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Comunicología del sur. Hacia una nueva geopolítica del conocimiento

Sierra Caballero, Francisco

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8 | issn 1696-2079 Comunicología del Sur Hacia una nueva geopolítica del conocimiento doi: 10.15213/redes.n10.p8 francisco sierra caballero Tratar de repensar la construcción del campo comunicacional desde el punto de vista de la ruptura que, en cierto modo, introduce la tecnología y el desafío epistemológico del necesario diálogo interdisciplinario en un escenario abiertamente de crisis, de debilidad del pensamiento crítico y, sin embargo, no obstante, de emergencia de un ser y pensar Otro, se antoja, en nuestro tiempo, un problema hartamente complejo, difícil de acometer en un momento de transición y crisis de paradigmas, a la vez que crucial para las derivas del campo. Conscientes de la necesidad de asunción de la ambivalencia y el potencial de las lógicas sociales que se vislumbran a corto y medio plazo en el horizonte cognitivo, donde, como diría Luckács, se observa la emergencia de una nueva conciencia posible, hoy, sin embargo, resulta claramente factible definir otra geopolítica del pensamiento a partir de nuevos procesos y luchas que han germinado en el subcontinente latinoamericano, dando lugar a nuevas ideas, no suficientemente sistematizadas en nuestro campo científico, pero que sin embargo demandan, cuando menos, una reflexión histórica, pues dan cuenta de nuevos locus o experiencias de intervención social que, en parte, pueden aportar líneas de desarrollo para la constitución de un nuevo pensamiento comunicológico. El alcance de las transformaciones en curso y la complejidad constitutiva de la crisis civilizatoria que vivimos cuestionan, de hecho, las bases del pensamiento comunicacional contemporáneo y el estatuto de la Academia, apuntando la necesidad de nuevas lógicas conceptuales y otros estilos de investigación con los que representar y cambiar el mundo, alterando de raíz las históricas relaciones establecidas en la modernidad entre cultura, economía y democracia. Las fracturas e incertidumbres que acompañan al cambio epocal que vivimos representan, sin duda alguna, una oportunidad de desarrollo para la construcción de otra comunicación posible, considerando la apertura de espacios y procesos para repensarnos y dar voz a culturas, minorías, y actores sociales excluidos, sometidos históricamente a la condición de periferia y los márgenes de la subalternidad. redes.com no 10 | 9 redes.com conmemora su décimo aniversario haciendo un estado de la cuestión que nos ayude a describir y repensar tales asuntos centrales vislumbrando las direcciones futuras de la Comunicología Latina a partir de las nuevas matrices de reproducción social que no son otras que las propias del Capitalismo Cognitivo, un nuevo régimen de información y conocimiento basado en redes comunicacionales formales e informales, por las que pueden ser generadas, ordenadas y transferidas informaciones por distintos nodos y actores-red, a través de muchos y diversos medios, canales y organizaciones, de acuerdo a ciertas reglas combinatorias y dispositivos de captura y dominio estructurado del orden de la representación. De tal suerte que, hoy por hoy, el trabajo cultural, o la mediación, constituye una actividad doblemente productiva, abierta y creativa, que produce la mercancía o bienes simbólicos con destino al consumo o servicios de alto valor y la reproducción o montaje, en palabras de Marcuse, del consumidor o sujeto postfordista (el inconsciente ideológico). De acuerdo con Dallas Smythe, la naturaleza intermediada y subjetiva de la producción cultural limita en esta frontera el proceso de subsunción del trabajo creativo, y lógicamente del conocimiento. En este escenario, es común la dominancia de una gestión del saber que reedita las formas neopositivistas y fisicalistas de la información en la procura de invarianzas y efectos previsibles (para su captura) a fin de controlar la lógica de flujos proliferantes, las mediaciones y prácticas creativas del nuevo sujeto emergente. La colonización de los campos autónomos de información y conocimiento es claramente observable, como analiza el profesor García Gutiérrez, en la racionalidad y dominio de la mediación que la Documentación, la ciencia que, como dijera Ronald Day, es a la cultura lo que la máquina a la industria, implementa para la captura de la memoria, de las potencialidades y demandas sociales, ordena la economía política del archivo, con el registro e inscripción, con todo su aparataje técnico, el proceso abierto e intersubjetivo de intercambio. “La Ciencia de la Información constituida en los espacios de promoción y competitividad del desarrollo científico y