no;
es.
tablecia
distinciones
humillantes
entre
ellos
y
los
romanos;
pero
en
todos
los
eo
que
ocuparon
los
francos,
dieron
sus
leyes
tan”
tas
prerogativas
á
los
que
las
admitian,
que.
poco
á
poco
los
galos
vencidos
por
ellos
abandonaron
el
derecho
romano
para
con”.
vertirse
en
francos.
Sin
embargo
,
paso
mu-
cho
tiempo
antes
que
esta
conversion
fuer
se
general,
y
hasta
entonces
tuvo
cada
uno
la
libertad
de
escoger
la
ley
en
que
deseaba
vivir.
Aunque
habia
entre
los
códigos
de
los:
salios
,
ripuarios
y
borgoñones
algunas
dife-
rencias,
observadas
porlos
eruditos,
el
prin:
cipio
de
todos
era
el
mismo;
y
el
de
Glo-
doveo
,
que
hemos
esplicado
,
da
idea
bas”.
tante
completa
y
clara
del
espiritu
,
de
las
costumbres
y
de
las
acciones
de
aquellos
tiempos.
Clodoveo
,
como
se
ha
visto
,
ase”
guró
en
Francia
con
sus
leyes
,
sus
dones
Y
su
deferencia
la
supremacia
del
clero,
que
tan
útil
le
habia
cid
fortificar
la
autoridad
del
principe
que
Los
protegía
contra
los
arrianos.
El
concilio
de
Orleans,
que
se
colebró
el
último
año
de
sU
reinado,
reconoció
formalmente
en
los
reyes
o
para
la
conquista.
Po?
su
parte
procuraron
los
obispos
estender
Y
A
A
A
A
a
a
a
ct
61
francos
el
derecho
a
E
los
frutos
de
los
obispados
en
sede
vacante.
Este
privilegio,
del
cual
han
gozado
los
reyes
de
Francia
so.
lamente
,
es
conocido
con
el
nombre
de
de-
recho
de
regalía.
Usurpacion
de
los
demas
estados
fran-
cos
por
Clodoveo.
(510.)
Clodoveo
debió
merecida
celebridad
á
sus
armas
y
leyes,
4
la
grandeza
de
sus
proyectos,
á
su
rapidez
en
la
ejecucion
,
á
su
valor
en
los
combates;
pero
la
perfidia
de
su
politica
manechó
con
crimenes
atroces
el
fin
de
un
reinado
tan
largo
y
glorioso.
Gregorio
de
Tours
dice
que
este
rey
,
temiendo
la
envidia
de
los
princi-
es
de
su
familia,
que
gobernaban
entonces
ha
diferentes
tribus
de
los
francos,
y
rece-
lando
que
usurpasen
su
autoridad,
formo
el
proyecto
de
reunir
bajo
un
solo
cetro
todos
aquellos
pueblos
diversos,
que
pudieran
estrozar
con
sus
querellas
la
monarquía
:
los
medios
criminales
le
parecieron
mas
pron-
tos
y
seguros,
y
no
dudd
en
emplearlos.
Sus
emisarios
persuadieron
á4
Cloderico
que
si
podia
acelerar
la
muerte
de
su
padre
Sige-
berto,
rey
de
Colonia,
debilitado
por
la
e-
dad
y
las
heridas,
tendria
segura
la
protec-
cion
de
Clodoyeo
para
conseguir
el
trono
de
los
ripuarios.
Cloderico
cayó
en
el
horrendo
lazo
que
le
pusieron.
Algunos
asesinos
so“
bornados
por
él
degollaron
á
su
padre
en
una
selva,
adonde
se
habia
retirado
por
te-
mor
de
una
juvasion
con
que
Clodoveo
le
a-
menazaba.
El
parricida
escribió
al
instante
(62
al
rey
delos
francos,
que
se
hallaba
dueño
del
trono
de
Sigeberto
,.y
que
consentia
en.
entregarle
sus
tesoros.
Clodoveo
le
respon-=.
dió
,
dándole
las
gracias,
y
pidiéndole
que
mostrase
á
sus
embajadores
el
tesoro,
que.
«nunca
podrá
estar
,
le
escribió,
en
mejores.
manos
que
en
las
tuyas.»
Cuando
Jlegaron'
los
enviados,
Cloderico
abrió
delante
de
e-.
llos
el
arca
donde
estaban
sus
riquezas:
ro”
gáronle
que
descubriese
con
sus
manos
has”
ta
el
fondo
para
ver
mejor
lo
que
allí
habia;
y
cuando
se
encorvó
Cloderico
por
darles
contento,
uno
de
ellos
le
corto
la
cabeza
cul
su
francisca.
Clodoveo,
informado
de
esté
suceso
,
acude
con
rapidez,
junta
á
los
fran-
cos
ripuarios
,
y
les
dice:
«Yo
marchaba
há-
cia
el
Escalda
:
Cloderico
esparció
peérfidas
mente
noticias
mentirosas
porn
uie
gnc
4
que
yo
ponia
asechanzas
á
su
padre.
El
infar
me
me
atribuia
su
propio
delito.
Sigeberto»
retirado
á
la
selva
Buchovia
para
alejarse
de
mi,
cayó
bajo
el
puñal
de
los
asesinos
pagar
dos
por
Cloderico.
Este
hijo
impio
ha
sobres
vivido
poco
á
su
parricidio
:
unos
hombre?
desconocidos
le
han
dado
muerte
mientra?
contaba
sus
riquezas.
No
conozco
a
estos
a?
sesinos:
nunca
mis
manos
se
mancharon
cod.
la
sangre
de
mis
parientes
;
pero
en
fin,
%
mal
ha
sucedido,
y
es
forzoso
buscarle
remet.
dio.
Pues
se
ha
estinguido
la
familia
de
sih
geberto
,
os
doy
el
consejo
saludable
de
qu*
me
acepteis
por vuestro
rey.
Si
consentis
ch
ello
,
juro
defenderos
á
riesgo-de
mi
vidW
(63)
contra
dadas
vuestros
enemigos.»
Los
ripua-
rios
respondieron
a
estas
palabras
con
gran-
des
aclamaciones,
dando
los
escudos
unos
contra
otros
:
elevaron
a
Clodoveo
sobre
el
pavés.,
y
le
proclamaron
rey.
Asi
fue
dueño
e
su
vasto
territorio,
que
se
estendia
desde
-
Ghalons
sobre
el
Marne
hasta
las
orillas
del
Fulda.
Entonces
creyó
Clodoveo
que
era
propi-
cia
la
ocasion
para
vengarse
de
Cararico,
o-
tro
principe
franco
que
reinaba
en
los
pai-
ses
de
Boulogne,
Saint
Omer,
Brujas
y
Gan-
te;
el
cual
habia
querido
hacerle
traicion
en
la
batalla
de
Soissons.
Ganó
á
muchos
de
sus
leudes
,
y
marchó
contra
él.
Cararico
y
su
hijo
no
pudieron
oponerle
sino
muy
fla-
ca
resistencia
:
los
traidores
que
los
rodea-
ban
los
entregaron
al
rey
de
los
francos
,
el
cual
mandó
cortarles
el
cabello,
que
era
la
degradacion
de
aquelsiglo.
Despues
los
des-
terró
a
un
monasterio
,
donde
el
padre
se
ordeno
de
sacerdote,
y
el
hijo
de
diáco-
no.
Algun
tiempo
despues,
como
Cara-
rico
llorase
amargamente
su
desgracia,
el
hijo
le
habló
asi
:
«Consolaos
,
orque
des-
ROJAR
dono
de
este
largo
cabello
,
insignia
e
nuestra
dignidad
,
no
han
hecho
mas
que
quitarnos
unas
hojas
que han
de
volver
á
brotar.
¡Perezca
el
autor
de
esta
injuria
tan
prontamente
como
veremos
crecer
nuestros
cabellos!»
CGlodoveo
supo
esta
conversacion,
los
mandó
matar,
se
apoderó
de
sus
teso=
ros,
y
fue
reconocido
como
rey
por
los
fran-
(64
.
E
O
i
cos
y
romanos
que
obedecian
á
Cararico.
El
mismo
Gregorio
de
Tours
continúa
asi
su
nar?
racion:
«Ragnacario
,
rey
de
los
francos
d
Cambray,
deshonraba
su
clase
y
su
familia
con
sus
disoluciones.
Faron,
su
privado
ministro,
le
dominaba
favoreciendo
sus
vi-
cios.
El
rey
hablaba
de
su
favorito
como
de
un
igual
suyo
y
asociado
al
trovo.
El
abusó
que
hacia
Faron
de
su
crédito,
tenia
incio]
nados
á
los
francos.»
Clodoveo,
sabedor
esta
disposicion
de
los
ánimos,
irritó
el
en
jo,
y
logró
fácilmente
seducir
4.muchos
va
sallos
de
Raguacario,
prometiéndoles
braza
letes
de
oro.
Asegurado
de
su
apoyo
mar-.
chó
contra
el
rey
de
Cambray.
Los
infames.
compañeros
de
este
principe
débil
é
infeliz,
á
quien
habia
encargado
reconocer
las
tro-
pas
que
se
acercaban
,
le
engañaron
hacién*
dole
creer
que
eran
un
cuerpo
auxiliar
Ha-"
mado
por
Faron.
Esta
perfidia
hizo
que
n0.
tomase
precauciones
para
defenderse.
Clo-
doveo
llegó
,
le
acometió
inesperadamente,
y
le
derrotó.
Cuando
quiso
Ragnacario
escar
parse
,
sus
pérfidos
compañeros
le
encade-
naron
á
él
y
á
sa
hermano
Ricario,
y
los
He->
varon
á
Clodoveo.
«¿Cómo,
dijo
el
vence?
dor
al
rey,
un
principe
de
mi
familia
es
tan
cobarde
que
sufre
las
cadenas?
Debiais
ha”
ber
perecido
antes.»
Y
le
partió
la
cabeza
con
su
francisca.
Volviéndose
despues
á
Ri-
cario
,
le
dijo
:
«No
hubieran
preso
á
vues”
tro
hermano
si
vos
le
hubiescis
defendi-
do;»
yal
punto
le
matú
con
su
segur.
LoS
(65)
|
traidores
que
habian
sacrificado
á
sus
prin>
cipes,
se
quejaroná
Clodoveo
de
la
violacion
de
sus
promesas;
pues
los
brazaletes
que
les
habian
dado
,
solo'.eran
de
cobre
dorado.
«Una
moneda
falsa,
les
dijo
el
rey,
es
diguo
premio
de
los
que
venden
y
entregan
asus
gefes.
Huid
de
mivista,.
y
agradeced
á
mi
clemencia
que
no
mando
daros
muerte.»
Es-
ta
moral
,
predicada
por
el
homicida,
au-
mentaba.
la
malicia
de
su
delito.
Glodoveo
hizo
tambiem
morir
a
Regnomero,
hermano
de
Ragnacario
,
y
rey
de
los
francos
estable-
cidos
en
el
Maine.
Gon
la
muerte
de
estos
principes
y
de
otros
muchos
gefes',
parien=-
tes
suyos,
cuyas
empresas
temia
,
CONSIguio
establecer
su
autoridad
en
toda
Galia.
Algun
tiempo
despues
se
quejó
,
en
la
junta
general
delos
francos,
de
hallarse
solo
y
sin
familia.
«Soy
,
dijo
,
estrangero.en
mis
estados.
Si
me
acometiese
alguna
calamidad
no
tendria
ninguna
persona
a
quien
volver
los
ojos
para
que
me
vengase.»
San
Gregorio
de
Tours,
en
lugar
de
creer
sincero
este
sen-
timiento,
le
miraba
como
un
ardid
para
sa-
ber
si
existian
aun
individuos
de
su
familia,
que
se
hubiesen
libertado
de
sus
crueles
sos-
pechas.
Despues
de
tantos
homicidios
,
y
pa
para
expiarlos
,
reunió
el
concilio
de
rleans,
al
cual
asistieron
30
obispos.
En
él
se
confirmó
el
derecho
de
asilo,
concedido
a
las
iglesias,
por
el
cual
se
les
autorizaba
á
no
entregar
los
homicidas,
ladrones
y
adúl-
—teros
que
se
rgfugiaban
á
ellas
sino
bajo
la
TOMO
XIII,
5
1
'
(66)
|
promesa
de
no
matarlos
ni
mutilarlos.
Se
es
ceptud
á
los
obispos
de
la
ley
de
prescrip
cion
para
sus
bienes
y
para
las
tierras
quí
cedian.
Entonces
fundo
Clodoveo
much
iglesias
y
abadias
muy
bien
dotadas.
Des
pues
de
30
años
de
reinado
,
y
45
de
edadi
murió
en
Paris,
y
fue
enterrado
en
la
igles
sia
de
san
Pedro
y
san
Pablo
,
edificada
pol
él
y
por
Clotilde.
Santa
Genoveva
murio
el
mismo
año
,
y
tuvo
sepultura
en
el
templo
que
conserva
sunombre.
Clotilde
se
retiro?
Turena
algunos
años
despues
,
y
acabó
pia
dosamente
sus
dias
junto
al
sepulcro
de
sal.
Martin,
del
cual
pocas
veces
se
alejó
para
1
a
la
capital.
La
historia
colocará
siempre
Clodoyeo
entre
los
grandes
capitanes,
Dobi
les
politicos,
célebres
conquistadores
y
fun
dadores
de
imperio;
pero
al
mismo
tiemp%
que
consagrara
su
gloria,
ño
olvidará
los
cri
menes
de
sus
últimos
años.
e.
(67)
CAPITULO
VIL
Cuildleberto
for
eno
+)
Alibris
Clo-
Layto
>
Cierro,
—
Division
de
los
estados
de
Clodoyeo
entre
sus
hijos.
Guerras
de
Tierry,
rey:de
Metz,
contra
Teodorico
,
rey
de
Italia
;
y
con-
tra
los
turingos.
Guerra
de
Borgoña:
ba-
talla
de
Veseronce..
Fin
de
la
monarquía
de
los
borgoñones.
Guerra
de
los
.fran-
cos
con
los
visigodos.
Conquista
de
Pro-
venza
:
espedicion
de
Teodoberto
a
Ita-
lia.
Guerra
entre
los
reyes
de
Francia.
Sitio
de
Zaragoza.
Muerte
de
Teodober-
to,
rey
de
Austrasia.
Agregacion
de
Aus-
trasta
al
reino
de
Soissons.
Guerras
de
Clotario.
contra
los
sajones
y
contra
su
hijo
Cramne.
Muerte
de
Childeberto.
Dia
de
los
estados
de
Clodoveo
en-
tre
sus
hijos.
(511:)
La
edad
herdica
de
los
franceses
fue
mas
corta
que
la
de
los
grie-
gos;
pues
se
limitó
al
reinado!
de
Clodoveo
y
de
sus
belicosos
hijos.
No
se
sabe
por
qué
prodigamos
nuestra
admiracion;
¿los
funda-
(
68.)
;
dores
de
los
reinos
de
Grecia,
al
mismó
tiempo
queleemos
con
cierto
disgusto
la
hist
toria
de
164
primeros
héroes
de
Francia.
Sil
embargo
,
estas
dos
épocas
y
estos
dos
pal”
ses
ofrecen
la
misma
union
de
valor
y
ba
barie
,
de
grandeza
y
grosería
,
de
virtudes.
y
Crimenes;
y
los
franceses
deberian
col
templar
con
mas
vivo
interes,
pues
en
fiN.
es
nacional,
álos
guerreros
que
rindieron
14
hidra
romana,
que
a
los
que
esterminaron
l
de
Lerna
y
el
Minotauro.
Si
á
pesar
de
10%
prodigios
iguales
de
valor
la
ferocidad
dé
costumbres
es
la
que
nos
desagrada
en
cua?
dros
semejantes,
se.
puede
decir
que
la
fat.
milia
de
Atreo
es
mas
horrenda
que
la
de
Chilperico;z
que
los
atentados
de
Fredegun
da
y
de
Brunequilde
no
igualan
en
atrocidad
á
los
de
Medea;
en
fin.,,
que
las
disoluci
nes
de
los
merovingios
no
ofenden
tanto
€
udor
como
los
amores
criminales
de
Elena,
Meseo
,
Pasife,
Piritoo
y
los
Heraclidas.
LY
religión
cristiana
luchaba
contra
la
inmoral?
dad
feroz
de
los
francos;
los
héroes
griego£
no
tenian
freno
que
contuyiesesus
pasiones
Pero
lo
que
debia
obligarnos
principalment.
te
á
estudiar
con
mas
ciudado
los
origent%
francos,
es
que
son
históricos,
cuando
10%
de
Grecia
eran
en
la
mayor
parte
fabulosos"
Ademas,
todos
los
esfuerzos
de
los
prince”
pes
griegos
se
limitan
4
conquistar
un
poco
de
oro
en
la
Cólquide,
y
á
destruir,
despue?
de
diez
años
de
afanes
,
la
ciudad
de
Truy%
cuando
los
gefes
delas
tribus
herdicas
de
10%
HN
a
(69)
francos
fundarohiIsobeé
las
ruinas
del
impe-
rio
romano
,
una
potencia
que
treinta
años
despues
de
Clodoveo:
se
estendia
desde
el
mar
del
norte
hasta
los
Alpes
y
los
Pirineos,
y
desde
el
Océano
hasta
lá
riberas
del
Da-
nubio.
Esta
fue
,
como
observa
Robertson,
una
de
las
mas
grandes
revoluciones
del
mundo.
El
antiguo.
valor,
perdido
mucho
tiempo:
habia
entre
los
romanos,
se
hallaba
en
todasu
fuerza:
en
los
corazones
de
nues-
tros
abuelos
:
los
sajones
en
Inglaterra,
los
francos
en
Galia,
los
hunnos
en
Pannonia,
los
ostrogodos
y
lombardos
en
Italia,
y
los
visigodos
en
España,
eran
rivales
en
denue-
do
y
atrevimiento:
La
faz
de
Europa
se
mu-
do:
formas
de
gobierno
,
leyes,
costumbres,
trages
,
mombres
€
idiomas
,
todo
fue
dife-
rente.
Los
vencidos
de
mucho
tiempo
antes
eran
esclavos
:
los
vencedores
ingénuos.
La
asion
de
la
guerra
y
el
amor
de
ÍA
gloria
a-
¡Peron
la
banderade
cada
gefe
un
gran
nú-
mero:de'
guerreros
que
le
seguian
como-vo-
luntarios.
Todas.
estas
naciones
se
apodera-
ron
y
'aunque
bajo
diversos
sistemas
,
de
las
tierras
de
los
vencidos;
y
sin:embargo,
en-
tre
tantos
pueblos
diferentes
se
fue
estable-
ciendo
poco
á
poco
una
policia
feudal
y
uni-
forme,
yes
las
mismas
causas
producen
siempre
iguales
efectos
,
y
porque
teniendo
todos
temor
de
perder
sus
conquistas
,
fue
necesario
que
empleaseu
medios
semejantes
para
conservarlas.
Ási,
en
todas
partes
fue
o-
bligado
el
hombre
libre
á
hacer
servicio
mi-
(70)
litar
por
la:
tierra
«que
le
habia
tocado.
Los
reyes,
que
habian
recibido
mayores
porcio=
nes
>
las
distribuyeron
para
aumentar
el
nús
mero
de
sus
adictos
Y
leudes.
Todo
nuevo
gobierno
fue
en
el
pais
de
que
habia
hech0
la
conquista
,
un
ejército
acantonado
,
cuy?
fuerza
no
podia
conservarse
sino
por
la
dis"
ciplina.
Las
palabras
soldado
y
hombre'fuer.
ron
sinónimas.
Este
sistema
,
escelente
pará
la
defensa
militar,
contenia-los
gérmenes
de
la
anarquia
civil.
Los
vasallos
de
la
coront.
recibieron
en
tierras
beneficios
revocables,
haciendo
homenage
de
fidelidad:
poco
des*.
pues
conservaron
rebeláandose
los:
beneficios.
que
habian
conseguido
sometiéndose:
poc0
a
poco
se
fueron
haciendo
hereditarios
109
beneficios,
y
pronto
no
quedo
ninguna
bar-.
rera
que
preservase:
la
monarquía
de
las
ur
surpaciones'
de
la
aristocracia.
Los
progre”
sos
de
los
grandes
vasallos
fueron
sucesivos.
pero
rápidos.
Al
principio
eran
jueces
y
me
gistrados
por
los
reyes,
despues
se
hiciero!
administradores
y
jueces
soberanos.
,:
acuña
ron
moneda,
declararon
guerra
,
violaro!
las
leyes;
insultaron
4:
sus
monarcas,
que
no
tenian
autoridad
,
y
rompieron
toros
los
vinculos
que
los
unian
4
la
corona.
El
des
órden
que
introdujeron
se
hizo.
universal.
Cada
vasallo
tuvo
tambien
vasallos
y
subva”
sallos
:
el
débil
se
sometió
en
todás
parte”.
al
fuerte
,
para
ser
protegido;
y
la:
Franció
bajo
los
últimos
reyes
merovingios
,
solo
0%
frecia
el
espectáculo
de
una
nación
tan
4
(01)
borotada
en
lo'interior,
como
débil
y
flaca
en
lo
esterior.
)
El
genio
de
Carlomagno
reunió
por.al-
gun
tiempo
los
retales
esparcidos
de
la
mo-
narquia:
restablecio.la
libertad
con
las
asam-
bleas
nacionales,
dió
vigorá
las
leyes
con
los
capitulares:
la
autoridad
monárquica
rena-
ció
a
la
sombra
de
su
gloria;
pero
su
vasto
sistema
no
pudo
conservarse.
Despues
de
su
muerte
se
desmembró
el
imperio
:
Francia
volvió
á
la
anarquía:
las
ciencias
huyeron
de
un
gobierno
en
que
nada
era
fijo
ni
estaba.
arreglado
:
los
restos
de
sociabilidad,
urba-
nidad,
lujo
y
elegancia,
quese
hallaron
en
la.
Galia
romana,
se
perdieron:
entre
las
tinie-
blas
feudales.
Los.
graudes
no
supieron
ni
aun
leer:
los
clérigos
apenas
entendian
el
Breviario;
supersticiones
groseras
ofuscaron
la
luz
de
la
religion:
el
clero
fue
belicoso:
la
nobleza
se
corrompio
por
su
despotismo:
el
pueblose
envileció
en
la
servidumbre
:
el
sentimiento.de
la
dignidad
humana
desapa-
reció.,
y
se
arruinaron
todas
las
barreras
que
se
oponen
a
la
ferocidad
de
las
costumbres.
Pero
segun
el
órden
eterno
de
las
cosas,
los
inforlunios
tienen
sus
limites
como
las
pros-
peridades.
El
de
la
degradacion
de
Europa
fue
el
siglo.
XI
:
entonces
el
)jeregrinage
ar-
mado
de
las
cruzadas
la
saco
de
su
letargo,
y
trajo
de
oriente
nuevas
luces
e
ideas
que
mejoraron
paulatinamente
las
costumbres,
y
vigorizaron
la
accion
de
los
gobiernos.
Despues
de
este
corto
bosquejo
del
cua-
iS
LINO
dro
magnifico
,
formado
por
el
genio
de
Ro-
bertson
,
que
nos
da
justa
idea
del:
origen,
progresos
y
caida
del
sistema
feudal
en
Eu-
ropa
,
veamos
cual
era
el
estado
de
los
fran
4
cos
en
el
momento
en
que,
vencedores
de
Galia,
perdierón
el'
rey
que
los
habia
guiado.
a
esta
conquista.
Montesquieu
observa
con.
razon
que
la
ley
Sálica
10
esctuia:las
muge-
res
de
la
herencia
porque
prefiriese
los
va-
robes,
sino
para
dejar
la
casa
ó
sala
al
que
debia
habitarla
y
podia
defenderla.Elderecho.
de
los
varones
no
pasaba
mas
allá
del
quinte
grado.
Muchos
autores
han
confundido
las.
tierras
sálicas
con
los
feudos
:
las
tierras
sá-
licas
eran
alodios'¿bieñes
propios:
los
feu
dos
tio0'se
conocieron
ni
establecieron
sino”
mucho
tiempo
despues
de
la
conquista:
Los
francos
buscaban
sus
leyes
en
la
naturaleza;
y
asi,
su
primer
corona
fúe
la
larga
cabelle-
ra.
Los
particulares
solo
tenian
una
mugeri
los
reyes
francos,
aunque
ya
cristianos,
cons
servaban
muchas,
no
por
incontinencia;
por?
1
que
las
costumbres
eran
puras,
como
104
prueba
la
deposicion
de
Childerico.,
sino
porque
la
pluralidad
de
esposas
erá
um
pri
vilegio
de
su
clase,
concedido
en
Germania
á
los
principes
mas
¡lustrées.
Ápenas
un
fran=
co
podia
manejar
la
lauza,
entraba
4
las
az
sambleas,
y
la
naturaleza
señalaba
la
mayor
edad
por
medio
de
la
fuerza.
«El
águila,
de
cia
Teodorico,
deja
dé
alimentar
á
sus
his
jos
desde
que
tienen
garras.»
El
derecho
de
adopcion
era
conocido
de
los
francos
:
se
ar
(73
doptaba
á
un
niño
dle
un
venablo.
La.
razon
y
el
bien
público
exigian
que
la
auto-
ridad
suprema
residiese
solo
en
un
hombre:
los
usos
y
costumbres
habian
asociado
el
de-
recho
de
reinar
al
nacimiento;
de
modo
que
sé
miraba
á
cualquier
individuo
de
la
fami-
lia
real,
aunque
fuese
niño
,
como
rey
y
gefe
que
debia
poseer
una
porcion
del
reino
y
el
mando
de
una
tribu,
y
de
los
compañe-
ros
que
quisiesen
seguirle.
Asi
la
naturaleza
y
el
interes
general
propendian
a
la
unidad
del
poder,
y
las
costumbres
á
su
desmem=
bracion.
De
esta
contrariedad
nacieron
las
discordias
,
crueldades
y
crimenes
de
los
re-
yes
de
la
primera
dinastia;
porque
los
nu-
merosos
principes
de
sus
familias
eran
riva-
les
y
¿quienes
no
podian
impedir
que
des=
membrasen.
sus
estados
sino
privándolos
de
la
vida.
Otra
causa
fecunda
de
las
desgra-
cias
públicas
era
el
derecho
de
vengar
per-
sónalmente
las
injurias,
conservado
por
los
pueblos
del
norte
'eon'
mas
celo:
y
teson
que
otro
alguno.:
Las
composiciones
y
multas,
prescritas
pov-la
ley:
Sálica,
fueron
débil
paliativo
y
freno
impotente
contra
la
pasion
de
venganza
que'se
perpetuaba
en
las
fami=
lias
+'asi
los
asesittatos
de
reyes
y
principes,
qué
nós
causan
ahora
un
horror
tan
grande
y
tanjusto
,
no'
eran
entonces
para
los
pue=
los
sino
el
ejercicio
del
derecho
que
tenian
de
vengar
las
injurias
y
hacerse
justicia
4
fuerza
armada.
Los
francos
no
tenian
verda=
deros
reyes
auies
de
entrar
en
Galia.
Los
(74)
caudillos
de
las
tribus
se
reunian
algunas
ve-
ces
para
deliberar,
y
convocaban
la
nacion
entera
para
discutir
sobre
Jos
intereses
ge-
nerales
de
la
confederacion.
Cuando
los
fran-
cos
se
dispersaron
en
Galia,
los
condes
y
du-
que
,
nombrados
por
los
reyes
,
celebraron
en
todos
los
lugares
asisas
4-asambleas
para
juzgar
las
causas
:
sus
asesores
eran
elegidos
por
los
romanos
paralas
causas
de
sunacion,
y
por
los
francos
para
las
sálicas.
Las
gran-
des
juntas
dial
llegaron
á
ser
muy
ra-
ras.
Tratados
de
reconciliacion
entre.
los
principes
,h
mudanzas
notables
en
las
leyes,
instalacion
de
los
monarcas.
,
empresas
mili-
tares
de
importancia
ó
juicios
de
grandes
de-
lincuentes
fueron
los
objetos
de
estas
reu-
niones.
Pero
en
circunstancias
ordinarias
se
sustituyó
a
la
asamblea
nacional
el
gran
con=
-
sejo
de
los
reyes
,
compuesto
de
antrustio-
nes,
leudesy
senioresz
es
decir,
delos
gran”
des
del
estado.
Gozaban
el
privilegio
de
ju=
rar
personalmente
fidelidad.
al
rey,
de
ser
sus
comensales,
y
de
no.
tener
otro
juez
sino
á
el,
Como
los
sacerdotes
de
los
pueblos
bár-
baros
de
Germania
DAT
y
casi
sa-
grados,
los
obispos
cristianos
,
sabios.
y
vir-
tuosos.,
y
perpétuos
mediadores
entre
la
fe-
rocidad
del
vencedor
y
la
flaqueza
del
ven-
cido
,
heredaron
aquella
prerogativa,
en-
traron
en
el
consejo
de
los
reyes,
y
aun
0cu-
paron
en
él
las
primeras
sillas.
De
estos
pri-
vilegios
resultó
que
los
nobles
vitalicios
ó
seniores,
establecidos
en
sus
tierras,
solici-
(75)
i
taron
y
obtuvieron
que
los
tributarios
fija=
dos
en
sus
posesiones
fuesen
exentos
de
la
jurisdiccion
de
los
condes,
'asi
como
lo
eran
ellos
,
y
de
este
modo
fueron
los
nobles
los
jueces
de
sus
tributarios,
de
sus
sierv0s,
Y
despues
por
abuso,
de
todos
los
hombres
ingénuos
0
libres
que
les
rindieron
vasalla-
ge
para
estar
bajo
su
proteccion:
Los
obis-
pos
los
imitaron,
con
tanta
mas
razon,
cuan-
to
era
mayor
el
número
de
los
quese
acogian
a
la
proteccion
de
la
Iglesia
,
por
dos
moti-
vos:
uno
porque
los
obispos,
desde
los
prin-
cipios
del
eristianismo,
árbitros
de
las
desa-
venencias
de
los
fieles,
juzgaban
segun
el
erecho
comun
,
cuyas
formas
eran
protec-
toras
,
y
no
por
la
jurisprudencia
barbara
que
los
francos
trajeron
de
Germania
:
otro
porque
el
poder
protector
del
sacerdocio
erapatoral
>
Y
por
consiguiente
mas
fuerte
y
sagrado
que-la:
espada
e
los
barones.
A.
los
E
Procuraron
los
obispos
esceptuar
bs
Wi
los
bieneside
la
Iglesia”,
como
staban
los
delos
nobles;
por
la
razon
de
PR,
UNOS
y
otros
ejercian
poder
político.
El
TS
0
Injurioso
fue
el
primero
que.
se
resis-
de
a
pagar
contribuciones.
Despues
esten-
aid
sus
derechos
hasta
arreglar
la
con-
Erie
reyes;
juzgarlos
“y
prohibir
4
OS
que
los
'obedeciesen.
Estos:
dere-
chos
,
que
hoy
nos
parecen
y
són
tan
anár-
quicos
,
eran
conformes
á
las
costumbres
de
aquellas
naciones,
bárbaras,
que
como
he-
mos
visto
,
deporian,
y
aun
condenaban
dá
E
(76)
muerte
á
sus
caudillos.
El
sacerdocio
tuvo
mas
prerogativas
politicas
que
las
demas
cla-
ses
,
porque
las
escedia
en
luces
,
y
ademas
enseñaba
la
única
doctrina
que
Dada
enfre-
nar
á
los
grandes
,
y
proteger
á
los
desvali-
dos.
El
silencio
universal
de
todos
los
histo-
riadores
,
y
la
falta
de
actas
conocidas
prue-
ban
que
entre
los
franeos
no
hubo
sistema
regular
de
repartimiento
de
los
tierras
con-
quistadas,
sino
que
cada
uno,
segun
su.con-
veniencia,
su
clase,
su
crédito
y
la
ocasion,
se
apoderó
de
los
bienes
que
ponia.en-sus
manos
la
muerte
ó
la
esclavitud
del
enemigo
yencido
,
0
del
delincuente
condenado
¿Ta
confiscacion
de
bienes.
Las
leyes
de
los
visi-
as
y
borgoñones
hablan
de
repartimiento
egal
,
porque
lo
hubo:
la
ley
Salica
no:
ha-
bla
de
él,
porque
ninguna
disposicion
Jo
habia
arre
Í
los
caudillos
daban
en
Germania,
eran
caba-
lMos
,
eseudos,
y
parte
en
el
botin.
Cuando
estos
caudillos
llegaron
4ser
reyes
0
con-
Cobro
A
oler
se
apoderaron
de
gran-
es
dominios,
y
dieron.
estensas
porciones
de
eHos,
con
el
nombre
de
beneficios
,
4sus
leudes,
fieles
y
compañeros,
cuyo
número
aumentaron
de
este
modo
,
y
caya
adhesion
sab
fijar.
Los
gefes
inferiores
imitaron
alos
reyes,
y
formaron
tambien
una
pode-
rosa
clientela.
Los
francos
,
que
al
principio
protegieron
las
ciudades,
y
despues
las
opri-
mieron,
no
gustaban
de
¡onda
en
ellas
,
y
preferian
el
campo.
Los
patricios
y
senado-
ado.
Los
regalos
y
premios
que.
A
o
a
O
e
e
A
(77)
:
res
galos
siguieron
su
ejemplo
,
a
E
ley
Sálica,
y
fueron
,
como
sus
vencedores,
leudes,
antrustiones
,
seniores,
nobles
L
campesinos.
Los
senadores
de
las
ciudades
o
su
autoridad
:
á
la
guerra
que
es-
tas
se
hacian
antes,
sucedió
a
de
los
casti-
05
3
y
para
evitar
las
calamidades
que
pro-
Ucian
estas
querellas
y
venganzas
¿particu-
ares,
recurrió
todo
hombre
libre
a
la
pro-
teccion
de
un
señor,
de
un
obispo
0
de
un,
abad
,
rindiendo
vasallage,
y
tal
vez
hacien-
Ose
siervo.
En
efecto,
da
fórmulas
de
Mar-
culfo
demuestran
que
habia
dos
modos
de
conseguir
el
auxilio
de
un
hombre
mas
po-
eroso
si
el
hombre
libre
le
presentaba
una
flor
9
una
espiga,
prestando
homenage
al
señor
,
quedaba
por
vasallo
y
soldado
suyo;
pero
si
le
era
forzoso
comprar
mas
cara
su
seguridad
,
por
ser
mas
débil
ó
mas
timido,
resentaba
al
patrono
un
mechon
de
sus
ca-
Rellos
,
y
quedaba
esclavo
del
terruño.
Los
francos
no
pagaban
impuestos,
y
en
vano
se
han
dado
violentas
interpretaciones
á
la
pa-
labra
censo
para
sacar
pe
ella
una
falsa
in-
duccion.
Muchas
actas
prueban
evidente-
mente,
que
solo
estaban
sometidos
á
la
obli-
gacion
de
costear
la
mesa
y
el
alojamiento
de
los.
reyes
,
duques
y
condes
cuando
pasaban
por
su
territorio.
Cada
tres
casas
debian
dar
un
soldado.
Los
leudes
seguian
en
persona
al
rey.
Se
pagaban
peages
por
la
construc-
cion
y
conservacion
de
puentes
y
barcas.
Los
romanos
y
galos
libves
participaron
de
(78)
esta
exencion
de
impuestos;
cuando
antes
eran
oprimidos
por
los
emperadores,
y
este
alivio,
introducido
por
las
costumbres
ger-
mánicas
,
contribuyó
mucho
á
unir
los
ven-
cidos
con
los
vencedores.
Un
hecho
refuta
suficientemente
en
esta
materia
toda
obje-
cion
sistemática.
Marculfo
en
una
de
sus
fór-
mulas
prueba
del
modo
siguiente
la
exen-
cion
de
impuesto
que
gozaba
todo:
hombre
libre
:
«Ninguno
,
dice,
puede
ser
clérigo
sino
prueba
que
es
libre
y
no
inscrito
en
el
libro
del
censo.»
Asi
el
censo
0
tributo
no
continuy
pagandose
sino
por
los
tributarios
O
siervos
del
terruño.
Este
impuesto
no
per-
tenecia
al
estado
ni
al
erario,
sino
al
dueño
de
la
tierra.
La
renta
de
los
reyes
consistia,
pues,
en
la
de
sus
dominios;
esto
es,
en
los
frutos
de
sus
tierras;
en
el
censo
que
pagaban
los
siervos
ó
tributarios
de
las
mismas,
y
en
el
fredo
,
multa
d
confiscacion
que
resultaba
de
los
juicios.
Ademas,
segun
el
uso
anti-
guo
,
los
francos
en
sus
juntas
nacionales
o-
frecian
al
rey
ciertos
regalos,
conocidos
des-
pues
con
el
nombre
de
dones
gratuitos.
Con
estas
noticias
se
entenderá
facilmente
cómo
los
hijos
de
Clodoveo,
distribuyendo
pródi-
amente
sus
dominios
en
beneficios
para
los
lao
compraron
por
algun
tiempo
con
su
socorro
un
poder
casi
absoluto
sobre
los
pueblos;
y
cómo
despues,
hallándose
sin
rentas
,
no
pudiendo
revocar
los
beneficios,
porque
los
grandes
les
habian
convertido
ya
en
propiedad
suya,
vieron
en
menos
de
un
a
E
TA
pp
79)
siglo
á
los
nobles
y
lomas
de
su7poe
der,
mudar
la
monarquia
en
república
es
ristocrática,
no,
dejarles
mas
que
una
corona
ilusoria
,
elegir
hasta
los
oficiales
de
su
ca-
sa,
y
mandar
como
señores
en
su
mismo
pa-
acio.
Para
concluir
esta
pintura
fiel
de
las
cos-
tumbres,
politica
y
sistema
legislativo
de
los
francos
,
volvamos
por
la
última
vez
a
la
cuestion
tantas
veces
controvertida
,
de
la
herencia
09
eleccion
de
los
reyes.
Nada
prue-
ba
con
mas
claridad
el
derecho
de
herencia
que
poscian
los
principes
de
la
dinastia
me-
rovingia,
quesusucesion
hereditaria
durante
tres
siglos
y
en
las
mismas
épocas
en
que
su
debilidad
personal
no
les
dejaba
mas
dere-
cho
a
la
corona
que
el
del
nacimiento.
Las
particiones
que
hicieron
del
reino,
el
adve-
nimiento
al
trono
de
reyes
niños
en
un
pue-
blo
belicoso
y
turbulento,
son
rra
no
menos
decisivas
del
mismo
derecho.
En
fin,
los
crímenes
mismos
de
los
primeros
principes
añaden
nueva
fuerza
á
estas
pruebas;
porque
nunca
los
hijos
de
Clodoveo
hubieran
for-
mado
el
horrendo
designio
de
degollar
á
los
hijos
de
Clodomiro
,
su
hermano
,
uno
de
edad
de
cinco
años,
y
otro
de
siete
,
si
hu-
biesen
mirado
como
inciertos
sus
derechos
á
la
participacion
del
trono
,
y
si
hubiesen
te-
nido
otro
medio
que
el
de
quitarles
la
vida
para
privarlos
de
aquellos
derechos.
Sin
em-
argo
,
tampoco
se
puede
poner
en
duda
que
los
francos
vivieron
mucho
tiempo
en
E
NS
Germania
sin
reyes:
que
eligieron
á
Fara-
mundo
:
que
se
reservaron
el
derecho
de
revocar
0
confirmar
los
poderes
concedidos
á
la
familia
reinante
:
que
depusierona
Chil-
derico:
que
dieron
el
cetro
a
Egidio,
y
que
eligieron
á
Clodoveo
por
rey
de
los
ripua=
rios.
La
inauguracion
de
muchos
reyes
se
hizo
con
el
consentimiento
de
los
grandes
y
el
pueblo.
Los
francos
amenazaron
á
Tierz
ry
que
eligirian
por
rey
á.
Clotario,
sino
seguia
á
sus
hermanos
á
la
guerra
de
Borgo-
ña.
Mas
tarde
suspendieron
el
ejercicio
de
la
autoridad
real,
y
proclamaron
a
Cárlos
Martel
por
duque
de
los
franceses;
en
fin,
depusieron
al
último
de
los
merovingios
,
y
eligieron
en
su
lugar
a
Pipino,
gobernador
Dal
palis
De
todo
esto
debe
inbride
que
por
costumbre
y
derecho
usual
,
aunque
no
escrito
en
las
leyes,
la
corona
fue
constan-
temente
hereditaria
en
la
primer
dinastia;
ero
que
las
juntas
de
lós
francos
no
solo
risaiian
la
autoridad
de
los
reyes;
obliga-
ron
á
Clotario
á
jurar
que
nada
haria
sin-su
aprobacion;
decidieron
libremente
todas
las
cuestiones
importantes
de
leyes,
guerra,
pa-
ces
y
repartimientos;
juzgaron
á
Fredegun-
da
,
y
condenaron
á
Brunequilde,
sino
que,
aun
respetando
en
la
familia
real
el
derecho
de
herencia,
conservaron
cuidadosamente
en
muchas
instalaciones
de
reyes
el
uso
de
re-
cordar
su
autoridad
electiva
con
una
fórmu-
la
que
habla
del
consentimiento
de
los
gran-
des
y
del
pueblo.
