ISSNe: 2386-8864 DOI: 10.6018/pantarei.606631 Panta Rei, 2024 Las mujeres de la antigua Grecia en la producción historiográfica de Emilio Castelar Ancient Greece Women in the Historiographic Production of Emilio Castelar Unai Iriarte Harvard University
[email protected] 0000-0002-3166-5887 Recibido: 29/02/2024 Aceptado: 08/05/2024 Resumen El presente artículo estudia el antiguo universo femenino griego en la Galería histórica de mujeres célebres de Emilio Castelar. En esta obra tan poco conocida, el expresidente republicano traslada cuál es su concepción sobre el papel de la mujer a lo largo de los siglos. A fin de ahondar en el conocimiento de la mujer del kosmos heleno, se ha atendido metodológicamente a dos características que han caracterizado a las mujeres en la Historia, esto es, su baja visibilidad y su alta vulnerabilidad. El resultado de esta investigación refleja que, pese a lo que podría pensarse, Emilio Castelar es capaz de exponer importantes diferencias entre las mujeres del mundo griego antiguo que van más allá del cliché propio de las fuentes literarias. Esta investigación pone de manifiesto la importancia de apostar por trabajos de recepción de los clásicos para conocer cómo nos ha sido legado el pasado griego. Palabras clave Mujer, Grecia, Historia antigua, Catolicismo, Historiografía. Abstract The present article examines the ancient Greek female universe in Emilio Castelar's “Galería histórica de mujeres célebres” (Historical Gallery of Famous Women). In this relatively unknown work, the former republican president conveys his conception of the role of women throughout the centuries. In order to delve into the understanding of women in the Hellenic kosmos, the methodology has focused on two characteristics that have defined women in history: their low visibility and high vulnerability. The result of this research reflects that, contrary to expectations, Emilio Castelar is able to present significant differences among women in the ancient Greek world that go beyond the clichés found in literary sources. This investigation highlights the importance of investing in receptions of the classics to understand how the Greek past has been transmitted to us. Keywords Woman, Greece, Ancient History, Catholicism, Historiography. Para citar este artículo: Iriarte, Unai (2024). Las mujeres de la antigua Grecia en la producción historiográfica de Emilio Castelar. Panta Rei. Revista Digital de Historia y Didáctica de la Historia, 18. DOI: 10.6018/pantarei.606631
Las mujeres de la antigua Grecia en la producción historiográfica de Emilio Castelar Panta Rei, 2024 1. Introducción Emilio Castelar, destacado político, escritor y orador español del siglo XIX, dejó un legado literario significativo. Este dirigente ha pasado a la Historia, sobre todo, por haber sido el penúltimo presidente de la Primera República española, entre septiembre de 1873 y enero de 1874 (Donézar Díez de Ulzurrun, 2014). Sin embargo, son muchos menos los que saben que también fue un importantísimo académico. Castelar fue un escritor prolífico y versátil, pues de su pluma emanaron tanto discursos, artículos o ensayos, como relatos de viajes, novelas e incluso biografías. Este afán de producción literaria no fue exclusivo de Castelar, sino que resulta bastante común entre el republicanismo español de la segunda mitad del siglo XIX (Cava Mesa, 1984). De hecho, es en este último género literario de las biografías, en el que encontramos la que es su obra más extensa, la Galería histórica de mujeres célebres. En los ocho volúmenes que componen este trabajo desarrollado durante cuatro años, desde 1886 hasta 1889, Castelar pone de manifiesto su compromiso con la narración histórica. Sin embargo, esta obra no habría sido solo escrita por él. Uno de sus secretarios personales también presumía de haber redactado de su propio puño algunas partes (Alberola, 1904), aunque se sobreentiende que bajo su supervisión. Castelar se inserta así, a finales del siglo XIX, en un fenómeno literario que empieza a ser común en España: un creciente interés hacia las biografías de mujeres. No obstante, estos escritos vienen a suponer, principalmente, ejercicios