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Dialéctica de la exomemoria

García-Gutiérrez, Antonio

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I. ; ' LTURA, COMUNICACION Y DISCURSO . -& 5 4 .b .' - r6- ' Valle Rojas SaPtoll Luis Nitrihual Valdebenito Javier Mayorga Roj el Victor Silva Echeto h&qgj&d ~ ~ & Bile: . , Ediciom~s Universidad de La Frontera , ~. #+,.' . .. CAP~TULO 8 B~L&CTICA DE LA ZXOMENPQRXA. Antonio Garcia GuUemez I. Memorias dial6gic:icas: alternativas al uniiversalismo Nuestxo mundo fija uno de los piiares de su idenlidad en el recuerdo. Pero 10s recuerdos no existen per se sine que son generados y resemantizados constanfemente por el poder dominante en el anbit0 historico-espacial a1 que correspondan. Entre las nuevas estrategias hegembnicas operatbras en la red digital, de las cuales lugar e historizacibn resultan drreversiblemente trastornados, es posible elaborar contra-estrategias de participacibn "en red" para subvertir "la red" jerarquista mediante autonai~aciones e inlernarraciones del pasado amplian~ente compartidas desde bases ciudadano-populares. Y hacerlo con las mismas tecno-herramlentas creadas por las elites del poder para perpetuarse. Los modelos deiivados del paradigma hcional-tecnicisb vigente no sirven mas que para satisfacer una version del mundo. Y son estos los habituales en el "hemisferio epistemol~gico", es deck, en el de la razon instrumental modema que alcanza. su mayor regimen de revoluciones y exportaciones con el motor digital de Occidenie y a finales del siglo XX. Pero, precisanlenfe, de revolueiones debemos hablar como hnica via de rehabilitar y restituir ia memoria a sus legitimos productores y depositaries. RevoIuciOn de las memorias para dignificar el pasado de quienes ya no esth o de 10s que aiin no eswl. De estos .jltimos, justamente, no para hipotecar -como se ha hecho hasta nuestra generation - su derecho inalienable a contar la historia sLn.0, muy por el contraria. para garantizar que puedan hacerlo en un marco de libertades previamente establecido. Puesto que la epistemologia ya no es litil para ese empeAo, habremos de elaborar provocaciones -con la mejor intention sloterdqkianapara transgrediria. Con Muniz Sodre (20021, entenderemos, entonces, pos pos-epistemologico, el universo nuevo que se abre al pensamiento, a 10s modos de conoclmiento sin negar -.<tiria Morinla pasta comrin de la que procedemos ni la certeza de una historia. narrativamente poco Justa con la especie hurnana. Lo pos-epistemoi6gico consiste, para comenzar, en dejar de otovgar carta de naturaieza a los profundos errores, sesgos e injusticias derivados de la teoria convencional del conocimiento cientific!~. La igualdad de oportunidades de 10s discursos seria una de las palabras clave para comprender de que Upo de subversi6n para el pensamiento estamos hablantlo. Pero entiendase bieii que igualdad no es antonimo de diferencia 0 diversidad, como propone alghn ciego igualiblarismo. sino estrictamente de desigualdad. Y en esa acepclon, el pensamiento pos-epistemologico no aceptara modo alguno de elitism0 discursive, Toda experiencia, incluso la mas iletrada, debe ses proclamada como estrategia plausible de generar conocimiento, incluso conocimiento cienlifico. La teoria/practica del conocimiento cientifico que propone:mos. la epistemografia interacti-?a (Garcia Gutierrez, 2002. 20061 como corporizacion o insciipcion de un conocimiento y de una memoria reaies, dolorosos, recupera entonces, en el paso pos-epistemol~gico, tecnicas de cognician I pre-ephtemol6gicas y valora por igual las poslbilidades de las diversas fuentes y discursos para propiciar, ya nunca mils la verdad, sino variados regimenes de certidumbre. desde la firasa o la flsionomica al sentido comim etnometodoldgico o a las probabilidades de la datadon mediante carbon0 14, por ejemplo. Se cuestiana, entonces, la verdad acabada y libre de paradojas y se remueven las zapatas de 10s dogmatismos. [?on esta aBrmaciCln no se pretende mostrar un cierto cacter relativista de lo pos-epistemolbgiw en el nivel de arrogancia con el que la epistemologla suele pregonar su universalidad. Mas bien se trata de corregir un viejo complejo de superioridad y de autoevidencfa que procede del cartesianismo y propiciar la emergencia y explicitacibn de las diversas y plurales formas posibles de narrar el pasado o de elaborar el olvido de que pueden dtsponer modestos individuos, pequefios grupos, comunidades o sociedades -pem cuya suma se acerca a 10s dos tercios de la poblacion mundial-, especialmente en estos tiempos de las ricas tecnologias de lo transglobal. Pero la hnwacicin provee de razones acomodaticias a quien no quiere pensar en el derecho del otro a narrarse y extiende trampas en forma de ilusorios espejismos de libertad. La modernizaci6n. que generan las redes digirales y 10s dispositivos de la memoria subrogada, como &a Garcia Canchi. "fue configurando un tejido social envolvente que subordina las fuerzas renovadoras y experimentales de la production simb6lica" [Garcia Canclini, 1990: 32). Esto es. el propio proyecto de la modernidad. previendo una cl~usula de caducidad, se blinda para el futuro enVoMendonos en una red con la apariencfa de apertura y a la altura de los tiempos. Disponiendo de una plataforma que unifica 10s formatos, todas las evidencias apuntan a que el proyecto modemo "inacabado" se prepara para un deftnithro asalto a la domesticacion y unificacidn del pasado y del pensamiento presente como manera de garantizarse el futuro pero, como suele ocmir, el gigantismo no cuenta con la microinsurgencia consustancia1 a su naturakza misma, La popularization de la red, lejos de acabar con lo popuh. propicia la subversi6n dt: 10s principales objetivos del proyecto modemo mutando la alienacidn suprema en una suprema posibilidad de emancipaci6n sin precedentes en la historia de la dominaci6n. Pero, a resultas de la interaccidn, lo popular ya nunca mas sera lo mismo. La epistemologia no puede ser abandonada completamente por toda una generadon instruida en su matriz cognitiva. El propio Manr, a pesar de su genio creador, no pudo dejar de rendlr tributo al positivism y de emplear su macrolenguaje epistemoldgico. Aun asi, la reflexividad nos permite realizar algunas deserciones, para comenzar respecto al aparato conceptual-terminolttgico de base que trae de la mano polijerarquias inmutables del saber. M, en el &ea de la memoria, la museografia, la archivistica, la documentadon o la bibliotecologia, por citar algunas disciplinas positivistas que se ocupan de las inscripciones humanals, ni siquiera en sus acoplamientos estructurales -parafraseando a Maturana- a lo digital, solventan 10s nuevos problemas y desafios de una red que permite mar el pasado de otro modo. Ante la tmposibilidad de articular un pensamiento holistico, democr&tico y anti-imperial sobre la memoria regtstrada bajo categofias estancas monotiticas. e incluso historfcamente enfrentadas, surgen 10s "Estudios de exomemoria". Tales estudios, si atendteramos a la celebre clasificacion de Habemas, se identiflcarian con el conjunto de las "ciencias emancipatorias". Pero la perspectiva simultaneamente global y local, integral y parcial que invocan nuestros eshrdios, precisa, no obstante, de otra desercion mas: e:l abandon0 radical de la teleologia positivisk. IiIemos de volver la mirada a lo anirdpico y a lo social, a la fisicidad y a la estesia, a la etica y a la politica como rectoras de la producci~n de conocimiento en el B~rea. De este modo, 10s Estudios de exornemoria se constituyen en lo que Boaveni;ura Santos denomina configuraci6n transiiiscipiinar, ciencia posmoderna o "apli~cacion edificante", un coqjunto de saberes heterogeneos articulados para solucionar problemas relacionados con la organizacion de la memoria digital y estudiar sus imbricacioiies permanentes -no existe tal objeto desvinculado o independientecon lo antrdpico-social. Y una ultirna huida, habida cuenta de la edstencia de frentes culturales diversot; que ya no luchan desde o en periferia alguna, a pesar de que Sean conside:rados subalternos -segun la expresi6n de Spivak-, pues lo digital les permite autoubicarse