Acoso escolar y ciberacoso en educación primaria: prevalencia e intervención psicoeducativa
Full text
Acos o escola r y ciberacos o en educa ción
pri maria: preval encia e i nterv ención
psico educativa
2021
Tesis Doctoral
Marta Estévez Corder o
Directora: Dra. Rosario del Rey Alamillo
Acoso escol ar y ciberac oso en educ ación
primaria: prevalencia e intervenció n
psicoeducativa
Tesis Doctoral
Marta Estévez Cordero
Directora: Dra. Rosario del R ey Alamillo
Universi dad de Sevilla
Sevilla, 20 21
A quienes dedican su labor en paliar los efectos adversos del acoso escolar y el
ciberacoso en los centros educ ativos. A Teresa, que me inspiró como maestra y fue mi
escudo en e l campo de batalla. A mis padres, que son el espejo en el que me miro día
tras día y un fiel reflejo de que la constancia y la perseverancia aportan sus frutos. A
Lucía, que aporta luz hasta en los momentos de total oscuridad.
A GRADECIMIENTOS
Han sido algunos años de ardua tarea y noches sin descanso, acompañados de
periodos de bajón, de est rés y ansiedad, pero también de algunos momentos alegres y de
optimismo, aunque a veces estos fueran los menos. La presente Tesis Doctoral forma
parte de una etapa de mi vida que termina para da r comienzo a otra qu e me deparará un
nuevo devenir y retos. E ste ciclo, no exe nto de dificultades, también ha estado marcado
por personas que han formado parte del camino y del proceso de elaboración de este
trabajo, sin cuya aportac ión este no sería lo que es hoy.
Quiero agradecer a mi padre y mi madre la educación que me han dado , por los
esfuerzos que han hecho para que ese arbolit o , desde chiquitito, crecier a recto. Agradezco
también toda su dedicaci ón y empeño en mi form ación académica, por brindarme apoyo
incondicionalmente, por esos años de academia, los refuerzos de verano, los congresos a
los que asistí, mi estancia en Irlanda, el ti empo que han estado conmigo, en resumidas
cuentas, todos los sacrificios que hicieron por mí. Quiero agradecerles también por
motivarme a seguir cada vez más alto, darme aliento cuando lo he necesitado , por guiarme
y aconsejarme en cada una de mis decisiones, aunque luego yo tomara las opciones menos
co mprensibles. A mi padre, por las horas que me has dedicado, por todo ese trab ajo
invisible, esos momentos de desahogo, qu e no pasan inadvertidos para mí y por esa forma
tan inusual de animarme y pensa r en lo que está po r venir. A mi madre, por ser una Coach
de primera, por sab er có mo alentarme a seguir cuando estaba decaída, en ti empos difíciles
y en mom entos de confinamiento, por pensar siempre en mí , estar continuamente al
último suspiro por mi ca usa y por ofrecerme todo . Gracias por ser tan influencer co n tus
actos, soy tu principal fo llower . No existen suficientes palabras d e agradecimiento para
expresar vuestro en comiable esfuerzo y d escribir todo lo que habéis hecho por mí y me
habéis aportado. Estas pocas líneas no hacen just icia a todo . Gracias por vuestra
inconmensurable paciencia. Grac ias a vosotros p or enseña rme lo bonito que es vivi r. Esta
Tesis Doctoral también es vuestra.
A mi hermana Lucía, agradezco que siempre hayas sido un pil ar fundamental en
mi vida, eres hermana y amiga a la vez y has estado conmigo cuando más te he necesitado.
Sin duda eres lo mejor que me ha pasado y un a a yuda inestimable en algunos momentos
críticos o decisivos para mí , aunque muchas veces no lo diga. Agradezco enormemente
tus consejos y tu paciencia para leer y releer algu nas lí neas de este trabajo. Grac ias por
compartir conmigo infinitas experiencias, porque a ún quedan muchas, y aprender tan bien
los valores que nos han enseñado a ambas. Gracia s por tu comprensión y ánimos cuando
más hacían falta, por s acarme más de u na sonrisa y ayudarme a afrontar esta tesis con
optimismo. Este trabajo no sería igual sin tu presencia dia ria.
Agradezco a mi directora de tesis, R osario del Rey, todo el apoyo y guía que me
ha brindado a lo largo de este proceso. Agradezco todas las apor taciones y cada una de
tus crítica s construc tivas, que ha n contribuido a que yo alcance un mayor gra do de
profesionalidad y también sea una mejor persona. Sin e sos consejos no lo habría logrado.
Gracias por tus enseñanzas y tu forma de ser. Eres un gran referente.
Deseo ag radecer también a los miembros del equipo de investi gación IASED, por
su participación y por haberme dado la oportun idad de colaborar e inv olucrarme en
algunos trabajos y proyectos. Gracias po r la confi anza que me han dado y esas palabras
de aliento que me han dedicado en este arduo camino que es la Tesis D octoral. Esas
experiencias también forman parte de este trabajo .
Deseo expr esar un agradecimiento espe cial a la Dra. Patricia Mannix-McNamara,
por sus enseñanzas y consejos durante mi estancia en Irla nda, que no h a podido ser mejor.
Gracias por las correcciones, las palabras y el tiempo dedicado, lo lle varé siemp re
conmigo. Doy gracias también a todo el equipo de Irlanda , a Keith, Jason, Teresa, Roy,
Ann y Eimear, por acogerme entre vosotros, por e nseñarme y hacerme sentir que estaba
en casa , por la cultura qu e me habéis transmitido, siempre formará parte de mí .
Al profesorado que he te nido y que, de una forma u otra, ha influido sobre mí y
contribuido en mi forma de ser. En especial quiero agradecer a quienes h an sido un mayor
referente p ara mí, profesional y personalmente; a Conchita, gracias po r ser la primera y
fomentar el placer por le er; a Madre Rosario Mª, gracias po r ser una dir ectora y tutora
ejemplar; a Te resa, gracias por tu c ercanía y bondad, por se r una fuente de inspiración en
la adolescencia y por dejar tu huella; a Manuel y Ángel, gracias por vu estras palabras de
aliento y vuestro buen hacer, me animasteis a ser inconformist a y seguir avanzando, a
soñar a lo gr ande; a Tere Ruiz, gracias por la aleg ría con la qu e siempre venías a clase y
por hacer qu e tus clases s iempre fu eran entretenidas y amenas; a David, gracias por guiar
mis primeros pasos en la informática; a Julia, g racias por tu sonrisa y por la serenidad que
siempre has tra nsmitido; a la he rmana Mª del Ma r, gra cias por estar siempre disponible y
dedicar unos minutos , aun cuando no los había y por ayudarme a compren der conceptos
abstractos con horta lizas; a Adolfo Bolea, gracias por confiar en mí y enseñarme gra ndes
lecciones d el pas ado; a M anolina, gracias por ense ñarme la filosofía, necesaria pa ra el día
a día; a P aco, gracias por esas palabras tan sevillanas que inducían a la prevención, por
decir siempre que “cama rón que se duerme, se lo ll eva la corriente ”; a los profesore s y
profesoras de l a facultad de Ciencias d e la Edu cación, porque todos ellos me han ayud ado
a formar m e y forjarme como docente.
A mis amigos y amigas de diferentes partes del mundo, esa gran familia
internacional que, aun e n la distancia, sigue en contacto, ha aportado alegrí a y ánimos en
estos años y ha vivido la misma aventura en I rlanda. A mis amigos y amig as de Sevilla,
agradezc o que hayáis intentado comprender mis ausencias, las salidas a las que no asistí,
los cumplea ños que me perdí y las reuniones a las que no fui. Ha brá ocasiones en las que
se puedan retomar e sos buenos momentos. Doy gr acias especialmente a Ari , por mostrar
interés, pre guntar y dar á nimos en la última fase de esta etapa.
Finalmente, pero no por ello menos importante, q uiero agradecer la colaboración
de los centros educativos y a los niños y niñas participantes que han hecho posible esta
Tesis Doctoral, sin cuya intervención este trabajo no habría salido adelante.
VI
VII
Í NDICE DE TABL AS
______________________________________________________________________
Tabla 1. Resumen de los instrumentos empleados para evaluar el acoso escolar .......... 56
Tabla 2.Estudios sobre la prevalencia de acoso esc olar en el territorio nac io nal ........... 64
Tabla 3. Estudios sobre la prevalencia de ac oso escolar en el territorio anda luz ........... 69
Tabla 4. Resumen de las causa s de riesgo y de pro tección del acoso esc ol ar ................ 92
Tabla 5. Similitudes y difere ncias entre el acoso escolar y el ciberacoso .................... 122
Tabla 6. Resumen de los instrumentos empleados para la evalua ción del ciberacoso . 133
Tabla 7. Estudios sobre la prevalencia de ciberac oso en el territorio nacional ............ 144
Tabla 8. Estudios sobre la prevalencia de ciberac oso en Andalucía ............................ 149
Tabla 9. Resumen de las causa s de riesgo y de p rotección del ciberacoso .................. 165
Tabla 10. Resumen de la legislación judicial sobre convivenc ia escolar, acoso escolar y
ciberacoso ..................................................................................................................... 184
Tabla 11. Resumen de la normativa e ducativa sobre la convivencia escolar, acoso
escolar y ciberacoso ...................................................................................................... 191
Tabla 12. Caracter ísticas de las redes sociales más usadas entre estudiantes de primaria
...................................................................................................................................... 233
Tabla 13. Criterios de inclusión y exclusión ................................................................ 239
Tabla 14. Listado de términos de exclusión en Rayyan y e jemplos de exclusión en título
y resumen ...................................................................................................................... 241
Tabla 15. Componentes metodológicos de las intervenc iones contra el acoso escolar y el
ciberacoso ..................................................................................................................... 246
Tabla 16. Caracter ísticas demográficas de la muestra .................................................. 249
Tabla 17. Presencia de l acoso escolar según la for ma .................................................. 257
Tabla 18. Presencia de l ciberacoso según la forma ...................................................... 259
Tabla 19. Preva l encia del acoso e scolar según el género ................................ ............. 261
Tabla 20. Presencia de la agresión y victimización de acoso escolar según el género 261
Tabla 21. Presencia de las formas de acoso escolar según el género ........................... 262
Tabla 22. Preva l encia del ciberacoso según e l géne ro ................................................. 263
Tabla 23. Presencia de la ciberagresión y la ciberv ictimización según el género ........ 263
Tabla 24. Presencia de las formas de ciberacoso según el género ............................... 264
Tabla 25. Preva l encia de acoso escolar según el curso ................................................ 265
Tabla 26. Presencia de la agresión y victimización de acoso escolar según e l curso ... 265
Tabla 27. Presencia de las formas de acoso escolar según el curso ............................. 266
Tabla 28. Preva l encia de ciberacoso según el curso ..................................................... 266
VIII
Tabla 29. Presencia de la ciberagresión y la ciberv ictimización según el curso .......... 267
Tabla 30. Presencia de las formas de ciberacoso según el curso .................................. 268
Tabla 31. Presencia de l ciberacoso según la forma entre estudiantes que usan redes
sociales ......................................................................................................................... 271
Tabla 32. Preva l encia del ciberacoso según el género entre estudiantes con redes
sociales ......................................................................................................................... 273
Tabla 33. Presencia de la ciberagresión y la cibervictimización según el género entre
estudiantes con re des soc iales....................................................................................... 273
Tabla 34. Presencia de las formas de ciberacoso se gún el género entre estudiantes con
redes socia l es ................................................................................................................ 274
Tabla 35. Preva l encia de ciberacoso según el curso entre estudiantes con redes sociales
...................................................................................................................................... 275
Tabla 36. Presencia de la ciberagresión y la cibervictimización según el curso entre
estudiantes con re des soc iales....................................................................................... 275
Tabla 37. Presencia de las formas de ciberacoso según el curso entre estudiantes con
redes socia l es ................................................................................................................ 276
Tabla 38. Frec uencia de evaluación de las intervenciones c ontra el acoso escolar y el
ciberacoso ..................................................................................................................... 278
Tabla 39. Edad de los participantes en las interve nciones contra el acoso escolar y el
ciberacoso en primaria .................................................................................................. 279
Tabla 40. Áreas de acción incluidos en los programas contra e l acoso escolar y e l
ciberacoso ..................................................................................................................... 280
Tabla 41. Lista de c ompo nentes metodológicos hallados en las intervenciones contra el
acoso esc ol ar y ciberacoso ............................................................................................ 283
Tabla 42. Diferenc i as en la prevalencia de acoso escolar entre los grupos de
participantes .................................................................................................................. 289
Tabla 43. Impacto del programa e n la prevalencia de acoso es colar ........................... 289
Tabla 44. Diferenc i as en la presencia de la agre sió n y victimización de a coso escolar
entre los grupos de participantes .................................................................................. 290
Tabla 45. Impacto del programa e n la presencia de acoso escolar ............................... 290
Tabla 46. Diferenc i as en la presencia de las formas de ac oso escolar entre l os grupos de
participantes .................................................................................................................. 291
Tabla 47. Impacto del programa e n las formas de acoso escol ar ................................. 292
Tabla 48. Diferenc i as en la prevalencia de ciberac oso entre los grupos de p articipantes
...................................................................................................................................... 293
Tabla 49. Impacto del programa Ase gúrate en la p revalencia de ciberacoso ............... 293
Tabla 50. Diferenc i as en la presencia de la ciberagresión y ciber victimizaci ón entre los
grupos de participantes ................................................................................................. 294
Tabla 51. Impacto del programa Ase gúrate en la p resenc i a de ciberacoso .................. 294
IX
Tabla 52. Diferenc i as en la presencia de las formas de ciberacoso entre los grupos de
participantes .................................................................................................................. 295
Tabla 53. Impacto del programa e n las formas de ciberacoso ...................................... 296
Tabla 54. Impacto del programa e n la prevalencia de acoso escolar en las chicas ...... 298
Tabla 55. Impacto del programa e n la prev alencia de ac oso escolar en los chicos ...... 299
Tabla 56. Impacto del programa e n la presencia de acoso escolar entre las chicas ..... 299
Tabla 57. Impacto del programa e n la presencia de acoso escolar entre los chicos ..... 300
Tabla 58. Impacto del programa e n las formas de acoso escolar entre las chicas ........ 301
Tabla 59. Impacto del programa e n las formas de acoso escolar entr e los chicos ....... 302
Tabla 60. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso en las chicas ........... 303
Tabla 61. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso en los chicos .......... 304
Tabla 62. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso entre las chicas .......... 304
Tabla 63. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso entre los chicos ......... 305
Tabla 64. Impacto del programa e n las formas de ciberacoso entre las chicas ............ 306
Tabla 65. Impacto del programa e n las form as de ciberacoso entre los chicos ............ 308
Tabla 66. Impacto del programa e n la prevalencia de acoso escolar en 5º de primaria 310
Tabla 67. Impacto del programa e n la prevalencia de acoso escolar en 6º de primaria 310
Tabla 68. Impacto del programa e n la presencia d e ac oso escolar en 5º de primaria .. 311
Tabla 69. Impacto del programa e n la presencia de acoso escolar en 6º de primaria .. 311
Tabla 70. Impacto del programa e n las formas de acoso escolar en 5º de primaria ..... 312
Tabla 71. Impacto del programa e n las formas de acoso escolar en 6º de primaria ..... 313
Tabla 72. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso en 5º d e primaria ... 314
Tabla 73. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso en 6º de primaria ... 315
Tabla 74. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso en 5º de primaria ....... 315
Tabla 75. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso en 6º de primaria ....... 316
Tabla 76. Impacto del programa en las formas de ciberacoso en 5º de primaria ......... 317
Tabla 77. Impacto del programa e n las formas de ciberacoso en 6º de primaria ......... 318
Tabla 78. Diferenc i as en la prevalencia de ciberac oso entre grupos de parti cipantes con
redes socia l es ................................................................................................................ 320
Tabla 79. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso entre estudiantes con
redes socia l es ................................................................................................................ 321
Tabla 80. Diferenc i as en la presencia de la ciberagresión y ciber victimizaci ón entre
grupos de participantes con redes socia les ................................................................... 321
Tabla 81. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso entre estudiantes con
redes socia l es ................................................................................................................ 322
X
Tabla 82. Diferenc i as en la presencia de las formas de ciberac oso entre grupos de
participantes c on redes sociales .................................................................................... 323
Tabla 83. Impacto del programa e n las formas de ciberacoso entre estudian tes con redes
sociales ......................................................................................................................... 324
Tabla 84. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso en las chicas entre
estudiantes con re des soc iales....................................................................................... 326
Tabla 85. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso en los chicos entre
estudiantes con re des soc iales....................................................................................... 326
Tabla 86. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso en las chicas con redes
sociales ......................................................................................................................... 327
Tabla 87. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso en los chicos con redes
sociales ......................................................................................................................... 328
Ta bla 88. Impacto del programa en las formas de ciberacoso en las chicas que usan
redes socia l es ................................................................................................................ 329
Tabla 89. Impacto del programa e n las formas de ciberacoso en los chicos que usan
redes socia l es ................................................................................................................ 331
Tabla 90. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso en 5º de primaria entre
estudiantes que usan redes sociales .............................................................................. 333
Tabla 91. Impacto del programa e n la prevalencia de ciberacoso en 6º de primaria entre
estudiantes que usan redes sociales .............................................................................. 333
Tabla 92. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso en 5º de primaria entre
estudiantes que usan redes sociales .............................................................................. 334
Tabla 93. Impacto del programa e n la presencia de ciberacoso en 6º de primaria entre
estudiantes que usan redes sociales .............................................................................. 335
Tabla 94. Impacto del programa e n las formas de ciberacoso en 5º de primaria entre
estudiantes que usan redes sociales .............................................................................. 336
Tabla 95. Impacto del programa en las formas de ciberacoso en 6º de primaria entre
estudiantes que usan redes sociales .............................................................................. 338
Tabla 96. Programas contra el ac oso escolar y el ciberac oso evaluados en educación
primaria ......................................................................................................................... 509
Tabla 97. Caracter ísticas de los programas contra el acoso y el ciberacoso ................ 537
______________________________________________________________________
E XTENDE D A BSTRA CT
______________________________________________________________________
"Is fada an bóthar nach mbíonn casadh ann"
It's a long road that has no turning
Irish Proverb
3
E XTENDED A BSTRACT
Bullying and cyberbullying are two kind of violence which appear on the school
context. Bullying is an aggressive behaviour and abuse carried out repeatedly and
systematically over time by one or more persons, the purpose of which is to harm, injure
or instil fear in a particular individual or group that is less powerful and therefore cannot
easily def end it self (Olweus, 1999), in a group context (Brighi & Genta, 2010; Smi th,
Pepler, et al., 2004), in which relational dynamics appear such as the law of silence and
the relationship of dominance and submiss ion (Del R ey & Ortega, 2007; Ortega, 2005,
2010). Cyberbullying occurs among peers on virtual environments. There is no single
definition, however, cyberbullying is a complex phenomenon of social violence th at
occurs in digital enviro nments, through peer- to -peer interaction in which there is
aggressive be haviour with intent to harm and an imbalance of power between the
aggressor and the victim ( Smith et al., 2012). It also has some specific characteristics, due
to the context in which it develops, su ch as the anonymity, the brea dth of t he audience,
the accessibility or the difficulty to disconnec t (Kowalski et al., 2008; Slonje et al., 2013;
Slonje & Smith, 2008).
Bullying ca n manif est itself in different ways, depending on the degree of
visibility of the behaviour and th e type of expression or beh aviour, comprising physical,
verbal, social or relational and psychological (G ar aigordobil & Oñederra, 2010; Gladden
et al., 2014; Olweus, 2013; Rettew & P awlowski, 2016) , which more than a form could
be developed simultaneously (Jara et al., 2017; Juvonen & Graham, 2014). C yberbullying
distinguishes between typologi es, based on the d egree of visibil ity of the behaviour, as
direct or indirect forms (Va ndebosch & Van Cleemput, 2009), and the route through
which the cyberaggression occurs (Ortega et al., 2009; S mith et al., 2006), on In ternet,
via mobile phone or social networks.
Students' behaviour and the way they deal with bull ying episodes may favour the
development of a certain pattern of behaviour that identifies them in one of the different
roles of bullying involvement, in which some students become directly invol ved as
bullies, victims or in the dual role of bully-victim (Zyc h et al., 2017), while other children
are involved indirectly (Salmivalli et al., 1996), either because their behaviour invites acts
of bullying aggression to continue and be sustained over time, as a reinforcer of the bully ,
helper of the bully or bystander, or, on the contrary, they carr y out actions that try to stop
such situations as a defender of the victim (O lweus, 2001). P revious research on bullying
4
and its similarity to cyberbullying ha s led to studies on c yberbullying classifying role s of
involvement such as cybervictims, cyberbullies, cyberbullies-victim and bystanders or
witnesses of cyberbullying (Pfetsch, 2016; S chult ze -Krumbholz et al., 2018; Slonje et al.,
2012).
Data on bullying prevalence among primary school students in Spain show 20.3%
of victims, 6% of bullies and 23.9% of bully-victim s (Mac himbarrena & Garaigordobil,
2018b). Bullying occurs betwe en the ages of 10 a nd 12 years, and c ontinues into
secondary school, when bullying prevalence be gins to gradually decrease (Hymel &
Swearer, 2015). Direct behaviours, whether verbal or physical (Defe nsor del Pueblo,
1999), predominate more in this populati on than indirect beh aviours, whether verbal or
relational (García-Moya et al., 2014), which are more frequent among older students
(León del Barco et al., 2 011). Studies on cyberbullying prevalence in Spai n have sho wn
that 17-19% of primary school students are i nvolved, 10.5% as cybervictims, 1.6% as
cyberbullies and 7.4% as cyberbully-victims (Romera et al., 2017). Cyberbullying is most
likely to occur betwe en the ages of 13 a nd 15 (Pabian & Vandebosch, 2016), howe ver, it
can appe ar at earlier ages, during the primary education stage (Delgado & Escortell, 2018;
DePaolis & Willi ford, 2015) and during the transition to secondary educatio n (Garmendia
et al., 2016).
Studies on bullying and cyberbullying have sho wn that these ph enomena ar e
associated with a number of risk factors for the c hildren involved as victims, bullies or
bully-victims (Baldry et al., 2016). These can be in dividual, family, school and social risk
factors (Baldry e t al., 2015), such as the lack of affection, the exposure to violent
behaviours, the poor academic performance, th e low school adjustment, popularity and
rejection by others (Zych, Farrington, et al., 2020) . Despite the differences that may exist
between bullying and cyberbullying, many of the risk factors th at appear in bull ying are
related to cyberbullying. Other more specific a re the involvement in bullyi ng, the lack of
parental supervision, sharing information th at belongs to the private sphere, low
perce ption of th e dangers of internet use, the ti me that children use technological media
and the skills developed from the use of the se tool s (Smith, 2014).
Bullying and cyberbullying have very detrimental eff ects and cons equences
among primary school ch ildren and adolescents tha t affect their quality of life, well -being,
development (Estévez et al., 2018; Vaillancourt et al., 2017) and health of all students
involved (Bradshaw et al. , 2017; Salmivalli, 2010), whether it is perpetra ted, experienced
5
or witnessed (Song & Oh, 2017; Ttofi, Farrington, & Losel, 2011). Depending on the time
of exposure, thes e can have short- or long-te rm consequences, students can develop
serious problems for their psychological adjustment (Horner et al., 2015), su ch as anxiety
or depression (Fahy et al., 2016), and in the most extreme, suicidal ideation (Katsaras
et al., 2018), consequenc es that become worse and more h armful in cyberbullying, due to
the characteristics of this phenomenon (Kowalski et al., 2008).
Growing concerns about bullying and cyberbullying, the rapid increase in
children's use of technology and the risks and effects this entails, have challenged families
and teachers and hav e guided the development of educational plans and policies to
address them (Deschamps & McNutt, 2016). The first normative me asure against
violence and protection for children was the De claration of the R ights of the C hild,
adopted by the member countries of th e United Nations on 20 November 1959. More
rece nt measures on the importance of prote cting minors against bullying and
cyberbullying have bee n taken in numerous countries (El Asam & Samara, 2016;
Gillespie, 2006; Martin & Rice, 2012) , some materialised in legal (Butler, 2018; C erez o
Ramírez & Rubio Hernández , 2017; Ma rzano, 201 9; Muñoz Ruiz, 2016) and e ducational
(Hall, 2017; Macaulay et al., 2018) that have addre ssed the protection of mi nors from any
type of viol ence, coexisten ce, bullying and cyb erbullying (F ierro Evan s & Carbajal
Padilla, 2019; Ortega-Ruiz et al., 2009; Viana-Orta, 2014). I n Spain, the first educational
measures r efer to coexistence, protected by the Spanish C onstitution of 1978, and laws
such as the Organic La w 2/2006 on Education (LOE) and 8/2013 for the Improvement of
Educational Quality (LOMCE) have made the most releva nt advances in the field of
school bullying and cyberbullying and have regulated the plans for prevention and action
against these phenomena.
Numerous works have put all their e fforts into combating these phenomena of
violence from the educational environment and have tried to offer an empir ical response
in their fight against them (Rigby & Johnson, 2016; Thompson & Smith, 2011) , which
have been r eflected in practices and init iatives against bullying and cyberbullying
implemented in the educational context (D ella Cioppa et al., 2015). E arly interventions
such as the Olweus B ullying Prevention Program (Olweus, 1991) and the S heffield
Project (Smith & S harp, 1994) were influen ced by the studies on bull ying developed in
Scandinavian countries, becoming references fo r the development of late r interventions
such as the KiVa p rogramme (Salmivalli et al., 2010a, 2010b), Media Heroes (Schultze-
12
results indica te a higher presence of cybervictimisation ( M =0.10, SD =0.30) than
cybera ggression ( M =0.03, SD =0.18) . The most common forms of cybervictimisation and
cybera ggression are insults, exclusion through social networks and chats, and abusive
words through social media or Internet.
Cyberbullying prevalence found in thi s study was sli ghtly higher among boys
(1 3.5%) th an among girls (9.3%), without differences identified among boys and girls ( χ 2
(3, N =689) =3.97, p =.2 64). The results show that cybervictimisation is more present
among boys ( t (689)=1.97, p =.049) than girls, but no differences w ere found in
cybera ggression ( t (689)=0.59, p =.551). The results show that boys are more involved
than girls in forms of cybervictimisation such as threats on Internet or social networks
( p =.049) and cybe raggression forms re lated to h acking int o an email account to steal
personal information ( p =.010).
The results show that cyberbullying pre valence is slightly h igher a mong 5 th
primary school students, without differences ide ntified by grade ( χ 2 (3, N =689) =1.50,
p =.683 ). The results s how that there are no differences in cybervictimisation
( t (689)=0.50, p =.618) and cybera ggression ( t (689)=0.42, p =.678). The r esults show tha t
5 th primary students are more invol ved than 6 th primary students in cy beraggression
behaviours related to thr eats ( p =.033), while 6 th primary students are more involved in
behaviours re l ated to swear words ( p = .031).
Interventions on bullying and cyber-bullying in primary education
The results show a total of 95 studi es assessing bull ying and cyberbullying in
primary education, with 78.95% on bullying, 15.79% on cyberbullying and 5.26% on
bullying and cyberbullying (see Ta bl e 96 in appendix).
A total of 68 anti -bullying and cyberbullying programmes w ere evaluated with
primary school students, because 82.35% o f the interventions have be en evaluated only
once, 10.29% have two evaluations, 2.94% have three evaluations, 1.47% have fou r
evaluations, 1.47% have five evaluations and 1.47% have ten evaluations.
These interve ntions ha ve bee n carried out in the USA (29.47%), Finland (9.47%),
Canada (6.32 %), Austr alia (6.32%), Norway (5.26%), England (4.21%), S pain (4.21%),
Turkey (4.21%), Austri a (3.16%), Gr eece (3.16%), UK (2.11%), Ireland (2. 11%), I reland
(2.11%), Cyprus (2.11%), Germany (2.11%), Belgium (2.11%), Italy (2.11%),
13
Netherlands (2.11%), Israel (2.11%), Romania (1.05%), Wales (1.05%), Br azil (1.05%),
Chile (1.05%), Colombia (1.05%), China (1.05%), Japan (1.05% ) and S ingapore (1.05% ).
The results of the pres ent stu dy showed that these programmes have been
implemented among students aged 5 to 17 ye ars, although most of them focused on young
people age d 9 to 12 y ears.
Methodological elements of interventions against bullying and cyber bullyin g in
primary education
The results showed that 69.12% included information concerning the tea chers'
area , 67.65% included information conc erning the school, 58.82% included information
and data concerning the family and 22.06% included information concerning the students
themselves (see Table 40 ).
The results (see Table 41) show that 48.53% of the interventions include
information for families , 38.24% of them include meetings, wor kshops or training
sessions for families in their design and only 22.06% of the interventions includ e
guidelines for families. According to the teache rs´ area, a 57.35% of the interventions
include training sessions or meetings for teachers, a 41.18% have mat erials and resources
for teachers, such as manuals, activity guides or a teacher's book, and a 41 . 18% of anti-
bullying and cyberbullying interventions have be en implemented by teac hers. The results
show that among the elements re lated to the school context , 54.41% include the c oncept
of comprehensive scho ol policy, 36.76% include specific content for change or
incorporation of modifications in classroom or school rules, and 35.29% include meetings
or training sessions with members of the teaching staff and the edu cational community.
The r esults show that 19 .12% incorpo rate m aterial and resources for st udents , such as
student handbooks or activity booklets, 7.35% include work with peers, such as
mentoring, and 5.88% include complementary training for stud ents mentoring other
students in the school.
In terms of methodology , 57.35% of the interventions included cooperative
activities, 47.06% inclu ded discussions aimed at promoting critical thi nking, 35.29%
included digital content, the use of websites, videos or songs, and 32.35% inc luded stories
and examples of bull ying or cyb erbullying. 29.41% include ro le -play acti vities, 23.53%
include definitions and concepts on bullying and cyberbullying, 19 .12% include
14
individual exercises, 16.1 8% include indi vidualised meetings with students, 14.71% have
readings and stories for students, 13.24% in clude the us e of t he Internet or digital
educational g ames in th e classroom and 10.29% refer to social network co ntent and its
use by children. 4.41% o f the interventions include puppets and 2.94 % include a guided
visit to a n exhibition or a field trip. The results on the de sign of the interve ntions indic ate
that 54.41% have a duration of more than two months, 45.59% are based on evidence-
based interventions and practices, 26.47% h ave t heir own m easurement instruments or
evaluation criteria and 17.67% favour the adaptation of the content to different
educational contexts and situations.
Methodological d esign and results of interventions against bullyin g and
cyberbullying
The results show that 89.71% of the interventions use self -report in struments ,
4.41% use int erviews, 4 .41% use peer nomination instruments and 1.47 % use s emi-
structured focus groups. The results show th at 28.42% use th e Olw eus Bully/Victim
Questionnaire and 11.48% use self-reports s pecifica lly designed for programme
evaluation, such as the Tabby Improved checkli st . 4.21% of instruments use the Pee r
Victimization Scale , 3.16% use the Colorado School Climate Survey and 2.11% use
instruments such as the School Experiences Que stionnaire , Cyberbullying in WhatsApp
classmates' group questionnaire or Colorado Trust's Bullying Prevention Initiati ve
Student Survey. Other prominent instruments are the European Cyberbullying
Intervention Project Questionnair e – ECIPQ , t he C UBE questionnaire and the Peer
Interactions in Primary School questionnaire – PIPS.
According to the interventions design , 31.58% of the interventions have a
randomised controlled trial design (RCT), 22.11% have an experimental intervention
design and 18.95% use a quasi-experimental desi gn. 8.42% of the interventions have a
study design with no control group or a cohort study design, 3.16% have a three -group,
two-group non-equivalen t or mixed quantitative and qualitative data des ig n, and 1.05%
of the progra mmes had a two-group non-randomised design.
Regarding the results of the implementation of these interventions, 18.95%
reduce d victimisation, 15.79% reduced victimisation and bullying aggression, 10.53%
reduce d the bullying prevalence and 9.47% reduced bullying aggression. Other
15
interventions reduced th e forms of physi cal agg ression (2.11%), social or relational
aggression (1.05%) and verba l aggression (1.05%). In cyberbullying, 6.32% showed a
reduction in cybervictimisation and cyberaggression, 5.26% reduced cyberbullying
indirectly through improved safety and responsib le use of Internet and social networks,
2.11% reduced cybervictimisation or the cyberbullying prevalence.
According to gender , 1.0 5% showed that girls had a greater reduction in the leve l
of bullying victimisation than boys and 1.05% indicated that boys had a be tter effect on
cybervictimisation and cyberaggression than gi rls. B y grade , 4.21% showed that
interventions worked well across all grades, while 1.05% show ed t hat bullying
victimisation was reduced to a greater extent among students in grades 3 -5 than among
students in grades 2 and below.
Impact of the Asegúrate programme in Primary Education
The re sults show that bullying preva lence is sli ghtly higher among the quasi -
experimental g roup than in the control group of participants , but no dif ferences were
found among groups ( χ 2 (3, N =894) =7.58, p =. 056). The results show that students
involved as bullies decrease in the quasi -experimental group (48.78%) and remain at
2.8% in the control group.
The results indicate that the quasi-experimental group had higher means on
victimization ( t (894)=2.01, p =.045) and bullying aggression ( t (894)=2.37, p =.018) than
the control group, however, the results show that there are no signi ficant differe nces in
victimization ( F (1, 894) =0.02, p =.886, d ppc2 =.010) and bullying aggression ( F (1, 894) = 2.03,
p =.155, d ppc 2 =.094).
The results show that students in the quasi-experimental group are more involved
than participants in the control group in phys ical, verb al and relatio nal forms of
victimisation, such as stealing or damage to belongings ( p <.001), swe aring ( p =.036),
threats ( p <.001) and spreading rumours ( p <.001), and physical and v erbal aggre ssion
forms, suc h as hitting or kicking ( p =.046) and threats ( p <.001). The results show that the
programme reduces forms of victimisation suc h as r umour spr eading ( F (1, 874) =5.78,
p =.016, d ppc2 =.184).
Regarding cyberbullying, the results show that t he prevalence is higher in the
quasi-experime nt al group ( χ 2 (3, N =894) =18.62, p <.001) than in the cont rol (see Tabl e
16
48). Analyses sho w th at the quasi- experimental group reduces cyber victims and
cyberbullies (44.33 % cybervictims and 35.29% cybe rbull ies), which increase in the
control group (12.12% cybervictims and 55.56% cyberbullies ).
The results show that the quasi -experimental group has higher means in
cybervictimiza tion than the control group (t (894)=4.26, p <.001). T he resu lts show that
cybervictimiza tion is reduced in the qu asi -experimental group, while the control group
maintains ( F (1, 894) =6.70, p =.010, d ppc2 =.181). In contrast, cyberaggression is halved in
the quasi-expe rimental gr oup and maintained in the control group ( F ( 1, 894 ) =0.89, p = .345,
d ppc2 =.076).
The results show that students in the quasi-experimental group are more involved
than students in the control group in forms of verbal and relational cybervicti misation and
cybera ggression, such as name-calling, swearing and social exclusion. The results show
that the programme re duces forms of cybervictimisation, such as exc lusion from a social
network ( F (1, 866) =11.64, p =.001, d ppc2 =.233), and cybera ggression, such as retouching
someone's photos or videos that w ere posted on Internet ( F (1, 864) =8.12, p =.004, d ppc 2
=.249).
Impact of the Asegúrate programm e on the prevalence and presence of bullying and
cyberbullying by gender
The results show that the bullying prevalence among girls decreases in the quasi -
experimental group (34.62%). Among boys, those involved as bullies dec reased in the
quasi-experime nt al group (53.57%) while boys in control group remained at 4.5%.
Among girls, victimization ( F (1, 4 37) =0.04, p =.835, d ppc2 =.021) and aggress ion ( F (1, 437 ) =
0.20, p =.655, d pp c2 =.051) are reduced. I n boys, the results show that victimisation (F (1,
457) < 0.01, p =.971, d ppc 2 =.004) and aggression (F (1, 457) =2.23, p =.136, d ppc2 =. 129) are also
reduce d. According the forms, the programme reduces for ms of victimisation suc h as the
rumour sprea ding among girls ( F (1, 428) = 4,12, p =.043, d p pc2 =.214) and swear words
among boys ( F (1, 443) = 4,24, p =.040, d ppc 2 =.084).
In cyberbullying, the programme reduces cy bervictims and cyberbullies roles
among girls. The programme also reduce s the prevalence of cybervictims and
cyberbullies among boys. The results show that the programme does not have e ffect on
cybervictimisation ( F (1, 437) = 1.16, p =.283, d ppc2 =.114) or cyberaggression among girls
17
( F (1, 437) = 0.14, p =.704, d ppc2 =.041). However, the programme reduces cybervictimi sation
among boys ( F (1, 457) = 6.32, p =.012, d ppc2 =.235), but not the cyberaggression ( F (1, 4 57) =
2.32, p =.128, d ppc2 =.178). The results of the programme show that girls reduce
cybervictimisation behaviours as the exclusion ( F ( 1, 422 )=6.77, p =.010, d ppc2 =.291) ,
whereas the boys reduce cybervictimisation behaviours as the exclusion ( F (1, 444) = 5,14,
p =.024, d ppc2 =.234) and cyberaggression forms a s the retouching someone's photos or
videos that were posted on Internet ( F (1, 443) = 6.79, p =.009, d ppc 2 =.298).
Impact of the Asegúrate programm e on the prevalence and presence of bullying and
cyberbullying by grade
The programme contributes to re duce the role of bullies among 5 th primary
students. Among 6 th primary students, the programme also reduces bullying aggressors.
The results show that the programme does not have effect on victimisation ( F (1, 351) =0 .09 ,
p =.759, d ppc2 =.035) or aggression among 5 th prima ry students ( F (1, 35 1) =1 .10 , p =.294, d pp c2
=.118), no r victimisation ( F (1, 543) =0 .01, p =.911, d ppc2 =.010) and aggression among 6 th
primary school students ( F (1, 543) =0 .86, p =.355, d ppc2 =.076). According the for ms, the
programme reduces form s o f victim isation such as threats ( F (1, 537 ) = 5.99, p =.015, d ppc2
=.224) and rumour spre ading ( F (1, 5 31) =4 .65, p =.032, d ppc2 =.217) among 6 th primary
school students.