de erudición intelectual. A lo largo de la Galería histórica de mujeres célebres se observa de manera inequívoca el reconocimiento de Castelar a las importantes hazañas de mujeres durante la Historia. De hecho, el término “galería” responde a la intención que Castelar tiene de “colgar los retratos de aquellas mujeres que más directo influjo han ejercido en la civilización universal” (i, 5, 308- 309). Sobre este asunto sintetizaría Alberola (1904) diciendo que esta obra es “una síntesis maravillosa de la Historia universal, vista por el lado femenino” (p. 157). No obstante, es una frase que requiere de cierta matización, pues mencionar o hablar de mujeres no es lo mismo que presentar una perspectiva femenina. En cualquier caso, en este trabajo de los últimos años de vida de Castelar, este se dedicó a rescatar del olvido, cuando no a subrayar, el papel sobresaliente que algunas mujeres habían tenido en la conformación de la historia de la humanidad. Asimismo, y como no podía ser de otra forma en un escritor tan prolífico, Castelar también cumplió, paralelamente, con sus compromisos habituales con periódicos nacionales e internacionales (Donézar Díez de Ulzurrun, 2014). Llegó a escribir más de quinientos artículos (Cava Mesa, 1984). Una de las últimas obras que publicaría Castelar fue Nerón, dividida en tres tomos (1891- 1893). Este interés permanente por el pasado no es casualidad. El penúltimo presidente de la Primera República era historiador. De hecho, incluso llegó a ocupar una cátedra de Historia de la Universidad Central de Madrid, concretamente de Historia Filosófica y Crítica de España (Alberola, 1904; Donézar Díez de Ulzurrun, 2014). Incluso llegó a ser nombrado doctor honoris causa de la Universidad de Oxford (Esteve Ibáñez, 1990). En parte por esta razón, estamos en Galería histórica de mujeres célebres ante un trabajo propio de un erudito, fiel reflejo de las riquísimas bibliotecas a las que su autor tenía acceso (Darío, 1899). Asimismo, en esta obra en particular muestra una excelente capacidad de síntesis. A lo largo de estos ocho volúmenes resume más de cuarenta siglos de Historia. Estamos hablando, en total, de más de 2700 páginas, distribuidas homogéneamente en los ocho tomos. Castelar cobraba por páginas, así
Unai Iriarte Panta Rei, 2024 que esta obra fue, sin duda, una de las que más ingresos económicos le hubo reportado (Esteve Ibáñez, 1990). Por supuesto, explorar en detalle el contenido de este enciclopédico trabajo resulta casi imposible. Sin embargo, confío en que esta contribución sirva para que el lector descubra de qué manera Castelar presenta, trata, da visibilidad, apoya o critica a algunas de las mujeres más sobresalientes que pertenecieron al antiguo mundo griego. Podríamos dividir los ocho volúmenes de la Galería histórica de mujeres célebres en cuatro partes: 1) la mujer semita y oriental; 2) la mujer griega; 3) la mujer romana y 4) la Virgen María. En lo que respecta a este artículo, que se centra en las mujeres griegas, estas aparecen referenciadas sobre todo en tres de los ocho tomos que componen esta extensa obra: el tomo primero o prólogo (1886), el cuarto al completo (1887) y parte del quinto (1888). En el primer tomo habla de estas mujeres del mundo griego superficialmente, pero en los volúmenes cuarto y quinto sí se centra en exclusiva en algunas de ellas. De hecho, es en estos dos últimos tomos en lo que detalla la vida, virtudes y vicios de once mujeres del mundo griego. Como él mismo reconoce, quien historia la mujer, “historia la religión, historia el arte, historia la política, historia todos los componentes y todas las fases de nuestra humana vida” (i, 309-310). A lo largo de las páginas siguientes no solo se va a analizar el caso de las antiguas mujeres griegas que Castelar menciona en su obra, sino también el de aquellas que, no siendo propiamente helenas, participan de forma alguna en el kosmos griego. Tal es el caso de Medea o Atosa. Igual que Castelar entremezcla en su análisis de la civilización griega a aquellas mujeres que son ficticias e históricas, tampoco diferencia entre las diosas y las humanas. Castelar alude a muchísimas mujeres del mundo griego