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La familia ante la llegada de los hijos

Hidalgo García, María Victoria; Menéndez Ávarez-Dardet, Susana

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FAM 24 (2001) 23-42 La familia ante la llegada de los hijos' Victoria Hidalgo Universidad de Sevilla Susana IVIenéndez Universidad de Huelva ^ 1. El proceso de convertirse en padres La experiencia de convertirse en padres en el seno de la familia es un hecho habitual en la vida de los adultos. A pesar del progresivo descenso de la natalidad que se ha producido en los últimos años, y del retraso en la edad a la que se tienen los hijos, las estadísticas nacionales e internacionales siguen poniendo de relieve que la mayoría de los hombres y las mujeres afrontan en algún momento de su vida la experiencia de convertirse en padres. Pero no por ser habitual es intrascendente: hay pocos acontecimientos a lo largo de la vida que sean tan significativos e impactantes para una persona y para una familia como el nacimiento de un hijo o una hija. De hecho, los estudios sociológicos ponen de manifiesto que el hecho de convertirse en padres es considerado por la mayoría de los adultos como una de las experiencias más relevantes y cruciales de su vida. El impacto que potencialmente tienen la maternidad y la paternidad sobre la propia trayectoria de vida, jimto con el hecho de tratarse de un acontecimiento experimentado por la mayoría de las personas, hacen que desde la Psicología se aborde y se estudie el proceso de convertirse en madre y padre como una de las transicio1 La investigación que se describe en este artículo fue realizada en el marco de un convenio entre el Servicio Andaluz de Salud de la Junta de Andalucía y el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla. 2 Dirección de las autoras: M. Victoria Hidalgo ([email protected]): Dpto. de Psicología Evolutiva y de la Educación. Universidad de Sevilla. Avda. San Francisco Javier, s/n. 41005 Sevilla. Susana Menéndez ([email protected]): Dpto. de Psicología. Universidad de Huelva. Avda. de las Fuerzas Armadas, s/n. 21007 Huelva. 23 Universidad Pontificia de Salamanca nes normativas más importantes que mujeres y hombres afrontan a lo largo de su ciclo vital. La transición a la maternidad y la paternidad se inicia cuando una pareja recibe la noticia de que van a convertirse en padres. A partir de este momento comienza un período de duración variable, que conlleva cambios que afectan a distintos ámbitos, y que suponen, sobre todo, la adaptación a una situación que plantea importantes demandas y requiere la adopción de nuevos roles. Hombre y mujer se van a convertir en padre y madre, con las alteraciones del comportamiento, hábitos de vida, conocimientos y sentimientos que implica la nueva situación para cada uno de ellos. Algunos de estos cambios son más transitorios y otros tendrán efectos más permanentes; en todo caso, se considera que la transición termina cuando estos cambios se estabilizan y se alcanza un nuevo equilibrio tanto en el plano personal como en el familiar Aunque existen importantes diferencias entre unas familias y otras en el tiempo que tardan en adaptarse a la nueva situación, hay un cierto acuerdo en situar el final de esta transición en torno a los dos años después del nacimiento del bebé. Los primeros estudios sobre la transición a la paternidad se remontan a la década de 1950 y, con frecuencia, aportaron descripciones muy distintas de este período de la vida familiar. Así, mientras que algunos autores caracterizaron la transición a la paternidad y la maternidad como una auténtica «crisis», como una de las situaciones más difíciles que tiene que afrontar la familia, en otros casos se consideraba que la llegada de un hijo o una hija representaba —especialmente para la mujer— un paso positivo en el proceso de realización personal, y una etapa más en el ciclo de vida familiar. El debate, a veces extremista y poco fundamentado, respecto a si la transición a la maternidad y la paternidad debe considerarse como una auténtica crisis o como una etapa más del ciclo familiar, ha dejado paso a descripciones más ajustadas sobre esta transición. Así, aunque los resultados de los estudios longitudinales más recientes, procedentes de la psicología evolutiva, no apoyan la idea de que el hecho de convertirse en madre y padre tenga