tecnológico, se orientaría hacia la elaboración de modelos, instrumentos y procedimientos de evaluación que contribuyeran a la optimización de sistemas y servicios de información” (González de Gómez en Bolaño, 2012: 134). En este sentido, el problema del copyright, es fundamentalmente de estructura económica, en primer lugar, y de conocimiento o colonización de la experiencia, en segundo término. En este ámbito podemos distinguir en la Comunicología y las Ciencias Sociales, lógicas geopolíticas diferenciadas entre el modelo angloamericano de Academia dominante y el sistema latino, que tiende a 10 | issn 1696-2079 proteger la creación de obras creativas “mientras que el copyright extiende la protección a copiar (v.g., impresiones, fono y videogramas) y emisiones radiales o de otro tipo. Es decir, para el sistema latino no hace falta que la obra tome forma material mientras que el sistema anglo-americano sí lo requiere. Además, el sistema anglo-americano no reconoce derechos morales como el de decidir sobre la divulgación de la obra, el del reconocimiento de autoría, el del mantenimiento de la integridad de la obra, y el del arrepentimiento de publicación y la retirada de circulación” (Miller/Yúdice en Bolaño, 2012: 186). Ahora bien, pese a tales diferencias, el modelo o patrón angloamericano se impone por cooptación. La “nueva división internacional del trabajo/producción cultural ya no se organiza territorialmente en centros de comando y control en el norte, sino que los holdings operan globalmente, con sus centros de comando y control distribuidos localmente, pues las grandes empresas de los países en vías de desarrollo vienen a formar parte de ellos” (Miller/Yúdice en Bolaño, 2012: 190). De ahí que la lucha de la Academia contra el copyright es el espacio de encuentro y resistencia de la Economía Política y los Estudios Culturales contra las formas neocoloniales de Saber y Conocer la Comunicación que hoy por hoy debe, en la lucha epistemológica, dirimir la Escuela Latinoamericana de Comunicación. De acuerdo con Yúdice y Miller (en Bolaño, 2012: 185), “los textos culturales son (hoy) artículos de consumo, la clave de cuyo atractivo reside en sus significados. Por consiguiente, el análisis socioeconómico es un aliado natural de los análisis de representación en su pretensión explicativa de la cultura. Sin embargo, una determinada tendencia de ambas partes ha sostenido que son mutuamente excluyentes a partir de una perspectiva que se ocupa de las estructuras de la economía y otra de las estructuras del significado”. Si el campo académico regional aspira a validar sus formas de saber y de práctica teórica, la apuesta por una economía social del conocimiento resulta, a todas luces, indisociable de la lucha por el código, del antagonismo con los sistemas de indicadores, clasificación, captura y validez del régimen angloamericano de ordenamiento de la ciencia y la tecnología. Al tiempo que es preciso cuestionarse qué presencia actual tiene la Academia Latina en los movimientos de democratización de los códigos culturales y los sistemas de comunicación, en los procesos de cambio social que experimentan los países de la región. Necesitamos nuevos diseños institucionales para acompañar las prácticas tecnopolíticas de la población y su presencia en los movimientos sociales clásicos y de nuevo cuño. El 15m, el #Yosoy132, la Revolución Pingüina, el #occupywallstreet, la Geraçao á Rasca y la Primavera Árabe representan f. sierra caballero redes.com no 10 | 11 nuevos modelos de acción colectiva y comunicación pública. Desarrollan dinámicas colectivas y en red, que podrían contrarrestar los monopolios y la consiguiente degradación de nuestras esferas públicas. Pero también se enfrentan (y pueden sucumbir) ante las lógicas del capital y la monitorización estatal. Este contexto demanda una labor crítica y propositiva por parte de la academia, que, además, debiera ligarse a los actores que despliegan mayor autonomía comunicativa y agencia política. Así, la Universidad podría también reclamarse como actor político de pleno derecho en los procesos de cambio en curso. Pensar el estado del arte de la Comunicología y las condiciones formales de la práctica de investigación y formalización académica procurando aportar nuevo conocimiento científico en la frontera del saber de las ciencias sociales y las humanidades significa, en definitiva, volver a las preguntas epistemológicas fundamentales, evitando, como criticara Marx, la lógica del escamoteo. A saber: ¿Cuál es la presencia de la Academia en la regulación de los medios y en los procesos de cambio social que experimenta Latinoamérica, la Península Ibérica y otras regiones del mundo? ¿ Asistimos a procesos destituyentes de los sistemas político-mediáticos hasta ahora