In cyberbullying, the programme reduces cy bervictims and cyberbullies roles
among 5 th primary school students. The programme reduces the p revalence of
cybervictims among 6 th primary school students. The results show that the programme
reduce s cybervictimi sation among 5 th primary school students ( F (1, 351) =5.52, p =.019, d p pc2
=.255), but not the cyberaggression in this population ( F (1, 351) =2.61, p =.107, d ppc2 =.193) ,
in cybervictimisation a mong 6 th primary schoo l students ( F (1, 543) =3 .01, p =.083, d pp c2
=.160) or cyberaggression ( F (1, 543) < 0.01, p =.950, d p pc2 = .006). The results of the
programme show that 5 th primary sc hool students re duce c yberaggression forms a s
retouching someone's photos or videos that were posted on Inter n et ( F (1, 327 ) =7 .95, p
=.005, d ppc2 =.395), whe reas 6 th primary school students re duce cybervictimisation forms
as the exclusion ( F ( 1, 5 38) =16.43, p < .001, d ppc2 =.394).
18
Impact of the Asegúrate programme on the p revalence and presence of
cyberbullying by use of social networks
The results show that cyberbullying prevalence is higher among th e quasi-
experimental group ( χ 2 (3, N =689) =13.64, p =.003) than in the control group of
participants (see Table 78). The programme re duc es cybervictims and cyberbullies.
The results show that the quasi-experimental group has higher means in
cybervictimiza tion than the control group ( t (689)=3.82, p <.001), but not in
cybera ggression ( t (689) =0.97, p =.333) . The results show that cybervictimization is
reduce d in the quasi-exp erimental group ( F ( 1, 689) = 6.27, p =.012, d ppc 2 =.196).
The results show that students in the quasi-experimental group are more involved
than students in the control group in forms of verbal cybe rvictimisation and
cybera ggression, such as swearing. The results show that the programme r educe s forms
of cybervictimisation a s the exclusion ( F (1, 673) = 9.43, p =.002, d ppc2 =.254) and
cybera ggression forms as retouching someone's photos or videos that were posted on the
Internet ( F ( 1, 689) =9 .28, p =.002, d ppc2 =.259).
The programme reduces cybervictims roles among girls, and cybervictims and
cyberbullies among boys. The results show that the programme does not have e ffect on
cybervictimisation ( F (1, 357) = 2.38, p =.124, d ppc2 =.174) or cyberaggression among girls
( F (1, 357) =0 .60, p =.440, d ppc2 =.094). However, the programme r educes cybervictimisation
among boys ( F (1, 332) =3 .90, p =.049, d pp c2 =.217), but not the cybera gg ression ( F (1,
332) =1 .83, p =.177, d ppc2 =.19). The results of the programme show th at girls re duce
cybervictimisation behaviours as the exclusion ( F (1, 345) =6 .75, p =.010, d ppc2 =.322) ,
whereas the boys reduce c yberaggression be haviours as the retouching someone's photos
or videos that were posted on the Interne t ( F (1, 325) =8 .57, p =.004, d ppc2 =.424).
Asegúrate programme reduces cyb ervictims and cyberbullies roles amo ng 5 th
primary students. The programme reduces the p revalence of cybervictims among 6 th
primary students. The results show that the programm e reduces cybervictimi sation among
5 th primary students ( F (1, 228) =5.99, p =.015, d ppc2 =.321), but not the cyberaggre ssion in
this population ( F (1, 228) =0.96, p =.328, d ppc2 =.15), in cybervictimisation among 6 th primary
students ( F (1, 461) =2.06, p =.151, d ppc2 =.14) or cyberaggression ( F (1, 461) <0 .01, p =.984,
d ppc2 =.002). The results of the programme sh ow that 5 th primary students reduce
cybera ggression forms as retouching someone's photos or videos that were posted on the
19
Internet ( F (1, 212) = 8 .44, p =.004, d ppc2 =.54), whereas 6 th primary students re duce
cybervictimisation forms related to th e ex clusion ( F (1, 459) = 14.17, p <.001, d ppc2 =.403)
and cyberaggression forms as the posting of co mpromising videos or p hotographs of
someone on the Inter net ( F (1, 458) =4 .17, p =.042, d ppc2 =.236).
Conclusions
Approximately 1 in 3 primar y school students is involved in bullying and 1 in 10
is invol ved in cybe rbullying. These findings emphasise primary schoo l children are
involved in bullying and cyberbullying and both are already pr esent in this population
(Machimbarrena & Gara igordobil, 2018b; Sastre et al., 2016), with verbal forms being
the most frequent for ms of victimisation , aggression, cybervictim ization and
cybera ggression (Ma chimbarrena & Garaigordobil, 2018b, 2018a).
Bullying is more prevalent among boys than amo ng girls, differences that can be
related to the fact that boys tend to be more involved in bullying (Fink et al. , 2018; Smith
et al., 2019) and cybe rbullying (Machimbarre na & Garaigordobil, 2018 a) than girls ,
through physical, verbal, and social behaviours, such as hit ting or kicking, name - calling
and social exclusion (Machimbarrena & Garaigordobil, 2018a; Casper & Card, 2017),
hacking into an acc ount to get personal information from someone and to impersonate
someone. Many of bullying and cybe rbullying behaviours take place in the later years of
primary school, such as u sing abusive words (Con nell et al., 2014), sending and receiving
insults, swear words, threats and spreading rumours (Delgado & Escortell, 2018). Social
networks are onli ne environments where cyberbullying behaviours also take place
(Rodríguez-Enríquez et al., 2019) among primary school children (Colás-Bravo et al.,
2013), so cyberbullying that happens in this conte xt is also compar able to cyberbullying
occurr ing on the Internet and instant messaging (De-Moor et al., 2008).
These findings also highlight that there are a great variety of interventions against
bullying and cyberbullying for p rimary school students all over the wor ld (Amnistía
Internacional, 2019), which have demonstrated the importance to tackle them at early
ages to pre vent the negative short- and long-term consequences (Arseneault, 2018). S ome
elements included in anti -bullying and cyberbullying programmes contributes to the
effectivene ss of interventions (Gaffney, F arrington, et al., 2019; Ttofi & Fa rrington,
20
2011). However, th ere i s still a need to identif y the most relevant for reducing and
preventing bullying and cybe rbullying among primary school children.
Early and based evidence interventions as Asegúrate have been effective to r educe
bullying and cyberbullying in primary school, when children b ecome mo re aware of these
phenomena and act to prevent the involvement (Ga ffney, Farrington, et al., 2019; Rohatgi
et al., 2016; Tanrikulu, 2018). Anti-bullying and cyberbullying interventions have also
shown gender and grade differences, differences that it may be related to the roles that
boys and girls take in bullyi ng and cy berbullying (DePaolis & Williford, 2015), the early
participation in these ph enomena and youth b ehaviours (Yeager et al., 2015) , which must
be taken int o account for implementing and designing progra mmes against bullying and
cyberbullying.
Inclusion of content on the use of social networks in these interventions is also
relevant (Nocentini e t al., 2015), when they become a ke y element in the development of
prevention and int ervention strategies and have shown to be effective among the young
people. Therefore, im plementing interventions in primary education in school context
contributes to reduce and prevent the involvement in bullying and cyberbullying, reduce
risk behaviours and increase ne w strategies to cope with them.
______________________________________________________________________
I NTROD UCCIÓ N
______________________________________________________________________
"Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el cam ino sea la rgo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias”
Konstantino Kavafis
29
C APÍTULO 1: A COSO E SCOLAR
La violencia ha sido entendida como cualquier acción de abuso de poder que
lesiona la integridad y daña el d esarrollo físico, social o psicológico de la p ersona que lo
padece. La Or ganización Mundial de la Salud lo ha rec onocido como un problema cuyas
consecue ncias pueden lleg ar a ser de extrema gravedad para l as personas y para la
sociedad (OMS, 2002). La violencia es un comportamiento ominoso de eminente carácter
social que incide en el clima y en el entorno, deteriora el bienestar de la c omunidad, la
cohesión, la identidad colectiva, la calidad de las relaciones interp ersonales y la gestión
de la resolución de conflictos (Herná ndez, 2008; Medina R ivilla y Cacheiro González,
2010; Ortega R uiz et al., 2001; Zych et al., 2015b). E st a cuestión adquiere mayor
relevancia c uando acontece en el contexto escolar, entorno en el que se presupone que la
Declarac ión de los De rechos del Niño, aprobada p or la Asamblea G eneral de las Naciones
Unidas el 20 de noviembre de 1959 (UNICEF, 199 0), establece qu e los centr os educativos
deben velar y proteg er los derechos de los menores de estar y de recibir educación en un
lugar que favorezca su seguridad, integridad y su desarrollo personal, entre ellos, el
desarrollo social, afectivo y re lacional de los niños y niñas.
La violencia escolar ha sido uno de los fe nómenos de viol encia más estudiados en
los últimos años debido a la creciente preocupación de la soci edad y el malestar que
provoca este h echo en las familias y los docentes (CIS, 2002; Hernández y Sara via, 2016;
Nieto C ampos et al., 2017). La violencia escolar es una conducta in deseable con
resultados negativos para los estudiantes y la comunidad educativa, entendida como las
situaciones o comporta m ientos gra ves de conflictividad que ti enen lugar dentro de los
centros educativos (Ruiz Benítez et al., 2016). Según Gerler (2013 ), la violencia escolar
hace referencia a aquellas conductas agresivas o d e violencia que aparecen en el entorno
educativo, interfieren en la comunidad educativa, p rovocan el deterioro de la convivencia
del entorno y promueven el establecimiento de un clima escolar tenso ( Fernández, 2005;
Iglesias, 2000), ya sea porque los comportamientos atenten contra los objetos, el
mobiliario, la propiedad o las propias personas , debido a la falta d e mot ivación,
desinterés, la falta de implicación de alguno de sus miembros, la falta de civismo, la
indisciplina y los comportamientos disruptivos.
E st a s cuestiones que interfiere n en el desarrollo de las relaciones int erpersonales
se identific an como una alteración y un disturbio de la convivencia que tiene n su base en
la calidad de las r elaciones estable cidas entre los miembros de la comunidad educativa.
30
En ocasiones, el deterioro de l as relaciones interpersonales provoca que aparezca n
conductas d e ag resión dentro del contexto e sc olar, entre las qu e se encue ntran las
conductas de intim idación que reportan mayor gr avedad y severidad (Del Rey et al., 2004;
Langford e t al., 2015).
Uno de los tipos de violencia escol ar más destacado s es el acoso es colar o m altrato
entre iguales. El acoso escolar es un tipo de violencia basado en una conduc ta de agre sión
y maltrato entre menores, considerado como un fenómeno complejo y serio (Cassidy
et al., 2013; Timmons - Mitchell et al., 2016), que emerge en la etapa de educación
primaria y se extiende en etapas post eriores en el contexto educa tivo (Bowes et al., 2010;
Saarento et al., 2013), en el que intervienen diversos fac tores, ya sean cultur ales, sociales,
personales e incluso ambi entales (Maunder y Crafter, 2018). Algunos autores han
indicado que los comportamientos de acoso escolar pueden se r parte d e u n proceso de
adaptac ión evolutivo ( Volk et al., 2012, 201 6), vinculados a cambios biológicos ,
individuales, cognitivos, contextuales y soci ales presentes en las divers as etapas del
desarrollo entre los niños y las niñas (Postigo Zegarra et al., 2009). Algunos cambios en
la conducta tienen lugar entr e la etapa de educación primaria y la tr ansición a la
adolescencia (Espelage et al., 2015; P ellegrini y Bartini, 2000; Pellegrini y Long, 2002),
como las conduc t as morales o el c riterio de l a m oralidad, que se desarrolla durante la
etapa d e educación prim aria y que, en edades tem pranas, aún no está consolidado (Loza
y Frisanc ho, 2010; M artín Babarro e t al., 2014; Nylund et al., 2007).
Los primeros trabajos sobre acoso escolar estuvieron influenciados por el suicidio
de jóvenes víctimas de la violenc ia escolar e n Noruega, que fueron un motivo de aler ta y
de preocupación p ara la s ociedad e impulsó la necesidad de disponer de medidas legales
y educativas pa ra proponer programas para su intervención y preve nció n (Olweus, 1973,
1978, 1999; Smi th et al., 1999). Desde entonces, el acoso escolar comenzó a se r objeto
de estudio en los países escandinavos por parte de la comunidad científica y educativa a
principios de la década de los setenta, para tra tar de conocer un fenómeno desconocido y
hasta el momento invisible, pero no inexistente (Giachero, 2017; Salmivalli y Peets,
2018).
Posteriormente, otros países como F inlandia (Lagerspe tz et al., 1982), Ja pón
(Morita, 1985), Estados Unidos (Perry et al., 1988), Reino Unido (Whitne y y Smith,
1993), Australia (Rigby y S lee, 1991) y C anadá (Pepler et al., 1993) iniciaron líneas de
investigación en este campo, y, en la década de los noventa, se generalizaron estudios
31
sistemáticos en otros p aíses europeos (Navarrete- Galiano Rodríguez, 2009) , entre ellos,
España (Ortega, 1992; Viera e t al., 1989).
Hasta nuestra actualidad, se han hecho grandes esfuerzos por aport ar avances que
permitieran entender qué es el acoso es colar, su prevalencia y los factores qu e int ervienen,
para conocer las claves más eficaces que pudiesen ser incluidas en el diseño de programas
psicoeducativos para s u intervención y p revención y paliar, así, sus efectos y
consecue ncias en la población estudiantil (Menesini y Salmivalli, 2017; Smith et al.,
2019).
En este capítulo se presenta una sínt esis de los h allazgos del acoso escolar. En
primer lugar , se present a su origen, delimitación conce ptual y nomenclatura. En este
capítulo se incluyen las formas en que se manifies ta el acoso escolar y los roles de cada
uno de los participante s. Se presenta una re vis ión de los instrumentos que se ha n
empleado pa ra identificar la prevalencia d e este f enómeno en el ámbito internacional y
nacional. S e presentan t ambién los factores de riesgo y de protección, así como las
consecue ncias y r epercusiones de este fenómeno en los estudiantes implicados.
1.1.El acoso escolar: Conceptualización d el fenóme no
Desde que se com enzara a investigar el acoso escolar a p artir de los años 70 , se
ha tratado de identificar y delimitar a este fenó meno de violen cia que aparece en el
contexto escolar en diversas culturas y lugares del mundo (Olweus, 1987 ). Durante este
tiempo, la necesidad de encontrar términos espe cíficos que los dif erenciasen de otros
conceptos de agresión o viol encia en el entorno escolar ha matizado su aproximación
conceptual, ma rcada con li mitaciones propias de la terminología y de las c arac t erísticas
que se emplearon p ara d escribirlo y definirlo (Migliaccio y R askauskas, 2 015; Ortega y
Mora-Merchá n, 2000 ).
En primera instancia, el acoso escolar apareció por primera vez en 1969 cuando
el médico psiqu iatra Pete r Paul Heinemann observó en Suecia un comportamiento, en el
que un grupo de alumnos perseguía a otro estudiante en el patio de recreo, mi entras
paseaba junto a un colegio de su ciudad (Heine mann, 1969, 1972). Este hecho fue
publicado en un periódico y en un li bro. In icialmente, tuvo como objetivo llamar l a
atención de la opinión pública sobre un tipo de co mportamiento que estaba ocurriendo y
32
que debía rechaza rse, lo que generó un debate sobre un problema social en los medios de
comunicación y en l a comunidad sue ca (Heinemann, 1972, 1973). En los años
posteriores, el psicólogo Dan Olwe us fue el pio nero en publicar sus primeros traba jos
sobre acoso escolar, en los que constató la presencia de este fenómeno ent re estudiantes
suecos y conc luyó que aproximadamente el 5% eran víc timas graves y otro 5% eran
agresores (Olweus, 1973, 1978). Con post erioridad a estos estudios, el psicólogo Anatol
Pikas analizó la prevención del acoso escolar en 1974, a través de un proyec to de
intervención en el que se realizaron seminarios y grupos de discusión con estudiantes de
10 a 15 años, que mostró su eficacia e n algunos estudios siguientes (Pikas, 1975, 1989).
Este fenómeno fue denominado mobbing , partiendo de la raíz de la palabra inglesa
mob y procedente de l t érmino en sueco mobbn in g, que delimi tó Heinemann para el
ámbito educ ativo y cu yo significado expresab a una agresión hacia u n compañe ro
(Heinemann, 1972; Lagerspetz et al., 1982). Este, a su vez, fue tomado y adaptado de l
término que empleó e l et ólogo Konra d Lorenz, e n cuyo libro On aggre ssio n , describía el
mobbing como un t ipo de agresión basada en el hostigamiento o ac oso de un grupo hacia
otro miembro (Lorenz, 1965, 1968), que según Larsson (2008), hacía referencia a la
discriminación racial. Posteriormente, Olweus (1973 ) c oncluyó que e se no era el término
más apropiado pa ra describir los comportamientos de acoso que ocurrí an dentro del
contexto escol ar po rque algunas conductas o asp ectos del fe nómeno quiz ás podían ser
pasados por alto, por lo que acuñó el término bullying , proce dente de la p alabra ingl esa
bull o bully (Voors, 20 05), interpretada en castellano como matón o agresor , cuya
definición incluía los ataques sistemá ticos de un individuo ha cia otro más débil (Olweus,
1978, 1993, 1999).
Tratando d e con centrar los diversos matices que cada nomenclatura aporta al
concepto de acoso escolar, en los entornos anglos ajones se h an empleado otras etiquetas
con las que definir y de limitar este fenómeno, c omo teasing, harassment, victimization o
peer rejection (Smith et al., 2002). Esta identificación y conceptualización del acoso
escolar a partir del uso de diferentes p alabra s no quedó ex enta de las dificultades
asociadas a la semántica y las caracter ísticas propi as del concepto.
En otros países, dada la carencia de la existencia d e un término específico con el
que designar a este fe nómeno, surgieron otros voca blos que sirvieron para aproximarse y
denominar al bullying o acoso escolar y defin ir este concepto de forma diferente,
atendiendo a las características idiomáticas y culturales de los mi smos. En su tesis,
33
Calmaestra (2011) expone que algunos de los términos que se hallan en países europeos
son brutaliser en Francia, bullismo , prepotenza o violenza en Italia, schikanieren ,
einshuchten o mobbe n en Alemania, pall ikaros en Grecia, treiteren en Holanda y
vandalismo e n Portugal y se conoce como zorbalık en Turquía, ij ime en Japón y wang-ta
en Corea.
Estas dificultad es tambié n han estado presentes en España , donde se carecía de un
vocablo específico que definiera al fenómeno. El bullying se empleó como etiqueta para
designar al acoso escolar en los primeros estudios e investigaciones, termin ología ingl esa
que parece comúnme nte aceptada en el contexto int ernac ional para referirse a este
fenómeno (Orte ga Ruiz, 2010). Al s er un concepto sin una p alabra esp ecífica propia, se
identificó y se tradujo c omo actitudes de maltrato , meterse con algui en , violencia ,
intimidación , rechazo , a buso y egoísmo (Ortega Ruiz et al., 2007; S mith et al., 2002).
Estudios de Ortega, Del Rey y Mora-Me rchán (Ortega Ruiz et al., 2001) indica ron que el
término maltrato entre iguales o acoso entre iguales era más ade cuado para la traducción
del término anglosajón.
Sin embargo, est os no han sido los único s términos atribuibles al bullying en
España , que han dado lugar a una serie de nomenclaturas más variadas como maltrato
escolar, maltrato entre iguales, violenc ia entre iguales, victimización, abuso de poder
entre escolares, hostiga miento, intimidación entre iguales o a coso esc olar (Avilés
Martínez, 2006; Díaz-Aguado, 2006; Ortega, 1998; Ortega Ruiz e t al., 2001 ).
No obstante, con ind ependencia d e la palabra y el t érmino empleado para delimi tar
el acoso escolar, este se ha llegado a entender como la acción de hostigar y molestar a
otra persona dentro de l contexto educativo. La Real Academia Española (2014) entiende
por ac oso cua lquier acción o conducta que indique “perseguir, sin darle tregua ni reposo,
a un animal o persona”. Una segunda a cepc ión del término es “importu na r, apremiar de
forma insi stente a algui en con mol estias o req uerimientos”. Esta evolución de las
etiquetas y nomenclaturas del ac oso escolar también han ido acompaña das de los avances
en la descripción y def ini ción del concepto y sus características.
En síntesis, el concepto de acoso escolar se ha v isto afectado por las diferentes
nomenclaturas y definiciones desde su inicio y en los primeros años de estudio. El acoso
escolar h a sido identifica do como un problema en el ámbito escolar y h a sido objeto d e
debate en distintas regiones de todo el mundo , a pesar de las diferencias cu lturales sobre
34
los términos de acoso escolar existentes entre países. L a diversidad de té rminos
empleado s y comúnmente aceptados pa ra la identificación de este fenómeno de violencia
ha supuesto un gra n re t o e n cua nto al entendi miento sobre el propio conc epto, su
delimitación y características. Sin embargo, la i dentificac ión d e este fe nómeno y los
matices que aporta cada etiqueta han favorecido la realización de avances en el
conocimiento sobre qué es y qué no es este fenóm eno en cuestión.
1.1.1. Rasgos distintivos del acoso escolar
Desde comienzos de los años setenta hasta nue str a actualidad, las investigaciones
y estudios han ayudado a identificar y a clarific ar la natur aleza de este fenómeno de
violencia entr e escolares único (Smith et al., 2004; Volk et al., 2017) . L a prime ra
delimitación sobre ac oso escolar, rec onocida y a ceptada fue la que aportó el investigador
Dan Olweus, que concluyó que “un e studiante e st á siendo acosado o victimi zado cuando
él o ella está expuesto, repetidamente y a lo la rgo del ti empo, a acciones negativas por
parte de uno o más estudiantes. Es una acción negativa cuando alguien intencionalmente
causa, o tr ata de causar, daño o molestias a otro” (Olweus, 1999, p. 10).
Esta ha sido la definición más empleada, aunque han sido muchas las definiciones
que han tratado de delimitar y concretar el acoso escolar y su idiosincrasia , incorporando
diversos e importantes matices (Migliaccio y Raskauskas, 2015). Algunos autores lo
delimitaron como la re lación cotidiana entre varias personas en la que se ejerce un a buso
sistemático del poder (Smith y Brain, 2000). Otros como Ortega (2000a) señalaron que
el acoso escolar es un comportamiento inmoral e injustificado que se da en un contexto
interpersona l, añadi endo que se trata de una conducta injusta y éticamente reprobable
(Ortega , 2010 ).
A pe sar de que no e xiste un acue rdo unánime sobre la definición de a coso escolar
en los estudios e invest igaciones, estas definiciones han contribuido a identificar y
clarificar qué es el acoso escolar y las características propias de este fenómeno de índo le
social, que difiere de otras conductas agre sivas entre iguales que acontecen en el entorno
educativo. Las definiciones a portadas sobre el acoso escolar han mostrado que este es un
fenómeno único y diferente con c aracterísticas específicas y criterios propios. La
comunidad científica internacional parece haber llegado a un consenso sob re algunos de
35
los elementos que conforman y d elimitan al acoso escolar (Barón Vioque et al., 2013;
Smith, 2016), criterios que ya estaban establecidos de manera clara en la definición
aportada por Olweus : a) conducta agresiva con intencionalidad, b) re iterada y pe rsistente
en el tiempo, y con c) desequilibrio de poder (Bisquerra, 2014; Smith y Sharp, 1994).
El acoso escolar parte de un comportamiento o cond ucta agresiva con carácter
intencional (Smi th, 2016), diferente de otros comp ortamientos de ag resión que se puedan
suceder en el contexto escolar como el juego rudo (V olk e t al., 2014). El acoso e scolar e s
entendido como un acto de agresión o de violenci a de una p ersona hacia ot ra, en el que la
primera tiene la inten ción inequívoca o es cons ciente de que su conducta daña, hiere y
perjudica a la víctima (Del Re y y Ortega Ruiz, 2007; Molina del Peral y Vecina Navarro,
2015; Ortega, 1994). Se trata de una a cción in justificada e in m oral (O rtega, 1998a,
2005, 2010), que no parte de una conducta agresiva accidental ni responde a una
motivación o provocación anterior que justifique el acto de agresión hacia la víctim a, sino
que es una a cción consciente y quien la ejer ce sabe que ca usa dolor o es indesea da por la
víctima (Besag, 1989; Farrington, 1993; Olweus, 1999a; Smith y Brain, 2000). En las
primeras investigaciones, se discutió este criterio y se consideró que qui en agredía podía
llegar a no ser consciente del daño que causaba ( Ortega y Mora-Merchán, 2000). En la
actualidad, existe la conciencia de daño y que el acoso es colar es un co mportamiento
agresivo y deliberado (Smi th, 2016). Estudios recientes basados en la teoría sociológica
y evolutiva han enfa tizad o que la conducta agresiva del comportamiento de ac oso e s colar
puede tener una finali dad concreta para el agresor, ya que quien agrede obtiene un
estímulo o un beneficio dentro del grupo de iguales que le lleva a continuar y repetir la
conducta (Van d er Ploeg et al., 2020), finalidad q ue es reconocida e identificada entre
estudiantes de primaria (González Moreno et al., 2017). Algunos autores que han
investigado esta cuestión consideran que la finalidad de los actos de acoso escolar puede
deberse al carácter instru mental, estar mot ivada por el deseo d e sentirse aceptado en un
grupo, la mejora del estat us o la adquisición de poder dentro del g rupo , entendido como
el control que el agresor o agresora tien e de su ambiente y su entorno, legitimándolo por
tener mayo r autoridad, o empleando medidas coercitivas que impliquen la consecución
de favores (Caravita y Cillessen, 2012; Fluck, 2017; Houghton et al., 2012; Volk et al.,
2014).
La conducta violenta o de agresión es repeti da y persistente en el tiempo (Barri
Vitero, 2010; Besag, 19 89). Se considera que existe acoso esc ol ar cuando tiene un
36
carácter repetitivo, lo que impli ca que l a víctima experimenta múltiples o reiteradas
agresiones por parte de quien le acosa y que dicho comportamiento a gresivo a parece o se
sucede con un a frecuenci a concreta durante un periodo de tiempo específico, referido a
la periodicidad a la que la víctima está expuesta de forma sostenida a esta conducta
(Olweus, 1987; Volk et al., 2014), que en ocasiones estabiliza la situación de
victimización y prolonga su duración durante vari os años (Beltrán-Catalán et al., 2015;
Kuykendall, 2012; Pérez de Viñaspre et al., 2018; S harp y Smith, 2002). Algunos estudios
han señalado qu e las conductas de acoso escolar puedan tener una frecuencia mí nima de
alguna vez al mes, siendo aceptado como punto de corte que dicho comportamiento se
repita mensualmente, d ado que este periodo d e tiempo favorece la cl asificación y
distinción de los estudiantes que son víctimas de a quellos que no lo son porqu e presentan
niveles de d esajuste psic osocial más elevados (Sol berg y Olw eus, 2003) . En términos
genera l es, los autores han identifica do que los episodi os de ac oso escolar y conductas
abusivas pueden llegar a tener una r egularidad oc asional o puntual cuando estos ocurren
entre una o dos veces al mes, o derivar en hechos más reiterados y con una mayor
severidad cuando estos persisten más de una v ez a la semana ( Del Rey et al., 2015) . Otros
estudios defienden que lo s comportamientos abusivos y de acoso e s colar pueden llegar a
ser un único acto de acoso escolar si se percibe o existe una posibil idad de que la agresión
se re pita (G ladden et al., 2014; Gue rin y Hennessy, 2002), aunque una conducta agresiva
que se d a como un h echo puntual o aislado no se p odría considerar acoso escolar
propiamente.
El ac oso escolar está marca do por el desequilibrio y la asimetría de poder entre
el agresor y la víctima, que se manifiesta cuando la víctim a tiene dificultades para
responder, de fenderse por sí misma y cambiar la situación de inferioridad en la que se
encuentra respecto al agre sor o agre sora, que ejerce cierto control y poder (Björkqvis t
et al., 1982; Card y Hodg es, 2008; Olweus, 2013) . El desequilibrio de poder es un factor
que distingue el acoso es colar de otros fenómenos de violencia o actos d e agresión qu e
ocurra n en el contexto escolar (Rodkin et a l., 2015), que, en o casiones p uede ser un a
cuestión clara, real y observada por los mi embros implicados o percibida como tal por
estos (Gladden et al., 2014). Según Olweus (1993b, 1993a), los comportamientos
agresivos o de viole n cia que acontecen e ntre dos estudiantes que posee n la misma fue rza
o pode r no pueden se r considerados como c o mportamientos de ac oso esc olar y se
excluyen, porque existe un equilibrio entre las fuerzas de iguales y dichas relaciones
interpersona les mantienen el carác t er horizontal de la interacción. Para que exista un
37
desequilibrio de poder, la situación debe derivar en una r elación asimétrica y
unidireccional entr e las partes, de agr esor a víctima, en la que esta última tenga
dificultades para reaccionar, buscar o p edir ayuda (More se et al., 2018). Las
desigualdades entre el agresor y la víctima puede n debe rse a cuestiones físicas, sociales
o psicológica s, y sirven p ara empoderar o dotar de mayor poder o superioridad a l agre sor
y para victim izar aún má s a la víctima (Nelson et al., 2019; Olweus, 1999). Responde a
motivos físicos cuando el agresor tiene más edad, una mayor fortaleza física o corpulencia
que la víctima o esta es físicamente más débil que el agresor. Son sociales cuando el
agresor go za de prestigio dentro del grupo de i guales o la posición social de este es
superior a la de la ví ctima, el estatus d e la víctima es inferior o de rechazo por parte de
los demás o el número de personas im plicadas como agresor y seguidores es superior a la
víctima. Son psicológicas cua ndo el agresor tiene un mayor control emocional y
situacional que l a víctim a, una mayor autoestima o confianza que esta ( Avilés Martínez,
2006; Orjuela López et al., 2013).
La persistencia de la acción agre siva contribuye a que se origine el proc eso de
intimidación y de victimiza ción, cuando una escal ada de violencia establec ida a lo largo
del tiempo va consolidando la dinámica d e maltrato donde se v en envueltos directamente
el agresor y la víctima, q ue progresivamente van instaurando unos patron es de conducta
agresiva y un comportami ento de subordinación y victimización (Juvonen, 2011). Este
proceso se desarrolla a través de unas fases o etapas que, aunque no se han podido precisar
con exactitud y concreción, han tomado como refere ncia los sucesos relevantes que
acontecen desde que aparece el primer acto de agresión hasta el desenlace de los episodios
de acoso escol ar (Ybarra et al., 2014), pasando por el empoderamiento del agresor o grupo
de agresores, l a estigmatización dentro del grupo de iguales, el debilitamiento progresivo
de su red d e apoyo y el deterioro de la fortaleza de la víctima, sus habilidades y
capacidades, que v a generando la expe ctativa de ser blan co de futuros ataques y
desarrollando un patrón de conducta basada en el dominio de l a gresor y la sumisión de la
víctima (Ortega, 1998a; Ortega y Mora-Merchán, 2000; P ostigo et al., 2013), que, en los
casos más graves, deriva en el suicidio (Molina del Peral y Vecina Navarro, 2015;
Sevillano González et al., 2016).
Según Ortega (1998b ), el proceso de victimización de acoso es colar comien za con
un primer acto de agr esión deliberado, intencio nal e injusti ficado sobre la víctima, en el
que la selección de la vícti ma por parte del agresor no necesariamente está motivada por
44
El acoso escolar relacional o social se caracteriza por comportamientos agresivos
en los que el agresor utiliza las relaciones sociales para agredir a la víctima y deteriorar
sus lazos de amistad y estatus social dentro del grupo de iguales (Crick y Grotpeter, 1996;
Galen y Underwood, 1997). Las conductas más directas están orientadas a marginar,
desestabilizar, excluir y aislar a la víctima públicamente, como humillar a la víctima para
desvalorizarla frente al grupo, impedir y boicot ear su participación, mientras que los
comportamientos más indirectos son aquellos que parte n de conductas como ignorar,
ningunear, difundi r f alsos rumores, comentarios o hacer llam adas telefóni cas anónimas
(Santoyo Castillo y Frías, 2014).
A pesar d e que existe un componente psicológico presente en todos y cada uno de
los tipos y formas de acoso escolar (Garaigordobil Landazabal y Martínez-Valderrey,
2014; Ga raigordobil et al., 2015), e l acoso escolar psicológico tiene por objetivo mermar
y minar la autoestima del alumno o alumna y permitir que l a víctima sea aún más
vulnerable (Fa rrington, 1993). Se trata de una forma de ac oso escolar que los estudiantes
de primaria r econocen e identifi can (Guerin y Hennessy, 2002). Este fomenta
inseguridad, miedo, inhibición, un mayor sentimiento de indefe nsión, recelo d e las
personas que le rodean y provoca un deterioro del rendimiento y de las competencias
emocionales (Avilés Martínez, 2006; Defensor d el Pueblo -UNICEF, 2000, 2007). De
entre las principa les actitudes más directas destacan el chantaje emocional, la coacción y
el bloqueo o estigmatización , mientras que otras más indi rectas son la mani pulación y la
desvalorización (Piñuel y Oñate, 2006).
Algunos estudios han incorpor ado a esta clasifi cación el tipo de a coso escolar que
se denomina mi xto (Coll ell y Escudé, 2002, 2008), y que se caracteriza por el desarrollo
simultáneo de dos o m á s expresiones de acoso escolar, ya sea físic a, verbal, social o
psicológica (Björkqvist et al., 1992; Österman et al., 1994).
Por otra parte, cua ndo el agre sor o agre sora parte de determinados rasgos o
caracter ísticas personales de la víctima para a cosar y hostigar a esta, pued en originarse
tipos de acoso escola r co ncretos que pa rten de conductas de agresión y de pensamientos
y creenc i as específicas de quien agrede (Smith, 2016a; Wande ra et al., 2017), como la
pertenencia a grupos minoritarios de etnia o raza o acoso racis ta (Llore nt et al., 2016;
Russell et al., 2012), la orientación sexua l o acoso homofóbico (Elipe et al., 2018; R ette w
y Pawlowski, 2016) y acoso por nec esidades específicas de apoyo educativo
(Chatzitheochari et al., 2016).
45
Por tanto, las conductas de agresión y de victimización de acoso escolar toman
múltiples for mas y tipos, ya sean de c arácter físico como los golpes o patadas, verbal
como insultos y burlas, s ocial como exclusión o d ifusión de rumores y psic ológico como
los chantajes. Con indepe ndencia de que algun os de estos comportamientos sean suti les
o tengan un c arácter men os encubierto , los niños y niñas de primaria y ma yores llegan a
ser victimizados de man era sistemátic a por sus i guales , con conductas que pre s entan
distinto grado de visibilidad para los niños y niñas que no están invol ucrados
directamente, pero que llegan a presenciar dicho comportamiento.
1.1.3. Los protagonistas en el acoso esc olar
El acoso escolar es un fenómeno esencialmente social y grupal, que aparece en
contextos donde se prod ucen interacciones so ciales entre los menores (Lagerspetz et al.,
1982; Salmivall i, 2010). Por ello, como ti po d e violencia que es, ninguna persona
permanece impasible ant e un ataque de a coso escolar, pues, todas están involucradas en
mayor o menor medida y ocupan un pa p el dentro del grupo de iguales (Collell y Escudé,
2014; Paul, 2014; Twemlow et al., 2010).
Históricamente, se ha tr atado de conocer d e forma pormenorizada y detallada
cu áles son los roles de i mplicación en el a coso escolar , aunque la identifi cación de estos
roles de implicación ha variado y ha atravesado diferentes etapas a lo lar go del tiempo,
pasando de ser una int eracción diádica entre dos estudiantes o grupos implicados a un
fenómeno grupal en el que intervienen diferentes perfiles de implicación (Schäfer et al.,
2005). En la ac tualidad s e han reconocido e identificado los p erfiles de agresor , víctima,
agresor victimizado (Zy ch et al., 2017) y espectadores o testigos (Antoniadou et al., 2019;
Hawkins et al., 2001; Salmivalli, 2010).
Los primeros estudios y trabajos sobre acoso escolar destacaron dos perfiles de
implicación, diferenciados en función del papel que ca da uno asumía. Por un lado,
quienes rea lizan la acción y agreden, los agre sores, y por otro, quienes sufren la agre sión,
la s víctimas (Olweus, 1973, 1998; Ortega y Mora-Merchán, 2000).
Con posterior idad, se reveló que no todos los agresores y víctimas presentaban las
mismas características d ado que habí a diferencias entre los patrones conductuales de los
menores implicados. Entre los agresore s, se dist inguieron a los agre sores pasivos
46
(Olweus, 1999) y agresores ansiosos (Pearce, 1997), mi entras que otros estudios
distinguieron entre tr es ti pos, el agr esor activo, que tiene relación directa c on la víctima,
el agresor p asivo que no agrede dir ectamente, per o es partícipe de la ag resión hacia otro
compañero o compañera, y el agresor social-indirecto, que induce al grupo a perpetrar un
act o de agresión (Olweus, 2006). Collell y Escudé (2006) distinguieron entre dos ti pos de
agresores en función de la intencionalidad que estos presentaban. Identificaron a los
agresores proa ctivos como aquellos que usan la agresión como un ins trumento para
conseguir algo y a los agresor es reactivos como aquellos que llevan a cabo un
comportamiento de agresión como un acto de venganza, una re spuest a inmediata e
impulsiva a una provocación pre via o la percepción de una amenaza anterior .
Entre las víctimas, se encontraron diferentes perfiles en función de las
caracter ísticas qu e presentaban y la a ctitud con la que afrontaban la situación y los
episodios de acoso escolar. Algunas investigaciones identificaron a las víctimas clásicas
o pasivas (Hanish y Guerra, 2004), que son aqu ellas que muestran comportamientos de
sumisión o retraimiento y no responden al ataque, y a l as víctimas proactivas,
provocadoras o agresivas como aquellas que mues tran una actitud rebelde, que provo ca
tensión e irritación en el grupo y presenta un patrón conductual semejante al del agresor
reac tivo con tend encia a la agresividad ( Olweus, 1993c, 1998; Pikas, 1989; Schwartz ,
2000; Serr ano, 2013). Collell y Escudé (2006 ) identifica ron además a las víctimas
inespecíficas, como aquellas que presentan grandes diferencias dentro del grupo de
iguales al que pertenecen, ya sean por cara cterísticas físicas, psicológicas o c onductuales,
motivo por el que suelen ser vistas como extrañas y atípicas (Avilés Martínez, 2006;
Hernández y Saravia, 2016).