Esta
fórmula
se
halla
en
a
A
E
(81)
na
|
muchas
actas
reales,
y
se
ha
conservado
has-
ta
nuestros
dias
en
el
ceremonial
de
la"con=
sagración
de
los
reyes.
Los
cuatro
hijos
de
lodoveo
eran
jóvenes
cuando
murió
su
pa-
dre.
La
reina
madre;
venerada
en
Francia
como
santa,
gobernd
muchos
años
en
num-
bre
de
ellos,
y
por'su
consejo
dividieron
el
reino
en
cuatro
partes,
y
el
pueblo
franco
en
cuatro
ejércitos
+
segun
la
espresion
de
Gregorio
de
Tours,
hicieron
esta
division
lanzas
iguales.
La
diferente
estension
de
és-
tos
cuatro
territorios,
y
la
mezcla
de
unas
posesiones
con
otras,
prueban
evidentemen=
te
que
el
principal
objeto
del
repartimiento
fue
la
igualdad
del
número
de
francos.
Como
estos
se
hallaban
reunidos
en
gran
cantidad
en
el
pais
que
se
llamó
despues
isla
de
Fran-
cia,
se
formaron
de
este
territorio,
mas
limi-=
tado
que
lo
demas
,
tres
reinos,
que
fueron
los
de
Paris,
Orleans
y
Soissons.
Tierry
era
hijo
de
una
concubina,
y
los
otros
hermanos
de
Clotilde:
tenian
una
hermana
llamada
tambien
Clotilde,
que
casó
,
por
su
mal,
con
Amalarico,
rey
de:
los
visigodos.
Los
francos,
segun
su
antigua
usanza,
formaban
entonces
una
nacion
dividida
en
cuatro
tri
bus.
Tierry
tuvo
por
capital
la
ciudad
de
Metz
:
Clodomiro
É
de
Orleans:
Childeber=
to
reinó
en
París,
y
Clotario
en
Suissonsy
de
modo,
que
la
costumbre
,
mas
fuerte
que
la
ley
del
bien
úblico,
destruyó:
la
reúnion
que
Clodoveo
abia
conseguido
á
costa
de
tantos
crimenes
,
asesinando
ú
Sigeberto,
TOMO
XII.
6
(98)
Cararico.
Y
Ragnacario
»
y
sometiendo
sus
tubular
io
Is
Guerras
de
Tierry
,
rey
de
Metz,
con-
tra
Teodorico,
rey
de
Italia,
y
contra
los
turingos
+
(521.)
Esta
contradiccion
entre
la
ley
fundamental
que
dividia
los
tronos,
y
la
ambicion
que
procuraba
reunirlos,
fue
la
causa
privcipal
y
deplorable
de
las
crnelda-
des
de
Clodoveo
y
de
su
familia.
Sin
embar-
go,
los
diez
primeros
años
del
reinado
de
estos
cuatro
reyes
fueron
pacificos;
y
la
vir=
tud
de
Clotilde
contuvo
en
la
obediencia
y
el
respeto
4
sus
turbulentos
guerreros.
Teo-
dorico
¿rey
de
Italia,
quito
a
Tierry
toda
la
Galia
narbonense
y
parte
del
Langúedoc.
Mas
felices
fueron
en
Germania
las
ar-
mas
de
Tierry.
Mucho
tiempo
antes
habian
dado
los
turingos
a
los
francos
justos
moti-
vos
de
venganza
,
apoderándose
de
su
anti-
gu
patria
germánica,
y
asolando
la
Poxan-
ria.
Las
disensiones
que
se
movieron
en
la
familia
de
Hermanfredo:,
rey
de
Turingia,
proporcionaron
á
los
francos
el
medio
de
ob-
tener
la
satisfacción
que
pedian.
El
reino
de
Turingia
estaba
dividido
entre
Hermanfre-
do,
Bladerico
y
Bertier,
sus
hermanos.
Esta
particion
ofendia
el
orgullo
de
Amalaberga,
esposa
de
Hermanfredo.
Esta
muger
altane-
ra
y
violenta
empleaba
sucesivamente
los
ruegos
,
las
quejas
y
la
ironía
para
inflamar
la
ambicion
Ea
su
esposo.
Un
dia
que
este
principe
se
sentó
á
comer,
halló
la
mesa
solo
medio
cubierta:
preguntada
la
causa
de
la
(83)
novedad,
la
reina
le
respondio,
que
«un
prin-
cipe
débil,
que
se
deja'quitar
la
mitad
de
su
reino,
no
merece
que
se
le
sirva
sinó
a
me-
dias.»
Hermanfredo
>
irritado
de
estas
bur-
las:
y
de
las
representaciones
de
sus
ambi-
ciosos
leudes
,
toma
las
armas
,
y
para
con-
sumar
la.
ruina:
de
sus
hermanos
lama
en
su
SOcorro
a-los
reyes
Siopmioss
Tierry”,
pro-
metiéndoles
una
parte
de
los
despojos
de
aderico
y
Bertier-
Los
francos
acudieron:
sus
fuerzas
reunidas
arruinaron
alos
dos
her-
manos,:
que
perdieron
el
cetro
y
la
vida.
Pero
apenas
se
vió:
dueño
Hermanfredo
de
todo
-el
reino,
quebranto
la
palabra,
y
se
negó
á
dar
las
indemnizaciones
prometidas
a
los
principes
francos.
A-
esta
noticia
los
dos
hijos
de
Clodoveo
reunen
en
el
campo
de
Marzo
sus
impetuosos
guerreros.
«Compañe-
ros,
les
dijo
Tierry,
todavia
os
acordais
de
las
injurias
hechas
á
nuestros
padres
por
los
¿rfidos
turingos.
Despues
de
muchos
com-
Ep
para
lograr
la
paz,
los
francos
les
die-
ron
rehenes,
que
perecieron
á
manos
de
los
crueles.
Luego
llevaron
sus
armas
contra
la
antigua
cuna
de
muestra
tribu
:
asolaron
las
tierras,
mutilaron
a
nuestros
hijos,
y
los
col-
garon
por
los
tendones
descubiertos
de
los
arboles.
Ataron
200
doncellas
francas
á
las
colas
de
sus
fogosos
caballos,
que
las
arras=
traron
hasta
que
las
hicieron
pedazos.
Estos
mónstruos
arrojaban
nuestras
mugeres
en
las
sorruedas
mas
profundas,
hacian
pasar
so-
bre
ellas
sus
rápidos
carros,
y
entregaban
(84)
despues
sus
huesos
quebrantados
a
los
per=
ros.
En
fin»,
habian
jurado
espiar
estas
atro-
cidades,
reparar
estas
injurias,
y
aplacar
con
un
tributo
nuestros
justos
resentimientos
:
4
este
precio
hicimos
la:paz,
y
socorrimos
a
su
rey.
Ahora
Hermanfredo
viola
sus
juramen=
tos,
y
aun
tiene
la
osadia
de
quebrantar
sus
promesas
y.
de
añadir
las
amenazas
á
las
men-=
tiras.
Marchemos
«contra
él
:
Dios
castiga
a
los
perjuros
,
y
combatirá
en
nuestro
fa-
VOTÓ.
y
Los.
francos
respondieron
con
gritos
de
furor
4
estas
palabras
de
su
rey
,
y
entraron
de
nuevo
en
Turingia.
Hermanfredo
fue
ven=-
cido,
su
reino
conquistado
,
y
añadido
á
los
estados
de
Tierry.
Clotario
se
contentó
con
un
botin
riquisimo
y
un
gran
número
de
cautivos
,
entre
los
cuales
se
contaba
una
princesa
turinga
llamada
Radegunda.
Ca-
s0
con
ella,
la
hizo
desgraciada
con
sus
infidelidades,
se
separaron
,
ella
entró
en
religion
,
y
fundo
ol
monasterio
de
Santa
Cruz:
en.
Poitiers.
Hermanfredo.,
aunque
destronado
,infundia
recelos
en
Tierry.
Es-
te
le
llamó
cerca
de
si,
prometiéndole
sua-
vizar.su
infortunio,
El
rey
de
'Puringia
cayó
en
el
lazo,
y
vino
confiadamente
a
presen-
cia
de
su
vencedor.
Pascándose
un
dia
en-
trambos
sobre
las
murallas
de
Polpiac
,
un
desconocido
pasó
de
improviso
junto/áHer-
manfredo.,
y
de
un:empellon
le
arrojó
al
fo-
so,
donde
murió.
Amalaberga,
causa
de
to-
das
sus
desgracias
,
huyó
u
la
corte-de
los
85
vándalos
de
A
2
estaba
su
madre,
y
acabó
alli
su
vida.
113
Guerra
de
Borgoña
:
batalla
de
Vese=
ronce.
(523.)
Otra
muger
fue
la
ruina
de
Borgoña.
Gundebaldo
habia
muerto,
y
Su=
cedióle
su
hijo
Segismundo
,
que
gozó
mu-
chos
años
de
tranquilidad
,
asegurada
con
fuertés
“alianzas.
Casó
4
una
hija
suya
con
Tierry,
y
ganó
la
amistad
de
Anastasio,
em-
perador
de
oriente,
no
solo
pretendiendo
que
le
confiriese
las
dignidades
de
patricio,
conde
y
gefe
de
la
milicia
romana
,
que
ha-=
bian
obtenido
sus
antepasados
,
sino
decla-
rándose
respetuosamente
vasallo
y
lugarte=
miente
del
emperador,
y
comandante
de
los
romanos
en
la
parte
que
poscia
de
las
Ga=
tas.
Sus
cartas
son
curiosas
y
y
favorecen
la
Opinion
de
Dubos
acerca
«del
di
pto
inspiraba
todavia
en
esta
época
el
nombre
del
imperio
de
los
Césares
5
y
ademas
es-
Plican
el
motivo
que
habia
tenido
Clodoveo
ps
dar
4
sa
corona
el
último
esplendor
de
a
púrpura
patricia
y
consular.
«Muy
glo-
rioso'soberaño
,
decia
Segismundo
,
yo
me
presento
en
espiritu
al
pie
de
vuestro
trono:
Aunque
mis
antepasados
han
tenido
siempre
almucho
honór
eliédelcacaby
probaros
su
ad:
hesion,
los
beneficios
con'
que
me
habeis
honrado
personalmente,
pueden
mas
con=
migo
que
las
obligaciones.
de
mis
padres:
Mis
pueblos
son
vuestros
;
“y
es
mas
agrada-=
ble
fe
mt
serviros/que
mandarlos.
Mis
a=
uelos
han
creido
siempre
obligacion
suya
-.
08
ser
afectas
al
Ed
era
de
lo
que
han
dado
prueba
á
vos
y
vuestros
predecesores;
se
han
honrado
mas
con
este
vinculo
que
con
los
titulos
militares.
que
les
habeis
dis-
pensado.
Mando
la
nacion
de
los
borgoño-
nes,
y
solo
me
contemplo
gefe
de,
vuestros
soldados.
Todas
vuestras
prosperidades
son
ara
mi
motivos
de
alegría;
y
lo.
que
haceis
por.
la
salud
de
todos,
es
un
bien
de
que
yo
participo.
Por
medio.
de
mi
gobernais:pro-
vincias
tan
lejanas
:
mi
patria
es
dominio
vuestro;
y.la
luz
sale
de
oriente
para
esten-
derse
hasta
las
Galias.»
Se
ve
por
estas
formas
antiguas
de
sumision
y
este
lenguage
servil
que
a
Segismundo,
le
dictaba
sus
cartas
un
romano.
No
era
dificil
de
prever
que
un
principe
que
se
humillaba
á
usar
de
estas
es-
presiones,
era
poco
capaz
de
una:
larga
lid
contra
los
valientes
hijos
de
Clodoveo.
Segismundo
perdidá
su
cago
,
que
era
de
sangre
real;
y
enagenado
de.
un
ciego
ar
mor,
dió
su
mano
á
una
doncella
de
bajo
na-
cimiento.
Su
hijo
Sigeberto
,
indignado
de
estas
segundas
nupcias,
no
pudo
ver
con
so-
siego.
que
la
nueva
muger
del
rey
llevase
los
vestidos
de
la
reina
,
su
madre.
«Vos
profa-
nais
,
le
dijo
un
dia,
la
diadema.
y
los
ador=
nos
,
que
nose
han
hecho
para
vos;
y
man=
cillais
los
vestidos
de
una
reina
,
cuya
escla-
ya
erais.»
Desde
entonces
,
enfurecida
su
madrastra
,
resolvió
vengarse:
tuvo
arte
pa-
ra
persuadir
á
Soplimanio
que
su
hijo.cons-
piraba
contra
él
:
el
rey,
demasido.
erédulo,
(87).
mandó
dar
muerte?
al
muevo
Hipolito.
La
corte
se
divide:
una
parte
delos
señores
murmura-:
fórmanse
"facciones
,
y
la
discor-
dia,
presagio
cierto
de“laruina
de
los'esta-
dos
domina
en
Borgoña:
Entonves'lá
reina
Clotilde
habló
asi
'4
sus
hijos
:
«No
hagais
que
me
arrepienta
del
amor
con
que
0s
he
criado
:
aprovechad
la
“ocasion
favorable,
y
castigad
4'los
borgoñones
porel
delito'de
háber
muerto
4
mis”
padres.»
Proponer
la
guerra
¿Tos
hijos
de
Clódoveo,
erá
nrostrar-
les
el
camino
por
donde'los
arrastraba
su
ca-
racter
impetuoso:
Childeberto,
Olotário
'
y
Clodomiro
escitan
el'ápdor'
de
sus
guerreros
con
la
esperanza
de
unarica
presa:
marchan
con-numñeroso
ejército
contra
Borgoña
;
pero
Tierry
tenia
dos
motivós
para
no'funtar
sus
tropas
álas
de
sus
hermanos.
Durante
la
Búer-
ra
de
Turingia,
habiéndose
esparcido
la
fal-
sa
noticia
de
su
muerte
3
los
hijos
de
Clotil-
de
habian
entrado
en
"Auvernia:
para
seño=
rearse
de
esta
opuleñta
porcion
de
sús'esta-
dos.
Por
btra
parte
los
viiculos
que
le
étila-
zaban
con
Segismundo:
su
suegro,
le
itipo-
lan
unirse
4
los
“que
querian
destroparle.
us
leudes
,
sorprendidos
de
su
inacción
,
y
Pesarosos'
de
no'
tomar
patte
en
uña
guerra
que
prometia
á
los
vencedorés
Mérras
,
es
clavos
y
riquezas,
instaban
al
rey
id:
ne
eon-
nurtiese
4
la
guerra
contraBorgoña;
y
Uomo
lerry
sel
negase
4
ello
¡"pasarón
prohta=
Mente
de
las
murmuraciones
álasedición,
y
€
amenazaron
de
abaudoriarle
y
"pasarse
á
Clotavio.
Tierry,
firme
em
su
propósito,
lo-
gró
calmar:su
enojo
y
y:
ofreció
otro
objeto
a
nó
como
un
tirano.
El
rey,
no
haciendo.caso
de
y6
costumbre
,
que,
Apo
derecho,
a
los
pus
los
para
elegir
sus
obispos,
dispnso
de
la
mitra
de
Clermont
,
y
la
dió
á,
Quinciano
pay
ndemplanci
de
las
persecuciones
que
habia,
sufrido,
de
los
arrianos
como
din
rios
de
Clodoveo.,...
o]
«Entretanto
los
ejércitos
de.
Francia.
y
Borgoña
vinieron
á
las
manos
:
los
horgoño-
nes
estaban
divididos
,
y
fueron
derrotados
89)
en
breve.
e
+
vencido
cayó
en
po-
dér
de
sus
enemigos,
que
se
hicieron
due-
ños
de
Borgoña;
pero
su
hermano
Gunde=
maro
sublevó
poco
despues
los
borgoftones,
y
+
volvieron
4
tomar
las
armas.
“Los
reyes
francos
¿al
saber
esta
rebelion,
mandaron
a=
sesinar:á
Segismundo
;
reunieron
sus
tropas,
marcharon
contra
Gundemaro,
y
le
dieron
batalla
cerca
de
Veceronce,
ex
las
orillas
del
Ródano.
Despues
de
unaresistencia
ostinada
el
valor
de
los
hijos
de
Clodoveo
fijó
la
vio-
toria
:
una
parte
de
los
borgoñones
pereció,
y
btra:se
salvo
con
la
fuga:
Clodomiro,
de-
masiado
impaciente:
de
«consumar
la
derrota
de
lós-enemigos;
los
persiguió
con
tanto
ár-
or
que
se
separó
de
los
suyos:
entonces
un
cuerpo
enemigo
trémolóy
para
engañar=
lo
un
estandarte
parecido
al
da
los
francos;
sé
acercan
á
el
y
le
rodean,
acometen
y
dera
ribah
:>
le
cortan
la
cabeza,
la?
ponen
en
la
Punta
de
una
lanza
;
y
se
retiran'
consolados
e
su
derrota
con
este
trofeo:
Gundemaro,
Para
escapar
de
le
venganza
de
los
francos,
C-
vistió
demonge,
y
se
ocultó
en
un
con=
ha
sa
despues
un
traidor
le
entregó
A
los
encedores,
que
lo
mandaron
arrojar
a
Un
Pozo,
y
esterminaron
su
familia.
:
(
53
e
la
monarquia
de
los
borgoñones.
A
ildeberto
y
Clotario
;
despues
de
E
RATON
ruina
de
los
borgoñrones,
AS
lo
todas
las
ciudades
y
pueblos
que
sa
sistian
,
repartieron
entre
los
dos
la
goña,
y
pusieron:
fin
á
este
reino”,
que
90)
habia
durado
120
años.
Algun
tiempo
antes,
estos
dos
principes
,
dignos
herederos
de
la
ambicion
y
crueldades
da
su
padre,
come-
tieron
con
los
hijos
de
Clodoiniro
la
mas
horrenda
atrocidad.
Veian
con
pena
que
a=
quellos:
principes
,
de
los.
cuales
el
mayor
aun
no
tenía
siete
años
,
debian
por
su
naci=
miento
,
por
las
costumbres
de:
los
francos,
y
por
la
proteccion
de
la
virtuosa
Clotilde,
participar
con
ellos
de
la
-soberanta
de
las
Galias.
Era
preciso
,
pues,
que
aquellos
ni=
ños
fuesen
sus
rivales
d
sus
victimas.
Chil-
deberto
,
cuyo
carácter
era
benigno,
estaba
indeciso;
pero
el
impetuoso
Clotario
10:
pas.
saron
a.Paris
,
donde
estaba
entonces
Clo=
tilde
;
ocupada
en
lá
educacion
de
los
hijos
del
desgraciado
Clodomiro+
Clotario,
para
esterminar
a.
sus
sobrinos,
engañó
4
suamaz
dre.
eon.
la.
mayor
perfidia
,
suplicándole
que
les
enviase
a
los.niños
para
darles,
de
h=
cuerdo.
consu
hermano
,
Dicbusasios
delos
estados
de.
su
padre.
Apenas
los
tuvó
en
sá
poder
envió.
4
Arcadio,
senador
romano
y
ministro
suyo',
al
palacio
de
Clotilde:
este
presentó
4-
la
reina
un
puñal
y
unas
tijeras;
preguntándole
si
preferia
que
sus
nietos
fue-
sen
asesinados
y
que
se
les
cortase
el
cabe»
lo.
Clotilde
indignada
esclamó
:
«Mas
bien
uiero
verlos
muertos
,
que
degradados.»
l
pérfido
Arcadio
no
ledejó
tiempo
para
reflexionar,
y
volvió
á
los
dós
principes
con
aquella
respuesta
fatal:
Al
punto
dió
de
pu-
ñaladas
Clotario
al
mayor
de
sus
sobrinos:
el
(91
segundo
se.echdálos
pies
de
Childeberto,
que
enternecido
pidió
llorando
su
perdon;
mas
el
implacable
Clotario,
'amenazandole
á
él
mismo
con
la
muerte
,
le
amedrenta,
le
quita
su
víctima,
y
la
degiiella
á
sus
ojos:
Los
grandes
,
horrorizados
de
tanta
atroci-
dad
,
se
arrojan
al
rededor
del
tercer
niño,
que
¡iba
tambien
4
perecer:
lo
rodean
:
se
lo
llevan
,
y
lo
libertan
de
la
espada
de
su
verdugo.
Este
jóven
principe,
cuyo
nombre
era
Clodoardo.,
vivió
oculto
algunos
años;
y
maldiciendo
la
ambicion
que
habia
costado
tantos
crimenes
á
su
familia,
renuncio
al
siglo
,
se
retiró
á
la
aldea
de
Nogent,
cer-
cana
á
París,
que
tomó
de
él
el
nombre
de
Saint
Cloud,
y
en
la
cual
falleció
con
la
muer-
te
de
los
justos,
y
fueron
veneradas
sus
re-
liquias.
En
este
mismo
tiempo
vemos
una
nueva
demostracion
del
derecho
que
creia
tener
al
trono
por
su
nacimiento
cada
prin-
“ipe
de
la
familia
merovingia.
ATEO
1
Habia
entonces
uno
de
estos
principes
¿amado
Munderico
,
que
se
habia
escapado
q
puñal
de
Clotario.
Despues
de
vagar
por
Uerentes
paises
,
reunio
¿lito
guerreros,
eterminados
á
sostener
su
causa,
:€
hizo
un
manifiesto
á
la
nacion
de
los
francos.
«¿Que
Merencia
,
les
decia,
hallais
entre
mi
y
terry?
El
cetro
me
pertenece
como
á
el:
A
convocaró
el
pueblo
,
me
presentaré
á
su
Sta,
y
exigiró
sú
juramento
de
fidelidad
Para
mostrar
4
Tierrf
que
no
es
mas
rey
que
YO»
Mas
era
necesario
probar
su
familia
con
hazañas
y
nó
con
dalanedi)
Reune
sus
tropas,
“marcha
,
vence
algunos
cuerpos
enemigos,
y
se
apodera
de
Vitri,
donde
es
reconocido
y
proclamado.
Tierry
no
le
dejó
tiempo
pa-
ra
aumentar
el
número
de
sus
partidarios.
Acude
con
su
ejército
y
le
sitia.
La
plaza
era
tan
fuerte
por
el
yalor
de
sus
defensores,
como
por
su
posicion;
y
Pierry,
para
ven=
cer
con
mas
prontitud,
recurrió,
segun
las
costumbres
bárbaras
de
su
familia,
al
artifiz
cio.
contra
un
enemigo
que
resistia
á
su
de-=
nuedo.
Los
principes
de
aquella
época
pre=
ferian
á
los
francos
para
las
batallas
:
para
engañar
y
cometer
crimenes
se
valian
del
in-
enio
sutil
y
astuto
de
Jos
romanos.
Un:
ofi-
cial,
llamado
Aregisio
y
se
presentóá4
Mun-
derico
de
parte
de
Tierry,
l
de
un
tratado
favorable,
y
con
el
pretesto
de
¡arreglar
'sus
condiciones,
le
persuadió
que
asistiese
á
una
conferencia
bajo
la
salva-
guardia
del
juramento.
El
desgraciado
prin=
cipe
,
sobradamente
crédulo;
sale
de
las
mu-
rallas
eon
pequeña
escolta
:
apenas
llega
al
lugar
dela
entrevista
,
busca
en
vano
al
rey
que
estaba
ausente,
y
ve
que
dan
la
señal
de
rodearle;:
perdiendo
entonces
la
esperanza,
mas
no
el
valor,
saca
la
espada,
mata
al
pér-
fido
Aregisio,
inmola
á
su
venganza
muchos
de
los
asesinos
,
y
fallece
despues
de
haber
vendido
cara
su
vida.
Muerto
Munderico,
Tierry
y
Childeberto
celebraron
un
tratado
de
paz
y
alianza,
y
se
dierón
mútuamente
en
rehenes
muchos
hijos
de
senadores;
pero
+
dió
esperanzas
,
A
(93)
habiendo
roto
despues
este
tratado',+la
maz
yor
parte
de
los
rehenes
fueron
reducidos
«e
esclavitud
:
oteos
lograron
huir
:
algunos
se
rescataron.
Asi
el
resultado
de
estas
guerras
civiles
era
el
asolamiento
de
Francia,
y
la
ruina
de
las
familias.
El
odio
quese
tenian
los
herederos
de
Clodoveo
,
no
era
menos
violento
y
pérfido
que
el
de
los
hijos
de
Edi-
po.
Tierry,
queriendo
vengar
a
los
hijos
de
Clodomiro
,
0
mas
bien
enriquecerse
con
el
cetro
y
los
despojos
de
Clotario,
le
propuso
que
viniese
á
su
corte
a
tralar
de
losintere-
ses
comunes
,
y
al
mismo
tiempo
ocultó
cn
su
palacio
asesinos
encargados
de
matar
á
su
ermano.
Clotario,
sospechando
la
traicion,
ega
armado
y
con
numerosa
comitiva:
sw
Penetracion
no
le
habia
engañado;
pues
des
cubrió
los
pies
de
los
soldados
que
estaban
Ocultos
detras
de
un
tapiz
muy
grueso.
Tier-
"Y
turbado
de
ver
descubierta
su
traicion,
RO
Se
atrevió
a
dar
la
señal
concertada:
reci-
Dió
4
Clotario
con
fingido
cariño,
conferen-
SiO
Dacificamente
con
él,
y
al
despedirse
le
'0
un
lébrillo
de
plata,
tan
precioso
por
el
trabajo
,
como
rico
por
el
peso.
Despues
de
la
Partida,
este
rey
tan
avaro
como
pérfido
Envió
su
hijo
á
la
corte
de
Clotario;
y
el
Joven
principe
,
instruido
por
su
padre,
hi-
20
tantas
caricias
al
tio,
que
logró
recobrar
Í
recibir
en
don
el
lebrillo
que
su
padre
le
abia
regalado.
«En
esta
elase
de
astucias,
106
Gregorio
de
Tours,
sobresalia
princi-
Palmente
Tierry
o
¡Qué
siglo!
;
qué
moral!
0)
"Todos
estos
crimenes
eran
entre
los
francos
consecuencias
del
derecho
de
venganza
pri-
vada
,
consagrado
por
la
ley
de
aquella
na-
cion
orgullosa
y
turbulenta.
La
independen-
cia.
que
creian
deber
a
este
derecho,
y
el
va-
lor
con
que
se
cometian
muchas
veces
estas
acciones
sanguinarias,
las
hacian
menos
hor-
ribles
á
sus
ojos.
Los
hijos
de
Clodoyeo,-be-
licosos
y
vencedores
como
su
padre,
cubrian
sus
infamias
con
laureles;
y
los
francos,
siempre
fáciles
de
deslumbrar
con
la
gloria,
olvidaban
los
atentados
de
sus
principes
cuando
los
veian
pelear
á
su
frente
como
héroes.
Estos
primeros
gefes
de
la
dinastia
me-
rovingia
tuvieron
todos
casi
igual
parte
en
la
gloria
de
las
armas.
Tierry
,
informado
de
una
invasion
temible
de
los
dinamarqueses
en
las
costas
septentrionales
de
Francia,
marchó
contra
ellos,
destruyó
el
ejército
de
su
gefe
Cotiliaco,
á
quien
mató
con
su
mis-
mo
acero
Teodobaldo,
hijo
de
Tierry,
y
dis-
persó
la
escuadra
de
los
bárbaros.
Este
mis=-
mo
Tierry
añadió,
como
hemos
visto,
a
las
posesiones
de
los
francos
la
Turingia
y
gran
parte
de
la
Alemenia
septentrional.
Despues
de
estas
speti
ibn
murió
,
y
dejó
la
co-
rona
á
su
hijo
Teodoberto
,
tan
dichoso
y
valiente
como
su
padre
,
pero
mas
humano
y
generoso.
Guerra
de
los
francos
con
los
wisigodos-
(535.)
Childeberto,
rey
de
Paris,
era
tan
ya-
liente
como
sas
hermanos,
y
ademas
religioso
95
y
benigno
:
su
siglo
bárbaro
le
llamó
débil.
Sus
armas
reunidas
a
las
de
Clotario
habian
conquistado
á
Borgoña.
Despues
las
empleó
en
libertar
á
su
hermana
Clotilde
de
la
tira-=
nia
de
Amalárico,
rey
de
los
visigodos.
Este
principe
cruel
veia
con
furor
impotente
la
decadencia
de
su
nacion
y
los
progresos
de
los
francos;
y
vengó
infamemente
su
ira,
llenando
de
ultrages
á
su
muger,
hija
de
Clo-
doveo.
Cuando
la
infeliz
Clotilde
salia
en
pú-
blico
,
el
populacho
,
escitado
por
Amalá-
rico,
lainsultaba
de
palabra
y
la
tiraba
lodo:
cuando
volvia
á
palacio
era
victima
de
la
brutalidad
de
su
marido,
el
cual
la
heria
tan
uertemente
,
que
al
dirigir
sus
quejas
á
sus
érmanos,
les
envió
un
pañuelo
bañado
en
$u
propia
sangre.
Childeberto
indignado
marchó
contra
los
Visigodos,
los
venció
y
ahbuyentó,
dió
muer-
te
á
Amalárico
,
libertó
á
su
hermana,
tomó
Y
Saquey
á
Narbona
,
y
trajo
de
ella
72
ya-
$9S:de
oro,
que
segun
se
cuenta
robó
Alári-
co
de
la
capital
del
mundo,
y
Pito
del
tem-
Plo.
«de.
Jerusalen»:
Los
visigodos,
vencidos
Por
Childeberto,
y
antes
por
Tierry
,
con-
Servaron
pocas
posesiones
en
Francia,
no
!Ciéron
en
ella
sino
incursiones
de
poca
im-
ASIA
,
pasaron
los
Pirineos
,
y
fijaron
tte
en
Toledo.
Te
PAR
RU
nOsa
;
espedicion
de
Lola
«
erso
alttalia,
(539.)
Teodoberto,
el
Pa
orioso
de
los
rincipes
franceses
de
£poca,
no
heredo
sin
dificultad
el
cetro
-
de
su
padre
Tierry.
Ghildéberto
y
Clotario;
sus
tios,
querian
invadir
sus
estados;
pero
la
fidelidad
de
sus
leudes,
su
valor
y
sus
for=
midables
on
de
defensa,
los
obli=
garon
a
abandonar
aquel
proyecto.
Libre
de
todo
temor,
«ido
en
eltrono,
sededicó
á
coronarse
ES
gloria,
único
medio
de
hacer
estable
su
poder
enmedio
de
los
francos
be-
licosos.
Habia
peleado
con
felicidad
bajo
las
órdenes
desu
padre
contra
los
visigodos.Con-
tinuo
esta
guerra
con
actividad,
y
los
echo
de
muchas
plazas
que
poseian
en
el
medio=
dia
de
Galia.
Teodoberto
estaba
casado
con
una
princesa
llamada
Visigarda
:
el
amorle
hizo
romper
este
lazo.
Buscando
algun
des-
canso
despues
de
sus
últimas
victorias
,
fue
hospedado
en
el
castillo
de
Cabrieres
,
per=
teneciente
a
Deuteria,
señora
romana
:
ena-
morado
de
su
hermosura
€
ingenio
,
la
tomó
.
-
.
,
á
e
por
esposa.
Este
himeneo
escitó
el
mayor
descontento
en
los
leudes
y
en
el
clero
:
las
bodas
de
un
principe
franco
con
una
gala,
el
quebrantamiento
de
la
fe
jurada
y
del
vin-
culo
consagrado
por
la
Iglesia,
causó
grande
murmuracion
en
el
pueblo;
pero
Teodober-
to
distrajo
los
ánimos
con
el
ruido
de
las
armas.
Al
mismo
tiempo
la
muerte
trágica
de
una
muger
causaba
en
Italia
grandes
revolu-
ciones.
La
célebre
Amalasunta,
hija
de
la
hermana
de
Clodoveo
,
habia
ocupado
con
gloria
el
trono
de
su
padre
Teodorico.
El
principe
Teodato,
pariente
suyo
,
y
colma-
,
(97
)
do
de
sus
beneficios,
la
acusó
falsamente,
sublevó
contra
ella
el
pueblo,
yla
hizo
aho-
gar
en
un
baño.
Justiniano
,
que
reinába
en-
tonees
en
Constantinopla;
con
pretesto
de
vengar
su
muerte,
'aproyecho
esta
ocasión
de
restituir
al
imperio.de
los
césares
su
po-
der
y
destruir
el
de
los
godos
en
Italia.
Be-
lisario
,
¡lustre
ya
por
sus
victorias
contra
os
persas,
y
por
la
conquista
de
Africa,
presentó
de
nuevo
á
la
adwirada
Roma
las
aguilas
de
Escipion.
La
muerte
de
Amala=
sunta
era
lambien
para
los
reyes
francos
un
motivo
legitimo
de
yenganza
,
y
un
pretesto
datural
de
saqueo:
escitados
por
Jústiniano
á
sostener
su
causa
tomaron
las
armas;
pero
Cuando
se
preparaban
4
pasar
los
Alpes,
los
Ostrogodos
hallaron
para
detenerlos
un
medio
muy
conforme
á
sus
costumbres;
y
con
una
cuantiosa
composicion
suspendieron
por
al-
q
tiempo
las
hostilidades.
El
cobarde
-eodato,
que
solo
sabia
asesinar
y
huir,
fue
“estronado
por
los
godos
poco
despues.
Ha-
la
aplacado
el
resentimiento
de
los
princi-
Pes
franceses
,
enviandoles
50.000
escudos
€
Oro.
Su
sucesor
Vitiges,
capitan
valiente
Í
hábil
politico,
sostuvo
mucho
tiempo
con
l0n0r
la
fortuna
de
los
godos
contra
el
genio
:
e
Belisario;
pero
en
fin,
previendo
su
ruina
Mploró
para
evitarla
el
socorro
delos
reyes
%
rancia
;
y
para
moverlos
á
e
uniesen
do
las
suyas,
les
cedió
todas
las
pose-
¡ones
que
los
ostrogodos
conservaban
en
alia.
Asi
cayo
definitivamente
la
Provenza
TOMO
XI11.
(98
)
en
poder
de
los
francos
,
que
la
dividieron
en
dos
provincias,
la
de
Marsella
y
la
de
Arles.
Teodoberto
,
al
frente
de
sus
guer-
reros,
pasó
los
Alpes,
y
acometió
primero
á
los
romanos,
y
luego
á
los
godos;
y
enga-
ñando
asi
las
esperanzas
de
unos
y
otros,
se
apoderó
de
sus
riquezas
,
y
saqueo
toda
la
Ligaria.
Este
pais
asolado
cesó
muy
pronto
de
darle
subsistencias:
el
hambre
se
siguid
á
la
devastacion
:
los
escesos
produjeronen-
fermedades
,
y
la
indisciplina
desórdenes.
Belisario
dió
graves
quejas
á
Teodoberto
;
y
juntando
los
efectos
á
las
palabras
,
le
obli-
0
a
volverse
á
Galia
con
su
ejército
muy
diamiaid
por
el
contagio,
y
tan
cargado
de
botin,
que
hubiera
sido
temeridad
espo-=
nerlo
á4
un
combate
con
las
legiones
roma-
nas.
Sin
embargo,
Justiniano,
temeroso
de
una
nueva
invasion,
hizo
un
tratado
con
los
francos,
y
cedió
solemnemente
á
sus
reyes
todos
los
derechos
del
imperio
sobre
las
Ga
lias.
Esta
paz
duró
poco
porque
no
fue
sin-
cera
ni
de
una
ni
de
otra
parte.
Elúnico
ob-
jeto
de
Justiniano
era
restituir
al
imperio
su
antiguo
esplendor
y
sus
antiguos
límites:
despues
de
la
A
E
sumision
de
Italia,
hubiera
movido
contra
Galia
sus
armas
vic-
toriosas.
Su
orgullo,
alentado
por
la
retirada
de
Teodoberto
,
le
habia
hecho
ya
cometer
la
imprudencia
de
tomar
el
sobrenombre
de
Fráncico
,
como
si
hubiese
vencido
á
los
francos
en
batalla
campal.
El
impetuoso
Teodoberto
juró
vengarse
de
esta
injuria;
y
o
RR
desde
entoncés
formo
el
proyeoto:,
no'solo
de
socorrer
4
los
godos
de
Italiay
sino
“de
a=
travesar
4
Germánta
y:
Tracia,
y
cometer
á
Constantinopla.
Sin
embargo,
€
gratadu
era
harto
reciente
para
mo
creerse
“obligaderpor
lo
menos
4
disimular
sas
desigatós.c
Bd
lu-
gar
de
¿mandar
¿mismo
en
¡persoña
labitro-
pas
que
envio
al
otro'lado
de-los
¡Alpes
rez
solvid:cómponer
este'
ejército
deoborgoñoz
nes
y
alemáñes,
nuevamente
conquistados,
y
cuya
turbúlencia”
le:daba
recelos
¡de
este
modo»,
“al
mismo
tiempo
que
ea
de-
signios
de
su
ambicion,
alejaba
4'los
fáceio-
S0s,
y
aseguraba
su
tran
vilidadv
Estas
tros
pas,
cabededa
arpa
in'y:Leutaris
¿"eo
—Metieron
grandes
estragos:
ex
Ttalla
y
“y'Se
ar-
"uináron
por
sus
prop10s
escesos:
Mas
tár=
le,
cuando
Nárses
sucedió
enel
mándo
del
ejército
romano
4
Belisario,
que:habia'
caido
en
desgracia
del
emperador
y
las!
tropas
de
Teodoberto
se
unieron
4
las
de
Totila
y
'nue-
vo
rey:
delos
godos3
pero
participaron
«de
infortunio;
y
fueron:
de
talimodo
arrui-
Dadasisón-la
batalla
de
Casilino','
cerca
de
pava
que
“pocos
hombres
volvieron
4
rancia
4
dar
noticia
de
tan
gran
desastre.
stos
$ueesos
pertenecen
al
reinado
del
hijo
e
Teodoberto.
Este
principe
yacia
espuesto
a
las
tem-
Pestades*que
le
amenazaban
por
su
matri-
Monio'
con
Deuteria,
mnger
imperiosa
y
Cruel
;
indignada
de
la
belleza
de
su
hija,
Mandó
uncir
dos
toros
no
domados
al
carro
.
.
(100)
de
la
infeliz
prineesa
,
que
murió
precipita-
da
por,
sellos
en
el
Mosa.
Este
crimen
-escitd
el
enojo,
de
todos.::
Teodoberto
hizo
vanos
esfuerzos.
para
proteger
á
la
delincuente,
y
conseyvarle.su
dignidad.
El
clero,
defensor
de
líímoral,
y
que
ya
ejercia
gran
parte
de
la
aujgridad
politica,
le
amenaza,
con
lós
ra-
yos
del
cielo:
el
obispo.
de
Tréyeris
le
separ
ra
de
la
comunion
de
los
fieles.
El,
reyo:bur-
lándose
de
esta
sentencia,
entra
enlel
tem-
plo
:.el-
obispo
suspende.
los
divinos
oficios,
y
declara
¡que
no
los
proseguirá
hasta
que
no
salgan:
dela
iglesia
todos
los
que
estan;
pri-
vados.de
su;comunion+¡Al.mismo
tiempo
es-
clamó
¡uno
delos
fieles...
arrebatado
de
un
imprudente
celo,
pero
con
la
libertad;ha-
bitual
de
los
francos:
«El
obispo
es.
casto,
el
rey
es
adúltero
:
el
obispo.
es
humilde
,
el
rey
orgulloso
:
el
obispo:
ivá
inmaculado
4
la
gloria,
el
rey
cargado
con,
el
peso
de.sus
ini-
quidadés,
caerá
en'
el
abismo,»
Teodoberto
irritado,
añanda,á,
la
tropa
que
arrojen;
del
templo
á
aquel
hombre,
que
creian
páseido
del
demonio;
perovel
obispo.,
levantando
la
voz,
dicé
que
sp
howmicidas,¡adúlteros
6.
in-
cestuosos
sun
los
que
deben
salir
del
templo.
Sin
embargo
,
los
soldados
procuran
arrojar
de
la
iglesia
al
energúmeno
,
el
cual
sejasió
de
una
columna
tan
fuertemente,
que
diez
hombres
no
pudieron
arrancarlo.
yl
obispo
pronuncia
e,
él
las
oraciones
de
la
Igle-
sia
contra
los
poseidos
:
los
soldados
y
el
pue-
blo
hbincan
la
rodilla:
los
leudes
se
declaran
(901)
|
á
favor
del
obispo:
Teodoberto
cede,
arro-
ja
4
Deuteria
de
su
palacio,
y
vuélve
á
re-
cibir
4
Visigarda.