vigentes? ¿Cómo son estas nuevas dinámicas instituyentes de una esfera pública digital en ciernes? ¿Se perfilan nuevas políticas públicas antagónicas? La respuesta, claro está, no puede ser univoca. En la región desconectada, es perceptible la desigualdad. Diferimos en el peso institucional y en la implicación social de las Facultades de Comunicación y Periodismo. Pero, desde el punto de vista del análisis institucional, si abordamos la cuestión esencial en juego, las experiencias divergentes de nuestras academias resultan en esencia similares, en la medida que apuntan la necesidad de impugnar el régimen de subalternidad del saber-poder que se impone desde el Norte en forma de rankings de universidades, normas de evaluación, plataformas digitales, monopolios de bases de datos y sistemas de validación oligopólicos de distribución del conocimiento en las revistas científicas. Visto el estado de dominio del sistema cognitivo del sur es pues el momento de reformular el punto de partida u observación. Si bien la hibridación social fue casi siempre negada en el plano conceptual de la práctica teórica como una desviación de la norma, hoy, en la era del Capitalismo Cognitivo, la ruptura con el eurocentrismo y el imaginario investigativo occidental es la condición para el desarrollo autónomo del campo científico regional. Ello exige, a diferencia de otras épocas, reformular las bases epistémicas de la Comunicología en virtud de un proyecto histórico transmoderno, transoccidental, dialógico y articulado en, por, desde y para el Sur, comunicología del sur. hacia una nueva geopolítica del conocimiento 12 | issn 1696-2079 atendiendo la singularidad creativa de sus culturas originarias. Ciertamente, la apuesta por formas diferentes de ver el mundo, de interpretar e intervenir en él, constituye una tradición epistémica propia del pensamiento latinoamericano desde su génesis, construyendo nuevas bases y estilos de conocer y representar el universo a partir de formas comunitarias inspiradas en la filosofía de la liberación y la cultura de la resistencia que hoy, a fuerza, deberían ser enriquecidas además por la emergencia reciente de los movimientos indígenas en una nueva lógica de compromiso intelectual. La Escuela Crítica Latinoamericana demuestra con su emergencia y potencia crítica deconstructiva que “un pensamiento de fronteras, márgenes (que es donde mejor se ve la gramática del poder); está en las rutas, plazas, pueblos, marchas con las poblaciones y también en los foros, las cumbres, las jornadas de discusión, en las asambleas constituyentes en todos estos vertiginosos años” (De Sousa Santos, 2010b: 5) que cuestionaron la hegemonía angloamericana. Así, con el movimiento Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación (nomic) y posteriormente la defensa del Informe McBride, América Latina viene liderando hasta hoy un debate sobre el acceso a la información y la democratización de la comunicación pública como componente fundamental de los Derechos Humanos. A pesar de que el espíritu del informe está impregnado de la denuncia sobre las desigualdades en el acceso a la información, el monopolio de la producción de información y el refuerzo de la identidad cultural como parte de la dignidad humana, el debate previo liderado por investigadores de la Escuela Latinoamericana contribuyó a un despliegue teórico donde el reconocimiento de las estructuras microsociales y de las subjetividades, que sugiere la relación comunicación-cultura, comenzó a prevalecer sobre el análisis funcional y las lecturas neopositivistas de la joven Teoría de la Comunicación (Sierra, 2010). Al tiempo que desde centros como ilet, ciespal, o publicaciones de referencia como Comunicación y Cultura se afirma la pertinencia y necesidad de defender una filosofía de la cooperación Sur-Sur basada en la comunicación como bien social al servicio del desarrollo comunitario. Como consecuencia, y fruto del debate abanderado por la Escuela Latinoamericana de Comunicación (elacom), la región asistiría al emergente marco de la teoría de la dependencia de políticas públicas, en países como México, para el acceso a los medios de comunicación de las comunidades indígenas, legitimando un saber-hacer que, como advirtiera Luis Ramiro Beltrán, constituye un elemento distintivo original de la Comunicología Latinoamericana, a saber: la dimensión praxiológica. En línea con esta cultura de la praxis, los investigadores latinoamericanos en comunicación tienen ahora el reto f. sierra caballero redes.com no 10 | 13 de luchar contra la injusticia cognitiva, generando nuevas gramáticas de pensamiento mediante el fortalecimiento de redes transfronterizas de producción de conocimiento y prácticas mancomunadas para la circulación desde y entre el sur. La propuesta