que representar una crisis inevitable para la pareja, hay un importante consenso en no menospreciar la relevancia de este proceso. Las tareas relacionadas con el cuidado y la crianza de un bebé, los posibles cambios en las relaciones conyugales, la necesidad de compatibilizar distintos roles, los cambios de hábitos, las restricciones a la libertad personal, las repercusiones sobre la actividad profesional o los costes económicos son algunos de los aspectos que pueden resultar problemáticos, y que ayudan a entender el acceso a la paternidad como una transición muy compleja y potencialmente estresante para los nuevos padres (Cowan y Cov^an, 2000). En cualquier caso, si es cierto que la llegada de un bebé requiere una profunda adaptación a 24 Universidad Pontificia de Salamanca una nueva situación (no siempre fácil) con importantes cambios a nivel individual y familiar, no es menos cierto que la maternidad y la paternidad conllevan indudables satisfacciones y efectos positivos tanto a nivel personal como social. Los lazos emocionales que se crean como consecuencia del cuidado y el contacto íntimo y directo con el bebé, los sentimientos de desarrollo y realización personal, el sentido de cohesión familiar y el valor social que siguen teniendo los hijos, continúan siendo razones argumentadas por los adultos para decidirse a afrontar con ilusión la compleja tarea de convertirse en padres (Brooks, 1996). La complejidad del proceso de convertirse en padres reside, en gran medida, en que sus efectos se dejan sentir a distintos niveles. En primer lugar, se trata de un acontecimiento que plantea muchas exigencias y supone importantes cambios a nivel personal, es decir, para la mujer y para el hombre que se convierten en madre y padre. En segundo lugar, el proceso de convertirse en padres también afecta a nivel familiar La familia es un sistema social integrado por personas con sus respectivos roles y relaciones interdependientes; cualquier modificación de este sistema, y más si es de la importancia del nacimiento de un hijo, impacta sobre cada miembro individualmente y sobre el sistema como tal. En este sentido, el acceso a la paternidad se experimenta tanto en el ámbito personal como en el familiar; de hecho, la pareja y la familia como sistema tienen que afrontar la incorporación de un nuevo miembro, que triplica las relaciones diádicas que existían anteriormente (de la única diada hombre-mujer se pasa a tres: madre-padre, padre-hijo y madre-hijo), y que crea una relación triádica (madre-hijo-padre). Los procesos de cambio y adaptación, las nuevas exigencias y la redistribución de papeles y tareas que requiere la llegada de un bebé son, en este sentido, de una magnitud potencialmente considerable para el sistema familiar. Finalmente, las relaciones que la familia mantiene con el contexto social se verán también alteradas al verse incluidas en la cadena de cambios, redeñniciones y adaptaciones que implica la aventura de la paternidad, por lo que la familia extensa, los amigos, las instituciones y los factores culturales presentes en el entorno social también deben ser tenidos en cuenta para comprender esta importante transición evolutiva. En suma, el proceso de convertirse en padre y madre constituye una importante transición tanto personal como familiar que, al igual que otras transiciones del ciclo familiar (la formación de la pareja o la llegada de los hijos a la adolescencia), representa un momento potencialmente propicio para que tengan lugar cambios importantes, cambios que pueden alterar tanto la conducta de las distintas personas que componen la familia, como las relaciones que existen entre ellas. Sin embargo, no debemos olvidar la considerable variabilidad que acompaña este complejo proceso, siendo difícil prejuzgar a priori cuáles serán las consecuencias de la experiencia 25 Universidad Pontificia de Salamanca de la paternidad para cada persona y para cada familia. En este sentido, a pesar de los muchos elementos comunes que permiten caracterizarla como una transición normativa, no representa un acontecimiento ni mucho menos uniforme para todas las personas; más bien al contrario, existe todo un conjunto de factores relacionados con la ecología del sistema familiar que tienen mucho que ver con la dirección que tome el proceso y con la forma en que se afronte y se resuelva esta transición