scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El agua en la frontera México-Estados Unidos

Bustillos Durán, Sandra

Full text

Araucaria. Año 6, Nº 11 Primer semestre de 2004 El agua en la frontera México-Estados Unido Sandra Bustillos Durán | UACJ, México Introducción Durante la segunda mitad del siglo XX, la frontera México-Estados Unidos experimentó una acelerada expansión demográfica, que se reflejó en los patrones de consumo de agua para diferentes usos, especialmente municipal e industrial, lo cual ha llevado a una competencia cada vez más acendrada entre los tradicionales usuarios agrícolas, las ciudades en constante crecimiento y los ecosistemas naturales. La industrialización de las ciudades fronterizas ha corrido pareja con el crecimiento poblacional y la demanda de agua, pero también con la profundización de problemáticas ambientales, situaciones todas agravadas por la disminución en la disponibilidad del recurso, no solo por el uso, sino también como consecuencia de las largas sequías que periódicamente azotan esta región del mundo. La competencia por el agua (superficial y subterránea) es una constante en las cuencas, lo que por sí mismo es un conflicto potencial, favorecido aún más por el hecho de que casi la mitad de la frontera internacional está delimitada por el Río Bravo/Grande.Históricamente, la agricultura ha sido el principal usuario de agua. A lo largo de las cuencas transfronterizas de los ríos Bravo y Colorado se localizan importantes zonas agrícolas que consumen la mayor proporción del agua de estos ríos y realizan considerables aportaciones a sus respectivas economías regionales. La importancia de la agricultura resulta evidente en la reglamentación relativa al uso de corrientes superficiales de agua a nivel local, regional, nacional e internacional, que le adjudica la mayor proporción.La disputa por el agua en la región adquiere visos de mayor conflictividad conforme los actores involucrados incrementan el nivel de sus exigencias, en el contexto general de disponibilidad decreciente del recurso: menos agua y más participantes en el reparto. Los agricultores demandan respeto por las cantidades asignadas a su actividad, pero las ciudades exigen cada vez más agua para abastecer a sus poblaciones, así como a los sectores industriales y comerciales. Y los grupos ambientalistas que surgieron en la región en la década de los noventa pugnan por una relación más equilibrada con la naturaleza, ya que la sobreexplotación del recurso ha derivado en graves daños a los ecosistemas.La problemática del agua en la franja fronteriza involucra, junto a los actores mencionados anteriormente, a los gobiernos en sus diversos ámbitos de injerencia (local, regional, nacional, internacional), ya que la mayor parte de las fuentes de abastecimiento son compartidas entre países, estados, municipios y localidades, con la cauda implícita de dificultades que lleva tras de sí la existencia de diferencias a nivel internacional, en virtud de que el agua, en Estados Unidos, es considerada como un problema local o regional, en tanto que en México se considera competencia federal, por lo que desde esta perspectiva, la cuestión adquiere la magnitud de problema internacional. Y justamente son tratados internacionales en materia de aguas lo que regula la distribución del agua de los ríos Bravo y Colorado en la zona de la frontera México-Estados Unidos. Las aguas superficiales están totalmente adjudicadas, tanto a nivel internacional entre los dos países, como a nivel doméstico entre estados, condados, municipalidades. Los depósitos subterráneos están sobreexplotados y limitados, pero no sujetos a regulaciones internacionales.El aguaEl agua es fuente de vida. No sólo es indispensable para consumo humano y para el desarrollo de las actividades humanas (agricultura, industria, servicios), sino que es fundamental para conservar la biodiversidad y mantener equilibrados los ecosistemas naturales. La escasez de agua es uno de los problemas más serios que enfrenta actualmente la humanidad, en particular en las zonas desérticas, donde resulta difícil encontrar nuevas fuentes de abastecimiento. La sostenibilidad depende en gran medida del aprovisionamiento de agua en la calidad y cantidad necesarias para las diferentes actividades y usos. La agricultura requiere de grandes volúmenes en ciertas temporadas, y las poblaciones humanas y los ecosistemas naturales la exigen de manera permanente. Históricamente, el