apunta al establecimiento de redes distintas a las establecidas desde las jerarquías indicadas entre el norte y el sur, entre lo global y lo local, entre la abstracción de lo universal y la realidad concreta y específica. La emergencia de una nueva teoría crítica de la mediación pasa en América Latina por hacer visibles los nuevos mecanismos de producción de las diferencias en tiempos de globalización. Y ello implica la descolonización del campo académico, desmarcándose de “toda una serie de categorías binarias con las que trabajaron en el pasado las teorías de la dependencia y las filosofías de la liberación […] entendiendo que ya no es posible conceptualizar las nuevas configuraciones del poder con ayuda de ese instrumental teórico” (Lander, 2001: 177). Se trataría, en fin, parafraseando a Martín Barbero, de definir nuevos mapas y cartografías culturales problematizando la Comunicación Intercultural y las luchas indígenas como analizador histórico de la Economía Política del Conocimiento, de la propia lógica de la hegemonía del pensamiento comunicacional modernizador que coloniza hoy por hoy las agendas, sistemas y políticas científicas de nuestros países desde el canon científico-técnico occidental como pensamiento o razón unívoca. Y ello en virtud de una nueva ecología y una visión transversal y contextualizada que apunta la potencia del paradigma amerindio como matriz más acorde con nuestra transmodernidad. Si, en palabras de Dussel, la transmodernidad es aquello que se sitúa más allá y también antes de las estructuras valoradas por la cultura moderna europeo-norteamericana y que apunta hacia un “diálogo transversal intercultural que parte de esta hipótesis” (Lander, 2001: 64), la necesaria ruptura que proponemos con una Epistemología del Sur en Comunicación pasa por acometer, en consecuencia, cuatro frentes culturales: a. Los criterios de relevancia y pertinencia científica en Comunicología. b. La agenda de estudios. c. El reconocimiento de las voces indígenas. d. Los criterios de evaluación e interpretación cultural. comunicología del sur. hacia una nueva geopolítica del conocimiento 14 | issn 1696-2079 Las transformaciones contemporáneas de la globalización y el nuevo espíritu del Capitalismo Cognitivo sitúan el campo estratégico de lucha epistemológica en la comunicación como un espacio en disputa dada la centralidad del trabajo inmaterial y la práctica científica. En este horizonte, la tradición comunicacional de América Latina puede cumplir un papel estratégico siempre y cuando se asuma la necesidad de un nuevo decentramiento que rompa con la tradición modernizadora heredera de la influencia occidental y en parte presente en la teoría de la dependencia y la propia elacom, a fin de reinterpretar, a partir de los debates poscoloniales, el sentido de una Epistemología del Sur para la Comunicología regional, reinstituyendo una agenda y mirada renovada de la práctica teórica local. El desfase entre el pensamiento y la política cultural, entre las luchas por la representación y la emancipación de los pueblos indígenas, y la investigación en comunicación constata en este punto la pertinencia de avanzar en una línea de experimentación y trabajo teórico al respecto que sólo ha de resolverse con mayor reflexividad, retomando la potencia crítica de la elacom, como demuestra la genealogía de las luchas y la creatividad de la epistemología híbrida que ha distinguido en su origen al pensamiento crítico latinoamericano. En este sentido, un primer reto para avanzar una Epistemología de la Comunicología del Sur pasa, en primer lugar, por lograr el fortalecimiento de la investigación y de la comunidad de investigadores en América Latina desde la emancipación intelectual, en el sentido propuesto por Jacques Rancière, a saber, “la emancipación como reapropiación de una relación consigo mismo perdida en un proceso de separación… Eso es lo que significa la palabra emancipación: la alteración de la frontera entre los que actúan y los que miran, entre individuos y miembros de un cuerpo colectivo… Una comunidad emancipada es una comunidad de narradores y de traductores” (2010: 21-27). Y una ciencia ingeniosa es un saber insurgente que captura lo común, es la realidad vivencial desde una estrategia de descentramiento crítica contra las grandes narraciones sobre el cambio social. Esto es, de acuerdo con Homi Bhabha, significa definir una política científica de empoderamiento propio, de autoreconocimiento, que revise los preceptos dominantes de la westernización de la teoría comunicacional. Ello requiere, al menos, tres condiciones de partida en la práctica científica: a. Construir formas institucionales más fuertes, coherentes y supranacionales, articulando redes de investigación potentes y transversales que