antiguo. Habla de Antígona, de Atenea y de Hécate; también de Proserpina, de la Gorgona y de las amazonas. Y no solo de mujeres ficticias y/o divinas, sino igualmente de otras históricas (o consideradas como tal), como la hermana de Harmodio (i, 303), Leena (ibid.; v, 56), Telésila de Argos (i, 304; iv, 295-296) o Lais de Corinto (v, 58-59). No obstante, Castelar no dedica a todas un capítulo exclusivo. De entre estas últimas afortunadas, y siguiendo un orden que parece responder a cuestiones cronológicas, se encuentran las siguientes: Ceres (iv, pp. 5-58), Dafne (iv, pp. 59-96), Helena (iv, pp. 97-191), Medea (iv, pp. 193-263), Gorgo y las mujeres dorias (iv, pp. 265-326), Atosa (iv, pp. 327-369), Safo (iv, pp. 371-399), Hero (v, pp. 371), Aspasia (v, pp. 37-108), Lisístrata (v, pp. 109-142) y Olimpia (v, pp. 143-247). Estamos ante once capítulos en total. Son muchos los elementos que de cada una de estas mujeres pudieran decirse, pero por cuestiones de operatividad, en este trabajo se abordarán temas relacionadas con su visibilidad y su vulnerabilidad. Estas dos son características que han servido para definir a aquellos grupos sociales tradicionalmente discriminados, como es el caso de las mujeres de la Antigüedad griega. 2. Marco Teórico Esta investigación sobre la imagen que Castelar traslada de las mujeres del antiguo mundo heleno resulta innovadora no solo por su contenido, sino también por su enfoque. Por un lado, en lo que respecta al contenido, este estudio centrado en dos rasgos definitorios propios de grupos tradicionalmente discriminados como son la visibilidad y la vulnerabilidad, unidos a una cuestión de género, resulta novedoso. Sí que es cierto que el fenómeno de la vulnerabilidad en el mundo antiguo ha gozado de cierta atención en los últimos años (Bearzot, 2015; Cudjoe,
Las mujeres de la antigua Grecia en la producción historiográfica de Emilio Castelar Panta Rei, 2024 2000; Fernández Prieto, 2023; González Estrada, 2018; Laes, 2005; Rubiera Cancelas, 2018; Rubiera Cancelas, García Ventura y Méndez Santiago, 2023; Valdés y Fernández Prieto, 2022), así como también han despertado un creciente interés las investigaciones acerca de la visibilización de grupos habitualmente olvidados, tanto por autores antiguos como modernos (Folbre, 2006; Nash, 1985). Sin embargo, apenas hay en la historiografía española trabajos que aúnen los dos fenómenos anteriormente señalados, la visibilidad y la vulnerabilidad, y añadan una perspectiva o un componente de género (Fernández Prieto e Iriarte, 2024). Por otro lado, este artículo plantea un enfoque poco común, pues encaja dentro de lo que suele llamarse Classical Reception, algo así como “recepción de los clásicos”. El simple hecho de que esta traducción pueda resultarnos extraña es fiel reflejo de la situación por la que atraviesan estas investigaciones en territorio nacional. Desafortunadamente, no ha habido en el contexto español mucho interés por estudiar temas que conectasen el pasado heleno con épocas más recientes. Siempre hay excepciones, como el recién publicado volumen intitulado La democracia griega y sus intérpretes en la tradición occidental, editado por Fornis, Sancho Rocher y García Sánchez (2023), así como el proyecto nacional “La democracia antigua en el discurso y en la construcción de la República moderna” (2021-2024), del que forman parte los editores anteriormente mencionados. De igual forma, otro proyecto nacional en curso es el de “La Antigüedad modernizada: Grecia y Roma al servicio de la idea de civilización, orden y progreso en España y Latinoamérica” (2022-2025), dirigido por Romero Recio y Salas Álvarez. También en este ámbito de la recepción del pasado griego cabría destacar Plácido (2023) con una obra que compila algunos artículos que este historiador ha trabajado en los últimos años. No obstante, y al margen de estas excepciones, en general, el encorsetamiento administrativo de la Universidad española impide que exista un diálogo fluido no ya entre disciplinas o áreas de conocimiento, sino entre diferentes períodos históricos, como es en este caso la Historia Contemporánea y la Historia Antigua. En otros países, sin