como centros efimeros, pero centros a1 cabo: la escapada a la tentacion universalists y a la concepcion kantiana del mundo. En esta modernidad, en efecto, ao clausurada mas que en la mentalidad posmodema, no habria ya lugar, entonces, para la creencia en o el deseo del consenso total, Pero partiendo, a mi vez, de una posicion anti-relativista, dimare la posibilidad de "grados de acuerdo" que vinculen a ias comunidades en discrepancia, par tanto, mi relativisrno respecto a la inconmensurabilldad total e incluso mi defensa de la aparente y "molesta" contradiction logics. No obstante, resulta que no todos 10s asuntos susceptbles de discrepancia -incluso extremasectre culturas necesitan del consenso, o tan siquiera del. dialogo. De hecho, el quid d1.1 dilema no residiria sdlo en como obfener acuerdos sino que asuntos 10s merecen. Es mas, a la vez que clamaremos por el consenso en determinados temas, prociamaremos 10s peligi-os de universalizar todos 10s aspectos de la vida y de las relaciones interculturales. Tal objetivo parece camuflarse al serviclo del pensanliento i~nico. De esta reflexion extraere dos principios complejos: 1) Si la inconmensurabilidad entre culturas existiera -y tal vez fuera posible su existencia asistematica a1 nivel de nlatriz cognitvano seria incompatible con la adopcion de acuerdos en 10s niveies de inmanencia y posiciones concretas. 21 La posibilidad de adoptar acuerdos interculturales no implica, sin embargo y necesdamente, su adopci6n. I51 acuerdo es necesahio y posible en 10s asuntos en 10s que las posiciones debiles o marginales sucumben ante la propaganda hegem6nica global o local, por ejemplo, o en cuestiones centrales o tangenciales al hbito de 10s derechos bumanos, por cierto un acuerdo necesitado de actualization sobre su corazon transcultural. Pero el universalismo a ullranza supondria Uevar, a multiples autonarraciones y sensibilidades sobre el pasado, al borde de la extincibn. Ante tal autovigilancia deben urdirse las cornplejas estrategias de la constmccion del pasado por una teoria dialectics de la exon~emoria, Si el acuerdo es necesario solo en ciertos casos, falla el universalismo como paradigma general y habremos de acudir a otras matrices heuristicas. En ese aspecto, es mejor llegar a un "univers,alismo parcial" que respele 10s derechos, esto es consensuar un asunto dentro de la universalidad interior propia de toda cultura, antes que forzar universalismos generales que normalmente se someten al ideal regulativo de la cultura mas dominante. Este principio se corresponde, en parle, con lo que Leon Olive ha denominado constructivismo pluralista (Olive: 1990). IJna via, habitualmente marginada par la epistemologia general y por las disciplirras positivistas al servicio exclusive de la tecnificacion de registros e inscripciones, antes aludidas, es la dialectica. La dialectica, sin embargo, es un inmenso cajon en la que penetran desde la oriodoxia a1 sofismo. De ahi que dediquemos el epigrafe sigulente a discernir quk tipo de dialectica nos sex-ia htil para elaborar, sobre su vertice, una teoria de la exomemoria. Y, como veremos, no le queclara otra salida a nuestras pretensiones que reconocer a la dialectica de peor reputaci6n: la eristica. Solaiiente si loyamos desentraiiar y delatar el compo~-tamiento eristico en todo falso diaiogo de consenso ias fuerzas de la solidari.clad -un proyecto rnoderno que hay que reactivar-- logaran avanzar algo. .Antes de abordar esa cuestion, tenninernos de apuntalar algunas caracteristicas del marc0 miis amplio desde el que se realizaran las observaciones sobre 1;' constmccion de la memoria, el pos-epistemologico, que entraxia algunos sintomas del obligado relevo: Se prioriza la relacion de hibridacion sujeto-objeto -corn0 cosujetospor encima de la dicotomia dominante sujeto/objeto desprovista de las subjetividades. e Qe privilegian 10s rnodos relacionales comunitarios coetaneos como fuentes cle ordenacion posible de la relaciones entre objetos. e Cje protegen 10s rnodos de relacion diacronica entre sujetos (como se ven y juzgan generacionalmente) y sujetos-objetos [que percepcion historica tiene un mismo sujeto respecto a la evoluci6n de un registro y que percepcion tienen distintos sujetos hist6ricos respecto a un mismo objeto) como logica de ordenacion posible extrapolable a los sistemas relacionales de objetos tanto sincronica (articulation 16gico-semantica entre objetos calibrados clesde un mismo codigo societatio o eomunitario) como historicamente (;articulaci6n logico-sem&ntica, por ejemplo, de objetos medievales con otros de funciones sirnilares en el NeoLiticoj. e Se potencia un modo de organization basado en un indicialismo trabado en la logica de la inmanencia y de las redes vivas (en el sentido de reales, aunque sus protagonistas hayan muerto hace mil anos) por encima de la superestructura de categorias y trascendencia producidas por una mente tan irreal como autocomplaciente. Se protegen todas las traducciones posibles (entre sujetos, entre comunidades, entre temporalidades, entre textualidades y discursos) respecto a 10s objetos de la memoria, con el mismo nivel de prlvilegio. 8e elimina toda concepcion patemalista respecto a las llamadas memorlas s,ubalternas en relacion a las memorias elitistas, A partir de una c:oncepcion mestiza constituyente de todo proceso de rememoracion, la digitalization promovera cruces e h2fluencias entre estratos y grupos sin precedentes verticalkando exponencialmente la tendencia de la mezcla hacia el infinite. Se superan las dicolomias estructuralistas y posestructuralistas mediante una mirada compleja, retorica, polisemiea y paraconsistente, esto es, que a.cepte la contradiction o la antonimia, el pluralism0 mhltiple, como elementos complementarios constituyentes de la percepcion y de la accion. 2. Dialtectica transcultural ECn un trabajo anterior (Garcia Gutikrrez,, 2504) he establecido 10s fundamentos eticos de la rnernoria digita: con referencia concreta a las actuaciones e instrumentos desamollados para la elaboracibn de indices y metadatos, esto es, de esas eslnlcturas inlemediarias que garantban, a la vez - que desprotegen, la recuperation y participaci6n de -10s ciudadanos en la exomernoria. Los dos principios mAs sobresalientes que deben precede* a toda actuacitbn serian. par &to ; en ese orden, dignidad y democracia. Sin embargo, mbas aspiraciones son indisociables a la vez que simultheamente alcanzables. Entendemos par democracia de la memoria la presencia participativa de facto de todas las posiciones y mundos posibles en relacion a un asunto. Este principio vendria, a ser inswmentado por lo que Remos denominado operador complejo A. La iibeiolad de opinion en la memoria es incuestinnable. Toda posicion, hasta la "menos aceptable" y la mas execrable, liene un derecho natural a fonnar parte de 10s recuerdos electronicos. Oponerse a este pcirrcipio inwolable constituiria un colabora~cionismo con la censura y el neot0t;llitarismo digital. Entonces, las preguntas son: d deb en circular con -punidad tales registros? y ~deben 10s mediadc~res de la memoria ejercer alghn tlpo de interfencion -sin censura- 0 praclicar el relativismo? Adelantemos que la propuesta que desamollaremos en este trabajo va en la direccion de una vigilancia social militante compatible con la libertaci de circulation de registros en la red. Considerarnos, por otra parle, la dignidad -en Ia perspectiva kantianacomo la irreductible autonomia de la persona no sometible a cmbio o precio. En 10s casos en 10s que la dignidad individual o colectiva este sujeta a riesgos y agresiones, de procedencia extra o intracultural, se hace necesario arbitrar un intervencionismo metaconceptual en las redes de memoria representado por un operador transcultural, cuyos fundamentos han stdo esbozados con anterioridad sobre el que seiialare, a falta del encuadre mas especifico que abordara este trabajo, que habra de potenciar las opiniones enrnudecidas, fusionar las posiciones discrepantes mediante consenso, criticar la violacilin de los derechos humanass y otras nomas basicas (medioambientales o atentatarias contra la mujer o la infancia, por