Entre la diversidad de estos perfiles de impli cación, los estudios han realizado
avances en la comprensión del acoso escolar y han señalado la existen cia de otro grupo
de implicación diferente al de la víctima o del a gresor, tratándose d e un grupo mixto o de
doble rol, caracterizado p or la implicación de los estudiantes en el perfil de agresor y en
el de víctim a al mismo tiempo (Hill et al., 2017; S chwartz et al., 2001; Thomas et al.,
2018). Estos chicos y chicas compar te n características de ambos roles, y a que participan
en conductas de agresión y victimización sim ultáneamente (Boulton y Underwood, 1992;
Hernández Prados y Sola no Ferná ndez, 2007; Olw eus, 1993a; Schwarz et al., 1997). Este
rol de implicación ha de mostrado ser el más complejo, dada la dinámica de agresión y
victimización en la que los menores están implicados y la dificultad que esta dualidad
47
entraña en la int ervención (O lweus, 2001; Ortega y Mora- Merchán, 2000, 2008; S ánchez
Lacasa y Cerezo Ramírez, 2010; Ya ng y S almivalli, 2015).
Como se ha hecho referencia , el acoso es colar es un fenómeno d e carácter social
que ocurre en pr esencia de otros, por lo que este adquiere una dimensión más participativa
y grupal que no solo involucra a unos pocos estudiantes, sino a quienes lo p resencian, los
testigos o espectadores (Cohen et al., 2006; O’Connell et al., 1999). La id entificac ión y
diferenciación entre los distintos perfile s de la fi gura de testigos y observadores fue el
mayor hito en los primeros años d e la investigación científica sobre el acoso escolar
(Salmivalli et al., 1996). Este hecho ha ll egado a ser clave para entender la necesidad de
la presencia de los otros y ha contribuido en la comprensión del comportamiento del
grupo de testigos o estudiantes no impli cados, que llegan a ser determinantes en la
dinámica de acoso escolar y en la contribución de su mantenimiento o su cese (Bac chini
et al., 2009; Caro zzo, 2015; Magendzo, 2004; Ortega y Mora-Merchán, 1996, 1997,
2000a; Sutton y Smith, 1999).
Salmivalli y otros autores, (1996) mostraron que dentro del grupo de t estigos y
observadores, cada estudiante tendía a asumir y adoptar un papel dif erente, ya fuera
defendiendo a la víctima, reforzando al agresor o adoptando una posición neutral ant e la
agresión ( Olweus, 2001; Pöyhönen et al., 2012; Sa lmivalli, 1999; S almivalli et al., 1996) .
En dicho estudio, los autore s distinguieron, además de la víctima y agresor, cuatro tipos
de implicados entre los espectadores que aparecen en la Figura 2 (véase la página 49) : el
reforzador del agresor, el ayudante del agresor, el defensor de la víctima y el testigo ajeno
(Olweus, 2001).
Entre los dist intos perfiles de testigos, algun os estudiantes tienden a mostrar
actitudes de apoyo ha cia el agresor (Rey zábal y S anz García, 2014), como es el caso de
los reforzadores, que animan o secundan al agresor, pero lo ha cen de un a forma pasiva,
mientras que los asis tentes colaboran con el agresor y refuerzan su conducta de forma
activa. En otras situaciones, los estudiantes son meros testigos del acoso escolar y adoptan
posiciones neutrales y e vit ativas (Alcántar Nieblas et al., 2018). Los testigos pasivos son
espectadores que observan las conductas de acoso escolar, pero tienden a no tomar partido
de forma dir ecta por ning una persona en concreto, negando la ayud a o auxilio a la víctima
y reforzando a quien agrede (Campbell et al., 2020). En ocasiones, este comportamiento
evasivo ante el acoso e scolar puede d eberse al miedo de conve rtirse e n objetivo por parte
del agresor y sus secuaces. Sin embargo, este comportamiento favorece que la agresión
48
continúe cuando no se de nuncia la situación a nte los doce ntes o las familias. Los testigos
ajenos son aquellos que no llegan a ser conscient es o no perciben los episodios de acoso
escolar entre el g rupo d e iguales (Reyzába l y Sanz G arcía, 2014; Salmivalli, 2010;
Salmivalli et al., 1996). Existen también roles de implicación en los que las personas
tienden a most rar actitudes prosociales y de defensa hacia la víctima (Machackova y
Pfetsch, 2016). Es el caso de los posibles defensores , en el que los niños y niñas
involucrados en est e per fil reprue ban abiertamente la actitud del agresor, pero no llevan
a ca bo ninguna conducta para evitar la situación , mientras que los defe nsores actúan
abiertamente a f avor de la víctima y llevan a cabo comportamientos de auxilio hacia la
misma, intentando reducir o acabar con las agresiones (Díaz-Agua do Jalón et al., 2013;
Yun, 2020).
Los estudios señalan que los roles de im plicación en acoso escolar pueden
permanecer estables a lo largo del tiempo (Zych, Ttofi, et al., 2020), desd e la etapa d e
primaria hasta la adolescencia y etapas posteriores como consecuencia de l a continuidad
de los patrones y estilos de interacc ión entre los iguales (Schäfer et al., 2005). Los
menores implicados en acoso escolar suelen tener un mayor dinamismo, por lo que la
estabilidad y mantenimiento de un mismo rol de implicación en esta et apa educativa es
baja (Monks et al., 2003; Salmivalli et al., 1998). No obstante, este hecho cambia en las
edades más próximas a l a adolescencia, d ado que la mayoría de los niños y niñas de 11
años que se encuentran e n alguno de los roles de im plicación mantiene el mismo rol de
implicación a los 13 años (Zych, Ttofi, et al., 2020). Sin embargo, entre estudiantes de
secundaria y adolescentes, los roles de implicación presentan un a mayor es tabilidad (Chu
et al., 2018; Zych, Ttofi, et al., 2020).
En sínt esis, la conducta de los niños y las niñas y su forma de afrontar los epis odios
de acoso escolar puede favorecer el des arrollo de un determinado patrón de
comportamiento que los identifique en alguno de los dist intos roles de implicación del
acoso escolar, en el qu e algunos estudiantes llega n a verse envueltos de forma directa ,
como agresores, víctim as o en el doble rol de víctim as agresoras, mientras que otros
menores se ven involucrados de forma indirecta, ya sea porque su comportamiento invite
a que los actos de agr esión de acoso escolar continúen y se manteng an en el tiempo, o ,
por el contrario, lleve a cabo actuaciones que traten d e detener tales sit uaciones. L a
dinámica de im plicación en acoso escolar y la fluctuación d e los roles entre los menores
corrobora la clara necesidad de implementar p rogramas e intervenciones en el ámbito
49
educativo que involucre n a todo el alumnado y tengan en cuenta las características y
peculiarida d es de cada e t apa educativa (Figura 2) .
Figura 2. Esquema de los roles de implicación en la dinámica de acoso escolar
Fuente: Ortega (200 2)
1.2.Prevalencia del acoso e s colar
Los estudios iniciales sobre pr evalencia de acoso escolar han revelado qu e este
fenómeno de violenc ia afec ta al alumnado de todos los pa íses y regiones del mundo. Está
presente en las aulas de todos los centros escolares y tiene gran repercusión en los
estudiantes, ya que de forma directa o indirecta afecta a todos y todas. A p esar de que el
acoso escolar es un fenómeno conocido (Zych et al., 2015), no siempre ha sido posible
obtener un resultado cla ro sobre la prevalenc i a de este fenómeno entre los menores
(Casper et al., 2015), dadas las dificultades que entraña n algunas de las características
específicas de acoso es colar para su delimitación (Atik, 2011; Green et al., 2017;
Thornberg, 2015), como es la repetición de los actos y la reiteración en el tiempo (Orte ga
y Mora-Merchá n, 2000 a; Vaillancourt et al., 2008).
50
En su definición, el a coso escolar no incluye un criterio específico de
temporalizac ión y de frecuencia unánimes, que ha quedado a la arbitr ariedad de los
investigadores. Es po r ello, que el periodo de referencia sob re lo que s e considera acoso
escolar var ía entre los estudios e investigaciones, enc ontrando que algunos utili zan de
referenc i a los últ imos dos o tres meses (Del Rey et al., 2015) y otros desde un curso
escolar hasta un año (Crothers y L evinson, 2004). Los estudios ac adémicos también han
variado entre el criterio de frecuencia para las conductas ocasionales o severas, siendo e n
algunos casos entre una o dos veces h asta más de u na vez a la semana (Solberg y Olweus,
2003). Algunos han tratado incluso de discernir los actos de acoso escolar de aquellos que
revisten mayor gravedad y severidad. Esta di ficultad ha quedado p atente en la
metodología de los e studios y en la se lección y empleo de los instrumentos para medirlo,
que ha favorecido la va riabilidad de la prevalencia en los resultados y las co nclusiones de
estos (Greif y Furlong, 2006; Modecki et al., 2014).
1.2.1. El protagonismo del autoinforme en la evaluación del acoso escolar
La comunidad científica ha usado diversos métodos e instrumentos para
identificar la prevalencia de acoso escolar. Desde que se identificó por primera vez, el
acoso escolar ha sido eva luado a t ravés de herramientas como el autoinforme, el
heteroinforme, la observación dire cta o indirecta, técnicas so ciométricas o socio gramas ,
encuestas, g rupos de discusión , entrevistas y técnicas narrativas o proyectivas basadas en
el uso de dibujos e imágenes (Abuín, 2007; Huit sing y Monks, 2018). U na de las más
empleadas es el autoinforme, especialmente cuestionarios y escalas , elaborados
específicamente par a medir el acoso escolar y conocer su prevalencia (Furlong et al.,
2010). Estos presentan grandes ventajas por la obtención rápida d e la información por
parte de un gra n número de estudiantes, así como el re lativo bajo coste que presentan
(Crothers y Levinson, 20 04). No obstant e, existen algunas dificultades en cuanto al uso
de los inst rumentos, dado que no todos ellos han sido evaluados y probado su eficacia
(Felix et al., 2011 ). En tr e los inst rumentos diseñados para m edir el a coso escolar qu e
cuentan c on un a evaluación de sus propiedades psicométrica s d estaca n:
51
• Multidimensional Peer-Victimization Scale (MPVS) (Mynard y Joseph, 2000)
Este instrumento ha sido empleado para estudiantes de primaria y adolescentes de
entre 9 y 17 años. Ev alúa la dimensión de victimización a través de 16 ítems diseñados
para dist inguir entre los comportamientos de cuatro subescalas de acoso e scolar físico,
verbal, social y daño a la propieda d. Establece como frecue ncia que los episodios ocurr an
más de una ve z durante el último c urso escolar (Eastman e t al., 2018). El instrumento fue
evaluado en una muestra de 812 estudiantes de 11 a 16 años que se encontraban en un
centro de educación se cundaria d e Essex, en Inglaterra. Cuenta con una buena
consistencia int erna y validez convergente, con u n Alfa de Cronbach superio r a 0,73 en
las cuatro subescalas de l autoinforme.
• European Bullying Intervention Projec t Questionnaire (EB I PQ) (Brighi, Ortega,
et al., 2012)
Este c uestionario, dirigido a estudiantes de se cundaria, evalúa las dime nsio nes de
agresión y victimización de acoso escolar . Contiene 14 ítems diseñados para dist inguir
los ti pos y formas de acoso escolar, físico, social y relacional. El EBIPQ establece como
punto de corte que los e pisodi os ocurra n entre una o dos veces al mes durante los últimos
dos meses. Este instrumento ha sido evaluado y validado en una muestra d e 792
estudiantes de secundaria de entre 12 a 19 años . S e ha utili zado en diferentes p aíses
europeos y cuenta con v arias versiones traducidas a dive rsos idiomas. Este inst rumento
ha obtenido buenos r esultados de ajuste y propied ades psicométricas a pa rtir del análisis
factoria l confirmatorio (Ortega-Ruiz et al., 2016) , aunque se h an realizado estudios con
población de educación primaria que tambié n han obtenido buenos niveles de
consistencia interna, eva luados a trav és del Om ega de McDonald qu e presentan una
puntuación total de Ω=0,89 (R omera et al., 2017) .
En el plano nac ional, los autoinformes más destacados son:
• Cuestionario de Violencia Escolar en su versión 3 para primaria (CUVE 3 - EP ) y para
secundaria (CUVE 3 -ESO) (Álvarez Garc í a et al., 2013)
Este instrumento ha sido diseñado para estudia ntes de primaria y se cundaria,
basándose en las v ersiones anteriores del cuesti onario, la ve rsión revisada, CUVE - R
(Álvarez-Garc í a et al., 2011) y la primera versión, CUV E (Á lvarez et al., 2006). Presenta
una estructura de siet e factores en primaria (Violencia de profesorado h acia alumnado,
52
Violencia física directa entre estudiantes, Violencia física indirecta por parte del
alumnado, Violencia v erbal de alumnado h acia alumnado, Violencia v erbal del alumnado
hacia el profesorado, Violencia por exc lusión so cial y Violenci a por disr upción en el
aula), que consta de 34 ítems, mientras que en la versión para secundaria presenta una
estructura con ocho f actores, añadiendo la dimensión Viol encia a través de las TIC ,
contenidos en 44 ítems. A pesar de que no concreta el periodo de reiteración específico,
identifica que las conductas puedan tener una frecuencia de algunas veces, casi siempre
o siempre. Este instrumento ha sido validado en una muestra d e 1041 estudiantes de
educación primaria de entre 10 y 13 años, y en 2597 estudiantes de educ ación secunda ria
de entre 12 y 19 años, que se encontraban en centros educativos de Asturias. Ambos
instrumentos contaban con fiabilidad y validez y presentaban una consistencia interna con
buenos resultados en l as propiedades psicom étricas entre los factores de primaria ( α=
0,61- 0,81) y de secundaria (α = 0,71 - 0,87) (Álvarez García et al., 2013).
• Cuestionario de Victimización Escolar (Cava e t al., 2007)
El instrumento ha sido diseñado pa ra estudiantes d e primaria y secundaria d e entr e
11 a 16 años. Evalúa únicamente la dimensión de victimización. Conti ene 20 ítems
diseñados para distingui r entre las formas de victimización física, verbal y social.
Establece como intervalo que la situación se repita en el último curso escolar, aunque no
define un punto d e co rte concreto para delimitar los episodios de ac oso escolar. Está
basado en la E scala Multidimensional de Victimización de Mynard y Joseph (2000) y en
el Cuestionario de Experiencias Sociales de Crick y Grotpeter (1996). Este instrumento
fue evaluado en una muestra de 1319 estudiantes de educación secundaria y del últ imo
curso de educación prim aria qu e se encontraban en centros educativos de las provincias
de Castellón, Valencia y Alicante. P resenta fi abilidad y una consistencia interna buena en
las tres subes calas de victimización, con un Alfa de Cronbach superior a 0 ,70 en los tre s
factores del instrumento.
• Escala de Victimización de Acoso Escolar (Arce Fernández et al., 2014)
Está diseñado para estudiantes adolescentes de entre 12 y 17 años para evaluar la
dimensión de victimización de acoso escolar . Compuesto por 26 ítems, este instrumento
distingue entre las formas de victim ización físic a, relac ional, social o de exclusión y
psicológica. La e scala establece como punto de c orte que los episodios ocur ran entre dos
o tres veces al mes, en el intervalo que oscila entre un mes a más de un año. Este
53
instrumento ha sido evaluado en una muestra de 308 estudiantes de secundaria, presenta
una buena fia bilidad tanto en su conjunto como en cada uno de los factores, cuya Alfa de
Cronbach es superior a 0,83 en los fac tores y muestra validez convergente, discriminante,
de criterio y de construc t o.
• Cuestionario Multimodal de Interacción Escolar (CMIE- III ) (Caballo et al., 2012)
Ha sido diseñado pa ra estudiantes de primaria y secundaria, con e dades
comprendidas entre los 9 y los 15 años. Evalúa cin co factores compuestos por
comportamientos intimidatorios (acosador), victim ización recibida (acosado), observador
activo en defe ns a del acosado, observador p asivo y acoso escolar extremo o ciberacoso,
distribuidos en 36 ítems. El cuestionario CM IE -III establ ece como intervalo que la
situación se repita desde el inicio del curso escol ar, aunque no delimi ta una frecuencia
concre t a. Este instrumento ha sido evaluado en una muestra de 1067 estudiantes de
primaria y secundaria que se encontraban en c entros educativos de Andalucía. Cuenta con
una evaluación basada en el an álisis factorial exploratorio y en sus propiedades
psicométricas, cuya consist encia interna muestra una puntuación total de 0 ,81 en el Alfa
de Cronbach.
• Cuestionario de Violenc ia Escolar Cotidiana (CUVECO) (Fernández-Baena et al.,
2011)
Este instrumento está dirigido a estudiantes de educación secundaria d e 13 a 15
años, basándose en el California School Climate and Safety Survey (CSCSS) (Rosenblatt
y Furlong, 1997 ). Está compuesto por dos factores, experiencia p ersonal de sufrir
violencia y violencia observada en el ce ntro, medidos a tr avés de 14 ítems, teniendo c ada
factor 8 y 6 ítems respec tivamente. Este instrumento delimita que la conducta pueda
suceder oc asionalmente o de una forma más reiterada (casi siempre), aunqu e no establece
una frecuencia e intervalo concretos. Este inst rumento ha sido evaluado con 954
estudiantes de s ecundaria de centros ed ucativos de la pro vincia de M álaga. Se analizó l a
validez del instrumento a partir de un análisis de fa ctorial exploratorio, un análisis de los
ítems y la viabilidad del cuestionario, partiendo d e los resultados sobre su consistencia
interna cuyo Alf a de Cronbach en ambas d imensiones era sup erior a 0,73 y del análisis
de test-retest.
60
Entre adoles centes, la p revalencia de acoso es colar ha os cilado entr e un 3% y un
36% en estudios interna cionales (Hill et al., 2017; Modecki et al., 2014). En cambio, entre
estudiantes de primaria, la prevalencia de acoso escolar alc anza el 48% ( Romera et al.,
2017), siendo entre un 7 % y un 33% para l as víctimas (Blaya y Fartoukh, 2016; Cere zo
et al., 2015a), entre un 4% a un 20% para los agresores (García-Fernández et al., 2016;
Navarro et al., 2015) y en tre un 1.3% a un 25% para las víctimas agre soras (Cerezo et al.,
2015a; Shin et al., 2016).
En síntesis, el acoso escolar está pr esente ent re los estudiantes de primaria y
adolescentes d e todas las cultura s y continentes. Los estudios sobre la prevalencia de este
fenómeno han mostra do resultados muy dispares, con una gra n variabilidad entre estos y
entre países. Los primeros datos sobre la prevalencia de acoso escol ar e n Noruega y
posteriormente en Inglaterra most raron que aproximadamente un 15% d el alumnado
estaba involucrado como víctima o como agresor de acoso escolar. S in embargo, estudios
posteriores han señalado que la prevalencia tiene u n rango muy amplio que en ocasiones
llega a superar e l 30 % del alumnado de los estudiantes de primaria y de secundaria.
1.2.3. Prevalenc ia d el acoso escolar en España
Los prime ros estudios sobre acoso escolar c on muestra s españolas fueron a
principios de la década de los noventa para tratar de conocer la prevalencia de este
fenómeno en la población infantil y juvenil , así c omo los cambios de la p revalencia a lo
largo de los años (Tabla 2). El primer trabajo, realiza do en la comunidad de Madrid,
empleó un cuestionario de opción múltiple y hall ó un 17,2% del alumnado de educación
secundaria implicado como víctima, siendo un 3,1% más reiterado durante el últ imo
trimestre, y un 17,3% como agresor, siendo un 4,7% la prevalencia más severa ( Fernández
y Quevedo, 1991 ). Otras investigaciones inicial es sobre acoso escolar realiza d as en
Murcia encontraron como resultados que un 5,4% del alumnado, c on edades
comprendidas entre 10 y 15 años, estaba implicado como víctima y un 11,4% como
agresor (Cer ezo y Esteban, 1992). En S evilla, con la traducción del cuestionario (Olweus,
1989), a lgunos estudios hallaron un 26% de víctimas y un 22% agresores en una muestra
de estudiantes entr e 11 y 14 años, mientras que entre estudiantes de 14 a 16 años un 5%
era ví ctima y un 10% agresor (O rtega, 1994b, 1992). Estudios posteriore s hallaron que la
prevalencia de víctimas oscilaba entre el 5,6% al 8,8% (Ortega, 1998a). En Baleares y
61
Cataluña, se realiz ó un estudio usando como instrumento un cuestionario con preguntas
sobre las formas de las conductas de acoso escolar. Esta investigación halló que la
prevalencia de ac oso escolar entre estudiantes de primaria y se cundaria alcanzaba un
4,5% de víctimas y un 2,4% de estudiantes a g resores (Orte et al., 1999).
Dados los numerosos es tudios sobre acoso escolar publicados en esta p rim era
década en las dif erentes comunidades a utónom as y la disparidad de los resultados
obtenidos, el Defensor del Pueblo (2007; 1999) realiz ó diversas investigaciones par a
conocer la pr evalencia de este fenómeno a nivel estatal. El primer informe del Defensor
del Pueblo halló que un 7,2% de estudiantes de secundaria víctimas recibí an mot es
ofensivos por part e de otros, un 4,7% e ra insu ltado y un 3,8% re cibía comentarios
negativos o hablaban mal de ellos. Entre los agresores, el estudio encontró que un 5,1%
de estudiantes ponía mot es ofensivos a otros, un 4,7% insultaba y un 3,6 % ignoraba o
excluía a otros. Este contenía un cuestionario con preguntas referentes al p unto de vista
del espec tador, las relaciones sociales, las experiencias y trato del estudiante como
víctima, la frec uencia, las características y acciones del agresor, el lugar en el que ocurre
cada tipo de acoso escolar y las personas a quiénes se comunica la situación. El segundo
informe prese nt aba un c u estionario para el alumnado similar al del anterior estudio, pero
se incorporaron preguntas relativas al ciberacoso y se r eplantearon algunas categorías de
preguntas. Los r esultados mostraron que un 5,2% d e las víctim as re cibía motes ofensivos,
un 4,2% recibían comentarios negativos o hablaban mal de ellos y un 3,9% era insultado,
mientras que un 3,7% de los agresores habl aban mal de alguien, un 3,5% ig noraban a un
compañero o compañera y un 3,4% ponía motes ofensivos a otros. Los resultados de
ambos trabajos indicaron que se encontraron di ferencias en la p revalencia de a coso
escolar en func ión de l as conductas que se daban entre la población estudiantil española.
Posteriormente, el informe Cisneros X (Oñate y P iñuel, 2007) empleó como
instrumento el test Acoso y Violen cia Escolar (AVE) y estimó una prevalencia de acoso
escolar d e un 23,3% entr e estudiantes de 7 a 17 años , siendo los comportamientos más
frec u entes el empleo de motes, la exclusión y los insultos.
Los diferentes estudios HBSC (Currie et al., 2004, 2008, 2012; Inchley et al.,
2016, 2020) han arrojado información sobre la prevalencia de acoso escolar en España,
encontrando qu e se ha reducido e n los últimos años, en victimiza ción del 24% en 2002 a l
12,2% en 2018, y en agr esión ha descendido de u n 31,1% en 2002 a un 12 ,2% en 2018
(Moreno, et al., 2019).
62
En los últimos diez años, los datos sobre pr evalencia continúan siendo muy
heterogéneos. El informe de UN ICEF publicado por Adamson (2013) concluyó que un
15% de l alumnado, de 11, 13 y 15 años, era ví ctima durante los últimos dos meses. En la
misma fecha, otra investi gación, que empleó el test B ull-S, encontró una prevalencia del
19,5% del alumnado entre 11 a 18 años , siendo un 10,2% víctimas, 8,8% agresor es y
0,5% agresores victim izados (Cerez o y M éndez, 2013). Un a tercera publicación encontró
un 3,8% d e víctimas y 2,4% de a gresor es entre e l alumnado de secundaria (Díaz- Aguado
Jalón et al., 2013), usando dos preguntas generales sobre acoso escolar una serie de
conductas experimentadas como víctima o como agresor (Solberg y Olweus, 2003).
En la edición de 2015, el informe P ISA incorporó a su batería de p reguntas una
serie de cuestiones relacionadas con la int imidación desde la perspectiva de la víctima, el
acoso escolar y su tipología física, verbal, relacional o material . Los resultados mostraron
un 14% de víctimas de se cundaria a través de conductas de ex clusión, amenazas, d año de
pertenencias y propiedades, golpes o difusión de rumores. El informe PISA 2018 de la
edición post erior empleó las mismas preguntas sobre acoso escolar y halló un 17% de
estudiantes de 15 años víctimas de acoso escolar.
Otras investigaciones posteriores sobre la p revalencia de acoso escolar (Cerezo
et al., 2015a), realizadas con el test Bull -S en el mismo año, hallaron un 16,2% de
implicación del alumnado entre 9 a 18 años, siendo un 6,8% víctimas, un 8,1% agresores
y un 1,3% a gresores victimizados. El estudio Save the Children (Sastre et al., 2016) tenía
una muestra de estudiantes de secundaria y uti lizó el cuestionario EBI PQ como
instrumento. Los resultados de prevalencia que se recogen en el informe hallaron un
14,7% de estudiantes implicados. Un 9,3% del alumnado llega a estar involucrado como
víctima en los dos últimos meses, un 8,1% de form a ocasional y un 1,2% de forma severa,
mientras que un 5,4% como agresor, siendo un 4, 8 % ocasional y un 0,6 % de forma sev era.
La mayoría de los estudi os se han centrado en adolescentes y estudiantes de la
etapa secund aria, aunque los estudios indican que la prevalenc ia de acoso escolar entre
estudiantes de primaria en España es mayor qu e entre estudiantes de s ecundaria (L eón
del Barco et al., 2011), alcanzando en ocasiones h asta un 53,1% de implicación, frente a
un 46,9% de implicación del alumnado de secundaria (Me dina Cascales y Reverte P rieto,
2019). Los datos m ás rec ientes de acoso escolar entre estudiantes de prima ria en España
han hallado un 20,3% de víctimas, un 6% de agresores y un 23,9% de víctimas agresoras
(Machimbarrena y Garaigordobil, 2018b).
63
Los estudios han concluido que entre l as formas de acoso escolar más
predominantes se encuen tran aquellas de carácter verbal (Sastre et al., 2016), que parten
de conductas ba sadas en l os insultos, los motes, las burlas o las amenazas, seguido de lo s
comportamientos físicos como golpes, patadas o deterioro de pe rtenencias, así como d e
conductas relacionale s, l a difusión de rumore s o l a exclusión social (Wang et al., 2009).
En prima ria, los comportamientos de acoso e scolar que aparecen sue len ser
directos, ya sea en su forma verbal o física (Defensor del Pueblo, 1999), mientras que
entre el alumnado de se cundaria son más frecuentes l as conductas indirectas de ti po verbal
o relac ional (León d el Barco et al., 2011), com o la difusión de rumores (10,5%), las
bromas y los motes (9,5%) (García-Moya e t al., 2014).
En resumen, los datos sobre la prevalencia de acoso escolar en España han sido
inconsistentes entre los e studios . Los primeros estudios sobre acoso es colar en nuestro
país mostraron resultados muy variables, con datos que han ido desd e el 6,2% hasta el
53,1% de los estudi antes . Los estudi os han concluido que los estudiantes d e primaria se
encuentran más implicados en comportamientos d e acoso escol ar qu e los e studiantes de
secundaria. Pocos de estos trabajos se han centrado exclusivamente en la etapa de
educación primar ia , habiéndose enfocado la mayoría de ellos en el últ imo curso d e esta
etapa y du rante la educación secundaria. Se necesita n más investigaciones que den a
conocer la prevalencia d e acoso escolar durante la etapa de primaria y q ue ofrezcan
resultados conc luyent es sobre la preva lencia de este fenómeno en edades tempranas.
64
Tabla 2.Estudios sobre la prevalenc ia de acoso e scolar en el territorio nacional
Estudio
Participantes
Instrumento
Criterio
Prevalenc ia - Resultados
Defensor del
Pueblo
(1999)
Estudiantes
de ESO
(12-18 años)
Cuestionario
diseñado para el
estudio, con
preguntas sobre los
tipos de acoso
escolar
Ocurre en
muchos
casos
Víctima:
- Me ponen motes ofensivos 7,2%
- Me insultan 4,7%
- Hablan mal de mí 3,8%
Agresor:
- Pongo motes ofensivos 5,1%
- Insulto 4,7%
- Ignoro 3,6%
HBSC 2002
(Currie et al.,
2004)
Estudiantes
de 11, 13 y
15 años
Cuestionario
HBSC. Dos
preguntas re l ativas
al acoso escolar
recogidas en el
Olweus
Bully/Victim
Questionnaire
(Olweus, 1987)
Ocasional:
Una vez
durante los
últimos dos
meses
Frecuente:
Dos o tres
veces
durante los
últimos dos
meses
Víctima ocasional:
28,1% chicos, 25,7% chicas de 11
años
28,2% chicos, 25,3% chicas de 13
años
25,7% chicos, 23% chicas de 15
años
Víctima frecuente:
9,9% chicos, 8,2% chicas de 11
años
10,8% chicos, 7,5% chicas de 13
años
9,4% chicos, 6,6% chicas de 15
años
Agresor ocasional:
31,7% chicos, 21,9% chicas de 11
años
37,9% chicos, 26,4% chicas de 13
años
43,9% chicos, 29,4% chicas de 15
años
Agresor frecuente:
7,6% chicos, 3,9% chicas de 11
años
12,1% chicos, 5,4% chicas de 13
años
17,6% chicos, 6,4% chicas de 15
años
Centro Reina
Sofia para el
Estudio de la
Violencia
(Serrano y
Iborra , 2005 )
Estudiantes
de ESO
(12-16 años)
Cuestionario de 32
preguntas diseñado
para e l estudio y
estructurado para
conocer la
perce pción desde el
punto de vista de la
víctima, del
agresor y de los
espectadores
Sin
especificar
14,5% víctima
7,6% agre so r
65
Defensor del
Pueblo
(2007)
Estudiantes
de ESO
(12-18 años)
Cuestionario
diseñado para el
estudio, similar al
anterior e studio,
pero incorporando
preguntas
referentes al
ciberacoso
Ocurre en
muchos
casos
Víctima:
- Me ponen motes ofensivos 5,2%
- Hablan mal de mí 4,2%
- Me insultan 3,9%
Agresor:
- Hablo mal de a lguien 3,7%
- Ignoro 3,5%
- Pongo motes ofensivos 3,4%
HBSC 2006
(Moreno
et al., 2008b)
Estudiantes
de 11 a 18
años
Cuestionario
HBSC. Dos
preguntas re l ativas
al acoso escolar
recogidas de la
versión revisada
del Olweus
Bully/Victim
Questionnaire
(Olweus, 1996)
Entre una o
dos veces
en los
últimos dos
meses
12,4% víctima
20% agre so r
Cisneros X
(Oñate y
Piñuel, 2007)
Estudiantes
de 7 a 17
años.
Cuestionario
Acoso y Violencia
Escolar (AV E)
Sin
especificar
23,3% acoso e s colar
5,8% acoso e s colar muy intenso
HBSC 2010
(Moreno
et al., 2012)
Estudiantes
de 11, 13 y
15 años
Cuestionario
HBSC. Se
emplearon dos
preguntas de acoso
escolar de la
versión revisada
del Olweus
Bully/Victim
Questionnaire
(Olweus, 1996)
Dos veces
en los
últimos dos
meses
13,3% Víctima
20,2% Agresor
Adamson
(2013)
11, 13 y 15
años
Preguntas sobre
victimización de
acoso esc ol ar
procede nt es del
estudio HBSC
2010
Una vez al
mes en los
últimos dos
meses
15% víctima
Observatorio
Estatal de
Convivencia
Escolar,
2008 (Díaz-
Aguado
et al., 2010)
Estudiantes
de ESO
(12-18 años)
Cuestionario
diseñado para el
estudio. Dos
preguntas sobre
acoso esc ol ar
(Solberg y Olweus,
2003) y conductas
experimentadas
como víctima o
como agresor
A menudo y
muchas
veces e n los
últimos dos
meses
3,8% víctima
2,4% agre so r
Informe
PISA 2015
(OCDE,
2017)
Estudiantes
de 15 años
Cuestiones
relacionadas con la
intimidación y el
acoso esc ol ar y su
tipología (física,
verbal, relacional o
material)
En el último
año
14% víctima
66
HBSC 2014
(Moreno
et al., 2016)
Estudiantes
de 11, 13 y
15 años
Cuestionario
HBSC. Preguntas
referentes al ac oso
escolar rec ogidas
de la versión
revisada del
Olweus
Bully/Victim
Questionnaire
(Olweus, 1996)
con la inclusión de
preguntas re l ativas
al ciberacoso
Dos o tres
veces a l
mes durante
los últimos
dos meses
15,6% víctima
17,8% agre so r
Cerezo et al,
(Cerez o
et al., 2015a)
Estudiantes
de 9 a 18
años
Test Bull-S
Sin
especificar
16,2% del alumnado:
6,8% víctima
8,1% agre so r
1,3% agre so r victimizado
Sastre et al,
(2016)
Estudiantes
de ESO
(12-16 años)
Versión Española
del Europea n
Bullying
Intervention
Project
Questionnaire
(EBI PQ )
Ocasional
“una o dos
v eces”
severa
entre “una o
dos veces a l
mes” hasta
“más de una
vez a la
semana”
durante los
últimos dos
meses
14,7% del alumnado:
9,3% víctimas, 8,1% ocasional y
1,2% severa
5,4% agre so r, 4,8% ocasional y
0,6% severa
Informe
PISA 2018
(OCDE,
2019)
Estudiantes
de 15 a 16
años
Cuestiones
relacionadas con la
intimidación y el
acoso esc ol ar y su
tipología (física,
verbal, relacional o
material)
Varias
veces a l
mes durante
el último
año
17% víctima
HBSC 2018
(Moreno
et al., 2019)
Estudiantes
de 11 a 18
años
Cuestionario
HBSC. Preguntas
sobre el acoso
escolar rec ogidas
de la versión
revisada del
Olweus
Bully/Victim
Questionnaire
(Olweus, 1996)
con la inclusión de
preguntas re l ativas
al ciberacoso
Una o dos
veces e n los
últimos dos
meses
12,2% víctima
12,2% agre so r
67
1.2.4. Andalucía: Datos de la prevalenc ia de acoso escolar
Las primeras investigaciones en Andalucía se iniciaron a comienzos de la década
de los novent a en Sevilla, siendo Ortega la principal r eferente que halló un 26% de
víctimas y un 22% de a gresores entre estudiantes de 11 a 14 años, observando que la
prevalencia se reducía entre estudiantes de 14 a 16 años, con un 5% de víctim as y un 10%
de agre so res (Ortega, 1994b, 1992a).
A nivel autonómico, los estudios de Orte ga indicaron como re sultado que entre e l
25% y el 30% del alumnado de p rimer ci clo de se cundaria er a víctim a de acoso escolar,
siendo un 17% en el segundo ciclo. En cuanto a la prevalencia de agresión, entre el 24%
y e l 30% del alumnado de secunda ria era agresor de forma ocasional, siendo entre un 1 %
y 2% de forma más seve ra y asidua (Ortega y Del Rey, 2003) . Estos resultados fueron
obtenidos a través del instrumento para r ecogida d e la información, el Cuestionario sobre
Intimidac ión y Maltrato entre Iguales de Ortega, Mora-Merchán y Mora (1995) .
En los diferentes estudios HBSC (Moreno et al., 2008a, 2013, 2016) la prevalencia
de víctimas en Andalucía , de entr e 11 a 17 años, ha oscilado entre el 12,2% en 2006, al
12% e n 2010 y al 15,7% e n 2014, encontrándose una tendenc ia a reducir la prevalencia a
lo largo de los años. L a prevalencia de agresores t ambién se ha reducido de un 19,7% en
2006, a un 18,9% en 20 10 y a un 17,2% en 2014.
Aunque otros estudios han con cluido que l a prevalencia de acoso escolar en
Andalucía ha descendido a lo largo de los años, el porcentaje sigue siendo alto , ha ll ando
un 11% de víctimas de forma ocasional, siendo un 1,2% las de forma más grave y
reitera d a, mientras que l a prevalencia de agresores ocasionales e ra del 5, 7%, siendo un
0,5% la prevalencia d e agresore s d e forma más extrema (Sastre et al., 2016).
Investigaciones longi tudinales más recientes de Romera y otros autores (2017)
han empleado el EB IPQ en su versión española para estudiantes de primaria y secunda ria.
Los re sultados de sus estudios revelan que la preva lencia de acoso esc olar entre
estudiantes de primaria es de 48,9%, siendo un 30,6% víctimas, un 2,6% agresore s y un
15,7% los agre sores victimizados. Estos niveles de prevalencia en primaria tienden a
mantenerse estable s, aunque con un ligero d escenso en el rol de víctima y de agresor
victimizado. La prevalencia en edu cación secundaria es d e un 41,9%, sie ndo un 17,9%
víctimas, un 6,7% agresores y un 17,6% agresores victimizados . El rol de víctima tiende
68
a aumentar, mientras q ue los roles de agresor y a gresor victimizado dism inuyen
ligeramente. Este e studio también ha revelado que las formas y conductas más frecuentes
de agresión y vi ctimización entre estudiantes d e p rimaria y secundaria en Andalucía son
muy similares a las enc ontradas en los estudios na cionales.
En síntesis , la prevalenc ia de acoso escolar de los menores en Andalucía m uestra
una gran variabilidad entre los diferentes estudios, fruto en parte, de las m etodologías de
cada estudio, del instrumento empleado para m edir el acoso escolar y de los criterios
establecidos para delimitar el acoso escolar. Los resultados de los estudios han concluido
que la p revalencia de acoso escol ar entre e studiantes de p rimaria es m ayor que la
prevalencia de acoso escolar entre adoles centes en Andalucía, ll egando a alcanzar un 49%
en primaria frente al 45% que alca nza en educación secundaria (v éase la Ta bla 3 ).
69
Tabla 3. Estudios sobre la prevalenc ia de acoso e scolar en el territorio andaluz
Estudio
Participantes
Instrumento
Criterio
Prevalenc ia - Resultados
Proyecto
ANDAVE
(Ortega y Del
Rey, 2003)
alumnado de
secundaria
(12-16 años)
Cuestionario
sobre
Intimidac ión y
Maltrato entre
Iguales de Ortega ,
Mora-Merchá n y
Mora (1995)
Sin
especificar
Víctima:
25% - 30 % en primer c i clo
17% en segundo c i clo.