embargo, estos trabajos de recepción de los clásicos llevan realizándose desde hace tiempo e incluso en algunas prestigiosas universidades extranjeras constituyen líneas de investigación consolidadas (Balot, 2009; Finley, 1985; Hansen, 1989 y 2005; Hardwick y Stray, 2007; Roberts, 1994). En lo que respecta a la figura de Emilio Castelar, también aquí lamentablemente el penúltimo presidente de la Primera República sufre, a grandes rasgos, de un cierto desinterés por parte de los historiadores. Arrinconado en pequeños apartados de los libros y manuales de Historia contemporánea o Historia del siglo XIX, la realidad es que el estudio exhaustivo de este autor decimonónico se limita prácticamente a dos únicos trabajos. Por un lado, una Tesis Doctoral de 1990, cuya consulta queda condicionada a la previa solicitud expresa por parte del interesado (Esteve Ibáñez, 1990). Y, por otro lado, varios capítulos de libro en una obra de 2014 que versa sobre la Constitución de 1873 (Donézar Díez de Ulzurrun, 2014). La historiografía española ha tendido a centrarse mucho más en el Castelar político, orador y articulista, que en el Castelar historiador y literato (Castelar, 1873, 1886, 1887, 1888, 2011). En definitiva, el marco teórico de un estudio de estas características se antoja todavía precario, pero las recientes publicaciones que se han ido aludiendo son fiel reflejo de que, poco a poco, la historiografía española también tiene mucho que aportar a la hora de conocer de qué manera nos ha sido transmitido el legado griego. 3. Metodología
Unai Iriarte Panta Rei, 2024 El procedimiento investigador del presente trabajo no dista mucho del de cualquier otra investigación histórica. No obstante, en esta ocasión, y por la idiosincrasia particular del tema, al tratarse de un artículo sobre recepción de los clásicos, ha sido necesario trabajar simultáneamente con dos enfoques diferentes. Por un lado, (1) trabajando fuentes literarias antiguas, que son las que Castelar ha utilizado para plasmar sus biografías de las mujeres del pasado griego; y, por otro lado, (2) empleando bibliografía moderna para conocer el contexto decimonónico en el que este intelectual escribió la Galería histórica de mujeres célebres. El objetivo de esta doble aproximación es (1) conocer las razones que llevan a Castelar a decantarse por unas mujeres en concreto y no otras, (2) saber cuál es su encaje en su pensamiento político particular, (3) así como en su contexto histórico, y, por último, y en determinadas ocasiones, (4) valorar hasta qué punto la representación de algunas mujeres difiere de su otrora realidad histórica. Sin embargo, cabe señalar que esta última cuestión ha quedado supeditada, en ocasiones y por cuestiones de espacio, a la interpretación del expresidente republicano. Es decir, no se han elaborado comentarios pormenorizados de crítica histórica, pues en un enfoque de recepción de los clásicos carece de sentido corregir (o alabar o llevar la contraria) a un autor del siglo XIX señalando cuánto de acertado estaba al seguir una determinada tradición y no otra al hablar de, por ejemplo, Helena de Troya. Esta cuestión no ha impedido que se haya podido desarrollar un detallado análisis de las descripciones que Castelar ha escrito en los respectivos capítulos dedicados a las mujeres del mundo griego con el propósito de juzgar y apreciar mejor los matices de su interpretación. Por último, en relación con la metodología formal del trabajo, a la hora de citar la Galería histórica de mujeres célebres de Emilio Castelar, esta se ha hecho directamente en el cuerpo principal del texto, indicando, según el caso, el tomo seguido de la página en dicho volumen: i, para el primer tomo; iv, para el cuarto; y v, para el quinto. 