Este
hecho
manifiesta
la
necesidad
que
habia
del
poder
sacerdotal
para
corregir
los
vicios
y
la
ferocidad
del
si-
glo,
y
cuán
grande
era
ya
en
el
siglo
VI
la
autoridad
de
los
obispos
,
protectora
natu-
val
de
las
costumbres
,
y
única
asilo
de
los
oprimidos
contra
los
poderosos.
Los
que
cen-
suran
al
obispo
de
Tréveris
pot
este
acto
de
firmeza,
olvidan
que
los
gefes
de
los
francos
nO
poseian
aun
la
autoridad
real:
que
las
le-
yes
eran
bárbaras
:
que
los
grandes
y
prin-
Cipes
no
reconocian
mas
derecho
que
el
de
A
violencia
:
que
el
pueblo
yacia
espuesto
Perpétuamente
á
su
tirania
,
y
que
en
toda
Sociedad
es
menester
que
haya
una
fuerza
Superior,
capaz
de
contener
á
los
malos,
y
de
defender
los
principios
eternos
de
la
mo-
ral
y
de
la
justicia.
Esta
fuerza
no
existia
en-
Onces
sino
en
el
cristianismo.
y
Ela,
a
entre
los
reyes
de
Francia.
(540.)
pa
nbicioso
Clotario
creyó
que
podria
a-
+
vecharse
de
las
turbulencias
del
reino
de
eran
oamado
entonces
Austrasia)
para
en-
gig
bi
á
costa
de
su
sobrino
,
y
asi
di-
ves
e
armas
contra
él.
Child
eberto
acudió
eel,
efenderá
Teodoberto
,
y
salieron
en-
io
0sá
campaña
contra
el
rey
de
Soissons.
val
ns
encontraron
los
ejércitos:
dio-
Migos
o
ce
combate
:
los
hermanos
ene-
Pira
an
dispuestosádestrozarse:
los:fran-
“S
van
á
inundar
la
Hanura
con
la
sangre
(102
de
los
franceses
;
Ets
de
repente
estalla
una
furiosa
tempestad
:;
el
rayo
sulea
por
los
aires
oscurecidos
:
dicese
que
una
lluvia
de
piedras
cayo
en
el
campamento
de
los
dos
reyes,
y
los
derribó,
al
mismo
tiempo
que
los
reales
de
Clotario
no
sufrieron
nada
por
la
tempestad
,
que
pareció
separarse
de
ellos.
Los
francos
aterrados
creyeron
oir
la
voz
del
cielo
en
el
sonido
de
los
truenos.
Sabian
que
Clotilde
,
llorosa
y
postrada
ante
el
sepulcro
de
san
Martin
,
lamentaba
amargamente
la
ambicion
sanguinaria
y.los
furores
fratricidas
de
sus
hijos.
Gomo
por
su
virtud
era
tan
respetada
de
los
francos,
a-
tribuyeron
á
sus
oraciones
la
tempestad
,
y
tanto
losleudes
como
los
soldados
pidieron
que
cesase
aquella
guerra
impia.
Teodober-
to
y
Childeberto,
vencidos
sin
combate,
pi-
den
la
paz
á
Clotario,
y
firman
un
tratado
que
fue
un
nuevo
beneficio
de
la
religion
cristiana
;
pues
ella
sola
impidió
los
horro-
res
de
la
guerra
civil,
y
enfrenó
la
ambicion
de
los
principes.
-
Sitio
de
Zaragoza.
(543.)
Poco
tiempo
despues,
Childeberto
y
Clotario,
para
ven-
garse
de
las
irrupciones
de
los
visigodos,
marcharon
contra
ellos
,
los
vencieron,
pa”
saron
los
Pirineos,
y
sitiaron
á
Zaragoza,
cuya
ruina
habian
jurado.
Dos
narraciones
hay
muy
contrarias
entre
si
de
esta
espedi-
cion,
ambas
escritas
por
historiadores
san”
tos
y.
coctáneos.
Gregorio
Turonense
dice
que
el
clero
y
pueblo
de
Zaragoza,
incapa?
4
(103)
de
hacer
resistencia,
salió
en
procesion
á
implorar
la
piedad
de
los
francos,
y
que
Childeberto
enternecido
les
concedió
la
paz,
sin
llevarse
mas
botin
que
la
túnica
de
san
Vicente
mártir,
en
cuyo
honor
fundo
en
Pa-
ris
una
abadía,
llamada
despues
de
san
Ger-
man
de
los
Prados.
San
Isidoro
,
arzobispo
de
Sevilla,
cuenta
que
Teudiselo
,
general
de
Teudis,
rey
de
los
visigodos,
obligó
a
los
franceses
a
levantar
el
sitio,
y
los
venció
con
gran
mortandad
cuando
pasaban
de
vuel-
talos
Pirineos.
Ambas
narraciones
son
vero-
similes
,
atendidas
las
costumbres
del
siglo,
y
Mariana
las
adopta
entrambas
,
suponien-
o
que
la
victoria
de
Teudiselo
fue
poste-
rior
al
levantamiento
del
sitio
de
Zaragoza,
debido
á
la
piedad
de
Ghildeberto.
La
guerra
era
siempre
el
estado
habitual
de
los
francos.
Teodoberto,
estendiendo
sus
Conquistas
en
Germania,
consiguió
muchas
Victorias
de
los
hunnos
que
dominaban
la
z
“MMnonia.
El
emperador
Justiniano
le
envio
Mbajadores
para
darle
la
enhorabuena,
y
«respuesta
de
Teodoberto
prueba
cuan
le-
1Os
habia
llevado
este
principe
los
límites
sen
imperio
frances.
Teodoberto
y
Fey,
al
Po
r
lustre
,
gran
triunfador
,
y.
stempre
a
Justiniano
,
emperador
de
los:roma-
5+
La
llegada
de
vuestros
embajadores
uan
y
Mesario
nos
hallenado
de
alegria,
in-
A
socia
de
la
felicidad
progresiva
de
mid
es
imperio.
Saladamos
á
vuestra
sere-
ad,
y
hemos
recibido
vuestros
regalos
O
con
el
mismo
placer
que
tuvisteis
al
ofrecer-
los....
Os
dignais
de
preguntarnos
en
qué
provincia
habitamos,
y
qué
naciones,
ade-
mas
de
la
de
los
francos
,
estan
sometidas
á
nuestro
poder.
Con
el
auxilio
de
Dioshemos
subyugado
á
los
turingos,
ysomos
dueños
de
su
pais
:
la
familia
de
sus
reyes
del
norte
se
ha
estinguido,
y
su
pueblo
nos
obedece.
Los
visigodos
,
que
poseian
una
parte
de
Galia,
los
pannonios
y
los
sajones
eudesios
se
han
sometido
voluntariamente
á
nuestro
poder.
En
fin,
gracias
al
cielo,
nuestro
dominio
se
estiende
desde
el
Danubio
y
la
Marca
pan-
nónica
hasta
las
playas
del
Océano.»
Muerte
de
Teodoberto
,
rey
de
Austra-
sia.
(548.)
A
pesar
de
estos
mensages
,
que
se
enviaban
muútuamente
el
rey
de
los
fran-
cos
y
Justiniano,
no
habia
abandonado
Teo-
doberto
sus
grandes
proyectos
de
conquista.
Se
habia
atrevido
á
tomar
en
sus
monedas
el
titulo
de
augusto
,
en
venganza
del
orgullo
pueril
con
que
el
emperador
tomó
el
de
JFrancico;
pero
la
muerte
intertumpió
su
car-
rera
ambiciosa
,
y
un
árbol
que
cayó
sobre
el,
termind
sus
dias.
Sus
hazañas
le
grangea-
ron
la
admiracion
de
su
siglo,
y
sus
virtudes
el
amor
de
sus
vasallos.
Apenas
habia
salido
de
la
infancia,
y
ya
asombraba
á
los
guer-
reros
veteranos
su
fuerza
y
osadía.
Su
pri-
mer
triunfo
contra
los
dinamarqueses,
logra-
do
á
la
vista
de
su
padre,
hizo
que
los
fran-
cos
le
diesen
el
glorioso
renombre
de
prín-
cipe
útil.
Heredero
de
la
gloria
de
Clodo-
(105)
veo,
no
la
mancho
con
ninguna
de
las
cruel-
dades
que
eran
tan
comunes
en
los
princi-
a
de
su
familia:
era
humano,
generoso,
y
os
pobres
hallaban
en
él
socorros,
que
mas
bien
procedian
de
cariño
que
de
lástima.
No
se
le
puede
censurar
por
el
saqueo
de
Ge-
nova,
Venecia
y
Casi
todo
el
norte
de
Ita-
lia:
en
aquel
siglo
bárbaro
el
derecho
de
gentes
autorizaba
la
depredacion,
y
los
fran-
cos
no
hubieran
sufrido
que
les
privase
del
botin,
mirado
como
el
justo
premio
de
las
armas.
Conquistador
de
casi
toda
Germania
arrojó
álosostrogodos
y
visigodos
de
Francia,
y
obligd.4
Justiniano
áceder
a
los
reyes
fran-
cos
toda
los
antiguos
derechos
de
Roma
so-
bre
Galia:
añadió
asi
la
autoridad
legal
a
la
de
las
conquistas;
y
despues
de
su
reinado
los:
monarcas
franceses
fueron
herederos
de
los
dos
conquistadores
de
los
galos
Gésar
y
Clodoveo.
“Mario,
obispo
de
Lausana,
historiador
Coetáneo
,
no
daba
4
Teodoberto
otro
nom-
re
sino
el
de
gran
rey
de
los
franceses.
Al.
gunas
de
las
espresiones
de
este
principe,
Conservadas
por
la
gratitud,
bastarán
para
piutar
su
caracter
y
justificar
los
elogios
que
€
prodigaron
sus
contemporáneos.
Los
ha-
bitantes
de
Verdun
estaban
reducidos
á
la
miseria
o
las
calamidades
de
aquella
épo-
ca.
Teodoberto
les
prestó
de
su
tesoro
una
suma
considerable,
que
manejada
habilmen-
te
les
restituyó
su
antigua
prosperidad.
Mu-
Chos
años
despues
encargaron
á
su
obispo
(106)
que
devolviese“al
rey
el
dinero
prestado;
poe
el
principe
lo
rehusó,
diciendo
al
o-
ispo
:
«Somos
muy
felices,
vos
en
haberme
dado
ocasion
de
hacer
bien
,
y
yo
en
no
ha-
berla
perdido.»
Clotilde
murió
poro
des-
pues.
Teodoberto
era
el
único
principe
que
no
la
hizo
derramar
lágrimas
CatióMAN
san-=
gre
de
su
familia.
Es
el
primer
rey
de
Fran-
cia
que
acuñó
moneda
con
su
efigie.
Algu-
nos
sabios
,
para
probar
que
el
año
de
la
ce-
sion
de
los
ess
del
imperio
no
fue
la
época
en
que
se
introdujo
este
nuevo
-uso,
citan
el
ejemplo
de
los
visigodos
que
mu-
cho
antes
pusieron
sus
efigies
en
las
mone-
das
;
pero
olvidan
que
el
emperador
Julio
Nepote
les
habia
cedido
en
un
tratado
so-
lemne
todos
los
derechos
del
imperio
sobre
la
Aquitania.
Teodoberto
amaba
las
letras,
y
tenia
en
su
corte
muchos
romanos
:
Áste-
riolo
y
Secundino
fueron
leudes
suyos,
y
sus
embajadores
en
Constantinopla.
Cuando
volvieron,
su
mútua
envidia
llend
de
intri-
gas
el
palacio
:
la
reina
favorecia
al
uno
,
y
el
rey
al
otros
Secundino
mató
á
su
rival,
y
los
hijos
del
muerto
le
obligaron
primero
á
salir
desterrado,
y
despues
a
tomar
un
vene-
no.
Partenio,
romano
tambien,
era
ministro
deTeodoberto:
despues
de
la
muerte
de
este
rey
,
Teodobaldo,
su
sucesor,
sabiendo
que
aquel
hombre
codicioso
ejercia
infielmente
su
empleo
,
y
se
enriquecia
con
amos
¡legitimas,
le
contó,
para
advertirle
la
suerte
que
le
amenazaba
á
causa
del
descontento
ay
(107)
público,
elapólogo
siguiente:
«Una
serpien-
te
entro
en
una
a
de
leche;
y
bebió
de
ella
con
tanto
esceso,
que
se
infló
y
no
pudo
salir.
El
despensero
entró
,
vio
su
inutil
a=
fan
para
escaparse,
y
dijo:
necia,
vuelve
lo
que
has
bebido
demas
,
y
saldras
con
la
misma
facilidad
que
has
entrado.»
Parte-
nio,
en
lugar
de
aprovecharse
de
este
con-
sejo
,
acabó
con
la
paciencia
del
pueblo
y
del
principe.
Mató
á
su
muger
y
á
un
amigo
que
le
reprendian
sus
desórdenes
:
el
eló
mandó
salir
de
su
palacio
:
perseguido
en
sueños
por
las
fantasmas
de
sus
victimas,
en
vano
procuró
huir
de
la
venganza
pública:
todos
pedian
su
muerte:
un
obispo
le
dió
a-
silo
en
su
iglesia;
pero
la
»lebe
enfurecida
entró
en
el
templo,
le
saco
de
un
arca
don-
de
se
habia
ocultado
,
y
le
mató
á
pedradas.
Agregacion
de
Austrasia
al
reino
de
Soissons.(555.)
Teodobaldo
,
hijo
de
Teo-
doberto
y
Deuteria
,
sucedió
pacificamente
á
su
padre
en
el
trono
de
Austrasia.
El
em-
perador
Justiniano
le
pidió
algunas
plazas
que
los
francos
ocupaban
todavia
en
talia.
La
derrota
de
los
ejércitos
de
Leutaris
y
de
ucelin
cerca
de
Capua
,
de
que
ya
hemos
hablado,
no
dejando
4
Teodobaldo
ninguua
esperanza
de
resistir
a
Narses,
terminó
esta
guerra
con
un
tratado.
Ningun
otro
suceso
importante
ocurrió
en.
su
reinado,
que
duró
solo
siete
años.
Dejó
dos
hermanas,
Visigar-
da
y
Ragnetrudis;
pero
conformándose
con
las
costumbres
de
los
salios
,
no
heredaron
(108)
:
el
trono;
y
Austrasia
reconoció
por
reyesá
Clotario
y
Childeberto,
á
quienes,
dice
A
ga-
tias,
la
ley
patria
llamaba
á
la
sucesion
como
parientes
mas
cercanos
de
Teodobaldo.
Al
mismo
tiempo
era
afligido
Ghildebia
to
por
una
enfermedad
peligrosa,
y
no
pudo
sostener
sus
derechos.
El
codicioso
Clotario
se
aprovechó
de
esta
circunstancia
favora=
ble
á
su
ambicion
:
sedujo
con
magnificas
promesas
una
parte
de
los
leudes
austrasios,
que
le
proclamaron
rey
único,
y
sus
ame-=
nazas
obligaron
a
Childeberto
á
ratificar
esta
usurpacion.
e
dos
de
Clotario
contra
los
sajones
contra
su
hijo
Cramne.
(556.)
Clotario,
due-
ño
apenas
de
Austrasia,
supo
que
los
sajones
se
habian
revelado
:
pasó
el
Rhin
,
marchó
contra
ellos
,
los
derrotó,
y
los
obligó
á
pe-
dir
la
paz.
Ella
deseaba
tambien
;
pero
los
francos,
insaciables
de
combates,
saqueos
y
matanzas,
no
se
contentan
con
haber
ven-
cido
á
los
enemigos
y
quieren
esterminarlos.
En
vano
Clotario
se
opone
á
su
furor
:
le
a-
cusan
de
cobarde
,
pasan
de
la
murmuracion
á
la
rebelion,
se
reunen
tumultuariamente,
rompen
la
tienda
del
monarca,
se
arrojan
sobre
él,
lo
derriban
y
encadenan
,
y
le
a-
menazan
con
la
deposicion
si
no
los
lleva
en
aquel
momento
á
la
pelea.
Clotario
cede,
y
manda
dar
la
señal.
La
desesperacion
da
nue-
va
fuerza
á
los
sajones
,
y
resisten
al
primer
impetu
de
los
francos
:
luego
cargan
sobre
ellos
,
los
desbaratan
,
y
despues
de
gran
:
(109)
cárniccria
los
obligan
4
huir:
Algunos
dias
despues
Clotario
reunió
animosamente
las
reliquias
desu
ejército',
y
se
tuvo
por
muy
feliz
en
firmar
la
paz
que
los
suyos
habian
negado
con
tanta
insolencia.
Mientras
Clotario
esperimentaba
en
Ger-
mania
Jas
vicisitudes
de
la
fortuna,
la
dis-
cordia
agitaba
á.su
familia
y
reino:
Gram-
ne,
el
mayor
de:sus
hijos,
mandaba
en
Au-
vernia,
y
la
gobernaba
como
un
tirano.
Fir-
mino,
conde
de
Glermont,
resistió
á
sus
vio-
lencias.
Cramné
le
persiguió
,
confiscó
sus
bienes,
y
dió
su
empleo
a
Salustio.
Pero
cuando
supo
que
el
rey,
su
padre.,
volvia,
temeroso
del:
duliga
merecido,
y
deseando
evitarlo;
tremoló
'el'
estandarte
de
la
ve-
belion.
seso
Chanao
,
conde
de
Bretaña,
le
did
socor-
ro,
como
tambien
Childeberto
,
para
apro-
vechar
esta
ocasion
de
vengarse.
Gramne
se
apodera
del
Poitou
y
del
Limosin
:
los
prin-
Cipes
Cariberto
y
Gontran
marcharon
contra
Su
hermano
por
órden
de
Clotario;
pero
al
tiempo
de
darle
batalla,
una
tempestad
que
se
levanto,
los
intimido,
se
retiraron
en
des-
orden,
y
Cramne
los
persiguió
hasta
las
puertas
de
Dijon.
Alli
imploró
la
clemencia
de
Clotario
,
y
obtuvo
su
indulto;
pero
el
liempo
hizo
ver
que
ni
el
arrepentimiento
miel
perdon
fueron
sinceros.
DMierte
de
Childeberto.
(558.)
Childe-
erto,
durante
estas
disensiones
,
invadió
la
hampaña
;
pero
alli
le
sobrevino
la
muer-
.
(M0)
te,
terminando
su
reinado,
que
habia
sido
de
47
años.
Su
vida
,
honrada
con
muchas
virtudes
,
fue
mancillada
por
la
debilidad.
Sin
O
,
los
leudes
echaron
menos
su
a
,
€l
clero
su
religion,
los
solda=
os
su
brio
,
y
los
pueblos
su
justicia.
Hizo.
derribar
todos
los
idolos
que
los
galos
ado-
raban
aun
en
los
bosques,
fundó
muchos
monasterios,
y
reunió
cuatro
concilios...
Childeberto
no
dejó
mas
que
dos
hijas:
su
esclusion
del
trono
fue
una
nueva
demos
tracion
del
principio
de
la
herencia
delos
varones,
que
estaba,
no
enel
testo
,
sino
en
el
espiritu
de
la
ley
sálica.
Despues
de
la
muerte
de
este
rey,
Clotario
1
reunió
bajo
su
cetro
todas
las
partes
de
la
monarquia
fran=
cesa.
hera!
...
(111)
'
CAPITULO
VIIL
-
Clotarco
Jarineno
Caniberto,
Gon=
Gan,
Sigeberto
,
Chelfieneco.
Chulo
deberto
en
AUMIARME
>
Clotario
en
Soisort.
—_—_
IIA
Clotario
reina
solo.
Repartimiento
de
Fran-
cia
entre
los
hijos
de
Clotario.
Muerte
de
Cariberto.
Guerra
civil
entre
los
reyes
francos.
Muerte
de
Sigeberto:
Childeber-
to,
rey
de
Austrasia,
Victoria
de
Mum-
mol
contra
los
neustrios.
Guerra
de
Bre-
taña.
Guerra
de
Chulperico
y
Childeber-
to
contra
Gontran.
Invasion
de
los
vas-
ones
en
Aquitania.
Muerte
de
Chilperi-
co:
Clotario
II,
rey
de
Soissons.
Guer-
ra
de
Gundebaldo.
Tratado
de
Andelot.
Muerte
de
Gontran
:
Childeberto
,
rey
e
Austrasia
y
Borgoña.
os
reina
solo.
Algunos
autores
se-
alan
la
fundacion
del
pequeño
reino
de
Vetot
en
Normandia
en
la
época
en
que
Otario
fue
rey
de
toda
Francia
:
dicese
que
9
erigió
en
favor
de
la
familia
de
un
senior,
(112)
4
quien
habia
hecho
matar
injustamente;
pe-
ro
ninguna/acta,
ninguu
suceso
averiguado
que
pueda
considerarse
como
histórico,
prue-
ba
la
verdad
de
esta
fundacion
,
que
en
el
dia“es
mirada
como
una
fabula.
Toda
lavida
de
este
rey
habia
sido
mancillada
con
cruel-
dades:
sus
últimos
años
fueron
tufbados
por
las
diseordias
que
el
odio
movió
en
su
fami-
lia.
Su
hijo
Cramne
se
rebeló
de
nuevo:
su
padre
marcha
contra
él,
y
ambos
ejércitos
se
encuentran
en
las
costas
de
Bretaña.
Al
primer
choque
los
bretones,
aliados
del
prin-
cipe
rebelde,
ceden
al
valor
de
los
francos:
su
conde
es
derribado
y
muerto
en
la
balas
Ha.
Gramue.,
desamparado
ya,
procura
en
vano
huir
de
un
padre
implacable.
Cae
en
sus
manos;
y
el
desapiadado
rey
manda.en-
cerrarlo
con
su
muger
€
hijos
en
una
caba-
ña,
y
prenderle
fuego.
Este
monstruo;
tan
atroz
como
Neron,
aunque.
menos
cobarde,
ahogó
asi
todos
los
sentimientos
de
la
natu-
raleza
;
pero
no
pudo
ahogar
sus
remordi-
mientos.
Desde
aquel
dia
fatal,
el
recuerdo
de
sus
perfidias,
la
imagen
de
sus
sobrinos
asesinados,
el
vprobio
de
su
incesto,
los
gri-
tos
de
su
bijo
devorado
por
las
llamas
le
per-
seguian
en
el
trono
y
en
el
lecho,
sin
que
pudiesen
defenderle
ni
su
guardia
ni
su
po=
deriov
de
estos
invisibles
enemigos.
En
vano
huia
en
las
selvas
de
Jas
reprensiones
de
los
hombres
y
de
su
conciencia
:
cada
objeto
le
parecia
un
fantasma:
cada
sombra
un
es-
pectro.
(113')
Cazando
un
dia
en
el
bosque
de
Guisa
se
encendió
en
sus
entrañas
una
calentura
ar-
diente,
parecida
al
fuego
en
que
pereció
su
hijo
y
terminó
su
vida.
Murid
un
año
des-
poe
del
suplicio
de
Cramne,
en
el
mismo
ia
y
á
la
misma
hora
que
se
habia
ejecuta-
do
su
bárbara
0rden.
En
conformidad
eon
sus
últimas
disposiciones,
se
le
enterró
en
la
iglesia
de
san
Medardo;
que
habia
funda-
do
en
Soissons
para
honrar
la
memoria
de
aquel
santo
obispo,
cuyo
cargo
y
virtud
es-
timaba,
aunque
despreciando
sus
consejos.
Clotario,
coÑigioso
de
dinero
y
poder,
ha-
bia
maodado
que
un
dia
fijo
se
trajesen
d
su
tesoro
las
terceras
partes
de
las
rentas
de
to=
os
los
obispos:
El
mayor
número
de-
los
prelados
no
se
atrevieron
á
resistir
á
este
Principe
sanguinario+
solamente
Injurioso,
Obispo
de
Tours,
levantó
la
voz
contra
cl
en
defensa
de
los
derechos
de
la
nacion
y
de
a
lelesia.
«Rey,
le
dijo,
si
quieres
apode-
"arte
de
los
bienes
que
pertenecen
al
Señor,
el
Señor
te
quitara
los
tuyos
y
la
corona;
Porque
es
grandisima
injusticia
que
tú,
4
Quien
pertenece
llenar
los
graneros
de
los
Pobres,
Les
quites
lo
que
tienen
para
amon-
Lonarlo
en
los
tuyos.»
Dichas
estas
palabras,
Salió
animosamenté.
del
consejo.
Clotario,'
Asustado
de.
sus
amenazas,
le
envió
mensa=
8£r0s
para
aplacar
su
enojo,
y
renunció
al
proyecto
que
habia
formado.
Gonocia
la
n=
uencia
de
los
a
cba
sobre
el
pueblo,
Y
Leimia
la
oposicion
de
una
clase
tan
respe=
TOMO
XII.
114
tada.
Sus
últimas
Bari
fueron
la
espre-
sion
de
su
conocimiento
tardio
del
poder
de
un
Dios
justiciero;
y
se
le
oyó
esclamar
con
voz
débil
y
moribunda:
¡Cuán
poderoso
es
el
Rey
de
los
cielos;
pues
da
la
muerte
cuan-
do
quiere,
al
mas
poderoso
rey
de
la
tier-
ral»
Este
principe,
á
semejanza
de
muchos
tiranos,
manifestó
con
frecuencia
en
sus
dis-
cursos
y
leyes
la
sabiduría
que
desmentian
sus
acciones.
Cuando
reformó
la
ley
Salica
por
su
edicto
del
año
560,
salieron
de
su
bo-
ca
cruel
estas
hermosas
palabras:
«Los
pue-
blos
premian
con
su
afecto
y
lealtad
el
a-
mor
a
la
justicia
y
á
la
rectitud.»
El
articu-
lo.
Y
de
este
edicto
manda
que
se
miren
co-
mo
nulas
todas
las
ordenanzas
reales
contra-
rias
á
las
leyes.
El
articulo
6.”
concede
á
los
obispos
la
facultad
de
revisar
y
anular
las
sentencias
de
los
jueces,
en
ausencia
del
rey.
Por
el
mismo
edicto
se
restituyesen
á
la
igle-
sia
todos
los
diezmos
que
se
habian
cobrado
de
sus
bienes;
y
se
establece
la
inconmuta-
bilidad
de
las
propiedades
cuando
la
pose-
sion
ha
durado
treinta
años.
Repartimiento
de
Francia
entre
los
hijos
de
Clotario..
a
Los
hijos
de
Clotario
re.
re
entre
ellos
la
Francia,
segun
el
erecho
público
de
aquel
tiempo.
Este
re-
partimiento
anunciaba
una
nueva
serie
de
querellas,
traiciones
y
guerras
civiles.
Las
artes
fueron
sacadas
á
la
suerte.
Ningun
aeimids
habla
del
derecho
electoral
del
pueblo
en
esta
ocasion;
pero
las
actas
de.
(115),
Childeberto
y
Clotario
11
manifiestan
que
todos
los
años
convocábán
al
campo
de
Mar-
zo
la
junta
de
Jos
fíantos,
y
en
él
se
sáncio-
naban
,
con
el
consentimiento
general,
to-
das
las:
grandes
«providencias
legislativas,
adoptadas
en
el
consejo
de
los
reyes
y
de
los
ala
15
a
>
E
.
Ún
>
El
primero
de
los
nuevos
reyes
que
ma-
nifestó
su
ambicion,
fue
Chilperico.
Apode-
róse.
del
tesoro
de
su:padre;
y
entró
¡én
Pas
ris
con
esperanza
de
hacerse
dueño
de
esta
ciudad;
pero
las
amenazas
de
sus
hebpmanos
le
obligaron
á
salir
de
ella:
Las
antiguás
trú-
nicas
hablan
por
la
primera
vez:en
esta
¿po-
ca
de
los
gobeinadores
de
palacio,
que
pos
co
tiémpo
despues
usúrparon
la
autoridad
real.
Desde
la
conquista
de
Galia
procurá-
ron
los
reyes
frantos
imitár
en
su
corte
la
pompa
y
ceremonial
de
los
emperadores
de
oriente,
El
gobernador
de
palacio
mandaba
en
él:
el
conde
del
inismo
titulo
administra-
a
justicia:
el
gran
refrendador
sellaba
las
actás:
los
ballos
y
aribas
estaban
bajo
la
Inspeccion
de
los
condes
de
la.
caballeriza,
comites
stabuli,
de
cuya
espresion
se
formó,
espues
la
palabra
condestables.
Ep
el
sé-
quito
de
estos
grandes:
dignatarios
habia
al
rededor
del
principe
uh
gran
número
de
es»
Cuderos
,
camareros
y
refrendadores.
Los
eudes,
antíustiohes,
comensales
del
rey
y
obispos
hacian
respetable
el
¿onsejo;
y
la
Corte
brillaba
por
Jos
muchos
sirvientes
y
caballos.
El
inonarc4
hombraba
duques,
pa-'
AY
|
tricios
y
condes
para
el
mandasen
los
ejér-
citos
y
e
provincias.
Lo
que
rueba
el
poder
de
los
grandes
es,
que
se
Babian
reservado
el
nombramiento
de
los
gobernadores
de
palacio.
Cuando
Sigeberto
subió
al
trono
de
Austrasia,
los
100
he
eli-
gieron
por
gobernador
á
Chrodin,
que
era
el
que
mas
se
distinguía
entre
ellos;
pero
rehusd
este
importante
destino.
«No
soy,
les
dijo,
el
hombre
que
debeis
elegir.
Creed=
me
ma
no
podria
mantener
la
paz
en
el
rei-
no.
Estoy
enlazado
por
parentesco
con
los
señores
mas
poderosos;
y
sabeis
cuán
pro-
ensos
son
los
hombres
a
abusar
del
poder.
E
mis
parientes
cometiesen
algun
esceso,
estaria
obligado
4
castigarlos
,
y
la
severi-
dad
de
un
dentio
los
irritaria.
Al
contrario,
si
fuese
indulgente
con
ellos,
me
espondria
al
enojo
de
Dios
y
al
odio
público.
hioude
me
el
favór
de
consultar
mejor
vuestros
in-
tereses
con
una
eleccion
que
os
sea
útil.»
Los
grandes
siguieron
su
consejo,
y
eligieron
a
Gógon.
pud>.
y
:
Muerte
de
Cariberto.
(567.)
Despues
de
domada
la
ambicion
de
Chilperico,
se
re-
partió
de
este
modo
el
imperio.
Cariberto
reinó
en
Paris,
Gontran
en
Orleans
y
Bor-
goña,
Sigeberto
en
Austrasia,
cuya
capital
era
Metz,
y
Chilperico
en
Soissons.
Un
ata-
br
imprevisto
de
los
hunnos
proporcionó
Sigeberto
la
ocasion
de
probar
que
la
san-
gre
de
Clodoveo
corria
por
sus
venas.
Mar-
chó
á
la
provincia
de
Turingia
que
habian
e
ai
417
invadido:
Jes
dió
ASdei
en
las
orillas
del
Elba,
los!
derrotó,
y
los
persiguió
hasta
el
Danubio.
Durante
su
ausencia,
Chilperico
se
habia
apoderado
de*Reims,
y
entrado
en
Austrásia,
El
vencedor,
de
los
hunnos
vol-
vió'¿¿Erancia,
peleó.
con
Chilperico,
le
qui-
tó
sus
injustas
conquistas,
se
apoderó
tam=
bien
de
Soissons,
é:hizo
prisionero
a
Teo-
doherto,
hijo
de
Ghilperico;
pero
mostran=
do
despues
que
su
moderación
era
igual
4
su
valor,
concedió
la
paz
a
su
inicuo
herma-
no,
y
le
restituyó
sus
estados.
El
orgullo
in-
sensato
de.
una
muger
causaba
entonces
una
grande
revolucion
en
Ttalia.
La
emperatriz
Sofía,
esposa
del
emperador
Justiniano,
.pro-
digando
su
menosprecio
al
eunuco
Narses,
libertador
de
Roma
y
vencedor
de
los.
0s-
trogodos,ile
escribió
que
viniese
a
Constan-
tinopla
áydar
cuentas
de
sus
riquezas,
y
le
envió
al.mismo
tienipo'
insolentemente
unas
tigerasiy
una
rueca»
Nárses,
en
venganza
de
esté
insulto,
MHamó
4-Ttalia
a
los;
lombardos,
Puéblo
escándinavo
quese
habia
estableci-
0
¡paco
antes
en
las:
riberas
del
Danubio.
Alboino,
si.roy,,
conquistó
rápidamente
la
Mayor
parte
de
la
peninsula,
y
fundó
én
ella
“o
estado
que
duró.hasta
los
tienipos
de
Gar-
magno
«El
imperio
conservó-en
Italia
so-
mente
ebexarcadoide
Ravena,
la
Galabria
Le
ciudad
de
Roma,
que
desde
entonces
reconoció
mas
autoridad
que'la
de
los
pa-
Pas.
La
yecindad
delos
Jómbardos
produjo
i
poco!
tiempo
guerra
entre
ellos.y
los
fran»
118)
cos.
Despues
de
la
muerte
de
Alboino
y
su
sucesor
,
los
lombardos
abolieron-la
monar=
Ci
adoptaron
un
gobierno
¿ligárquico
e
treinta
duques.
Estos
pasaron
los:
Alpes,
entraron
en
Borgoña;
vencieron
el
ejército
:
de
Gontran
mandado
por
Amato:
patricio
de
Arlés,
y
se
volvieron'á
Ttalia
con
iumen-
so
botin.
Al
año
siguiente
repitieron
la
mis-
ma
incursion;
pero
los
contuvo
el.
patricio
Múmmol,
sucesor
de
Amato.:+Este
general,
el
mas
célebre
desu
tiempo,
era.
romano:
su
primer
nombre
fue
Ennio,
hijo:de
Peo-
nio.
Nombrado
conde
de
Auxerre
y
coman=
dante
del
ejército
de
Gontran,
sorprendio
a
los.
lombardos
,
los
rodeó
y
acometió
cón
tanta
furia,
que
los
estermind
casi
entera-
ménte.
toy.
y
|
2h
10h]
-
Mientras
que
este:romano
ilustre
conser-
vaba
la:
gloria
de
los:
francos
,los
veyes
Gon-
tran
,
Chilperico
y
Cariberto
la
mancillaban
consus
desórdenes.
Gontran
tuvo:
por
dama
á
uva
aldeana
:
despues
casó
con'lá
hija
del
duque:
Magnacario
,
y.
la:
repudió-de
alli
á
poco
enamorado
de
una
de
sus
criadas:,
en
cuyas
sienes
puso'la
gorona.
Chilperico,
ar-
«diendo
en
el
amor
funesto:
de
Fredegunda,
muger
tambien
de
baja
estracciony
>
le-
dejó
tomar
sobre
su
animo
un
ascendiénte
perni-
ciosisimo:
4
la:
nacion
franca.
Estaba
casado
con
Audevera,
de
la
cual
tenia
tres
hijos,
Merovea
;
Teodóberto
y
Clodoveo:Abbau-
tizarse
el
último
de
estos
hijos,
como
la
ma-
drina
estuyiese
ausente,
la
pérfida
'Frede-
(19)
gunda-persuadió
á
Audevera
que
fuese
tam-
bien
madrina
de
su
hijo,
y
despues
á
Chil-
pa
,
que
el
nuevo
parentesco
espiritual
abia
disuelto
su
matrimonio
segun
las
le-
yes
dela
Iglesia.
Ghilperico,
arrastrado
de
su
pasion
,
adopta
aquella
interpretacion
inte-
resada
:
los
adula
pues.
de
haberse:
entregado
desenfrenada-
mente
al
amor
de
Fredegunda,
avergonza»-
-
do
deseste
desórden
escandaloso,
y
querien-
do
imitar
á
su
hermano
Sigeberto,
que
ha-
bia
casado:con
Brunequilde,
hija
de.
Atana-
gildo
rey
de
los
visigodos
,
pidió
la
mano
de:
Galsuinda,
bermana
de
esta
princesa.
tanagildo,
receloso
de:su
inconstancia,
no
e
concedió
su
hija
hasta
que
hubo
jurado
que
jamas
la
repudiaria.
Esta
princesa
ESO
a
Francia
con
grande
comitiva,
y
sentada
S0bre
un
carro
de
plata:
victima
adornada
queel
Neron
de
los
francos
iba
a
inmolar
a
Os
furores
de
Fredegunda.
Cariberto',
rey
«de
Paris
,escandalizaba
tambien
4,
los
pue-
los
con
la
eleccion
y
gran
número
de
sus
“oncubinas.
Despues
de
repudiada
su:
mu-
po
Ingoberga
,
casó
sucesivamente
con
la
tja
de
un
lanero
,
cón
la:
hermana
de
«esta,
Que
era
religiosa;
y
en
fin-con
la
bija:de;
un
gañan.
San
Germano
,
obispo
de
Paris.,
Je
20usó
en
público
de
incesto
,
adultenio
y
sar
Crilegio
:
el
rey
se
burló
de
sus
reprensior
hes
y
de
la
escomunign.
Solo
en
el
clero
ha-
llaban
entonces
proteccion
las
virtudes
y
la
ores
la
confirman
,
y
Au="
devera
es
desterrada
á
un
convento.
Des--
120
moral
contra
la
Mo
la
depravacion.
Clotario
1
habia
nombrado
pormedio
de
un
sencillo
edicto
obispo
de
Saintes.
4
Eume-
nio,
sin
el
consentimiento
del
metropolita-
no.
Los
obispos
de
la
provincia
'se
:reunen,
declaran
soda
el
nombramiento,
eligen
á
Heraclio
en
lugar
de
Eumenio',
y
le
envian
a
Cariberto
para
que
confirmase
la
eleccion.
Ebrey,
indignado
al
verle,
grita"
enfureci-
do
+
«¿Cómo
han
tenido
el
atrevimiento:
de
destruir
4
un
obispo
nombrado
por
mi
pa-
-
dre?
¿Creen
que
los
hijos
de
Clotario
no
sa-
brán
sostener
sus
actas,
y
hacer
quese
res-
pete:
su
autoridad?»
Dichas
estas
palabras,
arrojó
4
Heraclio
de
su
palacio,
le
envió
a
un
destierro
sobre
un.
carro
lleno.
de
espi-
nas
,
mando
al
clero
que
repusiese
4
Eume-
nio
en
la
silla
episcopal;
y
algunos
camare-
ros',
revestidos
de-sus
poderes,
condenaron
á
multas
cuantiosas
á
Los
obispos:de-Á
quita-
nia:
la
que
se
impuso'd
Leoncio,
obispo:de
Burdeos,
fue
de
1.000
monedas
de-oro.
En
aquel
siglo
la
violencia
y
la
osadia
lo
aleanzaban
todo
:
los
desvalidóos
cedian
a
las
amenazas
de
los
grandes
,
y:
buscaban
la
pro-
teccion
del
clero,
mientras
que'los
reyes,
imperiosos
y
favorecidos
por
la
fortuna
,
e-
gercitaban
sin
“ostáculos
el
poder
arbitra-
rio;
y
asi
los
historiadores
citan
muchos
he-
ehos'en
apoyo
de
sistemas:
opuestos
acerca
de
los:derechos
de
la
corona
y:fueros
de
los
pueblos
,
cuando
realmente
no
habia
siste-
ma,
ni
cosa
que
fuese
constante,
sino
el
des-
/
(121)
¿rden.
Muchos
sacerdotes
célebres
ilustra-
ron
entonces
la
Iglesia
por
su
firmeza
,
mO=
destia
y
virtudes;
pero
era
imposible
que
la
depravacion
general
no
pasase
al
clero
desde
los
patricios
romanos
y
los
lendes
fran-
cos.
Las
cartas
del
papa
san
Gregorio
al
rey
Childeberto
,
4
Brunequilde
y
á
muchos
0-
bispos
muestran
cuánto
lloraba
aquel
santo
pontifice
por
la
codicia,
simonia
,
orgullo,
vicios,
incestos
y
adulterios
de
muchos
clé-
rigos.de
Francia.
Algunos
llegaron
hasta
no
horrorizarse
de
la
efusion
desangre.
En
la
batalla
que
dió
el
patricio
Múmmolá
los
lom-
bardos,
los
obispos
Salonio
«y
Sagitario
en-
traron
en
accion.
«No
se
presentaron,
dice
san
Gregorio
de
Tours,
armados
con
la
cruz,
sino
con
yelmo
y
peto;
y
lo
que
es
peor,
mataron
con
sus
propias
manos,
Segun
se
cuenta,
a
muchos
enemigos.»
Cariberto,
que
solo
habia
mostrado
en
el
trono
sus
vicios,
eayó
enfermo
en
Playe,
y
murió
en
esta
cit-
ad.
Habia
reinado
siete
años,
y
solo
dejó
tres
hijas:
Berta,
que
caso
con
Etelberg,
rey
“del
Kent
en
Inglaterra,
4
quien
convirtio
al
Cristianismo,
y
otras
dos
que
fueron
religio-
$45,
Apenas
Carina
murió,
Teodegilda,
Una
de
sus
viudas,
ofrecio
a
Gontran
entre-
ganle
los
tesoros
de
su
marido
á
condicion
«de
casarse
con
ella.
Gontran
la
engaño
dán-
cole:falsas
esperanzas:
se
apoderó
del
dine-
+
y
la
enverró.en
un
monasterio,
-
r
y
Guerra
civil
entre
los
reyes
francos.