Agresor:
24% - 30% agresor ocasional,
1% - 2% de forma má s s evera
Consejo
Escolar de
Andalucía,
(2006)
Estudiantes
de primaria y
secundaria
(12-16 años)
Cuestionario
diseñado para el
estudio con
preguntas basadas
en los tipos y
conductas de
acoso esc ol ar
Sin
especificar
Intimidar con amenaz as:
27% sucede a veces
13% con frecue ncia
Agredir verbalmente: motes,
insultos:
31,1% a veces
43,6% muchas veces o siempre
Agredir físicamente: pegar,
pelearse:
27% a veces
7,2% siempre
Aislar, ignorar, rechazar, no dejar
participar o difundir rumores:
13% con frecue ncia
Discriminar por género, cultura,
etc.:
16,8% a veces
9% muchas veces o siempre
Estropear o dañar el material de
otros o instalaciones del centro:
33,7% a veces
20,4% muchas veces o siempre
HBSC 2006
(Moreno et al.,
2008a)
11-18 años
Cuestionario
HBSC, con dos
preguntas de
acoso esc ol ar
recogidas de la
versión revisada
del Olweus
Bully/Victim
Questionnaire
(Olweus, 1996)
Entre una
o dos
veces e n
los
últimos
dos meses
15,4% víctima
19,7% agre so r
76
contexto, que va cambiando e influencia a los menores, confiriéndoles mayor es o menores
probabilidades de llegar a estar impli cados en el acoso escolar (Migliaccio y Ra skauskas,
2015; Thornberg, 2015).
Los factores de riesgo asociados al acoso e scolar se definen como las
caracter ísticas o variables que predicen el comportamiento violento o la vulnerabilidad
de un individuo e increm enta la posibilidad de que un niño o niña ll egue a ser víctima o
agresor de acoso es colar. En cambio, los f actores de prote cción son las variables que
influyen en la reducción de estas posibilidades de implicación y atenúan las situaciones
de acoso escolar. Estos fa ctores de riesgo y de p rotección s e rel acionan d e diferente mo do
en los niños y niñas y varían en función d el contexto y la situación, actuando en ocasiones
como predictores del problema o como mecanismos de defensa contra el acoso escolar
(Espelage, 2014; Moses y Williford, 2017) . Contar con algunos factores o conductas de
riesgo no implica que los menores lleguen a estar invol ucrados en alguno d e los roles de
acoso esc ol ar, como víctima, agre sor o víctima agresora (Consejería de Educación
Juventud y Deporte, 2017). Sin embargo, cono cer las variables de riesgo arroja una luz
sobre aquellos comportamientos que pueden ayudar a determinar y predecir la
implicación de algunos chicos y chicas en e sta dinámica de agresión entre iguales
(Farrington y Ttofi, 2011).
Los estudios han hallado que algunos factores a ctúan como riesgo en el plano
individual, familiar y social para todos los impli cados en a coso escolar, y a sean agresores,
víctimas o víctimas agre soras. Entre estos se encuentran tener un bajo autocontrol
(Verlinden et al., 2014) , presentar o presenciar conductas de violencia y conflictos entre
hermanos y hermanas (H oetger et al., 2015; Le et al., 2017; Tanrikulu y Campbell, 2015;
Tippett y Wolke, 2015) y el uso de sustanc ias y estupefacientes (Me rrill y Ha nson, 2016;
Sangalang et al., 2016; Zych, Farrington, et al., 2020).
Por el contrario, otros f actores actúan como p rotecc ión d e todos los men ores y
previenen el acoso escolar, como re cibir apoyo por parte de la famil ia (Duong y
Bradshaw, 2014; Zy ch, Farrington, et al., 2020), tener sup ervisión (Pe rren et al., 2012;
Rajendran et al., 2016; Zych, Farrington, et al., 2020; Zych et al., 2019), la existencia de
un buen clima escolar (Yang et al., 2018) y bue n vínculo afec tivo con lo s iguales o los
compañeros y compañeras de clase (Zych, F arrington, et al., 2020). S in embargo, o tras
conductas y comportamientos están asociados a cada rol de impli cac ión, que se describen
a continuación.
77
En síntesis, los niños y niñas de primaria y adolescentes no tienen los m ismos
factores de riesgo ni de protección f rente al acoso escolar a niv el personal, familiar o
social. La actuación de los factore s como riesgo o como protección depende de la
interacc ión de los menores en el entorno y del contexto. Exist e una serie de fac tores
comunes a todos los roles de estudiantes implicados que confie re a estos menores una
mayor predisposición para asumir y verse envuelto s como víctima, c omo a gresor o como
víctima agresora, aunque estos también cuentan co n elementos comunes que los protege n
de la agresión y la victi mización de acoso es colar. Sin embar go, todos l os grupos de
menores involucrados en acoso escolar cuentan con factores d e riesgo y de protección
asociados a cada rol.
1.3.1. Factores asociados a la víctima
Cualquier niño o niña puede llegar a ser víctima de acoso escolar dado q ue las
razone s por las que los menores pueden llegar a ver se im plicados son muchas y muy
variadas. Aunque todas l as víctimas de acoso escolar no presentan un único perfil de
implicación, como ya se indicó en el aparta do sobre los roles de implicació n de este
fenómeno, todas ellas p resentan un conjunto de factores que les confiere una mayor
vulnerabilidad y son susceptibles de continuar sie ndo im plicadas en a coso e scolar.
Entre los factores asociados al individuo , se han encontrado factor es que
engloban características que diferencian o que tie nen una mayor probabilidad de que la
víctima sea percibida como diferente dentro d el grupo de iguales (Cañas-Pardo, 2017),
ya sea por c aracterísticas físicas de los m enores, t ener una o rientación sexual difere nte o
pertenecer a minorías étnicas (Goldbach et al., 2018; Orjuela López et al., 2013). Los
estudios señalan que el género no es un fa ctor de r iesgo para la impli cación como víctima
de acoso escolar (Arseneault et al., 2010 ; W ang et al., 2014). En cambio, los estudios han
hallado que, en primaria , los niños y niñas vícti mas tienen menos eda d que el agre sor
(Pečjak y P irc, 2017; Seo et al., 2017; Wandera et al., 2017), por lo que tienen una
apariencia más débil e indefensa, tien en una me nor corpulencia, fue rza o habilidades
motoras (Jansen et al., 2011).
También se han identificado otros factores in dividuales , entre los que destacan
que las víctimas muestren un carác ter retraído e introvertido, se muest ren tímidos,
78
callados, nerviosos, huidizos y teme rosos (Kollerová y Smolík, 2016), por l o que tienden
a intentar pasar d esapercibidos y a aislars e (Woods et al., 2009). Los estudios han
mostrado que estos niños y niñas muestran un nive l elevado de ansiedad, senti mientos de
culpabilidad hacia sí mismos y dificultades en la autorregulación emocional y conductual
(Garaigordobil y Oñederra, 2010). Presentan nivele s altos de inseguridad, baja autoestima
(Ameli et al., 2017; García Fernández et al ., 2015; S eo et al., 2017) y baja autoeficacia
(Eden et al., 2016; Men doza Gon zález, 2014). Muestran dificultades para hablar de sí
mismas, tienen un autoc oncepto negativo (Simón Saiz et al., 2019), escasa confianza
(Brighi et al., 2012) y bajos niveles de resistencia a la fru stración (Moses y Williford,
2017).
Por otra parte, los estudi os han mostrado que existen otros factores relacionados
con una menor implicación de los menores de pri maria y etapa s posteriores a ser víctimas
de acoso escolar. Estos niños y niñas que muestran una menor pr edisposición a estar
implicados en este rol tienen un carácter extrov ertido, abierto, muestr an un alto nivel de
simpatía hacia los demás y tienen empatía (Zy ch et al., 2019). Son me nores que se
manifiestan satisfec hos con la vida, tienen una opinión positiva sobre su bienestar
(Alcantara et al., 2017), ya sea bien estar físico o psicológico (Sim ón S aiz et al., 2019),
muestran una alta autoconfianza, alta auto estima (Lázaro-Visa et al., 2019) y un
autoconce pto positivo (Chen et al., 2017; Fisher et al., 2016; Simón Saiz et al., 2019;
Tsaousis, 2016).
Entre los factores de l ámbito familiar se encuentran los relacionados con la s
caracter ísticas famili ares. Los estudios han mostrado que los hij os e hij a s de familias
monoparentales tien en u n mayor riesgo de estas i mplicados como víctima (Jansen et al.,
2012; Stalmach et al., 2014; Wandera et al., 2017). Los niños y niñas que proceden de
una familia cuyos pro genitores son jóvenes, tienen bajo nivel educativo y nivel
socioeconómico (Jansen et al., 2012; Seo et a l., 2017; Suárez-García et al., 2020; Tippett
y Wolke, 2015), o bien, presentan niveles de estrés parental son más propensos a estar
involucrados como víctima de acoso escolar ( Garaigordobil y Machimbarre n a, 2017).
Algunos estudios también han hallado f actores de riesgo en cuanto a las pr áctica s y los
estilos educativos parentales. Los estudios han mostrado que los hijos e hi jas de familias
con un estilo sobreprotector o autoritario (Cerez o et al., 2018; Gar aigordobil y
Machimbarrena, 2017; Martínez et al., 2019) pr esentan un mayor riesgo de ser víctima
de acoso escolar. L as conductas disciplinarias y las actitudes d e sobreprotección d e los
79
menores pueden derivar en que estos presenten m enos habilidades para la resolución de
conflictos por sí mismos (Cerezo et al., 2015a; Fujikawa et al., 2018). Los estudios han
mostrado que distintos tipos de apego son factores de riesgo para los menores implicados
como víctimas. Entre est os destacan el apego ansioso-ambivalente (M agaz et al., 2011),
los estilos de apego p arental en los que las familias muestran poco a fecto (Seo et al., 2017;
Suárez-García et al., 2020), tienen una falta de supervisión (Rhee et al., 2017), un exceso
de control del menor (Li et al., 2019) o la imposición de restricciones (Garaigordobil y
Machimbarrena, 2017), una escasa comunicación con los menore s (Noce ntini et al.,
2019), una carencia de apoyo en las iniciativas ( Alcantara et al., 2017; Brendgen et al.,
2016; Li et al., 2019) y un desinterés o falta de implicación y participac ión en las
actividades que los hijo s e hijas realizan en el contexto educativo (Leadbeater et al.,
2015). Estas características dotan a los menores de un mayor nivel de inseguridad y de
dependencia hacia los p rogenitores (Mendoza González, 2014; Sánch ez, 2009). Otro
factor de riesgo para los niños y niñas víctimas de acoso escolar está relacionado con las
situaciones de viol encia en el ámbito domésti co y la crianza en un ambient e conflictivo,
ya sea por la presencia de conflictos entre los progenitores en el ámbito familiar,
discusiones en presencia de los menores (Ameli et al., 2017; Wandera et al., 2017),
situaciones de abuso sexu al o uso de drogas (Nocentini et al., 2019), agresión psicológica
parental (Gómez-Ortiz et al., 2016) o por violencia de género (Piñero-Ruiz et al., 2012;
Prodócimo et al., 2014; Wolke y Samara, 2004). La experiencia de estas situaciones e n el
contexto familiar puede propiciar que los niños y niñas que están expuestos a la violencia
en el seno familiar desarrollen o inicien un proceso de victimización extrapolable otros
contextos como el educativo (Bowes et al., 2013; S uárez- García et al., 2020). Algunos
estudios también han hallado factores de riesgo en relación con las creencias y actitudes
de la familia h acia el acoso escolar. Estos han most rado que los hijos e hijas de las familias
que minimizan los problemas de acoso escolar, t ienen escaso conocimiento sobre este
fenómeno y sobre cómo afrontar o intervenir el a coso es colar d esde el ámbit o familiar
pueden tener una mayo r propensión a ser víctim as o continuar siendo victimizados
(Nocentini et al., 2019).
Por el contra rio, los estil os educ ativos par entales tam bién pueden se r un factor
protector c ontra el acoso escolar de los menores. Los estudios han mostrado que e l estilo
educativo democrático (Martínez et al., 2019), ca racterizado po r la impli cación familiar
(Duong y Bradshaw, 2014), una bu ena relación y comunicación entre los menores y su
familia (Sim ón Saiz et al., 2019), el equilibrio entre el control y el afecto (Perren et al.,
80
2012; Rajendran et al., 20 16; Zych et al., 2019), el apoyo parental y social (Li et al., 2019)
y la estabilidad emocio nal (F oster y Brooks- Gunn, 2013) constituyen práctic as y
conductas que prot egen a los niños y a las niñas de p rimaria y adolescentes de verse
involucrados como víctim as de acoso escolar. Est e estilo educativo favorecería una mayor
seguridad en los menore s y que estos tuvi eran mayor competencia personal (Nocentini
et al., 2019).
Los estudios sobre factores de riesgo también han hallado factores de l ámbito
social y escolar . Algunos estudios han hallado fa ctores de riesgo en cuanto al entorno
social y comunitario de l os menores, y a sea por la pertenencia a entornos c on bajo nivel
socioeconómico, ambientes deprimidos o insegu ros (Foster y Brooks-Gunn, 2013; Jansen
et al., 2012), las actitudes y cree ncias que favorecen la violencia en la sociedad (Cañas-
Pardo, 2017) , el desarrollo de p atrones de victimización en otro c ontexto (Serdiouk et al.,
2015), el consumo elevado de televisión y otros medios digitales o la exposición a
contenidos violentos (Watt et al., 2015). En cuanto al ámbito educativo, los estudios han
mostrado que la estructura y configurac ión del ce n tro e ducativo está re lacionada con una
mayor implicación de los menores como víctimas de acoso escolar, como el deterioro del
centro escolar o del mobiliario y la existencia de un elevado número de estudiantes por
cada clase, dado que esto favorece la proliferación de problemas y conflictos en el aula
(Vázquez, 2015 ). Otro f actor de riesgo para los niños y niñas víctimas de acoso escolar
está relacionado con el sistema disciplinario, como la ausenc ia o falta de transmisión de
valores, la carencia d e un sistema punitivo y de sanciones a las conductas o episodios de
violencia y la normalización de la viol encia. Esto se refleja en l as relaciones entre los
miembros de la comunid ad, la inseguridad en el á mbito educ ativo (Gage et al., 2014) y la
perce pción de un clima escolar negativo (Wang et al., 2013; Wang et al., 2014). Los
estudios también han hal lado que algunas din ámicas y pr ácticas educativas constituyen
un factor de riesgo p ara el alumnado, como el bajo rendimiento académico (Cil lessen y
Lansu, 2015; Garaigordobil y Machimbarrena, 2017; Suárez-García et al., 2020), un
inadecua do o bajo ajuste escolar (García Fernández et al., 2015) y el absentismo escolar
(Goldbach et al., 2018; Zych, F arrington, et al., 20 20). Los estudios han mo strado que las
malas relaciones entre ig uales de los niños y niñas están relacionadas con un mayor riesgo
de ser llegar a ser víctima de ac oso escolar (L eadbeater et al., 2015). Entr e estas destacan
que los menores presenten una conducta social y comportamientos inadecuados con los
demás, debido a la carencia de habilidades sociales, la falta de habilidades asertivas o
inadecua d as estrategias de afrontamiento a nte lo s problemas o sit uaciones de con flicto
81
(Alcantara et al., 2017; Han et al., 2017; Kollerová y Smolík, 2016; Lereya , Winsper,
et al., 2013). Estos m enores, ya sean de p rimaria o de etapas posteriores, t ienden a ser
percibidos negativamente por los demás, presentan un alto grado de rechazo o son
ignorados por el resto del grupo (Kollerová y Smolík, 2016; Sainio et al., 201 2), presentan
una baja popularidad, tienen una baja integración en el g rupo y carecen d e apoyo social
(Andrews et al., 2016). Otro factor d e riesgo para los menores involucra dos como
víctimas de acoso escolar está relacionado con las amistades de los niños y las niñas , ya
sea por que tengan difi cultad para ha cer amigos, tengan poc as amistades (Alcantara et al.,
2017) o los amigos y am igas sean percibidos como víctimas (Echols y G raham, 2016).
Estas pueden derivar en que los menores tiendan a a islarse o a estar solos y presenten una
escasa particip ación en actividades grupales (Se rrano y I borra, 2005), que les confiere
una mayor predisposició n para estar involucrados en el rol de víctima en e ste fenómeno.
Los estudios también han mostrado que el prof esorado y sus actitudes pueden llegar a ser
un factor de ri esgo para los estudiantes víctimas del ac oso escolar. Estos estudios han
hallado que el escaso conocimiento docente sobre las relac iones interpersonales del
alumnado y las dinámicas relacionales entre ellos (Bouchard y Smith, 2017), las escasas
habilidades para afrontar la situación, el desconocimiento sobre cómo actuar y la
minimización de las conduc tas de acoso escol ar en el aula (Sokol et al., 2016) constituyen
un riesgo para las víctimas de ac oso escolar. Estas actitudes y comportamientos por parte
del profesorado fomentan otros riesgos como la escasa comunicación entre los menores
y el profesorado (Mendo za Gon zález, 2014) y l a reducción de la búsqu eda de apoyo de
los menores en la figura docente de referencia (Bouchard y Smith, 2017; Sokol et al.,
2016).
Por otra parte, algunos e studios han mostrado qu e existen factores de prot ección
relacionados con el entorno comunitario. Los menores que viven en zonas con a mbientes
tranquilos, libres de viol encia y que favorecen v alores prosociales e stán relacionados c on
factores de protección del acoso escolar (Cañas-P ardo, 2017). Los estudios también han
hallado que las dinámicas y prác ticas educa tivas en el entorno escolar son factores
protectore s de los menores víctimas de acoso escolar (Simón Saiz et al., 2019). Los
centros educativos qu e muestran una mayor cohesión grupal entre los miembros del
personal educativo (Wang et al., 2013), tienen actuaciones y planes de prevención de la
convivencia y del acoso escolar (Cava et al., 201 0; Orjuela López et al., 2 013; Shetgiri,
2013) y son percibidos p or tener un buen clima escolar y de convivencia en el entorno
educativo (Leadbeater et al., 2015; Zych et al., 20 19) fomentan una mayor seguridad en
82
el entorno que protege a los menores contra el riesgo de ser víctimas de acoso escolar.
Esto se refleja en que l os menore s también presentan un alto rendimiento y logro
académico (Moore et al., 2017). Igualmente, lo s menores que comparten aula con
hermanos o hermana s cl ase (Veldkamp et al., 20 17) también presentan un menor riesgo
de llegar a ser víctimas de acoso escolar. Otro factor de protección contra el ac oso escolar
es la buena relación entre iguales (Simón Saiz et al., 2019), como la dispo sición de una
buena red d e apoyo en el grupo de iguales ( Veldkamp et al., 2017) y la s actitudes d e
defensa y de p rotección hacia las víctimas por pa rte de los compañeros y compañeras de
clase (Saa rento et al., 2013). Estos menore s c uentan con una mayor popularidad o estatus
entre el grupo de iguales (Barcaccia et al., 2018), tienen habilidades prosociales (Casper
y Card, 2017; S ugimura et al., 2017), son resilientes, asertivos, usan buenas estrategias
de afrontamiento y participan en juegos y equipos deportivos (Merr ill y Hanson, 2016).
Los estudios también han hallado que el alumnado que posee amistades dentro de la
misma clase son un factor de protección contra el acoso escolar (Barcaccia et al., 2018),
ex cepto en el caso en qu e estas amistades estén i nvolucradas como vícti mas (Echols y
Graham, 2016). En cuant o a los factores de p rotección relacionados con el profesorado,
los doce ntes promueven iniciativas o tienen ac titud es c ontra la violencia (Serdiouk e t al.,
2015). Esto favorece que el alumnado mantenga una buena relación y comunicación con
los docentes y figuras de r eferencia en el contexto escolar (Lawson et al., 201 3) y perciban
un mayor biene star como fruto del apoyo por parte del p rofesorado (Kokkinos et al.,
2016; Thornberg et a l., 2 018).
En síntesis , los factores de riesgo y de protección asociados a la víctima son muy
variados, ya que estos apare cen en diferentes contextos y situaciones. Algunos están más
relacionados con la personalidad y las características individuales de cada niño o niña .
Otros, sin embargo, a fectan al contexto f amiliar e n cuanto a l a estru ctura, las prácticas y
estilos parentales, el vínculo de apego, las conductas de violencia en el ámbito doméstico
y las creenc ias sobre el acoso esc ol ar por parte de los progenitores. Existen también
factores de riesgo y de p rotección que aparecen en el entorno social y comunitario y en el
contexto escolar, ya s ea en cuanto a su estructura, e n el sistema disciplinario que se aplica
en el ce ntro, las prácticas en el aula, las relac io nes con los iguales, las relaciones de
amistades del alumnado y las actitudes y cre encias del profesorado. Contar con un mayor
o menor número d e factores de riesgo no significa que niños y niñas vayan a desarrollar
conductas de victimización de acoso escolar, dad o que estos dependen de la s sit uaciones
83
y del contexto, así como de la influencia tanto de los factores de riesgo como de los
factores de protecc ión del acoso escolar.
1.3.2. Factores asociados al agresor
Existen diversos factores de riesgo relacionados con la figura del agresor, con
independenc i a del perfil y tipo de agresor en el que los menores se encuentren
involucrados. Existen factores de rie sgo asociados a carac t erísticas individuales, factores
de personalidad, relacionados con la familia, con el entorno comunitario y con el contexto
escolar.
Entre los factores asoci ados al individuo , los estudios han hallado factores
relacionados c on el físico y la edad, que confieren a los menor es una mayor probabilidad
de llegar a ser agresor o agre sora de ac oso escolar. Entre estos de staca la posesión de una
mayor fuerza o corpulencia física que l a víctima y tener mayor edad que esta (Zych et al.,
2016). Al ser mayores que la víctima, los agresores pueden tener una apariencia más
intimidatoria ante las víctimas, más débiles e indefensas.
Los estudios sobre factores de ri esgo han mostrado otros factores individuales .
Los agresores tienden a presentar un tempe ramento tendente a la agresividad (Sugi mura
et al., 2017; Van Noorden et al., 2016), bajo nivel de toleranc ia a la frustrac ión
(Rodríguez López, 2006), son impulsi vos (Tzani-Pepelasi et al ., 2018; Velotti et al.,
2016), ti enen un carácter egocéntrico, narcisista y dominante (Reijntj es et al., 2016) ,
presentan rasgos sádicos (Tré molière y Djeriouat, 2016; Van Geel et al., 2017) y
conductas des afiantes o d isruptivas, que son predictoras de la implicación como agresores
de acoso escolar (Diaz Ozuna, 2012) . Los menor es que tienen este tip o de
comportamiento suelen tener una escasa habilidad para resolver los conflictos de manera
adecuada y muestran baj a empatía (Va n Noorden et al., 2016). Los estudio s han hallado
que los menores muestran sentimientos de rabia o furia (Hein et al., 2015; Tanrikulu y
Campbell, 2015), presentan déficit de atención, hiperactividad, trastornos d e la conducta
y personalidad antisocial (Analitis et al., 2009; Horton, 2011; Leiner et al., 2014; Shetgiri,
2013). Algunos estudios han mostrado que chicos y chicas presentan riesgos asociados a
l a moralidad. Estos menores muestran una falta de valores morales, una carencia de
remordimiento y un alto desapego mor al (Caravita et al., 2012; Gini et al., 2014; Perren,
84
Gutzwiller-Helfenfinger, et al., 2012; R omer a et al., 2019; Wang et al., 2017; Zych,
Farrington, et al., 2020). Otros factore s de riesgo asociados al agresor son los elevados
niveles de ansiedad, baja autoestima y el p adecimiento de trastorno de estrés
postraumático (Barrett et al., 2014).
En cambio, existen otros factores que protegen a estos chicos y chicas frente al
acoso escolar. Los niños que son más amables y abiertos (Mitsopoulou y Giovazolias,
2015), tienen un mejo r control de la impulsi vidad y la ira, mayor to lerancia a la
frustrac ión, mayor dispo sición a sentir culpa (Barón et al., 2018), mayo r autoestima
(Chen et al., 2017; Tsaousis, 2016), nivel de empatía (Mitsopoulou y Giovazolias, 2015;
Zych et al., 2019) y un mayor desa rrollo de la autonomía para dar opinión o tomar
decisiones (Baldry y Farrington, 2005) tienen un menor riesgo de llega r a estar
involucrados como agresor o agresora de acoso escolar.
Entre los factores d el ámb ito familiar se encuentran los relacionados con la s
caracter ísticas f amilia re s. Los estudios han mostrado que es un factor de riesgo que los
menores no vivan dire ctamente con sus progenitores (Le et al., 2017). Los niños y niñas
cuyas familias presentan un estatus socioeconómico bajo (Vázquez, 2015), tienen una alta
inestabilidad laboral (Stenbacka et al., 201 2), o bien, p resentan problemas
psicopatológicos c omo depre sión, comportamientos antisociale s (Morcillo et al., 2015) o
problemas de salud me ntal (Nocentini et al., 2019; Shetgiri et al., 2014) son más
propensos a estar involucrados como agresores de acoso escolar . Estas familias también
se caracterizan por tener una baja cohesión familiar (Smith, 2014), hecho que influye
negativamente en los menores y que genera problemas en la conducta y el
comportamiento de los niños y niñas (Vázquez, 2015). Algunos estudios también han
hallado factores de riesgo en cuanto a las prá cticas y los estilos educativos parentale s. Los
estudios han mostrado que las familias de los niños y niñ as impli cados co mo agresores
ponen en prá ctica estilos autoritarios (Foshee et al., 2016; Georgiou et al., 2013; Luk
et al., 2016), negligentes (Nocentini et al., 2019), permisivos (Aguilar Cárceles, 2012;
Baldry y F arrington, 2000; Estévez López et al., 2007; Gómez-Ortiz et al., 2014; Shetgiri
et al., 2012) o sobreprote ctores (Mohebbi et al., 2016). Los estudios han mostrado que,
en cuanto al a pego, los agresores de acoso escolar tienen un pobre vínculo de apego (Cho
et al., 2017). Entre estos destacan el apego evitati vo, aunque otros estudios señalan que
es necesario investigar m ás sobre los estilos de apego entre los agresores de acoso escolar
(Magaz et al., 2011). Entre las características que suponen un riesgo para los menor es
85
destacan el uso de estrategias disciplinarias severas (Morcillo et al., 2015) y el uso de un
sistema punitivo basado en los gritos o el castigo físico (Hong et al., 2017; Zych,
Farrington, e t al., 2020). La exposición continuada de una disciplina basada en el uso del
castigo físico o la violencia fomenta que los menores normalicen conductas inapr opiadas
o de violencia que extra polen a otros contextos (Fujikawa et al., 2018). Por el contrario,
una disciplina inconsistente, excesiva permisividad (Alizadeh Maralani e t a l., 2019), una
mayor tolerancia a las conductas agresivas de los menores, la permisividad en cuanto al
alto consumo de televisión o programas violento s (Elledge et al., 2013; H. Huang et al.,
2013; Vázquez, 2015 ), la ausencia de normas o lími tes clar os y precisos y la falta de
su pervisión y control parental (Lösel y Farr ington, 2012; Mann et al., 2015) también son
factores de riesgo para los menores impli cados como agresores de acoso escolar. La
care ncia de supervisión y la p ermisividad pueden generar que los menores no lleguen a
ser amonestados o repre ndidos ante comportamientos violentos o agresivos, fomentando
de este modo el uso de la agre sión (Nocentini et al., 2019). Estas caracter ísti cas fomentan
una mayor inseguridad entre los menores y mantienen una escasa o mala comuni cación
con sus progenitores (L i et al., 2019; Mendoza González , 2014; Olweus, 20 06; Williams
y Kennedy, 2012). Otro factor de riesgo para los niños y niñas agre sores de acoso escolar
está relac ion ado con las situaciones de violencia en el ámbito doméstico y la crianza en
un ambiente conflictivo, ya sea po r experiencia parental previa a la violencia o por
conductas de viol encia en el ámbito familiar. Los niños y niñas con mayor riesgo de ser
acosadores proceden de f amilias que han podido tener antecedentes de comportamientos
hostiles (de Vries et al., 2018) o han llegado a ser acosadores durante su infanci a o su
adolescencia (Farrington, 1993). Estos niños y niñas han podido presenciar conductas
violentas o conflictivas presenciadas en el seno familiar (Hemphill et al., 2011; Le et al.,
2017; Noc entini et al., 2019), en la que los menores están expuestos a conductas de abuso
(Auslander et al., 2016; Fujikawa et al., 2016; N ocentini et al., 2019), el consumo de
alcohol o drogas por p arte de los progenitores (Nocentini et al., 2019), la vi olencia entre
los progenitores (De Oliv eira et al., 2016; Le et al., 2017) o viol encia doméstica ( Foshee
et al., 2016) y fomentan el aprendizaje d e patrone s de conducta basados e n la violencia
(Benítez y Justicia, 2006; Davis et al., 2020; Rigby, 2012). Algunos estudios también han
hallado factores de riesg o en relación con las creencias y a ctitudes de la famili a hacia el
acoso escolar. Estos h an mostrado como ri esgo que las familias carezcan d e
conocimientos sobre el acoso escol ar, e stén poco involucrados en las tareas y actividades
92
Tabla 4. Resumen de las causas de riesgo y de protección del acoso escolar
Factores y causas de riesgo
Víctima
Agresor
Víctima agresora
Asociados al
individuo
Individuales
- Género (c hicos)
- Edad (menor q ue agresor)
- Menor fuerz a física
- Bajo autocontrol
- I ntroversión
- Timidez
- Problemas interna lizantes
- Problemas exter nalizantes
- Conductas de a islamient o
- Ansiedad
- I nseguridad
- Baja autoestima
- Baja autoef icacia
- Autoconce pto negativo
- Dificultad para ha blar de sí
mismos
- Baja tolera ncia a la frustr ación
Individuales
- Género (c hicos)
- Edad (mayor q ue víctima )
- Mayor fuerz a física
- Bajo autocontrol
- Agresividad
- Tempera mento hosti l
- Problemas interna lizantes
- Problemas exter nalizantes
- Disruptividad
- Ansiedad
- Baja empatía
- Baja autoestima
- Trastorno de estrés postr aumático
- Conductas desafia ntes
- Sadismo
- Desape go moral
- I mpulsividad
- Carác ter egocéntrico
- Défic it de atención
- Hipera ctividad
- Personalidad a ntisocial
- Trastorno de la conducta
- Baja tolera ncia a la frustr ación
Individuales
- Gé nero (chicos)
- Bajo autocontrol
- Agresividad
- Problemas interna lizantes
- Problemas exter nalizantes
- Depre sión
- Angustia
- Desape go moral
- Défic it de atención
- Hipera ctividad
93
Asociados a la
familia
Características familiar es
- Familias monopare ntales
- Progenitores jóvene s
- Bajo nivel educa tivo
- Bajo nivel socioeconómic o
- Estrés pare ntal
Violencia en la familia
- Conflictos entre proge nit ores
- Presenc ia de discusiones
(menores testigos)
- Agresión psicológica par ental
- Violencia de género
- Co nflictos entre hermanos/as
Estilo educativo parental
- Estilo sobreprotec tor
- Estilo autoritario
- Poco afe cto
- Falta de supervisión
- Exceso de control
- Escasa comunicación
- Carenc ia de apoyo
Características familiar es
- Menores que no convive n con sus
progenitores
- I nestabilidad laboral
- Bajo nivel socioeconómic o
- Problemas psicopatológicos
- Depre sión
- Problemas de salud me nt al
Violencia en la familia
- Historia o antecede ntes familiares de
violencia
- Conflictos en la fa milia
- Conductas de a buso
- Violencia inter parental
- Conflictos entre he rmanos/as
- Violencia de género
Estilo educativo parental
- Estilo autoritario
- Estilo negligente
- Estilo permisivo
- Toleranc ia a la agresivid ad
Características familiar es
- Menores que no convive n con sus
progenitores
- Divorcio
Violencia en la familia
- Presenc ia de discusiones (menores
testigos)
- Conflictos entre he rmanos/as
Estilo educativo parental
- Sistema punitivo (castigo físico)
94
- Falta de implicación en otros
contextos (escolar)
- Disciplina inconsistente
- Sistema punitivo (castigo físico)
- Ausencia de normas
- Falta de supervisión
- Falta de control parental
- Alto consumo de televisión
- Escasa comunicación
- Pobre cohe sión f amiliar
- Pobre vínculo de a pego
Asociados al
ámbito social
Relación con el entorno
- Uso de estupefac ientes
- Pertenenc ia a ambientes
deprimidos o empobrec id os
- Exceso de televisión en e tapas
anteriore s
Relación con el ce ntro e scolar
- Absentismo escolar
- Bajo rendimiento ac adé mico
- Bajo ajuste esc olar
- Opinión negativa de l cli ma social
- I nseguridad en la escuela
Relación con el entorno
- Uso de estupefac ientes
- Pertenenc ia a ambientes deprimidos o
empobrecidos
Relación con el ce ntro e scolar
- Perce pción de estructuras sociales
jerárquicas
- Pobre ajuste soc ial
- Ambiente esc olar negativo
- Actitud negativa hacia e l contexto
escolar
- Nece sidades educativas específicas
- Bajo rendimiento ac adé mico
Relación con el entorno
- Uso de estupefac ientes
Relación con los iguales
- Bajo apoyo esc olar
Relación con el profe so rado
- Pasividad docente
95
Relación con los iguales
- Relación social c on los i guales
empobrecida
- Carenc ia de habilidades asertivas
- Carenc ia de habilidades sociales
- Escasa s estrategias de
afrontamiento
- Carenc ia de apoyo social
- Baja popularida d
- Dificultades pa ra hacer amigos
- Escasa participación en g rupos
- Baja integra ción
- Son recha zados
Relación con el profe so rado
- Escasa comunicación con el
profesorado
Relación con los iguales
- Son recha zados
- Alto estatus social
- Respeto a tra vés del mie do
Factores y causas de prote cción
Víctima
Agresor
Víctima agresora
Asociados al
individuo
Individuales
- Extroversión
- Simpatía
- Satisfacc ión por la vida
- Empatía
- Alta autoconf ianza
- Alta autoestima
- Autoconce pto positivo
Individuales
- Amabilidad
- Control de la impulsividad
- Control de la ira
- Empatía
- Toleranc ia a la frustración
- Alta autoestima
- Culpabilidad
Individuales
- Empatía
- Alta competenc ia social
- Buena re solución de pro blemas y
conflictos
96
Asociados a la
familia
Estilo educativo parental
- Estilo indulgente
- Apoyo
- I mplicación familiar
- Comunicación filiopare ntal
- Control
- Supervisión parental
- Afec tividad
- Estabilidad emocional
Estilo educativo parental
- Ambiente fa miliar positivo
- Apoyo
- Buena comunic ación
- Cohesión familiar
- Clima de confianza
- Supervisión parental
- Afec tividad
- Vínculo de ape go seguro
Características familiar es
- Alto nivel socioeconómico
Estilo educativo parental
- Ambiente fa miliar positivo
- Buena comunic ación
- I mplicación parental
- Apoyo
- Supervisión parental
Asociados al
ámbito social
Relación con el ce ntro e scolar
- Buena perce pción del clima
escolar
- Buen rendimiento académico
- Tener un herma no/a en cl ase
Relación con los iguales
- Vínculo afectivo positivo con los
iguales
- Tener amistades
- Popularidad
- Habilidades prosoc iales
Relación con el ce ntro e scolar
- Clima escolar positivo
- Reglas y normas c laras
- Buen rendimiento académico
Relación con los iguales
- Vínculo afectivo positivo con los
iguales
- Alto estatus social
- Buena re d de apoyo
- Diálogo
- Buena comunic ación
- Habilidades socia les
Relación con el ce ntro e scolar
- Éxito acadé mico
- Reglas y normas c laras
- Buen ajuste esc olar
- Clima de convivenc ia posit ivo
Relación con los iguales
- Vínculo afectivo positivo con los
iguales
- Alto estatus social
- Actividades grupa les
97
- Uso de estra tegias de
afrontamiento a s ertivas
- Participación en gr upos
- Buena re d de apoyo
- Resiliencia
Relación con el profe so rado
- Buena re lación y comuni cación
con el profesorado
98
1.4.Consecuencias del acoso escolar
Una de las razones por la que se confiere el acoso escolar como un asunto de
graveda d es debido a las consecuencias y repercusiones que este fenómeno de viol encia
social tie ne para todos los menore s implicados directa o indire ctamente. El acoso escolar
tiene efectos re levantes en todos los contextos y entornos de de sarrollo de los niños y las
niñas, c on consec uencias muy perjudiciale s y graves desde que ocurre el primer e pisodio
de agresión, convirtiénd ose en un problema qu e afecta a la salud de los menores y
provocando lesione s, en muchos ca sos, invisibles para los demás (Bra dsh aw et al., 2017;
Horton, 2011b; Salmivalli, 2010; Waasdorp et al., 2017). Los episodios de acoso escolar
dejan huellas y tienen c onsecuencias muy negativas en las personas que e stén implicada s
directamente ya sea por ejercerlo o por sufrirlo, y en aquellas que lo h an presenciado y
han sido testigos de este fenómeno (Song y Oh, 2017; Ttofi, Farrington, y Losel, 2011).
Según e l tiempo y e l momento en que los niños y niñas haya n estado expuestos al
acoso escolar, los efectos pue den tene r repercusi ones en la vida dia ria de los menores que
pueden mantenerse du rante un periodo de tiempo prolongado, incluso después del cese
de la agresión, y llegar a cronificarse (Krusell et al., 2019; Wolke y Lereya, 2015). En
algunos casos, las consecuencias pueden manifes tarse a corto plazo (Ttofi et al., 2011) ,
aunque este f enómeno también acarrea consecue n cias a lar go plazo (de la Plaza Olivares
y Gonzál ez Ordi, 2019) . La implicación en a coso escolar, por corta o larga que llegue a
ser (Gómez-Ortiz et al., 2 017), tiene efectos en la s alud física, mental, en el bienestar y el
desarrollo de los niños y niñas (Moore et al., 2017; Olweus, 1999). En los casos más
extremos, el acoso escolar tiene efectos y consecuencias incluso en la etapa adulta
(Sigurdson et al., 2015), perdura ndo toda la vida y provoca ndo unas secuelas irre parables
e irre versibles (Copeland et al., 2013; Garc ía Sanmartín, 2019; Krusell et al., 2019;
McDougall y Vaillanc ou rt, 2015; Ortega, 2010).