4. Discusión 4.1. Concepción sobre las mujeres del universo griego Antes de analizar, pues, el legado femenino griego que nos transmite Castelar, conviene atender a la manera en la que este concibe a la mujer. De hecho, su propia percepción sobre esta es consecuencia, a su vez, de su formación católica. Un ejemplo es su obra San Francisco y su convento de Asís, en donde habla sobre su admiración por este santo. Probablemente por esta razón, la mujer del kosmos heleno destacaba para Castelar en su rol social por su condición de madre (cuando no de esposa), es decir, por perpetuar y educar a su propio linaje (i, 203). Esta relación que Castelar establece entre ser mujer y madre se percibe a lo largo de su obra, ya que parece tener bastante presente a la Virgen María a la hora de hablar de casi cualquier otra mujer. No es esta una opinión infundada, pues dedica en exclusiva a la Virgen María el octavo volumen de su Galería histórica de mujeres célebres (y ello equivale a cerca de cuatrocientas páginas). Por esta razón, se debe tener presente esta perspectiva católica a la hora de valorar y analizar no ya las mujeres de la Grecia antigua a las que Castelar ha decidido dedicar un capítulo, sino también la manera en la que habla sobre todas ellas. Desde el primer tomo Castelar establece una fuerte diferenciación entre los sexos y sus tareas, categorización definida ya en la propia Antigüedad griega (X. Oec. 7.10-37, esp. 22; Pl. Resp. 5.455e; Leg. 6.781a-b; Arist. Gen. an. 1.20.728a19-25) y en la bibliografía moderna, como
Las mujeres de la antigua Grecia en la producción historiográfica de Emilio Castelar Panta Rei, 2024 Cantarella (2012), quien recuerda “Diferència és igual a inferioritat i, en conseqüència, fomenta l’establiment d’una relació subalterna”. No obstante, esta división la adoptaría después el cristianismo, moldeando así el pensamiento de Castelar a este respecto: De un sexo parece principal característica la fuerza, del otro gracia. Predomina en el uno la razón, en el otro predomina el sentimiento. La virilidad parece producida para los empeños de la guerra, y la feminidad parece producida para los atractivos del amor. Las lenguas han creído a la compasión, y a la ternura, y a la delicadeza, y a la caridad mujeres, así como han creído al esfuerzo y al combate hombres (i, 26). Y Castelar no solo diferencia atributos o espacios entre los sexos, también lo hace entre los intereses de cada uno. Por ejemplo, para las mujeres las motivaciones serían la música, la pintura o la poesía (i, 27), mientras que este no sería el caso de los varones. De acuerdo con Castelar, esta separación entre las actividades y los intereses de un sexo y otro tienen su origen en la Prehistoria incluso, cuando el hombre habría tratado de proteger y amparar a la mujer “de su propia debilidad y contra los rigores del universo”, es decir, de “la condición irremediable de su hermoso débil sexo” (i, 58-59). De hecho, esta idea tradicional de que la mujer constituye el sexo débil es continuamente repetida por Castelar a lo largo de su obra (i, 71, 82, 161). A veces emplea otras fórmulas para referirse al sexo femenino, pero la connotación de estas no hace variar su perspectiva patriarcal (“bello sexo”, en i, 99, 144, 149, 190, 211, 236; o “sexo hermoso”, en i, 111, 137, 142, 155, 241). En definitiva, la mujer constituye el sexo débil que debe ser bello, que no racional, mientras que el hombre debe ser fuerte y racional (i, 241; v, 61). Castelar no es en absoluto ajeno a los vicios de su época. Al igual que la gran mayoría de intelectuales del siglo XIX, este erudito también presenta comportamientos machistas heredados de una larga tradición patriarcal. Sin ir más lejos, estas mismas actitudes que le llevan a presentar a las mujeres como un sujeto pasivo se pueden apreciar en otras obras de la época tan populares como, por ejemplo, Fortunata y Jacinta de Pérez Galdós, el papel de Ana Ozores en La Regenta de Clarín o en diferentes cartas de Bécquer. No obstante, ser humano supone cabalgar contradicciones, razón por la que, paradójicamente, se debe señalar aquí que, en determinadas ocasiones, Castelar también esgrime algunas posturas que reflejan un cierto carácter “protofeminista”. Castelar vivió rodeado de mujeres, tanto de su propia familia como de aristócratas. En sus escritos evitaba ensañarse en exceso con estas, tanto con algunas pasadas, como María Antonieta, como con otras contemporáneas, como la regente María Cristina (Esteve Ibáñez, 1990). En el caso de la Galería histórica de mujeres célebres, por ejemplo, al hablar de las herencias de las mujeres