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Seguridad, piratería y legislación en el tráfico comercial romano en la Península Ibérica durante la República y el Alto Imperio

Álvarez-Ossorio Rivas, Alfonso

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Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X SEGURIDAD, PIRATERÍA Y LEGISLACIÓN EN EL TRÁFICO COMERCIAL ROMANO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA DURANTE LA REPÚBLICA Y EL ALTO IMPERIO Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas Universidad de Sevilla RESUMEN: El comercio marítimo fue una de las principales vías de relación entre Hispania y el resto del mundo romano. La piratería y otras formas de saqueo en el mar pusieron en peligro este tránsito. Por ello, pese a su escaso afecto por el medio marino, los romanos crearon todo un corpus jurídico destinado a evitar la acción de estos ladrones y garantizar la seguridad del comercio. PALABRAS CLAVE: Península Ibérica. Comercio. Piratería. Legislación. Seguridad. SECURITY, PIRACY AND LEGISLATION IN THE ROMAN TRADE TRAFFIC IN THE IBERIAN PENINSULA DURING THE REPUBLIC AND THE HIGH EMPIRE ABSTRACT: Maritime trade was one of the main relationship ways between Hispania and the rest of the Roman World. Piracy and some other forms of sea plunder did put this traffic at risk. Therefore, even though their scarce affection for the sea enviroment, Romans did create a legal corpus enmarked to avoid this thieves’ action and to grant the trade safety. KEY WORDS: Iberian Peninsula. Trade. Piracy. Legislation. Security. La historia de la presencia romana en la Península Ibérica está indisolublemente ligada al elemento marítimo. A pesar de las especiales características de la relación entre los romanos y el mar, de las que hablaremos más adelante, la navegación, las rutas empleadas para el transporte por mar, los barcos usados en este tráfico, la seguridad de los mismos y la legislación que atañía a estas cuestiones fueron una preocupación para los gobernantes romanos, tanto en época republicana, como durante la imperial. Estas cuestiones estuvieron directamente relacionadas con el tráfico comercial marítimo practicado en el litoral de la Península Ibérica durante la dominación romana. Por lo tanto, el objeto de este trabajo es el de analizar de manera detenida las incidencias existentes en la seguridad del tráfico por mar en las costas y aguas peninsulares durante los siglos II a. C.- II d. C., así como determinar las medidas legales emprendidas por las autoridades romanas con tal de paliar los efectos de la acción de piratas y contrabandistas en este marco histórico-temporal. Procuraremos, de este modo, enumerar las dificultades sufridas por el comercio por mar, en forma de acciones piráticas que tuvieron lugar en el litoral peninsular durante este período. De la misma manera, atenderemos a la consideración de los romanos para con el mar y la forma en la que esto determinó la forma de comportamiento de los legisladores romanos y las medidas emprendidas por los mismos para tratar de paliar estos problemas relacionados con la seguridad. Nuestra preocupación será la de analizar aquellas normas recogidas en los corpora legales romanos que se preocupaban de garanti- 92 Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X zar la seguridad de los barcos, sus ocupantes y las mercancías que en ellos se transportaban, sin detenernos en el estudio de cualesquiera otras leyes relacionadas con el comercio maritimo. Debemos entender que la actitud del hombre latino ante el mar es diametralmente opuesta a la de los griegos, dado que carece de vocación marinera. El mar siempre fue contemplado por los romanos como un elemento extraño y peligroso1. Sin embargo, para los helenos, ese mismo medio hostil era el que los definía como pueblo, dado que su vida estaba necesariamente unida al mar, que representaba los límites de su hogar, pero también el camino natural para desplazarse. De ese modo, los helenos contaban con libertad de navegación, al tiempo que no existía entre ellos un concepto patrimonial de las aguas marítimas, cosa que sí vamos a constatar entre los romanos, a pesar (o tal vez por esa razón) de la escasa familiaridad de ese pueblo con el medio marino. Quizás por eso, los griegos, conocedores de las características de la vida marinera, no trataron de patrimonializar el mar, a diferencia de lo que hicieron los romanos. Esta libertad no está proclamada en el mundo heleno por ningún tratado o acuerdo entre estados, sino que se asume de modo natural por sus habitantes, a diferencia de lo que ocurre entre los romanos y la declaración de libertad de los mares realizada por Augusto en las Res Gestae2. La visión crítica del romano no se circunscribe sólo al ámbito marino, sino que afecta también a todos los que conviven de manera natural con este medio. Por lo tanto, el extranjero que viene del mar