(
72.)
Los
tres
¡hermanos
de
Cariberto
re-
(12)
ad
su
herencia;
pero
como
Paris
da-
a
ya
demasiada
preponderancia
al
que
la
Pe
se
convino
en
que
cada
uno
sería
ueño
de
la
tercera
parte
de
la
ciudad;
y
aun
juraron
en
presencia
de
sus
leudes,
pues-
tas
las
manos
sobre
los
relicarios
de
los
mar-
tires,
que
ninguno
de
ellos
entraría
en
aque-
lla
capital
sin
el
consentimiento
de
sus
her=
manos.
Chilperico
no
tardó
en
mostrar
que
no
respetaba
ni
los
tratados,
ni
los
vinculos
de
la
sangre,
ni
los
juramentos
mas
sagrados.
Fredegunda
queria
ser
reina:
Galsuinda
o-
1
dad
á
su
ambicion
un
importuno
ostácu-
0,
y
una
mañana
apareció
ahogada
en'su:ca-
ma.
Chilperico,
tirano
de
su
pueblo
y
es-
clavo
de
su
manceba,
se
casó
con
Frede-
gunda,
y
la.coronó.
Este
casamiento
y
este
crimen
indignaron
á
los
francos:
el
pueblo
tembló
y
calló:
el
clero
gimió:
Brunequil-
de
juró
vengar
á
su
hermana:
los
reyes
de
Austrasia
y
de
Orleans
tomaron
las
armas;
y
las
caer
Si
del
himeneo
de
Fredegunda,
semejantes
á
las
de
las
furias,
encendieron
una
guerra
fecunda
en
crimenes
y
calamida-
des.
Chilperico
no
mostró
tanto
animo
des-
ues
de
su
delito,
como
audacia
había
teni-
o
para
cometerlo:
pidió
la
paz
á
sus
her-
manos,
y
ofreció
composicion
por
el
asesi-
nato
de
Galsuinda.
Por
el
tratado
de
paz
ce-
dió
4
Brunequilde
la
ciudad
y
territorio
de
Burdeos,
db
ito
,
el
Quercy,
el
Bearne
y
el
Bigorre,
que
Galsuinda
habia
recibido
«de
él,
como
don
nupcial,
llamado
por
los
(123
>)
MR
francos
morgen-gab
,
o
regalo
de
por
la
mañana.
Las
disposiciones
de
este
pacto
prueban,
contra
la.opinion
de
muchos
auto-
res,
que
las
mugeres
podian
ya
poseer
9n
Erancia,
no
solo
algunas
rentas
del'
erario,
sino:
ciudades
y
tierras
sálicas.
Mientras
el
reino
gozaba
de
una
paz
momeñtánea
en
el
interior,
los
hunnos
y
los
ávaros
invadieron
dé
nuevo
4
Turingia.
El
yaleroso
Sigeberto
salió
contra
ellos;
pero,
segun
las
crónicas
de
aquel
tiempo,
su
ejército
fue
acometido
enmedio
de
una
selva
yastisima,
donde
fue
sobrecogido
de
un
terror
pánico
por
el
po-
der
de
e
hadas,
por
fuegos
Ejes
volaban,
por
encantos,
por
apariciones
de
espectros
0
mas
bien
de
hombres
que
llevaban
másca-
ras'espantosas
que
aparentaban
yomitar
lla=
mas.
Los
francos
asustados
se
y
iu-
moviles
;
y
dejan
caer
sus
armas:
n
vano
el
rey
quiso
reanimar
su
valor:
obligado'á
ren-
irse;
no
perdió
su
serenidad:
su:
elocuen-
Cia,
su
atrevimiento,
su
buen
humor
que
Conservó,
agradaron
tanto
al
gefe
de
los
arbaros,
que
su
odio
se
trocó
sen
amistad,
y
concedió
al
rey
cautivo
condiciones
hono-
tiíicas
de
paz.
¿l
Sine
hertos
apenas
volvió
4
Francia,
de-
pora
a
guerra
4
Gontran,
que
le
habia
qui-
de
o
una
parte
de-Provenza+
La
fortuna
fue
er:
ball
vez
contraria
á
los
austrasios:
ven-
idos
por
el
pod
Celso,
se
ahogó
un
Md
húmero
de
ellos
en
el
Ródano.
El
pe-
Igro
comun
restituyo
la
paz
á
los
francos,
»
|
(124)
porque
entonces
se
verifico-la
segunda
in-=
vasion
de
los
lombardos.y
la
victoria
de
Múmmol;,
de
que
ya
hemos
hablado.
Entre-
tanto
Chilperico,
cediendo
al
odio
implaca-
ble
de
Fredegunda
contra
Brunequilde,.se
hizo
dueño
de
Paris,
€
invadió
la
Turena.
y
el
Poitou.
El
débil
Gontran
se
unió
con
él:
en
vano
los
leudes
emplearon
todos
sus
es-
fuerzos
para
impedirilos
funestos
efectos
de
tan
sanguinarias
discordias:;
tres
veces
se
firmaron
treguas
y
se
quebrantaron.
Los
o-
bispos,
convocados
por-Gontran
,
recomen-
daban
la
paz
á
los
principes;
mas
no
quisie-
ron
salir-por
garantes
de
la
fe
tantas
veces
violada.
y
1."
,
"
-
Muerte
de
Sigeberto':
Childeberto,
rey
de
Austrasia.
(575.)
Gontran
Boson,
y
Go»
degisilo
generales
de
«Austrasia,-
atacaron
en
el
Poitowá
Teodoberto,
hijo
de
Ghilpe-
rico.
Este
jóven,
abandonado
de
los
suyos
en
la
pelea,
se
ostinó
en:
combatir
hasta
la
muerte;y
cayó
despues
de
haber
heoho
pro-
digios
de
valor.
Gontran
Boson
le
despojo
y
acabd
de
matar:
despues
se:acogió
al
sepul-
cro
de-san
Martin
para
que
le
sirviese
de
a-
silo
contra
la
venganza
de
Chilperico,
El
rey
de
Austrasia
no
habria
protegido
al
matador
de
un
principe
de
la
familia
reál;
pero
(rontran
Boson
7.»
un
protector,
se-
creto
y
mas
seguro
que
Sigeberto
,
porque
la
muerte
de
un
hijo
de
Audevera
no
podia
menos
de
ser
un
servicio
agradable
á.la
am-
biciosa
Fredegunda.
Sigeberto,
mientras
sus
(125)
-
a
aer
reconquistaban
el
Poitou,
habien-
o:reunido
todos
los
guerreros
de
las
nacio=
nes
germánicas
que
le
obedecian,
marchó
al
frente:
de
ellos
hácia
las
riberas
del
Sena:
este
ejército,
compuesto
de
hombres
fero-
ces,
asoló
las
cercanias
de
Paris.
El
rey
Gon-
tran,
asustado
de
aquel
torrente
devastador,
izo
paces
con
Sigeberto.
Chilperico
,
aban=
donado
de
todos
y
perseguido:
por
el
odio
úblico
,
se
hallaba
sin
recursos
y
amenaza=
o
de
inevitable
ruina
:
no
le
quedaba
para
sostenerse
en
la
márgen
del
abismo
sino
el
denuedo,
¿
por
mejor
decir,
el
furor
de
Fredegunda.
Esta
muger,
huyendo
á
seme=
Janza
2
Medea,
sembrando
venenos
y
pre-
coord
puñales,
llevó
su:esposo
a
Turnay,
londe
se
encerraron
con
su
familia.
Paris
a=
brió
las
puertas
á
Sigeberto;
y
la
orgullosa
tunequilde
se
sentó,
con
el
orgullo
de
la
Venganza
satisfecha,
sobre
el
trono
de
su
indigno
rival.
El
rey
de
Austrasia
envió
un
Sjército
para
sitiar
á
Tournay-
San
German,
Wbispo
de
Paris,
con
noble
y
santa
osadia,
e
dijos
«Respetad
las
leyes
divinas,
y
no
Mmancilleis
vuestra
gloria
con
una
venganza
Sacrilega.
Si
marchais
á
Tournay
con
el
in-
lento
de
obligará
vuestro
hermano
á
hacer
one
volvereis
vencedor;
pero
si
buscais
sangre,
el
cielo
os
abandonará:
vuestra
Muerte
verificará
estas
palabras
de
Salomon:
bis
en
la
fosa
que
habeis
cavado
para
stro
hermano
.»
oda
Francia
parecia
entonces
'conjura-
126
da
contra
los
PEE
A
Galsuinda.
Sige-
berto
junto
en
Vitry
todos
los
seniores
neus-
trios
(esté
nombre
tenian
los
habitantes
de
la
Fraricia
occidental),
los
cuales
depusie-
ron
a
Chilperico,
elevaron
sobre'
un
paves
al
rey
de
Austrasia,
y
le
proclamaron
mo-
narca
con
grandes
aplausos
del
pueblo;
pe-
ro
este
brillante
triunfo
precedió
pocas
ho-
rasa
la
mas
funesta
catástrofe.
Apenas
Sige-
berto
estaba
proclamado;
se
le
aceitcan
dos
emisarios
de
Fredegunda;,
cotno
para
tribu=
tarle
homenage
en
nombre
de
la
ciudad
de
Terueña,
y
le
dan
de
puñaladas.
Charegisi-
lo,'su
camatero
mayor;
saca
la
espada
para
vengarle,
es
muerto
por
los
asesinos
,
y
cae
sobre
el
cuerpo
de
su
principe:
En
el
mis-
mo
instante:
llegan
soldados;
que
nadie
co-
noció,
y
dán
muerte
á
los
dos
emisarios
para
destruir
todas
las
pruebas
que
púdieran
dar
a
conocer
el
verdadero.
autor
del
crimen.
Asi
murió
Sigeberto
despues
de
14
años
de
reinado,
á
la
edad
de
44.
Todos
los
histo-
riadores
alaban
sti
ingenio
y
valor,
sú
teli-
gion
y
generosidad,
y
la
pureza
de
sus
cos-
tumbres:
Fue
el
mas
ilustre
de
los
princi-
pes
merovingios;
y
a
pesar
de
$u
escesivo
a-
mor
á
Brunequilde,
no
oscureció
su:
gloria
con
ningun
delito.
Sigeberto
dejó
un
hijo:
de
4
años,
llamado
Childeberto,
y
dos
hijas-
El
asesinato
de
un
rey,
generalmente
ama-
do,
debió
redoblar
el
horror
con
que
los
franceses
detestaban
á
Fredegunda,
y
hacer
mas
cierta
la
ruina
de
Chilperico;
pero
su-
(127)
cedió
todo
lo
contrario:
la
audacia
de
los
delincuentes
causó
en
los
pueblos
tanto
pa=
vor,
que
se
hallaron
dispuestos
a
la:
sumi-
sion
mas
bien
que
á
la
venganza.
La
revolu-
cion
fue
pronta
y
entera:
das
austrasios
le-
vantaron
precipitadamente
el
sitio
de
"Pur-
nay.,
y
huyeron
como
si
hubiesen
sido
der-
rotados
:
los
neustrios
juraron
de
nuevo
fi-
delidad
á
Chilperico.
Paris
se
sublevó
con-
tra
Brunequilde
:
púsiéronla
en
prision
con
sus
hijas,
que
esperaban
ofrecer
como
victi-
mas
a
la
sanguinaria
Fredegunda
para
fe-
conciliarse
con
ella;
pero
el
valor
de
un
se-
nior
austrasio,
llamado
Gombaldo,
salvó
a
Os
prisioneros
haciendo
inútil
y
aun
eli-
Sins
su
muerte;
porque
robó
al
niño
Ghil-
eberto
4
pesar
de
la
vigilancia
de
los
que
de
latinas
le
guardó
en
una
cesta,
le
descolgó
por
la
noche
de
las
murallas
de
Pa-
Ys,
y
É
entregó
á
un
confidente
suyo
que
o
lleyó
4
Metz:
Los
austrasios,
que
estaban
“ousternados
y
dispuestos
ásometerse
á
Chil.
P£rico,
recobran
animo
al
ver
el
niño
real,
Se
reunen
y
arman,
levantan
a
Childeberto
Sobre
un
paves
,
le
proclaman
rey,
y
le
po-
nen
bajo
Ñ
proteccion
de
su
tio
Gontran.
hilperico
marchaba
ya
con
la
esperanza
de
Consumar
su
crimen
y
su
conquista;
pero
al
saber
la
coronacion
de
Childeberto,
se
asus»
ta,
se
detiene,
renuncia
á
Austrasia
y
vuel-
Ve
a
Paris,
donde
Fredegunda
se
v1Ó0
pre-
Cisada
á
abstenerse
de
dar
muerte
á
uba
ri-
Val
aborrecida;
pueé
no
podia
herir
a
Bru-
(128)
nequilde
sin”llamar
sobre
sí
las
armas
de
Austrasia
y
Borgoña.
Asi
se
mejoro
la
suerte
de
la
reina
cautiva
:
Chilperico
la
desterró
á
Ruan,
y
puso
sus
hijas
en
un
monasterio
de
Meaux.
Pictoria
de
Múmmol
contra
los
neuse
trios.
(576.)
La
reina
de
Austrasia,
dester-
rada,
presa
y
sin
amparo,
halló
en
su
inge=
nio
y
en
la
hermosura
peligrosa
con
que
la
habia
dotado
la
naturaleza,
armas
secretas
y
medios
seguros
de
venganza
contra
sus
opre-
sores.
Los
hijos
de
Chilperico
y
Audeyera
conocian
demasiado
el
carácter
y
la
ambi-
cion
de
Fredegunda
para
no
prever
que
pe-
recerian
victimas
suyas
si
no
seanticipaban.
Teodoberto;,
el
mayor
de
ellos,
habia
muer-
to
ya
á
manos
de
Gontran
Boson;,
adicto
se-
cretamente
á
aquella
reina
bárbara,
la
cual
no
perdia
nivguna
Ocasión
de
mostrar
su
0=
dio
á
Meroveo,.mas
aborrecido
de
ella
por-
que
era
el
mas
amado
de
su
padre.
Este
»rincipe
mandaba
el
ejército
neustrio
,
y
(hilposao
le
habia
encargado
¿que
mantu=
viese
el
Poitou
bajo
su
obediencia;
pero:
en
lugar
de
ejecutar
este
órden,
pasóá
donas
y
de
alliá
Ruan,
por
el
deseo
de
ver
á
Bru-
nequilde,
cuyas
desgracias
lloraba
,
cuya
hermosura
habia
oido
celebrar,
y
que
era
como
él
enemiga
de
Fredegunda.
La
reina
de
Austrasia
tenia
entonces
solo
28
años:
or-
ullosa
por
su
elevado
nacimiento,
altiva
en
P
adversidad,
causaba
respeto
por
su
noble
continente,
y
admiracion
por
su
valor
en
la
(129)
desgracia;
y
al
mismo
tiempo
sabia
con
sú
ingenio
sutil
y
dulce,
y
persuasiva
elocuen-
cia,
inspirar
a
los
que
se
le
acercaban
senti
mientos
de
ternura,
que
su
corazon
artifi-
cioso
fingia
sin
tenerlos.
Era
muy
importan-
te
para
ella
seducir
á
Meroveo:
ofreció
a
sú
vista
los
hechizos
de
la
hermosura,
4
su
am-
bicion
la
esperanza
de
una
corona,
y
asi
le
cautivó.
Meroveo,
uniéndose
a
ella,
espera-
ba
reinar
en
Austrasia
bajo
el
numbre
de
Childeberto,
cuyo
tutor
seria;
y
revestido
del
poder
soberano,
burlarse
tranquilamen-
te
del
aborrecimiento
de
Fredegunda.
Por
Su
parte
Brunequilde
Hedatabi
con
esta
Union
la
familia
de
sus
enemigos,
armaba
al
hijo
contra
el
padre,
y
daba
un
vengador
y
¡0roso
con
la
ivetítadal
esposo
que
ha-
0
perdido.
Chilperico
y
Pre
degontla
eran
Ctestados
universalmente.
Pretextato,
0bis-
Po
de
Ruan,
atendiendo
mas
á
su
aversion
Ue
á
sus
deberes,
favoreció
los
amores
dé
'unequilde
y
Meroveo.
Despues
les
echó
bendicion
nupcial.
po
Os
emisarios
de
Fredegunda
la
infor=
OrLte
e
prontitud
de
este
matrimonio
se-
ci
hilperico
no
dió
tiempo
á
los
nue=
bol
il
para
huir;
acudió
a
Ruan
,
es-
A
e
a
prision
de
Brunequilde,
amenazó
sigo
¿Po
con
su
venganza,
y
se
llevó
con-
dra
hijo.
Entretanto
muchos
seniores
fidelidad
,,
SpA
hasta
entonces
aparentaban
Creta
3
á
hilperigo
con
la
intencion
se-
0
¿
poner
en
libertad
á
Brunequilde,
Q
XiLt.
9
(130)
declararon
al
rey
que
querian
volyer
a
Aus-
trasia
á
la
obediencia
de
Childeberto,
y
par-
tieron.
En
el
camino
juntaron
muchos
par-
'tidarios,
y
se
apoderaron
de
Soissons,
don=
de
faltó
poco
para
que
no
cayese
en
sus
ma-
nos
Es
barands
,
objeto
justo
de
su
resenti-
miento.
Esta
reina
,
libertada
del
peligro,
corrió
adonde
estaba
su
marido
,
y
acusó
a
Meroveo
y
á
Brunequilde
de
haber
tramado
esta
conspiracion
para
quitarle
la
vida.
Chil-
erico
,
sometido
a
su
voluntad
,
hizo
guar-
ds
con
mas
cuidado
á
Brunequilde
,
privó
a
Meroveo
de
sus
derechosá
la
corona,
man-
dó
cortarle
el
cabello,
y
le
desterro
al
mo-
nasterio
de
san
Calais.
Lal
austrasios
indig-
nados
eorrieron
á
las
armas.
Gontran
,
en
nombre
de
su
pupilo
Childeberto,
exigió
la
libertad
de
Brunequilde
,
y
la
guerra
civil
estalló
furiosa
en
todas
partes.
Prodeguadil
aconsejó
á
Chilperico
que
enviase
al
Sain-
tonge
á
su
tercer
hijo
Clodoyeo
para
que
sitiase
la
capital
de
esta
provincia,
esperan-
do
que
la
guerra
la
libertaria
del
último
ri-
val,
opuesto
aun
á
la
grandeza
futura
de
su
hijo
;
pero
esta
vez
fue
engañada
su
espe-
ranza
:
Clodoveo,
favorecido
por
la
suerte,
se
escapó
de
los
puñales
de
su
madrastra,
Y
de
las
espadas
enemigas,
y
se
apodero
de
Saintes.
X
mismo
tiempo
Desiderio
,
co”
mandante
del
ejército
principal
de
Chilperi-
eo
,
puso
sitio
4
Limoges;
pero
el
patricio
Múmmol
,
enviado
contra
él
por
Gontran»,
le
dió
una
batalla
larga
,
sangrienta
y
deci”
A
(131)
|
siva
:
los
neustrios
perdieron
en
ella
20.000
hombres:
esta
victoria
solo
costó:5.000
a
los
austrasios
y
burgoñones:
Desiderio,
abando-
nado
de
los
suyos
¿se
escapd
por
la
veloci-
dad
de
su
caballo.
La
fortuna
parecia
enton-
ces
contraria
4
los
malvados
designios
de
redegunda.
Meroveo
huye
de
su
monaste-
rio,
y
busca
un
“asilo
en
el
sepulcro
de
san
Martin
de
Tours,
donde
encontro
por:
des-
gracia
suya
a
Gontran
Boson,
proscrito
por
Chilperico
4
causa
de
la
muerte
de
Téodo-
erto,
y
protegido
en
secreto
por
Frede-
gunda.
El
rey
dé
Soissons
quiere
obligar
a
SAkporid.
obispo
de
Tours,
a
que
le
entre-
gue
los
fugitivos:
Gregorio
defiende
vale-
rosamente
el
derecho
de
asilo
que
tenia
su
Iglesia,
y
al
desgraciado
principe,
objeto
de
Os
furores
de
su
madrastra;
y
aun
hizo
mas,
lo
la
comunion
A
Meroveo,
y
le
tribu-
to
los
honores
debidos
á
su
nacimiento.
Chil-
Perico
no
se
atreyió
á
profanar
el
Santuario
E
san
Martin;
pero
se
vengó
de
los
habi-
tes
de
Tours,
enviando
á
esta
ciudad
á
Cudaste
,
uno
de
sus
condes,
que
la
arrui-
nO
A
tributos.
Gontran
Boson
,
que
tenia
jns-
mociones
de
Fredegunda,
ersuadió
á
Me-
veo
que
saliese
con
él
del
monasterio
de
e
y
pasasen
á
Austrasia
,
esperando
te-
YAA
en
el
camino
oportunidad
para
asesi-
e,
e
sa
embargo
,
el
principe
se
libertó
por
Debe
or
de
los
primeros
enemigos
que
le
gulan
,
y
aun
consiguio
llegar
al
ter-
(132)
mino
de
su
viage;
pero
los
austrasios,
te-
miendo'
que
viniese
4
quitar
la
corona
á
Childeberto,
no
quisieron
recibirle.Vagó
por
la
Champaña
algunos
dias
,
buscando
en
va-
no
quien
le
defendiese,
y
no
hallando
mas
que
corazones
helados
por
el
temor
que
ins=
io
Fredegunda.
En
fin,
Gontran
Boson
e
persuadió
que
la
ciudad
de
Teruena
que-
ria
entregársele
:
fue
a
ella
confiadamente,
y
le
prendieron.
Chilperico
no
tardó
en
-
marchar
á
aquella
ciudad
para
pronunciar
la
sentencia
de
su
hijo
;
pero
le
halló
muerto
á
puñaladas.
Fredegunda
habia
temido
que
se
despertase
el
amor
paternal
;
y
tan
astu-
ta
como
cruel,
supo
persuardir
al
rey
que
Meroveo
desesperado
obligó
a
Gailen
,
sir=
viente
suyo,
á
darle
muerte.
Chilperico
a-
tribuia
d
estravio
y
la
desgracia
de
su
hijo
al
obispo
Pretextato
,
que
le
habia
casado
con
Brunequilde.
Buscaba
pretestos
para
castigarle,
y
Fredegunda
los
halló
con
pron-
titud.
Sus
emisarios
la
advirtieron
que
el
o-
bispo
guardaba
los
tesoros
de
Brunequilde.
Esta
reina
,
despues
de
la
victoria
de
Desi-
derio
,
estaba
libre
en
Austrasia,
adonde
Chilperico
se
vió
obligado
á
enviarla.
El
rey
de
Soissons
convoco
en
Paris
en
la
iglesia
de
santa
Genoveva
á
los
obispos
de
su
reino,
y
mandó
á
Pretextato
que
compareciese
ante
ellos.
Enmedio
de
aquella
junta
el
rey,
que
se
jactaba
de
elocuente,
acusó
al
obispo
de
haber
conjurado
contra
el
trono
:
le
repren-
dió,
en
un
largo
discurso
,
haber
violado
las
”
(133
leyes
de
la
Iglesia,
y
en
sición
la
au
toridad
paterna
casado
á
un
sobrino.
con
su
tia:
haberse
apoderado
de
un
tesoro
que
no:
era
suyo
,
y
distribuido
sumas
considerables
para
sublevar
el
pueblo
;
y
concluyo
implo-.
tando
contra
el
reo:
el
rigor
delas
leyes
y
la
severidad
del
clero.
Despues
de
haber:
pronunciado
esta
arenga
en
tono
amenaza-
dor,
se
retira
:
el
terror
que
ha
causado
rei-
na
en
los
animos
aun
despues
de
su
salida.
Podos
los
prelados,
poniendo
simultánea=-
mente
el
dedo
sobre
la
boca,
indican
el
mie-
0.
que
encadena
sus
lenguas.
El
arcediano
ecio
rompe
en
fin
el
silencio
,
y
represen-
'
ta
al
sinodo
la
necesidad
de
no
condenar
á
“a
obispo
sin
oir
su
defensa.
El
enmudeci-
Mento
general
continúa
:
solo
Gregorio
de
vurs-se
levanta,
y
dice
:
«Resistid,
sacer-
Otes
del
Señor,
á
la
injusticia:
defended
la
'gnidad
de
la
Iglesia
:
sostened
la
inocencia
“Ontra
la
calumnia,
y
dad
con
valor
pruden-
*S
consejos
al
rey.
Decidle
que
si
se
mues-
“A
injusto
é
inflexible
contra
un
ministro
e
Dios,
dará
armas
contra
si
á
la
venganza
do
stial
j
mancillará
su
gloria,
perderá
su
ho
>
y
perecerá.»»
Estas
palabras,
en
vez,
bla
imar
á
los
relados,
parecieron
redo-
Su
pavor.
«¿Y
que,
continuo
entonces,
"egorio,
habeis
olvidado
estas
palabras
del
a
+
el
que
ve
a
un
hombre
dispuesto
a
id
una
injusticia,
/
no
$e
opone
,
es
Sad;
ice
de
ella?
Hahlad,
pues,
al
rey
con
la:
acordaos,
que
cuando
Clodomiro
Cc
:
(134)
-
paa
en
prisiones:al
rey
Segismundo
,
el
o-
ispo
Ávitole
dijo
con
santa
audacia
:
sí
Tres-
petais
vuestro
cautivo,
wencereis
a
los
bor-
goñones
:
si
derramais
su
sangre
,
el.
cielo
os
castigard.
Clodomiro
desprecio
este
conse=
jo,
fue
vencido
,
y
pereció.»
Los
obispos,
animados
con
este
discurso
,
lo
aplaudieron
con
sus
aclamaciones
z
sin
embargo,
aquel
dia
se
separaron
sin
decidir
nada.
Dos
pre-
lados
cortesanos
contaronáa
Chilperico
lo
que
habia
pasado::
el
rey
llamó
á
su
presencia
d
Gregorio.
Estaba
en
pie
cerca
de
un
pave-
llon
,
formado
porlas
ramas
de
unos
brlel
tenia
á
sus
lados
á
Beltran
,
obispo
de
Bur-
deos,
y
¿Ragnemundo,
obispo
de
Paris:
de-
lante
habia
una
mesa
cubierta
de
pan
y
otros
manjares.
«Obispo,
dijo
el
rey
ú
Gregorio,
á
todos
debes
justicia,
y
a
mila
niegas.
Pe-
ro
yo
sé
por
qué
favoreces
la
iniquidad
:
un
cuervo
,
como
dice
el
proverbio
,
no
saca
los
ojos
d
otro.»
Gregorio
respondió:
ches
tú
puedes
castigarnos
cuando
faltemos
á
la
justicia;
pero
si
tú
faltas
á
ella,
¿quién
te
castigará?
Cuando
te
hablemos
su
fenjgua
e,
á
tí
pertenece
oirlo
:
si
le
cierras
tu
oido,
¿sabes
quién
te
castigará?
El
que
es
princl-
pio
de
toda
justicia.»
Los
lisongeros
des-
aprobaron
con
su
murmullo
la
atrevida
res-
puesta
del
obispo.
Chilperico,
escitado
por
ellos
,
esclama:
«Ya
sé
lo
que
tengo
de
has
cer:
es
mostraré
tu
ini
uidad
a
la
vista
de
pueblo:
yo
juntaré
á
loá
Habitirited
de
Tours
y
les
dire
:
perseguid
con
vuestros
gritos
Y
(135)
silvidos
¿ese
Gregorio,
enemigo
de
la
jus-
ticia.
Si
me
la
niega
a
mi,
que
soy.su
rey,
¿podreis
esperarla
vosotros?»
«Si-soy
injus--
to,
replicó
Gregorio
con
firmeza
,
túmno
lo
sabes
,
sino
aquel
que
lee
en
lo
mas
hondo
de
los
corazones.
Sufriré
tus
ultrages,
y
no
me
asustarán
los
vanos
lada
pueblo:
sabrántodos
que
tú
los
escitas
,
y
la
culpano
recaerásobre
mi,
sinosobre
ti.
Pero
¿de
qué
sirve
esta
inútil
conversacion?
Tenemos
una
regla,
que
es
la
ley
y
los
cánones:
consulta=
los
con
cuidado
;
porque:
silos
québrañtas,
la
justicia
del
cielo
te
espera.»
Chilperico,
mudando
repentinamente
de
ademan
y
de
enguage
,
me
habló
entonces,
dice:el
mis-
mo
Gregorio
en
su
narracion,
casi
con
cari-
10;
y
creyendo
que
ño
conoceria
yo.
el
lazo
que
me
preparaba;
tiende»,
tiende
la
vista
a
la
mesa,
me
enseña
un
plato,
y
dice:
«Ese
manjar
se
ha
preparado
para
ti.
Mi
comida
5
compone
de
aves
y
guisantes.»
Yo
respon-
13
«Lo
que
conviene
es
obedecer
a
las
ór-
“nes
del
Señor,
y
no
complacernos
en
las
elicias
de
los
banquetes.
Pero
tú,
que
a-
Cusas
á
los
otros
,
promete
observar
las
le-
Yes
y
los
cánones,
y
entonces
creéremos
en
tu
rectitud:»
A
estas
palabras
Chilperico
Evantó
la
mano
,
y
juró
que
respetaria
los
“inones
y
las
leyes.
Gregorio
no
se
sentó
á
*
Mesa
:
tomó,
segun
la
costumbre
,
pan
y
O
»
y
se
retiró.
Enmedio
de
la
noche
vi-
'€ron
en
busca
suya
unos
emisarios
de
Fre-
“gunda
,
y
le
dijeron
:
«La
reina
os
ofrece
(136)
200
libras
de
plata
si
os
declarais
contra:
Pretextato.
Los
.otros
obispos
nos
han
dado
palabra
de
hacerlo
asi;
y
solo
«nos:
falta
la.
vuestra:».
«Aun
cuando
me
ofrecieseis
mil
talentós
de
oro'y
plata,
respondió
Gregorio
con
firmeza,
no
podria
hacer
sino
lo
que
la
ley
me
prescribe.
Cuanto
puedo
ofreceros
estadherirme
á
lo
que-
hagan
los
otros
obis-
pos
con
arreglo!
a
los-cánones.»
La
reina
no
entendió
esta
última
restriccion,
y
se
dió
por
contenta.
-¿¿Alodia
siguiente
se
reunió
el
tribunal;
Chilperico
'acusó
al
prelado
de
haber
sus-
traido.dos
maletas
llenas
de
pedrería,
y
un
sacocon'2.000
monedas
de
oro,
y
presentó
testigos'sobornados
que
declararon
contra
el
obispo.
Pero
Pretextato
probó
en
su
defen=
sa
,
que
parte
de
aquellas
riquezas
era
un
depósito
que
debia
conservar,
y
parte
un
don
legítimamente
recibido.
Los
obispos
tu-
vieron
por
calumniosa
la
acusacion
,
y
Pre-
textato
fue
absuelto
de
aquel
crimen.
El
rey
lMamó
inmediatamente
á
su
palacio
dos
de
sus
confidentes
mas
intimos,
y
les
dijo:
«Las
respuestas
de
Pretextato
son
verdaderas:
me
ha
vencido:
¿qué
podré
hacer
ahora?
Yo
quiero
satisfacer
á
toda
costa
el
resentimien-
to
de
la
reina.
Id
á
hablar
á
Pretextato,
y
como
que
sale
de
vosotros,
decidle
:
ya
sa-
bes
que
Chilperico
es
benigno
y
fácil
de
en-
ternecer.
Se
deja
aplacar
por
los
que
se
le
hu»
millan.
Sigue
,
pues
,
nuestro
consejo,
y
hu-
millate
a
el:
confiesa
que
eres
euliable
de
(137):
los
delitos
que'te
imputan:
entonces
todos
par
d
sus
pies
pediremos
tu:
perdon
,
y
lo
concedera.»
Pretextato
,
en:
gañado
por
este
artificio
,
promete
hacer
lo
que
le
aconsejan:
Al
dia
siguiente
se
reune
el
concilio
,
el
rey
asiste
a
el,
y
dirigiendo:
la
palabra
á
Pretextato
y
le
dice.
:
«Si
no
te-
vias
mas
intencion-que
la
de
hacer
un
acto.
de
senerosidad
cuando
distribuiste
dinero
+
los
iones
de
Ruan
,
¿por
qué
los
has
so-
licitado
para
que
siguiesen
el
partido
de
Me-
royeo:,
y
le
permaneciesen
fieles?»
«Confie=
so
,
respondio
el
obispo,
que
los
exhorté
a
favorecer
á
vuestro
hijo:
yo
hablaba
4
hom-
bres
solamente
;
perosi
hubiese
podido
ba=
bria
rogado
á
los
angeles
que
bajasen
del
cie-
o
y
socorriesen
al
desgraciado
'en
Ja
situa=,
cion
infeliz
en
que
se
hallaba.
Yo
habia
sido,
su
padrino
:
era
mi
hijo
espiritual,
y
crelá
cumplir
mi
obligacion
favoreciéndole.»
Al
Oir
estas
palabras,
Chilperico
reprendió
con
Vebemencia
su
conducta,
acusáandole
de
fac-
Cioso:
la
contestacion
se
anima;
y
en
fín,
el
Obispo
cediendo
4
los
consejos
pérfidos
que
e
habian
dado,
se
arroja
á
los
pies
del
prin-
“ipe,
y
le
dice:
«¡Oh
rey
misericordiosisimo!
Pequé
contra
el
cielo
y
contra
ti:
soy
un
mi-
Serable
homicida:
quise
que
te
diesen
la
Muerte,
para
que
tu
bijo
reinase
en
tu
ln-
Sar.»
Entonces
Chilperico
se
postra
enme-
lo
del
concilio,
y
dice:
«Prelados
santos
0
Señor,
ya
lo
vis;
él
mismo
confiesa
cri-
en
tan
execrable.»
Los
obispos
acuden
y
(138)
levantan
ab
rey,
el
cual
destierra
a
Pretexta-
to
de
su
presencia,
y
se
retira
á
su
campa-
mento.
Poco
despues
envio
al
conejlio
una
coleccion
de
cánones
,
entre
los
cuales
in-
terpoló
algunos
falsos,
que
condenaban
¿4
la
pena
de
etrosición
4
un
obispo
convencido
de
homicidio
4
de
perjurio.
Fueron:
leidos
sin
confrontarlos
en
presencia
de
Pretexta=
to,
que
estaba
consternado.
El
obispo
de
Burdeos
le
dijo:
«Pues
no
habeis
consegui-
do
el
perdon
del
rey,
muestra
buena
volun=
tad
no
puede
serviros.»
Un:euviado
del
rey
vino
á
pedir
que
se
escomulgase
al
reo,
y
de
se-le
rasgasen
públicamente
las
vesti-
uras.
Gregorio
se-0opuso
ajeste
rigor
y
4.es-
tas
formas
nuevas
de
suplicio;
pero
firuro
la
sentencia
de
condenación
fulminada,
por
el
concilio;
y
Pretextato
fue
desterrado
4
una
de
las
islas
del
Cotentin:
Esta
causa
célebre
muestra
las
costumbres
de
la
corte
de
Chil-
perico,
que
en
cierto
modo
eran
las
de
su
siglo
,
y
prueba
el
poder
que
entonces
ejer=
cia
el
sacerdocio,
cuando
obligaba
á
un
ti-
rano
á
recurrir
á
artificios
tan
viles
para
lo-
grar
la
condenacion
de
un
obispo
que
le
des-
agradaba.
Casi
al
mismo
tiempo
otro
conci-
lio
que
se
reunió
en
Leon,
depre
a
los
o-
bispos
Salonio
y
Sagitario
,
acusados
por
la
voz
pública.
Su
conducta
habia
sido
tan
es-
RIA
que
el
pueblo
alborotado
los
bi-
.
rió
con
varas.
Estos
obispos,
á
pesar
de
su
condenacion
,
sostenidos
por
sus
nuinerosos
sirvientes
,
conservaban
todavía
sus
sillas.
(139)
El
rey
Gontran
los
llamó
a
su
corte,
y
Sa-
gitario
tuvo
la
insolencia:
de
insultarle,
di=
ciendo
que
sus
hijos
no
podian
heredar
el
trono,
porque
la
madre
habia
sido
sirvienta
del
duque
Magnacario.
«Sin
duda
ignoraba,
dice
Gregorio,
que
en
Francia
es
iudiferen-
te
la
condicion
Se
las
madres,
y
que
basta
ser
hijo
de
rey
para
tener
derecho
a
la
suce=
sion.»
Gontran
,
irritado
de
la
osadía
de
los
dos
obispos
,
les
quitó
sus
bienes
!,
éselavos
y
caballos:,
y
los
desterro
a
un
monasterio,
donde
fueron
encerrados:
con:
guardias
de
vista.
Pero
habiendo
caido
enfermos
poco
impida
sus
hijos,
temiendo
que
la
enferme-
dad
fuese
castigo
del
cielo
por
el
rigor
con
que
los
habia
tratado,
mando
ponerlos
en
hibertad.
Chilperico
y
sus
hermanos
derra=
mabau
bin
remordimiento
la
sangre
de
su
familia,
y
asolabau
sin
piedad
las
provin-
cias.
Pero
por
otra
parte,
estos
príncipes
crueles
sta
DIabñis
de
una
tempestad
ódeun
Sueño.
Sus
ánimos
feroces
crelan
en
los
ma=
*ficios
,
y
dudaban
de
los
dogmas
de
la
re-
igion.Chilperico
escribió
un
libro
injurio-
so
al
misterio
de
la
Trinidad
,
lo
envió
4
regorio
de
Tours,
llamó
á
este
obispo
á
su
presencia
,
y
le
dijo
:
«Quiero
que
tú
y
to-
os
los
doctores
de
la
Iglesia
creais
la
doc-
trina
de
mi
libro.»
«Vos
sois
,
le
dijo
Grego-
YO,
quien
debeis
someteros
a
las
is
enseñadas
por
los
apóstoles
,
y
redicadas
por
Eusebio
¿
Hilario
:
esa
es
la
fe
que
pro-
metisteisenel
bautismo.»
El
rey
enojado
in-
(M0)
sulto
la
memoria
de
aquellos:santos
obispos,
y
dijo
á
Gregorio
:
«Yo
creó
que
sois
un
ig-
norante.Consultaré
con
hombres
mas:sabios
que
vos,
y
me
aprobarán.»
«Señor
,
replicó
Gregorio,
si
encontraisaprobantes,
no
serán
habiles
,
sino
insensatos.»
Chilpericole
vol-
vió
las
espaldas
:
habló
con
el
obispo
de
Al-
E
coil
materia
¿
y
habiendo
hallado
en
él
la
misma
firmeza
,
renunció
a
su
proyecto
impio
de
trastornar
la
religion
cristiana.
Guerra
de
Bretaña.
sp
Nuevos
dis-
turbios
suscitados
por
el
odio
que
inspira-
ba,
alteraron
muy
pronto
el
sosiego
momen-
táneo
de
este
rey
ambicioso
y
de
su
impla-
cable-muger.
Gontran
habia
perdido
sus
dos
hijos
y
adoptado
solemnemente
al
rey
de
Austrasia+
Pidió
al
rey
de
Soissons
que
ce-
diese
4
Childeberto-la
ciudad
de
Paris;
y
como
Chilperico
se
negó
á
ello,
le
detlaró
la
guerra.
Al
mismo:
tiempo
Brunequilde,
ue
en
todas
partes
suscitaba
enemigos
a
hilperico,
armó
contra
élá
los
bretones;
es-
tos
seapoderaron
de
Vannes,
y
su
conde
Va-
roch
se
acampó
con
numeroso
ejército
en
las
orillas
del
Vilaine
,
reforzado
con
un
cuer-
po
de
sajones.
Chilperico
tenía
valor,
única
virtud
que
aun
respetaba
á
la
descendencia
de
Clodoveo:
peleó
con
Varoch,
le
venció
y
le
obligó
á
someterse.
Habia
muchos
años
E
el
rey-de
Soissons,
precisado
á
buscar
inero
á
cualquier
precio
para
ejecutar
los
designios
que
le
dictaba
su
desenfrenada
ambicion
,
quebrantando
las
costumbres
de
(141)
los
francos,
habia
echado
fuertes
contribu-
ciones
sobre
sus
propiedades.
Ademas,
tan-
to
los
hombres
libres
como
los
siervos
fue-
ron
sometidos
á
la
capitacion
:
la
industria
urbana
sufria
trabas
y
vejaciones
de
varios
impuestos
;
y
en
fin,
cada
aranzada
de
viña
pago
la
contribucion
de
una
cántara
de
vi-
no.
Todos
murmuraban
;
y
por
huir
su
do-
minacio»,se
retiraban
muchisimos,
para
go-
zar
de
un
gobierno
mas
suave,
alos
estados
de
Gontran
y
Childeberto.
Asi
se
despobla-
ba
su
reino
al
mismo
tiempo
que
crecia
su
tesoro.