Existen efectos a nivel individual, asociados a consecuencias psicológicas y de
personalidad , como el desarr ollo de probl emas psicoemocional es (Krivtsov a et al.,
2016), proble mas internalizantes (Brendgen et al., 2016; Zyc h, F arrington, et al., 2020) y
externalizantes de la conducta (Cha n y Wong, 2019; Martínez Fuertes, 2015; McDougall
y Vaillancourt, 2015; Suárez-García et al., 2020), d epresión o síntomas depresivos, estrés
postraumático (Patterson, 2016) , bajo nivel de s atisfacción con la vida (S umter et al.,
2015) y en los casos má s severos y e xtremos pueden desembocar en idea s, pensamientos
o conductas suicidas (Holt et al., 2015).
99
Los estudios sobre co nsecuencias del acoso escolar también han hallado
repercusiones del ámbito social y escolar. estos estudios han mostrado que las
consecue ncias del a coso escolar se manifiestan en dificultades de adaptación en la etapa
adulta, comportamientos adictivos (Kretschmer et al., 2018) y uso o tenencia de armas
(Valdebe nito et al., 2017). Sin embargo, la impli cación de los menores en alguno de los
roles de acoso escolar ya sea en e l rol de víctima, agresor, víctima agresora o espectador,
trae consigo otra s consecuencias y efec tos dif erentes para todos ellos.
En síntesis , el acoso es colar tiene consecuenc i as p ara todos los estudiantes, ya se
encuentren involucrados como víctimas, agresores o victimas agresoras o sean
espectadores y testigos d e la agresión de a coso escolar. Según el tiempo de exposición, e l
rol de implicac ión y el momento en que l os menores hayan estado expuestos al acoso
escolar, estos pueden te ner consecuencias a cor to plazo, que se producen durante el
tiempo en el que ocurren las conductas agresivas , o a largo plazo, cuando l os efec tos de
la a gresión son más de v astadores, se mantienen y pe rduran in cluso de spués del fin de los
episodios de ac oso escolar, hasta la edad adulta, dejando secuelas que llegan a s er
permanentes.
1.4.1. Efectos y consecue n cias del acoso escolar en víctimas
La víctima es, con difere ncia, quien su fre más graveme nte los efectos adversos y
negativos del acoso esc olar, ya sea a niv el personal o físico, psicológico, emociona l,
social y escolar (Naveed et al., 2019; Ybarra et al., 2014). Entr e los efectos as ociados al
individuo , los estudios han hallado factores demográficos, relacionados con el g énero.
Estos estudios han mostr ado que las chica s presentan efe ctos y consecue ncias diferentes
a los chicos, llegando a desarrollar más problemas internalizantes y externalizantes e ntre
estas (Ledwell y King, 2015) y más c omportamientos de rechazo e ntre los chicos (Sentse
et al., 2015). Otros estudios han mostrado que existen consecuencias en cuanto a la
función y nivel estructural del cerebro en los chicos, que muestran mayores niveles de
cortisol (du Plessis et al., 2019).
Los estudios también han identificado consecuencias a nivel físico. Estos estudios
han hallado que las víctim as sufren un deterioro grave de la salud (Rigby, 2002) y
presentan conductas psicosomáticas, como dolores de cabeza (Sigurdson et al., 2014),
100
mareos (Moore et al., 2017), insomnio, alteraciones en la alimentación (Zych et al.,
2015a) y alteraciones en el sueño como pesadillas o terrores nocturnos (Donoghue y
Meltzer, 2018). Los estudios sobre las consecuencias asociadas a las víctimas también
han most rado que estos menores presentan camb ios a nivel emocional y en el estado
anímico (Polo del Río et al., 2013). Los estudios han hallado sentimientos de
insatisfacción, infelicida d, problemas y dificultades emocionales, ir ritabilidad (Polo Del
Rio et al., 2014), depresión (Moore et al., 2017; S ourander et al., 2016), trist eza , ansiedad,
miedo (Randa et al., 2019; Takizawa et al., 2014 ), terror, furi a, ira y angustia (Fisher
et al., 2012; Ovejero et al., 2013; Sánchez et al., 2012). El repertorio variado de
emociones negativas de los menores víctimas conduce a que estos presenten una visi ón
negativa d e la vida y d e descontento (Chai et al., 2020). Estos menores se ven afectados
y pre sentan cambios a nivel psicológico y de personalidad, pue s manifiestan a lteraciones
de la conduc ta, muestran un mayor gra do de introversión (Polo del Río et al., 2013),
problemas internalizantes y externalizantes (Moore et al., 2017; Schoeler et al., 2018;
Stapinski et al., 2014), manifestaciones neuróticas y estrés postraum ático ( Litman et al.,
2015). Estos estudios han hallado que las víctimas presentan dificultade s en la formación
de la identidad personal y problemas de ajuste social (Rodríguez-Hidalgo et al., 2014) ,
desequilibrio en el desarrollo (Collell y Escudé , 2006; Gini y P ozzoli, 2013) , experienc ias
psicótic as (Boden et al., 2016), traumas y problemas psicológicos (Calvete et al., 2018).
Otras consecuencias para los menores involucrados como víctimas están relacionadas con
un detrimento del autoc oncepto, la pérdida de la autoestima (Zych et al., 2015) y la
confianza en sí mismos (Sevillano González et al., 2016). Los estudios han hallado que
estos menores desa rrollan sentimientos de culp abilidad e impotencia, dado que estos
niños y niñas se llegan a sentir vulnerables y susceptibles de recibir otros ataques (García
Coto, 2010). En los ca sos más severos, los efectos del a coso escolar en las víctimas
implican la realiza ción de autolesiones y l as conductas suicidas (Kell y et al., 2015;
Klomek et al., 2010; Koyana gi et al., 2019; Lereya , Winsper, et al., 2013; Van Geel et al.,
2014). Los estudios han most rado que algunas de estas consecuencias perduran más allá
de la etapa escolar, exte ndiéndose hasta la adolescenc ia e incluso la adultez (Hoffman
et al., 2017), como las somatizaciones (Vanderbilt y Augustyn, 2010).
Los estudios han mos trado que estos menores tienen consecuencias y
repercusiones en la familia , siendo una de las má s graves la persistencia d e los síntomas
de victimización en etapas post eriores. Esto a fecta e influye en el desarrollo y el bienestar
de estos niños y niñas, pudiendo lleg ar a condicionar incluso en la edad adulta,
101
perpetuando el historial de victimización y llegando a ser víctima de la violencia de
género e n l a etapa adulta (Sastre et al., 2016).
Los estudios sobre las consecuenc ias de acoso escolar en las víctimas tambi én han
hallado efectos en el ám bito social y escolar . Algunos estudios han hallado efe ctos e n el
entorno social y comunitario de los menores, y a sea po r el abuso de alcohol, tabaco,
drogas (Moore et al., 2017; Sigurdson et al., 2014; Valdebenito et al., 2015) o tenencia de
armas (Randa et al., 2019). En la etapa adulta, las consecuenc i as más a largo plazo afectan
al ámbito laboral, dado que las víctimas pueden verse implicadas en mobbing o acoso
laboral (Craig y Hare l, 2004; Hinduja y Patchin, 2008; Me ndoza González, 2014; Wolke
y Lereya, 2015). En cu anto al ámbito educ ativo, los estudios han most rado que algunas
consecue ncias tienen relación con las conductas de los menores en el con texto escolar.
Algunos estudios han mostrado que, como consecuencia de la victimización en acoso
escolar, los menores pres entan reacciones y patron es de la conducta inade cuados (Calvet e
et al., 2018), re accionan c on rebeldía o se muestran hostiles y agresivos (UNICEF, 2017).
Estos comporta mientos disruptivos tienden a ser penaliza dos en el entorno escolar , lo que
contribuye en el deterioro del ajuste escolar de estos menores (Vaillanc ourt et al., 2013)
y la pe rcepción de un cli ma escolar inseguro, hosti l o amenazante (Polo del Río et al.,
2013). La experiencia negativa de los menor es víctimas de acoso escolar tiene
repercusiones directas en e l apre ndizaje de estos niños y niñas, que presentan dificultades
en el proceso d e aprendizaje (Schoeler et al., 2018) , pérdida de inter és por aprender (Polo
del Río et al., 2013) o dificultades para integrarse en el entorno escol ar y educativo (León
et al., 2012), que cont ribuyen en el deterioro del rendim iento académico (Takizawa et al.,
2014) y fome ntan el absentismo escolar, el aba ndono prematuro de los estudios y el
fracaso escolar (G araigordobil, 2015; Nakamoto y Schwartz, 2010; Zych et al., 2015).
Los estudios han mostrado que existen consecuencias en las relaciones e ntre iguales de
los niños y niñas. Estos estudi os han hallado que l as víctimas sufren un det rimento de su
capacidad comunicativa (Wolke y Lereya, 2015) , tienen dificultades y p roblemas de
integración, muestran un empobrec imiento de las relaciones sociales (Brighi et al., 2012),
presentan un deterioro de sus habilidades sociales, una falta de conductas as ertivas, sufren
de aislamiento y son objeto de exclusión social y de soled ad (Rodríguez- Hidalgo et al.,
2014; Zych et al., 2015) . Como consecuencia del acoso escolar, las vícti mas presentan
problemas pa ra h acer o mantener amistades con otros menores (Wolke y Lereya, 2015).
Otros estudios también han mostrado que las víctimas desarrollan condu ctas evitativas,
estrategias de resolución de conflictos basados en el empleo de la viol encia y el desarrollo
108
(Garaigordobil y Oñederra, 2010), como el desapego moral (Bjärehed et al., 2020; Gini
et al., 2020; Obermann, 2011; Thornberg y Jungert, 2013b) y el deterioro o la pé rdida de
valores democráticos de i gualdad, tolera n cia y paz (Carozzo, 2015b; Ortega, 2000b).
Los estudios sobre cons ecuencias del acoso escolar en obse rvadores y t estigos
también han hallado efectos en el ámb ito social y escolar , como la adquisición de un
modelo de organización basado en el dominio y la sumisión, la valoración de la
agresividad y la violencia como forma de éxito social, la no rmalización de las conductas
agresivas y de violencia en e l entorno, la nat uralización de la discr i minación y la
confusión de las formas de relación positiva. Los niños y niñas de primaria y de etapas
superiores pueden tener efectos en su desarrollo, a través de la mu estra d e conductas de
aislamiento (Hutchinson, 2012), la asunción de actitudes pasivas ante la injusti cia y la
desigualdad, la disminución de la empatía y de la solidaridad (Fernández, 2005), una
desvalorización de las p ersonas y d e su sufrimient o y el refuerzo de comportamientos
inadecua dos como la pasividad y la inacción, que pueden estar vinculado s a un posible
temor a las repercusiones que pueda tomar el agresor o a la posibilidad de convertirse en
una futura víctima (Diaz Ozuna, 2012). Otros estudios han most rado que las conductas
de agresión tienen cons ecuencias en los menores que las presencian, que reduce su
rendimiento escolar, tienen dificultades para conce ntrarse en la tarea, pr esentan
comportamientos disruptivos y un deterioro en la relación entre el profesorado y los
estudiantes (Heinsohn e t al., 2010).
En síntesis, todos los menore s que se encuentran implicados en acoso escol ar
tienen consecuencias e n su vida cotidiana y llegan a sufr ir efectos adversos en su
crec imiento y desarrollo. Los testigos y observadores de los episodios de acoso escolar ,
aunque no estén involucrados de forma directa en los episodios de acoso escolar, no están
exentos de sufrir consecuenc ias nega tivas. Sin embargo, las repercusiones son más
moderadas qu e en el caso de las víctim as agresoras, las víctimas y los agr esores. Existe
la necesidad de desarrollar intervenciones que proporcionen recursos y fomen ten el
desarrollo de estrategias y conductas que reduzcan y minim icen los efectos negativos y
las consecuencias de l acoso escolar e n los menores involucrados.
______________________________________________________________________
C APÍTULO 2: C IBER ACOSO
______________________________________________________________________
La otra cara del acoso escolar: Tras las pantallas
111
C APÍTULO 2: C IBERACO SO
El desarr ollo de los medios tec nológicos, los crec ientes avances producid os en
este ámbito, el aumento de la popularidad de las Tecnología s de la Información y la
Comunicación o TIC, el uso de Internet, la telefonía móvil y las nuevas aplicaciones han
alterado y r evolucionado la forma de vida de las personas, modificando el entorno en el
que viven, creando un n uevo contexto de desarrollo y nuevas formas de comunicación
entre las personas, de estar en conta cto con los de más y expr esarnos (Cas as et al., 2016;
Hooft Graafland, 2018; Kowalski et al., 2019). Estos cambios, que han supuesto ser un
reto para las generaciones adultas, han resultado tene r mayores efectos en el caso de los
menores (Kat z, 2016). El entorno digital se ha convertido en un nuevo contexto que
influye en el desarrollo y en la formación de la personalidad de los más jóvenes
(Livingstone, 2008; Livingstone et al., 2015; Li vingstone y S efton-Green, 2016). De
hecho, las nuev as generaciones, conocidas como nativos digitales (Palfrey y Gasser,
2011; Prensky, 2011), generación int eractiva (Bringué y S ádaba, 2008), más
reciente m ente g eneración Z (Ma scó, 2012) y generación α (Mccrindle, 2015), han
crec ido rodeadas de estas tecnologías y avances que les ha permitido llegar a conocer y
estar en un mundo hiperc onectado y globaliza do (Ortega et al., 2016; Peter y Petermann,
2018; Prensky, 2001).
Este acceso de los menores al entorno digital ha venido de la ma no de diversos
dispositivos, entre los que destacan la telefonía m óvil. Los telé fonos móvil es ha n llegado
a ser en la actualidad uno de los principales dispositivos que los chicos y chicas usan,
pero no los únicos, dado que los niños y niñas de primaria y adolesc entes us an tablets,
portátiles, ordenadores de mesa y otros disposit ivos electrónicos (Pol l, 2015) . La tel efonía
móvil y concretamente los conocidos como sm artphones o teléfonos int eligentes se h an
configurado c omo los más de stacados, dada s las posibilidades del uso de aplicaciones de
mensajería instantáne a como Wha tsApp en estos dispositivos. WhatsApp es una de e stas
aplicaciones y s ervicios de mensajería en línea que ha ll egado a ser u na de las m ás
empleadas en el mundo (Sánchez -Moya y Cruz-Moya, 2015) y entre los menores en
España (Fundación ANAR y Fundación Mutua Madrileña, 2016; R eolid-Martínez et al.,
2016), por sus posibilidades para crear o estar implicados en grupos sociales y compartir
contenidos (Cánovas e t al., 2014).
El entorno digital, concretamente l as redes social es y los s ervicios de mensajería
instantánea han ofrecido a niños y niñas div ersas ventajas en forma de múl tiples
112
posibilidades de actuar en la red, ya sea p ara l a bú squeda de información o conoc imiento,
el interca mbio de experiencias, estar en contacto con los demás, hacer nue vas amistades,
socializar (Stein e t al., 2016) o para diversión y a ctividades de ocio (Comas-Quinn et al.,
2012; Omar et al., 2014; Pérez, 2012).
Esta diversidad de las actividades ha dado luga r a una mayor y clara acce si bilidad
a I nternet y a l as zonas wifi, así como al uso de las redes social es, los sistemas de
mensajería instantáneos y las aplicaciones móviles, que han favorecido que los menores
accedan a estos entornos digitales a ed ades cada vez más temp ranas (Garmendia et al.,
2018). Los resultados de algunos trabajos científicos han hallado que los niños y niñas
comienzan a tener acceso a I nternet, a participar en las redes sociales y po seer tel éfonos
móviles en la etapa de primaria (Colás-Bravo et al ., 2013). Otros estudios han señalado
que un 33% de los chicos y un 41% de las chic as es pañolas entre 9 y 12 años ya comienzan
a usar un smartphone , aunque este porcentaje se in crementa con la edad (Ga rmendia et al.,
2016). Los r esultados de una investigación mostra ron que en torno al 9 8% d e la pobl ación
de entre 10 y 14 años ya poseía un dispositivo elec trónico de tales c aracterísticas que
contaba c on conexión a Internet (Ditrendia, 2016) .
La exposición a las T I C de forma precoz ha estado acompañada de un may or uso
de los medios, que ha tr aído consigo mayores oportunidades para el ap rendizaje y la
interacc ión social (Echeburúa y De Corral, 2010). No obstante, los comporta mientos y
usos de los menores en la red cambian en consonancia con la edad y la madurez de los
niños y niñas, siendo diferentes entre la etapa pri maria y la secundaria, dado que en la
primera destacan los vídeos y juegos en línea, mi entras que en la segunda se centran el
mantenimiento de las relaciones soc ial es con iguales (Lenhart, 2015).
Así, la evolución de estos medios y la adaptac ión de los menores a este nuevo
contexto favore cieron que los entornos digitales fueran un nuevo caldo de cultivo para
que los niños y niñas pu dieran p erpetrar nu evas formas de hostigar a los iguales (Lee
et al., 2018; Li, 2007a ), que ha originado una nueva línea de investigación (Katze r, 2009;
Roberto et al., 2014). Según Rigby (2012 ) , el uso de la tecnología “ha añadido una nueva
dimens ión a la naturaleza de victimización de los compañeros y las compañeras” (2012,
p. 6). Esto ha supu esto nuevas fo rmas de hostigar y extender el acoso escolar entre los
menores en edad escola r, conocido como ciberacoso (Barlett et al., 201 8; Juvonen y
Gross, 2008; Mishna et al., 2012).
113
Desde el 2000, el cib eracoso empezó a r ecibir may or atención, dado qu e se t rataba
de un problema que afectaba a menores de diferentes edades, tenía graves consecue ncias
para estos y causaba grandes estragos dentro d e la comunidad educativa. Este era un
fenómeno que se e ntendía como una forma d e ac oso escolar que se extiende a través de
los medios digi tales y electrónicos. Los p rimeros trabajos e investigaciones sobre
ciberacoso fueron en Estados Unidos en una po blación de estudiantes d e primaria y
secundaria (Finkelhor et al., 2000; Ybarr a y Mitchell, 2004b, 2004a ), a unque
posteriormente esta preocupación dio lugar a qu e aparecieran publicaciones y estudios
sobre el tema en Reino Unido (Balding, 2005; N CH, 2002; Oliver y Can dappa, 2003 ),
Canadá (Beran y Li, 20 05) y Australia (Campbell, 2005), entre otros. E n España, los
primeros trabajos y estudios científicos sobre ciberac oso ap arecería n en torno al 2006 y
2007 (Defensor del Pueblo-UNICEF, 2007; Orte, 2006).
El ciberacoso se ha convertido en un problema de salud públic a (Aboujaoude
et al., 2015), dados los ri esgos y las consecuencias que se derivan d e este, así como las
repercusiones que tiene para los menor es, tanto a nivel individual como para los entornos
familiar, social y comunitario (Carter y Wilson, 2015; David-Ferdon y Feldman-Hertz,
2007).
Hasta nuestra a ctualidad, la investigación sobre este fenómeno ha ap ortado
grandes avances sobre lo que se conoce del ciberacoso (Smi th y Berkkun, 2017), que ha
favorecido el entendimiento sobre lo que es, su prevalencia, así como los factores que
intervienen y sus potenciales consecuencias ent re los menores, para el desarrollo de
medidas educativas y c omunitarias que intercedan en la prev ención ent re menores y
jóvenes (Zych et al., 2015a). En este capítulo se presenta una síntesis de los hallazgos de
estos en cuatro grandes apartados, d edicados a l a d elimitación del conce pto de ciberacoso,
su prevalencia, los factores de riesgo y las consecuencias asociadas a este fenómeno de
violencia.
2.1.El ciberacoso: Una forma de acoso escolar a través de las pantallas
Desde que a comie nzos del siglo XX se denominara e hiciera alusión por pri mera
vez al ciberacoso (Finkelhor et al., 2000), se ha tratado de dar r espuesta a l as incógnitas
que han considerado el ci beracoso como un tipo más de acoso escolar o una prolongación
114
de este fenómeno qu e acontece en otros entornos y contextos de inte racción, de
socialización y de comunicación entre menores (Del Rey et al., 2012; Olweus, 2013b;
Olweus y Limber, 2018; Waa sdorp y Bradshaw, 2015) o lo han identificado como un
nuevo constructo, semej ante al acoso escolar, pero con características e idiosincrasia
propias (Kubiszewski et al., 2015).
El término ciberacoso, en su versión anglosajona cyberbullying , fu e acuñado por
Bill Belsey por primera vez en 2003 en Canadá, aunque este término ya apareció en un
artículo del p eriódico N ew York Times en 1995 (Bauman, 2011, 2007). Este vocablo
deriva del concepto bullying y del prefijo cyber, que proviene del término cyberne tic , en
castellano cibernético , y hace referencia al ámbito tecnológico y digital donde acontece
el fenómeno (Langos, 2012).
Al igual que ocurriera con e l acoso esc olar o bullying , el c iberacoso entrañaba las
mismas dificultades terminológicas para su delimitación, dado que existían distintos
términos y en diferentes idiomas para etiquetar a este fenómeno (Slee et al., 2003; Smith
et al., 2002). Si bien, algu nos de estos términos y etiquetas que se usaban en determina dos
países connotaban aspec tos concretos del fenómeno del acoso escolar (Ortega et al.,
2001).
La terminología cyber o ciber, que incorpora un matiz fundamental al fenómeno
del ciberacoso, no queda exenta de dificultades e n cua nto a su delimi tación o conc reción.
En su versión ingl esa, l a etiqueta cyber quedaba concretada como el uso de medios
electrónicos o virtuales, término y definición que países como Italia incorporaron al
diccionario (Garza nti, 20 07). Sin embargo, otros países tradujeron e interpretaron dicho
concepto. En España, el prefijo cib er hacía r eferencia a las redes infor máticas (Real
Acade mia Española, 2 014) , mientras que, en Ale mania, la etiqueta cyber h acía referencia
a entornos virtuales y artificiales, creados por ord enador, que se pue den p ercibir como
reales (Lange ns cheidt, 2010).
En Estados Unidos y otr as partes del mundo surgieron otras nomenclaturas que
han sido ampliamente usadas, como cyberaggression, cyber-bullying, e-bull ying, internet
harassment, agresión el ectrónica, bullying el ectrónico, acoso online y c ybermobbing
(David-Ferdon y Feldman-Hertz, 2007; Grigg, 2010). Sin embargo, el ciberacoso h a sido
denominado de diversas formas en otros lugares que han carecido de términos específicos
o equivalentes para delimitar a este fenómeno (Nocentini et al., 2010). Al igual que en el
115
acoso es colar tradicional, la versión inglesa o cyberbullying se e ncuen tra entre los
términos más ace ptados y empleados en la literatura científica .
En España, el ciberacoso ha recibido otras denominaciones como ciberbullying ,
ciberacoso , acoso ciber nético , acoso en la red , acoso electrónico , acoso tecnológico ,
acoso digital , ciberhostigamiento , cibermatoneo o cibermatonaje, fruto de la traducción
e interpretación de este concepto (Calmaestra et al., 2010; David-Ferdon y Feldman-
Hertz, 2007; González Alonso y Esc udero Vidal, 2018). En el presente estudio usaremos
el término ciberacoso por ser uno de los más empl eados en España.
En síntesis , desde qu e apareció el ciberacoso por primera vez, este fenómeno fue
identificado como el acoso escolar, con el matiz que hacía referencia al entorno digital y
tecnológico. El cibera coso, en su origen, tuvo las mi smas dificultades en su nomenclatura
que el acoso escolar. Si bien, los t érminos asociados a este fenómeno, que han empleado
los diferentes países, h an aportado distintos matices al concepto de cib eracoso , en algunos
países, no existían términos y nomenclaturas específicas para este fenómeno. Por tanto,
el término cyberbullying, en español ciberacoso, ha sido la etiqueta existente más
extendida y utilizada para delimitar este fenómeno.
2.1.1. Aspectos asociados al concepto de ciberacoso
Durante los primeros años de investiga ción sobre este fenómeno, los aut ores de
los estudios aportaron su propia definición sobre el concepto de ciberacoso, que estaba
basada en la aproximación al concepto de a coso escolar tradicional aportado por Olweus,
aunque incluía la característica del contexto digital (Gladden et al., 2014; Pieschl et al.,
2013; Smith et al., 2008; Tokunaga, 2010) . En sus inicios, el ciberacoso fue un concepto
difícil de definir, de bido a la ca rencia de una definición universa l aceptada por todos y la
falta de investi gaciones s obre lo que se consideraba o no ciberacoso (Abo ujaoude et al.,
2015; Betts, 2016; Deschamps y McNutt, 2016; González Alonso y Escudero Vidal,
2018; Langos, 2012; Peter y Petermann, 2018; Smith et al., 2012).
Algunas definiciones han llegado a ser comúnm ente aceptadas (Belsey, 2005;
Patchin y Hinduja, 2006; Tokunaga, 2010), siendo una de las más c itadas la que entiende
el ciberac oso como “un acto o comportamiento agresivo que es llevado a cabo a través
del uso de medios elec trónicos por un grupo o un individuo re petidamente y en el tiempo
116
contra una víctim a que n o puede defenderse fácilmente por sí misma” (Smith et al., 2008,
p. 376; Smith, 2015).
Definiciones como esta mostraban que el ciberacoso era un fenómeno de agresión
diferente de otros qu e tam bién tenían lugar en la r ed entre menor es como el s exting (Pérez
et al., 2011), y de otros donde predominaba la existencia de una relación ver tical entre los
implicados, como el grooming (Álvarez et al., 2015; Garaigordobil Landazabal, 2011) .
Estas delimitaciones del concepto incorporaban las características generales que se
incluían e n la definición de Olweus, como la conducta agresiva e intencionada , la
repetición y el d esequilibrio de poder (Bauman, 2012), e incluían otra más específica
como el uso de los medio s digitale s (O lweus, 2013; Olweus y Limber, 2018; Smith et al.,
2012).
Sin embargo, algunos estudios han hallado una falta de consenso sobre la
aplicación de algunas de las características del acoso escolar incluidas en el ciberacoso
(Barlett et al., 2017). Algunas carac terísticas asociadas a este fenómeno han sido
ampliamente discutidas como la intencionalidad, la repetición o el desequilibrio de poder,
pues estas quedan matiza das por el contexto en el que se desarrolla este fenómeno (Grigg,
2010; Kowalski et al., 2014; Menesini et al., 2013; Menesini y Nocentini, 2009;
Nocentini et al., 2010; S mith, 2009; Vannucci et al., 2012). No obst ante, caracter ísticas
como la conducta agresiva, la intencionalidad, la repetición y el desequilibrio de poder
están pr esentes en el cib eracoso, con los matices aportados por el entorn o en el que se
produce e st e fenómeno (Ziems et al., 2020).
El ciberac oso es una c ondu cta agresiva , dado que se trata de una acción n egativa
que puede llevar a cabo uno o varios meno res, d e forma indi vidual o en grupo (Grigg,
2010). Las conductas están basadas en el envío, reenvío, la difusión o publicación de
contenidos sobre la víctima (Slonje et al., 2013), o también, puede centrarse en la
exclusión o limitación de la partic ipación de esta en grupos y entornos públicos de la red
(Ang, 2015). La comunicación a trav és de las nuevas tecnologías puede facilitar la
desinhibición de la cond ucta en las interacciones sociales y que algunos chicos y chicas
lleven a cabo comportamientos inadecuados que en relaciones cara a cara n o sucederían
(Casale et a l., 2015; Moli na del Peral y Vecina Navarro, 2015; Suler, 2004).
A diferencia del acoso escolar, el carácter intencional del ciberac oso se rel aciona
con el daño que el agresor provoca en otros con su c omportamiento, que tiene por objetivo
117
denigrar y deteriorar la imagen de la víctima (Bhat, 2008; Mene sini et al., 2012; W illard,
2006), o la percepción de daño que tiene la propia víctima (Berne et al., 2014; Betts y
Spenser, 2017; S mith, 2009; Spears et al., 2009). Si bien, los agresore s no siempre
manifiestan una mi sma razón o motivo para hostigar a los demás. En ocasiones se debe
a razones de venganza por una implicación pr evia en acoso escolar (Betts y Spenser,
2017; Vandebosch y Cle emput, 2008), envidia o ce los (Betts y Spenser, 2017; Jacobs
et al., 2015), aburrimiento, búsqueda de aprobación de los demás o mejora del estatus
social (Betts y Spenser, 2017; Jacobs et al., 2015; Jones et al., 2011; Varjas et al., 2010) .
Dicho c riterio ha sido ampliamente debatido , debido a que, en o casiones, la
intencionalidad de los comportamientos agresivos es difícil de identificar o percibir,
debido en parte a la n aturaleza del propio fenómeno (Menesini y No centini, 2009). En
ocasiones, las bromas en lí nea entre amistades tienen el potencial de llegar a ser
ciberagresiones si estas son interpre tadas por el re ceptor como dañinas o causan impac to
en este (Betts y Spenser, 2017; Jacobs et al., 2015; Nocentini et al., 2010; Vandebosch y
Cleemput, 2008). P or tanto, el ciberacoso pu ede ser un a consecuencia d e la f alt a de
consciencia o d esconocimiento del agr esor sobre el daño y el impacto qu e pueda esta r
provocando e n la víctima (Abu Bakar, 2015; Nocentini et al., 2010) o fruto de la
malinterpretac ión de los mensajes o del contenido en línea, dada la ambigüeda d de la
interpretación y la carencia de la inform ación complementaria de las relaciones cara a
cara (Abu Bakar, 2015; Menesini et al., 2012, 2013; Smith et al., 2008), q ue dificultan el
desarrollo de la empatía ( Mark y Ratliffe, 2011; Ortega e t al., 2009 ).
Los hechos se producen de forma repetida (Erdur-Baker y T anrıkulu, 2010;
Smith et al., 2008). Estudios científicos han diferido sobre este criterio, dado que la
naturaleza del propio f enómeno confiere a esta c aracterística un matiz dif erente del acoso
escolar (L i, 2007b; P atchin y Hinduja, 2006). En el ciberac oso, la reitera ción está
vinculada con el número de v eces en la que uno o varios estudiantes pueden reproducir
el contenido (Abu B akar, 2015; B erne et al., 2 014; Buelga et al., 2016; Menesini y
Nocentini, 2009b; Vandebosch y Cleemput, 2008), que puede llegar a ser v iral (Patchin
y Hinduja, 2015). La reiterac ión supone un ataque hacia la víctima en un entorno digital
público, matizando que un único acto de agresión a través de los medios electrónicos y
tecnológicos puede actuar de d etonante y ser sufi ciente para que la ag resión se extienda
y se repita por el acceso d e otras pe rsonas (Berne et al., 2014; Gámez-Gua di x et al., 2016;
Hutson, 2016), con independenc ia de la contribución de quien agrede (Dooley et al.,
124
de información y contenidos falsos (Dooley et al., 2009; Langos, 2012; Peter y
Petermann, 2018).
En función de los dispositivos o aplicaciones donde se produjera la c iberagresión,
algunas investigaciones distinguieron entre el cib erac oso a través de Internet y a través
de los teléfonos móviles (Livingstone et al., 2011; Livingstone, Mascheroni, et al., 2014;
Ortega, Elipe, Mora-Merchán, et al., 2009; Ortega, Elipe, et al., 2012; Smith et al., 2006,
2008). A través d e Internet, el ciberacoso se ejerce en redes so ciales como Facebook o
Twitter (León et al., 2012). A través de la telefonía móvil, la ciberagre sión se lleva a cabo
con aplicaciones y sistemas de mensa jería instantánea s como WhatsApp (Giménez et al.,
2015). S in embargo, las líneas dibujadas por estas clasificaciones anteriores se han ido
difuminando gracias a los avanc es tecnológicos y a la disposición de los smartphones o
teléfonos móviles inteligentes, que han favorecido la incorpora ción de I nternet y
plataformas digitales a es tos dispositivos portátiles (Slon je et al., 2013).
Otros estudios, sin embargo, clari ficaron el ciberacoso en función d el uso y las
posibilidades que ofrecen estos dispositivos o aplicaciones (Me n esini et al., 2011). Entre
estos usos se disting uen los mensajes de texto, mensajes multimedia que contiene n
fotografías o videos he chos por la cámara, llamadas de teléfono, correo electrónico,
mensajería instantánea, mensajes en salas de chat, páginas web o jue gos en línea
(Chisholm, 2006; Hinduja y Patchin, 2010; Kow alsky et al., 2010; Ministerio de Sanidad,
2013; Patchin y Hinduja, 2006; Smith et al., 2006, 2008).
En cuanto al comportamiento de los ciberagr esores, Willard (2006, 2007a)
propuso clasificar el ciberacoso en insultos el ectrónicos, provocación incendiaria o
flaming, hostigamiento o harassment, denigración, suplantación de identidad,
desvelamiento o difamación, exclusión soc ial, acoso ciber n ético o cybe rstalking y happy
slapping o paliza feliz. Las conductas basadas en insul tos electrónicos parten de un
intercambio breve de insu ltos y comentarios negativos entre varias personas en un entorno
público, que, de ser reiterado, se convi erte en lo que se conoce como flaming (Langos,
2012; Moor et al., 2010). Esta provocac ión incendiaria o flaming parte de una discusión
que desarr olla conductas de agresión en entornos virtuales, debido al uso de un lenguaje
ofensivo e hiriente, qu e d aña a la víctima emocionalmente (H wang et al., 2016; Johnson
et al., 2008; Moor et al., 2010). El hostigamiento o harassment parte del envío reitera do
de mensajes desagradables por parte del cibe ragresor a la víctima (Duggan, 2017). La
denigración es una con ducta en la que el agresor difunde información y rumor es falsos
125
sobre la víctima que tienen por objetivo descalificar, d enigrar o dañar l a reputación o
estatus de esta (Li, 2007a; Notar et al., 2013). La suplantac ión de identidad es aquel
comportamiento en el que el agresor se hace pasar por la víctima porque tiene acceso a
las cuentas de esta p ara r obar, revelar información personal o ent rar en contacto con las
redes de la víctim a p ara deter iorarlas o que estas rompan el vínculo de amistad con esta
(Lucas- Molina et al., 2016; M eter y Bauman, 2015). Otro de los comportamientos
empleados por el agresor es el desvelamiento o difamac ión, en el que el ag resor difunde
y publica en entornos abiertos de la red la información o contenido a la que ha acce dido,
bien porque la víctima ha ya podido compartirla volunt ariamente, o el agresor la haya
sustraído de la cue nt a de la víctima (Kowalski et al., 2008). La exclusión social parte del
rechazo o la expulsión de la víctima de los grupos de redes sociales , mensajería
instantánea o juegos en entornos digitales, limitan do sus posibilidades de conexión con
el grupo de amistades y con otros iguales (Li, 2007a; Notar et al., 2013). El acoso
cibernétic o o cyb erstalking trata del envío constante de mensajes amenazantes de forma
oculta y disimulada, con la intención de provocar miedo en la víctima (Pereira y Matos,
2015). Las conductas de happy slapp ing o paliza fel iz están basadas en la publicación y
difusión en la red de un vídeo cuyo contenido es la grabación real de una agresión física
por parte de un menor o un grupo de iguale s hacia la víctima (Shaw, 2005) .
Nocentini y otros autores (2010), clasificaron los c omportamientos de agre sión de
ciberacoso en función del tipo de expresión y d e las formas en las que s e manifiestan,
comprendiendo las formas de suplantación y exclusión, ya descritas en la clasificación
anterior, y las formas escritas-verbales y visuales. La forma escrita-verbal i ncluye todos
los comportamientos donde la agresión se produce de for ma o ral o escrita, ya sea por
llamada telefónica, men sajes de texto, correo electrónico o redes social es. La forma
visual, en cambio, hace referencia a todo conte nido desagradable que s e dirige a la
víctima, como videos, imágene s o fotog rafías (Aizenkot, 2017).
En resumen, los estudios sobre ciberacoso han concluido que existen di versas
formas para clasificar es te fenómeno de violencia. En función de la visibilidad de la
conducta, l a agresión tiene un carácter más dire cto o encubierto e im plica a terceras
personas. En cuanto a los medios o disposit ivos que se emplean para perpetrar la acción,
los más frecuentes son Internet, la tel efonía móvil o las re d es sociales. En fu nción del uso
que estos disposit ivos ofr ecen a los menores, se encuentran los juegos, el envío de
mensajes de texto, imá genes o videos. Según el c omportamiento en la red, se los
126
comportamientos se clasifican en amenazas, vídeos con contenido sobre una agresión
física, exc lusión o suplantación de identidad. En cuanto al tipo de expresión, se hallan las
formas escritas-verba l es y visuales. Los avances en la tecnología y el desarrollo de nuevos
dispositivos y herramientas han difuminado algunas de estas tipologías y formas de
clasificar el ciberacoso, sin embargo, todas ellas in volucran a menor es que ti enen un p apel
relevante en e ste fenómeno.
2.1.3. Roles del ciberacoso
El c iberacoso e s un fenómeno que involucra a difere ntes prota gonistas . Las
investigaciones previas s obre acoso escolar y su semejanza con el ciberacoso han dado
lugar a que los estudios sobre este fenómeno clasificara n los perfiles y roles de
implicación basados en el agresor, la víctima y los espec tadores o no involucrados
directamente (Wachs, 2 012). Inicia lmente, algunos estudios han tratado el ciberacoso
desde el punto de vist a de una relación diádica entre el ciberagresor y la víctima (Grigg,
2010). Incluso, otros estudios y revisiones han halla do hasta seis roles de implicación en
ciberacoso: la cibervíctima, e l ciberagresor, el ciberagresor qu e ha sido víctim a del ac oso
escolar tradicional, el a gresor tradicional que s e ve envuelto como ví ctima de los
ciberataques, los espectadores pasivos que no a ctúan pero refuerzan la c onducta del
ciberagresor y los espectadores a ctivos, que tratan de ayudar a la víctima y detener los
ciberataques (Notar et al. , 2013). S in embargo, ho y se conoce la existencia de distint os
roles de im plicación en el ciberacoso (Bayraktar et al., 2015; Salmivalli y Pöyhönen,
2012), como son las cibervíctimas, los cibera gresores, las cibervíctimas agresoras y los
espectadores o testigos del ciberac oso (Kubiszewski et al., 2015; Pfetsch, 2016; S almerón
Ruiz, 2015; Schultze-Krumbholz et al., 2018; Slonje et al., 2012).