ejemplo) e, inciuso, sancionar la opresion o el incumplimiento de 10s acuerdos transcuiturales previamer-ite establecidos. Las pregun-tas obligadas, ahora, y que no podremos resolver plenamente en este text0 serian: ~quien puede erlgirse como autoridad legitima para arbitrar tal intervencionismo? y ~c6rno operacionalizar internaclonalmente la intervencibn? A estas cuestiones compiejas htentara dar respuesta la argumentacion que sigue con la intencion basica de abrir un debate amplio sobre la necesidad de estable~cer una etica transcultural -y no universalde la memoria digital mas que instaurar patrones de comportamiento que, en caso de encontrarse entre 10s ejemplos y posiciones empleados, s6lo to serian a titulo provocative e indicative. E'rocede ahora, por lo tanto, la profundizacibn teorica orfentada a la consecuci6n de tales operadores transcuiturales. En ese proceso identificamos varios ]poles que deben ser explorados a1 detalle e interrelacionadamente en una teoria clialectica de la exomernoria que en el presente trabajo abordaremos parcialmente. En primer lugar, las formas, alcance, traduclibilidad y porosidad de las categorias en juego. En segundo, las caracteristicas, representatividad y legititimiclad de 10s representantes en el diSogo. En tercero, las propiedades y condicia~nes del dialogo mismo y, por ultimo, los asuntos en relacion a sus anclajes espacio-temporales y contextuales dominantes y las repercusiones sobre comunidades y sensibilidades inevitablemenre ausentes en todo proceso representativo. Pues la memoria visibilizada corresponde a la del mas fuerte y es mas e:Ficaz pero enomemente inferior a las memorias silenciadas o desapercibidas. Ihtos elementos basicos de un dialog0 entre ?as culturas e ideologias para el consenso en materia de cuestiones poli.micas y espinosas de rechazable e inviable soluci6n uni o bilateral, solo pueden ser contemplados en el marco de garantias que precisa el conocimiento y el pensamiento fukuros de la humanidad, hbitos estrategicos que necesariamente han de ser observados desde tres perspectivas asociables: 1) econbmico-politics, 2) etnograflca y 3) tecno-logico- lingiiisliica. Par ello, 10s mcanismos para el consenso expuestos en este trabajo surgen como antidotos de la hornogencizaci~n y de la unification de pautas, no solo en relacion a la agendizacion tematica sino kambien a 10s modos de categorizar y clasificar 10s temas y sus perspectivas, obligadamenke plurales e hl%ridos. Por ello, consider0 que las hemamienas politico-semhticas propugnadas no niegan la globalization como tal, en el ambito que nos concieme en este trabajo necesitarnos lo digital-global como horizonte de referencia, sino mas bien 10s intentos de monopolization o neocolonizacion de 10s recuerdos sociales a traves de una memoria electrtmnica mercantilizada o subyugada por el poder opresor con independencia de su locus (estatal, regional, municipal, familiar...), en defmitiva, por cualquier poder. Incluso en el caso de culturas o creencias impuestas, superpuestas, por la dominacion comercial, religiosa o meramente militar, el mestizaje se abre sus propias sendas mas alla de la planificaci~n colonial e invasora. Se podria hablar de un c:ierto "instinto irrational" colectivo de las culturas como mecanismo de supewivencia de esta especie noologica. Por tanto, m8s alla del &xito o fracaso de 10s planes que la historia de la dominacion siempre traza para imponer su presencia sobre culturas y pueblos subyugados surgen nuevos espacios, en partes indiferentes o mbiguamente corrosivos, hacia aquellos proyectos. Pues ni la materialization transcultural es resultado directo de la aplicacion de una fuena ni responde a las supervivencias y restos intactos que de un naufragio o una invasion puedan rescatarse. La transcultura es una hierba que, como decia Shakespeare, crece esencialrnente de noche pero, tambien, burlonarnente ante la mirada siempre-inquieta de todo poder. fihora bien, y i.se es el tenitorio sobre el que deseo operar aqui, la transcultura puede proceder de moldes racionales cuando deliberadamente se busca el consenso entre visiones antagonicas. Se trataria de abordar una version racional y de laboratorio para unas practicas que debemos reconocer como indomables. No mueren, a1 ser acorraladas, como la libertad; simplemente se desvani-cen, interrumpen, fragmentan, escurren y rizomaticamenke reaparecen. Piegarnos o no necesitamos, pues, la concepci6n universal de la verdad o de la razon y, por tanto, marginamos toda mekodologia orientada bajo el principio de una logica dogrnitica o jerarquica. Si solo hubiera una 16gica (y si la hubiera seria poco util) no existkia la dialectics, tal como la aplicaremos aqui a partir de Schoperthauer, pues una razon universal haria practicarnente innecesario el debate y la propia argumeritacibn. La propia historia de la ciencia demuestra cada dia conlo se revocan teorias irrevocables (aunque, al fin y a1 cabo, consoladoras, stiles e :hcluso suficiente en un cantexto dado). ICxiste la divergencia porque una uisien del mundo sieinpre se sustenta sobre u:na logica oponible. Y negar la divergencia o desacreditarla sabemos que tennina por incrementarla en berrefrcio, por ejemplo, de una contundente politica neoliberal. Pero no se trata de consensuar proposiciones 16gicas a toda costa para demostrar, en el fondo, que la univ.ersdidad como ontolo@a pura existe sino, mas bien, construir dialogicmente propasictones compiejas que acojan todos 10s intereses, contradicciones y oposiciones entre las logicas en Litigio a partir de concesiones y cambios por parle de las posiciones. Adoptaremos lo transcultural como motto del diaogo etico y tecnopolitico propuesto, cuyo control es utbpico e innecesario pues en realidad ya nos rinde servicic~ coma mero principio Olico dlalogico. Seria, la transcultura, como esa "buena voluntad kantiana que es lo unico necesariarnente bueno en si mismo. Sin embargo, los objetivos que establecemos para el diaogo transcultural persiguen unos resuliados que nunca acepiaria el fdosofo prusiano y ciertamente si 10s promotores del utilitarismo, corn0 Bentham o John Stuart Mill, de 10s que, simplernente, habria qse aislar sus pronuncimientos individualistas para considerar el elevado grado de humanidad de su filosolia. Pues en la exomemoria, la democracia, la libertad, la diversidad y la dignidad de 10s registros y la parlicipacion directa y satislactoria de 10s ciudadanos justifican 10s medias dialogicos para obtenerlas. Y en ese sentido acudirernos a la dialc?ctica. La dialectica transcultural seria uma herramienta de la interaccidn racional en procura de un acuerdo satisfactorio para todas las paries concernidas en un asunto, bien para homogeneizar una cuestion eticamente homogeneizable, bien para introducir mayor presencia colectiva en la red mediante "acuerdos de coaliciCm". En pundad se tratavia de usar el control del dialogo entre culturas o ideologias -para generalizar ambos conceptos empieare el archisemema "posici6n" - que par motivos; elementales debe ocurrir mediante mecanismos y en foros en 10s que 10s interlocutores "se suman" a una discusion sobre un asunto. Lo que haya de salir de esa discusion podria ser una categoria consensuada, Llarnaremos a esto categoria transcultural, que definitivamente no esta urdida en la transcultura misma sino a partir de las interacciones rationales interculturales. He ahi como de la multiculturalidad decente (la de facto y no la nomativa) o cor~junto de culturas ilusoriamente definidas y, especialmente, abiertas al cambia, puede nacer un sentido de lo mestizo no considerado como necesariamente hostil contra sus progenitores sino, por el contrario, una resistencia racional de la mentalidad democmtica activa contra 10s procesos de homogeneizacibn o de sustitucion que sobre las memorias sociales digitalizadas pretenden imponer el autoritarismo y el neoliberalismo bajo su estetica amable y sus tierras prometidas. Los autonarradores de la exolnemoria y sus tutores, 10s epistemografos. politicamente comprometidos mediate un codigo etico transcultural obtendrian recursos legitimados par la ciudadania para proceder a una vigilancia que