La
avaricia
de
este
principe
resistia
a
todas
las
represeutacióones;
pero
el
hijo
mayor
que
tenia
de
Fredegunda
,
murió
de
repente:
los
otros
hijos
cayeron
gr
fermos:
el
rey
tuvo
una
calentura
violenta:
enton-
ces
pop
aterrada
por
los
estímulos
e
la
conciencia
y
por
el
temor
del
infier-
no,
lleyó
al
rey
a
la
eontaduria,
donde
es-
taban
los
archivos
de
los
impuestos,
y
le
di-
lo:
«El
cielo
nos
castiga:
harto
hemos
abu-
sado
de
su
paciencia.
Nuestros
hijos
van
á
Morir:
las
lágrimas
de
los
pobres,
las
mal-
diciones
de
las
viudas,
los
gemidos
de
los
duérfanos
llaman
sobre
nosotros
la
cúlera
ivina.
Si
nuestros
hijos
mueren,
¿de
qué
MOS
servirán
esos
lesoros
inmensos
que
Montonamos
sin
saber
quién
los
heradatk?
¿Qué
haremos
con
esas
riquezas,
mancilla=
as
por
la
rapiña,
y
Pen
de
las
mauldi-
ciones
de
los
pueblós?
¿No
abundan
nues-
j
(142)
tras
troges
y
bodegas
en
trigo
y
vino?
¿No
estan
llenas
nuestras
arcas
de
oro
y
piedras
preciosas?
¿Por
qué,
pues,
oprimimos
al
pueblo
con
el
gravámen
de
nuevos
impues=
tos?
Creedme
:
entreguemos
á
las
llamas
los
funestos
papeles
de
este
archivo,
y
conten=
témonos
en
lo
sucesivo
con
las
rentas
que
percibia
el
rey
Clotario.»
Chilperico
se
con-
mueve
con
estas
palabras:
sin
embargo,
ca=
lla
y
vacila
en
consumar
un
sacrificio
tan
pe-
noso.
Entonces
la
reina
coge
los
papeles
y
los
echa
al
fuego,
diciendo:
Ein:
mi
e-
jemplo;
y
si
hemos
de
ser
desgraciados,
bus-
quemos
á
lo
menos
consuelo
recobrando
el
amor
del
pueblo.»
Chilperico
obedece,
y
la
nacion,
olcalui
los
crimenes
de
Frede-
unda
,
admiró
su
generosidad.
Si
el
temor
de
los
castigos
celestiales
venció
la
codicia
de
esta
reina
impia,
no
fue
bastante
para
triunfar
de
su
odio
contra
los
desgraciados
hijos
de
Audevera.
Vivia
aun
Clodoveo,
el
tercero
de
ellos,
y
detestaba
á
Fredegunda.
Ella
juró
su
muerte;
pero
antes
de
herirle,
faltó
poco
para
que
su
entenado
la
arruina-
se.
El
pe
Leudaste,
que
desde
la
clase
mas
baja
se
habia
elevado
á
las
primeras
dig-
nidades
del
reino,
formó
en
aquel
tiempo,
reunido
con
un
sacerdote
de
Pones
llama-
do
Riculfo,
nna
conspiracion
cuyo
objeto
era
destronar
á
Fredegunda
,
dar
muerte
á
Chilperico,
poner
en
el
trono
á
Clodoveo,
y
gobernar
ñ
reino
bajo
su
nombre.
Leudas-
te,
esclavo
en
su
infancia,
y
empleado
des-
(143)
ues
en
las
caballerizas
de
Marcufa,
muger
el
rey
Cariberto,
protegido
por
esta
reina,
habia
llegado
á
ser
escudero
mayor,
leude
y
conde.
Chilperico.le
envió
despues
a
casti-
ar
la
ciudad
de
Tours
cuando
se
declaró
a
favor
de
Meroveo,
y
Leudaste
la
oprimio
con
tiranía.
El
obispo
Gregorio
consiguio
con
sus
representaciones
que
se
le
alejase
de
ella.
Desde
entonees
Leudaste
resolvio
la
ruina
de
Gregorio,
y
que
se
diese
su
obis-
puño
á
Riculfo;
el
cual
atraido
por
este
ce-
0,
prometio
favorecerle
en
sus
criminales
designios.
Conocia
el
caracter
tiránico
,
ce-
loso
y
violento
de
Chilperico:
presentó-
se
pues
á
él,
y
le
dijo
que
la
reina
Frede-
gunda
tenia
comunicacion
criminal
con
Bel-
tran,
obispo
de
Burdeos.
El
rey,
indignado
e
esta
acusación,
se
enojó
al
principio
con-
tra
Leudaste
hasta
el
punto
de
poner
las
ma-
nos
en
él.
Pero
Leudaste
persistió
eo
su
de-
acion,
añadiendo:
«Nadie
ignora
este
adul-
terio;
y
Gregorio,
obispo
de
Tours,
lo
sa-
e
mejor
que
nadie.»
El
atrevido
acusador
Esperaba
que
el
principe,
creyéndose
ultra-
Jado,
repudiaria
á
su
esposa
sin
comprome-
ter
su
honor
en
un
juicio
público;
pero
se
engañó.
Chilperico
convocó
los
grandes
y
Obispos,
y
mandó
á
la
reina
y
á
Gregorio
qee
compareciesen
ante
este
tribunal.
Fre-
'egunda
se
defendió
con
altanería
y
violen-
Cta;
Gregorio
con
la
serenidad
de
ña
virtud.
El
tribunal
decidió
que
Gregorio
purgaria
Con
el
juramento
la
acusación
intentada
con-
(144)
tra
él.
El
obispo
de
Tours
comulgó
en:
púe
blico,
y
juró
ulpjaó
que
los
hechos
alega-
«dos
por
el
rey
eran
imposturas.
Entonces
los
obispos
proclamaron
su
inocencia,
y
de-
clararon,
que
segun
los
cánones
era
preciso
escomulgar
al
calumniador.
Como
el
rey
era
el
único
que
habia
presentado
la
querella,
sin
nombrar
á
los
que
le
habian
informado
de
los
desórdenes
de
la
reina
,
la
decla-
racion
de
los
obispos
se
dirigia
á
él.
A-
terrado
con
esta
amenaza,
dijo
que
no
ha-
bia
hecho
mas
que
repetir
las
acusacio-
nes
de
Leudaste
y
Riculfo.
El
conde
fue
puesto
en
prision,
y
Riculfo
a
cuestion
de
tormento
,
en
la
cual
declaró
toda
la
conju»
racion
tramada
contra
Fredegunda
y
el
rey.
Riculfo
fue
condenado
á
muerte
;
pero
Leu-
daste.
no
perdió
mas
que
sus
bienes:
con
tanto
miramiento
se
procedia
entonces
con-
tra
los
leudes
,
por
temorá
su
audacia
,
vio-
dencia
y
partidarios;
y
asi
era
mas
comun
a-
sesinarlos
que
sentenciarlos.
Este
insolente
conde
,
reuniendo
algunos
hombres
arma-
dos
,
saqueó
la
ciudad
de
Tours
por
vengar-
se
desu
obispo,
logró
despues
el
perdon
del
rey
,
y
volvió
con
arroganeia
á
Tours
á
pe-
dir
á
Gregorio
que
le
reconciliase
con
la
1glesia,
rán
lcaleitagiidn
escribia
al
mis-
mo
obispo
que
no
le
levantase
la
escomu-
uion.
Gregorio
respondida
Leudaste
que
no
podia
reconciliarlo
sino
despues
que
hubie-
se
hecho
penitencia.
El
conde,
cuya
espada
y
orgullo
se
burlaban
de
todos
los
riesgos
y
(145)
de
todos:los
poderes,
volvió
audazmente
á
Paris,
y
se
presentó
sin
temor
a
la
yista
de
Fredegunda.
distaaia
La
reina
se
desmayó
de
ira:
cuando
vol-
Vió
en
si,
pidió
en
vaño
á
su
esposo
vengan=
za
de
aquel
insulto
:
Chilperico
ni
se
atrevió
a
troll
ni
a
prometerla.
El
imprudente
Leudaste
se
pasea
por
las
calles
siú
comiti=
Ya,
y
entra
en
las
tiendas
con
la
ínisma
sere-
nidad
qne
si
no
tuviese
enemigos.
Un
dia
es-
taba
examinando
los
diamantes
de
un
lapi="
ario,
y
un
sirviente
de
la
reina
le
acome=
lio
de
improviso
,
y
le
asesino.
El
rey
y
las
eyes
enmudecieron.
Poco
despues
murje=
ton
á
unmismo
tiempo
dos
hijos
de
Frede-=:
gunda.
En
lugar
de
llorarlos
busco
en
su:
Muerte
un
pretesto
para
consumar
la
ruina:
de
Clodoveo.
Puso
á
cuestion
de
tormento
%
Una
manceba
de
este
principe
,
y
con
el.
olor
le
arraneó
una
falsa
declaracion,
por
Medio
de
la
cual
persuadió
4
Chilpericoque:
Sus
hijos
habian
muerto
envenenados.
El
rey,
Pro
yugado
por
su
vengativa
muger,
le
en=.
"egó
a
su
hijo
,
que
fue
encerrado
en
una:
pusion,
y
luego
asesinado
por
el
puñal
de
"edegunda.
La
reina
Audevera
habia
pro=
€sado
en
un
monasterio,
y
ni
podia
ni
de=
pes
Vengarse;
pero
sus
lagrimas
importuna=-
“Má
Predegunda.
Esta
muger
bárbara
hizo
Pie
la
ahogasen
,
y
que
encerrasen-en
un
Mvento
4
una
hija
que
le
quedaba,
des-
Ues
que
los
ministoos
de
aquella
furia
la
úbieron
-
yiolado.
Semejantes
mónstruos,
DOMO
XItL+
10
146
cuando
se
libran
ale
Ss
urlela
humana,
prue-
ban
la
necesidad
y:
la
existencia
de
la
justi-
cia
celestial.
Guerra
de
Chilperico
y
Childeberto
con-
tra
Gontran.
(580.)
El
imperio
de
oriente
se
mejoraba
entontes
bajo
el
cetro
de
un
principe
belicoso.
El
emperador
Tiberio
exhortó
a
Chilpericó
por
medio
de-sus
em-
bajadores
4
hacer
alianza
con
él
contra
los
lombardos,
y
al
mismo
tiempo
envió
con
el
mismo
objeto
ricos
presentes
á
los
reyes
Chil-
deberto
y
Gontran
;
pero
los
franceses,
.en-
tregados
á
sus
funestas
disensiones,
pare-
cian
entonces
insensibles
a
la
voz
de
la
glo-
ria
me
por
tanto
tiempo
los
habia
animado.
Fredegunda
y
Brunequilde,
semejantes
á
dos
furias
,
los
escitaban
sin
intermision
a
des-
truirse
unos
á
otros,
y
á
despedazar
el
seno
de
su
patria.
La
debilidad
de
Gontran
,
y
la
menor:edad
de
Childeberto
daba
libre
cur-
so
en
Austrasia
á
la
licencia
de
los
grandes;
y
asi
aumentaban
cada
dia
su
riqueza
y
po-
derio
4
costa
de
la
autoridad
real.
En
vano
Lupo,
duque
de
Champaña,
defendia
el
tro-
no
del.
monarca
niño
:
los
leudes
Ranchin),
Gontran'
Boson
y
Bertefredo,
unidos
con
Egidio,
arzobispo
de
Reims,
se
burlaron
del
ministro,
y
le
obligarowá
salir
del
reino.
Fa-
voreciendo
secretamente
á
Fredegunda,
per-
virtieron
al
patricio
Múmmol,
obligaron:
á
Childebérto
4
desavenirse
con
Gontran,
su
tutor,
y
quitaron
deste
por
sorpresa
la
cju-
dad
de
Marsella,
al
mismo
tiempo
que
De-
(147)
siderio,
general
de
Chilperico»,
se
apodez
raba
del
Perigord
y-del
Ágeneso
0
>
-
EFnvasion
de
los.
vascones
en
Aquitania.
(582.):Los
vascones
¿llamados
vascos
y
gas.
cones
por
los
franceses
,
que
habitaban
el
pais
llamado
hoy
:
Navarra
española,
se
a-
provecharon
de
estas
turbulencias,
pasaron
el
Pirineo,
y
se
establecieron
en
Aquitania.
arécia
que
entonces
reinaba
el
desorden
en
la
ea
ió
como
en+la
politica.
Fueron
frecuentisimas
las
tempestades,
«nacieron
flores
por
enero:
un
cometa
crinico
y
una
lluvia
colorada,
que
se
creyó
Ser
sangre,
as
terraron
los
pueblos.
Entonces,
para
añadir
un
nuevo
elemento
4
las
discordias.
que
de=
.
.
,
>
solaban
4
Francia;
apareció
un
NUEVO
prin=
cipe
de
la
familia
de
Cludoveo.
Llamabase
Gundebaldo
,
y
se
decia
hijo
de
Clotario:L,
acogido,
educado
y
enriquecido
en
su
in=
ancia-por
Childeberto
,
primer
rey
de
Pa-
Yis.
Despues
de
la
muerte
de
este
principe
Viajó
Gundebaldo
por
Italia,
Alemania
y
"ecia,
y
encontró
en
Constantinopla
á
Gon-
tran
Boson,
que
le
aconsejó
reclamar:sus
des
rechos
al
trono.
El
emperador
de
oriente
le
Prometid
socorros:
Volvió
4
Erancia,
fue
res
conocido
en
Aviñon
por
Múmmol,
y
poco
£Spues
tuvo
contra
sl
al
mismo
GontranBo=
son
,
que
le
habia
incitado
á
la
empresa.
:
Brunequilde
y
con
la
esperanza
de
susci-
ar
un
nuevo
enemigo
4
Clulperico,
favore-
clO
secretamente
dá
Camdiiot
dos
el
cual
0-'
Igó-
sus
enemigos
4
alejarse
de
Aviñon»
(148)
La
guerra
continuaba
entre
Chilperico
y
Gontran
con
vario
suceso:
al
fin
hicieron
paces;
y
Childeberto,
que
acababa
de
cum-
pls
14
años
,
se
reconcilió
con
el
rey
de
orgoña,
su
tutor.
2
Muerte
de
Chilperico
:
Clotario
IL,
rey,
de
Soissons.
(584.)
El
reinado
de
Tiberio
en
oriente
fue
glorioso,
pero
de
poca
duracion:
su
sucesor
Mauricio
envió
500.000
escudos
de
oro
á
Childeberto
para
que
se
declarase
contra
los
lombardos
que
cercaban
a
Roma.
El
jóven
rey
de
Austrasia
paso
los
Alpes,
entró
en
Italia
,
sufrió
al
principio
algunos
reveses;
y
al
fin,
reparando
sus
pálidas
obligó
á
Autaris,
rey
de
los
lombardos,
4s0o-
meterse
y
pagarle
un
tributo
anual.
En
este.
mismo
año
se
vió
libre
Francia
de
uno
de
sus
mas
crueles
tiranos.
Chilperico,
volvien-
do
de
caza
á
su
palacio
de
Chelles
,
recibió.
al
bajar
del
caballo
dos
puñaladas
que
termi-
naron
su
vida
y
sus
maldades.
Se
acusó
de
su
muerte
4
Brunequilde
y
á
Fredegunda.
Ig-
norase
cual
de
las
dos
cometió
permet:
pero
ambas
eran
capaces
de
emprenderlo
y
ejecutarlo.
Algunos
autores
dicen
que
Chil-.
perico
acababa
de
descubrir
la
intimidad
criminal
de
su
muger
con
un
leude
llamado.
Laudry,
y
que
los
adúlteros
le
asesinaron
te-
miendo
su
venganza.
Chilperico
murió
á
los:
45
años
de
su
edad.
Este
principe
valiente,
hábil,
ostentoso
é
instruido,
se
mostró
sieme-
pre
disoluto,
violento
,
débil,
pérfido
y
cruel.
Colmaba
de
riquezas
á
los
grandes
par
(149
rá
tenerlos
sumisos
:
dedaatirdienios
é
iglesias,
creyendo
satisfacer
á
Dios
sin
el
ar-
repeutimiento
:
temia
y
detestaba
al
clero.
ecia
que
«los
obispos
eran
entonces
los
verdaderos
gobernantes
y
y
que
el
cetro
era
un
ornamento
inútil
.en
la
mano
de
los
re-
yes.»
Careció
de
toda
piedad
:
á
nadie
amó,
y
de
nadie
fue
amado.
Despues
de
su
muer-
te:quedó
abandonado
su
cadaver,
sin
que
se
hiciese
caso
de
un
mónstruo
a
quien
ya
no
se
temia
:
al
fin
debió
sepultura
a
la
piedad
de
un
santo
obispo,
que
le
habia
pedido
au.
iencia
por
tres
veces
sin
poder
conseguir=
la.
Este
prelado
hizo
trasportar
su
cuerpo
a
Paris,
y
enterrarle
en
la
iglesia
de
san
Ger=
man
de
los
Prados.
Gregorio
de
Tours
pin=
ta
en
pocas
palabras
el
retrato
de
este
tira-
no,
diciendo
que
fue
el
Veron
y
el
Hero=
es
de
Francia.
>>
;
Apenas
supo
Gontran
la
muerte
de
Chil-
Perico;
agudió
precipitadamente”
á
Paris.
hildeberto
vino
tambien
con
sus
tropas;
Mas
nose
le
permitió
entrar
en-la
ciudad.
El
hijo:
de:
Brunequilde
o
se
le
Entregase
a
Fredegunda
para
inmo
arila
in-
are
homicida
de
Sigeberto,
Teodoberto;
eroveo;
Clodoveo
y
Chilperico
á
los
ma-
nes
de
estos
principes.
Fredegunda
asusta»
A
se
refugió
en
la
iglesia
de
nuestra
Seño-
Ya
,
y
buscó
asilo
al
pie
de
los
altares:que
su
Ji
esencia
profanaba.
Alli
tuvo:
osadía
para
lamar
4
Gontran
á
zina
conferencia;
y
habi-,
idad
para
seducirle.
Este
rey,
cuya
bondad
150),
pareciamucho
¿la
debilidad,
protegió
4
la
se
culpables
é
hizo
proclamar
rey.a
su
hijo
Clo-
tario
11.
Los
parientes
indignados
insultaban:
la
autoridad
de
Gontran,
y
pedian:
4
gritos
la
muerte
de
Fredegunda:.Su
protector
la
hizo
partir
á
Ruan
para
sustraerla
del
odio
público.
Apenas
llegó
á
su
nuevo
asilo,
me-
ditó
la
insplacable
edagunda
nuevos
hor-
rores.
Solicitando
el-apoyo
de
los
estrange-
ros
para
lograr
sus
venganzas
,
hizo
secreta
alianza
con
los
lombardos,
y
en
premio
de
su
invasion
en
Francia
les
prometió
la
muer-
te
del
rey
de
Austrasia
y
de
su
madre:
Bru=
_nequilde.
Envió
á4
Metz
asesinos,,
fieles
.a-
gentes
de
su
política
sanguinaria;
pero
fue=
ron
descubiertos
en
el
-momento
de
egecu-
tar
las
órdenes
de
su
bárbara
reina;
y
Bru-
nequilde
los
mandó
mutilar
y
enviará
Ere-
degunda
en
señal
de
desprecio.
La
opinion
pública
acusaba
entonces
de
adulterio
á
la
viuda
de
Chilperico,
y
creia
4
Clotarió-
11
bastardo
italian
del
trono.
Gontran,
para
destruir
esta
sospecha,
obligó
¿4
Fredegun-
da
á
que
probase
lá
legitimidad:
desu
hijo
con
el
juramento
de
tres
obispos
y-de
300
notables.
Esta
benevolencia
del
rey
de-Pa-
e
de
Borgoña
para
con
la
mórtal
enemi-
ga
de
Brunequilde,
escitaba
las
iras
de
esta
reina.
Queriendo
vengarse
de
él,
favoreció
en
secreto
el
partido
de
Gundohaldo,
que
pcia
o
aventurero,
pedia
á
Gontran
que
e
admitiese
a
la
participacion:
de
sus
es-
tados.
'
|
(151)
Guerra
de
OA.
06
(585.)
Protegi-
do
por
ella,
favorecido
de
Múmmol
,
de
Gontran
Boson
y
del
obispo
Sagitario,
se
halló
bien
pronto
al
frente
de
fuerzas
consi-
derables,.y
un
ejército
numeroso
le
procla=
mó
rey
de
Aquitania
en
la
ciudad
de
Brive
la
Gaillarde
,
de
la:
cual
se
habia
apoderado;
ero
alli
encontró
el
término
de
su
fortuna.
¿l
patricio
Egila
,
enviado
contra
el
por
Gontran.,
le:
acometió,
venció
y
puso
en
huida.
Encerróse
en
el
castillo
de
Gomin-
ges
,
ciudad
muy
fuerte
por
su
posicion.
Fue
sitiado
en
ella;
y
rechazo
valerosamen-
te
muchos
asaltos;
pero
como
le
faltaban
vi-
Veres,
se
creyo
cierta
su
ruina.
El
pérfido
Gontran
Boson
y
el
intrigante
Sagitario
re-
solvieron:salvarse
haciéndole
traicion.
Mum-
mol
mauchó
tambien
su
gloria
con
una
per-
fidia,
Persuadieron
-al'
desgraciado
Gunde-
baldo
que
huyese
con
ellos,
y
le
entregaron
á
sus
enemigos:
él
pereció;
pero
Egila,
des-
puncladda
á
los
aleves
y
aprovechindose
de
a
alevosia,
los
degollo
tambien.
Al
mismo
tiempo
se
movió
guerra
sentre
franceses
y
lombardos;
suscitada
por
los:ar-
tificios
de
Fredegunda,
El
hijo
del
rey
de
«ombardia
habia
casado
con
una
hermana
de
Childeberto.
Este
jóven
principe.
se
suble-
YO
contra
su
padre,
y
fue
puesto
en
prision;
Pero
su
muger
halló
medio
de
darle
liber-
tad
y
de
huir
con
él
al
oriente,
doynde
rei-
naba
el
emperador
Mauricio;
el
enal
bizo
a-
linza
con
Childeberto
y
Brunequilde
para
(152)
proteger
al
principe
proscrito.
Esta
guer-
ra no
dio
gloria
á
los
franceses,
ni
pudieron
peñsias
en
Italia,
ni
arrojar
al
enemigo
de
a
parte
de
Galia
que
habia
ocupado.
Los'
franceses
no
tenian
entonces
espadas,
sino
puñales
;
y
parecian
no
ser
audaces
sino
pa=
ra
los
crimenes.
Fredegunda,
que
nunca
se
cansaba
de
cometerlos,
encargó
á
un
asesi--
no
que
la
vengase
del
obispo
de
Ruan,
su
e-
nemigo
antiguo
,
a
quien
Gontrah
habia
res:
tablecido
en
su
silla.
Pretextato
fue
herido
de
una
puñalada
al
pie:de
los
altares.
El
ho-
micida,
preso
por
el
pueblo,
imploró
en
vano
la
proteccion
de
la
reina,
y
fue:entre-
geo
al
sobrino
del
obispo,
que
le
hizo
pe-
azos.
Pretextato
estaba
cercano
á
morir:
Fredegunda,
que
no
conocia
ni
pudor
ni
re-
mordimientos,
tuvo-la
insolencia:
de
visitar
a
su
victima
socolor
de
asistirle.
El
prelado
mostro
el
mayor
desprecio
hácia
ella,
no
ad-
mitió
su
oferta,
la
llenó
de
improperios,
y
la
amenazo
con
la:
venganza
celo
cihl
Gon-
tran,
siempre
débil,
limitó
su
justicia
a
des-
terrar
aquella
furia
4
Vaudreuil
;
castillo
de
Normandía.
Fredegunda,
sin
reconocimien-
to
a
su
bienhechor,
sin
consideracion
á
la
edad
de
Gontran,
sin
respeto
al
protector
de
su
hijo,
hizo
por
dos
veces
tentativas
paz,
ra
asesinarle.
|
Tratado
de
Andelot.
(587.)
Entretanto
los
grandes
de
Neustria,
cansados
de
la
guer-
ra
impia
que
sustentaban
sus
débiles
reyes
por
causa
de
una
muger
manchada
con
Ja
153
sangre.de
tantos
aii
les
aconsejaron;
0
por
mejor
decir,
les
mandaron
que
se
re”
conciliasen.
Concluyeron
un
tratado,
en
el
eual
Gontran
reconoció
por
heredero
suyo
á
Childeberto.
Gregorio
de
Tours
fue
ple-=
nipotenciario
en
estas
negociaciones.
El
tra-
tado,
que
tomó
el
nombre
de
Andelot
por
la
villa
en
que
se
firmo,
fue
concluido,
co=
mo
se
dice
en:su
preámbulo,
por
el
consejo
de
los
obispos
y
grandes
:
de
donde
consta
evidentemente
cuánto
habian
crecido
su:au-
toridad
é
influencia.
Por
este
acto:
conservó
Gontran
la
parte
de
la
ciudad
de
Paris
y
de
la
herencia
de
Cariberto
que
se
le
dispula-
ba.
Childeberto
adquirió
ia
riaiód
las
ciudades
de
Meaux,
Senlis,
Tours,
Poitiers,
Aire,
Conserans;
Bayona
y
Alby.
Si
uno
de
os
dos
reyes
moria
sin
hijos,
el:
que
le
so=
teviviese
debia
heredarle.
Se
garantiza-
ron
todos
los
dones
de
ciudades,
tierras
y
Otras
rentas
que
Gontran
habia
dado
á
su
hi=
Jo
Clotilde.
En
caso
que
Childeberto
mu-
Mose
primero,
Gontran
prometia
defender
Como
padre
á:sus
hijos
Teodoberto
y
Tier=
"Y,
y
proteger
a
su
muger
Failleuba
y
á
su
Madre
Brunequildeé.
A
esta
se
le
garanti>
Zaron
las
ciudades
de
Burdeos
,
Limoges,
Ahors,
y
el
Bearne
y
el
Bigorre
que
se
lo
o
abian
adjudicado
despues
del
asesinato
de
Uú
hermana
Galsuinda.
Los
leudes,
que
du-
tante
la
guerra
habian
abandonado
á
uno
de
os
dos
reyes,
quedaron
obligados
á:wolver
su
servicio.
Podas
las
donaciones
hechas
á:
(154)
las
iglesias
ó
á
los
1udel
debian
conservar=
se
0
restituirse,
y
se
declararon
irrevoca-=
bles:
La
restitucion:á
los
leudes
debia
ha-
cerse
inmediatamente.
Se
estipuló
que
los
leudes
podrian
en
todos
tiempos
viajar
con
betta
dde
un
reino
al
otro.
Cada
uno
de
los
dos
reyes
contratantes
se
obligaba
á4
no
solicitar
nuncaá
los
Jeudes
del
otro
á
que
le
dejasen
para
pasar
á
suservicio.
Enfin,
se
de-
claró,
que
el
que
violase
,
bajo
cualquier
pretesto
que
fuese,
las
cliusulas
del
tratado,
perderia
todas
las
ventajas
que
en
él
se
le
a-
seguraban
,
y
las
gozaria
el
otro.
--
Este
célebre
acto
fue
una
victoria
de
los
andes
contra
los
reyes,
y
forma
época
no-
table
en
la
historia
de
Francia.
Hasta
enton-
ces
los
reyes
habian
aumentado
su
autori-
dad
,
ganando
á
los
leudes
con
beneficios
re-
vocables;
pero
como
sus
dominios
se
dismi-
nuian,
y
sin
embargo
querian
auméntar-
el
número
de
sus
leudes,
se
apoderaban
arbi-
trariamente
de
las
donaciones
que
habian
hecho,
y
las
distribuian
de
nuevo
segun
sus
temores
ó
sus
caprichos,
despojando
«alos
mas
débiles
y
enriqueciendo
a
los
mas
po
derosos.
Sus
cortes
se
llenaron
de
intrigas;
y
cuando
cada
leude
hubo:
sufrido
su
parte
de
esta
arbitrariedad
injusta,
se
coligaron
todos
para
defender
sus
intereses
comunes:
El
tratado:de
Andelot,
en
que
dieron
la
ley,
convirtió
los
beneficios
en
propiedades
¡ir-
revocables;
y
desde
entónces
la
nobleza,
in-
dependiente
ya:
y
hereditaria
,
domiud
A
;
!
(155)
y
trono;
que
quedó
sin
riquezas
y
sin
poderio.
La
antigua
democracia
de
los
francos;
que
-
Clodoveo
convirtió
en
monarquía
militar,
vino
4
parar
en
aristocracia
turbulenta,
ba-
jo
cuyo
imperio
yacieron
los
fantasmas
de
reyes
;
incapaces
de
defender
ni
su
cetro
ni
el
pueblo
contra
la
opresion
de
los
grandes.
Los:
rogresos
de
esta
revolucion
fueron
tan
sbidos.
que
en:menos
de
50
años
quedó
consumada.
Sin
embargo,
la
paz
de
Ande-
lot;
que
produjo:en
Francia
un
sosiego
mo-=
mentaneo,
aumentó
el
peligro
de
Gontran,
aumentando
los
furores
de
Fredegunda.
Es-
te
desgraciado
rey
,
ereyéndose:
rodeado
Siempre
de
asesinos;
habló
un
dia
al
pueblo
que
estaba
ev
la
¡iglesia
asistiendo4.los
ofi-
cios
divinos,
de
estamanera:
«Os
pido
á
to-
Os
vosotros,
hombres
y
mugeres,
que
me
seais
fieles.
No
hagais
conmigo
lo
que
con
Mis
dos
hermanos;-á
quienes
habeis:
dado
Muerte.
No
tengo
hijos,
sino
dos
sobrinos
qe
he
adoptado.
Dejadme:
reinar
todavia
05d
tres
años
para
restablecer
el
orden
en
tancia.
Pensad,
que
si
dejais
que
nos
ma=
eh:
4
mi
y
á
missinocentes-
pupilos,
no
que-
ará
principe
de-la
¡sangre
real
que
os
de-
enda.»
El
pueblo
respondió-á-
este
discur-
$0;
dirigiendo
al
cielo
súplicas:
fervientes
Porla
salud
del
rey.
Las
costumbres
del
si-
Seran
tales,
que
la
arenga:
singular
del
la?
produjo
alguna
compasion;
pero
nadie
Estrañó.
De
alli.
4
poco
se
descubrio
en
Ustrasia
una
conjuracion
de
los
grandes
del
156)
reino,
O
a
equil
de
envió
los
traidores
al
suplicio;
y
el
obis-
po
de
Reims,
que
era
gefe
dtriilos
,
fue
juz=
gado,
convencido
y
depuesto
en
un
concilio
que
se
celebró
en
Metz.
tio
Muerte
de
Gontran:
Childeberto
,
rey
de
Austrasia
y
Borgoña.
(593
.)
Gontran
mu-
rió
en
Chalons
á
la
edad
de
68
años,
habien-
do
reinado
32.
Su
últimoacto
fue
de
debili-
dad,
consintiendo
en
volverá
ver
á
Frede-
gunda.
Saco
de
pila
en
Ruelle
á
su
hijo
Clo-
tario.
Como
no
dejaba
hijos
varones,
Chil-
deberto
heredó
sus
estados;
y
la
orgullosa
Brunequilde,
que
le
dominaba,
se
vió
en
fin
en
el
colmo
de
sus
deseos
,
reinando:
so-
bre
la
mayor
parte
de
Francia,
cuando
su
rival
Fredegunda,
humillada
y
sin
protec-
tor,
sostenia
dificilmente
en
un
estado
pe-
queño
el
cetro
de
su
hijo,
rodeado
de
ene-
migos.
Gontran
fue
el
menos
bárbaro
de
los
nietos
de
Clodoveo.
Hacia
el
bien
por
incli-
nacion,
y
el
mal
por
flaqueza:
era
amado
por
su
benignidad
y
devocion.
Aumento
la
autoridad
del
clero
con:privilegios
y
dona-
ciones
y
mirándole
comola
única
salvaguar-
dia
de
la
seguridad
del
«trono
y
del
orden
público:
Sus
conversaciones
con
el
obispo
de
Tours
prueban
su
carácter
afable
y
rego-
cijado:
en
una
de
ellas
contó
á
Gregorio
de
Tours
que
habia
visto
en
sueños
la
muerte
de
Chilperico,
y
que
se
le
habia
aparecido
cayendo:
en
un
caldero
que
hervia.
Gontran
promulgó
un
edicto,
enel
cual
lamentando
(157)
los
crimenes
de
toda
especie
que
se
come-
tian
entonces
en
Francia,
mandará
los
Obis-
pos
renunciar
á
su
silencio
€
indiferencia,
que
entonces
eran
culpables;
y
los
exhorta
á
reunirse
con los
jueces,
4
visitar.
las
ciu-
dades,
á
instruir
los
pueblos
en
la
moral
y
preceptos
del
Evan
gelio,
y
á
juzgar
severa-
mente
á
los
que
la
violasen.
En
fin,
prohibe
ajo
penas
seyerisimas
quebrantar
los
do-
mingos
y
dias
de
fiesta
trabajando
en
ellos.
Toda
la
historia,
todos
los
documentos
de
aquellos
siglos
manifiestan
el
conato
de
la
sociedad,
disuelta
por
la
irrupcion
de
los,
bárbaros,
4
volverse
á
reunir
y
constituir
bajo
la
direccion
del
cristianismo...
1
A
A
Y
0
GAPITULO
TX,
Cletaro
segundo,
Cilliborto,
Cir
ny,
Ccndoberto.
Dagoberto
frrnero,
Guerra
entre
Childeberto
y
Clotario.
Bata-
dla
de
Droissy.
Muerte
de
Childeberto:
Teodoberto,
rey
de
Austrasia,
y
Tierry,
rey
de
Borgoña.
Muerte
de
pin
open
Batalla
de
Dormeille.
Batalla
de
Etam-
pes.
Guerra
entre
Teodoberto
y
Tierry.
Muerte
de
Teodoberto.
Tierry
,
rey
de
Borgoña
y
Austrasia.
Muerte
de
Tierry.
Suplicio
de
Brunequilde.
Clotario
II
rei-
na
solo.
Dagoberto
,
rey
de
Austrasia.
Guerra
de
los
sajones.
ya
e
I,
rey
de
Neustria,
Austrasia
y
Borgoña.
Cari-
berto,
rey
de
Aquitania.
Muerte
de
Ca-
riberto.
Dagoberto
reina
solo.
Guerra
de
España.
Sigeberto,
rey
de
Austrasia.
Re-
belion
de
los
gascones
y
bretones.
Sumi-
sion
de
los
duques
de
Gascuña
y
Bre-
taña,
pee
entre
Childeberto
y
Clotario.
Chil-
deberto,
lejos
de
contentarse
con
poseer
las
(159)
dos
terceras
partes
de
Francia
queria
con=
quistar
la
otra
que
le
faltaba;
escitado
por
la
vengativa
Brunequilde,
cuya:
existencia
era
incompatible
con
la
de
Fredegunda.
Creian
apoderarse
con
facilidad
de:
Neus-
tria,
defendida
y:
gobernada:
solo
por
una
Mmuger
aborrecida
y
un
niño
débil.
Frede=
gunda
engañó
sus
esperanzas.
Esta
reina
mostró
tanta
habilidad
en
supolitica,
tanto
valor
contra
sus
enemigos
,
como
atrevi--
miento
mostrara
antes
para
degollar
sus
vic=
timas.
Ya
habia
recobrado
el
afecto
de:
una
parte
del
pueblo,
desde
que:
aconsejó
á
su
marido
suprimir.sus
impuestos.
Redoblando
su
solicitud
para
ganar
los
ánimos
enmedio
elas
tempestades
que
la
amenazaban,
apla.
có
al
elero
mostrando
arrepentimiento,
gran-
ee
á
los
soldados
con
dinero,
y
alos
gran-
es
con
dones
y
dignidades,
reunido
sus
tro-
as,
marchó
con
intrepidez
al
frente
de
ellas,
é
inflamó
su
valor
mostráandoles
a
su'
hijo
otario
que
llevaba
en
los
brazos.
Batalla
de
Droissy.(594.)
No
tardaron
en
avistarse
los
dos
ejércitos
en
los
campos
e
Droissy,
villa
cercana
a
Soissons»
El
de
Childeberto
era
muy
numeroso
y
aguerrido;
Pero
en
esta
lucha
desigual
Fredegunda
o-
uso
con
buen
éxito
la
astucia
á
la
fuerza.
fe
una
noche
oseura
mando
su
general
Lan=.
"y
que
cada
soldado
llevase
en
las
manos
Wa
rama
grande
de
árbol
y
una
luz:
los
aus
rasios,
despertando
al
sovido
repentino
de
AS
trompetas,
se
aferraron
viendo
caminar
160)
una
selva
rodeada
SA
fuegos:
huyen-ame-
drentados,
pierden
4.000
hombres
en
la
der-
rota,
y
Fredegunda
triunfa
sin
haber
pe-
leado.
2
Er
-
A
la
noticia
de
la
guerra
que
asolaba
á
Francia,
los
pueblos
del
norte
creyeron
que
era
llegada
la
ocasion
de
invadir
sus
opulen»
tos
territorios.
Los
sajones
;;anglos
y
hérulos
invadieron
á
Frisia
y
Batavia,
y
las
devasta-
ron.
Pero
Childeberto
marchó
prontamenz
te
contra
ellos,
los
acometió
y
derrotó,
y
esterminóo
casi
todo
su
ejército.
garil
:+
Muerte
de
Childeberto:
Teodoberto,
rey
de
Austrasia,
y
Tierry
,
rey
de
Borgoña.
(595.)
El
poeta
Fortunato,
obispo
de
Poi-
tiers,
celebro
en
sus
versos
las
hazañas
del
duque
Lupo
en
esta
guerra
gloriosa.
Una
victoria
tan
brillante
daba
esperanzaá
los
franceses
y
temor
a
eiáguade
de
que
se
renovase
alesciciola
de
Clodoveo;
pero
aquel
mismo
año
fallecieron
Childeberto
y
sues-
posa.
Creyóse
se
habian
muerto
envenena-
dos;
y
la
idea
de
veneno
se
juntaba
necesa-
riamente
en
la
opinion
pública
con
el
nom-
bre
de
Fredegunda.
Childeberto
habia
rei-
nado
20
años,
y
tenia
26
de
edad
cuando
mu-
rió.
Leemos
su
elogio
en
las
cartas
de
san
Gregorio
Magno
y
en
los
wersos
del
poeta
Fortunato:
las
lágrimas
con
que
le
lloró
su
ueblo,
probaron
que
los
merecia.
Fue
prin-
eipe
instruido,
activo
y
valiente.
Procuro;
no
solo
afirmar
su
poder
con
las
armas,
sino
consolidar
el
orden
con
las
leyes.
Habiendo
(161)
hecho
un
tratado
de
paz
con
Clotario,
des-
pues
de
la
batalla
de
Droissy,
firmaron
los
dos
reyes
un
pacto
para
reprimir
los
Jatroci-
nios,
que
eran
harto
comunes,
principal-..
mente
de
siervos.
Este
pacto
fue
«lespues
el
cuarto
libro
de
la
ley
Sálica.
Otro
decreto
de
este
mismo
principe
in-
trodujo
mudanzas
importantes
en
aquella
ley.
El
preámbulo
del.
decreto
es
muy
nota-
ble,
porque
pruebasinréplica
que
las
juntas
nacionales
se
celebraban
con
regularidad
,.
y
que
en
ellasse
deliberaba
sobre
todos
losne-
gocios
pertenecientes
al
estado.
«Habiendo
reunido,
dice
Childeberto,
en
las
calendas
de
marzo
todos
los
grandes
de
nuestros
es-
tados,
hemos
tratado,
en
nombre
de
Dios,
en
estas
juntas
de
todos
los
negocios
del
reino;
y
es
nuestra
intencion hacer
publico
el
resultado
de
las
deliberaciones.»
El
de-
Creto
empieza
dando
cuenta
de
las
resolu-
ciones
tomadas
en
materia
de
sucesiones
por
A
asamblea
de
Andernach
0
Attigny,
el
año
Vigésimo
del
reinado
de
Ghildeberto,
y
lue-
80
refiere
las
decisiones
de
las
demas
jun-
tas.
Las
principales
son
estas
:
«Los
matri-
Mmonios
entre
cuñados
y
cuñadas,
tias
y
sobri-
MOS
,
entenados
y
madrastras
SO
prohibi-
0s,
y
se
declaran
por
incestuosos.
El
re-
tactario
escomulgado
será
arrojado
de
pala-
“io
y
privado
de
sus
bienes.»
«El
rapto
se
Castiga
con
pena
de
muerte
por
decision
de
Otra
junta
,
en
la
cpal
todo
el
pueblo
,
dice
€l
edicto,
se
halló
reunido;
y
es
prohibido
TOMO
XJ11,
|
(162)
á
los
grandes
interceder
por
el
delincuente.
El
homicidio
tiene
tambien
pena
de
muerte
sin
poder
rescatarse
:
si
un
pariente
del
muerto
consiente
en
el
rescate
,
se
prohibe
4
los
demas
concurrir
á
esta
infamia.