manejo de aguas trasfronterizas ha sido un punto álgido de las relaciones entre estados [1] , y su dificultad y complejidad se incrementa en la medida en que la demanda del recurso crece paralelamente a la población y se agotan y contaminan las fuentes de abastecimiento de agua dulce. La frontera México-Estados Unidos no solamente no escapa a esta regla, sino que la geopolítica la ha colocado en situación especialmente difícil, como límite entre el centro y la periferia del sistemamundo. Pero más allá de las cuestiones técnicas, si es o no suficiente la disponibilidad del recurso, la gestión del agua en esta zona se ve influenciada y a su vez influye en la dinámica de las relaciones México-Estados Unidos, como se ha visto en la disputa binacional de los últimos años a causa de la "deuda del agua" en la cuenca del Río Bravo, y en torno a disputas de tono cada vez más alto en la del Colorado, tanto dentro de Estados Unidos como entre los dos países.La regiónLa región fronteriza México-Estados Unidos es una de las más dinámicas del continente americano; se localiza alrededor de los treinta grados de latitud norte, en el área de las grandes zonas áridas del mundo; en esta región se ubican los desiertos Sonorense y de Chihuahua. Se extiende a lo largo de más de 3,100 kilómetros, desde el golfo de México hasta el Océano Pacífico, y 100 kilómetros a partir de la línea divisoria. Ambos países comparten una gran diversidad de hábitats, climas, especies animales y vegetales y recursos naturales. En las cuencas de los ríos Colorado y Bravo, a ambos lados de la frontera, se localizan importantes zonas agrícolas, así como pujantes centros urbanos en los denominados pares de "ciudades gemelas"[2] . Dentro de los primeros destacan los valles Imperial y Mexicali en el Oeste, Valle del Paso y de Juárez en la porción central y Bajo Río Bravo en el extremo oriental. Por lo que respecta a las segundas, entre las principales figuran Tijuana-San Diego, Mexicali-Calexico, Juárez-El Paso, Laredo-Nuevo Laredo, Matamoros-Brownsville.Esta vasta zona presenta una múltiple problemática relacionada con el agua: en las últimas décadas ha experimentado acelerados niveles de crecimiento poblacional, y por tanto de consumo de agua; registra asimismo elevados niveles de contaminación y agotamiento de las fuentes del recurso, y finalmente, se localiza casi en su totalidad en el desierto y comparte este recurso con los Estados Unidos. Pero al igual que los dos países comparten agua y aire, presentan amplias diferencias en cuanto a problemáticas sociales, políticas, económicas y culturales.Actualmente la población fronteriza alcanza alrededor de doce millones de habitantes, resultado de la expansión poblacional de los últimos veinte años, a raíz de la instrumentación del programa de industrialización fronteriza con base en la maquiladora de ensamble, que arrancó en México a mediados de los años sesenta, y que a la fecha cuenta con alrededor de 1700 plantas a lo largo de la frontera[3] . Aproximadamente, el 65% de la población se localiza en los principales municipios y condados urbanos. En los Estados Unidos se concentra en el condado de San Diego, California, donde se ubica el 25% de la población fronteriza (2.6 millones); Pima, Arizona, con un 7% (780 mil habitantes) y El Paso, Texas, con el 6% (678 mil habitantes). En México, los municipios más grandes son Juárez, Chihuahua, con el 10% de la población fronteriza (1.01 millones); Tijuana, Baja California, con el 9% (991 mil habitantes) y Mexicali con el 7% (696 mil habitantes). Pese a la aparente homogeneidad en la distribución, el ritmo de crecimiento anual en las décadas de los años ochenta y noventa presenta amplias diferencias en ambos lados de la frontera: mientras que en la parte norteamericana disminuyó del 3 al 2.4%, en el lado mexicano creció del 3.1 al 4.5%, y las proyecciones sugieren una población de 19 millones de habitantes en 2020 (9 en los Estados Unidos y 10 en México, Peach and Williams, 2003:53). El dinamismo demográfico se concentra en San Diego-Tijuana y Juárez-El Paso, pero con ritmo mayor en el lado mexicano de la frontera.El crecimiento urbano y los estilos de vida también inciden de manera decisiva en la modificación de los patrones de consumo de agua a ambos lados de la frontera: mientras que en Estados Unidos el promedio es de 615 litros por segundo al día, en México es de 435 litros (Westerhoff, 2003:5), y se espera aumenten en la medida