La estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en la Biblioteca Nacional de España
Abstract
En este trabajo se estudia la estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo que en 1918 se levantó en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional de España
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LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 LA ESTATUA DE MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA STATUE OF MARCELINO MENÉNDEZ Y PELAYO IN THE NATIONAL LIBRARY OF SPAIN joaquín Manuel álvarez cruz Universidad de Sevilla, España [email protected] En este trabajo se estudia la estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo que en 1918 se levantó en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional de España. Palabras clave: Escultura, Siglo XX, España, Biblioteca Nacional de España, Andalucía, Lorenzo Coullaut Valera, Marcelino Menéndez y Pelayo. This paper explores the statue of Marcelino Menéndez y Pelayo who, in 1918, stood in the lobby of the National Library of Spain. Key words: Sculpture,Twentieth Century,Spain, National Library of Spain, Andalusia,Lorenzo Coullaut Valera, Marcelino Menéndezy Pelayo. ANTECEDENTES El inesperado fallecimiento de Marcelino Menéndez y Pelayo, el 19 de mayo de 1912, a los 56 años de edad, conmocionó a la cultura y las letras hispanas. Como era costumbre en la época se le quiso erigir un monumento que le rindiera homenaje y le recordase para la posteridad. Concretamente se promovieron dos, uno en su ciudad natal, por iniciativa del Ayuntamiento de Santander, y otro en Madrid, el que nos ocupa, auspiciado por la Junta Central de Acción Católica, de la que el ilustre polígrafo fue miembro en representación de la diócesis de Sevilla. De inmediato se sumó a esta idea Francisco Rodríguez Marín, su amigo y sucesor en la dirección de la Biblioteca Nacional1. Él debió aconsejar, como el mejor lugar 1 “Los Reyes en la Biblioteca Nacional/ Homenaje a Menéndez y Pelayo”, en La Época, Madrid, 26-VI-1917, p. 2. La estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en la Biblioteca Nacional de España Joaquín Manuel Álvarez Cruz
Joaquín Manuel Álvarez Cruz316 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 para erigirlo, la escalinata de acceso a la Biblioteca Nacional.Allí, estaría junto a las estatuas de San Isidoro, Alfonso X, Nebrija, Luís Vives, Lope de Vega y Cervantes, y los tondos de Calderón de la Barca, Fray Luís de León, Juan de Mariana, Francisco de Quevedo, Garcilaso de la Vega, Diego Hurtado de Mendoza, Arias Montano, Teresa de Jesús, Tirso de Molina, Nicolás Antonio y Antonio Agustín. Y allí, bajo el triunfal frontón de Querol, donde España se mostraba como protectora de las artes, las ciencias y las letras, del genio y el estudio, y también de la paz, formaría parte del heroico parnaso de las letras y el saber hispanos que aquel espacio componía. Aceptada por unanimidad su propuesta, Francisco Rodríguez Marín allanó cuantos trámites administrativos estuvieron en su mano, aunque la Junta Central de Acción Católica, presidida por el marqués de Comillas, tampoco había de encontrar muchos obstáculos.Entre ellos, el principal fue obtener del Ministerio de Instrucción Pública el correspondiente permiso para poder colocar la estatua del polígrafo en el edificio del Paseo de Recoletos. La autorización llegó a finales del mes de julio de 1915 y en ella se señalaba para la misma, y de un modo bastante genérico, la escalinata del palacio de la Biblioteca Nacional2. Obtenido el permiso ministerial, y allegados los fondos entre los organismos dependientes de la Junta Central de Acción Católica, el paso siguiente fue la elección del proyecto para la estatua3. Sin que tengamos muchos detalles de su desarrollo, el escultor elegido fue Lorenzo Coullaut Valera (1876-1932), quien para aquellas fechas contaba en su haber con un más que reconocido prestigio: Premio Nacional de Escultura en 1906; Segunda Medalla en las Exposiciones Nacionales de 1906 y 1908; ganador en los respectivos concursos de adjudicación del monumento santanderino a José María de Pereda, en 1909, de los dos realizados por el Comité de la Exposición Hispanoamericana de Sevilla para la ejecución de las decoraciones escultóricas del Pabellón de Arte Antiguo, en 1912, y de las Victorias de la Plaza de América, en 1913; y autor de los monumentos a Curros Enríquez en Vigo (1911), a Gustavo Adolfo Bécquer en Sevilla (1911), a los Saineteros y a Ramón de Campoamor en Madrid (1913 y 1914) y a Emilia Pardo Bazán en La Coruña (1916); sin olvidar espléndidos mausoleos como el de los marqueses de Linares para la cripta del Hospital de Linares (1908), imágenes tan notables como el Cristo yacente de la Iglesia de San Francisco, en Santander (1913), así como numerosos retratos y bajorrelieves, algunos tan notables como el que le dio el triunfo en el concurso para la lápida conmemorativa del III Centenario de la Edición Príncipe de la Primera Parte de El Quijote, organizado por el 2 “La estatua de Menéndez y Pelayo”, en La Época, Madrid, 28-VII-1915, p. 2. “Noticias generales”, en La Correspondencia de España, Madrid, 29-VII-1915, p. 6. “Información política”, El Imparcial, Madrid, 29-VII-1915, p. 1. “Noticias varias”, en El Siglo Futuro, Madrid, 29-VII-1915, p. 3. 3 L. R. “Crónicas breves/ El maestro Menéndez y Pelayo”, en La Época, Madrid, 26- VI-1917, p. 3.
La estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en la Biblioteca Nacional de España 317 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 Ayuntamiento madrileño en 19054. Además era sobrino de don Juan Valera, el gran amigo de Menéndez y Pelayo, lo que le confería un especial conocimiento del personaje, pues desde su llegada a Madrid desde Sevilla en 1897 frecuentaba los círculos intelectuales y literarios de su tío, y por ende de Menéndez y Pelayo. Asimismo, en 1910, con motivo de la realización de la medalla homenaje conmemorativa del nombramiento de Menéndez y Pelayo como director de la Academia de la Historia, ya había demostrado su buen hacer al enfrentar plásticamente al santanderino. Y por si no fuera suficiente contaba con muy buenos contactos en las altas instancias de la Iglesia madrileña, desde que en 1905 fuera designado titular de la diócesis de Madrid-Alcalá su paisano el obispo José María Salvador y Barrera. Fruto de ellos fueron numerosos encargos para fundaciones y establecimientos católicos. Entre ellos, destacaron en Madrid los realizados para los marqueses de Vallejo en el Asilo de San Diego, en el Paseo del Cisne, y en el Asilo de Convalecientes, en la calle de Abascal; y en Linareslos efectuados para los marqueses de Linares en el Asilo y Hospital de San José y San Raimundo5. Como era su costumbre, Coullaut Valera presentó el boceto en escayola del trabajo encargado, en esta ocasión la estatua de Menéndez y Pelayo, que fue aprobado por la Junta Central de Acción Católica y que de un modo muy discreto se dio a conocer a la opinión pública a mediados de diciembre de 1916, señalando la crítica que “…si el parecido fuera la principal condición de una obra de tal género, quedaría hecho su mejor elogio”6. De inmediato, el escultor se puso a su labor y para finales de marzo de 1917 tuvo lo suficientemente adelantado el trabajo 4 RINCÓN LEZCANO, José:Historia de los monumentos de la Villa de Madrid. Madrid, Imprenta Municipal, 1909, pp. 83-85.SERRANO FATIGATI, Enrique:La escultura en Madrid desde el S. XVI hasta nuestros días. Madrid, Hauser y Menet, 1912, p. 389. PANTORBA, Bernardino de, Historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Madrid, Alcor, 1948, pp. 189, 196, 342. ÁLVAREZ CRUZ, Joaquín Manuel: “Monumento a Curros Enríquez”, en Boletín del Instituto de Estudios Vigueses, año VI, n º 6, Vigo, 2000, pp. 269-279; “El monumento a José María de Pereda en Santander”, en Altamira, n º LVIII, Vol. II, Santander, segundo semestre del 2001, pp. 253-292; “La escultura sevillana durante el primer tercio del siglo XX”, en AA. VV. Escultores sevillanos del siglo XX, Huelva, Fundación Caja Rural del Sur, 2008, pp. 13-92; “El monumento a Emilia Pardo Bazán en La Coruña”, en Boletín Museo e Instituto Camón Aznar, n º CIII, Zaragoza, 2009, pp. 7-36. 5 CASCALES MUÑOZ, José, Las Bellas Artes Plásticas en Sevilla. La pintura, la escultura y la cerámica artística desde el S. XIII hasta nuestros días, Toledo, 1929, tomo II, p. 69. “D. José-María Salvador y Barrera (1917-1919)”, en Archidiócesis de Valencia, http://www. archivalencia.org/contenido.php?pad=100&Modulo=67&epis=69 [09/10/2013 17:20 ] 6 “Estatua de Menéndez y Pelayo original del notable escultor Coullant Valera, destinada a la Biblioteca Nacional”, en La Lectura Dominical, año XXIII, nº 1.198, Madrid, 16-XII-1916, p. 1. “Notas de Arte/ Nuevos monumentos escultóricos”, en Hojas Selectas, I-1917, año XVI, nº 181, pp. 273 y 275.