Las cibervíctimas son el grupo de menores que re ciben las agresiones a tr avés de
los diferentes medios electrónicos. Ocasionalmente, las cibervíctimas reciben dich a
etiqueta por alguna carac t erística física o soci al co mo la apariencia, la orientación sexual,
la personalidad o la pop ularidad (Berne et al., 20 14; Jacobs et al., 2015; Vandebosch y
Van Cleemput, 2008). Algunos estudios han mostrado que los roles de implicación como
víctima de acoso escolar tradiciona l pueden ser extrapolables al ciberacoso (Kowalski y
Limber, 2013; Waasdorp y B radshaw, 2015b), llegando a identificar diferentes tipos de
perfiles entre las cibervíctimas , como las cibervíctimas pasivas y activas (Betts et al.,
127
2017). Las cibervíctimas pasivas son aquellos menores involucrados e n episodios de
ciberacoso que mantienen una actitud o una reacción pasiva ante el mismo. Las
cibervíctimas activas, por el contrario, son estudi antes que, ante un ataque o cuando se
ven involucrados en episodios de ciberacoso, re accionan con ag resividad o contraatacan
al ciberagresor, perfil q ue otros autores han d elimi tado como un rol de im plicación
distinto de las cibervíctimas (Betts et al., 2017; Chan y Wong, 2017).
Los ciberagresores son estudiantes que llevan a cabo o perp etran un a cto de
agresión a través de Internet u otros medios digitales. Aftab (2006) d escribe cuatro tipos
de ciberagresores denom inados como el ángel vengador, el hambriento de poder, las
chicas malas y el ciberagresor accidental , atendiendo a los motivos o a la intencionalidad
del ciberagresor. Los ciberagresores des critos bajo el ti po de ángel vengador son aque llos
chicos y chicas que agreden a otros a través de Interne t como un acto de venganza, el
deseo d e infligir daño a quien le h a podido dañar anteriormente o como un int ento de
impartir justicia por su cuenta (Aftab, 2008). Son menores que se han visto afe ctados por
episodios de violencia con anterioridad, que han p odido ser víctimas de acoso escolar o
han sido rechazados por el resto (Willard, 2006). Otros estudiantes denomi nados los
hambrientos de poder , lle van a cabo los actos de cibera gresión para descargar tensiones
u hostilidad, ejerce r control y tener más poder dentro del grupo de iguales (Aftab, 2008).
Destaca n por ten er un rol similar al del agresor proactivo que se da en el acoso escolar
tradicional. Los menores identificados como chicas malas o chicos malos son aquellos
estudiantes que actú an e n grupo, sin una motivación concre ta d e odio o venganza. Estos
menores agreden a otro s por aburrimiento, en un int ento de buscar di versión o por
entretenimiento del ciberagresor, más que por un deseo explícito de hacer daño (Aftab,
2008; Willard, 2007b). Por otra parte, e l ciberagresor accidental es aquel e s tudiante que
se ve envuelto en la diná mica de agredir y s er agredido. Son menores que responden de
forma ag resiva a los ataques cuando estos se dan por aludidos o se ven implicados de
forma involuntaria (Hladíková y Tolnaiová, 2019).
En el caso de los ciberagre sores victim izados, los chicos y chica s se ven envueltos
en la doble posición de agre dir y ser agredido, por lo que participan e n la doble dinámica
de la agresión y la victimi zación de ciberacoso (Giménez Gu aldo et al., 2 015; Ortega y
Mora-Merchá n, 2000a; Zych et al., 2015). Algunos estudios han identificado dos grupo s
de estudiantes, aquellos que llegan a ser ciberagresores por haberse visto involucrados
como víctimas de ac oso escolar o cib eracoso y quienes han estado implicados como
128
agresores de acoso esc olar o c iberacoso. En el caso de los prime ros, estos menores tr atan
de contraatacar a trav és de los medios digi tales (Lazuras et al., 2017). Por el contrario,
los menores que han sido previos agresores de a coso escolar o ciberacoso son a su vez
victimizados por otros estudiantes (Baldry et al., 2016; Jang et al., 2014; König et al.,
2010).
No obstante, el ciberacoso se constituye como un proceso grupal (Salmivalli,
2010; S armiento et al., 2 019). Los espectadores o testigos son aquellos menores que, sin
estar impli cados de forma directa en el cibe racoso, forman p arte d e la dinámica (Giménez
et al., 2013; Hua ng y Chou, 2010; Slonje et al., 2012). Su conducta es uno de los
elementos claves para entender este fenómeno de violencia, ya que los comporta mientos
de los testigos u observadores influyen en el mantenimiento del ciberacoso o en su c ese
(Barlińska et al., 2013; Ba stiaensens et al., 2014; Calle y Urgilés, 2015; Colle ll y Escudé,
2004; Mac hácková et al ., 2013) y t ienen e l pote ncial de atenua r e l impacto de las
agresiones de ciberacoso en las cibervíctimas (Pronk et al., 2019).
Se han distinguido dos tipos de testigos o espectadores, quienes muestran
conductas tendentes a la a yuda y a poyo a la víctima o, por el contrario, quienes tienden a
ayudar al agresor de forma directa o indirecta (Giménez et al., 2013; Notar et al., 2013;
Patterson et al., 2017; Willard, 2007a). I ncluso otros estudios han cl asificado a los
testigos del ciberacoso en tres p erfiles dist intos, como observadores activos, testigos
indiferentes y defensores de la víctima (Mendoza, 2012; S ong y Oh, 2018). Los chicos y
chicas implicados como observadores activos son testigos del ciberac oso que reciben
contenidos sobre la víctima y comparten el contenido en la red con ter ceras personas
(Bastiaensens et al., 2014, 2016). Los observadores pasivos o indiferentes s on testigos de
una agresión de ciberacoso, reciben imágenes o comentarios negativos sobre la víctima,
pero no intervienen ni comparten dicho contenido con otros menores (Olenik-Shemesh
et al., 2017). Los defensores de la víctima son aquellos estudiantes qu e reciben las
imágenes o comentarios despectivos o jocosos so bre la víctima y, e n vez d e difundirlas o
ignorarlas, muestran una actitud de rechazo ante e stas conductas y tom an la iniciativa de
defender a l a víctima (C lark y Bussey, 2020; DeSmet et al., 2016), manteniendo una
conducta prosoci al para detener los ciberataques (Coloroso, 2010; Pronk et al., 2019) y
proteger a la víctima (Olenik-Shemesh et al., 2017).
En síntesis, diferentes actores intervi enen en el ciberacoso. L os niños y niñas
pueden estar involucrad os en roles de im plicación en ciberacoso como cibervíctimas,
129
ciberagresores, cibervíctimas agresoras o como espectadores en la red. Est os perf iles no
corre spond en a un único patrón de conducta, sino que existen ma tices en el
comportamiento que pueden contribuir a mantener la dinámica de agresión o detener la
situación. Entender cada uno de estos perfiles es esencial para la eficacia d e estrategias
de preve nción e interven ción con los menores.
2.2.Prevalencia del ciber a coso entre menores
Desde que el fenómeno del acoso escolar se extrapoló a otros entornos de
convivencia d e los menores como son los context os virtuales y digitales (Garaigordobil
y Aliri, 2013; Wright, 2019), los trabajos e investigaciones h an tratad o de da r un a
respuesta sobre la pr evalencia de este fenómeno entre las diferentes edades, regiones y
países, hallando un a gra n variabilidad d e r esultados entre estos (Kowalski et al., 2019;
Livingstone y Haddon, 2009).
Hasta lo presente, la heterogeneidad d e resultados se ha debido princip almente a
la falta de consenso sobre la definición de cibera coso, las características atribuidas a este
fenómeno y la variedad de criterios utili zados para su delimitación (Bern e et al., 2013;
Chun et al., 2020; Kowalski et al., 2019). Algunos estudios han utilizado como criterio
de reiteración que los episodios ocurran durante l a últim a semana o en el último mes,
mientras que otros han sostenido que los episodios ocurran durante un semestre, un año
o a lo largo de toda la vid a (Aboujaoude et al., 2015; Brochado et al., 2017) .
Sin embargo, los re sulta dos sobre la pr evalencia de ciberacoso también se han
visto influenciados por las difere ncias en los métodos y la diver sidad de instrumentos
empleados por los estudios (Berne et al., 2013; Broc hado et al., 2017; Kowa lski et al.,
2019; Lucas-Molina et al., 2016). Estos estudios han hallado que los instrumentos
empleados para medir el ciberacoso y el periodo de tiempo considerado para el ciberacoso
eran inconsistentes entre los estudios (Frisén et al., 2013; Moore, 2019; P ozzoli y Gini,
2020). Estos estudios han mostrado que los instrumentos más frecuentes para medir la
prevalencia de ciberac oso son los cuestionarios, autoinformes e ítems incluidos en
encuestas (Thomas et al., 2014).
En síntesis, los re sultados sobre la prevalenc ia de ciber acoso han sid o mu y
dispares como consec uencia de las dificultades halladas en los estudios sobre la
130
delimitación conceptual de este fenómeno, sus c aracterísticas y los criterios establecidos
para evaluar la prevalencia. Estos estudios sobre ciberac oso ha n empleado criterios
diferentes en cuanto a la reiteración d e los episodios. Los estudios sobre la prevalencia de
ciberacoso también han mostrado que los resultados varían en cuanto al diseño
metodológico y los instrumentos emplea dos en estos.
2.2.1. Métodos e instrumentos para evaluar el ciberacoso
En general, los estudios han mostrado una gran variedad de instrumentos
empleados para medir el ciberacoso (Berne et al., 2013), de los que una amplia mayoría
eran autoinformes (Thomas et al., 2014). Alguno s de estos parten de inst rumentos sobre
el acoso escolar mientras que otros se diseñaron e s pecífica m ente pa ra las in vestigaciones
sobre los comportamientos en línea o de cib eracoso (Inchley et al., 2016; Li, 2008;
Livingstone et al., 2011). Estos estudios hallaron que algunos instrume ntos han sido
elaborados p ara m edir la prevalencia de ciberacoso en el contexto intern acional y nacional
(Zych et al., 2016), aunq ue muchos de estos carecen de estudios previos basados en su
fiabilidad y validez (Berne et al., 2013; Brochado et al., 2017).
Entre los programas que cuentan con ev aluaciones pr evias en el á mbito
internacional destaca el Europe an Cyberbullying Intervention Project Questionnaire
(ECI PQ ) (Del Rey et al., 2015). Este inst rumento está dirigido a estudiantes de primaria
y secundaria de entr e 9 a 16 años. Está compuesto por dos dim ensiones, ciberagresión y
cibervictimizac ión, cada una con 11 ítems de cinco puntos Likert. El cuestionario
establece como criterio de frecuencia que la a cción se reitere entre una o más veces al
mes durante los últim os dos meses (Del Rey et al., 2015). Ha sido eva luado en 5679
estudiantes de 11 a 23 años que se en contraban en los cursos de 7º a 10º de centros de
educación secundaria de seis países europeos como España (Ortega-Ruiz et al., 2016;
Romera et al., 2017), Alemania, Italia, Polonia, Inglaterra y Grecia. Este tambi én ha sido
evaluado en Colombia (Herrera-López et al., 2017, 2019). El instrumento cuenta con un a
buena consistencia interna, realizada a travé s de análisi s de factor e xploratorio y
confirmatorio, fiabilidad y validez, que pr esenta un Alfa de Cronbach supe rior a 0, 93 en
las dos dimensiones del cuestionario.
131
A nivel nacional, los cuestionarios e instrumentos más utilizados son:
• Cybervictimization Questionnaire (CVQ) (Álvar ez-García, Dobarro, et al., 2015)
Este c uestionario ha sido diseñado para estudiantes adolescentes. Está compuesto
por 26 ítems que evalúa n la dimensión de cibervictimización en un a escala Likert d e 4
puntos. Aunque no de fine un punto de cor te concreto para delimitar los episodios de
cibervictimizac ión, establece como interva lo que la situación se re pita en los últimos tre s
meses (Álvarez-García, Núñez, et al., 2015). Es te instrumento fue valid ado con una
muestra de 2490 estudiantes de educación se cundaria, con edades comprend idas entre los
11 y los 19 años, que s e encontraban en ce ntros de la provincia de Asturias. Presenta una
buena estru ctura y consistencia interna, con un Alpha de Cromba ch igual a 0,85,
fiabilidad y validez del constructo unifactorial p robados mediante análisis factoriales
confirmatorios.
• Cyberaggression Questi onnaire for Adolescents (CYBA) (Álvarez-Garcí a et al.,
2016)
El cuestionario e stá dirigido a estudiantes de secundaria y adolescentes y ha sido
diseñado para medi r los comportamientos de agresión a travé s de Internet y teléfono
móvil. Este instrumento está compu esto por 19 ítems distribuidos en tres factores o
dimensiones como la suplantación, ciberagresión visual -sexual y ciberagresión verbal y
exclusión, en una escala tipo Likert con cuatro op ciones de respuesta. Este instrumento
fue evaluado en una mu estra de 3,148 estudiantes de educación secund aria con edades
comprendidas entre los 12 y 18 años. Dicho instrumento presenta una buen a fiabilidad y
validez para jóvenes y ad olescentes, realizada con un análisis de consistencia int erna, que
presenta una Rho de R aykov superior a 0,80 en las dos dimensiones del cuestionario, y
un análisis de correlac ión entre los factores.
• Cyberbullying Screening of Peer Harassment (Garaigordobil, 2013)
El cuestionario está diseñado y dirigido para adolescentes para evaluar la agresión
y victimización de ciberacoso. Está compuesto por 45 ít ems. Aunque no define un punto
de corte concreto para deli mitar la cibervictimización o la ciberagre sión, establece como
intervalo que la situación se repita durante un año (Garaigordobil, 2015 b, 2015a). La
evaluac ión de este instrumento se llevó a ca bo con 3026 estudiantes de educación
secundaria y bachillerato del País Vasco con edades comprendidas entr e los 12 y los 18
132
años. Cuenta con validez y fiabilidad, dado que p resenta una buen a consist encia inte rna
en el constructo total, con un Alpha de Crombach igual a 0,91, y en las tres dimensiones
o factores del autoinfo rme, estabilidad temporal, validez conv ergente y divergente
(Garaigordobil Landazabal, 2014).
• Escala de victimización a través del t eléfono móvil y de Internet (Cybvic) (B uelga
et al., 2010).
Este instrumento ha sido diseñado para adolescentes. Evalúa la dimensión de
cibervictimizac ión en 18 ítems, distribuidos en dos subdimensiones, 8 cond uctas a tra vés
del teléfono móvil y 10 conductas a tr avés de Internet. Está diseñado para m edir e
identificar las conductas de host igamiento, persecución, denigración, violación de la
privacidad, ex clusión social y suplantación de identidad. Aunque no define un punto de
corte conc reto para del imitar los episodios de cibervictimización, establece como
intervalo que la situa ción se repita durante un año (Buelga et al., 2012b). El instrumento
ha sido evaluado en una muestra de 2101 estudian tes de educación secundaria con edades
comprendidas entre los 1 1 y los 17 años. Ha most rado su fiabilidad en las do s dimensiones
del instrumento, mostrando una puntuac ión de Alpha de Crombach superior a 0,75.
• Cyberbullying Questionnaire (Calvete et al., 2010)
Este instrumento ha sido diseñado para estudiantes de educación secundaria, con
edades compr endidas entre los 13 y los 17 años. Evalúa las dimensiones de ciberagresión
y cibervictimización, con tenidos en 16 ítems en una escala Likert. Aunque no define un
punto de corte concreto para delimitar los episodios de cibervi ctimización o
ciberagresión, mantiene que el ciberacoso puede oc urrir a lo largo de toda la vida (Gámez-
Guadix et al., 2015 ). Cuenta con una evaluación rea lizada en un a mu estra de 1431
estudiantes de secundaria de entre 12 y 17 años. Presenta buenas propiedades
psicométricas y consistenc ia interna, llevada s a cabo con análisis de factor c onfirmatorio
y análisis de fiabilidad, cuya Alpha de Crombach era 0,96.
En síntesis, los estudios s obre evaluación de cibe racoso han mostrado que algunos
instrumentos están basados en modelos de cuestionarios unidimensionales, como e l
Cybervictimization Questionnaire (CVQ), el Cyberaggression Questi onnaire for
Adolescents o la Escala de vi ctimización a través del teléfono móvil y de Interne t
(Cybvic ). S in embargo, ot ros inst rumentos como el European Cyberbullying Intervention
133
Project Questionnaire y el Cyberbullying Screening of Peer Harassment están b asados
en modelos de escalas bidi miensionales que eva lúan la agre sión y la victimizac ión de
ciberacoso entre estudia ntes de primaria y adolescentes. Todos estos estudios han
mostrado la validez d e los inst rumentos y presentan un buen ajuste y propie dades
psicométricas en el ámbito internac ional y en España (Tabla 6 ).
Tabla 6. Resumen de los instrumentos empleados para la evaluación del ciberacoso
Instrumento
Nº de
ítems
Dimensión
Validez o
propiedades
psicométricas
Población
European
Cyberbullying
Intervention
Project
Questionnaire
(Del Rey et a l.,
2015)
22 ítems
Ciberagre sión y
cibervictimizac ión
Análisis
factoria l
exploratorio y
confirmatorio
Consistencia
interna ( α tot al =
0,96) y en las
dos subescalas
( α victimizaci ón =
0,97 y α agresión
= 0.93)
11-23 años
Cybervictimization
Questionnaire
(CVQ) (Álvarez-
García, Dobarro,
et al., 2015)
26 ítems
Cibervictimización
Análisis
factoria l
confirmatorio
y consistencia
inte rna (α=
0,85)
11-19 años
Cyberaggre ssion
Questionnaire for
Adolescents
(CYBA) (Álvarez-
García et al.,
2016)
19 ítems
Tres dimensiones:
Suplantación,
ciberagresión visual-
sexual y
ciberagresión verbal
y exclusión
Fiabilidad y
validez
( ρ suplantació n =
0,86, ρ visual-
sexual =0,80 y
ρ verbal- exc lusión
=0,93)
12-18 años
Cyberbullying
Screening of Peer
Harassment
(Garaigordobil,
2013)
45 ítems
Tres dimensiones:
cibervictimizac ión,
ciberagresión y
ciberobservac ión
Fiabilidad,
estabilidad
temporal,
validez
converge nt e y
divergente c on
12-18 años
236
al a lumnado que la informac ión recogida era voluntaria y sería tratada de forma a nónima
y confidencial en ambos momentos. Se hizo hincapié al alumnado en la importancia de
responder c on sincerida d durante el proceso de c umpl imentación, con la finalidad de que
los datos aportados en la investigación fue r an lo más ajustados posible a la rea lidad.
Figura 8. Diseño del Estudio 1
4.2.4. Codificación y estrategia de análisis de datos del Estudio 1
Los datos de los participantes obtenidos a través de los cue stionarios fueron
trasladados a una base de datos crea da con el paquete estadístico I BM SPSS Statistics en
su versión 25. Se crearon variables para datos so ciodemográficos como e l código nick ,
género, edad y curso. Se introdujo una va riable sobre el grupo de partic ipac ión, control o
cuasiexperimental, y variables para cada uno de los ítems de los cuestionarios EBIPQ y
ECIPQ. L as variables con respuesta dicotómica fueron codifi cadas empleando l os valores
0 y 1. Un ejemplo es la codificación del grupo de participación, asignando el valor 0 al
grupo control y el valor 1 al grupo cuasiexperimental. Las v ariables con respuesta
múltiple, como los ít ems de los instrumentos, fue ron codificados emple and o valores del
0 al 4.
Para conocer el uso de las redes so ciales entre l os menore s, se creó un a nueva
variable dicotómica a partir de la pregunta sobr e el uso de WhatsApp y sobre el uso de
otras redes sociales. Esta variable permitía identificar si los participantes u saban alguna
red social.
Se creó una nuev a va riable que pe rmitiese ide ntificar los dif erentes roles de
implicación de cada fenómeno, partiendo de los cr iterios propuestos por los autores (Del
Rey et al., 2015). P ara ello se registró a la vícti ma como aquel o aquella e studiante que
237
había sido agre did a con una frecuencia igual o superior a una o dos veces al mes durante
los últimos dos meses y a su v ez no había agredido a otros en ese mismo periodo. Se
codificó como ag resor el alumno o alumna que había agredido a otros estudiantes con un a
frec u encia de, al menos, una o dos veces al mes durante los últimos dos meses. Se
reconoc ió a la víctima agresora como aquel o aquella estudiante qu e había sido
victimizada una o dos vece s al mes, o con may or fre cuencia, durante lo s últimos dos
meses y había llev ado a cabo prácticas de agresión hacia otros al mismo tiempo durante
el mismo periodo. El alumnado considera do como no im plicado o no involucrado se
identificó como aquellos y aquellas estudiantes que no h abían sido victimizadas ni
tampoco habían agre did o a otros compañeros y compañe ras en una frecuencia igual o
superior a una o dos veces al mes durante los últimos dos meses.
A partir de los ítems de los cuestionarios, se c rear on cuatro nuevas variables para
identificar el nivel de victimización, de agresión, de cibervictimización y ciberagresión,
variables que respond ía n a la presenc ia de victim ización y agresión de acoso escolar y
ciberacoso. Estas va riables fue ron creadas a pa rtir de la media d e todos lo s ítems de
victimización, agresión, cibervictimización y ci beragresión de los instrumentos. En
victimización, se r ealizó una suma de los 7 ítems que formaban pa rte de esta dimensión,
y se dividió por el mismo número d e ítems, en to tal 7. El mi smo procedimi ento se llevó
a cabo para la ag resión de acoso es colar. En cibervictim ización, se realizó una suma d e
los 11 ítems que formaban pa rte de esta dimensión, y se dividió por el mism o número de
ítems. El mismo procedimiento se llevó a ca bo pa ra la ciberagresión.
Con el propósito de conocer la prevalencia de acoso escolar y ciberacoso, se
llevaron a cabo análisis de frecuencias entre est udiantes de t ercer ciclo de educac ión
primaria. Para conocer la presencia del acoso escolar y el cibe racoso entre estudiantes d e
primaria, se llevaron a cabo aná lisis estadísticos descriptivos de la victim ización,
agresión, cibervictimización y ciberagresión. También se realizaron análisis estadísticos
descriptivos para conocer las formas más pre sentes y menos pre sentes de acoso escolar y
ciberacoso. Estos análisis también se realizaron para conocer la pr evalencia y presencia
del ciberacoso entre estudiantes que hac í an uso de redes socia l es.
Para el análisis de la prevalencia de acoso escolar y ciberacoso en primar ia en
función de l género y d el curso, se realizaron análisis de tablas cruzadas , también
denominadas de contingencia, y pruebas de c ontraste de proporciones o chi -cuadrado de
Pearson ( χ 2 ). Para identificar la presencia d el acoso escolar y el ciberacoso, así como las
238
formas más presentes y menos presentes en las que se manifiestan en función del género
y el curso, se llevaron a cabo análisis de comparación de medias, se realizó la prueba de
Levene para igu aldad de varianzas y la prueba t de S tudent para muestras independientes .
Para cono cer la pr evalencia de cib eracoso, la pr esencia y las formas d e ciber victimización
y ciberagresión entre estudiantes que hacían uso de las redes social es en el género y el
curso, se llevaron a cab o los mismos análisis anteriores: tablas cruzadas, pruebas d e
contraste de proporciones o chi-cuadrado d e Pearson ( χ 2 ), prueba de Levene para igualdad
de varianzas y la pr ueba t de Student para muestras independientes.
4.3.Estudio 2
4.3.1. Estrategia de búsqueda y criterios de inclusión y exclusión
Se llevó a c abo una revisi ón sistemátic a de los progra mas de prev ención e
intervención contra el acoso escolar y el ciberacoso en educación primaria , utilizando la
metodología PRISMA ( Moher et al., 2009; Urr útia y Bonfill, 2010). Los estudios
incluidos se obtuvieron d e 9 bases de d atos: Web Of Scien ce, S copus, Eric, P sycINFO,
Psycarticles, Proquest, Psicodoc, CINA HL y EBS CO Collection.
Para identificar los estudios potencialmente elegibles se utilizaron las palabras
claves en inglés bullyin g , harassment, cyberbullying, cyber bullying, onl ine bull ying,
electronic bullying, cyberharassment, cybe r harassment, online harassment,
intervention, prevention, program, primary, elementary, school, student y child . Estas
palabras se utili zaron como motor de búsqueda e n el título, resumen y p alabras clave:
“ (Bullying OR harassment OR cyberbullying OR cyber bullying OR online bullying OR
electronic bullying OR cyberharassment OR cyber harassment OR online hara ssment )
AND (intervention OR prevention) AND program AND (primary OR elementary) A ND
(school OR student OR child). Estas búsquedas se realizaron en los meses de marzo y
mayo de 2020.
La búsqueda de estas pa labras c laves en las bases de da tos identificaron el
volumen de artículos que se procedieron a filtrar mediante los criterios de inc lusión y de
exclusión (Tabla 13). Los criterios que se especificaron par a determinar los estudios
apropiados para su inclusión en la revisión fueron:
239
a) Estudi os cuyos participantes fueran estudiantes de educación primaria o
estudiantes de hasta 13 años
b) Estudios cuyo fenómeno de interé s sea el acoso escolar y/o el ciberacoso
c) Estudi os cuyo tema central fu era la evaluación d e programas d e prevención o
intervención desde el contexto educa tivo
La prese nte revisión sistemática incluyó todos los artículos publicados hasta 2020
que cumplieron con los criterios previamente establecidos. Los criterios que se
especificaron para determinar los estudios que deberían e xcluirse de la revisi ón fueron :
a) Estudi os cuyos participante s fueran estudiantes de e ducación infantil,
adolescentes de educac ió n secundaria o población adulta
b) Estudios enfocados en otros fenómenos que no fuer an el acoso escolar o el
ciberacoso
c) Estudi os cuyo tema central no fuera la ev aluación de un programa de intervención
o prevenc ión
d) Artículos duplicados
e) Documentos cuya versión completa no estuviera dispo nible
Tabla 13. Criterios de inclusión y exc lusión
Inclusión
Exclusión
a) Estudi os enfoca dos en es tudiantes
que se enc uentran en edu cación
primaria
Documentos que se centran en e studiantes
de educación infantil, secundaria, superior
(ej. Universitarios, profesionales de la
educación o familias) o población adulta
b) Artículos enfocados e n acoso escolar
y /o en ciber acoso
Documentos cuyo interés son otros
fenómenos de violencia diferentes al
acoso esc ol ar y el ciberacoso
c) Investigaciones cuyo principal
interés sea la eva luación de
programas de prev ención o
intervención en centros escolar es
Artículos cuyos resultados no
proporcionan información sobre la
evaluac ión d e programas (ej. Estudios
transversa l es, evaluación de instrumentos,
estudios anuales, etc.)
240
4.3.2. Selecc ión d e estudios
La búsqueda de la literatura en las distintas bases de datos seleccionadas arrojó un
total de 1517 artículos . Estos artículos identificados en p rimera instancia fueron
analizados en dos fases. La primera fase consistí a en las etapa s de identi ficac ión y
selección de artículos a partir de la re visión del título, palabras clave s y re s umen. En e sta
fase se utilizó la aplicación Rayyan (Ouzzani et al., 2016), aplicación colaborativa que
facilita el proceso de análisis de los artículos por título, palabr as claves y resumen y l a
clasificación de estos para su potencial elegibilidad. Esta aplicación ayudó a identificar
los documentos duplicados y a elimi narlos. Un total de 815 artículos fueron identificados
después de e liminar los artículos dupli cados.
Se revisó el tipo de publi cación de estos artículos identificados y se excluyeron
168 documentos procedentes de resúmenes de congreso, public aciones de li bros y
resúmenes. Un tota l de 647 artículos fueron identificados para su potencial elegibilidad.
Se elaboró en Rayyan un li stado de términos de exclusión con el que se procedió
a realizar el análisis del título, palabras claves y resumen de cada a rtículo. Este listado
contaba con té rminos referentes a los criterios de exclusión ya señalados, como
adolescence, seconda ry o college, en referencia a la poblac ión de estu dio; scale o
validation, en referencia al tema de estudio. En la Tabla 14 se en cuentra n ejemplos de
exclusión en palabras c laves, títul o o resumen re alizados en Rayyan.
Usando los criterios de exclusión, un total de 544 documentos fueron excluidos,
de los cuales, 105 artículos no incluían información sobre acoso escolar o cibera coso, 312
documentos no incluían un programa, 70 a rtículos no incluían la eva luación de un
programa y 54 d e ellos tenían una población diferente a estudiantes de educac ión
primaria. Se excluy eron 2 artículos qu e no h acían referencia al contexto escolar y un
documento que no estaba a texto completo. Al final de esta primera fase, se identificaron
un total de 103 artículos para su potencial elegibilidad.
241
Tabla 14. List ado de tér minos de exclusión en Rayyan y ejemplos de exclusión en título y resumen
Términos de exc lusión en tí tulo,
palabras claves y resumen
Ejemplos de exclusión de títulos
Exclusión de resúmenes
Adolescence
Adolescent
Secondary
High school
College
Undergraduate
University
Adult
Parent
Scale
Survey
Teacher
Validation
• "EspaiJove.net"- A school-based interve ntion
programme to promote mental hea lth and
eradicate stigma in the adolescent popula tion:
study protocol for a c lust er randomised controlled
trial
• A pilot evaluation of the social validity of a
bullying bystander program adapted f or high
school students
• Gender variables and cyberbullying in college
students
• For Children Only? Effects of the KiVa
Antibullying Program on Teachers
• Bullying and cyberbullying in Polish elementary
and middle schools: Validation of questionnaire s
and nature of the phenomena
• No trata sobre ac oso escolar o ciberacoso
• No trata sobre programas de preve n ción o
intervención
• Estudiantes de educación secundaria o
superior
• Muestra con población adulta
• Evaluación de un instrumento
242
En la segunda fas e, fase de elegibilidad de los textos completos, se analizaron 103
publicaciones y artículos a texto completo. En esta fase se revisó la fecha de publicación,
el títul o, el tema, los objetivos de ca da estudio, la metodología, la muestra, los
instrumentos y los resultados de cada artículo. S e identificaron un total de 8 artículos de
revisiones sis temáticas so bre la evaluación de inte rvenciones y p rogramas contra el acoso
escolar y el ciberacoso. Un total de 95 artículos fue ron identificados como evaluac iones
de programas contra el acoso escolar y el ciberacoso y fu eron seleccionados para la
revisión sistemática. La Figura 9 sintetiza el proceso de selección de los artículos.
Figura 9. Revisión del proceso de selección de los artículos
Documentos después de eliminar
duplicados ( n = 815)
Artículos examinados
( n = 647)
Artículos excluidos
( n = 168)
Artículos a texto
completo evaluados para
su elegibilidad
( n = 103 )
Artículos excluidos:
Sin información sobre acoso escolar o
ciberacoso: 105
No incluye programa: 312
No se centra en la eva luación de
program as : 70
Distinta población: 54
Enfocado en un contexto no escolar : 2
Total ( n = 544)
Estudios incluidos
( n = 95)
Artículos identificados en las
bases de da tos sel eccionadas
( n = 1517)
Identificación
Selec ción
Elegibilidad
Incluidos
243
4.3.3. Codificación y estrategia de análisis de datos del Estudio 2
A partir de la identificación de los artículos sobre evaluaciones de intervenciones
sobre acoso escolar y ci berac oso en primaria, se analizó el núm ero de estudios que
evaluaba n el ac oso escolar, e l ciberacoso o ambos, el número de int ervenciones o
programas implementados en primaria y las veces que estos habían sido evaluados en esta
población, el origen o p rocedencia d e cad a estu dio, la edad de los participantes, los
instrumentos utilizados para la evaluación, los elementos metodológicos que incluía cada
intervención, el diseño metodológi co de la evaluación de cada intervención y los
resultados de e stos.
Entre los elementos metodológi cos de las int ervenc iones contra el ac oso escolar y
el ciberacoso, s e delimitaron c uatro princ ipales áreas de actuación, c on cretamente el área
referente a la familia, a l p rofesorado, al centro educativo y al a lumnado. El áre a refe rente
a la familia implica la participación en el programa de madres, padres, tut ores legales u
otros miembros de la familia. El área referente al pro fesorado implica la participac ión
activa d e los do centes y tutores de aula. El á rea referente al c entro educativo implica la
participación de otros miembros de l personal docente, psicólogos, educadores, miembro s
del equipo directivo del centro y de la comu nidad educativa, diferentes a los tutores de
aula. El área referente al alumnado implica la participac ión de los estudiantes en la
realización de actividades y acc ion es de sen sibilización para la consecución d e
actividades de medi ación con otros menores.
Con posterior idad se identifica ron 29 componentes metodológicos refere ntes a las
área s de actuación, el tipo de actividades y el dise ño de las int ervenciones. Un total de 3
componentes ha cían referencia al área de la fam ilia. Estos incluían reuniones con l as
familias, información pa ra las familias y material para las familias. La s reuniones con las
familias fue ron identificadas como las reuniones o sesiones de formación sobre ac oso
escolar o cibe racoso. La información para las familias se delimitó como aq ue lla que las
intervenciones facilitaban para las familias. El material para las familia s se identificó
como la proporción de guías, folletos o decálogos sobre acoso escolar o ciberac oso
destinado a que las familias pueda n identificar o detectar el acoso e scolar y el ciberac oso
en el ámbito familiar y las lí neas de a ctuación ante la detección de un posibl e caso de
acoso esc ol ar o ciberacoso.
Se identificaron un tot al de 3 componentes que hacían r eferencia al área d el
profesorado. Estos se identificaron como reunion es para el profesorado, materiales para
244
docentes e im plementación de las intervenciones. Las reuniones para el profesorado
fueron delimitadas como las re uniones o sesiones de formación que el profesorado y
tutores de aula reciben so bre la intervención y para la sensibilización ante el acoso escolar
y el ciberacoso. Se consideraron como materiales para do centes todos los recursos que
los programas tenían a disposición del profesorado como guías, manuales o cuadernillo
para el profesorado. Se identificó la im plementación del progr ama como componente
referente al p rofesorado, cuando el diseño de l a int ervención favorecía qu e el tutor de aula
implementara y desarrollara l as sesiones de tr abajo con el alumnado y no un miembro
externo, investigadores o expertos ajenos al centro.
Se identificaron un total de 3 componentes que h acían referencia al área del c entro
educativo. Estos se identi ficaron como reuniones, la políti ca integral de escuela y las
normas. Se delimitaron reuniones o sesiones de formación sobr e a coso escolar o
ciberacoso para miembros del personal educativo que no eran tut ores de aula. Se delimitó
como políti ca integral de escuela a la incorporación de la intervención contra acoso
escolar o ciberacoso en e l currículo educativo. Se consideró la incorporación de normas
referentes al acoso escolar o ciber acoso o la revisión de las normas de c lase en referencia
a estos.
Se identificaron un tot al de 3 componentes que hacían r eferencia al área d el
alumnado. Estos se identificaron como formación para los menores, el trabajo con iguales
y materiales pa ra estudiantes. La formación p ara los menores s e identificó como las
sesiones de formac ión complementaria que el alu mnado recibía para realizar tareas c omo
mentores, de fensores o guías de otros estudiantes menores. El trabajo con iguales se
identificó como las tareas y actividades de mentorización con otros iguales no mentores.
Se considera ron como materiales pa ra estudiantes todos los recursos que la s
intervenciones incluían para el alumnado, ya fueran folletos de información, guías
informativas, poster o ele mentos de decoración como parte de campaña d e s ensibilización
entre los estudiantes.
Se identificaron un total de 13 componentes qu e hacían referencia a los t i pos de
actividades de las intervenciones. Se analizaron como componentes las charlas
individualizadas, identificadas como reuniones individuales entre el alumnado y el
profesorado para la identificación de estudiantes i mplicados en acoso escolar o ciberac oso
y el seguimiento y evolución de estos estudiantes. S e analiza ron como co mponentes las
actividades cooperativas, identificadas como actividades que el alumnado realiza en
245
grupo, ya sea en diadas, en pequeño grupo o en gran grupo. Se ide ntificó como
componentes el trabajo individual, entendiendo este como las tareas y actividades que el
alumnado realiza de forma individualizada. Se analiz aron como com ponentes las
discusiones y la reflexión, identificadas como activi dades que fomentan la reflexión, la
realización de debates y el fomento del pensamiento crítico. Se analizó como componente
el uso de ma rionetas, identificados como el empleo de personajes o títeres para
repre s entar o escenificar el acoso escolar y el ciberacoso y el aprendiza j e vica rio. S e
analizaron como componentes las definiciones o conceptos, identificados c omo glosarios
o definiciones sobr e a coso escolar y ciberacoso. Se analizaron como componentes las
historias o ejemplos, entendidos como las historias, reales o ficticias, que se incluyen en
las sesiones del alumnado para ejemplificar cond uctas de acoso escolar o ciber acoso y a
las que se trata d e dar una solución o alternativa de conducta. S e analizó como
componente el uso de lecturas, identificadas como textos o relatos breves sobre acoso
escolar o ciberacoso. S e analizaron como componentes las actividad es o ejercicios de rol,
identificados como actividades lúdi cas d e representación o a ctividades de interpretación
para el alumnado. S e analizó la visita a una exp osición o excursión, ent endi da como
visitas guiadas o exposiciones pa ra el alumnado y el profesorado fuera del ce ntro
educativo. Se analizaro n los recursos y elementos digitales de la intervenc ión,
identificados como vídeos, películas o recursos de la web que se e m plean para el
desarrollo de sesiones o actividades en clas e. Se analizó el uso de Internet, el ordenador
o juegos en clase, identific ados como las actividades lúdicas realiza das en un medio
digital. Se analizó el empleo de redes social es, ide ntificados como el contenido basado en
el uso de las re d es sociales y las conductas de los menore s en este entorno digital.
Se identificaron un total de 4 componentes que ha cían referencia a elementos del
diseño de las int ervenc ion es. Se analizaron los elementos de autoevaluación, identi ficados
como los crite rios de evaluación o rúbricas incluidas en las intervenciones para su
evaluac ión tr as la imple mentación. Se analizó la adaptabilidad al context o, identificada
como la f acilidad con l a que cuentan las inter venciones para ad aptarse a di ferentes
contextos educativos y situaciones. Se analizó la ba se del diseño de las intervenciones, en
particular si estas estaban basadas en la evidencia. Se analizó la duración de las
intervenciones, id entificando si estas se implemen tan durante dos meses o más ti empo.
La Tabla 15 rec opila los componentes metodológicos descritos con anterioridad.
252
realizaron estos mi smos análisis para identif icar el i mpacto de Asegúrate en la prevalencia
y presencia del ciberacos o entre estudiantes que u saban redes sociales en el género y el
curso.