levantará siempre más sospechas que el que se acerca por tierra. Por lo tanto, existía una mala consideración entre los romanos por la gente de la mar, tanto que los marineros eran reclutados entre los aliados, antes que entre los propios ciudadanos romanos. Para los romanos el mar constituía un espacio líquido, hostil y desconocido, entre los límites costeros. Era el fin de la tierra, lo opuesto a ella, antes que una continuación necesaria, como lo contemplaron los griegos. Por eso, es probable que el apego que los romanos sentían por su tierra natal estuviese entre los motivos que explican el escaso entusiasmo con el que se lanzaban al viaje por mar3. Este momento de iniciar la navegación venía acompañado, en el caso de los romanos, de una enorme cantidad de supersticiones relacionadas con los desplazamientos por mar. Dichos viajes nunca se emprendían si existían malos augurios o malfarios antes de ponerlos en práctica4. Esto se debe a que el riesgo de naufragio era latente y no era raro que se produjese, a tenor de la cantidad de pecios que tenemos documentados, muchos de ellos, como veremos, en aguas de la Península Ibérica5. Pese a ello, el viaje por mar era ineludible en muchas ocasiones, principal- 1 D’ORS, E. (1947): 35-36: Para los romanos el mar constituye un espacio líquido, hostil y desconocido, entre los límites costeros, es el fin de la tierra, lo opuesto a ella, antes que una continuación necesaria, como defiende el autor que lo contemplaron los griegos. Cf. con POCCETTI, P. (1996): 42. Para ANDRÉ, J. M. y BASLEZ, M. F. (2003): 87-89, es probable que el apego que el romano sentía por su tierra natal estuviese entre los motivos que explican el escaso entusiasmo con el que los romanos se lanzaban al viaje por mar. Cf. con MASSARO, G. D. (1991): 143-189, quien trata de demostrar que el tópico acerca del temor de los romanos con respecto al mar es falso, o al menos no existía una clara diferenciación entre griegos y romanos a la hora de afrontar el medio marino. 2 VÉLISSAROPOULOS, J. (1980): 128; LEVI, M. A. (1985): 207-209. 3 D’ORS, E. (1947): 39; ANDRÉ, J. M. y BASLEZ, M. F. (1993): 87-89; POCCETTI, P. (1996): 43; GIEBEL, M. (1999): 163-172; BASLEZ, M. F. (2003): 89-91. 4 Así Tibulo, Eleg. 1.3, nos habla de cómo quienes emprendían el viaje por mar trataban de garantizarse la seguridad de un retorno a salvo mediante la consulta a los dioses. ANDRÉ, J. M. y BASLEZ, M. F. (1993): 83. Cf. con THIEL, J. H. (1946): 4, para quien los miedos al medio marino que aparecen en la literatura latina no deben ser tenidos en cuenta como autóctonos de los romanos, porque, en su mayor parte, fueron adoptados de la tradición literaria helena. 5 GIANFROTA, P. A. y POMEY, P. (1991): 14-19; PARKER, A. J. (1992): passim; BELL, S. P. W. (2002): 69. Sobre la posibilidad de que algunos de estos pecios de época imperial hubiesen sido hundidos por las acciones de los piratas véase GIANFROTTA, P. A. (1981): 238-239; CAVAZZUTI, L. (1997): 197-198; GIANFROTTA, P. A. (2001): 213. Seguridad, piratería y legislación... 93 Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X propagandístico e ideológico que lleva asociada la lucha contra la piratería. En efecto, cualquier potencia que se precie debe, necesariamente, garantizar la seguridad en los mares, eliminando, o al menos reconduciendo hasta límites tolerables el fenómeno pirático9. Las zonas en las que la práctica de la piratería tuvo repercusiones notables en el ejercicio de la actividad comercial fueron variando a lo largo de la historia de la presencia romana en la Península. Muchos de estos acontecimientos estuvieron, como veremos, directamente relacionados con las circunstancias políticas que atravesaron la República y el Imperio, de ahí que procedamos a su estudio detenido a continuación. Hemos optado por realizar un estudio cronológico de los principales acontecimientos piráticos que se produjeron en aguas peninsulares durante la etapa de dominación de Hispania por parte de la Roma republicana e imperial. Creemos, además, que el estudio de los antecedentes piráticos a la presencia romana en la Península deben ser objetos de un estudio detallado, del que nos es imposible ocuparnos en estas líneas. Sin embargo, estamos convencidos de que detrás de las relaciones comerciales a ambos lados del Estrecho durante la presencia fenicia y púnica se esconden, en muchos casos, episodios de piratería y prácticas comerciales de dudosa catalogación que a día de hoy están carentes de una investigación historiográfica detenida. El primer contacto directo entre las prácticas piráticas de los habitantes de la Península y los romanos lo encontramos en la conquista de mente cuando las rutas terrestres eran dificultosas o poco seguras6. Éste era un factor esencial en el caso de las comunicaciones terrestres entre Hispania e Italia, muy condicionadas por las dificultades montañosas que debían