en que mejoren los niveles de vida de las localidades fronterizas, en especial las mexicanas.A pesar de que la problemática actual se centra en las localidades urbanas, en las zonas rurales se padecen graves problemas asociados a la escasez y calidad del agua: exposición a todo tipo de agroquímicos: pesticidas, fertilizantes, herbicidas que contaminan agua y suelos, y por ende la disminución dramática en los niveles de vida de los habitantes del medio rural. Para los agricultores mexicanos, la situación ha adquirido tintes catastróficos, debido al olvido en que los últimos gobiernos han sumido al sector agrícola nacional y la desprotección que ha significado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN-NAFTA), firmado en 1993.La presión demográfica sobre el recurso en muchos puntos de la frontera está obligando a cambiar los patrones de utilización del recurso y las modalidades de abastecimiento que implican conservación y reutilización. Ademas ha ido desarrollandose paulatinamente la alternativa de crear mercados de agua, como estrategia que permita transferir agua agrícola hacia usos urbano-industriales (Ganster, Sweedler and Clement, 2003:85-86) hoy día una de las posibilidades más viables para proporcionar agua dulce a ciudades y municipios, lo que trae a la mesa de discusión el tema de la reutilización de aguas servidas, y por ende el de las amplias carencias que presenta la región en infraestructura, especialmente en el lado mexicano, a fin de dar al agua la calidad requerida para llevar a cabo el trueque de agua con los usuarios tradicionales con derecho sobre la misma: los agricultores.Haré una breve descripción de las principales fuentes de agua (y de conflicto potencial también) en la región fronteriza: el río Bravo/Grande, el río Colorado y, a menor escala, el río Tijuana.Río BravoEl río Bravo/Grande es el quinto río más largo de América del Norte, con una longitud de 3033 kilómetros; en su recorrido forma una de las mayores cuencas de Norteamérica, con un área de 467,000 km2, en su mayor parte árida o semiárida. El río nace en las Rocky Mountains del estado norteamericano de Colorado, atraviesa Nuevo México y una pequeña porción del extremo suroccidental de Texas, antes de convertirse en la línea divisoria entre México y Estados Unidos, desembocando al fin en el Golfo de México. Sus principales tributarios en México son los ríos Conchos y San Juan, y el Pecos en los Estados Unidos. En su cauce se construyeron las presas internacionales Falcon (1953) y Amistad (1968).El río Bravo/Grande no sólo delimita una parte importante de la frontera, sino que tiene un carácter vital, ya que es la principal fuente de agua para las actividades rurales y urbanas de esta región; asimismo, constituye el soporte de una gran variedad de ecosistemas naturales. Aproximadamente trece millones de personas dependen directa o indirectamente del río. Sus aguas han sido sobreexplotadas a lo largo y ancho de la cuenca, a fin de abastecer a la agricultura, así como a los sectores industriales y domésticos urbanos. En su recorrido por territorio estadounidense, la distribución del agua está regulada por un convenio entre Texas y Nuevo México, que otorga a cada uno de ellos una proporción del caudal del río, lo que ha dado pie a una serie de disputas entre ambos estados; por otra parte, la distribución del agua entre México y Estados Unidos esta regulada por dos tratados internacionales: el de 1906 y el de 1944. En Estados Unidos, no obstante, los derechos sobre el recurso han sido sobreapropiados, de manera que exceden casi en el doble a la capacidad efectiva disponible (Kelly, Solís y Kouros, 2001). Mientras, la sequía que ha asolado el norte de México en los últimos años ha reducido considerablemente las aportaciones del Río Conchos al caudal del Río Grande/Bravo, afectando tanto a la agricultura de ambos países, como a los centros urbanos en la región media y baja de la cuenca.Los complejos ecosistemas localizados a lo largo de la cuenca del Río Bravo/Grande han sido sustancialmente modificados por las actividades humanas, en particular por la construcción de las grandes presas y la práctica de la agricultura. El sobreuso de las aguas del río es tan intenso que, en la temporada de estiaje, el caudal desaparece completamente, como en la zona de El Paso-Porvenir-Ojinaga, dejando tan sólo el lecho seco del río. Otro efecto de la sobreexplotación es el alto nivel de contaminación química y biológica