griegas, protesta sobre el hecho de que estas no tuvieran derecho a ellas, algo que tilda de desigualdad que irrita “nuestro propio sentido natural” (i, 218). O, en otro lugar, se lamenta de que no existiera “comercio intelectual” entre hombres y mujeres, algo que aporta numerosas ventajas a las sociedades modernas, refiriéndose a la suya propia (i, 225). Llega a utilizar explícitamente el término “patriarcado antiguo”, para describir un sistema que consagraba la inferioridad de la mujer con respecto al hombre, al padre, que era omnipotente; jerarquización que “condenaba” a la mujer a la tutela perpetua (i, 253). Incluso parece que, en cierta medida, Castelar tiene en mente su España de finales del siglo XIX cuando denuncia que, en la Antigüedad, la mujer
Unai Iriarte Panta Rei, 2024 era humillada por el Estado por esta falta de libertades civiles (i, 254). También protesta por el trato histórico desigual que han recibido los hombres y las mujeres. No le parece justo que todo el mundo conozca a Leónidas por su hazaña en las Termópilas, pero que olvide las gestas de su mujer, de Gorgo (i, 306). Y no es esta una indignación fingida, pues posteriormente le dedica un capítulo bastante extenso a esta y otras mujeres espartanas (iv, 265-326). En definitiva, aunque Castelar sea un ferviente católico que opera dentro de esta especie de lógica patriarcal propia del siglo XIX, encontramos en él una serie de expresiones, condenas, o directamente denuncias, que reflejan una sensibilidad hacia el sexo femenino que va más allá de la convencional condescendencia de su época. Por esta razón suscita un interés tan grande analizar con atención de qué manera habla sobre mujeres de la civilización griega. 4. 2. La visibilidad del kosmos femenino La Real Academia Española considera la visibilidad (del latín visibilitas) la “cualidad de ser visible”, esto es, “que se puede ver” (acepción primera) o “dicho de una persona: notable y que llama la atención por alguna singularidad” (acepción tercera). ¿Cómo se puede medir la visibilidad de una mujer del antiguo mundo griego en la obra de un autor decimonónico? ¿Dependerá esta, a su vez, de la visibilidad que dicha mujer tuvo en su propio tiempo histórico? ¿Y en el caso de las mujeres ficticias, de personajes como Lisístrata o Medea, depende esta visibilidad, asimismo, de su protagonismo en sus respectivas comedias y tragedias? ¿Qué sucede con el simbolismo o la identidad de estas mujeres? Como apuntaba Varagnac (1920), a veces da la impresión de que Castelar menciona algunas mujeres (sobre todo en el tercer tomo) más por lo que representan que por lo que puede decirse de ellas a nivel individual. En resumen, estas son solo algunas de las múltiples cuestiones que caben hacerse y tratar a la hora de iniciar un análisis sobre la visibilidad de las mujeres de la civilización griega en la Galería histórica de mujeres célebres. Por desgracia, no existe en la actualidad una metodología definida y concreta que permita establecer unos parámetros claros a la hora de evaluar un concepto tan amplio como es la “visibilidad”. No obstante, hay una serie de elementos que sí pueden ser cuantificables, como el espacio físico que Castelar concede a las mujeres del mundo antiguo griego en su obra. Castelar menciona a varias mujeres del espacio heleno a lo largo de su Galería histórica de mujeres célebres, sobre todo en los tomos primero, cuarto y quinto. Sin embargo, es en estos dos últimos en donde mayor visibilidad les proporciona. Como se ha mencionado ya, once son en total las mujeres agraciadas con capítulos dedicados en exclusiva para ellas. Sin embargo, estos once capítulos no presentan la misma extensión. Por tanto, se podría calibrar el nivel de visibilidad que Castelar concede a estas mujeres en función del menor o mayor número de páginas que dedica a cada una. Esta interpretación no es banal. Algo similar ocurre a la hora de valorar en la actualidad la visibilidad de un determinado asunto social, en virtud de cuánto espacio ocupa en los programas de televisión o en los periódicos. A mayor espacio, se sobreentiende que mayor visibilidad de un asunto. Aquellas mujeres del mundo griego que reciben mayor extensión literaria por Castelar son Aspasia, Helena y, en primer lugar, Olimpia, con 71, 94 y 104 páginas respectivamente; mientras que en el lado opuesto están Lisístrata, Hero y Safo, con 33, 30 y 28 páginas. Para