superarse. Debemos entender que el triunfo de una sociedad escasamente marinera como la romana en el teatro de la guerra naval se debe a varios factores: en primer lugar por el escaso desarrollo técnico que tenía la guerra naval en aquel período. En segundo lugar, dado que la navegación de la época era de cabotaje, el poder marítimo y el terrestre tenían que ir de la mano, para controlar el mar era necesario controlar la tierra y en eso Roma llevaba la voz cantante7. Esto es lo que sucedía en el caso de la Península Ibérica. En efec- to, Roma controlaba completmente el litoral hispano, por lo que no existían, a priori, grandes amenazas a la seguridad del comercio marítimo. Aún así, como veremos, hubo momentos puntuales en los que la actividad de ciertos grupos étnicos tradicionalmente relacionados con la práctica de la piratería cuestionó esta teórica tranquilidad. Además, observaremos cómo ciertas regiones de los mares peninsulares siempre fueron un foco de atracción para la práctica del saqueo marítimo; atenderemos a la forma en la que los romanos se afanaron en solucionar estas cuestiones, a fin de garantizar la seguridad de las rutas comerciales que unían Italia e Hispania. A la necesidad de protección de una ruta comercial esencial para la propia supervivencia del Estado8 se une, como hemos visto al comentar la política emprendida por Augusto, el componente 6 CHEVALIER, R. (1988): 76-79; CONTINI, A. M. V., (1991): 345. El más reciente estudio sobre los itinerarios marítimos en el Mediterráneo de época antigua es el de ARNAUD, P. (2005): 149-165. 7 PLUT., Ant. 64.3. ADCOCK. F. E. (1940): 31. Para este autor «se puede decir que los romanos buscaban conquistar el mar desde tierra antes que la tierra desde el mar». 8 VÉLISSAROPOULOS, J. (1980): 131. Se analiza el temor que desataba entre los griegos la amenaza de un bloqueo marítimo. Esto puede ser puesto en relación con las consecuencias de los bloqueos a la Península Itálica llevados a cabo por los cilicios, por Sexto Pompeyo, los judíos y el propio emperador Vespasiano y las medidas legales y militares emprendidas por los romanos para tratar de evitar que se reprodujesen este tipo de episodios. Véase ÁLVAREZOSSORIO RIVAS, A. (2008): 48-49. 9 SUET. Aug. 92; HOR. Carm., 4. 5, 17-20; STR., III 2.5; PROP., III 4.1; III 11.59; XI 59; PHILO Leg. 146; PLIN., nat 2. 118; EPICT., Disc., 3.13, 19. TRAMONTI, S. (1994 a): 93; DE SOUZA, P. (1996): 197. 94 Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X car Cerdeña y la Galia transalpina, con la pretensión de negar a los piratas el uso de las islas como bases, independientemente de su origen y de la relación que pudieran tener con los indígenas. El siguiente episodio de piratería que se constata en la Península es el protagonizado por Sertorio y los piratas cilicios, ya en el siglo I a. C., en el seno de las convulsiones que atravesaba la República en esos momentos, tanto a nivel interno (primer ciclo de guerras civiles), como en materia de política exterior (conflictos con Mitrídates VI Eupátor del Ponto). En efecto, la preparación de Mitrídates para su tercer enfrentamiento contra Roma consistió, entre otras medidas, en una alianza implícita con los piratas, y los acuerdos con Sertorio, consistentes en el envío de consejeros militares desde Hispania a cambio del apoyo de los barcos piráticos13. Quizás fueron los piratas quienes llevaron a Oriente las noticias de la gloria de Sertorio en 76 a. C. (Plut. Sert. XXIII.3). Esto llega a oídos de Mitrídates, quien aconsejado por los «fimbrianos» L. Magio y L. Fannio decide que la combinación del ataque a Roma en ambos frentes puede reportarle la victoria definitiva14. Acerca de qué papel jugaron los piratas en esta relación hay que tener en cuenta a Plutarco (Sert. VII 5), quien menciona a piratas pónticos y cilicios junto a Sertorio en el 81 a. C., aunque Ballesteros15 descarta que pudiera deberse a un las Islas Baleares, cuyos habitantes son acusados por las fuentes de ejercer la piratería contra los barcos que surcaban esas aguas. Como veremos, la seguridad de la ruta comercial que unía la Península Ibérica con Italia a través de las aguas del Golfo de Lyon, fue una preocupación constante a lo largo de la presencia romana en Hispania. En esta preocupación tuvo un peso esencial la presión ejercida por parte de los massaliotas, quienes tras haber forzado la intervención de sus aliados romanos en la Galia transalpina, parece improbable que hubiesen permanecido impasibles ante la acción de los piratas en esa zona del Mediterráneo occidental. Serían ellos los responsables de que la mayor parte de los insulares fuesen contemplados como piratas por parte de los romanos10. En el momento de la conquista de las islas, los romanos tan sólo afrontan las primeras consecuencias de su política de permisividad con respecto a la piratería. Pese a ello, no hay datos en las fuentes que hablen de un