derivada de las descargas de sistemas de drenaje escasamente tratadas de las localidades urbanas (Ganster, 2003:99), así como la salinización de los suelos agrícolas debido a la gran cantidad de agroquímicos que se utilizan en la cuenca y se depositan en las partes más bajas (Cervantes, 1993:76).Río ColoradoEl Río Colorado tiene una extensión de 2,334 kilómetros desde su nacimiento en las Rocky Mountains de Colorado, en una cuenca de aproximadamente 644,000 kilómetros cuadrados; atraviesa los estados norteamericanos de Utah, Nevada, California y Arizona y desemboca en el Golfo de California, en México. En Estados Unidos abastece de agua a amplias zonas agrícolas, y a las ciudades de Los Ángeles y San Diego. En México es el soporte de la vasta zona agrícola de los Valles de Mexicali y San Luis Río Colorado, así como las ciudades de Mexicali y Tijuana, para consumo urbano. Desemboca en el mar con un exiguo caudal altamente salinizado, en el estuario desértico más grande de América del Norte, con humedales que albergan una gran variedad de especies vegetales y animales.El delta del Colorado actualmente ocupa una superficie de 8,000 hectáreas de humedales y 48,000 de pantano en la costa, (comparativamente con 760,000 hectáreas en los años cuarenta, antes de la construcción de las grandes presas). Históricamente ha sido el hogar de los indios cucapás, pero en los últimos cincuenta años, la disminución del caudal y la baja calidad de las aguas, con altos contenidos de contaminantes (pesticidas y fertilizantes) y de sales que llegan a México en esta región, ha provocado un deterioro ambiental sin precedentes, que amenazan no solo a las especies vegetales y animales, sino también a los seres humanos. Miles de hectáreas antes cultivables, ahora están cubiertas por una capa blanca de sales, debida al uso y reuso del agua en la parte superior de la cuenca, y al escurrimiento de aguas salobres del valle WeltonMohawk de Arizona, hacia el Valle de Mexicali (Cervantes, 1993:79-80).Las tasas de crecimiento de los tres estados de la cuenca inferior del Río Colorado (Arizona, California y Nevada) son de las más altas en Estados Unidos. Asimismo, las proyecciones para el año 2020 indican que la población dependiente del agua del Colorado será de más de 38 millones de personas en Estados Unidos y de alrededor de 6 millones en México (Coronado, 1999; Peach and Williams, 2003:64).En 1964, el congreso norteamericano tomó la resolución de distribuir el agua del Colorado (18 mil millones de metros cúbicos de escurrimiento promedio) de la siguiente manera: Arizona, 3.8 millones de metros cúbicos (2.8 del Colorado más 1.0 del Río Gila), Nevada, 0.3 millones de metros cúbicos, y California 4.4 millones, 2.5 de los cuales son destinados a uso agrícola y 1.9 a uso urbano (Román, 1993:13-14), sin considerar la posibilidad de destinar más agua a México para salvar el delta del río.En la cuenca del Colorado han empezado a conformarse mercados de agua agrícola para venderla a las ciudades. El distrito de riego de Imperial Valley diseñó su canal All American a lo largo de la frontera para ahorrar 21,842 millones de galones de agua, que venderá a la ciudad de San Diego, agua que actualmente se infiltra al subsuelo para recargar los mantos freáticos del Valle de Mexicali. Una vez concluida la obra, el recubrimiento del canal perjudicará aproximadamente 26,000 hectáreas de cultivos de agricultores mexicanos, y además dañará los ecosistemas de la zona (Roman, 1993:28-30).Todo indica que a medida que se incremente la demanda de agua en la cuenca, se incrementarán también los conflictos entre vecinos a nivel local, regional, estatal y binacional: entre los usuarios de las zonas agrícolas y las ciudades, entre los estados, y entre México y Estados Unidos. Río TijuanaEl río Tijuana nace en el estado de Baja California Norte, tiene una corta longitud extensión y su dirección es sur-norte, desemboca en la bahía de San Diego, California. La cuenca del río ocupa una superficie aproximada de 4,480 kilómetros cuadrados, de los cuales 3,000 se ubican dentro de territorio mexicano y el resto en Estados Unidos. En su interior se localizan Tijuana y San Diego; la primera es una de las ciudades mexicanas de mayor crecimiento en los últimos veinte años, la segunda es una gran metrópoli del sur de California. El agua del río Tijuana es utilizada en la zona rural de la cuenca, ya que ambas ciudades dependen del río Colorado para abastecer sus