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Cobaleda, M. (2002): El simbolismo del toro. La lidia como cultura y espejo de humanidad. Madrid, Biblioteca Nueva, 396 págs. [Reseña]

Martínez Shaw, Carlos

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Revista de Estudios Taurinos N.º 16, Sevilla, 2003, págs. 339-343 Cobaleda, M. (2002): El simbolismo del toro. La lidia como cultura y espejo de humanidad. Madrid, Biblioteca Nueva, 396 págs. EL SIMBOLISMO DEL TORO ·1 :it. • Jt: nl'"'31'1Í<:bi Fig. n.º 54.- Cubierta del libro El simbolismo del toro, de Maríate Cobaleda. 340 Carlos Martínez Shaw El mundo de los toros es un universo que permite las más distintas aproximaciones. Así, ha sido una temática tratada desde la historia, desde la antropología, desde la psicología, desde la sociología, desde la ética, desde la historia del arte y de la literatura, desde la historia de las religiones. El libro de Mariate Cobaleda, que en su día fue una tesis doctoral defendida en la Universidad de Salamanca, nos propone una mirada desde la filosofía y, más concretamente, desde la estética. Antes de llegar a la médula de su discurso, la autora se demora en una larga introducción dividida en varias partes. En primer lugar, se pasa revista a la presencia del toro en las antiguas civilizaciones, con parada obligada en el mundo mesopotámico y cretense, en los· cultos egipcios y mítraicos, en las representaciones ibéricas y baleáricas, y con el apoyo lógico en algunas síntesis clásicas (Alvarez Miranda, Conrad, Delgado Linacero ), aunque también se recurra a otra bibliografía mucho menos recomendable, tomando como autoridad la obra de Sánchez Dragó, que no es más que una mixtificación de nula credibilidad. En segundo lugar se ensaya el típico recorrido por la pintura (Goya, Lucas, Solana, Picasso ), la literatura (Aleixandre, Lorca, Alberti, Hernández, Neruda) y la música, jalonando de sugestivas acotaciones personales un territorio ya conocido. Es interesante la descripción de la Tauromaquia de Goya, aunque no se entra en el debate que, sobre el sentido último de la serie, ha enfrentado recientemente a los defensores de un propósito normativo como ilustración de la obra de.Nicolás Fernández de Moratín (también escritor y no sólo padre de escritor, como se dice aquí), en Recensiones de libros 341 paralelo con la preceptiva literaria de Pepe-Hillo, frente a los partidarios de una obra trágica, de una suerte de «desastres de los toros» comparables a los desastres de la guerra, con la misma carga crítica y desesperanzado. La autora se salva ejecutando una larga cambiada, eludiendo la, confrontación mediante el quiebro de una tercera v.ía: «Frente a la Ilustración racional y apolinea, Goya redime a su tiempo en el espíritu dionisíaco, de arrebato; locura o manía. Su tauro-. maquia no es Ilustración, dominio de la razón, sino que es catarsis, sentimiento, alma y Lustración». En el capítulo dedicado al simbolismo antropológico de la fiesta, la relación de la lidia con la sexualidad se resuelve a través del necesario recurso a la glosa de la tesis de Michel Leiris sobre el toro como representación de la virilidad y el torero como símbolo de la femineidad, para pasar después a la exposición de la percepción contraria en que el toro se concibe como «la enamorada para el torero» y, finalmente, a la fórmula de compromiso de Julian Pitt- Rivers con el permanente intercambio de roles sexuales entre toro y torero en el transcurso de la lidia. En el capítulo dedicado a la relación entre la fiesta de toros y el sacrificio religioso la autora puede beneficiarse de las páginas contenidas en el libro editado por Pedro Romero de Solís (Sacrificio y tauromaquia en España y América), pero, urgida por su afán de establecer más concretamente la vinculación entre la lidia y la eucaristía de los cristianos, recurre a otros autores como Manuel Delgado; quien, según se nos recuerda empleando sus propias palabras, no encuentra ninguna «oposición entre Cristo y el Toro, ni entre las dramáticas que ambos simbolizan, sino analogía, o más, 342 Carlos Martínez Shaw · homología». Admira en esta ocasión la multitud de testimonios acumulados, aunque también ahora se eche en falta algo de discernimiento en la elección de los testigos, que van desde el padre Ramón Cué (para quien, siguiendo a la autora, «la sangre de Cristo en la última cena evoca la sangre de los toros sacrificados») hasta de nuevo el inefable Sánchez Dragó con sus arriesgados saltos en el vacío, aquí tratando de demostrar contra toda evidencia la similitud (¿ ?) entre el traje de luces y la ropa talar de los sacerdotes católicos. Por último, llega la hora de rematar la faena, es decir de presentar las aportaciones más originales dentro del campo propio de la filosofía. Antes, la autora nos ofrece las nociones básicas que definen la novedosa área de conocimiento en la que se enmarca su aproximación al objeto investigado: «La Esthética Originaría es una disciplina filosófica, concebida por el profesor de Estética de la Universidad de Salamanca, Santiago Pérez Gago. ( .. . ) Uno de los principales presupuestos de la Esthética Originaria entiende que el arte, la cultura, la religión, la mística, la música, la metafísica o la antropología, coinciden en intentar establecer el trance del hombre, desd~ la existencia individualizadora, hasta su ser más universal, trascendente y originario.· Un trance de integridad en la Luz del Primer Día: luz sin sombras ni figuras; un pase que pretende la recuperación de la inocencia, el bautismo en pureza y en virginidad azul». Una vez aclarado así el concepto, el lector puede seguir ya sin dificultad la suerte de vía mística que se le propone y para la que cuenta con diversos instrumentos: la plástica del toreo, que tiende a «la integridad en la luw y que se presenta como «investidura de luw, y la lidia del toro que, Recensiones de libros 343 percibido como «un trance de Esthética Originaria»,· permite llegar a ·«la conmoción del coro en la luz». Corno conclusión final (y mientras se nos ofrecen consejos para «no vivir desastrados y sin fijeza»), se nos hace el obsequio de una nueva visión, de una perspectiva inédita de la fiesta de toros. «El arte de la lidia, con sus principios fundamentales, podrá ser entendido corno un método esthético de escucha interior, un método que tiende a la comunión en la luz». Y, de este modo, esperanzados en la promesa de salir un día por la «Puerta Grande de la Luw, abandonarnos la lectura. Carlos Martínez Shaw Fundación de Estudios Taurinos