por cada familia. Explorar y acercarnos a lo que significa convertirse en padre y madre en nuestro contexto social actual ha sido el objetivo principal de un amplio estudio longitudinal que hemos realizado en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla; trabajo que se enmarca en la línea de las investigaciones que abordan el proceso que hemos definido como transición a la paternidad (Belsky y Rovine, 1990; Cowan y Cowan, 1992, 2000; Hidalgo, 1998; LaRossa, 1986). Este trabajo se ha realizado en el marco de un Convenio firmado entre el Servicio Andaluz de Salud y nuestro grupo de investigación para la Cooperación en actividades de educación materno-infantil, y nos ha permitido estudiar, entre otras cosas, cómo más de 150 familias de nuestro entorno social más cercano afrontan la experiencia de la paternidad. En concreto, los resultados que presentamos en estas páginas corresponden al estudio de 95 parejas que participaron en un programa de educación de padres mientras esperaban el nacimiento de sus hijos. El seguimiento longitudinal de las familias abarcó desde el principio del embarazo de la mujer (fase del estudio que denominamos Tiempo 1, Ti) hasta el final del primer año de vida de los bebés (T2). A lo largo de este período se entrevistaron a los padres y madres en tres ocasiones con extensas entrevistas semiestructuradas elaboradas para cada ocasión: la Entrevista del Principio del Embarazo (EPE); la Entrevista del Final del Embarazo (EFE) y la Entrevista del Primer Año (EPA). Estas entrevistas incluían contenidos de muy distinto tipo: expectativas acerca de la paternidad y la maternidad, existencia de dudas, características de la relación entre los padres, fuentes de apoyo social, ... En definitiva, todos aquellos contenidos que nos permitían conocer los procesos y cambios que experimentaron hombres y mujeres al convertirse en padres, así como sus dificultades y sus necesidades de apoyo de cara al cuidado y educación de sus niños y niñas. 2. Procesos y cambios experimentados al convertirse en padres En las páginas anteriores hemos definido el proceso de convertirse en padres como una transición personal y familiar; corresponde ahora preguntarnos qué supone realmente este proceso para los nuevos padres y para su contexto familiar. Siguiendo la 26 Universidad Pontificia de Salamanca lógica expuesta en el apartado anterior, analizaremos en primer lugar algunas de las repercusiones de la maternidad y la paternidad a nivel personal, para pasar luego al ámbito de las relaciones entre los padres y a las relaciones de la familia con su entorno social. 2.1. Cambios individuales ligados a la maternidad y la paternidad Los estudios que han seguido a mujeres y hombres a lo largo de todo el proceso de convertirse en padres evidencian que tal proceso influye de forma sustancial en el desarrollo adulto, y que suele conllevar para los nuevos padres un amplio y diverso abanico de cambios, que incluye desde cambios físicos hasta modiñcaciones en los conocimientos y en los sentimientos (Belsky, Ward y Rovine, 1986; La Rossa y La Rossa, 1986; Levy-Shiff, 1994). De hecho, el impacto de la maternidad y la paternidad es importante tanto sobre el desarrollo socio-personal y emocional como sobre el desarrollo cognitivo de madres y padres. Así, en el ámbito del desarrollo socio-emocional es de destacar la formación de la relación de apego que establecen los padres con el bebé, relación que es única y diferente a otras relaciones afectivas que se establecen en la vida adulta. En el plano cognitivo, la transición a la paternidad también implica un momento propicio para la formación y reorganización de ideas, actitudes y conocimientos relativos al mundo de los niños, su desarrollo y educación (Hidalgo, 1999). Por lo demás, aspectos como la identidad, la adopción de roles de género y, sobre todo, los hábitos cotidianos se verán casi irremediablemente modiñcados tras el acceso a la paternidad (Belsky y Kelly, 1994; Michaels y Goldberg, 1989; Palkovitz y Sussman, 1988). De todos estos aspectos que son relevantes durante la transición a la paternidad, la temática de las ideas y los conocimientos acerca del embarazo, el parto y la crianza y educación de los niños constituye uno de los contenidos que en nuestro estudio exploramos en mayor profundidad en la entrevista que realizamos a los hombres y mujeres al principio del embarazo. En conjunto, los resultados que presentamos en la Tabla 1 nos muestran un cierto desconocimiento en algunos hombres y mujeres de la muestra respecto a los contenidos explorados. 