respectivas demandas del recurso. Antes de los ochenta, el sistema de agua potable de Tijuana se abastecía en la propia cuenca, a través del almacenamiento en la presa Rodríguez (De la Parra, 1993:100); pero a partir de los noventa ha ido incrementando su dependencia de fuentes ajenas a la cuenca, en particular del río Colorado. Es el único río localizado en ambos países cuyo uso no está reglamentado debido a su exiguo caudal, si bien en los últimos años se ha registrado una serie de conflictos menores en la región por la descarga de aguas negras procedentes de territorio mexicano en la bahía de San Diego. Al respecto, el Tratado de 1944 establece que "(...) el uso de cauces internacionales para la descarga de aguas y avenidas o de otros excedentes, estará libre y sin limitaciones para ambos países, y ninguno podrá hacer reclamaciones por daños".Tratados internacionales de aguaDesde que se rediseñó la línea fronteriza después de la guerra de 1848 entre México y Estados Unidos, ha tenido lugar una serie de conflictos de mayor o menor gravedad asociados a la distribución de los recursos naturales de la zona limítrofe. A fin de solucionar esta problemática, en el siglo XIX fue creada la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) [4] , organismo binacional que ha atravesado el XIX y el XX teniendo como principal objetivo prever los conflictos regionales, o solucionarlos si se presentan. CILA es la organización que ha contribuido a formular los tratados internacionales de manejo y uso del agua en la región fronteriza.El paraguas normativo de la gestión del agua en la zona binacional México-Estados Unidos remite a un complejo conjunto de leyes e instituciones de distintos rangos de injerencia territorial: leyes del estado de Texas, de Nuevo México, la legislación federal mexicana y los tratados internacionales de 1906 y 1944.Convención para la Equitativa Distribución de las Aguas del Río Grande-Río Bravo del 21 de mayo de 1906 (Tratado de 1906)En el tratado se establece que anualmente el gobierno norteamericano debe poner a disposición de México un volumen de 74 millones de metros cúbicos de agua del Río Bravo para uso agrícola en el Valle de Juárez, la cual debe ser entregada en la bocatoma de la Acequia Madre o viejo canal mexicano, al noroeste de Ciudad Juárez, proveniente de las presas Elephant Butte y Caballo, en Nuevo México, de acuerdo a una tabla de volúmenes mensuales. Asimismo, el tratado establece que en caso de extrema sequía el volumen se reducirá en la misma proporción que sufran las tierras en Estados Unidos. La entrega del agua no implica que Estados Unidos reconozca derechos por parte de México ni otorgue ningún fundamento legal para reclamaciones futuras (SRE, 2004)El tratado tuvo su origen en los primeros desabastos de agua para riego que sufrieron los agricultores de la región de Paso del Norte a finales del siglo XIX, como consecuencia de la apertura de nuevas tierras al cultivo y del establecimiento de nuevos poblados en las zonas agrícolas ribereñas del Río Grande en su ruta por Colorado y Nuevo México. La controversia legal que dio origen al Tratado fue la disputa entre los agricultores del Upper Valley de El Paso y los de la cuenca alta del Río, ya que estos últimos empezaron a construir obras derivadoras en sus regiones, disminuyendo el caudal efectivo que escurría hasta la zona de El Paso y, por ende, al Valle de Juárez (Bustamante, 1999). 2. Tratado de 1944El Tratado de 1944 establece la asignación de volúmenes de agua de los cauces de los ríos que marcan la frontera, el Bravo/Grande y el Colorado. En el primer caso, define los volúmenes entre Fort Quitman, Texas y su desembocadura en el Golfo de México; y en el segundo, en Mexicali. En el artículo 4 otorga a Estados Unidos la totalidad de las aguas procedentes de los ríos Pecos y Devils, del manantial Goodenough y de los arroyos Alamito, Terlingua, San Felipe y Pinto; así como la mitad del caudal del río abajo de la presa Falcón. Asimismo, se le asigna el derecho a recibir una tercera parte del agua procedente de los ríos Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido y del Arroyo de Las Vacas, siempre que esta tercera parte no sea inferior a 431.7 millones de m3/año, en promedio, en ciclos de cinco años. Por otra parte, asigna a México el derecho sobre la totalidad de las aguas de los ríos San Juan y Álamo; así como la mitad del caudal río abajo de las presas Amistad y Falcón, y dos terceras partes