especial recrecimiento o desarrollo de la piratería en las fechas cercanas al 123 a. C. como para justificar en estos momentos la respuesta militar romana11. Para Morgan, es probable que los piratas ligures y sardos hubiesen emigrado hacia las Baleares ante la presión ejercida por los romanos en los años inmediatamente anteriores al 123 a. C. Por lo tanto, la mayor razón que tuvieron los romanos para intervenir en las islas12 fue la de pacifi- 10 MORGAN, M. G. (1969): 225. Para Morgan, la intervención en las Baleares fue llevada a cabo por el Senado para frenar cualquier posibilidad de que Cayo Graco pudiese atraer a su facción a grupos de caballeros descontentos por el crecimiento de la piratería en aguas hispanas. Las referencias a la practica de la piratería por parte de los habitantes de las Baleares provienen de antiguo: GUERRERO AYUSO, V. M. (1994): 178; BORCA, F. (2000): 114. 11 MORGAN, M. G. (1969): 226. Según Apiano, Ill., 11.1, el conjunto de pequeñas campañas militares en el que se circunscribe la conquista de las Baleares era debida al ansia de los magistrados romanos por obtener un triunfo, sin ninguna causa política o bélica incluida. 12 No podemos detenernos aquí en valorar en su justa medida la imagen que los romanos poseían de las islas. En cualquier caso, los piratas parecen preferir las aguas de los litorales, en las cercanías de las islas, que es donde suelen vivir. Vid. BORCA, F. (2000): 92-94; MORTON, J. (2001): 126. 13 PLU., Sert. 23,1-2; Cf. con OROS., Hist., 6.2,12-13: Mitrídates establece una alianza con Sertorio a través de legados, no se menciona para nada a los piratas. Véase SIEGER, R. (1994): 217. 14 SALL., Hist., Fr. II. 78M; BERVE, H. (1929): 201. Para una exhaustiva recopilación bibliográfica sobre las relaciones entre Mitrídates y Sertorio, véase BALLESTEROS, L. (1996): 203-205. Véase CAVAZZUTI, L. (1997): 203, sobre un pecio repleto de proyectiles de hondas que el autor relaciona con el conflicto con Sertorio y el papel que en el mismo podían haber jugado los piratas. 15 L. c. Seguridad, piratería y legislación... 95 Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X cuato, en la costa levantina y balear, y Pomponio, en el Golfo de Lyon. La presencia de tropas romanas destinadas en estas zonas en el seno de tan importante empresa, unido a lo ya comentado sobre el apoyo a Sertorio por parte de los piratas que operaban en las costas hispanas, nos hace pensar que la actividad pirática en nuestras costas era de una importancia considerable y afectaba de manera clara a la seguridad del tráfico comercial entre Hispania e Italia. Esta ruta comenzaba a mostrarse ya como esencial para la propia existencia del Imperio (como de hecho lo sería en los siglos venideros). Por ello, no debe extrañarnos que el siguiente episodio pirático hispano estuviese en el centro mismo de las luchas de poder que provocaron el final de la República y el comienzo de la etapa imperial. Nos referimos a las luchas entre Sexto Pompeyo y Octaviano. Sexto19, el hijo menor de Cneo Pompeyo Magno, se refugió en Hispania tras la muerte de su padre, compartiendo el mando de las tropas con su hermano Cneo, quien le encomendó el mando de la guarnición de Corduba, principal plaza fuerte de los pompeyanos en Hispania, mientras que él dirigía a las tropas en Munda. La experiencia militar que debió de tener Sex- to para que se le encomendase el mando de la guarnición de Corduba seguramente fue adquirida combatiendo por el bando republicano contra las tropas de César en África. Dado que el nombre Pompeyo no había perdido toda su magia en Hispania, Sexto encontró refugio entre los Layetanos al huir de Córdoba, tras la debacle de Munda. Entre ellos se dedicó a la práctica del bandidaje y piratería a pequeña escala, mandato real póntico específico en una fecha tan temprana. Sertorio estableció una alianza con unos grupos que compartían su forma de vida y objetivos16. Lo que es innegable es que la fama de este rebelde romano debió llegar al Pon- to a través de los relatos que los comerciantes y navegantes llegados del Oeste iban contando. Esto demostraría que los contactos comerciales se podrían haber realizado también a través de los piratas que operaban en aquellas regiones occidentales (seguramente los que tenían su base en Denia)17. Como nos señala Plutarco (Sert. XXIV.2), el tratado se firma y Sertorio compromete soldados y generales a cambio de tres mil talentos y cuarenta barcos de guerra. Esto nos empuja a pensar que la flota de la que disponía Sertorio en estos momentos estaba compuesta por poco más que unos cuantos barcos ligeros propiedad de los piratas. El mismo Cicerón (Pro. Leg. Man. IV.9) nos confirma que Mitrídates construye y equipa numerosas flotas. Aquí podemos apreciar el miedo que existía en Roma ante la amenaza que habría representado la consumación del acuerdo entre el rey y Sertorio18. El siguiente episodio de presencia de piratas en las costas hispanas constatado en las fuentes antiguas es el relacionado con la expedición de Pompeyo Magno contra los piratas cilicios. En efecto, en la distribución de zonas de combate contra los piratas que Pompeyo efectúa en el Mediterráneo. Así, podemos apreciar cómo durante esta campaña del 67 a. C., tres de los lugartenientes de Pompeyo tenían a su cargo sectores marítimos peninsulares, con la tarea de limpiarlos de piratas. Nos referimos a Tiberio Nero, en las aguas del Estrecho de Gibraltar, Manlio Tor- 16 WYLIE, G. (1992): 146-153. 