27 Universidad Pontificia de Salamanca TABLA 1 CONOCIMIENTOS E IDEAS ACERCA DEL EMBARAZO, PARTO Y CRIANZA DE LOS NIÑOS CONOCIMIENTOS E IDEAS TI Alimentación de la madre en embarazo Uso de medicamentos durante embarazo Momento de acudir al hospital para el parto Cambio en el tipo de dieta Cambios de cantidad No debe cambiar No sabe No se deben usar, son peligrosos Pueden tomarse sin precauciones Matizaciones (depende del medicamento) Motivos reales y concretos Motivos o causas insuficientes No sabe Cuanto menos, mejor ¿Es importante coger Es bueno cogerlos con frecuencia al niño con frecuencia? Ni mucho ni poco Depende del niño o de la situación ¿Cómo se puede enseñar a controlar los esfínteres? ¿Cuál debe ser el papel del padre durante el primer año? Referencia a paciencia, constancia, etc... Dando explicaciones Utilizando ejemplos, modelos, etc. Procedimientos generales o ignorar No sabe Igual que la madre (incluye cuidados físicos) Animar a la madre, ayudarla Actividades específicas (no cuidados físicos) Actividades inespecíficas o generales 69,4 % 9,5 % 20,4 % 0,7 % 74,8 % 1,4 % 23,8 % 63,9 % 25,2 % 10,9 % 31,9 % 24,5 % 31,9 % 11,7 % 55,3 % 12,8 % 13,8 % 10,7 % 7,4 % 45,7 % 10,6 % 20,2 % 23,4 % Después de presentar estos resultados y conocedores de la enorme complejidad de este proceso, no debe sorprender que los datos de nuestro estudio revelaran, asimismo, que al inicio de la transición a la paternidad, especialmente si se afronta esta experiencia por primera vez, hombres y mujeres se sienten bastante inseguros, planteándose un buen número de dudas, incertidumbres y preocupaciones. No es extraño que surjan desde el principio del 28 Universidad Pontificia de Salamanca embarazo dudas y preocupaciones en los hombres y mujeres que se van a convertir en padres; desempeñar este nuevo papel requiere conocimientos y destrezas específicas (cómo calmar a un bebé cuando llora, qué hacer si tiene fiebre), asumir nuevas responsabilidades y redistribuir los papeles anteriores (¿cómo cuidar del bebé y continuar con la actividad laboral?). Ciertas dosis de inseguridad e inquietud ante esta situación, así como preocuparse por buscar y obtener conocimientos específicos sobre estos temas, parecen procesos totalmente comprensibles, por lo que puede entenderse que más del 55 % de las mujeres que entrevistamos al principio del embarazo se hubieran planteado algún tipo de duda acerca del nacimiento, la crianza y/o la educación de los niños. Sin embargo, más importante que el hecho de que los padres se planteen dudas o busquen conocimientos adecuados, nos parecen los resultados, recogidos en la Tabla 2, que revelan que hay un porcentaje importante de madres, en concreto el 27,6 %, que no llegan a resolver satisfactoriamente las dudas que se plantean. En el caso de las mujeres que sí consiguen resolver sus dudas, los familiares más cercanos así como las lecturas especializadas parecen ser las fuentes de apoyo más utilizadas por las madres de nuestro estudio. TABLA 2 RESOLUCIÓN DE LAS DUDAS AL PRINCIPIO DEL EMBARAZO RESOLUCIÓN DE DUDAS DE MADRES No puede o no sabe cómo resolverlas 27,6 % Las ha resuelto con marido/familiares 29,7 % Las ha resuelto con personal sanitario 10,6 % Las ha resuelto a través de lecturas especializadas 14,8 % Combinación de fuentes 17,3 % Al tiempo que hombres y mujeres van planteándose (y a veces resolviendo) diversas preguntas e interrogantes relativos a la maternidad y la paternidad, los futuros padres van fraguando todo un conjunto de expectativas acerca de lo que supone convertirse en padres, expectativas que, en ocasiones, se alejan bastante de la realidad. Tal y como hemos descrito anteriormente, el hecho de convertirse en padre o madre supone un momento del ciclo vital en el que se expe29 Universidad Pontificia de Salamanca rimentan importantes cambios y hay que afrontar todo un conjunto de nuevas y complejas tareas relacionadas con la crianza y educación de los hijos. En este sentido, parece lógico pensar que posiblemente una de las herramientas más valiosas para hacer frente a todo ello puede ser justamente una adecuada anticipación personal de estos cambios y necesidades. Así, si