contribuyan al fortalecimiento del campo autóctono. Necesitamos una primavera académica contra la f. sierra caballero redes.com no 10 | 15 privatización y monopolios privados del conocimiento que la globalización impone en el Capitalismo Cognitivo en forma de teoría y práctica o estilo de investigación angloamericano o eurooccidental que, de facto, cercena los saberes locales condicionando las prácticas científicas autónomas y comunitarias en la región. La Confederación Iberoamericana de Asociaciones Académicas de Comunicación (confibercom) representa en este sentido la voluntad de una nueva institucionalidad creativa, flexible, polivalente, rizomática y liberadora, que trata de sumar y garantizar convergencias a la hora de tratar de construir un futuro para nuestro pensar en común. Pero también el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (clacso), la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (alaic), la Facultad Latinaomericana de Ciencias Sociales (flacso), el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (clad), la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ulepicc) y otros espacios de construcción de pensamiento crítico en la región. En esta línea, si el capitalismo y las políticas de ciencia y tecnología separan, externalizan y disuelven las comunidades científicas que nos identifican, el reto es, justamente, tratar de religar, juntar, unir, conectar, compartir y reconstruir lo procomún latino para un pensamiento renovado, poscolonial y divergente, un pensamiento, en fin, de la disidencia y la diferencia reconocida y potencialmente emancipadora. Sólo así podremos acometer los retos de una Comunicología renovada y, lo que es más importante, sólo bajo esta condición tendremos la legitimidad que necesitamos atendiendo las demandas y necesidades de desarrollo de los pueblos y multitudes que, indirectamente, nos interpelan porque no nos conocen ni nos esperan. b. Favorecer la reflexividad científica y la metainvestigación para definir agendas, cuestionar el campo y permitir una mayor capacidad de autoobservación. El metaanálisis y la teorización siguen siendo pobres, notoriamente insuficientes, y hoy, con las políticas de I+D, crecientemente marginales, por el imperio absoluto de indicadores y sistemas de evaluación orientados tan pragmáticamente, que lo urgente y necesario es desplazado por una miope visión de conjunto. Así, justo cuando comunicología del sur. hacia una nueva geopolítica del conocimiento 16 | issn 1696-2079 más precisamos complejizar nuestra práctica científica y ganar potencia reflexiva para alterar el locus del campo, se observa una notoria carencia de perspectiva estratégica y producción epistémica en esta dirección. Nombres indispensables como Raúl Fuentes han liderado esta voluntad de observación del campo o, más recientemente, la iniciativa, también en México, de Hacia una Comunicología Posible, pero son locales e insuficientes en su alcance, desde el punto de vista de la idea de historia conectada y de campo común. Por ello, si hemos de evitar la propia disolución, vía consumo mercantil, de toda práctica científica por inoperancia o falta de efectividad, la discusión de las agendas, la arqueología del saber-poder comunicacional en los marcos nacionales tanto como los estudios comparados constituyen prioridades en la conformación de un programa fuerte y articulado supranacionalmente en instituciones como alaic y confibercom, para dotar de sentido y hacer política científica que fortalezcan el campo ante las nuevas transformaciones visibles y transversales que recorren el ámbito científico y práctico de la mediación. c. Fomentar la naturaleza aplicada, productiva y creadora del campo de la comunicación. Si la cultura digital es la intelectualización de todo trabajo como actividad creativa y representa la socialización del poder de producción simbólica, parece contraproducente no explorar esta dimensión, convirtiendo la Universidad, en verdaderos laboratorios multimedia o medialabs, que, permeando la práctica científica, procuren contribuir, por medio de metodologías de investigación colaborativa, una estrecha participación con los usuarios para producir y generar nuevos contenidos, valores y servicios. Ello exige refundar el modelo de Universidad del Siglo xxi, como apunta Boaventura De Sousa Santos, en su crítica del papel de la educación superior. Una Comunicología de, para, en y desde el Sur implica un modelo de reproducción del conocimiento basado en el reconocimiento, la ecología de saberes, la justicia cognitiva global y una cultura académica anticolonial, anticapitalista y democrática de la producción del saber sobre la Comunicación en línea con muchas de las experiencias que están liderando los pueblos amerindios f. sierra caballero