17 PLU., Sert. 7.5. 18 Esta misma impresión es apreciable en CIC., Pro Lic. Mur., 15.32, en la que se presenta la idea de que Mitrídates pretendía unir el Océano con el Ponto a través de su alianza con Sertorio, efectuada por medio de los piratas: qui rex sibi aliquot annis sumptis ad confirmandas rationes et copias belli tantum spe conatuque valuit ut se Oceanum cum Ponto, Sertori copias cum suis coniuncturum putaret... 19 La principal bibliografía para el estudio de este personaje es HADAS, M. (1930); SCHÖR, B. (1978); SENATORE, F. (1991); TARN, W. W. y CHARLESWORTH, M. P. (1934): 55-61; GUILHEMBET, J. P. (1992). 96 Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X muchos) de los marineros reclutados por Sexto en Hispania se hubiesen dedicado con anterioridad a la práctica de la piratería, actividad de la que existen numerosos ejemplos en la región, especialmente para el caso de Denia24. Como ejemplo de relación entre hispanos sirviendo en Sicilia en este período, Sexto Pompeyo y antiguos piratas, citaremos el caso del armamento de los hombres de su liberto Menodoro (en este momento a las órdenes de Octaviano), uno de los cuales hirió mortalmente con un soliferrum (una jabalina hispana) a otro de los almirantes pompeyanos, Menécrates, en el transcurso de la batalla de Cumae (D.C. XLVIII 46.5). Parece claro, por tanto, que, como antes había hecho Sertorio, la aventura hispana de los pompeyanos, encabezada por los dos hijos de Pompeyo Magno, respondía a una utilización de esta provincia como trampolín para alcanzar el poder en Roma, hecho que les valió la crítica por parte de sus rivales políticos, quienes le acusaban de comandar a piratas25. Los paralelismos con la actuación de Sertorio se afianzan al analizar la alianza establecida entre Sexto Pompeyo y un caudillo africano llamado Arabio26 y los posteriores ataques del rey Bogud de Mauritania. Estas alusiones pueden ser reflejo de comportamientos piráticos, en primer lugar, porque los africanos necesariamente debían cruzar el Estrecho por mar, por lo que contaban con barcos. Además, se trata de perfectos antecedentes de las invasiones de época de Marco Aurelio y de la invasión de 711. Tras abandonar Hispania, echa mano de la secular relación entre su familia y Massalia manteniendo su nombre oculto, y allí se le unieron personajes de dudosa reputación y soldados que habían servido a las órdenes de su padre y su hermano20. Además se aprovechó de la despreocupación con la que César se iba a comportar tras su victoria en Munda, dejando hacer al heredero de su mayor rival. Allí, en el norte de la Península Ibérica, vivió como un proscrito, sirviéndose de la red de clientelas que su padre había creado durante sus campañas en la región, aprovechando también la disposición de las tropas que habían servido a las órdenes de su padre (o de sus legados) durante los enfrentamientos con Sertorio primero y con César después21. Además, allí, y probablemente en otras zonas de Hispania, reclutó a muchos de los hombres que formarían parte de sus tropas en los conflictos posteriores. Este reclutamiento de hispanos fue muy atacado por las fuentes antiguas (todas ellas proaugusteas), que sostienen que Sexto y su hermano Cneo habrían reclutado esclavos y bandidos para servir en sus tropas22. Frente a esto, B. J. Lowe23, se muestra contrario a la posibilidad de que, entre los apoyos con los que contaba Sex- to en Hispania, se hallase una cantidad destacable de piratas, así como tampoco comparte a las fuentes clásicas cuando sostienen que se habría dedicado a la piratería, dado que desde sus bases entre los Layetanos en el Valle del Ebro difícilmente tenía acceso a los puertos y los barcos necesarios para llevar a cabo esta actividad. De cualquier forma, el papel de los marineros hispanos en la flota de Sexto es defendido incluso por el mismo Lowe, por lo que entendemos que no debiera ser del todo extraño que algunos (o 20 APP., BC., 4.83; 5.143; FLO., II 18. 1. 21 CAES., Bell. Hisp., 1; App. BC IV. 11. 83. GABBA, E. (1970): 136-139; LOWE, B. J. (2002): 66. 22 CAES., Bell. Hisp., 4. GABBA, E. (1970): 140; VAN HOOFF, A. J. L. (1988): 113. 23 (2002): 68. 24 PLU., Sert. 7. 5. ; 23. 1-2; CIC., II Verr. 1.34,86 ; SAL., Hist. Fr. I 124M; FRASSINETTI, P. (1962): 94-95, en especial n. 14 con ejemplos similares. GREENHALGH, P. (1980): 50-54; SHELDON, R. M. (2005): 75. 