Joaquín Manuel Álvarez Cruz318 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 como para que la Junta Central de Acción Católica comenzara a planificar la inauguración de la estatua7. De todas formas, su instalación en la Biblioteca Nacional, y la previa construcción del pedestal sobre el que se levantaría, no debieron estar concluidas hasta comienzos de junio de 1917. Al respecto habría que señalar que la ubicación definitiva de la estatua no fue, como estaba previsto, en la escalinata de acceso al edificio, sino en su interior, en el vestíbulo de su entrada principal, entre los dos tramos de arranque de su escalera monumental. De este modo, si bien perdía rango al no estar junto a las de San Isidoro y Alfonso X, ganaba en protagonismo y cercanía. Se convertía en el perpetuo y emblemático director de la Biblioteca Nacional, “…la casa donde vivió los más gloriosos y fecundos días de su existencia”; y desde su vestíbulo recibía, dando ejemplo de lector, erudito y sabio, a cuantos a ella se acercaban para consultar sus fondos8. La inauguración de la estatua tuvo lugar el martes 26 de junio de 1917, organizada por la Junta Central de Acción Católica y rodeada de las máximas solemnidades. Se celebró en el amplio salón de lectura de la Biblioteca Nacional, cuyos anaqueles se cubrieron al efecto con magníficos tapices, entre los que destacaban el de La Toma de la Goleta de la serie La Conquista de Túnez, propiedad de la Real Casa, y los de la serie del Quijote, obra de la Real Fábrica de Tapices. En el centro de la estancia se colocó la maqueta del monumento a Cervantes, original de Lorenzo Coullaut Valera y Rafael Martínez Zapatero, quienes habían ganado su adjudicación en concurso nacional fallado el año anterior; y al fondo de ella se situó un estrado para las autoridades. A la ceremonia asistió numeroso público y contó con una amplia representación del clero nacional y en especial del madrileño, siendo encabezada por el nuncio de Su Santidad, el arzobispo de Toledo y el recién nombrado arzobispo de Valencia, monseñor José María Salvador y Barrera quien había tomado posesión de su cargo el 23 de marzo próximo pasado. La presencia del mundo académico también fue muy abundante, sin que faltaran escritores y artistas, como Garnelo, Benlliure, Villegas o Mélida. Y la concurrencia de los Reyes atrajo a lo más granado de la aristocracia española. Comenzó el acto a las cinco y media de la tarde, con la llegada de S. M. Alfonso XIII, acompañado de las Reinas Victoria Eugenia y María Cristina y de los infantes. Los Soberanos fueron recibidos por el ministro de Instrucción Pública, el gobernador civil y el alcalde de Madrid, el director general de Seguridad, y una representación de la Junta Central de Acción Católica presidida por el marqués de Comilllas. Tras contemplar en el vestíbulo la estatua de Menéndez y Pelayo, de la que su autor, Lorenzo Coullaut Valera les explicó algunos detalles, pasaron al salón donde tomaron asiento y comenzó el acto.El turno de discursos lo inició Francisco Rodríguez Marín, el director de la Biblioteca Nacional, quien además 7 “Junta Central de Acción Católica”, en El Siglo Futuro, Madrid, 28-III-1917, p. 1. 8 L. R. “Crónicas breves/ El maestro Menéndez y Pelayo”, en La Época, Madrid, 26- VI-1917, p. 3.
La estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en la Biblioteca Nacional de España 319 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 ostentaba la representación de la Real Academia Española, pero que debido a su afonía, dio a leer su texto a Manuel Machado, ilustre poeta y oficial del Cuerpo de Archiveros. En el mismo se glosaba la figura de Menéndez y Pelayo como lector. El segundo en tomar la palabra fue el escritor colombiano José María Rivas Groot, académico correspondiente de la Real Academia Española, quien habló sobre Menéndez y Pelayo y la América española. El tercer discurso lo pronunció el director de la Real Academia de la Historia, el jesuita padre Fidel Fita y Colomer, quien trató el tema de la Historia como lección social. A continuación, Blanca de los Ríos de Lampérez discurrió sobre Menéndez y Pelayo como reedificador de la historia y la conciencia nacional. Seguidamente, el doctor Ortiz de la Torre, leyó las cuartillas enviadas por Enrique Menéndez y Pelayo, ausente por estar enfermo, en las que agradecía sincera y emotivamente aquel homenaje a su hermano. Concluyó la ceremonia con las palabras del ministro de Instrucción Pública, señor Andrade. La Banda Municipal de Madrid amenizó el acto con dos enfáticas piezas musicales, la Marcha solemne del maestro Villa y un aria de la Suite en re de Bach, interpretadas al comienzo y al comedio del mismo9. El último capítulo en la historia de esta estatua lo escribió Rosa Regàs, cuando tras acceder a la dirección de la Biblioteca Nacional resolvió su traslado fuera del edifico. Así, el ocho de marzo de 2006, y sin consultar con el Real Patronato de la Biblioteca Nacional, dio a conocer su intención de retirarla del vestíbulo y mandarla al jardín, aduciendo razones de accesibilidad a las instalaciones usadas por los investigadores. De inmediato se levantaron voces en contra desde diferentes instancias de la cultura y política nacional, y en especial de las cántabras. Para sofocarlas, y en busca de razones que fundamentaran su pretensión solicitó, a posteriori, los oportunos informes técnicos. Entre ellos uno al Instituto de Patrimonio Histórico, cuyos resultados se dieron a conocer el dos de octubre de 2006. En él se desaconsejaba taxativamente el traslado de la estatua al exterior del edificio, dada “la fragilidad de la piedra, llamada de ‘Novelda’, con que fue construida”; y más aún al Paseo de Recoletos, una de las áreas de mayor contaminación atmosférica de Madrid, cuyo efecto nocivo sobre las piedras calizas 9 “En la Biblioteca Nacional/ La estatua a Menéndez Pelayo”, en La Acción, Madrid, 25-VI-1917, p. 4. “Los Reyes en la Biblioteca Nacional/ Homenaje a Menéndez y Pelayo”, en La Época, Madrid, 26-VI-1917, p. 2. “Inauguración de una estatua/ Homenaje a Menéndez y Pelayo”, en ABC, Madrid, 27-VI-1917, p. 9. “La estatua de Menéndez y Pelayo/ El acto inaugural”, en La Correspondencia Militar, Madrid, 26-VI-1917, p. 2. “El homenaje de ayer/ Menéndez y Pelayo/ Los Monarcas y el pueblo honrando al sabio español”, en La Acción, Madrid, 27-VI-1917, p. 2. “Homenaje a un gran español/ La estatua de Menéndez y Pelayo”, en La Nación, Madrid, 27-VI-1917, p. 6. “En la Biblioteca Nacional/ En honor de Menéndez y Pelayo”, en El Siglo Futuro, Madrid, 27-VI-1917, p. 2. “Sección oficial y de noticias/ Inauguración de la estatua de Menéndez y Pelayo”, en Revista de Archivos, Exposiciones, Bibliotecas y Museos, III época, año XXXI, mayo-junio 1917, nº 5 y 6, pp. 464-65.