estas expectativas previas resultan acertadas, es decir, si más tarde se convierten en realidad, los nuevos padres pueden valerse en mayor o menor medida de las estrategias que hayan desarrollado para prepararse ante estos cambios. Por el contrario, si las expectativas no se corresponden con la realidad, la posible preparación previa a la llegada del bebé no resulta útil y, en paralelo, pueden aflorar sentimientos de insatisfacción como resultado de lo que Belsky (1985) denomina expectativas violadas. Cuando los estudios sobre transición a la paternidad exploran lo anterior, los resultados obtenidos tienden a avalar estas reflexiones. Así, tanto en el terreno de las relaciones conyugales (Belsky, 1985; Belsky, Ward y Rovine, 1986), como en el de la distribución de las tareas domésticas (MacDermid, Huston y McHale, 1990; Ruble, Fleming, Hackel y Stangor, 1988), los datos longitudinales ponen de manifiesto que el hecho de sostener durante el embarazo unas expectativas acerca de la posible influencia de la llegada del bebé que más tarde pueden no corresponderse e incluso llegar a ser contradictorias con lo que ocurre en realidad, suele promover cambios y vivencias negativas en esos ámbitos. En nuestro estudio, y teniendo en cuenta que las expectativas durante el embarazo han sido (como todos las dimensiones de índole cognitiva) relativamente poco explorados en la investigación sobre el proceso de transición a la paternidad, quisimos tomar en consideración la concordancia entre dichas expectativas y los cambios reales en diversos aspectos. Así, durante el Ti (principios del embarazo) indagamos cómo esperaban los futuros padres y madres que el bebé iba a influir en sus vidas, tanto en general como en cuestiones más específicas, concretamente en sus relaciones con la familia extensa y los amigos, en su autoconcepto, en la distribución de tareas domésticas, y en la relación conyugal. Posteriormente, en el T2, entrevistamos a los padres y madres acerca de los cambios que realmente habían experimentado durante esta transición. Los resultados obtenidos aparecen reflejados en la Tabla 3. Como en ella puede apreciarse, en la mayor parte de las dimensiones se observa una notable correspondencia entre los valores promedio obtenidos en cada fase, de forma que la existencia y la dirección de los cambios anticipados durante el embarazo parece, en una primera aproximación, corresponderse con lo que sucede una vez que el bebé ya ha nacido. No obstante, si en los análisis damos un paso más allá de la información descriptiva promedio, la dirección de los datos es bien distinta. Así, si nos interesamos por averiguar 30 Universidad Pontificia de Salamanca la mayor o menor relación entre las respuestas aportadas por cada sujeto en cada fase del estudio, es decir, si evaluamos el grado de correspondencia entre las expectativas sostenidas durante el embarazo y los cambios acaecidos tras el nacimiento del nuevo hijo/a (análisis que se recogen en la última columna de la tabla), sólo aparece una relación estadísticamente significativa en el caso de la influencia del bebé a nivel general o global en la vida (p = 03). Por el contrario, al tomar en consideración cada uno de los aspectos más específicos, en ninguno de ellos los resultados indican que exista una correspondencia significativa entre las expectativas previas y la influencia real de la llegada del bebé. Lo que estos datos indican es que los padres y madres de la muestra son capaces de anticipar el grado de influencia general que el nuevo hijo o hija va a tener en sus vidas (aquellos que esperan un cambio global tienden a experimentar dicho cambio, los que anticipan cambios en aspectos específicos también, y los que piensan que no va a haber cambios sustanciales tienden a continuar básicamente igual). No obstante, a la hora de predecir el posible impacto de la llegada del bebé en cuestiones específicas, los nuevos padres y madres no dan muestras de la misma pericia: al margen del contenido concreto de las expectativas mantenidas al principio del embarazo, estas expectativas, en general, no se corresponden con la realidad a la que se enfrentan estos padres y madres año y medio más tarde. TABLA 3 EXPECTATIVAS ACERCA DE LA INFLUENCIA DE LA LLEGADA DEL BEBÉ (TI) Y CAMBIOS REALES EXPERIMENTADOS (T2) (*P < ,05) INFLUENCIA DE LA LLEGADA DEL BEBÉ TI T2 SIG. Cambio