25 APP., BC 4. 11. 83. GABBA, E. (1970): 140; VAN HOOFF, A. J. L. (1988): 113. Cf. con LOWE, B. J. (2002): 68. En este mismo trabajo, p. 76, el autor afirma que Sexto reclutó marineros hispanos y que su habilidad y pericia posibilitaron la victoria en Sicilia sobe Salvidieno Rufo en 42 a. C. 26 APP., BC. 4.11,83 HADAS, M. (1930): 54. Seguridad, piratería y legislación... 97 Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X los años que transcurrieron entre la muerte de su padre y su rehabilitación tras el asesinato de César. Pudiera ser que, contando con el apoyo que su padre había disfrutado por parte de la flota y de las clientelas obtenidas entre los piratas gracias a la forma en que solucionó ese conflicto, Sexto hubiese sido apoyado por los antiguos piratas: recordemos la forma en que Augusto habla de una «guerra servil» y reprocha a Sexto que se apoyara en los piratas y en los esclavos fugados, de los que, coincidiendo con la llegada de Sexto a Sicilia, habían llegado grandes cantidades a la isla, donde esperaban entrar a formar parte del ejército pompeyano. No es posible aquí realizar una descripción detallada de los posteriores comportamientos piráticos de Sexto y sus seguidores, de los que ya nos hemos ocupado con detenimiento en otros trabajos30. Los hechos posteriores parecen confirmar la existencia de un vínculo entre antiguos piratas y el menor de los hijos de Pompeyo, aunque las motivaciones de este último no estaban fundamentadas en el ejercicio de la práctica pirática. Durante el siglo I de nuestra era, las posibles manifestaciones de actividad pirática en las costas peninsulares quedan reducidas a episodios de escasa trascendencia, que no afectaron al normal desarrollo de la actividad naviera y comercial en nuestras aguas. Indudablemente debió de haber grupos residuales que se dedicaron al para asentarse en esta región, aprovechando la muerte de César para levantar un ejército, que pone al servicio de los partidarios del Senado durante los convulsos momentos posteriores a la muerte del enemigo de su padre27. Se asienta en la zona de Córcega y Cerdeña, creando graves problemas en el tráfico comercial romano, especialmente al que provenía de la Península Ibérica, hasta el punto que Antonio y Lépido llegaron a un acuerdo con él en 43 a. C., mediante el que fue nombrado almirante con una denominación específica, Praefectus Ora Maritimae28, con el encargo de garantizar la seguridad de los mares. Existe un intenso debate historiográfico acerca de si el joven Pompeyo verdaderamente se comportó como un pirata en este período. Parece claro que en su aventura hispana habría utilizado las viejas rutas y refugios de los piratas para escapar del acoso al que habría sido sometido por César y sus partidarios durante estos años de exilio. De hecho, antiguos piratas pasaron a engrosar los contingentes navales a él asignados por los triunviros, y se dedicaron a revivir sus modos de actuación anteriores, asaltando los transportes de grano que pasaban entre Cerdeña y Sicilia29, por lo que no debe extrañarnos que algunos de ellos estuviesen con él desde los primeros momentos y fuesen originarios de Hispania, o tuviesen sus bases allí. Efectivamente, Sexto vivió como un pirata durante 27 Según Casio Dión (XLVIII 17.4-6), es en el momento en el que conoce que su nombre ha sido proscrito, cuando empieza a construir trirremes y a recibir la ayuda de los piratas para controlar las islas y a atacar con sus barcos los puertos de la península antes de tomar Sicilia, con lo que obtiene un numeroso ejército e incrementa el poder de su flota. ROUGÉ, J. (1981): 114-116; AMELA VALVERDE, L. (2005): 10. 28 APP., BC 4.83. Durante este período, en compañía de quienes debieron ser antiguos piratas, se dedica a merodear por el mar, practicando la piratería y ocultando su identidad por temor a las proscripciones. Para las actividades piráticas de Sexto en estos años, véase QUINT., III 88.44; LUCAN., Phars. 6.420; FLOR., Epit. 2. 18,2-4; VELL., II. 73.3; LIV. Per., 128. APP., BC 5. 56, 62-67. WELCH, K. (2002 a): 49. Habría sido la mediación de Lépido la que habría facilitado este acercamiento y el posterior nombramiento como praefectus classis et orae maritimae: TRAMONTI, S. (1994 b): 147; AMELA VALVERDE, L. (2005): 8-12; WELCH, K. (2002 b): 1-3. 29 Muy destacado es el caso de Menodoro: PLU., Ant. 32.1; APP. BC 5.78-80. Este personaje es declarado hombre libre por Octavio, quién también le confiere el rango ecuestre. Pese a ello, volvió a pasarse al bando pompeyano: APP., BC 5.96; D. C., XLVIII 54.7. MEIJER, F. (1986): 202; ÁLVAREZ-OSSORIO RIVAS, A. (2008) 75. Para un análisis de la utilización de estos antiguos líderes piratas como dinastas por parte de los romanos véase ÁLVAREZ-OSSORIO RIVAS, A. (2007a). 30 Véase ÁLVAREZ-OSSORIO RIVAS, A. (2008): 74-80. 