Las mujeres de la antigua Grecia en la producción historiográfica de Emilio Castelar Panta Rei, 2024 un mero observador, si se atiende solamente al número de folios, daría la impresión de que la mujer que mayor interés le suscitaba a Castelar era Olimpia y la que menos Safo. Sin embargo, el hecho de que algunos capítulos sean más extensos que otros no significa que la atención de nuestro autor se centrara correlativamente en las mujeres a las que dedicaba estos capítulos. En realidad, algunos de estos capítulos presentaban una extensión mayor, no porque Castelar pretendiese visibilizar (o le interesasen) más a Olimpia o Aspasia, sino porque estas se encontraban en el entorno más inmediato de figuras especialmente relevantes como Alejandro Magno y Pericles. Por ejemplo, señala de forma explícita que “Olimpias comprendió desde bien temprano cómo su principal carácter y su principal prestigio debían derivarse de haber parido a su Alejandro” (v, 154). Y algo similar sucede con Gorgo, pues en su capítulo, de extensión media (61 páginas), menos de una decena de páginas son para abordar su figura, en pro de las hazañas de Leónidas. O, como afirma en el caso de Medea, su figura “está unida con la figura de Jasón, y la figura de Jasón está unida con las desgracias de Tebas, y las desgracias de Tebas unidas con la muerte del rey Edipo y de sus míseros engendros” (iv, 198- 199). Asimismo, también se debe tener en cuenta que Castelar no pretende dotar necesariamente a estas once mujeres del mundo griego de una visibilidad extraordinaria por un mero interés histórico personal. Al contrario, a menudo recupera su memoria para instrumentalizarlas y acomodarlas a su propia visión católica del mundo. Por ejemplo, dedica un capítulo a Ceres/Deméter porque sus cultos mistéricos junto a Core, “imponían grande castidad a la mujer y demandaban fidelidades inviolables y mutuas a todos los matrimonios” (iv, 16). Como bien señala Pomeroy (1975), en una sociedad patriarcal, las mujeres no tienen las mismas libertades sexuales que los hombres, de la misma forma que la virginidad de una doncella y su reputación eran posesiones bien preciadas. No obstante, conviene tener en cuenta aquí que existe una diferencia entre el concepto de virginidad en la antigua Grecia y el que Castelar entiende dentro del cristianismo. En la Antigüedad la parthenia presentaba más connotaciones sociales que físicas (había “vírgenes” que eran madres no casadas, vid. Arist. Pol. 5.7.1306b2; Str. 6.3.2), mientras que en el siglo XIX (o en la actualidad) la virginidad responde más a una cuestión corporal (sobre la virginidad en Grecia, vid. Chantraine, 1968, s.v. παρθένος con bibliografía; Sissa, 1987; Viitaniemi, 1998; y su resignificación en el cristianismo, vid. Rousselle, 1984). Castelar no es consciente de esta diferenciación y aplica su propia percepción sobre el asunto, así que dedica un capítulo a Dafne por el celo con el que esta protegía su virginidad cristiana (iv, 82; la cursiva es nuestra); y a Helena por todo lo contrario (iv, 127; la tacha de impura en iv, 186) y porque era una infiel (iv, 189). A Medea le dedica un capítulo porque representa la brujería y hechicería de las civilizaciones primitivas inferiores y pasadas (iv, 202, 225-227), y en la misma línea, se lo dedica a Atosa (iv, 327, 331). Esta confrontación entre la civilización occidental y la civilización oriental está presente a su vez en otros trabajos del propio Castelar, como en su Discurso sobre la libertad religiosa y la separación entre Iglesia y el Estado, pronunciado en una sesión de las Cortes el 12 de abril de 1869, en donde aludía a la incapacidad de personajes como Napoleón para extender el catolicismo por oriente (contra esta visión, vid. Pidal y Mon, 1869). En cualquier caso, Castelar se hace eco a través de personajes como Medea y Atosa de una tradición historiográfica que, en cierta medida, arranca en el mismo siglo XIX, la cual defendía una supuesta reclusión de las mujeres en las civilizaciones orientales. Esta percepción nacía de la creencia de que su democracia moderna