En todos los análisis se adoptó un 95% de con fianza y un nivel d e signi ficac ión
de p ≤ ,0 5. P ara la identificación de dif erencias significativas entre grupos d e comparación
se tuvieron en cuenta los residuos tipificados corr egidos, iguales o superiores a 1,96. En
las pruebas de a nálisis de contrastes de medias se examinó el tamaño de efecto, partiendo
de las diferenc ias entre l as medias de los grupos co n muestra desigual d entro de un diseño
de dos grupos con medidas de pre y post, dpp c2 , de acuerdo con Morris (2008).
______________________________________________________________________
C APÍTULO 5: R ESULTADO S
______________________________________________________________________
“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”
Albert Einstein
255
C APÍTULO 5: R ESULTADOS
En el presente capítulo se exponen los resultad os de los Estudios 1 a 3 que
componen esta Tesis Doctoral, siguiendo el ord en de estos. Los resultados del Estudio 1
detallan la pre valencia, presenc i a y for mas del acoso escolar y el c iberacoso entre
estudiantes de 5º y 6º de educación primaria. En este estudio se describen los resultados
de los análisis estadísticos chi cuadrado y t d e Student que permiten conocer las
diferencias en la prevalencia, presencia y formas del acoso escolar y el ciberac oso a nivel
genera l, s egún el género, el curso y el uso de las redes sociales.
El Estudio 2 recoge los resultados d e la revisión sistemática, referentes a las
intervenciones cont ra el acoso escolar y el ciberacoso dirigidas a estudiantes de educación
primaria, los elem entos metodológicos de estas intervenciones y su efi cacia en esta
población.
El Estudio 3 aborda los resultados basados en e l impacto del program a Ase gúrate
en la prevalenc ia, presencia y formas del ac oso escolar y el ciberacoso entre estudiantes
de primari a. En este estudio se r ealizan análisis descriptivos y de medi das rep etidas
( ANOVA ) qu e p ermiten identificar las dife rencias en el impacto del p ro grama en la
prevalencia, pres encia y formas del acoso escolar y el cibera coso a nivel general, según
el género, el curso y e l us o de las redes sociales.
5.1.Resultados del Estudio 1
En este apartado, s e d etallan los resultados del primer estudio empírico,
corre spondient es al primer objetivo gen eral d e la T esis Do ctoral y r eferentes a la
identificación d e la prev alencia, presencia y formas de acoso escolar y cib eracoso entre
estudiantes de primaria, conociendo l as diferencias según el género, el cur so y el uso de
redes socia l es.
5.1.1. Prevalenc ia y presencia del acoso esc olar y el cib eracoso en primaria
Los resultados de la pre valencia de ac oso escol ar ( Ob jetivo 1.a ) muestran un
33,8% de acoso escolar entre estudiantes de primaria, hallando un 23,6% víctimas, 3,5%
agresores y 6,7% víctimas agresoras (Figura 12).
256
Figura 12. Prevalencia de acoso esc olar en educación primaria
Según la presencia del acoso escolar , l os análisi s descriptivos del acoso escolar
muestran que la victimización y la a gresión de ac oso escolar están presentes entre
estudiantes de primaria. Concretamente, los resultados indican una m ayor presencia de
victimización ( M = 3,45, DT =3,84) que de agresión de acoso escolar ( M =1,69, DT =2,39).
Los resultados de los análisis descriptivos (Tabla 17), basados en las for mas de
victimización y agresión más y menos presentes, muestran que la forma de victimización
más presente es l a de carácter verbal, haciendo uso de condu ctas bas adas en in sultos
( M =0,93, DT =1,15) y palabras malson antes ( M =0,63, DT =0,98), seguido s de la forma
social o relacional, com o la exclusión ( M =0,55, DT =0,97) y la difusión de rumores
( M =0,45, DT =0,77). En a gresión, la fo rma verbal e s la más presente, con co nductas como
los insultos hacia los de más ( M =0,45, DT =0,73), se guida del uso de la forma física, como
golpes o patada s ( M = 0,31, DT =0,63) y la forma social o relacional como la exclusión
( M =0,29, DT =0,60). Por el contrario, los comportamientos menos frecuentes en la
victimización y agresión de acoso e scolar son las amenazas ( M =0,29, DT =0,68 en
victimización y M =0,10, DT =0,38 en ag resión) y el robo d e p ertenencias ( M =0,33,
DT =0,65 en victimización y M =0,10, DT =0,35 en agresión).
257
Tabla 17. Presencia del acoso escolar se gún la fo rma
No
Sí, una o dos
veces
Sí, una o dos
veces al me s
Sí, alrededo r de
una vez a la
semana
Sí, más de una
vez a la
semana
M
DT
N
%
N
%
N
%
N
%
N
%
Victimización
1.Alguien me ha golpeado, me ha
pateado o me ha empujado
635
71,1
215
24,1
19
2,1
12
1,3
12
1,3
,38
,721
2. Alguien me ha insultad o
390
43,9
336
37,8
66
7,4
30
3,4
66
7,4
,93
1,146
3. Alguien ha dicho palabras
malsonantes so bre mí
527
59,7
250
28,3
47
5,3
27
3,1
32
3,6
,63
,980
4. Alguien me ha amenazad o
707
79,4
141
15,8
23
2,6
7
0,8
12
1,3
,29
,683
5. Alguien m e ha robado o roto m is
cosas
545
73,6
169
22,8
12
1,6
7
0,9
7
0,9
,33
,651
6. H e sido exc luido o igno rado po r
otras personas
580
65,6
217
24,5
30
3,4
23
2,6
34
3,8
,55
,967
7. Alguien ha difundido rumores
sobre mí
585
66,6
236
26,8
33
3,8
10
1,1
15
1,7
,45
,772
Agresión
8. He golpe ado, pate ado o
empujado a a lguien
658
74,5
193
21,9
18
2,0
7
0,8
7
0,8
,31
,632
9. He Insultado y he dicho palabras
malsonantes a alguien
574
64,7
262
29,5
30
3,4
11
1,2
10
1,1
,45
,725
10. He dicho a o tras persona s
palabras malsonantes sobre
alguien
685
77,5
180
20,4
11
1,2
3
0,3
5
0,6
,26
,554
11. He amena zado a algu ien
816
91,6
65
7,3
6
0,7
2
0,2
2
0,2
,10
,382
12. He robado o estropeado algo de
alguien
813
91,1
73
8,2
3
0,3
2
0,2
1
0,1
,10
,352
13. He excluido o ignorado a
alguien
671
75,4
202
22,7
5
0,6
3
0,3
9
1,0
,29
,599
14. He difundido r umor es sobre
alguien
745
83,3
134
15,0
7
0,8
2
0,2
4
0,4
,19
,487
258
En ciberacoso , los resultados muestran una preva lencia de 9,5%, siendo un 6,6%
cibervíctimas, un 1,3% c i beragresore s y un 1,6 % cibervíctimas agresoras (Figura 13).
Figura 13. Prevalencia de ciberac oso en educación primaria
Según la presencia de ciberacoso , los análisis descriptivos muestran que la
cibervictimizac ión y la ciberagresión están pres entes entre estudiantes de primaria.
Concretamente, los resultados indi can una m ayor presencia d e cibervictimización
( M =0,08, DT =0,27) que la ciberagresión ( M =0,03 , DT =0,17).
Los análisis descriptivos referentes a las form as d e cibervictimización y
ciberagre sión más y menos presentes (Tabla 18), muestran que las formas d e
cibervictimizac ión más e mpleadas son los insultos ( M =0,27; DT = 0,66), seguido de las
exclusiones a través de redes sociales y chats ( M =0,25 ; DT = 0,57) y las palabras
malsonantes a través del e -mail o SMS ( M = 0, 17 ; DT = 0,51) . En cuanto a las form as de
ciberagresión más fr ecuentes son la exclusión a través de una red so cial ( M =0,16 ;
DT =0,41), los insult os ( M =0,13 ; DT =0,38) y las palabras malsonan tes ( M =0,10 ;
DT =0,32). En cambio, la s formas de cibervictimización menos frecuentes son el pirateo
de una cuenta para ext raer informa ción personal ( M =0,06 ; DT =0,32), el pirateo de un a
cuenta para suplantar la identidad de alguien ( M =0,06 ; DT =0,28) y la crea ción de u na
cuenta falsa para hacerse pasar por alguien ( M =0,05 ; DT =0,32). La s formas de
ciberagresión menos frecuentes son el pirateo de una cuenta par a suplantar la identidad
de alguien ( M =0,02, DT =0,18), la creación de una cuenta falsa para hacerse pasar por
alguien ( M =0,02, DT =0, 15) y el pirateo de una cuenta para extraer información personal
( M =0,01, DT =0,11).
259
Tabla 18. Presencia del ciberacoso según la forma
No
Sí, una o dos
veces
Sí, una o dos
veces al m es
Sí, alrededor
de una vez a
la semana
Sí, más de
una vez a l a
semana
M
DT
N
%
N
%
N
%
N
%
N
%
Cibervicti mización
1. Alguien me ha di cho palabr as mal sonantes o me ha insu ltado
usando el emai l o SMS
713
80,1
145
16,3
12
1,3
8
0,9
12
1,3
,27
,664
2. Alguien ha dicho a otros palabras malsonant es sobre mi
usando Inter net o SMS
770
86,7
95
10,7
14
1,6
6
0,7
3
0,3
,17
,505
3. Algui en me ha am enazad o a t ravés de mensajes en Internet o
SMS
813
91,5
67
7,5
4
0,4
2
0,2
3
0,3
,10
,396
4. Alguien ha pirateado mi cuenta de correo y ha sacado mi
inform ación personal
847
95,3
27
4,2
1
0,1
2
0,2
2
0,2
,06
,315
5. Alguie n ha piratead o mi c uenta y se h a hecho pasar po r mí
844
94,9
39
4,4
4
0,4
2
0,2
-
-
,06
,280
6. Alguien ha cread o una cuent a falsa para hacerse pasar por mí.
(Faceboo k o MSN)
856
96,5
25
2,8
2
0,2
1
0,1
3
0,3
,05
,315
7. Alguien ha c olgado informaci ón personal sobre mí en
Internet .
822
92,5
59
6,6
4
0,4
-
-
4
0,4
,09
,384
8. Alguien ha col gado video s o fotos comprom etidas mías en
Internet
821
92,5
57
6,4
6
0,7
2
0,2
2
0,2
,09
,373
9. Alguien ha retoca do fotos mías que yo había col gado en
Internet
480
94,6
44
5,0
-
-
1
0,1
3
0,3
,07
,331
10. He sido ex cluido o i gnor ado de una r ed soci al o de ch at
698
78,9
169
19,1
10
1,1
-
-
8
0,9
,25
,565
11. Algui en ha difundi do rum ores sobre mí por Internet
805
91,2
66
7,5
5
0,6
2
0,2
5
0,6
,12
,442
Ciberagres ión
12. H e dicho palabras malsonant es a alguien o le he insu ltado
usando SMS o mensaj es en I nternet
774
87,6
104
11,8
4
0,5
1
0,1
1
0,1
,13
,382
13. He dicho palabras ma lsonantes sobre alguien a otras
personas en m ensajes por Int ernet o por S MS
802
90,5
79
8,9
5
0,6
-
-
-
-
,10
,319
14. He amenazad o a alguie n a través de S MS o mensaj es en
Internet
858
96,9
25
2,8
1
0,1
1
0,1
-
-
,03
,205
15. He pirateado la cuenta de correo de alguien y he robado su
inform ación personal
876
99,1
7
0,8
1
0,1
-
-
-
-
,01
,111
260
16. H e pirateado la cuenta de alguien y me he hecho pasar por
él/el la
872
98,4
13
1,5
-
-
-
-
1
0,1
,02
,180
17. He creado una c uenta f alsa para hacerm e pasar po r otra
persona
873
98,5
12
1,4
1
0,1
-
-
-
-
,02
,153
18. He colga do inform ación per sonal de alg uien en Inter net
863
97,4
21
2,4
-
-
1
0,1
1
0,1
,03
,226
19. He colgado videos o fotos compromet idas de alguien en
Internet
860
97,3
22
2,5
-
-
-
-
2
0,2
,03
,245
20. He retocad o fotos o videos de alguien que es taban col gados
en Internet
851
96,2
29
3,3
4
0,5
1
0,1
-
-
,05
,243
21. He exclui do o ignor ado a alguien en u na red soci al o c hat
757
85,6
119
13,5
6
0,7
1
0,1
1
0,1
,16
,407
22. He dif undido rum ores sobr e alguien en I nternet
848
95,8
32
3,6
2
0,2
-
-
3
0,3
,05
,311
261
5.1.2. Prevalenc ia y presencia del acoso escolar y el ciberacoso según el género
Los resultados rel ativos al Objetivo 1.b muestran que existen diferencias entre
los roles de implicación en acoso es colar y el género de los pa rticipantes ( χ 2 (3, N =894)
=31,42, p <,001). Dicha prevalencia ha mostrado ser menor entre las chicas (26,3%:
21,3% víctima s, 1,8% agresora s y 3,2% ví ctimas agresora s) que entre los chicos (40,9 %:
25,8% víctimas, 5% agresores y 10,1% víctimas agresoras), qu e muestran que las
víctimas agresoras son el rol significativamente más representado (Tabla 19 ).
Tabla 19. Prevalencia del acoso escolar según el género
Víctima
Agresor
Víctima
agresora
No
implicado
χ
p
N
%
N
%
N
%
N
%
Chicos
118
25,8
23
5
46
10,1
270
59,1
31,4
,001
Chicas
93
21,3
8
1,8
14
3,2
322
73,7
Según la presencia d e vi ctimización y agresión de acoso esc olar , los resultados
de la pru eba t de S tudent para l a igualdad d e medi as en muestr as independientes indican
que existen di ferencias estadíst icamente signi ficativas entre el género en v ictimización
( t (894)=3,74, p <,001) y en agresión ( t (894)=5,09, p <,001) d e acoso escolar. Los
resultados hallados muestra n que los chicos presentan medias más a ltas en victimización
y en agre sión d e acoso escolar que las chicas (Tabla 20).
Tabla 20. Presencia de la agresión y victimización de acoso escolar según el géne ro
Género
N
Media
Desviación
estándar
F
t
p
Victimización
Chica
437
,24
,43
55,31
3,74
,001
Chico
457
,36
,48
Agresión
Chica
437
,05
,22
113,33
5,09
,001
Chico
457
,15
,36
Los resultados mu estran diferencias en las formas de victimización y ag resión
de acoso escolar según el género . En victimizac ión, los resultados en victimización
muestran que los c hicos están más im plicados que l as chicas en las formas física y verbal,
entre los que destacan comportamientos como golpes o patadas ( p <,001), insultos
( p <,001) y amenazas ( p =,002). En agresión, los chicos están más implicados que las
chicas en la forma físic a, verbal y relacional, con conductas como gol pes o patadas
268
Tabla 30. Presencia de las formas de ciberacoso según el curso
Curso
N
Media
Desviación
estándar
F
p
Cibervicti mización
1.Alguien me ha di cho palab ras
malsonant es o me h a insultado us ando el
email o SMS
5º prim aria
347
,21
,594
11,808
,032
6º prim aria
543
,31
,703
2. Alguie n ha dicho a ot ros p alabras
malsonant es sobre mi usand o Internet o
SMS
5º prim aria
347
,13
,441
14,195
,035
6º prim aria
541
,20
,542
3.Alguien me ha am enazado a través de
mensajes en Internet o SMS
5º prim aria
346
,07
,301
14,575
,035
6º prim aria
543
,13
,445
4.Alguien ha piratead o mi cu enta de
correo y ha sacado m i inform ación
personal
5º prim aria
347
,07
,328
3,208
,346
6º prim aria
542
,05
,306
5.Alguien ha piratead o mi cu enta y se ha
hecho pas ar por mi
5º prim aria
346
,07
,272
1,192
,561
6º prim aria
543
,06
,286
6.Alguien ha creado u na cue nta falsa para
hacerse pasar por mí .
5º prim aria
345
,08
,411
14,975
,083
6º prim aria
542
,03
,233
7.Alguien ha colgado i nform ación
personal sobr e mí en Internet
5º prim aria
346
,08
,433
,938
,555
6º prim aria
543
,10
,351
8.Alguien ha colgado vi deos o fotos
compromet idas mías en Inter net
5º prim aria
346
,10
,405
,414
,759
6º prim aria
542
,09
,351
9.Alguien ha retoca do fotos mías que yo
había colgad o en Inter net
5º prim aria
345
,07
,367
,229
,823
6º prim aria
543
,06
,306
10.He sido ex cluido o i gnora do de una
red social o de chat
5º prim aria
344
,21
,511
7,288
,103
6º prim aria
541
,27
,596
11.Algui en ha difundi do rum ores sobre
mí por I nternet
5º prim aria
342
,07
,335
22,069
,008
6º prim aria
541
,14
,496
Ciberagres ión
12.He dicho palabras m alson antes a
alguien o l e he insul tado usa ndo SMS o
mensajes en Internet
5º prim aria
344
,10
,377
17,740
,026
6º prim aria
540
,16
,384
13.He dicho palabras m alson antes sobre
alguien a ot ras perso nas por I nternet o por
SMS
5º prim aria
345
,06
,256
31,278
,003
6º prim aria
541
,12
,351
14.He amena zado a alguien a través de
SMS o me nsajes en Inter net
5º prim aria
344
,05
,265
13,088
,108
6º prim aria
541
,02
,153
15.He pirat eado la c uenta de correo de
alguien y he r obado su infor mación
personal.
5º prim aria
342
,01
,121
,348
,765
6º prim aria
542
,01
,105
16.He pirat eado la c uenta de alguien y m e
he hecho pas ar por él /ella.
5º prim aria
345
,03
,246
3,343
,363
6º prim aria
541
,01
,121
17.He cread o una cuent a fals a para
hacerme pasar por otr a persona
5º prim aria
345
,02
,200
3,800
,332
6º prim aria
541
,01
,113
18.He colgad o inform ación per sonal de
alguien en I nternet
5º prim aria
345
,03
,257
,006
,976
6º prim aria
541
,03
,204
19.He colgad o videos o fotos
compromet idas de alg uien e n Internet
5º prim aria
343
,03
,263
,045
,919
6º prim aria
541
,03
,233
20.He ret ocado fotos o vi deo s de alguien
que estaban colgad os en Inte rnet
5º prim aria
345
,04
,205
2,202
,462
6º prim aria
540
,05
,264
21.He exclui do o ignora do a alguien en
una red so cial o chat
5º prim aria
344
,14
,432
1,703
,429
6º prim aria
540
,16
,391
22.He difundi do rum ores sobr e alguien en
Internet
5º prim aria
345
,06
,357
,037
,949
6º prim ar ia
540
,05
,277
269
5.1.4. Prevalenc ia y presencia del ciberacoso según el uso de redes sociales
Los resultados ( Objetivo 1.d ) muestran una prevalencia de un 11, 3% en
ciberacoso entre estudian tes que u san redes sociales , siendo un 7,8% cibervíctimas,
un 1,6% ciberagre so res y un 1,9% cibervíctimas agresora s (Figura 14).
Figura 14. Prevalencia de ciberac oso entre estudiantes que usan redes sociales
En función de la presenc ia de la cibervictimización y la ciberagresión según
el uso de redes sociales , los análisis descript ivos del ciberacoso muestran que la
cibervictimizac ión y la ciberagresión están presentes entre estudiantes d e primaria que
tienen redes sociales. Concretamente, los resultados indican una mayor presencia de
cibervictimizac ión ( M =0, 10, DT =0,30) que la ciberagresión ( M =0,03, DT =0,18).
Los análisis descriptivos (Tabla 31 ), referentes a las formas de
cibervictimización y ciberagresión más y menos pre sentes entr e e studiantes que u san
redes sociales , muestran que las formas de cibervictimizac ión más emplea das son los
insultos ( M = 0,32; DT = 0,72), la exclusión a través de redes sociales y chats ( M =0,30;
DT = 0,60) y las palabra s malsonantes a través del e -mail o SMS ( M = 0,21; DT = 0,54).
En cuanto a las formas de ciberagresión más frecuentes se encuentran la exclusión a través
de una red social ( M =0,18; DT =0,42), los insultos ( M =0,17; DT =0,42) y las palab ras
malsonantes ( M = 0,13; DT =0,35).
En cambio, las forma s d e cibervictimización menos frec uentes son la creación
de una cuenta fa ls a para hacerse pasar por alguien ( M =0,06; DT =0,33), el pirateo de una
270
cuenta para e xt raer información persona l ( M =0,07; DT =0,33), el pira teo de una cuenta
para suplantar la identidad de alguien ( M =0,07; DT =0,29) y el retoque de fotos
personales publica das en Internet o redes sociales ( M =0,08; DT =0,37). Las formas de
ciberagresión menos frecuentes son e l pirateo de una cuenta para extraer información
personal de alguien ( M =0,01, DT =0,12), el pirateo de una c uenta para para suplantar la
identidad de alguien ( M =0,02, DT =0,14) y la creación de una cuenta falsa para hacerse
pasar por alguien ( M = 0,0 2, DT =0,17).
271
Tabla 31. Presencia del ciberacoso según la forma entre estudiantes que usan redes sociales
No
Sí, una o dos
veces
Sí, una o dos
veces al m es
Sí, alrededor
de una vez a
la semana
Sí, más de
una vez a l a
semana
M
DT
N
%
N
%
N
%
N
%
N
%
Cibervicti mización
1. Alguien me ha di cho palabr as mal sonantes o me ha insu ltado
usando el emai l o SMS
528
76,6
130
18,9
12
1,7
8
1,2
11
1,6
,32
,718
2. Alguien ha dicho a otros palabras malsona ntes sobre mi
usando Inter net o SMS
577
84
88
12,8
14
2
6
0,9
2
0,3
,21
,541
3. Algui en me ha am enazad o a t ravés de mensajes en Internet o
SMS
618
89,8
63
9,2
4
0,6
1
0,1
2
0,3
,12
,401
4. Alguien ha pirateado mi cuenta de correo y ha sacado mi
inform ación personal
651
94,5
34
4,9
1
0,1
1
0,1
2
0,3
,07
,332
5. Alguie n ha piratead o mi c uenta y se h a hecho pasar po r mí
649
94,3
35
5,1
2
0,3
2
0,3
-
-
,07
,291
6. Alguien ha cread o una cuent a falsa para hacerse pasar por mí.
(Faceboo k o MSN)
658
95,9
24
3,5
1
0,1
-
-
3
0,4
,06
,328
7. Alguien ha c olgado inform ación persona l sobre mí en
Internet .
626
91
56
8,1
4
0,6
-
-
2
0,3
,10
,375
8. Alguien ha col gado video s o fotos comprometidas mías en
Internet
628
91,4
51
7,4
6
0,9
1
0,1
1
0,1
,10
,368
9. Alguien ha retoca do fotos mías que yo había col gado en
Internet
643
93,5
41
6
-
-
1
0,1
3
0,4
,08
,369
10. He sido ex cluido o i gnor ado de una r ed soci al o de ch at
512
74,5
160
23,3
8
1,2
-
-
7
1
,30
,596
11. Algui en ha difundi do rum ores sobre mí por Internet
615
89,8
59
8,6
5
0,7
2
0,3
4
0,6
,13
,467
12. H e dicho palabras malsonant es a alguien o le he insu ltado
usando SMS o mensaj es en I nternet
578
84,5
100
14,6
4
0,6
1
0,1
1
0,1
,17
,422
13. He dicho palabras ma lsonantes sobre alguien a otras
personas en m ensajes por Int ernet o por S MS
604
88
78
11,4
4
0,6
-
-
-
-
,13
,349
272
Ciberagres ión
14. He amenazad o a alguie n a través de S MS o mensaj es en
Internet
659
96,2
24
3,5
1
0,1
1
0,1
-
-
,04
,229
15. He pirateado la cuenta de correo de alguien y he robado su
inform ación personal
677
99
6
0,9
1
0,1
-
-
-
-
,01
,120
16. H e pirateado la cuenta de alguien y me he hecho pasar por
él/el la
673
98,1
13
1,9
-
-
-
-
-
-
,02
,136
17. He creado una cuenta f alsa para hacerm e pasar po r otra
persona
674
98,3
11
1,6
-
-
1
0,1
-
-
,02
,170
18. He colga do inform ación per sonal de alg uien en Inter net
665
96,9
19
2,8
-
-
1
0,1
1
0,1
,04
,251
19. He colgado videos o fotos compromet idas de alguien en
Internet
662
96,6
21
3,1
-
-
-
-
2
0,3
,04
,275
20. He retocad o fotos o videos de alguien que es taban col gados
en Internet
652
95,2
28
4,1
4
0,6
1
0,1
-
-
,06
,272
21. He exclui do o ignor ado a alguien en u na red soci al o c hat
569
82,9
110
16
6
0,9
1
0,1
-
-
,18
,419
22. He dif undido rum ores sobr e alguien en I nternet
650
94,9
31
4,5
2
0,3
-
-
2
0,3
,06
,316
273
En función del género , los resultados sobre la prevalencia de ciberacoso entre
estudiantes que usan redes sociales no muestran dife rencias estadísticamente
significativas (χ 2 (3, N =689) =3,97, p = ,264), aunque es ligeramente superior entre los
chicos (Tabla 32 ).
Tabla 32. Prevalencia del ciberacoso según el género entre e studiantes con redes
sociales
Ciber-
víctima
Ciber-
agresor
Ciber-
víctima
agresora
No
implicado
χ
p
N
%
N
%
N
%
N
%
Chicos
32
9,6
5
1,5
8
2,4
287
86,4
3,97
,264
Chicas
22
6,2
6
1,7
5
1,4
324
90,8
Los resultados de la p rueba t de Student para la ig ualdad de medias en muestras
independientes, b asados en la presencia de la cibervictimización y la ci beragresión
entre es tudiantes con redes sociales , indican que existen diferencias estadísticamente
significativas entre el género en ciber victimizaci ón ( t (689)=1,97, p =,049 ), pero no en
ciberagresión ( t (689)=0,59, p =,551) (Tabla 33).
Tabla 33. Presencia de la ciberagresión y la cibervictimización según el género entre
estudiantes con redes sociales
Género
N
Media
Desviación
estándar
F
t
p
Cibervictimización
Chica
357
,08
,26
16,07
1,97
,049
Chico
332
,12
,33
Ciberagresión
Chica
357
,03
,17
1,42
0,59
,551
Chico
332
,04
,19
Los análisis sobre las formas de cibervictimización y ciberagr esió n indican que
existen diferencias según el género d e los estudiantes que usan redes s ociales. Estos
resultados muestran qu e l os chicos están más implicados que las chicas en l as formas d e
cibervictimizac ión relaci onadas con las amenazas a través de Internet o redes sociales
( p =,049) y en las formas de ciberagresión relacionadas con el pirateo de una cuenta de
corre o p ara sustraer información persona l ( p =,010 ) (Tabla 34 ).
274
Tabla 34. Presencia de las formas de ciberac oso según el género entre estudiantes con
redes sociales
Género
N
Media
Desviación
estándar
F
p
Cibervicti mización
1.Alguien me ha di cho palab ras
malsonant es o me h a insultado us ando el
email o SMS
Chica
357
,29
,707
2,201
,242
Chico
332
,36
,729
2. Alguie n ha dicho a ot ros p alabras
malsonant es sobre mi usand o Internet o
SMS
Chica
355
,18
,492
7,711
,145
Chico
332
,24
,587
3.Alguien me ha am enazado a través de
mensajes en Internet o SMS
Chica
356
,09
,349
14,568
,049
Chico
332
,15
,448
4.Alguien ha piratead o mi cu enta de
correo y ha sacado m i inform ación
personal
Chica
357
,05
,314
7,710
,146
Chico
332
,09
,350
5.Alguien ha piratead o mi cu enta y se ha
hecho pas ar por mi
Chica
357
,05
,249
5,123
,259
Chico
331
,08
,330
6.Alguien ha creado u na cue nta falsa para
hacerse pasar por mí .
Chica
355
,04
,278
6,553
,192
Chico
331
,07
,374
7.Alguien ha colgado i nform ación
personal sobr e mí en Internet
Chica
357
,08
,341
8,265
,137
Chico
331
,13
,407
8.Alguien ha colgado vi deos o fotos
compromet idas mías en Inter net
Chica
356
,09
,361
4,201
,275
Chico
331
,12
,375
9.Alguien ha retoca do fotos mías que yo
había colgad o en Inter net
Chica
357
,07
,384
3,519
,296
Chico
331
,10
,352
10.He sido ex cluido o i gnora do de una
red social o de chat
Chica
356
,28
,561
2,077
,464
Chico
331
,31
,631
11.Algui en ha difundi do rum ores sobre
mí por I nternet
Chica
355
,11
,437
4,791
,243
Chico
330
,15
,497
Ciberagres ión
12.He dicho palabras m alson antes a
alguien o l e he insul tado usa ndo SMS o
mensajes en Internet
Chica
355
,15
,431
3,156
,303
Chico
239
,19
,412
13.He dicho palabras m alson antes sobre
alguien a ot ras perso nas por I nternet o por
SMS
Chica
356
,13
,349
,023
,935
Chico
330
,12
,348
14.He amena zado a alguien a través de
SMS o me nsajes en Inter net
Chica
356
,03
,235
3,926
,304
Chico
329
,05
,222
15.He pirat eado la c uenta de correo de
alguien y he r obado su infor mación
personal.
Chica
355
,00
,053
16,438
,052
Chico
329
,02
,164
16.He pirat eado la c uenta de alguien y m e
he hecho pas ar por él /ella.
Chica
357
,01
,075
29,913
,010
Chico
329
,03
,180
17.He cread o una cuent a fals a para
hacerme pasar por otr a persona
Chica
356
,03
,204
2,459
,435
Chico
330
,02
,122
18.He colgad o inform ación per sonal de
alguien en I nternet
Chica
356
,03
,289
,685
, 649
Chico
330
,04
,202
19.He colgad o videos o fotos
compromet idas de alg uien e n Internet
Chica
355
,04
321
1,039
,573
Chico
330
,05
,215
20.He ret ocado fotos o vi deo s de alguien
que estaban colgad os en Inte rnet
Chica
356
,04
,233
5,687
,236
Chico
329
,07
,309
21.He exclui do o ignora do a alguien en
una red so cial o chat
Chica
357
,18
,428
,004
,993
Chico
329
,18
,410
22.He difundi do rum ores sobr e alguien en
Internet
Chica
357
,06
,312
,038
,921
Chico
328
,06
,321
275
En fun ción del curso , los resultados muestran que no existen difer encias en la
prevalencia de ciberacoso entre estudian tes que u san redes sociales ( χ 2 (3, N =689)
=1,50, p = ,683), siendo la prevalencia de ciberacoso li geramente sup erior entre el
alumnado de 5º de primaria (Ta bla 35 ).
Tabla 35. Prevalencia de ciberacoso según el curso entre estudiantes con redes sociales
Ciber-
víctima
Ciber-
agresor
Ciber-
víctima
agresora
No
implicado
χ
p
N
%
N
%
N
%
N
%
5 º de primaria
21
9,2
4
1,8
3
1,3
200
87,7
1,50
,683
6 º de primaria
33
7,2
7
1,5
10
2,2
411
89,2
En cuanto a la p resencia de la cibervictimización y la ciber agresión entre
estudiantes con redes sociales , los resultados referentes a la Tabla 36, no muestran
diferencias significativas en cibervictimiza ción ( t (689)=0,50, p =,618) ni en ciber agresión
( t (689)=0,42, p = ,678).
Tabla 36. Presencia de la ciberagresión y la c ibervictimización según el curso entre
estudiantes con redes sociales
Curso
N
Media
Desviación
estándar
F
t
p
Cibervictimización
5º primaria
228
,11
,31
0,99
0,50
,618
6º primaria
461
,09
,29
Ciberagresión
5º primaria
228
,03
,17
0,69
0,42
,678
6º primaria
461
,04
,19
En relación a las formas de ci bervictimización y ciberagresión entre
estudiantes qu e usan re des sociales , los resultados muestran que existen diferencias en
las formas en las que se manifiesta la ciberagresión según el curso. Los estudiantes de 5º
de primaria están más inv olucrados que el alumnado de 6º de primaria en conductas como
las amenaza s ( p =,033), mientras que los estudiantes de 6º están más involucrados que el
alumnado de 5º de primaria en las conductas relacionadas con las palabras malsonantes
( p =,031) (Tabla 37 ).
276
Tabla 37. Presencia de las formas de ciberac oso según el curso entre estudiantes con
redes sociales
Curso
N
Media
Desviación
estándar
F
p
Cibervicti mización
1.Alguien me ha di cho palab ras
malsonant es o me h a insultado us ando el
email o SMS
5º prim aria
228
,29
,700
1,071
,466
6º prim aria
461
,34
,727
2. Alguie n ha dicho a ot ros p alabras
malsonant es sobre mi usand o Internet o
SMS
5º prim aria
228
,18
,524
1,795
,443
6º prim aria
459
,22
,549
3.Alguien me ha am enazado a través de
mensajes en Internet o SMS
5º prim aria
227
,10
,356
2,510
,412
6º prim aria
461
,13
,421
4.Alguien ha piratead o mi cu enta de
correo y ha sacado m i inform ación
personal
5º prim aria
228
,11
,395
15,465
,062
6º prim aria
461
,05
,294
5.Alguien ha piratead o mi cu enta y se ha
hecho pas ar por mi
5º prim aria
227
,08
,293
4,772
,249
6º prim aria
461
,06
,289
6.Alguien ha creado u na cue nta falsa para
hacerse pasar por mí .
5º prim aria
226
,09
,447
17,021
,081
6º prim aria
460
,04
,249
7.Alguien ha colgado i nform ación
personal sobr e mí en Internet
5º prim aria
227
,09
,382
1,187
,551
6º prim aria
461
,11
,371
8.Alguien ha colgado vi deos o fotos
compromet idas mías en Inter net
5º prim aria
227
,11
,370
1,318
,527
6º prim aria
460
,10
,367
9.Alguien ha retoca do fotos mías que yo
había colgad o en Inter net
5º prim aria
227
,10
,445
3,806
,320
6º prim aria
461
,07
,325
10.He sido ex cluido o i gnora do de una
red social o de chat
5º prim aria
227
,29
,575
,200
,848
6º prim aria
460
,30
,606
11.Algui en ha difundi do rum ores sobre
mí por I nternet
5º prim aria
226
,10
,399
7,020
,133
6º prim aria
459
,15
,496
Ciberagres ión
12.He dicho palabras m alson antes a
alguien o l e he insul tado usa ndo SMS o
mensajes en Internet
5º prim aria
226
,14
,446
5,619
,191
6º prim aria
458
,18
,409
13.He dicho palabras m alson antes sobre
alguien a ot ras perso nas por I nternet o por
SMS
5º prim aria
227
,09
,284
16,611
,031
6º prim aria
459
,14
,375
14.He amena zado a alguien a través de
SMS o me nsajes en Inter net
5º prim aria
226
,08
,325
28,320
,033
6º prim aria
459
,03
,160
15.He pirat eado la c uenta de correo de
alguien y he r obado su infor mación
personal.
5º prim aria
224
,01
,134
,685
,675
6º prim aria
460
,01
,114
16.He pirat eado la c uenta de alguien y m e
he hecho pas ar por él /ella.
5º prim aria
227
,02
,147
,687
,678
6º prim aria
459
,02
,131
17.He cread o una cuent a fals a para
hacerme pasar por otr a persona
5º prim aria
227
,03
,238
5,166
,354
6º prim aria
459
,02
,123
18.He colgad o inform ación per sonal de
alguien en I nternet
5º prim aria
227
,04
,309
,838
,651
6º prim aria
459
,03
,216
19.He colgad o videos o fotos
compromet idas de alg uien e n Internet
5º prim aria
226
,05
,316
,714
,673
6º prim aria
459
,04
,253
20.He ret ocado fotos o vi deo s de alguien
que estaban colgad os en Inte rnet
5º prim aria
227
,05
,243
,329
,783
6º prim aria
458
,06
,286
21.He exclui do o ignora do a alguien en
una red so cial o chat
5º prim aria
227
,18
,439
,000
,944
6º prim aria
459
,18
,409
22.He difundi do rum ores sobr e alguien en
Internet
5º prim aria
227
,07
,352
,173
,847
6º prim ar ia
458
,06
,297
277
5.2.Resultados del Estudio 2
En este ap artado, se detallan los resultados de la revisión sistemática,
corre spondient es al segundo objetivo genera l de la pre sente Tesis Doctoral y re ferentes a
la identifica ción de int ervenciones y progr amas contra el acoso escolar y el ciberacoso
dirigidos a estudiantes de primaria.
5.2.1. Intervenciones sobre acoso escolar y el cibe racos o en primaria
En relación al segundo objetivo general de la presente Tesis Do ctoral, los
resultados muestran un total de 95 estudios ( Obj etivo 2.a ), qu e evalúan el acoso escolar
y el ciberacoso en educación primaria. Un 78,9 5% de los estudios evalúan el acoso
escolar, un 15,79% evalúan el ci beracoso y un 5,26% evalú an el acoso escolar y el
ciberacoso (F igu ra 15).
Figura 15. Intervenc ion es sobre acoso escolar y el ciberacoso en primaria
Basados e n el número d e evaluaciones de cada i ntervención , los resultados del
análisis descriptivo muestran un tot al de 68 programas contra el acoso escolar y el
ciberacoso evaluados co n estudiantes de primaria . Un 82,35% de las intervenc iones han
sido evaluad as una sola vez, un 10,29% cuentan con dos evaluaciones, un 2,94% cuentan
con tres evaluaciones, u n 1,47% dispone de cuatro evaluaciones, un 1,47% cuenta con
cinco eva lu aciones y un 1,47% cuenta con diez evaluaciones (Tabla 38).