garantizase la presencia digital, no solamente de cualquier opinion digna o democriltica, sin0 incluso de aquellos registros de contenido vejatorio o liberticida que pretendenan hacer dailos irreparables a la propia "democracia mnemograflca", a nuestra liberiad de retrospection. Tal es el caso de ias politicas de la m'emoria de las dictaduras oficiales; de las asociaciones antidemocraticas, del neocapitalismo o de aquellos sutiles y diplomAticos modos de enmudecer o eliminar, mediante mil estratagemas impunes, las mayoritarias posiciones fragmentadas en minorias o slmplemente, la diversidad o el derecho a discrepar. La plataforma sobre la que se desarrolla una metodologia. dirigida a la construction de acuerdos parciales y abiertos, en todo caso, a la revision en foros de mayor participaci6n y a la implacable accidn I-esemantizadora de 10s tiempos, es el dialogo planificado teenicamente. Por ello, no podemos soslayar una incursidn obligatoria en 10s fundamelltos historicos y cientificos del dialogo, esto es, en la dialectica y las disciplinas con las que ha venido manteniendo un forcejeo ontolSgico desde la Aniigiiedad: la logica, la retorica, la eristica o la sofistica.. Hagamos una breve revisi6n cuyo objeiivo es clarificar 10s sentidos que utilizaremos en este trabajo. 2.1 Itineraries dial6ctieos En la magistral obra De nuptiis Mercurii i Philologiae, del fiiosofo bajomedieval Marco Capella, se realiza una presenhcion de las siete damas de honor que acompaAan a la nnvia en sus bodas con Mercurio ante la presencia de Jupiter y otras divinidades. Cada una de las damas representa a una de las artes liberalea organizadas en el trivium (relativas a lo discursive) y el quadrivium (vincula~das a lo numi.rico), Cada una de ellas debe exponer, ante la celestial corte, sus saberes. La segunda de ellas se llama, precisamente, Diali.ctica. Franco Volpi recoge el fragment0 del libro IV en el que Capella describe a1 inquietante personaje: "su tez es palida, su inirada huidiza y penetrante; su cabello, espeso pero bien trenzado, adoma por completo y esmeradamente su cabeza: lleva las vestiduras y el palio de Atenea y, en la mano, porta 10s simbolos de su poder: en ia izquierda, una serpiente enroscada en enormes espirales; en la derecha, unas tablillas con representaciones esplendidas y variopintas, unidas por un gancho oculto, y mientras que la mano izquierda esconde bajo el palio sus insidias viperinas, la derecha, por el contrario, se muestra a todos" (Volpi, 2002: 811. No cabe duda sobre el caracter peyorativo de la representacion de la dialectica para Capella a quien se le atribuye nada menos que el papel de correa de transmision entre la filosofia romana y "'pagana" y la hegemonia cristianizante de mediados del primer milenio. Inmediatamente, debemos comparar esta concepcion negativa de la dialectica con otras posiciones que precedieron a la de Capella en el tiempo para darnos cuenta de la polemica e, inciuso, del regimen de contradicciones por el que ha fluctuado el concepto. Para ello, me basare en algunos hitos recogidos en el sinoptico y clarificador texto de Volpi. En ocasiones se ha identificado la dialectica con la logica, o ciencia de 10s modos del razonamiento, llegando a constituirse como la propia fuente del saber. Concretamente, Socrates la configura al servicio de la clencia aunque en un sentido abierto y critic0 pues el procedimiento debe intentar refutar todas las posiciones que intentan monopolizar la posesi6n de la verdad. Sin embargo, en la perspectiva mas dograiatica, Plat6n se desprende de todos 10s artilugios que contaminen a1 metodo diakctico en su itinerario hacia la forma verdadera, hacia la verdad unica. Por ello, la dialectica platonica ya aparece liberada de retorica, cuyo objetivo es la persuasi0n del otro independientemente de la obtencion de la verdad; de la psicagogia, que comparte finalidad con la retorica aunque utilizando recursos emotivos y poco rationales que persuadan apelando a la emotividad y a1 coraz6n y, desde luego, de la eristica, cuyo desvergonzado objetivo es triunfar en el dialogo mediante argucias de la inter1oc:ucion que no muestran escnipulos eon la mentira y la perversidad con las que se deleita, ya en el extremo, la sofistica. Esto no impide que el metodo platonic~o de refutacion de hipolesis se asemeje al procedimiento de Zenon, si bien Ahora bien, lo que ia regulacion dialectics debe arbitrar es un mecanismo que denuncie la intencionalidad meramente retorica o eristica de 10s interlocutores, esto ee, la desvl-uacibn y sustitucion de la finalidad del proceso, cual es obtener una transcategoria, por la irnposici6n de una posicion mediante recursos retoricos cuya fialidad es la hegemonia. hi pues, la sinceridad y el comprc!miso, esa buena voluntad que talera el error, ia tozudez y el egoismo, es incompatible con la rnezquindad merca~iliiista o individualista y la basqueda de un control autoritarlo de la memoria. Por ello, es necesario un instrumento dialectico regulador que garantice la buena fe de los hterlocutores mediante tecnicas de cuestionamiento, desvelamiento y neulralizacion de las intenciones inconfesables de modo que la categoria transcultural se obdene sobre una "preparada" confianza en el procedimiento o no se obtiene. l!a decia Schopenhauer que necesitamos una disciplina como "la dialectica cientific,a que tiene como tarea establecer y aualizar aquellas estratagemas de la mala fe en la discusi6n para reconocerlas y aniquilarlas en 10s debates" (Schopenhauer, 2002: 28). Asi pues, necesitamos "un itinerario". Pero no un camino que nos asegure la verdad, con la que Vive obsesionado el neocarl.esianismo, y ni siquiera ya el consenso a cualquier precio sino, esencialmente, un acercamiento mediante el didogo que simulmeamente garantice la generation de mas gramaticas cle la singularidad y del pluralismo. I'or tanto, como ya aniicipaba anteriomente. una antitesis del metodo de la dud;a cartesiano puede ser un buen comienzo para establecer las bases de nuestro procedimiento dialogico, E*xpongo las bases inconformistas del metodo dialectico transcultural sobre las cuatro reglas "incontestables" fonnuladas por Descartes en su celebre Discurso del metodo (2002: 35, 821 pero lnediante parafraseo -ya invertido- en foma de antonimias irtiles para nuestros htereses: 1) Adr~itir todas las verdades/ posiciones como necesarias y posibles. La duda e incertem no constituira censura. Las verificaciones de una posicion sobre el error o engano de otras no otorgaran a priori mayor peso en la decision. En el debate !se partira de un grado cero, esiableciendose por consenso 10s principios sustentantes de la verdad efimera que habra de operar entre 10s mediadores que la suscriban voluntariamente. El mecanismo de persuasion sera la argumentaci6n no eristica y la education diaS6glca enmarcadas en 10s principios supremos de dignidarl, Libextad y justicia. 2) No fragmentar sistematicamente las posiciones para la solucion de un problema o la obtencibn de un acuerdo como via normal. La fragmentacicin cartesiima favorece la proliferation de intenclonalidades eristicas o sofisticas y la tenltorializaci6n begemonica y exclusivista de las parcelas del saber como ocurre en la ciencia modema. 3) No aplicar orden apriori alguno en el procedimiento dialogico y, especialmente, evitar, a tenor de la regla anterior, el abordaje de 10s asuntos desde partes y fragmeintos de las posiciones. Imponer el orden de la complejidad (orden anarquista, diria Feyerabend; caas detenninista, iria mas alla Prigogine) sobre "todo atqueilo que no se preceda (o sf lo haga) naturalmente" como senala Descartes. 