Joaquín Manuel Álvarez Cruz320 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 ya se había puesto de manifiesto en algunas de las esculturas que adornaban su jardín, como Sagunto de Querol o Los primeros fríos de Marinas, que a pesar de estar labradas en el menos poroso y más resistente mármol italiano fueron trasladadas, a finales de la década de 1990, junto a los fondos no expuestos del Museo del Prado, para así frenar su iniciado deterioro. De inmediato, el seis de octubre de 2006, la dirección de la Biblioteca Nacional comunicó su decisión de “desestimar” el anunciado traslado de la estatua de Marcelino Menéndez Pelayo al jardín exterior del recinto. Con ello y después de siete meses de polémica la cuestión quedó zanjada10. DESCRIPCIÓN Presidiendo el vestíbulo de la Biblioteca Nacional, la figura de don Marcelino se nos muestra sentada sobre un amplio sillón de estilo español, de los que en la época se denominaban de vaqueta, por el empleo de piel de vacuno para la realización de su asiento y respaldo, y que no eran otra cosa que una versión decimonónica e historicista del tradicional sillón frailero del Renacimiento. Viste a la moderna, camisa, corbata, chaleco, chaqueta pantalón, botines y capa española, aunque ésta más que cubrirle parece descolgarse de sus hombros para caer sobre el lado izquierdo del asiento y casi envolverlo. Se nos muestra con el aspecto que tenía en los últimos años de su etapa como director de la Biblioteca Nacional, en una madurez plena de serenidad y vigor intelectual. Aparece el ilustre polígrafo concentrado en la lectura de un libro, el cual sostiene con su mano izquierda, apoyada en el brazo del sillón. Ello marca una suave inclinación de su cabeza y torso hacia ese lado, reforzada por la elevación del hombro contrario, debida al apoyo que su brazo derecho realiza contra el respaldo y el brazo del sillón. Sus piernas están levemente cruzadas a la altura de los pies. Y ante ellos, sobre la peana de la estatua, a su derecha, se disponen, superpuestos, dos gruesos volúmenes, compañeros de los otros dos que situados entre las patas del sillón se apoyan sobre su chambrana trasera. El pedestal, siguiendo la concepción habitual, lo conforman el zócalo, la moldura de zócalo, el neto y la moldura de neto. Comenzando por el zócalo, digamos que es recorrido horizontalmente, a lo largo de todo perímetro por una acanaladura poco profunda y de sección angular. Por encima de él, encontramos la 10 “Regàs retira del vestíbulo de la Biblioteca Nacional la estatua de Menéndez y Pelayo”, en ABC, Madrid, 9-III-2006, p. 61. “El traslado de la estatua de Menéndez Pelayo conmemora el 150 aniversario del autor”, en ABC, Madrid, 9-III-2006, p. 51. “Patrimonio alerta contra el traslado de la estatua de Menéndez Pelayo al jardín de la Biblioteca Nacional”, en ABC, Madrid, 2-X-2006, p. 64. CALERO, J. G. y DEMICHELI T.: “Cultura y espectáculos/ Rosa Regás rectifica y no trasladará la estatua de Menéndez y Pelayo al Jardín de la Biblioteca Nacional”, en ABC, Madrid, 7-X-2006, p. 57.
La estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en la Biblioteca Nacional de España 321 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 moldura de zócalo, compuesta, a su vez, por una gruesa tenia y un acuerdo remetido. Sobre ella se levanta el neto, de gran sencillez. Sus caras se ofrecen cajeadas, mientras que a mitad de su altura se ve cinchado por un ancho listel enriquecido con decoración de hojas de laurel. Ocupando la total anchura de las cajas, cuelgan desde la moldura de plinto hasta algo más abajo de la laureada banda unas austeras cartelas, soportes de la epigrafía monumental, y cuya única decoración son unas severas guardamalletas adornadas con gotas dóricas. Remata el pedestal la correspondiente moldura de plinto, compuesta por un acuerdo remetido, un poderoso filete y otro, suavísimo, acuerdo remetido que se ajusta a la base de la estatua situada encima. En cuanto a las epigrafías del conjunto, las diferentes cartelas del pedestal muestran los siguientes textos: en la frontal, “MENENDEZ Y PELAYO / 1856 1912; en la posterior, LOS CATOLICOS ESPAÑOLES / POR INICIATIVA / DE LA / JUNTA CENTRAL / DE / ACCION CATOLICA”; en la del lado derecho, “DIRECTOR / DE LA / BIBLIOTECA NACIONAL”; y en la del lado izquierdo, “DIRECTOR / DE LA / REAL / ACADEMIA DE LA HISTORIA”. Por su parte, la firma del autor aparece en la parte más adelantada de la cara izquierda de la peana de la estatua, y dice: “LORENZO / COULLAUT / VALERA”. En relación con los materiales empleados en la labra de la estatua y su pedestal, la prensa contemporánea a la fecha de su inauguración señalaba que eran mármol blanco sin pulir para la figura del polígrafo, mármol gris pulimentado para el pedestal y jaspe para el zócalo. No obstante, el comentado estudio del Instituto de Patrimonio Histórico reveló que se trataban de calizas españolas procedentes de las canteras alicantinas de Novelda en diferentes variedades: blanca, gris y roja. Por lo que se refiere a las medidas de sus diferentes elementos: la estatua de Menéndez y Pelayo tiene 164 centímetros de alto, por 116 centímetros de ancho y 133 centímetros de fondo; y el pedestal, 144 centímetros de altura, por 135´5 centímetros de anchura y 151 centímetros de profundidad11. ANÁLISIS ICONOGRÁFICO Antes de analizar la iconografía de este conjunto conmemorativo sería necesario situar biográficamente la figura de Menéndez y Pelayo. Nacido en Santander el tres de noviembre de 1856, desde muy joven descolló por su gran memoria, precocidad e interés por las letras. Tras iniciar la Licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona (1871-1873), la continuó en la de Madrid (1873-74), y la concluyó en la de Valladolid en el año 1874. Después de doctorarse 11 “Los Reyes en la Biblioteca Nacional/ Homenaje a Menéndez y Pelayo”, en La Época, Madrid, 26-VI-1917, p. 2. “Homenaje a un gran español/ La estatua de Menéndez y Pelayo”, en La Nación, Madrid, 27-VI-1917, p. 6.
Joaquín Manuel Álvarez Cruz322 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 en el año 1876, fue becado por el Ayuntamiento y la Diputación de Santander, y más tarde por el Ministerio de Fomento, para ampliar su formación visitando las principales bibliotecas de Portugal, Italia, Francia, Bélgica y Holanda. En 1878, después de una brillante oposición, obtuvo la Cátedra de Literatura Española en la Universidad de Madrid, puesto que ocupó hasta su nombramiento en el 1898 como director de la Biblioteca Nacional, institución a la que supo dar el impulso necesario para que llegase a ser la principal de las bibliotecas españolas, parangonable por sus fondos y rigor científico de sus catálogos con las principales de Europa. Fue miembro de la Real Academia Española (1880), de la Real Academia de la Historia (1882), cuya dirección ocupó en 1910, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1889) y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1892). Además fue diputado a Cortes por el Partido Conservador de Cánovas del Castillo y senador por elección. Falleció el 19 de mayo de 1912, víctima de una grave afección hepática. Pero la importancia de Menéndez y Pelayo no reside en sus éxitos académicos, sino en sus aportaciones como crítico, historiador, bibliógrafo, filósofo y artista. Como intelectual riguroso, Menéndez y Pelayo concedió siempre enorme importancia al estudio de las fuentes, y más concretamente a las bibliográficas, ya que él fue, ente todo, un humanista. Testimonio de ello es su “Inventario de la Ciencia Española”, apéndice y fundamento documental de su libro La Ciencia Española, donde nos revela otra faceta de su genio, la filosófica. En ella, durante su juventud se mostró seguidor de la escuela escocesa, que pronto abandonaría al descubrir la importancia de la aportación filosófica hispana desde Gabirol y Llulio hasta Vitoria y Vives. A su reivindicación y difusión dedicó trabajos tan significativos como el citado o como su Historia de las ideas estéticas. No obstante, la columna vertebral de su obra la constituyen sus estudios sobre la literatura española, donde se nos ofrece como un crítico profundamente conocedor de la estética de cada época y como un historiador riguroso, tanto por el conocimiento de la literatura de cada período como del contexto cultural en el que ésta nace. Destaquemos en este ámbito su Historia de los heterodoxos españoles, su Historia de la poesía castellana de la Edad Media, su Tratado de los romances viejos o su Historia de la poesía hispanoamericana, entre otros numerosos estudios de la novela y el teatro ibéricos. Sin embargo, la aportación de Menéndez y Pelayo no es únicamente erudita y científica, sino que también se nos manifiesta como un notable artista, capaz de dar belleza a sus trabajos científicos o de desarrollar su propia producción poética en piezas como Epístola a Horacio o A mis amigos deSantander. Así pues, la figura de Menéndez y Pelayo se nos ofrece como la de un riguroso y erudito intelectual dedicado al estudio de la historia literaria y cultural de España, y ésta será, precisamente, la imagen que buscará transmitirnos Coullaut en este conjunto12. 12 HURTADO, Juan y GONZÁLEZ PALENCIA. Ángel:Historia de la Literatura Española, Saeta, Madrid, 1943, pp. 977-980. SÁNCHEZ REYES, Enrique:Biografía crítica
La estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en la Biblioteca Nacional de España 323 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 Para desarrollar la imagen de Menéndez y Pelayo, Coullaut Valera partió de las dos formulaciones paradigmáticas que de la misma habían llevado a cabo los pintores Joaquín Sorolla, en 1908, para la Hispanic Society of America, y José Moreno Carbonero, en 1912, para la Real Academia de la Historia; y también de su propia experiencia cuando realizó su retrato en el anverso de la medalla conmemorativa de su nombramiento como director de la Real Academia de la Historia, en 1910. No obstante, tanto en este caso como en el que nos ocupa, se apoyó en algunas de las excelentes fotografías que del polígrafo existían y eran de dominio público. En todas, lo mismo que en los cuadros y en la medalla, se le mostraba vestido, según la moda masculina de la época, con traje recto de salón, chaleco, camisa y corbata de pajarita; y en todos estos ejemplos estaba sentado, concretamente en el lienzo de Sorolla y en la fotografía firmada por Kaulak, que fue una de las últimas que se le hicieron, sobre un sillón de vaqueta. A partir de estas fuentes, y dado que la estatua del polígrafo se iba a situar en la escalinata de la Biblioteca Nacional, compartiendo espacio con las de San Isidoro y Alfonso X el Sabio, Coullaut Valera la concibe como un retrato sedente que muestre fielmente su fisonomía, pero también su personalidad a través de uno de los rasgos fundamentales de la misma: el de su gran amor por el estudio, evidenciado por una insaciable sed de lectura. Coullaut elige precisamente este aspecto para caracterizarle, porque explicaba su condición de sabio erudito, y más aún porque el marco de la estatua no iba a ser otro que la Biblioteca Nacional, una de los santuarios de libro hispano. Así nos lo presenta vestido con su usual atuendo, traje de salón recto y capa española, sentado en un decimonónico sillón frailero, de los conocidos como de vaqueta, leyendo atentamente un libro que sostiene en su mano izquierda13. Sin embargo, algunos elementos, como la capa o el sillón, superan la simple concesión anecdótica a la típica vestimenta invernal del polígrafo y a las modas historicistas triunfantes en el mobiliario de la época, para convertirse en atributos parlantes y subrayar otro rasgo de su personalidad o mejor dicho de su labor intelectual: la voluntad hispánica que siempre tuvo toda su producción crítica, histórica y literaria. De igual modo, los dos gruesos volúmenes colocados a sus pies y los otros dos que se esconden entre las patas del asiento, no son meros accesorios ambientales. Nos indican, desde su posición, que los libros son la base sobre las que se apoya la obra y el pensamiento de Menéndez y y documental de Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, C.S.I.C., 1974. passim. PEDRAZA JIMÉNEZ, Felipe B. y RODRÍGUEZ CÁCERES, Milagros:Manual de literatura española. VII. Época del Realismo, Tafalla, Cenlit, 1983, pp. 981-1000. GARCÍA LÓPEZ, José, Historia de la literatura española, Barcelona, Vincens Vives, 1985, pp. 583-587. GARCÍA DE LA CONCHA, Víctor:Historia de la literatura española, Espasa Calpe, Madrid, 1998, t., IX, pp. 872-876. 13 RODRÍGUEZ, Miguel Ángel: “A los amigos de la capa”, en ABC, Madrid, 9-II- 2004, p. 29.
Joaquín Manuel Álvarez Cruz330 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 Figura 2. Lorenzo Coullaut Valera junto a los Reyes durante el acto de inauguración de la estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en la Biblioteca Nacional de Madrid. Figura 3. La estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional.
La estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo en la Biblioteca Nacional de España 331 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 Figura 4. Estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo.
Joaquín Manuel Álvarez Cruz332 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 315-332, ISSN 1130-5762 Figura5. Estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo. Figura 6. Estatua de Marcelino Menéndez y Pelayo.