284
11. Trabajo con iguales
El alumnado rea liza actividades como
mentores o guías de otros estudiantes
menores o no mentore s
5
7,35
12. Material para estudiantes
Se proporciona ma t erial para el
alumnado, ya sea n follet os
informativos, guías, poster o
elementos para dec orar e l aula o el
centro
13
19,12
13. C harlas individualizada s
El diseño del programa o la
intervención incorpora charlas o
reuniones entre el alumnado y el
profesorado, ya sea para identificación
o seguimiento de estudiantes
involucrados
11
16,18
14. Actividades cooperativas
El diseño incluye actividade s
coopera tivas entre estudiantes, ya sean
en diadas, pequeño grupo o gran
grupo
39
57,35
15. Trabajo individual
Se incluyen actividade s de trabajo
individual para el alumnado
13
19,12
16. Discusiones/ reflexión
Se emplean actividades que invitan al
alumnado a la refle xión, la realización
de debates y discusione s para e l
fomento del pensamiento crítico
32
47,06
17. Uso de marionetas
Se emplean mar ionetas y personajes
de títeres para repre senta r o
escenificar e l acoso escolar y el
ciberacoso
3
4,41
18. Definiciones/ conceptos
Se incluyen glosarios, definiciones o
conceptos para su a prend izaje
16
23,53
19. Hist orias o ejemplos
Las sesiones de formación del
alumnado incluyen historias reales o
ficticias que e jemplifican el acoso
escolar y el ciberacoso, para que se
discuta una solución o alternativa
22
32,35
20. Lecturas
El diseño incluye lecturas sobre a coso
escolar o ciberacoso
10
14,71
21. Actividades o ejercicios de
rol play
El programa o inter v ención incluye
repre s entaciones o actividades de
interpretación para los m enores
20
29,41
22. Visi ta a una e xposición/
excursión
Se preparan visitas guiadas o
exposiciones para el alumnado y el
profesorado fuera de l centro educativo
2
2,94
285
23. R ecursos digitales o e n
línea (páginas web, vídeos)
Se incluyen vídeos, películas, DVDs y
otros recursos como páginas web
24
35,29
24. Uso de Inter net/ ordenador
en clase (juegos)
Incorpora juegos digitales o en
ordenador, actividade s e n línea o el
uso de Interne t
9
13,24
25. R edes Sociales
Las sesiones de formac ió n del
alumnado contiene n información
sobre el uso de las rede s sociales o
mensajería instantánea usada e n la
clase
7
10,29
26. Autoevaluación
El programa incluye criterios propios
para e valuar l a intervención
18
26,47
27. Fácil de adaptar a cada
contexto
El diseño de la interve n ción favorece
que esta se pueda a daptar a diferentes
situaciones y contextos para e l
alumnado
12
17,67
28. B asada e n programas,
intervenciones o evidenc i as
previas
Contiene material basa do en la
evidencia
31
45,59
29. Duración
La intervención tiene una durac ión
superior a los dos mese s de
implementación
37
54,41
5.2.3. Diseño metodológico y resultados de las intervenciones contra el acoso e scolar
y el ciberac oso
Los resultados basados e n la identificación de los in strumentos ( Ob jetivo 2.c )
muestran que c ada estudio e mplea instrumentos dife rentes para evaluar los programas de
intervención y prevención de acoso escolar y ciberacoso entre estudiantes de primaria.
Un 89,71% de las intervenciones utilizan inst rumentos de autoinforme, un 4,41% son
evaluados con entrevistas, un 4,41% utilizan instrumentos de autonominación entre
iguales y un 1,47% emplea grupos focales semiestructura dos.
Entre los autoinformes más empleados para la evaluac ión de los programas, los
resultados muestran que un 28,42% utili za el Olweus Bull y/Victim Questionnaire. Un
11,48% utiliza a utoinformes diseñados específicamente para l a evaluación del programa,
como My Life in Schools Checklist, la Tabby Improved checklist o la Beyond Bullying
Program Scale. Un 4,21 % emplea el P eer Victimization Scale, un 4,21% utili za el
Aggression Scale, un 3,16% utiliza el Colorado School Climate S urvey, un 2,11% emplea
286
el School Experie nces Que stionnaire, un 2,11% utiliza el Cyberbullying in WhatsApp
classmates’ g roup ques tionnaire , un 2,11% e mplea el Colorado Trust’s B ullying
Prevention Initiative Student Survey, un 2,11% utiliza el Social Experience
Questionnaire, un 2,11% utili za el Participant Role Questionnaire, un 1,05% utiliza el
European Cyberbullying I ntervention Project Questionnaire - EC I PQ, un 1,0 5% utili za el
cuestionario CUBE, un 1,05% utiliza e l Cuestionario sobre intimidación y maltrato entre
iguales, un 1,05% emplea el Cuestionario sobre Abusos entre Compañeros, un 1,05%
utiliza la Student Bullying Survey, un 1,05% ut iliza la Cybe r-Bullying Surv ey, un 1,05%
emplea el Bullying Inventory, un 1,05% emplea la S afe School Surve y, un 1,05% utiliza
la Cyberbehavior Qu ality Assessment Scale, un 1,05% emplea la Child Form of Bully
and Victim Determination Scale, un 1,05 % emple a el Cybe r Experience Questionnaire ,
un 1,05% emplea el Aggression Questionnaire, un 1,05% uti liza la Illinois Bully S cale,
un 1,05% utiliza el Tea cher Observation of Classroom Adaptation — Checklist, un 1,05%
utiliza la Cyberbullying and offline meeting scale, un 1,05% emplea la Risk Behavior
Diagnostic S cale, un 1,0 5% emplea el C hildren’s Self -Experiences Qu estionnaire – Self
Report - CSEQ- SR , un 1,05% utiliza el Social int egration, Classroom Cli mate and Self -
concept of S chool Readiness , un 1,05% utili za el Pe er Relations Questionnaire, un 1,05%
emplea la Florence Bullying -Victimization Scale, un 1,05% utiliza el Anger Regulation
and Expression Scale - ARES, un 1,05% utiliza el Peer Interactions in Pr imary School
questionnaire – PIPS, un 1,05% emplea la Verbal and Physical Bullying Scale – para
Perpretra tion y para Victimization, un 1,05% utiliza la Cyber Bullying Experience
Survey, un 1,05% utiliza la P rovictim Scale, un 1,05% emplea la Illinois Bull y S cale y
un 1,05% utiliza la Cyberbullying Survey.
En función d e la m etod ología y el diseño , un 31,58% de las intervenc iones tiene
un diseño de ensayo cont rolado aleatorio o diseño RCT. Un 22,11% de las intervenciones
ha sido evaluada partiendo de una metodología con un diseño de intervención
experimental. Un 18,95% ha sido evaluada empl eando un diseño cuasiexperimental. Un
8,42% de l as int ervenciones presenta un diseño d e estudio sin grupo de co ntrol. Un 8,42
% ti ene un diseño de estudio de cohorte. Un 3,16% tiene un diseño de tres grupos. Un
3,16% tie ne un diseño de dos grupos no equivalentes. Un 3,16% de las intervenciones ha
sido evaluada con diseño mi xto de datos cuantitativos y cualitativos. Un 1,05% de los
programas tenían un diseño de interve nción de dos grupo s no asignados alea toriamente y
un 1,05% de los programas presentaban un diseño de estudio de dos grupos, con y sin
enfoque de confrontación .
287
En cuanto a los resultados d e la implementación de esta s int ervenc iones y
programas, un 18,95% d e las intervenciones contra el ac oso esc olar redujo el nivel de
victimización entre estudiantes. Un 15,79% de los estudios redujo los niveles de
victimización y agresión de acoso escolar entre estudiantes de p rimaria. Un 10,53% de
los estudios mostró una reduc ción de la prevalencia del acoso escolar. Un 9,47 % redujo
el nivel de ag resión de acoso escolar. Un 7,37 % redujo el acoso escolar d e f orma ind irecta
a través d el conocimiento y una mayor concienciación sobre el acoso escolar. Un 6,32%
redujo el núme ro de estudiantes implicados como víctim as. Un 6,32% redujo el acoso
escolar de forma indi recta a través de la id entificación y procesamiento de las emociones,
asertivas o de apoyo hacia las víctimas. Un 3,16% redujo la pre valencia en agresores,
víctimas y víctimas agresoras de acoso escolar. Un 3,16% redujo el acoso escolar d e
forma indi recta a través d e la mejor a de las estrategias de afrontamiento. Un 2,11% redujo
la prevalencia de las víctimas agresoras. Un 2,1 1% redujo el a coso esc olar de forma
indirecta a través la mejora de la inte racción con a dultos. Los estudios mostraron que un
2,11% de las int ervenciones redujo las formas de agresión física. Un 1,05 % redujo las
formas de agresión socia l o relacional. Un 1,05% redujo las formas de agresión verbal,
como las am enazas. Un 1,05% redujo las fo rmas de victimización física y verbal y un
1,05% redujo las formas de victimización soci al o relacional, com o la e xclusión o la
manipulación. Un 1,05% redujo el acoso escolar de forma indirecta a través del desarr ollo
de conductas prosociales y un 1,05% través de la reducción de comportamientos
disruptivos en el centro educa tivo.
En ciberacoso, un 6,32% mostró una reducción de la cibervictimización y la
ciberagresión entre estudiantes de primaria. Un 5,2 6% de los estudios redujo el ciberacoso
de forma indirecta a través del conocimiento sobr e el ciberacoso y la mejora de segurida d
y uso responsable de Inter net y las redes sociales. Un 2,11% redujo solo la
cibervictimizac ión. Un 2,11% de los estudios mostró una reducción d e la pr evalenc i a de
ciberacoso y un 1,05% de los e studios mos tró una re ducción de la prevalencia e n
cibervíctimas y en ciberagre sores.
En función del género , un 2,11% de los estu dios de la evaluac ión de las
intervenciones sobre acoso escolar y ciberacoso most raron que los progr amas tenían
mejores resultados en cuanto al género . Un 1,05 % de los estudios mostró que las chicas
tenían una mayor reduc ción del nivel de victimizac ión de acoso escolar qu e los chicos y
288
un 1,05% indi có que los chicos tenían mejores efectos en la cibervictimización y la
ciberagresión que las chica s, pues reducían más el ciberacoso que estas.
En cuanto al curso, un 4 ,21% de los estudios sobre acoso escolar y ciberacoso
mostraron que los programas e intervenciones tenían buenos resultados en todos los
cursos, mientras que un 1,05% mostró que la victi mización de acoso escolar se redu cía
en mayor medida entre estudiantes de 3º a 5º de primaria que entre estudiantes de 2º de
primaria y menores.
En cambio, los resultados de las evaluaciones mostraron que un 7,38 % no
mostraron cambios significativos en la agresión de acoso escol ar, un 5,2 6% no mostró
cambios en la agresión y victimi zación de acoso escolar y un 3,16% no mostró cambios
en la victimización de acoso escolar. Un 2,11% n o mostró cambios en la mejora de las
estrategias de afr ontamiento. Un 1,05% no most ró cambios en la prevalencia de agresores
y víctim as agresoras. Un 1,05% no mostró cambios en la preva lencia de ciberacoso y el
nivel de cibervictimización. Un 1,05% no mostró cambios en la toma de conciencia del
acoso escolar y las normas de clase . Un 1,05% no mostró cambios en la mejora de la
interacc ión con adultos o la bús queda de apoyo en el profe sorado. Un 1,05% no mostró
cambios en las formas de agresión física o verbal y un 1,05% no mostró cambios en la
ciberagresión y la c ibervi ctimización entre las chicas.
5.3.Resultados del Estudio 3
En este aparta do, se detallan los resultados del segundo estudio empírico,
corre spondient es al tercer objetivo general de la presente Tesis Doctor al y referentes al
impacto del programa Asegúrate en la prevalencia, presencia y formas del acoso escolar
y el ciberacoso entre estudiantes de prima ria, i dentificando las diferencias según el
género, c urso y uso de r edes sociales.
5.3.1. Impacto del programa Asegúrate en acoso escolar y ciberacoso en Primaria
Los resultados relativos al Objetivo 3.a muestran que no existen diferencias
estadísticamente significativas en la preval encia de acoso escolar y el grupo de
participantes ( χ 2 (3, N =894) =7,58, p = ,056), siendo la prevalencia de acoso escolar
289
ligeramente superior entre el grupo cuasiexperimental que en el grupo de pa rticipantes en
control (Tabla 42).
Tabla 42. Diferencias en la prevalencia de acoso escolar entre los grupos de
participantes
Víctima
Agresor
Víctima
agresora
No
implicado
χ
p
N
%
N
%
N
%
N
%
Cuasiexperimental
116
24,9
19
4,1
39
8,4
292
62,7
7,58
,056
Control
95
22,2
12
2,8
21
4,9
300
70,1
Los resultados de la evaluación del programa en la prevalencia de acoso escolar
(Tabla 43 ) muestran que existe un cambio porc entual en l a pr evalencia de acoso escolar
entre los grupos cuasi experimental y control. El po rcentaje de estudiantes no invol ucrados
aumenta en ambos grupos, aunque este incremento es mayor e n el grupo
cuasiexperimental. Respecto a los roles de implicac ión, los estudiantes impl icados como
agresores se reduce n en el grupo cua siexperimental (48,78%) y se mantienen en un 2,8%
en el grupo control, mientras que los roles de víctima y víctima agresora decrecen en el
grupo cuasiexperimental (9,64% víctim a y 35,71% víctima agresora) y en el grupo control
(12,61% víctima y 42,86% víctima agresora), aunque en distinta medida.
Tabla 43. Impacto del programa en la prevalencia de acoso e scolar
Víctima
Agresor
Víctima
agresora
No implicado
N
%
N
%
N
%
N
%
Pre control
95
22,2
12
2,8
21
4,9
300
70,1
Post control
83
19,4
12
2,8
12
2,8
321
75
Cambio
-12,61
0
-42,86
6,99
Pre cuasiexperimental
116
24,9
19
4,1
39
8,4
292
62,7
Post cuasiexperimental
105
22,5
10
2,1
25
5,4
326
70
Cambio
-9,64
-48,78
-35,71
11,64
En cuanto a la presencia del acoso escolar , los resultados de l a prueba t de
Student para la iguald ad de medi as en muestra s independientes indi can que existen
diferencias estadísticamente significativas entre el grupo en victimización ( t (894)=2,01,
p =,045) y en agresión d e acoso escolar ( t (894)=2,37, p =,018). Los resultados hallados
muestran que el grupo cu asiexperimental p resentan medias más altas en vi ctimización y
en agre sión d e acoso escolar que el grupo control (Tabla 44).
290
Tabla 44. Diferencias en la presencia de la agresión y victimización de ac oso escolar
entre los grupos de participantes
Grupo
N
Media
Desviación
estándar
F
t
p
Victimización
Cuasiexperimental
466
,33
,47
16,18
2,01
,045
Control
428
,27
,45
Agresión
Cuasiexperimental
466
,12
,33
22,57
2,37
,018
Control
428
,08
,27
Atendiendo al im pacto del programa Asegúrate en la agresión y victimización de
acoso esc olar (Tabla 45), los resultados de ANOVA para medidas re petidas muestran que
no existen difere ncias estadísticamente significativas en victimización( F ( 1, 894) = 0,02, p =
,886, d ppc2 = ,010) ni en agresión de acoso escolar ( F (1, 894) = 2,03, p = ,155, d p pc2 = ,094) .
Concretamente, la agresión y la victimización se reducen en ambos grupos de
participantes, aunque el descenso se p roduce en mayor proporción entre l os estudiantes
del grupo cuasiexperimental.
Tabla 45. Impacto del programa en la presencia de acoso esc olar
Cuasi-experimental
Control
F
p
Tiempo
N
M (DT)
N
M (DT)
Victimización
Pre-test
466
0,33 (0,47)
428
0,27 (0,45)
0,02
,886
Post-test
466
0,28 (0,44)
428
0,22 (0,41)
Agresión
Pre-test
466
0,12 (0,33)
428
0,08 (0,27)
2,03
,155
Post-test
466
0,08 (0,26)
428
0,06 (0,23)
Los resultados muestran diferencias en las formas de victimización y ag resión
de acoso escolar . En vi ctimización, los resultados en victimización muestran que los
estudiantes del grupo cuasiexperime ntal están más implicados que los participante s en el
grupo control en las formas física, verbal y relacional, entre los que destacan
comportamientos como el robo o deter ioro de pertenencias ( p <,001), las palabr as
malsonantes ( p =,036), l as amenazas ( p <,001) y la difusión de rumores (p <,001). En
agresión, los participantes en el grupo cuasiexperimental están más implicados que los
del grupo control en la for ma física y v erbal, entre las que destacan co nductas como
golpes o patadas ( p = ,046) y las amenazas ( p <,001) (Tabla 46 ).
291
Tabla 46. Diferencias en la presencia de las formas de acoso escolar entre los grupos
de participantes
Grupo
N
Media
Desviación
estándar
F
p
Victimi zación
1.Alguie n me ha gol peado, me
ha pateado o me ha em pujad o
Control
427
,34
,632
8,250
,156
Cuasiexp.
466
,41
,793
2.Alguie n me ha ins ultado
Control
424
,87
1,107
,084
,151
Cuasiexp.
464
,98
1,179
3.Alguie n ha dicho pal abras
malsonant es sobre mí
Control
424
,55
,964
,708
,036
Cuasiexp.
459
,69
,991
4.Alguie n me ha am enazado
Control
425
,19
,575
43,091
,001
Cuasiexp.
465
,37
,758
5.Alguie n me ha r obado o r oto
mis cosa s
Control
275
,20
,444
50,367
,001
Cuasiexp.
465
,40
,737
6.He si do excluid o o ignorado
por otras per sonas
Control
423
,52
,956
,847
,502
Cuasiexp.
461
,57
,977
7.Alguie n ha difundi do rum ores
sobre mí
Control
420
,35
,672
17,918
,001
Cuasiexp.
459
,54
,844
Agresió n
8.He golpea do, patea do o
empujado a al guien
Control
421
,27
,576
10,885
,046
Cuasiexp.
462
,35
,678
9.He insul tado y he di cho
palabras m alsonantes a alguien
Control
424
,41
,657
6,358
,139
Cuasiexp.
463
,48
,781
10.He dicho a otras per sona s
palabras m alsonantes so bre
alguien
Control
423
,22
,481
12,706
,059
Cuasiexp.
461
,30
,611
11.He amena zado a alguien
Control
426
,05
,265
51,380
,001
Cuasiexp.
465
,15
,460
12.He roba do o estrop eado al go
de alguien
Control
427
,09
,341
1,680
,492
Cuasiexp.
465
,11
,361
13.He exclui do o ignor ado a
alguien
Control
426
,27
,579
1,624
,432
Cuasiexp.
464
,30
,617
14.He dif undido rum ores sobr e
alguien
Control
427
,17
,463
3,776
,310
Cuasiexp.
465
,21
,509
Los resultados de los análisis muestran que existen diferencias est adísticamente
significativas en las formas de victimización de acoso escolar , concretamente en la for ma
relacional, como la difusión de rumores ( F (1, 87 4) = 5,78, p = ,016, d ppc 2 = ,184). Los
resultados hallados muestran que el grupo cuasi experimental reduce la m edia en mayor
proporción que el grupo control. En ca mbio, no existen difere ncias en las formas de
agresión (Tabla 47).
292
Tabla 47. Impacto del programa en las formas de acoso escolar
Cuasi-
experimental
Control
F
p
Tiempo
N
M (DT)
N
M (DT)
Victimizac ión
1.Alguien me ha
golpeado, me ha
pateado o m e ha
empujado
Pre-test
466
0,41 (0,79)
427
0,34 (0,63)
0,70
,791
Post-test
466
0,45 (0,78)
427
0,36 (0,77)
2.Alguien me ha
insultado
Pre-test
461
0,97 (1,18)
422
0,86 (1,11)
0,30
,584
Post-test
461
0,94 (1,14)
422
0,79 (1,02)
3.Alguien ha dicho
palabras malsonantes
sobre mí
Pre-test
453
0,68 (0,99)
420
0,55 (0,96)
1,68
,195
Post-test
453
0,56 (0,90)
420
0,53 (0,89)
4.Alguien me ha
amenazado
Pre-test
463
0,37 (0,76)
423
0,19 (0,58)
2,78
,096
Post-test
463
0,29 (0,62)
423
0,18 (0,50)
5.Alguien me ha
robado o roto mis
cosas
Pre-test
464
0,40 (0,73)
274
0,20 (0,45)
1,87
,172
Post-test
464
0,34 (0,71)
274
0,22 (0,46)
6.He sido exc luido o
ignorado por otras
personas
Pre-test
460
0,57 (0,98)
421
0,52 (0,96)
0,09
,926
Post-test
460
0,48 (0,85)
421
0,44 (0,91)
7.Alguien ha
difundido rumores
sobre mí
Pre-test
456
0,53 (0,83)
418
0,35 (0,67)
5,78
,016
Post-test
456
0,34 (0,65)
418
0,30 (0,69)
Agresión
8.He golpeado,
pateado o empujado a
alguien
Pre-test
452
0,35 (0,68)
416
0,26 (0,55)
0,33
,567
Post-test
452
0,33 (0,65)
416
0,21 (0,53)
9.He insultado y he
dicho palabras
malsonantes a alguien
Pre-test
461
0,47 (0,76)
421
0,41 (0,66)
1,10
,295
Post-test
461
0,38 (0,66)
421
0,28 (0,55)
10.He dicho a otras
personas palabras
malsonantes sobre
alguien
Pre-test
452
0,29 (0,59)
421
0,22 (0,48)
1,94
,164
Post-test
452
0,19 (0,43)
421
0,18 (0,47)
11.He amenazado a
alguien
Pre-test
463
0,14 (0,42)
425
0,05 (0,26)
2,86
,091
Post-test
463
0,08 (0,31)
425
0,04 (0,24)
12.He robado o
estropeado algo de
alguien
Pre-test
461
0,10 (0,31)
427
0,09 (0,34)
0,01
,915
Post-test
461
0,08 (0,30)
427
0,07 (0,26)
13.He excluido o
ignorado a alguie n
Pre-test
461
0,30 (0,59)
424
0,27 (0,58)
1,83
,177
Post-test
461
0,23 (0,55)
424
0,14 (0,38)
14.He difundido
rumores sobre alguien
Pre-test
460
0,20 (0,47)
427
0,17 (0,46)
0,21
,647
Post-test
460
0,14 (0,42)
427
0,10 (0,35)
293
En c uanto al ciberacos o, los resultados sobre la prevalencia de ciberacoso
muestran que existen difere ncias estadísticamente significativas en cuanto al grupo de
participación ( χ 2 (3, N =8 94) =18,62, p <,001). Dicha prevalencia ha mostrado ser menor
entre los participantes en control (5,1%: 3,3% cib ervíctimas, 0,9% c iberagresores y 0,9%
cibervíctimas agresoras) que entre los pa rticipantes en el grupo cuasiexperimental
(13,5%: 9,7% cibervícti mas, 1,7% ciberagresores y 2,1% ciberví ctimas a gresoras), que
muestran que las cib ervíctimas son el rol significativamente más representad o (Tabla 48).
Tabla 48. Diferencias en la prevalencia de ciberacoso entre los grupos de participantes
Ciber-
víctima
Ciber-
agresor
Ciber-
víctima
agresora
No
implicado
χ
p
N
%
N
%
N
%
N
%
Cuasiexperimental
45
9,7
8
1,7
10
2,1
403
86,5
18,62
,001
Control
14
3,3
4
0,9
4
0,9
406
94,9
Los análisis, basados en el impacto del p rograma en la p revalencia en tre los
grupos, muestran que existe un cambio porcentual en la prev alencia de ciberacoso entre
los grupos (Tabla 49). Los resultados muestran que el grupo cu asiexperimental aumenta
el número de estudiantes no implicados, mientras que el grupo contr ol disminuye
ligeramente. R especto a los roles de implicación, el grupo cuasiexperimental reduce el
número de cibervíctimas y ciberagresores (44,33% cibervíctima y 35,29% c iberagresor),
que aumentan en el grupo control (12,12% cibervíctimas y 55,56% ciberagresor). Sin
embargo, el doble rol disminuye en ambos grupos (77,78% control y 38,10%
cuasiexperimental) a unq ue en distinta medida.
Tabla 49. Impacto del programa Asegúrate en la prevalencia de ciberacoso
Cibervíctima
Ciberagre sor
Cibervíctima
agresora
No implicado
N
%
N
%
N
%
N
%
Pre control
14
3.3
4
0.9
4
0.9
406
94.9
Post control
16
3.7
6
1.4
1
0.2
405
94.6
Cambio
12,12
55,56
-77,78
-0,32
Pre
cuasiexperimental
45
9.7
8
1.7
10
2.1
403
86.5
Post
cuasiexperimental
25
5.4
5
1.1
6
1.3
430
92.3
Cambio
-44,33
-35,29
-38,10
6,71
300
cuasiexperimental y control, aunque el d escenso que se produc e es mayor en el grupo
cuasiexperimental que e n el control.
Tabla 57. Impacto del programa en la presenc ia d e acoso esc olar entre los chicos
Cuasi-experimental
Control
F
p
Tiempo
N
M (DT)
N
M (DT)
Victimización
Pre-test
233
0,39 (0,49)
224
0,33 (0,47)
0,00
,971
Post-test
233
0,32 (0,47)
224
0,26 (0,43)
Agresión
Pre-test
233
0,18 (0,39)
224
0,12 (0,33)
2,23
,136
Post-test
233
0,11 (0,31)
224
0,09 (0,29)
Los resultados de los análisis muestran que existen diferencias est adísticamente
significativas en el impacto del programa en la s formas de vict imización de acoso
escolar según el género , aunque no en las mismas formas y conductas. En cambio, no
existen difere ncias e n las formas de agresión de acoso escolar entre las chic as ni entre los
chicos.
Entre las chicas, existen difere n cias en la f orma d e victimización re l acionada con
la difusión de rumores ( F (1, 428) = 4,12, p = ,043, d ppc2 = ,214). Estos resultados muestran
que la difusión de rumores desciende entre las chicas en los grupos cuasiexperimental y
control, aunque el descenso que se produ ce es mayor en el g rupo cuasiexperimental que
en el control (Tabla 58).
301
Tabla 58. Impacto del programa en las formas de acoso escolar entre las chicas
Cuasi-
experimental
Control
F
p
Tiempo
N
M (DT)
N
M (DT)
Victimizac ión
1.Alguien me ha
golpeado, me ha
pateado o m e ha
empujado
Pre-test
233
0,27 (0,64)
203
0,19 (0,42)
0,18
,676
Post-test
233
0,31 (0,59)
203
0,20 (0,60)
2.Alguien me ha
insultado
Pre-test
232
0,83 (1,08)
199
0,68 (0,95)
0,09
,761
Post-test
232
0,77 (1,01)
199
0,65 (0,90)
3.Alguien ha dicho
palabras malsonantes
sobre mí
Pre-test
230
0,73 (1,06)
200
0,60 (0,94)
1,26
,263
Post-test
230
0,54 (0,86)
200
0,53 (0,88)
4.Alguien me ha
amenazado
Pre-test
233
0,25 (0,66)
201
0,18 (0,60)
0,09
,767
Post-test
233
0,19 (0,58)
201
0,14 (0,41)
5.Alguien me ha
robado o roto mis
cosas
Pre-test
231
0,42 (0,72)
124
0,19 (0,40)
0,54
,462
Post-test
231
0,31 (0,70)
124
0,14 (0,37)
6.He sido exc luido o
ignorado por otras
personas
Pre-test
230
0,59 (1,02)
201
0,48 (0,87)
1,24
,265
Post-test
230
0,42 (0,74)
201
0,41 (0,80)
7.Alguien ha
difundido rumores
sobre mí
Pre-test
230
0,54 (0,79)
198
0,31 (0,58)
4,12
,043
Post-test
230
0,34 (0,64)
198
0,26 (0,62)
Agresión
8.He golpeado,
pateado o empujado a
alguien
Pre-test
225
0,18 (0,48)
198
0,11 (0,31)
1,78
,183
Post-test
225
0,22 (0,49)
198
0,09 (0,29)
9.He insultado y he
dicho palabras
malsonantes a alguien
Pre-test
232
0,37 (0,65)
200
0,33 (0,60)
0,76
,385
Post-test
232
0,29 (0,49)
200
0,20 (0,45)
10.He dicho a otras
personas palabras
malsonantes sobre
alguien
Pre-test
229
0,28 (0,59)
199
0,24 (0,46)
1,21
,273
Post-test
229
0,15 (0,37)
199
0,17 (0,46)
11.He amenazado a
alguien
Pre-test
233
0,06 (0,28)
203
0,03 (0,18)
0,07
,791
Post-test
233
0,04 (0,21)
203
0,02 (0,16)
12.He robado o
estropeado algo de
alguien
Pre-test
233
0,06 (0,26)
203
0,06 (0,32)
0,39
,535
Post-test
233
0,04 (0,20)
203
0,03 (0,17)
13.He excluido o
ignorado a alguie n
Pre-test
233
0,28 (0,57)
202
0,21 (0,44)
0,02
,892
Post-test
233
0,21 (0,53)
202
0,12 (0,33)
14.He difundido
rumores sobre alguien
Pre-test
232
0,20 (0,50)
203
0,16 (0,37)
0,62
,431
Post-test
232
0,11 (0,33)
203
0,10 (0,30)
302
Entre los chicos, existen difere n cias en la forma de victimización re lacionada con
el uso de palabras malsonantes ( F (1, 4 43) = 4,24, p = ,040, d ppc2 = ,084). Los resultados
muestran que el uso de palabras malsonantes se reduce entre los chicos de l grupo
cuasiexperimental mientras que aumenta entre los chicos del grupo control (Tabla 59).
Tabla 59. Impacto del programa en las formas de acoso escolar entre los chicos
Cuasi-
experimental
Control
F
p
Tiempo
N
M (DT)
N
M (DT)
Victimizac ión
1.Alguien me ha
golpeado, me ha
pateado o m e ha
empujado
Pre-test
233
0,55 (0,90)
224
0,48 (0,75)
0,01
,972
Post-test
233
0,58 (0,92)
224
0,51 (0,87)
2.Alguien me ha
insultado
Pre-test
229
1,12 (1,25)
223
1,03 (1,21)
0,92
,338
Post-test
229
1,11 (1,20)
223
0,91 (1,11)
3.Alguien ha dicho
palabras malsonantes
sobre mí
Pre-test
223
0,64 (0,91)
220
0,51 (0,99)
4,24
,040
Post-test
223
0,58 (0,93)
220
0,53 (0,90)
4.Alguien me ha
amenazado
Pre-test
230
0,50 (0,84)
222
0,21 (0,56)
2,78
,096
Post-test
230
0,38 (0,65)
222
0,23 (0,56)
5.Alguien me ha
robado o roto mis
cosas
Pre-test
233
0,37 (0,73)
150
0,21 (0,48)
1,08
,300
Post-test
233
0,36 (0,71)
150
0,28 (0,52)
6.He sido exc luido o
ignorado por otras
personas
Pre-test
230
0,55 (0,94)
220
0,57 (1,03)
0,88
,348
Post-test
230
0,54 (0,94)
220
0,47 (1,00)
7.Alguien ha
difundido rumores
sobre mí
Pre-test
226
0,52 (0,87)
220
0,39 (0,75)
2,00
,158
Post-test
226
0,34 (0,66)
220
0,33 (0,74)
Agresión
8.He golpeado,
pateado o empujado a
alguien
Pre-test
227
0,52 (0,80)
218
0,40 (0,67)
0,02
,896
Post-test
227
0,43 (0,76)
218
0,32 (0,66)
9.He insultado y he
dicho palabras
malsonantes a alguien
Pre-test
229
0,57 (0,85)
221
0,48 (0,73)
0,39
,531
Post-test
229
0,48 (0,79)
221
0,34 (0,62)
10.He dicho a otras
personas palabras
malsonantes sobre
alguien
Pre-test
223
0,30 (0,59)
222
0,21 (0,50)
0,68
,410
Post-test
223
0,23 (0,48)
222
0,19 (0,47)
11.He amenazado a
alguien
Pre-test
230
0,22 (0,52)
222
0,07 (0,32)
3,47
,063
Post-test
230
0,13 (0,37)
222
0,05 (0,30)
12.He robado o
estropeado algo de
alguien
Pre-test
228
0,14 (0,36)
224
0,12 (0,36)
0,25
,618
Post-test
228
0,11 (0,37)
224
0,11 (0,31)
13.He excluido o
ignorado a alguie n
Pre-test
228
0,31 (0,62)
222
0,32 (0,68)
2,44
,119
Post-test
228
0,25 (0,57)
222
0,16 (0,42)
14.He difundido
rumores sobre alguien
Pre-test
228
0,19 (0,45)
224
0,19 (0,54)
1,21
,272
Post-test
228
0,17 (0,49)
224
0,10 (0,39)
303
En ciberacoso, l os r esultados de la evaluación del programa muestr an qu e existe
un cambio porcentual en la prevalencia d e cib eracoso entre el pretest y el postest entre
los grupos cuasiexperimental y control entr e las chicas y entre los chicos . Entre las
chicas (Tabla 60), el número de estudiantes no implicadas en ciberacoso aumenta en
ambos grupos, aunque el aumento es mayo r en el grupo cuasiexperimental. Respecto a
los roles de implicación, las cibervíctimas y los ciberagresores se reducen en el grupo
cuasiexperimental (50% cibervíctima y 76,47% ciberagresor) y en el control (25%
cibervíctimas y 66,67% ciberagresor), aunque el d escenso en la prevalencia de ciberacoso
en ambos roles fue mayor en el grupo cuasi experimental. S in embargo, el doble rol
disminuye un 100% en el grupo de control y se mantiene en un 1,3% en el grupo
cuasiexperimental.
Tabla 60. Impacto del programa en la prevalencia de c iberacoso en las chicas
Cibervíctima
Ciberagre sor
Cibervíctima
agresora
No implicado
N
%
N
%
N
%
N
%
Pre control
4
2
3
1,5
2
1
195
95,6
Post control
3
1,5
1
0,5
0
0
200
98
Cambio
-25
-66,67
-100
2,51
Pre
cuasiexperimental
20
8,6
4
1,7
3
1,3
206
88,4
Post
cuasiexperimental
10
4,3
1
0,4
3
1,3
219
94
Cambio
-50
-76,47
0
6,33
Entre los chicos (Tabla 61 ), los resultados muestran que el número de estudiantes
no involucra dos aumenta en e l grupo cuasiexperimental y disminuye en el grupo control.
Respecto a los roles de i mplicación, los chicos implicados como c ibervíctimas reducen l a
prevalencia de ciberacos o en el grupo cuasi experimental (40,19%) y aumentan en el
grupo control (28,89%). En el rol de cibe ragresor, los chicos del grupo cuasi experimental
se mantienen en un 1,7 % mientras que los chi cos del grupo control aumentan su
prevalencia en un 450 %. S in embargo, el porcent aje de estudiantes implicados en el rol
de cibervíctimas agresores desciende en ambos grupos (56,67% cuasiexperimental y
55,56% control), a unq ue esta reducción es ligeramente superior en el grupo
cuasiexperimental.
304
Tabla 61. Impacto del programa en la prevalencia de c iberacoso en los chicos
Cibervíctima
Ciberagre sor
Cibervíctima
agresora
No implicado
N
%
N
%
N
%
N
%
Pre control
10
4,5
1
0,4
2
0,9
211
94,2
Post control
13
5,8
5
2,2
1
0,4
205
91,5
Cambio
28,89
450
-55,56
-2,87
Pre
cuasiexperimental
25
10,7
4
1,7
7
3
197
84,5
Post
cuasiexperimental
15
6,4
4
1,7
3
1,3
211
90,6
Cambio
-40,19
0
-56,67
7,22
En cuanto a la presencia del ciberacoso según el género , los análisis sobre el
impacto del programa en ciberacoso mu estran que existen difer encias en la
cibervictimizac ión entre los chicos, pero no entre las chicas. En c ambio, los resultados
sobre ciberagresión no muestran cambios entre las chicas ni entre los ch icos.
Entre las chica s, los resultados muestran que no existen cambios significativos en
la cibervictimización ( F (1 , 437) = 1,16, p = ,283, d ppc2 = ,114). Estos resultados muestran
que la cibervictimiza ción se r educe entr e las chicas de los grupos cuasiexp erimental y
control, aunque el descenso que se produ ce es mayor en el g rupo cuasiexperimental que
en el control. En cibera gresión, los resultados muestran que no existen cambios
significativos entre las chicas ( F (1, 437) = 0,14, p = ,704 , d ppc2 = ,041). Los resultados
muestran que la cibera gr esión se reduce entre las chicas de los grupos cuasiexperimental
y control, aunque e n disti nta medida (Tabla 62).
Tabla 62. Impacto del programa en la presenc ia d e ciberac oso entre las chicas
Cuasi-
experimental
Control
F
p
Tiempo
N
M (DT)
N
M (DT)
Cibervictimización
Pre-test
233
0,10 (0,30)
204
0,03 (0,17)
1,16
,283
Post-test
233
0,06 (0,23)
204
0,01 (0,12)
Ciberagre sión
Pre-test
233
0,03 (0,17)
204
0,02 (0,16)
0,14
,704
Post-test
233
0,02 (0,13)
204
0,00 (0,07)
305
Entre los chicos ( Tabla 63), los re sultados muestran que existen diferencias
significativas en la cibervictimizac ión ( F (1, 4 57) = 6,32, p = ,012, d ppc2 = ,235). Los
resultados muestran que la cibervictimización s e reduce entr e los chicos del grupo
cuasiexperimental mientras que aumenta entre los chicos del grupo control. En
ciberagresión, los resultados muestran que no exi sten cambios signi ficativos entre los
chicos ( F (1, 457) = 2,32, p = ,128, d ppc2 = ,178). Los resultados muestran que la ciberagresión
se reduce entr e los chicos del grupo cuasiexperimental y aumenta entre los chicos del
grupo control.
Tabla 63. Impacto del programa en la presencia de ciberac oso entre los chicos
Cuasi-
experimental
Control
F
p
Tiempo
N
M (DT)
N
M (DT)
Cibervictimización
Pre-test
233
0,14 (0,34)
224
0,05 (0,23)
6,32
,012
Post-test
233
0,08 (0,27)
224
0,06 (0,24)
Ciberagre sión
Pre-test
233
0,05 (0,21)
224
0,01 (0,12)
2,32
,128
Post-test
233
0,03 (0,17)
224
0,03 (0,16)
En función de las formas de cibervictimización y ciber agresión según el
género , los resultados muestran que existen dif erencias en el impacto del programa en
las mismas formas y conductas de ciber victimizac ión entre los chicos y ent re las chicas.
En cambio, los resultados muestran qu e existen diferencias en el impa cto del progr ama
en las formas de ciberagresión entre los chicos, pe ro no entre las chicas.
Entre las chicas, los resultados muestran que existen diferencias en la forma de
cibervictimizac ión relacionada con la exclusión ( F (1, 422) = 6,77, p = ,010, d ppc2 = ,291).
Estos resultados muestran que la exclusión desciende entre las chic as del grupo
cuasiexperimental mientras que aumenta entre l as chicas de l grupo control ( Tabla 64).
[Document text truncated for crawler view.]