4) Tener conciencia y aceptar, a1 contr'ario de lo que nos alienta a hacer eI ilustre fil6sofo frances, de estar omitiendo siempre algo antes de dar el siguiente paso. Sobre esta platafonna ya podemos establecer varios principios sustentantes, inspirados tanto en la henneneutica critica de Santos como en la saludal~le desconflanza schopenhaueriana, anaUzada y readaptada con el mismo empeiio, necesarios para que pueda haber dialogo y sea posible acceder a un acuerdo sin perversidades ni WunCalismos respecto a la verdad: A) I'rincipio de homologaci~n de principios: para hacer posible el debate es condiiio sine qua non que sus oSjetivos cohcidan en unos minimos kticos: la dignidacl y la libertad. Si no son acordadas estas precondiciones y otras imprescindibles en funcion de cada objeto de negociaci~n, el dialogo se convierte en parot3ia o pasatempo. Pues, corno sefiala Schopenhauer, "para poder discutir es precis0 estar de acuerdo en alguna cosa: contra negantem principia non est disputa7zdum (no cabe discusion con quien njega 10s prlncipios!" (Schopenhauer, 2002: :L!2). A1 menos, estar de acuerdo en la necesidad de dialogar y querer hacerlo limpiannente. B) F'rincipio de flexlbilidad: es riecesaiio que todas las partes se muestren dispuezitas con la misrna energia para defender sus posiciones como para aceptar el cambio siempre que la modficaclon no conlravenga el principio anterior. C) F'rincipio de la duda rnetodica: se sigue del principio anterior que 10s interlocutores deben expresar publiemente el reconocimiento de la posibilildad de estar equivocados o de representar una posicihn equivocada, o muy sesgada, o dificiknente sostenible o generalizable como categoria. D) F'rincipio de homologacion de representantes: 10s interlocutores en el debate sobre un asunto deben estar honlologados educaavamente. Aunque no coincidamos con 10s objetvos de la dialectics de Schopenhauer (el convencimiento o derrota del contrario y no, como queremos, el acuerclo transc~llturalf hemos de tener em cuenta su premisa: "discutir es de provecho mutuo para la rectificacibn de 10s piropios pensamientos. Pero los contendientes deben ser bastante similares en cuanto a erudicion e inteligencia" {Schopenhauer. 2002: 68) dentro de 10s limites dle los asuntos que vayan a tratar. A esto hay que airadir algo mas, pues no vemos E~ctible un debate entre representantes de ias tradiciones mas arcaicas, aislacior~istas o purificacionistas de una cultura con oponentes de la misma tozudez: 10s interlocutores idoneos han de proceder, al menos en primera instancia, de la cultura de frontera, una ubicaci6n abierta y permeable en la que se forja la pasta del mestfzaje y la transcultlrra habitualmente negados por el atavismo. Pero la "fronteridad" no implica permisividad o pusilanimidad en el debate sino, efectivamente, disposicion a1 cambia cuando sea ventajoso para la dignidacl y la libertad. En efecto, si ya advertia Maalouf [2001] que un ciudadano de Paris tiene mas en comun con alguien de Tokio o San Francisco que con su propio ;abuelo, deb0 afiadir que un acadkmico andaluz se entendera mejor con su alter-eg;o africano que con su propio vecino labrador o comerciante. Y en este punto no estoy propugnando un clasismo o elitismo encubferto pues un debate en igualdadl solo se dara cuando 10s oponentes tengan la misma competencia argurnentativa. El labrador nunca codaria en un acadkmlco de finas manos. El academlico nunca codaria en un comerciante que sol0 piensa en el lucro. Per0 si no es posible conseguir una homologacidn de la competencia dialogica entre labrad~~res, comemiantes y universitarlos, hahra que buscar para cada asunto representantes que si dispongan de ella. En el caso de la 'memoria registrada que aqui nos ocupa, por ejemplo, 10s propios mediadores de las colecciones digitales, esto es, bibliotecarios, archiveros, documentallstas, conservadores y cualquier otro profesional involucrado en la gestion de la exomemorla -epistemtrgrafos, en sumaclesde una posicion cuitural concreta podria superar este primer control de compett:t:ncia y iomar a 10s pariicipantes "no especializados" para que vaya asumiendo la autogestion de sus rnenlorias y 10s acuerdos que sobre ellas se a1cance:n. Recuerdese tambien que nruchas veces no se trata de posiciones inconmensurables sino de incompaiibilidad enke sus representantes en el dialogo~. Cambiar a 10s sujetos puede sigpificar desbloquear una negociacion. E) Rincipio de homologacion de asuntos y ienguaje: en todo debate se fljara un asunto y un lenguaje. Ambos elementos habran de ser previamente homolcrgados, pero no unificados, en un marco de traduccion cultural compleja en el que s,e 14slurnbren 10s malentendidos y circulos viciosos. En ese aspect0 habra que buscar homologacion a 10s propios sistemas de homologacion, esto es metatraduccibn. Cuestionar, entonces, no solo las posibilidades de exito de la interpretacion inmediata sino las mismas "'pretensiones de validez" -por usar la afortunada expresion habermasianade 10s propios mecanismos de interpretacion. Toda traduccibn radicara en tres impoderables: el peso autobiogrfico en la lectura. la existencia cierta de margenes de intraductibilidad (de irreductible "diferendo") y la cornision de errores inevitables. El resultado de la traduccion estara, entonces, a la altura del grado de fiabflidad que queramos atribui:rle. F) I'rincipio de co-contextualidad: derivado del anterior, este principio dietamha la solidez de los marcos de interpretacion en funcion de la concien4dacion de un sistema respecto a la mat]-Lz cognitive-cultural del otro. Los c0ntexi.o~ no son traducibles, mueren en el intento al ser visibilizados por otro sistema. Todo lo mas, habremos de collfomarnos con una descripcion de esos universes en "nuestras propias palabras" usadas rnetaforicamente. Curiosamente, lo que suele escaparse a la traduccion literal es de vital importancia para el ojo autocto:no. Pero el context0 no reside solo en el nivel de macroestructura sino de detalles menores y desapercibidos, especialmente estos ultirnos, en 10s que la cultura recobra toda su idiosincrasia. La iinica Zonna posible de recuperar 10s context~os es en una combinatoria sensible o "estesica" de lo simbolico, entre traduccion e indicialismo. G) Rincipio de utilidad: para hacer posible el diAlogo, es necesario que previamente a1 acuerdo e, incluso, si est.e no se obtuviera, 10s representantes esten convencidos de la "utilidad" del consenso y del propio disogo en el sentido de apo:rtar un cambio positivo para la comunidad humana o para el entorno, esto es, unia "maxi-minizacion" en el sentido de que lo que se pierde siempre seria menor en relacion a lo que se ganaria de llegarse a acuerdo aun cambiando antiguo,s e intlmos habitos por otros extrairos y nuevos; recuQdese, en este sentido, el celebre "dilema del prisionero" (Elster: 1989). H) I'rincipio de igualdad: Igualdad de oportunidad dialogica dentro de la diferencia de cada posicion pero, adernas, sensacion de igualdad. La sensacion de igualdad es fundamental -y no solo la experiencia visible des-desigualatoria- entre 10s interlocutores, especialmente, la sensacion de una continuidad de la igualdad tras el acuerdo. Lo contrario es la impresion de haber perdido terreno en tanto clue el oponente ha ganado, es decir, la sensacion de fraude o sumisi6n tan humillante en el embate eristico. 1) l%ncipio de aplicacion: las posiciones deben comprometerse a introducir y aplicar :los acuerdos voluntariamente suscritos en todas las esferas de mediacion e influencia en la exomernoria. J) .Wncipio de precarledad: 10s acuerdos 1:abr;in de ser revisados en el momento en que alguna poslcidn cues'tione su vigencia, accedan a1 foro posiciones nuevas o, al menos, obligatorimente en cada cambio generational. 