98 Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X Aunque nuestro análisis se centrará ahora en los ataques contra Hispania protagonizados por los habitantes del Norte de África, creemos que no está de más señalar ejemplos de procesos inversos, es decir, de ataques de gentes procedentes de la Península Ibérica que, tras cruzar el Estrecho, se dedicaron a la rapiña en la costa norteafricana. El principal ejemplo de esta actividad lo constituye Sertorio, cuando, auxiliado por los piratas cilicios, pasó a África, donde participó en las luchas intestinas del reino de Mauritania32. Con anterioridad, hay algunos ejemplos de este comportamiento entre las poblaciones autóctonas de la Península Ibérica, especialmente los lusitanos, quienes dirigidos por un tal Cauceno33, pasaron el Estrecho en torno al 153 a. C. y saquearon la región adyacente. Estas incursiones de saqueo se realizaron apoyándose en las relaciones existentes entre las poblaciones costeras de ambos litorales, fundamentadas, en muchos casos, en cuestiones referentes a la pesca34. En este sentido, la relación existente entre los comerciantes de uno y otro lado del Estrecho también debió jugar un papel fundamental. Los estudios sobre la importancia de Malaca en estas relaciones nos advierten que existieron estrechos vínculos entre los habitantes de esta ciudad y los reyes beréberes del otro lado del mar. Esta relación debió perpetuarse hasta el siglo II d. C., oscilando siempre entre lo pacífico y lo violento35. Por ello, no debe extrañarnos saber que la ruta entre Malaca (Málaga) y Rusadir (Melilla) era la mejor conocida por parte de los navegantes que pasaban de África a la Península y ejercicio de la piratería31, pero sin que sus modos de comportamiento tuviesen repercusión alguna en lo ya señalado. Algo muy diferente sucedió en la segunda mitad del siglo II, cuando los habitantes de la costa africana consiguieron vencer el control al que habían sido sometidos por parte de los romanos y volvieron a poner en práctica comportamientos piráticos de los que ya hemos hablado con anterioridad al referirnos a Sertorio y Sexto Pompeyo. Como hemos visto, desde antiguo, la zona del Estrecho de Gibraltar y las aguas adyacentes habían asistido a un complejo entramado de relaciones en ambos continentes que había provocado una interacción de los pueblos a un lado y otro de este accidente geográfico. En efecto, contamos con numerosos datos provenientes ya de época de las colonizaciones fenicias, en los que se nos deja claro que las relaciones entre estas gentes no siempre estuvieron basadas en la reciprocidad, sino que, en más de una ocasión, hubo comportamientos violentos entre ellos en ambas direcciones geográficas. Con las sucesivas dominaciones púnica y romana, el fenómeno continuó existiendo y las poblaciones de ambas orillas continuaron pasando el mar para poner en práctica las más diversas actividades entre sus vecinos. Entre ellas, la práctica del saqueo y la rapiña estuvieron a la orden del día, y dado que obligatoriamente era necesario el uso de algún tipo de embarcación para estos comportamientos, creemos no estar demasiado equivocados si afirmamos que estas actividades se pueden definir como piratería. 31 Aparecen restos de pecios que podrían estar relacionados con asaltos piráticos en Colonia Sant Jordi, en la Cueva del Jarro (Almuñécar), en Moro Boti (isla de Cabrera), en Ses Salines (Mallorca): PASCUAL GUASCH, R. (1973); VENY, C. (1979); GIANFROTTA, P. A. (1981); C AVA Z ZU TI, L . (1997): 198. GIANFROTTA, P. A. (2001): 210; BELTRAME, C. (2002): 32. Todos estos autores utilizan como criterio para asociar estos pecios con la acción de piratas el hecho de que en los mismos, pese a tratarse de barcos mercantes, existiese material defensivo, que parecía encaminado a proteger al barco, su carga y tripulantes ante eventuales asaltos. 32 PLU., Sert. 7.5.; 9.1-2:aijsovmenoide;oiJKivlike,ouje;neijrhvnhdeovmenoikai;scolh`,ajlla;plouvtou;kai; lafuvrwn,eijLibuvhnajpevpleusan,[Askalinto;n[Ifakatavonteejpivth;nMaurousivwnbasileivan. BERVE, H. (1929): 201; WILL, E. (1967): 418; BALLESTEROS PASTOR, L. (1996): 203-205. 33 APP., Ib. 57. 4. CHIC GARCÍA, G. (1980): 17-19. 34 GARCÍA y BELLIDO, A. (1944): 552; CHIC GARCÍA, G. (1980): 18. 35 ID, (2001): 357-367, con abundante bibliografía a este respecto. Seguridad, piratería y legislación... 