del líquido que llega al cauce principal procedente de los ríos Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido y Salado, así como del Arroyo de Las Vacas, siempre que se satisfaga el derecho de Estados Unidos a recibir al menos 431.72 millones de metros cúbicos anuales mencionados anteriormente (2,158 millones de metros cúbicos quinquenales). En caso de que haya faltantes por "extrema sequía" se repondrán en el ciclo siguiente, salvo en caso de lluvias abundantes que llenan las presas (ciclones, huracanes), con lo cual inicia un nuevo ciclo. Una de las deficiencias del Tratado es que no define en que consiste una "extrema sequía".Cada país también tiene derecho a recibir la mitad de los restantes caudales del río no asignados de otro modo, incluyendo las aportaciones de los tributarios no aforados entre Fort Quitman y Presa Falcón (SRE, 1944) [5] .El artículo 10 establece que México tiene derecho a recibir el 10% del volumen del Colorado, (1,850.23 millones de metros cúbicos de agua anuales), más 246 millones adicionales cuando existan excedentes, de manera que el total no exceda 2,096 millones. Además, el recibir este excedente no crea derechos por parte de México (SRE, 1944).Asignación de agua de los Tratados de 1906 y 1944 (Millones de metros cúbicos) Cuando se firmó el tratado en 1944 no existía, al menos en el lado mexicano, información suficiente y fiable sobre variables hidrológicas y climatológicas que permitieran entender cabalmente el fenómeno de la sequía. Incluso hoy día es difícil recabar información para establecer criterios adecuados para la definición de variables apropiadas. En la formulación del tratado se atendió principalmente al uso del agua y con base en ello se asignaron cuotas, particularmente para la agricultura; también se hizo caso omiso de los ciclos propios del medio ambiente en aspectos como el de sostenibilidad, ya que nunca se contemplaron las necesidades reales de los 8.Recursos en internetCoronado, Irasema (1999) Water conflict in the borderlands, the challenge of equitable allocation borderlines 57, volumen 7, no. 6. http://americaspolicy.org/borderlines/1999/bl57/bl57bf.html Kelly, Mary, Arturo Solis and George Kouros (2001) The border’s troubled waters, borderlines83, volume 9, no. 10. http://www.americaspolicy.org/borderlines/spanish/2001/bl83esp/bl83agua.html Kelly, Marry and Karen Chapman (2002) Sharing the waters, Americas Program Investigative Article (Silver City, NM: Interemispheric Resource Center, May 17, 2002).http://www.americaspolicy.org/commentary/2002/0205water.htmlKouros, George (2001) Las aguas turbulentas dela frontera, borderlines84, volumen 9, número 11.http://americaspolicy.org/borderlines/1999/bl57/bl57bf.html [1] Más de 300 cuencas en el mundo son compartidas por dos o masmás paisespaíses, y que han tenido que negociar, con mayores o menores grados de conflictividad: Israel-Palestina, Austria-Hungría, Turquía-Irak, México-Estados Unidos, Kazajstán – Kyrgyzstan, Siria-Irak, la regióon MENA (Middle East and North Africa) (Dresdwell, citado por MiIlich and Varady, 1998:4) [2] Herzog (2003:139-140) habla de las metrópolis transfronterizas como el prototipo de espacios urbanos de la geografía de la globalización. Localidades que albergan millones de personas de varios países, en un espacio continuo, como el caso de BasileaMulhouse-Freiburg (Suiza-Francia-Alemania), el área metropolitana de Geneva (SuizaFrancia), Vancouver-Victoria-Seattle (Canadá-Estados Unidos), Tijuana-San Diego y Juárez-El Paso (México-Estados Unidos). [3] http://www.epa.gov/usmexicoMéxicoborder [4] IBWC, International Boundary Waters Commission [5] http://tratados.sre.gob.mx/cgi-bin/Imagenes.exe [6] a) Octubre de 1953 a Septiembre de 1958, b) Junio de 1982 a Junio de 1987, c)Septiembre de 1992 a Septiembre de 1997, d)Septiembre de 1997 a Septiembre de 2002, e) Septiembre de 2002 a la fecha. [7] Heraldo de Chihuahua, 20 de julio de 2003 Recursos en internet Coronado, Irasema (1999) Water conflict in the borderlands, the challenge of equitable allocation, borderlines 57, volumen 7, no. 6 . Kelly, Mary, Arturo Solis and George Kouros (2001) The border's troubled waters, borderlines 83, volume 9, no. 10.Kelly, Marry and Karen Chapman (2002) Sharing the waters, Americas Program Investigative Article (Silver City, NM: Interemispheric Resource Center, May 17, 2002).Kouros, George (2001) Las aguas turbulentas de la frontera, borderlines 84, volumen 9, número 11.