4. Categ;osiss transeulturalles 'Toda categoria va precedida de un valor. Tal relacion jerarquica estabiece el alcance y la operauadad de la categofia, siempre subalterns a1 context0 culturki. La inmersian categorial en lo axiologico es tan lntensa que podriamos &mar yue son lo pnismo, d cabo. Mi foma de aprehender y ordenar el mundo - la categorlzaci6n- no es otra cosa que el c6digo de valores que me determina. Ei asunto clel valor (tambien corno valential ya la trat6 ampliamente Nletszche en su superhombre, producto de una Cransvaloracion. lbmpresion-expansilin, necesidad-sattsfaccibn, evolution-involuci~n, eastencia-extincion, sfstole-diastole: tal es la maquina relaclonal pendular y dicotornilca que mueve la logica dominante en el. milndo. Nuestros sentidos, ya lo decia Nietzsche, son demasiado rudos para percibis el cambio menor, pero el cambio (es constante, es una constante y una condlcidn de la estabilidad. Sin embargo, nuestros organos cognitivos, en esta etapa de la evolution neuronal, se afanan en la fideldad a una estructura categorial obstinadmente inmutable a travks de la cud un mundo exterior se nos presenia inteligible si bien una de las claves de su eomprension -no sabemos bien sl por pereza o torpeza evolutivases, precisaniente, su aparente inmutabilidad. La mas elemental observaci~n del mundo nos suminfstra evidencias de justamente lo contrario. Ida estmctura categorial de la mente como mecanismo para comprender el mundo as, antes que eso, un mecanlsmo de supervivencia humana para dialogar con el exterior agresor. Los humanos, seres dotados del programa de optimization de recursos mas sofisticado que se conozca a pesar de estar ubicado mas alla de su control, tendrian precarias y efimeras bases para la supenivencia en un mundo no entendible. Por ello, probablemente la estmcturacion categorid de la mente es paralela a 10s distintos estados fisicos por 10s que ha atravesado nuestro neocort~:x y consecuencia del pemaraente re-acoplmento de este con el entomo. Acoplamiento que, desde luego, produce camblos inreversibles tanto en el cerebro y sus procesos como en el entomo mismo. I3sta afmacion, avalada por ia ultirna neurociencia (Mora, Sacks, Edelmanln), vendria a desmentir la confianza kantiana en unas categorias a pkri de las que el humano se sinre para sus relaclones con el mundo y ratificaria, mas bien, que nuestras categorias son producto de una capacidad adaptativa incansable y, por tanto, ellas tmbien, consecuencia de la evoluci6n y en constante cambio vistas desde escalas de tiempo mas amplias, geologicas y cbsmica,ri. A la cuestion de la existencia de categorias mi intuicion, en consecuencia, me escora hacia la respuesta aflrmativa. Lo que parece producto obsoleto de otra (poca es la propuesta de una estructura lmata e igual para todos 10s seres humanos cuando observamos que, ni siquiera en el mismo remen educatilr~o, dos gemelos tienen las mismas respuestas y concepclones del mundo. Por ello, el apriorismo universal es otro sueflo ilustrado, seguramente genial si no fuera pol: 10s expoltos y genocidios con 10s que culmin~ el colonlalismo. 1Vlucho mas endeble por no decir iluhria, por tanto, seria la pretensi6n de cubrir con 10s cuadros categorlales especincos y udaterales cualquier mat* de comprension humana, esto es, dotarlos de un rango de unlversalidad. Si hay algo comun imniversalmente es el insllnho de supervivencia (e, inmediatamente, de placer) y, probablemente, no haya nada completamente conlin, mas alla de ese instinto salvo un desigual comunitarismo (desde el indi14dualismo anglosajon que critica el filasofo catolico canadiense Charles Taylor a la molecula familiar islamlca que apasionadamente defiende el escritor keniano musulman Ali Mazrui). La primera aseveracion nos acerearia a todos 10s seres vivientes y la segunda probablemente mas a aquellos marcados por una irracionalidad compartida con nosotros que a nuestros congeneres racionales con quienes verificamos a diario diferencias de criterios tan abismales como sucede con los que llegan a justiflcar el asesinato socialmente premeditado como la pena de muerte o 10s bombardeos con porcentaje -ya calculadode victimas inocenies. ISo suma. el apriorismo categiirico no parece dar una explication satisfaci~oria, salvo para 10s individuos adoctrinados en una misma cultura, y tampoco para todos ellos, y se muestra, en todo caso, como una herramienta inservible para comprender coma comprenden 10s demas. Sin embargo, a partir del inslinto de supe~vencia -y, a pesar del mismo, vemos que el valor de la vida no tien~e igual signilicado para un sulcida por la causa que para un devoto cristian.o- si podriamos comemar a coiislruir patrones categoriales lo suflcier~i:emente amplios como para ir cuhriendo conjuntos de mentalidades y mundols a sabiendas de lo que necesaiiamente dejaxemos fuera o dentro como caja de pandora, como tabij o corpesculo jibarkado e indiferente para lo mayoril-ario: io pennanentemente inadaptado, lo no domeskicable, lo no textualizable. Llegamos a una inquietante encrucijada: 1) las categorias solo son universales para quienes las imponen; las categorias del poder nunca coincidiran con las de los dominados -si provfsonalmente aceptamos esta vieja dicotomiano importa el ambito territorial (estado, ciudad, comunidad, gmpo, hogar, pareja); en tanto no haya un debate en equilibria y, para eso, 10s interlocutores deben estar en pie de igualdad y ser distintos exclusivamente por la representation de posiciones divergentes, no podemos pensar en una homologlacion de premisas basicas para la categorizacion intercomunitaria. Pero, ademas, habra que ser generosos en el uso del concept0 de igualdad, porque ya saberno:; que no hay dos entidades iguales en el universe: ni siquiera es cierta la tautologia a=a cuando la proposition se somete a dos sujetos observadores o dos tiempos distintos de observacion [~d Einstein y Heisenberg). M&s bien, tendremos que coilstruir un significado para lo igualable, establecer pautas minimas en lo comparable y para las propiedades de 10s objetos comparados. 21 cua1.quier categorizacion deja fuera un mundo tan inmenso como el que pretende abarcar: no Solo realidades noologicas distinias, no intuidas, sino tainbien las propias relaciones intercategoriales con las mentalidades de nuestros antepasados o las nuestras propias de cuarenta ajlos atrgs: aunque arrastremos el mismo caparazon desde la niiiez, a pesar del cambio celular, nuestro cerebro habra !;ufrido tan diversas y dramaticas convulsiones que no sabemos encontrar nada nu:jor para reconocei-nos que afmar una y otra vez que somos 10s mismos, sabienclo que no lo somos en absoluto. E' el dilema, entonces, es: Lno es posible la categorizacion y habremos de confornnamos con categorias comunitarias inconmensurables en un sistema meramente tecnico que ofrece el espejismo de la intercomunicabilidad?, el camino acertado sera la imposition categorial dogmatics por parte del intelectualmente mas fuerte, lo que actualmente no es disociable de poseer 10s mecanismos de difusion cultural mas vociferantes y redundantes? Y, flnalmente, ~que podemos hacer en materia de categomacion en una red digital que pennite - de momentola intercomunicacirin y la orgavlizaeien ciudadana para subvertir cualquier orden de domination categorial? !fa hemos respondido negauvamente a la oportunidad de esquemas a priori o universales para un mundo necesariarnente diverso y camblante. Esperemos que aRnnar la neeesidad de algun tipo de categorias no implique la afimaci6n de algo universal en el senado perverso del concepb. Pero, en efecto, no podemos operar !sin categorias. Lo que babrenlos de hacer es reinxrentarlas, refundarlas y adecuarlas a modos tlexibles de existencia y de experiencia. Nos queda, pues, como rinica salida la posibilidad de explorar en categorias que representen "otra uuniversalidad", una universalidad respetuosa con las diferencias y con el camt>io coilriguwnte del regimen aukopoietico de 10s sistemas abiertos. Pienso que en la transcultura se vence la inconmensurabilidad de las irealidades partiendo de los principios basicos de la existencia humana y del respetc~ a1 entorno, sea "el otro" o, simpiemente, "lo otro" que, como sabemos, desde Kegel o Ricoeur, Eonman pate de la paradoja sobre la que nos eriwos. De una latlo estaria la supenrlvencia de toda instancia racional o irraclonal, orghica o inorganica, material o simbolica, no ya como mero derecho sino esencialmente como aKgo '"e hecho" y, de otro, la dignidad que 10s seres rationales debemos prever en la realizacirin de acciones y preservar como derecho inalienable del oko, incluyerido el otro vivo irrational -amales y vege-tales- o inorganic0 -rocas, atmosf;era, unlverso. ICl respeto a la dignidad es Ia pjedra angular de ioda una filosofia de la transcultura que ha importado tales valores al domo de lo simb6lico. En ese sentido, logicamente cualquier regulacirin o momiento contrario a 10s principios estab1ec:idos conlraviene la ley elemental de la traiscultura y quiebra su delicado estatus. La transcultura busca la otra