99 Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X pacificar a los mauri en época de Domiciano, Adriano y Antonino Pío, dirigidas respectivamente por Velio Rufo, Quinto Marcio Turbo y Utedio Honorato39. Creemos, por lo tanto, que la zona de Mauritania estuvo en un casi constante proceso de rebelión contra los romanos40, y que éstos temían que estas actitudes violentas pasasen al otro lado del Estrecho, como ya había sucedido con anterioridad. Aún así, hay que tener en cuenta que las fuentes literarias que conciernen a los asuntos mauritanos son escasas y tocan de pasada estos temas, especialmente la SHA, sin dejar claro si los acontecimientos tienen lugar en la Mauritania oriental o en la occidental. Por ello, debemos fijarnos más en los registros epigráficos, que son muy amplios y ricos y ofrecen gran cantidad de documentación al respecto, especialmente en lo concerniente a diplomas militares y epigrafía funeraria. En el sistema defensivo organizado en la Mauritania Cesariana hay estacionamientos militares en el litoral, concretamente en Cherchel, Sidi bel Atar, Chelif, Tenes y Tipasa (fortalezas) y Les Andalouses (campamento). Esto indica que la defensa del litoral era importante en este momento, cuando raramente se iban a producir ataques marítimos provenientes del exterior, por lo que creemos que la existencia de estas guarniciones obedece a la intención por parte romana de evitar que los habitantes del interior alcanzasen la costa y se dedicasen al saqueo marítimo41. viceversa, y fue usada con profusión durante los convulsos acontecimientos políticos de finales de la república romana. No es extraño, por tan- to, que algunos de los episodios de las invasiones mauritanas del s. II de nuestra era tengan lugar en las inmediaciones de los puertos hispanos de esta ruta, como es el caso de Antequera. Al mismo tiempo, en la costa opuesta del Estrecho de Gibraltar, los habitantes del litoral, fundamentalmente los descendientes de los primitivos colonizadores fenicios y púnicos, aceptaron de mejor grado la dominación romana, mientras que los nómadas del interior se mostraron mucho más belicosos36. No podemos detenernos en este estudio en enumerar las constantes revueltas entre las tribus africanas de las inmediaciones del Estrecho durante el siglo I y la primera mitad del II de nuestra era. Sin embargo, sí debemos señalar que en ellas se haya la génesis de los sucesos que afectaron directamente a la Península Ibérica y que estuvieron ligados a la práctica de la piratería37. La cabeza visible de esta reacción antirromana ya en época de los Antoninos se situará en Mauritania, donde, desde finales del reinado de Trajano y durante todo el de Adriano, se producen luchas contra las poblaciones nómadas del interior38, en un movimiento que, creemos, anticipa lo que va a suceder pocos años después. Podemos señalar que existen expediciones para 36 PLIN., nat. 5.55; 45; MELA I 45; HDT., IV 172; 180. CARCOPINO, J. (1943): 191-197; BURIAN, J. (1961): 164-165. 37 Sobre este tema hemos trabajado con detenimiento en nuestra tesis doctoral, Estudio socioeconómico y cultural de la piratería durante el Alto Imperio Romano, actualmente en proceso de publicación. 38 SHA., Adrian. 5.12; 12.7. En 144 d. C. hay una gran rebelión, en la que los mauritanos se comportan como bandidos: SHA., Pius 5. 4: Mauros ad pacem postulandam coegit; PAUS., VIII 43.3. 39 PFLAUM, H. G. (1960): 588. 40 BENABOU, M. (1976); FRÉZOULS, E. (1980): 73-77 ; ID. (1981): 46; LE BOHEC, Y. (2000): 208, con n. 4 y 5. 41 PLIN., NH 73: multis hoc cognitum experimentis, in Africa Hispaniaque turrium Hannibalis, in Asia vero propter piraticos terrores simili specularum praesidio excitato, in quis praenuntios ignes sexta hora diei accensos saepe conpertum est tertia noctis ultimis visos. Resulta muy interesante la noticia que se nos ofrece de estas torres como elemento defensivo fundamental en la lucha contra la piratería, tanto en Asia como en el Estrecho. Véase LE BOHEC, Y. (2000): 220. Resulta muy curioso cómo este sistema defensivo se va a seguir usando en el litoral andaluz durante la Edad Media y, principalmente, en la época moderna. Curiosamente, la función de estas torres durante los siglos XVI y XVII será la de prevenir las incursiones piráticas llevadas a cabo por los habitantes del Norte de África, como sucedió durante el Alto Imperio Romano: TEMBOURY ÁLVAREZ, J. (1975); SÁEZ RODRÍGUEZ, A. J. (2001); DE MORA FIGUEROA, L. (2003). Mainake, XXX / 2008 / pp. 91-107 / ISSN: 0212-078-X 106 Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas GABBA, E. (1970): «Aspetti della lotta in Spagna di Sesto Pompeo», en Legio VII Gemina, León, pp. 133-155. GANDOLFO, E. (1883): La nave nel diritto romano, Génova. GARCÍA y BELLIDO, A. (1944): «La navegación ibérica en la Antigüedad según los textos clásicos y la arqueología», Estudios Geográficos, 16: 550-560. GIANFROTTA, P. A. (1981): «Commerci e pirateria: prime testimonianze archeologiche sottomarine», MEFRA 93: 227-242. — (2001): «Fantasma sottomarini: guerre, piratería…. o chissà cos’altro», Daidalos, 3: 209-214. GIANFROTA, P. A., POMEY, P. (1991): Archeologia Subacquea, storia, tecniche, scoperte e relitti, Milano. GIEBEL, M. (1999): Reisen in der Antike, Düsseldorf-Zurich. GREENHALGH, P. (1980): Pompey. The Roman Alexander, London. GRZYBEK, E. (2002): «Nyon à l’époque romaine et sa lutte contre le brigandage», Genava, 50: 309-316. GUERRERO AYUSO, V. M. 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