global y general de la vida 57,8 % 56,8 % En general Cambio en aspectos específicos 23,1 % 36,9 % No hay cambios 19 % 6,3 % Relaciones Intensificación de la relación 30,5 % 30,5 % con la familia Mayor autonomía y menos relación 7 % 16,8 % extensa No cambian 62,5 % 52,6 % Cambio cuantitativo 16,4 % 42,1 % Relaciones (tiempo de contacto) con los Cambio cualitativo 9 % 14,7 % amigos (diferentes amigos) No hay cambios 74,6 % 43,2 % 31 Universidad Pontificia de Salamanca recibido en las actividades de educación de padres, el procedente del personal sanitario y de las lecturas especializadas (recursos que se integraban conjuntamente en el programa de educación de padres en el que estas familias participaban) recibían una valoración significativamente más alta que los otros recursos evaluados. TABLA 6 VALORACIÓN DE LAS DISTINTAS FUENTES DE RECURSOS FUENTES DE RECURSOS VALORACIÓN (1-5) Actividades de educación de padres 3,57 Personal sanitario 3,40 Familiares 3,31 Amigos 2,86 Lecturas especializadas 3,49 Cónyuge 4,44 3. Algunas conclusiones finales En conjunto, los resultados de nuestro estudio ponen de manifiesto que la tarea de ser padres es vivida por hombres y mujeres como una aventura tan atractiva como compleja. Mujeres y hombres experimentan procesos que implican cambios, redefiniciones de situaciones previas y, sobre todo, la necesidad de ajustarse a los nuevos roles de padre y madre. Si tuviéramos que hacer un balance de los aspectos positivos y negativos de la paternidad, tal como muestran otros estudios (Fawcett, 1988), la mayoría de los hombres y las mujeres de nuestro entorno encuentran más satisfacciones que problemas ligados a esta experiencia. Así, por encima de las preocupaciones, los cambios, las inseguridades, las nuevas tareas y exigencias, la totalidad de las madres y la gran mayoría de los padres se sintieron satisfechos con su paternidad. Aunque es justo comenzar reconociendo las satisfacciones asociadas al hecho de ser padres, también es cierto que la tarea de ser padres implica importantes dificultades y problemas. Sin lugar a dudas, acceder a la paternidad en nuestro contexto social actual se ha convertido en una tarea tan importante como compleja. Por un lado, la importancia otorgada a las prácticas educativas tempranas 38 Universidad Pontificia de Salamanca como motor esencial para el desarrollo infantil, confiere a los padres una gran responsabilidad, esperándose de ellos que tengan un desempeño competente de su paternidad, esto es, que sean capaces de promover un entorno de desarrollo adecuado y estimulante para sus hijos e hijas. Por otro lado, algunas de las transformaciones sociales de nuestra sociedad, tales como el alejamiento de muchos jóvenes padres de sus familias de origen, la falta de preparación de los jóvenes para la paternidad en el proceso natural de socialización y aprendizaje, y, en especial, la incorporación de la mujer al mundo laboral (tradicionalmente la encargada de forma exclusiva del cuidado de los niños pequeños), son ingredientes que hacen de la tarea de ser padres algo cada vez más complejo y difícil para muchas mujeres y hombres de nuestro entorno. Esta situación permite entender los resultados obtenidos en nuestro estudio que muestran que muchas de las familias actuales no cuentan con los recursos necesarios para afrontar la complicada tarea de la paternidad. Como señalábamos más arriba, esta falta de apoyo y recursos tiene mucho que ver con las transformaciones sociales de nuestra sociedad, ya que tanto los procesos de socialización como el acceso a la paternidad han experimentado cambios sustanciales vinculados a la evolución histórica y social. Durante mucho tiempo, hombres y mujeres se convertían en padres y madres —especialmente ellas— muy arropados por sus familias de origen (frecuentemente incluso en su propio seno), hecho que suponía una indudable fuente de apoyo y ayuda. Es cierto que, a diferencia de lo que ocurre en otras culturas, en nuestro entorno más inmediato siguen vigentes fuertes lazos de unión con las familias de origen durante las primeras etapas de la formación de la familia. Sin embargo, aun en los casos en los que la lejanía geográfica no constituye un problema, las parejas jóvenes parecen sentirse cada vez más alejadas de la generación anterior en los aspectos ideológicos que subyacen a la paternidad. Muchas veces se