unlversalidad, esto es, la ruptura con 10s topicos y prejuiclos de la inconmensurabilidad pero no para af3rmar que, en el fondo, todo es lo mismo, sino para resaltar 10s itineraries de comunicacion y enlace de mundos que deliberadamente no queremos que tenninen siendo lo mismo., I2 historia de la clasiflcacian ha tornado el rurnbo contrario a1 propugnado desde aqui. V no solo ha elaborado ierreos y s6Udos corses categorides que no soportarian ni sus propios sastres un siglo despues sino que nunca han logado contenlt:~ mas que a1 colonizado pseudoadaptado o al dorninador convencido de que la Ignorancia o la indiferencia del dominado era una respuesta suficiente. Ademas, las medidas de acompaiiamiento de las clasificaciones han producido peores secueias que las propias clasiflcaciones: todo un sistema de medidas pedagogicas, soclales, culturales, comerciales o esteticas destinadas a imponer o convencer a1 dominado, en unas ocasiones medimte una poliffca de marketing y edulco~.;idas formas graduales y, en otras, mediante el genocidio y la sustitucion sin conlt.emplaciones. A pesar de ello, como hemos mantenido, emergen dos acontecirnientos que terminan superando la imposicl6n: bien el movimiento de sign0 contrario que toda acclon (reaccion) comporta y esto conduce a rebellones, revoluciones o imposiciones radicales aun mas duras, bien la fusion imprevisible a partir del choque de codigos en ntveles impercepCibles en los que se da, sin traumas, una autentica explosion de ierceras vias de mut.acion y mestizaje no planifisadas e irresistibles en las que termina residiendo un poder total susientado. en la promulgation del cambio incesante y en el aprovechamiento de la porosidad, 10s burladeros y aleantaiilados de los mundos: in-betweenness (Bhabha. Mignolo, Silva & Brown) por donde se explica la construccion del mundo. la logica de la transcuitura aplicada a la elaboraclon de categoiias va en pos de nuevos angulos que sometan (vocablo consustancial a toda accion) a1 munda a una vision menos lesiva, transversal y pluralista a pesar de, como hace toda le'ctura, someter a1 mundo a una kansfonnacibii a escala perceptiva humana de la que tampoco debemos huir o iniitilmente negar. Buscar la confluencia entre categollzaci6n y transcuitura en el marco de la organkacion de la memoria exenta. con la ayuda sin precedentes de la hen-amienta digital, se constituye en el centro de operaciones de este babajo en particular y de 10s estudios de exomelnoria en general. !ji hemos insistido suficientemente en que el principio de la dignidad doblerr~ente causal y finalisla debe ser connatural a la construccion de una categoria -de las que ya hemos rechazado su procedencia innatista y su presuncion universalista en relacidn a la osadia de Kant o de Fillmore para defender un denomador demasiado comun para la especie como para ser cierto a la par de akrmr la diversidad de mentalidades o, a1 rnenos operativ0,-, esto no es des~rinculabie del concepto de igualdad que hemos mencionado de pasada en su acepcibn mas generalizada. La igualdad debe ser construida no so10 socialmente sino, tambien y desde lo social, pos-epistemo!ogicamel~te. Pues, en efecto, cuando hablmos de dignidacl, libertad o derechos, no lo estamcrs nunca hacienda, por mas que parezca evidente en la proposicion abstracts, fuera de marcos de referencia o conceptuales que inevitablemenle operan tanto en la mente del enunciador como del enunciatario. Asi, el poder en manos enunciadoras se autoconvence y trata de persuadir de una realidad buena que no solamente estA establecida en t6rminos de interes [del poder en mas poder) sino, sobre todo, en terminos de comparacirin y copia. Del mismo modo, la mente del enunciataxio no es una mera receptors pasiva de la estructura obligada por mas que se doblegue a simple vista por otro tipo de inter& (conseguir sus propios fines gracias a o a1 margen del poder), sumision o temor. Pero, en cualquier caso, la estroctura recibida es comparada con un marco de referencia distinto a1 del emisor. Por tanto, aunque la competencia ligiiistica de unos y otros les permita comunicarse y comprender el mensaje, 10s marcos de referencia pre-lingiiistica haran que la comunicacion quede supedidata a 10s bajos fondos y 10s intereses no explicitados de 10s interlocutores. Asi, la corparacicin de toda estructura entrante con la estructura establecida, y establecida en continuo proceso de transfomacion, determina el exito de la imposition que todo codigo implica. Y el acoplamiento y adaptacibn verdaderos y, por tanto. no necesariamente confesados, dependeran de la adecuacion con las estructuras receptoras de las propuestas. La verification de la adecuacion opera rnediante una comparacion cuyo operador fundamental es "igual a", como hemos insinuado, operador mas cualitativo que cuantitativo. Y en ia medida en que se satisface la condition igualitaria, esto es, el sentimiento de recibir un mensaje desde un plano similar, tanto mas facfl sera la asimiladon -muchas veces inconscientede la posicion del otro. U~la asimilacion que se da como fusion incruenta de la realidad interior con la nueva realidad para obtener la categoria rnesLiza en toda su pureza. Y es justainente en ese punto, en el esmero igualitario de un dialog0 donde debemos centrar un esfuerzo suplementwio de la teoria. Esto significa buscar instrumentos que garaniicen la igualdad de los interlocutores de modo que la "sensadl6n de igualdad" genere un clima de confianza que permita la buena voluntatl en el debate y una fusion sigilosa de las posiciones mucho mas indeleble y rapida. de lo que pueda parecer en el nivel enunclativo y en el establecimiento de categorias. Claro esta que la busqueda de esa sensacion no puede venir del engaxio o por el placer de imponerse en el debate, corno tan cuidadosamente desentraiia SchoperlRauer con su "esgrLma intetelectuai", pues introducir el impulso eristico en un mornento dado arriesgaria el acormamiento de las otras posiciones cuando no la emergencia de la "hemeneutica de la sospecha", que Foucault adjudicara al trinomio Nietszche-Freud-Mam, cuyas amas debieran haberse depositado en el guardarropas de la sala de debates. Debe investirse de una igualdad explicita tanto la presentacion de la propuesta como 10s rnodos de abordarla. Sin embargo, mas mportante todavia es que experimenten la sensacion de igualdad, insisto que sin ella no hay codanza y, por tanto, el dialog0 es inviable, 10s propios inlerlocutores. A la edification de cuestionarios en los que 10s representantes de posiciones habran de esculpir una imagen de interlocucion con la que sera acepiados por sus contraries, indepelldientemente de si coincide con su personalidad real, debera dirigirse otro campo ,de trabajo esencial de 10s estudios de exolnemoria, Pues no hay que dialogar sobre Lntereses individuales sino sobre posiciones colectivas que debe asumir un interlocutor individual del que, en primer lugar, se sientan represe~ntados 10s miembros de su comunidad. Recordernos que estamos hablando, nada menos, de como idenmcar bUlones de registros de distinta procedencia en una red digilal global nomakando el lenguaje de organizaeion y acceso. La expresion material de mi acuerdo de recornendado cumplimiento para 10s mediadores de la exomemoria se denornina categoria transcultural. Dos requisites deben marear la obtenclon, materiallzacibn y aplicaeion de estas categori,as: 1) el respeto a los prlncipios Lrrenunciables de dignidad, libertad de eleccion cultural, incluyendo ias opciones hipocuiturales e hiperculturales, anomicas, hiponacionales e hipernacionales, y la garantia de libre expresion y. por tanto, de llbertad de exomemoria en esos sentidos. 