Cinco
ó
siete
testigos
de
buena
fe
,
y
que
presten
juramento
,
bastan
para
convencer
al
acu-
sado.
El
robo
tiene
pena
de
muerte,
como
tambien
el
juez
que
ponga
en
libertad
al
la-
dron.
La
guardia
destinada
á
conservar
el
órden
se
divide
en
centenas,
cada
centena
debe
pagar
el
precio
de
la
cosa
robada
en
su
territorio,
si
no
descubre
al
ladron.»
Es-
te
célebre
decretose
halla
como
apéndice
de
la
ley
sálica,
publicada
por
Pithou;
y
nos
ma-
nifiesta
los
esfuerzos
que
hacian
los
reyes
para
salir
de
la
barbárie.
La
severidad
mis-
ma
de
los
castigos
pruebala
depravacion
que
habia
en
las
costumbres.
Muerte
de
Fredegunda.
(597.)
La
muer-
te
de
Childeberto
y
la
de
Gontran
dejaba
las
riendas
de
Francia
en
manos
de
tres
ni-
ños.
y
de
dos
mugeres
implacables.
Clota-
rio
1
tenia
8
años
,
Teodoberto
10
y
Tier-
Try
9.
Suinocencia
,
estraviada
por
los
fu-
rores
de
dos
reinas
ambiciosas
,
tuvo,
en
lu-
gar
dejuegos
infantiles,
combates,
y
por
pri-
mer
espectáculo
la
sangre
de
los
franceses
inundando
la
Francia.
Los
ejércitos
de
lus
tres
reyes
no
tardaron
en
encontrarse
y
pe”
Jear,
teniendo
á
su
frente
los tres
niños
c0-
ronados
y
sus
madres.
Fredegunda,
tan
te-
«mible
por
la
espada
como
por
el
puñal,
fa-
(163)
vorecida
de
Ja
fortuna
,
fue
siempre
viclo=
riosa,
ahuyentó
á
sus
enemigos,
enteó
lriun=
fante
en
Paris
,
y
aseguró
á
su
hijo
la
pose-
sion
de
esta
ciudad.
Esta
sangrienla
victd=
ria
fue
el
último
placer
de
su
vida:
murió,
y
si
sus
maldades
no
fueron
espiadas
por
el
arrepentimiento,
el
buen
suceso
que
las
co-
trono
sobre
la
tierra,
no
las
libertaria
de
los
Castigos
reservados
por
Dios
a
delitos
tan
horribles.
El
siglo
de
Fredegunda
gimió
por
Su
buena
suerte,
y
se
sometió
a
ella,
de-
Jando
á
la
historia
el
encargo
de
su
conde-
dbacion.
'
Brunequilde
,
libre
de
aquella
odiosa
ri-
val,
no
vid
ya
ostáculo
asu
ambicion,
alec-
tó
el
poder
absoluto;
y
si
se
ha
de
dar
cré-
Ito
á
sus
enemigos,
manchó
con
su
orgullo
Un
reinado
que
la
justicia
y
la
moderacion
Bodian
hacer
glorioso.
Los
hunnos
,
atrai-
los
por-las
turbulencias
que
destruian
y
de-
Witaban
el
imperio.
frances,
atravesaron
y
€solaron
la
Bohemia
y
Baviera,
y
penetra-
'Ou
en
el
territorio
de
Francia.
Brunequil-
€,
harto
ocupada
con
las
disensiones
in-
Cstinas
,
no
se
atrevió
á
pelear
con
tan
for-
vudables
enemigos
;
y
tomó
la
resolucion
co-
arde,
«y
por
tanto
peligrosa,
de
alejarlos
audoles
dinero.
Esta
reina,
codiciosa
de
Poder...
imitó
la
arbitrariedad
de
Clotario
I
e
ohilperico
:
privó
de
empleos
y
de
be-
so
dieios
á
los
pies
le
resistian,
y
dió
A
despojos
á
los
validos.
En
su
reinado
la
MMivez
conducia
á
la
proscripcion:
la
servi-
(164)
lidad
á
la
fortuna.
Fue
acusada
de
haber
a-
sesinado
por
medio
de
sus
emisarios
al
du-
que
Ventrion
,
cuya
influencia
temia,
y
cu-
as
riquezas
codiciaba.
Estos
despojos
sú-
hitos
,
estas
fortunas
repentinas
llenaban
la
corte
de
intrigas
y
de
descontentos.
Los
leu-
des,
sediciosos
y
cansados
de
sufrir
el
yugo
de
los
privados
y
los
caprichos
de
una
mu-
er
,
se
coligan
entre
si,
subleyan
el
pueblo
de
Metz
,
fuerzan
las
puertas
del
palacio,
arrojan
de
él
ignominiosamente
Brel
de.
Algunos
soldados
la
condujeron
á
Ar-
cis,
sobre
el
Aube;
donde
aquella
reina,
po-
co
antes
tan
soberbia
,
se
vio
sola
,
abanio-
nada
,
sin
dinero
ni
asilo,
y
apenas
cubierta
con
pobres
vestidos.
En
este
estado
de
des-
amparo
,
oprobio
y
miseria
,
la
conoció
un
mendigo
que
pasaba
;
la
tomó
bajo
su
pro-
tección,
y
la
acompaño
hasta
Chalons,
don-
de
la
recibió
su
nieto
Tierry
con
respeto;
ero
no
sin
pesadumbre
ni
temor.
Sin
em-
¡e
como
Bruuequilde
tenia
talento
y
a-
mabilidad
,
iguales
á
su
orgullo,
adquirió
grande
ascendiente
sobre
su
nieto,
y
per-
virtió
su
carácter
,
apartándole
de
sus
obli-
gaciones
,
y
entregándole
á
los
lazos
seduc-
tores
del
deleite.
Reinó
sobre
Borgoña
en
su
nombre,
y
elevó
al
mendigo
que
la
habia
fa-
vorecido
,
haciéndole
obispo
de
Auxerre:
Batalla
de
Dormeille.
(600.)
La
guerra
volvió
á
encenderse
entre
Clotario
y
pe
re-
yes
Tierry
y
Teodoberto.
Dióse
una
san-
grienta
batalla
en
Dormeille
,
aldea
del
ter-
(165)
ritorio
de
Sens,
cercana
a
Moret:
la
derrota
del
rey
de
Neustria
fue
completa:
Glotario
pcia
30.000
hombres,
buscó'su
salud
en
a
fuga,
y
se
vió
obligado
ú
ceder
4.sus
pri-
mos
una
gran
parte
de
sus
estados.
Los
reyes
Vencedores
pasaron
dere
e
con
su
ejército
contra
los
gascones
,
los
sometie-
ron
,
y
los
obligaron
á
pagar
tributo.
Los
grandes
del
reino
de
Borgoña
se
que-
jaron
tambien
del
pesado
yugo
de
Brune
uil-
e,
murmuraban
de
sus
injusticias,
AMIA
rian
sus
costumbres;
y
aunque
su
edad
no
e
permitia
ya
inspiraf
amor,
la
acusaban
de
tener
amantes,
seducidos
,
no
por
su
her-
Mosura
,
sino
por
sus
regalos.
La
reputacion,
el
crédito
y
DN
independencia
del
patricio
«gila
la
importunaban
el
patricio:
murió,
y
á
reina
did
sus
despojos
á
su
favorito
Prota-
10,
romano
de
vulgar
estraccion,
al
cual
“evo
rápidamente
á
las
mas
altas
dignida-
€s.
Honróle
con
el
titulo
de
duque,
y.
aun
Merija
que
ocupase
el
importante
puesto
de
8%bernador
del
palacio
de
Borgoña,
lo
cual
€Ya
para
ella
el
medio
de
dominar
4.su
hijo
Ulos
grandes;
pero
ocupaba
aquel
destino
ertoaldo,
hombre
muy
querido
de
los
leu-
es
,
del
pueblo
y
del
ejército.
y
Pa
/atallo
de
Etampes»
(604.)
Brunequilde,
sigui
iendo
derribarle
con
la
fuerza,
con=-
v
perderle
con
el
artificio.
Encendiose
*
nuevo
la
guerra
entre
Clotario
y
los
re-
Yes
de
Austrasia
y,
Borgoña.
La
reina
hizo
Tue
Bertoaldo
marchase
¿
Neustria
con
po-
(166)
..
cas
fuerzas,
y
no
le
envió
los
refuerzos
que
esperaba.
Landry,
como
habia
previsto
Bru-
nequilde
,
le
acometió
y
venció,
y
le
sitió
en
Orleans.
Sin
embargo,
Bertoaldo
,
ha-
ciendo
prodigios
de
ve
se
libertó
de
las
armas
de
los
enemigos
:
Tierry
acudió
en
su
socorro,
y
dió
á
los
neustrios
una
batalla
cerca
de
Etampes.
Landry
fue
vencido;
pe-
ro
Bertoaldo
pereció
en
el
combate,
y
cum-
pliéndose
el
deseo
de
la
reina,
ascendió
Pro-
tadio
á
la:
dignidad
de
gobernador
de
pa-
lacio.
Los
reyes
comenzaban
ya
¿querer
gober-
nat
por
si
mismos
,
y
Teodoberto
exhortó
á
su
hermano
á
que
saliese
de
la
tutela
de
Bru-
nequilde.
Entrambos
marcharon
contra
Clo-
tarioz
pero
en
el
momento
de
darle
la
bata-
Ma,
se
reconciliaron
con
el
rey
de
Neustria,
sin
dar
parte
á
la
reina,
la
cual
aborrecia
en
Clotario
al
hijo
de
la
odiosa
Fredegunda.
Guerra
entre
Teodoberto
y
Tierry.
(605.)
Este
acto
de
independencia
advirtió
4
Bru-
nequilde
que
su
poderío
iba
4
acabar.
No
pudiendo
vivir
sin
reinar,
concibió
en
su
furor,
si
se
ha
de
creerá
los
enemigos
de
su
fama
,
el
horrible
designio
de
mover
guer-
ra
entre
sus
nietos;
y
segun
dicen
,
persua-
didá
Tierry
que
su
hermano
Teodoberto
n0
tenia
derecho
alguno
al
trono,
porque
ha-
bia
nacido,
no
del
matrimonio
de
Childe-
berto
y
Failleuba,
sino
del
adulterio
de
esta
reina
con
un
jardinero.
Sea
de
esto
lo
que
fuere,
lo:cierto
es,
que
los
dus
herinanos
se
(167)
desavinieron,
tomaron
las
armas,
y
marcha-
ron
el
uno
contra
el
otro.
Levantados
ya
los
aceros,
y
dada
la
señal
de
la
batalla,
los
leu-
des
de
ambos
ejércitos,
indignados
de
guer-
ra
tan
impla,
rodean
tumultuariamente
a
los
dos
principes,
los
obligan
á
reconciliarse,
entran
en
la
tienda
del
gobernador
Prota-
dio,
4
quien
creian
autor
de
la
discordia,
y
que
entonces
estaba
jugando
tranquilamente
al
ajedrez,
le
dicen
mil
injurias
,
y
lo
ase-
Sinan.
Brunequilde
,
para
vengar
este
agravio,
buscó
nuevos
auxiliares
con
nuevos
crime-
nes
:
intimidó
a
Tierry
con
su
osadía
,
pro-
q8ó
4
cuantos
se
resolvian
a
ser
de
su
par-
tido
los
tesoros
y
favores
de
la
corte,
es--.
Pantó
á
los
demas
con
proscripciones
,
y
lo=
8ró
afirmar
su
autoridad
e
Deside-
“O,
obispo
de
Leon,
se
atrevió
á
reprender-
a
públicamente
por
su
conducta
escandalo-
Sa
yla
reina
le
desterró,
y
aun
se
sospecho
Yue
le
mandó
matar
á
pedradas
en
una
con=
Mocion
popular.
Tierry
quiso,
algun
tiempo
Spues,
pedir
en
matrimonio
la
hija
del
rey
e
los
visigodos
:
Brunequilde
se
opuso
a
“Lo,
permitiéndole
mancebas
despreciables;
pe
negándole
una
esposa
que
balanicease
Y
influjo.
El
santo
abad
Columbano
,
céle-
"e
entonces
por
su
piedad,
se
presentó
a
Pp
»
y
le
rogó
que
contrajese
legítimo
x
tIMonio,
y
renunciase
a
las
deshonesti-
di
Ss
que
mancillaban
el
trono:
sus
espre-
nes
fueron
vehementes
y
amenazadoras
(168)
contra
el
rey
y
Brunequilde.
Esta
le
mando
desterrar;
y
Clotario,
dandole
acogida
en
sus
estados
,
le
libró
de
mayor
desgracia.
Muerte
de
Teodoberto
:
Tierry
,
rey
de
Borgoña
y
Áustrasia.
(612.)
Al
mismo
tiem-
po
casó
Teodoberto
con
una
de
sus
escla-
vas
:
esta
murió
poco
despues
;
su
marido
creyó
que
la
habian
envenenado,
y
acusó
de
este
delito
á
Brunequilde,
y
aun
á
Tier-
ry
por
su
connivencia
con
la
abuela.
Volvio-
se
a
encender
la
guerra
entre
los
dos
her-
nranos
+.en
vano
los
lendes
trataron
segunda
vez
de
reconciliarlos.
Tierry,
convidado
á
¿Una
conferencia,
cayo
en
el
lazo
que
le
ten-
dió
la
perfidia
:
rodeado
y
Ae
de
im»
proviso
,
bubo
de
ceder
para
librar
la
vida
una
parte
de
sus
estados
a
Teodoberto.
,
Escitado
á
la
venganza
por
la
implacable
Brunequilde,
juntó
nuevo
ejército,
venció
ásu
hermano
junto
á
Tours,
y
le
derrotó
completamente
en
una
segunda
batalla
dada
en
la
llanura
de
Tolbiac.
Teodoberto
,
aban-
donado
de
los
suyos
en
este
último
comba-=
te,
fue
preso
y
degollado
,
y
muertos
todos
sus
hijos.
Algunos
autores
aseguran
que
un
soldado
de
Brunequilde
estrelló
contra
una
pared
al
mas
pequeño
de
estos
principes.
Muerte
de
Tierry
:
suplicio
de
Bruna
quilde
+
Clotario
IE
reina
solo.
(613.)
Tier-
ry
,
dueño
por
estas
maldades
de
Borgoña
y
Austrasia
,
creyó
expiarlas
castigando
a
su
abuela
que
se
las
habia
inspirado.
Pero
euan-
do
pensaba
en
darle
muerte,
pereció
él
mis-
—
(169)
mo,
y
Brunequilde
fue
acusada
de
este
nue-
vo
elite
Tierry
murió
á-la
edad
de
26
años
,
habiendo
reinado
17
:
dejó
seis
hijos;
pero
ninguno
legítimo.
Sin
embargo
,
Sige=
berto
y
Ghildeberto
,
que
tenian
mas
edad,
fueron
proclamados
reyes,
uno
de
Austrasia
y
otro
de
Borgoña;
y
Brunequilde
pudo
li-
songearse
de
reinar
en
nombre
de
sus
bis-
nietos.
La
indignación
,
escitada
por
tantos
ho-
micidios
,
se
hizo
general.
Los
principales:
leudes
de
entrambos
reinos
formaron
una
conspiracion
formidable
,
y
se
coligaron
en
secreto
con
Clotario.
El
rey
de
Neustria,
se-
guro
de
la
cooperacion
de
ellos,
se
adelan-
ta
al
frente
de
sus
tropas
,
y
reclama
públi-
camente
la
herencia
de
Tierry.
Bien
pronto
se
ponenlos
dos
ejércitos
unoá
vista
de
Otro;
pero
al
dar
la
señal
del
combate,
losantrus-
tiones
,
leudes
y
gefes
austrasios
y
borgoño-
nes
se
retiran
y
dejan
sus
principes
indefen-
sos
en
poder
de
Clotario.
El
hijo
de
Frede=
gunda
le
condend
á
muerte,
escapandose
solamente
Meroveo
,
que
entró
monge,
y
Childeberto
,
de
quien
no
se
volvió'a
tener
noticia.
Brunequilde
no
pudo
sustraerse
a
a
suerte
terrible
que
la
esperaba:
persegui=
a
en
la
fuga
fue
presa
y
entregada
a
Clota-
rO
,
que
animado
de
los
furores
de
su
ma=
dre
Fredegunda
,
cuya
sombra
pareció
do-
Minar
auná
Francia,
no
previó
que
¡iba
á
dar
“Mu
funesto
golpe
¿la
monarquía,
y
á
degra-
ar
el
trono
con
el
suplicio
de
una
reina.
3
(170)
Juntando
a
todos
los
franceses
en
el
cam-
po
de
Marzo
,
acusó
á
Brunequilde
por
la
muerte
de
diez
reyes
,
y
por
todos
los
eri-:
menes
que
su
madre
habia
cometido
,
y
fue”
condenada.
Esta
princesa,
cuya
calamidad
debia
hacer
que
se
olvidase
su
orgullo,
juz-
gada
por
el
odio
mas
bien
que
por
la
justi-
cia,
fue
entregada
á
los
ultrages
de
la
ple-
be
,
siempre
dispuesta
a
atropellar
el
poder,
bajo
el
cual
se
humillo:
la
hija,
esposa,
ma-
dre
,
abuela
y
bisabuela
de
reyes,
cubierta
de
andrajos
,
fue
paseada
en
un
camello
por
el
campamento
durante
tres
dias,
y
espues=
ta
á
los
insultos
de
la
soldadesca
desenfre-
nada.
Despues
de
este
suplicio
,
mas
espan-
toso
para
ella
que
la
muerte,
fue
atada
a
la
cola
de
una
yegua
por
domar,
que
le
rom-
pió
la
cabeza
con
sus
pies,
destrozó
el
cuer-
po
entre
los
zarzales,
y
dejó
sus
miembros
sobre
los
riscos:
Echaron
sus
reliquias
á
una
hoguera,
el
viento
dispersó
las
cenizas,
Solo
quedo
de
ella
la
memoria
de
su
ambi-
cion,
de
sus
maldades
,
de
su
castigo
,
y
del
horror
que
inspiran
igualmente
la
rea
y
los
que
la
juzgaron.
Hemos
repetido
las
acusa-
ciones
pronunciadas
contra
esta
reina,
harto
hos
ma
e
y
harto
pl
por
muchos
histo-
riadores
;
pero
sinembargo,hubo
en
su
ca-
racter
algunos
elementos
de
virtud;
pues
ha
tenido
apologistas
tan:celosos
como
eran
ar-
dientes
sus
enemigos.
Sus
defensores
cele-
bran
su
habilidad
y
valor,
su
elocuencia
,
su
generosidad
y
aun
su
bondad
:
niegan
todos
(171)
|
los
crimenes
que
se
le
imputan,
y
acusan
de
ellos
4
sus
hijos,
4
sus
ministros,
y
a
las
cos-
tumbres
del
siglo.
Lo
que
es
cierto
es
de
en
las
cartas
de
esta
princesa
que
han
llega
o
has-
ta
nosotros,
y
que
fueron
escritas
al
empera-
dor
Mauricio,
4
la
emperatriz
Anastasia
,
4
los
grandes
de
Constantinopla
,
á
dos
papas
y
á
Atanagildo
,
rey
de
España
,
se
observa
urbanidad
y
elegancia
en
el
estilo,
suavidad
y
aun
ternura
en
las
al
,
y
lejos
de
merecer
la
acusacion
de
orgullo
en
su
cor-
respondencia
,
se
ve
que
ella
y
su
esposo,
renunciando
al
lenguage
altanero,
propio
de
los
descendientes
de
Clodoveo
,
solicitaban
con
demasiada
ansia
la
benevolencia
y
el
au-
xilio
de
los
emperadores
de
oriente;
cuando
Mauricio
les
reprendia
con
altivez
porque
le
enviaban
mas
embajadores
que
soldados.
Los
papas
Pelagio
y
san
Gregorio
Me
al
mis-
mo
tiempo
que
reprendian
a
Chilperico
y
a
Clotario,
y
se
quejaban
¿
Brunequilde
de
la
relajacion
y
simonia,
vicios
algo
comunes
entonces
en
el
clero
de
Galia,
daban
los
ma-
y
ores
elogios
a
la
administracion
prudente
y
úla
piedad
ilustrada
de
la
reina
de
Aus-
trasia
;
y
la
felicitaron
por
haber
contribui-
o
4
la
conversion
de
los
anglos
al
eristianis-
mo.
Gregorio
atribuye
á
la
educacion
que
NE
dll
habia
dado
4
Childeberto,
su
o,
la
mayor
prosperidad
que
gozaba
su
Yelno
,
en
com
saracion
de
las
otras
monat=
Ulas
francas.
sinceridad
de
los
elogios
e
san
Gregorio
es
evidente
,
n0
solo
por
la
os
>
|
santidad
de
este
pontifice
,
sino
tambien
pa
mezcla
con
las
alabanzas
consejos
sa=
ios
contra
la
ambicion,
que
era
el
yicio
do-
minante
de
Brunequilde.
«Si
quereis
gozar
en
paz,
le
decia,
de
lo
que
poseeis,
procu-
rad
no
hacer
adquisiciones
sino
por
medios
legítimos.
Si
quereis
vencer
a
vuestros
ene-
migos
,
sed
superior
á
ellos
en
virtudes
:
se-
uid
los
preceptos
de
Dios,
y
Dios
peleara
a
favor
vuestro.
La
verdadera
base
de
la
au-
toridad
es
la
justicia:
no
olvideis
esta
regla,
como
se
conoce
por
la
manera
laudable
con
que
gobernais
provincias
tan
estensas
y
pue-
blos
tan
diferentes.
No
es
posible
dudar
de
vuestra
bondad
,
cuando
se
ve
que
vuestra
generosidad
para
con
los
vasallos
no
tiene
mas
límites
que
los
de
vuestro
poder.»
En
otras
cartas,
celebrando
siempre
el
celo
pia-
doso
de
Brunequilde,
y
dándole
gracias
por
el
esplendor
que
daba
al
culto
cristiano,
la
exhorta
á
destruir
los
restos
del
paganismo,
ue
se
conservaban
aun
en
Jos
bosques
:
le
pide
que
no
permita
á
los
judios
tener
escla=
vos
cristianos
;
y
confiando
en
la
severidad
de
su
justicia,
le
manifiesta
los
pesares
que
le
causaba
la
conducta
escandalosa
de
algu”
nos
sacerdotes
de
Galia:
«Hemos
sabido
,
le
escribe
,
desórdenes
que
nos
afligen
mas
de
lo
que
se
puede
espresar.
Dicen
que
ciertos
sacerdotes
de
vuestros
estados
pasan
la
vida
de
una
manera
tan
relajada
y
abominable,
que
no
hemos
podido
oirlo
sin
avergonzar-
nos.
Pues
que
estos
perversos
resisten
a
vues"
(173)
tra
autoridad
,
es
fuerza
castigarlos
para
que
su
depravacion
no
pese
sobre
vuestra
alma
ni
sobre
vuestro
reino.
Porque
los
sacerdo-
tes
son
los
que
pueden
causar
la
ruina
pú-
blica
:
en
efecto,
¿cómo
podrán
interceder
or
los
delitos
de
los
pueblos
,
cuando
ellos
hi
cometen
mucho
mayores?»
Fortunato,
obispo
de
Poitiers,
hizo
en
sus
versos
un
re-
trato
de
Brunequilde
,
muy
desemejante
de
la
horrible
imágen
que
de
ella
han
formado
sus
detractores.
«Esta
reina,
dice,
es
bella,
modesta
,
graciosa,
amable
,
benigna,
igual-
mente
poderosa
por
su
nacimiento
real,
co-'
mo
por
su
hermosura
y
su
ingenio.
A
las
prendas
que
agradan
alos
hombres,
une
las
Virtudes
que
agradan
á4
Dios.»
Es
verdad
que
Fortunato,
como
poeta,
pudo
exagerar;
pero
un
escritor
contemporáneo
,
y
ademas
obispo
,
¿habria
podido
intar
con
estos
co-
ores
4
Brunequilde
,
si
la
hubiese
visto
ar-
mada
con
el
puñal
de
Fredegunda?
Para
ser
Jústos
es
menester,
que
quitando
de
estos
elogios
lo
que
pueda
atribuirse
4
la
adula-
cion,
á
la
gratitud
d
al
entusiasmo
,
quite-
mos
tambien
todas
las
calumnias
que
el
o-
t0
y
el
temor
al
hijo
de
Fueddaida
dicta-
ron
contra
una
enemiga
vencida
,
y
juzgada
Por
sus
vencedores.
Las
cartas
del
papa
Gre-
peo
,
que
acabamos
de
citar,
prueban
que
A
santa
Sede
poseía
entonces
en
Francia
al-
gunas
rentas
,
que
se
llamaban
el
patrimo-
nio
de
san
Pedro.
Virgilio,
obispo
de
Arles,
y
legado
del
papa,
estaba
encargado
de
su
(174)
administracion.
Pero
lo
que
aun
es
mas
im-
portante
de
notar
es,
que
cuando
los
leudes
y
grandes,
sacudiendo
el
yugo
de
los
reyes,
se
armaban
contra
ellos
,
y
los
obligaban
4
hacer
irrevocables
los
beneficios,
comen-
zaban
tambien
los
pontifices
á
ejercer
cierto
dominio
sobre
las
personas
seculares
en
lo
temporal.
En
un
decreto
de
Gregorio
,
que
establece
los
privilegios
del
monasterio
de
Autun
,
se
leen
estas
notables
palabras
:
«Si
algun
rey
,
obispo,
juez
ú
otro
secular,
con
pleno
conocimiento
del
presente
decreto
lo
quebrantase
,
sea
despojado
de
su
dignidad,
poder
y
honores
;
sea
privado
del
cuerpo
y
sangre
de
Jesucristo
,
y
ofrecido
á
la
conde-
nacion
eterna.»
Asi
puede
decirse
que
al
fin
del
siglo
VI
empezo
la
nobleza,
fundada
en
la
irrevocabilidad
de
los
beneficios
,
el
do-
minio
de
los
grandes
sobre
los
reyes
,
y
la
supremacia
temporal
de
la
tiara.
La
Francia
destrozada
un
siglo
por
guer-
ras
civiles
continuas
,
y
ios
con
la
sangre
de
tantos
principes,
gozó
en
fin
de
algun
reposo
bajo
el
cetro
de
Clotario
HH.
Este
principe
fue
el
tercer
rey
merovingio,
el
segundo
del
nombre
de
Clotario,
y
el
se-
gundo
rey
de
Soissons,
que
reinó
sobre
todo
el
imperio
frances.
Habiéndose
elevado
a
tanta
grandeza
por
*las
maldades
de
su
ma-
dre
y
por
las
suyas
propias,
lejos
de
gober-
nar
como
tirano
,
segun
podia
temerse,
pa”
reció
que
la
fortuna
le
habia
dulcificado
Y
corregido
;
se
hizo
amar
por
su
beneficen-
(175)
cia,
respetar
por
su
justicia
,
y
temer
por
sú
vigor.
Sin
embargo,
Clotario
no
era
entera-
mente
dueño
de
elegir
el
camino
que
debia
seguir,
porque
se
lo
designaba
la
fuerza
i¡m-
pais
de
las
circunstancias.
La
rebelion
de
os
grandes
le
habia
vendido,
mas
no
entre-
gado
los
despojos
de
Tierry
y
Teodoberto;
y
los
mismos
grandes
dieron
limites
muy
es-
trechos
al
cda
supremo
de
que
le
habian
revestido.
Los
francos
estaban
cansados
del
yago
arbitrario
de
los
Chilpericos
y
Childe-
ertos:
la
ambicion
de
Brunequilde
y
los
furores
de
Fredegunda
los
habian
fatigado.
Sucesivamente
enriquecidos
y
despojados
por
el
capricho
y
codicia
de
sus
principes,
Se
dieron
prisa,
en
la
menor
edad
de
los
tres
reyes
,
á
recobrar
la
independencia,
y
«
ASegurar
su
traoquilidad.
Pero
demasiado
e-
fualas
y
poco
ilustrados
para
dirigir
sus
es-
Uerzos
al
noble
objeto
del
bien
publico
,
a-
«tendieron
los
grandes,
no
tanto
á
libertar
á
9s
francos,
comoaá
consolidar
su
propia
for-
Lua,
y
á
elevar
el
poder
aristocrático
de
9s
leudes
sobre
las
ruinas
de'ila
autoridad
Monárquica.
Asi
desde
esta
época
los
reyes,
Por
haber
querido
estender
demasiado
su
Poderio
,
vieron
disminuir
gradualmente
la
erza
de
sus
cetros
;
y
si
el
hábito
de
obe-
o
dejó
todavia
alguna
autoridad
á
Clota-
7
ya
su
hijo,
sus
sucesores
se
hallaron
bien
posado
sin
ninguna
,
y
en
su
envilecimien-
>
Miaun
merecieron
el
nombre
de
reyes
We
la
historia
les
$
dejado.
Clotario
guber-
(176)
nó
por
si
mismo
a
Neustria
,
y
no
pidio
que
se
nombrase
sucesor
al
gobernador
de
su
pa-
lacio;
pero
los
grandes
de
Austrasia
y
de
Borgoña
exigieron
que
estos
dos
paises
con-
servasen
siempre
el
titulo
de
reinos
separa=
dos,
y
que
fuesen
gobernados
por
Varnaca=
rio
y
Radon.
Estos
dos
gobernadores
de
pa-
lacio
eran
gefes
de
la
conspiracion
que
ha-
bia
puesto
en
poder
del
rey
a
los
hijos
de
Tierry
y
ásus
tronos,
y
obligaron
a
Clota=
rio
á
jurar
que
nunca
los
destituiria.
La
irre-
vocabilidad
de
sus
destinos
los
hizo
casi
in-
dependientes.
Por
una
innovacion
muy
sin-
¿lar
entre
los
francos
,
Brunequilde
habia
Recto
a
Teodolana,
hermana
de
Tierry,
go-
bernadora
de
la
Borgoña
transjurana
;
pero
cayó,
como
aquella
reina
infeliz,
en
poder
de
Clotario,
el
cual
dió
su
gobierno
al
duque
Herpin,
que
entonces
era
patricio.
Los
gran-
des,
descontentos
de
esta
eleccion
,
conspi-
raron
contra
el
nuevo
duque,
y
escitaron
una
conmocion
popular,
en
la
cual
pereció:
Clotario
,
al
saber
este
suceso
,
acudió
ad
a-
quella
provincia
para
restablecer
el
órden:
Los
leudes
y
obispos
que
le
siguieron
formar
ron
en
Massolac
,
casa
real
de
Borgoña
,
un
tribunal
que
juzgó
y
condenó
á
muerte
á
loS
principales
conjurados.
Sin
embargo,
el
ver”
dadero
gefe
de
la
conjuracion
supo
oculta"
con
tanta
destreza
la
parte
que
habia
tenido.
en
ella,
que
ni
aun
fue
acusado.
Este
era
€
patricio
Aleteo,
descendiente
de
los
ant!”
guos
reyes
de
Borgoña:
intrigante
y
atrev!”
(177).
A
do
,
engaño
al
rey
de
tal
manera
,
que
se
le
dió
el
empleo
desu
victima
el
duque
Her-
pin.
Apenas
fue
revestido
del
poder
,
formó
una
intriga
mas
culpable
,
y
concibió
espe».
ranzas
mas:
altas:
Un
hipócrita
,:gobernado
por
él,
dijo
á
la
reina
Bertrudis
en
una
con-
ferencia
secreta:
«He
tenido
revelacion
de
que
vuestro
esposo
Clotario
morirá
pronto.
Pensad,
pues
,
en
vuestra
suertesfutura
:
re-
coged
vuestros
tesoros,
y
confiaos
á.
la
pru-
dencia
del
patricio
Aleteo.
Elios.ama:
los
grandes
le
son:adictos
;
y
con
suauxilio
tie=
ue
por
seguro
el
trono
de
Borgóña,:al
cual
os
hará
subir
siseonsentis'en
casaros
con
él.»
Bertrudis,
crédula
,
sensible
y.pbov.animo-
sa,
empieza
á
lorár-al
oir
esto,
+
ekidolor
la
ahoga,
y
no
puede
responder;
pero:sus
mi-=
radas
espresan
4
un-«mismo
tiempo!
el
terror
y
la
indignación.
El
perverso
emisario,
des-
concertado
por
la
impresion
inesperada
que
a
producido
,
yy
previendo.
el.
peligro
que
e
amenazaba,
huyó:
precipitadamente
,
y
uscó
asilo
en
la
abadía
de
Luxeuil,
Clotario
no
tardó
en
saberla
intriga;
porqué
la
reina
esconsolada
le:
refivio:
las
)rredieciones
es
Pántosas
del
hipócrita,
y
lui
PREPaM
ene
Msólentes
del
patricio.
Aleteo.
fue.
preso;
Juzgado
en
el
tribunal
del
rey,
y
condenado
á
muerte.
Su
emisario
debió
la:
vida
á
la
in-
Munidad
del
sagrado.
Estos
dos
ejemplos
Prueban
el
uso
que
estableció
Clotario
de
Administrar
justicia.en
las
provincias
por
me-
io
de
tribunales
ambulantes
,
que
se
lama»
TOMO
X11L,
12
(178)
ban
en
aquel
tiempo
placita
;
de
donde
se
derivan
las
palabras
francesas
plaids
,
plai-
doiries
ó
plaidoyers
y
plaideurs
:
pleitos,
a-
legatos
y
pleiteantes.
Los
jueces
bajo
la
pri-
mer
dinastia
francesa
no
tenian
ninguna
de
las
formas
de
la
magistratura
moderna.
Gon-
servando
los
antiguos
usos
de
los
francos,
la
coraza
era
su
toga
,
el
escudo
su
balanza,
la
espada
'su
mano
de
justicia.
Su
jurispruden-
cia
era
tan
militar
como:sutrage
:
sus
juicios
eran
sumarios,
y
les
seguia
inmediatamente
la
ejecucion.
:Muchas
véeces:en
una
sola:au-
diencia.se'interrogaba,
sejuzgaba,
se
conde-
naba'y
se
ajusticiaba
al
acusado.
Los
cente-
narios:en
las
aldeas,
y
los
condes
y
duques
en
las
ciúdades,
despachaban
los
negocios
con
la
misma
«prontitud:
y
el
mismo
aparato
militar.>Los-
galos
sometidos
a
las
leyes
ro-
manas
no
«encontraban
'en
ellas
mas
gáran-
tia;
porque
la
ignorancia
an
era
progre-
siva
,
disminuia
el
númeroyde
los.
hombres
bastante
instruidos
para:
saber
y
aplicar
a-
quellas
leyes;
y
por-esta
razon
y
tribuna-
les
eclesiásticos
,
mas
sabios
y
humanos
,
ad-
dav
pl:
di
estension
y
po»
erio:
La
iglesia
era
entonces
el
último
asi-
lo
de
la
justicia;
y
todos
buscaban
'prétes-
tos
mas
J+menos
plausibles
para
llevar:sus
causas
á
los
tribunales
eclesiásticos.
El
clero
recibió
bajo
su
protección,
primero
4:
das
viudas
,
huérfanos
y
pobres
;
despues
se
ad-
judicaron
á4
su
competeucia
las
causas
de
sh”
crilegio
,
adulterio
é
incesto;
y
alfin,
en
1793
virtud
de
muchos
iris
de
los
reyes,
y
con
grande
aplauso
de
los
pueblos,
se
pudo
apelar
de
la
justicia
civil”,
que
era
tan
bar-
bara
como
hemos
visto
,
4
los
tribunales
de
los
obispos.
La
asistencia
de
estos
pefes
del
sacerdocio
4
las
juntas
Hacionales
y
“al
tribu-
mens.
Dios
yla
moral
del
Evangelio,
y
de
Hablar
en
todós
tiempos
éllenguage
de
la
virtud,
conservaba
en
los
ánimos
la
semilla
y
el
'vi-
Or
de
los
buenos
preceptos
,
y
corregiá
a
9s
graudes
y
al
pueblo”,
y
cuando
era
nect-
Mario
4
los
sacerdotes.
Clotario
,
para
bor-
Par
los
vestigios
de
las
desgracias
causadas
Por
las:
guerras
civiles,
'Yestituyó
á
los
leu-
€s
delos
diversos
reinos
los
bienes
de
que
Wan
sido
despojados
;
abolió
los
impues-
tos
establecidos
por:
Brunequilde,
Teodo-
Porto
y
Tierry;
mb
volver
al
patrimonio
cal
los
dominios
usurpados
por
vasallos
re-
en
55
y
para
asegurar
tambien
lá
paz
es-
Pa
acogió
favorablemente
las
recliiua-
nenes
delos
lombárdos,
que
pedian
la
exo-
*raciow
del
tributo
de
12.000
escudos
de
(480)
oro
anuales
a
que
estaban
obligados.
Glota-
rio,
con
acuerdo
de:los
grandes,
los
liberto
de
este
tributo
,
mediante
el
pago
de
tres
años
que
verificaron
inmediatamente.
Todos
estos
actos,
atribuidos
por
unos
á
la
pruden-
cia;,
por
otros
ala
debilidad,
hicieron
go-
zar
á
los
franceses
de
una
tranquilidad
,
an-
tes
desconocida
,
y
su;
gratitud
did
al
rey
mas
pacifico
el
nombre
de
Grande
que
ha-
bian
rehusado
á
principes
belicosos
y
con-=
quistadores.
0
aio
Clotario
perdió
á
la.
reina
Bertrudis
(620),
y
poco
tiempo
despues.
casó
con
Siquilde,
dela
cual
fue
tan,
enamorado
como
celoso.
Inspiraronle
sospechas:sobre
la
intimidad
de
su
esposa
con
el
senior
Boson,
y
lo
mando
a-
sesinar.»
Las
costumbres
bárbaras
del
siglo
a-
pevas
contaron
esta
violencia
en
el
numero
de
las
maldades;
y
los
escritores
contempo-,
raueos.no
por
eso
celebraron
menos
ly
suas
vidad
y
clemencia
de
Clotario.
Por
otra
par-
te,
todas
las
culpas
desaparecian'¿los
ojos
de
los
grandes,
cuando
contemplaban
el
es-
plendor
que
las
concesiones
de
este,
privcis
pe
daban
á
su
clase.
Clotario
habia
reunido
en
Paris
el
quinto
concilio
de
aquella
ciu-
dad
(615.)
Hallaronse.en
él
79
obispos
fran-
ceses
y
muchos.
lendes
de
los
tres
reinos.
Se
habian
introducido
grandes
abusos
en
la
e-
leccion
de
los
obispos
por
la
arbitrariedad
de
los
principes,
la
din
de
los
leudes
Y
la
vepalidad
de
los
pueblos:
el
episcopado
se
compraba
muchas
yeces,
y
en
vano
los
(181)
papas
y
los
prelados
santos
clamaban
contra
estos
egemplos
de
simonia.
El
concilio
de
Paris
corrigió
tan
grandes
abusos
,
decidien-
0
que
la
eleecton
de
los
obispos
se
haria
li-
ve
y
regularmente
por
los
votos
de
los
me-
tropolitanos,
de
los
obispos
de
la
provincia,
del
concilio
provincial,
del
clero
y
pueblo
€
la
ciudad;
y
que
fuese
anulada
toda
elec-
cion
hecha
por
intereses
temporales.
Clota-
rio
modifico
esta
decision,
añadiendo
la
au-
torizacion
del
rey
como
vecesaria
para
con=
Irmar
el
nombramiento.
Segun
otras
deci-
Stones
de
este
concilio,
que
forma
época
en
a
historia
de
Francia,
se
confirmó
la
aboli-
vton
de
los
impuestos,
prometida
antes
en
A
asamblea
de
Bonneuil:
se
prohibió
á
los
Obispos
designar
á
sus
sucesores,
y
a
todo
clérigo
escoger
un
patrono
sin
advertir
de
ello
¿su
obispo.
Solo
el
rey
estuvo
ad
tuado
de
esta
prohibicion,
y'
sus
cartas
de
Patronage
y
recomendación
conservaron
su
0
acia.
El
mismo
concilio
decidió”,
que
es-
“Ptolos
casos
de
notoriedad
y
delito
in
fra-
Sant,
ningun
magistrado
secular
juzgaria
á
pe
clérigos
ni
en
causa
civil
ni
criminal;
Jue
aun
en
los
casos
eseeptuados
no
podria
qbot
oia
sacerdotes
mi
á
diáconos.
Se'man-
blieado
en
las
causas
en
que
estuviesen
im-
nal'se
os
eclesiásticos
y
seculares,
el
tribu-
ig
4
ley
seas
por
partes
iguales.
Se
prohi=
Pr
s
judíos
toda
accion
en'
justicia
cón=
Pevi
Cristianos.
Decidióse
tambien
qne'se
varia
y
reformaria
todo
cetiso
adicional
|
(182)
que
diese
motivo
á
reclamaciones:'
que
se
mantuviesen
los
peages
establecidos
por
los
reyes
Gontran
y
Sigeberto,
y
que
se
confir-
masen
todas
las
concesiones
hechas
por
los
reyes
á
los
leudes
y
al
clero.