puede contar con los familiares más próximos, pero muchos nuevos padres no comparten o no confían en sus opiniones, que a menudo se tildan de tradicionales y desfasadas. No es sorprendente que, ante esta realidad, los resultados obtenidos en nuestro estudio mostraran que para muchos padres y madres de nuestro entorno, su participación en un programa de educación de padres representaba, tras la ayuda recibida del cónyuge, la mejor fuente de apoyo y ayuda de cara a afrontar la experiencia de la paternidad. Estos resultados asemejan la realidad de nuestro entorno a la de otros países industrializados en los que, desde hace ya mucho tiempo, se considera a distintas instituciones sociales como una de las fuentes principales de la que los nuevos padres reciben apoyo (Harkness, Super, Keefer, Raghavan y Campbell, 1996; Routh, Schroeder y Koocher, 1983; Wright, 1985). Parece evidente que esta situación social, donde observamos una importante desconfianza en la sabiduría popular y la búsqueda cons39 Universidad Pontificia de Salamanca tante de los «conocimientos científicos de los expertos», otorga gran valor a los programas de educación de padres. Si para muchos padres ya no les sirve lo que existe a su alrededor, cuando no confían en imos conocimientos tradicionales «en desuso», el apoyo formal se vuelve para ellos el recurso más preciado y valorado. De hecho, es una vía de ofrecer formalmente lo que tradicionalmente existía informalmente (Palacios, 1987). Nos parece importante resaltar, asimismo, que convertirse en padre o madre manteniendo muchas dudas y preguntas sin respuestas, supone no únicamente una falta de conocimientos adecuados, sino que conlleva indudables dosis de inseguridad ante la nueva situación que hay que afrontar y, en cierta manera, cuestionarse acerca de la propia competencia como padre o madre. En este sentido, cuando los padres encuentran fuentes de apoyo que les permiten resolver sus dudas y acceder a nuevos conocimientos, no sólo están obteniendo respuestas, sino que están ganando en confianza y en seguridad para afrontar más competentemente las exigencias que conlleva la paternidad. La comparación de los resultados obtenidos en este estudio con los obtenidos en otro estudios similar en el que las familias no participaban en programas de intervención, nos permite concluir que un efecto de la aplicación de programas de educación de padres es, precisamente, el incremento de las fuentes de apoyo y ayuda con las que hombres y mujeres cuentan al acceder a la paternidad. Parece claro, además, que el valor del apoyo formal recibido a través de programas de educación de padres puede ser doble: por un lado, aporta los conocimientos, las ideas y las respuestas que los nuevos padres buscan y necesitan; por otro, y esto nos parece fundamental, parece que es la única vía de poder volver a dotar a los padres de una seguridad y ima confianza en sus propias capacidades que parecen imprescindibles en el ejercicio competente de la paternidad. Sin duda, hombres y mujeres requieren distintos tipos de ayuda y apoyo para afrontar sus tareas como padres y madres. Los datos expuestos a los largo de estas páginas nos llevan a sostener que, en primer lugar, gran parte de este apoyo debe proceder del interior de la propia familia: el apoyo y la implicación del cónyuge, de la persona con la que se convive parece esencial para experimentar una transición a la paternidad y la maternidad exitosa (Menéndez e Hidalgo, 1998). En segundo lugar, otro tipo de ayudas deben proceder de políticas sociales que posibiliten, cada vez en mayor medida, la compatibilización de las actividades laborales con las de cuidado y educación de los niños y niñas. Finalmente, otro tipo importante de ayuda puede concretarse a través de programas de educación de padres bien diseñados, que funcionen adecuadamente y que cuenten con materiales especializados y adaptados a las necesidades de los padres. El objetivo fundamental de este tipo de apoyo social debe ser poner a disposición de mujeres y hombres aquellas fuentes de recursos que pueden facilitarles el proceso de convertirse en padres 40 Universidad Pontificia de Salamanca y, por tanto, contribuir a que puedan desenvolverse de forma más satisfactoria y competente en sus tareas como madres y padres. REFERENCIAS Belsky, J. 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