2) el favorecimiento de la integra'cidn cultural, no en pos de un somemento de lo minoritario a lo mayoritario sfno del acoplamiento complejo orientado a1 mestizaje. Ahora bien, debemos ser conscientes de que el esfueno racionawdor constn~lido para la consecucion de un acuerdo no siernpre conseguira el efecto persegu:ldo por sus promotores pues el mestizaje conlleva sus propios itinerarios imprevjlsibles derivas y acoplWentos. La rlgidez no debiera exlstir como baluarte de 10s procesos dial~gicos ni de las categorias consensuadas lo que no obsta para intentar considerar la mayor estabilidad y aplicacion posibles de las categorias asi como la necesidad de una revision casi permanen* de las mismas y del estado de cosas que se deriva de su aplicaci6n. 4.5 Prolpiedades )I tipologia de 10s cperedcres transeulturales ICntendemos por operador transcultural un tipo de mecanismo logicosematico utlkado coma lenguaje de o 16x1 colectlva y recuperaclon de registrc3s de la exomemoria. A diferencia de lo q~ie convenimos en llamar categoria, esto es, propiarnente la perspectiva o expresijn de una posicion, operador seria el mecanismo formal que conflgura la categoria en el sistema logico-semhtico en ei que obligadamente ha de conflgurarse la memoria registrada. Este rasgo distintivo no se bbice para. la utilizaci6n de arnbos terninas como sinonimos en algunos enunciados por su equivalencia general. Sus caractensticas son: * Roceden del consenso sobre un asunto. Su aplicacion es obligator-ia para 10s mediadores comprometidos con las nomas de un Consejo m~mdial ktico para la memoria digital. * No sustituyen, modifican o elinrinan los metadatos cuesffonados en un registro -esto es, respetari las posiciones originales explicitadas como metadatos en un registrosino que 10s cornpiementan, cuando es necesario, en tres posibles direcciones: 1) fusionando posiciones originariamente divergentes rnediar~te acuerdo, 2) potenciando la difusion y us0 del registro mediante el prestigio y la confianza en una etiqueta respaldada y ceztificada transculturalmente, 3) criticando y alertando del interes o peligrosidad dei registro en relacion a otras directivas intemacional o mundialmente adoptadas. En funcion de esas casacterfsticas, la teoria dial&3ica de la exomemoria manejara, a1 menos, tres Upos de operadores transcultui-ales: a) sinteticos; bl complernentarios y c) criticos. La forma de expresion que adoptaran estos operadosres transculturaies se asemejara a la morfosintaxis propia de 10s descriptores e hipererilaces si bien incluyendo las categorias lexicas menos convencionales colno adjetivos y iomkas verbales (Garcia Gutierrez, 1998) de acuerdo a1 tip0 de documento descrito [texto, audiovisual, holograms, etc.). Los operadores transculturales pueden ser considerados, de acuerdo a1 principio de mestizaje, como mezcla de instancias de partida cuyo resultado seria una entidad hibrida, diferente, novedosa y conveniente para todas las posiciones. En funcion de su grado de difeerencia o aiejamiento respecto a las posiciones de origen, estarianlos ante categorias netamente mestizas si su expresion apunta a una radicalnnente nueva proposition respecto a las posiciones iniciales por lo que estas deben bacer un esfiaerzo de conversion y actualization, variante de las mas arriba denom:iiladas categorias sinteticas, si tanto en el concepto que cubren como en la expresifln mantienen vestigios morfol6gicos de las instancias matrices. 4.2 Catogorizaci6n y mestisaje Para ilustrar esta tipoiogia acudire a ejenlplos de la antropologfa histarica de Gruzinski (2000) y de la semktica estructurai: en el cine de Wong Kar-Wai y de otro~i directores de Hong Kong se aprecia la perfeccion de la mezcla cuando en el argument0 se combina la tradicion y la posmodernidad, lo colonial o poscolonial, la cultura chha y la britanica, el capitalism0 y el comunismo. Del mismo inodo, de la cristianizacion de mesoamerica surgio una estetica mestiza en el arte y, probablemente, genuina en la concepcion del mundo tanto por amerindios hispanizados como por 10s hispanos indianizados que terminarian engendrando un criollismo que no se reconocia vastago ni deudor de una metropolis cada vez mas distante, extsMa y en distfr~into proceso de mestizaje. Como demuestra Gmzinski, tanto en las bovedas de conventos mexicanos como italianos, tanto en la poesia de uno y otro lado, como en la cartografia encargada por la administration colonial a dibujantes indios y en todos 10s demas terrenos [gastronomico, relaciones familiares, sociales y con el entorno ambientall la mezcla material y simbolica (santos ciistianos y dioses monos, cruces y glifos, referencias evangelicas y prehispanicas) era la principal caracteristica e identidad y esto se debia tanto a una plandiicacidn como a la aparicion de muchos resultados imprevisibles: "el mestizaje parece mod, inestable y rapidamente incontrolable. Su complejidad est& ligada a los umbrales que la mezcla franquea en un determinado momento de su histoiia bien porque se transfoma en una nueva realidad o porque adquiere una autonornia imprevista" (Gmzinski, 2000: 320). Por eso, pretender definlr una identiclad en un context0 cambiante no tiene mucho sentido. Tarnpoco lo tiene pemcar una realidad cuyas caractelisticas son el cambio, la transfomacion y la *desaparicibnm continuas (Gruzinslil, 2000: 331). Los mestizajes expresan combates que no tienen garlador y que siempre vuelven a empezar. Pero otorgan el privilege de pertenecer a varios mundos en una sola vida" (GmzinsW, 2000: 334). Con estos casos describlmos el espiritu y el sentido que queremos dar a las categorias t-ansculturales mestbas product0 de un dialog0 que no rebuye la conlrorrtacidn entre posiciones, que reconoce la irrevers~ibilidad de la flecha del tiempo y el desano incontrolado de las decisiones. Y, taml~ien, de un dialog0 -reflejo de lo socialque no se funda en la armonfa sin0 en el conflict0 mismo. Ahora bien, el tallado ejemplar de Gmzinski para detectar lo mestizo en la creacion no deja de evocarnos us1 cierto exotismo, esa gran debilidad de la Antropiologia, al centrar sus observaciones en el arte arnerindio o renacentista, en 10s fflrnes de Von Trier. Kar-Wai o Greenaway. El exotismo no es parte de las instancias pues lo aporta el obsewador. Los indigenas americanos no hacian nada exotico, ni siquiera er,ul conseientes de fabricar "arte" en muchos de sus artefactos (su funciondlidad prianaria era otra, el arte es un "valor" afiadido por el neocolonizador desnaturalizando su teleologia original). En cambio, el esnobismo si es parte de la production, y de su proceso deuberadamente exotico. Desde luego. 10s ejemplos de Gmzinslal en absoiuto desvirtuan la excelencia de su obra, y tienen ademas la excusa de su especiaiizaci6n, per0 creo que es importante constatar el mestizaje de lo cotldiano, un elemento ordinario codgurante de la natura4t:za que 3610 la mirada dogmatics o miope puede negar. Somos seis mil millone~i de mestizos con caractensacas del padre, de la madre e intransferiblemente propias, La filogenla se expande a golpe de mutacion, mezcla, rupturi~. Las categorias agustinianas del tiempo sugeren mestizaje. Nuestro present*: es una mezcla de memoria y prevision. Nuestra identidad se construye en la alteridad (Ricoeur), y la conh-adiceion es nuclear a la coherencia. En definitpira, toda accion fisica o metafisiea genera un eambio. Todo cambio es una copia lrreproduclible y nunca idenlica dentro de un proceso espiral y nunca circula:. Todo es mestizo, cambiante, diferente y cualquier teoria de lo social debe asimilarlo. I,as derivas que adopten las categorias transculturales, por tanto, escapan, y escapan fellzmente, al control de los negociadores transculturales. Estos si deben tomar cartas en el asunto cuando aigunas derivas terminen contravlnlendo los prblcipios de dignidad y Libe&d, esto es, censura, tergiversation, represi6n para cuya denuncia publica habrian de crearse nuevas categorias de inte~enCi6n o insistlr en la aplicacion de las vigentes si el tiempo o la participation de mas representantes no las hubiera hecbo obsoletas. En cuanto a algunos ejemplos procedentes de la modologia y la sernantica para clariflcar el alcance del operador transcultural sintetico podriamos citar aquellas apBcaciones a 10s lenguajes documentales en los que se realizan fusiones parciales o totales de terminos para obtener rluevas etiquetas clasiflcadoras que mantienen distinto @ado de reconocLrniento de las posiciones tenninologlcas de partida: esto sucede, por ejemplo, a1 intentar expresar conceptos tradicionales hibridadlos a nuevos conceptos en un misrno irazo: domotica, en la que se procede