En
fin,
por
una
disposicion
espresa
se
mando
que
todos
los
bienes
4
beneficios
quitados
á
los
leudes
y
antrustiones
en
las
últimas
turbulencias
,
les
fuesen
completamente
restituidos.
El
conci-
lio,
movido
de
los
escándalos,
cuyo
egem-
lo
habian
dado
los
reyes
mismos,
prohibió,
y
penas
severas,
los
matrimonios
con
re-
ligiosas,
aun
cuando
el
culpable,.
para
ase-
gurar
sa
impunidad,
hubiese
logrado
sub-
repticiamente
el
consentimiento
del
rey.
Pusiéronse:
tambien
algunos
límites
á.los
a-
busos
del
poder
episcopal;
y
se
probibió
4
los
obispos
enviar
jueces
á
las
provincias
donde
tenian
Pasieighalrat
liga
ls
a
es-
cogerlos
entre
los
naturales
de
cada
pueblo-
En
fin,,
se
mandó
que
no
se
pudiese
egecu-
tar
sentencia
de
muerte
en
ningun
reo
sin
oirle:»
lo
que
prueba
con
cuánta
irregulari-
dad
y
arbitrariedad
se
administraba
enton-
ces
la
justicia.
Las
ventajas
concedidas
á
los
grandes
en
los
cánones
de
este
concilio,
que
tomaron
el
nombre
de
capitulares,
causaron
mucha,
satisfaccion
en
las
clases
ricas
y.
po”
derosas:que
colmaron
al
rey
de
bendiciones
y
elogios;
y
nunca
pareció
el
trono
mas
ele-
vado
que
cuando
sus
vasallos
inmediatos
mi-
naban
su
base
y
demolian:sus
gradas,
«Dagoberto,
rey
de
Austrasia.
(623.)
Los
(183)
seniores
austrasios,
a
quienes
en
lo
sueesivo
lamaremos
señores
,
pues
en
esta.
época
co-
menzaron
a
ser,
no
los
mas
ancianos,
sino
los
dominadores
de
la
nacion,
fatigaron
de
tal
modo
á4
Clotario
con
sus
peticiones
reitera-
das
de
tener
en
su
pais
trono,
corte
y
rey,
que
les
dió
a
su
hijo
Dagoberto
para
que
rei-
nase
sobre
ellos.
Este
joven
principe,
edu-
cado
por
el
sabio
Arnulfo
,
obispo
de
Metz,
era
muy
amado
del
clero
por:su
piedad.
Contábase
que
yendo
a
caza
un
dia,
y
persi=
guiendo
a
un
ciervo
que
se
refugió
en
el
re-
cinto
de
la
capilla
donde
se
veneraban
las
reliquias
de
san
Dionisio
,sus
perros
se
de-
tuvieron
de
improviso
sin
violar
aquel
sa-
grado
asilo.
:
Algun
tiempo
despues
el
duque
de
Aqui-
tania,
que
era
uno
de
sus
ayos,
quiso
casti-
garle
por
una
desobediencia.
El
principe,
Para
evitar
el
castigo,
huyó
«al
mismo
sitio
onde
se
habia
refugiado
el
ciervo,
y
los
Suardias
del
rey,
rechazados
por
una
fuerza
"visible,
no
pudieron
entrar
en
el
recinto.
Agoberto
formó
desde
entonces
el
desig-
210,
que
egocutó
despues,
de
fundar
en
a-
Yuel
lugar
una
iglesia
y
un
monasterio;
y
es-
“Hue
el
origen,
segub
las
crónicas
de
aquel
as
de
[a
célebre
abadía
de
san
Dioni-
«del
Luchos
años:despues,
habiendo
sido
a-
,
na
el
duque
de
Aquitania
,
Dagoberto
a
indignos
á4
sus
hijos
de
poseer
los
es
del
padreqporque
no
persiguieron
4
*
homicidas
ante
los
tribunales,
segun
la
184
costumbre
de
los
a
y
dió
esta
rica
he-
rencia
á
la
mencionada
abadía.
Los
hunnos,
avaros
y
sajones
amenazaban
á¿
Austrasia
de
una
invasión
cierta;
y
el
temor
de
esta
t-
rupcion
de
tantos
pueblos
bárbaros
obligó
a
Clotario.4.ceder
á
los
deseos
de
los
austra-
sios
y
a
darles
el
rey
que
pedian.
Dió
4
Da=
goberto
por
tutor
su
maestro:
Arnulfo
,
que
tambien
enseñóa
Pipino
el
antiguo,
gobér-
nador
entonces
del
palacio
de
Áustrasia
,
y
antepasado
del
famoso
Pipino,
que
en
el
si-
glo
siguiente
se
apoderó
del
cetro
delos
francos
y
destronó
la
familia
merovingia.
El
gobierno
sabio
y
prudente
del
nuevo
rey
de
Austrasia
fue
muy
alabado:
su
nombre:
se
hizo
célebre
en
Europa,
y
debió
esta
gloria
a
sus
tres
ministros
Pipino,
Arnulfo
y
Cuni-
berto,
obispo
de
Colonia.
El
carácter
de
Ar-
nulfo
inspiraba
tanto
respeto,
que
el
pue-
blo
de
Metz
quiso
ele
girl
por
obispo,
aun-
que
era
casado
y
padre
de
muchos
hijos.
«La
autoridad
del
rey
apoyó
el
voto
del
pueblo.
La
muger
de
Arnulfo
consintió
en
separarse
de
su
marido,
y
se
hizo
religiosa;
y
él,
libre
de
sus
lazos,
fue
elevado,
á
pesar
suyo,
á
la
dignidad
episcopal.
-
60)
En
esta
época
los
francos
comenzaban
4
temer
un
nuevo
pueblo
cuyo
poder
hacia
rapidos
progresos,
que
etan
los
esclavones
venedos,
llamados
slavos
en
su
idioma:
nom-
bre
derivado
de
slava,
que
significa
gloria:
Los
esclavones
,
oriundos
de
las
llanuras
he-
ladas
de
Prusia,
se
habian
estendido
al
prin-
(185)
cipio
por
la
Sarmacia,
y
despues
por
la
Ger-
mania
hasta
las
orillas
del
Elba.
De
allí
pa-
saron
4
Hungria,
Bohemia,
Dalmacia,
y
a
la
provincia
Ilírica,
que
conserva
hasta
hoy
el
nombre
de
Esclavonia.
Este
pueblo
estaba
dividido
en
mas
de 30
tribus:
algunas
de-
seando
establecerse
en
Carintia
y
Carniola,
fueron
sometidas
por
los
ávaros;
pero
impa-
cientes
del
yugo,
se
rebelaron
bajo
las
ór-
denes
de
un
mercader
frances
de
Sens,
lla=-
mado
Samon
:
su
valor
le
grangeo
la
victo-
ria,
y
su
talento
el
cetro.
hos
esclayones
re-
conocidos
le
proclamaron
rey;
y
Samon,
marchando
de
triunfo
en
triunfo,
estendid
en
breve
los
limites
de
su
reino
hasta
las
fronteras
de
Turingia.
Habia
dejado
el
co-
mercio
por
el
trono,
y
el
cristianismo
por
la
idolatría.
Sin
freno
ya
que
pudiese
contener
sus
pasiones,
se
dice
que
casó
con
doce
mu-
geres,
de
las
cuales
tuvo
veinte
y
dos
hijos
Y
veinte
y
cinco
hijas.
Este
era
el
nuevo
e-
hemigo
que
amenazaba
entonces
a
los
aus=
trasios,
El
rey
de
Francia
debió
acometer
á
estos
bárbaros
sin
dejarles
tiempo
de
aumen-
tar
sus
fuerzas
y
afirmar
su
poder;
pero
los
A
entregados
á
las
discordias
civiles
Ñ
10
si
lo
habia,
no
se
dedicaban
con
per-
Verancia
á
rechazar
los
peligros
-esterio=
re
.
.
. .
.
re
$
y
solo
su
desunion
les
impidió
suce-
ms
al
poder
de
los
romanos,
y
hacerse
due-
4
a
imperio
del
mundo,
que
ningun
ri-
de
ormidable
les
hubiera
disputado.
Clo-
9,
cuando
dió
la
Austrasia
4
su
hijo,
no
(186:
creyó
que
por
eso
Se
su
dominio
sobre
aquella
parte
de
Francia.
Un
nuevo
lazo
pa-
recia
asegurarle
la
docilidad
de
Dagoberto:
acababa
este
de
recibir
por
esposa
a
Goma-
trudis,
hermana
de
la
reina
Siquilde;
pero
la
ambicion
no
respetó
mi
ecsdajás
del
de-
ber
ni
los
vinculos
de
la
sangre.
Los
leudes
austrasios
exigieron
que
se
reclamasen
las
posesiones
qee
pertenecian
a
su
remo
desde
el
tiempo
de
Brunequilde,
Childeberto
Y
Tierry,
y
que
Clotario
habia
separado
de
él.
El
padre
y
el
hijo
se
hallaron
espuestos
á
moyer
una
guerra
impia
por
la
turbulencia
de
sus
grandes;
pero.cuaudo
el
rompimien-
to
estaba
próximo,
los
dos
reyes
tomaron
por
árbitros
á
doce
señores,
que
terminaron
sus
diferencias
por
un
tratado.
Clotario
ce-
dió
a
los
austrasios
casi
todas
las
tierras
que
pedian;
pero
conservó
4
Burdeos
y
Tolosa
y
gran
parte
de
Aquitania.
Arnulfo,
indig-
nado
de
estos
debates
escandalosos
,-
y.
fati-
ado
deintrigas
contrarias
á
su
piedad,
aban-
pia
su
obispado,
renunció
al
ministerio,
dejó
la
corte,
y
buscó
en
la
soledad
mas
oculta
del
bosque
de
Ardenas
el.
descanso,
que
segun
las
costumbres
del
siglo
era
¡im-
posible
lograr
en
el
mundo
sin
abandonar
la
virtud.
Cuniberto
le
sucedió
en
la
confian-
za
del
rey
y
en
el
favor
del
pueblo.
-Varna-
cario
,
gobernador
de
Borgoña
,
murid-al
mismo
tiempo.
La
junta
de
los
grandes,
pre-
viendo
quizá
que
los
gobernadores
MNegarian
á
ser
reyes
mas
temibles
que
aquellos
de
(187
)
quienes
parecian
ser
ministros,
no
ave
ron
elegir
sucesor
4
Varnacario;
y
Clotario
goberno
hasta
su
muerte
aquel
reino.
Guerra
de
los
sajones.
(627.
)
La
Fran-
cia
estaba
pacifica
en
su
esterior;
pero
no
gozd
el
descanso
por
mucho
tiempo.
La
re-
belion
de
los
sajones
la
obligó
á
tomar
las
armas.
Bertoldo
,
duque
y
gefe
de
aquel
pueblo
belicoso,
mo
quiso
pagar
el
tributo
que
se
le
habia
impuesto;
y
orgulloso
con
el
gran
número
de
tropas
que
mandaba,
desa-
ó
con
altaneria
al
rey
de
Francia.
Dago=
berto,
sin
esperar
los
socorros
que
su
he
A
le
prometia,
marchó
contra
los
rebeldes
con
mas
denuedo
que
prudencia.
Sorprendido,
acometido
y
deba
opuso.
en
vano
resis-
tencia
ostinada
al
número
y
al
valor
de
los
sajones.
Despues
de
haber
hecho
grandes
hazañas,
derrotado
y
herido,
se
vió
precisa-
do
á
retirarse.
Did
cuenta
á
Clotario
de
su
infortunio,
y
para
probarle
que
la
sangre
de
Clodoveo
no
habia
degenerado
en
él,
le
envió
fragmentos
desu
yelmo
roto
y
un
me-
Chon
de
sus
cabellos
bañado
en
sangre.
Clo-
tario
se
divertia
entonces
cazando
en
el
bos-
que
de
Ardenas,
que
era
el
entretenimien-
to
preferido
de
los
reyes
francos.
Enagena-
“to.
de
dolor
y
de
ira
al
leer
las
cartas
de
su
0
y
á
la
vista
de
su
sangre,
convocó
a
las
'mas
á
todos
sus
leudes,
reunió
4
todos
los
vancos,
les
pidió
venganza,
marchó
rápi-
e
mente
contrados
sajones,
los
aleanzo
cer-
a
del
Weser,
y
les
dió
batalla:
La
fortuna
a
(188
)
estaba
indecisa,
y
la
victoria
se
disputó
con
sumo
valor.
Enmedio
del
combate
Clotario
descubre
á
Bertoldo,
y
se
arroja
a
el.
Ber-
toldo
le
grita:
«Rey
de
Francia,
detente:
escusa
una
batalla
que
no
puede
serte
ven-
tajosa.
Si
yo
perezco
en
ella,
apenas
se
acor-
dará
nadie
de
que
has
muerto
4
uno
de
tus
vasallos;
y
si
mueres
á
mis
manos,
me
darás
la
gloria
de
haber
vencido
al
mas
poderoso
monarca
de
la
tierra.»
Glotario
sin
respon=
derle
,
le
acomete
y
le
acosa,
le
derriba,
le
corta
la
cabeza
y
manda
ponerla
en
Ja
punta
de
una
lanza.
El
espectaculo
de
este
san-
griento
trofeo
llenó
á
los
franceses
de
entu-
siasmo
y
á
los
sajones
de
terror:
pareció
que
estos
habian
perdido
su
brio
perdiendo
a
su
caudillo,
y
que
no
podian
ni
pelear
ni
reti-
rarse.
Clotario
se
aprovechó
de
su
desór=
den,
los
persiguió
y
dispersó,
é
hizo
en
e-
llos
horrenda
carnicería.
Los
historiadores
de
aquel
siglo
bárbaro
no
hubieran
creido
esta
victoria
bastante
bella,
sino
la
hubiesen
afeado
procurando
hacerla
vergonzosa
y
feroz.
Cuentan
que
el
rey,
insaciable
de
venganza,
estermino
alos
vencidos,
y
solo
purtitigó
a
aquellos
cuya
estatura
no
llegaba
á
la
lengitid
de
su
es-
ada.
Cuando
volvió
4
Francia
conoció
que
le
era
mas
fácil
esterminar
á
los
vencidos
que
pp
á
sus
vasallos.
Cuando
gozaba
acificamente
de
la
victoria
en
su
palacio
de
Clichy,
supo
que
los
sirvientes
de
Egina,
su
favorito,
habian
muerto
al
mayordomo
de
(189)
su
hijo
Cariberto,
y
que
este
putas
y
sus
amigos
querian
castigar
á
los.
romicidas,
le-
fendidos
vigorosamente
por
muchos
seño-
res,
A
pesar
de
las
órdenes
del
rey,
y
alas
puertas
mismas
de
su
palacio.
Jos
dos
parti-
dos,
dispuestos
en
nde
de
batalla,
lisos
taron
la
altura
del
monte
Mercurio,
llama-
do
hoy
Montmartte,
que
los
separaba:
El
rey
no
pudo
impedir
este
combate
criminal,
sino
saliendo
armado
al
frente
de
sus
leudes,
y
amenazaudo
acometer
al
primero
de
los
dos
partidos
que.
comenzase
la
batalla.
Se
habian
burlado
de
su
cetro
y
respetaron
su
espada.
¿
bs
-Elaño
628,
que
termino
el
reinado
de
Clotario
,
fue
célebre
en
oriente
por
e
triunfo
definitivo
de
Mahoma:
cuyos
dog-
Mas
y
cuya
espada
dominaron
bien.
pronto
una
mitad
del
mundo
conocido.
y
amenaza-
ron
á
la
otra.
Clotario
fue
sepu
tado
en
la
ielesia
de
san
German
de
los
prados:
reinó
4
años.
Homicida
de
Brunequilde,
a
la
cual
Mputo.
falsamente
todos
Jos'
crimenes
de
'tedegunda
,
y/asesino
de
los
hijos.de
Tier.
"y,
fue
no
obstante
Hamado
justo,
clemente
Y
aun
pio
por.sus.contemporáneos;
siempre
ISpuestos
pur
sus
costumbres
á
disculpar
Eo
maldades
politicas.
Debe
confesarse
que
le
€
principe,
cruel
por
ambicion
antes
de
ival
trono,
se
mostró
moderado
despues
Bo
eleyacion.
Era
esforzado
é
instruidos
“S
concesiones
y
liberalidades
á
Jos
gran=
es
le
merecieron
los
elogios
y
la
gratitud
:
(190)
de
los
señores:
su
devocion
y
piedad,
el
a=
fecto
del
clero.
|
y14
Dagoberto
I,
rey
de
Neustria,
“Austra=
sia
y
Borgoña:
Cariberto,
rey
de
Aquita=
nia.
(628.)
Dagoberto,
apenas
murid
su
pa=
dre,
reunió
bajo
sus
dominios
todas
las
par-
tes
del
reino.
Cariberto,
su
hermano,
de
muy
poca
edad
á
la
sazon',
no
podia
dispu-
tarle
ninguna,
y
solo
oponia
4
la
violencia
quejas
impotentes,
pero
que
moviéron
á
fa-
vorecerle
4
muchos
señores.
El
rey,
para
ez
_vitar
mayores
males,
did
oidós
4
sus
recla=
maciones,
y
conformandose
con
su
parecér,
cedió
á
Cariberto
la
Aquitania,
e
Ángu-
mes,
el
Agenes,
el
Perigord.
y
el
Langie-
doc.
El
jóven
rey
de
Aquitania
estableció
su
corte
en
Tolosa.
Brunulfo
,
leude
pode-
roso
,
habia
ganado
en
favor
de
Cariberto“4
muchos
señores:
Dagoberto,
que
temia'
su
influencia,
hizo
que
le
matasen-
tres
leudes
que
le
eran
adictos;
porque
lós
reyes
fran
eos
habian
hecho
honroso
el
servicio
domés.
tico,
y
sus
nobles
escuderós,
camareros;
paz
naderos
y
senescales
ejecutaban
sin
exámer
tudas
las
órdenes
de
sus
bárbaros
dueños:
La
reina
Gomatrudis,
parienta
de
Pipino
y.
Cuniberto,
gobernadores
de
palacio,
fayo=
recia
secretamente
las
pretensiones
de
Aus-
trasia,
donde
habia
mucho
disgusto
por
ver-
se
aquel
reino-reducido
á
la
clase
de
pro-
vincia.
Esta
princesa
se
hizo
odiosa
á
los
neustrios,
y
sus
intrigas
movieron
al
rey
4
repudiarla.
Despues
casó
con
Nantilde,
da-
(191
)
ma
de
la
reina
anterior,
y
declaró
que
fija-
ria
su
residencia
en
Neustria.
Desde
enton-
ces
Ega,
gobernador
del
palacio
de
este
rei-
no,
gozó
esclusivamente
de
la
confianza
del
rey,
y
aun
de
la
autoridad
real.
Cuniberto
fue
despedido;
y
si
Dagober-
to
dejó
el
empleo
de
gobernador
de
Austra-
sia
dá
Pipino,
fue
mas
bien
por
temor
que
por
afecto.
Nantilde
y
que
habia
destronado
a
Gomatrudis,
no
tardo
en
ser
victima
de
la
incontinencia
del
rey:
la
despidió,
y
tomó
Por
esposa
a
Ragnetrudis,
muger:muy
bella,
natural
de
Austrasia.
Tampoco
logro
fijar
su
Cariño:
otras
dos
reinas
aparecieron
sucesi=
vamente
sobre
el
trono
y
el
rey
dividia
su
amor
entre
ellas
y
un
gran
número
de
cón-
Cubinas.
De
este
modo
tomaron
sobre
él
las
Pasiones
desenfrenadas
el
imperio
que
ha-=
tan
perdido
sus
prudentes
ministros,
y
le
“rojaron
por
el
camino
del
vicio
al
resbala-
ro
de
la
tirania.
Se
le
hubieran
perdona-
9
sus
flaquezas;
pero
como
ellas
le
hicie-
"OR
en
breve
codicioso
$
insaciable
de
dine-
ro,
los
grandes
que:ya.
no
recibian
dones
y
Jue
sesyejan
amenazados
con
impuestos,
eo-
Menzaron:á
recelar.
Dagoberto,
á
pesar
de
e
relajacion
de
sus
custumbres,
fue
siempre
Umiso'ásla
Iglesia.
El
clero
hablo-con
seve-
Mad.
San
Amando,
obispo
de
Vongres,
cé-
>
"e
por
su
piedad,
labló
animosamente
al
ne
Acerca
de
sus
desórdenes,
y
consiguió
Pitarle
tanto-arrepentimiento,
que
vol-
%
4
sus
primeros
lazos,
llamó
á
Nantilde
4
(192)
su
trono
y
lecho,
y
despues
no
cometid
nin-
guna
infidelidad
contra
ella.
Muerte
de
Cariberto:
Dagoberto
reina
solo.
(631.)
Tenia
un
hijo
de:
Ragnetrudis,
y
rogó
á
su
hermano
Cariberto
que
fuese
su
padrino
en
el
bautismo.
Cariberto
consintió
en
ello,
y
concurrieron
los
dos
a:
la
ciudad
de
Orleans
para
celebrar
esta
ceremonia
:
la
cual
concluida,
se
volvid
Cariberto
a
Tolo-
sa,
donde
él
y
su
hijo
Chilperico:
murieron
súbitamente.
Eran
entonces
tan
comunes
los
crimenes
politicos,
que
se
sospecho:
que
Da-
goberto
habia
envenenado
a
su
hermano:
y
sobrino,
porque
se.-aprovechó
de
la
muerte
de
entrambos,
y
reunió
la
Aquitania
4
su
cetro.
Sin
embargo,
Chilperico
dejó
un
hijo,
llamado
Bogis,
que
fue
Decio
de
Aquitania
y
tronco
de
la
casa
de
Armagvac,
estingui-
da
en
el
duque
de
Nemours
que
murio
en
1503
en
la
batalla
de
Gerisules.
Los
esclavo-
nes
continuaban
estendiendo
su
dominio
4
costa
de
los
pueblos
tributarios
del
imperio
frances.
Sus
armas
vieloriosas
amenazaban
4
un
mismo
tiempo
á
Germania,
á
las
Galias
y
á
Halia.
Sus
correrias
perpétuas
intercepta-
ban.
las
comunicaciones
e
interrampian
€
comercio.
Dagoberto.juntó
contra
ellos
las
fuerzas
de
los
franceses,
alemanes
y.lombar*
dos;
pero
antes
de
comenzar
la
guerra
en”
vió
uno
de
sus
leudes
4
pedir
á
Samon
la
re-
aracion
de
los
daños
causados.
El
rey
de
Le
esclavones
se
negó,
4
dar
satisfaccion,
?
no
ser
que
Dagoberto
garantizase
¡sus
pos0”
(193)
siones,
reconociese
su.independencia'é
hi=
-
ciese
con
él
un
tratado
de
alianza.
«Ese
tra-
tado:es
imposible,
dijo
entonces
con
grose-
ra
altaneria-
el
enviado
-francest
no
puede
haber
amistad
entre
«un
pueblo
cristiano
y
unos
perros
paganos»
«Nos
acustiz,
respon
dió
Samon,
de:
que:
ofendemos
4
Dios
con
nuestra
creencia,
y
vosotros
le
ofendeis
con
vuestra
conducta.
Mas:ya
que
nos
dais
el
nombre
de
perros,
reconoceis
en
nosotros
el
“derecho
de
morder,
«y
05
morderemos
cruelmente.»
Este
lenguage
y
estos
nego-
Ciadores
no
podian
menos
de
acelerar
la
guerra,
y.asi
no
tardó-en
encenderse.
Sa-
mon,
acometido
por
tres
ejércitos,
dividid
el
suyo:
en
tres
partes:
las
dos
primeras
,
o-
Puestas
á
los
alemanes
y
lombardos,
sufrie=
ron
terribles
derrotas.
El
rey
de
los
esclavo-
des,
que
se
puso
al
frente
«de
la
tercera
con»
tra
los
fraticos,
fue
mas
hábil
d
mas
dicho-
Sa.
Los:austrasios
huyeron
ante
él,
y
los
pet.
Siguió
hasta
Puringia.
Esta
derrota
se
atri=-
uyó
al
descontento
de
los
Jeudes
de:
Aus=
"asia
que
pedian
reyy
levabaná
mal
la
de-
Pendencia
en
que
extaba
del
reino
de
Neus-
tias
Casi
al
mismo
tiempo
muchas
tribus
Ulgaras,
arrojadas
de:su
pais
por
los
ávaros,
pidieron
asilo
a
Dagoberto:
Este
quiso
dar=
Es
establecimientos
en
Baviera;
pero
los
AVaros,
temerosos
de
semejantes
huéspe=
€s,
desobedecieron
las
dedenes
del
rey,
ó
Segun
algunos
4utores,
las
cumplieron
«con
Wa
fidelidad
,
dispersando
pérfidamen=
TOMO
x11f.
13
S
(194)
-
te
á
aquellós
desgraciados,
y
degollándo-
los
con'
tanta
cobardía.
como
«crueldad.
.
Guerra
de
España.
(632.)
La
«autoridad
real
no
era
entonces
mas
respetada.
y
segu=
ra
en
España
que
en
Francia.
Sisenando,
se-
ñor
poderoso
entre
los
visigodos,.
conspira-
ba
contra
el
rey
Suintila;:
y
aspiraba
al
tro-
no.
Dagoberto
sostuvo
el,
lo
de
este
re-
belde,
que
habia
Retire
“su
proteccion,
prometiéndole
un
vaso:
de
oro
del
peso
de
50
libras
,
regalado
en-
otro
tiempo
por
Ae-
cio,
general
de
losromanos,
a
Turismundo,
réy
de:los
visigodos;:despues
de
la:
derrota
de
Atila.
Los
franceses
pasaron
los
Pirineos:
Sisenando
,
con
el
auxilio
de
ellos,
logró
la
victoria,
y
usurpó
el
cetro.
Fiel
en
aparien-
cia
d
lo
prometido',
entregó
el
vaso;
pero
los
franceses
que
lo
llevaban
4:
Dagobérto,
fueron
robados:en
el
camino
por
algunos
vi-
sigodos
puestos
en
emboscada:
Dagoberto,
irritado
de
la
felonía:,
hizo
amenazas;
y.
Si-
senando
que
le
creia)
y
no
sin
fundamento,
mas
avaro
que
belicoso,
le
aplaco
enviándo-
le
2.000
libras
de
plata.
-
Hd
dao:
rey
de
Austrasia.(633.)
Creiase
que
rima
para
no
desmentir
la
san-
gre
de
Glodoveo,
marcharia
contra
los
es-
clavonesá
reparar
el
oprobio
de
su
derrota,
y
es
probable
que
fuese
esta
su
intencion;
pero
temiendo
que
los
austrasios
descon-
tentos
le
auxiliasen
mal,
buscó
otras
armas
para
vengarse,
y
acepto
las
ofertas
de
los
sajones,
que
le
prometieron
pelear
en
su
'
(195)
favor'si
los
libertaba
del
tributo:
que'se
les
habia
impuesto:
El
feliz:Samon
venció
tamos
dien
4
estos
nuevos
enemigos;
y
Dagoberto,
asustado:
con:razom
de:los:
progresos
de
un
adversario,
á
quien
habia
desdeñadoal
prin-
cipio,
creyó
entoncés
que»
debia
cederá,
los
consejos
de:los
obispos:
y
de
los
:grandés
,,
y
dió
el
reino.
de
Áustrasia
á:su:
hijo»
Sigeber=
to.
Este
principe
partióvá:Metz
cobíuchas
riquezas
,
muebles
magnificos
y
gran<canti-
dad:
dewasos
preciosos.
cion.
olosleg
¿Cuniberto
y
obispo
de-Colonia”,
ybeldu-
que
Adalgiso
,:
gobernaron:
¿Austrasia:
en
nombre
del
nuevo
reys
Los:
austrasios
(cony
tentos:tomaron
las
armas
con:
denwedozoy.
su
Yalor
unido
al
de
Jos
sajones
|
obligó»
«a
¿Los
esclavones-4'
retirarsé:
yo
ás
dejar
tranquilas
as
frowteras.
La
elevacionde
Sigeberto'cau-
Saba
mucha
ioquietud
á
lá
reina
Nantilde
a-
“ercardé
la:suerte
de
su
hijo
Glodoweo:
que
Acababa
desdar'á
luza
Dagoberto
para
disi-
Par
sus
recelos,
declaró
em
la
junta
de
Jos
Súindes
que:
Clodoveo»
le:
sucéderia:
en
los
"tinos
de
Neustria
y
Bórgoña
,-y
que:
Sige-
¿Stto
tendria
en
herencia
á
Austrasia,
Á
qui-
Mia
y
Provenza
0rtoisnoo
vale
¿recto
pol
Rebelion
«de:
los
'gascones
y
:bretones.
a)
La-tranquilida
de
que
gozaba
el
rey
y
urbó
con
una
nueva
rebelion
de
los
gas-
9nes-
Dagoberto
envió
contra
ellos
tropas
que
los
derrotaron
y
sometieron.
Esta
guer-
“de
corta
duracion
dió
á
los
bretones
es-
“lanza
de
aprovecharse
de
ella
para:
sacu-
196
dir
enteramente
el
A
¿7
Francia.
Su
du-
que
Judicael
amenazaba
ya
al
frente
de
un
poderoso
ejército,
Dagoberto
preferia
las
ne-
gociaciones
a'las
armas,
y
asi
envió
al
du-
ue:su
valido
Eloy
,
hombre
prudente
y
há-
bil,
que:se
habia
elevado
desde
la
profesion
de
plátero
á
las
masaltas-dignidades.
Su
ta-
lento
le:
ensalzó
¿4
la
clase
de
los
poderosos
del
mundo,
y
su
virtudle
colocó:enel
cie-
lo'envel
número
de
los
santos..Fue,
tesorero
de
palacio,
ministro
del
rey
,«y
despues'
0-
bispo.de
Noyoh+
Este
hombre
singular,
que
concilio
las
cosas
comunmente:
mas
'incom-
patibles;
supo
4-ul
mismo
tiempo.
adquirir
“conservar:
el
favor:
del:
rey.,:
la
donbenit
del
pueblo,
la
estimacion
del
clero,
la
amis-
tad
delos
ricos
y
el
afecto'de
los
pobres.
Sumision
«le
los
duques:
de.
a
Y
Bretaña:
(637.)
Eloy
no
tandó
en
convencer
4
Judicael
del
peligro
que¡corria
llamando
sobre
si-todas
las
fuétzas
del
rey.
de.
Fran-
cia,
cuando
la
retirada
de
los
esclayones
y:la
sumision:
de»los:gastones
dejaba-a:Dagober-
to
en
libertad
para
«dirigirlas
coito
Beata
|
ña.
Amedrentado
el
duque,
no
solo
depuso
las
armas,
sino
consintió
en:ir
al
«palacio
de
Clichy
á
implorar
la
elemencia
de
Dagober-
to:
Egina,
duque
de
los
gascones,
hizo
el
mismo
viage:y
con
el.mismo
objeto.
El
rey
se
manifestaba
todavia
tan
irritado
contra
ellos,
que
se
creyeron
obligados
a
buscar
en
la
ar
badía
de
san
Dionisio
un
asilo
contra
sure”
sentimiento;
pero:
despues
de
algunos
diaf
Puch
(197
)
se
aplacó
su
enojo,
verdadero
o
fingido.
En-
trambos
duques
consiguieron
su
perdon
y
fueron
admitidos
á
prestarjuramento
de
fi-
delidad
al
pie
del
trono.
Una
anécdota
refe-
Tida
por
las
crónicas
de
aquel
tiempo,
y
que
Parece
insignificante,
prueba
la
deferencia
le.
respeto,
no
solo
de
los
grandes,
sino
tam=
ten
de
los
reyes,
al
sacerdocio.
El
duque
e
Bretaña
,
convidado
por
Dagoberto
al
anquete
real,
se
escuso
de
asistir
por
comer
£n
casa
del
canciller,
que
era
San
Oven,
10mbre
respetado
por
sus
virtudes;
y
el
rey
Al
estrañd
su
falta,
ni
se
dió
por
sentido:
de
ella.
Los
últimos
años
del
reinado
de
Dago-
erto
fueron
tranquilos.
Francia,
libre
de
“AStarbulenciasinteriores
que
la
habian
des-
trozado
tantos
años,
era
respetada
de
los
vi-
Sigodos,
lambardos
y
sajones:
Roma
desea-
e
auxilio:
Gonstantinopla
su
amistad,
y
embajadores
de
Dagoberto
renovaron
con
Sraclio
la
antigua
alianza
entre
Francia
y
'Mpevio.
Esta
tranquilidad,
las
relaciones
Co
franceses
con
Asia,
Grecia,
Italia,
A-
y
España,
los
tributos
que
pagaban
los
0s
de
Germania,
los
pe
gratuitos
0s
franceses,
el
censo
impuesto
á
los
ga-
ta
tributarios,
la
estension
del
dominio
real,
Sbre
todo
la
sabia
economía
de
Dagober-
¿
o
á
su
trono
riquezas
desconocidas
e
tal
predecesores,
y
que
deslumbraron
Manera
á
los
pueblos,
que
el
nombre
rey
se
ha
conservado
hasta
nuestros
M
las
tradiciones
y
cantos
populares,
de
]
Os
>
(198
)
los
cuales
celebran
aun
su
magnificencia,
su
silla
de
brazos,
su
trono
de
oro,
y
hasta
el
rico
cinturon
de
su
ministro
Eloy...
Dagoberto
,
hallándose
en
Epinay
en
una
de
las
casas
de
placer,
cayó
enfermo;
y
conociendo
que
se
acercaba
su
fin,
hizo
que
le
MNevasen
á
san
Dionisio,
donde
murió
a
la
edad
de
38
años.
Antes
de
espirar
reunió
junto
a
su
lecho
á
los
señores
y
obispos,
presididos
por
Ega,
gobernador
del
palacio
de
Neustria,
y
les
recomendó
la
reina
Nan-
tilde,
y
sus
hijos
Sigeberto
y
Clodoveo-.
Puede
sorprendernos
ver
citado
como
glo-
rioso
un
reinado,
en
el
cual
no
hubo
ningu-
na
aceión
gloriosa;
pero
entonces
la
fama
de
los
principes
se
media
por
el
número
y
€es-
tension
de
sus
donaciones.
Ademas
la
tran-
uilidad
interior
de
Francia
prueba
la
mo-
Trina
de
este
rey
y
la
prudencia
de
sus
ministros.
Si
hemos
de
dar
crédito
al
auto!
de
los
Hechos
de
los
francos,
el
lujo
del
pa-
lacio
de
Dagoberto
se
igualaba
al
de
la
corte
de
Constantinopla;
pero
si
el
oro,
las
piedras
preciosas
y
la
plata
brillaban
en
él,
las
lu
ces
se
estinguian
progresivamente,
y
el
velo
de
la
ignorancia
iba
-
por
toda
Europa.
Desde
esta
época
empieza
á
set
oscura
la
historia
de
Francia,
y
tan
inciet”
ta
la
cronología,
queunos
autores
ponen
muerte
de
Dagoberto
en
638,
otros
en
639,
y
algunos
en
643,
0)
|
A
PRTULO
E
:
Colour
segundo, Sigeberto
Dagoz
|
berto,
Clotarco
Lercero,
Chuliterico:
dez
Clodoveo
II,
rey
de
Neustria.
Guerra
de
Turingia.
Hambre
en
Neustria,
Clodoveo
Il,
rey
de
Neustria
y
Borgoña:
Dagober-
_to,rey
de
Austrasia.
Clodoveo
II,
rey
de
toda
Francia.
Clotario
TIT,
rey
de
Neustria
y
Borgoña:
Childerico
,
rey
de
Austrasia.
Tierry,
rey
de
Neustria
y
Bor-
oña.
Childerico
IT,
rey
de
toda
Francia.
Plerry
,
rey
de
Neustria
y
Borgoña:
Da-
cid
,rey
de
Austrasia.
Ebroino
,
go-
ernador
de
Neustria
y
Borgoña.
dl
II,
rey
de
Neustria.
(639.)
Lle-
Samos
en
fin
á
la
época
mas
triste
de
la
his-
MES
e
de
Francia.
Todos
los
vestigios
de
la
|
e
igua
civilizacion
habian
desaparecido:
las
|
Y*s
carecian
de
fuerza:
los
monarcas
de
|
Poder
:.
log
grandes
de
freno:
los
ricos”
de
Piedad;
el
o
ed
de
costumbres:
los
guer-
eros
peleaban
sin
arte,
se
degollaban
sin
S
(200)
|
razon,
huian
sin
órden,
€
infieles
á
su
jura-
mento,
nó
conocian
mas
derecho
que
la
fuer-
za:
la
guerra
no
daba
ya
gloria,
ni
la
paz
so-
siego.
Los
francos,
saliendo
de
su
estado
sel
vatico,
habian
perdido
las
virtudes
de
la
in-
dependencia;
los
galos,
conquistados
por
e-
llos
,
yeian
estinguirse
diariamente
los
cono-
cimientos
griegos
y
latinos,
que
hasta
la
cai-
da
del
imperio
habian
ilustrado
y
embelle-
cido
la
edad
de
su
decadencia.
Mudando
de
señores,
perdieron
sus'monumentos,
nio
zas
é
industria,
y
se
agravo
su
servidumbre-
En
todas
partes
reinaba
el
crimen,
la
igno-
rancia
7»la
anarquia;
y
el
resultado
de
la
conquista
no
fue.
Otra
para
la
Galia
oprimi-
da,
que
un
pacto
funesto
entre
la
barbarie
de
un
pueblo
rústico
y
la
servilidad
de
una
antigua
nacion
corrompida;
entre
la
flexi-
ble
vileza
de
las
palaciégos
romanos
y.
la
ambicion
belicosa
de
los
francos
feroces.
Se
puede
observar
esta
tendencia
rápida
á
la
desmoralizacion
general
desde
los
primeros
pasos
del
conquistador
de
Galia:
la
eleva-
cion
de
Claudio,
sacerdote
simoniaco,
al
e-
Ela
por
recomendacion
de
Clodoveo,
la
cual
no
fue
posible
resistir,
manifest0
que
el
poderío
de
los
francos
no
seria
favo”
rable
á
las
costumbres;
y
solo
la
piedad
ilus-
trada
y
celo
virtuoso
del
clero
ea
rudo
po”
ner
un
freno
á
la
arbitrariedad
del
vencer
dor,
que
pretendia
someter
todas
las
leye*
humanas
y
divinas.
Clodoveo
subyugó
su*
fieros
compañeros,
asociándolos
á
su
tirani%
(201)
e
poco
tiempo
no
hubo
en
los
campos
de
arzo
mas
que
una
leve
sombra
de
la
inde-
pep
hana
célebre
y.
de
las
costumbres
de
as
naciones
germánicas.
Esta
sombra
se
des-
vaneció
enteramente
en
el
reinado
de
los
nietos
del
conquistador,
quese
entregaron
desenfrenadamente
al
delirio
de
la
arbitra-
riedad
y
á
los
escesos
de
la
disolucion
mas
escandalosa.
Cada
uno.
de
ellos
tuyo
en
su
corte
tres
ó
cuatro
esposas,
cuyo
oprobio
se
cubria
en
vano
con
la
corona,
y
que
eran
pú-
licamente
insultadas
por
un
gran
número
de
concubinas.
Algunos
virtuosos
obispos,
entre
ellos
san
German,
se
atrevieron
a
re-
Prender
semejantes
desórdenes.
Este
celoso
:
prelado
escomulgo
al
rey
Cariberto;.mas
no
Ogrú
ni
amedrentarle
ni
corregirle.
La
opresion
de
los
vencidos,
la
tirania
y
barbárie
de
los
conquistadores
hizo
necesa-
Fla
la
intervencion
dbleireipo
sacerdotal
en
el
gobierno,
porque
eva
el
único
elemento
e
moral
que
existia
enmedio
del
caos
for-
mado
por
la
violencia
de
las
armas;
pero
el
Poder
que
adquirid
el
clero
por
la
superio-
tidad
de
sus
luces
y
virtudes,
produjo
su
e-
ecto
ordinario
en
muchos
de
sus
indivi-
os,
y
la
esfera
de
la
ambicion
en
que
se
alaban
ó
4
que
aspiraban
,
les
infestó
con
“98
vicios
propios
del
siglo,
de
que
tanto
se
ja
en
sus
cartas
san
Gregorio
Magno.
Sin
Mbargo,,
la
Iglesia
de
Galia
poseyo
hom-
e
os
/de
los
tiempos
apostólicos;
ta=
es
son
lossantos
obispos
Gregorio
de
Tours,
ES
(202)
Waast
de
Arras,
Gildar
de
Ruan,
¿Avito
de
Viena,
Cesario
de
Arles,
Fermin
de
Uzes,'
Fortunato
de
Poitiers
,
Germanio
de
Paris,
Malo
de
Bretaña,
Eloy
de
Noyon,
Lo
de
Contances
y
Remi
de
Reims.