Unai Iriarte Panta Rei, 2024 era descendiente directa de la antigua; así como que las civilizaciones occidentales y orientales suponían dos modelos culturales totalmente diferentes (Schmitt Pantel, 1992). En lo que respecta a los capítulos de Safo y Aspasia, su presencia en la Galería histórica de mujeres célebres responde al interés de Castelar por limpiar sus nombres. Considera totalmente injusto que se las trate de prostitutas, de mujeres impuras sin honra (iv, 384, 391, 395-399 para Safo y v, 37, 40, 50, 95 para Aspasia). El capítulo dedicado a Hero tiene su razón de ser porque su romance con Leandro simboliza “la eternidad santa del amor y lo invariable de sus caracteres naturales”, ya que el amor antiguo, basado en los sentidos, no se diferencia del amor cristiano, que se basa en el alma (v, 16). Este amor antiguo es también comparado con el de Romeo y Julieta y con el de Marcilla e Isabel (v, 16-17). Y, finalmente, el capítulo dedicado a Olimpia existe porque Castelar pretende explicar a través de esta cómo la madre modela a sus vástagos a su imagen y semejanza (v, 143, 154, 164, 177). En definitiva, como puede apreciarse la religión católica que Castelar profesa afecta directamente no solo a la elección de estas mujeres (y su visibilidad), sino también al tratamiento que realiza de estas y de su memoria. No obstante, no es algo atípico, pues este filtro católico también está presente en otras obras suyas anteriores, como en la Redención del Esclavo (Darío, 1899). Además de estas once mujeres principales, Castelar también se refiere, aunque sea de pasada, a otra serie de mujeres de la cultura griega pertenecientes a los géneros de la épica y la tragedia. De nuevo aquí su propia religión condiciona la elección de dichas mujeres. Por ejemplo, en lo que respecta a la épica (la Ilíada, obra de la que dice que nos deberían interesar más sus heroínas que los varones, i, 237; y la Odisea), alude de pasada a Nausícaa (i, 244), Circe y Calipso (i, 245), Helena (i, 318), Casandra y Hécuba (iv, 98, 145, 173-174), pero en quien se centra es en Penélope (en i, 240, 241, 246), por ser el mayor ejemplo de mujer fiel y virtuosa; al igual que debe serlo la mujer en la familia cristiana. En cuanto a la tragedia, el interés de Castelar pasa por visibilizar fundamentalmente a Antígona, sobre la que habla bastante en el primer tomo, y apenas menciona en los volúmenes cuarto y quinto, en donde el protagonismo femenino en la tragedia lo adquiere Medea (iv, pp. 193-263). Cuenta Castelar que Antígona representa para él “la belleza moral perfecta” (i, 273-274), así como “todas las virtudes propias del sexo a que pertenece” (i, 277). El catolicismo vuelve a hacer aquí acto de presencia, pues entre estas virtudes, Castelar destaca la piedad (i, 278, 283-284). Asimismo, parafrasea algunas de las escenas de Antígona de Sófocles (v. gr. vv. 450-524) para hablarnos de su protagonista como una mujer sufridora e incluso llega a referirse a esta como “mártir” (i, 288 y 291). Sin embargo, es importante destacar que el interés en destacar a Antígona también se debería, en parte, a la admiración que Castelar parece sentir por Sófocles (i, 265; iv, 214), a quien considera capaz de superar con sus escenas incluso a otros dramaturgos igualmente sublimes, como Shakespeare o Calderón (i, 292; iv, 103). El expresidente republicano defiende con ahínco esta excelencia en la tragedia de Sófocles sobre otros autores. Sin ir más lejos, critica abiertamente a Eurípides (v. gr. iv, 214; v, 122), a quien considera, a pesar de la excelente variedad de papeles femeninos en sus obras, un autor tan misógino como otros tantos escritores eclesiásticos (i, 293; quizá siga la Sud. s.v. Εριπιδης, que se basa a su vez en las respectivas Vidas del trágico; sobre el origen de la fama misógina de Eurípides, vid. Moura, 2020). Tampoco parece sentir una gran simpatía por Esquilo, en quien, dice, no debe el lector buscar “aquel interés dramático encontrado en sus dos ilustres y
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