Los
afanes
de
estos
sacerdotes
virtuosos
y
la
autoridad
de
los
papas
que
fundaron
un
gran
poder
sobre
el
cimiénto
de
la
virtud,
opusieron
diques
fortisimos
al
torrente
de
la
corrupcion;
pe-=
ro
sus
tentativas
fueron
inútiles
por
mucho
tiempo,
porque
la
violencia
de
las
pasiones
cerraba
los
oidos
de
los
grandesá
la
voz
de
la
verdad.
En
este
siglo
se
reunieron
40
con-
cilios
,
en
los
cuales
se
promulgaron
muchos
decretos
contra
la
simonia,
el
incesto,
el
di-
vorcio
,
la
idolatría
y
las
malas
costumbres;
sin
embargo,
los
mismos
obispos,
teniendo
como
tenian
en
el
gobierno
civil
tanta
par-
te
0
quizá
mas
que.
los
señores
francos,
hu-
bieron
de
abandonar
la
sencilla
severidad
de
su
anterior
género
de
vida),
y
se
acos-
tumbraron
al
fausto
y
a
los
placeres
peligro»
sos
de
los
palacios.
Desdo
ellos
al
vicio
ha-
bia
muy
poca
distancia,
y
algunos
sacerdo-
tes
la
salvaron
escandalosamente.
La
autori-
dad
de
los
sumos
pontifices
uno
podia
enton-
ces
reprimir
su
licencia.
San
Gregorio
Mag-
no
halló
muchas
dificultades
para
hacer
que
los
reyes
y
obispos
francos
reconociesen
la
supremacia
de
Roma
y
se
sometiesen
en
ma-
terias
de
disciplina
á
las
decisiones
de
la
santa
Sede.
Las
turbulencias
del
estado,
las
discordias
de
los
principes,
las
rivalidades
(203)
de
los
grandes
y
la
opresion
de
los
pueblos
hicieron
necesaria
la
autoridad
del
sacerdo=
cio,
depositario
y
conservador
de
la
moral
evangélica
y
de
las
leyes
romanas;
y
asi
fue
la
única
fuerza
constante
del
estado,
el
úni-
co
agente
de
la
civilizacion
en
aquellos
si-
glos,
la
única
esperanza
del
desgraciado
y
el
único
asilo
de
la
justicia.
Se
preferian
las
sentencias
de
los
tribunales
eclesiásticos,
fundadas
en
el
código
de
'Peodosio,
á
las
de-
cisiones
arbitrarias
de
los
condes
y
leudes
y
de
sus
rachimburos
y
escabinos.
El
estable-
cimiento
de
las
órdenes
monásticas
hizo
grandes
servicios
¿la
humanidad.
La
órden
de
san
Benito,
fandada
por
su
discípulo
san
Mauro,
y
que
se
difundió
rapidamente
en
toda
Galia,
abrió
nuevos
asilos
á
los
pros-
eritos,
prodi
ó
cuantiosos
socorros
á
los
in=
digentes,
de
del
naufragio
universal
al-
gunas
reliquias
de
la
sabiduría
antigua,
y
re-
paró
por
medio
del
trabajo
y
cultivo
de
la
tierra
los
desastres
de
las
guerras
continuas
que
durante
un
siglo
condenaron
los
cam-
Lo
a
la
A
sciiRL
Los
leudes
y
principa-
es
guerreros
francos,
sumamente
celosos
e
su
libertad
mientras
vivieron
reunidos
Sa
tribus,
la
olvidaron
desde
que
vivie-
me
alejados
unos
de
otros
en
los
paises
que
ios
,
y
se
entregaron
esclusiva-
Pee
0+
Y
ambicion
de
las
dignidades,
al
e
Mo
bh
La
me
y
al
orgullo
del
poder.
Peores:
e
Clodoveo
se
valieron
de
estas
s
perversas
para
someterlos»
Com-
z
(204)
praron
su'sujecion,
prodigandoles
titulos
y
tierras
de
sus
dominios;
y
asi
los
francos,
en
otro
tiempo
pobres,
iguales
y
libres,
vi-
nieron
á
ser
nobles,
ricos,
opresores
y
opri-
midos.
Bajo
su
tiranía
gimieron
todas
las
ciu-
dades,
y
sufrieron
la
devastacion
todos
los
campos:
desaparecieron
los
senados
de
las
capitales
y
municipios:
el
pueblo
quedo
re-
ducido
á
la
clase
de
los
animales:
la
fuerza
se
sustituyó
al
derecho:
las
escuelas
se
cer-
raron,
y
las
letras
se
dejaron
de
cultivar
co-
mo
las
tierras:
Galia,
que
en
los
siglos
IV
y
V
se
jactaba
de
poseer
todavía
sabios
y
poe-
tas
como
Eutropio,
Amonio,
Paladio,
dem
brosio
,
Sulpicio,
Severo,
Paulino,
Vietor,
Marcelo,
Salviano
y
Sidonio
Apolinar,
vió
caer
y
estinguirse
todas
sus
luces
bajo
la
terrible
segur
de
los
francos,
y
apenas
que-
daron
los
conocimientos
necesarios
para
ad-
vertir
los
progresos
espantosos
de
la
barbá-
rie.
«Es
tiempo,
decia
ya
el
obispo
Avito
en
el
siglo
VÍ,
es
tiempo
de
renunciar
á
la
ein
cd
pit
de
poco
no
habrá
personas
capaces
de
conocer
la
hermosura
de
los
ver-
sos,
ni
de
percibir
su
armonia.»
Gregorio
de
Tours,
60
años
despues,
decia:
«Ya
no
se
cultivan
en
las
Sada
de
Galia
las
letras
ni
las
artes:
las
ciencias
declinan
y
perecen-
En
el
siglo
infeliz
que
vivimos,
Joa
o0R
del
estudio
se
apaga
sucesivamente;
y
en
breve
dejará
de
haber
hombres
capaces
de
trans-
mitir
á
la
posteridad
los
sucesos
mas
memo”
rables.»
Esta
barbárie
que
legalizó
despues
(205)
|
el
feudalismo
sin:
suavizarla
,
desterró
«de
Europa
el
órden,
la
justicia
y
la
razon,
de»
pravó
las
costumbres
,
endureció
los
cora=
zones
,
aletargó
las
facultades
intelectuales,
y'no.
dió
al
espiritu
humano
mas
alimento
que
los.
estragos
de
la
guerra
y:
los
incenti-
vos.
de
las
pasiones
desenfrenadas.
Los
fran-
cos,
al
entrar
en
Galia,
mejoraron
la
suerte
de
los
esclavos.
Según
sus
costumbres,
la.
servidumbre
corporal,
que
se
usaba
entre
Os
romanos
,
se
convirtió
en
servidumbre
el.
terruño;
pero
si
esta
revolucion
hizo
mas
tolerable
la
suerte
de
los
siervos,
humi-
1ló
á
los
galos
libres:,
haciendo
honroso
el
servicio
doméstico.
El
pueril
orgullo
de
aquellos
gefes
bárbaros
,
bado
la
a-
Fercultara
y
los
trabajos
mecánicos,
se
los
dejó
alos
esclavos
,
mientras
reservaban
en
SUs
casas
los
empleos
serviles
á
los
jóvenes
rancos-y
galos
mas
distinguidos.
La
digni-
ad
de
clase
y
la
estension
depoder
se
va-
“Maban
por
el
número
de
estosmobles
do-
Mésticos
,
cuya
primer
virtud-era
la
lealtad
A
su
gefe,
y
quese
encargaban,
eomo
dice
*egorio
de
'Pours
,
de
ejecutar
sin
examen
Mio
detencion
las.
urdenes
sanguinarias
y
los
“ASesinatos
que
les
mandaban
cometer.
sus
les:señores:
y
sus
feroces
señoras.
Desde
2
£poca
fatal
se:imudaron
costumbres
,
0-=
nes
d
idioma,
La
fidelidad
doméstica
se
A,
E
a
las
virtudes
públicas
;
el
pundo-
hgumario
ahogó
todo
sentimiento
de
humani
ad;
el
orgullo
feudal
sucedió
á
la
al-
(206)
tivez
delos
francos
y
romanos;
en
fin,
el
tra.
bajo
fue
despreciado
,
y
el
servicio
de:
los
señores
honroso.
Esta
degradacion
de
la
es-
o
humana
fue
lleyada
á
tal
estremo
bajo
os
primeros
sucesores
de
Clodoveo
,
que
Chilperico
dispuso
á.
su
placer
de
la:
suerte
de
los
habitantes
de
Paris:(584).
El
rey
de
España
le
pidió
en
casamiento
á
su
hija
Si-
gonta.
«El
rey,
dice
Gregorio
de
Tours,
mandó
á
un
gran
número
de
los
que
habita-
ban
en
la
capital
las
casas
sometidas
al
fisco,
salir
conssus
familias
en
carros
para
servir
en
la
comitiva
de
la
princesa.»
Aquellos
in
feli-
ces
no
querian
espatriarse
,
y
procuraban
vencer
con
sus
lágrimas
el
corazon
del
tira-
no;
pero
él
mandó
encadenarlos
para
que
no
huyesen.
Separo
al
hijo.
del
pelle
a
la
hija
de
la
madre.
Muchos
se
dieron
'muerte
desesperados,
La
ciudad
resonaba
con
sus
las
mentos,
y
solo
se
vian
maldiciones
contra
€
bárbaro
principe.
La
afliccion
era
tan
gran”
de,
que
podia
compararse
á
la
de
Egipto
en
tiempo
de
las
plagas.
En
fin,
un
gran
núnt-
ro
de
personas
distinguidas,
obligadas:pu"
aquel
órden
inhumano
á
renunciar
á
su
fa-
milia
y
á
su
patria
,
creyendo
que
el
viag*
seria
el
término
de
su
vida,
legaron
sus
bie”
nes
á
las
iglesias,
y
pidieron
que
se
abrieseb
sus
testamentos
apenas
llegase
á
Paris
la
00”
'
ticia
de
haber
entrado
la
princesa
en
el
ter”
ritorio
de
los
visigodos.
Ghilpetico
no
que”
ria
que
hubiese
hombres
de
condicion
ser”
vil
en
la
comitiva
de
su
hija.
La
disposicio?
|
_
(907)
50
que
hacian
de
sus
bienes
al
partir,
demues-
tra
que
eran
hombres
libres;
y:ademas,
la
es-
presion
de:
que
se
vale
Gregorio
de
'Pours,
multi
pero
meliores
natu
,
«muchas
personas
de
nacimiento
distinguido,»
no-
permiten
duda'alguna
en
la
materia
y
y
este
hecho
de-
muestra
que
el
rey
de
los
Pedrcob
disponía
entonces
arbitrariamente
de
las
personas
de
0s
hombres
,
como
si
fuesen
caballerias.
Este
despotismo
habria
durado
quizá
en
occidente
,
como
ha
echado:
raices
en
Asia,
con
oprobio
de
la
especie
humana
,
si
se
hu-
iera
ejercido
solamente
sobre
los
vencidos;
poro
la
ambiciosa
Brunequilde,
la
implaca-
e
Fredegunda
y
sus
esposos
€
hijos
quisie-
ron
someter
los
conquistadores
á
yugo
tan
lgnominioso
+
hicieron
dar
de
puñaladas
á
los
grandes
de
quien'se
recelaban,
y
despo-
Jaron:á
dos
hesidles
de
los
beneficios
que
an-
tes
se
les
habian
prodigado.
El
antiguo
or-
Sullo
de
los
guerreros
francos
despertó
de
'"Mproviso
;
y
dejando
las
cadenas
al
pueblo,
“Odquistaron
su
propia
independencia:
co-
MO
rara
yez
se
detienen
los
ataques
dirigi=
E
contra
el
poder,
en
lugar
de
contentar-
Ne
el
abatimiento
del
trono,
no
pararon
a
arruinarlo.
Habiéndose
hecho:
inde-
Pendientes
,
no
quisieron
que
lo
fuese
el
Ap
su
corona
se
trocó
en
vano
simu=
bras
a
palacio
en
prision:
perdieron
los
itv
ee
mando
de
los
ejércitos
y
sus
pro-
ominigs
:
en
su
nombre
reinaron
los
Sobernadores
elegidos
por
los
grandes;
y
en
(208
)
fin,
solamente
los
titulos
de
las
actas
públi.
cas
y
algunas
ceremonias
tan
suntuosas
como.
inútiles,
anunciaban
á
Francia
que
tenia
re-
yes.
Esta
decadencia
de.la
familia
de-Clodo-
veo
empezó
.en
el
advenimiento
de
Clota-
rió
11,
el
cual
debió
lacorona
a
la
coligacion,
'
de
los
leudes.
La
ambiciosa
aristocracia
dejo:
alguna
autoridad
á
Dagoberto
1;
«pero
mas-
ilusoria.
que
real.
Esta
sombra
de
poder
des.
apareció
cuando
acabó
su.reinado
,
y
sus
dé-
biles
hijos
no
fueron
mas
que
los
primeros
esclavos
de
los
orgullosos
iddmaéstilda
de
sus
palacios.
Clotario
y
Dagoberto
,
obligados
a
sacrificar
4
los
grandes/una
parte
de
su
po-
der,
les
inspiraban
todavía
algun
.temor-
Dignosaun
de
Clodoveo
,
se
mostraron
co-
mo
él
valientes
y
guerreros,
y
jueces.
res”
petados.
Dagoberto
y
visitando
¡incesante-
mente
sus
provincias,-hizo
justicia
en
mur
chas
ocasiones
a
los
hombres
libres.
y.
rez
primió
la-tirania
de
los
leudes..
Es
verdad,
que
segun
la
costumbre
del
siglo
,
ejercio
4
justicia,
asesinando
aun
mas
que
condenan”
do
legalmente
;
er
en-fin',
bo
por
eso
des
jaba
su.severidad
de
inspirar
saludable
te”
mor
á
los
nobles,
y
grande
confianza-al
put”
blo.
Favoreció4
los
obispos
virtuosos,
«y
5
opuso
a
las
empresas
de
los
que
estaban
0%:
minados
por
la
ambicion;
y
este
es
el
origen
:
de
las
diversas
opiniones
que
han
formado
de
este
principe
ná
historiadores
de
aqué
tiempo,
que
todos
eran
eclesiásticos,
Lu
02
cesidad
de
sus
adversarios
llegó
al
estremo
(209)
de
figurar
en
una
escultura,
su
sepulcro,
y
sobre
¿l
su
alma,
que
se
la
llevaba
el
diablo,
'
defendida
y
libertada
por
san
Dionisto
,
san
Mauricio
y
san
Martin.
Á
su
muerte
cesó
Lo=.
da
apariencia
de
respeto
y
temor
a
la
fami-
lia
real,
y
sus
descendientes
no
fueron
para
los
leudes
mas
que
insignias
del
trono
y
es-
clavos
coronados.
Vamos
4
describir
rápidamente
los
poz
cos
sucesos
que
la
oscuridad
de
las
tiempos
nos
ha
trasmitido
sobre
los
reina=
dos
defostós
simulacros;
porque
en
esta
épo-.
ca
se
estinguió
con
Fredegario
la
luz
de
la
istoria
en
las
Galias
;
y
hasta
el
tiempo
en
de
Eginardo
,
secretario
de
Carlomagio,
ió
alguna
claridad
á
aquel
siglo
de
tinieblas,
,
Ro
se
hallan
documentos
históricos
sino
en
as
vidas
y
milagros
de
los
santos
¿
cuyos
au-
tores,
que
eran
monges
retirados
del
mundo
Í
poco
instruidos,
confumden
muchas
veces
Us
lugares
y
Épocas
y
Sucesos.
Se
sabe
con
Certidumbre
que
Dagoberto
,
al
tiempo
de
Morir,
eonfió
sus
hijos
y
estados
4
dos
mi-
Mistros
hábiles
y
digios
de
su
estimacion.
no
fue
Ega,
bastante
sabio
para
Su
siglo,
de
instruido
en
las
leyes
romanas
y
en
las
umbres
de
los
francos
,
que
Veniaw
los
e
á
consultarle
de
todas
las
partes
del
a
El
otro
era
Pipino,
temido
de
los
ae
es,
y
respetado
de
la
nacion
por
su
va-
So
esperiencia.
LR
,
queriendo
a-
echarse
de
sos
luces
,-
y
recelando
su
a
VET
mbicion
>
los
tuyo
cerca
de
su
persona
TOMO
XtHL.
14
"+
:
(210
)
-_mientfas
reinó,
y
poe
el
gobierno
de
Austrasia
al
duque
Adalgiso,
de
cuya
obe-
diencia
no
dudaba.
Pero
apenas
se
hicieron
a
este
monarca
los
últimos
Honores
,
Pipino
volvió
a
Austrasia
,
se
coligó
con
su
virtuoso
amigo
Cuniberto
,
y
Plat
a
Colonia
la
corte
del
jóven
rey
Sigeberto.
Ega
mandó
sobre
Neustria
y
Borgoña
en
nombre
de
Clo-
doveo
IL.
Losgobernadores
de
los
tres
reinos
convocaron
en
Compiegne
la
asamblea
ge-
neral
de
los
francos
,
y
en
ella
se
repartie-
ron
legalmente
los
tesoros
y
estados
dd
Da-
-goberto
entre
sus
dos
hijos.
Poco
tiempo
despues
de
este:acto
,
que
aseguró
para
al-
gunos
años
el
sosiego
de
Francia
,
murio
Pi-
«pino
,
dejando
el
renombre,
muy
raro
en
todos
los
siglos
,
de
gran
político
y
hombre
de
bien.
Su
muerte
causo
turbulencias
en
Austrasia.
Una:
parte
de
los
grandes
queria
elevar
ála
dignidad
de
gobernador
de
pala-
cio
á
Grimoaldo
,
hijo
de
Pipino
:
los
demas
psi
elegir
4
Oton
,
uno
de
los
grandes
ignatarios
de
la
corte
del
rey.Esta
rivalidad
llenó
de
intrigas
y
facciones
,
durante
tres
años
,
el
palacio
de
Sigeberto.
En
fin,
ha-
biendo
muerto
Oton
en
un
desafio
contra
Lotario,
duque
de
los
alemanes,
se
reunie-
ron
todos
los
votos
á
favor
de
Grimoaldo.
El
gobierno
de
palacio
,
4
por
mejor
decir,
el
trono
,
fue
hereditario
desde
entonces
en
la
familia
de
Pipino.
Guerra
de
Turingía.
(642.)
En
este
tiem-
po
los
germanos
viendo
debilitada
la
monar-
|
(211)
quia
francesa,
creyeron
favorable
la
ocasion
para
sacudir
el
yugo.
Rodulfo:,
duque:
de
Turingia,
se
rebeló
,
é
hizo
alianza
con
los
esclavones.
Los
austrasios
marcharon
contra
él.
Su
general
Faron
.sufrid
al
principio.al-
gunos
reveses;
pero
Rodulfo
,
reuniendo
sus
tropas
,
se
apostó
en
un
sitio
ventajoso,
donde
fue
rodeado
por
los
francos.
El
jóven
Sigeberto
no.
se
presentó
en
esta
ocasion
al
frente
de
su
ejército,
sino
en
la
retaguar-
dia
:
la
debilidad
del
principe,
y
la
autori-
dad
todavía
incierta
del
nuevo
gobernador
Grimoaldo
relajaron
los
vínculos
de
la
dis-
ciplina.
Todo:
era
en
el
campamento
frances
eliberaciones
y
discordias,
y
no
se
pensa-
da
en
las
operaciones
militares.
Alfin
se
dió
órden
de
acometer
al
enemigo
:
algunos
leu-
es
obedecen
y
asaltan,
y
los
demas
se
que-
an
en
sus
cuarteles.
Rodulfo,
sabiendo.
es-
tas
disensiones,
se
aprovecha
de
ellas,
hace
Una
salida
vigorosa
,
rompe
las
columnas
tancesas,
y
las
desbarata.
Sigeberto,
en
vez
€
reparar
su
derrota
con
valor,
digno
de
su
amilia,
se
poneú
llorar,
y
consigue
de
Ro-
ulfo
como
un-
favor
la
libertad
de
volver-
Se
a
Francia.
Mientras
Austrasia
se
envile-
ia
por
la
pusilanimidad
de
su
rey,
sufrió
eustria
la
desgracia
de
perderá
Ega,
cuya
Prudencia
aseguraba
el
sosiego
y
la
seguri-
ad
pública.
hata
gobernador
murió
en
el
Palacio
de
Clichy.
Los
neustrios
nombraron
POr
sucesor
4
Arquinoaldo,
que
por
su
ma-=
"e
tenia
parentesco
conla
familia
de
Dago-
(212)
berto.
Clodoveo
II
estaba
bajo
la
tutela
de
su
madre
Nantilde
,
que
por
su
prudencia
y
bondad
habia
fijado
la
inconstancia
de
Da-
goberto
y
ganado
el
afecto
del
clero,
de
los
grandes
y
del
pueblo.
Sabiendo
esta
reina
que
Borgoña,
despues
de
30
años
en
que
no
habia
tenido
gobernador
de
palacio
,
que-
ria
elegir
uno
,
convoco
los
grandes
de
este
reino
ála
ciudad
de
Orleans,
y
consiguió
que
nombrasen
á
su
pariente
Flayent,
leude
prudente
y
vasallo
fiel.
Nantilde
gobernó
todavia
cuatro
años
sin
turbulencias,
conte-
niendo
mas
bien
con
moderacion
que
con
fuerza
la
ambicion
de
los
cortesanos
y
la
osa-
día
de
dos
naciones
belicosas.
Esta
tranqui-
lidad
desapareció
con
ella
;
y
desde
enton=
ces
fueron
enemigas
Neustria
y
Austrasia.
Borgoña
no
podia
permanecer
indiferente
en
esta
lucha
duradera
,
y
su
gobernador
se
unió
al
de
Neustria
para
reprimir
la
ambi-
cion
de
los
austrasios.
El
nuevo
gobernador
de
Borgoña
no
gozó
tranquilamente
de
su
dignidad.
Habiendo
tomado
las
armas
para
refrenar
al
duque
de
la
Borgoña
transjurana
que
se
habia
rebelado,
los
lendes
de
entram-
bos
partidos
los
obligaron
á
reconciliarse,
y
á
jurar
la
paz
sobre
los
relicarios
de
los
sam»
tos.
Pero
en
aquellos
tiempos
bárbaros
el
perjurio
seguia
inmediatamente
al
juramen-
to,
y
habiéndose
reunido
en
Autun
los
gran-
des
de
Borgoña
para
consolidar
la
paz,
el
duque
de
la
Transjurana
fue
asaltado
en
su
alojamiento
por
los
sirvientes
de
Flavent
y
(213)
Arquinoaldo
,
que
le
asesinaron
y
robaron
sús
equipdges.;
.
229?
a
oia
tienes
Mientrás
Francia,
no
conservando
otra
virtud
que
el
valor
,
parecia
defendida
mas
por
bandidos
que
por
guerreros
,
el
impe-
rio
de
oriente
,
recobrado
nn
poco
con
las
hazañas
de
Heraclio,
volvió
a
caer
bajo
una
vergonzosa
tiranía
,
y
acelerando
su
deca-
dencia
con
las
disensiones
religiosas
,'entre=
_gaba
indefensas
la
Italia
á
los
lombardos
,
y
el
Asia
y
el
Africa
al
fanático:
valor
de
los
musulmanes.
Abubecre
y
Omar
,
feroces
sucesores
de
Mahoma
,
se
apoderaron,
casi
recorriéndolas
,
de
Siria,
Persia,
Fenicia,
Palestina
y
Egipto.
La
cuchilla
del
profeta
halló
en:
todas
partes
leves
ostáculos
:
los
Pueblos,
fatigados
con
los
impuestos
,
con
el
lujo
de
las
cortes,
con
la
innoble
tiranía
de
los
euñucos,
con
la
cobardía
de
las
le-
Sionés,
y
con
la
pertinacia
de
las
sectas,
pa-
tecian
solicitar
ellos
"mismos
el
yugo
de
a-
Tellos
intrépidos
guerreros
que
les
ofre-
Clan
ligeros
tributos
,
descanso
en
la
tierra,
y
<ternos
deleites
sensuales
en
la
otra
vida.
“Sta
nueya
potencia,
corriendo
por
el
mun-
(to
como
un
torrente,
amenazaba
subyugar-
20
todo
entero.
La
antigua
civilizacion
se
"endia
4
la
cimitarra
agarena;
y
el
mahome-
Po
no
halló
ostáculo
que
le
detuviese
ASta
que
le
salieroñ
al
encuentro
las
selvá-
!0as
falanges
de
los
francos
que
un
héroe
li-
las
momentáneamente
de
la
anarquía
pa-
Conducirlas
á
la
gloria.
214
Hambre
en
Masini?
(645.)
El'
azote
del
hambre
asoló
á
Neustria
,
y
el
consejo
de
Clodoveo
II
recurrió
para
comprar
granos
á
las
riquezas
de
los
templos.
Gon
este
ob=
jeto
se
apoderó
de
las
láminas
de
plata
que
adornaban
el
tabernáculo
y
el
NC
de
sar
Dionisio.
Esta
Operacion
fue
muy
censu-
rada,
tanto
por
haberse
hecho
con
violen-
cia
,
como
porque
no
parece
que
las
demas
clases
'opulentas
contribuyeron
en
propor-
cion
al
alivio
de
aquella
calamidad.
¿Cinco
d
mueve
años
despues
,
porque
la
cronología
es
incierta
en
aquellos
tiempos
en
que
no
habia
gloria,
murio
Sigeberto,
rey
de
Austrasia.
Sepultósele
en
Metz,
y
despues
se
le
trasladó
á
Nancy.
e
do
el
trono
estaba
muy
envilecido
,
su
hijo
Dago-
berto
no
subió
á
él
sin
difienltad;
porque
la
familia
de
Pipino
era
ya
rival
de
la
de
Glo-
doveo.
Grimoaldo,,
gobernador
del
palacio,
queria
alejar
4
Dagoberto
del
trono
con
el
pretesto
de
que
su padre
habia
adoptado
a
Childeberto
,
hijo
del
mismo
Grimoaldo;
pero
los
grandes
y
el
pueblo
se
opusieron
4
esta
usurpación
,
y
se
difirid
para
mas
ade-
lante.
Sigeberto
mereció
por
su
piedad
ser
contado
en
el
número
de
los
santos
:
su
es-
posa
se
llamaba
Sannechilde,
que
en
len-
guage
franco
quiere
decir
hija
del
sol.
Clodoveo
IF,
rey
de
Neustria
y
Borgo”
ña:
Dagoberto
,
rey
de
Austrasia.
(650.)
Dagoberto
,
puesto
bajo
la
tutela
de
un
g0”
bernador
enemigo
suyo,
gozó
no
mas
que
(215)
18
meses
de
la
corona
que
apenas
le
habian
ceñido.
Grimoaldo
empleó
este
tiempo
en
ganar
con
sus
liberalidades
alosseñores
prin-
cipales.
Cuando
se
creyó
bastante
poderoso,
hizo
que
Didon,
obispo
de
Poitiers,
cortase
el
cabello
al
jóven
rey
,
y
le
desterró
á
Ir=
landa,
donde
vivió
muchos
años
oscurecido,
y
mas
feliz
que
entre
el
esplendor
pasagero
del
trono.
192
Su
madre
Sonnechilde
se
retiró
a
Neus-
tria
bajo
la
proteccion
de
Clodoveo.
Gri-
moaldo
ciñó
con
la
diadema
real
la
frente
de
su
hijo;
pero
esta
osadía
escitó
la
indigna-
cion
de
los
austrasios
:
formaron
una
conspi-
racion
contra
él,
le
acometieron
,
le
pren-
dieron
y
le
entregaron
á
Clodoveo.
Fue
juz-
gado
por
los
grandes,
condenado
y
ajusti-
ciado.
Childeberto
,
su
hijo
,
pereció
0
des-
apareció.
Clodoveo,
castigada
la
usurpación,
se
aprovechó
de
ella,
y
en
vez
de
llamar
á
agoberto
de
su
destierro,
fingió
ignorar
á
qe
lugar
se
habia
retirado,
reunió
toda
rancia
bajo
su
cetro,
4
mas
bien,
bajo
el
Poder
de
Arquinoaldo,
gobernador
de
su
Palacio
,
el
cual
gobernó
sin
rivales
los
tres
"emos,
porque
Flavent
acababa
de
morir,
y
nO
se
eligió
sucesor.
N
Clodoveo
II,
rey
de
toda
Francia.
(653.)
Po
es
posible
decidir
si
Clodoveo
1
mereció
almente
,
por
la
nulidad
de
su
caracter,
*
Ser
contado
en
el
número
de
los
reyes
hara-
Sanes,
ó
si
solo
fue
la
desgracia
de
los
tiem=
Pos
la
que
le
obligó
á
obedecer
á
sus
vasa-
(216)
Mos,
haciendo
inútiles
sus
esfuerzos.
Lo
que
da
á
sospechar
que
tuvo
algunas
virtudes,
es
que
los
adas
orgullosos
procuraron
disfa-
mar
su
memoria
con
cierto
furor
que
ordi-
nariamente
no
escita
la
debilidad.
Las
pocas
noticias
que
han
couservado
las
crónicas
in-
dican
con
claridad
que
este
principe
procu-
ró
,
aunque
en
vano,
aliviar
á
sus
pueblos
y
enfrenar
la
tiranía
anarquica
de
los
grandes;
mas
ya
no
era
tiempo.
Aquella
aristocracia
ignorante,
orgullosa
y
turbulenta,
se
arrai-
gaba
mas
profundamente
cada
dia.
Los
Jeu-
des
se
fortificaban
en
sus
ducados
,
conda-
dos
y
castillos,
y
reunian
partidarios
que
compraban
su
proteccion
sometiéndose;
y
asi,
en
aquel
siglo
de
desórden
,
cada
uno
sacrificaba
una
parte
de
sus
derechos
y
de
su
independencia
con
la
esperanza
de
obte-
ner
algun
sosiego
ó
seguridad,
d
con
las
ar-
mas
y
servicios,
0
con
tributos,
0
con
el
en-
tero
abandono
de
la
libertad.
La
necesidad
dió
nacimiento
en
aquella
nobleza
indisci-
plinada
á
cierta
gerarquía,
fuente
y
origen
del
monstruoso
sistema
feudal,
del
cual
que-
dan
vestigios
todavía,
y
que
entonces
con-
tribuyó
en
algun
modo
4
salvar
á
los
pue-
blous
europeos
de
la
barbárie
en
que
cayeron
las
naciones
de
oriente.
Una
esclava
jóven,
bella
y
virtuosa,
vi-
«no
entonces
á
Francia
á
sostener
a
Clodoveo
en
la
lid
peligrosa
que
sostenia
para
con-
servar
a
los
francos
y
á
los
"germanos
algu-
nos
vestigios
de
libertad.
Batilde
,
descen”
(217)
diente
de
uno
de
los
principes
sajones
que
conquistaron
á
Inglaterra,
fue
robada
en
su
infancia
por
unos
piratas,
y
vendida
despues
a
Arquinoaldo,
el
cual
¿deseando
unir
sus
dos
cautivos
,
la
casó
con
el
rey.
Clodoveo
tuvo
de
ella
tres
hijos
,
Clotario,
Childeri-
co
y
Tierry.
El
primero
sueedió
á
su
padre,
y
poseyó,
bajo
la
tutela
«le
Batilde
y
la
fé-
rula
de
Arquinoaldo
,
las
coronas
de
Neus-
tria
y
Borgoña:
el
segundo
reinó
en
Áustra-
sia,
0
por
mejor
decir,
vió
reinar
en
su
nom-
bre
á
un
leude,
llamado
Ulfoaldo,
que
los
austrasios
eligieron
por
gobernador
de
pala-
cio:
el
tercero,
que
estaba
aun
en
la
cuna
cuando
murió
Clodoveo
11,
no
tuvo
parte
alguna
en
su
herencia.
Clodoveo
reino
17
a-
ños.
El
autor
de
los
Hechos
cree
que
murió
envenenado.
Se
le
acuso
de
desacato
,
por=
que
separó
un
hueso
del
brazo
de
san
Dioni-
S10
para
ponerle
en
un
escapulario
que
siem-
Pre
traia
consigo.
En
aquel
siglo
de
igno-
Tancia
,
los
campos,-
otro
tiempo
tan
férti-
€s,
yacian
estériles
y
desiertos
:
el
pueblo
NO
se
informaba
ni
de
los
motivos
de
las
le=
Yes,
ni
de
las
declaraciones
de
guerra,
ni
DES
cláusulas
de
los
tratados
de
paz
:
so-
Mal
0,
ignorante
y
esclavizado
,
solo
ha-
“Aba
consuelo
en
los
sentimientos
reli-
510s0s,
de
EAtario
TIT,
rey
de
Neustria
y
Borgo
0d
el
y
Prey
de
Austrasia.
(655.)
ernad
os
dormian
sobre
el
trono:
dos
go-
Ores
de
palacio
reinaban
en
Francia;
(218)...
pero
el
órgullo
de
estos
ministros
se
vid
pre»
cisadoá
dejar
alguna
autoridad
á
la
reina
Ba-
tilde.
Esta
princesa
habia
sufrido
con
valor
la
esclavitud,
Y
lleyó
el
cetro
con
dignidad.
Su
firmeza
la
hizo
respetable
,
y
amable
su
humanidad.
Siguiendo
los
consejos
de
san
Leger,
obispo
de
Autun
,
y
de
san
Oven,
obispo
de
Ruan,
contuvo
durante
diez
a-
ños
la
turbulencia
de
los
leudes,
y
preser-
yó
su
reino
de
las
convulsiones
á
que
fre-=
cuentemente
lo
esponia
la
codicia
de
los
grandes.
Antes
de
su
reinado
los
galos
d
ro-
manos
libres
pagaban
una
capitacion
que
los
arruinaba.
Batilde
los
libertó
de
ella:
su
jus-
ta
severidad
prohibió
á
los
judios
el
comer»
cio
vergonzoso
que
hacian
de
niños
cristia=
A
nos,
vendidos
por
la
avaricia
de
los
señores
9
por
la
miseria
delos
padres.
Los
reyes
des»
de
muchos
años
antes
habian
contraido
la
criminal
costumbre
de
vender
los
beneficios
eclesiásticos.
Batilde
los
dió
gratuitamente
al
mérito
y
ála
piedad.
Hizo
muchas
dona-
ciones
al
Ni
fundó
un
monasterio
de
mon=
go
en
Corbie
,
y
otro
de
religiosas
en
Che-
es
,
únicos
asilos
entonces
del
saber
y
de
la
virtud.
Su
deferencia
al
clero
atrajo
mu-
chos
obispos
á
la
corte,
cuyo
poder
y
con-
sejos
creyó
útiles
para
afirmar
su
autoridad;
pero
habiendo
muerto
Arquinoaldo
,
autor
de
la
elevacion
de
Batilde,
y
su
mas
firme
apoyo,
Ebroino,
que
le
sucedió
en
la
dig-
nidad
de
gobernador
de
palacio
,
envidioso
del
favor
que
gozaba
cerca
de
la
reina
Le-
(219)
ger,
obispo
de
Autun
,
calumnió
á
la
vir-
tuosa
princesa,
y
la
acusó
de
tener
intimi-
dad
deshonesta
con
otro
obispo
llamado
Si-
ebrando.
Los
grandes
irritados
asesinaron
á
este
prelado
;
y
Batilde
,
disgustada
de
la
ingratitud
de
la
corte
y
de
la
inercia
del
pueblo,
una
y
otro
tan
poco
dignos
de
clla,
bajó
del
trono
,
y
tomó
el
velo
de
religio-
sa
en
Chelles,
donde
vivió
menos
pode-
rosa
y
mas
feliz.
La
infame
envidia
le
qui-
to
el
cetro
:
la
gratitud
tardía
consagró
su
gloria.
Libre
de
su
importuna
virtud,
fue
Ebroi-
no
déspota
de
Neustria
y
Borgoña;
pero
se
abrió
un
nuevo
sendero
para
la
tiranta.
Este
Mario
de
los
francos,
tomando
la
máscara
popular,
aparentó
favorecer
la
causa
de
lbs
hombres
libres
contra
la
dominacion
de
los
grandes;
y
el
pueblo,
ciego
instrumento
siempre
de
los
ambiciosos
que
le
adulan
en
su
miseria,
aplaudió
los
conatos
del
gober-
nador,
dirigidos
solamente
á
mandar
sin
0s-
táculos
ni
rivales.
Acometió
a
los
grandes
con
osadía,
desterró
á
los
unos,
quitó
a
los
otros
sus
beneficios,
y
solo
confió
los
desti-
nos
á
los
que
le
vendian
sus
servicios;
mas
solo
los
empleaba
en
las
provincias
donde
no
tenian
tierras
ni
vasallos.
Las
gracias
de-
pendian
de
su
favor:
los
suplicios
de
su
a-
borrecimiento:
vendia
la
justicia
y
amedren-
taba
con
su
osadía
á
los
leudes
mas
orgullo-
sos.
Sin
embargo,
encontró
en
su
marcha
violenta
un
ostáculo
que
por
mucho
tiempo
220
no
pudo
derribar:
el
partido
aristocrático
euyo
abatimiento
deseaba,
se
unió
con
san
Leger,
obispo
de
Autun
y
amigo
de
Batilde,
á
quien
se
persiguió
constantemente
con
fu-
ror,
y
que
fue
defendido
con
no
menos
per-
severaucia
por
la
veneración
pública.
El
rey
Clotario,
testigo
insensible
de
esta
lucha
os-
tinada,
reinó
algunos
años
todavía
bajo
la
tutela
del
feroz
Ebroino;
y
murid
sin
tener
hijos,
despues
de
haber
llevado
la
corona
caz
torce
años.
Unos
historiadores
dicen
que
fue
enterrado
en
Chelles:
otros
que
en
san
Dio-
nisio.
El
lugar
de
su
sepultura
es
tan
ignora-
do
como
su
vida.
rdrsi
Tierry
,
rey
de
Neustria
y
Borgoña.
(668.)
Los
francos
respetaban
todavia
los
derechos
á
la
corona
de
los
principes
mero-
vingios;
pero
no
les
permitian
egercerlos
sino
pc
los
habian
reconocido
y
eleva-
do
sobre
el
paves,
segun
el
uso
antiguo.
Esta
era
algunas
yeces
ceremonia
mas
bien
que
garantia;
pero
en
otras
ocasiones
usaba
la
nacion
del
poder
que
se
habia
reservado
pa-
ra
escoger
entre
los
principes
al
que
desea-
ba
coronar.
,
El
temerario
Ebroino
irritó
á
los
francos
elevando
al
trono,
de
su
propia
antoridad,á
Tierry
,
última
hijo
de
Clodoveo
IT.
Los
ueblos
de
Neustria
y
Borgoña,
acostum-
e
á
obedecer,
murmurabán
sin
atre-
verse
á
manifestar
su
descontento;
pero
los
grandes,
indignados,
se
sublevaron.
El
obis-
po
de
Autun,
su
consejero
y
gefe,
se
con-
Nación
(221)
certó
con
Ulfoaldo
para
reunir
las
tres.coros
nas
de
Francia
en
la
frente
de
Childerico.
Los
austrasios
toman
las
armas,
y
se
presen
tan
inesperadamente
en
Neustria.
Ebroino,
acometido
por
los
grandes
de
los
tres
rei-
nos,
fue
abandonado
por
el
pueblo:
busco
asilo
en
una
iglesia,
que
defendió
su
vida
y
no
su
autoridad
:
cortósele
el
cabello,
y
se
le
encerró
en
el
monasterio
de'
Luxeuil.
Tierry,
su
débil
pupilo,
principe
sin
po-
der,
gefe
sin
ejército,
rey
sin
vasallos,
fue
desterrado
al
convento
de
san
Dionisio,
y
Childerico
fue
declarado
rey
de
los
tres
rei-
nos
por
el
consentimiento
universal.
Childerico
11,
rey
de
toda
Francia.
(670.)
Esta
revolucion,
destruyendo
las
esperan-
zas
del
partido
popular,
afirmaba
la
domi-
de
los
grandes;
pero
siendo
esta
har=
to
imperiosa
y
anárquica,
daba
inquietud
á
su
propio
gefe.
El
¿fe
eS
Ulfoaldo,
cómplice
0
esclavo
de
las
pasiones
de
los
leudes,
hacia
vanos
esfuerzos
para
contener
sus
usurpaciones
progresivas.
San
Leger,
por
su
carácter
y
la
veneración
que
se
le
te-
nia,
adquirido
ascendiente
saludable
sobre
el
ánimo
del
rey:
le
hizo
conocer
la
necesidad
e
que
él
y
su
pueblo
se
libertaran
del
yu-
eS
de
los
señores;
y
Childerico,
conformán-
0se
con
el
voto
público,
promulgó
orde-
bauzas
dirigidas
á
reducir
ásus
antiguos
Ji-
Mites
la
autoridad
de
los
patricios,
condes
y
duques,
que
querian
ser
independientes
Y
hacer
inamovibles
sus
destinos.
Indigna-
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